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la contemplación de una momia del Museo Canario de Las Palmasdespertó cuando joven, igual que en Paco Sánchez, un estremec...
Baños de color en el arco iris. 162 x 130 cm. Acrílico sobre lienzo. Año 2010.
El sonido del mundo. 130 x 97 cm. Acrílico sobre lienzo. Año 2009.
El tiempo nuevo II. 73 x 60 cm. Acrílico sobre lienzo. Año 2009.
Iconografía guanche. 46 x 38 cm. Acrílico sobre lienzo. Año 2009.
Isleños. 55 x 46 cm. Acrílico sobre lienzo. Año 2009.
Mirada del niño africano. 46 x 38 cm. Acrílico sobre lienzo. Año 2009.
Tángara. 146 x 97 cm. Acrílico sobre lienzo. Año 2009.
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Exposición Friso Atlántico, asesores de arte y programación salas de arte y Carmen Machi

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Exposición Friso Atlántico, asesores de arte y programación salas de arte
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Exposición Friso Atlántico, asesores de arte y programación salas de arte y Carmen Machi

  1. 1. S us cuadros son como peceras fantásticas por donde flotan seres hí- bridos, palmeras, dragos y casas con un colorido bailón. Al principio dominaban los tonos pastel y las figuras estaban imbricadas en unespacio barroco que tenía horror al vacío. En los últimos años entra más luzen su poética, las figuras crean su propio espacio. Siguen viviendo en unámbito común, desinquieto y surreal, pero cada una exhibe su singularidady su extrañeza. Parecen figuras de un mundo en formación, donde sushabitantes van a la deriva, están desnudos y son inocentes.Casas que también son animales, hombres blandos sin esqueleto y habi-tualmente amputados, árboles sin frutos ni raíces que flotan en el mar de supintura dejando una sensación de alegría y de misterio. No es proclive PacoSánchez a dramatizar la existencia, prefiere mostrarla jubilosa y mercurial.En su galaxia pictórica no hay espacio para la tristeza. Su afán es mostrarla belleza, transformar la vivencia en poesía. Su pintura refresca, nos ofreceun mundo que está en otra parte, o un país que nunca existió, o que no haterminado de formarse. Una cosmovisión mágica que, según Spengler te-nía toda la humanidad hasta que el Renacimiento la cegó. Desde entonces,"esa sensación de la maravilla insondable, del mundo invisible que existíaen paralelo al mundo sensorial" es excepcional. Sólo algunos visionarioscomo Paco Sánchez la transitan.Los árboles aún no han enraizado, las islas van a la deriva, las casas sonprimitivas y la mayoría de los hombres no tienen brazos. Esto puede inter-pretarse como una reflexión poética sobre la identidad canaria, su falta deasidero y sus amputaciones. Todas las buenas obras de arte tienen muchaslecturas, pero Paco Sánchez está muy lejos de la sociología y la política. Nose deja confinar en el goro de la canariedad. Su amor por la cultura aborigende estas islas, por los desvalidos y por los paisajes de la memoria, y el queuse, con dicción propia, el indigenismo y el surrealismo, los dos lenguajesmás empleados por los artistas canarios de vanguardia, no son anclas quelo fijen al destino de un territorio sino alas para volar en el tiempo.Los mitos y los orígenes son los destinos que más visita. Allí encuentra suidentidad atávica, corre desnudo por los campos, juega con pájaros y sellena de sol. Feliz inocencia del pintor que regresa al estudio y sueña quenació en 1947 en la isla de Gran Canaria y vive en una casa de Tamaraceiteasediada por lagartos milenarios. Pero al despertar está de nuevo en suhogar, en San Borondón, la isla imaginada.Fragmentos del texto “El Jardín de los Prodigios”, de Carlos Díaz-Bertrana, publicado en el catá-logo de la exposición Iconos, de Paco Sánchez. CICCA; Las Palmas de Gran Canaria; 2011.
  2. 2. E n este análisis iconográfico de la pintura de Paco Sánchez quisiera referirme a dos símbo­los cuya significación es políti- ca. Los árboles secos y los hombres que carecen de brazos.La mutilación de los cuerpos y la muerte de los árboles introduceuna ficha que a su vez remite a la condición incompleta y frustrada de laidentidad canaria. Empleo consciente e intencionalmente esta categoríaideológica [la identidad] que el artista asume en su obra como un rasgodistintivo e inalienable. El primitivismo de Paco Sánchez no es arbi-trario ni se sustenta en un mimetismo formalista; sino que se inscri-be en una tradición cultural e ide­ológica muy precisa: la del indige-nismo canario de Felo Monzón. No hay que olvidar que este artistajugó un papel trascendental en su formación estética y política. PacoSánchez fue en su adolescencia el «escudero» de Felo Monzón, aquelmencey del arte canario [su apariencia y ademanes así lo proclama-ban]. Durante la Guerra Civil fue encarcelado por defender sus ideasy en la posguerra desarrolló una abnegada labor de proselitismo enbarrios obreros, portando siempre la bandera de la libertad y la uto-pía. A este mundo perte­nece Paco Sánchez. De él puede decirselo que Agustín Espinosa dijo de Felo Monzón: «Nos ha descubier-to nuestra ignota ficha. Nos ha adivinado lo que de nuestra almaes más nuestro, y lo que es prestado o superfluo; por primeravez, en Canarias se ha atrevido a decir: he aquí lo que somos, loque hemos sido, lo que una nube de revueltos aires nos ocultaba»[Agustín Espinosa: «Felo Monzón, a 90° latitud Norte», Diario de LasPalmas, 2 de junio de 1933]. En este sentido, me atrevo a afirmar quesu propuesta estética constituye la decantación simbólica más genuinade los postulados del Manifiesto de El Hierro, denosta­do documentode la izquierda nacionalista que tantos equívocos ha suscitadodesde que vio la luz en 1977. ¿Por qué nadie se atreve hoy a hablarde aquel momento de la historia cultural de Canarias? ¿Por qué sóloprovoca chistes fáciles y juicios despreciativos? Sobre este capítulohay mucho que decir todavía, y estoy seguro que a Paco Sánchezno le des­agradaría tomar la palabra, como él hace: pintando.Árboles secos y cuerpos mutilados. La amputación de los brazosequivale a una castración simbólica He aquí una alegoría nada ama-ble. Veo en ella un diagnóstico sin paliativos de la realidad socialy política de las Islas. Pero no nos engañemos, pues lo que estapintura plantea no es una autocomplaciente denuncia, como la quea menudo formula el discurso nacionalista más ramplón y ventajista,sino una visión amarga y autocrítica sobre el laberinto insular. PacoSánchez es nacionalista, como Manolo Millares era de izquierdas y
  3. 3. anticlerical. Ser nacionalista no es algo de lo que haya que avergonzar-se. Esa es su verdad. Respetémosla. Está ofreciéndonos su visión delmundo en el que vive, y lo hace fijando su relación con el territorio ycon sus antepasados. ¿Qué hay de malo en ello? Tal vez si ese tras-fondo ideológico no existiera en su pintura, alguien podría sostenerque ésta no es sino diseño de camisetas o papel de empapelar. Perohay que establecer algunas matizaciones. El nacionalismo de PacoSánchez no es en absoluto victimista. Y aunque pudiera parecerlo, alexhibir al hombre mutilado que habita en estas peñas, sin embargo,al negarse a atribuir­le al otro la causa de su propia desgracia, estádesvelando las trampas del victimismo auto-consolador y demagó-gico. Por otra parte, la autocomplacencia es lo que determina ladife­rencia entre la imagen que tenemos de nosotros mismos y loque en verdad somos. El mito de las Islas Afortunadas fue la mejorcoartada ideológica para aquellos isleños que carecían de sentidoautocrítico (...). La pintura de Paco Sánchez rechaza esta obsesiónsobre las esencias identitarias como pretexto o como negocio. Noes verdad que toda reflexión sobre las raíces contenga siempre unatrampa política de mala fe.El contenido mítico y poético de esta alegoría sobre los orígenes delas Islas Canarias y sus habitantes es también una meditación sobrelos orígenes de la especie humana. Esto es lo que le otorga un valoruniversal a su pintura. Pero claro está, cuando Paco Sánchez pintacuerpos mutilados junto a palmeras y volcanes está aludiendo a lacondición manquante de la identidad canaria. Es como un graffiticuyo mensaje despierta de inmediato la ira en quien lo lee, no tantopor su contenido como por el hecho de que no puede borrarlo.¿Acaso no es Paco Sánchez nuestro mejor graffitero? La verdadque transmite es incómoda, como la que contiene aquella preguntaque se hizo Gauguin: “¿Qué somos, de donde venimos a dóndevamos?” No hay respuesta. El poeta Pedro García Cabrera, tan vin-culado a Felo Monzón en los años treinta, escribió su ensayo “El hombreen función del paisaje” para ahondar en esta pesquisa antropológicaque hoy sigue siendo tan fascinante como enton­ces, a despecho dela ciénaga del capitalismo posmoderno que, como se sabe, amena-za con taponar el acceso a los pasadizos secretos que conducen alas grutas [y sigo con la metáfora espeleológica] donde los tesorosdel espíritu se ofrecen sólo a los iniciados. En este sentido, nadahace pensar que las sombras dejen de proyectarse sobre el fondo de lacaverna, ni que su presencia en la conciencia de los hombres deje deser un enigma irreso­luble. Esto lo sabía Manolo Millares, en quien
  4. 4. la contemplación de una momia del Museo Canario de Las Palmasdespertó cuando joven, igual que en Paco Sánchez, un estremeci­miento del que toda su obra se nutriría. Ya se sabe que en el fondode la cuevas, allí donde los hombres enterraban a sus antepasados,se hallan los manantiales de aguas más puras. Es el agua del olvidoy de la memoria, la que mana del río del Leteo.Fragmentos del texto “Juego de Sombras”, de Fernando Castro Borrego, publicado en el catá-logo de la exposición Macaronesia, de Paco Sánchez; Instituto Cabrera Pinto; Viceconsejeríade Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias; La Laguna; 2010.
  5. 5. Baños de color en el arco iris. 162 x 130 cm. Acrílico sobre lienzo. Año 2010.
  6. 6. El sonido del mundo. 130 x 97 cm. Acrílico sobre lienzo. Año 2009.
  7. 7. El tiempo nuevo II. 73 x 60 cm. Acrílico sobre lienzo. Año 2009.
  8. 8. Iconografía guanche. 46 x 38 cm. Acrílico sobre lienzo. Año 2009.
  9. 9. Isleños. 55 x 46 cm. Acrílico sobre lienzo. Año 2009.
  10. 10. Mirada del niño africano. 46 x 38 cm. Acrílico sobre lienzo. Año 2009.
  11. 11. Tángara. 146 x 97 cm. Acrílico sobre lienzo. Año 2009.

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