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Revista a! 44 sociedad

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Revista: A la vuelta
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Recorrer los barrios de la Ciudad de Buenos Aires nos
puede llevar a encontrar lugares sorprendentes.
Teresa Daffunchio y María Colacino muestran en una serie de notas distintos sitios pintorescos y emblemáticos porteños, fuera del circuito turístico habitual, que esconden interesantes historias. En esta primera edición: Barbería La Época, en Caballito.

Recorrer los barrios de la Ciudad de Buenos Aires nos
puede llevar a encontrar lugares sorprendentes.
Teresa Daffunchio y María Colacino muestran en una serie de notas distintos sitios pintorescos y emblemáticos porteños, fuera del circuito turístico habitual, que esconden interesantes historias. En esta primera edición: Barbería La Época, en Caballito.

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Revista a! 44 sociedad

  1. 1. 28 . Obra Social de Viajantes Vendedores de la República Argentina Sociedad! De otra Época Recorrer los barrios de la Ciudad de Buenos Aires nos puede llevar a encontrar lugares sorprendentes. Teresa Daffunchio y María Colacino muestran en una serie de notas distintos sitios pintorescos y emblemáticos porteños, fuera del circuito turístico habitual, que esconden interesantes historias. En esta primera edición: Barbería La Época, en Caballito.
  2. 2. . 29andarobrasocial C uando uno llega por prime- ra vez a este lugar ubica- do en la calle Guayaquil, a unas cuadras de la estación de subte Primera Junta, la sensación es la de haber viajado en el tiempo. La Época es, literalmente, una barbe- ría de las de antes. Un museo abierto a todo el público donde los hombres pueden ir a cortarse el pelo o rebajarse la barba, sentados en un sillón de ma- dera de principios del siglo pasado, y ver todo tipo de elementos de ese esti- lo expuestos por todo el salón. guel había comenzado 7 años antes, el día que se dio cuenta que siempre ha- bía querido tener una peluquería. “Nací acá en Caballito, en Rojas y Avella- neda, y al año nos vinimos a vivir a este mismo lugar donde hoy está montada la peluquería. Durante mucho tiempo la mi- tad era nuestra casa y la otra era la frute- ría y verdulería de mi mamá. Nos iba muy bien. Teníamos 5 personas atendiendo y una cola de 30 metros”, recuerda. Pero a los 26 años, después de estar 9 al frente del negocio, Miguel decidió po- En el lugar funciona también un bar y se pueden disfrutar shows de jazz, tango y folklore. Los fines de semana, además, se suelen montar obras de teatro donde toda la historia transcurre en la misma peluquería; una condición que impuso su creador, Miguel Ángel Barnes, para que se realicen allí. “Tanto los artistas como el público están en el escenario. No se mueve absolutamente nada”, avisa. Cómo empezó todo Las puertas de La Época abrieron en agosto de 1998, pero el sueño de Mi- Tanto el “Conde” como el Maestro Ignacio y los otros peluqueros están vestidos de época.
  3. 3. 30 . Obra Social de Viajantes Vendedores de la República Argentina ¿CÓMO NACIÓ EL APODO “CONDE DE CABALLITO”? A poco de haber abierto la Bar- bería, Argentina sufrió la crisis de 2001 y muchas escuelas del barrio tenían muchas dificulta- des para hacer obras que eran muy necesarias. Miguel empezó entonces a organizar espectá- culos para las cooperadoras en los que, según cuenta, llegaron a sumar el apoyo de más de 40 empresas. “A raíz de esto, una de esas noches un directivo del Cen- tro Cultural Borrando Fronteras, dijo que Caballito tenía que tener un Conde, como tienen muchos otros barrios, y ese tenía que ser yo”, explica el protagonista. Al- gunos de los medios de comuni- cación que cubrían el evento se subieron en seguida a la movida y así nació El Conde de Caballito. “Cuando cierro el local los sába- dos a la noche, voy a cenar afue- ra y salgo con mi capa. La gente mira, algunos me conocen... otros no entienden nada”, se ríe. nerle punto final. “Trabajaba más cuan- do cerraba que cuando abría. Me cansé y decidí incursionar en otras actividades. En algunas me fue bien y en otras mal, hasta que apareció lo de la peluquería”. Le decían que estaba loco Miguel se puso a estudiar para ser pe- luquero y, paralelamente, fue ideando cómo iba a ser esa peluquería que tan- to había soñado. Aunque su entorno no estuviera muy de acuerdo con la idea. “Me decían que estaba loco... que los hombres ya no usaban barba, que la que dejaba el dinero era la mujer... fue una lucha con mi familia y mis amigos”, se ríe hoy Miguel 28 años después. Lo cierto es que, además de estudiar peluquería, todavía tenía por delante un largo camino por recorrer para jun- tar esos valiosos objetos antiguos que hoy distinguen a la barbería. “No tenía ni la tapita de un frasquito. Absoluta- mente nada”, confiesa. Fue así que, a bordo de una camioneta traffic con la que vendía suelas de za- patos mientras trabajaba en una cur- tiembre, comenzó a recolectar material para lo que iba a ser su peluquería. Sociedad!
  4. 4. Un museo viviente En La Época se pueden encontrar an- tiguos toalleros, pulverizadores e instrumentos de peluquería de otros tiempos, y también distintos tipos de artefactos como un calefón y un mata- fuegos de cobre, una cabina telefónica de ENTEL de 1910, un piano francés de 1907, un gramófono de 1887 y una caja registradora con compartimentos secretos. “Cuando abrimos, entraban a preguntar los precios de los muebles, porque pensaban que era un lugar de antigüedades”, cuenta Miguel. Hoy, además de las cosas que están a la vista en el salón, Miguel asegura tener alrededor de 10 mil piezas de colec- ción más y 16 barberías desarmadas. “Tengo los espejos, los sillones, los mos- tradores... todo”. . 31andarobrasocial EL CONSEJO DE UN MAESTRO BARBERO Entre las muchas charlas que dice haber tenido con “los maestros barberos que hoy ya no están”, Miguel recuerda una con Don José, el peluquero de “La Moderna” de la calle Defensa. “Una de las cosas que me dijo fue lo de los zapatos: ´Mirá Miguel, yo todas las noche mientras mi señora me prepara la cena, yo agarro mis botas y las lustro, porque el barbero siempre tiene que tener mejor sus zapatos que los de su cliente´. Cuando me iba contando eso me iba conteniendo para no mirarle las botas, me daba vergüenza. Cuando pude, las vi y me di cuenta que estaban impecables. El cuero estaba viejo, es verdad, un poco ajado, pero las botas brillaban. Yo dije: ni loco me lustro las botas todas las noches, entonces, me hice los zapatos de charol. Cuando me vino a visitar, la noche de la inauguración, quedó deslumbrado. Me dijo ´Esta en mi época era de las peluquerías pitucas´.” LA CLIENTELA “El hombre es muy fiel a su peluquero. Tenemos una clientela de todas las edades. Desde el de 94 años que viene todos los sabados a la mañana a afeitarse hasta el joven que viene en busca de las nuevas modas.”
  5. 5. Sociedad! 32 . Obra Social de Viajantes Vendedores de la República Argentina Pasen y vean Sobre el final, Miguel remarca que cual- quier persona que pase por allí puede ir a tomar un café o simplemente entrar a recorrer el salón y ver las cosas que hay en el museo. No hace falta que vaya a cortarse el pelo o arreglarse la barba. “Me pone muy bien cuando pasa eso. Gente que se acerca y me dice ´permiso, puedo pasar a ver el salón?´. ¡Pero claro! ¿Está con el carrito de supermercado? ¡Pase igual! El hecho de que vengan y se lleven el espíritu de este lugar me da una satisfacción enorme”, concluye. María Colacino y Teresa Daffunchio Red Social FUVA La Barbería La Época forma parte hoy del circuito cultural de “La Noche de los Museos” de la Ciudad de Buenos Aires y, según dice Miguel, es considerada por la National Geographic como el único museo viviente de peluquerías y barberías del continente. “El New York Times la tiene entre las 10 mejores del mundo y la BBC entre las 4 mejores”, agrega. Para lograrlo, recibió -y sigue reci- biendo- una gran cantidad de ayuda. “Muchas personas me acercaron pro- ductos que tenían en sus casas. Las vi- trinas las llenó la gente. Se adueñaron del lugar. Yo creo que si hoy quisiera cambiar algo de sitio tendría que pe- dir permiso. Pasa mucho que viene un abuelo con su nieto y le dice ´¿ves esta navaja? se la regalé yo, era de tu tata- rabuelo´”, relata. LA HISTORIA DE DON MATEO Como no podía ser de otra manera, en el salón hay enmarcada una foto de “La Peluquería de Don Mateo”, el legendario programa de televisión ideado por Gerardo Sofovich. En la imagen aparecen varios de los humoristas que pasa- ron por allí como Jorge Porcel, Marcos Zuker, Alberto Olmedo y Fidel Pintos. Lo que no todos saben es que Don Mateo existió realmente. Miguel recibió un premio con su nombre en el año 2003 de manos de su esposa, que vive actualmente en Córdoba, y tuvo la oportunidad de hablar con ella. “Don Mateo era un peluquero amigo de Sofovich, muy personaje y muy buen compa- ñero de sus amigos. Era nochero, le gustaba ir a los espectáculos de tango, y, como tenía faltante de cabello, usaba un peluquín muy feo. Lo cuento por- que me lo dijo la esposa y la historia fue contada también por sus amigos. A Don Mateo no le importaba nada. Se reía mucho de sí mismo. Tal es así que cuando subía a un escenario y le hacían algún comentario sobre el peluquín él se reía, se lo sacaba y se lo tiraba a la gente. Un personaje”. Miguel Ángel Barnes fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires

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