poemas escogidos

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ANTOLOGÍA DE 1º BACHILLERATO. IES ÁNGEL GANIVET. Curso 2009-2010

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  • Yo Dunia Letsy Rivadeneira Acuña, para decir muchos versos tuve que transitar desde lo mas profundo de mi vientre y cuidar ahi a mis 3 tesoros mas preciados...mis hijos...

    Los versos sobre mi vida quedaron atras,....alla hubo quizas, mejores tiempos, risas plenas, amigos fabulosos, encargos llenos de ternuras, amores maravillosos y cuidados unicos de un bisabuelo maravilloso, consejos de amor y de dar solo mas amor y perdon.

    Un dia se fueron por un tiempo, se alejaron un poco..pero el amor....las palabras y el amor divino nos unia cada vez, hoy son adultos y me han dado nietos..pero siempre vuelven al origen de su camino..a casa a estar un momento con mama..y me permitieron disfrutar a los nietos...

    Para mañana espero mas nietos hermosos que sabre bendecir con mi amor y disfrutar de su belleza y ternura como disfruto de la belleza de la vida y del amor bendito de DIOS.

    No hay nada mas que disfrutar, que no sea con los ojos, leyendo y escuchando el cantar de los pajaritos, mirando la fidelidad de un perrito, la risa tierna e inocente de los ninos que en su pureza no discriminan, solo regalan risas y ternuras.
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poemas escogidos

  1. 1. Para que tú me oigas, mis palabras se adelgazan a veces como las huellas de las gaviotas en las playas. C ollar, cascabel ebrio para tus manos suaves como las uvas. Y las miro lejanas mis palabras. Más que mías son tuyas. Van trepando en mi viejo dolor como las yedras. Ellas trepan así por las paredes húmedas. Eres tú la culpable de este juego sangriento. Ellas están huyendo de mi guarida oscura. Todo lo llenas tú, todo lo llenas. Antes que tú poblaron la soledad que ocupas, y están acostumbradas más que tú a mi tristeza. Ahora quiero que digan lo que quiero decirte para que tú me oigas como, quiero que me oigas. El viento de la angustia aún las suele arrastrar. Huracanes de sueños aún a veces las tumban. Escuchas otras voces en mi voz dolorida. Llanto de viejas bocas, sangre de viejos súplicas. Ámame, compañera. No me abandones. Sígueme. Sígueme, compañera, en esa ola de angustia. Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras.  Todo lo ocupas tú, todo lo ocupas. Voy haciendo de todas un collar infinito para tus blancas manos, suaves como las uvas.
  2. 2. Dame la mano Dame la mano y danzaremos; dame la mano y me amarás. Como una sola flor seremos, Como una flor, y nada más... El mismo verso cantaremos, al mismo paso bailarás. Como una espiga ondularemos, como una espiga y nada más. Te llamas Rosa y yo Esperanza; pero tu nombre olvidarás, porque seremos una danza en la colina y nada más.. Gabriela Mistral
  3. 4. Tu mirada me encariña, al verte en fotografía, y me nace esta poesía, que le dedico a mi niña. Sigue el fruto de mi viña, Dando buena producción, y yo lleno de ilusión, hoy me siento más poeta, escribiéndole a mi nieta, nieta de mi corazón. De una rosa catalana, y un clavel andaluz, tú viniste a la luz, alumbrada tan lozana. Para cantarte una nana , bendito ángel del cielo, de todos serás desvelo, y te cantará tu madre, y te mecerá t u padre, y te soñará tu abuelo. Quiera Dios que yo te vea, como el brillo de la brasa , haciendo cosas en casa, y aliviando la tarea. Quiero que mi niña sea, la más guapa y más gentil, con un aire juvenil, y el día que sea mayor, Irene Martín Brull que tenga entre su alrededor, entre admiradores “mil”. José Martín Martín A mi nieta
  4. 5. SONATINA Rubén Darío <ul><li>La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa? Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, está mudo el teclado de su clave de oro; y en un vaso olvidado se desmaya una flor. El jardín puebla el triunfo de los pavos reales. Parlanchina, la dueña dice cosas banales, y, vestido de rojo, piruetea el bufón. La princesa no ríe, la princesa no siente; la princesa persigue por el cielo de Oriente la libélula vaga de una vaga ilusión. ¿Piensa acaso en el príncipe del Golconda o de China, o en el que ha detenido su carroza argentina para ver de sus ojos la dulzura de luz? ¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes, o en el que es soberano de los claros diamantes, o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz? ¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa quiere ser golondrina, quiere ser mariposa, tener alas ligeras, bajo el cielo volar, ir al sol por la escala luminosa de un rayo, saludar a los lirios con los versos de mayo, o perderse en el viento sobre el trueno del mar. </li></ul><ul><li>Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata, ni los cisnes unánimes en el lago de azur. Y están tristes las flores por la flor de la corte; los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte, de Occidente las dalias y las rosas del Sur. ¡Pobrecita princesa de los ojos azules! Está presa en sus oros, está presa en sus tules, en la jaula de mármol del palacio real, el palacio soberbio que vigilan los guardias, que custodian cien negros con sus cien alabardas, un lebrel que no duerme y un dragón colosal. ¡Oh quién fuera hipsipila que dejó la crisálida! (La princesa está triste. La princesa está pálida) ¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil! ¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe (La princesa está pálida. La princesa está triste) más brillante que el alba, más hermoso que abril! ¡Calla, calla, princesa dice el hada madrina, en caballo con alas, hacia acá se encamina, en el cinto la espada y en la mano el azor, el feliz caballero que te adora sin verte, y que llega de lejos, vencedor de la Muerte , a encenderte los labios con su beso de amor! </li></ul>
  5. 6. La sonrisa de la luna. <ul><li>Buscaremos un rincón </li></ul><ul><li>donde la noche sea eterna </li></ul><ul><li>dentro de esta soledad </li></ul><ul><li>que nos devora. </li></ul><ul><li>Las estrellas </li></ul><ul><li>iluminan el cielo </li></ul><ul><li>que nos cubre </li></ul><ul><li>mientras nosotros </li></ul><ul><li>tenemos toda la eternidad. </li></ul><ul><li>Las horas del reloj </li></ul><ul><li>caminan despacio </li></ul><ul><li>y el tiempo que brilla </li></ul><ul><li>es de los dos. </li></ul><ul><li>Tal vez la luna </li></ul><ul><li>sonría esta noche. </li></ul><ul><li>Erika Martínez Rodríguez. </li></ul>
  6. 7. Las palomas responden al poeta Dedicado a Federico García Lorca E N la gris tarde de un ocaso, mientras finge su voz la lluvia. En la rabia quieta del mar, y en su furia verde de espuma. Allí, en el viento cuando calla, escondido en su cueva oscura. En el aire cuando se encrespa y de sus ramas se desnuda. Por las flores de las adelfas, con su rosa-blanca amargura. Hacia la noche, huido el sol, y en la sorpresa de la luna. Y en el corazón de los hombres, hechos de pan y levadura. Y en la pena de tierra y agua para regar tu sepultura. Elena Martín Vivaldi (1907-1998)
  7. 8. Poema Amada, El Aura Dice de Antonio Machado <ul><li>Amada, el aura dice tu pura veste blanca… No te verán mis ojos; ¡mi corazón te aguarda! </li></ul><ul><li>El viento me ha traído tu nombre en la mañana; el eco de tus pasos repite la montaña… </li></ul><ul><li>no te verán mis ojos; ¡mi corazón te aguarda! </li></ul><ul><li>En las sombrías torres repican las campanas… No te verán mis ojos; ¡m corazón te aguarda! </li></ul><ul><li>Los golpes del martillo dicen la negra caja; y el sitio de la fosa, los golpes de la azada… No te verán mis ojos; ¡Mi corazón te aguarda! </li></ul>
  8. 9. <ul><li>   AMISTAD Vuestro amigo, es la respuesta a vuestras necesidades. Es vuestro campo, que sembrais con amor, y cosechais con gratitud. Y es vuestra mesa, y el fuego de vuestro hogar. Porque acudís a él para saciar vuestra hambre. y lo buscais en procura de paz. Cuando vuestro amigo revela sus pensamientos, no temeis el &quot; no &quot; en vuestra propia mente, ni reteneís el &quot; sí &quot;. Y cuando el guarda silencio, vuestro corazón no cesa de escuchar a su corazón. Antonio Machado </li></ul>
  9. 10. La ciudad María Victoria Atencia De nuevo, balbuciente, regreso a mi ciudad, Florencia, París, Granada, Amsterdam, por las que soy quien soy, ciudad amada, calles y aceras, vidrios y balcones, orillas- si las tiene-y murallas y el bosque de su entorno. Pongo especial cuidado interior al vestirme otra vez de su recuerdo que las salva -y me salva, aunque eso nada importa, Y erijo estas palabras, Aguas y mirlos a su debido instante…
  10. 11. Si el hombre pudiera decir lo que ama... <ul><li>Si el hombre pudiera decir lo que ama, si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo como una nube en la luz; si como muros que se derrumban, para saludar la verdad erguida en medio, pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor, la verdad de sí mismo, que no se llama gloria, fortuna o ambición, sino amor o deseo, yo sería aquel que imaginaba; aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos proclama ante los hombres la verdad ignorada, la verdad de su amor verdadero. Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío; alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina por quien el día y la noche son para mí lo que quiera, y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu como leños perdidos que el mar anega o levanta libremente, con la libertad del amor, la única libertad que me exalta, la única libertad por que muero. Tú justificas mi existencia: si no te conozco, no he vivido; si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido . </li></ul><ul><li>(Luis Cernuda) </li></ul>
  11. 12. SOLO EN CASA Ya solo soy fragmentos, piezas sueltas de mi pero no soy la mano que me une. En la pantalla del mundo me grita cuarteado felíz, amargamente, críticamente luminoso con su necia alegría de refresco. Solo soy mis fisuras. También el mundo es solo sus fisuras. Aurora Luque
  12. 13. ADOLESCENTES Sobre la eterna piedra del mundo tan compacto la traza débil, fresca, de tu desnudo cuerpo. Todo es muy duro y agrio, se rebela enemigo, y te alzas tan joven y segura, tan tierna... No es verdad que las flores luchen siempre calladas. Ellas gritan su olor y se mueren temprano, cuando tú, que eres más, sufres doble que ellas y además mueres tarde, porque ya te marchitas.
  13. 14. Alfonsina Storni: VERSOS OTOÑALES <ul><li>Al mirar mis mejillas que ayer estaban rojas, </li></ul><ul><li>he sentido el otoño, sus achaques de viejo </li></ul><ul><li>me han llenado de miedo; me ha contado el espejo </li></ul><ul><li>que nieva en mis cabellos mientras caen las hojas… </li></ul><ul><li>¡Que curioso destino! Me ha golpeado a las puertas </li></ul><ul><li>en plena primavera para bindrarme nieve </li></ul><ul><li>y mis manos se hielan bajo la presión leve </li></ul><ul><li>de cien rosas azules sobre sus dedos muertas. </li></ul><ul><li>Y lloro lentamente, con un dolor maldito… </li></ul><ul><li>con un dolor que pesa sobre mis fibras todas, </li></ul><ul><li>¡Oh, la pálida muerte que me ofrece sus bodas </li></ul><ul><li>y el borroso misterio cargado de infinito! </li></ul><ul><li>¡Pero yo me rebelo!... ¿Cómo esta forma humana </li></ul><ul><li>que costó a la materia tantas transformaciones </li></ul><ul><li>me mata, pecho adentro, todas las ilusiones </li></ul><ul><li>y me brinda la noche casi en plena mañana? </li></ul>
  14. 15. AL FINAL DE LA TARDE Al final de la tarde dime tú ¿qué nos queda? El zumo del recuerdo y la sonrisa nueva de algo que no fue y hoy se nos entrega. Al final de la tarde las rosas siguen lentas abriéndose y cerrándose sin caer aún en tierra. Al final de la tarde no vale lo que queda sino el impulso mágico de la verdad completa. Ernestina de Champourcin
  15. 17. <ul><li>Yo seré sólo ausencia cuando gires tu tiempo. Se te abrirán los libros por páginas de entonces. Otra vez la ventana con las mismas estrellas, y otra vez sin quererlo aquella misma calle. </li></ul><ul><li>Un lunes, un domingo… Para cada recuerdo tendrás fechas. </li></ul><ul><li>Deja abierta la puerta al pan de cada día. Cuando gires tu tiempo por árboles del río, yo seré sólo ausencia. </li></ul><ul><li>Escúchale los pasos y tiéndele la mano a la sombra que copie tu soledad de siempre. </li></ul>
  16. 18. <ul><li>El horizonte es el pisar la luz </li></ul><ul><li>Que acaba por cegarnos </li></ul><ul><li>Y arrebatar sus límites al agua. </li></ul><ul><li>Es buscar el abismo en el abismo </li></ul><ul><li>Y desatar el ancla de la nada. </li></ul><ul><li>El horizonte llena </li></ul><ul><li>De oro fino las manos </li></ul><ul><li>Y siempre se disuelve </li></ul><ul><li>Con un rumor de barco hacia otra costa, </li></ul><ul><li>Con un partir callado. </li></ul>
  17. 19. Por tu silencio azul Tú, luna, si me hablaras, si debajo de tu corazón frío tuvieras, libre, un alma. Si dentro de tu silencio azul palpitaran palabras encendidas, a mi vencida sangre despertando. Si tus pasos dejaran una senda y un marcado camino para escapar al mundo de lo incierto. Ay, luna, si llegaras, luz de errante desvelo, hasta mi casa. Si abrieras los balcones de la noche, y entre escalas de aromas tus manos me tendieras. Si olvidando tu ciega indiferencia, llenaras a mis ojos de esos verdes paisajes, donde tienes escondido el secreto de tu llama. Ay, luna, siempre luna, por tu ventura inmóvil, inútilmente luna de mi llanto. ¡Si tú me oyeras, luna! Elena Martín Vivaldi.
  18. 20. Poema de la Despedida Te digo adiós, y acaso te quiero todavía. Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós. No sé si me quisiste... No sé si te quería... O tal vez nos quisimos demasiado los dos. Este cariño triste, y apasionado, y loco, me lo sembré en el alma para quererte a ti. No sé si te amé mucho... no sé si te amé poco; pero sí sé que nunca volveré a amar así. Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo, y el corazón me dice que no te olvidaré; pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo, tal vez empiezo a amarte como jamás te amé. Te digo adiós, y acaso, con esta despedida, mi más hermoso sueño muere dentro de mí... Pero te digo adiós, para toda la vida, aunque toda la vida siga pensando en ti.
  19. 21. Galope Rafael Alberti <ul><li>Las tierras, las tierras, las tierras de España </li></ul><ul><li>Las grandes, las solas, desiertas llanuras </li></ul><ul><li>Galopa, caballo cuatralbo </li></ul><ul><li>jinete del pueblo, </li></ul><ul><li>al sol y a la luna. </li></ul><ul><li>¡A galopar, </li></ul><ul><li>a galopar, </li></ul><ul><li>hasta enterrarlos en el mar! </li></ul><ul><li>A corazón suenan, resuenan, resuenan </li></ul><ul><li>las tierras de España, en las herraduras </li></ul><ul><li>Galopa jinete del pueblo, </li></ul><ul><li>caballo cuatralbo, </li></ul><ul><li>caballo de espuma. </li></ul><ul><li>¡A galopar, </li></ul><ul><li>a galopar, </li></ul><ul><li>hasta enterrarlos en el mar! </li></ul><ul><li>Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie; </li></ul><ul><li>que es nadie la muerte si va en tu montura. </li></ul><ul><li>¡Galopa, caballo cuatralbo, </li></ul><ul><li>jinete del pueblo, </li></ul><ul><li>que la tierra es tuya. </li></ul><ul><li>¡A galopar, </li></ul><ul><li>a galopar, </li></ul><ul><li>hasta enterrarlos en el mar! </li></ul>
  20. 22. EN EL PRINCIPIO <ul><li>Si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra. </li></ul><ul><li>Si he sufrido la sed, el hambre, todo lo que era mío y resultó ser nada, si he segado las sombras en silencio, me queda la palabra. </li></ul><ul><li>Si abrí los labios para ver el rostro puro y terrible de mi patria, si abrí los labios hasta desgarrármelos, me queda la palabra. </li></ul><ul><li>Blas de Otero </li></ul>
  21. 23. Extracto de Proverbios y cantares (XXIX) <ul><li>Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar. </li></ul>
  22. 24. Poema: y 14 Tan lejos va el recuerdo, tan lejana la imagen –esta noche- del pasado, tan parece mentira lo soñado como la realidad de fiel mañana. Esfumándose va, materia vana, aquello que en mi mente está grabado, y no sé si es real o imaginado todo aquel mundo donde anduve ufana. Instantes son de angustia, cuando veo cómo se me deshace lo que un día fuera luz y verdad resplandeciente. Yo quisiera creer, y ya no creo. Allí me miro. Y era. Allí vivía. Hoy sólo sombras luchan en mi mente. Elena Martín Vivaldi
  23. 25. El mar El mar. La mar. El mar. ¡Sólo la mar! ¿Por qué me trajiste, padre, a la ciudad? ¿Por qué me desenterraste del mar? En sueños la marejada me tira del corazón; se lo quisiera llevar. Padre, ¿por qué me trajiste acá? Gimiendo por ver el mar, un marinerito en tierra iza al aire este lamento: ¡Ay mi blusa marinera; siempre me la inflaba el viento al divisar la escollera! Rafael Alberti
  24. 27. Federico García Lorca (1898 - 1936) La Carmen está bailando por las calles de Sevilla. Tiene blancos los cabellos y brillantes las pupilas. ¡Niñas, corred las cortinas! En su cabeza se enrosca una serpiente amarilla, y va soñando en el baile con galanes de otros días. ¡Niñas, corred las cortinas! Las calles están desiertas y en los fondos se adivinan, corazones andaluces buscando viejas espinas. ¡Niñas, corred las cortinas!
  25. 28. Si mis manos pudieran deshojar <ul><li>Yo pronuncio tu nombre </li></ul><ul><li>en las noches oscuras, </li></ul><ul><li>Cuando vienen los astros </li></ul><ul><li>A beber en la luna </li></ul><ul><li>Y duermen los ramajes </li></ul><ul><li>De las frondas ocultas. </li></ul><ul><li>Yo me siento hueco </li></ul><ul><li>De pasión y de música </li></ul><ul><li>Loco reloj que canta </li></ul><ul><li>Muertas horas antiguas. </li></ul><ul><li>Yo pronuncio tu nombre, </li></ul><ul><li>En esta noche oscura, </li></ul><ul><li>Y tu nombre me suena </li></ul><ul><li>Mas lejano que nunca, </li></ul><ul><li>Mas lejano que todas las estrellas </li></ul><ul><li>Y mas doliente que la mansa lluvia . </li></ul><ul><li>¿Te querré como entonces </li></ul><ul><li>Alguna vez?¿Que culpa </li></ul><ul><li>Tiene mi corazón? </li></ul><ul><li>Si la niebla se esfuma, </li></ul><ul><li>¿Qué otra pasión me espera? </li></ul><ul><li>¿Será tranquila y pura? </li></ul><ul><li>¡¡Si mis dedos pudieran </li></ul><ul><li>Deshojar a la luna!! </li></ul><ul><li>Federico García Lorca </li></ul>
  26. 29. Te digo adiós, y acaso te quiero todavía. Quizá no he de olvidarte, pero te digo adiós. No sé si me quisiste... No sé si te quería... O tal vez nos quisimos demasiado los dos. Este cariño triste, y apasionado, y loco, me lo sembré en el alma para quererte a ti. No sé si te amé mucho... no sé si te amé poco; pero sí sé que nunca volveré a amar así. Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo, y el corazón me dice que no te olvidaré; pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo, tal vez empiezo a amarte como jamás te amé. Te digo adiós, y acaso, con esta despedida, mi más hermoso sueño muere dentro de mí... Pero te digo adiós, para toda la vida, aunque toda la vida siga pensando en ti. José Ángel Buesa Miriam Rebollo Pérez 1º A
  27. 30. Poema X <ul><li>Hemos perdido aún este crepúsculo </li></ul><ul><li>nadie nos vio esta tarde con las manos unidas </li></ul><ul><li>mientras la noche azul caía sobre el mundo. </li></ul><ul><li>He visto desde mi ventana </li></ul><ul><li>la fiesta del poniente en los cerros lejanos </li></ul><ul><li>a veces como una moneda </li></ul><ul><li>se encendía un pedazo de sol entre mis manos. </li></ul><ul><li>Yo te recordaba con el alma apretada </li></ul><ul><li>de esa tristeza que tú me conoces. </li></ul><ul><li>Entonces, ¿ dónde estabas ? </li></ul><ul><li>¿Entre qué gentes ? </li></ul><ul><li>¿ Diciendo qué palabras ? </li></ul><ul><li>¿Por qué se me vendrá todo el amor de golpe </li></ul><ul><li>cuando me siento triste y te siento lejana? </li></ul><ul><li>Cayó el libro qué siempre se toma en el crepúsculo </li></ul><ul><li>y como un perro herido rodó a mis pies mi capa. </li></ul><ul><li>Siempre , siempre te alejas en las tardes </li></ul><ul><li>hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas. </li></ul><ul><li>Pablo Neruda, “ VEINTE POEMAS DE AMOR Y UNA CANCIÓN DESESPERADA” </li></ul>
  28. 31. Agosto – astros, Agosto – ristras de uvas y serbales. ¡Aherrumbrado – agosto! Robusto, bondadoso, Con tu imperial manzana, Cual niño, agosto, juegas. Rozas, como una mano el corazón Con tu nombre imperial: ¡Agosto! – ¡Corazón! ¡Mes de besos tardíos, De rosas y relámpagos tardíos! ¡De aguaceros de estrellas! ¡Agosto! – ¡El mes! ¡De aguaceros de estrellas! Marina Tsvietáieva.
  29. 32. Los encuentros de un caracol aventurero <ul><li>Y el caracol, pacífico </li></ul><ul><li>burgués de la vereda, </li></ul><ul><li>ignorado y humilde, </li></ul><ul><li>el paisaje contempla. </li></ul><ul><li>La divina quietud </li></ul><ul><li>de la naturaleza </li></ul><ul><li>le dio valor y fe, </li></ul><ul><li>y olvidando las penas </li></ul><ul><li>de su hogar, deseó </li></ul><ul><li>ver el fin de la senda </li></ul><ul><li>Federico García Lorca </li></ul>Diciembre de 1928 (Granada) Hay dulzura infantil en la mañana quieta los árboles extienden sus brazos a la tierra Un vaho tembloroso cubre las sementeras, y las arañas tienden sus caminos de seda -rayas al cristal limpio del aire-. En la alameda un manantial recita sus canto entre las hierbas.

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