Buscando en los Archivos del Hielo

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Expedición Glaciológica en la Isla Ross, Territorio Antártico - Experioencias de una tarea titánica

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Buscando en los Archivos del Hielo

  1. 1. BUSCANDO EN LOS ARCHIVOS DE HIELO Victor Hugo Saller1 Introducción Es muy generalizada la idea de que supuestamente sufriremos un incremento de los fenómenos naturales adversos que asolan la Tierra. Además, hay cada vez mayor evidencia sobre la responsabilidad que tienen las actividades humanas en relación a algunos desequilibrios actuales y otros, catastróficos, que podrían llegar a suceder. El cambio climático, genera cambios globales en el medio ambiente. El excesivo empleo de combustibles fósiles, provoca lluvias ácidas y destrucción de la capa de ozono. Algunas publicaciones sobre estudios glaciológicos afirman que por ejemplo, la aceleración del ritmo de descarga de hielo había el mar ártico y antártico, 1 Victor Hugo Saller, es Lic en Relaciones Internacionales (UCS), Especialista en Planeamiento Estratégico (UNED); Logística Antártica (Dir Nac del Antártico) y Master en Transporte (EST-IESE). Ha realizado Cursos de Especialización en Relaciones de Frontera (UCS), Defensa Nacional (Escuela de Defensa); Logística (ITBA), Transporte Multimodal (ITBA). Se ha desempeñado como Experto en Plataformas Logísticas y Transporte Multimodal, en reuniones bilaterales con Chile y Brasil. Ha participado como Expositor en el “9no Seminario de Fronteras” (UCS) y como Moderador en las “3as Jornadas Nacionales de Ingeniería y Economía del Transporte” y “2das Jornadas Internacionales del Transporte en el MERCOSUR-Logística”. Ha sido organizador del Taller de Debate “La realidad ferroviaria argentina frente al siglo XXI”, organizado conjuntamente por APTRANS, FIAF y la UCS en Argentina. Es Conferencista Internacional en temas de: Infraestructura, Desarrollo de Terminales Portuarias e Interiores de Carga, Logística Comercial Internacional, Distribución Física Internacional y Planeamiento Estratégico del Transporte. Es Docente Titular de la Cátedra “Transporte Multimodal” y “Transporte Internacional” en la Universidad de la Marina Mercante en la “Lic. en Logística Operativa y Transporte” y “Lic. En Marketing” respectivamente. Profesor Titular de la materia” Diseño de Terminales Portuarias e Interiores de carga” en la Maestría en Logística y Transporte de la UTN – Santa Fe. Profesor Adjunto de la UBA en la materia “Geografía Económica” en la Lic en Economía. Es además, autor de distintos trabajos de investigación, manuales y publicaciones relacionados con la Infraestructura, el Transporte en sus diferentes modos, Distribución Física Internacional y Logística Comercial Internacional. Actualmente. Se desempeñó como Asesor del Señor Secretario de Transporte, como Coordinador de Programas del “Plan Estratégico de Transportes”, Secretario Técnico De la Unidad de Supervisión creada para la fiscalización de la realización de anteproyectos y Pliegos Licitatorios de Obras destinadas al Reordenamiento de Accesos Ferroviarios y Viales a la Región Metropolitana de Rosario y Corredor de Circunvalación, Miembro del Gabinete Técnico Consultivo de la Agenda de Desarrollo Territorial (Min. de Planificación Federal, Obras y Servicios Públicos) en la especialidad: Transporte e Infraestructura y Colaborador ante el CIMOP (Comité Interprovincial de Ministros de Obras Públicas) en el desarrollo del proyecto Visión Estratégica Horizonte 2010 (IV etapa - 2006 ). Actualmente se desempeña como Subgerente de Planificación de Transporte y Servicios en la Empresa Operadora Ferroviaria Sociedad del Estado. Ha sido distinguido honoríficamente por el Poder Ejecutivo Nacional con el título honorífico: “Expedicionario del Desierto Blanco”, por su participación en la campaña antártica.
  2. 2. como consecuencia del cambio climático, origina las recientes rupturas de una serie de plataformas gigantes de hielo en el borde del continente blanco y que funcionaban como verdaderos tampones de botellas. Ejemplo de ello lo es la plataforma de hielo Larsen B, de aproximadamente 3000 kilómetros cuadrados, que se rompió en el año 2002 y navegó hasta desintegrarse totalmente en el Océano Atlántico. Además se supone que también la plataforma del Este Antártico, que aún se encuentra pegada al continente, no es tan estable como se suponía y que podría romperse también en el futuro, pues los cambios en ella como su compañera del oeste también se están acelerando; lo que incrementa los temores de un posible aumento de los niveles de las aguas oceánicas, conforme se suman recientes y alarmante estudios realizados en el Ártico a este respecto, que corroboran ese aumento de las aguas. contradiciendo las predicciones que se hicieron hace cuatro años atrás por un comité intergubernamental sobre el cambio climático (IPCC), que decía que la Antártica no contribuiría al aumento del nivel del mar en el presente siglo, Sin embargo, en muchos casos los datos instrumentales o la memoria colectiva, no son suficientes para determinar si la frecuencia de esos cambios ambientales es actualmente mayor que lo que fue en el pasado y, menos aún, predecir como serán en el futuro.
  3. 3. Sin embargo y afortunadamente, la Naturaleza para resolver estos enigmas, provee los medios necesarios, ya que conserva el registro detallado de toda la evolución ambiental, así como las causas y efectos de su variación. Uno de estos archivos está constituido por la nieve y el hielo que predominan en el Continente Blanco, como referencia más completa y detallada que puede existir, por cuanto cada precipitación, acumulada durante milenios, contiene la clave sobre la temperatura y la composición atmosférica en el momento en que se produjo, quedando aferrado el mensaje al hielo, como mudo testigo de ese fenómeno. Diversas instituciones especializadas de varios países participan anualmente en el esfuerzo científico internacional para descifrar el mensaje glacial. Entre ellas se cuenta en nuestro país, el Laboratorio de Estudios Glaciológicos Antárticos (LEGAN) del Instituto Antártico Argentino, ubicado en el CRICYT de Mendoza. Durante la campaña estival 1998-99 el LEGAN decidió organizar y dirigir como organismo anfitrión, una Expedición Glaciológica Internacional, con el fin de poder contribuir al objetivo de obtener muestras para el estudio enterradas en el hielo. A la expedición, se sumaron rápidamente y formaron parte de la misma, los laboratorios franceses LGGE y LMCE y el LAPAG, todos ellos, organismos asociados al proyecto científico y quien escribe, tuvo la suerte de colaborar en las tareas previas de planificación logística, recepción de equipos desde la base antártica rusa de Belinghausen – vía Nueva Zelanda-, Francia y Brasil, coordinación logística, traslados y apoyos durante la ejecución de la tarea glaciológica en el Domo Dalinger, ubicado a 2500 metros sobre el nivel del mar sobre la Isla Ross. La aventura. El viaje dio comienzo a fines de octubre de 1998 en el rompehielos de la Armada Argentina “Almirante Irizar”, que fue el que proporcionó a los integrantes una anticipación del marco en que se desarrollaron los meses subsiguientes de actividades.
  4. 4. A medida que se producía el acercamiento al Continente Antártico, el mar congelado aprisionaba a los grandes témpanos, que flotaban a la deriva en el gélido mar y cuyo desprendimiento compensa anualmente la nieve precipitada en los campos de hielo, cuando estos se encuentran en una situación de equilibrio. La meta final del grupo expedicionario, conformado por: 2 científicos franceses, 1 científico brasileño, 2 científicos argentinos, 1 especialista en Logística Antártica y Operaciones, 1 Técnico Electricista y 1 Mecánico y Cocinero; era alcanzar el campo de hielo Antártico que se encuentra en la isla volcánica James Ross, situada en el extremo NE de la parte superior del glaciar que existe desde hace varios millones de años sobre la isla, que sin embargo, debido al lento pero inexorable flujo del hielo al mar, ninguna parte del mismo es más antigua que algunos milenios. Vista Panorámica del Campamento “Domo Dalinger” Para el desarrollo de las investigaciones la expedición seleccionó un punto ubicado a 1.600 m de altitud en el área regular del glaciar de mayor extensión denominado “Domo Dalinger”. La tarea a realizar allí no iba a ser fácil ya que requirió contar con un diverso y cuantioso equipamiento, personal y técnico. A pesar de los poderosos medios puestos en juego por la Armada y la Fuerza Aérea Argentinas, fue necesario realizar desde la base Marambio, un considerable número de vuelos para transportar a los 8 expedicionarios y las 25 toneladas de equipamiento científico, técnico y de supervivencia que sumaban más de 50 metros cúbicos de carga, hasta ese punto alejado 50 Km
  5. 5. de la base e isla Marambio y a 1.600 metros de altura, donde permanecerían por el lapso de casi 6 meses. El Autor Con mi amigo David Lepez A fines del mes de Diciembre, junto con David Lepez, amigo y compañero, nos adelantamos y subimos las primeras cargas al Domo en helicópteros. Esta tarea demandó varios días, pues no siempre los fuertes vientos estivales posibilitaban que los Helicópteros pudiesen ascender hasta esa altura transportando en cada viaje más de dos toneladas de carga. Finalmente el 2 de enero de 1999, en el lugar y una vez que partió el último helicóptero, la tarea inmediata se concentró en la preparación de los medios de supervivencia que nos permitiría enfrentar una eventual tempestad que podía desencadenarse súbitamente. Primero se armaron las carpas individuales, luego la carpa cocina y los calentadores para derretir la nieve, ya que en ese lugar, las temperaturas mínimas en verano rondan los -10 °C, pero alcanzan los –25ºC de sensación térmica, producto de los vientos. No existe el agua en estado líquido. Debimos apurar la construcción de los refugios y campamento, pues los habituales fuertes vientos y nevadas que azotan la región harían imposible la tarea científica si no teníamos el reparo suficiente. Por ello se debió construir un abrigo de casi 4 metros de ancho por 20 metros de largo y 3 metros de profundidad, para protegernos. Lo más eficaz fue cavar primero una trinchera y coronarla posteriormente con una estructura de madera. Para ello se previó la utilización de sofisticados
  6. 6. recursos auxiliares como una máquina barrenadora de nieve. Sin embargo, se debió realizar el grueso de la tarea con los elementos más clásicos que se habían previsto trasladar tales como: picos, palas, barretas y el esfuerzo manual. Todos sin diferencias, trabajaron rápida y duramente, aún en condiciones adversas, para evitar que un inoportuno temporal revirtiera y cubriera la obra. Se aprovechó también la extensa duración del día, pues al iniciarse el verano en esas latitudes, se confunden los colores de la puesta y la salida del sol, pues la noche, tal como es conocida por nosotros en el territorio, es en el verano antártico, prácticamente inexistente. Algunas tormentas cubrieron carpas y equipos Pronto el primer viento blanco desató su furia sobre el campamento y recluyó al grupo en la seguridad de las carpas durante más de dos días. Esto afectó considerablemente el trabajo realizado pues, cuando finalizó la misión casi cinco meses después, se contabilizó que las tormentas de viento y nieve habían ocupado un tercio del total del tiempo útil. Cada vez que se restituía la calma, rápidamente se retiraba la nieve acumulada sobre los diversos elementos del campamento y se continuaba con los preparativos para la perforación. Diariamente uno de los sucesos más esperados por todos, era el momento en que el grupo se reunía para saborear las deliciosas comidas que pese al escaso equipamiento - propio de la campaña-, preparaba el cocinero, David Lepes, un verdadero especialista en Alta Cocina que había estudiado en la Cadena Sheraton en Buenos Aires, y también se ingeniaba para alegrar al resto con sus permanentes muestras de buen humor. Cuando finalmente se concluyó la parte esencial de la estructura que se transformaría en el refugio-laboratorio–, se constató que ello había demandado
  7. 7. movilizar más de 100 ton de hielo y nieve; se habían cavado además 3 nichos interiores con el fin de ubicar 40 cajones térmicos de madera para guardar las muestras-testigos y una fosa adicional para el pivoteo del tubo de perforación. El volumen del abrigo alcanzó finalmente aproximadamente 240 m3 de nieve y hielo extraidos, lo que permitió establecer que cada expedicionario había movilizado: ¡¡¡30 m3 !!! Además, se había construido una rampa de unos 13 m de longitud para extraer la nieve suelta y en bloques, que se produjo durante la construcción del pozo que sería el laboratorio y para descender los pesados equipos que, dentro del mismo, se utilizarían. Para su construcción se ocuparon casi quince días. Los detalles de terminación del abrigo, puertas mesas, cableado para iluminación y energía eléctrica, preparación de la cabeza de pozo, etc.), el montaje de la perforadora y del voluminoso aparato para medir la conductividad, la instalación de una balanza electrónica, los soldadores de las bolsas plástico para guardar las muestras, la sierra sin fin y los elementos para submuestrear los testigos, etc., ocuparon 4 días más. Una situación desfavorable derivada de las condiciones climáticas adversas de los días previos, motivó la no realización de la evacuación parcial de elementos como estaba previsto. Este hecho recargó sensiblemente la actividad durante las operaciones de repliegue total, la cuál se efectuó en una sola jornada de más de 14 horas y luego de un agotador trabajo sin interrupción. Quince días después de arribados, finalmente se culminó con la construcción del refugio y se inició el montaje de la máquina perforadora que permitirá acceder al interior del glaciar. Uno de los glaciólogos franceses, se había especializado en la atención del equipo en las gélidas instalaciones rusas de Belinghausen, donde había permanecido antes de sumarse al grupo expedicionario, por casi 3 años, sin pisar el Continente.
  8. 8. Detalles del abrigo interno del refugio - laboratorio Esta máquina perforadora, básicamente estaba constituida por un cabezal de corte ubicado en el extremo de un tubo donde se alojaban las muestras cilíndricas de nieve y de hielo. Cada operación que realizaba, rasgando y penetrando en la profundidad del hielo, proporcionaba lentamente, las muestras llamadas “testigos de hielo”, del orden de 1,30 m de longitud que cubrirían un par de años de valiosa información cerca de la superficie y varias decenas en las proximidades del lecho rocoso a 350 m de profundidad. Un espiral adosado a la pared de ese tubo permitía a su vez, conducir las virutas hacia el interior de otro, concéntrico con el primero, las cuales también eran extraídas y recuperadas para su análisis. El motor de la pesada máquina, ubicada sobre la base del laboratorio, operaba el cabezal de corte, y sus barras elásticas impedían la contrarotación. La bobina del malacate contenía un cable portante, que a la vez conducía las señales eléctricas para el funcionamiento del conjunto. La velocidad y sentido de la rotación de corte eran reguladas por los tableros de comando que también determinaban la rapidez de ascenso y descenso del sistema de extracción. Poseía además dispositivos automáticos de seguridad y de control. Sin embargo, operar el equipo no era tarea sencilla ya que el técnico perforador debía conocer palmo a palmo todos los mecanismos para interpretar cada señal eléctrica y tensión del cable o vibración, que le
  9. 9. permitiese intervenir rápidamente para efectuar correcciones en caso necesario y aún efectuar adaptaciones in situ de acuerdo con las características físicas del glaciar. Bien sabido es que la nieve y el hielo se comportan como un fluido cuyo movimiento está regido por la gravedad. Esta fuerza, lo constriñe tanto a descender entre los límites de las paredes montañosas, formando glaciares y morenas, como a llenar los eventuales vacíos que se producen en su interior. Sería este hecho, el que tendería a aprisionar el tubo de perforación hasta inmovilizarlo totalmente. Por ello, a partir de una cierta profundidad se reemplazó el material extraído con un líquido de bajo punto de congelación y densidad similar a la del agua que quedaría contenido en el hielo impermeable. Su finalidad: contrarrestar el efecto de cierre del agujero y actuar además como lubricante disminuyendo ciertas fracturas de la muestra producidas por el esfuerzo de corte. A medida que se fueron obteniendo los testigos de hielo, todo el grupo permaneció concentrado y activo. Se medía la longitud de las muestras testigo y se observaban los estratos característicos. En las muestras se pudieron identificar los veranos, cuando el sol llega a fundir la nieve que luego se re-congela formando una capa de hielo superficial. Unos finos depósitos de partículas en la inmaculada nieve, hizo suponer a los científicos ya experimentados en estos estudios, que podrían provenir de algunas erupciones volcánica. El peso relativo, o densidad de las muestras se iba incrementando progresivamente desde el estado polvoriento de la precipitación en la superficie, hasta su transformación en hielo a partir de los 60 m de profundidad por el efecto de la presión. Las virutas de nieve, producto del corte, fueron a su vez recuperadas para utilizarlas en la medición de radioactividad. Pues fijaban las dramáticas fechas de la más intensa contaminación producida por los ensayos nucleares atmosféricos que alcanzó aún esos recónditos lugares. Un submuestreo especial posterior, sería el que permitiría realizar miles de complejas determinaciones de laboratorio, para detectar el termómetro oculto en el glaciar. Con ese dato, se podrían luego seguir, año por año, las fluctuaciones climáticas de la región desde los últimos milenios, ya que
  10. 10. algunas páginas del archivo de hielo pueden traducirse in situ en un lenguaje comprensible para los especialistas. Las muestras revelarían acontecimientos volcánicos, grandes tempestades, modificaciones en la extensión del hielo marino circundante, etc. Como no todas las mediciones podían hacerse en el terreno y muchos análisis requerirían del auxilio de sofisticados laboratorios que reproducirían las condiciones básicas del lugar donde se obtuvieron los testigos de hielo, los mismos fueron cuidadosamente guardados para expatriarlos al concluir la campaña –mediados de otoño-, para evitar su fusión, con este fin se utilizó una apropiada cadena de frío que se inició en la cámara frigorífica del rompehielos y finalizó en el laboratorio frío del propio Laboratorio de Estudios Geológicos Antárticos (LEGAN). El botín que se logro usurpar al glacial estuvo conformado por más de 200 m de los mencionados testigos, los cuales fueron luego trasladados a los laboratorios. Sin embargo el objetivo final de poder alcanzar la base del glaciar, no fue cumplido, sólo se pudo completar una primera etapa y se debería regresar durante la siguiente campaña de verano para poder alcanzar el lecho rocoso donde se asienta el campo de hielo. Para poder volver, se adoptaron todas las previsiones necesarias y se guardó en el abrigo – laboratorio, parte del equipamiento utilizado y se reforzó su estructura, ya que deberá soportar el peso de más de 1 metro de nieve que se acumulará durante un año. Finalmente con el otoño ya en camino, comenzaron las actividades relacionadas con el repliegue, las que fueron también agotadoras. Muchas horas fueron ocupadas para recuperar las carpas eficazmente ancladas por la nieve; desmontar y desplazar los pesados equipos que finalmente fueron cargados en los medios aéreos de apoyo; recuperación de la totalidad de basuras acumuladas, etc. ya que el campamento debía quedar totalmente limpio y sin cuerpos extraños. Comenzó entonces el repliegue aéreo, ya no solo en helicópteros sino también en el avión Twin-Otter de la Fuerza Aerea de las cargas y los equipos, para finalmente concretar el ansiado momento del regreso. Para el traslado completo se realizaron en total 12 vuelos de helicóptero Bell 212 (6 vuelos dobles), y otros 6 vuelos de avión Twin-Otter.
  11. 11. El análisis del hielo antártico que se trasladó de regreso al Continente, permitió entre otras cosas, indicar que los abruptos cambios climáticos registrados en los últimos 150.000 años, estaban estrechamente interrelacionados con los producidos en el hemisferio norte, corroborándose aquella tesis de que las corrientes del Océano Atlántico conectan Groenlandia y la Antártida en una especie de balancín bipolar, como si fueran vasos comunicantes. Si bien algunos estudios anteriores habían demostrado la existencia de una estrecha vinculación entre los mayores episodios cálidos de la Antártida y los llamados episodios Dansgaard-Oeschger, de Groenlandia, a través de la circulación termohalina, no se había establecido claramente si los episodios Dansgaard-Oeschger de menor duración estaban relacionados con las variaciones de temperatura también más breves y menos drásticas en la Antártida y si ambos fenómenos estaban ligados entre sí por un mecanismo similar. Con la sincronizaron la concentración de metano que tenían los núcleos de hielo obtenidos en la Isla Ross se compararon posteriormente datos de otras muestras obtenidas en el norte de Groenlandia y finalmente los científicos, constataron entre otras cosas, que la correspondencia entre ambos episodios suscitados en Groenlandia y la Antártida, era total. Los núcleos de hielo extraídos, demostraron además que se habían producido al menos 25 fluctuaciones abruptas de temperatura, pues ello quedó claramente registrado en los mismos. El regreso Para emprender el regreso a la Isla Marambio el grupo expedicionario debió movilizar un total de 17 cajones de muestras de nieve y hielo con un peso total de 2.600 Kg, c/u, los que se depositaron directamente en la cámara frigorífica del Rompehielos “Alte IRIZAR” que permanecía en la costa. Además, se transportaron de regreso la base Marambio, 3.000 Kg de cargas generales, incluyendo 14 tambores de 200 litros con la basura producida en el campamento. Debido a la dificultad inherente del transporte frigorizado de las muestras hasta el laboratorio de Mendoza, se optó por dejar en la seguridad del abrigo antártico, al menos 100 metros de testigos "gemelos" de los que fueron
  12. 12. replegados al Continente, para prevenir cualquier eventualidad que pudiese provocar su pérdida. Los 5.600 Kg., o 5.700 Kg. de cargas por cada integrante del grupo, fueron desplazados en gran parte a pie hacia las aeronaves. Obviamente, la tarea quedó inconclusa ese año pero se volvería al año siguiente al abrigo del laboratorio para continuar con la perforación. Sin embargo esto no se cumplió, pues el regreso demandó dos largos años y, cuando finalmente parte del grupo – ahora disminuido por algunas ausencias, finalmente retornó, solo pudo encontrar – gracias a la ayuda invalorable de los GPS-, al laboratorio totalmente enterrado a 1,50 metros de la superficie, pero solo una parte del mismo en condiciones de uso, pues el resto – casi 50%-, se había derrumbado, con lo cuál solo se pudieron extraer las muestras “gemelas”; se intentó desarmar el mismo, recuperar equipos y... finalmente... se regresó al Continente. Al correr los años, cada vez que recuerdo la titánica tarea que en ese entonces emprendimos 8 personas, arribo a la conclusión de que si bien ello realmente no fue sencillo, posibilitó que los hombres que participaron en la expedición, aún a costa de grandes esfuerzos físicos, se pudieron imponer una vez más a la difícil geografía antártica.

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