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No hay fin que valga de Anónimo

No hay fin que valga de bardo Anónimo

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No hay fin que valga de Anónimo

  1. 1. Se recomienda leer las renuncias o disclaimers. Gracias. La Princesa y La Golondrina de El Kender V FA ER ht N SI tp FI Ó :// C N V E O O N R .c E IG os S IN P at A A ec Ñ L, O a. L co m Renuncias: y esas cosas: Los personajes de Xena y Gabrielle pertenecen a Studios USA, creo. En cualquier caso, no se han utilizado con intención de obtener ningún beneficio, pero sí con la idea de que sus creadores, actrices y artífices, se enteren de la cantidad de fans a los que su final ha dejado desolados y destrozados. Probablemente no sirva de nada puesto que ni les importa, ni hablarán español, pero ahí queda eso. En cuanto al subtexto... pues yo diría que no... porque en mi modesta opinión, a estas alturas de la copla, ya todo está clarísimo. Así que de “sub” nada, todo está bien clarito: son pareja, no le demos más vueltas. Ahora bien, si esta idea de la relación entre Xena y Gabrielle pues te resulta molesta, o incluso insoportable, pues estás en el sitio equivocado y deberías ir a leer otra cosa (por ejemplo, alguna novela de Barbara Cartland o de Arturo Pérez-Reverte). ¿Sexo?... Lo siento, pero no. En esta historia no. Si me animo a seguir con esto de escribir cosas de estas, quizá me atreva, pero en esta ocasión lo he dejado pasar. Tampoco era necesario. ¿Lenguaje subido de tono? ¿Palabros malsonantes? Bah, nada que merezca la pena tener en cuenta. Pero... ¡atención! Lo que sí hay son spoilers del episodio final de nuestra serie favorita. Así que si todavía tienes la suerte de ser virgen en la materia ¡largo de aquí, pero YA! Te lo digo por tu propio bien. Y ya acabo... Esta historia tan cortita se ha escrito con la intención de curar un corazón hecho pedacitos tras ver el doble episodio final. Necesitaba hacer algo para borrar o al menos, suavizar, la amargura que me había dejado. Ahora que estas nuevas imágenes ocupan mi cabeza me siento mucho mejor, aunque creo que tardaré mucho en perdonar a los responsables de tal burrada. Ha quedado un poco cursi, pero ¿qué se le va a hacer si así somos en el fondo? Clasificación: Autora: Anónimo?? N O H A Y F I N Q U E V A L G A . El sol casi se había puesto... Pero había llegado a tiempo. Había recuperado las cenizas de Xena a tiempo y ahora volvería con ella. Gabrielle se dispuso a echarlas en la Fuente del Monte Fuji. Destapó la urna cuidadosamente y sonrió. Imaginó el polvo gris derramándose sobre el agua cristalina. Imaginó cómo sería tener de nuevo a su guerrera en carne y hueso. Ahora que todo había terminado, que Yodoshi había sido destruido y las cuarenta mil almas liberadas, podrían regresar a Grecia, juntas, como siempre. Sintió como todo el dolor y la angustia de los últimos días empezaba a disiparse. De pronto, una mano la detuvo. Con la sonrisa aún en los labios, se volvió y vio que era Xena quien le impedía tirar las cenizas. —No, Gabrielle. —Xena —susurró. —No —repitió la guerrera. —Xena… el sol se está poniendo. Tengo que devolverte a la vida—. Sintió que una mano helada le apretaba el corazón. No quedaba tiempo para esto. —No… no si eso significa condenar las almas de los cuarenta mil que se quemaron en Higuchi —respondió Xena. —¿Esas almas no están liberadas? —preguntó Gabrielle perpleja.
  2. 2. —Están libres del alcance de Yodoshi... Akemi no quiso decírmelo por si no regresaba a ayudarla, pero para que esas almas puedan alcanzar un estado de gracia, tienen que ser vengadas. Tengo que quedarme aquí. No puedo volver. —Pero si te devuelvo a la vida… —Esas almas se perderán para siempre. —Pero Xena… esto no es justo...—se giró dándole la espalda. No pudo reprimir un sollozo:— Me da igual. Tú eres lo único que me importa —dijo volviéndose hacia ella. —¿No te das cuenta de lo mucho que me gustaría dejarte hacerlo? Pero si hay una razón para nuestros viajes juntas... es que tenía que aprender de ti... lo suficiente para saber hacer lo correcto, lo bueno, lo definitivo. No puedo volver. No puedo. Gabrielle se dio la vuelta y se dejó caer pesadamente sobre el borde la fuente, sentándose. El sol iba a desaparecer, era cuestión de minutos... tal vez de segundos. Se sentía desolada, no podía ser, algo no encajaba. No tenía sentido. ¿Por qué ahora todo esto? Notó como Xena se sentaba a su lado. —Te quiero Xena. ¿Cómo voy a seguir sin ti? V FA ER ht N SI tp FI Ó :// C N V E O O N R .c E IG os S IN P at A A ec Ñ L, O a. L co m —Siempre estaré contigo, Gabrielle. —Hizo una pausa —: Siempre. —¡No!— Gabrielle, furiosa, se levantó de un salto y dándose media vuelta vació la urna en la fuente antes de que Xena pudiera detenerla. Las cenizas se mezclaron con el agua transparente. El tiempo se detuvo lo que pareció una eternidad, pero solo fue la fracción de segundo que dura un latido del corazón. El sol se paralizó en el horizonte mientras el espíritu de Xena desaparecía, como disolviéndose en el aire, no sin antes dirigir una mirada de asombro hacia Gabrielle. Los ojos verdes del bardo miraron encendidos hacia la fuente y lo que estaba ocurriendo en su interior. Las cenizas parecieron tomar forma y surgir del agua como si algo hubiera estallado desde dentro. La forma en un principio grisácea, comenzó a definirse y a adquirir color y textura. La imagen de su princesa guerrera apareció ante ella. —Xena —susurró. Notó como las lágrimas acudían a sus ojos y corrían por sus mejillas. Por muy enfadada que estuviese con ella, no pudo por menos que sentir que un enorme peso se liberaba de su corazón, y que la mano helada que lo había estado atenazando desaparecía, dejando en su lugar una dulce calidez que podía identificar con el profundo amor que sentía por la guerrera. Xena había vuelto a cobrar vida y su poderosa figura se erguía sobre la fuente, casi como retando al mundo frente a ella como siempre había hecho. Sin embargo, parecía desconcertada. Algo no había salido según lo planeado. Saltó al suelo junto a Gabrielle. El bardo se echó sobre ella, abrazándola con todo su corazón. Xena, se dejó abrazar y pasados unos instantes se retiró y agarrándola con suavidad por los brazos, la miró. —Gabrielle, ¿qué has hecho? —preguntó con dulzura no exenta de cierta dureza. Gabrielle notó como la rabia que se había ido apaciguando con el abrazo, volvía a surgir esta vez con más violencia si cabe. —Que ¿qué he hecho?... Que ¿qué he hecho? —gritó furiosa y golpeó a Xena en el pecho con los puños—. Lo que tenía que hacer. Ni más ni menos. —Pero Gabrielle, ¿qué pasará ahora con las almas de los que perecieron en Higuchi? ¿De qué servirá ahora el sacrificio? —preguntó Xena intentando calmar a la furiosa rubita. Gabrielle la empujó para liberarse de su agarre y continuó en el mismo tono. —Xena, por favor, no me vengas con historias que ni tú misma te crees. Por todos los dioses ¡tú no eres responsable de esas muertes! Por una vez no lo eres... y lo sabes —Gabrielle respiró hondo e intentó recobrar la calma y la capacidad de razonar. Comprender lo que había detrás de la determinación de Xena de no volver a la vida, la había enfurecido más allá de las palabras. —Creía que habíamos resuelto hacía tiempo toda esa mierda de pagar por tus crímenes. Creía que por fin te habías convencido de que la única manera de compensar tu pasado era haciendo todo el bien posible... en vida. Luchando por la justicia y protegiendo a los más débiles. ¿A qué viene todo esto ahora? —Pero alguien tiene que responder por aquellos hechos —replicó Xena. —Puede que sí, pero no precisamente tú —sintió la rabia quemándole las mejillas e hizo una pausa —. En todo caso esa niñata manipuladora a la que pareces estar tan apegada. —¿Akemi? —Xena pareció sorprendida. —Pues claro, Akemi, ¿quién si no? —entrecerró los ojos mirando a Xena, estudiándola—. Xena, estás hablando conmigo ¿a quién quieres engañar? —Pero Gabrielle... —intentó defenderse la guerrera. —Pero nada, Xena —cortó Gabrielle—. Te utilizó, te engañó, y te dejó tirada con el corazón destrozado. Y ella fue la causante de aquella noche en Higuchi... No, no digas que no —hizo un gesto con la mano indicando a la guerrera que se callase. Xena no movió los labios. —Estoy segura de que eres consciente de ello —continuó la rubia—. Por eso no entiendo este empeño en pagar por lo que no te corresponde. ¿Quizá hay algo más que no me has contado?
  3. 3. Xena levantó la mirada que había mantenido fija en la punta de sus botas mientras absorbía las palabras de su bardo. —Gabrielle, verás... —comenzó despacio—. Si te lo hubiera contado todo, me lo habrías impedido y no podía permitirlo. Yo... —No sé cuantas veces he oído eso a lo largo de todos estos años —bufó entre dientes—. No sé si te lo hubiera impedido, pero de lo que estoy segura es de que te habría obligado a decirme la verdad. Y ahora vas a hacerlo. Vas a enfrentarte a mí y mirándome a los ojos me vas a contar lo que hay detrás de todo esto. Akemi sabía que sólo se podía acabar con Yodoshi siendo un espíritu y te mandó a buscar. Sabía que alguien tenía que pagar por la muerte de esas cuarenta mil personas permaneciendo como un espíritu en su lugar y te pidió ayuda a ti...Curiosamente, ella también era un espíritu... y bastante más culpable que tú de todo aquello... Y ha vuelto a hacerlo. Ha vuelto a utilizarte y a engañarte. Y lo peor es que esta vez las consecuencias las tengo que sufrir yo... Y lo siento, Xena, pero yo no voy a colaborar. —Gabrielle —interrumpió Xena—, no es lo que parece. V FA ER ht N SI tp FI Ó :// C N V E O O N R .c E IG os S IN P at A A ec Ñ L, O a. L co m —¿Ah, no? —sintió otra vez toda la furia hirviendo en su interior—. ¿Ella sabía todo esto, dejó que te implicaras y no es lo que parece? Por favor, Xena, ya basta. Para que Akemi pudiera tenerte a su lado, YO tenía que hacer el sacrificio renunciando a ti. Y la única manera de que funcionara era hablándome del bien supremo, de hacer lo correcto y diciéndome que era lo que habías aprendido de mí. Sabías que de esa forma no sería capaz de detenerte ni de intentar convencerte para que cambiaras de opinión... —hizo una pausa para recobrar el aliento y serenarse—. Pero yo también he aprendido en estos años, Xena. He aprendido a escuchar más allá de los sonidos y más allá de las palabras—. Xena la miraba boquiabierta. Gabrielle levantó la vista y la miró a los ojos. Unos ojos más verdes que nunca, llenos de fuerza y determinación, se clavaron en ella, y algo en su interior pareció tambalearse. La sombra de una duda y de un terrible error brotó en su corazón. —Si lo que quieres es quedarte con Akemi —continuó Gabrielle en un tono menos frío de lo que hubiera querido—, hazlo, pero no me mientas. No es propio de ti. No intentes que sea yo la que renuncie a ti, sólo para que me vaya pensando lo noble que eres. Podría resultar convincente si no te conociera como te conozco, y si no fuera capaz de interpretar las señales a mi alrededor. Mírame a los ojos y atrévete a decirme que prefieres quedarte con ella a pesar de todo, y después tírate por un barranco o lo que te parezca —se detuvo un momento. Empezaba a estar exhausta—. O pídele ayuda. Seguro que a su mente retorcida se le ocurren mil maneras de hacerte volver al mundo de los espíritus para dejarte ser su perrito faldero por toda la eternidad—. Ahora las lágrimas amenazaban con volver a ahogarla, las sintió deslizarse por sus mejillas —. Xena —siguió entrecortadamente—, sabías desde el principio que no ibas a volver, y me estuviste engañando con la excusa de protegerme. Mierda, para lo que te conviene todavía soy la niñita esa que encontraste en Potedaia. Pensaba que ya habíamos superado todo eso—. Se secó los ojos con la manga del kimono. Xena levantó una mano para detenerla y poder explicarse. Pero ¿qué iba a decir? Tras esto solo le quedaba la verdad... y era muy duro. Enfrentarse a la otra mitad de su alma, era lo más doloroso que iba a tener que hacer en prácticamente toda su vida. No sabía qué le había pasado, pero algo la había arrastrado a actuar así. Y había engañado a Gabrielle... Otras veces le había ocultado la verdad de sus intenciones para protegerla, pero esta vez era diferente. Si miraba en el fondo de su corazón, se tenía que dar cuenta de que la motivación era bien otra. Gabrielle tenía razón, una vez más Akemi la había utilizado y la había engañado. Y ella había caído. “Por los dioses ¿qué he hecho? ¿Cómo he podido ser tan estúpida?” Puso una mano en el hombro de Gabrielle e inspiró profundamente. —Gabrielle, escucha... —¿Qué? —el bardo la hizo callar apartándole la mano de su hombro—. No, no me digas nada ahora. No podría soportarlo. Piensa en todo esto, piensa en Akemi, piensa en ti... piensa en mí... Despacio... Después dime lo que tengas que decirme, y procura que salga de tu corazón. Solo así sabré que eres tú de nuevo. Gabrielle dio media vuelta para marcharse. Avanzó un paso y se volvió de nuevo. —Creo que esto es tuyo —dejó caer el chakram a los pies de Xena, y continuó la marcha con pasos rápidos. En un instante, Xena supo que no podía dejar que se marchara así, aunque no fuera su última oportunidad. Tenía que demostrarle que sabía que se había equivocado, que era ella con quien quería pasar la eternidad. Que no podía ser otra más que ella. Que había sido una idiota, y que, como siempre, la había subestimado. Rápidamente se lanzó hacia el bardo que se alejaba, y de un salto se colocó detrás de ella. La abrazó para evitar que siguiera caminando y alejándose, y mantuvo firmemente su espalda contra su propio pecho. Apoyó la barbilla sobre su cabeza rubia y cerró los ojos. —Gracias Gabrielle —musitó —, gracias. —¿Por qué? Si puede saberse —su cuerpo se tensó bajo el abrazo de Xena, las lágrimas otra vez a punto de escapársele. —Una vez más me has salvado —Xena suspiró —. Gracias a ti he podido comprender el error que estaba cometiendo —. Abrió los ojos y depósito un beso suave sobre el pelo rubio. —Perdóname. Por favor. Te quiero y eres tú con quien quiero quedarme— Apoyó la mejilla sobre su cabeza —. Por favor, perdóname. Sé que esto no son más que palabras pero prometo pasar la eternidad compensándote. Gabrielle se volvió. No necesitaba nada más para perdonarla. Xena se quedaba con ella y era suficiente. La abrazó
  4. 4. con fuerza y esta vez dejó que las lágrimas fluyeran libres, mojando el pecho de la guerrera, y eliminando de su corazón el miedo y la angustia acumulados. —¿Volvemos a casa?—preguntó levantando la mirada hacia la guerrera después de un rato. Xena asintió y se inclinó para besarla. —¿Dónde irías tú? —¡Hey! —protestó —. No me vengas ahora con eso. Nada de “¿Tú que harías Gabrielle?”. Dejemos que las cosas vuelvan a ser como siempre ¿vale? Tú decides y yo protesto —sonrió—. Y ahora dame ese beso que tus ojos me están prometiendo. Xena sonrió también y volvió a inclinarse hacia ella, esta vez sin detenerse hasta alcanzar sus labios y una vez allí, perdiéndose en la dulzura de la otra mitad de su alma. * V FA ER ht N SI tp FI Ó :// C N V E O O N R .c E IG os S IN P at A A ec Ñ L, O a. L co m Maripuri apagó el video y sonrió con satisfacción. Se secó los ojos una vez más y echó una mirada al montón de kleenex empapados que había ido acumulando mientras veía el episodio final de su serie favorita de todos los tiempos. —Puff... —suspiró profundamente—. Esta vez sí que nos has hecho sufrir Tapert. Por un momento llegué a pensar que nos ibas a dejar a Xena muerta y a la Gabby sola y hablando con su fantasma. Menos mal que no ha sido así, me hubiera dado un ataque. Muy buen final, ¡sí señor! Ay... —nuevo suspiro—, hacen tan buena pareja. ¡Y por fin un beso de verdad, sin excusas de nada! FIN TU OPINIÓN EN EL FORO  

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