Jack el Destripador y otros asesinos seriales

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Serie de artículos publicados en el blog de criminología Pomboypombo.com referentes a Jack el Destripador y otros homicidas secuenciales

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Jack el Destripador y otros asesinos seriales

  1. 1. Jack el Destripador yotros asesinos seriales(artículos de PomboyPombo.blogspot.com)
  2. 2. 1. Jack el Destripador enfrentado a la grafologíaJACK EL DESTRIPADOR BAJO LA LUPA DE UNA GRAFOLOGA:EL DETALLADO ESTUDIO DE MONICA LAURA ARRA:La doctora en medicina y grafóloga Mónica Laura ArraPortada de la interesante y pionera investigación
  3. 3. Dibujo del Inspector de Scotland YardFrederick George AbberlineOtra imagen supuesta del Inspector AbberlineEn el año 2010 salió publicada, por cuenta de Ediciones Dos y Una (BuenosAires, Argentina), la primera edición de la investigación titulada "Jack elDestripador", escrita por Mónica Laura Arra, médica y grafóloga de extensa yprestigiosa trayectoria académica. Desde la solapa del citado libro se nosinforma que la autora es médica recibida en la Universidad de La Plata,especialista en Psiquiatría y Psicología Médica, e integrante en tal carácter delColegio de Médicos de la Provincia de Buenos Aires. También resultaespecialista en Medicina Legal, y perita grafóloga.Fuera de esta reseña profesional, debe añadirse que se trata de una entusiastade los misterios y, en particular, de uno de los más grandes arcanos de la
  4. 4. criminología mundial: El enigma sobre cuál fue la identidad del infame asesinoserial victoriano Jack el Destripador.En un valioso esfuerzo Arra intentará develar la antigua incógnita desde laspáginas de su libro. Su trabajo, no cabe vacilar, resultó pionero; no por ser laprimera autora en procurar desentrañar la identidad de ese homicida en seriemediante la aplicación de disciplinas científicas, sino debido al sospechoso quepostula para ocupar el sitial del Ripper, a saber: El Inspector Detective de laPolicía Metropolitana Frederick George Abberline.No puede dejar de destacarse este hecho -que podrá sonar raro al lector-.Mónica Laura Arra, sin duda alguna, fue la primera en proponer al aludidoPolicía victoriano para el cargo del asesino a quien el mismo formalmentepersiguió. Un libro con contenido casi idéntico (sospechosamente idéntico) viola luz pública en su primera edición recién en el mes de julio de 2011. Se tratóde una indagatoria a cargo del perito español José Luís Abad y Benitez. Esaobra gozó -a diferencia del trabajo de Arra- de una muy intensa difusiónmediática en Internet, con declaraciones rimbombantes en diversos medios deprensa,obteniendo de ese modo su virtual "cuarto de hora de fama".Sin embargo, la obra que aquí comentamos resulta claramente anterior en eltiempo, pese a que en el libro del grafólogo español no se hace ningunareferencia a ella. Parece obvio que las posibilidades de que estemos frente auna coincidencia devienen casi imposibles. En fin: extraiga el lector sus propiasconclusiones.Quienes siguen en este blog saben que no estoy de acuerdo con la hipótesisde que el Inspector Frederick George Abberline hubiese sido Jack the Ripper.No voy a cambiar ahora mi postura. Pero igualmente considero que, comoestudioso de este caso criminal, no me debo abstener de tratar -humildemente-de contribuir desde aquí a que se haga algo de justicia, y de que se repare a laautora que realmente trabajó. Esta investigación pionera quedó casi en elanonimato sólo porque la escritora no movilizó recursos mediáticos, adiferencia de los muchos medios que de sobra utilizó el autor del segundo librode tenor prácticamente igual.Ingresando a la investigación de Arra, debe ponderarse que la escritora dedicaun meticuloso análisis grafológico al diario privado del célebre inspector, y locoteja con variados manuscritos atribuidos a Jack the Ripper. Entre ellos, lacarta conocida por su encabezado "Querido Jefe" y la misiva "Desde elInfierno" enviada el 16 de octubre de 1888 a George Akin Lusk, Presidente delComité de Vigilancia de Whitechapel. También se aporta información muyinteresante sobre el Inspector Abberline, destacándose las rarezas y fobias delPolicía, así como lo escaso y contradictorio de los datos que se saben acerca
  5. 5. de su vida.Pero el punto más llamativo está dado por el énfasis que la autora le otorga adeterminadas cartas -que fueron escasamente analizadas por otros expertos-dentro del fárrago de correspondencia atribuido al victimario serial deWhitechapel. Se trata de aquellas misivas donde el redactor sugiere serintegrante de las fuerzas del orden. En más de una carta el emisor se jacta deser policía, y alega que precisamente debido a esa investidura era imposibleatraparlo.Entre tales letras resalta una remitida el 6 de octubre de 1888 amenazando altestigo Israel Schwartz -que sorprendió al homicida momentos previos a queultimase a Liz Stride-. Algunas referencias convierten a esa epístola en undocumento sumamente extraño, pues al parecer tan sólo un miembro de lasfuerzas del orden podía disponer de la información que allí se maneja. Tal vezfuera Frederick George Abberline el policía felón.No olvidemos que a pesar de que la opinión que en general se tiene sobre estedetective deviene muy positiva, al punto de que incluso filmes como "FromHell" (2001)- donde es encarnado por Johnny Depp- lo representan como unhéroe, tal vez en verdad el hombre tuviera su lado oscuro.No resulta novedoso recelar de Abberline. Lo esencial, no obstante, radica enque las suspicacias anteriores al libro de Arra no postulaban que el Inspectoren verdad constituyese el asesino al cual persiguió. Más modestamente, esasversiones acusaban al detective de complicidad en los crímenes del otoño deterror de 1888. Más aún, ni siquiera lo indicaban como cómplice, sinosimplemente lo acusaban de dejarse sobornar y de no denunciar al culpablepor haberse dejado tentar y aceptar una fuerte suma de dinero a cambio de susilencio.Fungiendo en este triste rol lo muestran, alternativamente, el fallecidoescritor Stephen Knigth, en su "Jack the Ripper. The final solution" de 1976, yel genial Alan Moore en su From Hell; obra gráfica concluida en 1996 que fueprecursora de la película homónima ya mencionada. 2.
  6. 6. MAR 13 JAMES SADLER: andanzas de un sospechoso de haber sido Jack el DestripadorJAMES THOMAS SADLER:PERFIL DE UN SOSPECHOSOEl rostro de James Sadler reflejado en una acuarelaFotografía fúnebre de Frances Coles,víctima y novia del sospechosoCuando en la madrugada del 13 de febrero de 1891 se descubrió el cadáver
  7. 7. de Frances Coles -una bonita fémina pelirroja que ejercía la prostitución- los recelossobre quién había sido su asesino recayeron rápidamente en su acompañante habitualde entonces. Aquel hombre era un marinero cincuentón y borrachín de nombre JamesThomas Sadler, con malos antecedentes debido a su alcoholismo habitual y a sutemperamento pendenciero. Para peor, parecía no disponer de una coartada apta a finde justificar su situación a la hora de acontecido el crimen de la chica.Poco antes del deceso de la mujer Sadler la visitó, y se quedó conversando con elladurante largo rato en la residencia para inquilinos donde ésta moraba. Allí el casero lovio por primera vez. Pero al arrendador de la casa de huéspedes le fue fácil reconoceral visitante, pues luego de dejar a su amiga y retirarse el individuo regresó, un par dehoras más tarde, solicitando alojamiento. Se presentó con las ropas maltrechas ymanchado de sangre en sus manos y en su rostro. Alegó, muy descompuesto, queunos gandules le habían apaleado para robarle su reloj de oro. Como se hallaba lejosde su residencia necesitaba imperiosamente hospedarse en la pensión para pasar lanoche. El arrendador le sugirió que se dirigiera al hospital de Whitechapel a curarselas heridas, y se negó a alojarlo, no sólo porque el requirente carecía de dinero parapagar, sino porque lo atemorizó su apariencia: era claro que aquel tipo además dealterado estaba ebrio, y podría traerle problemas.Una vez que al día siguiente el portero de la pensión se enterase de la violenta muertesufrida por su inquilina, no vaciló en aportarle a la policía los datos que sabía acercade aquel sujeto. Tal vez la sangre no fuera suya, sino de la pobre Frances, y eldesastrado aspecto del individuo se debiera a la resistencia agónica ofrecida por lamuchacha al repeler la agresión.Lo cierto fue que pronto se apresó al sospechoso, y lo condujeron a la comisaria de lacalle Leman. En ese reducto policial el detenido repitió su versión sobre el asalto deque fuera objeto, y protestó ser inocente del delito que le endilgaban. Como en el EastEnd del Londres de ese entonces la información corría raudamente, se esparció por elvecindario el rumor de que los polizontes habían echado el guante no sólo al asesinode Coles, sino también al mutilador de rameras que llevaba ya tres años impune.Muchos habitantes tenían entre ceja y ceja a aquel loco. Algunos sufrieron malostratos por parte de la policía en las desesperadas redadas para capturarlo. Otros eranamigos, clientes o chulos de sus víctimas. Ahora tenían la ocasión de tomar venganza,y antes de que lo derivaran al tribunal querían ponerle las manos encima al bastardo.Así fue que cuando los agentes trataron de sacar al arrestado por una puerta lateral, afin de evitar chocarse con el tumulto que rondaba por la entrada principal del edificio,la maniobra fue advertida por los sitiadores que arremetieron buscando hacersejusticia por propia mano con el asustado marino mientras que, al grito de "Asesino" yotros epítetos insultantes, amenazaban con lincharlo. Los policías tuvieron quehacerse fuertes y blandieron sus porras golpeando las cabezas de los atacantes. Lopudieron salvar, pero el hombre resultó una vez más vapuleado, y llegó al tribunal consus ropas nuevamente maltrechas y su rostro amoratado.Las desventuras padecidas por el novio de la meretriz asesinada prosiguieron. Lajusticia, como acto de precaución, mandó encerrarlo en la prisión de Holloway, y
  8. 8. seguidamente le instruyeron proceso penal bajo la acusación de haber victimado aFrances Coles. Desesperado el preso pidió auxilio al gremio de los fogoneros al cualpertenecía. Éstos contrataron a Harry Wilson, un hábil abogado que pudo probar lainocencia del encausado en el curso de una encuesta judicial que, no obstante, duraríamás de un mes.Durante el lapso de su reclusión el ambiente en contra del preso se volvió en extremotenso. La prensa sensacionalista no paraba de comunicar a su público que aquél nosólo había matado a su novia prostituta sino que, sin duda alguna, era el tan buscadomatador serial que en 1888 se encarnizó brutalmente con las meretrices deWhitechapel.Finalmente, tras atravesar tantas tribulaciones, las andanzas de James Thomas Sadlerconcluyeron bien. Se lo liberó y consiguió que el periódico Star le pagase unaindemnización por difamarlo y poner su vida en riesgo. Cuando concurrió al despachode su abogado a cobrar la suma que le correspondía, conoció a un industrial queprogramaba un viaje de comercio hacia Sudamérica (en realidad el asunto era másbien turbio, pues se trataba de un contrabando de armas). El comerciante mencionóque en su embarcación estaba vacante un puesto de fogonero. La oferta de inmediatointeresó a Sadler. Pese a que su letrado procuró disuadirlo advirtiéndole que ese viajepodía ser peligroso, el hombre aceptó sumarse a la tripulación de aquel buque. Secerró el trato, y al día entrante el marinero zarpó rumbo a tierras sudamericanas. Fuelo último que se supo de él.Los estudiosos del caso de Jack the Ripper localizaron registros donde constan dospersonas llamadas James Sadler fallecidas en diferentes localidades británicas; en uncaso en el año 1906 y en el otro en 1910. Estos datos, si fuesen veraces, acreditaríanque en algún momento el marino retornó a su patria tras su viaje de 1891 a suelonorteamericano. Pero la realidad es que no se sabe a ciencia cierta si una de esas dosdefunciones corresponde a este antiguo sospechoso, por lo cual su rastro se pierde enla bruma; bruma y opacidad que signó toda su existencia, y de la cual sólo lo sacaríafugazmente su azarosa incursión en la cruenta historia de Jack el Destripador. Publicado 4 weeks ago por Gabriel Pombo 3.
  9. 9. MAR 8 El vendedor de uvas en la historia de Jack el DestripadorMATTHEW PACKER:LAS UVAS, EL LAUDANO y JACK THE RIPPERDibujo contemporáneo de Matthew Packer:el comerciante que vendió uvas a Jack el DestripadorLiz Stride y su anónimo acompañantecomprando racimos de uvas a Matthew Packer
  10. 10. Cartel publicitario del filme "From Hell"Si algo caracterizó al caso criminal de Jack el Destripador fueron las rarezas y lospequeños enigmas que lo acompañaron.No podía extrañar entonces que las películas estrenadas mucho después de los añejoscrímenes de 1888 se beneficiaran grandemente con las llamativas anécdotas y las muchascuriosidades verificadas en torno.Sonados ribetes mediáticos alcanzó, entre otras, la historia del tendero que relató a lapolicía cómo, en horas previas al doble crimen de la madrugada del 30 de septiembre deaquel año, le habría vendido uvas a un hombre cuya actitud le pareció particularmentesospechosa.Las uvas constituyeron un tópico recurrente en la mitología edificada alrededordel monstruo de Londres. No en vano en la obra gráfica "From Hell" se insiste en que elhomicida serial ofrecía a sus víctimas racimos de esa fruta -que previamente empapaba ennarcotizante laudano- a fin de ganarse su confianza antes de agredirlas. El filmehomónimo retoma el tema de las uvas, y allí podemos observar al Inspector FrederickAbberline -interpretado porJohnny Deep- olfateando y rozando con sus dedos los labiosde las mujeres muertas para comprobar la reciente ingestión de dicho alimento.Cuando en esa película un intrigado Sargento George Godley le pregunta a su superiorpor qué razón siempre hallaban restos de uvas próximos a los cadáveres, un meditabundoInspector Abberline le responde que las uvas se las daba el asesino a las mujeres "paraganarse su confianza". Dado que, presuntamente, dicha fruta salía muy cara por entoncesen el mísero distrito, se especuló que únicamente un cliente rico estaba en condiciones deconvidar con ellas a sus futuras víctimas. Y como, a estar a lo argüido en aquella ficción, lafruta había sido rociada con láudano, el efecto adormecedor consiguiente facilitaba lafaena ultimadora.Empero, todo esto resulta falso. Ni las uvas tenían el precio prohibitivo que se alega, niexisten pruebas de que el victimario las obsequiase a su presas humanas en pos de
  11. 11. facilitar su mortífera tarea. Se adujo que en la escena del crimen de CatherineEddowes fueron localizadas cáscaras de uvas, pero tal dato no consta en los registrospoliciales, sino que lo propaló un periódico sensacionalista, y no se volvió a mencionarmás el asunto.Si el mito de las uvas salió de algún lado, cabría estimar que fue a partir de lasdeclaraciones vertidas por un anciano llamado Matthew Packer. Este comerciante lecontó a la policía que en horas precedentes al "doble acontecimiento" se personó acomprarle unos racimos de uvas, a su tienda localizada en la calle Berner, un hombre encompañía de una fémina, a la cual luego reconocería como la infortunada Elizabeth Stride.Mr. Packer describió con minucioso detalle a dicho individuo, y esta descripción circuló deinmediato, siendo ponderada un retrato fidedigno del posible matador.Tiempo más tarde, en un artículo editado en el Evening News el 31 de octubre de 1888, elnegociante narró que había visto de nuevo a ese sujeto merodear cerca de su puesto defrutas y verduras en Commercial Road, y se percató que aquél lo miraba fijamente conexpresión hosca. El sospechoso estaba rondando el negocio con aviesas intenciones, ycuando el frutero salió a enfrentarlo, junto con un lustrabotas que le ofreció ayuda, dichoindividuo huyó subiéndose raudo a un tranvía que transitaba por las proximidades.A modo de colofón de este relato cabe señalar que cuando Matthew Packer ya habíacobrado alguna notoriedad merced a sus declaraciones públicas, dos hombres seallegaron a él y le contaron una curiosa anécdota. Los caballeros pretendían saber cuálera la identidad del asesino a quien la prensa tildaba Jack the Ripper. Aseguraron alverdulero que aquél no era otro sino un primo de ellos venido de los Estados Unidos. Elpariente estaba seriamente trastornado y los aires londinenses no habían hecho más queagudizar su desquicio.Preguntados por Packer sobre qué pruebas tenían de su culpabilidad, le contestaron queel primo mostraba la compulsión de llamar a todo el mundo "Jefe", hábito adquirido entierras norteamericanas. La famosa misiva encabezada "Querido Jefe" sin duda eracreación suya; incluso la caligrafía le pertenecía. El problema consistía en que la policíaandaba muy despistada mientras el peligroso loco continuaba suelto, y con ánimo devengarse de los testigos que dieron datos suyos a las autoridades.El viejo comerciante quedó sumamente impresionado, y se rumoreó que cerró susnegocios durante varios días. Por precaución no salió de su casa por un buen tiempo.Empero, afortunadamente, el "primo americano" no daría señales de vida, y se consideraque en realidad nunca existió. Se habría tratado de una broma que dos pícaros gastaron acosta del bueno de Matthew Packer. (Fuente de esta anécdota: nota editada en el DailyTelegraph el 15 de noviembre de 1888, citada por Stewart Evans y Keith Skinner, Jack elDestripador. Cartas desde el Infierno. ediciones Jaguar, Madrid, España, 2003, pags. 156-158)
  12. 12. 4. MAR 2 El vidente que persiguió a Jack el DestripadorROBERT JAMES LEES: UN VIDENTE EN EL CASO DE JACK THE RIPPER Imagen de Robert James Lees en su vejezArriba a la izquierda: Cartel publicitario del filme "Muerte por Decreto"
  13. 13. Arriba a la derecha: Dr. William Withey Gull:¿Fue éste el médico acusado por Robert Lees?Robert James Lees fue un psíquico, médium y espiritista cristiano que alcanzó rápida famaen la corte de la reina Victoria. Apenas contaba con dieciseís años cuando fue presentadoante la monarca para mostrarle sus dotes como precoz visionario. Tan grata impresión lecausó a la reina madre y su entorno que continuaría durante muchos años vinculado a lacorte en carácter de médium o vidente, cobrando el correspondiente estipendio por susservicios.En la teoría de la conspiración monárquico masónica se incluye una ançecdota dondeaparece este hombre cumpliendo un papel importante en la historia del homicidaserial Jack the Ripper. Anécdota que fue repetida a través de distintos medios de prensahasta llegar a la pantalla grande en películas como "Muerte por Decreto", donde veremos aRobert Lees colaborando codo a codo con el mítico Sherlock Holmes en la búsqueda delelusivo asesino de meretrices.Según esta añeja formulación, Lees ayudó a las autoridades británicas en lasinvestigaciones en pos de desenmascarar al Ripper. De esta manera, suministraría relatosdescribiendo sus visiones respecto de los crímenes, e informando sobre cuál era el posibleaspecto del criminal y dónde podría éste estar escondido. En una de sus premoniciones,en particular, habría contemplado claramente el rostro del victimario.Sucedió que una tarde viajando en uno de los autobuses tirados por caballos (queconstituían el medio de transporte habitual en el Londres de 1888), y mientras el rodadoavanzaba por Baywater Road, reconoció al Destripador en la persona del hombre queocasionalmente se hallaba sentado a su frente. Se trataba de un individuo decaracterísticas distinguidas que iba vestido de levita y portaba un sombrero de copa.El vidente descendió raudo del transporte colectivo y siguió los pasos de su sospechosohasta verlo entrar en una finca sita en Park Lane. Dicha mansión era propiedad de unafamado médico de la casa real y, aunque en la narración no se aclara, es de presumirque Lees conocía al galeno porque también éste mantenía fluido contacto con la casa realbritánica.
  14. 14. Cuando el psíquico requirió el auxilio de la policía fue rechazado en más de unaoportunidad. No obstante, su insistencia produciría frutos, y más adelante lograría que undetective lo acompañase a inspeccionar la casa del facultativo. Una vez allí fueronatendidos por la esposa de aquél, quien al principio se manifestó molesta ante laintromisión, pero finalmente admitió que su esposo venía actuando de forma muy extrañaúltimamente y temía que estuviese perdiendo la cordura. Tras ello accedió a que revisaranlas pertenencias de su marido, y el policía encontró en el maletín de cirujano un cuchillo detrinchar, objeto que obviamente no tenía sentido lógico que estuviera guardado allí.La investigación policial proseguiría avanzando hasta desembocar en la detención delprofesional quien, una vez examinado por sus pares médicos y tras determinarse que sehallaba irremisiblemente fuera de sus cabales, resultaría encerrado en un manicomio porel resto de su vida.Al igual que sucediera con tantas otras, esta incomprobada conjetura sufriría diversosajustes en las ulteriores obras que retomaron el tema. Depurando la versión, se aseguraríaque el anónimo galeno sospechoso gracias a las visiones del espiritista no era otro másque Sir William Withey Gull, el cual efectivamente residía en las cercanías de Park Lane,más concretamente en el número 74 de Grosvenor Square. En su mansión recibiría laimpertinente visita de un detective de Scotland Yard -el Inspector Frederick Abberline,conforme con algunas propuestas- asistido por el médium acusador.La esposa del Dr. Gull se indignó por la intromisión de los extraños que requerían a sucónyuge, pero luego intervendría el propio médico, apaciguando a su esposa yencarándose con los intrusos. Sir William trató de desviar las suspicacias que recaíansobre el príncipe Albert Víctor, paciente suyo al cual trataba por su progresiva sífilis, y decuya identidad como Jack el Destripador el doctor estaba al tanto. Aparentemente trató deatraer -en un gesto de grandeza- esas sospechas hacia sí mismo pretextando que porentonces padecía amnesia, y que en cierta ocasión se había despertado con las mangasde su camisa empapadas de sangre.En fin: que el Dr. Gull constituía el médico oficial de la Corona inglesa por el año 1888 yque se le había encomendado cuidar del enfermo de sangre real deviene unacircunstancia históricamente verificada. El resto pertenece al ámbito de la fabulación, o porlo menos de los hechos no corroborados.En cuanto a Robert James Lees, sin duda le gustaba el circo mediático y, de hecho, de elloque era que se ganaba la vida. Nunca se animó, sin embargo, a afirmar publicamente estaversión, pero dejó que en notas de prensa otros lo hicieran por él. La leyenda de larelación del vidente mancomunado con las autoridades para capturar al Destripadorperduró en el tiempo. Ejemplo de esto es una carta despachada desde el correo ennoviembre de 1889 y que permanece en los archivos de la Policía Metropolitana. StephenKnigth, primordial promotor de la teoria de la conspiración, a través de su taquilleraobra Jack the Ripper: The final solution, Londres, Inglaterra, 1976, pretendió que esamisiva representaba una prueba irrefutable de que Lees integró las pesquisas policiales enpos de dar caza al criminal.En la letra referida un presunto "Jack el Destripador" se burlaba de la policía calificándolos
  15. 15. de incompetentes. Aparentemente comenzaba señalando:"Querido Jefe.Ya ves que no me has atrapado todavía con toda tu astucia, con todos tus Lees, con todostus maderos..."Se suponía que si ya por 1889 había cobrado estado público que Lees participó en lainfructuosa búsqueda era claro que bien podía ser cierta la versión según la cual, fundadoen sus visiones, guió al detective hasta la casa del cirujano sospechoso.No obstante, en la magnífica obra Jack el Destripador. Cartas desde el Infierno, escrita porlos expertos Stewart Evans y Keith Skinner (ediciones Jaguar, Madrid, España, 2003) seestudia minuciosamente dicha carta y se descubre la verdad. En realidad allí nodecía "Lees", sino "Tecs", palabra ésta que evoca a un lunfardismo con el cual las clasesbajas del East End londinense calificaban despectivamente a los policías.Por ende, ninguna prueba eficaz avala que el médium participase en la investigación ypersecusión del asesino de prostitutas. A despecho de la falta de evidencias, el mito deque Lees le pisó los talones al Ripper ha perdurado desde que en 1931 se publicase unartículo alusivo bajo el rótulo "El vidente que descubrió a Jack el Destripador".
  16. 16. 5. FEB 15 From Hell: Jack el Destripador en el comicPortada de una edición de FROM HELLmostrando al presunto asesino con su cuchilloEl eximio escritor Alan Moore autorde este comic sobre Jack el DestripadorGran actuación de Johnny Deepen el rol de Inspector Frederick Abberline
  17. 17. El excelso comic titulado "From Hell" ("Desde el infierno") demostró que aún desde estaclase de literatura se puede dar cima a una obra seria sobre Jack the Ripper y la eravictoriana.La novela gráfica escrita por Alan Moore, con dibujos de Eddie Campbell, sirvió deinspiración a la película homónima estrenada en el año 2001 bajo la dirección delos hermanos Hugues, y contó con las actuaciones protagónicas de JohnnyDeep interpretando al Inspector Abberline, Iam Holm en el doble papel de Jack elDestripador y Dr. Gull, y Heather Graham encarnando a Mary Jane Kelly, entre otrosmagníficos actores y actrices.En su versión original Alan Moore ofrece un prólogo de su obra en el cual se nos muestraa dos ancianos paseando, en el año 1923, por una playa de la localidad inglesaBournemouth, en el curso de un imaginario diálogo. El Inspector Frederick Abberline yel mentalista y médium Robert Lees -pues son ellos los ancianos en cuestión- entrarán enconfidencias, y el primero en abrirse será el psíquico, quien le confesará a su amigo quetodas las visiones que durante su larga vida declaró experimentar no fueron más queinvenciones pergeñadas a fin de sacar provecho económico, o para satisfacer su vanidadde sentirse foco de la atención ajena.Habría comenzado elaborando distintas fábulas con el objeto de sorprender y agradar asus mayores ya desde muy pequeño. Por tal razón, cuando a los dieciseís años fuepresentado ante la corte para exhibir sus dotes a la Reina Victoria, se creyó obligado aseguir el juego simulatorio -ahora estimulado por los beneficios financieros y los halagos-,el cual continuaría representando por el resto de su existencia.Al caer la tarde, Lees acompaña a su amigo de regreso a la casa de éste, quien cada vezmás melancólico se quejará de lo mal que fue tratado por el cuerpo policial años atrás,donde se le mintiera y se le faltara el respeto, según le señala Abberline, aunque sinaclarar a qué se refiere. A su vez, Lees -aunque tampoco se muestra explícito- lepreguntará si no se siente culpable. Por su parte él sí parecería sentirse culpable, a juzgarpor los inquietos comentarios que le formula a su amigo:-¿Porqué dejamos que lo enterraran?- se interrogará.-¡Porque no queríamos que nos cortaran el cuello!- le responderá con énfasis el ancianoex Inspector.Luego sacarán a colación el asunto de un presunto dinero recibido para olvidarse de todolo que sabían; y un abatido Abberline repasará:-Una buena pensión, buenas ropas, una casa cara y bonita en Bournemouth frente almar... No me salió tan mal la cosa, ¿verdad?En su apéndice de notas aclaratorias, Alan Moore explica que algunos indicios avalan queambas personas podrían haber continuado su relación después del año 1888 -en caso deque realmente se hubiesen conocido por aquella fecha-. La sugerencia de que Abberline -yquizás también Lees- hubiese aceptado un soborno para callar cuanto sabía acerca de laidentidad de Jack el Destripador proviene de varios autores, incluido Stephen Knight, peroaquí se postulará sólo por interés literario, aclarándose que no existen pruebas paraconfirmar esa suposición, la cual podría ser tanto falsa como verdadera.
  18. 18. En el desarrollo de la trama aparecen en forma algo marginal el pintor Walter Sickert yel príncipe Albert Víctor, y se repite la consabida historia donde este último conoce a AnnieCrook, su casamiento, y el nacimiento de la bebé de ambos, Alice Margaret, en el hospitalde Marylebone por el mes de abril de 1885. Pero el personaje cardinal de la historia serádecididamente el Dr. William Withey Gull, en cuyas extrañas razones para convertirse en elcriminal de Whitechapel se buceará brillantemente en esta narración gráfica.En 1871 el galeno fue elegido médico personal de Albert, el príncipe de Gales, padre deAlbert Víctor e hijo de laReina Victoria. Se alega que el cargo de médico oficial de laCorona británica se le asignó al Dr. William Gull gracias a la influencia de sus amigos en lamasonería, integrantes del gobierno. También se describe, de manera muy pintoresca, laordalía de iniciación como maestro masón del protagonista del cómic. Podemos advertirlas referencias que se formulan respecto de presuntos secretos de la masonería; porejemplo, la consigna mediante la cual un masón requiere auxilio a otro en situacionesproblemáticas: "¿No hay ayuda para el hijo de la viuda?".Más adelante vemos como el matador le plantea esa consigna al jefe máximo de la PolicíaMetropolitana, Sir Charles Warren, conminándolo a que le deje el campo libre para llevar acabo su tarea ultimadora sobre las peligrosas meretrices alineadas contra la Corona.Asimismo observaremos el ataque cardíaco que en el año 1887 afectó al facultativo,produciéndole ligeras lesiones físicas pero severos trastornos psíquicos. El desordencerebral le habría provocado afasia, enfermedad peculiarizada por causar a sus víctimastoda clase de extrañas alucinaciones.Se dedica un capítulo entero a los paseos que, en un carruaje guiado por el cocherocómplice John Netley, efectuará el cirujano visitando lugares de Londres en los quepercibe símbolos y significados místicos, así como contenidos masónicos; por ejemplo, lacatedral de Hawksmoor con su impresionante campanario. La erudicción que el guionistadenota al ofrecer estas descripciones al lector prueba un profundo conocimiento de lahistoria británica en general y de la ciudad de Londres en particular.Del estado febril de la mente del Dr. William Gull, y del papel que considera le ha sidodeparado por el destino, dejan constancia las siguientes palabras que éste dirige a sufuturo cómplice, según pone en su boca Alan Moore:-Nuestra historia ya está escrita Netley. Está escrita con sangre que ya hace tiempo sesecóLuego, tal cual era de esperar, se llevan a efecto los asesinatos. A veces, el médicomatará a su presa dentro del propio carruaje, iniciando tranquilamente la disección ritualpara después, una vez concluida su macabra faena, trasladar los cuerpos con ayuda delcochero hasta los distintos sitios donde finalmente éstos serán hallados.Igualmente, le corresponde un rol destacado en la trama al Inspector Frederick Abberline,presentado aquí como uno de los pocos policías que verdaderamente tenían deseos defrenar la matanza y capturar al sádico criminal. Una anécdota, en apariencia marginal, queterminará siendo trascendente en esta ficticia propuesta, está dadda por la relación másbien platónica que Abberline sostendrá con una joven prostituta que le dice llamarseEmma, y con la cual comparte ginebras en las tabernas de Whitechapel. Emma noresultaría ser el auténtico nombre de esta mujer, a la cual el Inspector -quien también leproporciona un nombre falso a ésta- accederá a prestarle el dinero que sutilmente aquella
  19. 19. le requiere. La cita donde al fin iría a producirse el encuentro amoroso entre Fredericky "Emma" se difiere para el 9 de noviembre de ese año de 1888.Esa mañana el policía concurrirá a verla al pub luciendo su mejor traje, pero sólo paracomprobar indignado que la fémina faltó a la cita y le dejó, a cambio, una carta dedespedida y disculpa. En el apéndice explicativo de From Hell el autor nos informa que"Fair Emma" y "Ginger", entre otros, eran apodos a través de los cuales se daba a conocerante sus clientes Mary Jane Kelly.En las viñetas que cierran el cómic, se nos ofrece la -obviamente- ficticia ascención delespíritu del Dr. William Gull tras su muerte en el hospicio donde concluyera sus días, yvemos cómo los dioses paganos que habría idolatrado durante su existencia, lo trasladanpor el aire y le hacen contemplar una escena en un pueblito de Irlanda. Allí se encontrarácon una joven mujer rodeada de niñas -una de las cuales es Alice Margaret, la supuestabebé real- quien, al percibir la presencia del espectro, aferra a las infantes y lo amenazaagitando el puño, al tiempo que le grita:-En cuanto a tí, viejo demonio... Sé que estás ahí, pero a éstas no te las llevas. Lárgate ya,¡Vuelve al infierno y déjanos en paz!Y es que quizás no hubiera sido Mary Jane Kelly quien fue destrozada en la míserahabitación del número 13 de Miller´s Court. Tal vez en verdad -al menos así lo quiere elsentimiento- una de las signadas como víctimas del Destripador pudiera haberlo burlado.El pequeño habría derrotado al gigante pese a la tremenda desproporción de las fuerzasen pugna. 6.
  20. 20. FEB 11 El Loco del Hacha y Jack el DestripadorLA TEORIA SEGUN LA CUAL EL LOCO DEL HACHA DE AUSTINY JACK EL DESTRIPADOR FUERON UNA MISMA PERSONAJAMES MAYBRICK: este sospechoso a la identidad de Jack the Rippertambién podría haber sido El Loco del Hacha de AustinRecreación de un Loco del Hacha
  21. 21. La historia criminal registra dos casos paradigmáticos en los cuales a un anónimo y ferozultimador se lo tildó con el mote de "El Loco del Hacha".El más conocido de los eventos refiere al llamado "Loco del Hacha de Nueva Orleans"(u Hombre del Hacha de Nueva Orleans).Se trató aquí de un victimario impune que operó en aquella ciudad estadounidense, y cuyasecuencia de sangre abarcó de mayo de 1918 a octubre del año siguiente. Fue tristementefamoso por su saña, y gracias a una truculenta carta donde se definía como un demonio einvocaba que sus crímenes estaban inspirados en la música de jazz.Menos reputados y mediáticos que los crímenes antes mencionados, resultaron loscometidos por "El Loco del Hacha" de la también norteamericana ciudad de Austin. Estemisterioso asesino fue el causante de una ola de homicidios salvajes, macabros e impunesacontecidos en las postrimerías de 1884 y durante el año 1885.Nunca se capturó ni desenmascaró al culpable de tales fechorías, pero muchos añosdespués de estos sucesos se barajó un nombre por demás sorprendente: James Maybrick.Doblemente asombroso deviene este candidato si consideramos que igualmente resultónominado a haber sido el hombre que se ocultaba bajo el mucho más infame seudónimodelictivo de Jack el Destripador. El sospechoso procedía de una antigua y respetablefamilia que a la fecha de su nacimiento -24 de octubre de 1838- llevaba sesenta añosinstalada en la ciudad de Liverpool. De hecho, fue el primogénito, porque Williams, elprimer hijo del grabador de metales William Maybrick y su esposa Susannah, falleciócuando apenas contaba con tres años de edad. A James le sucedieron Michael, nacido en1841, quien de adulto se convirtió en un célebre compositor, Thomas, nacido en 1846, yEdwin venido al mundo en 1851, estos dos últimos hermanos se inclinaron, igual queJames, por la actividad comercial.El camino profesional tomado por Maybrick fue el comercio algodonero, notablementeincrementado en Inglaterra a raiz de la Guerra Civil Norteamericana que provocó granescasez de algodón. Esta coyuntura tornó el negocio de compra-venta abierto a los hábilesespeculadores, actividad en la que este comerciante destacaba por condiciones innatas.James Maybrick viajó bastante, y los Estados Unidos de Norteamércia configuró uno desus destinos favoritos. En 1880, durante el curso de uno de esos frecuentes periplosmarítimos, se ennovió con Florence Chandler, de diecinueve años; joven hermosa yadinerada proveniente de una noble familia de Mobile, Alabama. Pero también se alegaque el individuo habría estado en suelo de Norteamérica a fines de 1884 y durante 1885,más en concreto en la sureña ciudad de Austin.Una de las más entusiastas propagandistas a la hora de identificar a James Maybrick conJack el Destripador esShirley Harrison. Esta escritora redactó los comentarios aldenominado "Diario de Maybrick"; vale decir, el manuscrito supuestamente hallado por eldesocupado liverpoolense Michael Barrett en 1991, el cual entre 1992 y 1993 vio supublicación y generó enorme revuelo, pues se pretendía que aquellas letras eran obra delmismísimo Jack the Ripper, que habría impreso allí su confesión póstuma.
  22. 22. Advirtiendo un sabroso filón, la autora publicó en 2004 una nueva indagatoria vinculada alasunto: "The american connection"- ("La conexión americana"), editorial John BlakePublishing, Londres, Inglaterra.En dicho libro se esgrime presunta evidencia de que Maybrick se habría encontradopresente -como ya se dijo- en la ciudad de Austin, Estado de Texas, Estados Unidos, afinales de 1884 y durante 1885. La noticia en sí misma muy escasa trascendenciasrevestiría, si no fuese porque en la citada metrópoli tuvo lugar una retahíla deestremecedores asesinatos con mutilación que la posteridad recuerda como "La matanzade Austin".La historia cuenta que un homicida en serie deambuló por las calles de Austin dejando unreguero de sangre a su paso.El arma asesina: un hacha.En su mayoría las víctimas resultaron jóvenes mujeres afrodescendientes que laborabande empleadas domésticas en fincas emplazadas en los suburbios, aunque por excepciónuno de los muertos lo constituyó un hombre, novio de una de aquellas, el cual,según seconjetura, fue ultimado tras salir en defensa de la chica.La inicial presa humana laconformó Mollie Smith, victimada el 30 de diciembre de 1884. A esta fémina leacompañaron al siguiente año, en trágico desenlace, Eliza Shelley, el 6 de mayo, MaríaRamey, el 29 de agosto, Gracie Vance y Washington Orange, ambos el 27 de septiembre,Susan Hancock y Eula Phillips, las dos el 24 de diciembre de 1885.Jamás se supo la identidad de aquel despiadado ejecutor múltiple. Se detuvo a tressospechosos, pero sólo uno de ellos -William Sydney- fue conducido a juicio y, al cabo,devino exonerado por ausencia de pruebas. ¿Se trató de "trabajos tempraneros" de Jackel Destripador?Aunque publicaciones contemporáneas a esos crímenes sostuvieron que tal extremo eraprobable, y que el matador de Whitechapel era idéntico en su accionar al que, un lustroantes de los homicidios victorianos, finiquitase a siete mujeres y a un hombre en Austin, escasi seguro que ello no fue así. Ni la elección de la clase de víctimas, ni el modusoperandi utilizado coinciden.No obstante, en el libro de Shirley Harrison se explora la eventualidad de que Maybrick,por razones mercantiles, hubiese arribado a esa ciudad norteamericana en esas fechasexactas -hecho no comprobado y que más bien se arguye como una posibilidad- y,mezclando los negocios con la vesania criminal, dedicase su tiempo libre entre unaoperación mercantil y otra a perpetrar, hacha en mano, esas espantosas crueldades.¡Pobre James Maybrick! No le permiten descansar en paz.Algunos ripperólogos insisten en transformarlo en un monstruo.
  23. 23. 7. JAN 7 El fenómeno del asesino serial a través de la historiaASESINOS SERIALES: EVOLUCION HISTORICAEl fundador de la secta de los asesinos:Hassan Ibn SabbahLuís Alfredo Garavito:uno de los más prolíficos homicidas secuenciales
  24. 24. Asesinos grupales:Miembros de la "Familia Manson"La palabra "asesinos" deriva de "hashishin" -adictos al consumo del haschis que matabanbajo la influencia de esa droga- y refiere a los miembros de una secta musulmana queperpetraba homicidos por motivaciones religiosas acatando órdenes de sus jefes yprofetas.En particular, seguían fanaticamente a Hassan Ibn Sabbah, el cual pasó a la historiacomo "El Viejo de la Montaña" -pues encaramado en la cima del macizo Elburz habíafortificado su inexpugnable castillo de Alamut ("Nido de Aguila")- y fue un líder ismailita quearribó a ese sitio en el año 1090 al mando de unas menguadas huestes que cada vez sefueron volviendo más poderosas.Sin embargo, quienes se han constituido en épocas actuales en azote de sus semejantesno son aquellos míticos ejecutores, sino personajes cuyo motivo para ultimar devienemenos claro pues, a diferencia de los acólitos del Viejo de la Montaña, saben bien que noirán al paraíso gracias a sus actos fatales. Otra compulsión mucho más oscura y personallos guía.Aunque el fenómeno del crimen en serie no es reciente, sino que goza de larga y tristedata, podemos afirmar sin titubeos que esta realidad se acentuó de manera alarmante ennuestra sociedad contemporánea.¿Cómo define la criminología a un homicida serial o secuencial?De acuerdo a una clasificación básica puede sostenerse que un asesino serial es aquelque comete tres acciones letales diferentes con inervalos fríos (cool-off). En cada una deéstas puede producir más de un homicidio. Habitualmente cada criminal de esta especieposee una conducta ritualizada que le es propia, y que mantiene sin modificacionesdurante la retahíla de crímenes.Esto permite dividirlos en dos grandes categorías: asesinos en serie
  25. 25. organizados y asesinos en serie desorganizados.Igualmente configura una particularidad inherente al comportamiento asumido por estaclase de matadores el hecho de que usualmente observan de manera fiel un patrónespecífico en su forma de finiquitar. Aún cuando pueden operarse algunas variaciones enel concreto modo de eliminar a una u otra víctima, en lo esencial se advierte un comúndenominador delator de que el crimen fue llevado a cabo por la mano de un mismoatacante.La incapacidad para detenerse una vez emprendida la saga terminal conforma unapeculiaridad que los teóricos resaltan en la actitud del homicida secuencial. Ningunaconsideración de orden moral frena al perpetrador una vez que se ha lanzado a larealización de su raid vesánico. Ni siquiera ponderaciones de sentido común, o lanecesidad de obrar con cautela a fin de evitar la aprehensión inminente determinan que eldelincuente se abstenga de asesinar.Sólo dejará de matar si lo capturan, se enferma o se muere, o si un hecho externo ajeno asu voluntad -por ejemplo, ser apresado en el curso de la comisión de otro delito- le priva dellevar a término sus violencias. Su compulsión no se debe a factores aleatorios, pues nodepende tanto de la sociedad en que vive, sino que está básicamente configurada por sucarga génetica, según la opinón predominante de los modernos especialistas en elfenómeno de la criminalidad seriada.Se ha sustentado que los finiquitadores en cadena nunca se suicidan antes de seraprehendidos, y que rara vez lo hacen en la cárcel. Aunque con ecos de la vieja escuelalombrosiana, expertos del prominente calibre de la Dra. Helen Morrison han enfatizado queel ultimador serial lo es ya en el vientre de su madre durante el embarazo, que lo es enestado de feto, y aún desde que el espermaozoide fecunda al óvulo y establece lacomposición de un nuevo ser. Los genes originarían un cerebro trastornado y enfermo contendencia a generar un asesino en serie (cfe:Morrison, Helen, Mi vida con los asesinos enserie, traducción de Gema Deza Guil, editorial Océano, Barcelona, España, pag. 305)La lista de matadores secuenciales modernos es muy extensa, y no se avizora que sevaya a detener en un futuro próximo. En la Edad Media esta incapacidad para comprenderlos crímenes en serie hizo que éstos se atribuyeran a hombres lobos o a vampiros. Antesde la era freudiana las causas sobrenaturales constituían la única explicación para losasesinatos extremadamente violentos que incluían desangramientos y otrasmonstruosidades semejantes. El pueblo creía que tales desmanes únicamente sejustificaban merced a la presencia de elementos demoníacos y a la intervención deentidades malignas.Pese a que ya en la antigua Roma hubo criminales en cadena, el paradigmático casode Jack el Destripador en la Inglaterra victoriana de postrimerías del siglo XIX sueletomarse como el primer caso que gozó de fuerte resonancia mediática.En varios de los más espectaculares episodios la lúgubre trascendencia de los mismos fuecausada por la brutal crueldad empleada por el agresor. En otras situaciones, en cambio,lo que primó consistió en la cantidad desproporcionada de muertes cobradas en laemergencia. En algunos victimarios seriales prevalece la psicopatía, mientras que en otrosla razón de sus delitos descansa en el impulso sexual. Hay asesinos en serie que buscan
  26. 26. ejercer dominio sobre la víctima, pero también hay aquellos que sólo se interesan por elcadáver, y que matan procurando ocasionar el menor dolor o terror posible sobre suspresas humanas.La mayoría de los homicidas secuenciales actúan en solitario. Por caso: Luís AlfredoGaravito, Ted Bundy, Peter Sutcliffe, Henri Landrú, John Wayne Gacy, Andrei Chikatilo, ymuchos otros más. Pero, igualmente, existen oportunidades donde se trata de un grupoque comete los crimenes seriales. Ejemplo típico de asesinatos perpetrados por un gruporesultaron los homicidios del clan de hippies liderado por el lunático Charles Mansonconocido con el mote de "La Familia Manson".
  27. 27. 8. DEC 16 La conspiración policial para encubrir a Jack el DestripadorDESDE THOMAS CUTBUSH AL CORONEL CONDERCoronel Claude Reignier Conder: oficial de inteligencia británica nominado a habersido Jack el DestripadorUn nuevo candidato a asumir la identidad del elusivo Jack el Destripador ha aparecido enel horizonteripperiano (y van...). Se trata, en esta oportunidad, de un militar que revistabaen la inteligencia británica y fue contemporáneo a los homicidios de Whitechapel. Paramás datos, conforme parece, era buen amigo del Comisionado de la Policía MetropolitanaSir Charles Warren. Su nombre: coronel Claude Reignier Conder.El creador de la llamativa teoría es Tom Slemen, prolífico escritor de ficciones vinculadas alos géneros de suspenso y de terror. En conjunción con el criminólogo Keith Andrews,desarrolla la conjetura de que el prenombrado coronel Conder y Jack theRipper. constituían la misma persona.
  28. 28. Tom Slemen: novelista que se pasa al ensayo y denuncia al coronel Conder¿Las pruebas que aportan estos escritores?No parecen ser muy efectivas. Señalan que Conder era un militar de inteligenciapreparado en misiones cuasi suicidas y entrenado para matar. Habría desempeñado unpapel clave en la persecusión de los rebeldes irlandeses que en la era victorianajaqueaban al imperio de la Gran Albión a fuerza de bombas y atentados.Aseguran que el coronel era íntimo del máximo jefe de la Policía Metropolitana deentonces, el general Charles Warren. Los dos militares fueron compañeros de estudios enel colegio de Chelteham (de hecho los restos de Claude Conder reposan en el cementeriode esa ciudad desde 1927).Otras aventuras habrían hermanado a Warren y Conder. Es sabido que el primero,además de su vasta y prestigiosa carrera castrense, actuó como arqueólogo. De acuerdodestacan, en escavaciones arqueológicas practicadas en Oriente Medio, Warren fueasistido por Conder, y también trabajaron buscando tesoros y reliquias en el casi míticotemplo del rey Salomón en Jerusalén.
  29. 29. El general Charles Warren en una fotografíadonde se lo aprecia vestido de civilUna vez que Sir Charles se percató de las pistas rituales que el verdugo de ramerasdejaba adrede en las escenas de los crímenes, se valió de su poder a fin de desactivar lamarcha de la indagatoria policial destinada a capturar al responsable de las atrocidades.Entre tales indicios se cuentan los anillos quitados a Annie Chapman y la prolija colocaciónde monedas en torno a su cadáver. Señal más diáfana aún la configuró el mensaje pintadosobre la pared de la calle Goulston, donde se imprimiera la enigmáticapalabra "Juwes" que el general Warren mandó borrar en forma perentorea.La conspiración policial- militar se impuso para embozar los crímenes que ensangrentaronaquel otoño de 1888. Sir Charles se negó a perseguir a su colega y amigo. Empero, sudesidia no se debíó únicamente a lealtad y camadería, sino a saber que el coronel Condercumplía con órdenes superiores al eliminar ceremonialmente a las meretrices.¿Motivos? No quedan claras las razones de los asesinatos. No olvidemos que TomSlemen, el propulsor de esta hipótesis conspiranoica, constituye un novelista dedicado aproducir cuentos de suspenso y de terror que en esta emergencia innova e incursiona enel terreno de la pesquisa histórica. Y, a decir verdad, el suministro de pruebas sólidas y deargumentos lógicos no parece representar su fuerte.No deviene la primera vez que se maneja una teoría propugnando que una conspiraciónde la policía dejó impune los crímenes del matador serial victoriano. La versión delencubrimiento policial surgió inicialmente en el año 1894, cuando fue redactadoun memorandum de circulación policial interna por cuenta de un connotado mandamás deScotland Yard: Sir Melville Leslie Macnaghten.
  30. 30. Sir Melville Macnagthen: fue sospechadode participar en un encubrimiento policialEl memorandum escrito por dicho jefe se hizo famoso y sirvió a fin de echar luz sobre trespresuntos sospechosos (Druitt, Ostrog y Kosminsky), pero en realidad esas notas sólotuvieron por móvil la intención de exculpar a un demente llamado Thomas Cutbush, quiena la sazón era objeto de virulentos ataques por el periódico sensacionalista The Sun, enlos cuales se lo sindicaba de ser el ejecutor de las prostitutas mutiladas por Jack.El tío del desequilibrado Thomas fungía de Superintendente en el Scotland Yard de esaépoca y, sabedor de la culpabilidad de su sobrino, lo habría protegido. Charles Cutbush, elpresunto encubridor, contó con el auxilio de camaradas y de jerarcas para evitar que elescándalo no manchase a las autoridades inglesas.De allí que la policía habría preferido desviar las sospechas (a travesdel memorandum realizado por Sir Melville Macnagthen) y se enfocaron en un suicida dehábitos extraños: Montague John Druitt, que se había arrojado a las aguas del río Támesispoco después del último homicidio consumado por el Destripador. Al menos así sepretende en"Jack: the Myth", ensayo fruto del ingenio creativo de la escritora A.P. Wolf,que fuese editado en el año 1993.Vale expresar, pues, la teoría de la conspiración policial, con su carga de ocultamiento depruebas y de deliberado desvío de sospechas, no resulta cosa inédita. Ahora, Tom Slemenrepite en su formulación las tesis conspiranoicas de sesgo militar-policial, cuando proponeal desconocido coronel Claude Reignier Conder para ocupar el sitial reservado al sádicoasesino del este de Londres. Nada nuevo bajo el sol.
  31. 31. DEC 8 ¿Y si Vincent Van Gogh hubiese sido Jack el Destripador? LA INSOLITA TEORIA DE DALE LARNER Autoretrato del genial Vincent Van GoghDale Larner: este escritor y pintor estadounidensees el propulsor de la inédita hipótesis
  32. 32. Por internet se viene, desde el pasado año de 2011, propagandeando la inminentepublicación de "Vincent alias Jack", obra de no ficción en la cual se planteará que elsobresaliente pintor impresionista Vincent Van Gogh(nacido en Paises Bajos el 30 demarzo de 1853 y fallecido en Francia el 29 de julio de 1890) habría sido -además de unorate genial- nada menos que el terrible y elusivo Jack the Ripper.El artífice de este ingenio lo configura un pintor y escritor afincado en Jacksonville, denombre Dale Larner. Desde su sitio web, y a través de videos colgados en la web, elnorteamericano promociona su sensacional conjetura: Jack el Destripador y Vincent VanGogh fueron una misma y única persona, lo cual es tanto como afirmar que el bien y el malestán unidos, y que la brillantez artística y la vesanía criminal han quedado encarnados enun sólo individuo. A ciento veinticuatro años de consumados aquellos horrendosasesinatos saldría a luz la verdad, según pretende esta versión de la historia.Vincent Van Gogh vino al mundo -conforme anticipamos- el 30 de marzo de 1853, siendohijo del pastor protestante Theodurus Van Gogh y de la ama de casa Anne CornélisCarbentus. Contaba con treinta y cinco años al tiempo en que sucedieron los crímenes delotoño de terror en el este de Londres.No resulta éste el espacio apropiado para siquiera bosquejar la biografía de tan conocidoartista, por lo que a los efectos de esta nota nos limitamos a adelantar que todos losbiógrafos están contestes en que Vincent se hallaba en Arles (sur de Francia) durante elaño de los homicidios victorianos. Residía en su "casa amarilla", pues de ese color era lafachaba de la vivienda que alquilaba, y donde soñaba con montar un atellier dondeintegraría a muchos otros pintores impresionistas.De hecho en 1888, tras insistentes cartas exhortantes, logró que su amigo y mentor, el nomenos genial Paul Gaugin, se trasladase hasta Arles y aceptara compartir con él aquellafinca a la cual arribó el 21 de octubre de ese año. Los lugareños vieron juntos a ambosartistas retratando sitios históricos de esa localidad y haciendo proyectos, hasta que el 23de diciembre se dio cita el drama. De acuerdo consigna la versión oficial, presa de uno desus empujes psicóticos y luego de una discusión cuyo motivo sigue siendo confuso, VanGogh esgrimiendo una navaja de muelle amenazó con matar a Gaugin.El episodio no culminó en agresión, pero al parecer cuando más tarde Vincent recobró suscabales se sintió tan culpable que decidió amputarse, a modo de castigo, el lóbulo de suoreja derecha. Que continuaba bajo el influjo del desquicio quedó muy claro siconsideramos que, acto seguido, se dirigió al burdel en que laboraba Rachel, su prostitutafavorita, y le ofreció como regalo el sangrante trozo de órgano.De la circunstancia de que las meretrices jugaron un rol preponderante en la existencia delmalogrado esteta da cuenta que años atrás, en 1882, convivió con una de ellas, a la cualrecogió de las calles hambrienta y con un hijo en camino. Se vio forzado a cortar larelación pues, a estar a los dichos de la mujer, su hermano Theo (que le enviabaregularmente las remesas con que el indigente Vincent se mantenía) se oponía a esosamoríos. Además, Clasina María Hornik -que así se llamaba aquella-, apodada "Sien",trasmitió las enfermedades venereas de gonorrea y de sífilis a su protector.
  33. 33. Retrato de "Sien" a cargo de Vincent Van Gogh¿Esta desgracia habría generado en el pintor un afán de venganza y un odio acérrimocontra las prostitutas?. Tal vez -si en verdad hubiera sido el victimario de aquellas, comopostula Dale Larner- allí podría residir un móvil que, sumado a la desintegración psíquicaque fue sufriendo este hombre, explicaría que hubiera llegado a convertirse en el homicidaserial más famoso de la historia.Pero toda la formulación parece disparatada. Sin entrar a realizar mayores críticas: ¿cómoexplica Dale Larner que Vincent Van Gogh estuviera en el este de Londres, cuando todoslo ubican viviendo en el sur de Francia en 1888?.Bueno, tendremos que aguardar a la publicación del libro para saberlo, pues no informa deello en su sitio web ni en sus videos promocionales. En estos últimos sí proporciona unapista de cómo fue que concibió la responsabilidad criminal de Vincent: Lo hizo tras analizaruna de las obras pictóricas más célebres producidas por el artista titulada"Los lirios".
  34. 34. Una de las muchas versiones de "Los lirios",donde el pintor habría dejado claves de su culpabilidadEn el aludido cuadro -atento es dable apreciar en sus videos- el acusador cree advertir quese dibujó el rostro y otras partes del cuerpo de la infortunada víctima Mary Jane Kelly. Osea, el investigador recurre a la noción de que hay mensajes crípticos plantados adrede, amanera de gestos satíricos, en las pinturas de Vincent Van Gogh. Propone que si sabemosleer inteligentemente esos "mensajes ocultos" descubriremos por fin al taimado asesino deWhitechapel. Pero, honestamente, debe uno gozar de una muy frondosa imaginación parapoder "ver" a la patética Mary Jane Kelly escondida dentro de esa pintura.Es de lamentar que el autor que venimos citando no exponga sus ideas en forma denovela, confinándolas exclusivamente en el terreno de la ficción, donde lo estrafalario -siestá presentado con destreza- reviste la virtud de tornar interesante y atractiva a unalectura. El paso que amenaza con dar Dale Larner deviene mucho más peligroso porqueanuncia claramente que él cree a pies juntillas en lo que pregona, y que lo suyo constituyóuna ardua investigación, una sólida hipótesis científica.Todo apunta, sin embargo, a que dentro del ámbito de la no ficción esta tan arriesgadateoría quedará empantanada naufragando en medio de la burla y el descrédito. Pero, enfín, para dejar sentada una opinión definitiva no tenemos más remedio que aguardar a queel escritor cumpla con su "amenaza", y que su libro acusando a Vincent Van Gogh dehaber sido Jack el Destripador quede finalmente a disposición del público.
  35. 35. 9. OCT 25 La verdadera historia de Jack el DestripadorUN CUENTO "ESCALOFRIANTE" escrito por Gabriel Pombo.Aquel otoño de 1888 había sido espantoso para los habitantes de Londres.Y no porque la niebla y el frío resultasen más agobiantes que de costumbre, pues al malclima los ciudadanos británicos estaban acostumbrados.Lo que llenaba de terror a la población inglesa consistía en unos sucesos mucho másmacabros.No era para menos. Desde aquel mes de agosto los periódicos no paraban de informarque en los barrios bajos del este de la capital -sobre todo en el maltrecho distrito deWhitechapel- un maníaco venía asesinando a mujeres de vida alegre.Los crímenes tuvieron su inicio en la noche del 7 de agosto cuando Martha Tabran murióviolentamente, tras recibir treinta y nueve puñaladas.A esa desdichada la acompañaron en fatídico destino Mary Ann Nichols, el 31 de agosto,Annie Chapman, el 8 de septiembre, Elizabeth Stride y Catherine Eddowes, ambasdurante la madrugada del 30 de ese mes y -después de una engañosa interrupción- lajoven y bella Mary Jane Kelly el 9 de noviembre.
  36. 36. Algunas de las víctimas de Jack el DestripadorCon cada nuevo homicidio el ejecutor se tornaba más feroz y más convencido de quenunca lo iban a detener.La espantosa lista de víctimas, lejos de concluir, proseguía agrandándose, y la policíabritánica -la famosa Scotland Yard- se mostraba impotente para capturar al sádicodelincuente.Por si fuera poco, esa tarde se volvió inesperadamente sombría: una falla en el sistema defarolas a gas, que por entonces iluminaba a la Inglaterra gobernada por la reina Victoria,sumergió a los londinenses en la más tétrica de las penumbras.
  37. 37. La reina Victoria era monarca de los ingleses en 1888Ese atardecer, el asesino que la prensa bautizaba con el alias de "Jack el Destripador"estaba decidido a atacar de nuevo.Se vistió muy despacio con elegantes ropas oscuras: pantalón, camisa y saco negro, ycorbatín de seda gris. Por último, tras echar encima de sus hombros una amplia capa, secubrió la testa con su sombrero de copa favorito.Salió de su residencia con paso firme, casi presuroso, sin olvidar llevar consigo el maletínde cuero -similar al que usaban los médicos de esa época- en cuyo interior escondía unjuego de cuchillos de recia empuñadura que, con mucho esmero, acababa de afilar.Una vez que avanzaba sobre las adoquinadas calles llamó su atención la cerradaoscuridad que inundaba todo a su alrededor, aunque aún faltaba bastante para que cayerala noche.¡Maldito apagón!, se dijo contrariado.Esperaba que la ausencia de luz no perjudicara el trabajo en las tabernas. Allí era dondesolía ir a beber una copas, y desde las barras de esos antros escudriñaba a las prostitutas.
  38. 38. "Taberna en Whitechapel": pintura de Gustave DoréCuando las mujeres se marchaban con algún cliente las acechaba sigilosamente, yaguardaba que el ocasional compañero de aquellas se retirase. Instantes después, porsorpresa, sin darles tiempo a oponer la menor resistencia, se abalanzaba sobre ellas y lescercenaba la garganta.Esta noche no sería la excepción- pensó, y una cruel sonrisa se dibujó en su rostro.Sin embargo, esta vez Jack, quien usualmente apenas bebía alcohol, precisaba un tragode whisky. No lo necesitaba a fin de infundirse coraje antes de matar, pues para él la vidahumana nada significaba.Deseaba ingerir una generosa ración de licor antes de ponerse a conversar con un extrañoal cual contarle las ideas que rondaban por su cabeza. Quería jactarse de sus tristeshazañas, y anunciar a otros las maldades que, en un futuro cercano, planeaba cometer.-Uno será muy asesino, pero es un ser humano al fin y al cabo- se dijo.La ocasión le venía de perillas porque no se veía nada a causa del apagón, por lo cualnadie lo iría a reconocer ni podría, por ende, denunciarlo.Llegaría a una taberna, pediría al cantinero que le sirviera un trago, y hallaría a algúnparroquiano a quien hacer partícipe de sus confidencias y, de paso, pegar un gran susto.Caminó y caminó, hasta advertir unas luces muy tenues cuyo reflejo le permitió vislumbraruna entrada. Una taberna abierta y oscura, sin duda.Ingresó, y enseguida oyó el parloteo de varias personas dialogando. Voces masculinastodas ellas, ninguna voz femenina alcanzó a percibir.Tal cosa era normal porque a esa hora tan temprana las mujeres de vida alegre aún nocomenzaban su labor. Sólo había hombres: marineros, oficinistas aburridos, y obreros quecansados de su jornada en las fábricas acudían a las cantinas para relajarse bebiendolicor.Tropezó en medio de la penumbra con una silla sobre la cual se sentó, al tiempo que sequitaba su sombrero de copa.-¡Boby!- llamó con voz autoritaria.Cuando no conocía el nombre del tabernero nunca le fallaba requerir ser atendido por
  39. 39. algún empleado que se llamara Boby, dado que el diminutivo de Robert era muy común enla Inglaterra victoriana.No fue diferente esta vez, y de inmediato escuchó el rumor de unos pasos aproximarse.- ¿Qué se le ofrece mister?- Pues que me sirvan una jarra de cerveza.¡No! mejor sírveme un vaso de whisky. Escocéspor supuesto. Esta noche tengo muchas ganas de hablar con alguien, y beberme unwhisky será un buen comienzo- hizo una pausa mientras procuraba distinguir entre lassombras las facciones de su interlocutor.-En realidad mister, no creo que aquí podamos ayudarlo. Si usted busca con quien hablardeberá dirigirse a otro sitio- fue la fría respuesta.Jack hirvió en cólera. Era hombre de pocas pulgas al cual le disgustaba que locontradijesen.-Claro que me servirás, cantinerito de cuarta- rugió con mal humor. -Me traerás el tragoque te ordeno, y me escucharás muy atento, te guste o no.-realizó un paréntesis a fin dedar más énfasis a sus amenazas- ¿Sabes con quién estás tratando mocito? Pues nadamenos que con el tipo al cual todos llaman Jack el Destripador. No necesito aclararteporqué me apodan así. ¿No crees?Las rudas palabras del criminal parecieron surtir efecto. El sujeto anónimo pareció tragarsaliva, y cambiando de tono le dijo respetuosamente:-Disculpe usted. Con esta tremenda oscuridad uno no puede saber con quien estátratando. Claro que haremos todo lo posible por servirlo- repuso, y con un gesto rápido desu mano llamó a un compañero.Cuando unos pasos se aproximaron Jack oyó que el primero le decía al otro:-El señor es Jack el Destripador. Nos hace el honor de visitarnos. Ve a la trastienda enbusca de una botella de scotch, de la máxima calidad.Más calmado, al comprobar que sus órdenes eran obedecidas, el delincuente prosiguió:-Bien muchacho, así está mejor... Bueno, como te decía, no sé porqué razón, peromientras caminaba rumbo a esta taberna me vinieron una enormes ganas de hablar conalguien, con un desconocido. Y ahora que te has puesto amable creo que te elegiré a tipara hacerte algunas confesiones...Jack pudo sentir que la respiración de su anónimo oyente se tornaba más pesada... Estepobre cantinerito debe estar muerto de miedo, ja, ja - pensó, y esa idea lo puso de ánimoalegre.Siempre resultaba bueno sentirse distendido en aquellas noches cuando se aprestaba asalir a "trabajar" provisto de sus filosos cuchillos.Consideraba cosa positiva la adrenalina que le corría al oír los gritos de sus víctimas, ymientras emprendía la huída por las estrechas callejuelas burlando a los estúpidospolicías. No obstante, sabía que soportar mucho stress era malo para su salud.- Lo escucharé con toda la atención que usted se merece- respondió suavemente el otro.- Bien Boby, te contaré porqué maté a la primera. A esa gorda fea, la cual- al día siguienteleyendo los periódicos- supe que se llamaba Martha Tabran. Yo estaba en la taberna "ElAngel y La Corona" y me aprontaba para retirarme cuando la mujer iba saliendo del brazocon un guardia de la Torre de Londres. Un muchachito que -se veía a la legua- estabagozando de su día franco, y al cual no se le ocurrió mejor idea que gastarse la paga conuna apestosa como esa.¿Sabes? La muy furcia estaba borracha, y al pasar me dio un pisotón. Sé que lo hizo sinquerer. Pero, ¡por mil diablos! ¡cómo me dolió!, me apretó justo la uña encarnada. Bueno,claro que no decidí matarla sólo por eso. Pero la seguí hasta la calle para insultarla a ella yal mequetrefe que tenía por cliente, y al aproximarme logré verle bien la cara...y ahí fueque me vinieron unas ganas bárbaras de cortar su grueso pescuezo. ¿Quieres saber
  40. 40. porqué?-No me puedo imaginar. Dígamelo mister-Pues porque la cretina era idéntica a mi tía Etelvina. La muy zorra de mi tía que me hacíala vida imposible cuando yo era chico. La vieja hace años que está muerta. De niñosiempre quise vengarme de ella, pero se murió antes de que yo llegase a ser adulto. Yahora, al verle el rostro bajo la luz de aquella farola a gas a Martha Tabran, supe que mi tíase había reencarnado en ella.Esa fue la primera vez que lo hice. Treinta y nueve tajos le pegué. Tuve que darle tantospara liquidarla porque el puñal lo llevaba desafilado.Después de esa vez siempre voy preparado y llevo al menos un par de cuchillos bienafiladitos, ja, ja.-Y a las demás mujeres: ¿También las asesinó porque se parecían a su tía?-No te hagas el chistoso Boby... Las maté porque le agarré el gustito a la sangre, ja,ja.Además, con lo idiota que es nuestra policía de seguro nunca me van a atrapar,-No tengo el gusto de compartir su mala opinión sobre la policía de Londres.-¿Y tú que sabes de eso infeliz?- como ya hemos dicho al criminal no le agradaba que locontradijeran- Aquí en Inglaterra todos los policías son idiotas, ¿me oyes? Y dicho sea depaso: ¿para cuándo el whisky?-Disculpe mister, mi compañero demora porque fue hasta la bodega a buscar un whiskyacorde a la calidad de un distinguido visitante como usted.-Bueno, pero que no tarde. Me muero de ganas por beber un buen trago. Como te veníacontando, una vez que uno le agarra la mano a esto de cortar cuellos y destripar ya no sepuede parar- hizo una interrupción teatral para asustar a su interlocutor, y remató:-Y esta noche, cuando salga de esta taberna, pienso despachar a un par de prostitutasmás, por lo menos.Se quedó aguardando el efecto que surtían sus amenazas. El tipo a esta altura debehaberse hecho encima de los pantalones , ja,ja, supuso, mientras saboreaba la agradablesensación de causar miedo.Sin embargo, un nuevo comentario de "Boby" volvió a sacarlo de sus casillas.-Como ya le dije, pienso que la policía de acá no es tan tonta como usted cree. Es más,me parece que su carrera criminal ha terminado, y que ya no podrá asesinar a ningunamujer más- le retrucó con inesperada serenidad el otro.-Claro que seguiré despanzurrando prostitutas a diestra y siniestra. ¡No dejaré de matarlashasta que me harte!- bramó el homicida múltiple.¿Quien se piensa este desgraciado que es?- se dijo-. Como me siga llevando la contrariaabriré mi maletín, tomaré uno de mis cuchillos y le rebanaré el cuello. Lástima que nopuedo verlo con esta maldita oscuridad...Pero antes de que pudiera ejecutar movimiento alguno escuchó a su oponente repetir:-Le aseguro que su carrera criminal ha terminado y que ya no volverá a lastimar a nadiemás- el timbre del otro sonaba curiosamente muy seguro.Tanta rabia le provocó esa afirmación y el tono con que la misma fue dicha que, porinstinto, Jack adelantó sus manos con ambos puños crispados amenazando hacia lassombras, hacia donde provenía la voz de aquel impertinente fastidioso.-¿Cómo te atreves a decirme que ya no podré volver a matar a quien a mí se me antoje?-rugió totalmente fuera de sí el Destripador.-Porque usted no se encuentra dentro de una taberna. ¡Estas son las oficinas de la jefaturade policía de Scotland Yard!- le espetó secamente el agente, al tiempo que cerraba un parde esposas en torno a las muñecas del atónito asesino en serie.
  41. 41. Cuerpo de policía de la época de Jack el Destripador 10.
  42. 42. OCT 25 Médicos forenses en los crímenes de Jack el DestripadorAUTOPSIAS Y OPINIONES FORENSES EN LOS ASESINATOS DE JACK THE RIPPERDr. George Bagster Phillips: Fue el galeno que participó en más autopsias de lasvíctimas canónicas.Dr. Frederick Gordon Brown:Médico forense de la Policía de la Ciudad de Londres
  43. 43. Dr. Thomas Openshaw: Examinó el famoso trozo de riñónDr. Thomas Bond: Intervino en la autopsia de Mary Kelly y opinó que el asesino noostentaba siquiera los conocimientos de un matarifeDesde el comienzo fueron motivo de encendida polémica, y de arduo dilema, loseventuales conocimientos clínicos que pudiera poseer el criminal que durante el otoño de1888 se encarnizara con las prostitutas del East End londinense.Un puñado de médicos forenses participaron en autopsias, así como en la elaboración dereportes vinculados a las víctimas atribuidas a aquel homicida serial. Descuella entre todosesos profesionales el Dr. George Bagster Phillips, médico forense de la PolicíaMetropolitana. Resultó lógico que este galeno apareciera en forma preponderante, en tantola mayoría de los asesinatos ocurrieron dentro de la jurisdicción asignada a la Policía de laMetro para la cual revistaba.La excepción la conformó el homicidio perpetrado contra Catherine Eddowes a primerashoras de la madrugada del 30 de septiembre de 1888 en la Plaza Mitre, pues ese crimencayó bajo la competencia de la Policía de la City de Londres. Debido a esta circunstanciajurídica, el médico forense encargado de aquella autopsia devino el cirujano oficial de la
  44. 44. Policía de dicha ciudad: Dr. Frederick Gordon Brown.También le cupo una actuación subrayable al médico Thomas Bond. Este profesional seencargó, junto al Dr. George Bagster Phillips, de elaborar el informe de la autopsiarealizada al destrozado cuerpo de Mary Jane Kelly.Pero más llamativo aún fue que Bondredactó (a solicitud de Scotland Yard) un reporte suministrando el perfil criminológico de laplausible la personalidad que tendría el matador múltiple.En tal sentido, este cirujano representó un precursor en cuanto a los modernos estudios deperfilación criminal que practican el FBI y otras instituciones policiales y, por ende,precedió a emblemáticos expertos en materia de perfiles homicidas como, porejemplo, Robert K. Ressler. También se recuerda a dicho galeno debido a sus comentariosenfáticos de que el victimario de aquellas infelices mujeres no había acreditado ostentarsiquiera los rudimentos de disección que cabría esperar en un carnicero o en un matarife.Otro médico que tuvo un papel de interés, y pasó a la historia relacionado con Jack elDestripador, fue el Dr. Thomas Openshaw. Este prestigioso patólogo examinó y dio suparecer respecto del trozo de riñón que llegó por correo, dentro de una caja de cartóndirigida al Presidente del Cómité de Vigilancia de Whitechapel, el 16 de octubre de 1888.Openshaw ratificó la naturaleza humana de aquel órgano, y el hecho de que el mismopertenecía a un mujer de cuarenta a cuarenta y cinco años de edad, la cual estabaaquejada, en un estadio avanzado, por una enfermedad característica en los alcohólicos.Sin embargo, preguntado acerca de si aquella víscera casaba con la de Kate Eddowes (aquien dos semanas atrás el asesino le quitase su riñón izquierdo) el especialista se mostródubitativo, y más bien dejó entrever que el órgano no pertenecía a dicha occisa, sino quepodría haberle sido extraído a un cadáver dispuesto para la disección; o sea, tal vez eltruculento obsequio sólo constituyese una broma gastada por un estudiante de medicina acosta del entonces mediático George Akin Lusk, que presidía el grupo de perseguidoresciviles del mutilador de Whitechapel.Presionados por los jueces en las encuestas judiciales donde debían aportar su testimonio,y acosados por los periodistas, estos médicos se defendieron como pudieron. Conexcepción del Dr. Thomas Bond, todos los citados (y otros más) dieron a entender que elferoz maníaco disponía de algún grado de conocimiento anatómico. Aunque no loafirmaron rotundamente, tras sus palabras se trasuntaba la sospecha de que elperpetrador era un colega médico, o un estudiante de cirugía muy diligente, o bien ( en laúltima de las hipótesis) podría tratarse de un carnicero o de un matarife particularmenterápido y habilidoso a la hora de usar el cuchillo.
  45. 45. 11. OCT 8 El torso de la calle Pinchin: ¿Otro asesinato de Jack el Destripador?EL EXTRAÑO CASO DEL TORSO DE LA CALLE PINCHIN:¿OTRO CRIMEN DE JACK THE RIPPER? El agente William Pennett realizó el macabro hallazgo
  46. 46. El forense Frederick Gordon Brownse encargó de la autopsiaAún resonaban con insistencia los ecos del llamado "Otoño de Terror" de 1888. El entranteaño de 1889 parecía ir dejando en el olvido aquellos sórdidos crímenes irresueltos. Laexcepción se había verificado en el mes de julio, cuando lejos de Whitechapel -coto decaza del asesino serial- perdió en forma trágica su vida la prostituta Alice McKenzie, aquien, conforme a la clase de heridas que provocaron su deceso, pronto se la descartócomo posible víctima del mismo maníaco operante en el año anterior.Pero 1889 estaba destinado a deparar nuevos sobresaltos a la policía británica. El 10 deseptiembre de ese año fue hallado un cadáver femenino con sus miembros amputadosbajo el arco ferroviario de la calle Pinchin, esquina Blackchuch Lane, en San George en eleste, zona aledaña al distrito de Whitechapel.El agente William Pennett fue el policía que al cual le cupo realizar el hallazgo, en el cursode una acción de un grupo de uniformados de la división G, comandado por el InspectorCharles Ledger de la Policía Metropolitana. En las pesquisas emprendidas de inmediatointervinieron los Sargentos George Godley, Stephen White y William Trick. Pero a pesardel celo y del esfuerzo expuesto por estos detectives, quienes recorrieron pensiones,tabernas y alojamientos de mal vivir en busca de información, no se localizaron datosaptos para develar la identidad de la occisa.La tarea principal la llevó a cabo el forense Frederick Gordon Brown que efectuó laautopsia sobre aquellos restos humanos. También se recabó la opinión de los doctoresGeorge Bagster Phillips y Thomas Bond, los cuales habían participado en autopsias yreportes de necropsias realizados a varias de las víctimas canónicas del Destripador. La
  47. 47. labor médica desplegada resultó muy concienzuda, pero tampoco echó mayor luz sobre elcaso. Sólo se pudo constatar que la difunta era una mujer morena y robusta que rondabalos treinta y cinco años.Lo más relevante consistió en que todos los profesionales actuantes estuvieron de acuerdocon que en el caso del "Torso de la calle Pinchin" el victimario (si realmente se hubieratratado de un homicidio) empleó un método de eliminación del cadáver muy distintoal modus operandi que utilizaba el ejecutor de 1888. La presunta víctima había sidodesmembrada pero no eviscerada, pues no le habían removido ni sustraído órganos aaquel cuerpo cercenado. Los miembros que nunca se hallaron devinieron aserradoscuando la mujer ya estaba muerta.Además, se concluyó que el trabajo de mutilación fue emprendido dentro de una casa uotro lugar cerrado donde el matador -sin la premura de un ataque consumado en la calle-dispuso de tiempo y de medios para llevar a término su abominable faena, lo cualconstituía otra de las diferencias con los tradicionales asesinatos del verdugo deprostitutas victoriano. Y, por último, al desconocerse la identidad, estaba claro que nopodía afirmarse con certeza que la finada ejerciera el oficio más viejo del mundo.La prensa, a despecho de los rápidos desmentidos oficiales, propaló la versión de que eltorso hallado en la calle Pinchin bien pudo constituir otra obra del asesino de Whitechapel.La idea no prosperó, ante la falta de aval médico y por la notoria disimilitud con loscrímenes atribuidos a Jack the Ripper. El amputado cuerpo pudo ser material clínico delcual se deshicieron estudiantes de medicina, y esta fue la posición que prevaleció.Pese a todo, nunca se descartó totalmente que hubiera sido una lúgubre broma de unasesino, aunque éste no fuera necesariamente Jack el Destripador.
  48. 48. Viajando en el tiempo para atrapar a Jack el Destripador: Una ingeniosa teoríaLA METICULOSA INVESTIGACION DE EDUARDO CUITIÑO El matemático uruguayo Eduardo Cuitiño autor de novedosa teoría sobre Jack el Destripador Algunas pruebas grafológicas de la caligrafía del máximo sospechoso
  49. 49. Presunta y única fotografía conocida del Dr. Frederick Gordon Brown que le fueratomada en 1899 mientras posaba junto a un grupo de policías de la comisaria deMoor Lane (imagen de abajo)En la madrugada del 26 de julio de 1882 la joven Ann Bisoph se retiró de su casa en elMile End, zona distante del pobre distrito de Whitechapel, luego de una violenta disputacon su marido. Sin duda, iba muy perturbada a causa de ese enfrentamiento marital y noadvirtió la presencia de un sujeto que sigilosamente la seguía y, sin mediar palabras, laembistió desde atrás acuchillándola en el cuello. La agresión no fue mortal, y alertados por
  50. 50. los gritos de la víctima acudieron vecinos y policías. Un agente fue a buscar al esposo dela mujer y lo llevó detenido. A su vez, un vecino reconoció a un médico de treinta años quetransitaba por allí y le pidió socorro.El galeno, que también era obstetra y por entonces trabajaba humildemente en el LondonHospital de Whitechapel, brindó los primeros auxilios a la agredida y días más tarde,convocado a la encuesta judicial, aportó su testimonio. Resultaron muy llamativas susdeclaraciones, en tanto opinó que la fémina se había autoinfligido las heridas, y que lasmismas (en cualquier caso) no eran graves. Puesto que el marido de Ann Bishop fueexonerado por el juez actuante, nunca se desenmascaró al agresor de la mujer, y eltestimonio del obstetra, poniendo en entredicho la credibilidad de la denunciante, ayudó aque no se llevase a cabo una pesquisa policial seria.El médico testificante se llamaba Stephen Herbert Appleford, y constituye el primordialsospechoso que postula la teoría presentada por el matemático uruguayo EduardoCuitiño en su investigación novelesca: "Viajando en el tiempo para atrapar a Jack elDestripador", texto disponible en formato digital en la web a través de la editorial Amazón.Algunos especialistas (por ejemplo, Trevor Marriott, creador de "Jack el Destripador.Investigación del siglo 21", editorial John Blake Publishing, Londres, Inglaterra, 2007)rescataron a Ann Bishop de los registros, y la nominaron como una primeriza víctima nofatal de Jack the Ripper. Posee su lógica que el infame asesino haya ido avanzando enun "in crescendo" de vesanía en su conducta, y que sus iniciales acometidas deviniesenfrustradas, y ejecutadas a manera de torpe ensayo. "La práctica hace al maestro", y esterefrán popular se torna aplicable incluso a los homicidas secuenciales, tal cual nos lodemuestran modernos casos que la criminología analiza.El atentado que venimos reseñando opera a guisa de punto de partida en la investigaciónde Eduardo Cuitiño quien, transitando por el ámbito de una atractiva novela, permite allector descubrir sus impactantes conjeturas acerca de la identidad del exteminador derameras victoriano. Appleford, en esta hipótesis, funge de principal ejecutor. Hace lasveces del "Jack el Destripador" que conoce la historia criminal. Pero no hubiera obtenidosus lúgubres triunfos sin la complicidad de otros dos perpetradores; en especial, del másconnotado de ambos: el cirujano que revistaba para la Policía de la ciudad deLondres Frederick Gordon Brown.Brown, a diferencia de Appleford, no representa un personaje marginal en la historiaoficial ripperiana. Por el contrario, todos los libros de estudio en la materia recogen suactuación como realizador de autopsias de víctimas canónicas y colaborador en exámenesclínicos de otras occisas. Su mayor logro radicó en elaborar el informe de la necropsiasobre el cuerpo de la cuarta presa humana tradicional de Jack el Destripador, CatherineEddowes, mutilada en la Plaza Mitre durante la madrugada del 30 de septiembre de 1888.En el análisis clínico que practicó al cadáver de aquella víctima, este forense dejóconstancia de que estaban ausentes el útero y el riñón izquierdo. Además, pormenorizó enforma exhaustiva la entidad de las mutilaciones infligidas, el tipo de arma que suponía sehabía empleado para provocarlas, y el orden en el cual -conforme su parecer- se habríanproducido aquellas laceraciones.Al declarar en la encuesta judicial subsecuente, respondiendo a una pregunta delprocurador Crawford, el cirujano dio a entender que sólo una persona con avanzadosconocimientos de anatomía humana era capaz de ocasionar esas heridas con tantarapidez (aproximadamente en cinco minutos y a oscuras). Destacó que, si bien algunosórganos como los intestinos eran bastante fáciles de ubicar y retirar, para extirpar el riñónera necesario poseer gran destreza. Se debía tener en cuenta que el matador lo había

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