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La educacionsuperior judith_y_alexander

Ponencia del Ministerio Vivos por La Fe en el 4to Congreso Internacional de Educación Sin Escuela en la Universidad Nacional de Colombia

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  1. 1. Ministerio Vivos Por la Fe Educación Superior Ponencia IV Congreso Internacional de Educación Sin Escuela – Universidad Nacional de Colombia Alexander Barrera y Judith Rojas 01/10/2014
  2. 2. Educación Superior Judith Rojas Licenciada en Lenguas Alexander Barrera Teólogo y escritor Educación en casa basada en principios cristianos En la actualidad existen diferentes enfoques con respecto al tema de la educación en casa. Cada enfoque tiene sus bases filosóficas, modelos educativos, conceptos, etc. Uno de estos enfoques es el que tiene su cimiento en la Biblia. Un tipo de educación que en el presente documento llamamos superior. Con este concepto no nos referimos a la educación universitaria, sino a aquella que desarrolla las facultades superiores del SER. A continuación, haremos una breve exposición de los principios bíblicos que constituyen la filosofía de la educación en casa que como familia cristiana practicamos. En primer lugar, presentaremos el propósito de la educación, seguidamente, enunciaremos los principios primordiales para llegar a cumplir dicho propósito, finalmente, presentaremos tangencialmente su aplicación. Iniciaremos recordando aquellas ocasiones en las que en el Nuevo Testamento Jesús dijo de sí mismo: ´Yo Soy´ (Mt. 22: 32; Mr. 14: 62; Jn. 6: 35; 8: 12, 24, 28, 58; 9:9; 13:19; 18:6), identificándose así como el Jehová o Yahweh (Strong, 2003) que en el Antiguo Testamento se había presentado a Moisés en el monte Horeb en forma de zarza ardiente (Ex. 3: 13, 14). La expresión Yo Soy significa principalmente ´existir´, ´SER´; viene de la palabra hebrea ‫ה‬‫´´הי‬ jayá (Strong, 2003). Cuando Dios creó al hombre a su imagen (Gn. 1: 26, 27), en Su ideal lo creó con el propósito de que existiera no solamente en el sentido físico, sino también en carácter. Fue creado moralmente libre, es decir, con plena libertad para decidir el rumbo de su vida. En otras palabras, debía llegar a SER, ´jayá´, como Él es. En el mundo cristiano es comúnmente mencionado el Plan de Redención. Dicha filosofía se refiere a la restauración del ser humano a la imagen de Dios (Ro. 8:29). El medio que se utiliza para este proceso es la educación. De esta manera, planteamos que el propósito de la educación es que el ser humano llegue a SER, como Él es, a saber, la imagen de Dios. Entonces surge la pregunta: ¿Qué significa SER, como Dios es? En la primera carta de Juan, se enfatiza con simpleza: “Dios ES amor (1 Jn. 4: 8).” Dicho de otra manera, el amor ES el carácter de Dios (White, 1890, Pág. 11). Por lo tanto, SER la imagen de Dios, es SER amor. Desde el punto de vista bíblico el amor no es un sentimiento, porque los sentimientos varían y cambian, pero el amor permanece para siempre (1 Co. 13: 8). Entonces el amor es un principio. El principio del amor es “no vivir para sí” (Ro. 14: 7). La segunda epístola a los Corintios, expresa que “No vivir para sí” significa: vivir para Cristo (2 Co. 5: 14 – 15).
  3. 3. Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos (2 Co. 5: 14, 15). En consecuencia tenemos: ser la imagen de Dios es ser amor, el amor es el servicio abnegado, el cual es vivir para Cristo y vivir para Cristo significa vivir para los demás: “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mt. 25: 40). En otras palabras, ser la imagen de Dios implica unidad en el servicio mancomunado, en el altero-centrismo, en la sociedad unida en la diversidad de pensamiento. En el humanismo encontramos la resonancia a este principio “el amor no es un sentimiento, es un dominio de acciones en las cuales el otro es constituido como un legítimo otro en la convivencia” (Maturana, 1989). El mismo autor, plantea también que el propósito de la educación es servir y que “la noción de servir es una noción relacional; algo sirve para algo en relación a un deseo, nada sirve en sí”. (Maturana, 1989) En el plan original de Dios, la unidad en el amor, aunque debía iniciar como un micro-proyecto, solo con una pareja edénica (Gn. 2: 24), debía extenderse hasta ser un macro-proyecto, toda la humanidad unida en amor y en sentir (Ro. 12: 10; Jn. 17: 11). El objetivo es la felicidad corporativa y no solamente la individual. Esto solo es posible cuando en el amor se piensa en la felicidad del otro (1 Co. 13: 4 – 5). Por otro lado, el principio antagónico del amor es el egoísmo. Este se define como vivir para sí, trayendo consigo desunión y anarquía a los seres humanos. Hoy más que nunca podemos contemplar las nefastas consecuencias del egoísmo en nuestra sociedad actual. Siendo que como humanidad, estamos enfrentando una problemática social tan difícil (2 Ti. 3: 1 – 5), podemos preguntar: ¿dónde estriba la solución? La respuesta es simple, en la educación superior. Entendemos por educación lo siguiente: La verdadera educación significa más que la prosecución de un determinado curso de estudio. Significa más que una preparación para la vida actual. Abarca todo el SER, y todo el período de la existencia accesible al hombre. Es el desarrollo armonioso de las facultades físicas, mentales y espirituales. Prepara al estudiante para el gozo de servir en este mundo (White, 1975, Pág. 14). Retomando el concepto, planteamos que el plan de salvación de Dios para el hombre es realmente una educación en el amor (White, 1975, Pág. 32). Pero el amor en el sentido de un principio y no de un sentimiento, porque entonces no sería una educación regular sino inestable, igual que los sentimientos. El amor es Dios, por lo tanto, ser educados en el amor es ser educados en Dios, en el carácter de
  4. 4. Dios. De esta manera, el propósito de la educación para todo individuo es que este llegue a SER, a existir. El término individuo (RAE, 2001), etimológicamente hablando, quiere decir que es “indivisible”, único. Cada SER humano, creado a la imagen de Dios, está dotado de una facultad semejante a la del Creador: la individualidad, la facultad de pensar y hacer (…) La obra de la verdadera educación consiste en desarrollar esta facultad, en educar a los jóvenes para que sean pensadores y no meros reflectores de los pensamientos de otros (White, 1975, Pág. 18). El texto anterior resalta otro principio inherente al SER, a saber, la libertad o libre albedrío (RAE, 2001). Este principio debe ser conocido y cultivado con el propósito de llegar a ser individuos. Esto es posible solo desde el punto de vista de la educación. Humildemente creemos que no hay otro camino. El término Educación etimológicamente proviene del latín educare, que significa “guiar” (Soca, 2013), y cuyo equivalente en el griego es la expresión paidagogos (Vine, 1999). Si unimos este concepto con el de la palabra inteligencia, que procede del latín interlegere y que significa “escoger entre”, podemos afirmar que el fin de la educación es guiar a un individuo para que llegue a tener libre albedrío. De esta manera, los padres se constituyen en los guías, quienes tienen como objetivo tutorar a sus hijos a través del conocimiento teórico, mas no necesariamente práctico que los conlleve a tomar decisiones bajo su libre albedrío. En palabras de Sugata Mitra: El profesor es un mediador que plantea una gran pregunta, deja a sus niños solos para que la resuelvan y luego comparten sus hallazgos con el mediador, quien se admira de la solución encontrada. Existe una gran diferencia entre inteligencia e intelectualidad, entre sabiduría y conocimiento. Ser inteligente es saber escoger, ser intelectual es haber acumulado conocimiento teórico, pero no necesariamente, tener la capacidad de escoger. Ser sabio involucra tanto la inteligencia como el conocimiento teórico que permite al individuo no solamente escoger sino llegar a diferenciar lo que quiero, lo que puedo y lo que debo escoger. La educación en casa desde la perspectiva bíblica halla su origen en la misma creación del hombre. Cuando Dios creó a Adán y Eva, su propósito principal era que la humanidad llegará a SER su imagen, de tal manera que se constituyera en una sociedad altero centrista. Para llevar a cabo tal fin, se estableció la escuela del Edén, donde el mismo Dios era el pedagogo, la pareja edénica los estudiantes, y la naturaleza el libro de texto (White, 1975, Pág. 21). Dios guiaría a la familia humana al conocimiento del Ser (Jn. 1: 18). De esta manera la humanidad crecería en sabiduría por la eternidad. En el caso de Jesús, observamos los principios antes presentados aplicados. Jesús fue educado en casa por sus padres y el Espíritu Santo como guías (Jn. 7: 15,
  5. 5. Versión Dios Habla Hoy). Siendo que en el contexto cristiano Jesús es el paradigma (1 P. 2: 21), deducimos que el plan original de Dios tocante a la educación está aún vigente. También hemos afirmado que el propósito de la educación es que cada individuo llegue a SER, es decir, llegue a desarrollar y a fortalecer su libre albedrío. Para lograr este fin, queremos llamar la atención hacia algunos principios como son: la ley de la contemplación y el dominio propio. La ley de la contemplación se explica en el hecho de que somos transformados en lo que contemplamos (2 Co. 13: 18). Si nuestro objetivo es ser la imagen de Dios, la Biblia plantea el camino para lograrlo (Ro. 8: 29): Si me conocieseis (afirma Jesús), también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto (…) El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn. 14: 7 – 9). Es por medio del estudio de la Biblia como podemos contemplar a Jesús (Jn. 5: 39). Para que los hijos lleguen a contemplar la imagen de Dios, la educación debe iniciar por los padres. Esto nos conlleva a afirmar que la educación desde la perspectiva bíblica es una influencia. La verdadera educación es una influencia que contrarresta la ambición egoísta, el anhelo de poder, la indiferencia hacia los derechos y las necesidades de la humanidad. (White, 1975, Pág. 221, 222) Por otro lado, el dominio propio es la capacidad que tienen los Seres humanos para liderarse a sí mismos, respecto a sus emociones y sentimientos, sobre todo en cuanto a nuestras decisiones se refiere. También se llama templanza o temperancia, el cual es una manifestación del fruto del Espíritu Santo (Ga. 5: 22 – 23). Uno de los recursos por el cual se adquiere el dominio propio, a partir de aquí nos referiremos a este término como temperancia, es la alimentación. La temperancia aconseja la moderación en el consumo de aquellos alimentos que puedan excitar y afectar la función natural del cerebro, manipulando así el curso normal del pensamiento en la toma de decisiones. Sin embargo, la temperancia también abarca todo aquello con lo que alimentamos nuestro ser por medio de los sentidos. Todo lo que observamos y escuchamos se convierte en alimento para nuestro espíritu y va moldeando nuestro carácter. En vez de jóvenes, educados, pero débiles, las instituciones del saber debieran producir hombres fuertes para pensar y obrar, hombres que sean amos y no esclavos de las circunstancias, hombres que posean amplitud de mente, claridad de pensamiento y valor para defender sus convicciones. Semejante educación provee algo más que una disciplina mental; provee algo más que una preparación física. Fortalece el carácter (White, 1975, Pág. 19). Al igual que con la ley de la contemplación, los padres deben tener siempre en mente que la educación se transmite por medio del ejemplo, es decir su influencia. Así como la luna y los planetas de nuestro sistema solar brillan por la luz del sol que reflejan, así los padres reflejan la luz de Dios y por medio de su ejemplo inician el
  6. 6. proceso de educación en sus hijos. En armonía con lo anterior Mascaró (2013) plantea: El mayor impacto en la formación de una persona viene por el ejemplo observado y por las experiencias vividas, así que uno no puede criar a un hijo amable si uno mismo no es amable; no puede criar un hijo bondadoso, si uno mismo no es bondadoso; no puede educar un hijo libre si uno mismo no es libre. (pág. 36) En la Biblia, la palabra griega didáskalos, que quiere decir maestro, es utilizada como sinonimia de la expresión hebrea Rabbi. El Rabbi es aquel que imparte el conocimiento, no de la manera tradicional “profesor enseña alumno”, sino desde una relación dialógica en la que una persona se da a conocer a otra (Jn. 1: 18), en este caso el individuo o su discípulo. En otras palabras, el individuo llega a ser la imagen del maestro desde el punto de vista de la sabiduría. Entiéndase como sabiduría, el libre albedrío. Consiguientemente, los padres que contemplan a Jesús pueden, como maestros, ser un el ejemplo a seguir. La imagen de Dios es su carácter. Lo cual hace necesario que definamos lo que entendemos como carácter. El carácter está compuesto de principios morales, hábitos, sentimientos y emociones. La siguiente ilustración nos permitirá percibir el grado de importancia que tiene cada uno de estos componentes en el carácter. Como podemos observar la base del carácter la constituyen los principios. Todas las personas establecemos lineamientos, reglas personales, principios morales, etc. que estructuran nuestra manera de vivir. Los principios son duraderos, fuertes, estables, difíciles de derribar; son los fundamentos y cimientos. Los sentimientos y las emociones hacen parte esencial del ser humano y cuando son liderados por los principios, servirán para el desarrollo pleno de su ser. Finalmente, los hábitos o
  7. 7. costumbres siguen en importancia, pues son los que marcan el comportamiento de la persona. En contraste, un carácter cuyo cimiento o base son los sentimientos, sería un carácter tan mutable como las nubes; fluctuante, no estable, siempre sujeto al cambio. Esto se constituye en la razón por la cual una persona cambia de parecer, por así decirlo, de la noche a la mañana. Como también es dubitativa respecto a lo que quiere de su vida, de su existencia. Por lo tanto es una gran necesidad del ser humano incorporar en el carácter la mayor cantidad posible de principios, que puedan facilitar en su vida la toma de decisiones. La biblia es una fuente inagotable o un océano inmensurable de principios necesarios para la edificación de un carácter simétrico. El principio más relevante es el amor. Todos los demás son una manifestación o variación del amor. Esto se puede observar en la Biblia en el siguiente pasaje: “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza…” (Ga. 5: 22). Nótese, que el pasaje no dice los frutos del Espíritu en plural; sino “el fruto del Espíritu” en singular, denotando que es un solo fruto o en nuestros términos un solo principio, el del amor, que se manifiesta a través de otros principios. Lo anteriormente afirmado se puede constatar por medio de la respuesta dada por Jesús a un fariseo, intérprete de la ley quien preguntó: Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas (Mt. 22: 36 – 40). Todos los mandamientos son tan solo una manifestación del gran principio del amor, tanto hacia Dios como a nuestro prójimo (Ro. 13: 8 – 10). Si a nuestros hijos se les muestra desde la niñez, que el propósito de sus vidas es el amor, manifestado en el servicio abnegado hacia sus semejantes, entonces todos los demás principios serán incorporados o tan solo se manifestarán por medio del amor de Dios sembrado en ellos a través de la influencia de sus padres. Somos conscientes de que el sistema construido por la sociedad actual impide la aplicación o implementación del modelo en el que padres e hijos aprenden mutuamente y crecen. En la sociedad del hogar, donde no se ocultan las dificultades, ni las emociones, sino donde se abre una comunicación abierta, basada en el respeto del otro, “como legítimo otro”, sea niño o adulto, genera una pared uterina apropiada para el desarrollo de un carácter firme y sólido, que liderará al individuo a desarrollar la facultades superiores de su ser. La verdadera educación incluye el ser entero. Nos enseña el uso correcto de nuestro ser. Nos habilita para hacer el mejor uso del cerebro, de los huesos y de los músculos; del cuerpo, de la inteligencia y del corazón. Las facultades
  8. 8. de la mente, por ser las superiores, deben gobernar el reino del cuerpo. Los apetitos y las pasiones naturales deben someterse al dominio de la conciencia y de los afectos espirituales (White, 1905, 310). A este tipo de educación le llamamos superior: La educación superior renovará la mente y transformará el carácter, restaurando la imagen de Dios en el alma... Significa renunciar al egoísmo y dedicar la vida al servicio de Dios. La educación superior exige algo mayor, algo más divino que el conocimiento que se puede obtener solamente de los libros... Significa emancipación de las ideas, de los hábitos y prácticas que se adquirieron… (White, 1975, Pág. 13) Queremos llamar la atención a la frase anteriormente citada: “Dedicar la vida al servicio de Dios”. Como hemos dicho, el servicio de Dios significa un servicio abnegado en el que cada miembro de la sociedad aporta sus dones para el crecimiento de su comunidad. Contrario a esto se encuentra el servilismo, en el cual existe la obediencia impuesta y exigida, por lo tanto el individuo que obedece no es motivado por su libertad a hacerlo. En el amor hay plena conciencia sobre las decisiones y la obediencia se convierte en un acuerdo mutuo entre padre e hijo para establecer normas y reglas comunitarias. Estamos convencidos de que este tipo de educación superior solo se puede dar en casa, donde no hay lecciones masivas, sino que se da importancia a la singularidad, pues cada ser humano es único. Estamos de acuerdo con Laura Mascaró (2010) cuando dice: “El homeschooling es la máxima expresión de la libertad educativa”. El escenario de la escuela tradicional provee maestros cansados, fatigados por cubrir un cúmulo de temas. Salones llenos de niños donde no alcanza el tiempo para atender el ser, pues la carrera por completar el currículo absorbe las relaciones y la interacción entre maestro y estudiantes. Teniendo en cuenta que hemos establecido que cada ser es un individuo, cada persona tiene una forma, una velocidad que determina que su estilo de aprendizaje sea diferente. Reconocer esa diferencia es amor y solo es posible en la interacción cercana e íntima de dos individuos. En otras palabras, solo es posible en el conocimiento personal entre los sujetos aprendices. La educación superior enriquece las relaciones sociales y permite la libertad de pensamiento: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo” (Tallentyre, 1906). Este modelo prepara al niño para ser autónomo, para disfrutar su proceso de aprendizaje y para ser creativo. Es un modelo realmente constructivista, en el que se respeta al niño como un ser capaz. Maturana argumenta que educar se traduce en el proceso en el cual el niño convive con otro y en ese convivir se transforma progresivamente aceptando y respetando al otro, desde el aceptarse y respetarse a sí mismo. En la educación superior se ve el error como una oportunidad y no como una negación de identidad. Educar es valorar a los niños por lo que son y por lo que
  9. 9. saben, más que por lo que no saben. El objetivo de la educación superior es llevar al sujeto a la responsabilidad y libertad de ser co-creador en el mundo en el que vive (Rojas, 2010). Estamos aprisionados por la cultura y este mensaje rompe las cadenas culturales. Por ello, aceptar una educación diferente requiere la emancipación de nuestras costumbres y hábitos adquiridos con anterioridad. Desaprender para aprender. La escuela tradicional no nos enseña a ser, ni a conocer al sujeto, sino a conocer objetos de estudio. En consecuencia, no llegamos a conocer a los sujetos, sino que llegamos a creer y a juzgar a las personas por lo que tienen en la medida que hayan adquirido títulos y bienes. La esencia de Dios no son títulos, ni posesiones, sino SER y eso solo se logra en la intimidad. En el ámbito cristiano, la educación en casa genera la intimidad en la que dos sujetos llegan a conocerse. Es una transacción de sensibilidad en la que padre e hijo entregan y reciben. Es una relación transformadora. Una relación en la que el otro es considerado un legítimo otro y después de esa relación, ninguno de los dos vuelve a ser el mismo. Esto podemos observarlo en cada experiencia narrada en la Biblia. Dios construía una relación con cada individuo, generaba intimidad, conocía al sujeto y sabía cómo tratar con él. Cada metodología era diferente, adaptada a las necesidades, costumbres, cosmovisión y contexto; como resultado, ninguno de los individuos volvía a hacer el mismo. En muchos casos era necesario cambiar el nombre por uno nuevo que manifestara dicha transformación. Para nosotros, de manera particular, como familia que educa en casa, el currículo es importante, pero no es el propósito de nuestra educación. Para nosotros, la parte más relevante es que nuestra hija aprenda a tomar decisiones, a resolver problemas, a proyectarse y asumir los retos más grandes de su vida con responsabilidad. Para alcanzar nuestro objetivo y proyecto familiar hemos implementado la educación superior en casa. En este proceso, los tres miembros de nuestra familia somos aprendices. Antes de que Nathalia naciera, planeamos educarla en casa. En aquella época, no conocíamos muchas personas que practicaran este tipo de educación. No conocíamos libros y nuestra idea sobre los principios de Dios al respecto eran tan solo una teoría. Nuestro proceso ha sido completamente transformador. Podemos afirmar con toda seguridad que hoy, casi una década y media después de haber tomado esa decisión, no somos los mismos y nos hemos dado cuenta de que no se trata de teoría, para nosotros es una experiencia. Una experiencia que nos llevó a vivir y probar muchos modelos. Al principio llevamos el salón de clase a nuestro hogar. Nathalia tenía biblioteca, uniforme y un horario de asignaturas. Dábamos importancia al logro de objetivos y premiábamos su desempeño en la realización de tareas. Después, implementamos el juego. Para nosotros era importante que ella disfrutara aprender. Esto exigió mucho más de nuestra parte, pues la creatividad debía hacer parte de cada actividad. Luego, viajamos a los Estados Unidos y allí, motivados por el aprendizaje del inglés, vivimos la experiencia de la escuela. Después de un año, regresamos a Colombia.
  10. 10. Al regresar iniciamos el curso de Educación Sin Escuela (ESE), Educación en Familia (EF), Autoaprendizaje Colaborativo (AC), Modelos de Escuelas Flexibles (MEF), en la Universidad Nacional. Este curso amplió nuestro panorama y nos permitió conocer otros puntos de vista que aportaron al nuestro, pues sabíamos que para tener libertad hay que conocer otros puntos de vista. Para escoger, hay que tener varias opciones. En conclusión, la educación en casa basada en la Biblia es un proceso comunitario, en el que todos los integrantes se convierten en aprendices y guías e inician un proceso de conocimiento de Dios, de sí mismos y de los demás miembros de la familia. Una educación que tiene su cimiento en el principio del amor y que busca llevar al sujeto aprendiz a ser la imagen de Dios. Un proceso, en el que los individuos intentan formar su conocimiento, desarrollar su inteligencia y fortalecer su sabiduría. “He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, y el apartarse del mal, la inteligencia” (Job 28: 28).” Referencias Mascaró, L. (2013) Sin Escuela. Editorial Inn is Free. Maturana, H. (1989). Biología del conocimiento. En: Emociones y lenguaje en educación y política. Dolmen Ediciones. Real Academia Española. (2001). Diccionario de la lengua española (22 ed.). Consultado en http://www.rae.es/rae.html. Rojas, J. (2010). Incidencia de los valores humanos en la enseñanza del inglés como lengua extranjera. Trabajo de Grado. Universidad del Valle. Cali, Colombia. Soca, R. (2013). La fascinante historia de las palabras. Editorial SBN Strong, J. (2003). Diccionario Strong de palabras originales del Antiguo Testamento. Editorial Caribe. Miami, FL. Tallentyre, S. G. (2003). The Friends of Voltaire. University Press of the Pacific. White, E. (1905). Ministerio de curación. Editorial APIA. Miami, FL. White, E. (1975). La Educación. Editorial APIA. Miami, FL. White, E. G. (1980). Historia de los Patriarcas y profetas. Editorial APIA. Miami, FL.  Las referencias bíblicas utilizadas son tomadas de la versión Reina Valera de 1960, a menos que se indique lo contrario.

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