Cuaderno de Trabajo No. 4                              Document de Travail No. 4      Los comerciantes y los otros.    Cos...
Los comerciantes y los otros.         Costa chica y Costa de Sotavento,                                     1650-1820     ...
WIDMER SENNHAUSER, Rudolf, 2009. Los comerciantes y los otros. Costa chica y Costa de Sotavento,1650-1820. Cuaderno de Tra...
A MIS PADRESA RAMIRO, MASSAMBA, FRITZNEL Y HASSAN    A LA MEMORIA DE HOSSEIN4
PREFACIOHace un par de meses, Odile Hoffmann, directora del Centro de Estudios Mexicanos yCentroamericanos (CEMCA), me pro...
proceder a la publicación sin mucho dilatar, opté por dejar el estudio tal como lo había escrito ensu momento.Al final sól...
INTRODUCCIÓN                                                     Une certaine idée de la République m’amène à …           ...
agropecuaria de Sotavento y de la Costa Chica debían de influir de alguna manera en eldesarrollo del país.3Hay muchas mane...
1775-1779 y conjetura que el resto de la producción seguía pautas parecidas.9 Mientras, elcrecimiento de la población se d...
subutilización y la destrucción masiva y recurrente de capacidades de producción a que procedeel régimen liberal – también...
objetivo, mensurable, independiente de la sensibilidad de los explotados. A través de laexplotación, la realización de los...
imponerse Tareas” se abre entonces un nuevo proyecto de futuro: la superación de laexplotación, la justicia, la paz.24 El ...
Enseguida emprenderemos el estudio de las relaciones de los hombres entorno a la tierra. Paraeso partiremos del concepto d...
Hablar de las costas es también hablar de puertos. Acapulco seguía siendo a finales de la coloniaaquella “humilde aldea de...
crecía.40 Los documentos se conservan en los archivos de las diferentes instancias de gobierno:el archivo del intendente d...
notificaban ante notarios locales. Pronto descubrimos que la suerte de muchas propiedades de laCosta Chica se decidía en l...
El trabajo se realizó bajo la dirección del profesor Walther Ludwig Bernecker, catedrático, hastael año pasado de 1992, de...
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Mapas. Organización territorial de la Costa Chica y la Costa de Sotavento durante la colonia(Gerhard 1986)19
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PARTE I. LA IMPORTANCIA DE LA TIERRA21
1. EL CRECIMIENTO DE LAS POBLACIONES COSTEÑASCosta de Sotavento y Costa Chica son términos geográficos: el primero, de ori...
TENDENCIAS Y RITMOS DEL MOVIMIENTO DE LA POBLACIÓN.El trabajo con censos y padrones de antiguo régimen requiere de una crí...
cualquiera de las acepciones sería arbitraria. 50 Una vez más preferimos pecar de minuciosos queutilizar datos fantasiosos...
documentos? ¿Seguían las costas creciendo más allá de esta fecha? ¿En qué medida se justificahablar de crisis demográfica ...
durante medio siglo en los distritos de Acayucan, Cosamaloapan, Veracruz y probablementetambién San Andrés. Mientras, la p...
LAS REVELADORAS CRISIS DEMOGRÁFICAS.El movimiento de la población costeña estaba condicionada por las crisis demográficas ...
los sobrevivientes por la sobrecarga fiscal. 66 La gran variedad de patologías y la amplitud delterritorio comprobadamente...
La década de 1760 marca en ambas costas el inicio de un bloque de epidemias y hambrunas demás de 50 años.72 En febrero de ...
estaba de regreso, no sólo en el puerto sino también en otras partes de la Costa del Sotavento. 80Una “grande epidemia de ...
el párroco registraba un promedio de 23 defunciones de niños pardos, españoles y euromestizosentre 1792 y 1796. Con la epi...
fundación española, se constituyó por los mismos años una comunidad india, ya fuera por lacongregación de los restos local...
periodo señalado habían nacido todos en la región, dos españoles habían inmigrado de lapenínsula.Los padrones parroquiales...
partido de Ometepec - al distrito de Jicayan. Este muestra para el conjunto de la población unsaldo migratorio ligeramente...
mitad del siglo XVIII. Sin embargo es muy probable que los flujos fueran mucho más viejos queeso. Los indios de los distri...
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  1. 1. Cuaderno de Trabajo No. 4 Document de Travail No. 4 Los comerciantes y los otros. Costa chica y Costa de Sotavento, 1650-1820 Rudolf Widmer Sennhauser México, Junio 2009 Mexico, Juin 2009 AFRODESC http://www.ird.fr/afrodesc/1
  2. 2. Los comerciantes y los otros. Costa chica y Costa de Sotavento, 1650-1820 Rudolf Widmer Sennhauser (Instituto Filosófico Pedro Francisco Bonó, Santo Domingo, RD Institut de Recerca Històrica, Universitat de Girona, Girona, Espagne) México, junio 2009, Proyecto AFRODESC www.ird.fr/afrodescTexto original presentado como „Inauguraldissertation der Philosophisch-historischen Fakultätder Universität Bern zur Erlangung der Doktorwürde“. 19932
  3. 3. WIDMER SENNHAUSER, Rudolf, 2009. Los comerciantes y los otros. Costa chica y Costa de Sotavento,1650-1820. Cuaderno de Trabajo No. 4 / Document de Travail No. 4, México: Proyecto AFRODESC(Texto original de 1993: Inauguraldissertation der Philosophisch-historischen Fakultät der UniversitätBern zur Erlangung der Doktorwürde)El Programa Internacional de Investigación AFRODESC, “Afrodescendientes y esclavitud: dominación,identificación y herencias en las Américas” está financiado principalmente por la Agencia nacional deinvestigación (ANR) francesa y comprende una docena de instituciones mexicanas, francesas,colombianas y de otros países. Para más información, se puede consultar el sitio webhttp://www.ird.fr/afrodesc/. Las actividades de AFRODESC se llevan a cabo en colaboración estrechacon el Programa europeo de investigación EURESCL « Slave Trade, Slavery, Abolitions and theirLegacies in European Histories and Identities ».3
  4. 4. A MIS PADRESA RAMIRO, MASSAMBA, FRITZNEL Y HASSAN A LA MEMORIA DE HOSSEIN4
  5. 5. PREFACIOHace un par de meses, Odile Hoffmann, directora del Centro de Estudios Mexicanos yCentroamericanos (CEMCA), me propuso la publicación de este estudio sobre las costasnovohispanas. La oferta me sorprendió, ya que se trataba de una investigación que habíarealizado hace más de quince años. De hecho, fue en 1993 que la Facultad de Filosofía y Letrasde la Universidad de Berna había aprobado el texto como tesis de doctorado. Obtuvo en aquelentonces un summa cum laude y hasta el premio de la Facultad por la mejor tesis del año, pero acontinuación no conseguí el apoyo necesario para la publicación. La Revista Estudios de HistoriaSocial y Económica de América, de la Universidad de Alcalá, aceptó algunos de los capítulos sobrela ciudad de Veracruz como artículos, varias de las monografías municipales que se publicarondurante los años 1990 en el estado de Veracruz utilizaron la información contenida en elestudio: pero la tesis como tal, con su concepto teórico, quedó inédita.La idea básica que guía el estudio es que para conocer una sociedad, y de eso se trata, hay quecomprender la forma en que organiza la propiedad. La Historia no se limita al análisis de lapropiedad, pero no se puede hacer Historia sin analizar la propiedad. Con esta tesis,ampliamente desarrollada por la historiografía agraria catalana, intentaba conocer lassociedades costeñas mexicanas: sociedades con quienes me había familiarizado durante losestudios de maestría en El Colegio de Michoacán a partir de 1985, y que me habían fascinadodesde el primer contacto por su autenticidad: una autenticidad que contrastaba con la culturadel Viejo Continente donde ya en aquel entonces se tomaba café descafeinado y se creía en lasguerras sin muertos (propios).La presente publicación se realiza en el marco de un programa que enfoca la problemática étnicade las Américas. En la medida en que las etnias tienen su historia, en la medida en que el negro yel indio son productos ideológicos de las necesidades materiales del colonizador europeo,productos que a su vez han reacondicionado la organización de las actividades económicas, nopodemos conocerlas sin estudiar la cuestión de la propiedad. La historia del negro mexicano sevincula desde el principio, en el siglo XVI, de múltiples maneras con la historia de la propiedad.De particular interés a ese respecto es, por supuesto, la época revolucionaria de fines del sigloXVIII, principios del XIX: el momento en que las personas revalorizan su dignidad y desmientencon su actitud los discursos legitimadores de los voceros oficiales.Han pasado quince años desde la conformación de este texto. Entretanto me he sumergido enotros medios socioculturales, me he compenetrado con otras situaciones de explotaciones, otrashistoriografías. En la isla de Ayití (o Santo Domingo), no menos conflictiva que las costasmexicanas, he considerado los planteamientos sobre las llamadas ‘guerras de independencia’ deFanon y de la historiografía haitiana, desde los clásicos del siglo XIX hasta los genios del siglo XX,Jean Casimir y Vertus Saint-Louis. A raíz de esas experiencias humanas e intelectuales pondríaen la actualidad los acentos del trabajo algo diferente. Enfatizaría, por ejemplo, la creatividadpropia de los oprimidos. Y, sobre todo, arraigaría todo el estudio de una manera explícita en losconflictos actuales en que la disputa por la historia juega un papel fundamental.Reescribir la tesis hubiera sido una opción, dejarla tal como era la otra. Un camino entremedio,los retoques puntuales, en cambio, sólo habría hecho peligrar la coherencia interna del texto.Como me he alejado de la realidad mexicana en los últimos diez años, y como interesaba5
  6. 6. proceder a la publicación sin mucho dilatar, opté por dejar el estudio tal como lo había escrito ensu momento.Al final sólo queda expresar mi gratitud para con Odile Hoffmann y el equipo del proyectoAFRODESC: por tomar la iniciativa de la publicación, y también y sobre todo por la graninversión de tiempo y de energías que hicieron para que esta se realizara. En realidad, había queredactilografiar el texto completo, y han sido los esfuerzos del proyecto AFRODESC, los quepermitieron este inmenso y nada reconfortante trabajo. Sólo me han tocado la revisión y algunoscomplementos. También quisiera dar las gracias a Miguel de Camps Jiménez, gran amigodominicano, intelectual crítico y editor generoso, quien le ha dado una lectura crítica a la nuevaversión. Y con eso invitar a los lectores a que me lean con el mismo espíritu crítico con que leí yleo a los demás.6
  7. 7. INTRODUCCIÓN Une certaine idée de la République m’amène à … Jean-Pierre ChevènementEl setecientos novohispano, una época de profundos cambios en todos los ámbitos de la vida, hasido objeto de múltiples estudios históricos a partir de la década de 1970. En la actualidad existeuna amplia bibliografía sobre las regiones agropecuarias, mineras y urbanas del altiplano centraly de occidente, los pueblos de Oaxaca y las haciendas y ranchos de Córdoba. 1 Algunas regiones,empero, han quedado al margen de la fiebre. Las costas del reino, en particular, han encontradomuy poco interés entre los historiadores. Regiones agropecuarias sumamente pobres hasta laactualidad, con algunos polos turísticos e industriales desarrollados desde el centro a partir delos años 1960, las tierras bajas mexicanas no pueden interesar a intelectuales, nacionales oextranjeros, que buscan precoces procesos de industrialización como portadores de lo que ellosentienden por progreso. Por otra parte, al carecer los litorales de México de inditos folclóricos,esa mercancía exótica que tanto fascina a los turistas en los valles centrales de Oaxaca, tampocosuscitan mucho interés entre aquellos investigadores europeos y norteamericanos que seentusiasman con los arcanos de los bailes y de los colores y empiezan a preguntarse por lasbases de la etnicidad.2 Otro motivo susceptible de frenar el interés de los historiadores para lascostas, particularmente importante en una época en que se espera del historiador que seaproductivo: que destaque no por la calidad de sus obras sino por la cantidad de publicaciones, esla difícil localización de las fuentes, la dispersión de los archivos y la falta de guías de consulta.En fin, en nuestra era de la computación en que muchos ya no pueden concebir trabajos que norebosen de complicados cuadros estadísticos (a menudo muy cuestionables), las costas, conpocos datos cuantificables, quedan descalificadas como objetos de análisis.Al proponer un estudio de dos litorales, el Sotavento (los distritos coloniales de la NuevaVeracruz, San Andrés, Cosamaloapan y Acayucan) y la Costa Chica (Acapulco, Igualapa, Jicayán yHuatulco) pretendo desde luego aportar un elemento más al tejido de historias regionales quecubre ya buena parte de la Nueva España del Siglo XVIII. Los costeños de la época noprotagonizaban ninguna revolución industrial, no pertenecían a ninguna vanguardia nacional.No obstante, la importancia de los litorales trascendía claramente el marco local. En efecto, elSotavento y la Costa Chica eran hasta mucho más allá de la colonia los principales proveedoresde algodón de los grandes centros textiles del reino: Puebla, México y Oaxaca. Los dos litoralesproducían también ganado, pescado seco, maderas y, last but not least, hombres para elmantenimiento y el abasto de las naves que entraban en Acapulco y Veracruz, los principalespuertos del reino. Así las cosas, las decisiones de aquellos que controlaban la producción1Véase Pérez Herrero (1990b) para una reciente bibliografía crítica de los estudios regionales sobre laNueva España del siglo XVIII.2Extraña, sin embargo, que los afromestizos de las costas no hayan intrigado más a los antropólogos.Fuera de Aguirre Beltrán (1985) nadie se ha abocado seriamente al estudio de (….)7
  8. 8. agropecuaria de Sotavento y de la Costa Chica debían de influir de alguna manera en eldesarrollo del país.3Hay muchas maneras de hacer historia. Podemos concebir la historia del siglo XVIII novohispanoal estilo de Le Roy Ladurie como un gran ciclo agrario cuyas variables fundamentales son lademografía y el producto nacional bruto.4 Al cabo de un gran número de estudios con diversosenfoques conocemos aparentemente bien las cuatro fases de este ciclo. A mediados del sigloXVII, los hombres eran raros, los espacios no explotados abundaban (fase I). Empezó entoncesun ciclo expansivo (fase II), más demográfico que productivo: la población se recuperaba, pero laagricultura comercial seguía rígida y sólo en las minas se observaban progresos. 5 Durante elsegundo y el tercer cuarto del siglo (fase III), la producción a vocación comercial crecíarápidamente. La población, en cambio, empezó a dar signos de debilidad y las tasas decrecimiento iban disminuyendo. La época de las reformas borbónicas (1776-1788), antañoconsiderada como apogeo del ciclo, se nos presenta hoy como el inicio de una larga y profundadepresión productiva que se prolongó hasta mediados del siglo XIX (fase IV).6 Lo que aúnpresenta problema es la cronología exacta del cambio. En Michoacán, Morin observa undesaceleramiento de la expansión después de la crisis de 1760. Pastor, estudioso de la MixtecaAlta, sugiere que el alza secular concluía hasta 1790. 7 Partiendo de las cuentas de las realescajas, Klein y Te Paske proponen las décadas de 1770 o 1780 y la de 1790, respectivamente. 8Coatsworth comprueba que el desarrollo de la producción minera culminaba en el periodo3 En la actualidad conocemos la dinámica de la producción de textiles y el movimiento del comercioexterior, pero ignoramos en gran medida como estos procesos se vinculaban con las estructuras del agrocosteño. Bazant (1963-1964) y Thomson (1986) estudian la producción textil en Puebla. Chance (1982) lade Oaxaca. Los primeros hacen algunas conjeturas sobre los sistemas de comercialización de la fibra en lascostas. Respecto al movimiento del comercio exterior puede verse la reseña crítica de la bibliografía másreciente en Fontana (1988). Las elucubraciones braudelianas de Florescano (1967) sobre la situación enSotavento a fines de la colonia no aportan nada.4 Le Roy Ladurie (1969:345-352). Van Young (1985: 728), cuya obra fundamental (1981) refleja elesquema laduriano, lamenta que éste no tenga más discípulos entre los mexicanistas: un deseo que nocomparto, por supuesto.5 Con respecto a la población, nos apoyamos aquí y a lo largo de este repaso del ciclo económico del sigloen Pérez Herrero (1900a:72-78). Para el desarrollo de la producción en el setecientos, véase Klein/TePaske (1982) y Fontana (1988:96), quienes refutan las tesis de Borah (1955) sobre la crisis del siglo XVII.6 Entre los apologetas de los promotores de las reformas, Gálvez y Carlos IV, destacan por supuestoburócratas y comerciantes de la época: véanse por ejemplo Güemes Pacheco (1986) y Quirós José M.,Memoria sobre los efectos del reglamento de comercio libre, 1808, en: Ortiz de la Tabla (1985: 151-178).Sin embargo, aún historiadores contemporáneos se han dejado seducir por los preámbulos de los decretosreales en que se hace ahínco en la preocupación de los monarcas por sus súbditos, identificandoimplícitamente los intereses del explotador con el de los explotados: Florescano (1976) y Brading(1975:160-167). Véase Fontana (1988) para una crítica mordaz de estas historias.7 Morin (1979: 107-118. 149); Pastor (1987: 223-230. 455-459).8 Klein (1985); Te Paske (1986).8
  9. 9. 1775-1779 y conjetura que el resto de la producción seguía pautas parecidas.9 Mientras, elcrecimiento de la población se desaceleraba: a fines del siglo se alcanzaban incluso tasasnegativas. Pérez Herrero pretende que la tendencia se invertía hasta mediados del siglo XIX. Sinembargo, sus propios datos muestran que los años posteriores a 1820 no eran tan negativoscomo las postrimerías de la colonia, a pesar de la irrupción del cólera en la década de 1830. 10Pastor confirma esta impresión al comprobar para Oaxaca la recuperación de las tasas duranteel segundo cuarto del ochocientos. 11 Lo menos que podemos decir actualmente es que la crisisdemográfica ya no se agravó después de la consumación de la independencia.No vamos a discutir aquí la problemática identificación de la dinámica del producto nacionalbruto con el movimiento de las rentas fiscales y eclesiásticas, punto de partida de estashistorias.12 Dejemos por el momento su metodología y centrémonos en la ideología que se hallaimplícita en ellas. Los historiadores que estudian el siglo XVIII en función del crecimiento delproducto nacional bruto o del producto per cápita admiten, quizás sin advertirlo, los supuestosbásicos de la historia liberal: primero identifican el progreso de la sociedad con el crecimientoeconómico y este con la división social del trabajo, manifiesta en la expansión del mercado, luegohacen de este proceso la ley de la historia. 13 La fase IV del ciclo dieciochesco se explica entoncesen términos de fracaso. Este se atribuye al deficiente desarrollo del mercado nacional, vinculadocon “las limitaciones legales impuestas a la movilidad del capital y del trabajo” como dicetajantemente Coatsworth.14 En otras palabras: el régimen político, identificado con la coacción,no ha sido repulsado lo suficiente por el régimen económico, basado en el libre juego de la ofertay la demanda. Nadie más indicado que José María Luis Mora, prócer del liberalismo delochocientos mexicano – poco citado en las obras académicas, por cierto – para aclararnos estepunto. La lista de pecados del régimen colonial es extensa: el despotismo y la arbitrariedad delgobierno; la inseguridad de la propiedad inmobiliaria y su acaparamiento en manos muertas: unsistema fiscal basado en estancos, la imposición de las transacciones y una multitud de ramospoco productivos; las prohibiciones que pesaban sobre varios cultivos, ciertas manufacturas y elcomercio con extranjeros. 15Consideramos que hay que tener mucha cautela en el manejo de la visión liberal de la historia:no sólo porque no nos explica gran cosa sobre las sociedades del pasado sino también y sobretodo porque implica la aceptación del mundo actual como el mejor de los mundo posibles. Elliberalismo presenta el mercado como deus ex machina del bienestar general. Por si la crónica9 Coatsworth (1990b: 47-51) y (1990c).10 Pérez Herrero (1990a: 72-78); Pérez Herrero (1991: 265-266).11 Pastor (1987: 537-538).12 Véase infra, caps. 7. Y 8. Para una crítica de este supuesto.13 Smith (1958: 7-19), prócer del liberalismo, deja muy claro que para él, la división del trabajo es causa dela expansión económica y del progreso social y que el proceso tiene su origen “de una cierta propensión dela naturaleza humana”. Entre los mexicanistas que siguen esta línea de progreso destacan Coatsworth(1900d), Morin (1978), Pérez Herrero (1900) y Van Young (1992d).14 Coatsworth (1990d: 98). Véase también Morin (1978: 302) y Van Young (1992d: 221).15 Mora (1986: I, 169-288).9
  10. 10. subutilización y la destrucción masiva y recurrente de capacidades de producción a que procedeel régimen liberal – también y sobre todo en México – no demostrara ya por sí la mentira delpostulado podemos remitir a la experiencia del siglo XVIII. Para empezar observamos unevidente desfase entre los movimientos de población y de producción en el ciclo: un hecho quepor lo menos debería volver pensativo. Más todavía, Tutino sugiere que el campesinadomexicano lograba mejorar su suerte después de la independencia, en plena fase IV, decontracción de la producción y del mercado. 16 Tan equivocado como la identificación delmercado con el bienestar general es la de política y coacción. De aceptarla podríamos pensar queahora que se ha establecido el mercado mundial viviéramos en un régimen puramentecontractual. ¡Una falacia como saben todos aquellos que se ven obligados a vender – o a regalar –su mano de obra o sus productos no para comprar sino para pagar! El régimen liberal – y noimporta si sus apologetas se reclaman del neoliberalismo o del liberalismo social - es tancoercitivo como el régimen colonial, sólo que la coerción se ejerce a otros niveles. “Une certaineidée de la république m’amène à …” empieza ese documento de dignidad humana y civismorepublicano que es la carta con que Jean-Pierre Chevènement renunció el 29 de enero de 1991 alministerio de defensa de la República Francesa. 17 “Una cierta idea de la República, la fe en elhombre como ciudadano, me lleva a rehusar una historia que, por cinismo o frivolidad, justificaatrocidades y me alienta a buscar una alternativa.”Los novohispanistas no destacan precisamente por su espíritu innovador. En realidad soncontados los estudios sobre el periodo colonial que no sean tributarios de los presupuestos delliberalismo, que no parten del crecimiento y del mercado como destinos predeterminados de lahumanidad.18 En mi planteamiento me guío ampliamente de lo que creo haber comprendido delas obras de Josep Fontana y de Rosa Congost.19 En particular, ellos me llevaron a considerar quecualquier estudio histórico debe basarse en el análisis de las relaciones sociales que subyacen alos procesos de producción. Las relaciones se definen a través de derechos: derechos sobrepersonas y cosas, sobre productores, medios de producción y productos. Cuando los derechospermiten la apropiación del trabajo ajeno se convierten en el instrumento legitimador de unarelación de explotación. En este sentido, la explotación es – que quede bien claro – un fenómeno16 Tutino (1990: 198).17 Chevènement (1992: 305).18 Carmagnani (1988) ofrece un inteligente estudio de las estrategias socioeconómicas de los indiosoaxaqueños en el siglo XVIII. La obra no cae en el estructuralismo antropológico propio de otras obras dela llamada etnohistoria como Taylor (1987) o, peor aún, Bartolomé/Barabas (1982). Sin embargo, alsoslayar las contradicciones en el seno de las comunidades, su obra deriva en una justificación de latiranía del régimen de los ancianos. Otro trabajo que revela un esfuerzo por devolverle a la historia sulibertad es el de Rodolfo Pastor (1987) sobre la Mixteca. Por desgracia, el estudio no sólo es empírico ycarece de un planteamiento claro: también es tendencioso en el sentido de que reivindica el papel de laiglesia como defensora del campesinado frente al estado – cuando los propios datos del autor muestranque la iglesia era tan explotadora como el estado. John Tutino (1990) concibe la historia como una luchaentre grupos con intereses antagónicos. La problemática del enfoque consiste en que tiende a soslayar elcarácter objetivo del antagonismo para dar prioridad a la percepción subjetiva que cada uno de los grupostiene de sus intereses.19 Congost (1990); Fontana (1982), (1983a), (1983b) y (1992).10
  11. 11. objetivo, mensurable, independiente de la sensibilidad de los explotados. A través de laexplotación, la realización de los derechos, y a través de la respuesta de los explotados a esteejercicio se definen las clases sociales y, por supuesto, también las formas y el volumen de laproducción.20 De esta manera, el desarrollo económico se humaniza, se vuelve un problemasocial: se explica a partir de las iniciativas y contrainiciativas de los hombres, a partir de la luchade clases.El concepto de la lucha de clases implica el concepto del modo de producción: ambos traducen laidea de que la historia se explica a partir de los conflictos que se desarrollan en una sociedad porla voluntad de explotar de unos y la resistencia a dejarse explotar de otros. Las clases se forjan através de la lucha y determinan a través de esta lucha el modo de producción, el modelo de lasociedad. La dinámica de la lucha de clases es la dinámica del modo de producción. Visto así, elmodo de producción es un instrumento auxiliar que permite al historiador organizar los hechosconsignados a través de la documentación. 21 Analizar una sociedad mediante el concepto delmodo de producción significa estar consciente de que “todo producción es apropiación de lanaturaleza por parte del individuo en el seno y por intermedio de una forma de sociedaddeterminada”.22 Durante muchos años, los latinoamericanistas se afanaban por reconocer en losmodos de producción del subcontinente algunos de los famosos prototipos que según ciertocatecismo marxista dilucidan la historia de la humanidad. La época colonial se explicabaentonces en términos de feudalismo, capitalismo o modo de producción asiático.23 En la medidaen que sustituyen la investigación histórica por la elucubración teórica, estos estudios terminanpor ser espejismos. Desde mi punto de vista, los mencionados términos no aportan nada a lacomprensión de los procesos históricos, al contrario: como hay mil acepciones de feudalismo ocapitalismo, contribuyen a crear confusión.Esta manera de ver las cosas permite quitar a la historia su predestinación y devolver al hombresu libertad: la libertad que se manifiesta en la lucha de clases. Para los que creemos con AlejoCarpentier “que la grandeza del hombre est| precisamente en querer mejorar lo que es; es20Las clases nacen, de acuerdo con esta visión, de la lucha de clases. Así entiendo a Thompson (1989a: 37)cuando dice que “las gentes se encuentran en una sociedad estructurada en modos determinados(crucialmente, pero no exclusivamente, en relaciones de producción), experimentan la explotación (o lanecesidad de mantener el poder sobre los explotados), identifican puntos de interés antagónico,comienzan a luchar por estas cuestiones y en el proceso de lucha se descubren como clase, y llegan aconocer este descubrimiento como conciencia de clase. La clase y la conciencia de clase son siempre lasúltimas, no las primeras fases del proceso real histórico”.21 Véase en el mismo sentido Congost (1990: 28-29).22Marx (1989b: 37). M|s explicito es Vilar (1980: 67): “Un modo de producción es una estructura queexpresa un tipo de realidad social total, puesto que engloba, en las relaciones a la vez cuantitativas ycualitativas, que se rigen todas en una interacción continua: (1) las reglas que presiden la obtención por elhombre de productos de la naturaleza y la distribución social de esos productos; (2) las reglas quepresiden las relaciones de los hombres entre ellos, por medio de agrupaciones espontáneasinstitucionalizadas; (3) las justificaciones intelectuales míticas que dan de estas relaciones, con diversosgrados de conciencia y sistematización, los grupos que las organizan y se aprovechan de ellas, y que seimponen a los grupos subordinados”.23Véase Mörner (1975: 40-44) y Van Young (1992c) para revisión de la amplia bibliografía sobre losmodos de producción en la literatura latinoamericana.11
  12. 12. imponerse Tareas” se abre entonces un nuevo proyecto de futuro: la superación de laexplotación, la justicia, la paz.24 El crecimiento económico cabe por supuesto en este proyecto,pero no como algo deseable por sí mismo, sino como algo deseable en la medida que beneficia atodos: los que vivimos hoy como los que vivirán mañana.Cabe hacer una última aclaración. El ser humano es, por supuesto, mucho más que un sereconómico. No defiendo de ninguna manera una visión reduccionista del hombre, ni muchomenos. Esta historia no puede extenderse, por falta de fuentes, de espacio y de tiempo, a temascomo la familia, el arte, la religiosidad. Me limito aquí a lo que considero fundamental para unacomprensión acertada del presente y la imaginación de un futuro diferente: una comprensión dela historia como el desarrollo de la explotación y de la lucha contra esta explotación. 25En toda sociedad existe “una determinada producción que asigna a todas las otras sucorrespondiente rango e influencia” señala Marx. 26 El análisis de las relaciones sociales entornoa la tierra no nos revelará la clave de una sociedad industrial, lo mismo que el análisis de lasrelaciones entorno al capital no nos dirá gran cosa sobre el desarrollo de una sociedad agraria.Sólo al enfocar correctamente el estudio lograremos conocer las clases dominantes y las clasesdominadas, explicar como el manejo de los derechos que las primeras realizan sobre lassegundas, sus personas, sus medios de producción o sus productos, determina la evolución de laproducción y, más allá, de la sociedad en su conjunto. Queremos plantear desde ahora que lascostas novohispanas seguían siendo rurales a fines de la colonia: que la tierra seguía siendo laprincipal fuente directa de subsistencia y la principal fuente directa de riqueza.27 Más todavía: losplanteamientos que encontramos en el discurso de los intelectuales del comercio de Veracruzindican que las clases dominantes costeñas – aquellos grupos que lograban acaparar una parteproporcionalmente mayor de los excedentes disponibles – no querían o no podían concebir undesarrollo de sus regiones que no fuera agropecuario. En la Memoria sobre la situación de laagricultura del virreinato de 1809, José María Quirós, intelectual orgánico del comercioVeracruzano, señalaba que la agricultura era “el manantial de las sólidas riquezas, la que hacefelices y opulentos a los Estados, alimenta a los pueblos, anima a las artes, sostiene a losejércitos, facilita ocupación, y hace dichosos a innumerables familias, y el punto en que se apoyatodo el sistema del comercio terrestre y marítimo”. 28 Una primera parte del trabajo se dedica aprofundizar esta tesis a través del análisis del perfil de las poblaciones costeñas.24 Carpentier (1984: 123).25 Véase en este sentido muy particularmente Fontana (1982: 247-263).26 Marx (1989b: 57). Vale la pena recordar la frase entera: “En todas las formas de sociedad existe unadeterminada producción que asigna a todas las otras su correspondiente rango e influencia, y cuyasrelaciones por lo tanto asignan a todas las otras el rango y la influencia. Es una iluminación general en laque se bañan todos los colores y que modifica las particularidades de éstos. Es como un éter particular quedetermina el peso específico de todas las formas de existencia que allí toman relieve.27 Retomamos la definición de la sociedad rural de Congost (1990: 23)28Quirós José María, Memoria sobre la situación de la agricultura en el virreinato (1809), en: Ortiz de laTabla (1985: 179-202. 181).12
  13. 13. Enseguida emprenderemos el estudio de las relaciones de los hombres entorno a la tierra. Paraeso partiremos del concepto de derecho tal como lo acabamos de desarrollar. Siguiendo eltrabajo clásico de Pierre Goubert sobre el antiguo régimen europeo distinguimos los derechosdel rey, de los propietarios – un término que habrá que definir –, de la iglesia y de losprestamistas.29 Postulamos que se trataba de derechos de explotar que se ejercían en cada unode los distritos administrativos en que se dividía el reino esencialmente desde la cabecera porun pequeño grupo de personas que se caracterizaban a sí mismas como españoles o comocomerciantes. Los comerciantes eran titulares de una parte importante de las tierras, ellosprestaban a los campesinos – que así llamaremos de aquí en adelante a los productoresfamiliares –, ellos controlaban, a través del arrendamiento o la administración, los impuestosreales y el diezmo eclesiástico.30La Costa Chica y la Costa de Sotavento son conjuntos geográficos, caracterizados por laintercalación entre la sierra y el mar. ¿Son la Costa Chica y la Costa de Sotavento buenas regionespara nuestro propósito? Rosa Congost sugiere como condiciones para el estudio de lasrelaciones sociales que las clases dominantes actúen sobre el área de una manera relativamentehomogénea y endógena.31 En la primera parte planteamos que las costas seguían siendo regionesbásicamente rurales en las postrimerías de la colonia: un indicio de que existía ciertahomogeneidad en las estrategias de las clases dominantes de ambos mares. En la segunda partepostulamos que las estrategias se desarrollaban no por un grupo único sino por un conjunto degrupos relativamente independientes los unos de los otros: los comercios de las sendascabeceras distritales. De confirmarse, esta hipótesis permitirá explicar posibles matices localesen el paisaje agrario y, por supuesto, el desarrollo de la ciudad de Veracruz. En el tercer apartadoplantearemos el problema de la endogeneidad de las decisiones de los explotadores costeños: elproblema de la inserción de las clases dominantes de los distritos costeños en las clasesdominantes del reino. Sustentaremos que el crédito – que no hay que confundir con la usura –establecía vínculos entre cada uno de los grupos regionales y las grandes casas del reino,asentadas en la capital y, durante la segunda mitad del siglo XVIII, también en Guadalajara,Veracruz y Oaxaca.32 Estas grandes casas ejercían también derechos de propiedad fuera de sudistrito; no obstante, las relaciones de producción que las enfrentaban directamente a loscampesinos provincianos eran escasas salvo en el altiplano central y el Bajío. 33Postulamos que las clases dominantes del reino condicionaban el movimiento de la producción através del manejo de sus derechos. En la cuarta parte del trabajo nos abocaremos a la dinámicade las relaciones sociales y a los vínculos entre esta dinámica y el movimiento de la producción.Planteamos que nuestra historia abarca el ciclo de vida de un modelo de explotación. Nuestrahistoria empieza con la consolidación de los comerciantes durante el tercer cuarto del siglo XVIIy termina con su crisis a partir de las postrimerías del siglo XVIII.29Goubert (1969-73: I, 119-133). Un quinto derecho que se realizaba en los reinos europeos, el derechoseñorial, coincidía de este lado del océano con el derecho del rey, único señor de las Indias.30 Brading (1988: 201-255); Hamnett (1986: 26-34); Pastor (1978: 290-307); Van Young (1981: 139-175).31 Congost (1990: 27-28).32 Brading (1975: 135-178) Hamnett (1976); Kicza (1983: 77-99).33 Borchart de Moreno (1984: 128-152).13
  14. 14. Hablar de las costas es también hablar de puertos. Acapulco seguía siendo a finales de la coloniaaquella “humilde aldea de pescadores” que encontró Giovanni Francesco Gemelli en 1696. 34Veracruz, en cambio, era una ciudad: un asentamiento cuya población había dejado de trabajar elcampo.35 La producción urbana se realizaba en la Nueva España del setecientos principalmenteen el marco de la economía familiar o en pequeños talleres que formaban parte del sistemagremial.36 La apropiación del trabajo excedente de estas unidades se efectuaba, así planteamos apartir de las reflexiones de Edward P. Thompson sobre las ciudades preindustrialesesencialmente a través del control sobre el abasto. A este mecanismo se añadían la fiscalidadurbana y la propiedad del espacio urbano. 37 Los que manejaban el abasto, arrendaban las casas omonopolizaban las regidurías eran los mismos comerciantes que acaparaban también losexcedentes del campo. Debido a la importancia del abasto, el desarrollo de las relaciones socialesen el agro no podía quedar sin impacto sobre las urbes novohispanas. Dicho de otra manera: lacronología rural tendrá también un significado para el desarrollo de las relaciones deexplotación en la ciudad.Llegó el momento de hablar de las fuentes en que se apoya este trabajo. Para el análisis del perfilde la población tuvimos que apoyarnos básicamente en censos y padrones. Este tipo de fuentespermite captar las dimensiones espaciales de una población. Empero, resulta muy arriesgadoreconstruir la evolución en el tiempo de una población preindustrial con su movimiento enforma de sierra únicamente con cuentas periódicas más o menos espaciadas. 38 Fecundidad ymortalidad, que definen el movimiento natural de una población, se estudian mejor con registrosparroquiales. El problema es que estas fuentes no existen en la debida integridad para el ámbitode las costas. Muchos archivos parroquiales guardan fragmentos de una u otra serie, ningunoestá completo. Aquí usamos documentos archivados en las parroquias del sagrario de Veracruz,de Otatitlán, de Igualapa, de Jamiltepec, de Juquila, de Huaspaltepec y de Pochutla.39Disponemos de un gran número de cuentas de tributarios indios para todo el periodo colonial.Como el tributo era uno de los principales ingresos de la corona en la Nueva España, losfuncionarios reales contaban la población india muy seguido, sobre todo en épocas en que esta34 Gemelli (1976: 7). Con respecto a la situación a fines de la colonia, véase AGN, Padrones 16, ff. 213-221.35 Sobre la situación de Veracruz a fines de la colonia, véase Lerdo de Tejada (1950: I, 365-397). Ladefinición de la ciudad de antiguo régimen como asentamiento donde “la ocupación no agrícola era laprincipal fuente de ingresos” se toma de Hilton (1988c: 107).36La literatura sobre la producción urbana en la Nueva España es muy escasa. Para establecer estas tesisutilizamos Anderson (1988: 217-219); González Angulo (1983); González Angulo/Sandoval Zarauz(1984); Hamnett (1968: 24-25).37 Thompson (1979a y 1979b). Véase en el mismo sentido Hilton (1988b: 79).38Con respecto a la problemática de un análisis basado en este tipo de material, véase Flinn (1989: 85) yVilar (1979-1988: II, 15-17).39Morin (1972a) constituye una buena introducción a la problemática de los registros parroquialesnovohispanos.14
  15. 15. crecía.40 Los documentos se conservan en los archivos de las diferentes instancias de gobierno:el archivo del intendente de Oaxaca, el de la audiencia de México, el del consejo de Indias. Allímismo, así que en la Biblioteca Nacional de España encontramos algunos censos y padronescorrespondientes a la segunda mitad del siglo XVIII que abarcan el conjunto de la población: unainnovación que traduce la incipiente reorientación de la fiscalidad real. El primer documento deeste tipo es el censo de Fuenclara (1742-1746). Para la mayoría de los distritos costeñosdisponemos de los informes manuscritos que los respectivos alcaldes mayores mandaban alconsejo de Indias. En los casos de los Tuxtlas y de Jicayan podríamos recurrir a la recopilación deVillaseñor y Sánchez, el Theatro Americano. 41 Otros han advertido ya contra la fiabilidad de lascifras de esta obra y nosotros comprobamos evidentes distorsiones en todas las provincias paralas cuales disponemos también del parte del justicia.42 Más vale entonces quedarse con lo seguroque manejar datos sumamente cuestionables. Otros documentos del mismo género son loscensos realizados por los funcionarios provinciales de la inquisición (1754), los párrocos (1777)y los justicias (1777, 1782, 1803-1806). Los padrones militares de Revillagigedo (1793-1797)sólo alistan a la gente de razón, es decir a los no indios. Las cuentas se encuentran hoy endiferentes ramos del Archivo General de Indias, del Archivo General de la Nación así que de laBiblioteca Nacional de España. Los primeros censos municipales en los flamantes estados deMéxico (1828, 1839, 1834), Oaxaca (1825, 1832) y Veracruz (1830), publicados en los informesde los gobernadores, dibujan un cuadro de la situación después de los cambios que implica lainsurrección de 1812.Las fuentes para las partes II-IV del estudio son obviamente distintas. En la Nueva España delsiglo XVIII, los derechos se ejercían en virtud de títulos, documentos escritos. Como lamaterialización se realizaba a menudo a través de un administrador se producía una grancantidad de cuentas con que estos subordinados justificaban su actuación ante el propietario.Distinguimos arriba entre diferentes derechohabientes. Podemos suponer entonces la existenciade una documentación abundante, aunque diseminada en un gran número de archivos.Sabíamos por la existencia de archivos particulares con información sobre el manejo de lapropiedad de la tierra a fines de la colonia, por ejemplo en San Andrés Tuxtla. Empero, el accesoa estas fuentes resultaba prácticamente imposible por la envidia de ciertos colegas. Por otraparte tampoco podíamos recurrir, como los historiadores del siglo XIX, a los catastros: como elrégimen colonial no imponía la propiedad, tampoco la censaba. Basamos entonces el estudio delos derechos de los propietarios en la documentación que producían el levantamiento dehipotecas y la enajenación por una parte, los litigios por la titularidad por la otra. Las actasnotariales que dan fe de cambios en los títulos de propiedad se encuentran en los archivos de losnotarios. Podemos conjeturar el funcionamiento de notarías en la mayoría de las cabecerasdistritales del siglo XVIII. Sin embargo, sólo en Cosamaloapan se han conservado fondos del sigloXVIII: y esto en un estado tan deteriorado que requieren urgentemente de una profundarestauración. Para Juquila y Jamiltepec localizamos algunos protocolos correspondientes a lasprimeras décadas del siglo XIX. Ahora bien, afortunadamente, no todas las transacciones se40Una lista completa de las fuentes sobre la población novohispana se encuentra en Cook/Borah (1978a:31-68).41 Villaseñor y Sánchez (1743).42Morin (1979: 40) alerta contra los datos del Theatro Americano para los distritos del obispado deMichoacán.15
  16. 16. notificaban ante notarios locales. Pronto descubrimos que la suerte de muchas propiedades de laCosta Chica se decidía en las notarías de la ciudad de Oaxaca, que los propietarios de la Costa deSotavento frecuentaban las escribanías de las villas de Córdoba, Orizaba y Xalapa. Los sondeosen el Archivo General de Notarías del Estado de Oaxaca y la Biblioteca Central de la UniversidadVeracruzana – donde se conservan los archivos notariales de las villas coloniales – eran en efectomuy fructíferos. Una segunda manera para suplir la falta de archivos notariales costeños era elrecurso al registro público de la propiedad, establecido en toda la república a raíz de lasreformas liberales de mediados del siglo XIX. En Cosamaloapan, Veracruz, el archivo del registroestá prácticamente completo desde los primeros años. Su estudio permite ciertas conclusionessobre la época colonial, ya sea a través de las mismas actas, ya sea mediante los extensospreámbulos de carácter histórico que las introducen.Con mucho la fuente más importante en nuestro intento de reconstruir la historia del manejo delos derechos de la propiedad eran los archivos judiciales. Allí se ventilaban litigios porusurpación, allí se decidía sobre la legalidad de la expulsión de tal o cual arrendatario. Pudimosconsultar los fondos del teniente de justicia de Tlacotalpan (hoy en día en el Archivo Municipalde Tlacotalpan, Veracruz), de la audiencia de México (en el Archivo General de la Nación, en laciudad de México) y del consejo de Indias (en el Archivo General de Indias, en Sevilla). En elarchivo del ayuntamiento de Veracruz, vocero de los comerciantes del puerto, encontramosinteresantes documentos sobre el problema de la tierra en la Costa de Sotavento.El manejo de los derechos de los prestamistas se documenta en parte en los archivos notariales:quien prestaba montos importantes lo hacía ante notario público para poder demostrar, el casodado, sus derechos sobre los bienes del deudor. Los préstamos pequeños, en cambio, se basabanpor lo general en convenios orales. Algunos salen ocasionalmente en los inventarios post mortemdel archivo del juez de Tlacotalpan o los inventarios de las haciendas incluidos en losexpedientes del ramo de Tierras del Archivo General de la Nación. Más importante para suestudio es, empero, una polémica entorno a las prácticas de los prestamistas, una polémica quedejó abundante material en los archivos de la audiencia de México y del consejo de Indias.La documentación del ejercicio de los derechos de la corona es muy desigual. Muy completos senos presentaban los archivos del consejo de Indias (en el Archivo General de Indias, en Sevilla),de la audiencia y de real hacienda de México (en el Archivo General de la Nación, en la ciudad deMéxico). En cambio, habían desaparecido casi por completo los fondos de los alcaldes mayores yde los intendentes, funcionarios ambos que ejercían derechos en el nombre del rey. Sólopudimos consultar el ya mencionado archivo del teniente de la justicia de Veracruz enTlacotalpan. También los archivos de las repúblicas de indios se perdieron hace mucho. Losderechos que se realizaban en el nombre de Dios sí se documentan, pero por lo general la Iglesiano permite el acceso. De las diócesis que ejercían derechos en las costas coloniales, México,Puebla y Oaxaca, sólo la última se decidió a abrir las puertas a los investigadores: investigadorescon paciencia, habría que añadir.Los derechos de los especuladores urbanos de Veracruz se pueden analizar a través del archivode la institución encargada de ordenar el mercado, el ayuntamiento. Estos mismos papeles, hoyen día en el Archivo Histórico de Veracruz, revelan además el manejo de los derechos delgobierno urbano. Desgraciadamente, el manejo patrimonialista del acervo por parte de losencargados representa también aquí un serio obstáculo para el historiador que no forma partede los íntimos de la dirección.16
  17. 17. El trabajo se realizó bajo la dirección del profesor Walther Ludwig Bernecker, catedrático, hastael año pasado de 1992, de la Universidad de Berna. Sin él y su confianza, nada hubiera sidoposible y la amplitud de sus criterios me será siempre un ejemplo a seguir. Junto con sus colegasCarl Pfaff, de la Universidad de Fribourg, y Hans Werner Tobler, del Politécnico de Zürich, elprofesor Bernecker me respaldaba incondicionalmente para que obtuviera una beca de tres añosdel Fonds national suisse de la recherche scientifique. Aprovecho esta ocasión para agradecer aesta institución y muy particularmente a Benno G. Frey, siempre dispuesto a atenderme, suprecioso apoyo.Las deudas intelectuales del trabajo quedan, así lo espero, claras. En primerísimo lugar RosaCongost y Josep Fontana: Els propietaris i els altres e Historia eran verdaderas revelaciones paramí y con cada una de las repetidas lecturas de estas obras descubría nuevos aspectos de lo quedebe ser una historiografía imparcial, crítica y honesta. Rosa Congost, de L’Estudi General deGirona, me acompañaba generosamente con sus observaciones y críticas durante la última fasedel trabajo. También quisiera dejar constancia de los impulsos que recibí de autores como PierreVilar, Edward P. Thompson, Maurice Aymard y Rosario Villari. A la luz del análisis de Congostestudié (y disfruté) además seleccionados textos de Marx, en particular el tercer libro de ElCapital.No puedo tampoco dejar de mencionar a algunos destacados investigadores mexicanos queestaban siempre dispuestos a discutir problemas de toda índole que surgían conforme avanzabala investigación: a Carmen Blázquez, referencia obligatoria de cualquier trabajo sobre temasveracruzanos, a Elsa Malvido, especialista en historia demográfica de México, así que a AngelesRomero Frizzi y Manuel Esparza, profundos conocedores de la campiña oaxaqueña en tiemposde la colonia. Para la investigación en los archivos y las bibliotecas contaba con el precioso apoyode mis amigos Porfirio Santibáñez (Oaxaca), Gustavo Vergara y Romero Cruz (Veracruz).Por fin, quisiera dejar constancia del profundo impacto de la amistad que me une con algunosmexicanos sin rango ni nombre. Ramiro Domínguez Reyes, ejidatario de Igualapa, GRO, memostró desde el día en que le conocí en la plaza de su pueblo, que su casa era mi casa. El afectoque le tenía – y le sigo teniendo – me llevó a preguntar en un momento dado por la historia de supatria chica: la Costa Chica, sin duda una de las regiones más sufridas de México, hoy como ayer.En Veracruz, VER, donde concebí y redacté este trabajo, quedaba una y otra vez impresionadopor la clarividencia que encontraba en muchos de mis amigos del Ejército Mexicano y de laArmada de México. Quisiera recordar muy particularmente a Marco Antonio Hernández, delHospital Militar Regional de Veracruz. En un momento en que me agobiaba las dudas sobre elsentido de mi quehacer hasta el grado de enfermarme, Marco me tendió generosamente su manoamiga. Por fin, Noé Méndez, ese amigo providencial que conocí cuando visité el país por primeravez, en 1982, y que me ha acompañado desde entonces con su generosidad humana La amistadde ellos me ha permitido superarme y dejar una obra que puedo suscribir, a sabiendas de que nohay obra humana que sea perfecta, tranquilamente.17
  18. 18. 18
  19. 19. Mapas. Organización territorial de la Costa Chica y la Costa de Sotavento durante la colonia(Gerhard 1986)19
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  21. 21. PARTE I. LA IMPORTANCIA DE LA TIERRA21
  22. 22. 1. EL CRECIMIENTO DE LAS POBLACIONES COSTEÑASCosta de Sotavento y Costa Chica son términos geográficos: el primero, de origen náutico, seusaba, al igual que su gemelo Costa de Barlovento, desde el siglo XVII o incluso antes paradeterminar la posición de las costas de la Mar del Norte – como decían los españoles cuando sereferían al actual Golfo de México – con respecto al puerto de Veracruz. A fines de la colonia,Costa de Sotavento designaba además de una situación una región que abarcaba la partemeridional del actual estado de Veracruz, en particular el campo jarocho: la campiña aledaña alpuerto de Veracruz, y la cuenca del Papaloapan: el distrito de Cosamaloapan y las partesadyacentes de Veracruz y San Andrés.43 El término de Costa Chica surge por primera vez en lamemoria del gobernador del estado de México de 1831. 44 En una acepción estricta – que es laque encontramos en el documento mencionado – la Costa Chica coincide con la costa al este deAcapulco en cuanto esta pertenece al actual estado de Guerrero, separado a mediados del sigloXIX del estado de México. Hoy en día, el término suele designar una región que abarca también laCosta Sur de Oaxaca.Tanto la Costa Chica como la Costa de Sotavento son regiones que se intercalan entre el mar y lasierra.45 A la planicie del litoral – que alcanza 100-125 kilómetros en la Mar del Norte, pero sólo25 en la del Sur – sigue una terraza poco inclinada de 200 a 600 metros de altura, los altos, queda paso a la montaña. El agua, a través del régimen pluvial y de la hidrografía, es el granorganizador de ambas regiones. La ubicación en la zona intertropical de convergencia implica unaño con dos estaciones: las aguas de mayo a septiembre, las secas de septiembre a mayo. Deacuerdo con la posición en el litoral este y oeste, respectivamente, del continente americano, laCosta de Sotavento recibe mucha más lluvias que la Costa Chica. La Sierra de los Tuxtlas es unade las zonas más húmedas de México. Las diferencias en la precipitación y en el relieverepercuten en la configuración de los sistemas fluviales. Los ríos que desembocan en la Mar delNorte forman complicadas redes y alcanzan profundidades de consideración. Conforme avanzanlas aguas crecen, cambian de rumbo e inundan las tierras bajas del litoral. La captación de losríos de la Mar del Sur es menor, sus recorridos son más cortos. Durante la estación de secas,muchos se estancan al llegar a la planicie costera. Incapaces de perforar los médanos de la playaforman humedales o “chagües”, tierras anegadizas, y algunas lagunas.Nuestro primer problema es el de la importancia de la tierra en la vida de los hombres quevivían en los litorales novohispanos del siglo XVIII. A través de tres análisis parcialesaveriguamos si el trabajo de la tierra era mayoritario y si la producción agropecuariaproporcionaba más ingresos que los otros ramos de la producción. De darse estas condicionespodemos conjeturar, de acuerdo con nuestras hipótesis, que el estudio de la renta de la tierranos dará la clave para la comprensión de las sociedades costeñas de la época.43En la época, se hablaba de las “extracciones de harinas para Sotavento”, las cabeceras de Tlacotalpan,Cosamaloapan y Alvarado. AHV 1813 y 1820, Cuenta anual de la alhóndiga. Respecto al origen del término,véase Siemens/Brinckmann (1976: 272).44 Gobierno del estado de México (1831: 5).45 La caracterización geográfica de las costas se apoya en Sánchez Crispín (1978) y (1983);Siemes/Brinckmann (1976: 272-287); Diccionario Porrúa (1986: II. 1339-1343 y 2086-1091; III, 3105-3110).22
  23. 23. TENDENCIAS Y RITMOS DEL MOVIMIENTO DE LA POBLACIÓN.El trabajo con censos y padrones de antiguo régimen requiere de una crítica interna mínima. Losfuncionarios coloniales usaban un complejo sistema de términos étnicos en sus cuentas: nohablaban de habitantes sino de indios, chinos, negros, pardos, mulatos, mestizos y españoles. Paraempezar hay que plantear el problema de los grupos étnicos. Por lo general, la calidad étnica –que tenía implicaciones fiscales y de otro tipo – se heredaba de padre a hijo. Los grupos eranentonces relativamente cerrados, formaban castas.46 Sin embargo, el sistema no era perfecto y elpase individual de una casta a otra no del todo imposible. Un segundo problema, menosimportante para el demógrafo, es el de la acepción de los términos. Observamos algunasdiferencias entre el altiplano y las costas. En la Mar del Sur, los chinos no eran, como señalaHumboldt, descendientes de indios y negros, sino indios filipinos. La diferenciación entre pardosy mulatos, común en algunas partes del reino, no se acostumbraba en las costas: ambos términosdesignaban a los afromestizos, independientemente de si la parte no africana de los progenitoresera indio o española.47 No todos los censos registraban al conjunto de la población. Hastamediados del siglo XVIII, la administración española se interesaba muy particularmente en lascastas sometidas al pago del tributo, indios y afromestizos. Las cuentas de los indios tributariosconstituyen un cuerpo coherente y pueden servir como punto de partida de un estudiodemográfico.48 En el caso de los afromestizos costeños, en cambio, intervenían desde 1650numerosas exenciones fiscales: exenciones que imposibilitan al historiador el establecimiento deseries.49Los censos y padrones generales de la segunda mitad del setecientos computaban por lo generala individuos. Había, sin embargo, algunas excepciones. Los alcaldes mayores de Acayucan yAcapulco entregaban su informe de 1743 contando a tributarios en el caso de los indios, familiasen el de los españoles y afromestizos, su colega de Cosamaloapan se refería sólo a familias.Medio siglo después, el titular del distrito de Acayucan remitía un parte con el número defamilias de los asentamientos de su jurisdicción al consulado de Veracruz. ¿Cómo estandarizar elmaterial? El término de familia es ambiguo en los censos del siglo XVIII y la aceptación de46En este sentido, la novohispana era una sociedad de castas, de cuerpos cerrados. Sin embargo, a veces seaplica el término de castas sólo a los mestizos, pardos y mulatos: aquellos grupos que carecían de lapureza de españoles e indios. Desde este punto de vista, la novohispana era una sociedad con castas. Parauna discusión sistemática de los términos, véase Vilar (1980: 116-119).47Tanto Humboldt (1984: 90) como, más recientemente, Aguirre Beltrán (1972: 153-179) se extiendensobre los términos étnicos. Con respecto a las costas pueden verse por ejemplo el informe del castellanode Acapulco de 1743 en AGI, Indif. Gral. 107.48 Los cambios que se introducían por el artículo 137 de la Ordenanza de Intendentes de 1786 en elsistema del tributo indio no se aplicaban nunca en las jurisdicciones costeñas. Véase infra, cap. 7.49 En su ensayo sobre la evolución de los grupos étnicos durante la colonia, Cook/Borah (1978c: 238) noadvertían las exenciones de los pardos. Sus conclusiones sobre las poblaciones costeñas del siglo XVIIIcarecen, por tanto, de valor científico. En los caps. 6., 7. Y 9. trataremos más ampliamente sobre laproblemática de las castas en el marco de las costas.23
  24. 24. cualquiera de las acepciones sería arbitraria. 50 Una vez más preferimos pecar de minuciosos queutilizar datos fantasiosos.Los inicios de lo que podríamos llamar la recuperación colonial de la población costeña sepierden en el tercer cuarto del siglo XVII. Los funcionarios reales y eclesiásticos, siempre atentosa absorber nuevos excedentes, registraron los primeros aumentos de la población india a partirde la década de 1670. En 1674, Cosamaloapan, Acula e Ismatlahuacan pasaron de los 110tributarios que se les atribuían desde la primera mitad del siglo a 220. Tres años después,Cotaxtla duplicó sus anteriores 24 contribuyentes a ahora 50 (cuadro 1.1.). 51En la Mar del Sur, en el distrito de Acapulco, las autoridades efectuaron una primera adaptaciónde las listas de tributarios al alza entre 1664 y 1694. Varias de las parroquias de Igualapa yJicayan superaron a fines del siglo la población tributaria registrada en 1620. En fin, las primerasdécadas del siglo XVIII se caracterizaban en todas partes por un fuerte crecimiento (cuadro1.2.).52 ¿Y la población no india? Disponemos de datos de algunos partidos de la cuenca delPapaloapan que sugieren un fuerte crecimiento de los grupos de españoles y afromestizos paralos mismos años (cuadro 1.3.). 53 Sabemos también que el puerto de Acapulco, asentamientoexclusivamente no indio desde su fundación a mediados del siglo XVI, pasó de 150 vecinos en1646 a 400 familias de morenos, pardos y chinos y 10 de españoles en 1743. 54 Todo indicaentonces que la tendencia alcista no era exclusiva de la población india sino que todos los gruposétnicos se estaban expandiendo. Ir más allá de esta constatación sería pura especulación. Envista del estado actual de nuestros conocimientos sobre las pautas de la evolución nacional, laépoca posterior a 1740 es de un interés muy particular (cuadros 2., 3., 4.).55 ¿Qué nos dicen los50 Véase para una buena discusión Cook/Borah (1978b). No compartimos por supuesto la calculomaníade estos demógrafos que fuerza no sólo los documentos sino hasta su propia argumentación.51 1620-25: Cook/Borah (1980). 1674: AGN, Reales Cédulas Duplicata 28, ff. 54v. 74v. 1677: AGN, RealesCédulas Duplicata 28, ff. 101. 179. 1688: AGI, México 1157, Razón de los pueblos de que se compone lajurisdicción de la Nueva Veracruz, 1688. 1695: AGN, Reales Cédulas Duplicata42, ff. 26. 37v. 1698: AGN,Reales Cédulas Duplicata 42, f. 79v. 1709: AGN, AHH Diezmos 17, ff. 62-99. 1743: AGI, Indif. General 107 y108.521620/1625: Cook/Borah (1980). 1649: AGN, Reales Cédulas Duplicata 14, ff. 145v. 158v. 1664/1690:AGN, Reales Cédulas Duplicata 20, f. 447: Reales Cédulas Duplicata 28, f. 216v. 1706: AGI, México 881.1709: AGN, AHH Diezmos 17, f. 62-99. 1716: AGN, AHH Diezmos 17, ff. 62-99. 1743: AGI, Indif. Gral. 108.53 AGI, México 1157, Relación de las poblaciones del obispado de Puebla, 11/7/1681; AGI, Indif. Gral. 107,t. I, ff. 187-188 y 267-280; AGI, Indif. Gral. 108, t. IV, ff. 123-204v.54 AGI, Indif. Gral. 107, Informe del castellano de Acapulco, 1743; Diez de la Calle (1646: 142).55 1742-1744: AGI, Indif. Gral. 107 y 108. 1746: AGN, AHJ 339, exp. 1. 1752-1754: AGN, Inquisición 937, ff.109-117. 243-238. 278-284. 1756: AGN, HJ 339, exp. 1. 1761: AGN, AHH Diezmos 17, f. 415. 1762-1767:AGN, Tributos 2, exp. 1. 1768: AGN, AHH Diezmos 17, f. 323v: AGN, Tributos 2, exp. 2. 1771: AGN, HJ, 298,f. 81. 1773: AGN, AHH Diezmos 17, f. 238. 1777: AGI, México 2581 y 1588-1591: AGN, Bienes Nacionales401, exp. 8; AGN, Historia 72, f. 197; BNE ms 2450; Siemens, Brinckmann (eds.) (1976: 301). 1778: AGN,AHH Diezmos 17, f. 166v. 1782: AGN, Historia 72, ff. 195-196. 1784-1785: AGN; AHH Diezmos 17, f. 192v;AGN, Tributos 36, ff. 387-462; AGN, HJ 298, exp. 14. 1786: AGN, Tributos 43, ff. 276-285. 1790: AGN,Tributos 37, ff. 81-83. 1792: AGEO, Tesorería Principal 12, exp. 4; 1793: AGN, Historia 523, f. 94; AGN,Padrones 16, ff. 213-321v; AGN, Tributos 37, ff. 81-83. 1794: AGN, Tributos 37, ff. 163-164. 1799: AGN,Tributos 43, ff. 276-285. 1800-1801: AGN, Tributos 37, ff. 163-164 y 43, ff. 276-285. 1803: Apuntes24
  25. 25. documentos? ¿Seguían las costas creciendo más allá de esta fecha? ¿En qué medida se justificahablar de crisis demográfica para los años finales del setecientos? Según el número detributarios, la población india del distrito de Acayucan habría crecido en un 70 por ciento entre1743 y 1784; como la parte de los indios en la población total de la región retrocedía, cuandomenos a partir de mediados del siglo, el ritmo de crecimiento de los no indios debía de ser aúnmayor. También en Igualapa observamos un crecimiento bien vigoroso: la población de lospartidos de Ometepec y Cuautepec habría aumentado en un 80 por ciento entre 1743 y 1777. EnJicayan, el número de indios tributarios se triplicaba entre 1743 y 1748. Si la proporción entreindios y gente de razón (españoles, mulatos y mestizos) se transformaba según las pautasobservadas en Acayucan – o también en Igualapa –, la población total de Jicayan debía crecer atasas aún mayores a mediados del siglo XVIII: las estructuras étnicas de los padrones de 1777dejan abierta esta posibilidad. En el resto de los distritos, el avance parece por lo menos no tanneto. Las regiones rurales de la jurisdicción de la Nueva Veracruz sólo lograban un 25 por cientoen el periodo señalado. La población india de Cosamaloapan obtenía un resultado parecido; apartir del análisis de los datos sobre la composición étnica del distrito en 1743 y en 1803conjeturamos que los afromestizos superaban ligeramente este índice. Al cabo de esta revisiónpodemos concluir que las regiones costeñas – con la excepción de Huatulco – pertenecían algrupo de regiones novohispanas que seguían creciendo hasta más allá de 1740. Respecto a lasdimensiones del proceso conviene tener mucha cautela. 56 En realidad, tenemos nuestras dudassobre la verosimilitud de explosiones demográficas como aquella que tenemos que postular,según nuestros daros, en Jicayan, Acayucan o Igualapa – por mucho que Claude Morin hayapropuesto procesos similares en el obispado de Michoacán.57 Más adelante veremos queprocesos migratorios apuntalaban la demografía costeña durante este periodo. Con todo y esono excluimos que las cuentas de mediados del siglo XVIII eran más exactas – que englobaban unporcentaje mayor de la población real – que las épocas anteriores. Así las cosas tampocopodemos decidir si intervenía o no un freno en las tasas de crecimiento a partir de la crisis de ladécada de 1730.En un momento dado, entre 1760 y 1780 – resulta imposible decir más con los documentos quetenemos a la mano –, se produjo un cambio importante en las tendencias a mediano plazo en lamayoría de los distritos. De allí en adelante, el número de indios tributarios se estancabaestadísticos de la intendencia de Veracruz, 1803-1806, en: Chávez Orozco/ Florescano (1967: 115-150);Archivo General del Estado de Oaxaca (1984). 1804: AGN, Tributos 43, ff. 276-285. 1806: Apuntesestadísticos de la intendencia de Veracruz, en: Chávez Orozco/Florescano (1968: 115-150). 1808: AGN,Indios 75, ff. 119-130. 1809: AGN, HJ 223, exps. 1-2. 1818-1819: AHV 1818, Resultado del padrón de estaciudad de la Nueva Veracruz y sus extramuros; Gaceta de México 27/6/1819. 1825-1826: BSMGE,Murguía y Galardí José M., Estadística del departamento de Jamiltepec; Noticia estadística que elgobernador del estado libre y soberano de Veracruz presenta al congreso de la unión, Xalapa, 25/1/1827,en: Blázquez Domínguez (comp.) (1986: I, 1-7). 1830-1832: BGEO, Exposición que el tercer gobernadordel Estado de Oaxaca hace en cumplimiento del art. 83 de la constitución particular del mismo a la cuartalegislatura constitucional, 2/7/1832; Gobierno del Estado de México (1831); Estadística del estado libre ysoberano de Veracruz, en 1831, en: Blázquez Domínguez (comp.) (1986: I, 59-316).56Fontana (1988: 105) advierte con razón contra conjeturas demográficas demasiado optimistas para elperiodo.57Morin (1979: 59) sugiere que la población del obispado aumentó de 315´000 en 1745 a 675´000 en1785, o sea en un 115 por ciento.25
  26. 26. durante medio siglo en los distritos de Acayucan, Cosamaloapan, Veracruz y probablementetambién San Andrés. Mientras, la parte de los afromestizos en la población seguía en aumento entodos los distritos: un signo de que este grupo continuaba creciendo. Podemos conjeturarentonces que la población en su conjunto observaba una tendencia alcista, aunque lasdimensiones del movimiento habrían sido muy modestas. En las regiones de la Costa Chica, elpanorama era más complicado, aunque fundamentalmente parecido. En Huatulco, el número deindios tributarios se había estancado desde la década de 1740. En algún momento posterior a1767 se inició un periodo de franco declive y en menos de 20 años, el índice se contraía en un 30por ciento. Como el distrito conservaba su carácter indio hasta fines del siglo XVIII podemostomar esta evolución como representativa para la población en su conjunto. En el vecino distritode Jicayan, la tasa de crecimiento de la población era prácticamente cero durante la década de1780. Acapulco registró un verdadero salto del número de indios tributarios entre 1786 y 1794:un aumento del 50 por ciento en sólo ocho años, muy sospechoso a primera vista. Sin embargo,una vez más no podemos descartar algún movimiento de inmigración masiva. Con todo, la crisisno tardó en manifestarse y la ganancia se iba erosionando durante las décadas de 1790 y 1800.La población afromestiza acapulqueña, mayoritaria, parece estancarse durante el último cuartodel siglo. Igualapa era el distrito que mejor se desempeñaba durante el periodo. Por una parteobservamos un crecimiento bastante regular del número de indios tributarios hasta 1800. Peroeso no es todo. De acuerdo con los censos, las estancias ganaderas del litoral – Cruz Grande,Cuajinicuilapa, Juchitán y Maldonado –, asentamientos exclusivamente pardos, lograban uncrecimiento impresionante del 85 por ciento entre 1777 y 1793: mucho, aún si tenemos encuenta los importantes flujos migratorios que llegaban en este periodo a las costas.Después de una recuperación pasajera durante la década de 1790, el número de indiostributarios se contrajo de nuevo, aún en Igualapa, entorno a 1800. Ignoramos si la contracciónera exclusivamente de los indios o si se producían procesos parecidos entre españoles yafromestizos. Con todo, de allí en adelante, el panorama demográfico se iba aclarando. Hacia1810, el crecimiento parece de regreso en las costas. Huatulco, por ejemplo, aumentaba supoblación en un 40 por ciento entre 1803 y 1830. También Jicayan logró superar elestancamiento de los años 1780 en algún momento y alcanzó en 1825 un avance del 20 porciento respecto a 1793. La población de Cosamaloapan crecía un 10 por ciento de 1803 a 1825.Acayucan y los Tuxtlas estaban en auge para mediados de la década de 1810: también aquíignoramos el inicio del proceso. En 1830, el proceso continuaba – muy a pesar de los resultadosdel censo de 1830.58 Así las cosas resulta difícil compartir el escepticismo de Pérez Herreroquien sugiere que la crisis demográfica iniciada a fines del siglo XVIII se prorrogaba hasta muchomás allá de la independencia.59 En las costas, la población inició con toda probabilidad – no nosatrevemos a decir seguridad – un proceso de expansión desde la primera década del siglo XIX.58Estadística del estado libre y soberano de Veracruz, 1830, en: Blázquez Domínguez (comp.) (1986: I, 61-316. 66-68).59 Pérez Herrero (1990: 76).26
  27. 27. LAS REVELADORAS CRISIS DEMOGRÁFICAS.El movimiento de la población costeña estaba condicionada por las crisis demográficas de tipoantiguo: hambrunas y epidemias que provocaban periódicamente la multiplicación de la tasa demortalidad regional e hipotecaban el crecimiento a mediano plazo. 60 La estrecha vinculaciónentre crecimiento demográfico y mortalidad catastrófica es un fenómeno que caracteriza amuchas poblaciones de la historia, poblaciones cuya producción es básicamente agropecuaria. 61El estudio del movimiento de la población aporta así un primer indicio de que el fundamento delas sociedades costeñas del siglo XVIII era la producción agropecuaria, de que el estudio de lasrelaciones entorno a la tierra es el enfoque adecuado para nuestro objetivo.Ahora bien, la interpretación de estas crisis aún está en discusión. No podemos descartar en laactualidad la importancia de mutaciones genéticas de los agentes patógenos en el desarrollo dela incidencia de las mortandades.62 Sin embargo, tampoco podemos dejar a un lado laimportancia de la situación alimenticia de la población en la evaluación del fenómeno.63 Aún sino tenemos fuentes que comprobaran que la gente se moría de hambre propiamente dichoqueda el hecho de que las epidemias arrastraban a una población cuya dieta se había vueltoprecaria. Al analizar el impacto de las crisis demográficas de tipo antiguo sobre una poblacióndada hay que tener en cuenta tres factores: el incremento de la mortalidad anual, la frecuenciade las crisis y las dimensiones del área afectada. 64 Ambas costas se veían afligidas pormortandades de car|cter “nacional” a lo largo del siglo XVIII. El c|lculo de la sobremortalidadresulta casi siempre imposible por falta de fuentes adecuadas. Con respecto a la frecuencia, encambio, observamos tendencias muy claras. Podemos distinguir, de hecho, entre un primerperiodo, de 1670 a 1760, más o menos, en que epidemias y hambrunas se presentaban conintervalos de 30 a 40 años y una segunda etapa, de 1760 a 1810, en que las mortandades sesucedían rápidamente con intervalos cada vez menores.Una primera crisis grave se produjo a fines del siglo XVII. Una serie de factores negativosafectaba entonces al conjunto del reino. Para el área poblana, Malvido ha encontrado viruelas(1687-1692), sarampión (1692), peste (1696) y hambrunas (1691 y 1693). 65 La situación eracrítica en todas partes y su majestad instruía al virrey que procurara alivio para los afectadospor las plagas, “castigando con severidad a los que turbaren la quietud pública o lo merecierenpor su obrar y excesos” en clara alusión a los tumultos que las epidemias solían provocar entre60 Flinn (1989: 29-34. 74-97) discute el concepto de crisis demográfica de tipo antiguo.61 Flinn (1989: 27-112) da una buena visión de los aspectos técnicos de un sistema demográfico de estetipo: el sistema demográfico europeo entre 1500 y 1800. Véase también las reflexiones labroussianas deVilar (1982c) sobre el caso francés.62 Véase Ruffié/Sournia (1984) sobre estos problemas.63 Véase en este sentido Flinn (1989: 77-78) Fontana (1988: 96).64 Flinn (1989: 74-76)65 Malvido (1973: 96-101). Véase también García de León (1985:56) quien observa una sobremortalidaden Chiapas en 1692. Pérez Herrero (1990:75) habla de una desaceleración de las tasas de crecimiento enla década de 1690 a nivel “nacional”.27
  28. 28. los sobrevivientes por la sobrecarga fiscal. 66 La gran variedad de patologías y la amplitud delterritorio comprobadamente afectado sugieren que también las poblaciones costeñas padecíanbajo el impacto de los males. Datos aislados confirman esta hipótesis. En 1698, las autoridadescorrigieron el número de tributarios de Cosamaloapan, Acula e Ismatlahuacan a la baja, de 234 a151 (cuadro 1.1.). Por los mismos años, la población india de varios pueblos de los distritos deIgualapa y de Jicayan caía hasta más allá de los niveles de 1620 (cuadro 1.2.).Entre 1700 y 1730, el escenario epidemiológico se tranquilizaba. Solamente en el Puerto deVeracruz registramos en 1726 una mortandad que el Cabildo identificaba en una representaciónde 1759 como vómito prieto.67 Humboldt, citando a Ulloa, informa de otros brotes epidémicos defiebre amarilla en la Indias por estos años: 1729 en Santa Marta, 1730 en Cartagena, 1740 enGuayaquil. De acuerdo con los colones españoles de estos puertos se trataba en todos los casosde la primera aparición del flagelo en sus tierras.68 No descartamos entonces que la epidemiaveracruzana de 1726 representaba el primer brote de fiebre amarilla urbana en la NuevaEspaña. Esto no desmiente la opinión del propio Humboldt que sospechaba que el vómito sedaba desde siempre en las Indias. De hecho hay fuertes indicios de que la forma selvática delazote afectaba desde tiempos prehispánicos a la península yucateca. 69 No es nuestra tareaaveriguar posibles vínculos del brote de 1726 ya sea con las mortandades en otros Puertos delCaribe, ya sea con esta endemia casera. Consta que la epidemia se presentaba en la ciudad y quetodas sus manifestaciones posteriores – hasta pasado 1800 – se limitaban a su ámbito:solamente ahí se conjugaban, al parecer colonias de aedes aegypti infectadas por el agentepatógeno y concentración de advenedizos susceptibles de servir de huéspedes.A pesar de la afirmación de Humboldt en el sentido de que los estragos del matlazáhuatl, estaenfermedad misteriosa del indio novohispano eran exclusivos del altiplano, sabemos que laepidemia de 1736-1737 dejó sus huellas no solo en el centro del reino sino también en ampliaspartes de la Costa Chica.70 En la parroquia de Sochistlahuaca se abandonaban entonces 2 de untotal de 12 visitas, en la de Omeotepec 2 de anteriormente 8, en Igualapa 3 de 11. Más al Este, enla alcaldía mayor de Huatulco, la cabecera de Xadani perdía 3 estancias. Al parecer, sólo lospueblos del distrito de Acapulco se salvaban de la matanza.71 Con respecto a la Costa deSotavento carecemos de información sobre el virtual impacto del matlazáhuatl. Los censos de1777, que permiten reconstruir las pirámides de edades de las rancherías acayuquenses y de lospueblos de Ismatlahuacan y San Andrés, sugieren que la población enfrentaba problemas en ladécada de 1730; sin embargo, no podemos sacar conclusiones definitivas.66 AGN, Reales Cédulas Originales 26, f. 34.67AGI, México 2906, Representación de José de Villanueva, apoderado del Ayuntamiento de Veracruz, alConsejo de Indias.68 Humboldt (1984: 574).69 Con respecto a la historia de la fiebre amarilla puede verse la obra fundamental de Bustamante (1958).70 Véase Humboldt (1984: 512-513).71En un informe de 1743 (AGI, Indif. Gral. 107), el castellano de Acapulco señala que los pueblos de sudistrito escaparon “por haverlos preservado la divina providencia de el matlaz|huatl”. Las pérdidas deIgualapa se calculan a partir de la comparación de los censos de 1706 (AGI, México 881) y 1743 (AGI, Indif.Gral. 107). Con respecto a Xadani, véase Gerhard (1986: 127-130).28
  29. 29. La década de 1760 marca en ambas costas el inicio de un bloque de epidemias y hambrunas demás de 50 años.72 En febrero de 1757, el cabildo de Veracruz mandó traer en procesión al patrónde la ciudad, San Sebastián, de su ermita a la parroquia para que intercediera ante dios contra“las agudas enfermedades y muertes” que afectaban al vecindario. En 1762, el puerto se debatíacon una epidemia de viruelas.73 El mismo año se registraba un nuevo brote de fiebre amarilla enel puerto, probablemente el primero desde los años 1720. Humboldt indicaba 1775 comotérmino de la mortandad. Sin embargo, por una vez hay que desconfiar del viajero alemán. Por lovisto, este intentaba vincular el final de la epidemia con las mejoras sanitarias de la década de1770. Aceptamos, como menos intencionada, la fecha de 1768 que proporcionan círculoscercanos al comercio veracruzano a inicios del siglo XIX. 74 La crisis de los años 1760 no eraexclusiva de la ciudad. La viruela de 1762 se presentaba, como sugieren los citados censos,también en las áreas rurales de región. La mortandad que se observa en el campo jarocho en1767-1768 representa tal vez una nueva incursión del matlazáhuatl.75 En la Mar del Sur, estapeste llegó en 1762 a Ayutla donde se llevó 67 de los más de 100 tributarios que habíaanteriormente.76 La muerte celebraba triunfos a lo largo y ancho de la Costa Chica. Lasestructuras poblacionales de Ometepec, Tututepec y Cuajinicuilapa mostraban las señas de lassangrías todavía en 1777. En la jurisdicción de Acapulco, la cuenta de tributarios de 1764 arrojóun resultado casi idéntico a la de 1743. ¿Sería que la crisis hubiera consumido el avance de dosdécadas en la población india? En el contexto de la época es muy probable que así sucediera. AHuatulco, la mortandad irrumpió hasta 1768. Frente a un promedio anual de 9 muertos enquinquenio 1760-1764, el libro de defunciones de San Pedro Pochutla registra 22 adultos en1769.77 Más grave aún se vislumbra el impacto de la plaga en la zona chontal. A lo largo de ladécada de 1760, el párroco de San Pedro Huamelula cobraba por 34 a 36 defunciones de adultoscada año; ahora enterró a 52 feligreses en tan solo 5 meses, de noviembre 1768 a marzo 1769. 78Repasamos los principales hitos de la época de la muerte empezando con la Mar del Norte. El día2 de octubre de 1777, las actas de cabildo de Veracruz denunciaron “que pocos de sushabitadores y de la misma guarnición dejan de ser comprendidos en ella (i.e. la epidemia),verific|ndose algunos muertos, hall|ndose los hospitales llenos”. 79 Dos años después, la viruela72Puntos de referencia en el espectro nacional son Morin (1979: 55) para Michoacán y Malvido (1973: 96-101) para el área de Puebla.73AHV, AC 12/11/1762; AHV 1792, Carta del bachiller José de Ávila al Ayuntamiento de Veracruz,Veracruz 9/2/1791.74Véase Humboldt (1984: 533) y AHV 1813. Informe de la comisión encargada de estudiar la salubridaden la ciudad de Veracruz, Veracruz 12/8/1813.75 Apuntes estadísticos de la Intendencia de Veracruz, 1803-1806, en: Chávez Orozco/Florescano(1967:115-150.116).76 AGN, Epidemias 13, ff. 109-116.77 APP, Libros de defunciones.78 APH, Libros de defunciones.79 AHV, AC 2/10/1777.29
  30. 30. estaba de regreso, no sólo en el puerto sino también en otras partes de la Costa del Sotavento. 80Una “grande epidemia de calenturas” preocupaba al cabildo en 1781. 81 Paralelamente, unasequía anunciaba la gran hambruna novohispana de 1785 en la ciudad se manifestaban losprimeros problemas de abastecimiento. Con todo, la documentación previene degeneralizaciones: mientras el cabildo de Veracruz y el teniente de Tlacotalpan se apuraban porcomprar maíz, la alcaldía mayor de Cosamaloapan, se libraba de la amenaza. 82 Después de unosaños de calma relativa llegó en 1794 la viruela de Guatemala a Acayucan, Tlacotalpan, Alvaradoy, en 1797, a la misma ciudad de Veracruz.83 Aquí mismo se presentó desde 1794, después deuna ausencia de 26 años el vómito. El azote parece perpetuarse en la ciudad, golpeando unosaños – 1802, por ejemplo – más y otros menos. En 1812 se registraba la primera epidemia fuerade Veracruz, en Alvarado: según los coetáneos a consecuencia de la mayor afluencia de nocosteños a este puerto.84 En 1805, mientras las autoridades de Veracruz se combatían aún con laviruela y el sarampión que hacían su aparición desde 1793 en brotes esporádicos, la langostainvadía la sureña provincia de Acayucan, desplazándose desde ahí hacia el norte. 85 El ciclo decrisis agudas parece cerrarse en 1813 con una última epidemia de viruela. El brote sedesarrollaba en el puerto donde provocaba una sobremortalidad importante, tanto entre losniños como entre los adultos. Al calor de los movimientos poblacionales que originaba lainsurrección de 1812 en el campo jarocho, la epidemia llegó hasta Xalapa. 86 Pasamos a la CostaChica. Las estructuras poblacionales de los asentamientos acapulqueños de 1793 sugieren que lamuerte regresó también a la Mar del Sur antes de que terminara la década de 1770. 1785 era dehambruna en Huatulco, mientras que Igualapa, abundante en granos, padecía de infeccionessumamente mortales.87 Poco después, el turno de la escasez era de Jicayan (1788-1791) yAcapulco (1792–1793).88 Procedente del Istmo llegó en 1796 la viruela a Huatulco; al añosiguiente alcanzó Juquila donde mataba no sólo a recién nacidos sino también a adolescentes yadultos.89 Tampoco perdonaba, como solía suceder en el siglo XVI, a los no indios. En Jamiltepec,80Sobre el curso de la epidemia en la ciudad de Veracruz informan AHV, AC, 4/6/1779; AC 23/6/1779; AC25/11/1779. Una nota en AGNEO, Manuel Franco de Lara 1780, ff. 148v-174v, habla de un brote muymortífero, particularmente entre los indios, en Acayucan a partir de noviembre de 1779.81 AHV, AC 27/8/178182AHV, AC 2/6/1780; AC 18/9/1785; AHV 1786, El Ayuntamiento de Veracruz al virrey, Veracruz2/11/1785. AHT, leg. 4, exp. 4, Orden del gobernador de Veracruz al teniente de Tlacotalpan, Veracruz4/2/1803.83 AHV, AC 30/10/1794; AC 18/2/1797; AC 11/5/1797.84 Humboldt (1984:512.533); Blázquez Domínguez (ed.) (1986: I,259).85AHV, AC 9/10/1803; AHV 1803, El bachiller José de Ávila al Ayuntamiento de Veracruz, Veracruz9/10/1803; AHV 1806, Cuenta de lazareto de virulentos 11/4/1805-16/6/1805; AHT leg. 4, exp. 5, Ordendel gobernador de Veracruz al teniente de Tlacotalpan, Veracruz 4/2/1803.86 AHV, AC 30/4/1813; AC 20/8/1813; AC 26/12/1813.87 AGN, Alhóndigas 15 exp. 7; AGN, General de Parte 65, s/f.88 AGN, Inquisición 1358, f. 233; AN, Historia 578 B, s/f; AGN Tributos 34, ff. 119-15789 AGEO, Real Intendencia II. Leg. 21, exp. 32; AGN, Epidemias 12, ff. 102-119.30
  31. 31. el párroco registraba un promedio de 23 defunciones de niños pardos, españoles y euromestizosentre 1792 y 1796. Con la epidemia, sus ingresos por entierros aumentaban vertiginosamente:entre octubre de 1796 y enero 1798 se contaban 45 párvulos fallecidos en el archivocorrespondiente.90 Después de una breve pausa las fuentes señalan la invasión de la langosta porHuatulco en 1806.91 Quizás como consecuencia de una virtual hambruna, la mortalidadaumentaba significativamente entre los adultos de razón de Jamiltepec. El número dedefunciones saltó de un promedio de 39 en el quinquenio de 1801-1805 a más de 55 entre 1806y 1808.92 Cuando menos en el distrito de Acapulco, el ciclo se remató en 1809-1810 con unaimportante sequía y, acto seguido, “una epidemia de fiebres y calenturas”. 93Después de 10 años de calma relativa irrumpieron en 1825 una vez más la viruela y elsarampión en la Mar del Sur como en la del Norte. A una fase endémica seguía hacia 1830 otrobrote epidémico que se prolongó hasta 1834, año del cólera en todo el país. 94 LA IMPORTANCIA DE LA INMIGRACIÓNLas costas del siglo XVIII eran tierras de colonización, o más exacto, de recolonización.Remontamos al siglo XVI. Después de la conquista, y en la medida en que se establecían lospuertos de la Mar del Sur, Huatulco y Acapulco, los ganaderos españoles presionaban a los indiosque resistían a la nueva patología a que se fueran y les cedieran sus tierras. A continuación, losnuevos dueños emprendieron la repoblación al ritmo y en las dimensiones que les convenían,primero a la fuerza, con negros esclavos, luego cada vez más mediante el fomento de lainmigración voluntaria. Hacia 1600, la sustitución de los nativos por inmigrantes se habíaextendido a lo largo de la franja costera de los distritos de Acapulco, Igualapa y Jicayan así quedel futuro partido de Pochutla. La nueva población en estas partes era predominantementeafromestiza: no sabemos si por multiplicación de los primeros “colonos”, por la calidad étnica delas olas siguientes o por la selección del medio. Los indios expulsados, en cuanto sobrevivían, sereasentaban en los pueblos de “los altos”. 95 Con respecto a la Mar del Norte falta la investigacióncorrespondiente. No obstante hay indicios de que los patrones de la evolución no eran muydistintos. La sustitución del indio por el afromestizo, un proceso necesariamente vinculado conmovimientos migratorios, era particularmente completa en el futuro distrito de la NuevaVeracruz. En Alvarado y Tlacotalpan, los inmigrantes, españoles y mulatos, integraron a losindios sobrevivientes en su sistema económico. En Tlalixcoyan, la población autóctonadesapareció en el transcurso de la primera mitad del siglo XVII. En la villa de Medellín, una90 APJa, Libros de defunciones de la gente de razón.91 AGN, Tierras 1371, exp. 2.92 APJa, Libros de defunciones de la gente de razón.93 AGN, Historia 105, exp. 1; AGN, Intendentes 73, exp. 9.94APP, Libros de defunciones. Estadísticas del Estado libre y soberano de Veracruz, 1831, en: BlázquezDomínguez (ed.) (1986:I.67.333-334).95 Véase Widmer (1990: 125-135. 166-181).31
  32. 32. fundación española, se constituyó por los mismos años una comunidad india, ya fuera por lacongregación de los restos locales, ya fuera por el traslado de un grupo del altiplano. En su visitapastoral de 1609, el obispo de Puebla observaba a algunos pescadores “de nación griega”,casados con negras y mulatas; años más tarde, el censo de 1688 contaba además de 9 españoles,13 mestizos y 38 negros y mulatos, 34 indios adultos. 96 Tanto en el distrito de la Nueva Veracruzcomo en el de Cosamaloapan observamos como los ganaderos españoles intentaban desalojar alos indios. Su fracaso relativo se explica por la fuerza de los colonos españoles de Alvarado yTlacotalpan: pescadores y madereros que dependían de la disponibilidad de grandes cantidadesde mano de obra india.97 En los Tuxtlas, los inicios de la inmigración de no indios se vinculan conla producción de azúcar por negros esclavos en el ingenio de Cortés.98La emigración traduce una situación de sobrepoblación relativa en los lugares de origen. A partirde 1670 aumentó la presión demográfica en el centro del reino. Los excedentes que segeneraban allí colonizaban en las décadas siguientes el Bajío. 99 Es posible que el cambio en elcentro repercutiera también en mayores aflujos a las costas, pero las fuentes no permitencomprobar esta hipótesis. Será hasta la segunda mitad del siglo XVIII cuando los efectos de lainmigración se comprueban a través de los documentos. Sin embargo, para ese entonces, elcontexto nacional había cambiado – el Bajío había desaparecido como centro de atracción antesde 1760 – y no podemos proyectar hacia atrás las conclusiones sobre el último periodo colonial.Los censos de 1743 indican a través de elevados índices de masculinidad que los asentamientosrurales del distrito de la Nueva Veracruz acogían a un gran número de inmigrantes en estos años(cuadro 5.).100 Las fuentes muestran que, a diferencia del siglo XVI, la inmigración ya no era unfenómeno exclusivo de pardos y españoles, sino que ahora los mismos indios nutrían los flujosmigratorios. En los asentamientos que formaban el partido de Tlalixcoyan, por ejemplo, el índicede los indios era significativamente más elevado que el de los pardos. La importancia de lainmigración india comprueba también que no estamos delante de un cambio en el equilibrioentre campo y ciudad – Veracruz siempre era una ciudad de no indios – sino de migraciones delargo recorrido. El fenómeno no era exclusivo del campo jarocho. El análisis del origen de losnovios en los matrimonios que se contraían en la iglesia de Otatitlan durante el tercer cuarto delsiglo XVIII muestra tendencias muy parecidas (cuadro 6).101 De un total de 70 casamientosregistrados entre 1754 y 1774, 57 correspondían a indios; 13 de los novios, todos avecindadosen las rancherías del partido, declaraban ser originarios de la alcaldía mayor de Teutila o deotros distritos de la posterior intendencia de Oaxaca. Algunos, aunque criados en Otatitlan,recordaban que sus padres habían bajado de la sierra: un indicio de que el flujo procedente deOaxaca existía ya antes de mediar el siglo XVIII. Los 10 pardos que contraían nupcias en el AGI, México 1157, Razón de las villas y pueblos de que se compone la jurisdicción de la Nueva Veracruz.96BNE, ms 6877, Visita pastoral de 1609.97 AGN, Tierras 1867, exp. 4.98 Gerhard (1986: 351).99 Sobre la colonización del Bajío y sus ritmos, véase Tutino (1990: 62-79).100 Fuentes: véase hic supra, nota 13.101 APO, Libros de matrimonios.32
  33. 33. periodo señalado habían nacido todos en la región, dos españoles habían inmigrado de lapenínsula.Los padrones parroquiales de 1777 captan la población en un momento en que la afluencia alcampo jarocho seguía vigorosamente. Las demás regiones de Sotavento, en cambio, parecen másbien exportadores de hombres (cuadro 7.).102 La falta de un saldo migratorio positivo no implica,por supuesto, una mayor estabilidad de gente. En las rancherías de Acayucan, por ejemplo, habíamuchos indios originarios de los Tuxtlas y, sobre todo, Tabasco. 103 Al retomar el libro dematrimonios de Otatitlan, constatamos que los inmigrantes seguían construyendo a fines delsiglo XVIII como el 20 por ciento de los novios. Sin embargo, el origen de los flujos y su calidadhabía cambiado. Ya no eran los indios Oaxaqueños los que llegaban a la cuenca del Papaloapan,sino afromestizos y españoles procedentes de las villas, de tabasco y de México (cuadro 8.). 104Los censos levantados entorno a 1800 trasmiten una imagen muy parecida a la de los padronesde 1777 (cuadro 9).105 Con respecto a las rancherías que conformaban las parroquias deMedellín y Tlalixcoyan sabemos que los inmigrantes procedían tanto de tierra fría como de “lascostas inmediatas”. Se trataba de corrientes que, como veremos, alimentaban también los flujoshacia la ciudad cabecera del distrito.106 Para 1830, el campo jarocho había perdido su dinámica.El segundo censo del ahora estado de Veracruz releva en cambio otra zona dinámica: el partido –y ahora cantón – de Huimanguillo. La comparación del desarrollo de Huimanguillo con la delresto de la Costa de Sotavento nos hace conjeturar que los colonizadores salían, por lo menos enparte, de estas regiones (cuadro 10.). 107En la Costa Chica, las zonas más afectadas por las epidemias de la década de 1730 recibíanfuertes contingentes de inmigrantes en los años siguientes. Con respecto al partido de Pochutla,por ejemplo, consta la afluencia de zapotecos de la sierra. 108 Tonameca, un pueblo totalmentepardo a fines del siglo XVII, volvía a indianizarse mediante estas corrientes.109 Los padronesparroquiales de 1777 permiten establecer un cuadro de la situación migratoria durante el tercercuarto del siglo XVIII (cuadro 11.).110 Destacan dos zonas de inmigración: la cuencas del SantaCatarina (Amusgos, Atoyac, Cortijos y Ometepec), y, en menor medida, el área chatina (Juquila yTeotepec). Tanto la cuenca de Santa Catarina como la región chatina pertenecían - excepto el102 Fuentes: véase hic supra, nota 13.103 AGI, México 2590, Padrón del partido de San Martín Acayucan, 1777.104 APO, Libros de matrimonios.105 Fuentes: véase hic supra, nota 13.106AGN, Indif. de Guerra 47B, Reglamento del regimiento de lanceros de Veracruz, 27/10/1779; AGN,Indif. de Guerra 47B, Informe de Nicolás de Monteagudo, 31/1/1799.107Fuentes: véase hic supra, nota 13. Hay que precisar que el cantón de Veracruz abarcaba los distritoscoloniales de Antigua y Nueva Veracruz108 Gerhard (1986: 127-130).109Con respecto a la situación de fines del siglo XVII, véase AGN, Clero Regular y Secular 159, exp. 1. Másarriba señalamos que entorno a 1800, la población de Tonameca ha de haber sido mayoritariamente india.110 Fuentes: véase hic supra, nota 13.33
  34. 34. partido de Ometepec - al distrito de Jicayan. Este muestra para el conjunto de la población unsaldo migratorio ligeramente positivo (cuadro 12.).111 La inmigración de hombres que pasabanpor españoles o afromestizos parece un hecho. ¿De dónde salían esas gentes? El análisis de 258matrimonios que se contraían de 1737 a 1777 entre pardos, negros, españoles y mestizos en lacabecera de Santa María Huasolotitlan muestra que el 6 por ciento del total de los espososprocedía de la Mixteca Alta y Baja, el 3 por ciento del Valle de Oaxaca y el 2 por ciento de otraspartes de la Nueva España y de ultramar. 112 En los pueblos amuzgos observamos también elaflujo de indios de la sierra. Sabemos, por ejemplo, de una corriente migratoria del pueblo deSanta Clara Citlaltepec en el distrito de Tlapa a la cabecera de San Juan Bautista Igualapa en losaños 1770.113 En el partido Pochutla – que abarcaba además de la cabecera el vecino pueblo deTonameca – observamos una importante inmigración procedente de la sierra y, por lo mismo,probablemente india. El fenómeno no comprueba, por supuesto, la existencia de un saldomigratorio positivo. Sí nos muestra, empero, la movilidad de la gente (cuadro 13.).114 Laatracción de la Costa Chica continuaba a fines del siglo. En el distrito de Acapulco podemosdistinguir una doble corriente migratoria a estos años. La llegada de indios y mestizos,excedentes del centro, se traducía en la fundación de nuevas rancherías a lo largo del camino deMéxico, reanimado por el auge del comercio perulero: El Ejido, El Limón, La Sabanilla. 115 Másadelante, pero siempre sobre la misma ruta, prosperaba el pueblo de Santiago de DosCaminos.116 La otra vertiente del fenómeno eran las masas de pardos que contribuían alcrecimiento de las rancherías inmediatas al puerto y de los asentamientos del partido de Coyuca(cuadro 14).117 Los padrones militares del distrito de Igualapa dibujan una situación muyparecida (cuadro 15.).118 En Jicayan destaca la continuidad con respecto al tercer cuarto delsetecientos. Para 1793, las relaciones de masculinidad de los españoles, pardos e indios deldistrito eran 109, 110 y 98, respectivamente. Posteriormente, la situación se estabilizaba hastamás allá de la independencia (cuadro 16.). 119 También en el área de Pochutla se mantenían lasgrandes líneas del periodo anterior. La inmigración serrana continuaba, aunque sus dimensioneseran ahora probablemente más reducidas (cuadro 17.). 120Además de inmigración definitiva que hemos abordado hasta aquí existían movimientostemporales. La bajada anual de comuneros de los pueblos serranos al cultivo en las costas era unpatrón común a ambos mares. Las fuentes que manejamos aquí corresponden a la segunda111 Fuentes: véase hic supra, nota 13.112 APH, Libros de matrimonios.113 AGN, Indios 65, f. 44; AGN, Tributos 23, f. 339. Véase también API, Libros de Bautismos.114 APP. Libros de matrimonios.115 AGN, Tributos 25, f. 308.116 AGN, Inquisición 1358, f. 244. G117 Fuentes: véase hic supra, nota 13.118 Fuentes: véase hic supra, nota 13.119 Fuentes: véase hic supra, nota 13.120 APP, Libros de matrimonios.34
  35. 35. mitad del siglo XVIII. Sin embargo es muy probable que los flujos fueran mucho más viejos queeso. Los indios de los distritos de Villa Alta y Teutila solían labrar milpas de algodón y de maíz enlas tierras de las haciendas de Cosamaloapan. 121 En la Mar del Sur observamos migracionesanuales de la sierra tlapaneca a la Cuenca del Santa Catarina. 122 Los indios de Tixtla y Chilapasalían en busca de los fértiles humedales de la planicie costera de Acapulco e Igualapa cada vezque las cosechas en sus tierras de temporal, muy expuestas a los vaivenes del tiempo,abortaban.123 A menudo, estas migraciones a tiempo terminaban por convertirse en migracionesdefinitivas. Los registros matrimoniales de Igualapa y Otatitlan demuestran que muchosserranos terminaban por casarse con doncellas costeñas.124 También existían flujos temporalesde la costa a la sierra y al altiplano, vinculados no con el sustento sino con la necesidad deprocurarse reales con que pagar los reales tributos. Estos movimientos se desarrollaban enregiones como Igualapa donde los comuneros carecían de productos comercializables y lasoportunidades de trabajar temporalmente en una explotación no familiar eran limitadas. 125 LAS COSTAS, TIERRAS INSALUBRES.Desde el punto de vista étnico, la población costeña se componía de una mayoría india y de unaimportante minoría – que era mayoría en muchas partes de la franja costera - afromestiza(cuadro 2.). La inmigración de españoles y euromestizos era, hablando en términosdemográficos, insignificante. En casi todas las cabeceras eclesiásticas de la Costa China existíangrupos minúsculos de inmigrantes españoles y mestizos desde el siglo XVI. 126 Será hasta lasegunda mitad del siglo XVIII y sólo en algunos puntos estratégicos - Acapulco, Pinotepa del Reyy Jamiltepec - que estos grupos llegarán a constituir un mínimo del 5 por ciento de la poblacióntotal. En la Mar del Norte, sólo Alvarado, Tlacotalpan, Coatzacoalcos y Veracruz atraían desde elsiglo XVI a importantes contingentes de españoles y mestizos. En su visita pastoral de 1609, elobispo de Puebla registraba en Alvarado a 20 y en Tlacotalpan a 12 vecinos españoles. 127 En elsiglo XVIII surgían nuevos núcleos de españoles y mestizos en Cosamaloapan y Chacaltianguis.La gente fina de las ciudades del altiplano mostraba una evidente reticencia a trasladarse a lastierras bajas. En su discurso sobre las costas destaca no sólo el tema de la insalubridad de laregión, sino también un prejuicios con tintes raciales poco velados. Todo el reino era un país desalvajes, por supuesto. Pero había de salvaje a salvaje. No había que confundir, señalabaHumboldt haciéndose eco de estas preocupaciones, al indio, símbolo de humildad y de121 AGI, Indif. Gral. 107, Informe del alcalde mayor de Cosamaloapan, 1743. AGN, Industria 8, exp. 14.122 AGN, Indios 65, f. 44.123 AGN, Epidemias 13, ff. 120-159.124 APO, Libros de Matrimonios. API, Libros de Matrimonios.125Para la situación en la Igualapa de fines del siglo XVIII, véase un informe del subdelegado en AGN,Tributos 54, ff. 194-199. Véase también infra, cap.13.126 Widmer (1990: 59-63).127 BNE, ms 6877.35

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