Bases conceptuales seminario_multiculti

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Bases conceptuales seminario_multiculti

  1. 1. Conceptos centrales del Multiculturalismo: Definiciones ydebates actuales1Ciclo de debates: Multiculturalismo, Reivindicaciones identitarias y reconocimiento étnico en el Caribe Colombiano 20 años después de la Constitución Política de 1991 Cartagena de Indias, Octubre 20111 Este documento constituye una versión preliminar que se publicará más adelante. Favor no citar nireproducir. 0
  2. 2. Tabla de contenidosIntroducción…………………………………..……….2Multiculturalismo……………………………………4Interculturalidad y diversidad cultural…..10Enfoque Diferencial……………………………….16Acciones afirmativas……………………………….22Identidades e identificación…….…………….26Raza y etnicidad………………….………………….31Lista de referencias…….………………………….37 1
  3. 3. Introducción“Lo que es diverso no es desunido, lo que es unificado no es uniforme, lo que es igual notiene que ser idéntico, lo que es desigual no tiene que ser injusto; tenemos el derecho a serdiferentes, cuando la igualdad nos descaracteriza. Estas son las reglas, probablemente,fundamentales, para entender el momento que vivimos” Boaventura de Souza Santos, en Walsh 2009: 17Veinte años después de la Constitución Política de 1991, el proyecto de construcción de unanueva nación Colombiana, pluriétnica y multicultural, continúa siendo un dinámico campode negociaciones políticas, sociales y culturales. Las afirmaciones identitarias, lasmovilizaciones por parte de colectivos étnico-culturales y la re-significación de los conceptosde ciudadanía y nación, permean- en algunas regiones más que en otras- la vida social ypolítica del país.El multiculturalismo actuó sin duda como concepto re-fundador de la Nación, con base en elcual se tejieron utopías de una nación incluyente donde se superaba la marginación históricadel Otro no asimilado a la Nación mestiza. Sin embargo, siguiendo a Stuart Hall y otrosteóricos del tema, el multiculturalismo no es ni puede ser meramente un ideal, “no es unadoctrina ni representa un estado de cosas ya logrado”. Por el contrario, “comprende unavariedad de estrategias y procesos políticos- inconclusos en todas partes- adoptados paragobernar o administrar los problemas de la diversidad y la multiplicidad en los que se venenvueltas las sociedades multiculturales” (Hall 2010: 583).El Caribe colombiano y Cartagena de Indias constituyen espacios dinámicos de negociacióndel multiculturalismo. Los movimientos indígenas, afro-descendientes y raizales visibilizansus reclamaciones de derechos colectivos diferenciales y gestionan sus demandasciudadanas desde la identidad étnica; por su parte, historiadores, antropólogos yacadémicos de los estudios regionales, re-construyen la región desde narraciones polifónicasque reconocen la diversidad y ponen de relieve las múltiples voces antes no incluidas en losdiscursos oficiales; el marco legal y político nacional, departamental y municipal setransforma e incorpora enfoques diferenciales y estrategias que buscan, a la manera de lamayoría de Estados Latinoamericanos en la última década, promover la diferenciación y lapluralidad y a la vez revertir la exclusión o desigualdad, intentando superar las tensionesinherentes a la intención de “redinamizar la igualdad sin homogeneizar culturalmente”(Hopenhayn 2002).En este complejo entramado político, cultural y socio-económico, emergen una serie deinterrogantes que ameritan hoy un debate riguroso, creativo y diverso.¿Hasta qué punto se está construyendo nuevo imaginario de Región- diversa e incluyente-en la consciencia ciudadana y los proyectos políticos regionales? ¿Cuál es la relación entreDesarrollo regional y derechos colectivos culturales? ¿Cómo se hacen compatibles nuestrasmúltiples identidades- propias de un territorio diverso, multirrelacional y complejo, con laidentificación étnica- a menudo limitada, esencialista y estática? ¿Cómo revertir procesoshistóricos de exclusión socioeconómica ligados a la diferencia étnico-racial, a través de la 2
  4. 4. afirmación de esta misma diferencia? ¿Cómo y con qué resultados han surgido nuevosmecanismos de participación, organización y representación acompañan las negociacionesde colectivos étnicos? ¿Qué es y cómo se desarrolla la interculturalidad contemporánea enun Caribe poblado históricamente de cruces étnicos, linguísticos y culturales?Con el fin de contribuir al debate ciudadano alrededor de éstas y otras preguntas, se haorganizado durante el mes de octubre un ciclo de conferencias y debates en torno a estostemas. Cada una de las sesiones profundizará en un tema particular, con la sesión inauguralpresentando un panorama general sobre el contexto latinoamericano, el contexto jurídiconacional y los principales avances, retos y debates que existen actualmente en el ámbitoacadémico.Este evento se organiza en el marco del Bicentenario de la Independencia de Cartagena deIndias, del Año de la Población Afrodescendiente, de los 20 años de la Constitución Nacionalde 1991 y de la Expedición Padilla, por parte de la Universidad Tecnológica de Bolívar/Maestría en Desarrollo y Cultura, la Alcaldía Mayor de Cartagena de Indias/Instituto dePatrimonio y Cultura de Cartagena/Secretaría de Educación Distrital, la Agencia Española deCooperación Internacional para el Desarrrollo/Centro de Formación de la CooperaciónEspañola y Ministerio de Cultura/Dirección de Poblaciones.Como complemento educativo a las conferencias y con el ánimo de fortalecer laparticipación en los debates, se ha elaborado un documento en torno a los principalesconceptos relacionados con el multiculturalismo y el reconocimiento de la diversidad ética.En él, se proveen algunas definiciones y posiciones teóricas frente a cada concepto, así comolos debates que rodean su uso actual en América Latina o Colombia.Eloísa Berman ArévaloLaboratorio Iberoamericano de Investigación e Innovación en Cultura y DesarrolloUniversidad Tecnológica de Bolívar 3
  5. 5. MulticulturalismoEloísa BermanL+ID-UTBLas nuevas Naciones multiculturalesDurante las tres últimas décadas, los asuntos étnico-culturales han adquirido una relevanciay visibilidad inusitada a nivel global. Este fenómeno hace parte de un giro del campopolítico, en el cual las reivindicaciones y movilizaciones sociales basadas en afiliaciones declase se han re-direccionado hacia aquellas centradas en las identidades culturales (Álvarez,Dagnino y Escobar, 1998). Estas identidades trascienden lo étnico, incluyendo identidadesde género, opciones sexuales, cultos, generaciones y otras formas de identificación colectivade carácter cultural. En el caso de América Latina, desde finales de los 80s, elreconocimiento de la diversidad cultural se ha venido institucionalizando por la vía deimportantes cambios constitucionales y la implementación de políticas públicas enmarcadasen el fenómeno conocido como “multiculturalismo” (Sieder, 2002 y Van Cott, 2000).El llamado “giro multicultural” de los Estados Latinoamericanos refleja una importantetransformación en la concepción del Estado-nación. Muchos países han incursionado en lare-definición de sí mismos, alejándose del antes aceptado modelo de Estado-naciónhomogéneo en términos culturales, lingüísticos y religiosos heredado de Europa, que en elcaso de muchos países Latinoamericanos equivaldría luego a la idea de nación mestiza (Gros2000). Reconociendo que el mestizaje, a la vez que ha sido una forma de encuentro entreculturas, también ha sido la forma de asimilación y aculturación de pueblos indígenas y afro-latinos, la idea de la “patria mestiza” ha sido fuertemente cuestionada y los Estados pasanahora a reconocerse como Estados multiétnicos o multiculturales (Hopenhayn 2002).En el contexto de la globalización, el multiculturalismo se ha convertido en un valor e inclusocomo un ideal, tomando un sentido político e ideológico (Hopenhayn 2002) que se haconvertido en tendencia mundial: convenciones internacionales y constituciones nacionalesreivindican el derecho a la diferencia, se institucionalizan los enfoques étnicos de desarrolloy educación, los grupos étnicos ejercen movilización política por derechos territoriales y losmedios de comunicación difunden una sensibilidad multicultural (Hopenhayn 2002).Igualmente, en América Latina y el Caribe la diferencia cultural adquiere mayor relievepolítico y público en la medida en que ésta diferencia se había constituido históricamente en“el eje del poder, el disciplinamiento y la expropiación” (Hopenhayn 2002). Las dinámicas denegación o estigmatización del Otro hacen que se reconozca hoy una deuda histórica frentea los grupos excluidos.El “giro multicultural” de fines del siglo XX y principios del XXI ha dado a los movimientosétnicos una visibilidad renovada y ha otorgado a amplios sectores de la población derechos yprotagonismo político nunca antes alcanzados (Van Cott 2000). Por otro lado, elreconocimiento de la diversidad cultural y de los derechos culturales, enmarcados en el giromulticultural, han contribuido a ampliar el concepto de ciudadanía (Zambrano 2007: 239)rompiendo con la idea de ciudadanía moderna centrada en el individuo, la cual asumía laprevalencia de valores universales liberales y relegaba la diferencia cultural al ámbito de loprivado (Kymlicka 2006). Con la reivindicación de la diversidad cultural surge una noción de 4
  6. 6. ciudadanía fundamentada en las identidades culturales, lo cual obliga a re-significar lasciudadanías hacia ciudadanías diferenciadas, en las cuales las diferencias culturales antesconfinadas a la esfera de lo privado se hacen públicas, en el marco de principios modernos deigualdad de derechos, respeto y reconocimiento, introduciendo asimismo lo colectivo comomediador legítimo entre el Estado y el individuo (Mosquera 20112).En América Latina, el debate multiculturalista en el ámbito jurídico e institucional, se centraen los derechos sociales y culturales de los grupos étnicos (Agudelo y Recondo 2007: 58). Elreconocimiento de la diversidad cultural se ha traducido en políticas multiculturales que,con una perspectiva histórica, tienen objetivos no solo culturales sino también sociales ypolíticos, al reconocerse que la exclusión del proyecto nacional ha ido de la mano con lacreación de inequidades socioeconómicas y la marginación política.Este proceso-aún en marcha- continúa obligando a los Estados a adaptarse jurídica, políticae institucionalmente a estas nuevas relaciones con nuevas ciudadanías; las sociedades, a suvez, se ven obligadas a entender, debatir y re-significar la pertenencia a la Nación, lasidentidades colectivas y las relaciones sociales y culturales.El concepto de multiculturalismo y sus debatesSi bien el término “multiculturalismo” se utiliza ahora universalmente, no existe todavía unadefinición estable y un sentido consensuado sobre el mismo (Hall 2010). Si bien se hablageneralmente de multiculturalismo en singular, los diversos y múltiples contextos hacen queexistan muchas clases de sociedades multiculturales y muchos modelos jurídicos, políticos einstitucionales que promueven el multiculturalismo. Sin embargo, en términos sencillos sepuede decir que existe “lo multicultural” como hecho social y cultural, y como adjetivo quedenota las características sociales y los problemas de gobernabilidad que confronta todasociedad en la que coexisten comunidades culturales diferentes. Como sustantivo, el“multiculturalismo” se refiere a las estrategias y políticas adoptadas para gobernar oadministrar los problemas de la diversidad y la multiplicidad en los que se ven envueltas lassociedades multiculturales (Hall 2010: 583). El multiculturalismo, según sostiene Hall (2010),no es una doctrina ni una estrategia política definida y no representa un estado de cosas yalogrado, ni algún estado utópico o ideal. Por el contrario, “describe una variedad deestrategias y procesos políticos que están inconclusos en todas partes” (584).Críticas y debates desde la teoría políticaEl multiculturalismo ha sido objeto de múltiples cuestionamientos, debates y re-interpretaciones, tanto por su sentido teórico/conceptual como por los retos y efectoscontradictorios de su implementación.Un conjunto de discusiones emanan de la teoría y filosofía política, desde donde se discuteel multiculturalismo como un campo de tensión entre los derechos y libertades individualesy los comunitarios, entre valores universales y diferencia cultural; y, de esta manera, comoun escenario de re-definición de la noción de ciudadanía2 Texto sin publicar; favor no reproducir. 5
  7. 7. Como primera medida, existen sectores conservadores en los que se critica elreconocimiento de la plurietnicidad al interior de la nación. Estos reivindican el ideal denación del siglo XIX y defienden la “pureza” y la integridad cultural de la nación (Hall2010:584).Sin embargo, ha sido la tensión entre liberalismo y comunitarismo el eje central en losanálisis del multiculturalismo, marcando la discusión en las décadas de los 70s y 80s(Kymlicka 2006). Las doctrinas liberales sobre las cuales se han basado las ciudadanías en losEstados modernos dan prevalencia a la libertad del individuo de decidir su propio conceptode vida y rechazan las imposiciones de la tradición comunitaria. En este sentido, hay unajerarquía en la cual el individuo es anterior a la comunidad, y lo comunitario se supedita a sucapacidad de contribuir al bienestar de los individuos (Kymlicka 2006:31). Por su parte, paralos comunitaristas, el individuo existe en tanto existe la comunidad y los derechos,libertades y elecciones son moldeadas por lo colectivo. De esto se desprende que se debamantener un equilibrio entre la elección individual y la protección de la forma de vidacomunal en el cual lo individual no debe erosionar la pervivencia de lo comunitario.El multiculturalismo constituye, en términos generales, una crítica a la ciudadanía liberalclásica; se puede ubicar, según el contexto particular, en cualquier lugar del continuo entreliberalismo y comunitarismo. Según Kymlicka (2006), a pesar de seguir estando enmarcadoen sistemas democráticos liberales, la defensa de los derechos colectivos de minoríasétnicas “implicaba respaldar la crítica comunitarista del liberalismo y considerar que losderechos de las minorías representaban la defensa de los grupos minoritarios cohesionadosy de mentalidad comunal frente a la intrusión del individualismo liberal” (32).Al tiempo que prioriza al individuo sobre la comunidad, el individualismo liberal reclama laprevalencia de los valores universales sobre la diversidad y la diferencia, asumiendo queexiste una homogeneidad cultural de base. Esta presunta homogeneidad minimiza laimportancia de la diversidad y es también necesariamente etnocéntrica, al prevalecer unavisión de “lo universal” sobre muchas otras. Por este motivo, las doctrinas basadas en elliberalismo extremo han contribuido históricamente a procesos de asimilación de culturasmúltiples y diversas por una sociedad que se supone homogénea, sea de maneraintencionada o no.Si bien el multiculturalismo toma cierta distancia del individualismo liberal, no se sitúa deltodo por fuera de éste. Los Estados con políticas multiculturales continúan respaldando laslibertades y derechos individuales, pero intentando proteger al tiempo la diversidad yciertos derechos colectivos relacionados con ésta. Es aquí donde se da el debate sobre loslímites de la diferencia y la validez de los valores universales. Por un lado, se reconocen ypromueven los derechos culturales, pero se entiende que éstos tienen sus límites en valoresuniversales; en otras palabras, hay un límite de “lo tolerable” relacionado con valoresuniversales y el bien del colectivo nacional.MulticulturalismosSi bien el multiculturalismo puede verse en términos generales como una respuesta a laslimitaciones de las instituciones liberal-democráticas, entre sus políticas y entre paísesexisten diferencias en torno a su afinidad o distanciamiento del liberalismo típico de losEstados modernos. Según Hall (2010), se puede identificar, entre otros, un 6
  8. 8. “multiculturalismo liberal”, que reconoce la diversidad pero busca integrar a los diferentesgrupos culturales dentro de lo establecido por una ciudadanía individual universal,haciendo mínimo el protagonismo de la diversidad cultural el ámbito de lo público (Hall2010: 584); hay también un “multiculturalismo pluralista” que apoya las diferenciasculturales entre grupos y reconoce derechos colectivos; y un “multiculturalismo crítico”que hace énfasis en las relaciones de poder y la opresión histórica, otorgando un carácterpolítico a la diversidad y reivindicando la resistencia (584). Finalmente, voces críticas hanadoptado la noción de “multiculturalismo neoliberal”, en el cual el reconocimiento de losderechos culturales y la promoción de la diversidad cultural se dan como parte de lareestructuración política y económica neoliberal y sin poner en riesgo dicho modelo. Loanterior ha resultado, según algunos autores, en un mayor control estatal de losmovimientos sociales y la creación de nuevas jerarquías etno-raciales (Hale 2005: 10).Igualmente, ha producido situaciones paradójicas: se reconoce e institucionaliza ladiferencia cultural, pero se establecen límites al reconocimiento de tal forma que no setraduzca en una igualdad social que ponga en riesgo las normas del sistema económico;igualmente, se promueven los derechos culturales pero se les confina a aquellos que puedan“demonstrar” diferencia, generando toda suerte de exclusiones y generando incentivos parael mantenimiento de la diferencia, frecuentemente con resultados problemáticos entérminos sociales y culturales (Fisk 2005:21).Posturas críticas desde las nociones de cultura e identidadesLas políticas multiculturales han suscitado un amplio debate relacionado con el uso decategorías étnico-culturales limitadas, basadas en identidades que se asumen claramentedefinidas, visibles, reconocidas e inmutables. Uno de los puntos centrales de la discusión hasido el uso de “identidades esencializadas”, es decir, basadas en unas características queconstituyen “lo esencial” de determinada etnia o cultura. Igualmente, se discuten lasconsecuencias políticas y sociales de dicha esencialización, así como la limitación de losderechos culturales a determinadas categorías poblacionales. Entre las consecuencias másnotorias se encuentra la exclusión de grupos que no corresponden claramente a lascategorías multiculturales - perpetuando inequidades y potenciando conflictos- y el usoinstrumental de la identidad con fines políticos.Hoy en día son ya muchas voces que desde la academia han criticado cómo las políticasmulticulturales hacen uso de categorías poblacionales que reducen y ordenan procesosculturales e identitarios que son por naturaleza complejos y dinámicos. Estas categorías- eg.“indígena”, “afro-descendiente”- se vinculan de manera “natural” a otros elementos como“territorio”, “tradición”, “cultura” y “comunidad”, lo cual suele resultar en representacioneshomogeneizantes, reducidas y con frecuencia romantizadas de lo étnico. Por otro lado, lascategorías del multiculturalismo ponen límites al reconocimiento y el otorgamiento dederechos diferenciales y organizan la diversidad en “cupos” que suelen ser excluyentes deotros grupos poblacionales culturalmente híbridos.La institucionalización de lo multicultural ha ido en contra de ya ampliamente aceptadasteorías culturales sobre la fluidez, dinamismo e hibridación de las culturas y las identidades.Por un lado, al tomar la cultura como un marcador de la diferencia, se está asumiendo que lacultura se expresa en marcadores claros, visibles y estáticos; que existe una relación claraentre cultura e identidad; y que los colectivos culturales poseen identidades unificadas,originarias y con fronteras definidas, manteniendo rasgos que consideran “propios” o“autóctonos”. 7
  9. 9. Esta visión ignora las dinámicas de transformación de la cultura, sus fisuras y subjetividades.De hecho, la cultura “propia” o “autóctona” nunca es completa, por la capacidad misma delas culturas de transformarse, hibridarse o no dejarse encasillar en esquemas bipolares,culturalistas o esencialistas (Mosquera 2011: 10).Por otro lado, una identidad cultural entendida como una unidad integral que está fija en elespacio y el tiempo, refleja el uso de ideas y categorías que no le hacen justicia a la riqueza yfluidez de los procesos sociales y culturales. Hoy en día, muchos académicos proponenconcebir las identidades como procesos fluidos de identificación, que tienen tanto unadimensión endógena y cotidiana, como una importante dimensión política e instrumental,atravesadas ambas por procesos relacionales y estrategias de representación frente al Otro(Hoffman y Rodríguez 2007: 14). Igualmente, se sabe que la pertenencia a una solacategoría identitaria dista de la posibilidad real de manejar y asumir simultáneamente unamultiplicidad de identidades; y de la interconexión y mezcla entre categorías identitarias(Hoffman y Rodríguez 2007). Lo anterior plantea retos y contradicciones en torno a lasposibilidades reales del multiculturalismo de aportar a una mayor justicia social, dado elcarácter excluyente de muchas de las políticas, y también en torno a los efectos entreaquellos que sí son reconocidos dentro de las categorías permitidas. Éstos últimos, segúnHale (2004) pueden ser enmarcados en una visión normada y controlada de lo étnico, quelejos de tener un impacto político renovador desde el pluralismo, refuerzan el poder Estataly el status-quo económico y político.Algunos retos del multiculturalismoInclusión y justicia socialComo han puesto de relieve los críticos del multiculturalismo neoliberal y otros, elordenamiento de la sociedad mediante sus categorías va de la mano con la exclusión deotros grupos sociales que no corresponden claramente a las expectativas identitarias delmulticulturalismo. Un multiculturalismo que se basa en identidades fijas favorece a aquellosque representen una idea de culturas “autóctonas” y “desconoce la realidad socio-antropológica del entrecruzamiento de las identidades étnico-raciales, de género y de clasesocial” (Mosquera 2011: 18). En este sentido, es un multiculturalismo excluyente que noresponde a problemas reales de las desigualdades socio-económicas y la injusticia social y “desde el cual no existe un cuestionamiento real del problema de las desigualdadessocioeconómicas históricas y contemporáneas (…) o del racismo estructural, institucional,cotidiano y cultural.” (17-18)De hecho, algunos críticos argumentan que el multiculturalismo equivocadamente privilegiala cultura y la identidad por encima de los aspectos económicos; o que divide al frente unidoraza-clase en términos étnicos (circunscripciones grupales más reducidas) y materiales (Hall2010). Sin embargo, otros asumen posiciones intermedias, en las cuales se reconoce laimportancia de lo étnico, pero se ve con preocupación la exclusión de quienes no puedanargumentar “diferencias culturales” en la lucha contra la injusticia y la discriminación, lo cualen efecto genera una fragmentación en la lucha por la justicia entre aquellos que sí caben ylos que no caben en las categorías (Hale 2005).Finalmente, desde los defensores de los derechos de los grupos étnicos, se han cuestionadolos efectos de las políticas multiculturales en la fragmentación étnica y en la exclusiónindividual y colectiva de quienes no se ajustan a los nuevos estándares de la 8
  10. 10. multiculturalidad oficial (Hoffman y Rodríguez 2007: 21). Otros argumentos apuntan a losefectos negativos de un multiculturalismo a-crítico que “ve la cultura de estos otros/as de lanación como una “cosa” que puede folclorizarse (..) (Mosquera 2011: 18) y que confrecuencia se trata como una mercancía que se puede administrar bajo las lógicas delmercado.Otras tensiones y contradicciones salen a la luz al evidenciarse la excesiva burocratización delas respuestas estatales ante las demandas de reconocimiento y participación política en elEstado; según Mosquera (2011) la participación en el estado se resuelve frecuentementecon “con irrisorios contratos y consultorías, y nunca propone una estrategia de largo plazode empleabilidad dentro del mismo para influirlo desde dentro” (18). Por su parte, elcumplimiento de derechos colectivos diferenciales pasa por complejos requisitosadministrativos y burocráticos, frecuentemente fuera del alcance de las organizaciones debase.Sin duda, el multiculturalismo ha sido importante al permitir la visibilización yreconocimiento de grupos marginados y al lograr la adquisición de importantes derechoscolectivos diferenciados. Sin embargo, es claro que ha tenido también efectoscontradictorios y que le quedan “cuestiones pendientes” por resolver, como son lainjusticia social, la desigualdad económica y la discriminación racial, entre otras (Hoffman yRodríguez 2007: 25). Desde la academia comprometida se esbozan visiones revisadas denuevos multiculturalismos, vías alternativas lejos de la aceptación pasiva delmulticulturalismo neoliberal (Hale 2002) que fomenten una ciudadanía respetuosa de lasdiferencias, estableciendo alianzas, saliendo de “trampa identitaria” y des-etnizando lacultura para incluir otro tipo de diversidades (Mosquera 2011). Se proponenmulticulturalismos que reconozcan el carácter político de la cultura, su potencialtransformador y que acojan y potencien creativamente la real posibilidad de conflicto(Zambrano 2004, en Mosquera 2011). Se propone la formación de un verdadero Estadomulticultural que adopte los reclamos de justicia desde el reconocimiento de la diferencia ylas identidades, y provea mayor espacio de participación y control del Estado desde lasdiversidades (Mosquera 2011: PAG). Se propone un multiculturalismo que concilie laafirmación de las diferencias, la valoración de la diversidad y la no-discriminación cultural,con mayor igualdad de oportunidades y el reparto social frente a las desigualdades(Hopenhayn 2003; Mosquera 2011). 9
  11. 11. Interculturalidad y Diversidad CulturalGemma CarbóL+ID- Universidad de GironaMientras que la noción de multiculturalidad ha sido objeto de reflexión epistemológicadesde las ciencias antropológicas y sociales aplicándose en especial a los estudios regionalesy como fundamento de las políticas de reivindicación territorial, los conceptos deinterculturalidad y diversidad cultural surgen y están íntimamente relacionados con elmundo educativo, con la reflexión pedagógica y con los estudios culturales y se aplican enespecial a la política cultural.Como señaló Henry Giroux:Aunque los educadores críticos y los profesionales de los estudios culturales han ocupadotradicionalmente nichos independientes y se han dirigido a públicos muy diferentes, lascaracterísticas pedagógicas y políticas de sus trabajos se solapan y se informanmutuamente. A riesgo de generalizar en exceso, tanto los teóricos de los estudios culturalescomo los educadores críticos se dedican a unas formas de trabajo cultural que sitúan lapolítica en el contexto de las relaciones que articulan las representaciones simbólicas, la vidacotidiana y las tecnologías del poder; ambos se ocupan de la política cultural comoexperiencia de carácter social y del aprendizaje (…)3.Podríamos decir en cierto modo, que la noción de interculturalidad y la de las políticas parala diversidad cultural evidencian hoy una perspectiva política en relación a lamulticulturalidad centrada en los derechos humanos y en especial en los derechosculturales, denominados de tercera generación. Tienen en este sentido una perspectivauniversal.Breve historia de un procesoQue la realidad es multicultural, es hoy un hecho comúnmente aceptado; pero en términoshistóricos y políticos esta es una perspectiva muy reciente. En el siglo XVIII, la ilustraciónvinculó la cultura a la civilización occidental, a la razón y al progreso lineal indiscutible.Durante mucho tiempo esta fue la visión que determinó los discursos políticos de lo cultural,centrados en la preservación del patrimonio arquitectónico y artístico y a la promoción delas bellas artes. Será en la segunda mitad del siglo XX, cuando la reflexión académica y lainvestigación especialmente antropológica fundamentan la defensa de la multiculturalidadcomo realidad que supera, desarticula o a veces se superpone a los límites del estadonación, rompiendo los esquemas monolíticos de las culturas oficiales, introduciendo elconcepto de culturas en plural y replanteando en última instancia los discursos deldesarrollo.3 Giroux, H. Los estudios culturales como práctica pedagógica. Traducido del original inglés por Pablo Manzano Bernárdez.www.quadernsdigitals.net/index.php. Fecha de consulta, 25/09/2011 10
  12. 12. En términos políticos, de acuerdo con Patricio Rivas, “este primer ciclo de instalación de ladiversidad cultural, que brota en décadas de profundas movilizaciones sociales y en un marcoargumental abigarrado por modelos teóricos y analíticos de naturaleza crítica, estuvovinculado al reconocimiento de los derechos civiles, económicos y políticos de sectores de lasociedad, cuya existencia se intentó negar, someter y asimilar”4.La educación crítica y multicultural nace en este contexto, como respuesta de losintelectuales y pedagogos a los modelos educativos de reproducción de unas estructurassociales, culturales y económicas que ya no respondían a la realidad y como posicionamientopolítico en relación a las reivindicaciones de las minorías culturales.Siguiendo a Xavier Besalú5, la educación cultural se ha venido planteando desde entoncescon distintas perspectivas que de alguna manera configuran el mosaico contemporáneo deenfoques pedagógicos:Desde la priorización de la raza y la diferencia, se genera una educación racista osegregadora, que separa en función de la diferencia. Desde la postura de las culturasmayoritarias receptoras, generalmente de carácter estatal como en el caso del modelofrancés, se propone una educación asimilacionista, en la que los aportes y experiencias delos alumnos no son considerados sea cual sea su origen. Desde otra perspectiva distinta, laeducación integracionista o compensadora está centrada en las capacidades individuales detodos los alumnos y en la consecución real de las mismas oportunidades para todos,obviando en cierto modo las identidades colectivas; la educación pluralista omulticulturalista, asume la diferencia y la respeta pero tiende a la consideración estática delas culturas y en última instancia al mantenimiento de las distancias.La educación planteada desde el paradigma de la interculturalidad es aquella que no estácentrada en los que son culturalmente distintos sino que tiene en cuenta la relevancia de losfactores culturales en cualquier contacto y relación entre individuos i colectivos, pero noestá basada en una concepción errónea, por estática, de las identidades. Como señalaZygmunt Bauman6, los jóvenes del siglo XXI no necesitan raíces sino anclas que les permitannavegar constantemente por un mundo global. La interculturalidad está en ellos mismospues la diversidad forma parte de su identidad individual y colectiva.Política y diversidad culturalLa política cultural desde sus inicios como política pública específica a mediados del siglo XX,se centró en el debate de la democratización y el acceso a la cultura.La perspectiva de la interculturalidad estaba presente en la historia de las relacionesculturales internacionales y la diplomacia histórica y se reforzó especialmente a partir delmomento en que la cultura se vinculó de forma directa con la reflexión sobre el desarrollo(Decenio Mundial para el Desarrollo Cultural 1988 -1997). Esta reflexión estuvo posicionadapor primera vez desde el paradigma de la diversidad cultural, asociando además la cultura ala sostenibilidad y convirtiéndola en el “cuarto pilar” del desarrollo sostenible.En esta rápida perspectiva histórica y siguiendo de nuevo a Patricio Rivas, se dará un nuevo ydefinitivo punto de inflexión a finales del pasado siglo, como resultado de los cambioseconómicos, sociales y culturales que caracterizan el período.4 Rivas, P. Genealogía de la diversidad. La diversidad cultural como poder constituyente. Inédito, próxima publicación en revistadigital Walekeru.net5 Besalú X., Societats pluriculturals i educació: la interculturalitat com a resposta. Ajuntament de Girona 20016 Bauman Zygmunt, Los retos de la educación en la modernidad líquida. Gedisa ed. Barcelona 2005 11
  13. 13. (…) Paulatinamente, los territorios de lo diverso, que se vincularon en su cierne a temasétnicos y la lucha por los derechos civiles, comienzan a ampliar sus actores, enfoques ytramas. Irrumpe una múltiple polifonía de diversidades: los temas de género, jóvenes,mundos urbanos, la re-emergencia de lo local, medio ambiente, biodiversidad, las nuevasestéticas, dando lugar así, a un giro en la noción política, intelectual y ética de la diversidadcultural (…)7Este punto de inflexión nos conduce al contexto contemporáneo desde el que proponemosesta mirada a los conceptos de interculturalidad y diversidad cultural.En el terreno educativo, la multiculturalidad se ha hecho presente en los países europeosdebido a la fuerte movilidad e intercambio característico de la globalización y continuasiendo una realidad sujeta a reclamación y debate histórico en los países latinoamericanos.Los currículos escolares y el sistema educativo en general se mantienen enfocados aresponder a los problemas urgentes (universalización de la escolarización, alfabetizaciónpara todos, aprendizaje en lenguas maternas, etno-educación) pero enfrentan al mismotiempo, nuevas necesidades derivadas de los cambios culturales a los que la escuela no seadaptó y que están directamente relacionados con esta nueva perspectiva de la diversidadcultural. Es la doble agenda señalada por el documento Metas 2021 para la educación enLatinoamérica. Quien mejor define estas nuevas necesidades es sin duda Jesús MartínBarbero:El simulacro, aquel del cual habló hace muchos años Bourdieu -la escuela lugar donde losmaestros hacen como que enseñan a alumnos que hacen como que aprenden pero dondetodo funciona- ha comenzado a estallar estruendosamente. Y no por causa de los maestros ode los alumnos sino de un modelo de comunicación escolar que nada tiene que ver con lasdinámicas comunicativas de la sociedad, es decir por causa de una escuela que sigueexigiendo a los alumnos (yo añadiría también al profesor) dejar fuera de ella su cuerpo y sualma, sus sensibilidades, sus experiencias y sus culturas, sea éstas sonoras, visuales,musicales, narrativas o escriturales”8.La interculturalidad como perspectiva pedagógica crítica reclama cambios significativos noya solo en los contenidos y en las formas sino en la propia estructura educativa. Paraavanzar en términos de interculturalidad será necesario partir de las culturas, en plural ycomo procesos continuos de carácter individual y/o colectivo, en la educación formal,informal y a lo largo de toda la vida. La educación artística, la educación en comunicación, laeducación en patrimonios culturales y naturales, memorias, conocimientos y saberesacumulados que deben ser preservados, son campos de intersección entre cultura yeducación que van a jugar un papel protagónico en la formación de ciudadanía capacitadafrente a los nuevos contextos económicos y sociales, en definitiva, para aprender a ser ypara aprender a estar en un contexto local y mundial de diversidad cultural.Plantear la interculturalidad de forma positiva y creativa significa definir nuevas estrategiaspedagógicas que habrán de cruzar campos de conocimiento fragmentados: la comunicaciónentendida como los lenguajes y narraciones, las artes y las artesanías en todas susmodalidades, las ciencias y los saberes ancestrales, el patrimonio tangible e intangible, lascosmogonías, las identidades, las lenguas… para encontrar las maneras de acompañar7Rivas, P. Genealogía de la diversidad. La diversidad cultural como poder constituyente. Inédito, próxima publicación en revistadigital Walekeru.net8 Martín Barbero, Jesús; La razón técnica desafía a la razón escolar. Bogotá 2005 12
  14. 14. procesos de aprendizaje basados en el diálogo, el intercambio y el trabajo en equipo,recuperando el vínculo entre humanismo y ciencia, entre tecnologías y contenidos, entrepatrimonio y creación etc. Y basándonos en una ética global directamente relacionada con lasostenibilidad.Estamos hablando en definitiva de interculturalidad como capacidad fundamental para eldesarrollo individual y colectivo, como estrategia de aprovechamiento del potencial y losrecursos generados por y desde la diversidad de expresiones culturales. La pedagogía críticay la interculturalidad se cruzan de nuevo.En el terreno de la política cultural, los avances en los últimos años han sido muysignificativos, creando un nuevo campo de avance en el que educación, cultura y desarrolloestán íntimamente relacionados.Nuestra Diversidad Creativa fue el informe elaborado por la comisión presidida por JavierPérez de Cuellar en el marco del decenio mundial para el desarrollo cultural9. Este informepone de manifiesto por vez primera que las culturas, en plural y en constante redefiniciónson el gran valor patrimonial y de creación de las sociedades contemporáneas. Lo que debeser preservado no es el patrimonio estático y las culturas cosificadas sino la condición para lapermanente condición de la diversidad cultural, que es sin duda, la de la libertad culturalreclamada en el 2004 por el Programa de Naciones Unidas en su informe anual sobre eldesarrollo humano10.La libertad cultural y la diversidad cultural se concretan al final en la libertad de opción yexpresión de visiones y percepciones del mundo, que pueden ser individuales o colectivas,para las que se utilizan múltiples lenguajes y en las que se concentran saberes y valoreslocales que implican riqueza global.La Declaración para la Diversidad Cultural en 200111, fue un primer documento políticopropuesto por UNESCO que tuvo gran acogida entre los estados partes y provocó debatescélebres entorno a la necesidad de avances más significativos en términos de políticaspúblicas. Fruto de ello será la Convención para la protección y promoción de la Diversidad delas expresiones culturales propuesta en el 2005 y en vigencia desde el año 200712.Ha sido sin duda como señalaba G. Yúdice 13 la constatación de que estas expresionesconstituyen hoy uno de los grandes recursos económicos y articulan un sector estratégicocómo es el de las industrias culturales y creativas, el detonante para la reacción políticainternacional. Desde la excepción cultural propuesta por Canadá y Francia hasta la rápidaratificación de la Convención de 2005, han transcurrido pocos años. La reacción política hasido la más significativa en la historia de la política cultural y, lo que es más importante, sevincula definitivamente con la cooperación internacional y, cada vez más con el desarrollo:9 UNESCO. Informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo. Javier Pérez de Cuellar coord.. Nuestra Diversidad Creativahttp://unesdoc.unesco.org/images/0010/001055/105586sb.pdf10 PNUD. IDH 2004. La libertad cultural en el mundo diverso de hoy http://hdr.undp.org/es/informes/mundial/idh2004/11 UNESCO. Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural. 2001 http://portal.unesco.org/es/ev.php-URL_ID=13179&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html12 UNESCO. Convención para la promoción y protección de la diversidad de las expresiones culturales. 2005http://unesdoc.unesco.org/images/0014/001429/142919s.pdf13 Yúdice,G., Desarrollo, derecho e industrias culturales, en Derechos Culturales y Desarrollo Humano. Publicación de textos deldiálogo del Fòrum Universal de las Culturas de Barcelona 2004. 13
  15. 15. Cabe hacer un comentario aquí acerca de las industrias culturales, sobre todo las que se dana conocer por las industrias del entretenimiento. Muchos siguen considerando estasindustrias como portadoras de imágenes y representaciones enlatadas enajenantes yhomogeneizantes, oriundas de la globalización de un común denominador muy bajo. Poresta y otras razones, las industrias culturales quedaron fuera del portafolio de muchosministerios de cultura y comunicación, y solo recientemente vienen entrando, sobre todo enpaíses como los de América Latina, donde por lo general pertenecían al sector privado. Perocomo ha escrito Carlos Monsiváis, el cine mexicano les enseñó a ser modernos a losmexicanos, es decir, los acompañó en los procesos de industrialización y crecimientourbano, generando toda una imaginería y unos modales para encarar esos procesos. Estecine popular es, pues, un patrimonio íntimamente ligado a la identidad en su momento decrisol nacional. El que hoy en día reconozcamos que hay otras identidades que no semodelan según esta imaginería, no quiere decir que esta se deba descartar, sino más bienque deba entrar en diálogo con la diversidad.En este sentido, capacitar para el diálogo intercultural y en la comprensión de la utilidad y elvalor de la diversidad de las expresiones culturales se convierte más que nunca en unaestrategia política compartida por la pedagogía, la cultura, la economía, el desarrollo y elmedioambiente.Desde lo local, las Agendas XXI14 de la cultura traducen el discurso internacional en términosde gobernanza comunitaria, local o regional. Reivindican el protagonismo de la ciudadanía yreclaman su participación en la definición y consenso de la definición de marcos deconvivencia pacífica para los que la alianza cultura y educación desde la perspectivaintercultural y de diversidad cultural es sumamente estratégica.Hacia una ética globalLas políticas de la diversidad y la interculturalidad necesitan, en este nuevo contexto,superar el relativismo cultural conceptual que ha obstaculizado los progresos en los últimostiempos. No todo es bueno en la cultura, ni todo es positivo en la diversidad. Sería un errorignorar el conflicto subyacente al diálogo, que de acuerdo con Rafael Argullol15, no seproduce entre las culturas sino que se da entre interlocutores particulares pertenecientes adistintas tradiciones culturales.Por todo ello, muchos autores defienden la necesidad de que la interculturalidad y ladiversidad cultural se vinculen al paradigma de los derechos humanos y que estos funcionencada vez mejor como garantía de políticas públicas democráticas globales, con un controlinternacional que les permita estar por encima de los partidismos y desajustes en laspolíticas estatales y locales. En este proceso se sitúan los avances en materia de declaraciónde los derechos culturales, un recorrido iniciado y que está avanzando de forma significativacomo así lo evidencian los números informes presentados por el Comité de DerechosEconómicos Sociales y Culturales y la reciente aprobación de la figura de una expertaindependiente en materia de derechos culturales.14 http://www.agenda21culture.net/15 Argullol, Rafael. Del Ganges al Mediterráneo. Un diálogo entre las culturas de India y Europa. Siruela 2004 14
  16. 16. Como señala la observación 21 del comité16: Los derechos culturales son parte integrante delos derechos humanos y, al igual que los demás, son universales, indivisibles einterdependientes. Su promoción y respeto cabales son esenciales para mantener la dignidadhumana y para la interacción social positiva de individuos y comunidades en un mundocaracterizado por la diversidad y la pluralidad cultural.Desde esta perspectiva, la educación intercultural, entendida como educación en diversidadcultural y las políticas culturales para la diversidad deberían poder consolidarse comoestrategias de gobernanza global en la escala planetaria (Edgar Morin):17El doble fenómeno de la unidad y la diversidad de las culturas es crucial. La cultura mantienela identidad humana en aquello que tiene de específico; las culturas mantienen lasidentidades sociales en aquello que tienen de específico. (…) Tenemos que enseñar no aoponer lo universal a las patrias sino a vincular concéntricamente nuestras patrias,familiares, regionales, nacionales, europeas y a integrarlas en el universo concreto de lapatria terrestre. Todas las culturas tiene sus virtudes y experiencias, sus saberes, a la vez quesus carencia y sus ignorancias.16 Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Observación general Nº21. Ginebra 2009http://www.observatoriopoliticasocial.org/images/PDF/Biblioteca/biblioteca_2010/ONU_docs/Observaciones_Comite_DESC/21_vida_cultural.pdf17 Morin, Edgar: els set coneixements necessaris per a l’educació del futur. Centre UNESCO de Catalunya Barcelona, julio 2000 15
  17. 17. Enfoque diferencialCarmen Cásseres HenryEstudiante del programa de Ciencia PolíticaUniversidad Tecnológica de BolívarEl paradigma del Estado- nación moderno se sustentó en la unidad de la colectividad social através de la supuesta homogeneidad de afinidades étnicas, culturales, históricas ylingüísticas. Este ideal fue también la base de fundación de la nación Colombiana antes de laConstitución de 1991: un Estado- nación mestizo, de religión católica, con lengua castellano,entre otros18.La manera como se definió en ese momento al país sentaba las bases para el accionar social,político y jurídico. Colombia era en las leyes un país culturalmente homogéneo; por tanto,no se necesitaba diversificar en cuanto a las particularidades socio- históricas y socio-culturales para la implementación de una u otra acción estatal. Se asumía que los efectos deéstas eran iguales para toda la población, sin distinciones históricas y culturales, y que todala población estaba en las mismas condiciones de acceso a la ley, a los derechos y a losbeneficios estatales, con igualdad de oportunidades para el bienestar social y económico.Más de cien años después de la anterior Constitución de 1886, el escenario social al querespondió la acción constituyente de 1991 era distinto: el conflicto social y político, elcontexto de globalización y la nueva visibilidad de colectivos étnicos y culturales, entreotros, cambiaban el contexto. Con la Constitución política del 1991 se reconoce al Estadocolombiano como "pluriétnico y multicultural” 19 y se estipula la protección de la diversidadétnica y cultural como una obligación constitucional, reconfigurado así la definición de lanación, los modos de convivencia y la intervención estatal. De modo que la diversidad y losderechos cobran desde 1991 vital importancia en la razón de ser misma del Estadocolombiano. El tema de “lo diferente y diverso” desde entonces no es coyuntural sino quepasa a ser estructural (Zambrano, 2003).Se aclara todo esto porque justo este contexto nacional es el que posibilita el uso actual delenfoque diferencial para definir las ciudadanías, ciertos derechos y las políticas públicaspoblacionales. Ahora bien, el propósito de este trabajo radica en detallar el panoramaconceptual en cuanto a la aplicación del mismo en políticas públicas diferenciales, laciudadanía diferencial y los derechos diferenciados para el caso de los grupos étnicosindígenas y Afrodescendientes. Para ello, cuenta con la siguiente estructura: una primeraparte que detalla generalidades sobre el enfoque diferencial y ejemplos jurídico- legalesconcretos para el caso colombiano; en segundo lugar, acercamiento a los detalles que tomael debate sobre el enfoque diferencial en derechos y ciudadanía; en tercer lugar, lascaracterísticas de la discusión del Enfoque diferencial en cuanto a políticas públicasculturales; y por último, una conclusión general del enfoque.18 Véase en detalle constitución política de 1886. Cap. 1: art. 1-519 Véase en detalle Constitución Política de 1991. Art. 7 16
  18. 18. La reflexión académica sobre el Enfoque Diferencial concuerda con los diversos esfuerzosinvestigativos sobre diferencia, diversidad, interculturalidad, multiculturalidad, nación,identidad, entre otras. El carácter de acción administrativa que toma este enfoque, permiteque algunas instituciones Estatales y cuerpos jurídicos se esfuercen por definir y aclarar elconcepto cuando lo usan; por ejemplo el ICBF (2007), sostiene que el enfoque diferencialpermite evidenciar las condiciones y/o situaciones de desigualdad que sustentan lanecesidad de intervenciones que disminuyan las condiciones de discriminación y modifiquenlas circunstancias de vulnerabilidad.Según Donny Meertens (2002), el Enfoque Diferencial “*...+ es un método de análisis quetoma en cuenta las diversidades e inequidades en nuestra realidad con el propósito debrindar una adecuada atención y protección de los derechos *…+. Parte de los principiosbásicos del libre ejercicio de los derechos, de la equidad y del reconocimiento de lasdiferencias entre los grupos poblacionales. Emplea un análisis de la realidad que pretende[en particular] hacer visibles las diferentes formas de discriminación contra aquellaspoblaciones consideradas diferentes y define las discriminaciones más relevantes en elcontexto de la crisis humanitaria y del desplazamiento”(8).De manera general, se entiende por enfoque diferencial a las intervenciones yacompañamientos que asumen las instituciones públicas y privadas, mediante políticas,planes, programas y proyectos, teniendo en cuenta la diversidad de identidades, asociadasal género, la edad, la etnia, la raza, la capacidad física, entre otros.Dentro de esta lógica, un aspecto relevante del enfoque diferencial es determinar haciadónde se dirigen dichas intervenciones y acompañamientos; si se dirigen a la protección y larealización de derechos, entonces la atención estatal20 está enfocada a la garantía yprotección de los derechos fundamentales de la población. No obstante, si la atención estadirigida más bien a la satisfacción de necesidades de la población, la acción estatal estaráorientada a la satisfacción de necesidades básicas de la población mediante la garantía deacceso a unos servicios específicos. Esta distinción es fundamental puesto que normalmenteentendemos que las garantías de acceso a ciertos servicios, es la realización efectiva dedeterminados derechos (Sánchez 2011).En Colombia existen varios instrumentos jurídico- legales que establecen los criterios deaplicación del Enfoque Diferencial permitiendo el desarrollo del mismo. La jurisprudenciaconstitucional ha reiterado la importancia de atender las necesidades específicas dediferentes sectores poblacionales, como desarrollo del derecho a la igualdad y a la nodiscriminación, y como mecanismo para proteger a los sujetos de especial protecciónconstitucional y a la diversidad étnica y cultural del país reconocido en la ConstituciónPolítica de 1991. Sobre este último aspecto, la Corte ha insistido en la necesidad de protegerla supervivencia cultural de los pueblos indígenas y las comunidades afrodescendientes. Conel objetivo de dicha protección, la corte constitucional se ha pronunciado a través de lassentencias T-602 de 2003, T-721 de 2003, T-025/04, y los autos 177 y 178 de 2005, 218 y333 de 2006 y 005 de 2009.En el caso particular del Auto 004 de 2009 por ejemplo, se estipula la incorporación de unenfoque diferencial para las intervenciones que se realicen entre colectivos indígenas en20 Se enfatiza en acciones de tipo estatales puesto que es el Estado el primer directo responsable de implementar maniobrasde este tipo. Las implementadas por los entes privados, son complementarias a las acciones estatales. 17
  19. 19. situación de desplazamiento. Este enfoque se relaciona con el cumplimiento del principio dediversidad étnico-cultural y con el concepto de multiculturalismo, los cuales reivindican unreconocimiento político oficial de la pluralidad cultural y un tratamiento público equitativode todas las colectividades culturales.Para el caso Afrodescendiente, tenemos el Auto 005 de 2009 en el que se estipula laprotección diferencial de los derechos fundamentales de la población Afrodescendientevíctima del desplazamiento forzado. El Auto 006 de 2009, que establece la protección de laspersonas desplazadas con discapacidad.Cabe señalar también, el Auto 251-08 de 2008, que declara la protección de losderechos fundamentales de los niños, niñas y adolescentes. Además, la Ley 19.253 de 1993para la población indígena, la Ley 70 de 1993 para población Afrodescendiente, la Ley 371 de1997 para población discapacitada, la Ley 375 de 1997 para la Juventud, la Ley 1098 para lainfancia y la adolescencia, la Ley 1251 de 2008 para el adulto mayor y la Ley 1257 de 2008,son criterios jurídico- legales generales para aplicación de enfoque diferencial poblacional enColombia.Enfoque diferencial, ciudadanía y derechosLos grupos históricamente excluido, en razón a su etnia, raza, sexo, identidad de género,ciclo vital, discapacidad, entre otras, reivindican hoy el ejercicio de una ciudadanía desde elreconocimiento y la redistribución, desde la libre escogencia de llevar el tipo de vida quedesean, de acuerdo a sus preferencias y capacidades. Esto ha generado procesos deautoafirmación frente a la opción de ser distinto, de ser diferente, sin perder la capacidad dedisfrutar y participar de las demás opciones humanas. Es decir, el derecho a ejercer unaciudadanía desde la diferencia en escenarios de una democracia participativa, de inclusiónigualitaria de ciudadanos y ciudadanas en la escena política y en la toma de decisiones en laesfera intima, privada y pública (Castell, 1997).La ciudadanía diferencial es producto del Multiculturalismo e intenta posibilitar que tantoindividuos diferenciados como individuos no diferenciados, interactúen en la sociedad nosolo con las mismas oportunidades sino en las mismas condiciones y de la misma calidad.Todo esto, tiene sentido en sociedades multiculturales y pluriétnicas como la colombiana, sien el ámbito público es posible la pluralidad en la que participen diversos valores y retoricas(Frasser, 1993). En este sentido, el fundamento es el respeto por la diversidad.Esta idea de respeto a la diversidad, pone en cuestión la concepción tradicional de laciudadanía ajena al pluralismo cultural, donde el ciudadano era simplemente un “nacional”,condicionado desde ciertos deberes y derechos. Al surgir con fuerza la sociedad colombianaactual toda una serie de manifestaciones de carácter cultural y étnico, se impone unarevisión del término de ‘ciudadanía tradicional’, por un concepto de ciudadanía amplio quealbergue la diferencia en todas sus expresiones, ‘ciudadanía diferenciada’(Guichot, 2001).Si entendemos la ciudadanía como un concepto que integra un conjunto de derechos,responsabilidades y una identidad (Cortina 1997), hablar de ciudadanía para gruposexcluidos socio- históricamente y que en la actualidad se autoafirman como diferentes, eshablar de ciudadanía diferencial y de derechos diferenciados (Kymlicka, 1995; Mosquera &León, 2009). 18
  20. 20. Tanto la ciudadanía diferencial como los derechos diferenciados son actores del escenariopropio de las democracias liberales donde se debe compensar las diferencias existentes enel conjunto de sujetos, con la finalidad de igualarlos en cuanto a oportunidades conreferencia al resto de la sociedad, dado que los individuos que son diferentes a la culturadominante en muchas ocasiones están en desventaja de competencia con respecto a está.Por tanto, la idea de dicha compensación mediante ciertos derechos es garantizarles a losindividuos diferenciados (etnia, género, capacidad, etc.) igualdad de competencia conrespecto al resto. Con respecto a esto, lo que sostienen los “liberales multiculturalistas”,como Kymlicka (1995) es que, precisamente para que las personas que pertenecen a grupossocio-culturales vulnerables puedan ejercer sin restricciones sus derechos individuales -reconocidos jurídicamente en las democracias liberales modernas – se hace necesariopostular, para estos casos, derechos diferenciados especiales. Se trata de asignar derechosdiferenciados especiales a los grupos vulnerables para facilitar el acceso al ejercicio de losderechos individuales perteneciente a cada uno.Es necesario enfatizar la importancia de pensar más allá del marco de acciones Estatales, yconcebir las ciudadanías diferenciales- y también el enfoque diferencial- como laacomodación de las diferencias culturales y/o diferencias socio- económicas en la realidadsocial (Kymlicka, 1995) y a la comunidad política como actores decisivos y preparados(Kymlicka, 1995: 240). En este sentido, se invita a enfoque diferencial de manera relacional,las lógicas de reciprocidad e interdependencia de las reivindicaciones de los individuosteniendo en cuenta sus diferencias (Jiménez, 1995). Así, el enfoque diferenciasl debe salirsedel marco exclusivo del código estatal para dar un mayor margen en el código social dondese ponga de manifiesto que la ciudadanía es una expresión de la sociedad, antes que delEstado (Herrera & Soriano, 2005; en Mosquera & León, 2009: pág. 48).Derechos diferenciadosLos sujetos de los derechos diferenciados especiales son los ciudadanos. Pero hay quetratarlos diferenciadamente para hacer posible la igualdad de oportunidades puesconvivimos en contextos sociales y culturales fuertemente asimétricos. Los derechosdiferenciales especiales no son los privilegios de los pobres, Gays, jóvenes, adultos mayores,discapacitados, Mujeres, Afros o indígenas. Por el contrario, se trata de evitar que losderechos básicos de los colectivos menospreciados se queden en un plano puramenteformal. Así, existen unos derechos fundamentales y unos derechos especiales sin los cualeslos derechos fundamentales son irrealizables en ciertos individuos. Los derechosfundamentales son invariables, válidos para todos en cualquier circunstancia. Los derechosdiferenciados especiales son variables y dependen de las circunstancias de los gruposvulnerables (Mosquera & León, 2009). Bajo esta lógica, se hace necesario diferenciar laciudadanía según los contextos para que la tolerancia cultural y la igualdad deoportunidades puedan ser un hecho real y no sólo una normatividad ideal.Entonces, el reto de la aplicación del enfoque diferencial para definir las ciudadanías y losderechos en las poblaciones indígenas y afrodescendientes, incluye la reflexión sobre si esposible complementar la protección de los derechos civiles individuales es decir, los quetodos tenemos (teoría liberal tradicional), con el otorgamiento de derechos diferenciado porla condición étnica y étnico-racial, los cuales son igual de coherentes con los principiosbásicos de libertad individual y justicia social (Kymlicka, 1995; pág. 239), o sea, no desvirtúala forma como los sujetos que componen una sociedad democrática se consideran a símismos: libres, iguales e inviolables en su dignidad de personas. 19
  21. 21. Para concluir, la ciudadanía diferenciada se asocia con una pertenencia plena a lacomunidad política como miembros de la misma. Esa pertenencia supone más que unacoincidencia de derechos y deberes entre los diversos sujetos que componen la sociedadpolítica; apunta a una conciencia de estar integrados en una comunidad dotada de identidadpropia, sobre la que existen sentimientos de afecto y lealtad; una conciencia de grupo queno se puede establecer solo con vínculos legales. Esta ciudadanía hay que concebirla desdela cohesión social, porque el déficit de adhesión (Cortina, 1997: 27) no permite llevaradelante los proyectos políticos que requieren colaboración activa en la búsqueda de bienescomunes. A través de un núcleo de adhesión edificado sobre la base de unos mínimos dejusticia (Cortina, 1986) compuestos por los valores que todos los indígenas, afros, mujeres,jóvenes, discapacitados, adultos mayores, entre otros comparten al menos como idealesdeseables.Políticas públicasComo se mencionaba antes, en la base del enfoque diferencial está el reconocimiento de ladiversidad, la cual, según Zambrano (2003) debe estar necesariamente implícita en unaverdadera política pública, si entendemos que la diversidad “transversaliza a todas lasacciones de las sociedades, comunidades y Estados”. Se desprende de aquí que “no haypolítica pública colectiva que no esté orientada por y hacia los ciudadanos adscritos agrupos diferenciados (género, etnia, religión, capacidad); si todas las colectividades sondiferentes, en consecuencia, no podrá haber política pública –que se precie de serlo- que dejede considerar la diversidad” (xxi).Una política pública diferencial tiene por objetivo promover la igualdad de tratamiento entrelos diversos grupos socioculturales que componen la nación, a los cuales se les reconoce sudignidad públicamente. Esto consiste, en primer lugar, en sostener la legitimidad deexpresión cultural y política de estos grupos. Por otro lado, se encuadra en la posibilidadinstitucional de disposición de programas de tratamiento preferencial o Acción Afirmativa,que permiten el acceso de todos los grupos a la igualdad y que se esfuerzan en corregir ycompensar los efectos de las discriminaciones negativas, directas o indirectas (Cuchen 2003:124).Una política pública diferencial asume sin dilatación los derechos diferenciados de losgrupos vulnerables. También, intenta transformar los factores estructurales de desigualdady discriminación histórica de estos grupos, con equidad y respeto a la diferencia.Para finalizar, si el enfoque diferencial es la dirección que facilita la planeación, atención yapropiación orientada a diferentes sujetos y colectivos a partir de sus características ynecesidades propias, tal y como sostiene Ministerio de Cultura (2010), una política públicacon enfoque diferencial, reconoce efectivamente el ser y la decisión de ser –identidad-, lasformas y prácticas del ser – cultura- y lo que le corresponde materialmente al ser –patrimonio-, a partir de ello responde a la dimensión estructural y coyuntural de vulneraciónde los derechos fundamentales de la población diferenciada (Afrodesc 2010).En conclusiónEl multiculturalismo requiere de acciones políticas concretas y es justo allí donde el enfoquediferencial- como política pública, noción de ciudadanía y conjunto e derechos- adquiere 20
  22. 22. incidencia y relevancia, puesto que intenta dar sentido y mayor operatividad a dichasacciones. A través del enfoque diferencial identificamos las particularidades de los procesossociales y los indicadores que permitan evidenciar las disparidades en las relaciones sociales;estos indicadores, al mismo tiempo, dan la posibilidad de sentar las bases para el diseño depolíticas, programas y proyectos.El enfoque diferencial es una cuestión de equidad y justicia, que permite a los grupossociales vulnerables definir sus modelos de desarrollo, teniendo en cuenta la realidadsociocultural, considerando que la equidad es diferente de igualdad.Debemos tener presente que, este enfoque no es la solución única a todos los problemas deexclusión y discriminación social existentes. Su impacto social será mínimo si su ejercicio deaplicación es meramente diagnosticar necesidades y visiones de mundo de los gruposvulnerables; la implementación de este enfoque requiere del acompañamiento institucionaly la decisión política para transformar los factores estructurales y coyunturales devulnerabilidad, con el propósito de avanzar hacia el desarrollo humano en la diversidad yequidad. 21
  23. 23. Acciones afirmativasEloisa Berman- L+ID- UTBCarmen Cásseres Henry- UTBTomando como base lo expuesto por Mosquera (2009) las Acciones Afirmativas se concibencomo políticas e iniciativas temporales que suministran a un determinado grupo socialhistóricamente discriminado por raza, etnia, religión, género, orientación sexual u origen, untrato preferencial en la distribución y acceso a ciertos bienes, recursos y servicios sociales(González, 2010), de manera que se garantice la igualdad formal y de facto entre todos losciudadanos. Las políticas de acción afirmativa varían ampliamente en su justificación,alcance y en la diversidad de grupos que incluyen, desde acciones para atraer a miembros deciertos grupos a espacios institucionales (escuelas, hospitales), hasta cuotas específicasdesignadas para cada uno de los grupos en ciertas instituciones (cupos universitarios paraetnias, cuotas para mujeres en cargos estatales, etc.).El intento más amplio registrado para avanzar la consolidación conceptual de este término,lo protagonizó Naciones Unidas, que en 1998 solicitó una investigación para estudiar elconcepto y la práctica de la acción afirmativa. Al finalizar este trabajo en 2001, se propusouna definición básica, según la cual “la acción afirmativa es un conjunto coherente demedidas de carácter temporal dirigidas a corregir la situación de los miembros del grupo alque están destinadas en un aspecto o varios de su vida social para alcanzar la igualdadefectiva” (Naciones Unidas, 2001).Las políticas de acción afirmativa surgen en el contexto jurídico norteamericano, a partir delas circunstancias sociales y políticas de la década de los 60s. En ese momento, lamovilización de activistas de derechos civiles resultó en una intervención decidida del Estadopara remediar la evidente discriminación a la cual eran sometidos los afro-americanos,buscando hacer efectivos los derechos de libertad e igualdad ante la ley consagrados en laConstitución Americana y garantizar la implementación efectiva la Ley de Derechos Civilesde 1964. En las décadas siguientes, las acciones afirmativas incorporaron progresivamente aotros grupos sociales discriminados con base a género u origen.En vista de la existencia de discriminación e injusticias cometidas diferencialmente haciagrupos sociales particulares en estados multi-étnicos o multi-raciales, y por la influencia deinstituciones y políticas multilaterales, un sinnúmero de países han adoptado medidasafirmativas, ajustándolas a sus contextos particulares. La tendencia hacia programaspreferenciales para revertir la discriminación y exclusión, que continúa hoy, se ve reflejada aen tratados y convenciones internacionales de derechos humanos que contemplan el uso deacciones afirmativas como medidas temporales para erradicar la discriminación.Los diferentes contextos en los cuales se diseñan y aplican estas medidas hacen que existauna amplia gama teórica para definirlas, resultando en la dificultad de hacer una definiciónuniversal de las mismas (Mosquera 2009). Sin embargo, existe una serie de elementoscomunes, fundamentales para entender el concepto. Es importante entender que se tratade instrumentos de política pública, son intervenciones del Estado que buscan mejorar unasituación de discriminación e injusticia particular; esto implica que ocurren en un contextode desigualdad y discriminación. 22
  24. 24. Estas intervenciones del Estado son sugeridas como “deseable ético” a los poderes públicosy a la sociedad civil (Mosquera 2009), ligado a deberes y principios jurídicos, que serelacionan prioritariamente con la libertad e igualdad ante la ley.Las acciones afirmativas se basan fundamentalmente en los principios de justiciacompensatoria, justicia distributiva y utilidad social (Camacho, Lara y Serrano, 1996, enLeón y Holguín, 2004). Estos tres principios dan luces sobre la naturaleza y alcance de lasacciones afirmativas:Bajo el lente de la justicia compensatoria, las acciones afirmativas son instrumentosimplementados para revertir situaciones históricas de discriminación y marginación; buscancompensar una situación pasada y “nivelar” la situación de dichos grupos para lograr laigualdad de oportunidades. Siguiendo a Fernández Poncela (2000) las acciones afirmativastienen como objetivo “borrar o hacer desaparecer la discriminación existente en laactualidad o en el momento de su aplicación, corregir la pasada y evitar la futura, además decrear oportunidades para los sectores subordinados” (48). Es bajo esta lógica que lasacciones afirmativas tienen un carácter temporal, tanto por hacer referencia a un pasado dediscriminación, como por actuar bajo el supuesto que, después de cierto tiempo, ya no seránnecesarias acciones preferenciales.La justicia distributiva se relaciona con la asignación equitativa de bienes, servicios y otrosrecursos por parte del Estado, evidenciando la relación entre la discriminación/exclusión y elbienestar social y económico. Mediante las acciones afirmativas el Estado busca procurarque los grupos sociales discriminados tengan las mismas garantías y oportunidades que elresto de la población para lograr una mejor calidad de vida, constituyéndose en unacaracterística intrínseca al Estado Social de Derecho.Finalmente, tomando la perspectiva de la sociedad en su conjunto, las acciones afirmativasincorporan el principio de utilidad social, lo cual supone que las medidas compensatorias ydistributivas hacia ciertos grupos maximizan el bienestar de la sociedad en su conjunto.Otro aspecto importante para entender las acciones afirmativas tiene que ver con laigualdad formal y la igualdad de hecho: las medidas afirmativas surgen al reconocerse que lanormatividad formal no es suficiente para garantizar la igualdad de hecho. En este sentido,las acciones afirmativas tienen por objeto establecer una igualdad de oportunidades no sólocomo igualdad ante la ley, sino como igualdad real en la práctica y los resultados (León yHolguín 2004).Desde su primera aparición a mediados de los 1960s, las acciones afirmativas han sidoobjeto de críticas y debate. La controversia sobre este concepto y las diferentes formas deimplementación se ha dado en el ámbito jurídico y académico, pero también ocurre demanera muy visible y frecuentemente conflictiva en esferas políticas y sociales. Entre laspercepciones más comunes- tanto sociales como académicas- está la idea que las accionesafirmativas son racistas en sí mismas, generadoras de categorías de diferenciación eintensificadoras de la posición paternalista hacia grupos considerados “débiles”.Igualmente, existe la percepción de que las acciones afirmativas generan injusticia al asignarpreferencia a determinados grupos, potencialmente en detrimento de otros.Estas percepciones se ven reflejadas en el debate jurídico y académico, el cual toca variospuntos. Por un lado, una de las críticas tiene que ver con la estigmatización de un 23
  25. 25. determinado grupo, contribuyendo a la perpetuación de la discriminación (Sandel 2009);ésta ha sido refutada parcialmente con base en la experiencia de países como los EstadosUnidos, en donde si bien ciertos grupos que fueron favorecidos por estas medidas enprincipio fueron objeto de una mayor hostilidad y discriminación, con el paso del tiempo, ya medida que estas acciones fueron creando mayores y mejores niveles de inclusión yparticipación sociales, dichas hostilidades cesaron con el beneficio adicional de una mayorparticipación en la vida pública y económica, motivación de un cambio profundo en laconcepción de estos grupos por parte de las mayorías (Dworkin 1988: 272).Sin embargo, continúa el debate sobre la idoneidad de un trato diferencial por parte delEstado y la consecuente afirmación de la diferencia, con el objetivo aparentementecontradictorio de promover la igualdad efectiva. Aquí, surge la cuestión del respeto aprincipios constitucionales como la igualdad de los ciudadanos ante el Estado, lo cual haceque se cuestione el uso de medidas discriminatorias por parte del mismo, si bien en estoscasos se trate de una discriminación “a la inversa”. En el caso particular de las políticasdirigidas a los afro-descendientes, se podría afirmar que las acciones afirmativas promuevenel uso de un criterio racial para el acceso a recursos, lo cual entra en contradicción conprincipios constitucionales que prohíben el uso de la raza como motivo de discriminación(González Jácome 2006).Otras voces críticas ven estas medidas como intervenciones Estatales paternalistas que noson estrategias efectivas para generar inclusión y participación política diversa, puesto queésta es un proceso social complejo que requeriría de un cambio de mentalidad (Sandel,2009). Argumentos en contra de esta posición señalan que las acciones afirmativas sí hanmejorado las condiciones de cómo ciertos grupos minoritarios se integran a la sociedad,alcanzando niveles de educación y tipos de inserción laboral que permiten mayor incidenciapolítica (Dworkin 1988).Dentro de la normatividad constitucional y jurisprudencial colombiana se han definidoalgunos grupos que por su marginalidad, discriminación y vulnerabilidad son sujetos deacciones afirmativas. Los grupos especialmente protegidos son las mujeres, las personas dela tercera edad, los discapacitados, los grupos étnicos, los desplazados por la violencia y lasminorías políticas. La protección especial hacia estos grupos y la idea de acción afirmativaencuentra su fundamento normativo en el artículo 13 de la Constitución Política deColombia (Presidencia de la República, 1991), en donde se señala en el segundo inciso que elEstado promoverá las condiciones para que exista igualdad real y efectiva entre losciudadanos y adoptará medidas a favor de los grupos discriminados o marginados. Unejemplo legal en Colombia es la “Ley de Cuotas” (Ley 581 de 2000) en donde se obliga a laadministración pública a tener un porcentaje determinado de mujeres en los órganos dedecisión.En el Caribe Colombiano y en Cartagena en particular, el caso de mayor relevancia actual esel de las acciones afirmativas para personas afro-descendientes, fundamentadas en que ladiscriminación especial a la que ha sido sometida esta población ha llevado a que tenganmayor nivel de necesidades básicas insatisfechas, razón por la cual la Corte Constitucional enla sentencia T-1090 de 2005 señala que los afro-descendientes deben gozar de especialprotección y promueve las acciones afirmativas como un mecanismo que corrige lasinequidades que presentan ciertos grupos ( González Jácome 2006). 24
  26. 26. El carácter relativamente reciente de las acciones afirmativas en Colombia y el CaribeColombiano, así como sus evidentes implicaciones sociales y políticas, hacen que sea untema actualmente objeto de fuertes debates y controversias. Hemos visto que lo anterior nose limita al contexto local, sino que hace parte de la naturaleza misma de este tipo deacciones Estatales que intentan hacer compatible la igualdad y la diferenciación. En estetexto hemos intentado ilustrar a grosso modo el panorama general existente en cuanto alconcepto y la práctica de las acciones afirmativas, delineando las posiciones básicas en tornoa un debate social que nos toca a todos los habitantes de ciudades y regionesmulticulturales, debate que transciende las visiones jurídicas y académicas para situarse enlas esferas de las relaciones sociales cotidianas. 25
  27. 27. Identidades e identificación étnica y culturalEloísa BermanL+ID- Universidad Tecnológica de BolívarEn las últimas décadas, las identidades étnicas y culturales se han convertido en marcadoresfundamentales de la diversidad y la diferencia, sirviendo de base para nuevas formas deciudadanía, participación política, interacción social y acción Estatal. El surgimiento yvisibilidad de las identidades culturales ha significado un cambio radical en las sociedades depaíses Latinoamericanos, poniendo de relieve la importancia de la cultura en el campo de lopúblico y como base para la acción política. Sin embargo, la identidad es un concepto quedifícilmente refleja la complejidad de los procesos sociales que influyen en la manera cómolas personas se identifican colectivamente. La institucionalización de la identidad étnica ycultural y el uso de este concepto en escenarios de debate público, representa un reto en latraducción de las dinámicas cotidianas y la negociación de identidades que se da en lainteracción social, a las necesidades y lógicas institucionales y las prácticas políticas. En estereto tienen un papel importante las teorías, conceptualizaciones y debates que tienen lugardesde la academia, las cuales intentan reflejar la realidad práctica y también dar luces parael diálogo y resolución de los conflictos y tensiones.Al interior de muchas disciplinas de las ciencias humanas y sociales se ha realizado unarevisión crítica del concepto de identidad. Hoy en día se cuestiona la idea de una identidadintegral, originaria y unificada que se basa en características “esenciales” de ciertos grupos(identidades “esencializadas”). En este texto, nos centramos en la crítica anti-esencialista delas identidades culturales y étnicas, como punto de partida para el debate actual sobre laidentidad. Esta revisión involucra dos temas clave: una es el re-pensar la “cultura” y porende la “identidad” como algo que es cambiante, fragmentado, con múltiplesterritorialidades, sujeto a múltiples interpretaciones y representaciones; el otro tiene quever con el carácter político y relacional de las identidades, en el marco de lo cual se dandebates sobre su uso instrumental vs. su desarrollo “endógeno”, y se piensan lasidentidades desde las “políticas de la identidad” (Hall 2003).A continuación, se delinean algunos de los aportes académicos que más han influido en eldebate reciente sobre las identidades.“Cultura” e identidadesEn las últimas décadas ha habido importantes transformaciones en la manera de entender elconcepto de cultura, las cuales han puesto en cuestionamiento las ideas de culturadesarrolladas desde la antropología clásica, aportando a la comprensión de los debates ycontradicciones actuales en torno a la identidad. Durante la mayor parte del siglo XX, primó en las diferentes escuelas de pensamientoantropológico una idea de culturas como unidades, patrones o sistemas cerrados que debíanser considerados individualmente; culturas que constituían una unidad integrada, confronteras definidas y relativamente estables en el tiempo; culturas con rasgos distintivos ocaracterísticas esenciales (sistemas de parentesco, cosmogonías, etc.) que podían serdescritas objetivamente para obtener una radiografía veraz de las sociedades. Primaba, altiempo, una distinción clara entre sociedades “modernas” y no- modernas o primitivas, yentre comunidades locales y procesos nacionales o globales. 26
  28. 28. Desde los años 70s han surgido enfoques alternativos desde los cuales se aborda la culturano como algo estático e integrado, sino como una multiplicidad de procesos situadoshistóricamente, en los cuales hay una permanente interacción e influencias mutuas entre lolocal y lo global, entre la modernidad y los grupos convencionalmente considerados no-modernos. A demás, se reconoce una dimensión “construida”, “interpretada” y“representada” de la cultura: más allá de que existan rasgos o características “reales” quepuedan ser observados y descritos desde afuera, la cultura consiste también en una “tramade significados” que los individuos o grupos le otorgan a las acciones; es una forma deinterpretarse a sí mismos y al mundo (Geertz 1987). Igualmente, lo que entendemos comocultura y sus características está mediado por el lenguaje de las ciencias sociales, pordiscursos y representaciones que distan de ser radiografías objetivas de una Verdad acercade las sociedades y culturas.Bajo la influencia de formas más tradicionales de aproximarse a la cultura, se reconocenposiciones “esencialistas” sobre las identidades las cuales se concibe la “identidad” como unreflejo fiel de una “cultura” claramente definible. En esta visión no se reconoce el procesopolítico relacionado con las representaciones y discursos de identidad, las posiblesfragmentaciones y fisuras dentro de esa identidad colectiva, o el carácter dinámico yrelacional de la identidad. En el otro extremo, existen posiciones instrumentalistas queconciben la identidad únicamente como un recurso que se “inventa” estratégicamente enfunción de una negociación política. A pesar de constituir posiciones opuestas, en ambassubyace la idea de que existe un “yo colectivo verdadero, más profundo y oculto tras losuperficial, que un pueblo con una ascendencia e historia compartidas tiene en común” (Hall2003: 17). Hoy en día, se hacen importantes llamados a ir más allá de la dicotomíaesencialismo vs. instrumentalismo, invitándonos a reconocer la co-existencia entre unadimensión discursiva, política y estratégica de la identidad étnica, situada en contextos másamplios, y una etnicidad moldeada por procesos culturales endógenos y cotidianos, orígenescomunes, solidaridades, experiencias e historias compartidas (Li 2000; Assies 2000: 5, Hall2003; Hoffman y Rodríguez 2007: 26).Las identidades relacionalesDesde 1969, el antropólogo Frederik Barth reconoció que la etnicidad incluía una dimensiónsubjetiva: los “grupos étnicos”, además de tener unos rasgos culturales y genealógicoscomunes, eran categorías de identificación usadas por sus miembros para organizar lainteracción con otros grupos (Barth 1969/1976: 10-11). Barth introdujo la idea de laconstrucción de fronteras de la etnicidad como marcadores de la diferencia en contextosmulticulturales, abriendo el camino para reconocer el carácter relacional de las identidadesétnicas y culturales. Hoy en día, reconocemos entonces que las identidades étnicas yculturales son un fenómeno propio de los Estados multiculturales modernos, en la medidaen que los grupos hasta el momento excluidos del imaginario de la Nación reivindicanidentidades diversas y diferentes., Estos grupos no están aislados y es precisamente lainteracción con un contexto más amplio lo que moldea en buena medida las característicasidentitarias y las fronteras de pertenencia. En este proceso relacional, las fronteras- losmarcadores de pertenencia o exclusión- son inestables y se definen con criterios variables ycon frecuencia ambiguos (Ramírez 2003: 162). Así por ejemplo, la pregunta de qué es serindígena o afrocolombiano puede contestarse de múltiples maneras, según múltiplescriterios, algunos objetivos y otros subjetivos, dependientes del lugar, el momento y elcontexto social y político. 27
  29. 29. Así, las características de los grupos étnicos o culturales están sujetos a un “juego de ladiferencia”, en el cual se marcan y reiteran permanentemente los límites, en lugar de sersignos de una única y naturalmente constituida “identidad”, como se entendíatradicionalmente (Hall 2003: 16).Con relación a lo anterior, es importante resaltar que el establecimiento de límites frente alOtro y la definición de identidades colectivas hacen necesaria una determinadarepresentación de esos sujetos colectivos: las identidades se constituyen dentro de larepresentación (Hall 2003:18). De esta manera, se enfatiza una homogeneidad interna, seresaltan ciertos rasgos sociales y culturales y se re-articula una tradición como parte del“juego de la diferencia”. Las posturas críticas frente a la representación de las identidades ya autoadscripción a ellas, reduce este proceso a un “esencialismo estratégico”: los grupos serepresentan haciendo uso de características esencializadas, generalmente incentivadas porlas políticas multiculturales. Sin embargo, se reconoce por otro lado que la pertenencia a ungrupo y la construcción de su identidad “responden también a dinámicas internasrelacionadas con la memoria colectiva, la identificación con otros al interior del grupo, elcompartir campos lingüísticos, interpretativos o simbólicos cotidianos” (Hoffman yRodríguez 2007: 27).Identidades: Procesos o categorías?De la misma manera en que las culturas están en permanente transformación, también lasidentidades están sujetas a un proceso de re-definición permanente. Cambian las manerasde interpretar la historia y lo “propio”, cambia su traducción al discurso frente al contextomás amplio, cambian los énfasis, los límites de inclusión y exclusión, y cambia también laadopción simultánea de otras identidades o los énfasis en identidades particulares.Acogiendo esta forma de entender de las identidades como procesos, muchos autores handejado de hablar de identidad para privilegiar nociones más dinámicas como“identificación”, un matiz que puede parecer mínimo pero que es de hecho fundamental.Este cambio implica “descentrar la mirada hacia los procesos y no hacia situaciones fijas enun tiempo y espacio determinados” (Hoffman y Rodríguez 2007: 14). Al hablar deidentificación, se resalta el diálogo entre los sujetos, prácticas e interpretaciones endógenasy la generación de discursos y representaciones de la identidad. Igualmente, pensar enprocesos de identificación hace que se evidencien las interconexiones, mezclas ytransgresiones de categorías identitarias. Los grupos e individuos tienen la capacidad yagencia para manejar y asumir simultáneamente una multiplicidad de identidades (Hoffmany Rodríguez 2007) y pertenecer a múltiples colectivos; así como de re-definir las categoríashacia unas a veces más híbridas, a veces más cerradas.Finalmente, pensar en términos de proceso nos lleva a incorporar una idea de “futuro” enlos las identidades: las identificaciones particulares retoman o reivindican elementos delpasado como un recurso para el futuro. “En realidad las identidades tienen que ver con eluso de los recursos de la historia, la lengua y la cultura en el proceso de “devenir” y no de“ser”; no de “quiénes somos” sino en qué podríamos convertirnos, cómo nos hanrepresentado y cómo nos representamos en consecuencia (Hall 2003: 17-18)”.La dimensión política de las IdentidadesEl surgimiento de las identidades étnicas y culturales en el contexto de nuevas concepcionesde Estado y ciudadanías multiculturales, nos llevan a entender que su significación yarticulación tienen una fundamental dimensión política. Los conflictos, reivindicaciones y 28
  30. 30. diálogos entre los movimientos sociales, el Estado, ONGs y agentes de escala global, ocurrenen medio de relaciones de poder marcadas por las diferencias culturales, en la medida enque cada uno encarna diferentes significados y prácticas culturales (Escobar et al 2001).Desde los movimientos sociales, el establecimiento de esta “política cultural” se sustentaen una política de la identidad (Del Cairo y Rozo 2006) en la cual las identidades juegan unpapel central para la cuestión de la agencia y las negociaciones políticas de los movimientossociales (Restrepo 2005: 213).Atendiendo a lo anterior, es frecuente abordar el análisis de los procesos identitarios usandoel concepto de “políticas de la identidad”, en las cuales las categorías de identidad seentrelazan con lo cultural y lo político (Hale 1997). Esta idea se fundamenta en el carácterrelacional de las categorías de identidad y las sitúa en el marco de estrategias donde lacultura se traduce en recurso político (Del Cairo y Rozo 2006: 110). Desde una ubicacióncultural particular dentro de la sociedad, se desafían las categorías universales que tienden asuprimir esa particularidad; esta “ubicación” implica una memoria social, una conciencia yunas prácticas distintivas, así como un lugar dentro de la estructura social (Hale 1997: 568),y sus reivindicaciones implican estrategias que apelan a la identidad como recurso político.(Del Cairo y Rozo: 110)ConclusiónEl surgimiento de las identidades étnicas y culturales como temas de interés público ypolítico ha generado una amplitud de debates y re-conceptualizaciones desde la academiaque nos ayudan a entender sus contradicciones y conflictos, y nos dan luces sobre cómoabordarlo de maneras más creativas y cercanas a las realidades sociales.Si bien es importante reconocer la dimensión discursiva, política e instrumental de lasidentidades étnicas y culturales, afirmar que la identidad responde únicamente a estos finessería desconocer que existen historias, experiencias, interpretaciones y prácticas comunes,particulares y localizadas, una dimensión endógena de las elaboraciones y expresionesidentitarias (Hoffman y Rodríguez (2007: 26).Por otro lado, queda claro que las categorías institucionalizadas del reconocimiento étnicoson limitantes: excluyen a ciertos grupos y congelan procesos que son por naturalezadinámicos. Sin embargo, los sujetos tienen la capacidad de “posicionarse en los intersticios,en espacios construidos fuera de las normas multiculturales”, usando múltiplesidentificaciones, generando representaciones con características que se negocian en lapráctica, y desplazando los criterios de identificación hacia lo racial, lo social, lo local, etc.(Hoffman y Rodríguez 2007:20). A pesar de esta capacidad social de subvertir las categoríasmulticulturales o “desordenar el espectro del multiculturalismo” (Hale 2002: 524), lospeligros de favorecer identidades esencializadas deben considerarse de manera seria yprofunda si se quiere contribuir de manera más amplia a la igualdad y la justicia social. Deahí la importancia de que se amplíen las políticas multiculturales hacia sectores de lapoblación por fuera del discurso de lo étnico.Vemos que el tema de las identidades en el marco del multiculturalismo amerita reflexionesy discusiones; no está exento de conflicto, de tensiones y de contradicciones. Lejos de ser unmotivo de deslegitimación del reconocimiento étnico y cultural, lo anterior se constituyeprecisamente en su mayor potencial: la política del reconocimiento puede iniciar el diálogo yla reflexión pública sobre la identidad de la colectividad y las diversidades dentro de ella,sobre las nuevas y antiguas narraciones del “nosotros” y “los otros”, sobre las identidades 29
  31. 31. regionales o nacionales aparentemente unitarias y la necesaria reconstitución de éstas antelas reivindicaciones de grupos que históricamente no han tenido voz en estos relatos(Mosquera 2011). 30
  32. 32. Raza y etnicidadEloísa BermanL+ID-Universidad Tecnológica de BolívarLas nociones de “raza” y “etnia” están hoy en día, explícita o implícitamente, en el lenguajecotidiano de los ciudadanos, las instituciones y los medios de comunicación. No obstante,abundan interpretaciones y efectos no-intencionados, frecuentemente conflictivos, del usode los términos, así como una generalizada falta de claridad sobre el significado actual y losantecedentes históricos, teóricos y políticos de estos conceptos.Con frecuencia “raza” y “etnia” se utilizan de manera intercambiable. Sin embargo, son denaturaleza radicalmente diferente: mientras la “raza” es un concepto nacido en la Europadel siglo XVIII que pretende hacer una categorización científica de los seres humanos basadaen la identificación “objetiva” de rasgos biológicos, la etnicidad es un concepto máscontemporáneo que involucra la afirmación propia de la pertenencia a un colectivo socio-cultural, la afirmación de identidades y la articulación de éstas con un contexto político ycultural más amplio. No es de sorprender, por tanto, que hablar de “raza” en el debatepúblico genere controversias; tampoco sorprende que aludir permanentemente a la“etnicidad”, genere confusiones y ambigüedades.RazaLa idea de Raza emerge a finales del siglo XVIII en Europa, coincidiendo con las revolucionescientíficas de la época. Bajo esta noción se agruparon ideas acerca de la diversidad biológicay las diferencias físicas entre los seres humanos, sirviendo para clasificar a las personas enunos cuantos “tipos raciales” que se veían como fijos y con características esenciales. Elcarácter aparentemente objetivo y el uso de teorías y métodos científicos para crear estesistema de clasificación fueron la base del llamado “racismo científico”. Paralelo a esto, selegitimaban jerarquías raciales en las cuales algunos “tipos” eran más evolucionados queotros, donde Europeos “blancos” estaban generalmente en el ápice.Del “racismo científico” a la raza como construcción socialSi bien el concepto de raza sigue siendo usado para entender el establecimiento social ypolítico de diferencias y exclusiones, el racismo científico fue poco a poco desmontadodurante el siglo XX. Desde el punto de vista biológico, hoy en día se coincide en que la razano es una categoría científica válida para entender la diversidad biológica humana, la cual esdemasiado amplia como para poder categorizar a los seres humanos en “grupos raciales”.Desde el punto de vista social, el entender que el sistema de clasificación al que da lugar elpensamiento racial escoge características físicas particulares y las agrupa en “tipos” dediferencias percibidas (eg. color de piel, cabello, formas del rostro, etc.), pone de relieve elcarácter subjetivo y construido de la Raza.Otro indicador del carácter “construido” de las categorías raciales es que su definición,significado y percepción sobre ellas ha cambiado en el tiempo y lugar: como sabemos,categorías consideradas “tipos biológicos” en ciertos momentos de la historia, no lo fuerondespués. También cambiaban los criterios según los cuales una persona era considerada deuna u otra “raza”, así como la manera de describir esta raza “científicamente” (Wade 2008).Por ejemplo, las sociedades coloniales en América latina se basaban en el ordenamientojerárquico según “castas” que usaban criterios raciales; sin embargo, las características 31

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