1Cheryl Lanham                   Dark GuardiansNo me Olvides                         Cheryl Lanham                No me Ol...
2Cheryl Lanham                                           Dark Guardians                       Sinopsis             "Querid...
3Cheryl Lanham                                                              Dark Guardians                         Capitul...
4Cheryl Lanham                                                            Dark Guardians — ¿Por qué no tratas de convencer...
5Cheryl Lanham                                                          Dark Guardiansdejar el dinero sobre el mostrador, ...
6Cheryl Lanham                                                          Dark Guardians— No, claro — respondió Jean, pesaro...
7Cheryl Lanham                                                            Dark Guardians — En teoría, a las nueve — contes...
8Cheryl Lanham                                                             Dark Guardiansbanco y abrió el folleto azul bri...
9Cheryl Lanham                                                            Dark GuardiansPasaron por tiendas de expendio de...
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12Cheryl Lanham                                                           Dark Guardiansperspectivas expuestas con clarida...
13Cheryl Lanham                                                          Dark Guardians  Después de la cocina, la recorrid...
14Cheryl Lanham                                                          Dark Guardians                         Capitulo 2...
15Cheryl Lanham                                                          Dark Guardians ― Bueno sólo conocí a la directora...
16Cheryl Lanham                                                          Dark Guardians ― Oh ¿quieres que te lleve? ― preg...
17Cheryl Lanham                                                           Dark Guardians ― Destinar a Jean a un sitio dond...
18Cheryl Lanham                                                           Dark Guardians― ¿Eres estudiante? ― Le preguntó ...
19Cheryl Lanham                                                          Dark Guardians ― Gracias ― contestó Jean. Tuvo qu...
20Cheryl Lanham                                                          Dark GuardiansMendoza.― Hola ― la saludó él a sec...
21Cheryl Lanham                                                           Dark Guardians Jean alzó la mirada. — ¿Cómo teng...
22Cheryl Lanham                                                          Dark Guardians — ¿Problemas cardíacos? — Jean fru...
23Cheryl Lanham                                                          Dark Guardians — No has comido mucho — señaló el ...
24Cheryl Lanham                                                           Dark Guardians— Ésta es una clase selecta — acla...
25Cheryl Lanham                                                        Dark Guardiansel lujo de desperdiciar ninguna propu...
26Cheryl Lanham                                                           Dark Guardians                          Capitulo...
27Cheryl Lanham                                                          Dark Guardians ― Una Coca. –Se quedó contemplando...
28Cheryl Lanham                                                          Dark Guardians― Jean McNab. ¿Y tú? ― preguntó ell...
29Cheryl Lanham                                                          Dark Guardians  Jean alzó la cabeza y lo vio de p...
30Cheryl Lanham                                                         Dark Guardians ― Tengo que cumplir trescientas hor...
31Cheryl Lanham                                                          Dark Guardians  Jean intentó borrar de su mente e...
32Cheryl Lanham                                                          Dark Guardians― Ese chico es especial.― ¿Por qué?...
33Cheryl Lanham                                                         Dark Guardiansuna lástima. Ese chico no sólo es in...
34Cheryl Lanham                                                          Dark Guardiansuna porción, sino porque no tenía t...
35Cheryl Lanham                                                           Dark Guardiansenfrentar las cosas duras de la vi...
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  1. 1. 1Cheryl Lanham Dark GuardiansNo me Olvides Cheryl Lanham No me Olvides
  2. 2. 2Cheryl Lanham Dark Guardians Sinopsis "Querido diario: ¿Por qué la vida es tan difícil?Cuando me sorprendieron robando, creí que el mundo se derrumbaba. Fue una estúpida travesura, pero eso no fue lo peor: la jueza me impuso una pena de trescientas horas de servicio comunitarios. ¡Toda una eternidad!Claro que nunca hubiera creído que me encantaría trabajar en un centro asistencial, y que alguien como Gabriel se cruzaría en mi camino. Desde que lo conozco, me siento otra persona. Tenemos tantas cosas en común, y se nos acaba el tiempo... ¡Ahora querría que esas trescientas horas fueran eternas! PD: ¿Cómo se le dice adiós a alguien que se ama? No me Olvides
  3. 3. 3Cheryl Lanham Dark Guardians Capitulo 1 Transcripto por shuk hing, Sofi.r.o y Florrii 18 de septiembreQuerido Diario:Mi vida ha llegado a su fin. Preferiría estar muerta. Me han condenado a trescientas horas —¡trescientas!, ¿puedes creerlo?— de servicios comunitarios. Es una injusticia. Con losterroristas y los asesinos suelen ser más condescendientes… Pero esa maldita jueza me odiódesde el primer momento. ¡Ni me dejó abrir la boca! Ahí sentada, lo único que hacía eramirarme fijo por encima de aquellos horrendos anteojos con armazón de carey. Dijo que estabaharta de las niñas ricas y malcriadas que juegan con las personas de esta comunidad como sifueran muñecos que pueden manejar a su antojo y que, por lo tanto, iba a sentar unprecedente conmigo, que yo me convertiría en un ejemplo. Ésas fueron exactamente suspalabras. ¡Santo Dios! Cualquiera habría creído que robé la Constitución o la Campana de laLibertad en lugar de unos miserables pendientes. Traté de explicarle que sólo fue unatravesura, que en realidad tenía intenciones de pagarlos. Pero ella se negó a escucharme.Y como si todo eso hubiera sido poco, mis padres me quitaron la licencia de conducir.Conclusión, ahora no puedo usar mi auto. Es una injusticia. Jamás he robado nada en mi viday, la única vez que lo hago, me pescan. No puedo creer que esto sea verdad. Mi último año desecundario desperdiciado… No puede haber nada peor. La estridente campanilla del teléfono quebró el silencio. Jean dejó su bolígrafo y arrancó elauricular de la horquilla antes de darle la oportunidad de que volviera a sonar. Considerando lasuerte que la había acompañado en esos últimos tiempos, si sus padres recordaban que tenía unaextensión en su cuarto, podían ser capaces de sacarle también eso.― Hola. ¿Cómo te fue? ― Le preguntó Jennifer, su mejor amiga. ― Peor, imposible. ― Apartó un rubio mechón de cabello de sus ojos. ― La jueza me odiódesde el primer momento. Ni siquiera se dignó escuchar mi versión de la historia.— ¿Jueza, dijiste? ― Sí, era una mujer, aunque no exactamente lo que se dice un modelo de dulzura, suavidad ycomprensión. ― Suspiró. La parte que seguía no iba a resultarle sencilla. Si bien Jennifer era sumejor amiga, no cabía duda de que se pasaría la mitad de la noche llamando por teléfono a Diosy a María Santísima para contarles la novedad con lujo de detalles. La razón de su vida eran ―además de hacer compras, claro ― los chismes. ― ¿Y bien? —la urgió Jennifer, impaciente—.Habla de una vez. ¿Cuál fue la sentencia? ¿Tedieron libertad condicional? ― Ojalá. — Jean frunció el entrecejo. — Me condenaron a trescientas horas de servicioscomunitarios. — ¿Servicios comunitarios? — exclamó su amiga, horrorizada —. Pero es una locura. Es tuprimer delito. No puedo creerlo. Todo el que te conoce sabe que no eres una ladrona. No me Olvides
  4. 4. 4Cheryl Lanham Dark Guardians — ¿Por qué no tratas de convencer a la jueza de eso? — Sin embargo, Jean se sintió agradecidapor el voto de confianza de su amiga. Esa mañana, durante el tiempo que estuvo en el estrado,soportando la mirada penetrante de la jueza, se había sentido como una delincuente. Fueespantoso. Por cierto, la peor experiencia de su vida. — Santo Dios — continuó Jennifer —. ¡Trescientas horas! Qué aburrimiento. Eso y tomar loshábitos e ingresar en un convento es lo mismo. — ¿Y qué pasa entonces con el entrenamiento? ¿Y con la comisión de decoración para la fiestade ex alumnos? ¿Y tu vida social? — Según la jueza de minoridad Myra Bowen, no la necesito. — Las lágrimas comenzaban aagolparse en los ojos de Jean. Inspiró profundo, pues no quería que Jennifer la oyera llorar. —Además, van a asegurarse de que no la tenga. — Oh, Dios, pobrecita — murmuró Jennifer, compasiva —. Ya estás en quinto año. El únicoque se disfruta de verdad en el colegio secundario. — ¿Qué puedo hacer? Tendré que conformarme con ver la diversión desde afuera —comentóJean con amargura —. No bien terminó la audiencia, nos reunimos con el funcionario judicialque está a cargo de mi caso. Al parecer, tendré que pasar todas mis horas libres vaciandoorinales, empujando sillas de ruedas, o ayudando a las viejitas a encontrar sus dentaduraspostizas. — Denigrante — La chica suspiró con delicadeza. — Aunque después de todo, no es tanterrible.Pudo haber sido peor. — ¿Ah sí? — reaccionó Jean —. A mí no se me ocurre nada peor. Acabo de arrojar mi quintoaño a la basura. Tendré que pasar cada momento de vigilia trabajando como una esclavacon la tarea de la escuela o cuidando ancianos. Además, mis padres me han quitado lalicencia de conducir. Honestamente, Jen, no creo que pueda haber nada peor. Pero su amiga,como siempre, quería tener la última palabra. — Es mejor que tener que recoger basura por las calles, por ejemplo. Ésa fue la condenadel hermano de Mindy Waller cuando lo arrestaron por conducir ebrio.— Pero lo que yo hice no fue tan malo — se defendió Jean —. El hermano de Mindy casimata a una persona. — Cierto, pero te atraparon. Trata de ver el lado positivo de la cuestión. Si trabajas en el Hogarde la Comunidad, puede que conozcas algunos pacientes interesantes. La ira de Jean se disipó con la misma espontaneidad con la que había aparecido. No teníaningún sentido descargar sus sentimientos en su amiga. — No tendré tan buena suerte. Me tocóun hogar para ancianos. Se llama Lavender House. Tengo que empezar mañana. — Mañana — se lamentó Jennifer —. Pero no puedes. Hay práctica en el campo de deportes yya sabes a qué debes atenerte si faltas. La señorita Devoe dice que con dos ausentes quedasafuera. Y tú ya perdiste el entrenamiento del lunes. Jean se mordió el labio. Habría dado cualquier cosa por volver el tiempo atrás. Habría dadocualquier cosa a cambio de la oportunidad de revivir aquellos breves y nefastos momentos enStoward’s Department Store. ¿Por qué no habría convencido a Pru y a esos idiotas que tienecomo amigos de que fueran a dar un paseo en lugar de hacerles caso con esa idea tan, pero tanestúpida? No había sido de ella la idea de robar los pendientes. Siempre tuvo la intención de No me Olvides
  5. 5. 5Cheryl Lanham Dark Guardiansdejar el dinero sobre el mostrador, pero como sabía que Silvia Hawkins la observaba y tuvomiedo de lo que pudiera decir, a lo único que atinó fue a guardarse los aros en el bolsillo. Yahora estaba pagando las consecuencias. ¿El costo? Nada menos que el último año del colegiosecundario.— ¿Jean, estás ahí? — Sí, aún estoy en la línea — respondió. Carraspeó. — Me temo que tendré que renunciar a lospartidos. No tendré tiempo.— ¿Tu padre no puede ayudar? — Continuó Jennifer, con evasivas—. Es abogado, ¿no? Jean tuvo deseos de reír, aunque la situación no era graciosa en absoluto. Creía que nunca másvolvería a encontrar algo divertido en la vida. — Él no puede hacer nada — mintió —. Está especializado en derecho societario. — Por másfuriosa que estuviera, jamás nadie le arrancaría la verdad sobre sus padres. De ninguna maneraadmitiría, ni siquiera ante su mejor amiga, que su padre se había negado a mover un dedo paraayudarla. A pesar de sus lágrimas y ruegos, él sólo se limitó a mirarla a los ojos y decirle que esa veztendría que asumir plena responsabilidad de sus actos. Por supuesto, después vino el sermónrespecto de que a los diecisiete años ya no era una nena y que, si había cometido la estupidez dedejarse llevar por los actos y las opiniones de quienes se llamaban amigos, ahora tendría quepagar las consecuencias. Y la madre había hecho causa común con su marido— Además, como ya te dije, la jueza quiso sentar un precedente conmigo. Una vez más, Jennifer murmuró algo solidario pero Jean casi no la oyó. Sólo tenía presente elrostro de la jueza y la horrenda humillación que había vivido mientras estuvo en el estrado,consciente de que la vergüenza no sólo había dañado su imagen sino también la de sus padres.Las lágrimas acudieron nuevamente a sus ojos, parpadeó con furia para contenerlas. Ni localloraría otra vez. Por lo menos, hasta que no cortara la comunicación. — ¿Eh? — preguntó, cuando se dio cuenta de que su amiga acababa de formularle unapregunta.— Quiero saber dónde queda Lavender House.—Oh, del otro lado de la ciudad. En Twin Oaks Boulevard. — ¡Caramba, qué castigo! ¡Se nota que no han tenido piedad contigo! Bueno, no te olvides detrabar las puertas al cerrarlas — le aconsejó —. Oh, disculpa. Olvidaba que no podrás usar tuauto. Pero, sea como fuere que llegues allí, ten cuidado. Esa parte de la ciudad es de temer. —¿A qué hora tienes que ir? — A las cuatro en punto — contestó Jean. Se le fue el alma a los pies. Se había ilusionado conla posibilidad de que Jennifer se hubiera ofrecido a llevarla. Demonios. — Espera un momento.— Apartó el auricular de su oreja. Afuera se oía la voz de su madre que la llamaba desde abajo.— Jen, mamá me reclama. Tengo que irme. Volveré a llamarte no bien termine de cenar, ¿deacuerdo? — Ni te molestes. No estaré en casa, ¿recuerdas? Esta noche se reúne la comisión dedecoraciones en casa de Terry. — La muchacha rió con cierta vergüenza. — Supongo que tú nopodrás ir ¿no? No me Olvides
  6. 6. 6Cheryl Lanham Dark Guardians— No, claro — respondió Jean, pesarosa —. Además de todo lo sucedido, estoy confinada. Almenos por un tiempo. — Muy bien, entonces te veo mañana en el colegio. ¿Pasarás a buscarme? ¡Oh! Lo siento. Meolvidé otra vez. Supongo que te llevará tu madre, o algo así. De todas maneras, yo iré con Terry.Hasta mañana. Jean se estremeció. Santo Dios, qué humillante era toda esa situación. No sabía por qué depronto le resultaba tan difícil hablar con Jennifer, pero así se presentaban las cosas. Tal vezfuera porque, a pesar de que su amiga siempre cacareaba alguna palabra compasiva, tenía laimpresión de que, en el fondo, su mejor amiga se alegraba de verla con el agua hasta el cuello.Pero ése era un razonamiento despreciable. No bien cortó, se dirigió a la puerta. — Bajo en un segundo, mamá. — Jean no deseaba abandonar el santuario de su cuarto. Seapoyó contra la pared y contempló el acolchado de su cama, con rulitos de satén y encajeblanco, el empapelado con diseños de flores en amarillo pastel y blanco, con las terminacionesde madera pintadas en blanco brillante. Una habitación digna de una princesa, como había dichomi padre alguna vez. Sin embargo, en los últimos tiempos se había sentido muy lejos de larealeza; más bien, como escoria. Enfrentarse a su madre era lo último que quería hacer en esemomento. Las caras largas y los sermones que ya había soportado le alcanzaban para toda lavida. Después, fijó los ojos en su escritorio y en la computadora que sus padres le habíanregalado para su decimoquinto cumpleaños. La biblioteca, con sus estantes blancos repletos consus viejos libros favoritos de ciencia ficción y novelas de amor, prácticamente había caído en elolvido; siempre estaba demasiado ocupada como para dedicarse a leer. Sonrió con tristeza.Ahora tendría bastante más tiempo para la lectura.— Jean — la llamó su madre, impaciente Entre suspiros, se volvió y abrió la puerta. No podría esconderse eternamente. Bajó lasescaleras a toda velocidad y encontró a su madre de pie junto a la puerta principal golpeteandosu zapato de tacón alto contra el lustroso piso de roble. Eileen McNab era una rubia alta y atractiva. Llevaba un traje gris oscuro, una blusa azul claroy discretos pendientes de oro. Su imagen reflejaba la realidad con absoluta fidelidad: era unaejecutiva de gran poder. — Esta noche tengo una reunión en Los Ángeles — anunció —. En la heladera tienes ensaladade atún para la cena.— ¿Conducirás hasta Los Ángeles de noche? — preguntó Jean —. ¿No será un poco tarde? — No me quedan muchas alternativas — respondió su madre sin rodeos. Como me has hechoperder el día en la corte, me retrasé en mis tareas. — Oh. ¿Y papá? — preguntó Jean, con interés. Si bien existía una gran tirantez en la relacióncon sus padres, no quería quedarse toda la noche sola en una casa vacía. Eileen se encogió de hombros y tomó su portafolio.— Trabajará hasta tarde. Seguramente comerá un sándwich o algo rápido en la oficina. Jean se tragó su desilusión.— ¿A que hora crees que llegarás a casa? No me Olvides
  7. 7. 7Cheryl Lanham Dark Guardians — En teoría, a las nueve — contestó, mientras tanteaba en sus bolsillos buscando las llaves delauto —. ¿Per qué?— Necesitaba hablar contigo sobre algo, eso es todo. Eileen alzó el mentón, desafiante, y la observo con detenimiento.— Si se trata de tu licencia de conducir, olvídalo — comenzó. — No quería hablar de eso precisamente — exclamó Jean —. Pero ya que sacas el tema, ¿cómocrees que llegaré mañana a ese lugar? Sin auto, estoy atada.— Debiste haberlo pensado antes de robar en la tienda — respondió su madre con frialdad. — No estaba robando en la tienda. Yo quise pagar esos pendientes — explicó por milésimavez. Tanta era su frustración que quería gritar. ¿Por qué su madre no le creía? ¿Por qué no leconcedía el beneficio de la duda? — Pero tú no te detuviste a pensar, ¿verdad? Estabas demasiado preocupada por el qué dirán detus amiguitas. — Está bien. Cometí un grave error — concedió Jean —. Lo admito. Me equivoque. Pero, porsi no te diste cuenta, estoy casi atrapada aquí. ¿Cómo supones que llegaré a ese hogar deancianos sin auto?— No seas ridícula. — Su madre atinó a colocar la mano en el picaporte de la puerta. —Puedes tomar el autobús.— ¡El autobús!— Sí, ya los conoces. Son esos vehículos grandes, pintados de azul y blanco que sirven demedio de transporte para las personas que no tienen auto. Jean se quedó pasmada. En su vida había tomado un autobús.— Pero el geriátrico está en la peor zona de la ciudad. Eileen abrió la puerta. — No seas melodramática. En Landsdale no hay barrios malos — contestó con impaciencia,ignorando las protestas de su hija —. Reconozco que parece estar situado en el corazón del áreamás pobre de la ciudad, pero no está infectada de mafiosos. Mucha gente toma el autobús —dijo, indiferente, mientras se encaminaba hacia su BMW —. Te gustará. No bien la puerta se cerró, Jean se dejó caer con todo el peso de su cuerpo contra ella. Esa vez,cuando las lágrimas acudieron a sus ojos, no hizo nada para contenerlas. Adiós a losentrenamientos deportivos, a las citas con Todd Barrett, y a las fiestas de quinto año. También alauto. ¡Oh, Dios! ¿Cómo haría para sobrevivir a esa tragedia? Por un minúsculo y estúpido error,su vida estaba terminada. En la escuela fue horrendo. Jean apretó en el puño el folleto con los horarios del autobús ycolocó la mochila en el banco de la parada. ―Por lo menos — pensó, al inspeccionar las calles y comprobar que no había nadie conocido—, logré evitar la humillación de que la mitad de la clase me vea tomando el autobús.‖ Ese día, si bien no había percibido actitudes groseras o desagradables hacia ella, las miradascompasivas y las sonrisas sarcásticas tampoco le pasaron inadvertidas. Se acomodo en el No me Olvides
  8. 8. 8Cheryl Lanham Dark Guardiansbanco y abrió el folleto azul brillante. Su madre se lo había entregado esa mañana, durante eldesayuno, sin olvidarse de la lata pertinente respecto de que el trasporte público nunca habíadañado a nadie y de que sin duda llegaría sana y salva a su casa esta noche. Jean sintió impulsosde arrojar el maldito horario a la basura, pero sabía que, en esos días, en cuanto a la relación consus padres concernía, estaba caminado sobre una cornisa y que habría sido una estupidezirritarlos deliberadamente. Si se comportaba como damita, les decía que si a todo y no lescausaba ningún inconveniente, tal vez recuperara su licencia de conducir. Miró su reloj y frunció el entrecejo. Eran las tres y cuarenta. Esperaba que, quienquiera fueseel encargado de Lavender House, no le diera un lavado de cabeza por haberse demorado unpoco. El siguiente autobús para Twin Oaks Boulevard partiría dentro de cinco minutos. Por lotanto, llegaría a Lavender House alrededor de las cuatro y diez. En teoría, no tendría por quéhaber problemas. No pretenderían que tomara el autobús anterior, ¿no? De ese modo tendría quepasar media hora más de lo debido en ese barrio que, a pesar de las afirmaciones de su madre,no ofrecía ninguna seguridad. Minutos después llegó el autobús. Subió. Entregó un dólar al conductor. El hombre la mirócomo si hubiera sido una extraterrestre con dos cabezas.— Tienes que darme el importe justo — indicó.— ¿Justo? — Notó que se había convertido en el centro de atracción de todos los pasajeros. — Sí. — Tocó con el dedo un artefacto cuadrado de vidrio y metal que estaba junto a suasiento. — ¿Qué te pasa, nena? ¿Es la primera vez que tomas un autobús? Coloca sesenta centavos enese aparato, si es que quieres viajar en mi coche. Varios pasajeros rieron. Con las mejillas coloradas y ardientes, Jean revolvió en su cartera yextrajo dos monedas de veinticinco y una de diez. Las introdujo en la urna y caminó a todavelocidad por el pasillo; se enredó en sus propios pies por el apuro que tenía. Ocupó el único asiento vacío que había. Apoyó la mochila sobre su falda y se dedicó a mirarpor la ventanilla, tiesa como una estatua. El autobús arrancó. Con profunda amargura, Jeansiguió observando la elegante y moderna zona comercial de Landsdale que se veía desde alcostado del camino. Poco después, quedaron atrás las calles limpias, prolijas, y las hermosas mansiones del barrioresidencial de la ciudad. A medida que se internaban en la zona norte, las casas ibanachicándose; los centro comerciales asumían un aspecto burdo. Cuando tomaron por Twin OaksBoulevard, Jean se arrepintió de no haber traído un aerosol irritante para defenderse de posiblesagresores. En su origen, Twin Oaks había sido la principal vía pública de la ciudad, pero, con eladvenimiento de los suburbios y el furor de la construcción de los años 60, la antigua zonacomercial e industrial se deterioró, convirtiéndose en un barrio bajo. Las industrias livianas eimpolutas, como también las escasas empresas manufactureras de alta tecnología que se habíaninstalado en el lugar a fines de esa década, optaron por el sector este de Landsdale. Lessiguieron de inmediato las hordas que huían del smog, los delitos y el tráfico del sur deCalifornia, y así surgió una tendencia edilicia moderna, perfecta, que caracterizó a toda laregión. Jean vivía en una de esas casas. Este sector de la ciudad le era tan ajeno como lasuperficie de la Luna. A medida que el autobús llegaba al corazón de la zona norte, se observaban hileras de viejascasas victorianas, la mayoría de ellas convertidas en edificios de departamentos arruinados. No me Olvides
  9. 9. 9Cheryl Lanham Dark GuardiansPasaron por tiendas de expendio de bebidas alcohólicas y de empeño, una iglesia con frente depiedra, y un edificio médico, con las ventanas enrejadas. Por fin, luego de lo que le pareció una eternidad, la luz roja del semáforo de Acton Streetimpidió el avance del autobús, que se detuvo con un resoplido chillón. Ésa era su parada.Cuando se encendió la luz verde, Jean inspiró hondo, tomó su mochila y se convenció de que nosería tan malo. La parada estaba justo frente al geriátrico. Quizá, si iba corriendo, podría evitartodo tipo de agresiones. Se encaminó hacia la puerta trasera y se topó cara a cara con un chicoalto y de pelo oscuro. Era lindo. Lindo de verdad. Un ―bombón‖. Él retrocedió para cederle elpaso. Pero el autobús pasó de largo.— Oiga — gritó Jean, presa del pánico —. Quiero bajarme aquí.— ¿Y por qué no tocaste el timbre entonces? — rezongó el conductor desde adelante. ¿Timbre? ¿Qué timbre? Buscó desesperadamente a su alrededor, tratando de encontrar algúnbotón para oprimir, pero no vio ninguno. — Está allí — le indicó alguien con disgusto, desde atrás. Se volvió de inmediato y frunció elentrecejo al ver al bombón que la había distraído antes. — ¿Qué pasa? — preguntó. Pasó a su lado y tiró de una angosta tira de plástico que había juntoa la ventanilla —. ¿Nunca subiste a un autobús? El vehículo se detuvo antes de que ella tuviera oportunidad de responderle algún improperio.El galán, a quien Jean le calculó unos dieciocho años como mínimo, la miró enfadado, seadelantó y se bajó. Ella también. — Diablos — refunfuñó. Miró las calles y se dio cuenta de que por culpa del autobús, se habíapasado por lo menos dos cuadras. Estaba hecha un manojo de nervios. Ya llevaba unos minutos de retraso y por culpa de eseestúpido autobús llegaría más tarde aún. Se cargó la mochila al hombro y emprendió la marcha.En la acera de enfrente, un grupo de chicos jugaban al básquet en una estación de servicioabandonada. Una argolla comida por las polillas colgaba de la parte superior del palo que estabasobre los surtidores. Con cautela, Jean siguió su camino. Cuando llegó al hogar para ancianos, estaba muy agitada. Se detuvo en la acera y contemplóel sitio en el que pasaría gran parte de su tiempo libre durante los próximos seis meses. Al igual que muchos edificios de Twin Oaks, se trataba de una inmensa casa victoriana. Noobstante, se erigía sobre una vasta extensión de césped y estaba pintada de un color lavandaclaro, con terminaciones en madera blanca. Un pequeño cartel colgado sobre la puertaanunciaba simplemente: LAVENDER HOUSE. Jean ingresó por la entrada de cemento, subió las escaleras y se dirigió al espacioso porche.Otro cartel, mucho más pequeño, anunciaba: TOQUE TIMBRE, POR FAVOR. Eso hizo.Esperó. Siguió esperando. Volvió a tocar el timbre. ¿Qué pasaba con esa gente? ¿Estarían todos sordos? La puerta seabrió de repente y apareció una mujer seria, de mediana edad, con cabellos rubios cortos ycrespos, que llevaba un estridente jogging rosa. No me Olvides
  10. 10. 10Cheryl Lanham Dark Guardians— ¿Puedo ayudarte en algo? — preguntó con frialdad.— Soy… Jean McNab. He sido asignada a este lugar…— Su voz se desvaneció cuando lamujer entrecerró los ojos.— Para servicios comunitarios — terminó la mujer —. Llegas tarde. Te esperaba hace diezminutos. Entra. Jean la siguió hacia el interior del edificio. Los pisos eran de roble, muy lustrados.Exactamente frente a ella había un alto mostrador de roble que hacía las veces de escritorio derecepción. A la izquierda, advirtió un living cuyas paredes estaban revestidas con paneles demadera y un empapelado con diseños floreados, en rosa y blanco. A la derecha había unaescalera y, detrás de ésta, un recinto semejante a una jaula, que supuso sería el ascensor. Delotro lado de la escalera se veía un pasillo y una puerta doble, de roble, cerrada. No había detalleen aquel edificio que se asemejara a lo que ella había imaginado que sería un geriátrico. — Soy Esther Drake, directora de Lavender House — se presentó la mujer, mientras abría laspuertas dobles y conducía a Jean por el pasillo —. La señora Drake — puntualizó —. Vamos aconversar a mi oficina. Entraron en una sala pequeña y acogedora, que albergaba un escritorio, dos sillas, un archivoy un sofá tapizado en cuero verde. Las paredes estaban empapeladas con un alegre diseñoselvático, en verde y blanco; los cortinados armonizaban al tono y sobre el escritorio había unflorero con margaritas recién cortadas. La señora Drake rodeó su escritorio, ocupó su silla e hizo un gesto a Jean para que tomaraasiento. Tomó un anotador, lo abrió y extrajo un bolígrafo del portalápices que estaba junto alflorero con las margaritas. — Bien, el funcionario judicial que está a cargo de tu caso me llamó por teléfono esta mañanapara explicarme todos los detalles. Te dieron trescientas horas, ¿verdad?— Correcto.— Y supongo que querrás cumplirlas lo antes posible.— Supone bien. — Estupendo. — Sonrió. — Toda la ayuda extra que podamos conseguir nos viene de perillasaquí. Nos falta personal. ¿Por qué te arrestaron? — Por mechera — masculló Jean. Era una palabra que odiaba usar. Cada vez que la oía de suspropios labios sentía que la piel se le erizaba de humillación. — Pero sólo fue una broma —explicó de inmediato —. Un par de pendientes, eh… es todo lo que tomé. Y además iba apagarlos. La señora Drake bufó. — Bien, no importa. Sin embargo, debo advertirte que somos responsables por las pertenenciasde nuestros pacientes y no quiero que lleguen a mis oídos rumores de que algo se ha perdido,¿entiendes? Jean la miró con ojos desorbitados. ¡No podía creerlo! Estaba tratándola como a un vulgardelincuente. Acababa de hacerle una advertencia. Era demasiado.— Señora Drake — comenzó con gentileza, tratando de controlar sus impulsos —, no sé a qué No me Olvides
  11. 11. 11Cheryl Lanham Dark Guardiansse refiere. La mujer sonrió con sorna. — Yo creo que si sabes a qué me refiero. Pero para que no te queden dudas al respecto, te lodiré con todas las letras: no quiero enterarme de que la cartera, el bolso, el dinero o los efectospersonales de cualquiera que se encuentre en este edificio no está en el preciso lugar en el quedebería estar. ¿Lo has entendido? Humillada, Jean sintió que las mejillas le ardían. ¿Eso significaría que, si alguien robaba algoo un paciente extraviaba un libro de bolsillo, sería ella la culpable?— Eso no es justo — se defendió —. No soy una ladrona. — Claro que lo eres — se opuso la señora Drake con indiferencia —. Y bastante torpe, porcierto. Después de todo te pescaron, ¿no? Por otra parte, la vida no es justa. Cuando trabajesaquí te darás cuenta. Pero no temas. No te colgaremos ni te llenaremos de brea y plumas comocastigo si alguno pierde una golosina. Sólo limítate a cumplir con tu trabajo y a mantener lasmanos limpias. Jean optó por tragarse la ira que comenzaba a arderle en la boca del estómago. En realidad, nole quedaba otra alternativa.— De acuerdo. ¿Cuáles serán mis tareas específicas aquí? — Primero examinemos tus horarios — contestó la señora Drake. Extrajo una carpeta de tresanillos del último cajón y la arrojó con un golpe seco sobre su escritorio. La abrió y busco unapágina en particular. —Veamos, los domingos ya están cubiertos. Tenemos a la señora Deering.— Levantó la vista para mirar a Jean. — ¿A qué hora sales de la escuela?— A las dos y media. La mujer frunció el entrecejo.— ¿Entonces, por qué llegaste tarde hoy? Jean se movió, nerviosa. No quería reconocer que había invertido casi una hora tratando deconvencer a una de sus amigas de que la llevara hasta allí.— Oh, porque tuve que ir a la biblioteca a buscar algunos libros.— Pero en adelante podrás llegar aquí a las tres y media, ¿verdad? Jean hizo unos rápidos cálculos mentales. Trato de recordar a que hora pasaba el autobúsanterior. Si lo tomaba, llegaría a tiempo.— Seguro. — Bien. Entonces, de lunes a jueves puedes trabajar de tres y media a seis, los viernes hasta lascinco y media, y ocho horas completas los sábados. — La señora Drake ya estaba garabateandoen la carpeta de tres anillos. —Con eso cumplirías veinte horas por semana… y tendrás lasnoches y los domingos libres para estudiar. Jean sintió que se le iba el alma a los pies. Santo Dios. Era mucho peor de lo que habíaimaginado. No tendría tiempo de nada después de la escuela, y por las noches, cuando llegara asu casa, no le quedaría más remedio que engullir una cena rápida y encerrarse a estudiar. Nosabía con exactitud que había imaginado en un principio, pero, después de haber escuchado sus No me Olvides
  12. 12. 12Cheryl Lanham Dark Guardiansperspectivas expuestas con claridad, sentía deseos de vomitar.— Está bien — susurró. — Y no vuelvas a llegar tarde — recomendó la señora Drake, poniéndose de pie —. Nuestrospacientes deben confiar en que el personal estará en su puesto de trabajo a la hora establecida.— Miro a la muchacha con detenimiento.— No tienes problemas de drogas, ¿verdad?— Por supuesto que no.— Bien, porque aquí los fármacos se mantienen bajo llave. Jean se ofendió. Las drogas jamás habían sido una tentación para ella. Pero estaba convencidade que la señora Drake no le creería. — Vamos. — La mujer se levanto de su asiento. — Ya estamos retrasadas. Te mostrare el lugarpara que puedas empezar. Jean obedeció y se puso de pie.— ¿Dónde puedo dejar mi mochila? — pregunto, mientras seguía a la directora por el pasillo.— Tírala en el guardarropa. — La mujer se detuvo y abrió una puerta. Una vez que se hubo sacado el peso de su mochila, Jean trato de prestar mucha atención.Primero, la señora Drake la llevo a la cocina. Frente a la pileta, había una mujer alta, de pieloscura, con una bata de casa estampada y un delantal de cocina blanco. Estaba pelando papas. — Señora Thomas — dijo la señora Drake —. Le presento a Jean McNab. Trabajara connosotros durante los próximos meses. — Es un placer conocerte — contesto la mujer, mientras se limpiaba la mano en el delantalpara tendérsela. Jean se la estrecho con torpeza. Era la primera vez en la vida que cumplía con esa formalidady no lo hacía del todo bien. — Encantada — murmuro, avergonzada porque, a juzgar por la mirada de la señora Thomas, sedio cuenta de que ella también conocía los motivos de su presencia allí. — La cena se sirve a las seis y media — anunció la señora Drake —. Una de tus tareas, antesde retirarte, será preparar todas las bandejas de los pacientes que deseen comer en su habitación.— ¿Eso implica que algunos pacientes lo hacen en el comedor?— Si, si tienen deseos de hacerlo. — ¿Qué otras tareas tendré que cumplir? — Apretó los dientes. Sospechaba que, para pagar elderecho de piso, la obligarían a hacer el trabajo sucio. — Serán muy divertidas — contesto la directora, mientras se encaminaba hacia una puerta quedaba a un inmenso lavadero —. Por esta tarde quiero que dobles sabanas y toallas. El chico queesta a cargo de esa sección hoy no se presentó. Bueno. Doblar ropa de cama no era ninguna tragedia; era mil veces mejor que vaciar orinales. No me Olvides
  13. 13. 13Cheryl Lanham Dark Guardians Después de la cocina, la recorrida siguió por el comedor, las salas de lavado de ropa, dedepósito de medicamento, la enfermería, y las tres salas de estar. Jean estaba cada vez masconfundida. ¿Dónde estarían las ancianas y sus sillas de ruedas? ¿Y los frascos de inhalaciones,los monitores cardiacos y los equipos de rehabilitación?— ¿Dónde están los pacientes? — pregunto Jean cuando comenzaron a subir escaleras.— Algunos, descansando en sus habitaciones — respondió la mujer —; otros han salido.— ¿Salido? — Si. — Se detuvo en el descanso. — Esto no es una cárcel, ¿sabes? Las personas que puedenhacerlo, salen de compras, van a la biblioteca o cruzan al bar de enfrente a tomar un café. — Lo siento — murmuro Jean —. Lo cierto es que no sabía que los hogares de ancianos erantan… tan… flexibles. — ¿Hogar de ancianos? — La señora Drake parecía confundida. — Esto no es un hogar deancianos.— ¿Entonces qué es? — Jean ya empezaba a hartarse de sentirse como una idiota.— Es un hogar para enfermos terminales. La gente viene aquí a morir. No me Olvides
  14. 14. 14Cheryl Lanham Dark Guardians Capitulo 2 Transcripto por Helectra y Florrii 19 de SeptiembreQuerido Diario: Como dice mi madre cuando trata de ser moderna, ¡que depre! Por momentos se cree todavíauna hippie del setenta. ¿Te la imaginas con una vincha en la cabeza y pantalones debocamangas anchas? ¡Imposible! Pero, volviéndola tema anterior, ¡que depre! Estoycumpliendo mi condena en un hogar para enfermos terminales. Trabajar trecientas horas esuna carga, pero tener que hacerlo en un lugar en el que la gente se recluye a esperar la muertees un peso insoportable. Deprimente. No me resultaría tan tortuoso si sólo se tratara de unpuñado de ancianos, si bien tampoco sería lo ideal, en el fondo guardaría la esperanza de queal menos tuvieron una oportunidad en esta vida. Aquí hay personas de todas las edades, inclusohay un chico que tenia casi la misma edad que yo. Por suerte todavía no lo conocí. La señoraDrake me tiene tan ocupada preparando bandejas para la cena y doblando sábanas, que enrealidad no me queda mucho tiempo para hacer sociales. Este sitio es decadente. No porquetenga mal aspecto ni nada por el estilo, sino porque no puedo cumplir mis servicioscomunitarios allí. De ninguna manera. Es demasiado mórbido. Aunque sea lo último que hagavoy a encontrar el modo de huir de Lavender House. ¿Las razones? Saltan a la vista: ladirectora me detesta, está ubicado en el peor punto de la ciudad, y no me creo capaz de pasarlos próximos seis meses conviviendo con personas sentenciadas a muerte. Algo se me tiene queocurrir. Si hago un balance, lo único bueno que me pasó fue haber conocido al bombón delautobús. ¡Lástima que fuera tan grosero! Jean oyó la voz de su madre, que desde abajo le avisaba que ya era hora de salir. Arrojó sudiario en el cajón de su mesita de luz, tomó la mochila y corrió hacia las escaleras. No hablaron mucho camino a la escuela. Otra situación que la desalentaba. Recordaba aun lasépocas en que no podían dejar de charlar. Pero desde que su madre había empezado a trabajar,cada vez tenían menos que decirse. A veces, pensó Jean, mirándola de reojo, parecían seres dedistintos planetas. Vio a Jennifer no bien bajó del auto. Estaba parada bajo un inmenso roble, frente a la escuela.Con aquellos ojos enormes color avellana, su figura elegante y sus perfectos cabellos castaños,era una de las chicas más populares del Landsdale High.― Hola ― Saludó a Jean cuando se le acercó ― ¿Cómo te fue ayer? ― Fue espantoso ― contestó su amiga. Echó una mirada furtiva a su alrededor para ver sihabía alguien observándolas. La mayoría de los chicos estaban reunidos en pequeños grupos,frente al edificio de dos pisos. Jean no detectó ninguna mirada intencional dirigida a ella. Enrealidad, todos la ignoraban lisa y llanamente. Tal vez la suya ya fuera historia antigua.― Ese lugar es escalofriante y queda en le peor sitio de la cuidad. Podré llamarme dichosa si nome asaltan.― ¿Cómo es la gente? ― preguntó Jennifer. No me Olvides
  15. 15. 15Cheryl Lanham Dark Guardians ― Bueno sólo conocí a la directora y a dos miembros más del personal. ― Al ver que Todd seaproximaba a ella, le sonrió ― y no fueron nada del otro mundo. ― Hola, chicas ― Todd sonrió a ambas ― ¿Cómo van las cosas? Me enteré que te hancondenado a trabajar algunas horas en un hogar de ancianos. Jean lanzó una mirada furibunda a su amiga, pero Jennifer estaba tan embobada con Todd, queni cuenta se dio. Era imposible no mirarlo, pensó Jean. Alto, rubio, apuesto hasta decir basta yuno de los mejores jugadores de fútbol de Landsdale… Decididamente el chico más disputadode la escuela. Varias veces había salido con Jean, aunque desde un primer momento habíadejado bien en claro que no tendrían una relación exclusiva. Él salía con muchas chicas. Pero aJean le gustaba de todas maneras. Una de sus esperanzas era que algún día, Todd descubrieraque estaba perdidamente enamorado de ella. ― Bien ― respondió Jean, avergonzada. Una cosa era trata de autoconvencerse de que una noera una ladrona, pero otra muy distinta, persuadir a los demás, sobre todo teniendo en cuentaque la habían pescado. ― Sólo espero que todo esto se transforme en una experiencia positivapara mí ― Bien podía ganar algunos puntos tomando las cosas con filosofías. ¿A quién no legustan las santas? ― Quiero decir, admito que he cometido un error. Pero siempre hay queencontrarle el lado bueno a las cosas. ― No era eso lo que me decías hace un rato. ― La interrumpió Jennifer de inmediato ― En tuopinión ese lugar es de lo peor. ― Dije que estaba en el peor punto de la cuidad ― Corrigió Jean ¿Qué rayos sucedía con suamiga? ¿Acaso pretendía dejarla como una idiota? Bastante con que, confirmando sussospechas, hubiera hecho arder las líneas telefónicas la noche anterior. Guardar secretos no erael punto fuerte de Jennifer. Pero tampoco esperaba que la hiciera quedar como una estúpidafrente a Todd y a propósito.― ¿Dónde queda ese lugar? ― preguntó Todd.― En la parte antigua de la cuidad, en Twin Oaks Boulevard. ― Uh, ese barrio se viene abajo. ― Todd la miró compasivo. ― Será mejor que tomesprecauciones Jean. Una chica como tú podría ser un blanco fácil. Eres preciosa. Cuídate lasespaldas y aléjate de los callejones oscuros. Jean sonrió agradecida. Conocía sus atributos. Las rubias de ojos verdes y buena figura noeran moneda corriente. De todos modos, le resultaba agradable oírlo de otros labios.― No te aflijas ― dijo ― tendré cuidado.― ¿Vendrás al partido el viernes por la noche? Jean no pudo determinar a quien de las dos se dirigía Todd. Pero Jennifer no se detuvo apensarlo ni un segundo.― Yo sí ― respondió con descaro ― pero ella no podrá ir. ― Tal vez pueda ― la contradijo Jean, ignoraba que se traía su amiga entre manos, pero ya seestaba hartando de su juego. ― Los viernes salgo a las cinco y media. ― ¿No era que en tu casa te habían prohibido las salidas? ― Jennifer recogió su mochila y sela cargó al hombro. Sonrió a su amiga con aire candoroso. ― Además, ¿cómo llegarías allí sinauto o licencia para conducir? No me Olvides
  16. 16. 16Cheryl Lanham Dark Guardians ― Oh ¿quieres que te lleve? ― preguntó Todd ― Jugamos de locales, de modo que tendré queestar en la cancha a las seis. ― Esta bien ― Respondió Jean con su ánimo en una vertiginosa caída libre, comparable a susnotas de física. No obstante, el dolor más grande en ese momento era la actitud de Jennifer. Talvez no eran tan amigas como había creído. ― Estoy castigada ― admitió ― Al menos por elresto del mes. Pero te agradezco la invitación.― Puedes llevarme a mí ― acotó Jennifer. Todd la ignoró. ― No me parece tan malo trabajar en un geriátrico. Mi abuela está internada en uno y elentorno es bastante agradable. Jean decidió que lo mejor era decir la verdad. No tenía sentido mentir. Además, a pesar de queLavander House era espantoso, había empezado a sentirse un poco culpable por su actitud. Lopeor de este mundo debe ser saber que uno se va a morir sin remedio.― En realidad, no esto en un geriátrico ― explicó ― Es un hogar para enfermos terminales.― ¿Qué es eso? ― preguntó Jennifer. ― Un lugar al que la gente va para morir ― Con su atención aun concentrada en Jean ― Quéextraño.― ¿Extraño? ― preguntó Jean ― ¿Por qué? Él se encogió de hombros y la muchacha no pudo menos que rearar en aquella espalda ancha,cuyos músculos se marcaban por debajo de la chaqueta.― Por tu edad.― ¿Mi edad? ¿Qué tiene que ver eso con m edad? ― Todo ― contestó él ― Además de ser la primera vez que infringes la ley, se trata de undelito que no implica violencia ― Se interrumpió. Parecía bastante incómodo ― Espero que note moleste, pero he discutido tu caso con mi tío. Por supuesto que le molestaba, pero no era mucho lo que podía hacer al respecto. Tenía plenaconciencia de que se había convertido en el tema de conversación de sus amigos y susrespectivas familias.― No hay cuidado. Él le sonrió agradecido. ― De todas maneras en su opinión ― que debe ser calificada porque trabaja para elDepartamento de Libertad Condicional ― Tendrían que haberte asignado a un hogar o centrocomunitario. De hecho, estaba casi convencido de que conocía el lugar exacto. ¿Te hasasegurado de que no cometieron un error contigo? No sería la primera vez que metieran la pata,ya lo sabes. ― Oh, por el amor de Dios ― interrumpió Jennifer ― ¿A qué tanta discusión? Después detodo, lo único que tendrás que hacer es vaciar orinales o cambiar algunas sábanas. Todd meneó la cabeza. No me Olvides
  17. 17. 17Cheryl Lanham Dark Guardians ― Destinar a Jean a un sitio donde será testigo de cómo cierta gente espera la muerte es laestupidez más grande que podían haber hecho. Esa clase de cosas puede causar dañospsicológicos.― Que tontería ― contestó Jennifer. ― Ninguna tontería ― insistió él ― se necesita una capacitación especial para trabajar en unaestablecimiento como ese. Sé que es así. Mi otro tío es cura y siempre habla de lo desgastanteque es trabajar con enfermos terminales. ― Miró a Jean ― Los funcionarios del departamentodeben haberse equivocado. De ninguna manera pueden enviarte a un lugar semejante. Imposible¿Quieres que le pregunte a mi tío? Así se le ocurrió la gran idea. Tenía que existir un modo de zafarse de esa situación. Toddestaba en lo cierto. El trabajo en Lavender House podía acarrear consecuencias muyperjudiciales: agotamiento, depresión, insomnio, pérdida del apetito. Las posibilidades eraninfinitas. ― Es un gesto muy amable de tu parte, Todd ― contestó, obsequiándole la más calida de sussonrisas. _ Tal vez sea una buena idea preguntarle. Por supuesto, si el Departamento de LibertadCondicional cometió un error me gustaría saberlo. Cuando sonó el timbre, los tres se encaminaron hacía el edificio. Jean sonrió para sus adentrosmientras escuchaba a medias la charla de Jennifer. ¿No era una suerte haber mantenido esapequeña conversación con Todd? De pronto, vio una pequeña luz de esperanza. Se marcharía deese lugar aunque fuera la última cosa que hiciera en este mundo. Esa tarde se aseguró de tomar el autobús anterior. La dejó en la parada a las tres menos cinco.Miró la calle, tratando de decidir si le convenía entrar a trabajar media hora más temprano otomar una Coca en el bar de la esquina. Pasó un grupo de chicos, que se detuvieron a pocosmetros de la entrada del Hogar. No parecían muy sociables. Eso la decidió: salió corriendo haciala esquina. Tal vez se hubieran ido para cuando llegara la hora de empezar su turno. Con gesto ceñudo, Jean empujó las pesadas puertas de vidrio y se encaminó directamentehacia el mostrador. Limpieza no faltaba, pero era lo único respetable de ese lugar. Los pisosestaban recubiertos de linóleo gris de alto tránsito, los bancos giratorios presentaban grietas ensus tapizados de cuero rojo y el mostrador gris, cromado, había sido nuevo en la época deSegunda Guerra Mundial. La muchacha se sentó en uno de los bancos, sacó su libro de Física ylo abrió. Podía aprovechar para adelantar la tarea.― ¿Qué vas a tomar? Jean levantó la vista y se encontró con el bombón del autobús. Llevaba un delantal blancoatado a la cintura y, en la mano, un anotador y un lápiz. De cerca era mucho más lindo de lo quehabía imaginado. De ojos grises, cabellos oscuros y hombros muy anchos, sin duda arrancaríamás de un suspiro femenino al pasar.― Oh, una Coca, por favor.― ¿Algo más? Meneó la cabeza y soltó un suspiro de alivio. No la había reconocido como la idiota que nosabía que hacer para que se abriera la puerta del autobús, pensó, mientras lo miraba con elrabillo del ojo. No me Olvides
  18. 18. 18Cheryl Lanham Dark Guardians― ¿Eres estudiante? ― Le preguntó cuando le trajo la Coca al mostrador. ― Estoy en quinto año en Landsdale. ― Los latidos de su corazón se aceleraron. Qué hermosavoz tenía. De locutor. ― Oye, Nathan ― vociferó un hombre desde el otro extremo de la barra, al tiempo quelevantaba su taza ― ¿Nos sirves más café? El chico no volvió a dirigirle la palabra. Sin embargo, Jean advirtió que no dejaba deobservarla cada vez que creía que ella no lo miraba. Fingió estar fascinada con su texto deFísica. Quince minutos después, pagó su cuenta y se marchó. El grupo de muchachotes que se habíareunido frente a Lavender House ya no estaba allí, pero de todas maneras Jean se apresuró aentrar. En ese barrio, lo mejor era no quedarse en la calle. No bien cruzó la puerta, la señora Drake la hizo subir.― Hoy te presentaré a los pacientes ― le dijo. Jean disminuyó la velocidad. ― A veces hacemos cosas por ellos ― Continuó la mujer. Si en algún momento notó lavacilación de Jean, supo disimular. Cuando llegaron al descanso, se detuvo y esperó.― ¿Qué clase de cosas? ― preguntó la chica, con tono aprensivo. ―Oh, Dios ― pensó ― no soy enfermera. No pretenderán que aplique inyecciones o pongacatéteres, ¿no?‖ Pero no le habría llamado la atención un pedido semejante: hasta el momento no había vistopasar a nadie que remotamente se pareciera a un médico o una enfermera. La directora sonrió de mala gana. ― No te preocupes. No te pediremos que practiques una cirugía cerebral. A ciertos pacientesles gusta leer, y a otros, salir a dar un paseo, pero necesitan un poco de ayuda para hacerlo.Algunos, simplemente prefieren compañía. Es parte del trabajo de una voluntaria. Hacer unpoco de todo. Una vez que hayas conocido a todos, podrás preparar las bandejas para la cena.― Oh ― comentó Jean, y se encogió de hombros ― de eso sí que puedo encargarme. ― Bien ― dijo la señora Drake ― Y antes de que me olvide, recuérdame que te presente a laseñora Meeker. Es la enfermera que está de turno hoy. Se encara de suministrar los calmantes ylas medicinas y hacer que nuestros paciente se sientan lo mejor posible. Jean asintió con la cabeza y luego miró por detrás de ella al oír un taconeo que subía por lasescaleras. Una mujer de mediana edad, bastante robusta, con su negra cabellera convertida enuna montaña, subía en dirección a ellas. Llevaba un traje de pantalón y chaqueta verde, muyajustado, que ceñía con un cinturón color cereza, aros largos de piedras falsas y unos zapatosclaros, de plástico, ajustados con una cinta elastizada al talón; los tacos tendrían unos ochocentímetros de altura como mínimo. ― Polly ― la llamó la directora ―, te presento a Jean McNab, la chica de quien te hablé. Jean,ella es Polly Dickson, la mejor de nuestras voluntarias.― Es un placer conocerte ― dijo la mujer, mientras le tendía la mano. No me Olvides
  19. 19. 19Cheryl Lanham Dark Guardians ― Gracias ― contestó Jean. Tuvo que contener el impulso de no quedarse mirando el brillodorado que decoraba las largas uñas granate de Polly ― Para mí también es un gusto.― Tengo que ir a una reunión ― agregó la señora Drake ― Polly te pondrá al tanto de todo. ―Bajó las escaleras a prisa.― ¿Ya conociste a algún paciente? ― preguntó la voluntaria.― No hasta ahora aprendí donde están todas las cosas y a preparar las bandejas con la cena.― De acuerdo ― Con una sonrisa la tomó del brazo ― Vamos, empezaremos con el señorKenworthy. Es muy amable. ― Avanzaron por el pasillo. De pronto, Jean sintió miedo. ¿Qué se le dice a alguien que se está muriendo? ¿Cómo ha queactuar? ¿Había que fingir que nada pasaba?― ¿Que es lo que… eh… tiene? ― ALS. El mal de Lou Gehring. Vino a vivir a este sitio cuando su esposa falleció porque notenía a nadie que cuidara de él. ― Se detuvo ante la última puerta del largo corredor, golpeó yempujó para entrar. Jean la siguió. La habitación era muy luminosa y estaba empapelada con diseños floreados enverde y amarillo. Había cortinas brillosas en la ventana abierta y una pantalla grande detelevisión. Un hombre delgado, de cabello oscuro y anteojos, estaba sentado en una silla deruedas, junto a una cama reclinable de hospital.― Hola, Jake ― lo saludó Polly con alegría ― ¿Cómo estás hoy? ― Bien ― sus palabras se oyeron tan apagadas, que sonó como un ―Bnnn‖. Desvió la miradaaun sin torcer el cuerpo, para poder ver a Jean.― Ella es Jean McNab ― la presentó Polly ― Otra voluntaria. ― Hola ― Jean sintió mucha pena por él, pero trató de no demostrarlo. Por suerte, tras laspresentaciones del caso, se marcharon de la sala. Lo peor es que no se le ocurría ni mediapalabra que decirle. Polly le hizo conocer a tres pacientes más: dos con cáncer y uno con sida. Jean trató de nopensar en el motivo de la internación ni en la razón por la cual sus familias no podían cuidar deellos. No quería tener que conjeturar respuestas. Era demasiado deprimente. Sin embargo, parasu asombro, toda la gente que conoció se mostró sonriente y alegre. Jamie Brubaker, el pacientecon cáncer, estaba por ir al cine. ― Ahora te presentaré a Gabriel ― Anunció Polly ― mientras la conducía a una habitaciónseparada, situada junto a una pequeña escalera al final de pasillo. ― Tal vez le venga bien unpoco de compañía en estos momentos. La sala se parecía bastante a las demás, con excepción de que tenía más ventanas. Unmuchacho de pelo oscuro estaba recostado en la cama, leyendo una revista. Levantó la vistacuando las oyó entrar.― Hola, Polly, ¿cómo estás? Polly rió.― Como siempre. Te traje a una de nuestras flamantes voluntarias. Jean McNab. Gabriel No me Olvides
  20. 20. 20Cheryl Lanham Dark GuardiansMendoza.― Hola ― la saludó él a secas. ― Hola ― Respondió ella. Lo notó delgado en extremo. Llevaba unos pantalones de corderoymuy gruesos y una abrigada camisa de lana. El cabello era negro como azabache: su piel de uncálido color miel, y sus ojos de terciopelo, dulce como el chocolate. Sin embargo, no fue elpeculiar tono intenso de los ojos lo que le llamó la atención sino el modo en que la miró. Poruna décima de segundo, tuvo la sensación de que aquella mirada era capaz de penetrarle el alma.Tuvo que esforzarse por quebrar el contacto visual. ― Los dejaré solos para que se conozcan ― dijo Polly —. Podrían jugar a las cartas, o haceralguna otra cosa. Gabriel, sé amable. No querrás espantar al personal, ¿verdad? —Yo sólo espanto a las moscas — contestó el aludido, sin apartar la mirada de la muchacha nipor un instante. Ella sintió pánico. No quería quedarse a solas con Gabriel. Y no sabía por qué. Pero Polly yase había ido. Él seguía mirándola fijo.— ¿A qué colegio vas? —preguntó por fin. — Landsdale High. ¿Y tú? — Habría deseado morderse la lengua. Por lo frágil de su aspecto,era obvio que no podía ir a ninguna parte. — Oh… lo siento. Fue una pregunta estúpida. — Iba Tufts — contestó —. Pero me parece que eso fue hace siglos. Me recibí el año pasado.¿Cómo es que te ofreciste de voluntaria en un lugar como éste? Jean se movió con nerviosismo. Por alguna razón, sintió vergüenza de confesar que enrealidad no era una ―voluntaria‖. — Bueno, sentí necesidad de hacer algo para ayudar. — Miró el cuarto, pues no deseaba quesus miradas volvieron a encontrarse. Había estantes con libros debajo de las ventanas. Un librode tapas plateadas le llamó la atención. — ¿Ése es el libro de Harry Harrison? — le preguntó,señalando el estante más alto.— Sí, es uno de la serie ―Edén‖. ¿Te gusta leer ciencia ficción? Jean se dirigió de inmediato hacia los estantes. Ese movimiento fue un pretexto para haceralgo, la liberó de la obligación de mirarlo. — Solía leer mucho más que ahora — contestó, mientras tomaba el libro. La tapa estabaarrugada y algunas páginas tenían las puntas dobladas; parecía bien leído y muy amado. Depronto recordó cuánto placer sentía ella a leer. — Pero ahora estoy tan ocupada queprácticamente no tengo tiempo. — Oh, sí, con tantas horas de trabajo como voluntaria. —Acentuó la palabra con sarcasmo. —Debe de ser muy difícil. No me Olvides
  21. 21. 21Cheryl Lanham Dark Guardians Jean alzó la mirada. — ¿Cómo tengo que interpretar eso? Gabriel sonrió y su cara delgada se transformó. En sus ojos brilló un destello de picardía. — Significa que termines de una vez con la patraña. Todo el mundo sabe que no estás aquí porla generosidad de tu corazón, sino porque te arrestaron y fuiste condenada a brindar servicios ala comunidad. — Lo que no implica que mi trabajo sea malo. — se defendió. Él se encogió de hombros, como si le hubiera dado igual una cosa o la otra.— ¿Por qué te arrestaron? — Por mechera. — Dejó el libro. — Pero en realidad, no estaba robando. Sólo fue unatravesura. — Sí, un par de amigos míos hicieron una travesura parecida — replicó con sorna —, con ladiferencia de que para la policía fue robo de autos. También los obligaron a servir a lacomunidad.— Un par de aros ni se comparan con un auto — protestó Jean. — Pero ellos no habían robado el auto. Sólo estaban manejándolo para divertirse. Claro queeran pobres y latinos; ni ricos ni sajones. — Es un comentario muy ruin — gruñó Jean. Luego se tapó la boca, arrepentida. Demonios.Ese chico se estaba muriendo y ella ni siquiera sabía qué le pasaba. Lo mejor era que novolviera a abrir esa bocota suya, por pesado que Gabriel se pusiera. No quería irritarlo ni que sepusiera de rodillas a sus pies. — A menudo la verdad es ruin — dijo —, en especial con mis amigos. A ellos les dieron dosaños; a ti, trescientas horas. Un cóctel de emociones se anudó en su estómago. Estaba furiosa por la actitud de Gabriel,avergonzada y humillada. ¿Qué pretendía que hiciera, que se disculpara por no haber ido a lacárcel?— Será mejor que me vaya a ayudar con las bandejas para la cena. En el descanso del primer piso se topó con Polly.— ¿Ya terminaste? — le preguntó, mientras sacaba una pila de toallas de un carro.— Creo que estaba cansando — mintió Jean — ¿Qué es lo que tiene?— Anda mal del ―bobo‖ — respondió Polly. No me Olvides
  22. 22. 22Cheryl Lanham Dark Guardians — ¿Problemas cardíacos? — Jean frunció el entrecejo. — ¿No es posible un trasplante en sucaso? Polly meneó la cabeza. — Gabriel tuvo una grave infección virósica, que complicó el estado de las válvulas o algosimilar. Sea lo que fuere, no está apto para ser trasplantado. Siempre y cuando tuviéramos lasuerte de conseguir un donante, claro. Lo dudo, por el tiempo que le queda.— ¿Cuántos años tiene?— Dieciocho. — Polly sonrió con amargura. Jean no hizo más preguntas, pues, en realidad, no deseaba conocer las respuestas. Si bien noera la persona más agradable que había conocido, tampoco quería pensar en lo que tenía queenfrentar. Dios, qué pesado era ese chico. ¡Pero sólo tenía dieciocho años! Pasó media hora colaborando con Polly en la tarea de cambiar toallas sucias por limpias yconocer a la mayoría de los residentes. Había doce internos en total, en Lavander House, y todosellos tenían algo en común; se estaban muriendo. Polly la llevó abajo, asomó la cabeza en el despacho de la señora Drake y le informó quepresentaría a Jean a la enfermera. Lavander House contaba con una enfermera matriculadadurante las veinticuatro horas del día. Tenía que haber una persona que se encargara delsuministro de medicamentos, que no eran drogas convencionales, de las que mejoran a la gente,sino aquellas sirven para ayudarlos a soportar el dolor. Después de eso, Jean armó las bandejas para la cena con la señora Thomas. Durante la tarea,se enteró de que la cocinera tenía dos hijos grandes. La hija estudiaba abogacía, y el hijo,ingeniería electrónica. El tiempo pasó tan rápido que Polly tuvo que entrar en la cocina y recordarle que ya era horade irse. Jean recogió de inmediato sus cosas y corrió hacia la parada de autobús. Durante el trayecto de regreso a casa, comenzó a orquestar todo. La conversación que habíamantenido con Todd le sirvió de puntapié inicial. Tenía que haber un modo de salir de esasituación, para no tener que volver nunca más a ese sitio. Apoyó la cabeza contra la ventanilladel autobús. La noche se cernía rápidamente sobre la ciudad. Las luces ya se habían encendido yel tráfico estaba pesado. Bajó donde correspondía y fue corriendo hasta su casa. *** Apartó el arroz y los langostinos hacia el borde del plato. No porque no le gustaran — ¡leencantaban! —, sino porque quería que sus padres notaran un deterioro en su apetito.— Será mejor que te apures, Jean — sugirió su madre, mientras se servía otro pancito —,Tienes tarea que hacer.— Ya terminé. — Corrió la silla hacia atrás y se puso de pie. No me Olvides
  23. 23. 23Cheryl Lanham Dark Guardians — No has comido mucho — señaló el padre, que levantó la vista de su plato para mirar el deella —Mira cuánto desperdicio. ¿Comiste alguna cosa que te echó a perder el apetito?— No, no probé bocado desde el almuerzo, salvo una gaseosa. Simplemente, no tengo hambre—contestó, cuidándose muy bien de mantener su postura indiferente.— No te preocupes por ella, Gerald, — dijo la madre. Dirigió una mira de exasperación a sumarido. — Tiene una salud de hierro. — De acuerdo, si tú lo dices. Pero sigo sosteniendo que debería comer un poco más. — GeraldMcNab miró a su hija. Era un cuarentón regordete, de cabellos oscuros salpicados de plata, ojoscastaños y cejas espesas. — ¿Qué tal el geriátrico? — preguntó con el aire cordial. Jean se encogió de hombros. Tenía que ser muy, pero muy cauta en ese punto. Sus padresseguían muy enfadados con ella. Si pretendía comprar su compasión y lograr que el viejo ―papi‖moviera algunos hilos por ella, tenía que interpretar su papel a la perfección. — Bien. — Le obsequió una cálida sonrisa — Es un poco triste. — Los hogares para ancianospor lo general son así — comentó él abiertamente. Introdujo otro bocado de langostinos en suboca. Jean vaciló. Tuvo el presentimiento de que no era el momento indicado para informarles queLavander House no era un hogar para ancianos, en realidad. Con el humor que tenían en esosmomentos, lo más probable era que pensaran que cumplir los servicios comunitarios en unhogar para enfermos terminales era justamente lo que ella se merecía. No. Se aguardaría ese asdel triunfo bajo la manga para cuando estuvieran de mejor talante. Jean siguió jugueteando unos minutos más con la comida y su frustración se intensificó. Lospadres charlaban de sus cosas, al parecer, indiferentes a la tristeza y depresión que ella estabaviviendo. Demonios. Bueno… tendría que afinar la puntería.— ¿No te conviene empezar con la tarea? — preguntó Eileen, mirando su reloj. Por fin, Jean bajó los brazos. Estaba convencida de que, aunque el Ángel de la muerteestuviera sentado sobre su hombro en esos momentos, ellos se mantendrían firmes en su posturaindiferente. Caramba que estaban enojados. Tal vez lo mejor fuera darles unos pocos días más.Quizás una semana.— Es cierto. Tengo un examen de Física mañana. Al día siguiente tuvo que ir caminando a la escuela y por eso, llegó tarde. Cuando sonó elprimer timbre, estaba subiendo las escaleras a toda velocidad. Jennifer no la había llamado,llegaría tarde a su primera clase del día y tampoco había logrado borrar de su mente a GabrielMendoza ni al resto de los internos de Lavender House. Y su humor empeoró ante el anuncio del señor Campbell, su honorable profesor de inglés,respecto de que tendrían que entregar un resumen sobre un libro el lunes siguiente. No hubo quien no protestara en la clase, pero al viejo Campbell no se le movió un pelo. No me Olvides
  24. 24. 24Cheryl Lanham Dark Guardians— Ésta es una clase selecta — aclaró. Tomó un trozo de tiza y se acercó al pizarrón. — Demodo que ninguno de ustedes debe tener problemas en terminar un libro. — Pero ya estamos a mitad de semana — se quejó Kimberly Rand —. Sólo nos quedan unosdías.— Olvida el televisor — recomendó Campbell.— ¿Podemos leer el libro que queramos? — preguntó algún alumno de atrás. — Siempre que sea un libro de verdad, con palabras de verdad en lugar de fotografías, no tengoinconveniente. — Les sonrió de un modo casi imperceptible. — Y por favor, ahórrenme eldisgusto de tener que verme en problemas con el Consejo de Educación. Catcher in the Rye estápermitido, pero Henry Miller y Terry Southern quedan totalmente fuera de discusión. Traten deelegir libros que estén en la biblioteca del colegio. Jean suspiró. El Distrito Escolar Federal de Landsdale no era famoso por sus ideas liberalesrespecto de los libros que se consideraban adecuados para los estudiantes secundarios. Laelección sería muy difícil. Fue entonces cuando recordó que había conseguido el primer libro dela serie ―Edén‖ en la biblioteca de la escuela. Al demonio, pensó. Si se sentía presionada, podíaescribir un resumen sobre esa historia. No vio a Jennifer en todo el día, pero se encontró con Todd a la salida de la biblioteca.— Hola — le dijo —. ¿Cómo estás?— Bien.— Oye, la propuesta de llevarte al partido de viernes por la noche sigue en pie. Jean se moría por aceptar, pero pedir a sus padres que le levantaran la sanción en esemomento habría arruinado todos sus planes. Cómo le gustaba Todd. Caramba. — Es muy amable de tu parte — contestó, con una sonrisa radiante —; si no estuvieracastigada, te habría dicho que sí de inmediato. — Lo entiendo — respondió él —. Tal vez podamos salir juntos cuando se acabe tu castigo. Abrió la boca para aceptar pero antes de poder articular palabra, la más descabellada de lasimágenes se representó en su mente: Nathan, el bombón del autobús. Parpadeó repetidas veces yluego sonrió, incómoda, al ver la expresión perpleja de Todd — Sí, sería lindo. — Bueno, avísame cuando tus padres te den permiso para volver a salir. Ah, el domingo voy aver a mi tío. Le preguntaré lo de Lavander House. — Oh, no te molestes. — Jean se encogió de hombros. — Mi papá se encargará de ese asunto. — ¿Seguro? Asintió con la cabeza y al segundo se preguntó qué demonios estaba haciendo. No podía darse No me Olvides
  25. 25. 25Cheryl Lanham Dark Guardiansel lujo de desperdiciar ninguna propuesta de colaboración para huir de Lavander House parasiempre. — De acuerdo. Hasta luego. — Todd la saludó y se encaminó hacia el sitio donde estaba elequipo. Jean se quedó de pie durante un rato, pensando por qué no habría sido más vehemente parapedirle ayuda. Un montón de tonterías daban vueltas en su mente. Nathan, Polly, los pacientesdel Hogar, Gabriel y sus comentarios sarcásticos. Por un momento, se sintió rara. Se mordió ellabio. Quería borrar esa sensación. Pero no pudo. Se dio por vencida y se dirigió a su próximaclase. No me Olvides
  26. 26. 26Cheryl Lanham Dark Guardians Capitulo 3 Transcripto por Maka.mayi 21 de SeptiembreQuerido Diario: Como no tuve tiempo de escribir esta mañana, decidí hacerlo ahora, mientras espero elautobús. Las cosas no están saliendo como planeé. Tengo que entregar ese famoso resumen ellunes y la biblioteca no tiene el libro que necesito. Todd me invitó a salir otra vez… A lo mejor,una de mis fantasías está por convertirse en realidad. ¿Se habrá vuelto loco por mí? Sinembargo, lo extraño de esta situación es que yo no estoy segura de querer salir con él. Anocheno pude dejar de pensar en Nathan, aunque no por que me parezca un buen mozo irresistible.Me siento rara en todo. Tampoco me puedo sacar de la cabeza a ese idiota y grosero deGabriel. Y por si todo esto fuera poco, mis padres se han puesto tan pesados que no se dancuenta de nada. Mamá ni siquiera reparó en que no probé bocado en el desayuno esta mañana.Si la situación se prolonga demasiado, moriré de inanición antes de que logre machacar en suscabezotas que estoy terriblemente deprimida. ¿O debo decir que he caído en un pozodepresivo? Lo que fuera; mi plan se está yendo a pique. Tal vez deba mejorar mi actuación. El chillido de unos frenos aerodinámicos avisó a Jean que había llegado el autobús. Guardó eldiario en su mochila a las apuradas, se puso de pie y desenterró del bolsillo de sus jeans elcambio justo que tenía preparado para pagar su pasaje. Ése era otro tema que la fastidiaba: tenersiempre a mano las monedas para el dichoso transporte. En lugar de bajarse en la parada que quedaba en la puerta del Hogar, esperó la siguiente,ubicada frente al bar. Cruzó la calzada corriendo, empujó las pesadas puertas de vidrio y abrió.Se sentó en uno de los bancos y miró a su alrededor, buscando a Nathan. El lugar estaba casi vacío. Algunos clientes ocupaban un par de reservados y también había unhombre inclinado sobre su periódico, al otro lado del mostrador. Nathan entró por unas puertas vaivén que estaban detrás de la barra. Llevaba una pila debandejas llenas de vasos. Jean no pudo contener el impulso de mirar el movimiento de lospotentes músculos de sus brazos. Sólo esperaba no haberse puesto demasiado en evidencia. Perole sobraba media hora y no había muchas formas de matar el tiempo en ese lugar. Sacó su libro de francés, lo abrió y trató de concentrarse en la conjugación de los verbos.Imposible. Nathan la distraía demasiado. Con disimulo, lo espió de reojo mientras descargabalas bandejas sobre el mostrador de atrás. Cuando se volvió para acercarse a ella, Jean bajó lavista automáticamente.― Hola ― la saludó. Sacó su anotador y el lápiz. ― ¿Qué vas a tomar? No me Olvides
  27. 27. 27Cheryl Lanham Dark Guardians ― Una Coca. –Se quedó contemplando su espalda mientras trabajaba. Con movimientos firmesy seguros, llenó el vaso con hielo picado. Luego lo colocó debajo de la máquina expendedora.Parecía tener mucha confianza en sí mismo. Se volvió y colocó la bebida frente a ella.― Gracias. Él le sonrió.― No vives aquí. ― Fue una afirmación, no una pregunta. Jean desenvolvió la pajita y la deslizó dentro del vaso.― Vivo en el este. ―Con calma Jean ― se dijo ―. Tranquila.‖― ¿Qué haces por aquí, entonces?― Trabajo como voluntaria aquí enfrente. Pero mi turno comienza a las y media.― ¿Voluntaria? ¿Te refieres al Hogar, a Lavender House? Jean sonrió.― Sí. ¿Te sorprende? Nathan se encogió de hombros.― Me pareces muy joven. Eso es todo. ― Tengo diecisiete ― dijo, ganando cada vez más confianza. La mirada de él delataba queestaba impresionado. Jean decidió hacer un nuevo avance. ― Además, creo que debemosayudarnos unos a otros, ¿no? ― Claro. ― Nathan tomó la cafetera y vertió un poco más de la humeante bebida en la tazadel hombre sentado en el extremo de la barra, quien le agradeció entre dientes. ― Pero yo, entreel trabajo y la escuela, ayudar al prójimo es un lujo que no puedo darme. Con esto no quierodecir que esté mal lo que haces. Al contrario, me parece maravilloso.― Te hace sentir bien ― acotó Jean. ― Sí, lo sé. Nosotros también aportamos nuestro granito de arena. Henry, el propietario de estelugar, a veces me pide que vaya a llevar un pastel o una Tarta al Hogar. No es mucho, pero almenos colaboramos. Algunos pacientes vienen a tomar café. Si no estoy muy ocupado, les doycharla o jugamos una partida rápida a los naipes.― Es muy amable de tu parte. ― Apuró un sorbo de Coca. ― ¿A qué colegio vas? ― Landsdale JC. Espero poder ir a Santa Barbara después de eso ― dijo él ―. ¿Cómo tellamas? No me Olvides
  28. 28. 28Cheryl Lanham Dark Guardians― Jean McNab. ¿Y tú? ― preguntó ella, aunque ya lo sabía. ― Nathan Laurie. ― Le obsequió una amplia sonrisa. ― Supongo que te veré muy seguido poraquí. Ah… Con respecto al otro día, en el autobús.― ¿Qué? ―¡Demonios! Se acordó. Ahora creerá que soy una idiota.‖― Oh, no es nada. Mientras él atendía un cliente y a otro, conversaron hasta que Jean tuvo que marcharse. Seenteró de que Nathan vivía con su madre viuda, que estudiaba en la universidad y que aspiraba aconvertirse en psicólogo algún día. Notó que había despertado interés en él. Lástima que notuviera auto. Pagó la cuenta y pensó que, si empezaban a salir juntos, tal vez sus padres seapiadaran de ella y le devolvieran su licencia de conducir. Estaba de muy buen ánimo cuando subió las escalinatas de Lavender House. Hasta saludó a laseñora Drake con una sonrisa de oreja a oreja. Sin embargo, su humor cambió cuando leasignaron la tarea del día: limpiar los baños. Esperaba recordar como se hacía. La última vezque había cumplido con esa tarea tenía doce años. Desde entonces, en su casa contrataron unamucama para la limpieza. Una hora y media después, se dio cuenta de que, al fin y al cabo, no había sido tan terriblecomo creyó en un primer momento. Enjuagó el lavabo de la habitación de Jamie Brubaker y sequitó los guantes de goma. Al abrir la puerta del baño encontró a Jamie, un paciente con sida,descansando muy tranquilo. Momentos antes, luego de una conversación de diez minutos con él,había decidido que era una persona muy interesante. Antes de enfermarse, se desempeñabacomo piloto en una aerolínea. Sin embargo, se alegró de que estuviera dormido. Pobre. Hasta una breve charla lo agotaba. Una vez fuera, colocó el balde con los artículos de limpieza en el carro y tachó la habitación.Sólo le quedaban dos y luego podría bajar para preparar las bandejas con la cena. Esa tarea legustaba. Por lo menos, mientras acomodaba los platos y envolvía cubiertos tenía alguien conquien hablar. Empujó el carro por el pasillo y frunció el entrecejo al notar que el próximo bañoque le tocaba era el de Gabriel. Tal como le habían indicado, golpeó suavemente la puerta yluego asomó la cabeza. Le habían dicho que, si los pacientes estaban durmiendo, no tenía quemolestarlos a menos que fuera estrictamente necesario. Gabriel estaba sentado junto a la ventana.― Pasa ― le dijo, en voz baja.― Vengo a limpiar tu cuarto ― explicó.― Adelante. ― Le sonrió con simpatía. Jean apoyó el balde con sus cosas en el piso y comenzó a cerrar la puerta.― Déjala abierta ― indicó Gabriel. No me Olvides
  29. 29. 29Cheryl Lanham Dark Guardians Jean alzó la cabeza y lo vio de pie afuera.― ¿Por qué? ― le preguntó ―. ¿Te espanta verme refregando lavabos?― Lavabos no ― corrigió, apoyado contra el marco ―. Inodoros. ― Muy gracioso. ― Estuvo tentada de cerrarle la puerta en la nariz, pero lo cierto era que sealegraba de tener alguien con quien conversar. ― ¿Por qué no estás en la cama?― Porque no estoy cansado. Y necesito compañía. Hasta la tuya me vendría bien. ― Muchas gracias. ― Roció la bañera con un producto de limpieza. ― Debes de estar muydesesperado para sentir necesidad de hablar conmigo. ― Experimentó una repentina irritación.De acuerdo, puede que ella estuviera en mejores condiciones que él y tampoco trabajaba allí porque era generosa, pero eso no le daba derecho de ser tan… tan… despectivo. ― ¿Qué pasa?¿No tienes amigos? Gabriel se rió y apartó un mechón de pelo de sus ojos. El gesto atrajo la mirada de Jean a susmanos y brazos. Eran tan delgados, que parecían piel y hueso; las venas de las manos semarcaban claramente en su piel morena. La irritación de Jean desapareció al ver la enfermedad.Habría apostado su mensualidad entera a que debajo del conjunto deportivo de algodón quellevaba puesto, el resto de su cuerpo estaría igualmente arruinado. ― La mayoría de mis amigos viven en Los Ángeles. Y a diferencia de los tuyos, papi no lesregaló un auto para su decimoséptimo cumpleaños. ― Es bueno que te enteres de que yo viajo en autobús ― refunfuño Jean, despidiéndose de sucompasión. ― Sí, pero apuesto a que tienes un auto. Ella cerró la boca y colocó el trapo de limpieza debajo del grifo. Moribundo o no, era unidiota. Si tenía o no razón, era tema aparte. Claro que tenía auto. ¿Y con eso qué? ¿Acaso teníaque sentirse culpable porque sus padres trabajaban mucho y le regalaban cosas bonitas? ― Lo tienes, ¿verdad? ― continúo él ― -. ¿Qué marca es? ¿Un llamativo convertible, unjuguete que cuesta mucho dinero y que papi no quiere que traigas a un barrio como éste? ― No es un convertible ― contestó ella. Abrió el grifo y enjuagó con abundante agua losbordes de la bañera. ― Es un auto chico.― ¿Entonces por qué vienes en el autobús? Tuvo intenciones de decirle que no quería traerlo a ese barrio humilde por lo que él habíaconjeturado, pero, para su asombro, no le pareció bien mentirle.― Cuando me arrestaron, mis padres me quitaron la licencia. ― Un golpe bajo, ¿eh? ― murmuró, aunque Jean supo que no sentía ninguna pena por ella ―.Por lo menos, la recuperarás cuando hayas cumplido tu condena. A propósito, ¿Cuánto tiempote quedarás aquí? No me Olvides
  30. 30. 30Cheryl Lanham Dark Guardians ― Tengo que cumplir trescientas horas de servicio comunitarios ― contestó, mientras selevantaba del piso ―. A razón de veinte horas por semana, saca la cuenta. Si necesitas ayuda,puedo prestarte la calculadora que tengo en mi mochila. ― Puedes guardártela. Siempre he tenido diez de promedio en matemáticas ― le contestó.Volvió a reírse. Ella se sorprendió.― ¿De veras? ― Por supuesto ― repuso, orgulloso ―. ¿Qué pensabas? ¿Que los que tenemos nombreslatinos sólo servimos para atacar a la gente en patota y manejar cascajos? ― Yo no dije eso ― se defendió, molesta porque él estaba acusándola de encasillar a laspersonas en estereotipos racistas.― ¿Entonces por qué te sorprendieron mis calificaciones? ― Porque sí, eso es todo. ― Gabriel estaba incomodándola. Jean estaba asombrada de símisma. Nunca se había creído prejuiciosa. Pero si así era, ¿por qué se había asombrado tanto alenterarse de sus calificaciones?― De acuerdo ― admitió él, cauteloso ―. Tal vez no me creías un rufián violador de mujeres. ― Y tal vez yo no debí sorprenderme tanto ― concedió ella. Por alguna extraña razón, sesentía obligada a ser honesta con ese chico. ― De todas maneras, lamento haberte ofendido. ― No te preocupes. Yo tampoco debí haberte atacado de inmediato. Supongo que soy un pocosensible en cuanto a los sajones. Para que sepas, toda mi vida he sido un alumno de diez. Meotorgaron una beca para la universidad. ― Se encogió de hombros y concentró su atención enlas cerámicas del piso. ― Por supuesto, jamás llegaré a usarla. Jean lo miró fijo. No sabía qué decir. Sí bien Gabriel no era santo de su devoción, en esemomento le inspiraba una profunda tristeza. Una beca completa y jamás tendría oportunidad deponer un pie en la universidad. Recordó su modesto seis cincuenta de promedio y la insistenciade sus padres para que lo levantara. Dios, que injusto. Idiota o no, Gabriel Mendoza se habíaquemado las pestañas para ingresar a la universidad. Nadie tenía esas calificaciones si no semataba estudiando. ― Oye, te pido disculpas. Realmente debes de haberte esforzado mucho, tantos diez no puedensalir de la galera. ― No me compadezcas ― le dijo él y levantó la mirada buscando la suya. Sus ojos eranoscuras cavernas de antigua sabiduría. Infinitamente tristes, infinitamente comprensivos. Jeansintió un nudo en la garganta. Movió los labios, luchando por decir algo… pero no hubopalabras. No había nada que decir. ― A veces ― continuó Gabriel en un tono suave ―, tú atrapas al león. Otras, el león te atrapaa ti. No me Olvides
  31. 31. 31Cheryl Lanham Dark Guardians Jean intentó borrar de su mente esos últimos minutos con Gabriel. Se quitó los guantes degoma y miró sus manos. Tenía la piel colorada, irritada. A pesar de todas las precauciones quehabía tomado, fue imposible que no le entrara agua. Tenía que acordarse de humectar sus manoscon abundante loción una vez que llegara a casa. ―A veces, el león te atrapa a ti.‖ Aquellas palabras hacían eco en sus oídos mientras guardaba los artículos de limpieza en elarmario. Oyó a la señora Thomas que cantaba en voz baja en la cocina. Se apoyó en el marco dela puerta y suspiró. Tenía que dejar de pensar en él. Después de todo, no eran amigos ni nadapor el estilo.― Jean ― la llamó la señora Thomas ―. Las bandejas están listas para preparar. Entró de inmediato en la cocina, feliz por tener algo que hacer para mantenerse ocupada. Perono resultó. Acomodar cubiertos no requería tanta destreza mental como para distraer suspensamientos de Gabriel. No podía borrar aquel rostro de su mente. Perecía tan, tan…― Jean ¿Qué estas haciendo? La voz de la señora Thomas interrumpió sus cavilaciones. ― ¿Eh? ― Se sobresaltó, asustada. Vio a la mujer que miraba azorada la bandeja. ― Oh, medistraje. Supongo que Jamie no necesita tres juegos de cubiertos. ― Mmm. Me parece que estabas pensando en algo muy serio ― comentó la señora Thomas,con un tono cordial ―. ¿Será que este lugar comienza a afectarte? ― ¿Afectarme? ― repitió Jean. Por supuesto que sí. Afectaría a cualquiera. Santo Dios.Acababa de pasar las últimas dos horas refregando inodoros y conversando con gente queestaría muerta para Navidad. ― ¿Quiere saber si me deprime?― Algo así. ― La mujer se dirigió a la cocina y levantó la tapa de la cacerola con los spaghetti.― ¿Quieres hablar del tema? Jean la contempló detenidamente. En los tres días que llevaba trabajando allí, siempre habíavisto a la cocinera con una sonrisa a flor de labios y una palabra afectuosa para todo el quepasara por allí.― ¿Cómo hace para evitar que todo esto la afecte? ― le preguntó por fin. ― No hago nada. ― Le dirigió una mirada distraída. ― Me afecta. Esto afecta a cualquiera. Lagente viene aquí a pasar un par de semanas o quizás un mes; esperan la muerte y, mientras tanto,tú te encariñas con ellos. Aprendes a quererlos, te preocupas por su bienestar, y de pronto tesorprendes rezando para que se produzca un milagro, por que no quieres que se mueran. Sevolvió y miró a Jean. Pero se mueren de todas maneras y me molesta. Especialmente cuando setrata de personas jóvenes.― ¿Cómo Gabriel? La expresión de la mujer se convirtió en una sonrisa serena. No me Olvides
  32. 32. 32Cheryl Lanham Dark Guardians― Ese chico es especial.― ¿Por qué? ― Tiene tanto para dar en este mundo. ― Meneó la cabeza. ― No es como la mayoría de losjóvenes. Es distinto. Sensible. Mira las cosas desde otra óptica porque se ha visto obligado aenfrentar algo que un chico a su edad no tendría por que asumir. Su muerte parece unainjusticia. Cuando por fin le llegue la hora se me destrozará el corazón.― ¿Entonces por qué hace esto? ¿Por qué se queda aquí?― Es mi trabajo. Jean meneó la cabeza.― Usted es muy trabajadora y una excelente cocinera. Conseguiría trabajo en cualquier parte. ― Bueno, gracias. ― La señora Thomas sonrió, orgullosa por el cumplido hacia su comida. ―Eres mucho más perspicaz de lo que creí. Sí, lo hago por que quiero. Por que alguien tiene quehacerlo y ese alguien bien puedo ser yo. Por lo menos, tengo oportunidad de dar a los pacientesun poco de alegría y bienestar en sus últimos días. Es lo que la Biblia nos manda y yo obedezco.― Es religiosa. ― En un lugar como éste ― contestó, volviendo su atención a la cacerola ―, un poco de feayuda. ― Supongo que sí. ― Si bien detestaba reconocerlo, aunque fuera ante sí misma, sentíacuriosidad por saber más de Gabriel. ― Eh… ¿Cuánto tiempo se queda?― Dos meses, tal vez tres. Se puso tensa. ― ¿Qué es exactamente lo que tiene? ― Polly ya le había contado, pero una parte de sí queríaoírlo de otros labios. ― ¿Qué le pasa? ― El corazón no le funciona como corresponde. ― Meneó la cabeza con tristeza. Los médicoslo han intentado todo, pero sin éxito.― ¿No puede recibir un transplante o algo? ― No. Las válvulas y el tejido que las rodea están tan dañados por la infección virósica, que untransplante sería imposible. Polly le había dicho lo mismo, pero ella sospechaba que tal vez habría otra razón por la que nopodía conseguir un donante. ― ¿Están completamente seguros de eso? Quiero decir, ¿cómo saben que no resultará? Si esuna cuestión de dinero…― No es por dinero ― la interrumpió la señora Thomas, y se volvió para mirarla a los ojos ―.Así es la medicina. No hay razón para practicar un transplante si no va a dar resultado. Y es No me Olvides
  33. 33. 33Cheryl Lanham Dark Guardiansuna lástima. Ese chico no sólo es inteligente, sino talentoso. Un artista con todas las letras.Tendrías que ver sus pinturas. La chica se quedó contemplando con detenimiento a la cocinera y tuvo que contenerse para noseguir discutiendo con ella respecto de la negativa a practicar un transplante de corazón aGabriel. La señora Thomas no le mentía. Por la expresión de su rostro, cualquiera se habríadado cuenta de que la idea de su muerte la perturbaba tanto como a ella. Si no había manera, nola había y punto.― ¿Pinta? ― preguntó ―. ¿Cuadros? ― Ajá. Y no simplemente, en Los Ángeles. Un mural. Salió fotografiado en el periódico. Seinterrumpió cuando la señora Meeker, la enfermera de turno, entró en la cocina a buscar café.Las dos mujeres comenzaron a charlar entre sí y dejaron a Jean sola con sus pensamientos. Terminó con las bandejas y las acomodó en una pila en el carro. Mientras lo empujaba por elpasillo desierto, camino al ascensor, pensó que por un lado admiraba a la gente como la señoraThomas, pero, por el otro, la consideraba un poco extraña. No podía creer que alguien quisierade verdad trabajar en un lugar como ése. No entendía por qué esa mujer no salía de allícorriendo despavorida. Sabía que en cualquier momento ella se sentiría así. Esa gente estabamuriéndose. Las lágrimas se agolparon en sus ojos cuando recordó la charla con Jamie.Demonios. Qué agradable era. No merecía morir. Tenía apenas cuarenta y tantos años. ¡Ypensar que pocos días atrás le habría parecido todo un gerente! Ahora le resultabadolorosamente joven. Sintió que una lágrima le hacía cosquillas en el mentón. Se la secó con la manga, irritada, yempujó el carro hacia el interior del ascensor. Tal vez hacerse la deprimida delante de suspadres no sería una actuación, después de todo. La última bandeja fue para Gabriel. Jean detestaba tener que volver a su cuarto, pero no lequedaba otro remedio. Él se daría cuenta de que lo habrían dejado sin cena. Tomó la bandeja delcarro y llamó a la puerta.― Pasa ― le dijo él. Estaba en la cama, con la cabecera levantada para poder apoyar la espalda. Jean le llevó labandeja, la apoyó sobre la mesa rodante y luego la colocó frente a él. Gabriel retiró la cubierta de su plato. ― Spaghetti. ― Chasqueó los labios y desenrolló los cubiertos de la servilleta en la que Jeanlos había envuelto con tanta meticulosidad. ― Nadie hace los spaghetti como la señora Thomas.Es una especialista en arte culinario.― Es buena ― coincidió ella.― ¿Comiste alguno de sus platos?― Los probé un par de veces. Pero no hace falta comerlo para darte cuenta de que es excelente.Con sólo percibir el aroma, se te hace agua a boca. ― Jean se dio cuenta de que tenía hambre.Lástima que no hubiera pasta para ella. Y no porque la señora Thomas le hubiera mezquinado No me Olvides
  34. 34. 34Cheryl Lanham Dark Guardiansuna porción, sino porque no tenía tiempo. No podía darse el lujo de perder el autobús que lallevaría de regreso a casa. Se dirigió a la puerta y fue entonces cuando vio en los estantes deGabriel el libro que había visto el día anterior.― ¿Me lo prestas? Gabriel alzó la vista, con la boca llena. Notó que señalaba el libro de bolsillo, apresuró atragar la comida y asintió con la cabeza.― Me pareció oír que ya lo habías leído. ― Así es ― confirmó ella, y arrebató el libro del estante antes de que Gabriel se arrepintiera.Pero tengo que releerlo. Debo entregar un resumen el lunes y la biblioteca del colegio no lotenía.― Vaya que eres una chica de muchos recursos. ― ¿Y qué significa eso? ― Realmente, no sabía por qué siempre le daba lugar para que él lapusiera en esas situaciones. ― Exactamente lo que he dicho. Tú, que por supuesto eres la honestidad personificada,entregarás un resumen sobre un libro que ya has leído. Claro. De ese modo, te ahorrarás muchotiempo ― deslizó con sarcasmo. ― ¿Y con eso, qué? ― ¡Por Dios, que idiota! ― No voy a comprar una versión resumida parahacer el trabajo. Ya lo he leído. ― De todas maneras, en mi opinión, eso es hacer trampa ― le dijo, mientras se introducía otrobocado.― ¿Eres sordo o qué? No es hacer trampa. Yo ya leí el maldito libro ― vociferó ella. ― Es hacer trampa ― insistió él ―. El objeto de entregar un resumen sobre un libro es,justamente, tener que leerlo. Si tú te basas en uno que ya has leído, el objetivo queda sincumplir. Jean no podía creer lo que estaba oyendo. ¿Quién era él? ¿El alumno ejemplar de laAsociación Nacional de Docentes? ― Señoras y señores, he aquí al Señor Perfecto ― retrucó Jean, usando uno de los clichésfavoritos de su amiga Jeniffer. ― No pretenderás que crea que tú nunca lo hiciste. ― Por supuesto que lo hice ― dijo él ―. Hice trampas en algunos resúmenes de libros y enuno o dos exámenes. ¿Y sabes qué? Ahora estoy arrepentido. Es una de las pocas cosas quelamento. El comentario la dejo helada.― ¿Por qué?― Porqué lo más fácil no siempre es lo mejor ― respondió con franqueza ― Aprendes a No me Olvides
  35. 35. 35Cheryl Lanham Dark Guardiansenfrentar las cosas duras de la vida cuando estás en una situación como la mía. Jean se puso de pie y lo miró con detenimiento. No sabía que decir; tampoco qué habíaquerido decir él en realidad. Gabriel suspiró y le dirigió una sonrisa extraña. ― No tengas miedo, nena, no espero que me entiendas. Anda, llévate el libro. Ojala te saquesun diez.― Gracias ― respondió ella entre dientes ―. Más tarde volveré por tu bandeja. Cuando regresó, Gabriel estaba dormido. Sin hacer ruido, abrió la puerta y entró en lahabitación en puntas de pie. Notó que se le dificultaba la respiración; tenía el rostro pálido. Laluz de la lámpara que estaba sobre la mesa de noche enfocaba directamente a sus ojos cerrados,pero él seguía durmiendo. Jean tomó la tapa metálica del plato frunció el entrecejo; las trescuartas partes de los spaghetti estaban intactas. Recogió la bandeja. ¿Tendría que informarlo aalguien? Gabriel no había comido mucho. Si bien ella no conocía mucho a los enfermos,suponía que debían alimentarse bien para no perder las fuerzas. Cerró la puerta y llevó el carro por el pasillo, hacia el ascensor. Abajo se encontró con laseñora Meeker. Cuando le mostró el plato de Gabriel y le dijo que se había quedado dormidocon la luz encendida, la enfermera asintió con la cabeza. ― No te preocupes por él ― le aconsejó ―. Le apagaré la luz y me aseguraré de que se acuestecomo es debido cuando haga mi ronda nocturna. ― Pero comió poco ― protestó Jean. No tenía la menor idea de por qué se preocupaba tantopor Gabriel Mendoza. Si era tan ocurrente como para hacer ciertos comentarios, bien podíacuidar de su propio cuerpo. La señora Meeker sonrió con amargura. ― Lo sé. Nunca come mucho. Jean, escucha mi consejo. Esta gente se está muriendo. Por másque les des toda la comida y el descanso del mundo, no evitarás ese final. Por lo tanto, noextremes esfuerzos para salvarlos. No puedes. Si tomas las cosas demasiado a pecho, lo únicoque conseguirás es una úlcera. ― ¿Pero cómo hace usted para no preocuparse por ellos? ― preguntó. ¡Demonios! ¿Qué leestaba pasando? Apenas diez segundos antes había llegado a la conclusión de que Gabriel podíacuidarse solo, y sin embargo insistía en preocuparse porque no había terminado de comer losmalditos spaghetti. Como si él fuera a agradecerle su preocupación. Pero, por lo visto, no podíaevitarlo. ― Les doy lo mejor de mí ― contestó la enfermera ―. Trato de hacerles la vida lo másplacentera y cómoda posible. Siempre estoy al lado de ellos, incluso en las ocasiones en que loúnico que quieren es que me siente en silencio junto a su cama. A veces es todo lo que puedeshacer. No me Olvides

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