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Geografía Literaria Himno Homerico a Apolo

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Ilustración del Himno Homérico a Apolo con imágenes de Delos y otros lugares citados en el poema.

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Geografía Literaria Himno Homerico a Apolo

  1. 1. Himno Homérico a Apolo Rosa Mª Mariño Sánchez-Elvira
  2. 2. ¡Salve, Leto bienaventurada, porque pariste hijos ilustres: Apolo soberano y Ártemis, diseminadora de dardos, a la una en Ortigia, al otro en la rocosa Delos, cuando te apoyaste en la gran montaña y en la altura del Cinto, muy cerca de la palmera, cabe las corrientes del Inopo! (vv. 14-18)
  3. 3. ¿Cantaré tal vez cómo al principio Leto te parió, gozo para los mortales, apoyada sobre el monte Cinto en la isla rocosa, en Delos, ceñida por las corrientes? (vv. 25-27)
  4. 4. Cuantos pueblos acoge Creta en su suelo, y la comarca de Atenas, la isla de Egina, Eubea …Egas, Iresias y Peparetos… la tracia Samos… Esciros, Imbros… y la brumosa Lemnos, la sacra Lesbos… y Quíos…, la acuosa Samos… Cos… y Cárpatos, la ventosa, Naxos, Paros y la rocosa Renea: toda esa distancia recorrió Leto, urgida por el parto del Certero flechador, por si alguna de estas tierras quería erigirse en morada de su hijo. Más ellas temblaban sobremanera y tenían miedo. Ninguna, por feraz que fuera, se atrevía a acoger a Febo, hasta que llegó la venerable Leto a Delos y, preguntándole, le dijo en aladas palabras: (vv. 30-50)
  5. 5. - Delos, ¿querrías ser la sede de mi hijo, Febo Apolo, y que erigieran sobre ti un espléndido templo? Ningún otro recalará jamás en tus costas, ni te honrará. Tampoco creo que vayas a estar sobrada de bueyes ni de ovejas, ni producirás viñedos ni harás crecer innumerables plantas. (vv. 51-55)
  6. 6. En cambio, si albergas un templo de Apolo el Certero, los hombres todos, congregados aquí, te traerán hecatombes; el humo de la grasa se alzará de la comarca, inagotable por siempre, en tu honor, y alimentarás por mano extraña a los que te ocupen, puesto que no hay fertilidad bajo tu suelo. (vv. 56-60)
  7. 7. Así habló. Se alegró Delos y en respuesta le dijo: - Siento naturalmente un terrible temor en mi fuero interno y en mi ánimo, no sea que , tan pronto como (Apolo) vea por primera vez la luz del sol, juzgando la isla indigna –pues soy realmente un puro pedregal- derribándome con sus pies, me eche a las profundidades del mar. Entonces un gran oleaje sobre mi cabeza me tendrá por siempre totalmente sumergida, y él marchará a otra tierra que le agrade para procurarse un templo y boscosas arboledas. (vv. 61, 70-76)
  8. 8. Así habló, y Leto pronunció el gran juramento de los dioses: - ¡Sépalo ahora la tierra y desde arriba el ancho cielo, así como el agua que se vierte de la Éstige! (ése es el mayor juramento y el más terrible para los dioses bienaventurados). En verdad que habrá aquí por siempre un altar fragante de incienso y un santuario de Febo. Y te honrará más que a todos los demás. (vv. 83-88)
  9. 9. De modo que, cuando hubo jurado y acabado de pronunciar el juramento, Delos se regocijó sobremanera por el nacimiento del Certero Soberano. (vv. 89-90)
  10. 10. Fue entonces, en cuanto llegó a Delos Ilitía, provocadora de las angustias del parto, cuando a Leto le sobrevino el parto y sintió el deseo de dar a luz. En torno a la palmera echó ambos brazos y apoyó las rodillas en el blando prado. Sonreía la tierra bajo ella. Saltó él fuera a la luz y las diosas gritaron todas a una… No amamantó su madre a Apolo, el del arma de oro, sino que Temis le ofreció el néctar y la deliciosa ambrosía con sus manos inmortales… Y enseguida Febo Apolo les dijo a las inmortales: - ¡Sean para mí la cítara y el curvado arco! ¡Y revelaré a los hombres la infalible determinación de Zeus! (vv. 115-132)
  11. 11. Toda Delos se cargó de oro, mientras contemplaba al vástago de Zeus y Leto, por la alegría de que el dios la hubiera escogido como casa en lugar de las islas o el continente. (vv. 135-138)
  12. 12. Tú, Febo, regocijas tu corazón especialmente en Delos, donde en honor tuyo se congregan los jonios de arrastradizas túnicas con sus hijos y sus castas esposas. (vv. 146-148)
  13. 13. Y ellos, con el pugilato, la danza y el canto, te complacen, al acordarse de ti cuando organizan la competición. Quien se halle presente cuando los jonios están reunidos, podrían decir que son inmortales y están exentos por siempre de la vejez. (vv. 149-152)
  14. 14. Y más aún, una gran maravilla, cuya gloria jamás perecerá: las muchachas de Delos, servidoras del Certero flechador, las cuales, después de que han celebrado el primero a Apolo y luego a Leto y a Ártemis diseminadora de dardos, acordándose de los varones y las mujeres de antaño, entonan un himno y fascinan a las estirpes de los hombres. (vv. 156-161)
  15. 15. Sedme propicios, Apolo, junto con Ártemis... Y en adelante acordaos de mí cuando alguno de los hombres de la tierra, un extranjero que llegue aquí después de haber sufrido mucho, os diga: -¡Muchachas! ¿Quién es el más dulce varón de los aedos que aquí os frecuentan y con el que más os deleitáis? Vosotras todas. Sin excepción, responded elogiosamente: (vv. 165-171)
  16. 16. - Un ciego. Habita en la abrupta Quíos. Todos sus cantos son por siempre los mejores. (vv. 172-173)
  17. 17. ¡Soberano! También posees Licia… (v. 179)
  18. 18. y la amable Meonia… (v. 179)
  19. 19. así como Mileto, marítima ciudad llena de encanto. (v. 180)
  20. 20. Se encamina, tañendo la ahuecada forminge, el hijo de la gloriosísima Leto hacia Pito, la rocosa… Allí decidió el soberano Febo Apolo construir su templo encantador, y dijo estas palabras: - Aquí pienso procurarme un templo hermosísimo a fin de que sea oráculo para los hombres, que por siempre me traerán aquí hecatombes perfectas. (vv. 182-183, 285-289)
  21. 21. -¡Hombres! … Cuidad el templo, acoged a las gloriosas estirpes de los hombres que se congregarán especialmente aquí, según mi propósito, en cuanto se produzca alguna palabra o alguna acción irreflexiva o soberbia, que es la norma de los hombres mortales… Todo te queda dicho. Tú, guárdalo en tu fuero interno. (vv. 532, 538-541, 544)
  22. 22. Así que te saludo a ti también, hijo de Zeus y Leto; y yo me acordaré también de otro canto y de ti. (vv. 545-546)
  23. 23. Textos: Himnos Homéricos. La Batracomiomaquia, traducción de Alberto Bernabé Pajares, Madrid, Ed. Gredos, 1978. Los lugares que aparecen en las imágenes corresponden a la isla de Delos (2, 3, 5, 6 , 7, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 23, 24 –desde Míconos-), Paros (4), Míconos (8 desde Delos)-, Quíos (16), Letoon (17), Sardes (18), Mileto (19) , Delfos (20) y Claros (22). Fotografías de Rosa Mariño (con licencia Creative Commons-Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0, excepto diapositiva 20, de T.J.Foster (todos los derechos reservados).

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