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Corazon contaminado de Elora Dana Xenagab

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Corazon contaminado de Elora Dana Xenagab

  1. 1. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - I CORAZÓN CONTAMINADO. Autora: Elora Dana Xenagab Capítulo I: "Todo ocurre por alguna razón". VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L La Marca de Asphodel estaba gobernada por un endiablado conde, que descendía de una no menos endemoniada estirpe de panzudos y torpes guerreros, de ojos glaucos y pelo rojizo y polvoriento. Este conde tenía por nombre el de Valkin II, sucesor de Valkin I. Su padre, que había sido un guerrero audaz, capaz de soportar altas y bajas temperaturas, aunque carecía de toda sabia conducta en lo que no se refiriese al arte de batallar. Soberbio como el que más, lujurioso y perverso, capaz de cualquier bellaquería, tunante, imprudente, pérfido, odioso y ruin, era un animal más que un hombre. Se le temía más por sus misteriosos cambios de humor que por su aparente crueldad, ya conocida por todos. Su hijo, al que a continuación describiremos más detalladamente, le había temido tanto o más que los cortesanos que le rodeaban, incluso en algún momento, quizás cuando veía a su padre cortar cabezas o realizar uno de sus virulentos sacrificios, llegó a odiarle, al mismo tiempo que la admiración amarga se apoderaba de él. El conde, que había sucedido a su padre, como hijo legítimo que era, se había criado en la torre Norte del Castillo, allí no había aprendido más que  el arte de la guerra desde que tuvo edad para sostener una espada, y carecía, por tanto, como su padre, de todo resquicio de sabiduría o habilidad en las letras. Era igualmente malvado y los años de admiración hacia su padre hicieron tanta mella en su débil corazón que se fue convirtiendo en un monstruo, sediento de sangre, vil y malévolo, en el que la ausencia de todo dulce o benévolo sentimiento era un hecho. Esta sed de sangre le había llevado al punto de intentar conquistar las marcas de los alrededores, empresa que además de no traerle ningún resultado ni beneficio, le privó de gran parte de su ejército y lo llevó a la ruina. Al Norte de su ya viejo y mugriento castillo se alzaba el gran palacio del rey. Un rey que, si bien tampoco era muy lúcido en lo que se refiere a la técnica de pensar, no era ni mucho menos cruel o malvado, como lo eran sus vecinos… Acostumbrado a la buena vida, pocas veces había sostenido un arma en sus manos, como cualquiera podía averiguar por la ausencia de asperezas y llagas en ellas. Si bien era soberbio y vanidoso como cualquier rey que se preciara, tenía poca personalidad, y era fácil de manipular y de tratar… No era apenas temido, más bien era respetado y querido en todo el reino, excepto por Valkin, que si en apariencia intentaba agasajar y acomodar al rey en todo, a cubierto buscaba la forma de deshacerse de él o de manipularlo a su antojo para así poder tener en un puño las marcas enemigas. De esta forma y aunque su reino estaba sumido en la decadencia, desprovisto de todo recurso económico, su ejército llegó a ser el más numeroso de todo el reino, gracias al consejero del rey, un tal Turno, que confabulado con el odiado conde, había puesto al ejército del rey de parte de Valkin para que luchasen a su lado por un reino mejor administrado y mayor, donde se les prometió puestos y honores. El rey, ausente de todo mal, confiado y despreocupado, pasaba los días ocioso, desprevenido. Tenía el rey tres hijos, dos varones y una hermosa niñita, que era la frescura del palacio. El mayor de los varones era alto, desgarbado, hábil en el manejo de las armas, inteligente estratega pero, al igual que su padre, carente de sabias decisiones o pensamientos y poco amable a la vista ya que también había heredado la fealdad que caracterizara a su abuelo y a su padre. Como primer y legítimo hijo, estaba destinado a ser rey. Por su parte, el más pequeño se mostraba poco interesado en las armas y en todo lo que tuviese que ver con la guerra. Era bastante delicado y escrupuloso, pasaba las horas muertas recorriendo los bosques o los jardines, sumido en la más absoluta tristeza. La única habilidad de la que podía mofarse era su gran maestría para entender el lenguaje de los pájaros, además de su belleza que más que una habilidad era una bendición, herencia de su raíz materna. El último lugar lo ocupaba una hermosa niña de pelo rubio y ojos verdes glaucos, refulgentes como la esmeralda, llenos de viveza e ilusión. Esta belleza era el legado de su madre, una jovencísima mujer que tuvo que contraer matrimonio con el rey a pesar de no estar enamorada de él, aunque después de todo le tomó cariño por tratarse de un hombre bondadoso y benévolo. Esta amada reina murió al nacer la última de sus criaturas, pues hubo algunas complicaciones en el parto. La tristeza que tanto el rey como sus dos hijos varones sintieron al perder a su adorada madre, fue suplantada poco a poco por la alegría que la dulce niñita traía a sus vidas. Había en el castillo un viejo hechicero que hacía de tutor para los dos hijos varones del rey. Este viejo sabio descubrió que la pequeña niña, escondida en uno u otro rincón, escuchaba una por una las lecciones que con mucho ahínco intentaba meter en las mentes de sus distraídos hermanos, uno pensando en armas y guerras, el otro en pájaros y en otras cosas de más misterio. De modo que, a espaldas de su encariñado padre, la niña se iba nutriendo de más y más sabios pensamientos y su sabiduría, ya grande de por sí, iba creciendo el doble que su estatura. Contaba la pequeña Talti con tan sólo 6 años y una inteligencia superior a la de cualquier cortesano, cuando el conde Valkin, que por entonces ya pasaba de los 30 años, se apoderó del reino, matando a sangre fría al mayor de los hijos del rey, y cortándoles la cabeza al pequeño y a su padre. Éste era su castigo preferido… Talti, que fue testigo de aquella masacre para su familia, se juró a sí misma que no quedarían sin venganza. Ella, por otro lado, había sido ignorada, pues una niña de su edad aparentemente no era peligrosa y quizás algún alma file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/1a.htm[20/03/2013 20:45:36]
  2. 2. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - I compasiva se apiadó de la suya. Turno la llevó a presencia del que ahora era el rey para que éste decidiera cuál iba a ser su destino. Les acompañaba también el viejo hechicero, al que Turno había perdonado la vida por considerarlo útil debido a su sabiduría y sus dotes como médico. El rey se encandiló de los hermosos ojos de la niña, pero por su poca edad y poco desarrollado cuerpo estimó que debía esperar algún tiempo para hacerla su concubina. De este modo mandó que le dieran alojamiento en la torre del sur, que lindaba con un amplio mar que se abría al horizonte y se confundía a los lejos con el azul del cielo. En cuanto al viejo hechicero, fue respetado y se le dio también alojamiento cerca de la pequeña princesa, para que llevara acabo sus ciencias y los experimentos que considerara necesarios. No obstante se le advirtió que toda magia o brujería estaba totalmente prohibida, bajo pena de muerte. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L Capítulo II: "Una búsqueda sin término". Una vez coronado rey con honores y de forma oficial, Valkin se dispuso a aumentar los dominios de su nuevo reino. Instigado por la ambición puso sus esperanzas en las tierras del Este, donde la amplia estepa se extendía. De allí solían aparecer, como por arte de magia, misteriosos jinetes cabalgando a la puesta del sol. Estos desconocidos jinetes, semejantes a centauros, puesto que sus cuerpos se confundían en uno solo con las figuras de sus oscuros y ligeros caballos, llevaban a cabo con asiduidad inesperadas y salvajes incursiones en el reino de Valkin. El rey, cegado por el odio y la repugnancia hacia estas misteriosas apariciones, y a la vez admirado del misterio y el enigma de la tierra de la que procedían, forjó en su basta vida la ansiada necesidad de dominar esa tierra y a sus negros jinetes. Con este empeñó, Valkin encomendó a Turno el cuidado y la administración del reino mientras estuviese ausente, en aquellas turbias batallas que debía ejecutar. También a su cargo quedaron cada uno de los cortesanos y habitantes de aquel gran palacio, que no veían con confianza la lealtad de Turno hacia el rey. No obstante, el rey no prestaba atención a banalidades de esta clase y únicamente tenía ojos para mirar al Este, a la gran llanura que se extendía ante él. El rey se adentró con su ejército en aquella inmensidad desconocida, en aquel olvido, y aunque muchos años tardaron en localizarlos, finalmente descubrieron que los que parecían guerreros forjados y valientes, no eran sino hordas salvajes que montaban a lomos de sus caballos en busca de alimentos, o con la sola idea de dar a respetar su basto territorio. Hallaron que estos animales salvajes vivían en cabañas poco elaboradas o simplemente al resguardo de cuevas, libres de todo dominio exterior, en una sociedad anárquica, y desprevenidos de todo ataque exterior. En número de doscientos, trescientos contando a mujeres y niños, huyeron despavoridos en sus veloces corceles, sabedores de las pocas posibilidades que tenían. Muchos murieron en su afanosa huida, otros tantos fueron apresados para luego darles muerte, niños y mujeres entre ellos. Valkin miró con asombro y frialdad, desprecio y desengaño aquellos animales salvajes, con sus retorcidos movimientos de desesperación y el temor reflejados en sus negros ojos. Todos parecían hijos de un mismo hombre, largos, desgarbados, de ojos tan negros como sus enmarañadas melenas que se esparcían con el viento a la fuga de la muerte. No obstante entre toda aquella masa de negras cabelleras, distinguió un jinete más alto, más misterioso y que no se dignaba a abandonar la lucha. Sus movimientos eran instintivos y al mismo tiempo sutiles. Sin lugar a dudas manejaba las armas con igual destreza que lo hiciera el rey o uno de sus mejores mercenarios. Iracundo, azotó su caballo en dirección hacia donde la oscura horda se enfrentaba a uno de sus más aguerridos hombres. El nocivo rey se lanzó sobre  la figura con una agilidad pasmosa y la derribó sin ningún problema. No obstante, tras aquel inesperado ataque, la oscura sombra bajo su cuerpo no dejaba de revolverse furiosamente, gruñendo y maldiciendo en otra lengua, arañando y mordiendo todo resquicio de piel humana. Aquello enfureció aún más al rey que de un manotazo lo dejó inconsciente. La extraña figura que yacía ahora sobre el suelo, resultó ser una joven cuya belleza era insólita para los ojos del rey. De oscura y sedosa cabellera, pálida piel que contrastaba con la refulgente tonalidad que invadía sus mejillas, fruto, seguramente, del esfuerzo y la agonía de la que había sido víctima. Su cuerpo era sensual y delicado… Al fin y al cabo era, ante todo, un animal salvaje. Capítulo III: "Un encuentro inesperado". Habían pasado tres o cuatro años desde que Valkin abandonara la vida cortesana, y el reino se encontraba sumido en la penuria, mientras que la riqueza y las comodidades de Turno crecían de forma incomprensible. Día a día, cortesanos y aldeanos aguardaban esperanzados la llegada de su heroico rey, sin embargo ni éste ni su ejército hizo acto de presencia en los siguientes años. La esperanza fue perdiéndose, muchos creían que tanto el rey como los mercenarios habían sido derrotados por los jinetes de la estepa y que no volverían jamás de los jamases. Sin embargo, en la abandonada torre sur del castillo, una preciosa jovencita esperaba con ansiedad la llegada de Valkin, no porque su corazón albergara amor ninguno hacia él, sino porque ansiaba poder llevar a cabo sus planes de venganza, y por nada del mundo hubiera deseado que otro ser, hombre o animal le diera muerte en su lugar. Aquel día de primavera, mientras paseaba su torneado y gentil cuerpo por los jardines del palacio, recordó con agonía y dolor aquellas imágenes que le traían a la mente el recuerdo de dos cabezas ondeando de sendas lanzas a la luz de un sol lloroso. file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/1a.htm[20/03/2013 20:45:36]
  3. 3. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - I Su maestro, aquel viejo hechicero que el rey había instalado cerca de sus aposentos, no dejaba de asombrarse de las dotes matemáticas de la jovencita, que por entonces contaba con tan sólo 13 años. Se preguntó si no hubiese sido mejor que el rey dejara a su cuidado y sabia administración aquel reino desastroso, que se debatía en revueltas, hambrunas y epidemias. Pero el rey había cometido un error, y cuando regresara, si algún día lo hacía, debería enfrentarse a la situación como mejor supiera, puesto que las culpas no recaerían sobre Turno, sino sobre un rey que nunca se interesó por su reino. Pese al tiempo que había transcurrido, las ansias de venganza no se habían aplacado en absoluto. Todo lo contrario, cada día crecía más su ira hacia aquel hombre cruel y sangriento que, a pesar de todo, le perdonó la vida a ella Dios sabía por qué. Su salida a la luz del día se había prolongado demasiado, ya empezaba a sentir la fría brisa del Sur, proveniente del mar que tanto tiempo había sido su compañero de amargura. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L Un alboroto y el rápido ir y venir de pisadas le hicieron presentir que algo, bueno o malo no sabía, pero sin duda importante, ocurría al otro lado del hermoso jardín. Unas trompetas mal afinadas anunciaron lo que tanto tiempo había deseado: la llegada de un rey. Sin poder ocultar sus nervios y su alegría, se dirigió hacia la puerta principal del castillo donde cientos de cortesanos, hombres y mujeres engalanados, traviesos niños, sirvientes y demás gentes ya se agrupaban en torno a una grosera figura. Era Valkin. Aún seguía vivo para alegría de Talti, y su soberbia y vanidad eran, según podía observarse, el doble que antes de que se fuera en pos de aquellos jinetes esteparios. Sucio y mugriento, cubierto el rostro de abundante maraña, de rojo y crispado pelo, alzó sus manos en señal de triunfo. El pueblo estalló en vítores y aplausos, más animados por lo que significaba la llegada de Valkin que por la aparente victoria de la que éste se vanagloriaba. Le prestó atención durante unos escasos minutos hasta que pudo observar, a lo lejos, cientos de cabezas ondeando a la luz de aquel atardecer, tal cual había sido testigo hacia tantos años. El endemoniado rey había mandado cortar cabeza por cabeza de aquellos pobres hombres, niños y mujeres para fanfarronear de su aniquilación. La gente, ante el asombro de Talti, seguía aplaudiendo al rey, pese a ser testigo del mismo tormento que ella. Entonces se dio cuenta de que todos aquellos hombres y mujeres que la rodeaban eran iguales de crueles y malvados que el rey. Desprevenido de la mirada de odio que se dirigía directamente hacia él, se apeó de su caballo y se dirigió hacía un carruaje que le seguía con estrépito. Sobre el carruaje se habían dispuesto unos barrotes a modo de jaula. Todos se acercaron a observar el regalo que el rey les traía. Se trataba una jovencita jinete que chillaba y se removía, como una leona enjaulada. Talti pudo observarla a lo lejos, pues no era de su gusto admirar las trazas de Valkin, como si en ello le fuera la vida. Sin embargo una inexplicable curiosidad la atrajo cerca, desde donde pudo observar con total nitidez unos hermosos ojos azules, del mismo tono que el azul del cielo. Un impulso misterioso le hizo dar algunos pasos más hasta quedar a escasos metros  del carruaje. Entonces la oscura jinete dejó de chillar y agitarse, y Talti observó que la curiosidad era mutua por lo que, sin poder evitarlo, se colocó más cerca aún y alargó su mano. Quería consolarla, acariciarla, calmar su furia como ella había deseado que lo hicieran una vez, hacía mucho tiempo. La jinete observó temerosa la mano. Alrededor la multitud había quedado en un mutismo absoluto y el ambiente se había vuelto tenso. El rey, desconcertado, fijó a todos lados su mirada y observó cuál era la causa de aquella mudez. Durante unos breves segundos, la joven y pálida jinete dudó en darle la mano, pero aquella duda se disipó y un extraño impulso, al que le resultó difícil de oponerse, se adueñó de ella. Alargó su mano, temerosa y desconfiada aunque, a pesar de todo, algo le hechizaba dentro de aquella lejana tonalidad esmeralda en las que vio su propia imagen reflejada. Apenas rozaron sus dedos, ambas mujeres sintieron un fervor desconocido bullir en su sangre, en su aliento, en la piel, ambas tuvieron entonces la impresión de estar solas frente a un vacío insondable, enfrentando sus miradas en la más infinita soledad. Pero aquel extraordinario momento fue brutalmente roto por la desagradable intromisión de Valkin que no podía soportar que la atención de sus cortesanos se fijase por mucho tiempo en otro que no fuese él. De este modo, agarró fuertemente a Talti por un brazo y con tanta saña lo hizo que el dolor se expandió a casi todo el cuerpo de la princesa. La joven jinete intentó atacar a aquel odiado personaje, que parecía burlarse de todos y de ella misma. Algo la impulsaba a proteger a la extraña mujer de pelo amarillo, pero pronto se dio cuenta de que eso era imposible, puesto que estaba enjaulada como un mísero animal. – ¿Quién sois vos? ¿Y que creéis que estáis haciendo? ¿Acaso no sabéis que este animal puede arrancaros un brazo de un solo mordisco?– Obviamente estaba exagerando. – Mi señor, disculpad mi imprudencia, pero tened en cuenta que mi ánimo es joven y no he podido evitar sentir curiosidad hacia este extraño ser. No ha sido mi intención en modo alguno la de molestaros. Vuestra soy y de mí podéis hacer lo que plazcas. Y si en ese caso consideráis el castigarme, estáis en todo derecho– El rey observaba perplejo la desenvoltura con la que se expresaba aquella hermosa jovencita. – Palabras sabias habéis pronunciado. Decidme ahora vuestra edad, vuestro nombre y el nombre también de la familia a la que pertenecéis, pues sin duda debéis ser de alta alcurnia. – Hija vuestra soy, pues me acogisteis en vuestro palacio siendo yo una niña. Nombre no tengo, espero que mi rey file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/1a.htm[20/03/2013 20:45:36]
  4. 4. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - I me lo otorgue, y en cuanto a mi edad, sólo tengo 13 años, mi señor. – No os he visto nunca en mi corte. – Eso es, señor, porque me alojaste amablemente en la torre sur, la que va a parar al mar. Y allí he permanecido durante siete largos años confinada. Además, debéis tener en cuenta que vuestra majestad ha estado ausente del reino cuatro estaciones. – ¿Tanto tiempo?– Se preguntó para sí mismo en voz baja– Ahora retírate, ya consideraré que hacer con vos, jovencita. Tengo asuntos muy importantes que tratar. – Si me permite una última objeción señor...– dijo la chica agachando la cabeza en modo de ruego. El rey le hizo un gesto con la mano. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L – Adelante. – Creo que hablo por todos cuando os digo, sinceramente, que nos alegra mucho vuestra vuelta y vuestra grata victoria. El rey se limitó a hacer un gesto altivo y a mirar a todos los espectadores de aquella singular escena, que permanecían callados y absortos. Siguiente--> file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/1a.htm[20/03/2013 20:45:36]
  5. 5. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - I ... continuación...: Capítulo IV: "La evasión". Pronto supo que la conversación que aquellas dos personas habían mantenido no era, en modo alguno, violenta, aunque ésa fue la sensación que tuvo en un principio. Se sentía frustrada por no poder moverse, y más aún por no entender la lengua de aquellos pintorescos hombres y mujeres que vestían de manera tan colorida y ridícula. Intentó de nuevo golpear aquellos barrotes de madera que aparecían a la vista tan gastados, pero todo esfuerzo fue inútil. Su ánimo estaba agotado, tenía hambre y sed, pues el rey no era lo que se podría llamar un buen anfitrión. Hacía ya tres días que no le daba nada de alimento y las manos le temblaban despreciablemente. Las horas le parecían más largas por lo que, exhausta, se dignó a recostarse sobre el frío suelo. Cerró los ojos, quizás así pasaría por un tiempo el apetito tan tormentoso que sufría. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L Un ruido la despertó. Era el leve crujir de una rama seca producido seguramente por una pisada, lo que le indicó que alguien se acercaba. A la luz de una brillante luna vio aproximarse sigilosamente la figura de la jovencita de pelo amarillo que, temerosa, miraba a diestro y siniestro. La joven princesa se acercó a la celda de madera en la que permanecía encerrada la jinete y se la quedó mirando por un instante. Ésta la miraba con igual detención, sentía curiosidad por saber qué hacía la chica allí. Seguramente si aquel desagradable hombre que la había apresado la viera de nuevo cerca de la celda, estaba segura de que nada bueno le esperaba. – ¿Estás bien?– Preguntó Talti mirándola intimidoramente. La chica no contestó, seguía mirándola de forma escrutadora.– Ya supuse que no me entenderías, pero no hay problema, conozco muchos idiomas, a pesar de que nunca he salido de este maldito reino.– La jinete la miraba ahora con curiosidad, una cómica mueca había aparecido en su rostro.– ¿Qué? ¿Qué te hace tanta gracia?– La jinete supo que le había ofendido, aunque no sabía exactamente porqué.– Así no vamos a llegar a ninguna parte. Bueno, está bien, voy a soltarte, ¿entiendes? A soltarte, a dejarte libre, como un pajarito.– Y comenzó a remedar el vuelo de un pájaro de una forma tan grotesca que hizo reír calladamente a la jinete.– Bueno, al menos, tienes buen humor. Dicho lo cual, tomó entre sus manos el rudo candado que cerraba la puerta y con un simple líquido, al parecer corrosivo, pudo abrirlo, puesto que el metal del que estaba hecho prácticamente había desaparecido. La mujer morena se separó rápidamente al ver de lo que era capaz aquel extraño elixir y por un momento temió que la pequeña mujer se lo diese de beber. No obstante pronto se dio cuenta que la chica intentaba dejarle escapar, lo que no se explicaba era el porqué. Cuidadosamente Talti estiró de aquella pesada puerta e hizo un gesto a la jinete para que saliese fuera. Ésta saltó rápidamente al suelo y aunque estaba maltrecha y débil, salió corriendo hacia la cuadra. Talti se asustó, sin embargo corrió tras de ella, no fuera a hacer alguna tontería. Pronto se dio cuenta de que lo que la jinete quería era su caballo, un ejemplar del negro más lustroso y perfecto que jamás se hubiese visto. Antes de que pudiese entrar en las cuadras, la jinete ya había montado a su caballo y dos guardias armados corrían tras de ella. Talti intentó correr hacia dentro del castillo pero unas fuertes manos la alzaron a ras del suelo. Boca abajo, a lomos de aquel estruendoso caballo, sintió un miedo atroz. La jinete la había secuestrado, seguramente como rehén, para que la dejaran escapar, pero la ironía es que la jinete no sabía en modo alguno que su vida no valía nada para el rey. Cavilando estás cosas sintió de nuevo unos brazos en sus caderas que la erguían para que pudiese sentarse a horcajadas. Sin pensarlo dos veces hizo lo que se le mandaba, sin lugar a dudas esta posición le resultaba mucho más cómoda. Pero ahora podía ver el peligro que se cernía tanto sobre ella como sobre la inocente jinete: un grupo de guardias se preparaba para lanzar sus astas. La jinete golpeó fuertemente con los talones el lomo del caballo sin saber si quiera a dónde dirigirlo. De repente unas hábiles manos le quitaron las cuerdas de su adorado caballo y súbitamente lo dirigió hacia la parte sur. Era Talti que había sentido la duda reflejada en ella y supo que o se arriesgaba a llevar la contraria o moriría de todas las maneras. Llegaron hasta el muro sur del castillo, la guardia aún no había llegado. Talti detuvo el caballo y saltó rápidamente al suelo. La joven jinete, sin saber cómo actuar, confió en aquellos breves segundos en su instinto que le decía que la rubia deseaba salir de aquel problema tanto o más que ella. Talti dejó al descubierto un pasadizo secreto cuya salida daba a las costas del mar. Hizo un intento de huir de nuevo hacia el castillo pero la jinete la volvió a alzar y huyeron a lomos del negro corcel por aquel oscuro pasadizo. Tras de sí quedaba a lo lejos un inmenso reino y un adorado sueño que había fracasado estrepitosamente: su ansiada venganza. Delante de ella se erguía el amplio mar, que tantas veces pudo observar desde lo alto de aquella torre sur. Capítulo V: "Hola y adiós". Talti miraba hacia el horizonte, donde hondeaban los primeros rayos de sol. Su futuro ahora era incierto, lo único que sabía es que el débil hilo que la unía a Valkin se había roto y que ahora sólo le quedaba mirar al infinito en busca de una nueva oportunidad. file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/1b.htm[20/03/2013 20:45:52]
  6. 6. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - I En seguida fue consciente de que estaba acompañada, aunque la jinete podía confundirse con una estatua. Desde que aminoró el paso de su veloz caballo no había movido la boca, y su cuerpo estaba tan rígido como una tabla. Talti podía sentir el roce de su aliento en la nuca, un aliento cálido, pero muy débil. De lo que estaba segura es que no aguantaría mucho tiempo más a lomos del caballo. Tenían que descansar, pero eso era impensable, primero debían atravesar los altos bosques que bordeaban aquel mar, por el Este. Sólo entonces se encontrarían a salvo, temporalmente claro, porque de lo que estaba segura era de que el rey no dejaría títere sin cabeza o asunto sin resolver. Después de aquella larga huida decidieron acampar al resguardo del bosque del Este. Sus cuerpos estaban entumecidos. Talti estiró su cuerpo, intentando darle nueva vida, mientras la jinete la miraba con curiosidad. La mujer morena no parecía violenta, al menos hasta aquel momento, aunque tampoco se podía decir que la conociera bien, pensó la rubia. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L El rumor de los árboles la sacó de sus pensamientos. Miró hacia arriba, las copas de los árboles se movían siguiendo una danza acompasada, el sol comenzaba a aparecer tímidamente por el Este. Por vez primera desde hacia mucho tiempo, pudo respirar el aire mañanero, mezcla de hierbas y arena mojada, y pudo sentir el rocío cayendo sobre sus mejillas, que se habían tornado rosadas haciendo un delicado contraste con su delicada piel blanca. Las lágrimas llegaron de improviso a sus ojos, las sensaciones eran demasiado intensas, hacía mucho que no se sentía viva. La jinete la observaba con curiosidad. Aquella mujer de pelo amarillo era increíblemente misteriosa, más incluso que ella. ¿Qué pensaría? ¿Por qué lloraba, estaría asustada? ¿Creería que le quería hacer daño? Decidió preguntarle, pero dudó, ¿la entendería? – ¿Por qué lloras?– Preguntó en su lengua tímidamente. Para su asombro la mujer pareció entenderle. – Porque me siento viva.– Le contestó. Sintió un deseo irrefrenable de saber más sobre aquella mujer, era aún más misteriosa, y tan bella. – ¿Me entiendes?– Preguntó, aunque ya sabía la obvia respuesta. – Sí.– Se limitó a contestar Talti. – Tú me salvaste. ¿Por qué? – Porque creo que nadie debe ser un esclavo. – ¿Qué sientes?– Le preguntó la jinete sin borrar la curiosidad y las ansias de saber más. – ¿Qué siento sobre qué?– Cuestionó Talti, extrañada ante la inusitada pregunta. – Sobre esto, sobre por qué estamos aquí, sobre por qué te traje, ¿sientes miedo de mí? ¿Qué piensas de mí? – No pienso en ti, no tengo miedo de nada.– Dijo fríamente la mujer rubia.– Pienso que no debería estar aquí, que no es éste mi sitio, que tengo algo muy importante que hacer y tú me lo estás impidiendo.– Dijo quejándose, sin levantar la voz y con indiferencia. – Entonces piensas en mí porque crees que yo soy la culpable de que no puedas llevar a cabo eso tan importante. Yo no te impido nada, eres libre de marcharte. – ¿Por qué?– Preguntó la rubia. – ¿Por qué qué?– Preguntó a su vez curiosa la jinete. – ¿Por qué me secuestraste?, ¿por qué?, ¿por qué ahora me dejas escapar? Aún me duele más esto, que no te sirva para nada. Ni siquiera me vas a vender o me vas a matar por venganza.– Dijo sin poder evitar los débiles gemidos que salían de su garganta. – Yo no te secuestré, te devolví el favor…, no parecías muy feliz. ¿Además, por qué iba a matarte? Sólo hay una persona a la que quisiera ver muerta, y no eres tú. Tampoco voy a venderte, eres libre, no eres ningún animal. ¿Acaso crees que yo sí lo soy?– Preguntó esperando que la respuesta fuera una negación. – Sí, eres un animal, un animal como yo, sediento de venganza y odio. Conozco ese sentimiento, y sé que está en tus ojos. Brillan con intensidad.– La morena se sorprendió ante tales palabras. – ¿Qué sabrás tú lo que es el odio? Una cortesana que lo tiene todo, una princesa que construye castillos de nube en sus sueños. – ¿Qué te hace pensar eso? Tú misma dijiste que no parecía feliz.– Se limitó a contestar y se volteó dando por zanjada con aquel gesto la irrelevante conversación que mantenían. La jinete morena se tendió sobre el suelo, sobre la espesa hierba que cubría el suelo. Cerró los ojos intentando concentrarse en algo, pensando en su futuro. ¿A dónde iría? Ya no le quedaba nada ni nadie. No pudo evitar pensar en la mujer que se sentaba a su lado. Abrió los ojos de nuevo y miró el azul del cielo. Algunas nubes lo cruzaban velozmente. Un inesperado frío azotó sus mejillas, se volteó y ya no estaba. Se debatía en un cruce, derecha o izquierda, era tan fácil, pero tan difícil decidirse. Se decidió por tomar la file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/1b.htm[20/03/2013 20:45:52]
  7. 7. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - I izquierda, el camino era apenas visible, los árboles se abrían paso a ambos lados. La mañana resultaba fría. A lo lejos divisó unos caballos, era la guardia del rey. Las buscaban a ellas, para matarlas seguramente. No quiso huir, no le importó que pudiesen verla, deseaba que se la llevasen, que la llevasen junto a Valkin, quería tener su última oportunidad, aunque tuviera que morir en el intento. Sabía lo malvado que podía llegar a ser el rey. Cuando los guardias se hallaban a unos 300 metros, unas manos la arrebataron de nuevo de su camino, unas manos que ya conocía. Se revolvió intentado zafarse de ellas, pero la mujer morena la sostuvo fuertemente encima del corcel y huyó camino al bosque. Allí paró en seco su caballo, se apeó sin soltar a la joven y se escondió tras unos grandes arbustos. Talti intentó gritar, pero la jinete le tapó la boca fuertemente, sin intención de hacerle daño. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L Cuando el peligro hubo pasado, la mujer soltó un poco la presión sobre la boca de la rubia y ésta aprovechó para morderle. La morena se separó rápidamente sujetándose fuerte la mano con expresión de dolor y confusión. – ¿Qué pretendes?– Preguntó disgustada. – ¿Por qué no me dejas en paz de una vez?– Gritó la rubia andando hacia atrás, en un intento de alejarse de la jinete. – ¿Por qué siempre me respondes con otra pregunta?– Gritó fríamente la morena. – Déjame.– La rubia se volteó hacia la oscuridad del bosque. La niebla se había hecho muy espesa, los troncos de aquellos grandes árboles parecían ahora espectros acechando. – ¿Por qué quieres morir? ¿Tan poco vale para ti la vida?– La jinete la miraba expectante, su mirada trasmitía tristeza. La rubia se volteó y corrió directa hacia la morena. Se abalanzó sobre ella. Cayeron juntas al suelo y allí, encima de ella, empezó a gritarle zamarreándola. – ¡¡¡Lo perdí todo, todo, lo perdí todo...!!!– Paró en seco al darse cuenta de que había dejado que sus sentimientos afloraran y eso la hacía sentir vulnerable. Intentó separarse de la jinete, pero ésta la agarraba fuertemente por la cintura, le dio la impresión de que aquello era un abrazo y pensó el tiempo que hacía que nadie la abrazaba. Por un momento recordó a su padre, sus cariñosos abrazos... No los soportó más y se desvaneció entre aquellas manos, escondiendo su cara en el cuello de la jinete, intentando huir por una vez de su martirio. La joven morena sintió la humedad en su cuello. Eran lágrimas, lágrimas de alguien que parecía muy desagraciada. ¿Qué es lo que había sufrido aquella muchacha? Aguantó los llantos de aquella extraña mujer durante toda la mañana que le parecieron segundos. Estaba disfrutando con aquello, no del sufrimiento ajeno, sino de lo bien que se sentía protegiéndola con sus brazos, consolándola con dulces palabras, mirando de vez en cuando aquel rostro compungido y aquellos maravillosos ojos glaucos que la habían enamorado desde el primer momento en que la vio. Al fin Talti se levantó perezosa, deseando no separarse jamás de aquellos confortables brazos en donde, por vez primera desde hacía mucho tiempo, había sentido paz. La mujer morena se levantó tras ella. Parecía desilusionada. La rubia la miró de reojo mientras se acercaba al tronco de un árbol y se apoyaba en él, abrazándose a sí misma con los brazos. Aquel gesto disgustó a la mujer morena que creyó que la pequeña muchacha prefería sus propios brazos a los de ella. La miró despectiva. – Espero que te encuentres mejor, yo debo marcharme.– Dijo fríamente, pero en lo más hondo esperaba que la muchacha se dignara a acompañarla, lo deseaba realmente. La muchacha la miró con una expresión de desengaño. Sonrió débilmente y luego se sacudió con parsimonia. Volvió a mirar a la morena que ajustaba las correas de su caballo, se volteó y empezó a andar hacia ninguna dirección. Por un corto tiempo había sentido un pequeño atisbo de esperanza, pero de nuevo estaba la verdad allí para hacerla volver a su realidad, la soledad. La morena se volvió rápidamente, hizo un amago de correr tras ella, pero se dijo a sí misma que la rubia prefería estar sola. La muchacha rubia siguió su camino, sin ni siquiera mirar adelante. Sabía que su intuición pronto la llevaría hasta su hogar, su único hogar… Poco después allí estaba: una torre erguida a lo lejos, en el sur de un esplendoroso castillo, el único sitio que ella sentía realmente suyo, el único lugar que le había dado protección y que le había visto desfallecer en más de una ocasión. Miró hacia atrás con la duda reflejada en su rostro, pensó en el vacío que sentía y que se acrecentaba a cada paso que daba, deseó volver a ver aquella tonalidad azul… Pero no sería hasta mucho tiempo después que volvería a verla. Capítulo VI: "El destino". file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/1b.htm[20/03/2013 20:45:52]
  8. 8. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - I Los invitados eran tantos y tan frívolos todos, pensó Talti. Engalanados con sus mejores galas, como lo requería la ocasión: una boda real era más que un acontecimiento, era un motivo aprovechado por muchos para entablar relaciones diplomáticas, para arreglar asuntos de política e, incluso, para convenir el matrimonio de hijos e hijas. Las cortesanas se dedicaban a criticar el vestido de una u otra y otras trivialidades del estilo. Talti tomó asiento cuando el brindis tocó a su fin. El rey parecía realmente feliz, pero todos dudaban que aquel personaje pudiera amar a alguien, era simplemente un hombre de corazón helado. Se hacía llamar con orgullo Valkin el Sanguinario, nunca mejor dicho, pensó Talti. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L El rey la miró con deseo. Su esposa era realmente apetecible. Valkin deseó que aquella maldita ceremonia terminase para poder hacer suya por fin a aquella muchachita que había aparecido en su vida en el mejor momento. Sin quererlo recordó la primera vez que la vio, aquella tarde, cuando regresó de la estepa. Luego, aquella maldita jinete esteparia la había secuestrado, pero la muchacha era tan astuta que consiguió escapar y volvió junto al hombre que amaba… Así se lo narró Talti. Y él la creyó. Sus ojos parecían tan sinceros… La ceremonia seguía, los viejos amigos del rey, sentados todos a su alrededor, se dejaban llevar por las risas que la embriaguez les proporcionaba. Se palmeaban y se reían las gracias los unos a los otros. Los chistes del rey eran todavía más celebrados, sin embargo a Talti le parecían de lo más ridículos y crueles. Bebía tranquilamente, miraba y espiaba a unos y otros, divisaba pronto la clase de relación del rey con sus súbditos más allegados. Todos aquellos condes y consejeros eran más o menos de la misma edad, rozando los 40 aproximadamente, algunos repugnantes a simple vista, otros realmente atractivos pese a su avanzada edad, pero todos de una crueldad infinita. No pudo evitar fijar su atención en uno de los consejeros que era, sin lugar a dudas, la excepción. Apenas bebía, parecía espiar a los demás, tal y como ella hacía. Se reía poco de los chistes, pero si alguien le miraba él disimulaba una falsa sonrisa. Talti lo miró de reojo mientras bebía un poco de vino. Observó la extraña figura que representaba. Sin duda era joven, alto, esbelto, delgado, demasiado, pues todos los consejeros solían ser bastante gruesos. Tenía  el pelo negro, cortado por debajo de las orejas, al estilo de los jóvenes príncipes, y un largo flequillo le caía sobre los ojos, de modo que era imposible discernir el color de estos. Sin embargo, y pese al misterio que le envolvía a Talti le pareció familiar. Pensó que aquello de llevar el pelo tapándole los ojos podía ser realmente incómodo, pero sin duda era una ventaja cuando querías mirar sin tapujos a alguien y que esa persona no se diera cuenta. El joven pareció darse cuenta pronto de que estaba siendo observado. Dobló su vista hacia Talti. Parecía mirarla con entretenimiento, la estudiaba. Talti pensó que era valiente, pues si el rey se daba cuenta de que miraba a su esposa por tanto tiempo hubiera acabado con su vida en un abrir y cerrar de ojos, sin dar tiempo a explicaciones. Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando, sin previo aviso, el consejero abandonó su sitio, mientras todos reían ajenos a lo que ocurría alrededor. Talti se sintió de repente indispuesta, notó que un escalofrío inundaba sus venas y sintió ganas de huir de allí. El rey pareció darse cuenta de que su joven mujer no se encontraba bien, ella estaba pálida. – Ana, ¿te encuentras bien?– No quería que su mujer estuviese indispuesta a la hora de la verdad. – Sí, es sólo un mareo, el vino debe haberme trastornado un poco, no estoy acostumbrada...– Aún le parecía raro verse llamada con otro nombre, Ana. El rey se lo puso porque una vez vio un cuadro de Santa Ana y decía que Talti se parecía fidedignamente a ella. – No se hable más, será mejor que te marches a nuestra recámara. Pronto llegaré yo.– El rey sonrió pícaramente y a Talti se le retorció el estómago de asco. – Está bien.– Dijo sumisamente, sonriendo dulcemente al rey y levantándose con disimulo. Pronto el rey volvió a la algarabía con sus crueles amigos, despreocupado y realmente feliz de tener al fin una esposa que le diera futuros hijos. Talti salió del salón donde se celebraba su boda y se dirigió hacia su recámara. Todo estaba oscuro, la luz de la luna dejaba entrever las sombras de la cama y los muebles que adornaban la habitación. Se sentó en la gran cama y se frotó los ojos soñolientos. Realmente había bebido demasiado, sería eso… De pronto unas manos la agarraron por el cuello y la empujaron hacia atrás, cayendo boca arriba en la cama. Sin darle tiempo a reaccionar o gritar, unos labios se adueñaron con furor de los suyos, sintió el sabor agrio de la sangre. Una lengua luchaba por entrar dentro de su boca. Talti se atrevió a abrir los ojos, mientras pensaba que era una ironía que la violaran el mismo día de su boda… ¿Quien sería tan valiente?, se preguntó. De todas formas sabía que se lo jugaba todo e intentó zafarse de aquellos brazos que sostenían los suyos por encima de su cabeza. De pronto vio el fulgor de una intensa tonalidad cristalina, el cielo se abría ante ella, aquellos ojos eran de ella, la morena jinete. Intentó hablar, pero unos labios seguían haciendo presión sobre los suyos, la besaban con un deseo de años atrás, un deseo que ella también empezaba a sentir. De repente la sombra sobre ella paró en seco, se la quedó mirando largo rato. Talti no desvió la mirada, se atrevió a hablar. file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/1b.htm[20/03/2013 20:45:52]
  9. 9. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - I – ¿Tú?– Preguntó. – Ya no eres princesa, eres toda una reina… ¿Orgullosa? ¿Era esto lo que querías?– Preguntó la sombra. – ¿Cómo te llamas?– Preguntó a su vez Talti. – ¿Por qué siempre me respondes con otra pregunta?– Sonrió débilmente. – ¿Cómo te llamas?– Volvió a preguntar respondiendo a la sonrisa de la jinete. – Sorcha.– Volvió a sonreír.– Aunque ahora soy el Consejero del Conde Millo, Trer.– Alargó la mano en forma de saludo y Talti se la dio divertida. – Si el rey te ve aquí va a matarte Trer.– Volvió a sonreír por su irónico chiste. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L – Antes le mataré yo.– Miró a Talti fijamente, el odio volvió a inundar sus ojos. Talti se levantó rápidamente como un resorte y se colocó al otro lado de la cama. – No, olvídate de eso. Es mi venganza.– Dijo fríamente Talti. – ¿Tu venganza? ¿Fue él quien te lo quitó todo, verdad? También él me lo quitó todo… Conoces la historia y sabes que también es mi venganza, no me quites lo único que realmente es mío, lo único que me hace sentir viva.– Talti cambió su frío semblante por uno de infinita comprensión. – Está bien, el premio será para quien primero lo consiga.– Dijo sonriendo irónicamente. – Eso ha tenido gracia, pero sigo sin entender… ¿Cuál es tu venganza y por qué?– Respondió Sorcha. – Es una larga historia que no tienes tiempo de oír. Ahora márchate.– Dijo susurrando. La situación, el susurro de Talti en su oreja excitó a Sorcha y, sin poder contener su deseo de besar aquellos dulces labios, se acercó impulsivamente a la joven reina, la agarró por la cintura y la estrechó contra sí. Temiendo que se escapara y acercó sus labios hacia los de ella, esta vez con suavidad. Rozó tímidamente sus labios, luego los besó, los mordió con sensualidad, los lamió y finalmente intentó abrirse paso a través de ellos con su lengua. Pronto le fue cedido el paso y Sorcha exploró cada centímetro que le era permitido, deseando llegar más allá. Una de sus manos se posó en el trasero de la joven reina que no pudo evitar un sobresalto. La otra acarició uno de sus pechos lentamente y con suavidad. Pronto Talti introdujo su lengua en la boca de Sorcha y sintió un sabor agrio, como a limón y sal, pero la sensación era de sumo placer. Finalmente tuvo que cortar el largo beso, que estaba durando demasiado, y se separó bruscamente, secándose el hilillo de saliva que corría por su barbilla. Sorcha pareció desilusionada, pero pronto entendió que aquello era lo mejor. – ¿Te volveré a ver?– Le preguntó Sorcha ahogadamente. – Sí– le contestó–, posiblemente en el funeral de mi esposo.– Sonrió al ver que la otra mujer sostenía una carcajada. – No me cabe la menor duda.– Luego le dio un corto beso y salió corriendo disimuladamente de la recámara. Talti volvió a recostarse en su cama, y comenzó a pensar en su venganza, en qué iba a consistir. Se preguntó cuál sería la mejor manera de hacer sufrir a un hombre. Sonrió al darse cuenta de que conocía a alguien que tenía la respuesta a esa pregunta, el viejo hechicero. Ya buscaría el momento preciso para ir a buscarle. Ahora debía preocuparse por algo más importante,: el rey. Aunque su deseo de ver cumplida su venganza era grande, nunca vendería su cuerpo a semejante monstruo. Sus ojos brillaron al encontrar la solución. sigue -->rá... file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/1b.htm[20/03/2013 20:45:52]
  10. 10. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - II CORAZÓN CONTAMINADO. Autora: Elora Dana Xenagab Capítulo VII: “Manos a la obra”. Aquello sabía a rallos y centellas, pero era lo mejor que podía hacer. No había nada más  malo que odiara su marido que una mujer enferma, y aquella poción le daría la solución. Talti respiró profundamente y notó cómo el líquido comenzaba a fatigarla. Pronto le sobrevinieron arcadas y, aunque sentía un dolor de estómago terrible, sonreía satisfecha. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L Había pasado poco tiempo desde que se había tomado la poción cuando Valkin apareció en la recámara deseoso de una noche de lujuria. Pero todas sus esperanzas sucumbieron al ver a su recién nombrada esposa en aquel terrible estado. Era tal su aspecto que él mismo sintió náuseas y, rabioso, salió en estampida de la habitación para no volver a ella hasta el amanecer. Para entonces Talti ya se encontraba bien, se había levantado dispuesta a hablar con su querido hechicero, al que hacía mucho que no visitaba. Pero la figura del rey se interpuso en su camino. Ella lo miró suplicante. – Mi rey, siento mucho que me encontraras en aquel estado…– agachó la mirada sumisa y besó la mano de su marido. – Ana, hay más noches, ¿acaso el año no tiene 365 días?– Le contestó Valkin con una sonrisa satisfecha. Su voz, sin embargo, le había sonado demasiado empalagosa para su gusto. – Aún así te pido mil disculpas, mi esposo. No debí abusar del vino. Esta noche me encontrarás en un inmejorable estado, te lo aseguro.– Talti seguía manteniendo la mirada sumisa y sostenía la mano derecha del rey entre las suyas. – Así lo espero, esposa mía.– Valkin salió presuroso de la recámara y se dirigió como rayo que lleva el diablo hacia las cuadras. Algo le estaba alterando y no sabía exactamente qué podía ser. Talti sonrió ante la reacción de su cruel esposo, ¿acaso no había visto compasión en sus ojos o sólo había sido una vana ilusión? Realmente algo había cambiado en el rey y ella lo sabía. Recorrió parte del castillo en busca de las estancias del hechicero al que, tras mucho vagar por las recámaras y habitaciones de aquel inmenso castillo, encontró en una pequeña y destartalada estancia, con bastante humedad, vestido con harapos y muy sucio. Talti se entristeció al verlo en aquel estado. Luego, tras un momento de observarlo divertida, golpeó la puerta varias veces, pues el hechicero estaba tan absorto en sus investigaciones que no atendía a lo que acontecía a su alrededor. Una voz apagada y anciana sonó chillona: – ¿Quién viene a molestar mi retiro? ¿Eres tú otra vez, pequeño bribón?– El hechicero hablaba mientras se movía alrededor de la estancia buscando algo.– ¿Por qué no me ayudas a buscar el aguamiel? – No, soy yo, la princesa Talti. El hechicero se volvió raudo hacia ella y se retiró las gafas que se sostenían a duras penas sobre su nariz aguileña. – Mi niña, mi princesa, hace tanto que no te veía... Talti se acercó al anciano que le abría las manos para darle un fuerte abrazo, ella se dejó hacer. – Me alegro mucho de volver a verte, hechicero, aunque hubiera preferido encontrarlo en mejores condiciones… Le diré a mi esposo que interceda por ti.– Dijo Talti acariciando con dulzura la mejilla del viejo. – Mi niña, si por mí fuera no llevaría ropas, a no ser que hiciese tanto frío que fuese necesario. En el caso contrario, la ropa sólo estorba mis continuas elucubraciones. – Tú siempre igual, tan dado a los estudios.– Ella le sonrió con ternura. – Además, ¿qué podría hacer tu marido por mí? Sólo un hombre puede cambiar mi situación, y ése es tan cruel que no se apiadaría ni de su propia madre. – El rey es mi esposo, hechicero... El hechicero la miró atónito, una sombra inundó sus ojos. – ¿Tú y ese canalla… juntos? Nunca el agua y el fuego estuvieron juntos y nunca lo estarán.– Dijo el viejo tornándose de repente más rudo en sus palabras. – No te enfades, mi amigo, pues no estoy en absoluto enamorada de tal personaje. Convertirme en su esposa es sólo parte de mi plan de venganza, y para llevar a cabo ese plan necesito tu estimable ayuda. El viejo la miraba de nuevo con ternura y compasión. file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/2.htm[20/03/2013 20:46:04]
  11. 11. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - II – Cuán bello era tu corazón, cuán bondadoso e inocente cuando no estaba manchado con las ansias de venganza... Me pregunto si algún día volverá a ser igual.– Le contestó el viejo hechicero, invitándola a que se sentara en una roída y pertrecha silla. – Nunca volverá a ser el mismo, querido amigo, todo resquicio de mi inocencia desapareció entonces y nunca más volverá. El hechicero negaba con la cabeza. – Sin embargo, veo en ti un brote de esperanza. Sé que algún día recuperarás tu inocencia y bondad. – Quizás tengas razón...– Talti pensó al instante en aquellos ojos azules que cada noche la desvelaban. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L – Mi reina, cambiando de tercio, siento no poder  recibirla como es menester, pero soy un humilde y pobretón hechicero que no puede más que poner su mente al servicio de su majestad, así que si necesitáis algo, cualquier cosa, soy vuestro hombre… – Así como te dije, cierto es que necesito tu ayuda, pues necesito saber cuál es el mayor mal que puede atormentar hasta la muerte a un hombre, a un rey para ser concretos.– Dijo Talti suspirando. – Para un hombre no hay mayor mal que amar y no ser correspondido, pero para un rey, además de éste mal, otro aún peor le atormenta y le desvela: no tener descendencia es el peor de los males que puede caer sobre su reino.– El hechicero quiso saber si había satisfecho la curiosidad de su amiga con aquellas suposiciones. – Sabias son tus palabras y no me cansaré de decirlo, mi querido amigo. ¿Sabrías de algún remedio que impidiese al hombre concebir hijos? El hechicero alzó la ceja comprendiendo. – Mi reina, si lo que quieres es convertir al rey en un hombre estéril habéis venido al lugar indicado. Prepararé cierta poción para ti que hará el trabajo que deseas. Ella le sonrió satisfecha. – Gracias, mi amigo. Talti se levantaba cuando el hechicero la agarró de la mano indicándole que volviera a tomar asiento. – Sin embargo, mi reina, si el rey ve que no tiene descendencia alguna no dudará en acabar con tu vida, por ello sería mejor asegurarnos. – ¿A que te refieres?– Talti lo miraba sin comprender. – Si el rey se enamora de ti, estará atado por siempre y nunca deseará hacerte daño, aunque siendo tan cruel como es nunca se sabe lo que se puede esperar de él. – Tus argumentos son ciertos y nunca más acertados. ¿Es posible hacer que un hombre se enamore de mí? – Cualquier hombre se enamoraría de ti sin necesidad de pócima, pero en este caso más valdría asegurarnos. Por supuesto que puedo hacer que él se enamore de ti como un mancebo...– El hechicero alargó su mano y asió un tarro con un contenido rosa chispeante en su interior, para luego depositarlo en las manos de Talti. – ¿Qué es esto?– Preguntó Talti mientras miraba con curiosidad la botellita. – Su contenido es misterioso, miles de hechiceros han consumido su vida intentando averiguar cuáles son los ingredientes que componen esta maravillosa poción. Es agua del Lago Rojo… Nadie nunca lo ha visto… Esta botella en concreto, me la entregó una hermosa ondina que, prendada del joven mancebo que fui una vez, me suplicó que bebiese de ella, más yo cogí la botella y me marché sin ni siquiera probarla. Siempre supe que tendría mejor uso. – Gracias pues, hechicero. Tu inteligencia y sabiduría es la mayor riqueza que poseo en este castillo.– Talti miró al viejo dulcemente. – Me halagas, princesa. El hechicero hizo una reverencia ante Talti, que le sonrió divertida. – Ahora debo irme, mi destino debe cumplirse.– Dijo Talti apesadumbrada, volviendo a dibujar una mueca de seriedad en su níveo rostro. El viejo sólo se limitó a asentir. Talti volvió rauda a su habitación donde sus damas la esperaban. Pronto se vio envuelta por las criadas que la preparaban para algún acontecimiento del que no había sido informada. Se quejó varias veces, pero finalmente se dejó hacer. Fuera del castillo se oían alaridos de guerra, de fiesta, de diversión. Era obvio que el rey celebraba alguna justa. Ahora que lo pensaba más detenidamente recordó haber escuchado al rey hablar con sus crueles amigos sobre la file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/2.htm[20/03/2013 20:46:04]
  12. 12. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - II celebración de un torneo donde se decidiría a qué noble le sería concedida la mano de una doncella, de la que desconocía el nombre y la procedencia. Las cortesanas la arrastraron sin dilaciones hacia el palco principal que se había dispuesto en el gran jardín de los torneos. Desde allí vio la gran multitud de convocados, observó la multitud de gentes apiñadas, deseosa de sangre, de acción, de diversión, si lo podían llamar así. Cuando se acercaba al palco principal, las damas se detuvieron y la dejaron subir al sola, acompañada por una sola dama, a la que Talti le tenía mucha estima. El rey se levantó para recibirla, junto con los invitados de honor que estaban congregados a los lados. Ella realizó una reverencia ante todos, pero su mirada se dirigió rauda y se detuvo por un breve instante en la cara de uno de los invitados de honor, que no era otro que Trer, el Consejero del conde Millo, o debía decir Sorcha, su enemiga en la ansiada venganza. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L Sorcha dirigió un saludo indiferente a la reina, sin demasiado entusiasmo, lo que disgustó a la joven reina. Malhumorada, depositó su mano sobre la del rey, le sonrió con dulzura y luego se sentó a su lado sin más dilaciones. No dejaría que sus estúpidas e inservibles emociones arruinaran su plan. Capítulo VIII: “El enfrentamiento”. El rey observaba con aburrimiento la justa, no parecía llamarle mucho la atención, se sentía muy cansado. Era ya un hombre viejo, porque en aquel entonces un hombre ya era anciano a los 40, y él no lo era menos. Antes, cuando su cuerpo vagaba de un lado a otro en busca de tierras y riquezas, se sentía joven y su mente trabajaba más deprisa. Pero ahora, tras cuatro años en tediosa paz, se sentía como el más viejo entre los viejos, como si su sangre se hubiera enfriado y no corriera de la misma forma que antiguamente. La justa acabó con la victoria del joven Ricard, hijo del Conde Millo. Era un chico garboso, fuerte y portentoso, pero sólo sabía manejar las armas, en cualquier otra actividad era más zopenco que un asno. El chico, empujado por los vítores de las gentes, se acercó al palco del rey y la reina y se arrodillo en señal de sumisión. Valkin sonrió soberbio. – Levanta, muchacho.– El muchacho hizo lo que se le ordenaba y miró al rey con docilidad.– Has demostrado ser el mejor guerrero con diferencia y bien podrías merecerte la mano de la joven doncella, pero tengo una duda.– El chico elevó las cejas intranquilo.– Me preguntaba si serías fiel a tu rey. – Siempre, mi señor, eso no debe dudarlo su majestad.– Habló raudo el chico. El rey sonrió a carcajadas y los que le rodeaban le siguieron aún sin entender por qué se reía. – Si es así, deja la mano de esa doncella y agarra con fiereza la empuñadura de tu espada para luchar junto a tu rey. Los presentes empezaron a murmurar sobre lo siguiente que haría el joven. Éste dudó un instante, la doncella era una bella mujer, según le habían dicho, y él merecía su compañía, pero el rey le había puesto entre la espada y la pared. Dirigió una mirada suplicante al consejero de su padre. El rey observó la duda en los ojos del chico. – ¿Qué contestas?– Preguntó el rey impaciente. El chico observó al consejero de nuevo, que le indicó, con un asentimiento de su cabeza, que accediera a los ruegos del rey. Sin embargo el chico prefirió elegir su propio camino. – Majestad, siempre me tendrá a su lado en su ejército, pero no veo por qué no puedo tener una buena mujer a mi lado.– El chico bajó la vista un poco avergonzado. – No hay más que hablar, su mano no te será concedida.– El rey tomó de nuevo asiento mientras una maliciosa sonrisa llegaba a sus labios. – Pero, majestad... he luchado y he vencido, ¿por qué no merezco su mano?– El joven supo que había cometido un error al pedir explicaciones a su rey, por lo que seguidamente pidió disculpas.– Lo siento, majestad, sé que no tengo ningún derecho a...– El rey no le dejó acabar. – Has demostrado ser infiel a tu rey. De ser así, ¿cómo sé que no le serás infiel a tu esposa? El chico bajó la vista, dolorido y furioso. – Mi rey, cuánto lo siento… El rey se sonrió, la gente lo miraba como si fuera un portador de gran sabiduría. – Sé que lo sientes, pero has demostrado ser aún demasiado joven para saber cuáles son tus prioridades. Ahora coge tu espada y vuelve a tu casa. Dentro de unos años vuelve a mí y demuéstrame que mereces ser esposo y caballero. El chico asintió fervoroso. El conde Millo lo observaba todo con disgusto, sentía unas ganas tremendas de azotar a su hijo, como cuando él era tan sólo un niño. “Condenado niño”, pensó para sí. – Sí, su majestad.– Dijo el chico, dándose la vuelta para retirarse humillado. file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/2.htm[20/03/2013 20:46:04]
  13. 13. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - II – Espera.– El rey levantó un poco la voz para llamar la atención del chico y de los presentes. Se le había ocurrido algo para ponerse a prueba él mismo.– Te voy a conceder una nueva oportunidad que te permita obtener la mano de la doncella.– Todos los presentes alabaron al rey por su aparente compasión.– Si logras vencerme en combate a muerte, no sólo te daré la mano de esa doncella, sino que, habiéndome vencido, serás nombrado rey por derecho divino. El joven tragó saliva con fuerza. Conocía de sobra la reputación del rey y su fuerza en combate, pero él también era un buen guerrero. Miró a su padre que le indicó con un gesto que se negara a tal hazaña, mas el chico de nuevo tentó al destino. – Acepto, majestad.– Declaró el chico, incapaz de verse más humillado de lo que ya había sido. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L El rey miró a todos los presentes, alzando su vista por encima de sus hombros y con un gesto indicó a su escudero que le entregara sus armas. Pronto estuvo engalanado como un gran guerrero y dispuesto para la batalla. Antes de que se dirigiera a su enfrentamiento una voz le detuvo. – Mi rey, majestad.– El rey miró a la joven reina con molestia.– Tened mucho cuidado, os amo… La joven reina se arrodilló un poco y le besó la mano con humildad. El rey se sintió como el más poderoso de los dioses. – Levanta, mi reina, pues soólo a vos os permito permanecer de pie junto a mí.– Luego el rey besó su mano con delicadeza. La muchedumbre aplaudió azorada y sorprendida de ver a su rey tan complaciente. El rey sonrió dulcemente y bajó las escaleras con parquedad. Al otro lado del palco, una mirada se fijaba fríamente en él. Sorcha deseaba poder ser aquel joven, al menos tendría la oportunidad de enfrentarse a Valkin honrosamente.  Valkin miró al chico con indiferencia, observó sus aún adolescentes facciones y se recordó a sí mismo con aquella edad. Entonces era un apuesto galán con mucha suerte con las damas, pero con renuente fama. No destacaba mucho, salvo por su crueldad en batalla, pero entonces no era ni siquiera uno de los mejores guerreros. Suspiró cansino de recordar cuánto había vivido desde aquellos tiempos que ahora le parecían tan lejanos. Agarró con fuerza la empuñadura de su espada y dio apertura a la batalla. El rey embestía con fuerza frente a la mirada atónita del joven guerrero que, ni por asomo, imaginó cuánta fuerza había tras ese encallecido cuerpo. Y no sólo bajo su cuerpo sino a través de su mirada irradiaba el rey un vigor inaudito. El chico empezó a gritar de rabia, creyendo que así saldría de él más potencia, pero los hechos negaban sus intentos y nunca lograba que el rey retrocediera. La espada serrada del rey le rasguñó un lado del costado y el chico se inclinó de dolor, pero se negó a pedir clemencia. El rey, sin embargo, disfrutaba viendo a su presa desvalida y al borde de la muerte y la deshonra. Pronto se cansó de dar rodeos y cuando tuvo la oportunidad, con una fuerte estocada, atravesó el estómago del chico que, con una mirada de pánico, vio su propia sangre correr por sus manos. Cayó inconsciente al suelo, medio muerto. – ¡¡¡¡Piedad!!!! ¡¡¡¡¡Tened piedad!!!!!– Gritó el conde Millo, desolado, viendo a su hijo sobre el suelo. El rey le miró con molestia. – Conde Millo, vuestro vástago aceptó un duelo a muerte, y la muerte es su destino. El Conde Millo lloró, pareciendo aún más viejo de los que era. – ¡¡¡Por Dios, majestad, sólo es un niño!!! ¡¡¡No sabe lo que hace!!!– Se defendió el viejo. – No insistáis, vuestro hijo a deshonrado vuestra casta, no merece vusetra piedad, viejo.– Agregó fríamente el rey, elevando su espada para acabar de una vez con el jovencito. – Mi rey, dejad que le proponga algo.– Una voz ruda y calmosa se alzó entre las demás. El rey lo miró con desprecio y disgusto. – ¿Quién sois vos?– El rey sintió curiosidad por aquella figura. – Soy Trer, Consejero del Conde Millo.– Informó la figura. – ¿Qué es eso que queréis proponer?– Preguntó el disgustado rey, cansado ya de demorar tanto lo que deseaba hacer. – Mi rey, yo lucharé por su vida.– Volvió a hablar calmoso. El rey se rió débilmente, pero su risa pasó a ser carcajada. Talti intentó no mostrar ningún sentimiento, salvo el de preocupación por el rey, pero no pudo evitar que la preocupación fuera debida a otra persona. file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/2.htm[20/03/2013 20:46:04]
  14. 14. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - II – ¿Me estás retando a duelo?– Preguntó el rey sin dejar de pensar que aquello se estaba poniendo demasiado interesante. – Por su vida, majestad. Sabemos cuán cruel y sanguinario es en la batalla, pero también sabemos que es un rey justo y piadoso. El rey dejó de sonreír y miró las caras de todos los presentes. No podía negarse a tal propuesta. Si lo hiciera estaría perdiendo dignidad y quedaría como un cobarde. Tampoco ahora podía matar al chico, porque de ser así todos lo creerían un ser despiadado y cruel y se haría con un enemigo más: el Conde Millo. – Bien, pero si perdéis, el joven y vos moriréis.– Dijo el rey.– Y tened muy por seguro que perderéis.– Agregó muy seguro de sí mismo. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L – Acepto mi señor, mas quiero saber qué ocurrirá si el perdedor sois vos...– Preguntó Sorcha, que sentía unas ansias tremendas de enfrentarse de nuevo a tal bestia. – Jajajajajajaja.– El rey lo miró sin dejar de reír.– Eso no ocurrirá. – Pero, majestad, se debe dejar claro cuáles son los límites del acuerdo, es la ley. El rey lo miró con disgusto. Odiaba los consejeros. El suyo era odioso y éste no lo era menos. Hablaban demasiado para su gusto. – Está bien, en el caso improbable de que ganéis vos, mi reino y todo lo que es ahora mío será vuestro, incluso mi esposa.– El  rey se rió de sus propios palabras. No podría ganarle nunca, tenía a cuestas muchos años de experiencia, demasiados. Conocía casi todas las artes de lucha y aquel personaje sólo parecía un estúpido consejero deseoso de congraciarse con su señor. Además su cuerpo no era robusto, sino más bien enclenque. Si el hijo de Millo no había conseguido soportar sus embestidas, menos lo conseguiría este joven afeminado. – Alguien que arriesga tanto debe estar muy seguro de sí mismo.– Habló Sorcha al mismo tiempo que con un gesto de la cabeza le indicaba al escudero del joven Ricard que le trajese su propia espada y su armadura. Rápidamente estuvo totalmente ataviada impacientemente en medio de la arena. y preparada para la batalla. Se acercó al rey que esperaba El rey saludó a su enemigo, Sorcha respondió. Una sonrisa sardónica se dibujó en su rostro y Valkin se percató de ello. El joven guerrero se había tapado completamente, sólo se podía observar su sonrisa tras aquella extraña armadura. El rey retrocedió pensativo. – No reirás tanto cuando tu cabeza penda de mi lanza, niño.– Rugió el rey, como un perro feroz, dispuesto a comerse a su presa. Sorcha rió aún más, y con ello estaba consiguiendo sacar de sus casillas al fiero rey. Todos los presentes respiraban silenciosos y abrían los ojos esperando el inminente primer ataque, pero la espera se estaba haciendo insoportable. Los dos enemigos se miraban como estudiándose pero ninguno veía el momento preciso de atacar. Tres personas ponían especial interés en aquella contienda: el Conde Millo, deseoso de salvar la vida de su primogénito, el propio Ricard, deseando al menos recuperar su vida ya que su honor había desaparecido, y por último, la reina Talti, inquieta por prever la posible muerte del rey en manos de Sorcha, su enemiga en la venganza. Ella que deseaba tanto hacer del rey un hombre desgraciado y ver su miseria, ahora se tendría que contentar con ver su sangre en manos de otra persona… Los pensamientos de todos los espectadores fueron interrumpidos por el primer rugido de las espadas chocando entre sí. Las chispas saltaron del metal. El silencio lo envolvía todo mientras ambos contrincantes se atacaban mutuamente con igual ímpetu. Valkin se sorprendió al ver la fuerza que aquel personaje tenía en sus delgados brazos. Sus embestidas eran devueltas con igual fuerza y aquello empezaba a preocuparle. ¿Y si había cometido un error?, ¿y si había subestimado la habilidad de aquel consejero? Tragó saliva, asustado. Sorcha se movía con mucha rapidez. A su lado, los gestos de Valkin eran totalmente predecidos. Sorcha dio un salto por encima de la cabeza del rey que se volteó asustado, parando con un gesto torpe y demasiado débil la envestida de Sorcha. Ésta volvió a sonreír, una imperceptible risilla llegó a oídos del rey que se encolerizó, dándose cuenta de que había sido engañado vilmente. Sorcha aprovechó su confusión para golpearle en la cara con el pie. Valkin cayó al suelo y la espada fue a parar fuera de sus manos. Sorcha se acercó y puso la punta de su espada en el cuello del rey. Éste, disimuladamente, fue a coger un puñado de arena de la tierra pero Sorcha lo vaticinó y le pisó la mano. – Ni se te ocurra. Estás muerto. ¿Qué dices ahora, maldita basura? El rey abrió los ojos, la furia le inundó al darse cuenta de lo rápido que había perdido el respeto que todos lo daban. – ¿Matarás a tu rey?– Le dijo, sin poder disimular su miedo ante la muerte. file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/2.htm[20/03/2013 20:46:04]
  15. 15. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - II – Te cortaré la cabeza, maldito bastardo, igual que hiciste con mi familia y mi pueblo. El rey abrió los ojos, entendiéndolo todo: había sido víctima de un plan de venganza muy bien trazado. Sorcha se deshizo en un gesto rápido del casco que le tapaba medio rostro y dejó ver la luz de sus ojos con claridad. El rey abrió los ojos con sorpresa. – ¿Tú? Debí matarte cuando tuve oportunidad, maldito animal asqueroso y rastrero de la estepa.– El rey le escupió con repulsión. Sorcha siguió riendo como ida de sí. – Debiste hacerlo entonces...– Agregó ella irónicamente. El rey la miró furioso, pero al mismo tiempo temeroso de que aquella espada le atravesara la garganta. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L – ¡¡¡¡Noooooooo!!!!. ¡¡¡¡¡Ten tú ahora piedad de él!!!!!– Gritó desesperadamente Talti. Todos los espectadores se voltearon a observarla, incluida Sorcha. El rey intentó deshacerse de la amenaza pero pronto Sorcha reafirmó su posición y el rey perdió toda esperanza de escapar. Sin dejar de mirar al rey con furia, Sorcha gritó: – ¿Por qué he de tener piedad con él? Él no la tuvo con mi pueblo, los mató a todos, a niños y mujeres incluidos. Sorcha notó que los recuerdos de aquel día venían como fuertes retazos a su mente y su ira se hacía mayor, y más grandes eran también los deseos de ver la cabeza del rey rodando por la arena. Levantó su espada con la intención de acabar con aquello de una vez por todas, pero la voz del rey se alzó entre todas. – ¿Vais a dejar que mate a vuestro rey?– Preguntó, desesperado. Los presentes empezaron a murmurar pero ninguno dio un paso al frente a favor de su rey. El Conde Millo habló airado. – No pidáis clemencia ahora. Os recuerdo que fuisteis vos quién aceptó esta lucha a muerte y ahora debéis asumir las consecuencias… Al menos hacedlo con honor.– Terminó el viejo, deseando acabar con la amenaza que se cernía sobre su joven hijo. La multitud clamó a favor de las palabras del Conde y el rey se vio totalmente traicionado. Antes de cerrar  los ojos con fuerza vio que la única que ahora pedía clemencia por él se acercaba veloz hacia ellos. Cuando pasaron breves segundos el rey abrió los ojos con lentitud. Vio frente a él cómo una mano impedía que Sorcha diese su estocada final. Era su esposa, su amada Ana. – No tienes derecho a hacerlo.– Le increpó Talti. Sorcha soltó una carcajada gutural. – Claro que lo tengo. Yo gané y yo seré quien acabe con él, no tú.– Agregó Sorcha. El rey parpadeó confuso, sin perder el hilo de aquella conversación de la que dependía su vida.– Pero dejaré que te desahogues con palabras…– Sorcha le sonrió. La joven volvió su rostro hacia el del rey con un gesto despectivo. Se agachó, hasta estar muy cerca de él y lo miró con repulsión. – Mira a tu querida mujer, bastardo. Mi nombre no es Ana, es Talti, princesa y única heredera de este reino. Y ahora tú estás muerto… Las cosas han vuelto a su cauce normal, como siempre debió haber sido.– Talti le escupió con ira.– Mi rostro será el último que veas. Ahora será tu cabeza la que esta tarde hondee al atardecer. Talti puso sus manos alrededor de su cuello y lo apretó con toda la fuerza de la que era capaz. Sorcha la observó atónita. Todos la observaban atónitos. El rey hacía esfuerzo por deshacerse del agarre pero sus fuerzas se escaparon cuando notó el frío metal entrando a través de la encallecida carne. Respiró con fuerza, sintiendo como la vida se le iba por dos sitios diferentes. Cerró finalmente los ojos y un suspiro ahogado se escapó a la vez que un hilo de sangre se derramaba por la comisura de su boca. El silencio lo inundó todo. Unos a otros se miraban con sorpresa, preguntándose qué era lo que realmente había ocurrido allí. Mientras la joven mujer aún seguía apretando con furia el cuello de su esposo. Finalmente, Talti volvió en sí y soltó lo con lentitud, observando sus manos rojas del esfuerzo. Miró a Sorcha, y observó que su mirada aún estaba perdida en la lejanía. Talti se levantó furiosa al pensar que no había sido ella la que había acabado con la vida del rey, sino Sorcha. Ésta pareció salir de su estupor, mirando a la joven reina con sorpresa. – Me quitaste lo único que me pertenecía.– Le susurró Talti, sin dejar de mirarla fijamente. Sorcha supo enseguida de lo que estaba hablando. file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/2.htm[20/03/2013 20:46:04]
  16. 16. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - II – También me pertenecía a mí.– Agregó quedamente. – Déjame al menos cortarle la cabeza. Sorcha la miró atónita de que una criatura tan delicada pudiese albergar tanta crueldad en su joven corazón. Se limitó a asentir y le alargó la espada que segundos antes había sacado de las entrañas del depuesto rey. Talti la cogió con inusitada salvajedad y, alzándola ante la multitud, habló con estas palabras: – Hace mucho tiempo un rey bondadoso os reinaba por voluntad divina. Pero este bastardo le traicionó y le mató, a él y a sus vástagos. Mas yo, la única hija de ese rey, sobreviví a su furia y sin saberlo Valkin me acogió en su corte, donde esperé con paciencia el día de mi venganza. Ahora sois testigos de ella.– Talti cercenó la cabeza del cadáver del rey y sonrió con gozo al hacerlo. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L Los presentes observaron atónitos la escena. Talti ensartó la cabeza en la espada y la alzó al público. Luego se la ofreció a Sorcha y la instó a que hablara. – Él mató a mi familia y acabó con mi pueblo. Mandó que les cortaran la cabeza a todos. Muchos de vosotros fuisteis cómplices de aquella masacre… Mas yo ahora os perdono la vida si me respetáis y me prometéis fidelidad, tanto a mi como a la única y verdadera heredera de este reino.– Acabó Sorcha. El Conde Millo aplaudió con fuerza las palabras y todos los presentes siguieron efusivos el gesto del viejo. Todos empezaron a vitorear a las dos mujeres, aunque ninguno aún se había percatado del género de consejero, al que todavía creían que era un hombre. Desde una lejana torre un viejo miraba con tristeza la figura de la princesa. Luego su vista se volvió hacia la otra figura, y una leve sonrisa se dibujó en su rostro. Luego desapareció de nuevo entre las sombras. sigue --> file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/2.htm[20/03/2013 20:46:04]
  17. 17. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - III CORAZÓN CONTAMINADO. Autora: Elora Dana Xenagab Capítulo IX: "Una nueva vida". Hacia tan sólo días que ella se sentaba en el que debió haber sido el trono de su querido hermano. Todos y cada uno de los antiguos sirvientes de Valkin fueron marchándose o desapareciendo en la lejanía de aquellas tierras, sin volver a saberse nada más de ellos. Otros, los más bondadosos de corazón, se quedaron junto a su reina, ayudando y prestando servicios como siempre lo habían hecho. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L Incluso, todavía, había un sirviente, el viejo Cool, que antiguamente había trabajado para el padre de Talti y que fue, según recordaba la joven reina, un buen escudero. Ahora sin embargo era un cuerpo delgado y pellejoso. Su pelo había pasado del negro carbón lustroso a un blanco amarillento y mohíno, y era ya tan fino y ralo que se distinguía la pálida piel de la cabeza… No obstante, Talti los trataba a todos sin distinción, con la bondad que le caracterizara, pero con la firmeza que sabía que era necesaria para hacerse respetar. La situación en la que ahora se encontraba no podía ser más extraña. Nunca en la historia de su pueblo había reinado una mujer, siempre eran reyes los primogénitos, pero éste era un caso excepcional  y el pueblo lo aceptaba como tal. Talti sólo recordaba una antigua historia que en su ya añorada infancia le había contado el hechicero sobre una antigua madre de un rey que fue regente durante la minoría de edad de su hijo. Al parecer, aquella época en la que la joven mujer reinara fue la edad de oro del que ahora era su reino. Fue la época de mayor esplendor y extensión del reino, gracias a las habilidades de cálculo y a las amistosas relaciones que aquella joven reina se había encargado de establecer. Sus pensamientos pasaron de estas minucias que carecían de importancia. Pensaba ahora en Sorcha y en el papel que ella tendría en su reino. Era una mujer, pero eso sólo lo sabía ella. Todo el mundo pensaba que aquella figura delgada pero ágil era la de un misterioso consejero nacido de la estepa, que había encontrado el sino de su vida. Muchos, los peor pensados, rumoreaban que todo había sido un plan trazado por ella misma y el consejero. Argumentaban que la reina y el consejero habían caído en ardiente pasión y, enamorados, planearon la muerte del tirano. Es más, había quienes apostaban algunas monedas de oro a que el enlace de matrimonio entre la reina y el consejero Trer no tardaría en llegar. Talti sonrió malévolamente, imaginándose a ambas al pie del altar. En un momento le parecía una estampa hermosa, pero al rato pensaba en lo ridículo de la situación. Unos pasos firmes interrumpieron sus cavilaciones. En la entrada de su aposento mayor, con la cabeza alzada y sin mirar a nada ni a nadie en concreto, se encontraba la noble figura de Sorcha. Ahora vestía ropa más viril aún. Talti le había nombrado príncipe de la guardia real, un puesto que le colocaba día y noche junto a la reina y que le haría velar por su vida sin descanso. Pero no fue ese el hecho de que la joven reina lo nombrara como tal, sino que más bien se dejó seducir por la idea de tenerla más tiempo a su lado. Sorcha había demostrado ser una mujer impresionante. No sólo sabía mucho del arte de la guerra, sino que sus técnicas eran muy novedosas y Talti iba a necesitarlas para luchar contra aquellos enemigos que no aceptaban su soberanía. Aunque no directamente, ya le habían amenazado con vengar la muerte de Valkin. No obstante, Talti estaba despreocupada. La mayoría de los nobles y condes veían más ventajas estando bajo el mando de la reina que bajo el mando del terrible Valkin. Al fin y al cabo, todo el mundo sabía que las mujeres eran más compasivas y fáciles de manejar. Desgraciadamente, no conocían de qué materia estaban echas Talti y Sorcha, ni siquiera llegaban a intuirlo. – ¿Qué ocurre?– Preguntó sin preámbulos la joven y novata reina. – Mi reina...– Se inclinó Sorcha con desgana, pues no era de su menester rebajarse a nadie ni a nada. Ella pensaba que todos eran iguales y debían serlo ante la ley y que nadie debía arrodillarse frente a otro. No obstante, sentía respeto y admiración por la joven Talti y no quería acarrearse problemas. – No es necesario que te inclines ante mí, tan sólo hazlo cuando haya personas delante. Tú y yo somos iguales.– Terminó de informarle la reina. Corcha, sorprendida por esta reacción, se limitó a sonreír con el labio torcido. – Muy bien, majestad. Talti chasqueó los labios con disgusto. – Tampoco es necesario que me llames así, sólo cuando... – … Estemos ante otras personas. Sí, he comprendido. ¿Cómo tengo que llamarte entonces?– Preguntó la joven guerrera, pues desde lo ocurrido en el torneo apenas habían cruzado palabra. – Bastará con que me llames Talti, ése es mi nombre.– Sorcha asintió.– Siéntate a mi lado.– Indicó Talti. Corcha, con paso dubitativo y sin disimular algunos nervios, se sentó junto a la reina y en aquel momento, por alguna extraña razón, se imaginó como un rey junto a su reina. Sonrió de lado, diciéndose a sí misma que eso nunca sería posible.  – Talti…– Sorcha tragó saliva con fuerza y escondió sus ojos tras el espeso y negro flequillo.– Me siento muy honrada file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/3a.htm[20/03/2013 20:46:13]
  18. 18. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - III de ser el príncipe de vuestra guardia real. Nunca hubiera pensado en un puesto más honrado para una esteparia asesina…– Sus palabras denotaban arrepentimiento. – No eres una asesina, mataste porque te jugabas la vida y la de otra persona, no por gusto. Sorcha levantó a penas la vista para mirar a los ojos a la joven reina. – Te equivocas, desde el principio supe que podría matarlo. Había estudiado sus movimientos, sabía que podía vencerle. Me dejé dominar por la sed de venganza.– Sorcha volvió a bajar la cabeza. – Las dos lo hicimos. Pero no me arrepiento de ello.– Agregó Talti con voz firme. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L – ¿Te hizo sentir mejor?– Preguntó Sorcha. Talti abrió los ojos, sin entender lo que le estaba preguntando.– Quiero decir, cuando supiste que estaba muerto, cuando le cortaste la cabeza, ¿todo eso te hizo sentir mejor? Porque a mí no. Su muerte no me devolvió a mis seres queridos. – Pero ellos ahora pueden descansar en paz, sabiendo que han sido vengados y que el monstruo que les arrebató la vida está ardiendo ahora en el infierno.– Dijo con ira Talti. – No, no lo comprendes.– Sorcha se levantó de su sitio y caminó hacia la penumbra de la ventana. El sol brillaba allá en el cielo, como todos los días. Era un día tan bonito, tanto que nadie debía sentir odio si luego existían días como aquel.– La única forma de acabar con el ciclo de odio y violencia es con el amor.– Explicó con melancolía, recordando las palabras de aquella anciana pobretona que se cruzó un día en su camino. – Son palabras muy bonitas, pero son mentira. Talti se levantó de su sitio y salió por la puerta sin más dilaciones, dejando a una confusa y sorprendida Sorcha sentada junto a la ventana. Sorcha sentía algo muy poderoso que le instaba a permanecer junto a aquella mujer. No podía asegurar si era amor pero estaba segura de que la deseaba y al mismo tiempo le temía. No se había atrevido en ningún momento a hablar sobre la noche antes de la muerte de Valkin. Aquella noche, en la que, quizás desinhibidas por el alcohol que habían ingerido, se dejaron llevar por la lujuria desenfrenada y dejaron que sus labios se apoderaran los unos de los otros, como si llevasen mucho tiempo separados y necesitaran reconocerse de nuevo. Sin embargo ahora tenía unas ansias tremendas de abrazar a la fría mujer, de acariciar sus mejillas y de regalarle miles de besos. No la invadían deseos carnales sino ganas de consolar a esa mujer y decirle, con su sola presencia, que todo iba a ir bien… Pero dudaba que la joven mujer que ahora era reina se dejase hacer, dudaba que Talti sintiera eso por ella. Por ahora sentía que estaba donde tenía que estar, en el lugar adecuado y en el momento adecuado. Sin más dilaciones se ausentó del aposento y se dirigió hacia las caballerizas para dar un paseo a caballo. Capítulo X: "Recordando". El día siguiente amaneció tan tranquilo como los anteriores. El sol seguía brillando en el firmamento y los pájaros cantaban afanosos por atraer la atención de las hembras. Sorcha se levantó de su cama, algo dolorida y, con paso trémulo e indeciso, se dirigió a la tina de agua para refrescarse el rostro. Con gesto algo cansino se sentó junto a la ventana y miró el jardín que tan bello le pareciera la primera vez que lo vio y aún amaba. Allí, aún con su camisa de dormir y el pelo suelto sobre los hombros, sin disimular para nada su condición de mujer, respiró tranquila y relajadamente. Una sirvienta llamó a la puerta de su aposento con parquedad. – Mi señor, ¿estáis ahí?– Preguntó la joven. Sorcha carraspeó para entonar su ruda voz mejor. – ¿Qué ocurre?– Preguntó, denotando molestia. – Siento despertarle, pero su majestad quiere que la acompañéis.– Informó la joven doncella. – ¿A dónde?– Preguntó con rudeza Sorcha, un poco molesta por la interrupción. – Mi reina quiere salir a cabalgar, pero desea que le acompañe su príncipe. Sorcha se levantó y se comenzó a vestir. – Enseguida bajaré.– Se limitó a contestar. Aunque seguía enfadada con Talti, no iba a demostrar descortesía y rebeldía ante los sirvientes, no quería ser un mal ejemplo. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ Talti se había levantado en completa ansiedad. Había soñado de nuevo con las cabezas de crespo pelo dorado de sus hermanos ondeando en sendas lanzas. Cuánto dolor e impotencia sentía cada vez que volvía a tener aquellos sueños tan reales… Era como volver a tras en el tiempo y vivir de nuevo aquella horrorosa tortura. file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/3a.htm[20/03/2013 20:46:13]
  19. 19. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - III Se dio cuenta de que las palabras de Sorcha resonaban ahora en su cabeza. Realmente no se sentía mucho mejor con respecto a la pérdida de sus seres queridos. Pero sabía que estaba en el lugar adecuado y que se había cumplido la justicia por primera vez en su vida. Recordó la figura de Sorcha en la penumbra de la ventana, y por vez primera desde que la conoció se preguntó por la naturaleza de la relación que las unía. En realidad todo se resumía en sus planes de venganza. Pero ahora que estos habían sido consumados, ¿qué tenían? Quizás sólo había cordialidad, quizás era cuestión de tiempo que Sorcha se marchara… O quizás se necesitaban. Al menos Talti la necesitaba. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L Sólo confiaba en el viejo hechicero y en ella y, por alguna extraña razón, se sentía enormemente protegida a su lado. Pero no sabía exactamente qué les había llevado a besarse de aquella salvaje manera aquella noche. Eran dos mujeres, eso lo tenía presente. Pero no era ése el mayor impedimento que veía en relacionarse con Sorcha de aquella manera, pues tenía noticias de las relaciones sexuales entre condes y otros hombres, aunque pocos eran los rumores que hablasen de dos mujeres amándose. Lo que realmente le preocupaba era no saber qué era lo que veía en Sorcha. A veces deseaba besar sus labios, a veces acariciarla, a veces que la abrazara fuerte y la protegiese como a una niña. Otras veces la miraba y veía a una extraña, la figura de una misteriosa mujer de la que no conocía nada o más bien poco de su pasado. Decidió que éste era el día ideal para saber todo lo que debiera saber sobre ella. ~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~ Como había vaticinado Talti, era un día precioso. El sol parecía sonreírse de la vida y de las gentes del mundo. El celeste del cielo daba la impresión de ser una extensa capa inmutable y calmosa. Los caballos trotaban despacio con aire distinguido. Talti agarraba las riendas con suavidad, despreocupadamente. A su lado Sorcha miraba los altos bosques que se abrían a lo lejos. A su mente venían recuerdos de aquel día en el que escapara con la princesa del castillo a lomos de su querido corcel negro. Ahora viajaban cada una en su propia montura, y Sorcha se sentía tan lejana y tan cerca de ella al mismo tiempo... Desde que salieran del castillo no habían hablado nada. Talti se limitaba a mirar el horizonte y los alrededores, seguía cabalgando inmutable. A su lado Sorcha esperaba con ansiedad un gesto o una palabra que rompiera la ya palpable tensión. – ¿Qué ocurrió?– Preguntó Talti a la alta mujer. Sorcha saltó desprevenida en su montura. – No te entiendo…– Respondió más calmada, mientras miraba a la reina con el ceño fruncido. – Con tu pueblo, ¿qué ocurrió?– Preguntó de nuevo mirando a la guerrera fijamente. Sorcha se encogió por un momento, intentando esconder su dolor, el dolor que le sobrevenía al recordar aquel día. Sorcha supo que le sería difícil contarle lo ocurrido, pero si lo hacía le demostraría que confiaba en ella. – Tú estabas allí, ¿recuerdas?– Preguntó Sorcha desviando su mirada al horizonte.– Tú viste sus negras cabezas separadas cruelmente de su cuerpo. ¿Qué crees que ocurrió?– Sorcha supo que había sido algo arisca al responder pero, aunque quería acercarse a ella, seguía doliéndole. Talti se sintió dolida, como si no confiara lo suficiente en ella. Respiró con desesperanza.   – Quería saber que ocurrió contigo. ¿Por qué no te mató?– Sorcha la miró fijamente a los ojos. Talti se sintió intimidada por el azul zafiro de aquella mirada y agachó la cabeza tímidamente. – No sé, siempre había sido buena guerrera. En mi pueblo...– Sorcha hizo un ademán de sufrimiento al recordar de nuevo el fin de éste–... las mujeres también eran adiestradas como guerreras. Yo era sólo una niña pero era la mejor con la espada. Vivíamos felices, en paz con nosotros y los pueblos que nos rodeaban. Pero hubo un invierno en el que perdimos las cosechas. Estabamos empobrecidos y hambrientos, por lo que decidimos hacer algunas incursiones por los territorios de Istorel. Nunca atacábamos aldeas, si es lo que estás pensando, sólo cazábamos pues en la estepa no había mucho de que alimentarse. Nunca tuvimos problemas con la guardia de tu padre, pero cierto día nos llegaron noticias de su muerte y de la muerte de sus hijos. No es que la noticia nos doliera mucho pero nos preocupaba nuestro futuro. Luego, un día, recuerdo que había amanecido soleado, con algunas nubes surcando veloces el cielo. Recuerdo también a mi hermana, Tara, me pidió que le enseñara a usar la espada y se enfadó conmigo porque me negué rotundamente. No quería que ella fuese como yo… Luego me arrepentí, al menos podría haberse defendido. Quizás si yo le hubiese enseñado a utilizar la espada...– Sorcha bajó la cabeza para esconder las copiosas lágrimas que empezaba a derramar. Talti acercó despacio su caballo y sostuvo las riendas de Sorcha, haciendo que ambos caballos se detuviesen. Sorcha levantó un poco la cabeza para mirar a Talti, ésta sólo le sonrió mientras bajaba con agilidad del caballo. Se acercó a Sorcha y le ofreció la mano para ayudarla a bajar. Sorcha no esperó mucho tiempo para que el contacto fuera real. Sus manos se unieron como si siempre se hubieran pertenecido y ambas se miraron confusas a los ojos. Sorcha retiró la mano veloz cuando se dio cuenta de que alargaba demasiado el contacto. Talti sonrió y se sentó en la cálida hierba. Sorcha a imitó. file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/3a.htm[20/03/2013 20:46:13]
  20. 20. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - III – Sigue contándome, por favor...– Le indicó la reina. Sorcha miró la yerba y recordó los verdes prados primaverales donde solía jugar de niña. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L – Valkin...– Pronunció el nombre con repugnancia–... apareció de repente con su gran ejército. Nos descubrió por sorpresa. Nunca habíamos temido un ataque pues éramos un pueblo nómada y a muchos les costaba dar con nosotros. Sin embargo, él lo logró. Cuando lo vi aparecer me pareció un dios entre todos aquellos hombres, pero pronto supe que sólo era un diablo que había escapado del Infierno. Arrasó con todos sin distinción: niños, mujeres y hombres. Fueron cayendo uno por uno. Al principio recuerdo que el miedo me paralizó y era incapaz de reaccionar, pero entonces pasó algo que cambiaría mi vida para siempre... Ella… no pudo esquivar esa aguda y afilada espada, sólo era una niña inocente de 9 años… Recuerdo que sentí tanto odio por todos ellos… y una fuerza me sacudió de tal manera que me lancé a por ellos con fiereza. Vencí a unos pocos antes de enfrentarme a él. Recuerdo que  se me echó encima como un salvaje y me lanzó al suelo. No pude esquivarle, intenté escapar de su agarre pero entonces yo era débil y joven y él era un hombre en su edad florida. Cuando logró tenerme a su merced me golpeó con fuerza y perdí la consciencia. No recuerdo nada más, tan sólo que desperté aturdida y creí que todo había sido un angustioso sueño, hasta que supe dónde estaba. Me habían encerrado en una celda, como si fuera un león salvaje. Luego miré hacia atrás y entonces...– Paró en seco al recordar con nitidez la escena.– No me dieron de comer ni de beber durante varios días, ni siquiera recuerdo cuántos fueron. Luego llegamos al castillo y apareció un ángel entre toda aquella muchedumbre. Creí que habías venido para llevarme junto a mi familia, pero entonces supe que eras de carne y hueso, como yo.– Hizo una pausa de unos segundos y luego miró fijamente a Talti.– Fuiste la única que sufriste dolor por ellos y no lo disimulaste. Lo vi claramente en tus ojos. Talti volvió su vista al horizonte con el ceño fruncido. – Pero no hice nada por evitar aquella masacre...– Se disculpó en un susurro. – Aunque hubieses querido no habrías podido hacer nada. La reina negó con la cabeza avergonzada. – Estaba demasiada ocupada con mis planes de venganza.– Se increpó a sí misma. – Aún así me ayudaste a escapar, te apiadaste de mí sin conocerme.– La consoló la esteparia. – Cuando... cuando vi lo que esa bestia repugnante había hecho con tu pueblo... Nunca entendí por qué él sentía tanto odio hacia todos. Sorcha desvió la vista al horizonte. – Era un maldito demonio. No tenía escrúpulos ni corazón.– se mordió con fuerza el labio inferior hasta sentir el dolor en ellos. Un largo silencio se extendió entre las dos jóvenes. Talti se echó sobre el verde manto de hierba y miró al cielo sin ninguna expresión en su rostro. Sorcha la observó, le seguía pareciendo tan bella como un ángel. Sus ojos seguían siendo tan brillantes como la esmeralda. Una débil y ausente gota de agua cayó sobre la mejilla de Talti. Sorcha sintió una fría brisa azotando su pelo. Miró al cielo y observó las nubes moverse con mucha velocidad, como si fueran hojas arrastradas por el viento. El cielo se había oscurecido y el sol se había perdido, como por arte de magia, tras aquella espesa capa de algodón. Talti no parecía darse cuenta de ello. Parecía que de un momento a otro empezaría a llover. Sorcha se levantó. – Será mejor que nos marchemos, pronto comenzará a llover.– Pero la joven reina no se movió del sitio. La muchacha guerrera frunció el ceño, extrañada. – Talti...– La llamó con voz suave.– ¿Estás bien?– Preguntó seguidamente. Como respuesta sólo recibió una mueca que parecía una sonrisa forzada. Luego Talti le alargó la mano. Sorcha la cogió sin pensarlo dos veces y Talti la instó a que se tendiera junto a ella. – Cierra los ojos.– Le susurró al oído la joven reina. Sorcha se estremeció con el contacto de su aliento en su piel. Se limitó a cerrar los ojos, sin preguntarse el por qué de aquella reacción. No supo cuánto tiempo pasó realmente, ni qué le había llevado a actuar de aquella forma. Sentía como si quisiera evaporarse y vagar por el mundo libre de todo el peso que ahora llevaba en sus hombros. Notó un leve roce en su mano y recordó que a su lado se encontraba Sorcha. Por un instante volvió su cara hacia la de ella para mirarla y se sorprendió al darse cuenta de que la guerrera estaba observándola. – ¿Por qué me miras así?– Preguntó aturdida. – Pensaba que debes estar loca.– Sorcha sonrió sinceramente.– Y yo lo estoy aún más por seguirte en tus locuras. Talti sonrió y su sonrisa se convirtió pronto en una carcajada. A Sorcha le encantó verla tan feliz, aunque fuera por unos segundos. file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/3a.htm[20/03/2013 20:46:13]
  21. 21. Corazón Contaminado de Elora Xenagab. - III – Alguien me dijo una vez: "El loco que persiste en sus locuras llegará a ser sabio". Sorcha levantó las cejas en señal de sorpresa. – Ese alguien también debía de estar loco.– Contestó con una sonrisa inocente. Talti volvió a reír feliz. Sus carcajadas fueron interrumpidas por el relincho de uno de los caballos que se movía nervioso con el estruendo de los rayos.– Será mejor que vayamos levantando el campamento. Pronto estará oscuro y no podremos distinguir el camino de vuelta.– Anunció con voz preocupada Sorcha. – Tienes razón.– Contestó la joven reina levantándose. VE FA R SI N FI ÓN C O EN R IG ES I N PA A L, Ñ O L sigue --> file:///E|/MisDocumentos/web/VO_v6/fanfics/ffVO/fflargos/corazon_contaminado/3a.htm[20/03/2013 20:46:13]

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