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Agora 17-web

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Revista literaria Ágora. Número 17
Mayo 2019

Published in: Education
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Agora 17-web

  1. 1. Nombre de seccións e g u n d a é p o c a —año xvii, n.º 17— a s o c i a c i ó n c u lt u r a l á g o r a c i n c o v i l l a s revista de cultura, ensayo y creación literaria y además Crítica literaria, Pensamientos y reflexiones, Educación, Historia, Cinco Villas, Música, Creación literaria: microrrelatos, relatos y poesía, Leer para vivir y Concurso infantil y juvenil Firma invitada Ignacio Martínez de Pisón Entrevista con: Rosa Montero y David Lozano Cinco Villas: Bendito sea tu nombre. Marcelino Cortés y Tauste, 8 de mayo de 1421/Tauste, 8 de mayo de 2021. Enrique Galé Decálogo sobre la reforma educativa Creación literaria poesía: Chusé Inazio Nabarro y Sandra Santana
  2. 2. 2 ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria
  3. 3. Edita Asociación cultural ágora cinco villas NIF: G99370173 N.º Registro: 01-Z-3621-2.013 Dirección: Casa de la Educación; Plaza Goya, s/n; 50.600, Ejea de los Caballeros (Zaragoza) Correo electrónico: revistaliterariaagora@gmail.com Blog: revistaliterariaagora@blogspot.com.es Ilustración de portada: Ernesto Navarro Durá Diseño y maquetación: Detalier estudio creativo Impreso por: Imprenta Félix Arilla Depósito Legal: Z 1515-2003 ISSN: 1699-3039 La Asociación Cultural Ágora Cinco Villas no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones expresadas por los autores de los diversos artículos. Consejo de redacción Patxi Abadía Álvarez. Coordinador de Ágora y Presidente de la Asociación Profesor Secundaria ies Reyes Católicos. Departamento de Lengua Eva Bajén García. Tesorera de la Asociación y profesora Secundaria ies Cinco Villas. Departamento de Lengua Joaquín Bueno Villacampa. Profesor emérito de Secundaria Alberto Cabello. Ilustrador Javier Comenge Leonar. Director Escuela de Música Alfonso Cortés Alegre. Maestro jubilado. Secretario de la Asociación Enrique Galé Casajús. Profesor Secundaria ies Río Arba. Departamento de Lengua Asunción Gil Orrios. Bibliotecaria Ernesto Navarro Durá. Profesor Escuela de Arte de Zaragoza José Sánchez Usón. Profesor Secundaria ies Ítaca. Departamento de Lengua Ilustradores Diego Nicolás Agustín Elena Alonso Elena Arrese Sofía Astiazarain Carmen Betrán Gabriel Bueno Diego Cámaras Cristina Duesca Esther Fernández Mónica Garrido Ariadna Gracia Manuel González Brayan Gutiérrez Paula Hernández Colaboradores del jurado Yolanda Miguel. Maestra CEIP Cervantes Mª Victoria Lahera. Maestra CEIP Cervantes Jesús Claver. Profesor jubilado Eric Alonso. Bibliotecario Esther Orera. Periodista María Ángeles Torrijos. Maestra jubilada Teresa Hernández Carmen Ibáñez Sofía Lahuerta Alba Lucía Soraya Martín Cruz Navarro Jorge Notivol Paco Roca Clara Romeo Itziar Rubio Beatriz Sumelzo Alba Tella Jorge Vallejo Daniel Vera
  4. 4. ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria6 índice Editorial Firma invitada: Ignacio Martínez de Pisón Crítica literaria Los enigmas del viento: símbolos fugitivos. Pilar Sánchez Laílla Entrevista con Rosa Montero. Susana Hernández David Lozano. Alumnos y alumnas de 3º ESO del IES Cinco Villas y del IES Reyes Católicos de Ejea de los Caballeros Pensamiento y reflexión El rincón del neurótico. Joaquín Bueno Vicky y «la Pili». David Villafranca ¿Es posible lograr el bien común? Irene Melchor Lacleta La figura de la mujer en la ciencia: el caso de Vicenta Arnal. Elena Hernández La mujer y el deporte: ilusionante camino en busca de la igualdad. Tomás Puente Decrecimiento. José Alegre Garcés Educación Las Comunidades de aprendizaje: antecedentes, características y actuaciones de éxito. Jesús Claver Giménez Los grandes olvidados. M.ª Primitiva Alcusón La enseñanza de la geografía y de la historia en el contexto de la educación secundaria y bachillerato. Javier Cabello García Decálogo sobre la reforma educativa Decálogo mínimo para una reforma educativa. Marcelino Cortés Decálogo para una reforma (informal) educativa. Irene Villa Orduna Sobre la reforma educativa. Juan Antonio Pérez Bello ¿Es necesaria una reforma educativa? Educatribu ¿Qué necesita la escuela del siglo XXI? Sara Ferrer, Ariadna Gómez, Ainhoa Gutiérrez y Sandra Jordán Siete versiones desde un Centro de Secundaria. Conchita Martí, Enrique Galé, Fernando Chámul, Gustavo Arce, Isabel Castelreanas, Javier Ruiz y Judith Ramón Historia Gregorio Oliván García: artista y escritor inédito en el exilio. Rubén Pérez Moreno Gurs, historia y memoria. Fernando Yarza Gumiel Castigar la transgresión de género. Espacio de represión y violencias ejercidas contra la mujer republicana (1936-1948) Iván Heredia Urzáiz Títeres aragoneses fantásticos (en los inicios del siglo XXI) y dónde encontrarlos. Jesús Ángel Arcega Morales Cinco Villas Bendito sea tu nombre. El nombre de las mujeres de Ejea de los Caballeros durante la Edad Media (1286-1499) Marcelino Cortés Tauste, 8 de mayo de 1421 / Tauste, 8 de mayo de 2021. Enrique Galé Entre agujas, hilos y demás. Conchita García Ezquerra Música Pasodobles, marchas procesionales y otras músicas. Abel Moreno Tras las huellas de Miguel Arnaudas Larrodé. Teorizaciones, tratadística y aportaciones varias. Carlos Bonal Asensio Creación literaria: microrrelatos Tres gatos negros. Patricia Esteban Erlés La traidora. Patricia Esteban Erlés Premios VIII edición del Concurso de microrrelatos contra la violencia de género Utopía del joven científico. Darío Marcos Casalé Libre. Ana Gay Clemente Libre. Patricia Villar Bajo Igualdad. Lucía Carbonell Vinacua 8 10 15 15 18 18 21 23 23 26 28 31 36 39 41 41 45 47 53 53 55 58 60 63 65 73 73 77 80 85 88 88 94 98 101 101 103 106 106 106 107 107 107 107 108
  5. 5. ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria 7 Creación literaria: relatos ¡Joder, qué tropa! José Ramos Sánchez Bestiario. José Ramos Sánchez Magias, cuentos, mitos. José Ramos Sánchez Sucesos que nunca ocurrieron. José Ramos Sánchez Historias de la historia. José Ramos Sánchez Flores de celofán. Alberto Peña Córdova Al compás de la vida. Virginia Rodríguez García La voz de Pachamama. Jesús Claver Recuerdos. Carlos Saz Creación literaria: poesía Firma invitada: Chusé Inazio Nabarro María Pilar Benítez Marco Firma invitada: Sandra Santana María Coduras Bruna Soledad López Virginia Méndiz Isabel Mariñosa Jesús Claver Susana Hernández Esteban Cubero Romeo Aula de Educación de Personas Adultas de El Bayo Leer para vivir: infantil y juvenil Leer para vivir: adultos Concurso infantil Concurso juvenil 109 109 110 110 112 112 113 116 118 120 122 122 125 126 127 127 128 129 129 130 130 132 133 140 145 168
  6. 6. 8 ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria Editorial
  7. 7. ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria 9 editorial A nadie se le escapa que en nuestra conciencia colec- tiva se ha instalado el desconcierto y un pesimismo enfermizo ante nuestra incapacidad manifiesta de instaurar un orden social justo y solidario que rija nuestros destinos. Y tampoco que ese desconcierto y ese pesimismo alimentan un caldo de cultivo perfec- to para los populismos autoritarios. Aquel contrato social descrito por J.J. Rousseau sobre el que se construyó el orden liberal está hecho añicos y el bien común universal ha dado paso a las claras a una búsqueda del interés particular egocén- trico e insolidario. En nuestro país, las crisis econó- micas y las sucesivas reformas laborales han precari- zado hasta tal punto las condiciones del trabajo que ya no importan ni la capacidad ni el potencial real de las personas porque son cada vez más escasas las oportunidades de desarrollarlas satisfactoriamente y, en su lugar, se están asentando nuevas formas de exclusión. El poder económico real sobre el que se asienta la política ha anulado parte de la capacidad del ámbito institucional para fijar reglas y límites a estos proble- mas y la democracia aceptada resignadamente como el menos malo de los sistemas políticos se vacía cada vez más del proyecto humanitario que la caracteri- zaba. Como daño colateral habría que añadir que en nuestro país el fenómeno de la corrupción ha incre- mentado el sentimiento de rechazo a la política y a los políticos por parte de la ciudadanía. A resultas de ello, las elecciones vienen a ser cada vez más un espacio de protesta y en ellas se vota más en clave de castigo que en respuesta a las propues- tas de los candidatos, y, así, suelen darse resultados desconcertantes que explicarían por qué los diagnós- ticos fáciles y perversos de los mensajes xenófobos están calando con tanta fuerza en nuestra sociedad. Nuestra conciencia de la historia se ha devalua- do en términos inimaginables y se vive un presente descontextualizado que es incapaz de integrarse en síntesis fecunda con los valores de la tradición. Poco a poco se abandonan los (¿viejos?) valores de la jus- ticia y de la solidaridad y asistimos atónitos a la mer- cantilización de espacios blindados hasta ahora a la lógica del mercado como la educación y la salud. Es una obviedad que para hablar de democracia, nuestro horizonte colectivo debería estar marcado por la construcción de una sociedad cuyos criterios de progreso no solamente fuesen las cifras macro- económicas sino la situación de los excluidos y de los que están más abajo en la escala social y, a la vez, deberíamos replantearnos qué entendemos por de- sarrollo, qué significa hoy el bienestar y de qué ma- nera buscamos la felicidad. Desde luego, el futuro no está escrito y no tene- mos todas las respuestas a los interrogantes que nos plantea este sistema injusto, pero sí deberíamos te- ner muy claro cuál debería ser el punto de partida. Tendríamos que conseguir ponernos de acuerdo en que solo será bueno para nuestra vida aquello que también contribuya a mejorar la vida de las demás personas. De ahí la necesidad de generar transforma- ciones en nuestra conciencia individual que contribu- yan a cambios a nivel colectivo. Solo así venceremos el miedo que nos produce lo inestable e inseguro del mundo que nos ha tocado vivir y, tal vez, podamos construir ese mundo nuevo que tanto deseamos y que se deja traslucir en cada una de las páginas de nuestra revista…
  8. 8. 10 ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria BREVE BIOGRAFÍA Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960). Novelista y guionista cinematográfico. Desde 1982 reside en Bar- celona y es autor, entre otros libros, de las novelas Carreteras secundarias, El tiempo de las mujeres, Dientes de leche, El día de mañana (Premio de la Crítica 2011), La buena reputación (Premio Nacional de Narrativa 2015) y Derecho natural. En 2005 publicó Enterrar a los muertos, investigación sobre el asesinato en 1937 del traductor José Robles Pazos, y en 2018 Filek, sobre un estafador austriaco que engañó a Franco con una falsa gasolina sintética. En 2009 recogió sus mejores cuentos en el volumen Aeropuerto de Funchal. Firma invitada Ignacio Martínez de Pisón CRUZAR LA FRONTERA Habían quedado en la antigua harinera. En la parte de atrás, junto a la vía muerta. Rosa cruzó el descam- pado de la calle de la estación y se asomó con cautela. Al otro lado del muro estaba el coche, medio cubierto porunemparrado.Noeraeldesiempre,elSeat131del padre de Juan, en el que algún domingo ella misma se había atrevido a conducir por las calles del polígono. Pero era el coche. Juan agitó la mano fuera de la ven- tanillayRosaleesperóbajoelarcodeladrillo.Elchico salió del vehículo, la besó en la cara y le cogió la bolsa. Mientras la dejaba en el asiento de atrás, comentó: —¿Es todo? —Dijistequecuantomenosmejor.¿Yestecoche? —De mi primo Alberto. —Ya. Que por qué no el de tu padre. —Qué más da —se encogió de hombros—. Entra. El Ford Fiesta rodeó el edificio, salió a la calle de la estación y se detuvo en el primer ceda el paso. Antes de arrancar, Juan sacó de la guantera unas gafas de sol y se las puso. A esas horas de la mañana, el tráfico era escaso. Cuando las últimas casas que- daron atrás, intercambiaron una sonrisa. —¿Por qué me miras así? —dijo él. —¿Así? ¿Cómo? Juan volvió a encogerse de hombros. Era la se- gunda vez que lo hacía. A Rosa le dio la sensación de que estaba esforzándose por relativizar las co- sas y quitarle hierro a todo. ¿Pero qué significaba esa supuesta despreocupación suya? ¿Que a partir de ahora tendría que preocuparse ella por los dos? Quería decir algo pero no encontraba las palabras. —De repente todo me parece extraño —dijo—. Las gafas de sol, este coche... —¿Las gafas de sol? —Lo había imaginado de otro modo. Había ima- ginado que... Era difícil de explicar. El 131 le traía buenos re- cuerdos porque en él se habían querido hasta la ex- tenuación. Ahora estaban en un Fiesta y todo era prudencia, cálculo, recelo. Por muy necesarias que fueran, tantas cautelas causaban desazón: citarse en un lugar al que nunca iba nadie, no llevar más que lo indispensable, esconder la mirada detrás de unos cristales oscuros... Seguramente, por razones que a ella se le escapaban, el cambio de coche res- pondía a esa misma lógica vigilante.
  9. 9. ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria 11 firmainvitada —Bah —sacudió la cabeza—. No sé ni lo que me había imaginado. Juan redujo un instante la velocidad y le agarró la mano con gesto tranquilizador. —¿Estás nerviosa? —Un poco. —El lunes estaremos de vuelta y todo habrá ter- minado —y después de una pausa añadió:— Yo el miércoles tengo examen de Civil. Este último comentario incomodó a Rosa, que para desasirse fingió recomponerse la coleta. Luego miró por la ventanilla y susurró: —Cuántas amapolas... El rojo intenso de las amapolas salpicaba los campos de trigo matizando los ocres y amarillos y en algunos puntos se concentraba creando grandes manchas de color escarlata que parecían super- puestas, como pintadas a brocha. Tenían esas man- chas algo hipnótico. A Rosa le resultó reconfortante concentrarse en ellas y no tener que pensar en nada más: rojo, rojo, rojo. Juan, mientras tanto, no para- ba de hablar. —¿Qué les has dicho a tus padres? ¿Que te ibas con Yolanda a su chalé? Supongo que los padres de Yolanda estarán avisados, no vaya a ser que se encuentren por la calle y... La ventaja es que en el chalé no tienen teléfono. Porque no tienen, ¿no? Lo mío ha sido sencillo. He dicho que tenía que que- darme a estudiar en Cáceres. ¡Y es verdad que en Cáceres me concentro mejor! Pero bueno... O sea que en teoría yo estaré en un sitio y tú en otro —se incorporó un poco para mirar por el retrovisor—. ¿Qué río era ése? ¿El Jerte o el Alagón? Era el Alagón, porque el Jerte lo habían pasado unos minutos antes. Cuando estaban a la altura de El Batán, Rosa hundió la barbilla en el pecho y ex- clamó: —¡Para, por favor! Juan detuvo el Fiesta en el cruce con un camino rural. Rosa se apretó la boca con las manos y salió disparada hacia el murete de la acequia, que bajaba casi sin agua. Juan acudió junto a ella y le acarició la espalda. La respiración entrecortada de Rosa anunciaba la inminencia de unas arcadas que no llegaron a producirse. —Es una carretera casi sin curvas. ¿Tú crees que es por...? —dijo Juan, y ella respondió con se- quedad: —Sé de esto tanto como tú. —Ya tienes mejor aspecto. Te habías quedado muy pálida. ¿Quieres descansar? No tenemos pri- sa. ¡Claro que con este sol...! ¿Cómo no se les habrá ocurrido plantar un par de arbolitos que den algo de sombra? El viaje se les podía hacer muy pesado. Tenían que llegar a Coria, desviarse en Moraleja hacia Ciudad Rodrigo y, tras cruzar la frontera por Vi- lar Formoso, recorrer los cuarenta kilómetros que faltaban hasta Guarda. En total, no serían más de doscientos kilómetros, pero siempre por carreteras estrechas y mal pavimentadas. Volvieron al coche y Rosa dijo que solo necesitaba beber un poco de agua fresca. Unos pocos kilómetros más allá, la ca- rretera entraba en Coria y lo partía por la mitad. Rosa, buscando un sitio donde parar, indicaba ba- res y cafeterías. Pero Juan no se decidía. —Bar Avenida —leyó ella. —No me convence... Y un poco más tarde: —Helados Venecia. —No sé, no sé... Acabaron pasando de largo y saliéndose del pue- blo. Juan señaló hacia delante haciendo el gesto de cortar una tarta con un cuchillo. —Ahora ya... —suspiró con resignación—. Bus- camos uno de carretera, ¿no? Rosa sabía que Juan tenía parientes en Coria y que le daba miedo encontrárselos. Podía enten- der perfectamente que ése fuera el motivo para no parar. Lo que no entendía era que hubiera fingido buscar un sitio cuando no lo estaba buscando. ¿No eran novios? ¿No se habían prometido sinceridad absoluta? ¿No habían quedado en que no tendrían secretos y se lo contarían todo el uno al otro? En esos ocultamientos, por pequeños que fueran, per- cibía indicios de una deslealtad más profunda. —Quítatelas ya —le dijo. —¿Qué? —Que te quites esas gafas. No las necesitas. El chico obedeció y devolvió las gafas a la guan- tera. Luego se instaló entre ellos un silencio incó- modo, que Juan acabó rompiendo al ver el letrero de una gasolinera. —¿Paramos aquí? Pararon. Mientras él llenaba el depósito, ella entró a comprar una botella grande de agua. Se reunieron en la pequeña terraza, que estaba vacía. De la pila de sillas de plástico Juan cogió dos y las colocó debajo de una desteñida sombrilla de Coca—Cola. Se sentaron decaraalacarretera,comotratandodeevitarquesus miradas se encontraran. Juan se aclaró la garganta. —¿Ya estás mejor? Rosa hizo un vago gesto de asentimiento. Por un momento pareció que ninguno de los dos quería
  10. 10. 12 ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria firmainvitada discutir, pero luego ella se lanzó a hablar y ya no hubo manera de hacerla callar: —¿He hecho algo mal? ¿Eh? ¿He hecho algo mal? Dime, dime qué es lo que he hecho mal. O mejor: dime por qué crees tú que, si alguien ha he- cho algo mal, he sido yo. ¡Digo yo que la culpa la tendremos los dos por igual...! ¿O la tengo solo yo, que encima no dejo que pases el fin de semana en Cáceres, como tenías previsto? Espero que te salga bien ese examen tan importante que tienes, porque no quiero cargar también con la culpa de tus ma- las notas. ¿Se te ha ocurrido pensar que todo eso ahora es secundario? Derecho Civil o Penal o lo que sea, un examen que aprobarás en un momento u otro y que ya nunca volverá a preocuparte. ¡Ahora mismo, yo soy mucho más importante y me ofende el simple hecho de que te acuerdes de eso! Necesi- to sentirme querida, protegida, apoyada... Cuando más fuerte tengo que ser, más débil me haces sentir. ¿Has intentado al menos ponerte en mi lugar? No, tú todo lo ves desde fuera y a lo mejor hasta te con- sideras una víctima del destino. ¿Por qué te tiene que pasar esto a ti, pobrecito? ¿Qué habrás hecho tú, tan bueno, tan estudioso, tan formal, para verte metido en este lío? Juan trataba de replicar, pero solo cuando ella se cansó de perorar pudo pronunciar un par de pa- labras seguidas. —¡Eh, Rosa, Rosita...! ¡Que soy yo! ¡Que soy Juan, tu Juan! Ella fue a dar un sorbo a la botella pero el gesto se le quedó a medias porque él arrimó su silla y le rodeó los hombros con el brazo. Rosa apartó la cara haciendo un puchero. Juan le agarró la barbilla con suavidad. —Mírame. Solo te pido que me mires. ¿A quién ves? Sigo siendo el mismo que ayer y que el mes pa- sado. ¿Qué ha cambiado? ¿Por qué de repente des- confías de mí? Estamos los dos juntos en esto. Aquí no hay dos lados, el tuyo y el mío. Aquí solo hay un lado, el nuestro. ¡Supongo que no hará falta que te lo diga! ¿Y qué te crees? ¿Que no tengo miedo? Si tú estás asustada, yo también lo estoy... Rosa cerró los ojos. Juan le susurró al oído: —¿Cuántas veces hemos hablado del futuro, de nuestro futuro? Lo veo con tanta claridad... Vivi- remos en una de esas urbanizaciones nuevas que están construyendo junto al río. Yo atenderé a mis clientes e iré a los juicios. Tú estudiarás o trabaja- rás en la juguetería o... —¿En la juguetería? —ella protestó con voz mi- mosa. —Lo he dicho por decir. ¡Como si quieres traba- jar conmigo en el despacho! —No me veo a mí misma vendiendo juguetes toda la vida. —Lo que tengo claro es que por las tardes dare- mos largos paseos con los niños y luego nos senta- remos en una terraza a tomar un helado... —¿Pero cuántos hijos quieres tener tú? —Rosa soltó una risita. —No sé... ¿Dos? ¿Tres? ¿Cuatro? Los que tú di- gas. Te lo he dicho muchas veces: eres la única con la que quiero formar una familia. Pero no ahora, tú tan joven y yo con la carrera sin acabar... Ella, todavía con los ojos cerrados, apoyó la ca- beza en su hombro y suspiró. —Ayer me volví a cruzar con tus padres. Como siempre, noté que me miraban de reojo. ¿Siguen sin saber mi nombre? —No dije que no lo supieran. Dije que, cuando tratan de sonsacarme, te llaman así: la mayor de los de Jauja. Pero es que en tu familia es como si no tuvierais apellido. Todo el mundo os conoce por la tienda. Tú eres la mayor de los de Jauja y tu herma- na la pequeña de los de Jauja. —He decidido que tres. —¿Tres qué? —Tres hijos. El mayor, el mediano y el pequeño. Si fueran más, tendríamos que numerarlos, y eso no está bien. —Pues tres y no se hable más —la besó en la mejilla—. ¿Qué? ¿Vamos? La carretera discurría en paralelo a la frontera. Ha- bía un pequeño tramo de curvas poco antes de en- trar en la provincia de Salamanca y luego todo eran otra vez kilómetros y kilómetros de carretera recta. La señal de la radio iba y venía y, cuando pasaban bajo un tendido de alta tensión, soltaba una serie de estruendosos petardazos. Cada pocos minutos Rosa tenía que buscar otra emisora en el dial. Dio con una canción nicaragüense que ese año estaba de moda. La corearon los dos: —«Son tus perjúmenes, mujer, los que me su- libellan, los que me sulibellan, son tus perjúmenes, mujer...» La gracia de la canción consistía en incrustar palabras absurdas en el contexto de una compo- sición amorosa. Juan, que se sabía la letra de me- moria, anticipaba en voz baja cada estrofa para que también Rosa pudiera cantarla: —«Tus labios pétalos en flor, como me soripe- llan...» —y más tarde, ya entre risas:— «Tus ojos son de colibrí, a como me aletellan...»
  11. 11. ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria 13 firmainvitada Al cabo de un rato, casi sin darse cuenta, habían llegado a Ciudad Rodrigo. Prefirieron no cruzar el puente. Dejaron el coche en una explanada junto al río. Luego buscaron un sitio donde sentarse a la sombra y contemplar el pueblo desde fuera. —¿De verdad que nunca habías estado? —dijo Juan—. A la vuelta tendremos tiempo para parar. Podemos cenar mañana. O comer el lunes. ¡Mira qué bonito! Movió de derecha a izquierda un pincel imagi- nario para dibujar en el aire el perfil de las murallas, los tejados, el castillo. Después trazó un caprichoso arabesco y siguió la línea de cipreses que descendía hasta el modesto grupo de casas de la ribera. Dijo: —¿Te das cuenta de que nunca habíamos esta- do tan lejos de casa los dos juntos? —y aquí empezó a hacer largas pausas dramáticas y a acompañar- las con grandes aspavientos, como el director de un circo anunciando el siguiente número—. Pues bien, dentro de un rato... cruzaremos la frontera de... ¡Portugal! Y será la primera vez que salgamos juntos al... ¡extranjero! Rosa, juguetona, le dio un leve codazo. Él exa- geró el golpe y rodó cuesta abajo hasta el fango de la orilla. Acabó caído de espaldas, inmóvil junto a unas acumulaciones de barro y piedras. Ella co- rrió a su lado temiendo que se hubiera hecho daño. Cuando Juan la notó cerca, dio un brinco y la aga- rró por la cintura. Rosa soltó un chillido y trató de escapar. Juan fingió tropezar y, riendo, la arrastró suavemente en su caída. Acabaron dándose un beso largo, larguísimo. Luego se incorporaron y, mien- tras se sacudían la suciedad de la ropa, ella susurró: —No sabes cuánto te quiero. —Yo también te quiero mucho —dijo él con una amplia sonrisa. Y ésa fue la sonrisa con la que ella siempre lo recordaría. De hecho, durante el resto de su vida la imagen de Juan se le seguiría apareciendo tal como lo vio en ese instante, con ese aire de felicidad y ese amor sin límites, con esa juventud eterna, inaltera- ble, los ojos medio cerrados por el sol y las largas pestañas casi rubias, los dientes muy blancos y los hoyuelos muy marcados, unas briznas de hierba enredadas en el pelo castaño y una sombra de tie- rra adherida a las sienes. —Vámonos —dijo él, abrazándola. A medida que se acercaban a la frontera, el te- rreno se hacía más escarpado y la carretera más si- nuosa, con pequeños barrancos y huellas negras de frenazos. De vez en cuando, Juan interrogaba con la mirada a Rosa y ésta, también sin palabras, le daba a entender que se encontraba bien: las náuseas y los mareos estaban superados. Junto a la aduana española había un gran aparcamiento para camio- nes, una gasolinera y un par de construcciones des- angeladas con terracitas y oficinas de cambio. En ese lado la barrera estaba levantada y los coches pasa- ban sin detenerse. En el lado portugués sí revisaban los pasaportes pero la cola de vehículos avanzaba con fluidez. Pasaron junto al edificio de la aduana, un caserón achaparrado y recio con la palabra AL- FÂNDEGA debajo del escudo nacional. También allí había un aparcamiento, una gasolinera, terrazas, ofi- cinas. Decidieron curiosearlo todo sin bajar del co- che. Por una calle lateral se asomaron al edificio de la estación, revestido de elegantes azulejos blancos y azules. Volvieron a la carretera y dieron una vuelta por el pueblo, que estaba dividido en dos por el lecho de un pequeño río. La parte que quedaba al otro lado era la más antigua, con casitas de tejados rojos y mu- ros de mampostería, con callejuelas retorcidas y una iglesia con un campanario coronado por un inmenso nido de cigüeñas. En una esquina de la plaza estaban reparando el adoquinado. Una furgoneta obstruía la salida. Rosa leyó en voz baja el letrero: —DOIS IRMÃOS, dos hermanos... Mientras esperaban a que los obreros cargaran sacos y herramientas, se fijaron en el lamentable estado del vehículo: mugre por todas partes, los intermitentes rotos, las puertas sujetas con pulpos y cuerdas. Como aquellos hombres no se daban mucha prisa en arrancar, optaron por retroceder y buscar otra salida. Dieron un rodeo por un camino entre chopos que a través de una carreterita pega- da al río desembocaba en la avenida central. Más adelante, ésta se bifurcaba en dos carreteras. La de la derecha llevaba a Almeida y la de la izquierda a Guarda, adonde ellos iban. —Bueno, pues ya conocemos Vilar Formoso — dijo Juan en cuanto las últimas casas del pueblo de- jaron de ser visibles en el retrovisor, y canturreó el comienzo de su canción favorita:— Here comes the sun, here comes the sun, and I say it´s allright... —¿Pongo la radio? —¡Ya veo que no te gusta cómo canto! —No seas bobo. Quiero oír música portuguesa, gente hablando en portugués... Quiero sentir que estamos de verdad en otro país. Pero no se habían alejado lo suficiente de la frontera y todavía resultaban más fáciles de sinto- nizar las emisoras españolas. —Espera a que pasemos esos montes —dijo él—. Seguro que después solo se oirán radios portuguesas.
  12. 12. 14 ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria firmainvitada Rosa no se daba por vencida. Incorporada en el asiento, manipulaba muy lentamente la ruedecita del dial, moviéndola milímetro a milímetro y dete- niéndose en seco cada vez que captaba una señal. Juan observó su gesto de niña aplicada y no pudo contener la risa. Ella rio también y apagó la radio. Hasta llegar a los montes faltaban unos cuantos ki- lómetros de carretera llana. Como si el tiempo se hubiera detenido en algún momento indetermina- do del pasado, las vallas publicitarias exhibían pro- paganda de antiguas campañas electorales. A Rosa parecían hacerle gracia los eslóganes. —Muitos prometem, Eanes cumpre —leyó con voz cantarina, y luego:— O voto util, Octavio Pato... Volvió a encender la radio al llegar a las primeras cuestas. Cada vez que localizaba una nueva emisora interrogaba con la mirada a Juan, que respondía con una pedorreta o un bufido. Ella fingía desesperarse: —En serio, ¿te gusta ésta? La discusión concluyó cuando dieron con un fado de Amália Rodrigues. Luego la canción termi- nó y se llevaron un chasco al oír hablar al locutor: era una emisora española. —¿La dejo? —preguntó Rosa—. Si siguen po- niendo fados... —Haz lo que quieras —dijo Juan—. Pero ya ve- rás como dentro de poco... No tuvo tiempo de decir más. En la siguiente curva se encontraron de golpe ante la destartalada furgoneta de DOIS IRMÃOS, cruzada en mitad de la carretera. Se le había caído un saco de cemen- to y el conductor se apresuraba a recuperarlo. En sus desesperados intentos por esquivar al hombre sin chocar con la furgoneta, Juan dio volantazos a derecha e izquierda hasta que acabó perdiendo el control del Fiesta. Éste se elevó por encima del guardarraíl y, tras dar una vuelta de campana, cayó de morro sobre el terraplén, rebotó nuevamente y terminó volcando sobre unos eucaliptos en mitad de una nube de polvo. Del accidente en sí, Rosa solo recordaría unas cuantas sensaciones físicas: la sen- sación de quedarse sin respiración, la del cinturón presionándole el tórax, la de las astillas de vidrio atravesándole la piel, la de su propia cabeza bam- boleándose sin control. Parpadeó varias veces para apartar la sangre que le resbalaba por la cara y le impedía ver con claridad. Se descubrió entonces boca arriba, encajonada entre un asiento reventa- do y el techo hundido del vehículo, sin espacio para cambiar de postura ni ángulo para mirar a Juan. Trató de estirar los brazos pero el cuerpo no le obe- decía. Susurró: —Juan, Juan... ¿Me oyes? Algo dentro de la boca le impedía articular bien. Algo duro y pequeño, tal vez un diente o un trozo de cristal. Fuera lo que fuese, se esforzó por salivar y escupirlo. Una baba sanguinolenta se le quedó pe- gada a la comisura. Alargó el cuello para frotarse con el techo del coche, que tenía un tapizado de ra- yitas rojas y azules sobre fondo gris. Luego, tratan- do de recuperar el ritmo de la respiración, tragó va- rias bocanadas de aire. Desorientada como estaba, se preguntó en qué lugar tendría que estar Juan: ¿a su derecha o a su izquierda?, ¿en el lado de su ca- beza o en el de sus piernas? Escupió otra vez y dijo: —Juan, ¿estás bien? Del exterior le llegó distorsionado un ruido me- tálico, como si en algún lugar estuviera ensayando una orquesta y ella solo pudiera oír los platillos. Trató de concentrarse en los sonidos del interior y distinguió un rumor leve y continuado que tanto podía proceder de la radio como del motor. En todo caso, no era un sonido humano. —Juan, contéstame... —imploró—. Juan, por favor... (Fragmento de una novela inédita cuyo título provi- sional es Fin de temporada.)
  13. 13. ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria 15 Crítica literaria Los enigmas del viento: símbolos fugitivos pilar sánchez laílla «Bizarro espíritu soy, Y cuerpo también sustento. Estoy donde bien me siento, No me siento donde estoy. Todos me llevan en sí […] [O] no están en sí sin mí.»1 El viento, de tan difícil representación iconográfi- ca, ha estado muy presente oculto como símbolo literario. «Lo esencial es invisible a los ojos», reza el dicho de El principito, por eso el viento, cuyos enig- mas se han perpetuado desde los relatos de nuestra infancia esconden un mensaje cifrado que hay que analizar con agudeza en todos los sentidos. Del viento oímos sus voces y sus ruidos y lo sen- timos al tacto que provoca en su movimiento, pero nunca sabemos dónde va ni las causas que le llevan a su constante mudanza. Por ello el viento, o el aire (cuando está más reposado), es, en esencia, enig- mático y fugitivo. Para aclarar el misterio se per- sonificó desde los orígenes míticos en el dios Eolo, rey de los vientos.2 En la Antigüedad y, dadas sus va- riadas características, lo nombraron los marineros y filósofos con distintos nombres: Solano, Austro, Céfiro y Septentrión.3 Garcilaso, Góngora, Quevedo 1 Enigma de la Noche I de la Navidad de Zaragoza de Matías de Aguirre. Es- conden estos versos acrósticos la palabra «viento». SÁNCHEZ LAÍLLA, M.ª Pilar, Edición y estudio de la Navidad de Zaragoza (1654) de Matías de Aguirre, Zaragoza, Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2015, versión digital dis- ponible en https://zaguan.unizar.es/record/31900/files/TUZ_0747_san- chez_edicion.pdf. 2 Así en toda la tradición literaria desde Ovidio y Virgilio (PÉREZ DE MOYA, Philosofía secreta, Libro III, Capítulo XXXIII, Madrid, Cátedra, 1995). 3 Solano, caliente, seco y apacible, Austro o Noto, cálido y húmedo por venir de la zona meridional, Céfiro frío y húmedo proveniente del ocaso, Céfiro, frío y húmedo, portador de vida por ser propicio para las plantas y el gélido Septentrión procedente del Ártico (Plinio, Historia Natural, Libro 7, Capítulo 56, Madrid, Gredos, 1995). y Calderón4 fueron arrebatados por estos vientos, especialmente por el generador de vida, Céfiro, que «al mundo tornan su beldad primera» (Égloga III).5 Y es que el viento, como aliento o hálito vital,6 es engendrador de vida, y, por tanto, también origen y motor de la belleza natural y poética.7 La brisa del locus amoenus es propicia para la meditación sobre el devenir de la vida en una visión ligada a la concepción también mítica del tiempo cíclico, ma- terializada en nuestras retinas a través de la pluma mecida por el viento, al comienzo y al final de la his- toria cinematográfica de Forrest Gump. Más allá de la personificación mitológica, el viento ha adquirido un valor simbólico como des- encadenante de peripecias ligadas a cambios vita- les, especialmente en la literatura y en el cine de- dicado a los niños. Un mito contemporáneo ya casi 4 Calderón escribe La hija del aire (1653), comedia mitológica que relata la historia de Semíramis, reina de Asiria y fundadora de Babilonia, mujer gue- rrera y violenta precisamente por haber nacido bajo el signo del viento. 5 Garcilaso de la Vega, Obra Completa, Madrid, Edaf, 2004, p. 353 6 Así en su tradición simbólica recogida por Cirlot (Diccionario de símbolos, Madrid, Siruela, 2007, s.v. viento): «considerado el primer elemento, por su asimilación al hálito o soplo creador. […] de modo parecido al hebreo, tam- bién en árabe la palabra ruth significa a la vez aliento y espíritu». 7 «El aire se asocia siempre con tres factores: al hálito vital creador y, en con- secuencia, la palabra; al viento de la tempestad ligado en muchas mitologías a la idea de creación; finalmente al espacio como ámbito de movimiento y de producción de procesos vitales». (HESHMAT KASEM, Nozad, «La priva- ción materna» en La hija del aire y La épica de Fatema la Vigorosa, Diversidad, 5, diciembre 2012, p. 29)
  14. 14. 16 ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria críticaliteraria Imagen 1: Mary Poppins es el viento. La vida fluye en un cambiante aprendizaje. Imagen 2: Dibujo de Norman Ferguson para la película Los tres cerditos (1933) de Disney Enterprises Inc. Pertenece a la exposición Disney. El arte de contar historias en Caixa Forum Zaragoza (del 13 de diembre de 2018 al 31 de marzo de 2019). folclórico,8 el hada-niñera Mary Poppins, aparece cuando viene el viento del este «anunciando lo que ha de venir» y barriendo la niebla y a las otras can- didatas al puesto. [Imagen 1] Baja ondeando en el viento con su paraguas para dar un nuevo rumbo a la vida de la familia Banks, metáfora esta del rumbo reforzada por la vivienda convertida en barco del vecino almirante Boom que guía con inexorable puntualidad el tiempo.9 Se codifica esta simbología del viento también con recurrencia cíclica, al prin- cipio y al final, cuando las cometas surcan los cielos mirando desde lo alto a los protagonistas, que han comprendido que la vida debe fluir con ligereza para evitar encorsetarse en imposiciones sociales y económicas que sepultan la mirada vital de los ni- ños y acaban por convertirnos en adultos infelices (enlazando de nuevo con la idea del personaje de Saint-Exupéry y que viene a ser la misma de Peter Pan cuyo barco, y no casualmente, también vuela por el cielo londinense). En ambas versiones fílmi- cas (la última recientemente estrenada) se mantie- ne la alegoría del cambio vital, aunque el elemento volador sea un globo con la banda de las sufragistas a modo de cola para intensificar la simbología del cambio de rumbo, incluso para la propia Mary Pop- pins, que tendrá que callar a su conciencia cuando le recuerda que han mudado sus sentimientos y su anhelo de volar al volver a cambiar el viento. Se eleva finalmente la mirada y el espíritu, re- cordando que el señor Dawes dejó de respirar feliz en un ataque de risa «supercalifragilisticoespiali- doso» que le elevó a los cielos. Hay que añadir que 8 TAUSIET, María, Mary Poppins: Magia, leyenda, mito, Madrid, Abada Edito- res, 2018. 9 Recuérdese que son los marineros los que dan nombre a los vientos y los controlan con mayor maestría, lo que estrecha los lazos entre el símbolo del tiempo y el viento. el aliento o espíritu es también viento, pues «todos me llevan en sí o ninguno está en sí sin mí», como rezaba el enigma de Aguirre. El alma es el espíritu y la vida que se apaga como una vela cuando se in- hala el último estertor. El «soplo de vida» vuelve a ser metafórico. El soplido amenaza con poner del revés la vida, ya sea en el techo del tío Albert o boca abajo en la versión del personaje de Topsy, la prima de la niñera encarnada por la actriz Meryl Streep. El folclore tradicional insiste en la idea del sopli- do invasor del hogar y agente de cambio forzoso, trayéndonos irremediablemente a la mente la furia del soplido del lobo de Los tres cerditos. [Imagen 2] La experiencia, el paso de los años, es un apren- dizaje que destruye, arrasa y obliga a reconstruir la morada. El «día ventoso» no parece buen presagio en el relato de Winnie the Pooh cuando la casa en el árbol del anciano búho acaba destrozada en el suelo tras volar por los aires [Imagen 3] y todos se solidarizan en la reconstrucción. El viento obliga a remodelar, a reelaborar, a repensar. Supone adqui- rir la perspectiva que, desde arriba, se alcanza en una madurez o vejez cercana a la ilusión de la ni- ñez, asociada a los globos que levantan la casa del anciano de la película Up. Disney ha contribuido a sellar ese símbolo del viento como agente de evolu- ción, aunque ya el cine de la mano de la literatura lo había consolidado antes con el huracán que trans- porta la casa de Dorothy al mundo de Oz y a la bús- queda del mago que la traiga de vuelta del mundo de ensueño habiendo aprendido la lección de que «se está mejor en casa que en ningún sitio». El viento es revelador, descubridor de enigmas y enseñanzas y portador de vida nueva. No es ex- traño que se vincule también con la fertilidad en el ambiguo símbolo del «verde viento» lorquiano.10 10 ARANGO, Manuel Antonio, Símbolo y simbología en la obra de Federico Gar- cía Lorca, Madrid, Fundamentos, 1995, pp. 138 y 181-182
  15. 15. ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria 17 críticaliteraria Las «verdes ramas» del Romance sonámbulo se do- blan ante ese viento portador de vida y muerte a la vez, en la paradoja intrínseca que conlleva la muer- te entendiéndola como el paso a una nueva vida. No hay imagen más literaria que la de «vivir es ir mu- riendo» y que haya sido mejor expresada que por la pluma de Antonio Machado11 caminando entre los verdes pinos, viajando a lo largo del sendero, «soñando caminos de la tarde» mientras «suena el viento en los álamos del río» … La violencia del huracán12 acecha, la del vien- to que se lleva consigo la ilusión, la inocencia y, al igual que el tiempo, el recuerdo, barriendo esos mundos idealizados por una generación que «el viento sureño se llevó» consigo (valga de nuevo la imagen cinematográfica). [Imagen 4] Alberti codifi- ca en este elemento el poder del olvido en su Balada de lo que el viento dijo: Y el viento se acercó entonces, como quien va de pasada, y me dijo: La eternidad bien pudiera  ser un río solamente, ser un caballo olvidado y el zureo de una paloma perdida.13 Es el «viento fuerte, nunca sosegado»14 que le- vanta pasiones arrebatadas. El otro de los símbolos enigmáticos que trae el viento: el de la potencia sin 11 YNDURÁIN, Domingo, «Tres símbolos en la poesía de Machado», en www. cervantesvirtual.com [consultado 5 de enero 2018]. 12 «En su aspecto de máxima actividad, el viento origina el huracán —sín- tesis y conjunción de los cuatro elementos—, al que se atribuye poder fe- cundador y renovador de la vida.» (CIRLOT, Diccionario de símbolos, op. cit.) 13 El viento simbolizando el olvido se relaciona con el exilio (CASADO HER- NÁNDEZ, Marina, Oscuridad y exilio interior en la obra de Rafael Alberti. Tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2015. Versión pdf disponible en https://eprints.ucm.es/39950/1/T37949.pdf). 14 Cita probablemente gongorina que Matías de Aguirre le atribuye a un anónimo moderno (Navidad de Zaragoza, op.cit., p. 44). control de los amantes. [Imagen 5] El loco amor cuyo fuego crepita con mayor intensidad cuando sopla el viento. La locura que propicia el viento (casi paremiológica si nos referimos a la influencia del Cierzo en los lugareños) es también literatura. La poesía es instrumento para el sueño, para la fan- tasía o para el compromiso. Miguel Hernández nos mostró cómo el poeta es el «viento del pueblo» que azota para que también la sociedad se pueda trans- mutar. Y es que, en fin, la poesía es como el viento: «La poesía es como el viento, y como el fuego, o como el mar. Hace vibrar árboles, ropas, abrasa espigas, hojas secas, acuna en su oleaje los objetos que duermen en la playa». José Hierro Imagen 3: El viento es creación y portador de palabras en el relato Winnie the Pooh and the blustery day. Imagen 4: Cartel de la película Lo que el viento se llevó (1939). El recuerdo de pasiones imborrables es portado con el viento a la eternidad. Imagen 5: Oskar Kokoschka, La novia del viento (óleo sobre lienzo. 1913-1914. Museo de Arte de Basilea). La tormentosa pasión de los amantes dura lo que el viento huracanado.
  16. 16. 18 ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria Entrevista con Rosa Montero Susana Hernández.- ¿Es feliz Rosa Montero? Rosa Montero.- A ratos por su- puesto, porque la felicidad no es un estado permanente. Pero so- bre todo creo que tengo la suerte de ser alegre, algo que no es mé- rito mío, porque la alegría es una aptitud innata, quizá bioquímica, una capacidad de disfrutar ani- malmente con casi todo. Quiero decir que salgo a la calle y hace un día precioso de sol y me da un brinco el corazón: oh, qué día tan bonito. Pero salgo a la calle y está lloviendo y me pasa lo mismo: oh, qué día tan hermoso. Así que di- gamos que soy una disfrutona. Lo que no evita que también conozca la melancolía, la pena y el sufri- miento, como todo el mundo. S. H.- Lágrimas en la lluvia, El peso del corazón y Los tiempos del odio han sido las tres obras en las que ha creado un mundo para dar vida y hacer evolucionar a Bruna Hus- ky, uno de los personajes literarios que más me han impactado por la cantidad de sentimientos que es capaz de despertar en el lec- tor ¿Crees que necesitamos crear otros mundos para poder analizar, comprender y contar la realidad del que nos está tocando vivir? R.M.- Toda novela exige la crea- ción de un mundo, aunque sea Rosa Montero, madrileña universal, licenciada en Periodismo y casi en Psicología, también fue actriz de teatro. Tanto por sus artículos periodísticos como por sus numerosas y bien elaboradas entrevistas, fue galardonada con el Premio Nacional de Periodismo en 1981 y, por su extraordinaria trayectoria como escritora, en 2017 le fue otorgado también el Premio Nacional de las Letras. Por supuesto, cuenta también en su haber con el Premio de la Crítica de Madrid (2014), así como el Premio de la Asociación de la Prensa de Madrid (2005), entre otros muchísimos recono- cimientos y premios tanto nacionales como internacionales. Impresiona estar aquí entrevistando a quien ha obtenido los mayores reconocimientos nacionales como perio- dista y como escritora. Tiene millones de lectores que la siguen y la quieren, y pagarían por estar ahora en mi lugar pudiendo preguntarle con plena libertad lo que sea; y aquí estoy yo, que solo soy una lectora intentando entrevistar, precisamente,aunadelasmásgrandesentrevistadorasquehadadolahistoriadeEspaña. Y,comonosoynadapro- fesional en este sentido, pienso en las ganas que tengo de preguntarle a Rosa Montero si es feliz, si ha conseguido ser feliz a pesar de ser consciente de que el tic-tac del paso del tiempo no cesa, si es más feliz cuando escribe ficción o cuando ejerce de periodista, si ha aprendido de la vida que hay que afrontar el miedo y dar un paso adelante, si Bruna es el reflejo de su evolución… ¡Vamos allá! por susana hernández
  17. 17. ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria 19 entrevistacon contemporáneo. Si te refieres a mundos futuristas o fantásticos, pues no, no es obligatorio hacer- lo, aunque desde luego la ciencia ficción nos proporciona una herra- mienta metafórica muy poderosa para hablar del aquí y el ahora. S.H.- Esta revista la lee mucha gente joven, bachilleres acostum- brados a trabajar en sus clases tus columnas semanales en las que analizas diferentes aspectos de la vida ¿Cree que son precisamente tus libros de Bruna Husky los que más pueden interesarles porque en ellos reconocerán la realidad que viven en su día a día? R.M.- Desde luego mis Brunas son las novelas más realistas que he escrito, pero pienso que hay otros libros míos que también pueden interesarles porque hablan de la vida, de nuestra vida, de lo que somos y soñamos y tememos. En concreto hay otros dos libros que gustan mucho a los jóvenes, y son Temblor y La historia del Rey Trans- parente. S. H.- En numerosas ocasiones has manifestado que tu mente desde siempre ha estado llena de fantasía, pero tus libros son de una realidad aplastante, tan re- alistas que los lectores tenemos esa extraña sensación de que nos estás hablando de ti misma ¿Es un recurso literario o realmente Rosa Montero se va dibujando a través de sus personajes bordean- do esa fina línea que hay entre la realidad y la ficción? R.M.- Las novelas son sueños que se sueñan con los ojos abiertos, nacen del mismo lugar del incons- ciente de donde nacen los sueños y por lo tanto seguro que hablan de ti, de un yo inconsciente y tan profundo que por lo general no sa- bes ni comprender la relación que tienen contigo, lo mismo que su- cede con los sueños. Los persona- jes de mis novelas suelen ser muy alejados en su realidad biográfica de mí. Puede ser una sierva de la gleba del siglo XII, o una androide de combate del siglo XXII, o un ta- xista cuarentón y viudo, en fin, no me gusta la narrativa autobiográ- fica. Pero claro, al escribir un per- sonaje tienes que vivirlo, y es esa veracidad la que puede percibir el lector. Si los lectores se identifican con Bruna, es porque he conse- guido que represente de manera auténtica muchos de los miedos y los sueños y las necesidades bási- cas de todos. S. H.- A pesar de que entre tus millones de lectores se encuen- tren por igual hombres y mujeres, no te cansas de decir que no es- cribes para mujeres sino para el género humano, tanto que hasta en el Prólogo de tu último libro, Nosotras, dices: «Este libro no es solo para mujeres, de la misma manera que el feminismo no es solo cosa de chicas…» ¿No te pa- rece triste que ya avanzado el si- glo XXI sigamos teniendo que dar estas explicaciones? ¿Crees que es importante animar a la gente más joven a involucrarse y seguir trabajando por una sociedad más igualitaria, más feminista y me- nos sexista. R.M.- No me parece triste porque en realidad la desconstrucción del sexismo va a toda velocidad. En poco más de un siglo, cuatro o cinco generaciones estamos cam- biando una realidad milenaria. Re- cuerda que hasta entrado el siglo XX las mujeres no hemos podido estudiar en las universidades, salvo excepciones; que no hemos podido votar hasta más o menos mediado el siglo XX (y todavía hay sitios en donde la mujer no tiene todos los derechos de voto). La evolución ha sido enorme, y por fortuna el empujón que está ex- perimentando en los dos últimos años el feminismo o antisexismo, que es lo mismo, está caracteriza- do por la llegada masiva de los va- rones a esta lucha antisexista, que también les afecta y les favorece a ellos. En las dos últimas mani- festaciones madrileñas del 8 de Marzo había fácilmente un 40 % de hombres, sobre todo jóvenes. S.H.- Sueles decir que para contar una historia ha de morir el autor para que quien narre sea el sub- consciente, como en un sueño. Pero para hacer lo que hace des- pués con la pluma, la autora, ade- más de compartir las grandes ob- sesiones humanas, ha debido ser una atenta observadora de la vida ¿En tu caso pueden complemen- tarse el hecho de ser periodista y escritora? R.M.- Creo que ambas cosas, el hecho de ser periodista y el hecho de ser novelista, vienen del mismo principio, y es mi empatía, mi gus- to por la gente, por la auto obser- vación y por la observación de los demás. Te recuerdo además que, como la mayoría de los novelistas, empecé a escribir ficción de niña, y el periodismo llegó después. Hay otras profesiones que también derivan de esa misma base, como por ejemplo la interpretación, ser actor o actriz, o la psiquiatría y la psicología. Y yo he hecho todo eso, hice teatro durante cinco años en mi juventud y estudié cuatro año de psicología, jajaja. S.H.- Tengo que decirte que ten- go una cierta debilidad por Bruna Husky, pero no puedo quitar de mi mente lectora a Laura, la prota- gonista de La hija del caníbal, te
  18. 18. 20 ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria entrevistacon parecerá raro pero no concibo a la una sin la otra. Todos los libros que uno escribe son importantes porque ninguno podría ser un avance si no está el anterior ¿Tie- ne alguna debilidad por alguno de sus libros Rosa Montero? R.M.- Muchísimas gracias, cariño, por las observaciones tan llenas de afecto y de generosidad que estás haciendo en todas tus preguntas. Pues tienes toda la razón, el cami- no de la obra es largo y progresivo, no podría haber escrito mi última novela sin haber hecho previa- mente las anteriores, a escribir se aprende escribiendo y pensando y madurando. Por eso también me es difícil o imposible escoger unos libros por encima de otros, todos me han sido necesarios. Te trataré como una reina, por ejemplo, fue muy importante porque me ense- ñó a borrarme como autora y a es- cuchar a mis personajes; Temblor me enseñó a volar en la fantasía; Historia del Rey Transparente es sin duda mi novela más ambiciosa y estoy orgullosa de ella; Bella y Os- cura es mi novela más íntima y poética, creo; La loca de la casa, mi libro más original; La ridícula idea de no volver a verte quizá sea el tex- to más redondo; Bruna Husky es el personaje que más me gusta de todos los que he hecho, y las tres Brunas me encantan, sobre todo la última, Los tiempos del odio, que, junto con La carne, creo que son mis novelas más maduras… como te digo, es muy imposible elegir. S.H.- A Rosa Montero se le respeta y reconoce como escritora y como periodista, pero a nadie se le es- capa que hay mucho más: eres solidaria, comprometida con mil causas justas y, siempre que hace falta, das un paso al frente y te po- sicionas; te mueves como pez en el agua por las redes sociales y, al contrario de lo que le pasa a otros muchos escritores o famosos, in- cluso en Twiter eres respetada. Lo que marca la diferencia es que tus lectores te quieren y te sienten como una amiga… ¿Crees que es fundamental esa relación perso- na-escritor-lector? ¿te sientes re- compensada? R.M.- La verdad es que me siento un poco aterrada, jajaja. Hay mu- cha gente que me quiere, lo sé, cosa que agradezco enorme y hu- mildemente, pero no puedo evitar el maldito y típico síndrome de la impostora, quiero decir que a me- nudo pienso: un día se van a dar cuenta todos de que no soy así, de que soy un desastre, y será un fra- caso colosal, jajajaja S.H.- Para bien o para mal, el mundo va cambiando con rapidez, no dudo que Rosa Montero estará ahí para contarnos más historias diferentes, historias que la sor- prendan y con las que sorprender- nos, pero… ¿Volveremos a saber algo más de Bruna? R.M.- ¡Desde luego que sí! Dejo a mi Bruna en un lugar tan pecu- liar, tan intrigante y distinto en el final de Los tiempos del odio que me muero de curiosidad por saber qué va a ser de ella. Y no puedo co- nocer su futuro si no escribo una nueva novela. Así que habrá una cuarta Bruna, aunque antes tengo en la cabeza otro par de libros di- ferentes. S.H.- Rosa Montero, muchísimas gracias por tu tiempo y por haber sido así de generosa con nosotros, y como eres una mujer optimista y vitalista me apetece despedirme de ti con una pregunta que espero que llenes de esperanza ¿El futuro siempre será mejor? R.M.- Por desgracia no. El futuro solo será mejor si nos lo trabaja- mos, tanto desde el punto de vista social como desde el punto de vis- ta personal. Pero la buena noticia es que está sin escribir, o sea que siempre puedes aspirar a cons- truirte una vida mejor. Y un conse- jo esencial: para lograr un futuro mejor, empieza por el presente. Aprende a vivir el hoy lo mejor y más intensamente posible. S.H.- Pues eso vamos a hacer to- dos, Rosa, trabajar juntos para mejorar este mundo en el que vi- vimos. El tiempo pasa volando y nos que- damos con ganas de más, la invito a venir para conocer a sus lectores de Cinco Villas y quedamos a la espera de poder cuadrar las agen- das, básicamente la suya, claro, pues nosotros siempre estaremos preparados para recibirla.
  19. 19. ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria 21 entrevistacon David Lozano El pasado mes de octubre, en el marco de la Semana del Libro de Ejea, dedicada este año a la novela, pu- dimos contar con la presencia de David Lozano Gar- bala (Zaragoza, 1974) que pudo transmitir al público del Centro Cívico de Ejea su entusiasmo por el proceso creativo de la novela de misterio y de aventura, por la novela fantástica y, en fin, por las novelas que gustan a públicos de todas las edades. Pero es especialmente querido entre los lectores jóvenes y entre el profeso- rado que siempre busca autores y textos que puedan despertar la pasión por la lectura en adolescentes acostumbrados a recibir estímulos audiovisuales. Gracias a su disponibilidad el alumnado de los ins- titutos «Reyes Católicos» y «Cinco Villas» pudo sentir de nuevo su entusiasmo en sendas charlas coloquio alumnos y alumnas de 3º de eso del ies «cinco villas» y del ies «reyes católicos» de ejea de los caballeros sobre Donde surgen las sombras, libro que habían desmenuzado en sus correspondientes clases de Len- gua. Porque elegir un libro de David Lozano es un éxito seguro por sus argumentos con acción y reflexión, sus personajes con matices, la combinación de aventuras, misterio e indagación en los retos del mundo contem- poráneo y, en definitiva, por su condición como motor para la reflexión sobre las inquietudes de la juventud. Fruto de las charlas mencionadas es esta entre- vista para la revista Ágora preparada por alumnas y alumnos de los dos institutos en la que desvela parte de sus gustos, inquietudes y sentimientos, el trabajo que conlleva la práctica de su vocación de escritor a la par que hace un breve repaso de sus principales obras. Ágora.- ¿A qué edad empezaste a escribir?¿Cuálfuelachispaquedes- encadenó tu vocación de escritor? David Lozano.- Mis primeros pasos literarios van de la mano con mi propia trayectoria como lector. De pequeño, al mismo tiempo que des- cubría el placer de la lectura —que implica asomarse a las narraciones de otros— experimentaba la in- quietud por situarme al otro lado, por crear mis propias historias. Empecé a los 7-8 años por escribir cuentos, relatos breves, y fue una experiencia tan satisfactoria, tan gratificante, que no lo he dejado hasta hoy. A los 19 logré terminar mi primera novela. Por otra parte, mipadreyahabíaescritoalgunano- vela, los libros siempre han estado muy presentes en la casa familiar. Á.- Si no fueses escritor, ¿a qué te hubiera gustado dedicarte? D.L.- Yo ejercí como abogado un par de años. Es una profesión muy inte- resante.Duranteaños,porotraparte, he compaginado la docencia con la escritura. La psicología también me atraíacuandovalorabamifuturopro- fesionalyelsectoraudiovisualesotro quemesiempremehaapasionado. Á.- ¿Qué sientes cuando escribes? D.L.- Para mí la escritura no es una afición, no se trata de un sim- ple hobby. Yo necesito escribir, por eso la considero una vocación. De ahí que, a pesar de lo duro que es todo el proceso, yo disfrute mucho sumergiéndome en mis historias. Mientras escribo, me ausento del mundo real y soy feliz allí, luchan- do por encontrar las palabras que me permitan construir una nueva historia. Á.- Además de construir una trama entretenida, tus novelas pretenden
  20. 20. 22 ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria entrevistacon algo más. ¿Qué mensaje quieres transmitir? D.L.- Yo siempre procuro que en mis novelas, además de entreteni- miento, el lector encuentre temas para la reflexión. En el caso de Don- desurgenlassombras, he pretendido que el lector se cuestione los ries- gos de Internet y hacer hincapié en la importancia de la amistad. Donde surgenlassombrases, por encima de todo, una novela sobre la amistad. Á.- ¿Qué géneros te gusta explorar y por qué? D.L.- Mi género favorito es la no- vela, porque es el que me permite desarrollar mejor mis historias. He trabajado tanto la novela autocon- clusiva (Hyde, Valkiria…) como el formato saga (trilogía «La Puerta Oscura»). Con la novela no te en- frentas a límites de extensión, por ejemplo, y te permite una absoluta libertad a la hora de escoger pers- pectiva de la narración, ritmo… etc. También me gusta mucho el relato. Á.- ¿Qué te atrae del lector juvenil? D.L.- El joven es, casi por definición, exigente e impaciente. Se trata de dos rasgos que lo vuelven un juez implacable cuando una historia no le convence. Sin embargo, cuando se deja seducir por ella, cuando se ve atrapado por las páginas, su ca- pacidad de imaginar esa historia, de recrearla, de vivirla, es espectacular. Losmásadultoshemosidoperdien- do esa capacidad de soñar a través de las páginas, que deberíamos re- cuperar. Á.- ¿Crees que se lee menos que antes? D.L.- Con los niños no ocurre. Sin embargo, a partir de la adolescen- cia, la irrupción de la tecnología y del móvil en particular, como ele- mento que acapara toda nuestra atención, ha modificado radical- mente nuestros hábitos, incluidos los de lectura. Vivimos en una épo- ca dominada por la dispersión y la urgencia. Y ese contexto no ayuda a fomentar la lectura, que requiere justo lo contrario: concentración, calma y silencio. Á.- ¿Qué novelas tuyas nos reco- mendarías? D.L.- Para quien disfruta leyendo fantasía, sin duda la trilogía «La Puerta Oscura». Se trata de una saga gótica, sobre un viaje por el Más Allá, hacia el Infierno. Para quien prefiere la novela histó- rica, Herejía. Se ambienta en el siglo XV: un joven noble se infiltra en la Inquisición para intentar rescatar a su padre, procesado por hereje. Entre mis novelas de suspense: tanto Valkiria (sobre un siniestro vi- deojuego de pruebas reales), como Hyde (donde un grupo de estudian- tes es enviado a un caserón aislado para un experimento) y Desconoci- dos (una inquietante cita a ciegas a través de Twitter) comparten la misma línea: intriga vinculado a las tecnologías. Á.- ¿A ti te gustan los videojuegos? D.L.- Algunos de ellos me parecen espectaculares. Sin duda de trata de un nuevo lenguaje a tener en cuenta, un formato que amplía el horizonte de la narración. Sin em- bargo, en la mayor parte de los ca- sos requiere del jugador una partici- pación repetitiva, superficial, poco enriquecedora. Por eso dedicar demasiado tiempo a los videojue- gos empobrece. El coste de oportu- nidad es alto: todo lo que uno deja de hacer al sacrificar tanto tiempo para jugar. Abusar de los videojue- gos no compensa, no sale rentable. Á.- ¿Mereció la pena la dedicación y el esfuerzo de escribirla? D.L.- Sin duda. Donde surgen las sombras me cambió la vida. De he- cho, si hoy soy escritor profesional es gracias a esa novela. Á.- ¿Pensaste en algún momento que algún protagonista no saldría vivo de las alcantarillas que se re- crean en la novela? Si es así, ¿por qué lo salvaste? D.L.- La mayor duda que tuve a lo largo de todo el proceso de escritu- ra fue si Álex sobreviviría. Hasta el último momento me planteé que sus amigos no llegaran a tiempo de salvarlo. No obstante, al final me ablandé; será porque siempre aca- bo cogiendo cariño a los personajes. Á.- ¿Posible película? ¿Te atrae el mundo del cine? D.L.- Ya ha habido acercamientos. Una televisión nos encargó hace dos años un documento sobre la novela de cara a hacer una mini- serie. De momento el proyecto no ha avanzado más, pero yo siempre estoy dispuesto a ello; me encanta el cine. Á.- ¿Qué sentiste al recibir el pre- mio Gran angular por Donde surgen las sombras? D.L.- Felicidad, orgullo e incredu- lidad. Me costó asimilar que había cumplido ese sueño. Todavía hoy lo sigo viviendo. Á.- Desde las páginas de Ágora de- seamos a David Lozano logre alcan- zar esos sueños para los que está trabajando con tanta dedicación y pasión. Y aquí, en Ejea, seguiremos dejándonos seducir por sus creacio- nes. Gracias, David.
  21. 21. ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria 23 Nombre de secciónPensamiento y reflexión Joaquín Bueno elrincóndel neurótico L os amables lectores que compartieron conmigo durante años las peculiares opiniones y puntos de vista de mi psicoanalista debieron respirar con ali- vio cuando el buen hombre decidió instalarse en algún recóndito lugar del lejano Tíbet. Allí ha pasado algo más de dos años reencontrándose consigo mismo como a él le gusta decir y, aunque lo cierto es que a la vuelta no me ha explicado muy bien cuánto tiempo va a permanecer por estos lares (todo dependerá, dice, de cómo interactúen su karma personal con el actual karma de la sociedad occidental, o algo así…), parece que sigue buscándole los tres pies al gato sin impor- tarle demasiado si sus argumentos guardan o no sin- cronía y coherencia con la realidad circundante. Deduzco por su actitud y por sus escritos que deambulando por los deleitosos senderos de la mís- tica se le han ido quedando atrás algunas cosas que caracterizaban su perfil social, aunque he podido comprobar que sigue haciendo gala de una capaci- dad insólita de reflexionar sobre algunos aspectos de la realidad que no le interesan de verdad, creo, a casi nadie. Por resumir, apunto que la obsesión en la que su mente viene naufragando estos días está asentada en los pormenores por los que se regía el ideario peda- gógico de la Institución Libre de Enseñanza. Supon- go que durante los largos meses de recogimiento por aquellos remotos lugares ha tenido tiempo más que de sobra para leer con calma y profundidad alguno de los numerosos tratados de Francisco Giner de los Ríos, probablemente su Educación y enseñanza  y tal vez su Antología Pedagógica, y, sin lugar a dudas, las reflexiones y pensamientos de Juan de Mairena, el apócrifo profesor de Antonio Machado… Ya sabes —me escribe— que Juan de Mairena era un pedagogo racionalista ligado desde sus orígenes a la ILE, que poseía una optimista percepción del mundo y queconsiderabaqueelprocesoeducativodebíadedicarse prioritariamente (frente a los programas memorísticos) al desarrollo de la personalidad. Para él la memoria de las cosas, siendo muy útil, ya estaba preservada en los librosydocumentosdetodotipoquepueblanlosanaque- les de las bibliotecas y que lo que la sociedad necesitaba eransereshumanosquesupiesenutilizar,demanerapro- ductiva para todos, esa información. El ideario de la ILE pereció, como sabes, en primer lugar ante las tapias de los cementerios, y, después, con la amargura del exilio y de la represión. Hubo posterior- mente un largo período de oscurantismo del que todavía nohemoslogradorecuperarnosdeltodoy,aunqueesver-
  22. 22. 24 ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria pensamiento yreflexión dad que la Transición no fue tal vez el mejor momento para retomar el espíritu de la Institución, ha llovido mu- cho desde entonces para que las cosas sigan estando más o menos igual… Habrás podido comprobar que, hoy en día, los objeti- vos que se consideran imprescindibles en las programa- cioneseducativasdenuestropaísvaríanensincroníacon las siglas de los partidos o coaliciones gobernantes, que las reformas educativas se han convertido en un mal en- démico y que, así, la enseñanza reglada a lo largo de las últimas décadas ha estado siempre condicionada a las ocurrencias de los políticos de turno… No necesito recordarte —continúa— que la mejor forma de que no cambie algo es reformarlo mucho. Esa era la opinión de Juan de Mairena respecto a la educa- ción y si revisas con cierto detenimiento el acontecer del pasado inmediato (no tienes que ir más allá de 1970) comprobarás que la Ley General de Educación que se implantó aquel año, dio paso a la Ley Orgánica del Es- tatuto de Centros Escolares, que a su vez abrió camino a la LOGSE, la cual precedió a la Ley Orgánica de Partici- pación, Evaluación y Gobierno de los Centros Docentes. Las dos últimas han sido la Ley Orgánica de Educación impulsada por José Luis Rodríguez Zapatero y la actual Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa de José Ignacio Wert. De seguir así, como parece previsible que sea, vendrán la séptima, la octava, la novena, etc., etc., etc. Y los libreros en éxtasis… Podrás objetarme que las sucesivas reformas son un prodigio de reglamentación académica y que hay un consenso tácito por el que en el articulado de las progra- maciones al uso se puede deslindar hasta el detalle cada unadelasactividadesconducentesalaadquisicióndelos objetivos previstos. Vamos, que no queda cabo suelto al- guno, que todo está debidamente secuenciado, que cada una de esas secuencias están debidamente recogidas en los índices de los trabajos y que es casi imposible que con esas programaciones no se acceda a la excelencia en un par de pasos… Y, sin embargo, podrás comprobar que el último Informe Pisa nos dice que, aunque hemos mejora- do algo respecto a las valoraciones de informes de años anteriores, seguimos estancados en niveles educativos muy por debajo de los que se estilan en bastantes otros países de la Europa Comunitaria y, desde luego, muy por debajo de Finlandia, el país europeo que obtiene la mejor valoración de todo el entorno educativo comunitario. Curiosamente, en el Informe Mundial sobre la Felici- dad de la ONU de 2018, Finlandia también aparece como el país en el que sus ciudadanos son los más felices del mundo. En ese informe, que incluye variables como el GABRIEL BUENO
  23. 23. ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria 25 pensamiento yreflexión producto interior bruto, las ayudas sociales, la esperan- za de vida, la libertad, la generosidad, la ausencia de co- rrupción y la calidad de vida de los inmigrantes, temas a los que los finlandeses dedican unas actividades con- cretas para su estudio en los currículos, se especifica que España ocupa el número 30. No hace falta ser un lince para establecer una relación de causa-efecto, ¿no crees? Son verdades como puños, muchacho… Tal vez, querido amigo, tendríamos que repensar el sentido global de nuestras programaciones educativas y, junto a las taxonomías de objetivos tan minuciosamente perfilados, incluir otros en los que se especifique que lo másimportanteparaelserhumanoensuperíodoeduca- cional es que consiga comprender objetivamente el mun- do que le rodea. ¿De verdad no percibes la evidencia de que lo que la sociedad necesita es una enseñanza que dé preponderancia a lo educativo y que desarrolle la perso- nalidad del alumnado y, en todo caso, que se seleccionen como optativos todos aquellos conocimientos que única- mentesirvendeverdadaquienesdeseanaccederalauni- versidad, como se repetía machaconamente en la ILE? Hace un rato le he enviado un correo manifestán- dole mi perplejidad por sus afirmaciones e informán- doledequeyonosoyquiénparaadelantarlerespuesta alguna a sus últimas preguntas… Eso sí, le he manifes- tado mi conformidad con que la Institución Libre de Enseñanza fue un hito en nuestro sistema educativo difícilmente superable y que su desaparición del esce- nario educativo español fue uno más de los desastres del alzamiento militar y de la Guerra Civil. También con que es difícilmente justificable que a estas alturas solo quede un levísimo recuerdo de lo que fue… Le reprocho, sin embargo, que su voluntario ale- jamiento de la realidad social de nuestro país no le permite percibir con una perspectiva compleja y ade- cuada sus problemas de fondo… Hay que vivir, le digo, la realidad cotidiana y enlodarse con sus problemas para percatarse de que el mundo ya no es lo que era hace cien años, que vivimos en una aldea global en la que las informaciones van y vienen sin apenas tiem- po para filtrarlas y asimilarlas, y que aquella escuela idílica de Giner de los Ríos no es ahora más que una entelequia utópica para quienes navegan en el etéreo mundo de las ideas generales y que su célebre frase «Dadmeunmaestroyosabandonolaorganización,el local,losmediosmateriales,cuantosfactoresensuma contribuyen a auxiliar su función», pronunciada en la inauguración del curso 1880-81 de la ILE, está hoy , en términos educativos y sociales, un tanto devaluada… De cualquier forma, he de reconocer que existen algunas analogías entre sus puntos de vista y los de Andreas Schleicher,Director de Educación de la Orga- nización para la Cooperación y el Desarrollo Econó- micos (OCDE), y padre del Informe PISA, vertidos en su libro Primera clase, presentado a la opinión pública el 9 de octubre de 2108. En sus páginas se afirma que la educación en España es casi como una versión del siglo XIX, y que España se ha concentrado en legislar olvidando la calidad de la enseñanza. También afirma que las leyes en España son como las regulaciones en unafábricamuygrandeyquelossucesivosGobiernos han actuado siempre como lo pueda hacer su director general, legislando desde arriba sobre cómo deben funcionar los centros educativos. De esa manera, los profesores llevan a la práctica esas directrices y los alumnos las reproducen de una manera memorística, sin apenas crítica… Tal vez alguien debería contestarle a este señor… ¿O no?
  24. 24. 26 ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria pensamiento yreflexión Vicky y «la Pili» David Villafranca «¡Pero cuánto tiempo! ¿Cómo has estado, amor?». Nada más cruzar la puerta de la cantina, Vicky me recibió con una mezcla de cariño y de reproche: un beso en la mejilla para darme la bienvenida junto a un gesto de sorpresa por las semanas que lleva- ba sin pasar por ahí. Mi excusa de «mucho trabajo, muchos viajes» pareció convencerla. Por si acaso, rematé con que el tiempo no anima mucho a salir de casa y con eso ya me la gané por completo. Vicky llegó hace muchísimo desde Guatemala, pero ase- gura que no recuerda un invierno tan frío y lluvioso en Los Ángeles como el de este año. Vicky, de unos cincuenta años, morena de ojos, cabello y piel, y siempre con un colorido pañuelo al cuello, es la reina de esta cantina de Boyle Heights. Con unos 100.000 habitantes y un 95 % de ellos de origen latino, Boyle Heights es el corazón chi- cano de Los Ángeles y un barrio en el que el día a día es mucho más fácil diciendo «buenos días» en lugar de «good morning». La mayoría de sus vecinos nació en México o tiene sangre mexicana, por lo que una cantina como la de Vicky parece de lo más apropia- do: la rockola tiene una amplia selección de rancheras, sirven cervezas Pacífico y Modelo, y te dejan entrar con tacos del puesto callejero si andas con hambre. Según Google Maps, este bar se llama «First Street Pool & Bi- lliard». Es un nombre muy des- criptivo de su ubicación (la calle Primera) y de lo que ofrece (unos diez billares), pero la verdad es que no tiene mucho gancho. Chris, un gringo y güero de Den- ver con un spanglish estupendo, lo bautizó como el pool bar y así se quedó entre nuestros amigos. Si Los Ángeles ha exportado al mundo el brillo de Hollywood, el gla- mur, la fama y las palmeras bajo el sol, la cantina es una tierna bofetada de realidad. Muy vieja y cal- mada, con taburetes desvencijados, luces flojas y una decoración de otro milenio, la cantina tiene el encanto de lo anticuado y el bendito atractivo, una auténtica ganga en Los Ángeles, de vender cervezas a 4,5 dólares. De jueves a domingos, Vicky establece su peque- ño reinado tras la barra. Organiza las reservas de los billares, vigila que en la mesa de quienes juegan a dominó no falte de nada, se ocupa de que en la televisión haya fútbol mexicano y apunta con mimo las consumiciones de sus clientes. La mayoría de las ocasiones, Vicky es la única mujer de una canti- BEATRIZ SUMELZO
  25. 25. ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria 27 pensamiento yreflexión na donde sobre todo hay señores de mediana edad y ancianos. Poco parece importarle a la camarera, quien, con cada conocido que entra a la cantina, para un momento para sonreír y saludar: «¿Cómo has estado, amor?». Algunas noches de domingo, las más tranquilas y de menos tarea, Vicky charla de temas muy cercanos para todos los que acuden por ahí: lo caro que está el alquiler, lo que cuesta ahorrar para volver a casa unas semanas al año, y lo pendejo que es Trump. A miles de kilómetros, en un pueblo medieval de 600 habitantes entre campos de cereales, la Pili fue lo más parecido que tuve a una Vicky cuando yo apenas era un chaval. En los veranos trabajaba como taquillero en la piscina de Uncastillo para pa- garme durante el año todos los vicios de un univer- sitario en Madrid. Pero este anhelo de austeridad y rigor financiero que enamoraría a la Unión Eu- ropea se iba al garete en cuanto pisaba el Toperas, algo que solía hacer cada tarde. El Toperas de la Pili era un bar muy oscuro, de paredes tan negras como si hubieran sido bañadas en carbón. El humo (aún se podía fumar) lo con- vertía en una trampa perfecta: en invierno, la peste a tabaco era tal que resultaba imposible convencer a tu madre de que no habías pasado la tarde entre cervezas. Era un bar de los que se luchaban en la barra, apretado frente al resto de gente, a codazos, a carcajadas, sudando sin parar y en lucha constan- te por escasos centímetros cuadrados. El jaleo, eso sí, tenía un límite: un grito de la Pili cuadraba a todo el mundo al instante. Con pelo gris, siempre en coleta, la figura oron- da de la Pili caminando con el capazo lleno de za- rrios para el Toperas era algo tan característico del pueblo como el castillo que le da nombre. Aunque lo que dejó huella en Uncastillo fue su genio: la Pili gritaba, protestaba y mandaba callar a cualquiera que se pasara de listo. Más de un turista salió co- rriendo del bar por incordiarla. Arisca en aparien- cia, la Pili era en realidad cálida y atenta: la primera vez que mi padre entró al bar tras salir del hospital, la Pili interrumpió el servicio, abandonó la barra y le plantó dos besos en la misma puerta del Toperas. Cuando conocí a Vicky y su cantina me acordé automáticamente de la Pili y el antiguo Toperas an- tes de que se jubilara. En los dos había un ambiente familiar, en ambos uno se sentía como en casa. Los Ángeles puede ser una ciudad inhóspita y hostil, pero a cualquiera le ablanda el corazón que un gru- po de chicanos, en medio de un cumpleaños en una cantina, te invite a compartir su tarta. En el Tope- ras también se daban momentos de cariño: la Pili casi nunca ponía música, pero el día que traspasó el bar sonaba Adriano Celentano mientras invitaba a cañas gratis a todos. Es posible que la conexión entre la cantina de Boyle Heights y el Toperas de Uncastillo solo sea cosa mía. Sin duda, ser un optimista te hace ver más las similitudes que las diferencias, incluso en realidades que puedan parecer opuestas. Pero tam- bién me resulta muy paradójico que en tiempos de viajes y de internet, de conocimiento y de comuni- cación, con todo el mundo prácticamente a nuestro alcance, nos empeñemos en mirar más lo que nos distancia que lo que nos une. En Boyle Heights no comen ternasco ni cantan jotas, pero sí se citan en la plaza cuando hace buen tiempo, solo que en su caso es la Plaza Mariachi y no la Plaza del Ordina- rio. Los fines de semana en Boyle Heights también se va a misa y se ve el fútbol (aquí no lloran con el Zaragoza, sino con las Chivas de Guadalajara). Tampoco hay mucha diferencia entre empezar el día comprando una barra en la Panadería Pemán o llevándote bolillos y tortillas de maíz de La Morena Bakery. Los enamorados pasean al atardecer en el Parque Hollenbeck en lugar de ir por la carretera hacia Luesia. Los niños se mueren por un buen he- lado, quizá no en la piscina, pero sí de la camioneta que recorre el barrio. Y los abuelos, eso sí, coinci- den en Boyle Heights y Uncastillo con su pasión por las obras. No son tiempos demasiado proclives para los sentimientos positivos, la concordia o la tolerancia mientras se proyectan muros, se extiende el racis- mo, se rompen uniones, se desconfía de vecinos y se pleitea sobre referendos de independencia. Pocos motivos hemos tenido para brindar últimamente. Pero es quizá en estos momentos tan inciertos en los que tal vez debamos refugiarnos en certezas co- munes y en paraísos compartidos, como que, seas chicano o aragonés, de Boyle Heights o de Uncasti- llo, es un tesoro tener un lugar en el que te echen en falta cuando no vas y donde te pregunten qué tal te va todo, «amor».
  26. 26. 28 ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria pensamiento yreflexión La sociedad actual está inmersa en una crisis de valores sin precedentes. En 2015, la ONU aprobó la Agenda 2030 con los diecisiete «Objetivos de Desa- rrollo Sostenible» haciendo un llamamiento global para erradicar la pobreza, proteger el planeta y ase- gurar la paz y la prosperidad para todos. Las sociedades están hiperconectadas y las po- sibilidades de un desarrollo sostenible y equitativo son más amplias que nunca gracias a las tecnolo- gías y avances científicos. Sin embargo, persisten los conflictos, la intolerancia, las desigualdades es- candalosas, la avaricia desmesurada, el abuso y la explotación... ¿Hay esperanzas? Movimientos como la Economía del Bien Co- mún (en el original alemán Gemeinwohl-Ökonomie) arrojan algo de luz y aportan propuestas. Se trata de un proyecto económico promovido por el acti- vista social Christian Felber que busca desarrollar una economía verdaderamente sostenible y alter- nativa a los mercados financieros en los que operan las empresas actualmente. Surgió en Austria con la publicación, en agosto de 2010, del libro de Felber La Economía del bien común (traducido al castellano en 2012 y reeditado 2015). Agrupa a empresas, mu- nicipios y miles de voluntarios de más de 30 países. Muchos lo definen como un «modelo económico con futuro». En palabras de Felber, en un fluido español, en el corazón de la Economía del Bien Común (EBC) se encuentran las personas, y el florecer de nuestras relaciones: «…aplicar en todos los ámbitos de nues- tra vida, sin dejar de lado la economía ni la política, aquellos valores que hacen florecer las relaciones humanas: honestidad, empatía, confianza, coopera- ción, solidaridad». Para ello, esta iniciativa social y económica pro- pone resolver tres contradicciones profundas de nuestra sociedad. La primera: las constituciones de los países democráticos recogen un espíritu y unos valores que no se respetan en la economía real. Efectivamente, si volvemos la vista a nuestras cartas magnas, la Constitución de Baviera o la Cons- titución Española, por ejemplo, recogen el bien común o interés general como el fin último de la economía, de la riqueza. Y unos valores aceptados universalmente como principios de la convivencia democrática: honestidad, confianza, empatía, res- peto, solidaridad, ayuda mutua. «Toda la riqueza del país en sus distintas for- mas y sea cual fuere su titularidad está subordina- da al interés general» (art. 128 de la Constitución Española). Sin embargo, la economía se mueve por dos reglas que chocan frontalmente con este objetivo: el afán de lucro y la competencia, responsables de que en los mercados se viva conforme a unos valo- res profundamente alejados de esos que «permiten florecer las relaciones humanas». Vivir con estas reglas promueve comportamientos radicalmente opuestos y basados en la insolidaridad, la avidez, el abuso, la desconsideración hacia la dignidad huma- na o hacia el medio ambiente. Nos hallamos, por tanto, ante un profundo abismo entre las reglas de la economía y los prin- cipios fundamentales que deben regir la conviven- cia. Ante esto, la EBC sugiere un replanteamiento: sustituir el afán de lucro y la competencia, por la contribución al bien común. Recordemos que la contribución al bien común no es nada nuevo; está presente en nuestra Constitución, no así el dictado del dinero. Basta una revisión a la literatura económica para encontrar la máxima que resume los objetivos de la Economía: distribuir los recursos escasos para ¿Es posible lograr el bien común? Irene Melchor Lacleta
  27. 27. ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria 29 pensamiento yreflexión satisfacer las necesidades. O, de manera resumida, satisfacer las necesidades humanas. Según Felber, dinero y rentabilidad siempre han sido el medio de la actividad económica para alcanzar su fin, pero no su fin en sí mismo. Por tanto, ¿por qué medir el éxito empresarial atendiendo a dicha rentabili- dad, y no al logro de sus objetivos? Se trataría de un error metodológico y conceptual, ya que desoiría la esencia misma de la economía. Esta es la tercera contradicción: el éxito económico se mide a través de indicadores como el PIB y el be- neficio financiero, y no en los prin- cipios defendidos en nuestras leyes fundamentales. El movimiento de Felber apuesta por entender y valorar el éxito econó- mico de otra manera, y recompensar a las empresas que cumplen con los mandatos de la Constitución y con sus deberes con la ciudadanía, que actúan y viven de una manera coo- perativa, solidaria, democrática. Este enfoque solventa la tercera contra- dicción del sistema actual: si el obje- tivo es el bien común, midámoslo. La propuesta es cuantificar el aporte al bien común y así resolver el error metodológico de base en las medicio- nes actuales: cuantificar el éxito económico según los medios (los resultados financieros) y no según la con- secucióndelosquedeberíanserlosverdaderosobjeti- vos (necesidades humanas e interés general). Por ello, y para que las organizaciones puedan re-enfocar sus fines hacia la maximización del bien común, la EBC ha creado una potente herramienta: el Balance del Bien Común. Este Balance contem- pla el éxito empresarial desde una visión holística, con nuevos significados y dimensiones. No es su función sustituir a la información financiera, sino complementarla, mejorando la transparencia para clientes, inversores o administraciones públicas. Es una eficaz herramienta de gestión, transfor- madora hacia una gestión más humana. Promueve la reflexión interna, la autoevaluación de las orga- nizaciones y la mejora continua de todos los proce- sos, teniendo muy en cuenta a todos los grupos de interés. Este Balance, ya por su versión 5.0, representa de manera clara la contribución de una empresa al bien común mediante una matriz bi-dimensional. En la franja horizontal se miden los valores huma- nos fundamentales. No son valores elegidos al azar o de manera discrecional, sino que son los consi- derados con más frecuencia en las Constituciones democráticas: dignidad humana, solidaridad y jus- ticia, sostenibilidad medioambiental. En la franja vertical, se consideran todos los grupos de interés que interaccionan con la empresa: proveedores, propietarios y proveedores financieros, empleados, clientes y organizaciones y entorno social. Con esta matriz, una empresa puede valorar y comunicar su éxito alternativo: su contribución a estos valores democráticos frente a todos sus gru- pos de interés, sin olvidar las plantas y animales. Su aplicación otorga una puntuación en un rango de 0 a 1000 puntos, y el resultado se hace público acom- pañado de una memoria o informe más detallado. Su bondad radica en que permite visibilizar el com- portamiento de la organización, de cara a sus clien- tes y a la sociedad en general. ¿Cómo se comporta la empresa a la que compro productos en cuanto a su huella ecológica, condiciones laborales, igualdad de género o el reparto de los beneficios? Felber nos recuerda la condición de transpa- rencia para el funcionamiento eficiente del libre mercado. Sin transparencia, un decisor racional no puede tomar decisiones informadas. En aras de esa transparencia, el movimiento promueve que en un futuro el resultado del Balance aparezca junto al código de barras de todo producto en un sello, per- mitiendo al consumidor tener una visión amplia de la empresa y su comportamiento. Asimismo, se aboga por un set de incentivos fiscales, entre otros, para las empresas con mayores puntuaciones. En La matriz del bien común 5.0. Fuente: https://economiadelbiencomun.org
  28. 28. 30 ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria pensamiento yreflexión definitiva, se propone un escenario en el que se evalúe y premie el éxito de las organizaciones de acuerdo con los valores que sirven al bien común de todas las personas. Ejemplo de sello de la Economía del Bien Común. Fuente: https://economiadelbiencomun.org Diversos estamentos de la Unión Europea, entre ellos el Comité Económico y Social Europeo (CESE) hanrespaldadolaEBC.ElCESEconsideraestainicia- tiva apta para incluirse en el marco jurídico europeo y para facilitar una transición hacia un «mercado europeo ético» que promoverá la innovación social, elevará la tasa de empleo y será beneficioso para el medio ambiente, en consonancia con la Estrategia Europa 2020. Este organismo también ha reconoci- do la utilidad de las propuestas de este movimiento en cuanto a herramientas de medición del bienes- tar y el desarrollo más allá del PIB: el Balances del Bien Común y el Producto del Bien Común. La aplicación del modelo EBC al ámbito de la educación y la enseñanza son de gran interés, cuan- do el objetivo que se persigue es educar en valores y ofrecer visiones alternativas al modelo dominante y que despierten la reflexión y el pensamiento crí- tico del alumnado. En este sentido, la Dirección Ge- neral de Personal y Formación del Profesorado del Gobierno de Aragón ha sido pionera al ofrecer for- mación docente relacionada con la EBC. Durante el curso 2017-18 tuvo lugar el primer seminario para profesorado dedicado a este movimiento. En 2018- 19, el Centro de Innovación y Formación Educativa (CIFE) de Ejea de los Caballeros ha sido coordina- dor del segundo seminario, que pretende continuar profundizando en la aplicación de esta filosofía en el aula. Docentes de los dos IES de Ejea de los Ca- balleros han participado en este seminario, deno- minado: «Estrategias didácticas para introducir la EBC en el aula». La fuerza que va ganando este movimiento, y otras iniciativas afines como la Economía Social o la Economía Circular, abre una ventana y un rayo de esperanza a la cooperación, el apoyo a los dere- chos humanos y un desarrollo sostenible acorde con las necesidades humanas y ecológicas. Son ne- cesarios movimientos e iniciativas como la EBC que ayuden a redirigir la sociedad actual y la actividad económica, tan alejada de los valores humanos, ha- cia los principios democráticos en los que se basan nuestras sociedades y que tenemos en común y de- fendemos. (Agradecimiento a la Asociación Federal Españo- la para el Fomento de la Economía del Bien Común AFEF/EBC por la información aportada)
  29. 29. ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria 31 pensamiento yreflexión Elena Hernández La historia de las mujeres está inevitablemente uni- da a la historia de los movimientos feministas por dos razones fundamentales: los movimientos femi- nistas han sido el motor en pos de la igualdad de de- rechos entre ambos sexos y estos han dotado a las mujeres de los recursos necesarios para visibilizar su historia y necesidades. Cuando son las mujeres las que denuncian su situación podemos hablar real- mente de la historia de las mujeres en España. Hay dos etapas fundamentales en la historia del feminismo. Desde mediados del siglo XIX hasta me- diados de las décadas de 1920-1930 y de los años 60 a los 80. Esta segunda época es la llamada «ola del feminismo». Sin embargo, no se puede decir que en España las fases se correspondieran con esas fechas. Según Geraldine M. Scalon, el desfase cronológico su- frido se debe fundamentalmente al desarrollo indus- trial pobre que conllevaba la inexistencia de una clase media progresista, a que el modelo liberal instaurado después del Antiguo Régimen se caracteriza por la de- bilidad del sistema representativo parlamentario y al fuerte papel que juega la iglesia católica en la socie- dad. En la iglesia protestante las mujeres participan activamente en la organización y en los actos. Esto las dota de experiencia administrativa y organizati- va, mientras que en España el discurso emitido por la iglesia católica potenciaba la desigualdad. A finales del siglo XIX, las mujeres españolas abogaban por un feminismo con reivindicaciones sociales, por reclamar derechos individuales. En esa época se aceptaba el discurso de género del doctor Gregorio Marañón, que estaba basado en la dife- renciación sexual. Proclamaba que la mujer no era inferior al hombre, sino diferente. Esto hace que se postule la igualdad social desde la diferencia, lo que implica una división sexual del trabajo, donde la mu- jer queda reducida al hogar y su identidad se cons- truye a través de la maternidad. A pesar de la citada teoría hubo demandas sociales y civiles tales como la educación y el trabajo remunerado. Al triunfar esta corriente, figuras como Concepción Arenal y Emilia Pardo Bazán se decantaron por el activismo de po- tenciar la educación femenina. Unas décadas más tarde, 1920, gracias a la co- yuntura política existente se potencia por fin el ac- tivismo político feminista. Dolores Monderdà en su Estudi feminista reniega del feminismo laico que se tenía como modelo para pedir una reforma del cato- licismo y del nacionalismo. Destaca la importancia de la mujer en la socialización, cultura y tradición catalanas pidiendo acceso a la formación académica. Sin embargo, acepta que sea el varón el encargado de gestionar el patrimonio y las cuestiones políticas. En 1918 se crea la Asociación Nacional de Mu- jeres Españolas (ANME en adelante), y en 1920 se unen a las demandas sociales que promulgaban las demandas políticas también. Se pide la revisión de las leyes que relegaban a la mujer al ámbito familiar y se exige su promoción en la política, aunque solo para tratar los temas que están directamente rela- cionados con mujeres. En resumen, hubo una trasla- ción de las demandas sociales hasta la obtención de un derecho esencial: el sufragio universal real. Cabe destacar que los logros fueron causados por imperativos políticos de orden general más que por presión feminista. Así pues, en la dictadura de Primo de Rivera se concedieron derechos limitados a las mujeres para aprovechar el conservadurismo mayoritario que tenían y asegurarse su gratitud. De la misma manera, durante la Segunda República, en la Constitución promulgada en diciembre de 1931, se incluye la igualdad de derechos civiles y políticos La figura de la mujer en la ciencia: el caso de Vicenta Arnal
  30. 30. 32 ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria pensamiento yreflexión porque formaba parte del modelo democrático que se quería conseguir para modernizar al país. Las mujeres serán a partir de ahora elegibles en la política, lo cual estaba libre de riesgos ya que se seleccionarían aquellas que estuviesen cualifi- cadas. Se implanta también el seguro de materni- dad. El 1 de octubre de 1931 se promulga un decre- to que hace posible el voto femenino. Los radicales y muchos socialistas ven peligrar su puesto pues afirman que «la mujer está sometida al cura». Una gran cantidad de los republicanos piensan que la naturaleza de la mujer es histérica, y algunos creen que solo pueden votar racionalmente des- pués de la menopausia, pues el ciclo menstrual altera y perturba sus hormonas. Es la misma Margarita Nelken quien se opone al voto femeni- no al pensar que el colectivo no estaba preparado para tal responsabilidad, pues o bien estaban bajo ELENA ARRESE
  31. 31. ágora n.º 17 — revista de cultura, ensayo y creación literaria 33 pensamiento yreflexión el liderazgo de sus «jefes» varones o bien bajo el discurso retrógrado de la Iglesia católica. Victoria Kent aboga por la postergación de la aplicación del ideal, pero Clara Campoamor acaba imponiéndose con la igualdad. Con la concesión del voto femenino hubo una atenuación del movimiento feminista, por lo que muchas activistas prolíficas optaron por integrarse en partidos políticos para alcanzar desde esa pla- taforma más beneficios. La lucha política entre las derechas y las izquierdas por ganarse el apoyo de las mujeres llevó a la creación de asociaciones femeni- nas con la ideología de los partidos y no una ideolo- gía feminista. Frente a tal situación, algunas mujeres decidieron crear un partido político como medida transitoria. En 1936 miembros de la Unión Republi- cana Femenina (fundada por Clara Campoamor en 1931) solicitaron un puesto en el Frente Popular que, finalmente, les fue denegado. Durante la Guerra Civil, en la zona republicana las mujeres se incorporan a la industria de guerra (1937) y posteriormente se las instruye en aviación (1938), aunque no sin antes haber conseguido la le- galización del aborto gracias a Federica Montseny (ministra de Salud y anarquista) en 1936. Las muje- res tuvieron un papel muy importante en la guerra, tanto en el frente de batalla como en la retaguardia. No obstante, es preciso destacar que el primer fe- minismo español desapareció víctima de las luchas entre la izquierda y la derecha y la imposición del ré- gimen franquista después de su victoria en la Guerra Civil, aunque algunas se atrevieron a teorizar, como María Campo Alange, que en 1948 escribió La secreta guerra de los sexos. Un ejemplo académico y feminista que merece ser destacado es Jenara Vicenta Arnal Yarza, no por el he- cho de ser una activista (que no lo fue), sino porque fue una mujer que vivió dos dictaduras y una repú- blica, y nunca dejó de ejercer su profesión aun siendo sumamente complicado para una mujer en su época. Jenara Vicenta nació en su domicilio familiar en Zaragoza el 19 de septiembre de 1902, aunque en la partida de nacimiento figura la fecha del 20 de sep- tiembre de ese mismo año, puesto que fue entonces cuando la inscribieron en el registro civil. Su padre, Luis Arnal Foz, era un jornalero de Zaragoza, aunque posteriormente se dedicó a la reparación de pianos. Su madre, Vicenta Yarza Marquina, era de Brea, un municipio de la provincia de Zaragoza, y se dedicaba a las labores del hogar. Fue la mayor de tres herma- nos. Su hermana Pilar fue una gran pianista y estu- dió en París. Su hermano Pablo fue catedrático de Física y Química y perteneció al Consejo Superior de Investigación Científica (CSIC). Desgraciadamente murió muy joven. Cuando sus padres murieron, fue Jenara quien se encargó de ayudar a sus hermanos a estudiar y a colocarlos en un buen puesto de trabajo. Físicamente era de pequeña estatura, rubia y con ojos azules. Tenía una mentalidad muy abierta que adaptaba a las condiciones que la rodeaban, era muy inteligente y poseía un gran instinto maternal, pues cuidaba a todos aquellos que estaban a su lado. En España, hasta que Francisco Giner de los Ríos creó la Institución de Libre Enseñanza las mujeres no podían acceder a estudios superiores. Esta insti- tución fue un punto de inflexión que significaba una reforma para la igualdad. Antes, a finales del siglo XVIII se permitía que las mujeres trabajasen en el ámbito intelectual siendo maestras, sin embargo, eran pocas las que podían acceder a ello. Además, hasta 1882 no se empezó a enseñar Historia Natural y Física a las mujeres maestras. La Real Orden del 2 de septiembre de 1910 decre- ta que las mujeres se equiparen a los varones para el ejercicio de todas aquellas profesiones que tienen relación con el Ministerio de Instrucción Pública. La Real Orden del 8 de marzo de 1910, con Roma- nones como ministro, da derecho a las niñas a ma- tricularse en todos los establecimientos oficiales, cuando antes solo podían hacerlo como alumnas libres o colegiadas. Vicenta Arnal siempre se sintió atraída por la do- cencia, por lo que realiza sus estudios de Magisterio en la Escuela de Zaragoza, siéndole expedido el título de Maestra de Primera Enseñanza el 3 de diciembre de 1921. El año académico de 1922-1923 se matriculó como alumna no oficial en Ciencias Químicas en la Universidad de Zaragoza, obteniendo calificación de sobresalienteentodaslasasignaturasytresmatrícu- las de honor. Los tres cursos siguientes se matriculó como alumna oficial siguiendo con las mismas califi- caciones brillantes que obtuvo al principio. También cursó alemán y francés en la Escuela Universitaria de Idiomas en Zaragoza. Su licenciatura fue expedi- da el 12 de marzo de 1927. Posteriormente, realizó los estudios necesarios para convertirse en Doctor en la Facultad de Ciencias, sección de Químicas en la Universidad de Zaragoza; superando las asignaturas de Aquímico especial, Mecánica química y Química biológica en el curso 1926-1927. Su tesis doctoral Es- tudio potenciométrico del ácido hipocloroso y sus sales fue defendida el 6 de octubre de 1929, obteniendo una calificación de sobresaliente convirtiéndose en la primera Doctora en químicas en España.

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