España siglo XVIII

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España siglo XVIII

  1. 1. TEMARIO ORIENTADO A PREGUNTAS CORTAS Personas Hechos/movimientos Estructuras/administración1) D. Juan José de Austria: pag 2 5) Los Novatores pag 8 8) Comercio de Indias pag 112) Nithard: pag 3 6) La Paz de Nimega: pag 10 9) Junta de Comercio: pag 13 11) Las capitanías generales: pag3) Medinaceli y Oropesa: pag 4 7) La Paz de Ryswick pag 10 154) Pretendientes al trono de 10) La paz de Utrech (1713) y sus 12) Las intendencias. La figura delEspaña a la muerte de Carlos II: consecuencias económicas y intendente: pag 16pag 6 territoriales para España: pag 14 17) Las reducciones de Jesuitas en 16) El navío de permiso y el13) Ustáriz: pag 21 Paraguay: pag 26 asiento de negros pag 25 19) El primer Pacto de Familia 18) Las secretarias de Estado: pag14) Alberoni: pag 22 (1733) y sus guerras: pag 29 2815) Patiño: pag 23 20) La Guerra de la Oreja de 24) Los pósitos. pag 37 Jenkins pag 3122) El Marqués de la Ensenada: 21) El Segundo Pacto de Familia y 25) Las Sociedades Económicaspag 35 sus Guerras pag 32 de Amigos del País. pag 3928) Pablo de Olavide y las Nuevas 23) El Tratado de Madrid o 26) Los vales reales y el Banco dePoblaciones pag 45 Tratado de Límites (1750) pag 36 San Carlos pag 4231) Floridablanca pag 50 29) El concordato de 1753 pag 48 27) Proyecto de Unica contribución en Castilla. pag 4432) Campomanes pag 51 30) El catastro de Ensenada pag 4933) Jovellanos pag 52 34) El tercer Pacto de Familia 1761 y sus guerras pag 52Extra_1. Orry pag 60 35) La Paz de Versalles (1783) pag 56 36) España y la Revolución Francesa pag 58 37) La conjura del Escorial. pag 59 38) El Motín de Aranjuez pag 59 Extra: Reformas y levantamientos campesinos en siglo XVII : pag 60
  2. 2. 1) Don Juan José de Austria Llamado el «segundo» Juan de Austria (Madrid, 1629-1679). Hijo ilegítimo de Felipe IV deEspaña y la actriz María Calderón (la Calderona). Por consejo del conde-duque de Olivares y parasuplir la eventual falta de herederos varones, fue reconocido por el rey en 1642 y nombrado en1643 príncipe y prior de la orden militar de San Juan para los reinos de Castilla y León, pero el reyrechazó siempre su pretensión de ser legitimado y reconocido como infante. Con 18 años fue puesto al mando de la flota enviada a sofocar la revuelta de Nápoles(1647-51) y en 1652 dirigió el sitio de Barcelona que puso fin a la larga guerra de la Corona contrala rebelión de Cataluña, recibiendo el nombramiento de virrey de aquel territorio (1653-56). Después fue virrey de Flandes (1656-59), tarea en la que obtuvo algunos éxitos frente a losfranceses, como el levantamiento del cerco de Valenciennes o la toma de Condé, y fracasos como lapérdida de Dunkerke. Felipe IV lo puso al mando del ejército español que intentaba recuperar elcontrol de Portugal (1661-64), tarea en la que fracasó. Tras la muerte de Felipe IV (1665) cambió la actividad militar por la política cortesana,tratando de lograr una legitimación que le facilitara el acceso a la gobernación de la Monarquía antelos problemas sucesorios de su hermanastro Carlos II y la debilidad de la Corona. La lucha por el poder le enfrentó a la reina gobernadora Mariana de Austria y a su valido, eljesuita austriaco Nithard, quienes intentaron apartarlo de la Corte destinándolo a Flandes en 1668,pero rechazó el nombramiento. Mientras la regente lo rechazaba, entre las clases populares suimagen cobraba tintes de mesianismo y lo señalaban como el único capaz de sacar a la monarquíadel marasmo en que estaba sumida. Se desató una guerra de pasquines y de violencia callejera entrelas facciones de los llamados donjuanistas y nithardístas hasta que la regente ordenó la detención dedon Juan, que huyó de Consuegra a Barcelona, donde había dejado partidarios como virrey y sepuso al frente de una fuerza armada con la que marchó hacia Madrid, forzando la caída de Nithard(1669), aunque no se atrevió a atacar la capital y aceptó el nombramiento de vicario general deAragón. La reina alejó de España a don Juan destinándolo a Flandes (1670) y a Nápoles (1675) yencumbró a un caballerizo llamado Fernando de Valenzuela como nuevo valido, provocando elrechazo de la nobleza hacia el advenedizo cuyo creciente poder les resultaba insoportable. Conmotivo de la mayoría de edad de Carlos II, D. Juan prestó juramento con honores de infante, ycuando los grandes de España y de los militares forzaron la caída de Valenzuela (1676) y auparon aDon Juan, que marchó por segunda vez sobre Madrid y obligó a Mariana de Austria a retirarse aToledo para eliminar su ascendiente sobre Carlos II En enero de 1677 don Juan era el valido de su hermano y gozaba de un gran prestigio entrelas clases populares madrileñas. Acometió numerosas medidas de gobierno, pero las expectativasdespertadas eran tan grandes que para muchos los resultados resultaban insuficientes; los fracasosen la guerra de los Países Bajos (Guerra Franco-Holandesa 1672-1678 ) y el desastroso Pacto deNimega de 1678 (España pierde el Franco-Condado y varias plazas) le hicieron perder apoyosentre los militares; sus enemigos utilizaron las mismas armas de las que se había servido él paraatacar a Nithard, y Madrid se llenó de pasquines donde se le injuriaba y atacaba recalcando que erahijo de una comedianta. Su respuesta fue silenciar a la oposición mediante la prisión o el exilio, y aislar al rey detodo contacto exterior. En el verano de 1679 don Juan cayó enfermo de gravedad, el 7 deseptiembre de 1679 otorgó testamento y fallecía pocos días después en medio del desinterésgeneral. Sus enemigos señalaron que la muerte le salvó de una caída inevitable. Los escasos 33 meses de Don Juan al frente del gobierno, truncados por su prematuramuerte, resultaron insuficientes para poder plasmar su deseo de reafirmar la regalía regia comomedio de fortalecer el papel del Estado, evitando injerencias del poder espiritual en el temporal. En
  3. 3. varios aspectos recogió la herencia del conde-duque de Olivares a través de sus memoriales y Juntasde Reformación; inició una leve aproximación a la reforma fiscal haciendo tributar a la nobleza através de donativos, y trató de poner en marcha novedosas ideas de gestión con la creación de laJunta General de Comercio, institución típicamente mercantilista similar a las aparecidas en otrosEstados europeos durante el S. XVIII, que constituye un paso adelante en el proceso de articulaciónde los Estados modernos que, de preocuparse casi exclusivamente en el S. XVI por los problemasfiscales y hacendísticos, pasan a interesarse por la producción y el intercambio de bienes. En la España moderna existían los precedentes de una Junta de Minas y otra de Comercio,Población y Agricultura, creadas en los primeros años del reinado de Felipe IV, por iniciativa delconde-duque de Olivares; pero no fue hasta un decreto de 24-1- 1679 cuando se instituyó la Juntade Comercio, con la finalidad de «restablecer y restaurar el comercio general de estos reinos»,compuesta por los ministros de los Consejos de Castilla, Guerra, Hacienda e Indias, además de ungrupo de expertos. La Junta de Comercio (1679) tenía como finalidad abordar los problemas dedespoblamiento y de depresión industrial, y capacidad para la creación de instituciones crediticias(montes de piedad) que facilitaran el movimiento de capitales y marcó el inicio del períodoreformista de los años 80. España tenía demasiados funcionarios. El deseo de ocupar un cargo público se habíaconvertido en una auténtica obsesión, aumentada por las universidades, por los valores socialesvigentes, por el sistema de patronazgo y por la propia imprevisión del gobierno, y elcrecimiento de la burocracia fue superfluo y perjudicial, con continuos desplazamientos deunos cargos a otros que se habían convertido en un grave obstáculo para la eficacia de laadministración. El primer intento de reforma se produjo en 1677 con el objetivo de «evitar elgran retraso en el despacho eficiente de los asuntos, ocasionado por el incremento del númerode ministros, así como el coste creciente de los salarios», aunque los favores debidos anularonsu eficiencia por la adición de una disposición final que concedía que ningún presidente enfunciones tendría que dejar su cargo y que el Consejo adquiriría su nueva dimensión por elprocedimiento de no cubrir las vacantes cuando éstas se produjeran.2) Nithard Religioso austríaco, de la orden jesuita, acompañó a la archiduquesa Mariana de Austria encalidad de confesor cuando ésta vino a España a casarse con Felipe IV (1649). A la muerte del rey,la reina viuda Mariana quedó como regente del reino durante la minoría de edad de Carlos II ydepositó su plena confianza en Nithard encumbrándolo mediante todo tipo de recursos: consiguióque el Inquisidor General en funciones, el arzobispo de Toledo, don Pascual de Aragón, renunciaraa su puesto y se retirara a su arzobispado, dejando a la vez su puesto en la Junta de regencia en laque según el testamento de Felipe IV debía estar el Inquisidor General; obtuvo la naturalizacióncomo español del padre jesuita -imprescindible para acceder al cargo de Inquisidor General-mediante el voto en Cortes de las ciudades castellanas y presionó a Alejandro VII para que aprobarael puesto inquisitorial para su confesor, eximiéndolo de su voto jesuítico que le impedía ejercercargos políticos. El cargo de Inquisidor General (1666) permitió a Nithard entrar en la Junta deRegencia y la confianza real lo convirtió en el personaje más influyente de la Corte, donde actuócomo primer ministro. La nobleza rechazó desde un principio el encumbramiento de Nithard, al que consideraronun advenedizo carente de los merecimientos que ostentaba; y los dominicos, orden opuesta a losjesuitas, se sintieron heridos en su orgullo al observar como un jesuita les arrebataba la primacía delconfesionario real, así como el gran puesto inquisitorial. Durante los tres años en los que disfrutó dela cercanía de la reina no supo procurarse una red de poder que lo mantuviera en su valimiento y asu influencia se le achacaron la profunda desconfianza de la reina Mariana de Austria hacia la grannobleza española, especialmente hacia su hijastro D. Juan José de Austria. Su mediocridad en el terreno político y sus votos en el Consejo de Estado, de carácter másteológico que político, aumentaron la enemistad de la gran nobleza española le hizo cosechar
  4. 4. continuos fracasos en el exterior (Francia: Guerra de Devolución 1667-68 ) y concitar sobre éltodas las antipatías de la población con su rigidez mental (prohibición de las representacionesteatrales) y las continuas exigencias de dinero, al tiempo que su incapacidad como gestor bloqueólos proyectos de una contribución única y la rebaja de los impuestos de consumo. Sus fracasos en la Paz de Aquisgrán y el Tratado de Lisboa de 1668 (tras la Guerra deDevolución, reconocimiento por España de la independencia de Portugal y la pérdida de variaslocalidades flamencas) y el descontento popular generalizado facilitaron el pronunciamiento militarde D. Juan José de Austria, que en 1669 obtuvo la destitución de Nithard (nombrado embajadorextraordinario en Roma)3) Medinaceli y OropesaResumen: El país recuperó la cordura y la estabilidad política durante los mandatos de Medinaceliy Oropesa, progreso que sólo se vio interrumpido por el problema sucesorio. Entre 1683 y 1685(Medinaceli) el gobierno inició el debate de la reforma de la estructura fiscal con la propuesta dereducción de los millones y el aumento de la alcabala y otros impuestos que afectaban más a losgrupos de ingresos elevados, aunque en febrero de 1688 (Oropesa) el informe de la Comisión deHacienda concluía que, a pesar de que era de importancia vital aliviar la carga fiscal, había quemantener los millones para atender los gastos de defensa, pues la rígida estructura social deCastilla imposibilitaba la imposición directa de las clases privilegiadas, y el ajuste del sistemafiscal se concentró en vigilar más de cerca los contratos para la recaudación de impuestos, que searrendaban a hombres de negocios y financieros; en la abolición o reducción de la sisa en unaserie de bienes de consumo y en la reducción de la cuota fiscal de aquellas comunidades cuyasituación era especialmente difícil. Las aspiraciones reformistas de los ministros de Carlos II también intentaron abordar losproblemas industriales y comerciales de España con el planteamiento de que el Estado debíaadoptar un papel más activo en la planificación económica, y ante los graves problemas dedespoblación y depresión industrial Medinaceli puso en marcha la Junta General de Comerciopara facilitar el movimiento de capitales mediante instituciones crediticias (montes de piedad), ypublicaron un Decreto (1682) de compatibilidad de las actividades industriales y empresarialescon la nobleza. Oropesa continuó con el saneamiento económico, el equilibrio presupuestario y laestabilidad monetaria como pilares básicos de la recuperación, al mismo tiempo que inició larenovación del aparato del Estado con la creación de una Superintendencia de Hacienda, queanulaba al Consejo de dicho nombre e inauguraba el desmantelamiento de la Administración quedurante doscientos años se había basado en un sistema de consejos. También trató de introducircambios en la sociedad planteando la necesidad de que la nobleza de pagase impuestos paracontribuir al sostenimiento del Estado, y decretó una reducción de la cifra de clérigos y de lasfundaciones religiosas. El último gobierno de Carlos II no sólo restableció la confianza en el sistemamonetario español, sino que dio los primeros pasos en el proceso de la reformaadministrativa, anticipándose de alguna manera a los empeños más eficaces de losreformadores borbónicos de la centuria siguiente. Tras la muerte de Don Juan José de Austria, llevó algún tiempo conciliar los diferentesintereses, pero el 21 de febrero de 1680, el rey nombró como primer ministro al duque deMedinaceli, quien demostró competencia para hacer frente a la situación y continuó con ladura política deflacionista diseñada por la administración financiera del hermanastro del rey,para devolver el crédito al sistema monetario. Se entró así en una etapa de estabilidadmonetaria, sin que el Estado alterase el valor de las monedas ni realizase acuñacionesfraudulentas, imprescindible para avanzar en la superación de la crisis, pero mantener unapolítica deflacionaria supuso endurecer la vida de la gran mayoría de la población y afectar a la
  5. 5. aristocracia en sus rentas. La paz exterior aportó estabilidad política y permitió a Medinaceli dedicarse a los asuntosinternos incorporando nuevos talentos a las tares de dirección y elevando el nivel del gobierno.Para tomar medidas de racionalización del gasto y buscar el equilibrio presupuestario nombrópresidente para el Consejo de Hacienda a Carlos Herrera, gobernador de Sevilla familiarizadocon los problemas económicos y los intereses mercantiles. Se redujeron las fiestas y losdispendios que habían caracterizado la vida en la Corte en tiempos de Felipe IV y en la época de laprivanza de Valenzuela; se creó un organismo específico para los asuntos económicos, la JuntaMagna (en la que tres teólogos neutralizaban el pragmatismo que trataban de imponer Medinaceliy su equipo). Se dedicó especial atención al comercio con América (abandonado durante décadas enmanos de mercaderes y compañías extranjeras) y reforzó la administración incorporando a Joséde Veitia Linaje en el puesto de Secretario del Despacho Universal, como asesor especial delprimer ministro en los planes para revitalizar el comercio colonial y su rendimiento. Se intentóatacar los abusos más flagrantes de la penetración comercial extranjera en Sevilla y Cádiz, seprestó mayor atención a las defensas del Imperio, y el comercio de Indias arrojó durante losúltimos años de la centuria un volumen de beneficios de los más elevados de todo el períodocolonial, de los que un buen porcentaje llegaron a las arcas del Estado. Medinaceli puso en marcha la Junta de Comercio (1682) y una serie de medidas para lapromoción de las actividades productivas, como la declaración de la compatibilidad de comercio ynobleza (1682), la protección a los artesanos (1683), las ordenanzas generales de la sedería (1684)o la gestación de los Gremios Mayores de Madrid (1686), aunque el tejido de la vida españolaestaba demasiado exhausto como para que fuera posible conseguir un súbito rejuvenecimiento. Medinaceli hubo de hacer frente a numerosas intrigas y a las tradicionales rivalidades de lasfamilias nobiliarias asentadas en los consejos, que aumentaron cuando en 1681 Luis XIV(aprovechando las dificultades del Imperio con los turcos tras el sitio de Viena, y la debilidadespañola) tomó Estrasburgo y España se vio obligada a realizar unos dolorosos gastosdefensivos y a firmar otro tratado de paz desfavorable (Tregua de Ratisbona, 1684) que cedíaal rey de Francia durante veinte años la fortaleza de Luxemburgo y algunas plazas de los PaísesBajos, además del reconocimiento de la ocupación francesa de Estrasburgo. Medinaceli aceptócompartir su carga y, en junio de ese año, el conde de Oropesa, miembro del Consejo deEstado desde 1680, fue nombrado presidente del Consejo de Castilla y poco a poco desplazó aMedinaceli, que dimitió en abril de 1685. Por primera vez en muchos años, se produjo un cambio de gobierno manteniendo la líneapolítica de la etapa anterior, y fue nombrado el conde de Oropesa, hombre de capacidad, talento yrecursos, partidario de aplicar una política de reforma fiscal, eclesiástica y de la administración,y estaba dispuesto a revitalizar la economía mediante una moderada inflación que introdujouna cierta mejora de la economía nacional. Tras la dimisión de Veitia situó en la Secretaría del Despacho Universal a ManuelFrancisco de Lira, que había sido diplomático y secretario de asuntos de Italia en el Consejo deEstado, y asignó los asuntos fiscales a un nuevo departamento, la Superintendencia deHacienda1 a cargo del marqués de Los Vélez, quien actuó con energía como presidente de unaJunta de Medios, compuesta por los representantes de los Consejos para estudiar laspropuestas de reforma, y elaboró un amplio informe que serviría de documento de trabajo parala preparación de una nueva estructura fiscal con el objetivo de reducir el déficitpresupuestario crónico e introducir una cierta equidad en la fiscalidad. Naturalmente, laspropuestas de reforma contaron con la oposición de los tres poderes mayores de lamonarquía: la Iglesia, la nobleza y los altos cargos del aparato burocrático. Oropesa también trató de poner orden en la Iglesia española y ante la gran poblacióneclesiástica intentó restringir la fundación de nuevas casas religiosas y envió una circular a losobispos solicitando que suspendieran temporalmente las ordenaciones de sacerdotes. También1 Primer intento de constituir un ministerio al margen del sistema conciliar de los Consejos
  6. 6. puso en marcha una Junta especial que investigó la jurisdicción y los privilegios e inmunidadesde la Inquisición, con la conclusión de que resultaban excesivos y la recomendación de que seinvestigaran sus fraudes fiscales y que se definieran más estrictamente los fueros del tribunalpara limitar las penas de excomunión por razones temporales, y para que pudiera existirderecho de apelación ante los tribunales seculares contra las sentencias injustas. España tenía demasiados funcionarios. El deseo de ocupar un cargo público se habíaconvertido en el objetivo de los titulados en derecho que cada año producían las universidadesespañolas y la burocracia, que en otro tiempo fuera el gran activo del gobierno español, eraahora una rémora para el país con unas instituciones ineficaces dirigidas por altos cargoscomprados que pasaban de un puesto a otro. En 1677 (D. Juan José) se publicó un decreto realpara «evitar el gran retraso en el despacho eficiente de los asuntos, ocasionado por elincremento del número de ministros, así como el coste creciente de los salarios», pero fue inútilpor la previsión de redimensionar la administración por el procedimiento de no cubrir las vacantescuando éstas se produjeran. Oropesa abordó el problema de la burocracia en 1687,publicando un decreto queordenaba la supresión total de los cargos en los consejos que habían sido adquiridos2, y de loscargos supernumerarios (por concesión real) cuando quedaran vacantes. También preparó laimportante reforma de 1691(su destitución le impidió aplicarla personalmente) que anulabatodas las mercedes y concesiones realizadas por la administración sin conocimiento del rey,y limitaba el número de miembros de los consejos3 por razones de eficacia y ahorro Amenazar a la aristocracia con impuestos, a la Iglesia con reformas y a laburocracia con una reducción del personal, suponía enfrentarse con los sectores más poderososde las sociedad, y sus adversarios políticos encontraron en la nueva reina la palanca de la quehasta entonces habían carecido. Tras la muerte de María Luisa, en febrero de 1689, Carlos IIcasó con Mariana de Neoburgo26, hija del elector palatino y hermana del emperador Leopoldo. El matrimonio indujo a Luis XIV a declarar de nuevo la guerra a España, con losconsiguientes desembolsos para los gastos de defensa, derrotas en los Países Bajos e Italia y lainvasión de Cataluña. En junio de 1691 Oropesa fue cesado en sus funciones por Carlos II,presionado por la reina y por las acusaciones de mal gobierno por las partes interesadas que seoponian a sus reformas. Oropesa volvió al gobierno en 1696 pero fue cesado a mediados de 1699 como corolariode un motín producido por el encarecimiento del trigo y otros productos de primera necesidada causa de movimientos especulativos en los que estaba implicada su esposa. Tras la caída de Oropesa en 1691 el gobierno quedó a la deriva sin primer ministro, connumerosos candidatos por parte de la aristocracia castellana y los clientes de la reina Mariana.Siguiendo el consejo del duque de Montalto, Carlos publicó un decreto en 1693 (Planta deGobierno), que establecía una especie de junta superior de ministros con los títulos de lugartenientegeneral y gobernador de distintas regiones, y España quedó prácticamente sin gobierno mientras elproblema sucesorio dominaba por completo la vida política del país.4) Pretendientes al trono de España a la muerte de Carlos II. El último rey de España de la casa de Habsburgo, Carlos II el Hechizado, estéril yenfermizo, murió en 1700 sin dejar descendencia. Durante los años previos a su muerte, la cuestiónsucesoria se convirtió en asunto internacional e hizo evidente que la Monarquía Católica constituíaun botín tentador para las distintas potencias europeas. Tanto Luis XIV de Francia como elemperador Leopoldo I estaban casados con infantas españolas hijas de Felipe IV, por lo que ambosalegaban derechos a la sucesión española (asimismo, las madres de ambos eran hijas de Felipe III).La cuestión jurídica entre los tres pretendientes más calificados a la sucesión:2 D ejando a los propi etarios el título y con dició n y un interé s d el 5 p or 1 00 so bre la s u ma q u e hab ían pagado p or el cargo3 Los cons ejeros p or e nci ma d el n ú m ero fijado ten drían q u e retirarse recibien d o la m itad d e s u salario, y tendrían opció n a oc upar las vacantes q u e s e prod ujeran
  7. 7. •Los derechos señalados por el testamento de Felipe IV recaían en la segunda hermana de CarlosII, la infanta Margarita, de quien era nieto el príncipe Fernando José de Baviera, hijo de la infantaMª Antonia, apoyado por el conde de Oropesa•El Gran Delfín de Francia, era hijo de la infanta Mª Teresa, hermana del rey Carlos•Luís XIV era nieto de Felipe III, hijo de la infanta Ana•Leopoldo I era nieto de Felipe III, hijo de la infanta Mariana.◦El archiduque Carlos, hijo del emperador Leopoldo I tenía los derechos que le legaba su padre. A través de su madre, María Teresa de Austria (hermana mayor de Carlos II), el GranDelfín, hijo primogénito y único superviviente de Luis XIV, era el legítimo heredero de la Coronaespañola, pero era ésta una elección problemática. Como heredero también al trono francés, lareunión de ambas coronas hubiese significado, en la práctica, la unión de España -y su vastoimperio- y Francia bajo una misma dirección, en un momento en el que Francia era losuficientemente fuerte como para poder imponerse como potencia hegemónica. A consecuencia deello, Inglaterra y Holanda veían con recelo las consecuencias de esta unión y el peligro que para susintereses pudiera suponer la emergencia de una potencia de tal orden. Los candidatos alternativos eran el emperador romano Leopoldo I, primo hermano de CarlosII, y el Elector de Baviera, José Fernando. El primero de ellos también ofrecía graves problemas,puesto que su elección como heredero hubiese supuesto la resurrección de un imperio semejante alde Carlos I de España del siglo XVI (deshecho por la división de su herencia entre su hijo Felipe ysu hermano Fernando). Luis XIV temía que volviese a repetirse la situación de los tiempos de Carlos I de España,en la que el eje España-Austria aisló fatalmente a Francia. Aunque tanto Leopoldo como Luisestaban dispuestos a transferir sus pretensiones al trono a miembros más jóvenes de su familia (Luisal hijo más joven del Delfín, Felipe de Anjou, y Leopoldo a su hijo menor, el Archiduque Carlos),la elección del candidato bávaro parecía la opción menos amenazante para las potencias europeas,mientras que José Fernando de Baviera era la elección preferida por Inglaterra y Holanda. Francia e Inglaterra, inmersas en la Guerra de los Nueve Años, pactaron la aceptación deJosé Fernando de Baviera como heredero al trono español, y el rey Carlos II lo nombró Príncipe deAsturias. Para evitar la formación de un bloque hispano-alemán que ahogara a Francia, Luis XIV
  8. 8. auspició el Primer Tratado de Partición, firmado en La Haya en 1698, a espaldas de España. Segúneste tratado, a José Fernando de Baviera se le adjudicaban los reinos peninsulares (exceptuandoGuipúzcoa), Cerdeña, los Países Bajos españoles y las colonias americanas, quedando elMilanesado para el Archiduque Carlos y Nápoles, Sicilia y Toscana para el Delfín de Francia. Cuando José Fernando de Baviera murió prematuramente en 1699, también a espaldas deEspaña se firmó el Segundo Tratado de Partición que reconocía al Archiduque Carlos comoheredero, pero dejando todos los territorios italianos de España a Francia, lo que satisfacía aFrancia, Holanda e Inglaterra, mientras Austria reclamaba la totalidad de la herencia española. Un mes antes de su muerte, Carlos II testó a favor de Felipe de Anjou estableciendo unacláusula por la que Felipe tenía que renunciar a la sucesión de Francia, con la intención deconservar la unidad de los territorios del Imperio español, lo que solo sería posible con el apoyo deLuis XIV de Francia, el monarca con mayor poder de Europa. Cuando se produjo la muerte deCarlos II, Luis XIV respaldó el testamento5) Los Novatores Los novatores o novadores, constituyen un grupo de pensadores, científicos y filósofosespañoles de comienzos del siglo XVIII que desarrollan un interés por las novedades científicasatomistas en oposición al Escolasticismo tomista y neoaristotélico, publicando en las lenguasmodernas sus obras basadas en el Empirismo y el Racionalismo El aislamiento de Europa, la crisis social y económica del mundo hispánico y la decadenciacientífica respecto a los avances renacentistas son fenómenos relacionados entre sí dentro de lo quesuele denominarse como la cultura del Barroco. El S. XVII se inició con síntomas preocupantes: seclausuró la Academia de Matemáticas en 1625, se impuso la condena del heliocentrismo en 1616,los grandes focos universitarios de Salamanca, Alcalá y Valladolid dejaron de estar en la élite delmundo académico europeo. Algunos resultados notables, como los espléndidos Veintiún Libros deIngenios y Máquinas, pieza central de la ingeniería hidráulica y civil, o la preeminencia en camposcomo el arte de navegar y el beneficio de minerales, deben ser vistos más como colofón de la etaparenacentista que como novedades a la altura de lo que estaba ocurriendo en los lugares capitales delcontinente: Leiden, Florencia, París, Londres, Cambridge, las ciudades donde se estabaconstruyendo el programa de la Revolución Científica. El esfuerzo se centró en la ciencia aplicada y en las técnicas, resultando así que Españaacabó por descuidar el cultivo del verdadero motor del desarrollo, la ciencia pura. El país quedó almargen de las primeras manifestaciones de la ciencia moderna, algo que ocurría por primera vez ensiglos: un hecho grave que lo arrastraría, junto a otros factores, a ocupar un lugar periférico en elescenario europeo. Son muchos los datos que así lo avalan: el descenso de las publicacionescientíficas, el papel censor del Índice inquisitorial, la pervivencia del escolasticismo más rancio deespaldas a las importantes novedades que en esas fechas estaban produciendo, especialmente, laastronomía, la medicina y la mecánica. Autores estudiosos de la historia de la ciencia han convenido en señalar que en las últimasdécadas del S. XVII, cuando menos desde 1687, comenzó a darse en España un movimiento tímidopero perceptible de renovación cultural que venía ya forjándose desde mediados de la centuria. Unarenovación fraguada especialmente en ciudades como Madrid, Zaragoza, Sevilla o Valencia yalrededor de disciplinas científicas preferentemente centradas en el área experimental, como lamedicina y la química. Una renovación que enfrentó en diversos campos a defensores acérrimos dela ciencia antigua con conspicuos avalistas de la ciencia moderna. La crisis de valores de finales del siglo XVII y primera década del XVIII dio lugar a unmovimiento crítico de renovación y ruptura con las posiciones tradicionales de orden escolástico yaristotélico, desde un pensamiento moderno que promueve un planteamiento científico (y nometafísico-teológico) de las cuestiones y temas, distinguiendo entre filosofía y ciencias a partir de lafilosofía natural, que denominan física. Al margen de los debates sobre la transubstanciación entrenovatores y escolásticos (atomistas y tomistas), las nuevas ideas explicitan la conciencia delaislamiento de España de la profunda renovación científico-técnica y filosófica europea,
  9. 9. especialmente en las disciplinas físico-matemáticas y sus aplicaciones. Paulatinamente se fue formando una conciencia de dicho atraso, requisito previo paraponerse al día, algo que aunque no llegaría a conseguirse plenamente sí por lo menos logró acortardistancias entre España y los países más modernos de Europa allá para finales del S. XVIII, entre1650 y 1800 aproximadamente, y coincide con lo que puede llamarse la introducción de la cienciamoderna en España. Este cambio tuvo que ver con tres hechos:•El cambio de dirección iniciado en todos los aspectos de la política pública por el régimen de donJuan de Austria.•En segundo lugar, la formación de salones o tertulias de discusión bajo patrocinio distinguido y laevolución de estos salones hacia sociedades científicas formales•En tercero y lo más importante, los lazos intelectuales y culturales con Italia. En un principio, a mediados del S. XVII, las primeras asunciones de novedades tuvieron unaformulación tímida y respetuosa para con la tradición. Eran más bien ligeras modificaciones que norompían los esquemas generales de los distintos saberes tradicionales. En términos generales,ése fue el tono y el alcance de los avances hasta el último tercio del S. XVII: aceptación de hechosconcretos y evidencias, pero negación de sus consecuencias de orden teórico, utilización del métodoexperimental sin que llegara a derribar las visiones clásicas de las distintas disciplinas. El término novatores aparece por primera vez en una obra de Francisco Polanco, religioso dela Orden de los Mínimos, (Dialogus physico-theologicus contra philosophiae novatores. 1714), enla que se les reprocha una intrusión del laicismo en las investigaciones filosóficias y religiosas, quepodían resultar peligrosas para la fe. La crítica religiosa les imputa soberbia,y después herejía. La labor de renovación académica y difusión científica de los novatores desde finales delsiglo XVII se hace a partir de las obras de los científicos jesuitas extranjeros y españoles: Kircher,Schott, Riccioli, Fabri, Milliet Dechales, Pardies, Kresa, Sempill, Izquierdo, Zaragozá, Petrei...integrados en una tradición de asimilación de las novedades cientifico-filosóficas y protegidos porella. En la década de 1680-90 había en Valencia una serie de tertulias o academias, inicialmentede carácter literario, pero que progresivamente fueron incorporando en sus discusiones y estudiostemas filosóficos y científicos. Una de estas tertulias funcionaba en 1687 con el carácter deacademia de matemáticas y con la intención, hecha explícita por sus miembros, de sentar las basesde una sociedad científica valenciana, a imagen de las europeas. En ella se celebraban congresosdonde se discutían cuestiones de aritmética, geometría, álgebra, indivisibles, las leyes delmovimiento de Galileo y Descartes, estática, hidrostática e hidráulica; se impartían cursos de estasmaterias y se realizaban experiencias de física y observaciones con microscopios y telescopios. Susprincipales protagonistas eran tres clérigos valencianos: Baltasar de Íñigo, Juan Bautista Corachán ysobre todo Tomás Vicente Tosca. Con una conciencia clara del retraso científico de su país, estosautores se dedicaron a la tarea de asimilar y difundir en el ambiente valenciano y español los nuevosconocimientos y métodos surgidos de la Revolución Científica. Para ello, se valieron en granmedida de la literatura científica jesuítica, cuyos cursos y tratados utilizaron ampliamente y cuyoeclecticismo les sirvió de guía, orientación o modelo para sus propósitos, introduciendo en Españala nueva ciencia del movimiento inaugurada por Galileo, los experimentos de Torricelli y Pascalque ponen de manifiesto la gravedad y peso del aire, la caída libre de los graves, el movimiento delos proyectiles, el equilibrio y el movimiento de los fluidos, los ingenios inventados para aprovecharla energía y las propiedades de éstos, la descripción de los instrumentos de medida como elbarómetro y el termómetro, la "hidrometría e hidrografía" (movimiento, conducción y repartición delas aguas) la naturaleza de la luz, las leyes de la óptica geométrica, y la tecnología para laproducción de instrumentos ópticos (telescopio, microscopio) Ante los temas espinosos, como la cuestión del movimiento de la Tierra, en las obras de losnovatores se pueden detectar curiosos giros expositivos que revelan la difícil posición de aquelloshombres, obligados a someterse, e incluso a interiorizar las constricciones que imponían los dogmaseclesiásticos, pero participando en el proceso de renovación de la enseñanza de la filosofía natural
  10. 10. que tuvo lugar en muchas Universidades de Europa, a partir de la segunda mitad del siglo XVII bajola influencia del cartesianismo y la física pre-newtoniana.6) La Paz de Nimega (1678) Son las negociaciones de paz concluidas en 1678 entre Francia y Holanda, España y elImperio, con la que finalizó la Segunda Guerra Franco-Holandesa. La Triple Alianza no duró mucho. En 1670, Carlos II de Inglaterra y Luís XIV firmaron ensecreto el Tratado de Dover que los convertía en aliados. Ambos reinos declararon la guerra a lasProvincias Unidas en 1672. La rápida invasión y ocupación de la práctica totalidad de los PaísesBajos, salvo Ámsterdam, hizo caer de de Witt y permitió a Guillermo III hacerse con el poder yformar una coalición (Gran Alianza de La Haya, 1674) en contra de las pretensiones expansionistasde Luís XIV entre Holanda, España, el Imperio, Brandenburgo y Lorena. El matrimonio de Guillermo III con María II de Inglaterra, sobrina de Carlos II de Inglaterray las grandes victorias francesas sobre las fuerzas de la coalición oponente dio lugar a la alianzamilitar entre Inglaterra y Holanda (julio 1678) y forzó la firma de la Paz de Nimega por la que LuisXIV devolvió todo el territorio holandés capturado pero ganó la posesión de más ciudades y retuvoel Franco Condado. Las conversaciones de paz se habían iniciado en 1675 en la ciudad holandesa de Nimega yculminaron en los tratados firmados entre el 10 de agosto de 1678 y el 5 de febrero de 1679 por lasProvincias Unidas de Holanda, España y el emperador.Tratado franco-español•Francia conserva sus conquistas en el Franco-Condado, numerosas plazas españolas de Flandes yHainaut (Aire, Saint-Omer, Cassell, Bailleul, Poperinghe, Warmeton, Yprés, Cambrai, Bouchain,Valenciennes, Condé y Maubege), y su parte del Artois, con lo que la frontera septentrional deFrancia se convertía en una línea continua.•Francia devuelve a España Courtrai, Oudenarde, Gante, Ath, Binch, Charleroi y Limburgo.•Francia restituye a Holanda la ciudad de Maastricht y le otorga importantes ventajas comerciales.Tratado Luís XIV - Leopoldo I•Francia cede su derecho a guarnecer militarmente Philipsburgo, a cambio de conservar las plazasestratégicas de Brisach y Friburgo.•El emperador se compromete a no intervenir en el N. de Europa◦Lo que permite a Luís XIV apoyar a Suecia en su lucha con Brandeburgo. De los acuerdos de Nimega, Holanda salió prácticamente indemne pero significó un nuevopaso en el proceso de decadencia del Imperio español y conllevó el declive de la popularidad de donJuan José de Austria, recientemente elevado al poder por su hermano Carlos II y cuyo gobiernohabía creado numerosas expectativas para enmendar la zozobra política española. Luis XIVcontinuó agrandando su ejército y reclamando la ampliación de sus fronteras mediante pretextoslegales.7) La Paz de Rijswijk (1697) En junio de 1686 se formó la Liga de Augsburgo con el fin de luchar contra la avasalladorapolítica europea de Luís XIV, que inició la guerra de los Nueve Años reclamando territorios parasu cuñada Isabel de Orleans. La Liga estaba constituida por el emperador austriaco, el duque de Baviera, el elector delPalatinado, los príncipes de Renania y Franconia y los reinos de España y Suecia. Cuando elestatúder Guillermo III de Orange subió al trono inglés incorporó a la alianza a Inglaterra y
  11. 11. Holanda, y el matrimonio de Carlos II de España con la cuñada del emperador Leopoldo I, Marianade Neoburgo, hizo que la guerra adquiriese dimensión colonial y continental. Fue una guerra demasiado larga y con frentes muy dispersos, terrestres y marítimos. En1693 los recursos económicos de ambos bandos se agotaban y se hizo evidente la imposibilidad dellegar a una victoria definitiva de uno u otro bando, por lo que se iniciaron negociaciones para lapacificación, pero no se llegó a acuerdo y en 1694 se reanudó la guerra. En 1696 las sucesivas victorias militares francesas urgieron a los aliados a finalizar laguerra, y Luís XIV deseaba una resolución pacífica del conflicto porque la prolongación de laguerra había agotado sus arcas y porque la previsiblemente cercana muerte de Carlos II le impelía asellar la paz con España para enviar un embajador a la corte madrileña que le permitiera colocar enel trono de España a su nieto Felipe de Valois. La caída de Barcelona impulsaba a España a acelerarlas conversaciones, solicitando la vuelta a la situación internacional establecida en la paz deWestfalia de 1648, mientras que Inglaterra aspiraba al mantenimiento de los acuerdos de paz deNimega. El monarca sueco Carlos XI se ofreció como mediador en las conversaciones y el 9 demayo de 1697 se iniciaron las negociaciones de paz en el castillo de Nieuwburg de Rijswijk, cercade La Haya.Holanda, Inglaterra y España firmaron la paz con Francia el 21 de septiembre de 1697.•Luís XIV restituyó a España los territorios catalanes conquistados y las plazas flamencas de Ath,Courtrai y Mons•El monarca francés reconoció como rey de Inglaterra al estatúder Guillermo III de Orange.•Las Provincias Unidas salieron favorecidas en el ámbito comercial y mantuvieron algunas plazasfuertes en los Países Bajos españoles.El emperador y los príncipes alemanes firmaron el 29 de octubre, pocos días antes de que expiraseel plazo concedido por Francia.•Francia devolvía al emperador Friburgo, Brisach, Philipsburgo y Kehl, pero conservabaEstrasburgo.•El duque de Lorena recuperó sus estados y Francia fijó su frontera oriental en el Rin. A pesar de la superioridad militar francesa, el tratado de Rijswijk significó un retroceso de lahegemonía francesa en Europa, y la paz de 1697 marcó el deterioro de la potencia internacionalfrancesa frente a las potencias marítimas de Inglaterra y Holanda.8) Comercio de Indias En el comercio de Indias convivían un monopolio de Estado y un monopolio privado. En el S. XVI el Estado, representado por la Casa de la Contratación, era el elemento dominante, pero en el S. XVII los comerciantes del consulado modificaron el equilibrio del poder y eran ellos los que determinaban muchas de las reglas del juego. El consulado controlaba el comercio con América y muchas de las atribuciones fiscales del Estado, pues administraba la avería, nombraba a los principales oficiales de las tropas, concedía licencias a los extranjeros y organizaba el pago de indultos para compensar el fraude existente.  El monopolio adquirió la forma de un conglomerado de disposiciones legales de la corona, organismos públicos, intereses privados y mecanismos de defensa que no funcionaba de acuerdo con la ley. Existía un monopolio práctico distinto del monopolio formal, que representaba un compromiso entre intereses diferentes interactuando entre sí. Todo el tráfico comercial entre España y América tenía que registrarse, y el 
  12. 12. registro de salida se verificaba en el punto de destino. Carga tributaria sobre el propio comercio:•avería. Se cargaba por medio del registro para que el comercio financiara su propia defensa, y tenía un valor variable en función del coste de la defensa y del valor de la mercancía, según el volumen de las flotas y de sus escoltas. Cuando subieron los costes de defensa, los contrabandistas comenzaron a embarcar sus productos en las flotas sin registrar y libres de impuestos, lo que penalizaba a quienes actuaban dentro de la ley: el aumento del fraude disminuyó el volumen de mercancía imponible, redujo el rendimiento de la avería, debilitó las armadas de escolta y fue una invitación a nuevos ataques enemigos en un círculo vicioso en el que estaba atrapado el comercio transatlántico•almojarifazgo era un derecho aduanero ad valorem que gravaba la mercancía en los puertos españoles y americanos, en función a los precios del mercado de destino y,además, algunos productos eran objeto de una fiscalidad especial. Esta contribución tan elevada desvió el comercio hacia el contrabando. Carga tributaria sobre las economías coloniales: ◦quinto real sobre los metales preciosos◦producto de la venta del mercurio◦tributos de los indios ◦cruzada ◦alcabalas sobre compraventas y transferencias El contrabando de la plata procedente de las Indias era muy intenso y adoptaba dos formas fundamentales: la evasión del quinto real en la mina y la evasión del registro en el puerto, no solo para evitar el pago de la avería, sino porque la plata sin registrar era mucho más valiosa que la plata registrada pues se evitaba el peligro de confiscación real y era más fácil de reexportar al extranjero desde España para comprar una serie de productos con gran demanda en el comercio de las Indias. El fraude era sancionado por la corona y al regreso de las flotas se imponían pagos compensatorios, los llamados indultos. Los comerciantes coloniales podían adquirir seguridad y respetabilidad mediante el donativo , una forma de obtener el perdón por los fraudes del pasado y elevar su statu social con honores y títulos de nobleza, o bien mediante la compra de cargos que utilizaba la corona para conseguir ingresos.  Otro expediente era utilizar los barcos de guerra de la escolta para transportar mercancía, con lo cual se evitaba el registro por completo, en connivencia con los capitanes de los barcos, que a veces permitían también que los barcos descargaran en puertos no autorizados. De esa forma, gracias a la existencia de redes familiares, al soborno de los oficiales o al engaño puro y simple, Sevilla y Cádiz se convirtieron en centros activos de fraude y fue en esas ciudades donde comenzó a practicarse la evasión fiscal.  El pillaje y el parasitismo convirtieron el fraude y el contrabando en una forma de vida. El sistema de monopolio y los precios elevados creaban unas condiciones de mercado que favorecían el contrabando. Los impuestos y las confiscaciones lo 
  13. 13. incitaban, los oficiales corruptos lo permitían y las autoridades navales colaboraban en él. La estrecha alianza entre los mercaderes de Sevilla y la Casa de la Contratación determinó que el control de las aduanas fuera uno de los puntos débiles del monopolio. El contenido de las mercancías se gravaba por el valor declarado, no por su valor comprobado (se hacían declaraciones falsas e infravaloradas).  Como la avería se pagaba sobre las mercancías registradas, el contrabando elevaba la tasa, lo que constituía una nueva incitación al fraude, socavando la confianza y la inversión a largo plazo en el comercio de las Indias y deteriorando directamente la posición financiera de España, cuando llegó al punto en que la corona tuvo que subvencionar las averías para mantener una apariencia de defensa de la navegación transatlántica. El fraude que existía en el monopolio no destruyó por sí solo el sistema. El principal peligro procedía de la penetración desde el exterior, que adoptaba diversas formas: la presencia extranjera en Sevilla y Cádiz, la expansión europea en América y el comercio directo en el Caribe, el Atlántico sur y el Pacífico. El comercio directo por parte de los extranjeros les permitía evadir el monopolio. Desde las Antillas, comerciantes ingleses, holandeses y franceses establecieron contactos  comerciales con los españoles del Caribe, contactos que gradualmente se extendieron hacia Cartagena y Portobelo. Los productos textiles del N. de Europa, exportados directamente hacia el Caribe español, se vendían a un precio inferior a los que llegaban de y a través de Sevilla, no pagaban impuestos y producían beneficios tanto a los consumidores como a los vendedores en una competencia desleal dirigida al centro neurálgico del sistema comercial español.  Los extranjeros tenían otras formas de participar en el comercio de las Indias y conseguir los beneficios que producía. Podían asentarse en América, aunque la ley estipulaba que los emigrantes tenían que ser españoles o españoles naturalizados y debían poseer una licencia. La falsificación de pasaportes se había convertido en una profesión en Sevilla. Los extranjeros viajaban en las flotas oficiales o entraban por la puerta de atrás, el Río de la Plata. En Perú se pueden identificar tres grupos diferentes. Una serie de extranjeros se habían asentado en el interior y adquirido pequeñas propiedades. Otros eran pilotos y marineros, aprovechando la escasez de mano de obra  especializada. Pero el grupo más numeroso lo constituían los comerciantes, oficialmente transeúntes, pero de hecho residentes, a los que se podía encontrar en puertos y ciudades.9) Junta de Comercio:** La Real y General Junta de Comercio fue creada por Real Decreto en 1679, siendo ministro Juan José de Austria, con el objetivo primordial de favorecer y fomentar el desarrollo de la economía, especialmente el sector industrial. Tenía jurisdicción sobre todos los dominios de la monarquía y la componían cuatro ministros en representación de los Consejos de Castilla, Guerra, Hacienda e Indias.  •Suspendida en 1680   •Restablecida en 1682 (Conde de Medinaceli) •Independiente  de los Consejos desde 1683
  14. 14. •Con Juntas locales a partir de 1684: Granada, Sevilla, Madrid, Valencia y Barcelona Una de las iniciativas más destacadas de las Juntas, particularmente de la de Madrid, fue atraer artesanos extranjeros especializados (de Países Bajos meridionales y Francia) con concesión de exenciones fiscales y monopolios introducir nuevas técnicas en España al margen de las organizaciones gremiales. La oposición de los gremios a una competencia aventajada y el boicot de los mercaderes a los productos manufacturados por mano de obra extranjera (interés en continuar con el lucrativo comercio de importación) condenaron al fracaso a esta política industrial y la Real y General Junta de Comercio fue disuelta en 1691 (Carlos II/Mariana de Neoburgo/Portocarrero) y sustituida por Juntas particulares de Comercio en Sevilla, Granada y Valencia con la finalidad preferente de estimular la sedería.  En 1705 Felipe V (Orry) fundó la Junta para el Restablecimiento del  Comercio, con una composición más compleja en la que participaban representantes de los mercaderes de las principales ciudades comerciales. En 1730 (Patiño) se le añadieron las competencias de la Junta de Moneda En 1747 (Carvajal) se incorporaron también los asuntos de la Junta de Minas En 1814 la Junta General de Comercio, Moneda y Minas pasó a formar parte del  Consejo de Hacienda** Una de las realizaciones más importantes del periodo de gobierno de D. Juan José de Austriafue la creación de la Junta General de Comercio, institución típicamente mercantilista similar a lasaparecidas en otros Estados europeos durante el S. XVIII, que suponen un paso adelante en elproceso de articulación de los Estados modernos que pasan de la preocupación en el s. XVIexclusivamente por los problemas fiscales y hacendísticos, a interesarse por la producción y elintercambio de bienes. Durante el reinado de Felipe IV, el conde-duque de Olivares creó una Junta de Minas y otrade Comercio, Población y Agricultura. Los problemas de despoblación y la depresión industrial seabordaron específicamente en el período reformista de los años 80 con la institución en 1679 de laJunta de Comercio formada por cuatro ministros de los consejos de Castilla, Guerra, Hacienda eIndias y varios expertos para «restablecer y restaurar el comercio general de estos reinos» coninstrucciones expresas para facilitar el movimiento de capitales y promover las actividadesproductivas. Interrumpida en abril de 1680, la Junta fue restaurada en diciembre de 1682 connuevos miembros, inaugurando una segunda y más dilatada y fructífera etapa de su existencia connumerosas reformas:•Creación de instituciones crediticias (montes de piedad)•Declaración de la compatibilidad de comercio y nobleza (1682)•Protección a los artesanos (1683)•Ordenanzas generales de la sedería (1684)•Gremios Mayores de Madrid (1684) para la protección del artesanado madrileño La Junta creó varias subdelegaciones y a partir de 1683 se designaron subdelegados osuperintendentes de comercio, con frecuencia los corregidores, oidores o presidentes de lasChancillerías. A partir de 1684 participaron en la Junta consejeros de Aragón y en noviembre de1691 se produjo de nuevo un cambio completo de sus integrantes en una tercera etapa que duróhasta los primeros años del reinado de Felipe V, estableciendo Juntas particulares de Comercio en
  15. 15. Sevilla, Granada y Valencia con la finalidad preferente de estimular la sedería. La Junta de Comercio de Barcelona fue impulsada por Feliu de la Penya en 1692 y dejó deactuar en 1697, el año de la caída de la ciudad en manos de los franceses. Hubo otros muchas propuestas, como la de Feliu de la Penya de crear una compañíaprivilegiada “armada para el comercio con las Indias” según el modelo de las compañías inglesas yholandesas, que reactivase las manufacturas españolas y acabaran con el contrabando extranjero enAmérica, con participación de extranjeros, que fue aprobada pero no llegó a crearse hasta veinteaños después con la formación con capital vasco de la Compañía Guipuzcoana de Caracas. Los nuevos planificadores intentaban copiar el marco formal de los sistemas comercialesextranjeros pero sin capacidad para afrontar los problemas de fondo:•Escasez de capital y de recursos industriales en España•Falta de confianza de los inversores extranjeros en la burocracia española•Oposición inquebrantable del consulado de Sevilla a cualquier ataque contra su monopolio•Ausencia entre los miembros de la Junta de especialistas en los asuntos relativos a la producción yel comercio•Carencias en el análisis de la crisis del comercio colonial (convicción generalizada de que bastabacon impedir la presencia de los extranjeros en el comercio) Los reyes borbones extendieron su autoridad sobre la minería, las manufacturas y laacuñación de moneda, y después de 1730 cambió su nombre a Junta de Comercio y Moneda.Aunque los logros de la Junta General de Comercio fueron limitados, constituyó el primer serio depromoción de la industria en España incentivando la inversión, tratando de poner en vigor normasde calidad y tamaño, alentando a los fabricantes nativos con exenciones fiscales y privilegios demonopolio y trayendo fabricantes extranjeros a España.10) La paz de Utrech y sus consecuencias económicas y territoriales paraEspaña: El Tratado de Utrecht, también conocido como Paz de Utrecht o Tratados de Utrecht y Rastadt, es una serie de tratados multilaterales firmados por los países beligerantes en la Guerra de Sucesión Española entre los años 1712 y 1714 en esas ciudades de los Países Bajos y Alemania, respectivamente. El agotamiento de todos los contrincantes en la Guerra de Sucesión Española, sumado a la subida de los “tories” al poder en Gran Bretaña, y el cambio de monarca en Austria creó un ambiente propicio para las negociaciones que Francia e Inglaterra iniciaron en 1711 y que  culminaron en la Paz de Utrecht (1713) entre Francia, Inglaterra, Holanda, Saboya y Prusia, aunque la resistencia del emperador Carlos VI y de Felipe V a aceptar las estipulaciones de Utrecht demoró el fin del conflicto hasta 1714, con la firma en Rastadt de la paz entre Austrias y Borbones. Las estipulaciones de Utrecht­Rastatt cambian el mapa político europeo eliminando la hegemonía francesa en Europa con la teoría del equilibrio europeo (procedente del Tratado de Westfalia y predominante en el S. XVIII) por la que ninguna potencia sea lo suficientemente fuerte para inquietar a las demás. • Gran Bretaña obtiene las puertas del Canadá (bahía del Hudson, Acadia y  Terranova), del Caribe (isla de San Cristóbal) y del Mediterráneo (Menorca y  Gibraltar) y el aprovechamiento comercial de la América española (el navío de   permiso: Flete anual de un barco de 500 toneladas con productos para vender  libres de impuestos; y el asiento de negros: monopolio de treinta años sobre el 
  16. 16. tráfico de esclavos negros). • Francia reconoce la sucesión protestante en Inglaterra, se compromete a no  apoyar a los pretendientes Estuardo. Conserva sus fronteras continentales  confirmando la posesión de, Alsacia, Estrasburgo y el principado de Orange (en  Provenza), aunque los reveses militares han desgastado los principios de la  monarquía absoluta de derecho divino, que desmontarán las generaciones  hipercríticas del S. XVIII. • La Casa de Saboya recupera Saboya y Niza (ocupadas por Francia durante la  guerra) y recibe Sicilia (cedida por España) con el título de rey que, con diversas  denominaciones, tendría en adelante la casa de Saboya (primero reyes de Sicilia,  luego reyes de Cerdeña y finalmente reyes de Italia).  • Las Provincias Unidas reciben de Felipe V de España la "barrera" flamenca  (una serie de fortalezas en el norte de los Países Bajos españoles que el Imperio  ayudó a financiar), plazas fuertes en los caminos de invasión desde Francia. • Brandeburgo recibe (de España) Güeldres del Norte y la "barrera" de  Neuchâtel (de Francia), además de su transformación en reino con el nombre de  Prusia. Federico Guillermo I fue su primer rey.  • Portugal obtiene la devolución de la Colonia do Sacramento, ocupada por  España durante la guerra.  • Carlos VI de Austria obtiene (de España) los Países Bajos españoles, el  Milanesado, Nápoles, Flandes y Cerdeña. El Archiduque Carlos de Austria,  ahora emperador, abandona cualquier reclamación del trono español (en 1725).  • Felipe V (Felipe de Anjou) obtiene el reconocimiento como rey de España y de  las Indias por parte de todos los países firmantes, con varias cláusulas  limitadoras: • Prohibición de que el rey de España y el de Francia sean una misma  persona • Renuncia al derecho de sucesión al trono de Francia • Declaración del rey de Saboya sucesor de la corona española si se  extinguiera su línea sucesoria. • Compromiso de no vender ni enajenar a Francia ni a otra nación  cualquier ciudad o provincia de América. España salió de Utrecht con la península ­salvo Gibraltar­ completa  y con su imperio americano hipotecado por  ventajas comerciales y coloniales para Gran Bretaña que lastraron a España el resto de la centuria.  Tras la marcha de Cataluña de las tropas austriacas en julio de 1713, la Junta General de Brazos (Brazo Eclesiástico, Brazo Militar y Brazo Real o Popular) acuerda la resistencia y se inicia una guerra que se prolongó durante casi catorce meses, concentrada en Barcelona, Cardona y Castellciutat. Las tropas felipistas rompen el sitio de Barcelona el 11 de septiembre del 1714 y Mallorca, Ibiza y Formentera cayeron diez meses más tarde (11 de julio del 1715).El gran beneficiario de este conjunto de tratados fue Gran Bretaña:
  17. 17. •ganancias territoriales en Canadá, el Caribe y el Mediterráneo•ventajas económicas que rompían el monopolio comercial de España con sus colonias•triunfos políticos:◦equilibrio de poder terrestre en Europa frenando la expansión  de Luis XIV◦neutralización económica de Francia por los grandes costes de la contienda◦control marítimo del Atlántico y el Mediterráneo ( Menorca y Gibraltar) 11) Las capitanías generales Tras la Guerra de Sucesión y la prolongación del conflicto en Cataluña más allá de la marcha de las tropas austracistas, la implantación en los reinos orientales del modelo de administración centralizada se realizó a través de los Decretos de Nueva Planta, que se diferenciaba del modelo administrativo castellano en un régimen régimen fiscal novedoso, acorde con las directivas de una monarquía moderna y centralizada; tanto como en la preeminencia del poder militar en el gobierno y en la administración territorial. La reordenación territorial y política del espacio en los reinos orientales estuvo muy influida por el temor de Felipe V a una nueva rebelión de los antiguos reinos, y el nuevo régimen quedó establecido sobre la autoridad suprema de un Capitán General (el anterior Comandante General), asesorado por los letrados de la Audiencia en cuestiones administrativas y por un Superintendente en las fiscales.  El Capitán General era la principal autoridad castrense y el delegado del rey , dotado de las máximas atribuciones administrativas y de gobierno que lo situaban en la cúspide de la pirámide de poder. Por el Real Acuerdo se estableció una fórmula diárquica que conjugaba administración magisterial y castrense con la Audiencia como organismo supremo de Justicia y el Capitán General como comandante de armas que, en caso de conflicto, ejercería la superioridad jerárquica.  En cada provincia había un gobernador militar pero sólo las provincias más importantes contaban con un capitán general con jurisdicción civil y militar, ya que era también presidente de la audiencia y controlaban la imposición de la ley, hasta tal punto que ni siquiera el Consejo de Castilla podía revocar sus decisiones a menos que el rey le autorizara a hacerlo. Los Capitanes Generales constituyeron una autoridad sólida, raramente contestada. Eran miembros de la más alta jerarquía militar,  pertenecían a los principales linajes aristocráticos y encarnaban el poder supremo a semejanza de los antiguos virreyes. En el transcurso del siglo XVIII, el carácter militar de las instituciones civiles se acentuaría tanto en los territorios de Nueva Planta como en Castilla, donde un decreto de 1808 sometió a las Audiencias (incluidas las Chancillerías de Valladolid y Granada) a la autoridad del capitán general de la provincia. Este carácter militar afectó igualmente a los intendentes de hacienda, cuyo reclutamiento se hizo mayoritariamente entre los comisarios de guerra.  Los Decretos de Nueva Planta suprimieron la tradicional organización municipal y los reinos orientales fueron divididos en un nuevo entramado de demarcaciones administrativas por corregimientos: Aragón fue dividido en 12, el Principado en 12 corregimientos y Valencia en 10. 
  18. 18. En 1718 Felipe V decidió que en el nuevo régimen local los corregidores, en su mayoría altos oficiales militares, ejercían su autoridad ­como garantía del mantenimiento del orden público­ sobre el gobierno local de los ayuntamientos presididos por regidores, produciendo la militarización de la administración, acentuada por la presencia de tropas militares y fortificación de fronteras y costas. El corregimiento de carácter castrense se mantuvo hasta el final del Antiguo Régimen, debido a que la preocupación de la monarquía por el mantenimiento del orden fue constante, aún mucho tiempo después de finalizada la Guerra de Sucesión.2. Las intendencias. La figura del intendente.** En el contexto de la Guerra de Sucesión Española y ante la ineficacia de las instituciones del Estado existentes en las regiones, el rey Felipe V instauró en 1711, a instancias de Orry y a partir del modelo del Intendente francés, un nuevo funcionario nombrado por la corona y responsable directamente ante ella, para establecer lazos eficaces entre el centro y las provincias..  La primera función que se les encomendó fue la administración financiera del ejército para la sujeción de los territorios conquistados tanto en lo que correspondía al ejército como a la hacienda y gasto público, con el cargo de superintendente general del ejército. Tras el éxito alcanzado en su gestión se les otorgó zonas territoriales denominadas intendencias. En la España oriental, Barcelona, Valencia y Zaragoza, donde no se habían introducido hasta entonces las instituciones centrales, las intendencias llenaron un vacío, pero en Castilla fueron consideradas como innecesarias y suprimidas, dándose preferencia a los corregidores, ya existentes, funcionarios reales ya tradicionales en las grandes ciudades, incapaces de responder a las necesidades y demandas del gobierno central. En 1718, (bajo Alberoni), José Patiño redactó la "Ordenanza de  Intendentes de ejército y provincia" de 4 de julio de aquel año, se convierten en intendente de ejército y provincia, que en ocasiones actuaron sólo en el ámbito civil como intendente de provincia, dotados de competencias en materia de justicia, hacienda, guerra y policía. Los 29 intendentes tenían obligación de residir en la capital de la provincia y disfrutaban de poderes más amplios que sus predecesores en 1711, con jurisdicción militar y administrativa para asumir el cargo y la función del corregidor de la ciudad  •Justicia: mantenimiento del orden; •Hacienda: recaudación y administración de los impuestos y de otros ingresos; •Administración general: censo, inventario de los recursos naturales, industria, agricultura, caminos y puentes, obras públicas, salud pública, ejército, graneros y archivos•Administración militar: reclutas, intendencia. Con posterioridad, se les fueron añadiendo facultades en el ámbito económico (agricultura, comercio, industria, transportes) y a veces acumulaban el cargo de corregidor en la ciudad capital de su provincia (intendente corregidor). La mayoría de los intendentes se esforzaron en hacer funcionar el nuevo sistema, suscitando la 
  19. 19. oposición de la antigua burocracia y sus relaciones, que  presionaron a través del Consejo de Castilla ante Felipe V, que primero modificó sus funciones suprimiendo sus poderes judiciales, y en 1721 abolió los poderes financieros concedidos por la ordenanza de 1718 y suprimió los intendentes en todas las provincias donde no existían tropas, con lo que sólo quedaron intendentes en Barcelona, Zaragoza, Valencia, Sevilla, Badajoz, Salamanca, La Coruña, Pamplona y Palma de Mallorca, con una distinción formal entre el intendente de guerra y el intendente de provincias En 1724 desapareció la función de intendente de ejército en las provincias sin tropa, quedando limitados a los que dependían de cada capitanía general, a excepción de Navarra, y durante el resto del reinado sólo existieron los intendentes de guerra en 9 provincias, donde continuaron ejerciendo funciones de reclutamiento, aprovisionamiento y pago de las tropas, aunque en la práctica conservaron la administración de ingresos reales y amplios poderes discrecionales, constituyéndose en un cuerpo de elite de funcionarios experimentados y movilidad ascendente en la nueva burocracia, con un conocimiento personal de las provincias españolas, disponibles para un nuevo nombramiento cuando el sistema de intendentes fue restablecido plenamente en 1749. El rey Fernando VI reordenó el sistema con una intendencia por provincia, junto con el corregimiento de la capital (cargos que volvieron a separarse en 1766). Cada intendente sería auxiliado por un teniente letrado o alcalde mayor subordinados, o a veces dos, para el ejercicio de las funciones judiciales. El número y extensión de las provincias no fue estable, y se subdividieron en partidos.  En la reforma de Ensenada de la administración de los impuestos y los ingresos, se desprivatizó la recaudación eliminando la figura de los arrendadores de impuestos y, con ellos, una fuente importante de desorden y corrupción, al situar la administración de las rentas provinciales en manos del Estado.  La Ordenanza de Intendentes de 1749 restablecía en su totalidad el sistema de intendentes. La nueva ordenanza se basaba en la de 1718 y contemplaba todavía a los intendentes como a los agentes regionales de un Estado centralizado, pero implicaba un compromiso mayor con los intereses de las provincias, una preocupación mayor por defender los recursos de las ciudades y pueblos bajo su jurisdicción, de proteger al sector rural y promover el comercio y la industria locales. La primera tarea de los intendentes era dirigir las operaciones del catastro en cada provincia. Una vez completado el mismo volvieron a desempeñar sus funciones fiscales normales, representando al Estado como recaudadores de impuestos y a los intereses del pueblo en cuanto que contribuyentes. El nuevo decreto creaba cuatro intendentes de guerra en Castilla ­Sevilla, Extremadura, Zamora y Galicia­ y dieciocho de provincia. Poco a poco, los intendentes de guerra y de provincia se identificaron, aunque la jurisdicción militar de primero le otorgaba un statu algo superior, y la provisión de recursos para el ejército seguía siendo una de sus tareas fundamentales.  Ensenada se sirvió de los intendentes sobre todo como agentes de inteligencia económica; les instó a que realizaran informes semanales sobre la situación de la agricultura, la ganadería y los precios de los productos en sus provincias. Dos fallos del sistema aparecieron posteriormente: la presión del trabajo y el conflicto de jurisdicción. La concentración de las cuatro áreas (Hacienda, Guerra, Justicia y 
  20. 20. Administración) en un solo cargo tendía a alargar sus recursos y a reducir su eficacia. La corona, convencida de la cada vez menor eficacia de los intendentes, restituyó las tareas de justicia y jurisdicción a los corregidores, que tradicionalmente habían ejercido esas funciones, y dejó en manos de los intendentes los asuntos relacionados con las finanzas y con la guerra4.** Una de las innovaciones administrativas más importantes del reinado de Felipe V fue lacreación de la Intendencias. Respondieron a la evidente necesidad de conectar la Corte y susórganos, los Consejos, con las provincias, demasiado alejadas, en las que, aparte de las autoridadesmilitares, sólo residían como entidades del gobierno los Alcaldes Mayores y los Corregidores. La Intendencia es una institución claramente francesa. Se inició su implantación muytempranamente, urgida por los primeros consejeros franceses llegados con Felipe V. Varios ysucesivos planes fueron precisos (el del marqués de Louville, el de Orry, el conde de Bergeyck)antes de llegar al decreto de 4 de julio de 1718, inspirado por don José Patiño, que instituía el cargode Intendentes de Provincias y Ejércitos. El Intendente era un funcionario real, directamente dependiente del monarca, ejecutor de lapolítica oficial en su demarcación y con un conjunto de atribuciones variables según las épocas,que, en el fondo, responden a las múltiples y crecientes atribuciones del Estado absoluto. Su misiónfundamental era centralizar la administración sirviendo de puente jurídico entre Madrid y lascapitales de provincia. Era el oficial administrativo más importante en la provincia, nombrado ycontrolado por el Gobierno, aunque con autoridad propia para dar órdenes de carácter local. La institución de los Intendentes de Provincia siguió dos etapas bien diferenciadas. En laprimera de ellas, por los años de la Guerra de Sucesión española, Felipe V nombró variosSuperintendentes generales de los ejércitos, que actuaban al tiempo en los territorios que el rey ibasometiendo a su autoridad tras la ocupación militar. Los Superintendentes se encargaban de laadministración del ejército, de la organización de la Hacienda y de los gastos públicos de lasprovincias. Al acabar la guerra, un Real Decreto establece los Intendentes de Provincia y Ejércitocon carácter permanente, una vez superada la coyuntura bélica. Comienzan a funcionar en Cataluña,a finales de 1718, para ser implantados, en vista de su éxito, en toda España pocos años después. La misión del Intendente era múltiple: administraba el ejército en su provincia, entendía enasuntos de Hacienda, de Gobierno y de Justicia. Las misiones entre el Intendente de provincia y elde ejército a veces eran detentadas por una misma persona. Otras veces, el Intendente de Ejércitoresidía junto al capitán general (en la ciudad cabecera de la región) quedando en cada provincia unintendente encargado de las funciones de Hacienda y Gobierno. Los Intendentes debían fomentar eltrabajo, comercio, industria, ganadería, agricultura, comunicaciones y transportes y, en general,todo lo relacionado con la economía de las provincias. A veces, también podían asumir el cargo deCorregidor en la provincia. Sin embargo, no parece que se cumplieran los planes previstos por el Rey. Aunqueteóricamente sus funciones se extendían a las finanzas, policía, justicia y guerra, en la práctica sólousaron de esta última autoridad, ya que despertaron general oposición en los demás estamentosgubernativos del país, principalmente de los poderes judiciales, que consiguieron despojarles deestas atribuciones en febrero de 1722. La Intendencia pareció un fracaso. En 1724 se quitaron losIntendentes de las ciudades o poblaciones en las que no hubiera tropa; quedó la institución másvinculada a cuestiones militares. Será en tiempos de Fernando VI -a mediados del siglo- cuando laIntendencia volvería a cobrar importancia, ya en el marco de una nueva y más pujante políticaadministrativa. Por Decreto de octubre de 1749, a iniciativa del marqués de la Ensenada, seestablecieron nuevamente los Intendentes de provincias. Reconocía el Decreto la postración en quese hallaban muchos lugares del reino por causa de las guerras continuas y de las levas forzosas a4 En 1802 la justicia y la administración quedaron una vez más bajo su responsabilidad
  21. 21. que aquellas obligaban, así como los perjuicios que esta situación había causado a la Hacienda Real.Se considera, por tanto, la restitución de las Intendencias como una medida acorde con el nuevoespíritu de paz y neutralidad que la nueva monarquía principiaba. Se estableció un Intendente en cada provincia del reino y a este cargo se le sumaba elCorregimiento de la misma capital de provincia. La unión de Intendencia y Corregimiento fueprotestada legalmente por los tribunales. En consecuencia, la unión de ambos cargos quedó a ladiscreción del Rey. Por el amplio abanico competencial se nombraba a personas escogidas, consideradascapaces para tan grande y variada misión. Debía el Intendente promover cualquier actividad quesupusiese mayor rentabilidad para el Reino. Se les encargó la confección de un mapa de lacircunscripción, en el que se delimitasen los territorios de realengo, señorío y abadengo. LosIntendentes deberían informarse de las tierras existentes en cada provincia, así como de las dehesas,montes y ríos susceptibles de usar como navegables o como fuerza energética para alguna fábrica.Debían estudiar los puentes, sus posibles reparaciones, el estado de los caminos y la posibleconstrucción de otros nuevos. Por último examinarían el estado de los puertos y las posibilidades de reparación,ampliación o remodelación de los mismos. Se esperaba que esta información permitiera alIntendente un perfecto conocimiento de la provincia a él encomendada y la elaboración de unprograma de propuestas para el rey, para una eventual intervención. Con todo, la misión quizá más importante era la de fomentar en los pueblos y ciudades laindustria del paño, papel, vidrio, seda y otras; el fomento de la industria local será una de lasaspiraciones más acusadas del pensamiento y acción de los ilustrados. Aquí se señala a losIntendentes, como representantes del poder central, la alta misión de promover cualquier tipo deindustria autóctona que permitiera al país desarrollarse en este ámbito, libre de la competenciaeuropea, cosa que ya se había empezado a propiciar desde la época de Felipe V. También era misión de los Intendentes el estudio del estado de los cultivos y de laproducción agrícola en general, de su rentabilidad y de las mejoras que, para incremento de ésta,creyeran oportuno introducir, con vistas, especialmente, a la comercialización de los productosagrícolas. Además, siendo los Intendentes representantes del Superintendente de la Hacienda Real,vigilaban todo lo que al provecho de ésta afectase, con especial atención a los administradores,recaudadores y demás encargados de los cobros de las contribuciones; debían también fiscalizar lacontabilidad militar e inspeccionar las listas para el reclutamiento de la tropa. Como unían a sumisión la de ser Corregidores, ejercían la función de este cargo auxiliados de dos Tenientes oAlcaldes Mayores. Era, pues, una misión muy amplia la del Intendente. Fue útil para lacoordinación de funciones en un mismo territorio y para ejecución de planes venidos desde laAdministración central. Pero la acumulación de funciones tan complejas ocasionó trastornos, puesno siempre podían ser atendidos todos los asuntos con la necesaria dedicación. Parece, sin embargo,que la institución del intendente fue de las más positivas de las creadas por el estado reformista delXVIII. No es fácil precisar el número de Intendencias creadas, ni tampoco la persistencia de lasmismas. Es probable que hubiera variaciones y reajustes a lo largo de los años. La extensión decada intendencia variaba asimismo según regiones. En la Corona de Aragón, por ejemplo, porejemplo, se formó una Intendencia por cada uno de los antiguos reinos. En Castilla, sin embargo, seadoptó el principio de establecer una intendencia por cada capital de una capitanía general o porcada Corregimiento de una ciudad. De ahí las múltiples variantes y la distinta importancia de cadaIntendencia. Elló influyó en la división territorial por provincias llevada a efecto en el siglo XIX. ElIntendente prefiguró lo que después habían de ser los principales órganos de gobierno de laprovincia: Gobernador Civil, Delegado de Hacienda y algunas de las funciones del Gobernador
  22. 22. Militar.13) Jerónimo de Ustáriz (1670-1732) Economista. Defensor del mercantilismo5, en 1717 aboga por la aplicación del colbertismoen España y propone, como patrones a imitar, a Francia y Holanda. En su obra identifica la riquezanacional con los metales preciosos a través de una balanza comercial favorable en contraposición alas habituales políticas restringiendo su salida. Tuvo gran influencia en la política económica de Felipe V: en 1725 reorganizó la Junta deComercio y cuando se fundió la Junta de Comercio con la de Moneda fue elegido ministro. Lasmedidas que propone para evitar la fuga de los metales preciosos es el fomento de las manufacturasy la reorganización del comercio, a través del apoyo gubernamental en la concesión de gracias yfranquicias a fabricantes y vendedores, y reduciendo los gravámenes internos. Para Ustáriz, la causade la decadencia española no era la emigración a las Indias, sino el comercio de importación-exportación con una balanza de pagos desfavorable, que proponía reducir en conjunción con eldesarrollo de la industria nacional, para evitar el desabastecimiento.•Reorganización en los aranceles de entrada y salida de las mercancías para incrementar el consumointerior y las exportaciones, pues los excesivos derechos de las diversas aduanas de la Penínsulaencarecían los productos españoles respecto a los extranjeros.•Impulso de la industria privada y no de las manufacturas reales.•Reforma de la Junta de Comercio introduciendo en ella a hombres preparados y experimentados ycon representaciones comerciales españolas en los principales puertos extranjeros, en lugar de crearcompañías de comercio.•Apertura de canales fluviales y la mejora de carreteras y de puertos.•Creación de academias para fomentar el comercio y las ciencias y artes en general.•Creación de una buena escuadra como apoyo y defensa del comercio. Uztáriz fue el máximo economista español de la primera mitad del XVIII al exponer laprimera propuesta para organizar coherente y sistemáticamente la economía interna de la Penínsulay su comercio exterior, superando el mercantilismo en el sentido de que no atribuye al Estado elpapel de protagonista de la economía, sino el de regulador y protector de unas relaciones libres. Laeconomía pasa a ser en el XVIII materia política con amplios fines políticos y humanos, al extendersus consideraciones a los intereses de toda la comunidad, superando la estricta consideración depotenciar el Estado, la gloria del príncipe o el enriquecimiento del Erario,14. Alberoni** Llegó a España en 1711 como secretario de Vendôme y ascendió en la corte de Felipe V gracias a la ayuda de la Princesa de los Ursinos. Tuvo un papel destacado en la boda del rey con Isabel de Farnesio, que lo impulsó en una carrera meteórica obteniendo sucesivamente el título de Grande de España, el cargo de consejero del rey, el nombramiento como obispo de Málaga y el nombramiento de cardenal. Como miembro del aparato estatal, Alberoni impulsó una política que combinaba reformas económicas colbertistas con medidas sociales conservadoras, que anulaban muchas de las que se aprobaron durante la carrera de Jean Orry, predecesor 5 Conjunto de políticas o ideas económicas que se desarrollaron durante los siglos XVI, XVII y la primera mitad del XVIII en Europa, caracterizada por una fuerte injerencia del Estado en la economía para unificar el mercado interno formando Estados-nación lo más fuertes posibles. Hume, Colbert
  23. 23. de Alberoni. Creó un servicio regular de correos con las colonias españolas en América y una nueva escuela de navegación en la que sólo podían ingresar los nobles, y restauró la Santa Inquisición. Con el fin de impulsar la reconstrucción económica del país tras la Guerra de Sucesión, disminuyó ligeramente las competencias de los Grandes de España y abolió las aduanas internas entre los distintos reinos de la Corona española (con la excepción de las de Navarra y las Vascongadas). También estimuló el comercio con América trasladando la Casa de Contratación de Sevilla a la más avanzada ciudad de Cádiz. Se recuperó el ejército, la construcción naval y la marina, mientras se potenciaban las fortificaciones y los arsenales de Cádiz y el Ferrol, con el concurso de José Patiño y Rosales, nombrado intendente general de la Armada.   El objetivo político de Alberoni era el de devolver a España a la situación de potencia europea, que consideraba que le había sido arrebatada en el Tratado de Utrecht de 1713, y embarcó a España en un ambicioso proyecto que pretendía recobrar las antiguas posesiones en Italia y limitar el avance de los Habsburgo de Austria. Entre 1717 y 1718 llevó a cabo una activa política para ganarse el apoyo del papado y Francia en la primera guerra de Italia, con la conquista de Cerdeña y gran parte de Sicilia, hasta que Gran Bretaña destruyó la armada española en el Cabo Passaro.  La agresiva política de Alberoni provocó la constitución en contra de España de la Cuádruple Alianza (Francia, Gran Bretaña, Austria y Saboya). La guerra se libró en varios frentes, todos los cuales fueron escenarios de derrotas.  •Mientras Alberoni intentaba que se levantaran en armas los seguidores de los Estuardo en Irlanda y enviaba una pequeña fuerza a la muerte en Escocia, una expedición inglesa penetraba con éxito en el norte de España y conseguía la rendición de Vigo y Pontevedra en 1719. •Mientras intrigaba en vano para desestabilizar el gobierno de Francia, un ejército francés de 20.000 hombres invadió Guipúzcoa y tomó San Sebastián. •En Sicilia, tras el ataque preventivo de los ingleses en el cabo Passaro, sólo fue cuestión de tiempo la destrucción de las tropas españolas. Felipe V se vio obligado a la acción diplomática, en 1719 ordenó a Alberoni que abandonase España y después de prolongadas negociaciones (1720–1724) firmó el tratado de Cambrai que devolvió los territorios conquistados, o medio conquistados, a su situación anterior, ** Guerra de la Cuadruple Alianza: 1717-1721 Paz de Cambrai. (Primera Guerra de Italia)En1717 una flota española (montada por Patiño como Intendente) tomó Cerdeña, y en 1718 atacóSicilia (en manos de Saboya), lo que desencadenó la Cuadruple Alianza contra España firmada enLondres en 1718 por Austria, Inglaterra, Francia y Saboya, que defendieron Sicilia mientrasGran Bretaña realizaba operaciones de castigo en Galicia, y Francia ocupaba las provinciasvascas y Cataluña, y amenazaba la Florida, Tejas y Nuevo Méjico. Por la Paz de Cambrai Españarecuperó su integridad peninsular (salvo Gibraltar), obtuvo derechos de herencia sobre Sicilia,Parma y Toscana, y el reconocimiento de Felipe V por parte del Emperador Fernando VI, ademásde mantener sus posesiones americanas, a cambio de ventajas económicas en Ultramar paraFrancia y Gran Bretaña, y Cerdeña para Saboya. Las aventuras no cesaron con la partida de Alberoni. La reina trató de llegar a uncompromiso con Austria con la esperanza de casar a sus dos hijos, Carlos y Felipe, con sendasarchiduquesas imperiales con la mediación del barón Ripperdá, que negoció el tratado de Viena
  24. 24. (1725) que significó oficialmente el fin de las hostilidades hispano–austriacas de la guerra deSucesión, permitiendo la liberación de los antiguos partidarios del archiduque y el regreso a España,en condiciones favorables, de muchos exiliados, con el intercambio de vagas promesas de unmatrimonio austriaco para Carlos y subsidios sustanciales y concesiones comerciales para elemperador, que la opinión española valoró como un ultraje, y alarmaron al resto de Europa. Las relaciones anglo-españolas entraron nuevamente en crisis con ataques mutuos en lasIndias y disputas sobre el comercio en la península desde enero de 1727 a marzo de 1728, cuandoIsabel Farnesio aceptó firmar la convención de El Pardo, que ponía fin al bloqueo inglés y quedecretaba la devolución, o la promesa de devolución, de los barcos y posesiones ingleses ocupadospor España. La alianza entre España y Viena llegó a su fin cuando se hizo evidente que no sellevaría a cabo matrimonio alguno y que los austriacos no apoyarían los planes españoles en Italia.15) José Patiño Rosales (1666-1736) Después de la caída de Ripperdá comenzó el ascenso político de los secretarios de Estado.En esta primera etapa predominó la figura de José Patiño, quien contaba en su haber con el ejerciciode las funciones de intendente en Cataluña en 1713 y de intendente general de Marina en 1717. En1726 fue nombrado secretario de Marina, y el mismo año recibió el ministerio de Hacienda. En1730 asumió el cargo de ministro de la Guerra, y, por último, en 1733, el ministerio de Estado. Deesta forma acumulaba todas las secretarías menos la de Justicia. Patiño realizó una importante labor en tres ámbitos: fuerzas armadas, política económica ypolítica exterior. Se dictaron disposiciones legales que favorecían la producción textil española ypretendían dificultar las importaciones de tejidos extranjeros. Asimismo se llevó a cabo en 1726–1728 una importante operación de reajuste monetario que dio a la moneda española una estabilidadduradera. La tradicional deuda de los “juros” fue objeto de una drástica remodelación, que redujo suinterés al 3%. Bajo la administración de Patiño se llegó a un acuerdo aduanero con el señorío deVizcaya (los estipulados de 1727) y se autorizó la creación de la primera compañía privilegiada poracciones, radicada en San Sebastián. La defensa del dominio español era una encrucijada en la política de Patiño en la que seunían su preocupación por promover la riqueza de la monarquía, la necesidad de disponer de unafuerte flota para defenderla y el mantenimiento de un sistema de relaciones exteriores. Con unejército y una marina mejor organizados, habiendo mejorado la construcción naval y saneadoparcial o superficialmente las finanzas estatales, Patiño pudo realizar una política prudente yrealista. Tuvo en cuenta el bloque franco–británico y comprendió que era inútil intentar cualquierrevisionismo radical del Tratado de Utrecht.Tratado de Sevilla 1729 Acuerdo firmado entre España, Francia y Gran Bretaña tras la guerrahispanobritánica de 1727 - 1729, por el que España reconocía el equilibrio europeo impuesto por laTriple Alianza. Por el tratado, Gran Bretaña conservaba el dominio del puerto de Mahón enMenorca, y el Peñón de Gibraltar y mantenía sus privilegios comerciales. Isabel Farnesio y Felipe Vobtenían el reconocimiento de la sucesión del infante Carlos a los ducados de Parma y Piacenza. La muerte en 1731 del último duque de la dinastía de los Farnesio en Parma permitió que elinfante se trasladara a Italia y tomara posesión de aquel ducado.Primer Pacto de Familia 1733: Firmado en 1734, hace intervenir a España en la guerra de sucesiónde Polonia, que acaba con la Paz de Viena 1738 por la que el príncipe Carlos, obtiene Nápoles ySicilia.(Segunda Guerra de Italia 1735-39) Luís XV y Felipe V firman en El Escorial el Primer Pacto deFamilia contra el Imperio, por el que España apoya a Francia para coronar a Stanislas Leszczynski(suegro de Luis XV), y Francia apoya a España en su campaña contra Nápoles y Sicilia, y pararecuperar Gibraltar de manos británicas. España cede al duque de Lorena el ducado de Toscana, y aFrancia el ducado de Parma, y el infante Carlos recibe el título de Rey de las Dos Sicilias. Francia yAustria firman en 1738. España la ratifica en Versalles en 1739.
  25. 25. El relativo fracaso del primer Pacto de Familia afectó a Patiño, quien antes de morir en 1736se inclinaba por el retorno a una política de neutralidad. Fue un eficaz servidor de los Borbonesespañoles, a los que ayudó en la doble tarea de defender sus intereses patrimoniales dinásticos y demodernizar el Estado en un sentido racionalista y centralizador•En la guerra de Sucesión se inclinó por la casa de Borbón y fue nombrado Intendente deExtremadura, dejando gran fama de su gestión por haber controlado los desastres que produjo laguerra con Portugal.•Tras la ocupación de Cataluña, Presidente de la Junta Superior de Gobierno y Justicia de Cataluña(1714-16), para abolir las instituciones tradicionales de autogobierno e implantar de un nuevosistema tributario proporcional al de Castilla.•Crea en 1716 el Catastro: registro de los patrimonios y las rentas de Cataluña para el reparto delcupo tributario exigido por la Corona.•Intendente general de la Marina y presidente del Tribunal de Contratación de Indias (1717-19)◦Traslada la sede de Sevilla a Cádiz para dar más impulso a las operaciones de ultramar.◦Organizó las expediciones españolas a Cerdeña y Sicilia (1717-18)◦1726 Secretario de Estado de Marina e Indias y de Hacienda (más tarde también de Guerra y deEstado)Director de la política exterior española entre 1728 y 1736.•Fortalecimiento de la Armada◦Ordenanzas de la Armada, uniformando todas las fuerzas existentes, galeras del Mediterráneo,navíos del Océano y galeones de Indias◦Construye el arsenal de La Carraca◦Crea las Compañías de Caballeros Guardiamarinas◦Impulsa la construcción de buques de guerra: 31 navíos, 15 fragatas y numerosos buques Lasaventuras no cesaron con la partida de Alberoni. La reina trató de llegar a un compromiso conAustria con la esperanza de casar a sus dos hijos, Carlos y Felipe, con sendas archiduquesasimperiales con la mediación del barón Ripperdá, que negoció el tratado de Viena (1725) quesignificó oficialmente el fin de las hostilidades hispano–austriacas de la guerra de Sucesión,permitiendo la liberación de los antiguos partidarios del archiduque y el regreso a España, encondiciones favorables, de muchos exiliados, con el intercambio de vagas promesas de unmatrimonio austriaco para Carlos y subsidios sustanciales y concesiones comerciales para elemperador, que la opinión española valoró como un ultraje, y alarmaron al resto de Europa.• Las relaciones anglo-españolas entraron nuevamente en crisis con ataques mutuos en lasIndias y disputas sobre el comercio en la península desde enero de 1727 a marzo de 1728, cuandoIsabel Farnesio aceptó firmar la convención de El Pardo, que ponía fin al bloqueo inglés y quedecretaba la devolución, o la promesa de devolución, de los barcos y posesiones ingleses ocupadospor España. La alianza entre España y Viena llegó a su fin cuando se hizo evidente que no sellevaría a cabo matrimonio alguno y que los austriacos no apoyarían los planes españoles en Italia.◦ menores. .•Fomento del comercio con América•Política de influencia en Italia.◦Participó en la campaña de Cerdeña y organizó las fuerzas que levantaron el sitio de Ceuta por losmarroquíes.

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