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Sarabaras in the Middle de Eli

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Sarabaras in the Middle de Eli

  1. 1. SARABARAS IN THE MIDDLE. "Por mi mihma, Eli" Por Eli Escena preliminar… Resulta que iba Sarabaras tan tranquila por esos mundos de Yupi... ops, quiero decir de diox (© Magaka) cuando de repente, se encuentra de morros con Xena y Gabrielle –bueno, no es una manera muy fina de presentarlas, pero bien, la cuestión es que allí estaban. Sarabaras se percató sagazmente de que ambas dos estaban fuertemente atadas a un árbol con lianas tupidas, y que tenían aspecto de estar medio groguis. Sarabaras lo atribuyó a cierto tufillo a cloroformo activo diluido en agua que en contacto con su pituitaria les hizo pegar tremendo subidón y hale, "pa'l" suelo, a dormirla. V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m Entonces Sarabaras, que a todo esto iba armada cual McGiver y era una estupenda fan de la serie, se saca de la manga... bueno, no de la manga no porque va vestida cómodamente con una camisa sin mangas que deja entrever sus torneados brazos, musculados a fuerza de teclear frente al ordenador cientos de emilios jachondos... esteee, bien, resulta que se saca del bolsillo trasero de su pantalón multiusos una navaja toledana de impresión, con la cual se planta delante de nuestras heroínas, no sin antes haber comprobado que efectivamente, ni Ares ni Callisto ni ningún remalo de ésos "apatrullaban" el paraje. Hemos dicho ya que era una estupenda fan de la serie, ¿no? Pues eso, que siempre era muy precavida y poco recatada, si no, ¿a qué venía eso de la camisa sin mangas? En fin... La cuestión es que se nos planta delante de nuestras guerreras. Entonces, alza una ceja –acción muy explotada en cualquier fan fic que se precie– en un gesto de consternación: ¿tengo que liberarlas a las dos? "Mecachis en la mar, tengo que ser rebuena y cortar las dos lianas, que si no aluego me entran complejos de culpa...", piensa, mientras se dirige al lugar de los hechos. Pero entonces, cual ángel, se aparece delante suyo la mirada límpida de Xena que ha abierto los ojos de casualidad y los ha empotrado en los de Sarabaras, o al menos ella siente que ha sido brutalmente golpeada en plena retina por la luz que irradia el iris de ésa mujer. Pura poesía es lo que le acongoja en el pulmón izquierdo, porque por un momento se siente sin respiración, extasiada. Xena, que no sabe de qué va la historia, frunce el ceño cuando observa –muy observadora que es ella– que Sarabaras tiene semejante puñal aunque sea toledano dispuesto para rebanarles el cuello, con lo bonito que es el de Gabrielle. [Nota mental: ¡slurp!] – ¡Quietarl, no te muevas un pelo! –agresiva se ha puesto, la tal Xena. – Pero, tía, qué mal t'enrollas, estoy a punto de salvaros– intenta defenderse Sarabaras. –Además, no podrías moverte aunque quisieras, que estás fuertemente dispuesta contra el árbol a causa de unas lianas muy tupidas. – Joder, qué bien hablas, pardiez... –Xena parece sorprendida, pero aún así no le quita ojo de encima al pedazo navaja. Es que en la hoja cabe incrustrado el primer capítulo del Quijote, no me extraña que Xena se acongoje, que ya sabemos cómo se las gastan los de Toledo. Por el tamaño podría ser la Tizona del Cid... pero veríamos entonces cómo se las arregla Sarabaras para metérsela en el bolsillo trasero del pantalón multiusos, que no es una daga pectoral precisamente... – Oye, ¿te has ido? ¿Eo? Sarabaras vuelve en ella misma y se ruboriza. – Ui, perdona, Xena, tía, es que me pierdo en mis pensamientos, últimamente no estoy muy bien de la espalda... – Ah, y eso te impide mantener conversaciones al pie de una haya gigante con un legendario señor de la guerra atrapado por unas muy tupidas lianas con su joven [y atracativa] ayudante bardo contra un árbol, ¿no? – No, eso me impide hacer ejercicios demasiado violentos para mi columna vertebral, hablar puedo hablar perfectamente... – Sarabaras se aplica entonces a su trabajo como recién descubierta heroína. Ahora ya no tiene solución, debe salvarlas a ambas y no puede llevarse sólo a Gabrielle, que era lo que ella [y unos mil millones más de personas] deseaba. En fin. Suspira. En otro fan fic será... – Oye, comotellames... – Sarabaras. – Pos eso, Sarabaras. ¡Au! –dice Xena, cuando Sarabaras la libera de su atadura [Nota mental: Sarabaras, no te olvides de la escena, que era de lo más erótica...]– Gracias, me estaba quedando la forma de la corteza en la espalda... Joder, qué daño... Gabrielle, despierta, eh... Gabrielle está en ese mismo instante saliendo se la semiinconsciencia, así que todo concuerda a la perfección: su mirada perdida, los ojos semicerrados a juego con su –cada vez más corto– top verde, el cabello cayéndole desordenado a ambos lados del rostro angelicalmente ladeado... Sarabaras suspira, mirándola con arrobo de niña pequeña que desea su croissant relleno de chocolate, sólo que ya nos es una niña pequeña y el croissant que que desea puede primero cubrirse con chocolate y... – Estooo, Sarabaras, que babeas un poco... Sarabaras vuelve de nuevo en ella misma y se da prisa en cortar la liana tupida. [Nota mental: la próxima vez te traes la 'blackandeke' que corta más]. Al fin Gabrielle queda liberada, pero le corresponde a Xena ser quien la acoja en sus fornidos brazos –con los cuales ni los de Sarabaras pueden competir–, mientras mira suspicazmente a Sarabaras. – Gracias, Sarabaras... –le sonríe Gabrielle, mientras se ajusta el top para desgracia de Sarabaras. Ésta se limita a sonreir como una idiota [como haríamos tod@s, por supuesto], mientras se diluye en el irisado verde de los ojos de Gabrielle y en la comisura de sus labios curvados en una sonrisa. Ay, ¡cuánta belleza en tan poca niña!
  2. 2. – Tenemos que irnos, Gabrielle. –interrumpe Xena los acaramelados pensamientos de Sarabaras.– Hemos de encontrar a Argo y cabalgar lejos, hacia... Corinto mismo, a boleo... por decir alguna ciudad griega... – Xena, cachis, es que no paras... –se queja Gabrielle.– Déjame desestresarme un rato, que vamos a hacer migas con esta simpática y extraña mujer... Sarabaras sonríe hipnotizada bajo los apelativos que Gabrielle le dirige... un momento, ¿extraña? ¿Sarabaras extraña? ¿Acaso se ha mirado ella? Xena coge a Gabrielle por debajo del brazo y sonríe apretando los dientes. – ¡Aaau! –aúlla Gabrielle. – ¿Nos... disculpas un momentito, Sarabaras, guapa? –espeta Xena. Sarabaras se autoesfuma hacia la derecha, disfrutando de repente enormemente con la visión de una hilera de hormigas llevando capullitos de maíz a su hormiguero. Mientras, a la izquierda, nuestras heroínas televisivas discuten, por supuesto. V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m – ¿Pero estás loca o qué te pasa, Gabrielle, coñe? ¿Es que no se te ocurre pensar que puede ser un secuaz de Ares-queroso disfrazado de bella e inteligente mujer salmantina experta en microinformática? – ¿Y tú cómo sabes que es de Salamanca? –pregunta Gabrielle, extrañada.– ¿Y dónde cae Salamanca? – Y yo qué sé, aún no se ha descubierto que la tierra es redonda y voy a saber yo ánde para Salamanca... Gabrielle, escúchame, no quiero que te la traigas con nosotras, que me da en la nariz que nos traerá problemas. – Pues nos acaba de salvar de convertirnos en resina de haya, maja. –espeta Gabrielle, cruzando los brazos.– Además, no puede ser que sea secuaz de Ares-queroso, no huele mal ni es especialmente demoníaca. Tenemos que llevarla con nosotras, nos puede servir de ayuda si sabe informática. Gabrielle pone una de sus caras de no-me-puedes-negar-este-caprichito-Xena, y ésta se ablanda. – En eso de la informática tienes razón... –considera Xena, alzando una ceja, dubitativa. Al final resuelve:– Está bien, nos la quedamos. –concede finalmente la guerrera. – ¡Ay, Xena, qué bien! –exclama Gabrielle, y se echa en los brazos de Xena, quien la recibe muy contenta en un abrazo fraternal [¿Fraternal? ¿Pero cómo quedamos?]. A los dos segundos se dan cuenta de lo que están haciendo y se separan, incómodas.– Estooo... decidimos que este tipo de muestras de afecto eran peligrosas para nuestra concentración, ¿verdad? – Verdad, sí, es cierto... –asiente Xena, forzando una sonrisa.– En fin, vamos a decirle que aceptamos barco. – ¡Vale! Gabrielle, más contenta que unas castañuelas griegas, se dirige hacia Sarabaras y se le planta delante de un salto. – ¡Sarabaras, que te vienes! En esto, en la precaria situación en que se encontraba Sarabaras ejerciendo de entomatóloga casual, con el susto que le pega Gabrielle el punto de equilibrio se le va a tomar viento y se pega una tremenda leche contra el suelo, consiguiendo además de un dolor intenso en la rabadilla, que Xena alce la ceja de nuevo, esta vez dudando de la validez de su decisión. – ¡Uou! –se queja y con razón Sarabaras, frontándose donde la zona lumbar pierde su nombre para rebajar la sensación de pupita.– No vuelvas a pegarme estos sustos tontos, que hacen daño... – Lo siento, Sarabaras, es que Xena te deja venir y m'he emosionao... –se disculpa amablemente Gabrielle, mientras la ayuda a levantarse. [Nota mental: Sarabaras nunca olvidará el repaso que gracias a este movimiento puede hacer de la completa anatomía de Gabrielle, desde la punta de las botas hasta la punta de la nariz. Xena debe darse cuenta de esto, porque tose un poco, desvaneciendo la nota mental]. – Bueno, ¿qué? ¿Te vienes o no? –espeta Xena, deseando que el "no" se forme fonéticamente en la boca de Sarabaras. Sin embargo, ésta empieza a articular un bisílabo explosivo-siseante que acaba en una vocal aguda: – ¡Po zí! ¡Anda que me voy a quedar en este bosque cutre pudiendo acompañaros poraí! –responde Amparo, no, Sarabaras.– ¿Ánde nos vamos? ¿A Corinto? ¿Atenas? ¿La Isla de Creta? ¿La de... Lesbos? –deja caer, casualmente mirando a Gabrielle. Xena la mira muy malitamente, mientras se recuerda a ella misma el voto de castidad que han hecho ella y Gabrielle y por el cual no le es permitido cabrearse porque esta imitación de McGyver esté tirándole los tejos a su aman... compañera. Así que suspira y mete dos dedos en su boca, soplando a continuación. Extrae un agudo silbido que entre otros animales – Sarabaras cuenta rápidamente tres especies de monas silvestres, dos de perros montañeros, un elefante enano y tres pares de serpientes amistosas– atrae a Argo, su fiel alazán que en algunos fan fics aparece como hembra y en otros como macho. En éste será hembra, por supuesto. – Coño, Argo, la yegua. –dice Sarabaras, sin salirse del guión. – Argo, "mi" yegua. –recalca Xena, dejando claro la propiedad del animal, hembra o macho. ¿Pues no va y se sube, la moza? Encima de la yegua, no de las monas. Sin inmutarse, Sarabaras se lleva a la cara la muñeca izquierda, donde lleva un bonito reloj (que por supuesto no es Viceroy), al cual sisea unas palabras que hacen extrañarse a Gabrielle. – Pepe, te necesito. – ¿Eihn?
  3. 3. – Tranquila, muñeca. –dice Sarabaras al más puro estilo James Bond, poniéndose una gafas de color negro más que negro para el sol (y para fardar)– En este fan fic nadie va a ir a pinrel. Antes que Gabrielle pueda interesarse por el significado de sus palabras, suena la sintonía de "Knight Rider" y en diagonal al plano sale como un descosido el portentoso y descapotable Freelander de Land Rover (es decir, frilanda du lanrouva) de Sarabaras, rugiendo a mil revoluciones por segundo (el coche, no Sarabaras). Gabrielle, después de recoger la mandíbula y el bastón, que se le habían caído de la impresión, mira a Sarabaras, que de un atlético salto se ha metido en el coche y ya está metiendo primera –no sin antes ponerse el cinturón de seguridad, recordad, es obligatorio en todos los desplazamientos–. Si recordamos, Sarabaras se había puesto unas gafas de sol muy molonas. Pues bien, mira oblícuamente a Gabrielle y se pasa el dedo pulgar por los labios al más puro estilo Martini. Gabrielle no entiende a qué viene este gesto – claro, los griegos sólo bebían hidromiel– pero se monta en el coche, por supuesto. A todo esto, Xena ha logrado calmar a la encabritada Argo que se ha asustado como cualquier yegua al ver tanto caballo junto. – Argo, joder, ¡vaya cojones que tienes cuando quieres! –exclama Xena, que también se pone las gafas de sol, para ocultar la mirada que le provoca Sarabaras. Mirada que no se puede describir, por lo tanto paso y la cubro de oscuros cristales, pero es fácilmente imaginable. V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m – ¿Pos qué, Xena? ¿P'ande? –pregunta inocentemente Sarabaras, mientras intenta calmar a su vez a los sopotocientos caballos del Land Rover, que están lógicamente nerviosos ante la presencia de Argo.– Joder, vamos a tener problemas... Shhh, calma, Impirioso... – Ninguno. Yo iré a través de las montañas hacia el pequeño (tan pequeño que no sale en los mapas de época) pueblo de Kosto. Allí nos veremos. Vosotras tendréis que ir por la autopista G-01 y pillar la salida de Filiápolis (que tampoco sale en los mapas). Podemos hacer parada y fonda allí. –explica Xena, ajustándose las gafas al puente de la nariz.– ¿Seguro que estarás bien, Gabrielle? Gabrielle está descubriendo las cómodas posibilidades que se desprenden del aire acondicionado del 4x4, semitumbada en el asiento del copiloto con los pies situados en el salpicadero y los brazos tras la cabeza  a modo de almohada. – Oh, sí, Xena, seguro... intentaré estar bien... –responde, con los ojos cerrados.– Descuida, Sarabaras me cuidará, ¿verdad? Xena se baja las gafas de sol y le dirige a Sarabaras la típica mirada que sale en todos los fan fics y en casi todos los capítulos de la serie, que viene a decir que con-cuidadín-que-como-le-pase-algo-te-rebano-la-glotis y según algunos xenites ni-t'atrevas-a-ponerle-una-mano-encima-ques-mía. A lo que Sarabaras responde con una inocente mirada del palo no-tepreocupes-Xena-que-si-me-tira-el-asunto-me-rebano-yo-misma-la-glotis. A lo que, a su vez, Xena responde visualmente con un eso-espero-más-te-vale y se marcha por donde ha venido, o quizás un poco más al norte. Sarabaras mete primera de nuevo (con la tontería se le ha calado el coche) y le dirige a la descansada Gabrielle una mirada tipo menuda-trola-le-acabo-de-meter-a-Xena-je-je-je, y sale despedida entre los matorrales hacia la G-01. sigue...
  4. 4. continuación...: Escena fílica... Para los no iniciados en el maravilloso mundo de los prefijos griegos, "filia" significa 'amor fraternal', o 'tendencia al gusto por algo' o 'asunto que tira'. Como Gabrielle, que era una fília para Sarabaras mientras el viento las abanicaba suavemente a la nada recomendable velocidad de sopotocientos kilómetros por hora. En aquellos momentos en que Gabrielle dormitaba plácidamente en el tapizado del 4x4, Sarabaras se preguntaba el por qué de su propia represión... 'sesuarl'. "¿A qué viene tanta castidad, conciencia mía, hija, que m'estoy poniendo mala?" le pregunta a su mente, que malévolamente la estaba convenciendo de que nanai de la China con la rubia. V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m "¿Es que no has oído a Xena?" le recrimina su raciocinio. "A lo mejor a ti no te importa morir, pero yo aún tengo que aprender cómo coñe se hacen los spaguettis al pesto". Sarabaras aprieta los dientes, metiendo la quinta. "Maldita conciencia de todo a cien, me has salido traidora". "Y tú estás traicioneramente salida, no te jode... Y cuidadín con la autopista, que nos vamos a pegar la gran ostia por culpa de tus estrógenos". "Al menos intento hacer esto agradable para las tres, tú incluída, maldita rata del opusdei. Mecagüenlaos... tenga usted conciencia para esto". Sarabaras se plantea fumarse un cigarrito por fin, después de tanto ajetreo, pero justo en ese momento se acuerda de la promesa de dejar de fumar que le hizo a la Virgen de la Cabeza y se abstiene, muy nerviosamente por cierto. Medita el poner la radio, pero como aún están en eso de las Guerras del Peloponeso, todo son boletines de guerra y partes del No-do, con lo cual no le queda más remedio que comerse un chupachups de fresa para pasar el rato. El paisaje no está mal, tanto el de la griega naturaleza como el de la rubia griega, pero ha de concentrarse en la conducción si quiere seguir viva al llegar a Kosto... ¿Kosto? Le suena el nombre... le suena muchísimo... pero... ¿de qué podría ser?... A ver, piensa, Sarabaras... "¿Ahora quieres hacerme trabajar después de tanto ajetreo hormonal?" le recrimina su conciencia, molesta. "Pues ahora que te la pique un pollo, tía, estoy hasta los ojales de ti, podrías haber pensado antes que necesitabas de mi sapiencia. Ahora déjame, que estoy jugando una partida al mus con el colgado de tu inconsciente y voy ganando". "¿Y qué os estáis jugando?" se interesa Sarabaras, por si las moscas. "Tu ego, por supuesto". "¡Aaaahhhh! ¡No! ¡No quiero ser pedante! ¡Si ganas tú seré un güebo pedante! ¡Y lo peor es que no me comeré un rosco en siglos!" se desespera Sarabaras, al borde del incumplimiento de ciertas normas de tráfico. – ¿Por qué no te comerás un rosco en siglos? Sjjjjjiiiiiiieecccc!!! [Nota mental: aprender a transcribir frenazos de 4x4 no nos iría mal para expresarnos, ¿eh?]. – Coño, Gabrielle, podrías haberme matado directamente con un hacha y ahorrarme este cubrimiento de corazón. –le espeta Sarabaras, con las órbitas de los ojos descuidadamente abiertas y la mirada fijamente metida entre las cejas de Gabrielle. ¿He mencionado el ceño fruncido? – Oye, qué borde te has puesto en un momentito, ¿no? Lo siento, es que soy así de natural, ¿me perdonas? – y acto seguido parpadea varias veces y se le cae uno de los tirantes de su top [sí, tiene tirantes], con lo cual destruye todos los argumentos que el raciocinio de Sarabaras habría puesto a su disposición si estuviera por la labor, claro está. – -Po... po... po... ¡Po zí! Claro, mujer, si es que estoy un poco cansada de conducir, ya sabes, je... je... je. Estooo, qué calor hace, ¿no? –Sarabaras necesita con urgencia a su parte racional, porque sí que empieza a provocarle sofocos la visión de ciertas anatomías peliagudas según desde qué ángulos mires. Y su ángulo era fenomenalmente peliagudo, todo hay que decirlo. Gabrielle sonríe [y qué sonrisa, tú], y se sube el tirante caído. – Uf, menos mal que eres más fácil de convencer que Xena... – ¿Eihn? –responde Sarabaras. "Joder, Sarabaras, ya t'has perdío un comentario astuto sobre la supuesta relación lésbica que exponen todos los fan fics, es que siempre igual, ¿eh?". Sarabaras da un respingo: "Un momento, ¿quién me habla? Porque mi parte racional está jugando al mus". "Te hablo yo, que no t'enteras". "¿Y tú quién eres?" – Gabrielle, joder, Sarabaras, que estás en la parra. – Ah, eres tú... ¿Tú? ¿Tú m'estabas hablando en mi mente? – No, t'estaba diciendo que hay una retención del copón detrás de tu trasto y que aquí amablemente un señor nos ha llamado hijasde... Sarabaras ajusta el retrovisor y observa entre otros a un agradable tipo gordo al mando de una cuádriga que está agitando su mano muy maleducadamente. – ¡Vale, vale, ya arranco, será mamón el tío del bigote! ¡Pos no m'ha dicho que me vaya a tomar pol...!
  5. 5. Sarabaras arranca que se las pela el frilanda du lanrouva que va muy bien para eso de la montaña, y se dirige hacia la salida de Filiápolis, que según el ordenador de a bordo está a sesenta quilómetros. Estos adelantos técnicos te hacen la vida tan fácil... Sarabaras suspira. – Sarabaras... – ¿Mmmm? – ¿Puedo preguntarte algo? –la voz de Gabrielle [Nota mental: ésa voz y no otra, es decir, la voz del doblaje español, es la que corresponde a este personaje, la de Gloria Núñez dobladora profesional. He dicho.] Pos eso, la voz de Gabrielle suena algo preocupadilla. Sarabaras la mira en silencio, adoptando una cara de circunstancias. "Um, piensa Sarabaras, no tienes raciocionio a mano, ¿qué vas a hacer si te pregunta algo sobre geografía?". Momento de silencio. "Claro, siempre puedes pedir el comodín del público... ¡uf! Vale. Echa el resto, Sarabaras, que vea que eres mu apañá". – Por supuesto, Gabrielle, adelante. – ¿Te gusto? V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m – ... [que viene a ser como una especie de rubor muy rojo, tartamudez grávida y sonrisa de estupidez] Po... po... po claro, je, je, je... ¿a qué viene esa pregunta ahora, hija? –Sarabaras se ríe forzadamente, cuando recupera el habla normal. "Me quieres matar de un susto, ¿verdad? Menuda preguntita m'ha soltao aquí la chiquilla...". La consciencia de Sarabaras reacciona: "Un momento, Sarabaras, colega, la has fastidiado, ¿y si es una trampa de Xena pa ver si te quieres ligar a su shorbi, ¿qué? Estás muerta, tía". Sarabaras decide arreglarlo:– Pero me gustas poco, poco, poco, ¿eh? Nada, la medida de un petisuís... un poquito asín... – Bueno, tampoco aspiro a ir enamorando a la gente así como así... –dice Gabrielle, de repente muy ocupada en el horizonte lejano.– Pero lo que a mí me preocupa es... o sea, a ver... ¿Serías capaz de tener una relación, un algo, un rollete conmigo? Esta vez es demasiado. Sarabaras hace una temeridad [llamada pirula vulgarmente] y aparca en una de ésas zonas verdes de las autopistas, con su fuentecita de agua, sus mesas y bancos de piedra, sus papeleras, las bolsas de basura fuera de las papeleras, las avispas rodeando el charquito de agua de la fuente... entre otros detalles, por supuesto. Ambas bajan del coche, y después de sacar de la guantera del coche la bolsa nevera para comer algo, Sarabaras se sienta en uno de los bancos de piedra, casi temblando. Gabrielle está de repente muy callada, y a Sarabaras le da miedo que no quiera hablar de lo que le preocupa. Pero es que según vamos, a Sarabaras se le podrían complicar las cosas si se enterara Xena de la conversación que mantiene con Gabrielle. Decide comerse una manzana que siempre va bien... para sobrellevar la conversación y todo eso. – ¿Te apetece un mordisco? –e inmediatamente se arrepiente de lo insensata que llega a ser. El raciocionio apunta: "Eres la ostia, ¿qué, Sarabaras? ¿Una nueva versión del pecado original? Joder, cómo estamos..." – No, no, gracias, no me gustan las manzanas, pero, ¿tienes malvaliscos? – Pos norl, no tengo el gusto... – ¿Y pan de nueces? – No, no he traído... – ¿Chocolate? – Hombre, si te sirve un kindergüeno... – Vale... ¿está bueno? – ¡Y bueno! –responde Sarabaras, por inercia. "Serás cutre..."– Pos nada, qué bien, ¿no? Aquí estamos, en medio del Peloponeso griego... mirando la puesta de sol helénica [Nota mental: ¿He mencionado que está anocheciendo y que tendrán que hacer noche por ahí? ] [Je, je, je... ]... como viejas amigas, ¿eh? – ¿También a ti te incomodo? – Coño, Gabrielle, ¿incomodarme? ¿Tú? Por Diox y San Peter, para nada, osea... que va, no, te lo juro... – Vale, o sea que te incomodo. – Bueno, no sé, es que... a ver, sinceramente, ¿has conocido a alguien a quien no incomodaras? –espeta Sarabaras, comiendo manzana a raudales, nerviosa perdida. –Eres un poquillo evidente... – Pues mecagüen los Papiros, tía, yo no quiero ser "evidente", es muy incómodo ser incómoda. –Gabrielle se alza, cogiendo su bastón que, oh, sorpresa, ha vuelto a aparecer en este plano de improviso. –Quiero pasar desapercibida, quiero no ser vista ni oída, quiero estar en la sombra... – Pero, ¿por qué flautas quieres eso? – Pues porque estoy hasta los ojales, tía, de tener que oir decir a Xena "No, Gabrielle, si nos abrazamos más de la cuenta me desconcentras y claro, así no hay quien luche, coñe" o "Cachis, Gabrielle, que cada temporada vas más corta". Pues va a ver ella cuando me pongan el trajecito rojo granate... ¿Es que no tengo derecho a explotar mi imagen como me salga de los duebos? O der canalisho de los pectorales... Sarabaras asiente pero no puede articular palabra. Si ella fuera Xena también se preocuparía por los niveles de estrógenos distrayentes que emana Gabrielle.
  6. 6. – Pos eso, y además, por una vez que nos damos un pedacho de cacho de... bueno, tú ya me entiendes... pues a la que me descuido el muy cerdo de Automaticus me está poniendo las manos en to'l trasero, el muy sobón... ¿Y crees que después de recuperar su cuerpo Xena se digna a hacer algún comentario? ¿Crees que intenta decir algo como por ejemplo "Hey, Gabrielle, ayer nos dimos un beso, joder, ¿no? ¡Qué fuerte! ¿Qué hay para cenar?" Pos ni eso. –Gabrielle se sienta de nuevo en el banco, al lado de una sorprendida Sarabaras que ya no come manzana porque se le ha caído toda al suelo y ha ido a parar debajo del frilanda. – No puedo creer que Xena no te permita estar güena. –logra articular al final, con la vista fija en un punto perdido del horizonte.– Con lo güena questás, caramba. Menudo plan. – Ya ves. –asiente Gabrielle, dándole un bocao al kindergüeno, a punto de llorar.– Total, ¿qué podría pasar? ¿Qué nos maten? Como si no hubiéramos resucitado ya lo menos once veces cada una. – Hombre, no sé, a lo mejor en cierta manera tiene razón la susodicha. Debe ser mu duro luchar contra cuatro tíos lanzando el chakram y saltando a la vez mientras te mira toa, claro. –Sarabaras intentaba buscar la solución al problema. "Necesito la ayuda de Jessica Fletcher pa arreglar esto, colega"– ¿Has hablado con ella de esto, Amparo? – Pos no, Manuela, pero he escrito una de pergaminos... V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m – Ya, tía, que no sé cuándo tienes tiempo, porque macho, no se te ve escribir, entre que te matan, resucitas, te encuentras con Pedricus, te lo matan, te vuelven a matar, tienes una hija asesina, bailas... yo qué sé, ¿has pedido aumento de sueldo o algo por sobreactividad? – Sí, claro, –y adopta la pose como si fuera a hablar con Xena– "Mira, Xena, necesito que me dobles la paga, tengo algunos asuntos que resolver y necesito pasta" y ella me contesta "Claro, claro, Gabrielle, vamos a ver, el doble de nada es... andalaostia, ¡nada!" –Gabrielle se ríe y contagia a Sarabaras, con lo cual ríen las dos un rato. Ya. Ya no se ríen. Que tampoco era tan gracioso. – Pos no sé, ¿quieres que hable con ella? –se ofrece Sarabaras. – ¿Y de qué serviría? –Gabrielle se acaba el kindergüeno, por fin. – Te entiendo... –susurra Sarabaras. "Eres tontal'haba, ahora es cuando te aprovechas, te la ligas, y chispún". "¿Y quién eres tú? " "Tu subconsciente lujurioso, que estaba poraí perdido en tu infancia, pero ya estoy aquí pa salvarte de los problemas" "Pos creo que me vas a dar de más" "No, piénsalo, ahora es cuando le ofreces amablemente tus brazos para que se acurruque" "Sí, y entonces va y aparece Xena y me casca y me muero, no te fastidia el subconsciente este peleón" "No, tonta, seguro que no aparece... además, mira, está tiritando, lo que no me extraña, porque lleva un top que no veas... que no lo ves, vamos..." Sarabaras se deshace de subconscientes pensamientos impuros, aunque le cuesta medio riñón– ¿Quieres que vayamos al coche? Hace un poco de rasca aquí fuera... además, tenemos que buscar fonda para la noche. –y de repente, Sarabaras se acuerda de Xena.– Andalaos... ¿Y Xena? ¿Habrá llegado ya a Kosto? – Pos no sé, porque como nunca me envía mensajes al móvil no sé qué hace ni dónde está ni nada. Soy la última en enterarme de todo, snif, snif. Sarabaras vuelve a arrancar el 4x4, y pone la capota para protegerlas del frío friolero y vil. Suspira. La noche se hará larga... "Es impresionante", piensa mientras comienza a conducir de nuevo por la autopista, "que tenga a mi lado a una pedacho de requete y no lo pueda aprovechar". Claro que también es impresionante estar en la Edad Antigua conduciendo un frilanda, por lo tanto no te extrañes. "¿Yo no tenía bromurillo en la guantera?" se dice Sarabaras, y se ríe sola. Pero tampoco mucho. Que piensa en qué estará haciendo Xena a esas horas, un poco más tarde de las nueve y media de la noche. Y se acongoja.       Escena xénica... – ¡Jroña que jroña! – Coño, señora, no me venga con esa leche, que necesito saber si voy bien pa Kosto. – Jroña kai... ¡estomakospulouolos! ¡Jroña! – Pos anda que vamos bien por güebos... pues no me ha dao un yogurt griego antes de cerrarme la puerta en los morros la agüela ésta... Xena se sienta en una roca del camino que bordea Filiápolis. Hace unas tres horas que ha llegado a Filiápolis monte a través y lleva el mismo tiempo intentando conseguir una dirección fiable hacia Kosto. Casi todas las viejas le habían dicho que jroña que jroña, y dos chavales le habían ofrecido un porro. – No, gracias, m'estoy quitando. Pero quiero saber si voy bien pa un pueblo de mala muerte que se llama Kosto, con K de Kilogramo... Anda que también acertaré, aún contamos por galones, o por medidas de agua o por lo que sea que contamos... Bueno, con K de Kappa, tíos... Que no... Vale, pos gracias. Hale, Argo, vamos pa l'hostal este de aquí del pueblo ande estamos, que con suerte nos dirán que no hay habitaciones y tendré que cascar a alguien. Por lo menos me lo pasaré bien unos diez minutos... quince si son más de cinco matones..       Escena hostalera… u ostielera...
  7. 7. – ¿Cómo que no tiene habitaciones? – aúlla Sarabaras, delante de la barra de la típica posada de campo, muy rústica pero agradablemente decorada y muy llena de matones feos y llenos de tatuajes de Mötorhead, con mucho borracho por el medio tocando las narices y un típico e impertinente posadero. – Pos no, no nos quedan, ni una sola habitación. Ni siquiera si viniérais con la temida y odiada a partes iguales Xena, Princesa Guerrera os podría dar cobijo esta noche. – Pero, señor posadero, haga usted el favor, que tenemos que descansar... –se queja Gabrielle, infructuosamente. – Que no me insistas, rubita, que ni aunque tú me la... – Eh, un respeto, macho, no te pases ni un pelo. –le suelta Sarabaras, muy segura de ella misma, con mucho arrojo y el dedo índice alzado muy amenazante. – Estáis en mi posada, así que os pueden ir dando viento fresco si no consumís porque... Las palabras del posadero se ven interrumpidas por ruidos característicos de una pelea. Pero no una pelea cualquiera, sino la que protagoniza escena sí, escena también Xena, quebrando mandíbulas, doblando espinazos y  partiendo caras a diestro y siniestro. ¡Ñaca! ¡Skumba! ¡Potocroc! ¡Piñaaaaauuuuuu! V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m – ¡Xena! –exclama Gabrielle, cuando un tío de mala cara y borracho perdido cae sobre la barra realizando una elipse perfecta proveniente de la zona de conflictos y puñetazos. – Eh, yo sus conozco, ¡hics! –les dice el tío recién aterrizado mirándolas a las dos.– Tú eres Flora y tú eres Fauna... ¡hics! ¿A que sí? Sarabaras lo remata metiéndole un vaso de ajaxpino en la boca y cerrándosela con fuerza mientras le agita la cabeza. – ¡Señor, qué hombres estos! –se dice a sí misma. En esto, alza la cabeza por encima del gentío y descubre a la princesa guerrera dando mandobles a tres borrachos a la vez. Una vez inconsciente el agudo chaval de la barra, se le enerva la sangre y se va en dirección al barullo con Gabrielle para participar también. – ¡Hola! Gabrielle, ¿qué... tal? ¡Ops, permíteme! –Xena le da una soberana ristra de 'yoyas' a un chaval que intentaba agarrar a su joven [y atracativa] ayudante, y ésta le mete el bastón en la cara a uno de los que estaban aclarando sus diferencias con Xena.– Gracias, Gabrielle. Golpe perfecto, tres dientes a cero. – De nada, para eso estamos. –le sonríe Gabrielle antes de seguir repartiendo inocencia en la sala. Sarabaras, para quien todo esto es nuevo, se limita a sacar de su pantalón multiusos un bate de béisbol con el cual, a parte de varias cabezas, bate el récord de lanzamiento de imbécil: tres metros a la derecha. – Vale, vale, vale, dejad de machacar a mis borrachos habituales que luego no tengo clientela, leche, ya os doy habitaciones, venga, que podríamos haberlo hablado antes, ¿no? No hacía falta ponerse bruscas... –se apresura a decir el posadero, mientras le da a Sarabaras dos llaves y le indica el camino hacia la escalera.– Que tengáis buenas noches, señoritas... – Que te folle un pez, mamonazo. –responde amigablemente Xena.– ¿Vamos para arriba, chavalas? Sarabaras mira los números de las habitaciones en las llaves del hostal: la 324 y la 325. [Nota mental: ¿inverosímil números tan altos en la Edad Antígua? A ver, que fuera hay aparcado un frilanda...] Sarabaras, muy observadora, nota que dos habitaciones es un número incómodo para tres personas, sobretodo si una de ellas está en proceso de castidad, la otra se desespera por un achuchón y la tercera en discordia intenta dejar de fumar [en este fan fic sí]. CHAN CHAN CHÁNNNNNN!!! Sigue -->
  8. 8. SARABARAS IN THE MIDDLE. [Parte Dox, Oh Diox] Por Eli Disclaimers y demás en la primera parte, por supuesto [me encanta poder hacer esto, como los fanficeros de verdad]... Para saber qué hace Sarabaras en una habitación con Gabrielle, también remítete a la primera parte, o arriésgate a pensar que tú también puedes hacerlo... (¡ilus@ mortal!) (Para saber porqué permito que Sarabaras esté en una habitación con Gabrielle y yo no, también remítete a la primera parte mientras yo lo pienso...) V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m Escena de cama(s)… Sarabaras intenta ser racional, pero habíamos dejado a su conciencia jugando un partida de mus que  a estas alturas, decide Sarabaras tras un breve cálculo, debe haberse convertido en una farra de impresión a ritmo de chupitos de tequila neuronal. Mientras suben las escaleras, se pregunta cómo es posible que Xena haya llegado a Filiápolis al tiempo que ellas, pero como en este fan fic todo es posible, pos no resulta del todo incierto ni patético (© Tamara). En fin, Pilarín, que Xena la mar de contenta se planta delante de una de las puertas y dice: – Pos me voy a planchar la oreja, nos vemos mañana, ala. –y acto seguido cierra la puerta ante las narices de Gabrielle. – ¡Au! –exclama Gabrielle, llevándose las manos a la nariz.–¡Qué bruta que es! – Esto... ¿Así no vais a dormir juntas? –se interesa Sarabaras, como quien no quiere la cosa. – ¿Xena y yo? ¡Qué va! No sea que no pueda concentrarse para dormir. –espeta Gabrielle, secamente. Abre la puerta de la otra habitación y se mete dentro, dejando la puerta abierta. – Oyesss... ¿y se supone que tú... y... yo, este... las dos...? – ¿Podrías cerrar la puerta cuando entres? Hace un pelín de frío. –suelta Gabrielle, mientras se deja caer pesadamente en la cama... un momento: ¿La cama?... ¿Una? Uy uy uy... Sarabaras piensa rápidamente una solución para el conflicto que se le plantea, pero como su raciocinio no está por la labor como ya hemos comentado, enarca una ceja y no tiene más remedio que dejarse llevar por su instinto sesuarl, que sí está por la  labor, por supuesto. Imbuida de estrógenos a raudales, Sarabaras adopta una postura de seducción y cierra la puerta tras de sí, mientras en la cara se le pone  una mirada ésta-es-la-mía y se relame los labios con la lengua. Se dirige al mueble bar y sirve dos hidromieles muy frías para ambas. – ¿Gustas? –libidinosa, se ofrece a Gabrielle, pero ésta no lo capta y coge la hidromiel para bebérsela, claro. – Gracias, Sarabaras, colega, tenía mucha sed... – Anda, pues como yo. –dice sensualmente Sarabaras, sentándose en la cama, al ladito de Gabrielle, mirándola a través de su pelo rubio [el de Gabrielle, que Sarabaras es morenassa... para diferenciar].– Y, ¿qué? ¿Vienes mucho por aquí? –le pregunta lascivamente. "¡Juá, juá, juá! ¡M'escojono! Sarabaras, ¡deja de hacer el primo!" "¡Otra vez tú! ¿No estabas jugándote mis cuartos al mus, maldita conciencia de tres al cuarto y me llevo una?" "He vuelto en el mejor momento, por lo que veo, ¿¡se puede saber qué pretendes!?" "Más claro agua, chupóptero inmundo, ¡ligármela!" se defiende Sarabaras, mientras intenta mantener una postura de lo más sexy al lado de la rubia. "Pues permíteme que me cachondee, chavala, que lo llevas claro, ¡ja!". Sarabaras abre los ojos desmesuradamente "¿Pero qué sabrás tú, trozo de enciclopedia británica? ¡Por supuesto que me la voy a ligar!". – ¿A quién? –le pregunta Gabrielle – ¿Perdona? –se descoloca Sarabaras – Que a quién te vas a ligar. – ¡Ah! Je, je, je, no... yo, en realidad... hablaba sola, bueno, no sola del todo... –"Rápido, bichejo inmundo, échame un cable" "Sí, claro... Pues ahora te jodes, búscate la solución tu solita!" "¡Norl! Por favor, por favor, por favor..." [Nota mental: esta divergencia se está desarrollando muy rápidamente en el interior de la Sarabaras, no te creas ahora que se pasa media vida mirando a la Gabrielle sin saber qué decir]. La conciencia de la Sarabaras se ha callado, silencio en la noche. Un grillo rompe la tranquilidad que se respira en la habitación con vistas al río del pueblo. Por la ventana entra el sonido de un cuco loco que hace "cu-cú" y luego se parte de risa. Sarabaras clama misericordemente por una respuesta inteligente a su conciencia, suplica de rodillas [por supuesto interiormente]... pero nada. Tendrá que improvisar. Gabrielle tiene tiempo de servirse una segunda hidromiel [Nota mental: Hay que ver cómo absorbe, la rubia, parece una vileda... griega, claro]. – Sarabaras, que se hace tarde, ¿me respondes, pues? – Aaaah... sí, esteee... que nada, que no me quiero ligar a nadie, qué coñe, que hablaba sola conmigo misma y me hecho un lío entre mi parte racional y la instintiva, con lo cual estaba más liada que la trenza de una china, pero nada, ahora ya lo tengo tó claro, je, je, je... – Si tú lo dices, hija... –dice Gabrielle, acabándose la hidromiel y poniéndose de pie excesivamente deprisa, con lo cual
  9. 9. pierde el equilibrio, no lo encuentra y se cae al suelo que suerte que es de mullida moqueta inglesa, que la recibe muy suavemente.– ¡Auuu! –se queja, después de un rato de caída libre. Nadie lo diría, dada su altura– ¡Jo, qué pupita! – ¿Ánde, ánde? –se interesa Sarabaras, que ha hecho un curso acelerado de primeros y segundos auxilios en la Cruz Rojilla de su barrio con excelentes resultados: la mejor en tiritas y cortes superficiales y mención honorífica en suturas de urgencia con hilo dental. Gabrielle se sonríe maliciosamente sin que Sarabaras lo advierta y dice: – Aquí. –y se toca la muñeca. – ¿Aquí? A ver... muévela un poco... – Uy, uy... y aquí... –y se señala el costado derecho, levantándose un poquitín el top verde, dejando entrever... bueno, no, dejando ver todo un señor costado, firme, apetecible... – ¿D... dónde? ¿A... aquí? –Sarabaras traga saliva [Nota mental: ¡Y yo!] V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m – Ssssí... justo, justo, justo... aquí... –y esta vez Sarabaras nota claramente que los ojos se le van caer encima de la colcha, porque su 'yo sesuarl' los mantiene muy abiertos para no perderse detalle de la cascada de piel blanca que Gabrielle deja a su disposición, desde el cuello hasta el final de la zona lumbar. Sarabaras se ve obligada a respirar como los peces, por las branquias, porque los pulmones no le insuflan aire por ningún lado. Ante la imposibilidad de autohacerse el boca a boca, se bebe de un golpe la hidromiel que le queda y se levanta como un resorte para ponerse más. [Para ponerse más hidromiel, puesta ella pues ya está, claramente...]. – Eso va a ser un dolor de cabeza, sí, señora, ná más. –Sarabaras se bebe la hidromiel de un trago y decide que el recuerdo de la mirada asesina de Xena es suficiente como para disuadirla de sucumbir a los impulsos sesuarles de Gabrielle. – ¿Dolor de cabeza? –dice Gabrielle, frunciendo el ceño.– Jooo, ya sabía yo que no te gustaba... – ¿Que no me gustas? ¿Que no me gustas? ¿QUÉ NO ME GUSTAS? –Sarabaras se vuelve a pegar un lingotazo de hidromiel [Nota mental: y ya van tres]– Pero, ¿cómo no me vas a gustar, moza? ¡Si estás de un rico que no se lo cree ni Xena, por diox bendito! – Eso es cierto. –reconoce Gabrielle, dolorosamente.– Se ve que ella no se lo cree, y eso que yo se lo digo: "Xena, ¿a que estoy güena?" Y ella ná de ná, siempre con el chakram de un lao pa otro... si es que no sé qué hacer ya, tía. –Gabrielle se deja caer al lado de Sarabaras, en la cama. – Pos eso sí que es complicaíllo de resolver... No sé qué podrías hacer, pero déjame pensar... –medita Sarabaras, más calmosamente, sus estrógenos bajan la guardia y su instinto se relaja; y entonces, sin venir a cuento, se encuentra con un señor besazo en los morros por parte de aquí Gabrielle... [Nota mental: dejaremos el asunto de la duración a la persona lectora] [Y también el asunto de la lengua, va a gustos]. Tras la duración definida por la persona lectora, Sarabaras se separa de Gabrielle de manera profesional, muy entera, como si no le hubiese afectado en lo más mínimo. – ¿...? ¡Ejem! ¿H... has probado a hacer esto? –cuestiona Sarabaras, intentando ser fría y objetiva, manteniendo una digna posición de solventar problemas. Aunque esto es un poco difícil, porque hasta su raciocinio tiene la boca abierta y segrega saliva. – Anda, pos no... –dice Gabrielle, sonriendo, dando palmadas.– ¿Tan bien lo hago? ¿T'ha gustao? ¿Soy güena? ¿Qué t'ha paresío? – S-stupendo... –dice Sarabaras, intentando resistirse a sonreir estúpidamente. Levantándose, se saca de su pantalón multiusos un paquete de cigarrillos Chester [Nota mental: ¡invito yo!] [Nota mental 2: ¿De verdad pensabas que se iba a dejar de fumar en este fan fice? ¡Anda ya!]– Si no te importa, iré a fumarme unos dos o tres o nueve cigarros ahí fuera, para que no te moleste el humillo, ¿vale? Así tú mientras te pones el pijama y piensas en cómo vas a reconquistar a Xena, ¿de acuerdo? Hale, venga... – Pero si yo duermo en cueros, no tengo pijama. –protesta Gabrielle. Sarabaras pone los ojos en blanco: le espera una noche muuuuuy larga. – Bueno, pues te pones los cueros y te metes a hasel nono, que yo vendré en un par de horillas... o mañana por la mañana, hale, buenas noches..       Escena hostalera… u ostielera... Sarabaras cierra la puerta tras de sí y busca en su pantalón algo con lo que encender los tres cigarros que necesita su cuerpo para serenarse y verlo todo a través de una cortina de nicotina, que siempre le ha ido muy bien para meditar sobre el sentido del camino interior de joderdóndecoñoestáelputomecheromecagüenlaos... – ¿Buscas esto? –y una antorcha se le aparece delante la cara chamuscándole los tres cigarros y medio flequillo. – ¡Gracias, ahora sólo tengo que peinarme la mitad del flequillo! ¡Y sacarme un par de pitis más! –grita Sarabaras a la persona que le ha...– Anda, Xena... – ¿Te importa si te pillo uno pa la menda lerenda?
  10. 10. – Po nó, adelante, son Chester, regalo de una colega, son güenos... – Conozco la marca, pero prefiero los Malporrows. –dice Xena, encendiéndose con inusual familiaridad el pitillo. – Tía, ¿pero tú fumas? –pregunta Sarabaras, cayendo de la parra, escandalizadísima. – ¡Sshhhhh! – Xena la hace callar.– ¡Aiaiaiaiaiaiaiaiaiaiaia... aiaiaiaiaiaiaiaai! –Acto seguido coge de la cintura a Sarabaras, le da la vuelta acrobáticamente, da un par de vueltas de campana y ambas aparecen en la terraza de la tercera planta; Sarabaras, todo hay que decirlo, un poco más mareadilla que Xena, a la que no se le ha movido ni un pelo. Xena se encara con Sarabaras, quien todavía intenta devolverle a sus ojos el movimiento normal. – Siento náuseas... – ¿Qué pretendes, que Gabrielle comienze otra vez con lo de "Deja de fumar, Xena", "No es bueno que fumes, Xena, que luego te cuesta un güebo subir la Acrópolis"... –Xena le da una calada enorme al cigarro.– Con lo auténtico que resulta fumarse uno de éstos cada atardecer helénico... V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m Sarabaras cierra la boca tras comprobar que sus cigarros están en plenas condiciones [¡así es la serie!] y también le da una profunda calada a su Chester © stupendo sintiendo cada decímetro cúbico de sus pulmones contaminado por los átomos de alquitrán y nicotina, por los potenciadores del sabor y por los colorantes que tiene en su composición esta minúscula porción de placer que se está fumando. – ... y entonces fue cuando la besé, ¿sabes? Sarabaras se atraganta con el humo y tose desaforadamente. Xena le da una palmada griega en la espalda y se le pasa la tos como si se hubiera tragado una pastilla del Dr. Andreu. – G-g-gracias... –sonríe Sarabaras, un poco roja todavía, pero mejor que dos segundos de angustia antes.– ¿Decías? ¿Perdona? – Que cuando me morí toa y me transmuté en el cuerpo del pulpo de Automaticus fue cuando por fin me atreví a besar a Gabrielle. – ¿Y por qué no antes? – Porque no sabía cómo iba a reaccionar la paya, jamematen antes de que se me ría en la cara o algo similar, tía... – Ay, mi manita, pos sí que lo veo rarote, comadre, ¿pos no te dio ella muestras de filia? –remitimos a nuestros lectores a la sapiente explicación del prefijo filia en la primera parte de este fanfic. – Si lo hisiera sería padrísimo, pero mira tu pues, que ella pos como que casi apenas me dise nada de eso... prefiere no comunicarme sus cosas, ya pues... – Ah, pues, por ahí sí que no paso, huáquera, ¿cómo es eso que dises? ¿Y por qué carámbanos platicamos en mejicano? – Pos no sé, ándale, ándale, ándale, arriba, arriba, arriba... [Ups, perdón, he sintonizado con la serie por el Canal 13 de Méjico y se me ha colado el doblaje mejicano, pero nada, que ya estoy aquí. ¡Ándale! Un momento que lo vuelvo a ajustar] – ¡Y un pepino, Xena! Que Gabrielle está loca por tus huesos, coñe, ¿es que te hace falta que te lo diga? – Pos no, pero no leo la mente de las personas, maja, yo soy una temible guerrera forjada en el calor de la batalla. – Ya, y tu valentía cambió el mundo, no te jiba... Pero ante Gabrielle te estás comportando como una gilipollas. – ¿Qué es gilipollas? – Soplagaitas. – Ah, vale, como Joxer... Un momento, ¿como Joxer? ¿Tan penosamente? – Ya ves. Como en el capítulo aquel tan cutre en que él se disfraza de príncipe y baila con la princesa que es Gabrielle, ¿te acuerdas? – Ah, sí... tuve auténticos deseos de matarlo. – Bueno, tranquila, se morirá en una de éstas, por tontol'haba... pero hablamos de ti, cacho pírra. Tienes que declararte a Gabrielle, tontilla. Error fatal: Sarabaras, con la tontería de las hidromieles y la confianza que le daba Xena, se permite la ligereza de poner la mano en el hombro de la temible guerrera forjada en el calor de la batalla. Xena agarra a Sarabaras por el cuello y la eleva del suelo la altura resultante de restar lo que mide Xena de lo que mide Sarabaras. – ¡Gggggglllll! Do be guetuerzas ed gazdate, pod favod, pod favod, pod favod... –suplica Sarabaras, con voz muy apagada, poniéndose roja de no pasarle oxígeno por la garganta. – ¡Lo haré si me sale del chakram, maldita y atracativa entrometida! –le grita Xena, apretando los dientes y abriendo mucho, mucho, mucho los ojos, como cuando Xena se enfada mucho, mucho, mucho. – ¡Glll! ¡Yo no soy una entrometida maldita y...! ¿atracativa? – Ups, ¿he dicho yo eso en voz alta?
  11. 11. – Sí, lo has dicho. Pero bueno, tías, estáis las dos más salidas que el morro de una plancha –dice Sarabaras, aparcándose en el suelo, grácilmente pero con el cuello algo irritadillo. –Me estáis tocando los duevos entre las dos; será posible... Ni que yo fuera un cacho canne con el que hasel guarreridas apañolas in the middle of the jander gromenauer... – ¿...? ¿Qués lo qu'has dicho? –ladra Xena, y venga Sarabaras para arriba otra vez. – ¡Gllllll! Vale, esto último no lo conoces, son frases de un intelectual de nuestro tiempo, el gran Chiquitorl, que diox le conserve el duodeno, ¡jarl! – ¿Es una especie de Zeux? – No, él es más grande... – ¿Iremos a ponernos a hablar de religión precisamente ahora? – Pos no, que no me gusta. –decide Sarabaras.– Lo que sí que me iría de putísima madre es que me bajes de las alturas, que tengo un poco de vértigo... – -Ui, sí, perdona, tía, es que me sublevo enseguida... V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m – Bueno, no me fastidies max y deja de acosarme [Nota mental: ¿Sarabaras? ¿Pero qué haces rechazando a Xena? ¿Dónde estás, hija? ¿Estás loca?] [Nota de Sarabaras: Es que tengo sueño y pocas ganas de morir bajo el yugo de cualquiera estas dos guerreras][Nota mental: Como tú lo veas, yo que te lo pongo en bandeja y ya veo cómo me lo pagas, te arrepentirás de esta afrenta, ya te lo digo yo...] [Nota de Sarabaras: Pero si es que yo en fondo soy una capulla romántica, y lo del subtexto es como un sueño que puedo ver hecho realidad, joderes... ¿No lo entiendes?] [Nota mental: Gilipollas  tenías que ser...]– Pos nada, ale, a dormirla, ¿vale? Te vas pa dentro del albergue este, llamas a la puerta de Gabrielle y le cuentas un cuento, que le costaba dormirse cuando yo me salía. – ¿Yo? ¿Un cuento? – Bueno, pa dormirla, tía, yo qué sé... – No, si yo lo que hago pa dormirla es un sensual y erótico masaje desde la punta de los pieses hasta la misma base del cuello... con la lengua [Nota mental: Escándalo, es un escándalo...] – B-b-bueno... pos eso mismo, ale, venga pa dentro, y cómete dos o tres smints que sin smint no hay beso! Je, je, je... pero qué tontería... venga, adios... uno, dos, tres... Hasta luego... jejeje... Xena, más rallada que un disco de los Bee Gees en un guateque, vuelve a hacer esas cosas acrobáticas que hace ella y se mete limpiamente sin  tocar aro en la habitación de Gabrielle. Sarabaras, desde la terraza, apura lo que le queda del Chester © dándole una calada definitiva mientras observa la luz de la habitación encendiéndose. Entrecierra los ojos y le parece que Xena ha corrido las cortinas, lo cual le indica que quizá no todo esté perdido... "Sí, yo estoy perdido... todavía no sé cómo ha pasado, pero estoy perdido..." "Salidorro, que eres un salidorro... ¿no prefieres ver cómo ellas dos se lo montan agradablemente a tener tus pulsiones primarias satisfechas? " responde Sarabaras a su instinto sesuarl, visiblemente deprimido. "¿Pero no te das cuenta de cómo hablas, hija, que pareces la madre Teresa de Calcuta? ¡¡¡Mestás dejando sin  mi comida!!!" ¿Será que Sarabaras ha encontrado el camino de la santidad? ¿Será que no le tiran ninguna de las dos? ¿Será que en realidad Sarabaras es asexual? [Nota mental: JAJAJAJAJA] ¿Será que el raciocinio de Sarabaras está de vuelta y con nuevos argumentos? ¿Qué será será? 'Foreva güil bí, güil bíiiiii'... Así pues... Sigue -->
  12. 12. SARABARAS IN THE MIDDLE. [Parte Trex, o Trident] Por Eli Disclaimers y demás... allí, hale, que ya te los deberías saber. Los personajes no son  míos... etecé, etecé , pero bueno, qué le vamos  a hacer si he salido cleptómana... En la realización de este fan fice únicamente han salido dañados aquellas teclas del ordenador que no se correspondían con mis intenciones primigenias de escritura... Ah, y las cervicales de mi menda lerenda... V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m Resúmenes en la noche... Sarabaras y su lujuriosa conciencia [a la que tuvo que arrastrar después del episodio con Xena, aún bajo los efectos efectuosos de la escena con Gabrielle] se sitúan en el frilanda du lanrouva, el único sitio donde Sarabaras se consideraba fuera de peligro... ¿o no? Veamos qué nos depara el futuro... ¡¡¡tachánnnnn!!! Escena Frilándica. – Buenas noches, ¿se pué? Sarabaras abre un ojo, frunciendo el ceño momentáneamente porque a ver quién coj... – ¿Quién coñe eres turl? –pregunta Sarabaras, sacando inmediatamente de su pantalón multiusos la navaja toledana marca Acme.– Y sobretodo ¿qué coñe haces dentro de mi coche? – A ver, guárdate la puñetera daga esta que me vas a sacar uno de estos dox maravillosox ojox que tengo incrustados en mi bello rostro... Sarabaras reacciona, mirándolos mucho entrecerrando los ojos [un poco miope pues sí que es...] ... – Anda pos sí que son chulos... – No max que los tuyos, por supuesto. – Gracias, qué amable, qué sonrojo más tonto m'ha pillao... – Ya ves, es que a veces digo unas cosas... – Ya te digo... – Po zí, es que como soy EsCupida tengo que decir ciertas cosas bonitas, ya ves... – ¿Has dicho que eres estúpida? – No, imbécil, EsCupida, y guárdate la daga que sufro en silencio, leñe. Déjame entrar que hace frío aquí fuera, brrrrr, ni que estuviéramos ad calendas graecas. –EsCupida se mete dentro del frilanda du lanrouva, exactamente en el asiento del copiloto, ante la atónita y atónica, es decir, sin acento, mirada de Sarabaras. – Pos me parece que las calendas ésas andan cerca, porque cuando el grajo vuela bajo hace un frío del carajo... –dice Sarabaras, muy convencida. – Ya me parecía a mí. . ¡Uy! Pero si tienes compact disxcjk, ¡mierda, ya me he vuelto a trabar con la porra de los neologismos! – Yo lo llamo compat dí que suena arriquitáun. – Pos vale, ¿tienes el compat de Raphael? O el de Rafaella... – Me los he dejao en el siglo veintiuno, pero tengo uno de unos tales Platón y los filósofos que molan mucho, ¿te lo pongo? – Pos vale, mientras no sean Los del Río que me duele la cabecha... –la música se hace dentro del vehículo: Platón, no cuentes más trolas, porque voy a enloqueceeeeerrrrrrr. EsCupida se enciende un cigarrete. –Verás, Sarabaras, yo es que venía a hablar de cierto asuntillo sesuarl. –y le tira todo el humo a la cara a Sarabaras. – Joder, EsCupida, ¿tú también? ¡Si es que no voy a ganar pa la viagra! – ¿Lo cualo? – Déjalo, es igual, a ver, ¿qué me tienes que contar que yo no sepa? – Hombre, no sé, ¿quieres saber si fue antes el huevo o la gallina?
  13. 13. – No, me refiero a lo del asuntillo sesuarl, que se ve que los estrógenos están subidillos por estos lares... – Si es que cuando mi hermano se pone imbécil no hay quien lo pare... – ¿Tu hermano? Ja-ja. Anda qué salá, pero si aquí lo que no hay es un miembro masculino implicado, no-sé-si-meentiendes-bonita. – Pos-claro-que-tentiendo-guapa, ¿a que no sabes quién es mi hermano querío? Sarabaras se queda pensativa un momento,   e intenta analizar la situación, pero se niega a gastar una más de sus neuronas, que ya le quedan pocas de las que sirven. – Vale, va, ¿quién es tu hermano querío? –inquiere Sarabaras. – Adivina, adivinanza ¿quién es el ave que pica la glglglglglglglglglglglg... Badsta, badsta, do be getuegzas e gabnate pod favod, pod favod!!! – ¡Pos canta, EsCupida! V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m – Jo, tía, que dolor qué dolor qué pena... Cupido, Cupido Capullo es mi hermano, hijo de Afrodita A y Apolo de Cami. Y Cupido Capullo es mi hermanastro, porque yo soy hija de Mazinger Z. Sarabaras se enciende un Chester © que la tranquiliza brevemente, aunque la noticia de que el tal Capullo se pasee por estos lares no es bienvenida por su instinto básico, o sea, que no le gusta en demasía. – A ver, ¿y qué leñe pinta tu hermano el de los dardos por estos lares perdidos de diox que no salen ni en los mapas? Porque ya me dirás qué marcha va a haber en Fliápolis un martes por la tarde... –reflexiona Sarabaras, casi ausente. –Si fuera jueves, con la excusa de las farras universitarias y tal, las cogorzas, los bailoteos, una cosa lleva a la otra, aquí te pillo aquí te mato y al día siguiente si t'he visto pos no m'acuerdo. EsCupida se la queda mirando, con cara de no haber entendido nada. – Vale, son cosas de mortales, ¿qué leches vas a saber tú, que eres semirobot? – Oyesh, no te metas con mi padre que te voy a dar con los pechos fuera, ¿eh? – Bueno, déjate de genética y cuéntame qué tripa se l'ha roto al jachondo de tu hermano. – Pos nada, que resulta que mami, que como ya sabes es muy amiguita de Gabrielle, se enfadó con él un montón, un montón porque mami, que ya sabes cómo es, se quería ligar a noséqué tío importante de Grecia, ay, pero ¿cómo se llamaba? – Dame una pista, hija, que puede ser cualquiera... – No sé, tía, uno de tantos, es que pierdo la cuenta, entre mi madre que está coladísima por cualquier tío que la ronde y mi padre que se derrite por cualquier musa, ninfa u similá, estamos todos güenos. Y encima mi hermano dando por saco con el arquito y las flechas. Mira, el muy stúpido, lo que ha ido a hacer del rebote. ¿Sabes quiénes son Xena y Gabrielle? – Pos no, no me suenan de ná, de ná... –ironiza Sarabaras, mirando discretamente el reloj digital del salpicadero. Las tres y media de la madrugada, zulú. – Sí, mujer, que hacen una serie de televisión que la pasan en la Primera, que son mu majas, mu majas, ¿no las conoces? Sabaras enarca una ceja y aspira el Chester hasta casi dejarlo sin filtro. – Que sí, porras, que sé quiénes son, ¿quieres hacer el puñetero favor de explicarme lo que resta de historia? ¡Que llevamos trescientas páginas hablando de lo mismo, tía! – Ay, sí, a ver si se van a aburrir... Verás te explico. –EsCupida adopta una pose confidencial y se acerca un poco a Sarabaras, que se acerca a su vez preveniendo un tono de voz de cómplice. –POS RESULTA QUE MI HERMANO... – AYYYY, joder, ¿¡qué haces gritándome! ? –se queja Sarabaras, bajo la presión de 190 decibelios en su tímpano. – Jo, tía, pensaba que estabas sorda, como te acercabas tanto... Bueno, ¿te lo cuento o no? –a la mirada caústica de Sarabaras, EsCupida opta por hablar. –Pues no sé si habrás dado cuenta, pero mi hermano les ha tirado una flecha a las dos payas. – ¿Ah, sí? ¡Mira, como Karina! – No, éstas no son las que van contigo donde quiera que tu vas ni están entre tu pelo ni en tu forma de mirar, no son las flechas de amor para ti. Son flechas de... desamor–dice, bajando la voz. – ¿Desamor? ¡O sea que estaban liadas! ¡Ya lo sabía yo! ¡Si es que soy un lince! –exclama Sarabaras con autosuficiencia. – Tanto fan fic y tanta peich güeb no podía ser por casualidades de la vida, je! EsCupida suspira, meneando la cabeza mientras Sarabaras continúa su sapiente explicación sobre los indicios subtextuales en la serie, los capítulos de la tercera y cuarta temporada, la resurrección, algún spoiler que otro... – Cállate ya, m'estás dando mal de tarro, no hay que ser mu perspicaz pa darse cuenta de que tate, aquí hay tomate, o al menos había, porque ahora... –EsCupida mira hacia los dos lados, como si temiera que apareciera alguien... o algo, que no Argo–... ahora ellas dox estan en peligro. – ¿Por quéses?
  14. 14. – Pues porque llevan exactamente tres semanas con la flecha clavada en cierta parte de su anatomía que no debo revelar, y si dentro de 36 horas y me llevo una no ocurre un milagro, no se van a volver a amar nunca máx. –sentencia EsCupida, al más puro estilo Vivien Leigh en "Lo que el viento se llevó". Sarabaras siente una presión en el pecho, y los ojos se le llenan de lágrimas, mientras piensa en lo triste que puede llegar a ser dejar de ver subtexto entre líneas. Se acabarían los fan fices, las listas de correo, los foros de discusión... ¿Qué sería de Cruella? Una tristeza súbita le recorre la espina dorsal hasta darle en la colleja una ídem y reacciona. – Snif, snif, pero eso no puede pasar, –solloza como un bebé. –Ellas dos deben amarse hasta la muérete, que para eso les pagan... EsCupida suspira, mirando suspicazmente a Sarabaras. – Pero, querido Watson, recuerda quién les paga... V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m – ¿Quieres decir... quieres decir que ése pírro de Roberto Fiambrera   tiene algo que ver en todo esto? –Sarabaras abre mucho los ojos y le da un golpe al volante, con brío, como muy segura de sí misma. – ¡Claro! El señor Fiambrera s'ha puesto d'acuerdo con tu hermano pa desenamorar a estas dox criaturas, o al menos pa que s'eviten sesuarlmente, y entonces él lo tiene todo bajo control y hace de la serie lo que le da la gana. ¡Pero qué malvado es el señor Fiambrera! ¡Maldito gusano baboso asqueroso! Es capaz de matar a quien sea para hacer lo que le salga de los coj... – ¡Bravo, pequeña Remington Steel, has resuelto el caso! –palmea EsCupida, más contenta que un niño con un caramelo. – Y ahora, ¿qué piensas hacer? – ¿Cómo que qué pienso hacer? Llamar al 091 porque ¡hay fuego en el hostal! ¡Corre, EsCupida, vente p'allà que están estas dos allí arriba! –Sarabaras sale del coche y se dirige hacia el edificio que empieza a parecer un paquete de Ruffles a la barbacoa. – Joder, es que siempre igual corre p'allà, corre p'acà, que se me va a deshacer el peinado, tía... ¡Espera!   Escena de Great Balls Of Fire . Mientras ambas corren que se las pelan hacia el hostal, Sarabaras intenta marcar desde su móvil el número de los bomberos griegos y la policía helénica. Algo resuena en el ambiente... – ¿Pero quién leches está escuchando a Jerry Lee Lewis ahora? –se extraña Sarabaras, al reconocer un tema del cantante y pianista maldito. Al fin logra marcar los números. – ¿Oiga? ¿Es la policía?... Mecagüen san peo, ¡¿pos no están comunicando? ! –aúlla, alcanzando la parte del hostal donde están la pareja del año. –¡Gabrielle! ¡Gabrielle! Vale, vale, la otra también ¡Ejem! ¡Xena! ¿Andestáis? – Arf, arf... –bufa EsCupida, llegando donde Sarabaras, con el corazón en la mano. –Jo tía, arf... arf, uh! Menuda carrera t'has pegao... espera que recupero el pulso... – Será mejor que subamos, tía, esto s'está poniendo mu feo–apunta Sarabaras, oteando el horizonte. Algunos vecinos de Filiápolis se han llegado hasta el hostal y están empezando a formar una cadena de cubos de agua para paliar los efectos del devastador fuego que se apodera del hostal, consumiendo hasta los... – Cambia el registro, colega, que esto s'está poniendo mu seriote. –me aconseja Sarabaras Vale, a ver éste: Algunos vecinos de Filiápolis, los cuales venían de farra y muy borrachos de hidromielex, se acercan tambaleándose al hostal ya la ver un pequeño conato de incendio, empiezan a formar una conga, bailando al ritmo de Jerry Lee Lewis: you make me feel like greats balls of fire yeah! Uh! Sha la lá... great balls of fire Uh! – Bueno, tampoco te pases, a ver... – ¡¿Qué? ! –se escandaliza EsCupida. –¿Que quieres subir? ¿¡Pero no ves que esto se cae al suelo, tía! ? A mí no me harás subir, ni flowers, que nononononononono y no. Sarabaras pone una carita de por favor, por favor, por favor y aspira por la nariz cual perro faldero gimiente. – No me mires asín, que me sublevo, eh? Ay, que no me gimas en la cara, porfa... – Por favor, ven conmigo, si no subimos el fuego alcanzará su habitación... hoy por mí y mañana ya veremos... .
  15. 15. – Bueeeeeeeno, vale, pero lo haremos a "mi" manera. Apártate. – ¿Qué haces? – Me ví a transmutar, no puedes comprenderlo porque eres una simple mortal, pero por la gracia de mi madre y la gloria de mi padre en dos nanosegundos ante ti seré Afrodita Mazinger AZ, con capacidad de expulsar puños y pechos fuera y ciento noventa caballos de potencia alfa entre propulsión y retrocesos. –afirma EsCupida, poniendo los brazos en jarras. Ante la cara de susto de Sarabaras, añade:–Y lo mejor es que mediré treinta metros, con lo cual te ví a poder subir al piso tercero y me sobra, ¿valens? Sarabaras asiente, medio extrañada, mientras EsCupida se dispone a hacer la transmutación. – ¿Te importa girarte de espaldas mientras me cambio, por favor? V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m – Joder, menudo ataque de recato, a estas horas, ¡date prisa, leñe! –protesta Sarabaras, mientras se gira de espaldas hacia la negrura nígra de la noche. –¿Ya estás? – Nooooo... ¡Paciencia, que me falta la bota derecha! ¡Ñieeeeeeeec! ¡Ñiiiiiiiiic! ¡Ñoooooooc! Se oyen unos chirridos extraños, como a falta de tres en uno, y Sarabaras se pone muy nerviosa, tanto que le empieza a sudar la nariz y las manos a la vez. La sola idea de haber llegado demasiado tarde y no poder haber hecho nada la hace ponerse atómica, como cuando le hablan de los hombres. – Ya no aguanto más, me voy a dar la vuelta y como no estés... –Sarabaras voltea el cuerpo y no ve a EsCupida. –Oyesh, no es hora de ponerse a jugar al escondite, ¿andestás? – Nooo, estoy aquíiii arríiiba, mira hacia aríiiba–-se oye lejanamente, una voz metálica que entre todo el jolgorio de la conga no se puede ni entender. –Aquíiii, arríiiba... – ¡Coñe! ¿Cuántos petisuís te dieron a ti de pequeñaaaaaaaaa?  –Deja de hacer propaganda de queso fresco y súbete en mi poderosa mano que te llevo al tercero. –responde autoritaria EsCupida, digo, Afrodita Mazinger AZ, uf qué largo. Sarabaras se monta de un atlético salto en la mano del robot y comienza la ascensión. – ¡¡¡UUUUUUOOOOoooooooooAAAAAAAaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!–grita Sarabaras, cuando el robot la sube a la velocidad del torpído sesuarl hasta la tercera planta del hostal Royal Manzanares. – ¡Vale! Yastoy, para, ¡paraaaaaa! , no, pero así noooooooooo... ¡ouf! –Sarabaras se empotra contra la ventana de la habitación de Xena y Gabrielle como una mosca. – Uy, perdona, es que no puedo controlar mis megavoltios, ¿estás bien? – Fodo lo fien que fuefo eftar fin tref fientes... scup, scup, scup... –Sarabaras expulsa de su boca las tres muelas del juicio que casualmente le tenían que operar la semana que viene. –Vale, ahora rompe el cristal de la ventana cuando yo te loooooooo... ¡arg! – Ups, creí que ya habías dicho ya, ¿estás bien? –pregunta EsCupida asomándose a la ventana de la habitación de donde sale un espeso humo... ¿naranja? –¡Oish, qué humo más fashion! – Sí, sí, estoy bien, ahora tengo los poros algo abiertos y muchas pupitas, pero vale, estoy bien, aunque no veo nada, no veo un pijo, ¿Gabrielle? ¿Xena? –Sarabaras se ata a la boca uno de los camales de su pantalón multiusos para poder respirar y saca de su bolsillo transversal unas gafas muy molonas de visión nocturna. –¡Es cuando veo claro que no veo nada! ¡No están aquí, leñe, no las veo! – ¿Cómo que no están? ¿Has mirado en el lavabo? Oye, sólo es una idea, no me mires asín... ¡AU! – En el lavabo tampoco están, pero las cremas exfoliantesde Gabrielle sí que están aquí, maldita sea, esto es preocupante... Oye, ¿te pasa algo que te quejas tanto o es que te falta mucho tres en uno en alguna junta? – No lo sé, creo que algo me está golpeando la pierna repetidamente, AU!!!¡Otra vez! – Sácame de aquí que no veo nada de nada–pide Sarabaras, colocándose en el marco de la ventana. –¡Eh! ¡Que me bajes! ¡Oye!
  16. 16. – ¡Srrrrrrjkeeejlalkssssssssss! – A mí no me insultes y bájame, tía! – Me hanjjjjklllllllllllll tocadolkkkkkklsdkañslrfuñiiiiiesssssssca el talón de aquiles jusajddaserrrrrrreeesdaxxañññññññ... Me estoy hyjaaaaaeeeaajjjjjjjj transmutando automáticamente, como el Cruyff... . oishhhhhhhhhhjjjjjjjjglglglglglglgl... – Pero no me dejes aquí, cacho pírra, que me estoy quemando las partes nobles y esto ya me da caquita, pol tu mare! – JJJJJJjjjjjjjjjjjjkkkkkkkkkRáspido, súbete a mi manojjjjjjjjjjjj... V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m Sarabaras calcula rápidamente tres metros hasta la mano de la robot y tres segundos hasta que desaparecería de su vista. También calculó que de todas formas tenía todos los números para dejar esta vida y acogerse a la baja por defunción, así que gritó el primer nombre que le vino a la cabeza y saltó hacia el vacío. – ¡Asteriiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiix... ouf! ¿Pero es que siempre me tengo que empotrar con algo duro, diox mío? Veinte segundos después, se encontó con la respuesta: el duro suelo. – Scup! Ya lo dicen, que no hay tres sin cuatro... Adiós a la última muela del juicio... Ahora es cuando me vuelvo loca... Blblblblblblblblbl... – ¡Sarabaras! ¿Estás bien? ¿Te ha hecho daño este bichejo inmundo? –una voz familiar penetró en su tímpano izquierdo mientras sentía cómo la acogían entre dos senos estás, y no dejan aire, que respirar... – No, mami, ¿qué hay de merienda? Joooo, otra vez chorizo no... – Sarabaras, despierta, que soy Gabrielle, Sarabaras... Xena, que no quiere volver en sí misma, ¿qué hago? – Dale unas yoyas de ésas que les doy yo a los maleantes... y tú no te muevas, bichejo, que te doy una leche. –dice Xena, mirando a EsCupida, que está en el suelo, absolutamente grogui. – Gglglglglg... ¿qué hay de merienda, mami? No, jooo, otra vez frigo dedo no, que me oxido... glglglglg... – ¿Pero qué coñe dices? – Xena, trae un poco de agua, que Sarabaras no reacciona. ¿y si le hago el boca a boca? – ¡No! –exclama Xena, y recapacitando, rectifica. –Quiero decir, que ya traigo yo el agua, ahora mismo te traigo un cuenco... – Claro, porque el agua es una cosa que hay que tener en cuenco. –parlotea Sarabaras, cómodamente instalada en el seno de Gabrielle [Nota mental: Aquí debería ir una nota mental, pero no puído, no puído, jarl...]. – Despierta... – Mmmmm... –deja escapar Sarabaras. Luego abre los ojos y mira fijamente a Gabrielle, sin reconocerla. Y cuando la reconoce, lanza un grito y se levanta de un salto. –¿Gabrielle? ¡Gabrielle! ¿Eres tú? ¡Ah! ¿Estás viva? – ¡Y coleando! –acaba Gabrielle, riendo de su propia ocurrencia. –¿Estás mejor? – Pero, ¿cómo puede ser? Pero si yo... –aprovechándose vilmente de su estado, su subconsciente lujurioso se abalanza sobre Gabrielle y la abraza muy mucho. –Temía que t'hubiera pasao algo, pero estás bien, estás bien... Y cómo estás, de bien... En ese preciso instante, su imaginación las traslada a las playas de Mallorca, allí donde el sol es eterno y las olas del mar las golpean suavemente... o no tanto, Sarabaras siente un jarro de agua fría en el rostro que la hace reaccionar.
  17. 17. – Xena, ¡pero qué fina eres! –exclama Gabrielle, empapada de arriba a bajo. – Es que creí que necesitábais un poco de refresco en estos precisos momentos. -masculla Xena, sonriendo y mirando a Sarabaras con intención. –¿Estás mejor? – Yo sí, gracias, ahora me encogeré porque me has lavado con agua caliente, gracias. –y de repente, se le ocurre pensar en que había alguien más con ella en las últimas dos horas. –Leñe, ¡EsCupida! – ¡Lo que me faltaba! –exclama Xena, y se abalanza sobre Sarabaras, retorciéndole el pescuezo con saña. –¡Te quieres ligar a Gabrielle y encima me insultas! ¡Serás imbécil, maldita rata! ¡Te salvo de morir bajo las llamas y bajo el yugo de este monstruo de la naturaleza y así me pagas, insensata! ¡Te aplastaré el cerebellum! V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m – ¡Xena, déjala, que se está poniendo verde! –intercede Gabrielle. –Ah, no, ahora está de color berenjena... – Sí, que te crees que soy idiota. –espeta Xena, apretando más el delicado cuello de Sarabaras. –¡Pa soltarla estoy yo! – Pod favod, déjade ed descuezo y de lo ecsdlico dodo. –suplica Sarabaras, visualizando el túnel ante sus ojos. –Que be buero bucho... Xena la suelta porque su parte sensibilizada hace acto de aparición y se lo piensa dos veces antes de matar a la pobre salmantina experta en microinformática, que cae al suelo tosiendo como una cosaca. – Cof, cof, cof... mecagüen san peo, ¡por poco me ahogas! – ¿Oh, sí? Pues siento ese poco que te faltaba. – ¡Xena! Recuerda las enseñanzas de Eli Gibó, no debes matar a menos que sea malo, y Sarabaras intentaba salvarnos de las fauces de ese horrible fuego que "alguien" se ha inventado para darle vidilla a este fan fic, ejem, ejem... ¿Y por qué me miras así? Yo sólo soy una pobre fan ficera... – Por poco no te cargas a tu protagonista, ¿te parece poco? Mujer, no iba a dejar que Xena la matara, no ves que ya está bien, ¿eh? – Anda, pues es verdad, incluso le has cosido el pantalón que se había arrancado para protegerse del humo ése... ¿Has visto qué buena soy? – Cof, cof, deja a la autora que bastante tiene con lo de sus cervicales, que la están jorobando... –intercede por mí Sarabaras.– Aunque esto lo aclararemos después de que yo me explique, ¿está claro? ¡Vale ! [Nota mental: ¿El próximo vuelo hacia el Yukatán?] – A ver, discípula de Eros y Ares, explícate. –ruge Xena, amenazante. – Llamaba a EsCupida, que es esa masa informe que se retuerce en el suelo, que es hija de Afrodita y Mazinger Z y hermana de Cupido Capullo que está colaborando con Roberto Fiambrera para que tú... –y golpea a Xena en el peto con el dedo índice– ... y tú... –y golpea a Gabrielle en... el brazo derecho– ... os desenamoréis y así poder jorobar la serie un poco más. – ¿Qué? –exclaman al unísono las dos guerreras. – Que habéis intentado matar a una semirobot que intentaba ayudarme para intentar salvaros del fuego. ¡Great balls of fire, Uh, Ah, Sha la lá! – ¿Y esta conga? –inquiere Gabrielle, esquivando a los borrachos que vienen haciendo eses por el jardín.
  18. 18. – Y yo qué sé, otra de las ideas de la loca ésa que está detrás de la pantalla. –dice Sarabaras. Oye, un poco de respeto que soy tu madre. – Respeto los duevos. –me replica mi propia creación.– ¿Lo habéis entendido ahora? – Joder, pos lo siento, no sabía nada. –se disculpa Xena, acercándose a EsCupida, que intenta recomponer su peinado a la última si demasiado éxito.– Oye, Es... EsCupida, ¿no? – Ahora mismo creo que no... –repone EsCupida, levantándose con ayuda de Xena.– Así que tú eres la de los golpecitos en el taloncito, ¿no? – Je, je, pues sí, mira tú, jeje, he sido yo... – ¡¡¡PUES TE VAS A ENTERAR, MALDITA AJQUEROSA!!! V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m – ¡Gglglglglggl! Dasta, dasta, do be detuedzas la dariz que be duele! –suplica Xena, cayendo de rodillas. EsCupida la suelta. – QUE TE SIRVA DE LECCIÓN, CAPULLA. ¿Y TÚ CÓMO ESTÁS, SARABARAS? – Mejor estaría si bajaras el tono de tu voz, que mestás dando dolor de cabecha. – Lo siento, es que cuando empiezo a hablar en mayúsculas me da un jamacuco y me sublevo. – Vale, no pasa nada. A ver, ¿quién me explica ahora cómo es que estábais aquí abajo cuando deberíais haber estado allí ariba? –inquiere Sarabaras. – Uy, qué diver, parece un gag de Coco el de Barrio Sésamo. –ríe Gabrielle, con los brazos en jarras. – Mira, si no fuera porque estás tan regüena te daba un par de yoyas que te giraba las orejas. – dice Sarabaras.– ¿Qué qué ha pasao? ¿Xena? – Es que me olí que algo no andaba bian cuando subí a la habitación de Gabrielle y me la encontré leyendo el "Quémecuentas Edición Helénica", porque no suele leer cosas tan profundas a estas horas. –explica Xena, levantándose y hablando con un ligero toque nasal en la voz.– Entonces, ella me explicó noséqué cosa sobre Marujita Díaz y Carmina Ordóñez y comprendí que no era ella, sino una doble. – Ah, ¿pero las venden? –pregunta Sarabaras, enarcando una ceja. – Sí, en el Todo a Cien, no te joroba. – Ah, pues eso hay que arreglarlo, yo creo que Gabrielle vale mucho más. –interviene EsCupida. – Era una ironía, tía... a ver, sigue. –dice Sarabaras, apremiante. – Además, me preguntó que si tenía fuego y me pidió un cigarro, lo cual ya me pareció mu raro. –continúa Xena.– Entonces se lo dí y cuando se disponía a encendérselo le dí una palmada en el pitillo, que cayó al suelo y supongo que empezó el incendio, y la agarré por la cabecha y le retorcí el pescuezo, le apliqué los puntos de presión, cantó como un gallo, me dijo ánde estaba Gabrielle... – En el lavabo, atada al grifo de la ducha. –recordó Gabrielle. – Eso es, en el lavabo. Entonces la salvé, salté por la ventana gritando aiaiaiaiaiaiaiaia y caímos entre esos arbustox y nos quedamos allí aleladas hasta que oí un chirrido como de falta de tres en uno y comprendí que el monstruo podría ser la continuación de la trampa que nos querían tender a mí y a Gabrielle. –Xena bajó la cabecha.– Lo siento mucho, es que ya estoy harta de los trucos de Ares y pensé que esta vez había sido un pelín hortera y me había enviado a la doble de los Power Rangers... – Oyesh, un respeto, que tengo muy buena carrocería. –protesta con razón EsCupida. – Bueno, pues ya está tó arreglao, ¿no? –interviene Sarabaras. –Aunque la próxima vez que me quieras matar, convéncete de que he hecho algo malo, coñe. – ¿Te parece poco sobar a Gabrielle de esas maneras? –exclama Xena.– Quiero decir, vaaaale...
  19. 19. – Pues con esto y un bizcocho, vámonos pa Kosto. –sentencia Sarabaras. Pues nada, para Kosto. V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m Sigue -->
  20. 20. continuación...: Escena Vehicular, 2ª parte... Sarabaras se queda pensativa un momento, e intenta alejar de sí misma la imagen de Xena con los dedos en la nariz, que la distrae. – O sea, que ahora sabemos que tenéis ese mírame-y-no-me-toques por las flechas de Cupido Capullo. V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m – Pues vaya plan. Yo que pensaba que Xena era gilipollas, quiero decir, tontilla, por despreciar un cuerrrrrrrrrpo como éste y resulta que no, que en el fondo sí questoy güena. –suspira Gabrielle, muy aliviada.– ¿Y qué hacemos? – Pues en cuanto entremos en la taberna de Kosto me meto una hidromiel entre pecho y espalda y nos compramos una sandalias de jugar al baloncesto. –responde Sarabaras. – ¿Baloncesto? ¿Y eso? – Porque en Kosto se celebra un campeonato 3x3 dentro de los Juegos Olímpicos y nosotras vamos a participar. –dice Sarabaras, dejando esputefacta... estupefaciente... estufacta... la leche qué difícil es eso de hablar con propiedades... vamos, que Gabrielle se queda más flipada que PenéloPeeeeedro viendo a Ulises entrar por la puerta.   Escena Tabernera. – A ver, tres carajillos de hidromiel y un zumo de pomelo, ¡oído! – Pues menos mal que había zumito de pomelo, porque si no yo no voy p'adelante ni p'atràs. – dice entre bostezos EsCupida, mientras se prueba las sandalias Atenea Nike de color rosa que han adquirido en el Decathlon de la esquina. Las cuatro se encuentran sentadas en una tosca mesa pentagonal de la única taberna que hay en Kosto, concurridísima por los deportistas que participan en las Olimpíadas Helénicas. – Me quedan divis, divis, hasta pegan con mis pantalones de Leví Tico. –exclama EsCupida.– Bueno, me voy al lavabete a empolvarme la nariz, total, tampoco voy a hablar en todo este ratejo, pa eso me voy. Ale... me voy con mis sandalias a otras partes. Sarabaras observa las suyas, más sobrias y discretas. A las nueve de la mañana y tras un tráfico infernal no le apetece celebrar su compra. Han volado los dracmas que tenían reservados para alcohol y farra y le ha tocado explicarle a Xena lo de las flechas, así que está ojerosa, irritable y necesitada de cafeína y nicotina barata. Busca sus chesters y se enciende uno [Nota mental: mira, ¡como yo!] – ¿Cómo sabías lo de las Olimpíadas? –se interesa Gabrielle, pegando un sorbo a su carajillo y poniendo cara de hay-poco-azúcar.– ¡Bej, vaya mierda de cebada! – Esa boca, Gabrielle... –la reprende Xena, tomando ella también un sorbo.– Mecagüen San Peo, laostia qué malo está este puto café. Sarabaras encoge los hombros resignada a los tacos y echa otro sobrecito de azúcar al café. – En el principio del fan fice ya dije que me sonaba este pueblucho. –explica Sarabaras, tomando un poco de café.– Lo que quizá no expliqué es que mi tremenda forma atlética se debe a que juego al baloncesto en el equipo de mi pueblo y que soy aficionada a la espeleología. Y tampoco he dicho que sigo las Olimpíadas de la Ambigüedad por el canal de cable. Por eso sabía que se estaban celebrando aquí en lugar de Oh-limpia, que queda a unos cuarenta kilómetros de
  21. 21. Kosto. Se ve que ha habido malos rollos entre los vecinos y se han negado a organizar los Juegos esta edición, ya véis... – ¿Y qué tiene eso que ver con nosotras? –pregunta Xena.– A mí las sandalias ni fu ni fa que yo prefiero las katiuskas de cuero que son más sensis, pero en fin... Lo que no me explico es qué monas pintaremos jugando a baloncesto, con la de problemas que tenemos, entre ellos que nos corre prisilla cierto asunto de unas flechas clavadas en nuestras posaderas. Y qué malo es este café, joder. – Pero si fuiste tú la que propuso venir aquí, tía. –le recuerda Gabrielle, renunciando al mohoso café y buscando con la mirada en la barra algo más sustancioso que llevarse a la boca. Al fin descubre unos panquemaos y unos choricillos, y se dispone a ir a por ellos. V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m – Yo dije de venir aquí como podía haber dicho vámonos pa Corfu, lo que me interesaba era huir de aquel claro en el bosque y aquella haya y no ir donde las haya. –explicó Xena, mientras Gabrielle se levantaba a por los choricillos. – Pues diste en el clavo, porque aquí se va a reunir lo mejorcito y lo peorcito de toda la Grecia Helénica y parte del extranjero. –dice Sarabaras, sacando de su bolsillo un pasquín con las competiciones previstas.– Mira: carreras de cuádrigas, participantes: Boadicea, Ares, Tales de Mileto y los cuatro jinetes dels Apocalipo. Prueba del kilómetro con sacos, participantes: Callisto, José el Francés y Rocío Jurado. Salto de longitud en sentido diagonal, participantes: Niurka Gonzalbo, Homero, Safo la de Lesbis, Tamara... En fin, sólo son algunas de las perlas que van a rondar Kosto. Y no os he nombrado las pruebas de parchís, baloncesto 3x3 y gladiadores americanos, donde participa un viejo conocido: Roberto Fiambrera. Por si quieres darle de yoyas, Xena... – Mardito gusano, cuando lo pille lo estrangulo con las sandalias éstas horteras. –masculla Xena, mientras Gabrielle deja en la mesa un humeante plato de choricillos y pan para mojar y una ensalada mediterránea y tres panquemaos con chocolate y nueve cruasanes recién sacados del horno. – Anda, que no os he preguntado si queríais algo... Bueno, podéis picar si os viene de gusto. –ríe Gabrielle, empezando los choricillos. Sarabaras se devana los sesos buscando una solución al problema de las dos desenamoradas. Mira el reloj de la pared de la tasca: quedan 30 horas para que todo sea irreversible y se acabe el mundo de Xena-subtexto. Algo que tiene que impedir a toda costa. Juguetea con el sobrecito de azúcar, nerviosamente. Entonces se fija en la publicidad: "- Oráculo de Adolfos. - l ¿Tiene usted preocupaciones? Venga a nuestro centro y le atenderemos sin cita previa. ¡¡¡No deje que le amargue esa espinita que tiene clavada!!! [Precio máximo 1000 dracmas]" – ¡Ya tengo la solución, chavalinas! –exclama, sonriente, blandiendo el magreado papelillo. – ¿Ah, fi? Fanfásfico, forque afí fofremos falvarnos de la falfición fe las flechas. –habla Gabrielle con los choricillos entre los dientes. – Iremos al oráculo de Adolfos a preguntarle cómo debemos actuar. Así seguro que iremos sobre seguro, seguro. Pero antes debemos apuntarnos a la competición de baloncesto donde también participan el Fiambrera, Ares y Cupidillo el Capullín. Así mataremos dos pájaros de un tiro. – resuelve Sarabaras, interesándose al fin por los cruasanes. Después cambia el tono de voz por uno más grave y rudo.– Por que los mataremos, ¿verdad, Xena? – Fí, fí, fomo fe me llamo Fena de Anfífolis. –exclama Xena que mastica un panquemao, dando un sonoro golpe en la mesa, con decisión.  
  22. 22. Escena Inscriptiva... – ¿Tú que coño vas a ser griega llamándote Gabrielle? Te deberías llamar Helena, o Vesta, o Jroña, o si me apuras Sofía de Grecia, pero Gabrielle, que es un anglicanismo... – Se dice anglicismo. –corrije Gabrielle, muy atenta, al señor que apunta a los deportistas. – Como sea, que no te inscribo que no eres griega, que sólo juegan los griegos, leñe, hale, ¡otro! ¡Que hay cola! V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m – Mira, capull... Osea, insensato, –interviene Xena ante el apuntador de deportistas– como no pongas ahora mismo en ese pergamino el nombre de mi joven [y atracativa] ayudante, te voy a dar una soberana ristra de osti... osea, bofetadas, que vas a ver las estrellas. – Pero si es de día. – Pues por eso. – Mira, las reglas son las glglglglglglg, vade, vade, ya edscribo du dombreglglglgg, ¿Gdabdielglglglglg? Vade, ¿ahoda be sueltags, pod favod...? – Bueno, vale, porque ya te estabas poniendo morao, que si no aprieto max. – Recordad que hay que hacer un último entrenamiento y ofrendas a Zeur y que... vale, ya cierro el pico... –decide el apuntador a una mirada asesina de Xena, tocándose la parte del cuello que tenía antes alojada a la mano de la guerrera. Se dirige a Sarabaras.– ¿Tu nombre, por favor?   Escena por el Kosto Olímpico... Las cuatro olímpicas pasean por entre la gente congregada en un evento de la Ambigüedad Griega tan importante como los Juegos Olímpicos. Alrededor de la Anilla Olímpica, se concentran el mercado, los malabaristas, los deportistas haciendo ofrendas, los sumos sacerdotes de los templos de alrededor dedicados a los dioses protectores de los Juegos, las columnas de humo humeante de los sacrificios y hecatombes tradicionales, los puestos de palomitas, un par de concesionarios de cuádrigas... y unas cuarenta mil personas más. – Lo que no m'explico es qué tiene de raro mi nombre, si es más griego que Irene Papas... –se lamenta Gabrielle, anundándose a la muñeca la pulsera lila que la acredita como atleta. – Peor ha sido cuando ha mirado de arriba abajo a EsCupida y por poco no la deja entrar por falta de forma física adecuada. –replica Xena, sonriendo con sorna. –Menos mal que lo ha convencido con buenos "argumentos"... – Yo sé todo sobre la naturaleza humana. –contesta EsCupida, ufana.– No falla, les enseñas el muslamen y caen en tu juego en un plis plas plús. –acaba la frase chasqueando los dedos con garbo. – Bueno, la verdad es que Xena también ha hecho un buen trato con el cuello del apuntador. – Gabrielle ríe intentando imitar los movimientos de EsCupida.– Suerte que ya nos dejan participar a las mujeres en los Juegos, después de cuatrocientas olimpíadas ya era hora. Oye, ¿cómo puñetas has hecho lo de los dedos? Mientras, Xena hace un aparte con Sarabaras. – No te gires, pero creo que nos siguen. Sarabaras se gira inmediatamente por inercia y constata que un par de figuras humanoides con bigote disfrazados torpemente de majorettes las acechan. – Te dije que no te giraras. –le recrimina Xena. –Dame un segundo y acabo con ellos. –dice,
  23. 23. cogiendo el donuts que le cuelga de la cintura.– ¡Coño! ¡M'han robao el chakram! – Ya te dije que esto estaba lleno de gentuza. –replica Sarabaras, frunciendo el ceño.– No te preocupes, lo podremos recuperar del mercado nígro en cuanto volvamos del oráculo de Adolfos. – Bueno, entonces no me queda más remedio que repartir galletas con la espada que... ¡joder! ¡También m'han robao la Tizona! –exclama Xena extrayendo de la funda dorsal una barra de pan. – No, la tengo yo, ¿no t'acuerdas que la hemos pasao de incógnito? –y Sarabaras se saca de un bolsillo del pantalón la espada de Xena con un sonido metálico. – Tía, pareces la Mary Pompis... –dice Xena, agarrando su espada y deteniendo la marcha.– Vale, a la de tres nos giramos y les partimos la cabecha a las majorettes esas... . uno... dos... ¡y tres! V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m Gabrielle se aparta por los pelos del recorrido de la espada de Xena y la daga marca acme de Sarabaras que atacan a las majorettes con saña. Éstas, o sea, éstos, al verse descubiertos, se quitan las pelucas y dejan al descubierto sendas calvas sudorosas y brillantes mientras miran a las dos guerreras con los ojos brillantes. – Vais a morirrr, pírrrrras... –grita uno de ellos, blandiendo sus varitas de majorettes. – Anastasio, encárgate de la del pantalón multiusos, que yo me encargo de la princesa bollera... – Otra vez, macho, estoy hasta los ovarios de que me llaméis eso en público. –masculla Xena.– ¿Has rezado tus oraciones, calvorota? – De calvo nada, de frente despejada. – Pues a ver si te dejo el cuello despejado. ¡Quiáaaaaaaaaaa! ¡Chís, chás, potocrom, sssssssssssiu! La batalla es ardua. Mientras Sarabaras intenta detener las acometidas del tal Anastasio, Xena desarma al otro calvo en tres movimientos. – ¡Ajá! ¡Touché! Ríndete y dile al otro calvo que deje de jugar con la varita o te rebano los pelos de la barba sin espuma de afeitar. –amenaza Xena, apuntando al cuello del primer calvo. – Mierda... Anastasio, deja de hacer movimientos dobles, que m'ha ganao. – Joder, Aurelio, si es que eres un torpe, tenía que haberme encargado yo de... ¡ouch! – Sarabaras le da un golpe en la frente con la empuñadura de la daga y Anastasio cae al suelo pesadamente, medio alelado. Aurelio se ríe de la metedura de pata de su compañero desde el suelo. – Ja, ja, ja, vaya imbécil estás hecho, Anastasio, ja, ja, ja... ui, perdona, es verdad, que estaba hablando contigo, Xena, jejeje... –el tono de su voz cambia cuando siente una ligera presión sobre su cuello. – A ver, Gabrielle, tráete pacá a ti mesma que vamos a interrogar a este tragaldabas. Y por l'amor de Zeux, calvo los duevos, quítate esa falda de majorette que me das mal de ojos... Gabrielle se pone al ladito del calvo y lo mira sin pestañear con el ceño fruncido. – Anastasio, ¿verdad? – Er... sí, Anastasio de Ítaca-taca. – Ítaca-taca, ¿eh? ¿Conoces a Ulises? ¡Contesta, calvo! – Que no soy calvo, que tengo la... . está bien, soy calvo, y sí que conozco a Ulises, ¿por qué? – ¿Sabes quién le enseñó a tirar el arco con flechas con tanta maestría? – Su padre, claro... – Pues no, fui yo, por correspondencia, así que si no quieres que te clave unas flechas en la rabadilla, dime ahora mesmo, memo, quién te ha enviado, por qué leches, y qué desodorante gastas, pa aconsejarte que lo cambies, que apestas. –masculla Gabrielle, de muy mala leche.
  24. 24. Xena sonríe, orgullosa y Sarabaras hace un gesto de admiración mientras EsCupida aplaude la maestría de Gabrielle al notar el hedor asqueroso a Royal Ambree que traía el hombre. – Me envía un señor de la guerra mediática para que acabe con vosotras y no podáis crear más foros en internet de contenido molesto. Y no. – ¿No qué? – No gasto desodorante, me gusta oler a macho. Gabrielle mira hacia el cielo mientras le suelta una galleta en la cara que deja turulato al calvo. Xena se guarda la espada en la espalda –o se guarda la espalda con la espada– y pone los brazos en jarras. V E FA R ht N SI ht tp FI ÓN tp :// C V E O :// O N R vo . IG co E .h S IN ol sa P A AL .e te Ñ s c O , a. L co m – Será cabroncete el jodido Robertito Fiambrera... Me lo ví a tener que ligar pa que me deje en pax... – Hay que ver la de gente que pulula por aquí, –nota EsCupida, mirando alrededor de ellas la marabunta olímpica.– y me extraña que no hayan venío los policeros pa... – Quietas, señoritas, no se muevan más de lo necesario. –se oye una voz a sus espaldas. Las cuatro se giran por inercia y descubren a un policero griego vestido con la túnica azulmarino de servicio y las gafas de sol a lo Magnum. Las apunta con un arco de mano cargado con cuatro flechas– Soy el agente Coxis, ¿tienen la bondad de acompañarme a la comisaría de la polis-cía, por favor? – Xenaaaa, ¿me dejas? Vaaaaa... –implora Gabrielle, juntando las manos en señal de súplica. Xena asiente cruzando los brazos sobre el pecho. El agente Coxis la mira extrañado mientras la rubia se le acerca con el puño alzado, y lo último que ve es un enjambre de gorriones cantando pajaritos por aquí pajaritos por allá antes de perder el conocimiento.   Escena Oraculosa... Las cuatro de Calatrava se plantan ante una cochambrosa pocilga situada en medio de los templos dedicados a los dioses protectores de los juegos. Los templos han sido construídos en porexpán para no aumentar el presupuesto de la serie, y quedan algo oblícuos por la acción de la brisilla que corre por el Kosto Olímpico. Pero la casucha de feria que tienen delante contrasta con la supuesta magnificiencia de los templos adosados. – ¿Se supone que es aquí ande vamos a solucionar el problemilla? –se extraña Xena, no muy convencida de los efectos positivos de la visita al oráculo. – Mujer, más vale esta mierda que nada, digo yo... –se resigna Sarabaras, llamando al timbre. Un rótulo luminoso se enciende indicándoles que está ocupado. –Joder, seguro que ahora tardamos la leche en entrar. Son las once... EsCupida, sería bueno que te quedaras fuera para vigilar la entrada. – No hace falta que me lo repitas, yo ahí dentro no entro ni p'atrás, que da asquito sólo de ver la alfombra hortera del suelo: "Hola", no soporto esas alfombras del Ikea, aj... – Eres más estirada que el pelo de Espinete, coñe. –la reprende Gabrielle, mirando la alfombra. –Es una manera de dar la bienvenida aunque sea de todo a cien, no te lo tomes tan a pecho. Además, lo que nos interesa está dentro. – Todo sea por toda la comunidad xenite... –suspira Xena, sentándose en una piedra. Aprovecha para afilarse la espada y comerse un cacho del donuts por el que le han cambiado el chakram.– Como pille al desgraciado que me lo ha robao, lostrangulo. – Bueno, pues nada, me voy a vigilar el paraje a ver si me encuentro con mami y le pido pasta para comprarme unas túnicas que he visto al entrar. –resuelve EsCupida, sacando el móvil para

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