1
2
Copyright © 2004 Anthony Kiedis – Funky Monks

Traducción al español: Aina, Amy, Anto RHCP, Dani California, Fana, Hottie ...
4
Dedicado a Bill y Bob

5
6
Introducción

11

Capítulo 1

13

Yo, soy de Michigan

Capítulo 2

28

Araña e hijo

Capítulo 3

52

La secundaria en Fair...
Capítulo 12

250

Contra la pared

Capítulo 13

276

Nada

Capítulo 14

294

Bienvenidos a Californication

Capítulo 15

2...
9
10
Introducción
Estoy sentado en el sofá de la sala de estar de mi casa en Hollywood Hills. Es un día de
enero despejado y fr...
sanguíneo es ozono, un gas de olor maravilloso que ha sido utilizado legalmente en
Europa durante años para tratar todo de...
Capitulo I

Yo, soy de Michigan
Había estado pegándole a la cocaína durante tres días con mi traficante de drogas
mexicano...
necesito conducir hasta Arizona y no me siento muy bien," decidí ir.
Así que Mario y yo nos subimos a mi cutre trozo de ch...
cuando llegué al lugar me di cuenta de que no tenía las llaves, no tenía la chaqueta, no
tenía dinero, no tenía mis jering...
estricta forma de vida.
Eventualmente, conoció a una bonita mujer llamada Molly Vandenveen, cuya herencia
era una mezcla d...
estaba cautivada con el atleta estrella de su clase del instituto, quien justamente
resultó ser de raza negra—un romance b...
Dejé el hospital y entraron mi padre, mi madre, y su perro, Panzer, en su diminuta casa
financiada por el gobierno en el c...
escuela de cine, y realizar sus sueños de vivir en Los Ángeles. En Julio de 1965, cuando
yo tenía tres años, nos mudamos a...
lo veíamos cada vez menos. Cada verano mi madre y yo volvíamos a Grand Rapids para
ver a nuestros familiares. La abuela Mo...
muy contento. Ahora yo igualé su matrimonio con una gran bicicleta que tenía ruedas
de entrenamiento. Había una tensión en...
tanto dinero? Qué están haciendo por todas partes estas bellas chicas? “
Yo recuerdo tener un sentimiento de preocupación ...
suelos y pistas atléticas que circulaban junto a Plaster Creek. Yo no era tan JC Penney
como el resto de mi compañeros de ...
tarjetas de crédito robadas. Una noche ellos vinieron a la puerta, y mi madre me envió
a los vecinos mientras ellos la int...
confundiéndome a la edad de ocho años. “Qué pasa si nosotros no tenemos solamente
policías en la puerta principal?” Pero e...
cubos de lavandería dados la vuelta. Yo era siempre Keith Partridge y nosotros
moveríamos los labios en sincronización con...
tenía mi propio juego de moralidades.
En sexto grado, yo comencé a venir a casa para comer, y mis amigos se juntarían ahí....
Capitulo II

Araña e hijo
Cuando dejé Michigan a los doce años de edad en 1974, dije a todos mis amigos que
me estaba muda...
Entonces encendió el porro y me lo pasó. “Ten cuidado, no tomes demasiado. Tú no
quieres toser tus pulmones hacia fuera” m...
dólares en la mesa de la cocina para un taxi. Volver a casa sería mi proyecto, para
facilitar eso, me compró una tabla de ...
regalos, incluyendo un nuevo juego de esquís, botas de esquiar, palos y una chaqueta
así yo podría ir esquiando ese invier...
nuestras experiencias era ir juntos en su contrabandeo de marihuana. Yo me volví su
protector para estos viajes. Nosotros ...
conducía al patio trasero, y mi padre instaló la tienda ahí.
La atracción principal de su parafernalia narcótica en ese cu...
estaba obsesionado).
Sunset Strip a principios de los años 70 era la arteria de vida que fluía a través de West
Hollywood....
dispondría asientos. Su gobierno de los capacitados me hacía sentir incómodo. Yo no
quise necesariamente intrusos que se s...
olvídenlo. El no tenía la intención. Y por favor, no lo golpeen en la cara, porque eso
realmente le duele a un niño como y...
Pero era la mía. Durante noches de colegio, yo permanecería en casa, pero mi padre
tendría derecho a su mesa de poder en e...
escritura, y yo creo que deberías ser consciente y hacer algo con ello,” ella me dijo.
“Deberías continuar escribiendo.”
C...
Aquello fue una cosa divertida para hacer, y yo nunca me sentí traumatizado después,
pero creo que subsconcientemente aque...
Cuando yo comencé octavo grado, John se volvió mi mejor amigo. Todo era hacer
skate y fumar marihuana. Algunos días podíam...
durante una hora, y aunque la marihuana nunca se volviera fumable, ahora nosotros
sabíamos lo fácil que era irrumpir en la...
nuestros dos viajes ácidos. Yo no conocía a nadie que tomara LSD, parecía como una
diferente generación de droga. De todas...
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Scar Tissue - Anthony Kiedis
Upcoming SlideShare
Loading in …5
×

Scar Tissue - Anthony Kiedis

4,642 views

Published on

Autobiografía de Anthony Kiedis (2006), el vocalista de Red Hot Chili Peppers

Published in: Education
0 Comments
0 Likes
Statistics
Notes
  • Be the first to comment

  • Be the first to like this

No Downloads
Views
Total views
4,642
On SlideShare
0
From Embeds
0
Number of Embeds
3
Actions
Shares
0
Downloads
27
Comments
0
Likes
0
Embeds 0
No embeds

No notes for slide

Scar Tissue - Anthony Kiedis

  1. 1. 1
  2. 2. 2
  3. 3. Copyright © 2004 Anthony Kiedis – Funky Monks Traducción al español: Aina, Amy, Anto RHCP, Dani California, Fana, Hottie Girl, La Psycho, Lolindir, Psycho Lola y Sergio Corrección y sincronización de texto: Leni Todo esto fue posible gracias los foros: Funky Monks funkymonks.com.ar/foro Por la idea y predisposición en crear el libro traducido en formato digital y por las traducciones de sus usuarios Cosmik Mellowship World server3.foros.net/rhcpworld.html Por la idea en traducirlo, por apoyar al proyecto y aportar con traducciones 3
  4. 4. 4
  5. 5. Dedicado a Bill y Bob 5
  6. 6. 6
  7. 7. Introducción 11 Capítulo 1 13 Yo, soy de Michigan Capítulo 2 28 Araña e hijo Capítulo 3 52 La secundaria en Fairfax Capítulo 4 71 Debajo el sol bajo-cero Capítulo 5 86 Pateando intensamente Capítulo 6 110 Los rojos calientes Capítulo 7 128 El año de la marmota Capítulo 8 156 La banda orgánica en caja anti-golpes Capítulo 9 180 Reformando Capítulo 10 199 Funky monks Capítulo 11 223 Deformado 7
  8. 8. Capítulo 12 250 Contra la pared Capítulo 13 276 Nada Capítulo 14 294 Bienvenidos a Californication Capítulo 15 276 Un momento de claridad 8
  9. 9. 9
  10. 10. 10
  11. 11. Introducción Estoy sentado en el sofá de la sala de estar de mi casa en Hollywood Hills. Es un día de enero despejado y fresco, y desde mi posición, puedo ver la bonita extensión conocida como San Fernando Valley. Cuando yo era más joven, me uní a la creencia convencional, compartida por cada uno que vivía en la parte de las colinas de Hollywood, de que el “Valley” era un lugar donde los perdedores que no pudieron triunfar en Hollywood venían a desaparecer. Cuanto más tiempo vivo aquí, más consigo apreciar el Valle como una parte conmovedora y más tranquila de la experiencia que es Los Ángeles. Ahora no puedo esperar a despertar y mirar fuera sobre estas majestuosas montañas alineadas cubiertas con nieve. Pero el timbre interrumpe mi ensueño. Unos pocos minutos más tarde, una bonita mujer joven entra en la sala de estar, trayendo un bolso de cuero, ella lo abre y comienza a sacar su equipo. Termina su preparación, ella se pone sus guantes esterilizados de goma y entonces se sienta junto a mí en el sofá. Su larga y elegante jeringa de cristal está hecha a mano en Italia. Ésta es conectada a una pieza de plástico con forma de spaghetti que contiene un pequeño microfiltro así ninguna impureza pasará en mi torrente sanguíneo. La aguja es una completamente nueva y totalmente esterilizada variante microfina de mariposa Hoy mi amigo ha extraviado su torniquete normal médico, así que ella lleva su media de red de pesca rosada y lo usa para atarlo a mi brazo derecho. Ella frota mi vena expuesta con una esponja con alcohol, entonces penetra la vena con la aguja. Mi sangre se vuelve rezumando en el delgado tubo, y entonces ella lentamente mete el contenido de la jeringa en mi corriente sanguíneo. Inmediatamente yo siento el peso familiar en el centro de mi pecho, así que yo solo me tiro hacia atrás y me relajo. Yo solía dejarla inyectarme cuatro veces en una sesión, pero ahora estoy abatido para dos jeringas llenas. Después del primer pinchazo ella llena la jeringa nuevamente y me da un segundo pinchazo, ella retira la aguja, abre un esponja de algodón estéril, y aplica presión en mi heridita del pinchazo durante al menos un minuto para evitar magullar o marcar sobre mis brazos. Yo nunca tuve ninguna pista de su ministerio. Finalmente, ella coge un trocito de cinta médica y adjunta el algodón a mi brazo Entonces nos sentamos y hablamos sobre la sobriedad. Tres años antes, podría haber tenido heroína china blanca en esa jeringa. Durante años y años, yo llenaba jeringas y me las inyectaba con cocaína, speed, heroína negra, heroína persa, e incluso, a veces LSD. Pero hoy yo obtengo mis inyecciones de mi bella enfermera, cuyo nombre es Sat Hari. Y la sustancia que ella me inyecta en el torrente 11
  12. 12. sanguíneo es ozono, un gas de olor maravilloso que ha sido utilizado legalmente en Europa durante años para tratar todo desde accidentes cerebro-vasculares hasta el cáncer. Estoy tomando ozono por vía intravenosa porque a lo largo del tiempo porque en algún lugar a lo largo de mi vida, contraje hepatitis C causada por mi experimentación con las drogas. Cuando descubrí que yo lo tenía, en algún momento en los inicios de los años 90, inmediatamente busqué algo para solucionar el problema y encontré un régimen herbal que limpiaría mi hígado, y erradicaría la hepatitis. Y eso funcionó. Mi doctor quedó impactado cuando mi segundo test de sangre dio negativo. Así que el ozono es un método preventivo para hacer que de seguro ese maldito virus de la hepatitis C permanezca lejos. Eso tomó años y años de experiencia, introspección y perspicacia para ponerse al punto donde yo podría hundir una aguja en mi brazo para quitar toxinas de mi sistema a diferencia de la introducción de ellas. Pero no lamento ninguno de mis jóvenes indiscreciones. Pasé la mayor parte de mi vida buscando por la inyección rápida y el estímulo intenso. Le pegué a las drogas bajo puentes de autopistas, con mexicanos traficantes y gastando cientos de dólares en suites de hotel. Ahora bebo agua vitaminada y busco salmón salvaje, en vez de salmón de piscifactoría. Durante veinte años, he sido capaz de canalizar mi amor por la música y la escritura, e introducirme en la estela universal de creatividad y espiritualidad, mientras escribo y realizo nuestro propio guiso sónico con mis hermanos, tanto presentes como difuntos, en los Red Hot Chili Peppers. Este es mi relato de estos tiempos, y también la historia de cómo un niño que nació en Grand Rapids, Michigan, emigró a Hollywood y encontró más de lo que el podía encontrar al final del arco iris. Esta es mi historia, 12
  13. 13. Capitulo I Yo, soy de Michigan Había estado pegándole a la cocaína durante tres días con mi traficante de drogas mexicano Mario, cuando recordé el show de Arizona. Por entonces, mi banda, los Red Hot Chili Peppers, ya teníamos un álbum sacado, y nosotros estábamos pensando en ir a grabar nuestro segundo álbum a Michigan, pero primero, Lindy, nuestro manager, nos había reservado una actuación en Arizona en una discoteca de un restaurante especializado en bistecs. El promotor era un fan nuestro y él iba a pagarnos más de lo que cobrábamos y todos nosotros necesitábamos el dinero, así que estuvimos de acuerdo en actuar. Excepto que yo estaba hecho trizas. Solía estarlo cuando bajaba al centro y quedaba con Mario. Era un gran personaje, delgado, nervudo y astuto mexicano, que lucía como una ligera fuerte versión de Gandhi. Él usaba grandes gafas, y no lucía como un vicioso o una imponente persona, pero siempre que nos inyectásemos cocaína o heroína haría sus confesiones: "Yo tuve que herir a alguien. Soy un cumplidor de trabajos para la mafia Mexicana. Recibo estas llamadas de la mafia mexicana e incluso no quiero saber los detalles, solo hago mi trabajo, pongo a la persona fuera de comisión y consigo mi paga." Tú nunca sabías si algo de lo que él decía era verdad. Mario vivía en una vieja vivienda de ladrillos en el centro, compartiendo su sórdido departamento con su anciana madre, quien se sentaba en una esquina de su diminuta sala de estar, viendo silenciosamente telenovelas Mexicanas. De cuando en cuando, habrían arrebatos de discusiones en español, y yo le preguntaría si nosotros debíamos hacer drogas ahí (tenia una gran pila de drogas, jeringas y algodones sobre la mesa de la cocina. Me dijo “No te preocupes. Ella no puede ver ni escuchar, no sabe qué es lo que estamos haciendo,”. Entonces yo me mandaría speedball con la abuelita en la habitación de al lado. Mario no era en realidad un traficante de droga de venta al público, el era un enlace a los mayoristas, así que tú conseguías grandes dosis de drogas por tu dinero, pero entonces tenías que compartir tus drogas con él. Las cuales estábamos haciendo ese día en su pequeña cocina. El hermano de Mario había salido de prisión recientemente y estaba justo ahí con nosotros sentado en el suelo, y gritando cada vez que fallaba al no hallar una vena de su pierna. Era la primera vez que yo había visto a alguien que se había quedado sin el verdadero estado útil en sus brazos y se sometía a pincharse una pierna para la dosis. Nosotros estuvimos haciendo lo mismo durante días, incluso mendigamos dinero una vez en la calle para conseguir más coca. Pero ahora eran las 4:30 de la mañana y me di cuenta que teníamos que actuar esa noche. "Es hora de comprar algo de droga, porque 13
  14. 14. necesito conducir hasta Arizona y no me siento muy bien," decidí ir. Así que Mario y yo nos subimos a mi cutre trozo de chatarra Studebaker Lark verde y conducimos a una oscura, profunda y poco amistosa parte del guetto del centro de la ciudad en el que nosotros estábamos ya dentro, una calle en la que tú solo no querías estar en ella, excepto por los precios que aquí eran los mejores. Nos estacionamos y caminamos unas pocas manzanas hasta que llegamos a una vieja edificación ruinosa. Mario me dijo, “Confía en mí. No quieres entrar ahí. Cualquier cosa que puede pasar dentro no va a ser buena, así que dame el dinero y yo conseguiré la mercancía." Una parte de mi estaba fuera de sí. "Dios, no quiero morir justo aquí ahora. El no lo había hecho antes, pero yo no me interpondría en su camino." Pero por otra parte la mayor parte de mí solo quería esa heroína, así que saqué los últimos cuarentas dólares que yo tenía guardados, se los di y desapareció en el edificio. Yo había estado dándole a la coca durante tantos días directamente que yo estaba alucinando, en un extraño limbo entre la consciencia y el sueño. Todo lo que podía pensar era que realmente yo le necesitaba para salir de ese edificio con mis drogas. Me saqué mi preciada posesión, mi añeja chaqueta de cuero. Años atrás Flea y yo gastamos todo nuestro dinero en estas correspondientes chaquetas de cuero, esta chaqueta se había convertido en una casa para mí. Ella almacenaba mi dinero y mis llaves y en un pequeño bolsillo elegante secreto, mis jeringuillas. Ahora estaba tan cansado y con frío que solo me senté en la acera, me puse la chaqueta sobre mi pecho y mis hombros como si fuera una manta. “Vamos Mario. Vamos. Tienes que bajar ahora mismo”. Lo imaginé saliendo de esa edificación con un ánimo radicalmente distinto en su paso, viniendo del hundimiento, pasando del tipo decaído al tipo saltarín… Yo había cerrado mis ojos durante un instante cuando sentí una sombra viniendo sobre mí. Miré sobre mi espalda y vi que un grande, pesado, sucio y loco Indio Mexicano venía hacia mí con un par de grandes navajas. Me di vuelta, así que arqueé mi espalda tan hacia delante como yo pudiera para escapar de su estocada. Pero de repente un escuálido y pequeño bastardo mexicano saltó en frente de mía, sosteniendo una amenazante navaja. Tomé una decisión instantánea, la cuál era no tomar la decisión teniendo a este gran tipo detrás mío, yo prefería tomar mis posibilidades con el asesino que tenia en frente mío. Todo esto estaba pasando muy rápido, pero cuando te enfrentas con tu propia muerte, entras a un mundo en donde las emociones van más lentas y donde obtienes la cortesía del universo expandiendo el tiempo para ti. Así que salté hacia arriba y, con mi chaqueta de cuero en frente mío, se la arrojé al tipo flaco. Empujé la chaqueta sobre él y reprimí su puñalada, entonces la solté y corrí fuera de ahí como un esclavo romano. Corrí y corrí, y no paré hasta llegar al lugar en donde mi auto estaba estacionado. Pero 14
  15. 15. cuando llegué al lugar me di cuenta de que no tenía las llaves, no tenía la chaqueta, no tenía dinero, no tenía mis jeringas y lo peor de todo no tenía droga. Y Mario no era el tipo de venir a buscarme. Así que me puse a caminar a la casa de Mario pero no había nadie. Ahora el sol se había puesto y se suponía que nosotros debíamos salir hacia Arizona en una hora. Fui a una cabina de teléfono, encontré algo de cambio y llamé a Lindy. “Lindy, estoy tirado en Séptimo y Alvarado, no he dormido nada durante un rato y mi coche está aquí pero no tengo las llaves, puedes recogerme en el camino hacia Arizona?” Él estaba acostumbrado a esas llamadas angustiadas de Anthony, así que en una hora, ahí estaba ya nuestra Van azul en la esquina, con nuestros equipos y los demás chicos de la banda. Y un pasajero asqueroso, triste, y trastornado subió abordo. Ya a bordo inmediatamente sentí una recepción fría de la banda, así que yo sólo me tiré al suelo bajo los asientos de banco, puse mi cabeza entre la columna de dos asientos y me puse a dormir. Horas después, desperté mojado con el sudor, porque estaba apoyado sobre la parte superior del motor que tenía por lo menos unos 115º. Pero me sentía bien. Flea y yo dividimos una tableta de LSD y rockeamos como locos en Arizona. La mayoría de la gente probablemente ve el acto de concepción sólo como una función biológica. Pero a mí me parece claro que en algún nivel, los espíritus eligen a sus padres, porque estos padres potenciales poseen ciertos rasgos y valores que el futuro niño necesita asimilar durante su vida. Así que 23 años antes de que yo acabara en la esquina de Séptimo y Alvarado, yo reconocí a John Michael Kiedis y a Peggy Nobel como a dos maravillosas pero problemáticas personas quienes serían los perfectos padres para mí. La excentricidad y creatividad de mi padre y su actitud antiinstitucionalista, combinado con el amor sin límites, el cariño y el consistente trabajo duro de mi madre, fueron el óptimo equilibrio de rasgos para mí. Así, que a través de mi propia voluntad o no, fui concebido el 3 de Febrero, año 1962, en una horriblemente fría y nevada noche en una diminuta casa en la cima de una colina en Grand Rapids, Michigan. Esencialmente, los dos de mis padres eran unos rebeldes, cada uno un su propio camino. La familia de mi padre había emigrado a Michigan desde Lituania en los inicios de 1900. Anton Kiedis, mi bisabuelo, era un tipo brusco, áspero y malhumorado que gobernaba su familia con un puño de hierro. En 1914 mi abuelo John Alden Kiedis nació, el último de cinco niños. La familia se trasladó entonces a Grand Rapids, donde John fue al instituto y sobresalió en su avance. Como un adolescente, era un aspirante a ser un cantante tipo Bing Crosby, y un excelente escritor aficionado de historias cortas. Madurar en la casa de los Kiedis significaba que mi abuelo no podía beber, fumar cigarros, o maldecir. El nunca tenía ningún problema sometiéndose a esa 15
  16. 16. estricta forma de vida. Eventualmente, conoció a una bonita mujer llamada Molly Vandenveen, cuya herencia era una mezcla desordenada de inglés, irlandés, francés, y holandés (y, como hemos descubierto recientemente, algo de sangre Mohicana, que explica mi interés en la cultura Nativa Americana y mi identificación con la Madre Tierra). Mi padre, John Michael Kiedis, nació en Grand Rapids en 1939. Cuatro años más tarde, mis abuelos se divorciaron, y mi padre se fue a vivir con su padre, quien trabajaba en una fábrica que producía tanques para el apoyo bélico. Después de unos pocos años, mi abuelo se volvió a casar, y mi padre y su hermana tuvieron una vida hogareña más convencional. Pero la tiranía de John Alden era demasiado para mi padre como para soportarlo. Papá tenía que trabajar en los negocios de la familia (Una gasolinera y después una hamburguesería de las que sirven al cliente sin que éste se baje del coche), no podía jugar con sus amigos, no podía quedarse hasta tarde e incluso no podía pensar en beber o fumar cigarros. Encima de eso, su madrastra, Hielen, era una devota de la Reforma Cristiana Alemana lo que le hacía ir a la iglesia cinco veces durante la semana y tres veces en Domingo, experiencias que más tarde lo llenaron de hostilidad hacia la religión organizada. Por entonces el tenía catorce años, se había escapado de casa, subiéndose en un bus hacia Milwaukee, donde gastó la mayor parte de su tiempo moviéndose en películas y bebiendo cerveza gratis en las cervecerías. Al cabo de un tiempo, volvió a Gran Rapids y entró en el instituto, donde conoció a Scott St. John, un elegante, un libertino y un irresponsable que introdució a mi padre a una vida de pequeños delitos. Oír las historias de sus hazañas era siempre deprimente para mí, porque ellos eran tan fracasados. Una vez fueron a una playa cercana, se bajaron sus bañadores en un intento de armonizarse, y después robaron una cartera desatendida de alguien. Pero había al menos un testigo del delito, así que hubo un inmediato APB en la playa. Los atraparon y tuvieron que pasar el verano entero en la cárcel. Al mismo tiempo que Jack, como el era conocido entonces, y Scott estaban haciendo nacer el infierno en Grand Rapids y más allá, Peggy Nobel estaba dirigiendo lo que parecía como una vida de propiedad convencional. La más joven de una familia de cinco, mi madre era la encarnación de un amor del medio oeste. Pequeña, morena, y más lista que los diablos. Ella era muy cercana a su padre, quien trabajaba para Michigan Bell. Siempre lo describió como un amor de hombre (maravilloso, cariñoso, amable, y divertido). Peggy no era tan cercana a su madre, quien, aunque brillante e independiente, seguía las convenciones del día y evitó el colegio de por vida como una secretaria ejecutiva, que probablemente la hizo un poco amarga. Y, como la rígida disciplinaria de la familia, ella a veces discutía con mi madre, cuya actitud rebelde tomó rutas poco convencionales. Mi madre estaba cautivada con la música negra, escuchando casi exclusivamente a James Brown y después a Motown. Ella también 16
  17. 17. estaba cautivada con el atleta estrella de su clase del instituto, quien justamente resultó ser de raza negra—un romance bastante tabú para el Medio oeste en 1958 Entra Jack Kiedis, recientemente de regreso en Grand Rapids de una permanencia en la cárcel por un robo en Ohio. Su compañero Scott estaba hirviéndose a fuego lento en la cárcel de Kent County por un delito que cometió el sólo, así que mi padre estaba en su derecho cuando fue a una fiesta en East Grand Rapids una noche en Mayo de 1960. El estaba reconociendo el talento cuando miró bajo un vestíbulo y echó un vistazo a una pequeña ángel de pelo negro y portando mocasines Indios con franjas blancas, empujó a la gente y se precipitó al punto donde la había visto, pero ella se había ido. El pasó el resto de la noche tratando de encontrarla, pero estaba contento sólo con conocer su nombre. Unas pocas noches más tarde, Jack apareció en el pórtico de Peggy, vestido en una chaqueta de deporte y unos vaqueros apretados, sosteniendo un enorme ramo de flores. Ella estuvo de acuerdo para una cita para ver una película. Dos meses más tarde, después de obtener permiso de sus padres, la todavía adolescente de diecisiete años Peggy se casó con Jack, quien tenía veinte, en el día antes del trigésimo-quinto aniversario de los padres de ella. Scott St. John era el mejor hombre. Seis semanas más tarde, el padre de Peggy murió de una complicación de diabetes. Unas pocas semanas después de eso, mi padre comenzó a ponerle los cuernos a mi madre. Por finales de ese año, de alguna forma Jack convenció a Peggy para dejarle su Austin Healy azul completamente nuevo y, junto con su amigo John Reaser, conducir a Hollywood. Reaser quería conocer a Anette Funicello, mi padre quería ser descubierto y volverse una estrella de cine. Pero sobre todo, no quería estar atado a mi madre. Después de unas pocas semanas de desventuras, los dos amigos se establecieron en San Diego hasta que Jack tuvo noticias de que Peggy estaba viendo a un hombre en Grand Rapids que tenía un mono atrás. Locamente celoso, condució a 100 millas por hora sin pararse y vino de vuelta con mi madre, quien sólo eran amigos inocentes con el dueño del primate. Jack se fue de vuelta a California, y durante el siguiente año, mis padres alternaron entre estar casados y estar separados y entre estar en California y estar en Michigan. Una de estas reconciliaciones condujo a un arduo trayecto de autobús desde la soleada California hasta el Michigan helador. El siguiente día, nací. Nací en el hospital St. Mary’s en Grand Rapids, a las cinco horas el 1 de Noviembre, en 1962, apenas siete libras y media, veintiún pulgadas de largo. Yo era casi un bebé de Halloween, pero nacer el 1 de Noviembre es aún más especial para mí. En la numerología, el número uno es un número tan potente que tener tres unos todos en una fila es una bastante buena situación para comenzar tu vida. Mi madre quería llamarme por mi padre, lo que me habría hecho John Kiedis III, pero mi padre estaba inclinándose hacia Clark Gable Kiedis o Courage Kiedis. Al final, ellos se quedaron en Anthony Kiedis, que era un homenaje a mi bisabuelo. Pero desde el principio, yo era conocido como Tony. 17
  18. 18. Dejé el hospital y entraron mi padre, mi madre, y su perro, Panzer, en su diminuta casa financiada por el gobierno en el campo externo a Grand Rapids. Pero dentro de unas semanas, mi padre comenzó a conseguir la fiebre de cabina y el impulso por viajar. En enero de 1963, mi abuelo John Kiedis decidió desarraigar a la familia entera y mudarse a los climas más calientes de Palm Beach, Florida. Así que el vendió su negocio, recogió el U-Haul, tomó a su esposa y sus seis niños, más mi madre y a mí. No recuerdo haber vivido en Florida, pero mi madre decía que fue un tiempo agradable, una vez nosotros nos escapamos del yugo del patriarca abusivo de la familia Kiedis. Después de trabajar en una Lavandería y ahorrar algo de dinero, mi madre encontró un pequeño apartamento sobre una tienda de licores en West Palm Beach, y nos mudamos ahí. Cuando ella obtuvo una factura por el alquiler de dos meses del Abuelo Kiedis, rápidamente le escribió, “Yo envié tu factura a tu hijo. Espero que tengas noticias de él pronto.” Mamá estaba trabajando para Honeywell por entonces, sacando 65 dólares por semana, un valor semanal de ese iba hacia nuestro alquiler. Por otros diez dólares a la semana, yo estaba en una guardería. De acuerdo con mi madre, yo era un pequeño muy feliz. Mientras tanto, mi padre estaba solo en su casa vacía en el campo. Casualmente, la esposa de uno de sus mejores amigos lo había abandonado, así que los dos compañeros decidieron irse a Europa. Papá dejó la casa con su coche todavía en el garaje, empacó sus palos de golf, su máquina de escribir, y el resto de su escasa posesión, y despegó para Europa en el S.S. France. Después de un maravilloso viaje de cinco días que incluyó la conquista de una joven mujer francesa casada con un policía de Jersey, mi padre y su amigo Tom se establecieron en París. Por entonces, Jack se había dejado crecer su pelo largo, y se sintió agradablemente con los “beatniks” en el Left Bank. Ellos tuvieron unos pocos meses placenteros, escribiendo poesía y sorbiendo vino en cafés llenos de humo, pero se arruinaron. Viajaron por autostop a Alemania, donde fueron incorporados al ejército para obtener pasaje gratis a los Estados Unidos en un buque de transporte. Ellos fueron metidos dentro como sardinas, sacudidos sobre mares turbulentos, y eludiendo el vómito a lo largo del viaje con insultos como “Hey, Jesús, córtate el pelo”. Ese viaje a casa fue la peor experiencia de la vida de mi padre. De alguna manera convenció a mi madre para dejarlo empezar con ella otra vez. Después su madre murió en un trágico accidente de coche, todos nosotros volvimos a Michigan a finales de 1963. En ese momento mi padre fue determinado a seguir la pista de su amigo John Reaser y matricularse en el colegio menor, acabó todos sus cursos, y obtuvo una beca para una buena universidad y lo mejor de todo obtener un buen trabajo y estar en una mejor posición para levantar a la familia. Durante los siguientes dos años, eso fue exactamente lo que él hizo. Acabó el colegio menor y obtuvo algunas ofertas de becas pero decidió aceptar una beca de UCLA, ir a 18
  19. 19. escuela de cine, y realizar sus sueños de vivir en Los Ángeles. En Julio de 1965, cuando yo tenía tres años, nos mudamos a California. Tengo algunos vagos recuerdos del primer apartamento que los tres de nosotros compartimos, pero en menos de un año, mis padres se habían separado otra vez, una vez más por culpa de otras mujeres. Mi mamá y yo nos mudamos en un apartamento en la Ohio Street, y ella encontró un trabajo como secretaria de un despacho de abogados. Incluso aunque ella estuviera en el mundo serio, ella siempre mantenía que ella era una secreta hippie. La recuerdo llevándome a Griffith Park en los fines de semana para una nueva forma de expresión social llamada Love-Ins. Las verdes colinas estaban atestadas con pequeños grupos de gente haciendo picnics e hilando “love beads” y bailando. Fue todo muy festivo. Cada pocas semanas, mi rutina sería interrumpida por un convite especial, cuando mi padre venía a recogerme y llevarme de excursiones. Nosotros iríamos a la playa y bajaríamos sobre las rocas, y mi padre sacaría su peine de bolsillo y todos estos cangrejos lo agarrarían. Entonces tomaríamos una estrella de mar. Yo la llevaría a casa y trataría de mantenerla viva en un cubo de agua en mi casa, pero pronto morirían y llenarían de peste el apartamento entero. Todos nosotros estábamos prosperando en California, especialmente mi padre. El estaba teniendo una explosión creativa en UCLA y usándome como el foco de todas sus películas de estudiante. Porque era mi padre, tenía una forma especial de enfocarme, y todas las películas terminaron ganando competencia. El primer filme, “La expedición de un chico”, era una bonita meditación sobre un niño de dos años y medio quien conduce su triciclo calle abajo, hace una gran caída a cámara lenta, y aterriza sobre un billete de dólar. Durante el resto de la película, yo continúo un paseo salvaje por el centro de Los Ángeles asistiendo a las películas, comprando comics y tomando trayectos en autobús, y conociendo gente, gracias a aquel dólar que encontré. Al final todo ello resulta para ser una secuencia de ficción, como meto en el bolsillo el billete y paseo sobre mi triciclo. La floreciente carrera de mi padre como director descarrilló en 1966, cuando encontró una bonita joven patinadora de restaurante, quien lo introdució a la marihuana. Cuando yo tenía unos cuatro años, mi padre y yo estábamos en una de nuestras excursiones, caminando bajo Subset Strip, cuando de repente paró y suavemente lanzó algo de humo de marihuana sobre mi cara. Caminó unas pocas manzanas más, y yo estaba excitándome cada vez más. Entonces yo paré y pregunté, “Papá, estoy soñando?” “No, estás despierto” dijo el Yo me encogí de hombros y me puse a corretear encima de un poste de luz de trágico, como un pequeño mono, sintiéndome ligeramente alterado. Una vez que mi padre entró en la marihuana, empezó a frecuentar en los clubs de música que eran parte del nuevo espectáculo de Sunset Strip. Paulatinamente, nosotros 19
  20. 20. lo veíamos cada vez menos. Cada verano mi madre y yo volvíamos a Grand Rapids para ver a nuestros familiares. La abuela Molly y su marido, Ted, me llevarían a Grand Haven Beach, y nosotros pasaríamos un buen tiempo. Durante esa estancia en el verano de 1967, mi madre se topó con Scott St. John en Grand Haven. Después de que ellos permanecieran algún tiempo juntos, le habló de volver hacia Michigan con él, en Diciembre de 1967. La mudanza no fue del todo traumática, pero Scott entrando en la escena fue definitivamente preocupante. No había nada tranquilizante o consolador en este carácter caótico. El era grande, malvado, pernicioso y mezquino, con el pelo negro grasiento. Ya sabía que el trabajó en un bar y que se metía en muchas peleas. Una vez yo desperté temprano por la mañana y fui a la habitación de mi madre, y el estaba sobre la cama. Su cara estaba hecha polvo, con ojos morados y una nariz llena de sangre y un labio partido y cortes. La sangre estaba en todas partes. Mi madre ponía hielo sobre su cabeza y limpiando la sangre de otra parte de su cara y diciéndole que debería ir al hospital. El estaba siendo brusco, gruñón y ruin. Eso fue perturbador, sabiendo que mi madre estaba enamorada de el. Yo supe que había sido un amigo para alguien de la familia, pero yo no comprendí que el era el mejor amigo de mi padre. Scott tenía un carácter irascible y un gran temperamento, era físicamente explosivo. Esa fue la primera vez en mi vida que yo había recibido azotes considerablemente fuertes. Una vez decidí que no me gustaba la etiqueta en la parte trasera de mi chaqueta azul favorita porque era irritante. Mi habitación estaba muy oscura, pero yo sabía dónde estaban las tijeras, así que fui a cortar la etiqueta, y acabé cortando un gran agujero. Al día siguiente Scott vio el agujero, me bajó los pantalones, y me golpeó con la parte trasera de un cepillo. Fue una época difícil. Nosotros estábamos viviendo en un muy pobre lugar de Grand Rapids, y yo entré en un nuevo colegio para finalizar el jardín de infancia. De repente, paré de preocuparme por aprender y me convertí en un pequeño granuja. Recuerdo caminar por el patio del colegio e insultando salvajemente a la edad de cinco años, encadenando juntas cuarenta palabras insultantes y llamado a una conferencia de padres/profesor, y comencé a desarrollar la mentalidad de que las figuras de la autoridad estaban contra mí. Otra manifestación de mi confusión mental fue el episodio de las “Slim Jim”. Yo estaba con un amigo mío, y no teníamos dinero, así que robé algunas Slims Jims de una confitería. El dueño llamó a mi madre. No puedo recordar mi castigo, pero robar en tiendas Slim Jims no era la cosa ordinaria para un chico de seis años de edad para hacer en Grand Rapids. En junio de 1968, mi madre se casó con Scott. St John. Yo era el portador del anillo, y en la recepción, obtuve una bicicleta Stingray púrpura como un regalo, lo que me puso 20
  21. 21. muy contento. Ahora yo igualé su matrimonio con una gran bicicleta que tenía ruedas de entrenamiento. Había una tensión en torno a este tiempo cuando yo no vi mucho a mi padre, porque él había ido a Londres y se había vuelto un hippie. Pero de cuanto en cuanto yo recibiría paquetes de Inglaterra rellenos con camisetas y “love beads”. Me escribiría largas cartas hablándome sobre Jimi Hendrix y Led Zeppelin, y todas estas distintas bandas que él veía, y qué fantásticas eran las chicas inglesas. Parecía que mi padre estaba en algún tipo de psicodélico paseo de Disneyland por el mundo, y yo estaba atascado en el Culo Nevoso, Pueblodeningúnlugar, U.S.A. Yo sabía que había esta magia ahí en el mundo. Y que mi padre era de algún modo la llave a ello. Pero yo también, sobre todo en retrospectiva, disfruté creciendo en un clima más tranquilo. Ese verano yo fui a California por unas pocas semanas para ver a mi padre, quien había vuelto de Londres. Él tenía un apartamento en Hildale en West Hollywood, pero nosotros gastamos mucho tiempo en Topanga Canyon, donde su novia Connie tenía una casa. Connie era una tipa fantástica con un enorme espectáculo de fluido pelo rojo, piel alabastrina, realmente bella y loca como podría ser. Junto con Connie, los amigos de mi padre fueron los clásicos vaqueros hippies saturados de droga. Estaba David Weaver, un enorme hombre que nunca paraba de hablar con una melena hasta la altura de los hombros, un bigote de manubrio, y un atavío de hippie de California básico (no lo bastante elegante como mi padre). Era un alborotador brutal que peleaba como un Gulo gulo. La última esquina del triángulo de mi padre era Alan Bashara, un antiguo veterano de Vietnam que portaba un enorme pelo Afro y un gran, espeso mostacho. Bashara no era un macho, no un hippie tipo duro, era más el Georgie Jessel del grupo, arrojando un cómico talento a una enorme velocidad, así que con David, el chulo, duro y peleón, mi padre, el creativo, intelectual, romántico y Alan, el comediante, había trabajo para todos ellos, y no había escasez de mujeres, dinero, drogas, y diversión. Con estos tipos era estar de fiesta las 24 horas del día. Weaver y Bashara tenían una casa cerca de la de Connie, y ellos manejaban un negocio bastante grande de marihuana fuera de Topanga Canyon. La primera vez que estuve ahí, yo no comprendí todo esto, todo lo que vi era un montón de gente constantemente fumando marihuana, pero entonces me metí dentro de una habitación, y Weaver estaba sentado ahí contando montones de dinero. Yo podría decir que la vibración era muy seria. Yo pensé, “No sé si quiero estar en esta habitación, porque ellos están haciendo matemáticas”, así que yo fui a la siguiente habitación, donde había una pequeña montaña de marihuana encima de grandes lonas. Connie tendría constantemente que venir para llevarme fuera para jugar en el cañón. Era “No vayas a esa habitación! No vayas a esa habitación! Mantén un ojo vigilante, asegúrate de que no viene nadie!” Había siempre el elemento de suspenso de que nosotros estábamos haciendo cosas por las que podríamos ser detenidos, lo que podría dar a un niño algo de preocupación, pero al mismo tiempo, es como, “Qué está pasando ahí? Por qué tienen 21
  22. 22. tanto dinero? Qué están haciendo por todas partes estas bellas chicas? “ Yo recuerdo tener un sentimiento de preocupación por mi padre. Una vez algunos amigos de él se estaban mudando de una casa a otra, y llenaron este gran camión abierto con todas sus posesiones. Mi padre saltó arriba y montó sobre la cima de un colchón, que estaba precariamente equilibrada encima de todas las otras pertenencias. Nosotros comenzamos a movernos, y estábamos inclinados bajo estos caminos del cañón, y estaba mirando a mi padre apenas manteniéndose sobre el colchón, en marcha, “Papá, no te caigas.” “No te preocupes”, dijo él, pero yo lo estaba. Ese fue el comienzo de un tema, porque durante muchos años siguientes, yo estaría con miedo a la muerte por la vida de mi padre. Pero yo también recuerdo divirtiéndome un montón. Mi padre, Connie, Weaver y Bashara irían a El Corral, un rudo bar en medio de Topanga Canyon donde Linda Ronstadt, los Eagles y Neil Young tocaban regularmente. Yo iría con los adultos, sería el único niño en la multitud. Cada uno estaría borracho, bebiendo y drogándose, yo estaría sobre la pista, bailando lejos. Cuando volví a Michigan, las cosas no habían cambiado demasiado. El primer grado fue bastante tranquilo. Mi madre trabajaba días como una secretaria en un despacho de abogados, y después del colegio yo me quedaría con una niñera. Pero mi vida tomó un giro decisivo hacia la mejoría en el otoño de 1969, cuando nos mudamos a Paris Street. Habíamos estado viviendo en una verdaderamente pobre sección de la ciudad perteneciente a la basura blanca, con muchos cuadruplexos y ciudades de chabolas, pero Paris Street era como algo salido de una pintura de Norman Rockwell. Casas unifamiliares y céspedes podados y bien cuidados, garajes limpios. Por ahora Scott fue mayoritariamente sacado del cuadro, pero él había permanecido alrededor bastante tiempo para fecundar a mi madre. De repente, yo tenía a un trío de bonitas y jóvenes chicas adolescentes buscándome después del colegio. A la edad de siete, yo era algo joven para estar teniendo enamoramientos, pero yo adoraba a estas chicas como si fueran hermanas, asombrado de su belleza y de su feminidad brotando. Yo no podía haber sido más feliz que pasando el tiempo con ellas, si eso era ver la tele o nadar en la piscina local o ir para dar paseos en las pequeñas tierras salvajes en el campo. Ellas me introdujeron a Plaster Creek, que sería mi secreto lugar preferido durante los siguientes cinco años, un santuario del mundo adulto donde mis amigos y yo podíamos desaparecer en los bosques y hacer barcos, cazar cangrejos de río y saltar desde puentes hacia el agua. Así que fue definitivamente un gran alivio ir hacia ese barrio donde todo parecía agradable y donde las flores crecían. Todavía me gustaba el colegio. Mientras que mi colegio anterior parecía oscuro, triste y sombrío, Brookside Elemental era un edificio de bonita apariencia que tenía lindos 22
  23. 23. suelos y pistas atléticas que circulaban junto a Plaster Creek. Yo no era tan JC Penney como el resto de mi compañeros de clase, porque estábamos en asistencia pública después de que mi madre diera luz a mi hermana, Julie. Así que yo estaba llevando cualquier ropa de segunda mano que recibiríamos de las instituciones locales caritativas, con las ocasionales camisetas “Liverpool Rules” que yo obtendría de mi padre. No se declaró de verdad que nosotros estábamos en asistencia pública hasta más o menos un año más tarde, cuando estábamos en la tienda de ultramarinos y cada uno pagaba dinero en efectivo, pero mi madre presentó este dinero de Monopolio para los ultramarinos. Estar en asistencia pública la molestó, pero yo nunca estaba desconcertado por ese supuesto estigma. El hecho de vivir con un solo padre y ver que todos mis amigos tenían madres y padres en la misma casa no me hizo envidioso. Mi madre y yo estábamos actualmente teniendo una explosión, y cuando Julie entró en el cuadro, yo no podía haber sido más feliz para tener una pequeña hermana. Yo era realmente protector con ella hasta unos pocos años más tarde, cuando se volvió objeto de varios de mis experimentos de tortura. Por el tercer grado, yo había desarrollado un verdadero resentimiento hacia la administración del colegio, porque si algo estaba mal, si algo estaba robado, si algo estaba roto, si un niño estaba agredido, rutinariamente ellos me echarían fuera de clase. Yo era probablemente responsable del 90 por ciento de los alborotos, pero rápidamente me volví un competente mentiroso, tramposo y un artista en el timo para librarme de la mayoría de los problemas. Así que yo era amargante y tendría ideas absurdas, tales como: “Qué pasa si separamos los anillos metálicos de gimnasia que cuelgan cerca de los columpios, las usamos como un lazo, y las ponemos directamente a través del ventanal del colegio?”. Mi mejor amigo, Joe Walters, y yo nos escapamos a hurtadillas tarde de la casa una noche y lo hicimos. Y cuando las autoridades vinieron, nosotros escapamos como zorros hacia Plaster Creek. Y nunca nos atraparon. (Muchos, muchos años más tarde, envié a Brookside un giro postal anónimo por los daños.) Mi problema con las figuras de la autoridad aumentaban al mismo tiempo que yo me hacía mayor. No podía soportar a los directores, y ellos no podían soportarme a mí. Yo había amado a mis profesores hasta quinto grado. Ellas eran todas mujeres, amables y gentiles, y pienso que ellas reconocieron mi interés en aprender y mi capacidad para ir más allá de la reclamación del deber escolástico en aquella etapa. Pero alrededor del quinto grado, yo me volvería contra todos los profesores, incluso si ellos eran estupendos. Por ahora no había ninguna figura masculina en mi vida para contener en algo este comportamiento anti-social. (Como si alguna de las influencias masculinas en mi vida lo tuvieran). Cuando mi hermana, Julie, tenía 3 meses de edad, la policía comenzó a poner en vigilancia nuestra casa buscando a Scott, porque el había usado algunas 23
  24. 24. tarjetas de crédito robadas. Una noche ellos vinieron a la puerta, y mi madre me envió a los vecinos mientras ellos la interrogaban. Semanas más tarde, Scott se mostró y vino asaltando dentro de la casa en una rabia violenta total. Averiguó que alguien había llamado a mi madre y le habían dicho que la había estado engañando, así que el se precipitó sobre el teléfono en la sala de estar y lo sacó fuera de la pared. Yo comencé a espiarlo a cada palmo, porque mi madre estaba aterrorizada, y yo no estaba teniendo ni idea de qué. Comenzó a entrar en mi habitación para usar mi teléfono, pero yo me lancé delante de el. No creo que estuviera demasiado acertado, pero yo estaba preparado para pelear, usando todas las técnicas que el me había enseñado unos pocos años antes. Mi madre finalmente me envió a la puerta para recibir a los vecinos, pero ese fue claramente el fin de su bienvenida en esa casa. De todas formas, más o menos un año después, se esmeró para reconciliarse con mi madre. Ella voló hacia Chicago con la pequeña Julie, pero el nunca se presentó en su punto de cita (los policías lo habían detenido). Ella no tenía ningún dinero para volver a casa, pero las líneas aéreas fueron lo bastante amables para llevarla gratis de vuelta. Nosotros fuimos a visitarlo a una prisión blindada de máxima seguridad, y yo la encontré fascinante pero un poco desconcertante. En el camino a casa, mi madre dijo, “Esa es una primera y una última” y poco después de eso, se divorció de él. Afortunadamente para ella, trabajaba para abogados, así que no le costó nada. Mientras tanto, mi admiración por mi padre crecía exponencialmente. No podía esperar durante estas dos semanas cada verano cuando yo volaría hacia California y me reuniría con el. El estaba todavía viviendo en el último piso de una casa dúplex en Hildale. Cada mañana yo me despertaría temprano, pero mi padre dormiría hasta alrededor de las 2 del mediodía después de la última noche de fiesta, así yo que tenía que encontrar una manera de entretenerme durante la primera mitad del día. Yo iría deambulando por el apartamento buscando que había para leer y en una de mis búsquedas, encontré por casualidad su gran colección de revistas Penthouse y Playboy. Yo simplemente las devoraba. Incluso leía los artículos. No tenía ningún sentido de que estas eran revistas “sucias” o de alguna manera tabúes, porque el no vendría y diría, “Oh Dios, qué estás haciendo con eso?” Con mayor probabilidad vendría, comprobaría que estoy mirando, y diría, “No es esa chica increíblemente sexy?” El estaba siempre dispuesto a tratarme como un adulto, así que habló abiertamente y libremente sobre los genitales femeninos y que esperar cuando hiciera por fin algo ahí. Su dormitorio estaba en la parte trasera de la casa, próxima a un árbol, y yo lo recuerdo explicando su sistema de advertencia previa y plan de fuga. Si los policías alguna vez venían a por el, me quería para retenerlos en frente de la puerta así el podría saltar hacia fuera por la ventana de la habitación, escurrirse bajo el árbol hacia la fachada del garaje, descender a la casa tras el garaje hacia el apartamento en construcción, que estaba entonces en la siguiente calle. Aquello estaba 24
  25. 25. confundiéndome a la edad de ocho años. “Qué pasa si nosotros no tenemos solamente policías en la puerta principal?” Pero el me contó que había estado detenido por posesión de marihuana unos pocos años antes, y había sido apaleado por policías solo por tener pelo largo. Todo eso espantó los pantalones fuera de mí. Naturalmente no quise que apaleasen a mi padre. Todo esto sólo reforzó mi aversión por las autoridades. Incluso aunque yo tuviera preocupaciones sobre el bienestar de mi padre, estos viajes hacia California eran los más felices, los más despreocupados períodos que yo había experimentado en los que el mundo era una bonita ostra. Yo fui a mis primeros conciertos en vivo y vi a artistas como Deep Purple y Rod Stewart. Nosotros íbamos a ver películas de Woody Allen e incluso una o dos películas de contenido para adultos. Y entonces nos sentaríamos en la casa mirando todos estos grandes espectáculos psicodélicos como “The Monkees and The Banana Splits Adventure Hour”, un espectáculo que presentaba a personas disfrazadas como grandes perros, conduciendo pequeños coches y pasando aventuras. Así es como yo veía la vida en aquel tiempo, psicodélica, divertida, llena de luz, todo genial. De vez en cuando, mi padre nos haría una visita no programada en Michigan. El se mostraría con un montón de maletas pesadas, que almacenó en el sótano. Yo me di cuenta desde mis viajes a California que estaba implicado en el movimiento de enormes camiones de marihuana, pero nunca declaró eso cuando vino a hacer la visita, que fue lo que estaba llevando a cabo. Yo estaba eufórico de que el estuviera ahí. Y el no podía haber estado más diferente de cada persona en el estado de Michigan. Cada uno en mi bloque, cada uno que alguna vez yo tendría contacto allí, llevaba el pelo corto y camisetas de manga corta con botones en el cuello, mi padre se mostraría en zapatos de plataforma plateados de seis pulgadas y de piel de serpiente con arco iris en ellos, pantalones acampanados con locos parches de terciopelo por todos ellos, gigantescos cinturones cubiertos en turquesa, muy ajustados, camisetas que casi eran de diafragma con algún gran emblema en ellos y pequeñas chaquetas apretadas y aterciopeladas de rockero procedentes de Londres. Su ligeramente anticuado pelo estaba para abajo hacia su cintura, y tenía un espeso bigote y unas enormes patillas. Mi madre no comprendió exactamente a mi padre como un buen amigo, pero reconocía lo importante que el era para mí, así que estaba siempre de forma agradable y facilitaba nuestra comunicación. El permanecería en mi habitación, y cuando salía, ella se sentaría conmigo, y yo le escribiría notas de agradecimientos por cualquier regalo que el me haya comprado, y decirle lo divertido que era verlo. Por el quinto grado, yo había empezado a mostrar algo de talento empresarial. Reuniría a los niños de la vecindad, y organizaríamos shows en mi sótano. Yo eleccionaría una grabación, generalmente hecha por la Partridge Family y todos representaríamos las canciones usando instrumentos provisionales como escobas y 25
  26. 26. cubos de lavandería dados la vuelta. Yo era siempre Keith Partridge y nosotros moveríamos los labios en sincronización con la grabación, bailaríamos y entretendríamos a los otros niños que no estaban capacitados de tomar parte en la actuación. Desde luego, yo estaba siempre buscando ganar un dólar o dos, así que una vez, cuando teníamos la disposición del sótano de un amigo, yo decidí que cobraría lo que estos niños podrían traer con ellos, una moneda de diez centavos, un níquel, un cuarto, para venir abajo al sótano de mi amigo y asistir a un concierto de Partridge Family. Puse una gran cortina e instalé un estéreo detrás de esta. Entonces dije a la multitud: “La Partridge Family son básicamente tímidos, y además, son demasiado famosos para estar en Grand Rapids, así que van a tocar una canción desde atrás de esta cortina". Fui tras la cortina y pretendí tener una conversación con ellos. Entonces puse en marcha la grabación. Todos los niños en el público estaban viniendo, “Están de verdad ellos ahí detrás?”. “Oh, sí ellos están ahí. Y ellos también tienen que estar en algunos lugares, así que dense prisa ahora”, yo decía. Hasta tenía un puñado de trapicheos fuera del negocio. Durante el quinto grado, también inventé un plan para vengarme de los directores y los administradores del colegio que despreciaba, especialmente desde que ellos solo me habían suspendido por perforar mi oreja. En una clase de gobierno del colegio un día, el profesor preguntó, “Quién quiere desempeñar el papel de presidente de clase?” Mi mano se alzó. “Yo lo haré” dije. Entonces otro niño levantó su mano. Le lancé una mirada intimidatoria, pero el siguió insistiendo que el quería gobernar, así que tuvimos una pequeña conversación sobre eso después de la clase. Le dije que yo iba a ser el próximo presidente de la clase, y si el no se retiraba inmediatamente, simplemente podría recibir daños. Entonces me hice el presidente. El director estaba consternado más allá de sus creencias. Yo estaba ahora al cargo de asambleas, y siempre que tuviéramos dignatarios especiales para venir al colegio, yo era el único que les mostraba los alrededores. Algunas veces gobernaría por intimidación, y de vez en cuando me metería en peleas en el colegio, pero también tenía un lado sensible. Brookside era un colegio experimental con un programa especial que integraba ciegos y sordos y ligeramente retardados niños de mayor edad en las clases regulares. Tan gamberro e intimidador como yo era, y todos estos niños se hicieron mis amigos. Y ya que los niños pueden ser malos y atormentar a alguien que es de cualquier forma diferente, estos estudiantes especiales recibían un abuso físico en cada hueco y cada hora de comer, así que me volví su protector auto-impuesto. Yo vigilaba a la muchacha ciega mientras el tipo sordo estaba tartamudeando. Y si alguno de los estudiantes los molestaban, yo me deslizaría tras el ofensor con un palo y le rompería la cabeza. Definitivamente yo 26
  27. 27. tenía mi propio juego de moralidades. En sexto grado, yo comencé a venir a casa para comer, y mis amigos se juntarían ahí. Jugaríamos a “gira la botella”, y aún cuando tuviéramos nuestras propias novias, el intercambio de ellas nunca era un problema. Mayoritariamente nosotros solo hacíamos besos franceses, a veces designaríamos el tiempo que el beso tenía que tardar. Yo intenté tomar a mi novia para despojarla de su sostén de entrenamiento y dejarme sentirla encima, pero ella no accedió. En algún lugar a finales del sexto grado, decidí que era hora de ir a vivir con mi padre. Mi madre estaba desesperada conmigo, claramente estaba perdiendo todo el control. Cuando no me habían dejado ir a vivir con el, yo realmente comencé a sentirme ofendido por ella. Una noche ella me envió a mi habitación, probablemente por hablarle de nuevo sobre el tema. No creo que yo llevara algo (salí derecho de la ventana de mi cuarto para hacer mi camino al aeropuerto, llamar a mi padre y calcular un modo de subir a un avión e ir directamente a Los Ángeles. Ninguno de los vuelos iban directamente a Los Ángeles, pero yo no sabía eso). Ni siquiera llegué al aeropuerto. Acabé en la casa de una de las amigas de mi madre, unas millas más lejos, y ella llamó a mi madre y me llevó a casa. Ese fue el punto en el que mi madre comenzó a pensar en dejarme ir. Un gran factor en la decisión final fue la entrada de Steve Idema en su vida. Desde que Scott St. John había ido a la cárcel, mi madre decidió que quizás su idea de reformar a chicos malos no era tan buena. Steve era un abogado que proporcionaba ayuda judicial para el empobrecido. El había sido un voluntario de VISTA trabajando con gente pobre en las Islas Vírgenes. Era totalmente honesto, trabajador, compasivo, alguien derecho con un corazón de oro, y mi madre estaba loca por el. En cuanto comprendí que era un tipo bueno y que se gustaban el uno al otro, comencé a presionar más fuerte para ir a California y vivir con mi padre. 27
  28. 28. Capitulo II Araña e hijo Cuando dejé Michigan a los doce años de edad en 1974, dije a todos mis amigos que me estaba mudando a California para ser una estrella de cine. Pero tan pronto como empecé a estar junto con mi padre en su Healy, cantando a lo largo las canciones de pop en la radio (a lo que yo no era particularmente bueno), yo anuncié, “Voy a ser un cantante. Eso es de verdad lo que voy a hacer.” Incluso aunque yo lo expresara con palabras, yo no pensé sobre esa declaración durante años. Estaba demasiado ocupado enamorándome con California. Por primera vez en mi vida, me sentí como si esto fuera donde yo estaba destinado a estar. Eso era las palmeras y los vientos de Santa Ana, y la gente a quienes me gustaba observar y hablar, y me gustaba quedarme horas. Yo estaba forjando una amistad con mi padre que estaba creciendo a pasos agigantados cada día. El pensaba que era grande porque tenía a este tipo joven con quien podía manejarse, a quien todos sus amigos y novias gustaban. Yo no lo estaba retrasando en lo más mínimo, en algo, yo estaba dándole un nuevo apoyo. Entonces eso era productivo para nuestro beneficio mutuo. Y yo estaba yendo a través del cielo con nuevas experiencias. Algunas de las más memorables de estas experiencias ocurrieron justamente en el pequeño chalet de mi padre en Palm Avenue. El vivía en una mitad de una casa que había sido dividida en dos unidades. Tenía una cocina pintoresca y papel tapiz para paredes que era probablemente de los años 30. No había ningún dormitorio en sí, pero mi padre convirtió un pequeño trastero adicional en una habitación para mí. Eso era todo el camino a la parte trasera de la casa, y tenía que ir a través de un baño para alcanzarlo. La habitación de mi padre era la guarida, una habitación que estaba rodeada por tres puertas balanceantes que conducían a la sala de estar, la cocina, y el baño. Tenía un bonito papel tapiz negro para pared con grandes flores, y una ventana que miraba hacia el jardín de al lado, que pululaba con el esplendor de la mañana. Yo había estado allí sólo unos días cuando mi padre me llamó en la cocina. El estaba sentándose en la mesa con una bonita chica de dieciocho años de edad que había estado acompañando esa semana. “Quieres fumar un porro?” me preguntó el. De vuelta en Michigan, yo automáticamente habría contestado que no. Pero estar en este nuevo ambiente me hizo aventurero. Entonces mi padre sacó fuera una gruesa caja negra del American Heritage Dictionary. Abrió la caja, y estaba lleno de hierba. Usando la tapa como una superficie de preparación, rompió algo de la marihuana, dejando a las semillas rodar a la parte inferior de la tapa. Entonces sacó algunos papeles enrollados y me mostró exactamente cómo enrollar un porro perfectamente formado. Yo encontré fascinante el ritual entero. 28
  29. 29. Entonces encendió el porro y me lo pasó. “Ten cuidado, no tomes demasiado. Tú no quieres toser tus pulmones hacia fuera” me aconsejó. Tomé una pequeña calada y luego le pasé el porro de vuelta. Éste fue alrededor de la mesa unas pocas veces, y pronto todos nosotros estábamos sonriendo, riéndonos y sintiéndonos realmente relajados. Y luego comprendí que yo estaba alterado. Yo amaba la sensación. Parecía como medicina para calmar el alma y despertar los sentidos. No había nada desairoso o asustadizo (no pareció como si yo hubiera perdido el control), en efecto, me sentí como si tuviera el control. Entonces mi padre me dio una cámara Instamatic y dijo, “Creo que ella quiere le que tomes algunas imágenes”. Instintivamente yo supe que alguna forma de piel estaba a punto de ser expuesta, así que yo le dije a ella, “Qué tal si te quitamos tu camiseta y yo tomaré una imagen de ti?”. “Esa es una buena idea, pero creo que podría ser más artística si tu sólo tuvieras que exponerla uno de sus pechos,” dijo mi padre. Concurrimos. Tomé algunas imágenes, y nadie se sintió incomodo sobre ello. Así que mi entrada en el mundo de fumar maría fue tan lisa como la seda. La siguiente vez que fumé, yo era ya un profesional, enrollando el porro con una precisión casi anal. Pero no me hice firmemente a ello, aún cuando mi padre fuera un fumador de maría diario. Para mí, esto era sólo otra experiencia única de California. Mi primera prioridad ese otoño era el de entrar en una escuela secundaria inferior buena. Supuestamente iba a matricularme en Bancroft, pero cuando fuimos a comprobarlo, vimos que el edificio estaba en una sombría vecindad y marcado con todo tipo de graffitis de bandas. El lugar simplemente no gritaba hacia fuera, “Vamos al colegio y divertámonos aquí.” Así que mi padre nos condució a Emerson, que estaba en Westwood. Éste era un clásico edificio Mediterráneo de California, con céspedes lozanos, árboles floreciendo y una bandera Americana agitándose orgullosamente en la brisa. Más, por todas partes que yo miraba, allí estaban estos pequeños chicos picantes de trece años de edad paseando en sus apretados vaqueros Ditto. “Independientemente de lo que eso suponga, quiero ir aquí” dije. Lo que eso supuso fue usar la dirección de Bel Air de Sonny Bono como la dirección de mi casa. Connie había dejado a mi padre por Sonny, quien recientemente había roto con Cher. Pero todo el mundo permanecía amigable, y yo había conocido a Sonny en mi visita anterior y el era refinado con el engaño, así que me matriculé. Ahora tenía que encontrar una manera de llegar al colegio. Si yo tomaba un bus urbano, eso era un recorrido directo, 4,2 millas por Santa Mónica Boulevard. El problema era que el RTA estaba en huelga. Mi padre estaba establecido en su rutina de levantarse tarde, llegar tarde, estar alterado la mayor parte del tiempo, y recibiendo mujeres todo el tiempo, así que el no iba a ser exactamente una madre “soccer” y transportarme al colegio y recogerme en éste. Su solución era dejar un billete de cinco 29
  30. 30. dólares en la mesa de la cocina para un taxi. Volver a casa sería mi proyecto, para facilitar eso, me compró una tabla de skate Black Knight, que tenía una cubierta de madera y ruedas de arcilla. Así que patinaría con mi tabla de skate y haría autostop o caminaría las cuatro millas a casa, todo el tiempo descubriendo Westwood, Beverly Hills y West Hollywood. Fui de un lado a otro casi todo mi primer día en Emerson sin hacer un amigo. Comencé a volverme preocupado. Todo parecía nuevo e intimidante. Viniendo de una pequeña escuela del medio oeste, yo no era exactamente un académico. Pero al final del día, tuve una clase de artes creativas, y había un amigo esperando pasar. Shawn, un niño de color con ojos brillantes y la risa más grande. Era uno de estos tiempos de cuando tú te manifiestas a alguien y dices, “Quieres ser mi amigo?” “Sí, seré tu amigo.” Bum, ahora son amigos. Ir a casa de Shawn era una aventura. Su padre era un músico, que era un nuevo número uno para mí, un padre quien iba fuera al garaje y practicaba música con amigos. La madre de Shawn era tan afectuosa y cariñosa como podía ser, siempre dándome la bienvenida en la casa y ofreciéndome alguna comida exótica como un aperitivo para después del colegio. Yo había venido del área más desorientada del mundo cuando fui a la cocina. Mi mundo culinario consistía en cosas como pan blanco, Velveta y carne de vaca picada. Aquí ellos estaban comiendo yogur y bebiendo una extraña sustancia llamada kéfir. En el lugar de donde vine, todo era Tang y Kool-Aid. Pero la educación era una calle de doble dirección. Enseñé a Shawn una nueva técnica de robo de carteras que inventé ese semestre, algo que yo llamé “The Bump”. Yo elegiría como objetivo a una víctima, me acercaría y arremetería contra él, haciendo blanco yo la golpeaba justo en el objeto que yo codiciaba. Esto podía ser una cartera o un peine, cualquier cosa, generalmente no era nada con un valor mayor que unos pocos dólares, porque eso era lo que la mayor parte de los niños tenían. Mi comportamiento antisocial en el colegio siguió en Emerson. Al minuto que alguien se enfrentara conmigo de cualquier forma, aún solo diciéndome que me quitara del camino, yo lo reventaría. Yo era un chico pequeño, pero un zurrador experimentado, así que pronto me volví conocido como el tipo a quien no querías joder. Siempre me presentaba con una buena historia para librarme estando castigado después de una pelea. Tal vez una de las razones por las que yo no quería estar castigado era que habría defraudado uno de los pocos convencionales modelos positivos a imitar en mi vida en aquél tiempo, Sonny Bono. Sonny y Connie se habían vuelto figuras paternales para mí. “El Show de Sonny y Cher” era probablemente la cosa más grande en la televisión entonces, y Sonny era siempre generoso acerca de la garantía de que yo obtendría cualquier cuidado suplementario que yo necesitara. Había siempre una habitación para mí en su mansión de Holmby Hills, y un personal atento las veinticuatro horas del día para cocinar cualquier cosa que yo deseara. El me prodigó 30
  31. 31. regalos, incluyendo un nuevo juego de esquís, botas de esquiar, palos y una chaqueta así yo podría ir esquiando ese invierno con él, Connie y Chastify, la hija de Sonny con Cher. Nosotros nos sentaríamos sobre la telesilla y Sonny me daría su versión de la vida, que fue diferente de la versión de mi padre o incluso de la versión de la vida de Connie. Él definitivamente estaba en el buen camino. Lo recuerdo enseñándome que la única cosa inaceptable era decir una mentira. No importaba si yo tuviera errores o fastidiara a lo largo del camino, yo sólo tenía que ser directo con el. Una vez yo estaba en su mansión de Bel Air durante una fiesta llena de estrellas en Hollywood. No me preocupé por los Tony Curtises del mundo en ese momento, así que comencé a ir arriba y abajo en el viejo ascensor tallado en madera de la mansión. De repente, me metí de lleno entre pisos, y ellos tuvieron que usar un enorme hacha de bombero para liberarme. Yo sabía que estaba en un gran problema, pero Sonny nunca me gritó o me rebajó en frente de todos los adultos que estaba viendo este rescate. El solamente me enseñó con calma una lección para respetar la propiedad de otras personas y no jugar con cosas que no fueron hechas para jugar. Nunca me gustó que pudiera haber alguna expectativa de cómo yo debería comportarme en orden para estar en ese mundo. Yo era un niño de doce años de edad, destinado a comportarse mal y fuera de lugar. Una vez más tarde ese año, estábamos dando vueltas por la casa, y Sonny y Connie me pidieron que les consiguiera café. Contesté algo impertinentemente “Qué tal si ustedes se consiguen su propio café? ”. No tenía ningún problema consiguiendo el café, pero me pareció que ellos estaban ordenándome. Connie me tomó aparte. “Ese es un comportamiento callejero” me dijo. “Si tú actúas de ese modo, solo voy a decir ‘callejero’ y tu sabrás que tienes que ir y reflexionar qué es lo que hiciste”. Olvida eso, de donde yo venía, yo podría actuar de cualquier modo que yo quisiera. Mi padre y yo estábamos llevándonos estupendamente precisamente porque no había ninguna regla y ninguna regulación. El no estaba pidiendo para conseguirle ningún café, y yo no estaba pidiéndole que me consiguiera café a mí. Era “Cuida de ti mismo” de donde yo vine. Yo estaba creciendo rápidamente, y de una forma que definitivamente no era amigable para Sonny. Cada vez más, yo estaba volviéndome eufórico, festejando con mis amigos, haciendo skateboard y cometiendo pequeños delitos. Toda la cosa que yo no estaba destinado a hacer era la cosa que yo quería hacer inmediatamente. Yo estaba pendiente de la recompensa, y eso no andaba realmente con Sonny. Así que nos distanciamos, y yo estaba de acuerdo con eso. En proporción, mi vínculo con mi padre se hizo más y más fuerte. En cuanto yo me hubiera mudado con el, instantáneamente se volvería mi modelo a imitar y mi héroe, así que todo lo que podía hacer para sostener la solidaridad entre nosotros era mi misión. Esa era también la suya. Nosotros éramos un equipo. Naturalmente, una de 31
  32. 32. nuestras experiencias era ir juntos en su contrabandeo de marihuana. Yo me volví su protector para estos viajes. Nosotros tomaríamos siete maletas Samsonite gigantes y las llenaríamos con marihuana. En el aeropuerto, iríamos desde una línea de vuelo a otra, comprobando estas maletas, porque a esa hora ellos aún no miraban para ver si tú estabas en ese vuelo. Nosotros aterrizaríamos en el aeropuerto principal, recogeríamos todas las maletas, y conduciríamos a algún lugar como Kenosha, Wisconsin. En nuestro viaje a Kenosha, nosotros ingresamos en un motel, porque las transacciones de mi padre iban a tomar un par de días. Yo era inflexible de que yo quería ir con el cuando el negocio disminuyera, pero el estaba tratando con motoristas beligerantes, así que me envió a ver una película, que resultó ser la nueva película de James Bond, “Vive y Deja Morir”. Las transacciones ocurrieron durante un fin de semana de tres días, así que yo terminé yendo a esa película cada día que nosotros estuviéramos allí, lo que era magnífica para mí. Tuvimos que volver a Los Ángeles con treinta mil en efectivo. Mi padre me contó que yo estaría llevando el dinero, porque si ellos cogieran a alguien que se pareciera a él con todo ese dinero, sería atrapado con seguridad. Lo que era excelente para mí. Yo preferiría mucho más ser parte de la acción que estar quedándome al margen. Así que amañamos un trozo de cinturón, lo llenó con el dinero, y lo tapó en mi abdomen. “Si ellos intentan arrestarme, tú sólo desaparece,” me ordenó. “Sólo finge que tú no estás conmigo y sigue yendo.” Volvimos a Los Ángeles, y más tarde averigüé que mi padre sólo estaba consiguiendo doscientos dolares por viaje para transportar esa marihuana para sus amigos Weaver y Bashara. También descubrí que él estaba complementando ese ingreso pobre con una bonita fianza de dinero afluente de un negocio de distribución de coca. En 1974 la cocaína se había hecho un gran panorama, especialmente en Los Ángeles. Mi padre había desarrollado una conexión con un viejo Americano expatriado que criaba cocaína desde México. Papá compró la coca, entonces la cortó y la vendió a sus clientes. El no estaba vendiendo onzas o kilos, solamente gramos, medios gramos y cuartos de gramos. Pero sobre el curso de un día o dos, eso empezó a sumarse. El también movería metacualonas. Le dio a un doctor una historia de lloriqueo sobre la incapacidad de dormir, y el doctor escribió una prescripción para mil pastillas de metacualona, que costaban tal vez un cuarto cada una y tenían un valor comercial de cuatro o cinco dólares. Así que entre la coca y las pastillas de metacualona, esto era un negocio bastante lucrativo. Papá nunca intento ocultar su tráfico de drogas de mí. El no salía de su forma de hablarme sobre ello, pero yo estaba tan cerca de él (como una sombra) que yo observaría todas sus preparaciones y transacciones. Había una pequeña habitación adicional, parecida a mi habitación, frente a la cocina. Incluso tenía una puerta que 32
  33. 33. conducía al patio trasero, y mi padre instaló la tienda ahí. La atracción principal de su parafernalia narcótica en ese cuarto trasero era su balanza de tres barras, que fue puesta para más uso en nuestra casa que la tostadora o la batidora. Su placa de trabajo y bandeja de esnifar selecta era un hermoso azulejo verdiazul Mexicano, perfectamente cuadrado y liso. Yo le observaría cortando la coca y filtrándola y entonces cogería un taco de laxante italiano llamado mannitol y lo filtraría a través por el mismo colador así que tendría la misma consistencia que la coca. Era importante para el resultado final asegurarse de que la coca había sido cortada en la misma proporción de laxante. Había mucha gente viniendo, pero no tantos como tú pensarías. Mi padre era claramente subrepticio en cuando a sus transacciones y el conocía que el riesgo aumentaría con mucha actividad. Pero que su clientela escasa en cantidad, seguro que lo compensaba en calidad. Había muchas estrellas de cine, escritores y estrellas de rock, y montones de chicas. Una vez nosotros incluso tuvimos una visita de dos famosos Oakland Raiders en víspera de la Super Bowl. Ellos nos visitaron bastante anticipado, alrededor de las ocho o las nueve de la tarde, y fueron mucho más directos que la clientela habitual, que se sentaba sobre los muebles caseros de mi padre, mirando vergonzosos y acobardados por el hecho de que había un niño dando vueltas. Pero todo ello se resolvió. Ellos obtuvieron su material, salieron y ganaron la Súper Bowl al siguiente día. Lo que era un tipo de molestia acerca de la experiencia entera era el tráfico nocturno. Era entonces cuando yo hallaba la verdadera desesperación que esta droga podía inducir. Yo no era crítico en cuanto a ello; era más bien “Wow, este realmente quiere esa maldita coca.” Uno que era un aprovechador de basura insaciable para la cocaína era el hermano de un famoso actor, el había venido a cada hora hasta las seis de la mañana, trapicheando, traficando, robando, tomando el pelo y diciendo largas promesas. Cada vez que el llamara, mi padre saldría de la cama, y yo lo oiría lamentar a el, “Ah, no, otra vez no”. A veces mi padre no abriría la puerta, el solamente hablaría a la gente por la cortina de la ventana. Yo estaría allí en la cama escuchando “Es demasiado tarde. Vete de aquí al infierno. Me debes demasiado dinero, de todas formas. Estás en mí para doscientos veinte dólares.” Mi padre tenía una lista de cuántas personas le debían. Yo revisaría esa lista y lo oiría decir, “Si yo pudiera cobrar a todos para pagarme lo que ellos me deben, yo tendría todo este dinero.” Era difícil convencerme que nosotros no estábamos viviendo a lo grande, especialmente en los fines de semana, cuando mi padre me llevaba fuera recorriendo clubes nocturnos, donde era conocido como el Señor del Sunset Strip. (El era también conocido como Araña, un apodo que había recibido a finales de los años 60 cuando escaló un edificio para meterse dentro del apartamento de una chica de la que el 33
  34. 34. estaba obsesionado). Sunset Strip a principios de los años 70 era la arteria de vida que fluía a través de West Hollywood. La gente constantemente atascaba la calle, yendo y viniendo entre los mejores clubs en la ciudad. Estaba el Whisky a Go Go y Filthy McNasty’s. Dos bloques del Whisky era el Roxy, otro club de música en vivo. Al otro lado del aparcamiento de Roxy estaba el Rainbow Bar and Grill. El Rainbow era dominio de papá. Cada noche él iba por allí cerca de las nueve y se reuniría con su tropa: Weaver, Connie, Bashara y varios otros amigos. La preparación para la noche de paseo era una experiencia ritualista para mi padre, desde que el fuera tan meticuloso sobre su apariencia. Yo me sentaría allí y lo miraría arreglarse en frente del espejo. Cada pelo tenía que estar exactamente igual, la colonia correcta aplicada en la cantidad correcta, Entonces era el caballero de la camiseta apretada, la chaqueta aterciopelada y las plataformas. De vez en cuando, nosotros iríamos a sastres de encargo para hacer réplicas de sus ropas para mí. Todo era por imitar a mi padre. Parte de ese ritual estaba consiguiendo el derecho alto para empezar la noche. El obviamente ahorraba el magnífico cóctel químico final para mucho después por la noche, pero no quería salir de la casa sin los principios apropiados de esa bebida, que generalmente giraba alrededor del alcohol y píldoras. El tenía metacualonas y Placidyls, que eran los tranquilizantes que te paraban de tener habilidades motoras. Cuando los mezclabas con alcohol, ellos paraban al tipo cercano a ti de tener habilidades motores. Pero las píldoras de selección de mi padre eran Tuinals. Cuando salía con el, me serviría un pequeño vaso de cerveza. Entonces abriría una cápsula de Tuinal. Porque el polvo de los Tuinals era de un sabor horrible, el cortaría en rodajas un plátano y empujaría el Tuinal roto en el plátano. El tomaría la parte que contenía más polvo y me daría la parte más pequeña, entonces estábamos listos para salir. Nuestra recepción real empezaría en cuanto nosotros nos acercábamos a la puerta de Rainbow. Tony, el maítre del club, saludaría a mi padre como si el fuera el cliente más valorado en el Strip. Desde luego, el billete de cien dólares que mi padre le dio en cuanto entramos dentro no dolió. Tony nos conduciría a la mesa de mi padre (la mesa de poder, justo en frente de una enorme chimenea. Desde esa posición ventajosa, tú podías ver quien estaba viniendo al club o bajando desde Over the Rainbow, un club nocturno dentro del club). Mi padre era increíblemente territorial. Si una persona que no pasara su aceptación se sentaba en la mesa, le diría: “Qué crees que estás haciendo?” “Ah, yo solo quiero sentarme y beber” diría el. “Lo siento, amigo. Fuera de aquí. Te tienes que ir”. Pero si alguien que entraba era de interés para mi padre, el se levantaría de un salto y 34
  35. 35. dispondría asientos. Su gobierno de los capacitados me hacía sentir incómodo. Yo no quise necesariamente intrusos que se sentaran, pero pensé que mi padre podría haber sido más amable y apacible. Especialmente cuando la bebida y los tranquilizantes fluían al mismo tiempo, el podía ser un cabrón. Pero era un gran catalizador para conseguir gente interesante junta. Si Keith Moon, los de Led Zeppelin o Alice Cooper estaban en la ciudad, ellos se sentarían con el. Nosotros estaríamos en el Rainbow la mayor parte de la noche. El no permanecía fijo en la mesa el tiempo entero, solo lo más necesario para sus anclas para llegar a dominar la mesa, y entonces todos ellos harían turnos haciendo las rondas dentro del área del bar restaurante, o yendo arriba. A mí siempre me gustaba el club de arriba. Siempre que una de las novias de mi padre quisiera bailar, ella me preguntaría, porque papá no era un bailarín. La noche no estaría completa sin cocaína, y se haría un gran deporte ver cómo clandestinamente tú podrías consumir tu frustración. Los traficantes de coca experimentados eran fáciles de localizar, porque todos ellos tenían la uña del menique derecho del momento. Ellos harían crecer esa uña del meñique al menos una buena mitad de pulgada por delante del dedo y lo moldearían perfectamente, y esa era la última cuchara de coca del momento. Mi padre recibió gran orgullo en su minuciosamente manicurada uña de coca. Pero yo también noté que una de sus uñas era decididamente más corta que el resto. “Qué pasa con esa?” Pregunté. “Esto es así para que yo no haga daño a las damas en la parte baja cuando estoy usando mi dedo en ellas,” dijo él. Eso se clavó en mi mente. En realidad el tenía un dedo que era amigo de las vaginas. Yo era el único niño presente para toda esta locura. Durante la mayor parte, los adultos que no me conocían solo me ignoraban. Pero Keith Moon, el legendario baterísta de Who, siempre intentó que me sintiera a gusto. En mitad de esta caótica y desenfrenada atmósfera de vida fiestera donde cada uno estaba chillando, gritando, esnifando e inhalando drogas, Moon se tomaría ese momento para estar tranquilo y tomarme bajo su brazo y decir, “Cómo estás, niño? Estás pasándolo bien? Deberías estar en el colegio o algo? Bien, me alegro de que estés aquí, de todas formas.” Eso siempre quedó en mí. Normalmente nos quedaríamos hasta la hora de cierre, que era a las dos de la madrugada. Entonces era hora de juntarse en el aparcamiento, que se había llenado con chicas y chicos con sus extrañas indumentarias de rock glamouroso. La escena del aparcamiento era todo sobre tomar números de teléfono, buscando talentos y descubriendo la fiesta siguiente. Pero a veces esta era la escena de un altercado que a veces involucraba a mi padre. El dispondría cuadrillas de motoristas en frente mía, y yo sería el pequeño tipo saltando en medio de estas broncas, diciendo, “Este es mi padre, el está realmente drogado justo ahora. Cualquier cosa que diga, sólo sigan adelante y 35
  36. 36. olvídenlo. El no tenía la intención. Y por favor, no lo golpeen en la cara, porque eso realmente le duele a un niño como yo”. Yo realmente tenía un sentimiento horrible de que me padre terminaría por hacerse daño malamente en una pelea o en un accidente. En ese punto de la noche, estaría tan alterado que caminar a través de la habitación era una rutina vaudevilliana, tropezando, cayendo, y de algún modo logrando quedarse de pie. El estaría saltando muebles, conservando algo que era estable, pronunciando mal cada palabra, pero de todas formas trataría de entrar al coche para conducir a la fiesta. Yo pensaría, “Oh, mierda, mi padre no puede hablar. Esto no es bueno.” Cuando el había tenido demasiado, yo me volvería el responsable de su seguridad, que era un puesto difícil para hallarme. Todo esto estaba tomando un toque emocional sobre mí, en formas que yo aún no podía articular. Incluso aunque yo tuviera amigos en Emerson, y yo estuviera yendo al Rainbow los fines de semana como mi padre de acompañante yo estaba bastante solo y comenzando a crear mi propio mundo. Yo tenía que despertar por la mañana e ir al colegio y ser un tipo en su propia burbuja privada. Yo no lo tuve en cuenta, desde que yo tuviera este espacio para fingir, crear, pensar y observar. Alguna vez ese año, uno de los gatos del vecino tuvo gatitos, y yo solía tomar uno de los gatitos mullidos blancos arriba en el tejado del garaje del apartamento detrás de nosotros para pasar el tiempo con el. El era mi pequeño amigo, pero a veces, yo regañaría a aquel gatito, sin ninguna otra razón que la de ejercer poder sobre el. Durante una de estas sesiones de regañina, comencé a golpear al gatito en la cara con mis dedos, no era nada terrible, pero eso era un acto de agresión, lo que era extraño, porque yo siempre he sido un amante de los animales. Una vez yo golpeé al gato demasiado fuerte, y su pequeño diente pinchó su pequeño labio, y una gota de sangre fue dibujada. Me volví completamente loco, comencé a sentir un intenso auto-aborrecimiento por traer daño a este pequeño animal que todavía permanecía cariñoso hacia mí aún después de aquel incidente. Yo estaba temeroso de que mi inhabilidad para pararme a mí mismo de tomar parte en ese comportamiento fuera un signo de una psicosis incipiente. Pero en general, yo no habría cambiado mi estilo de vivir por ninguna otra, especialmente algunas de las realidades mundanas de mis amigos en Emerson. Yo iría a sus casas y vería a sus padres viniendo a casa de sus oficinas y no tener ningún tiempo, energía o compasión para sus niños. Ellos solo se sentaban allí, bebían sus whiskeys, fumaban su cigarro, leían su periódico y se iban a la cama. Eso no parecía como una opción mucho mejor. Intentaba dormir algo así que yo descansaría para el colegio el siguiente día mientras la gente estaba teniendo sexo en el sofá, pegándole a la cocaína y subiendo el volumen del equipo de música, y eso no era definitivamente una realidad mundana. 36
  37. 37. Pero era la mía. Durante noches de colegio, yo permanecería en casa, pero mi padre tendría derecho a su mesa de poder en el Rainbow. Y a la mitad del tiempo la fiesta estaba fuera de la casa. Yo estaría en casa dormido, y de repente oiría que la puerta se abría y una corriente de maníacos se desbordaría en la casa. Entonces la música comenzaría, y la risa, el corte de las rayas y el alboroto general seguirían. Yo intentaría dormir en mi cuarto trasero, que estaba conectado a un y único baño, y la gente estaría dentro y fuera de allí, meando, gritando y haciendo drogas. Gracias a Dios yo tenía mi reloj radio-alarma de los años ‘70. Cada mañana a las seis y cuarenta y cinco, este me despertaría con la música popular del día. Normalmente yo estaría profundamente dormido, pero iría dando traspiés a mi armario, me pondría una camiseta, iría al baño, y me prepararía para ir al colegio. Entonces caminaría a través de la casa e inspeccionaría el daño. Esto siempre parecía como un campo de batalla, a veces había gente echada en el sofá o en las sillas. Las puertas de mi padre estaban siempre cerradas. El estaba normalmente dormido con alguna chica, pero a veces todavía estaría despierto, cerrado en su módulo. Una de las razones por las que quise aquel despertador era que yo realmente estaba ansioso de ir al colegio cada día. Me gustaban casi todas mis clases. Tan loco, tan alterado y tan lleno de vida nocturna como era su rutina, y mi padre me apoyaba al 100 por cien en todas mis clases. El había venido de un pasado académico propio, y yo creo que conocía la importancia de estudiar, de aprender, y de exponerte a ti mismo a nuevas ideas, en particular las avenidas creativas que fueron ofrecidas. Cada día usaría alguna palabra esotérica loca para llevarme a incrementar mi vocabulario. El también amplió mi gusto por la literatura de los Hardy Boys a Ernest Hemingway y otros grandes escritores. En el colegio, la clase que yo más esperaba con impaciencia era Inglés. Jill Vernon era mi profesora, y ella era en mucho la más profundamente inspiradora que yo alguna vez había encontrado por casualidad. Ella era una señora diminuta con el pelo corto negro, rondando los cincuenta años de edad. Ella realmente sabía cómo comunicarse con los niños, y transformó todo sobre lo que ella hablaba, la escritura, la lectura, cualquier cosa, en algo interesante, atrayente y divertido. Cada día nosotros pasaríamos los quince primeros minutos de clase de escritura en un diario. Ella pondría una oración en la pizarra, y supuestamente nosotros debíamos aplicar la oración a cualquier otro tema que nosotros quisiéramos. Algunos de los otros estudiantes escribirían durante cinco minutos y pararían, pero yo podría haber escrito la clase entera. La señorita Vernon regularmente me detendría después del colegio y me hablaría a mí sobre la escritura, porque ella podía ver cómo yo vertía mi corazón en aquellos ensayos. “Leí todos estos diarios, y tengo que decir que tú tienes un talento especial para la 37
  38. 38. escritura, y yo creo que deberías ser consciente y hacer algo con ello,” ella me dijo. “Deberías continuar escribiendo.” Cuando tú estás en séptimo grado y esta realmente maravillosa mujer a quien tú admiras se toma el tiempo de expresar una idea como esa a ti (que era una campana que no dejaría de tocar por el resto de mi vida). Otra campana comenzó a tocar por aquél tiempo. Mi padre me había hablado sobre su primer intento de experiencia sexual, y aquello no fue algo agradable. El fue a un burdel en el centro de Grand Rapids. Las prostitutas eran todas de raza negra. Mi padre fue enviado a una habitación, y unos pocos minutos más tarde, una señora de mediana edad con una pequeña panza entró. Ella le preguntó si el estaba preparado, pero estaba tan asustado que dijo sin pensarlo, “Lo siento, pero no puedo hacer esto”. En cuanto yo me mudara con mi padre, la idea de tener sexo se volvió una prioridad para mí. En realidad, la anticipación, el deseo, y el encaprichamiento con el acto inevitable había estado rondando mucho antes de que yo fuera a California. Pero ahora yo tenía once años en la cúspide de los doce, y era hora de actuar. Las chicas de mi edad en Emerson no querían hacer nada conmigo. Mi padre tenía una sucesión de bonitas novias jóvenes adolescentes de quienes yo no podía evitar fantasear, pero no podía despertar totalmente el valor para acercarme a ellas. Entonces el comenzó a ver a una chica llamada Kimberly. Kimberly era una pelirroja hermosa y de voz dulce de dieciocho años con la piel blanca como la nieve y unos enormes y perfectamente formados pechos. Ella tenía una personalidad etérea y soñadora que era tipificada por su firme rechazo de llevar sus gafas a pesar de su terrible miopía. Una vez pregunté si podía ver sin ellas, y dijo que las cosas eran muy borrosas. Entonces por qué ella no llevaba las gafas? “Realmente prefiero el mundo poco claro” dijo. Una noche poco antes de mi duodécimo cumpleaños, todos estábamos en el Rainbow. Yo estaba alterado como una pequeña cometa con una metacualona encima, y reuní el coraje para escribir a mi padre una nota: “Sé que esta es tu novia, pero estoy bastante seguro de que ella está de acuerdo para la tarea así que si está de acuerdo contigo, podemos arreglar una situación donde yo termine teniendo sexo con Kimberly esta noche?” El negoció el trato en un flash. Ella era animosa, así que volvimos a la casa, y el dijo, “Ahí está la cama, ahí está la chica, haz lo que vayas a hacer.” La cama de mi padre era extraña para empezar, porque el había apilado cuatro colchones encima uno de otro para crear un efecto casi parecido a un trono. El estaba demasiado presente para mi gusto, y yo estaba bastante nervioso como aquello era, pero Kimberly hizo todo. Ella me guió durante el camino entero, y estaba muy cariñosa y amable, todo fue bastante natural. No puedo recordar si aquello duró cinco minutos o una hora. Fue solo un momento borroso, confuso y sexy. 38
  39. 39. Aquello fue una cosa divertida para hacer, y yo nunca me sentí traumatizado después, pero creo que subsconcientemente aquello era probablemente algo que siempre se pegó en mí de un modo extraño. Yo no desperté a la siguiente mañana diciendo, “Qué demonios fue eso?” Yo desperté queriendo ir a jactarme sobre ello a mis amigos y averiguar cómo yo podría conseguir que el acuerdo ocurriese de nuevo. Pero esa fue la última vez que mi padre me dejaría hacer eso. Siempre que tuviera una nueva novia bonita yo diría, “Recuerdas esa noche con Kimberly? Qué tal si… “El siempre me cortaría, “Oh, no, no, no. Eso fue un trato de una sola vez. No vuelvas a sacar eso. Eso no va a pasar”. El verano de 1975 fue mi primer viaje de vuelta a Michigan desde que yo me mudara para vivir con mi padre. Papá me dio una gran onza gorda de oro colombiano, que era por entonces la cima de la pirámide alimenticia cuando este llegó a la marihuana, y algunos palillos tailandeses, y un paquete gigante de chocolate libanés. Ese fue mi suministro para el verano. Naturalmente, yo volví a mis amigos Joe y Nate activos por primera vez. Nosotros fuimos a Plaster Creek, fumamos un porro, y emergimos haciendo volteretas, ruedas laterales y riéndonos. Todo el verano yo le comenté a la gente sobre las maravillas de vivir en Hollywood, y sobre la gente diferente e interesante que yo había conocido y la música que yo estaba escuchando, que era todo en la colección de mi padre desde Roxy Music hasta David Bowie, Alice Cooper, y los Who. En Julio de ese verano, mi madre se casó con Steve. Ellos tuvieron una bonita boda bajo un árbol sauce en el patio trasero de su granja fuera en Lowell. Así que yo sentí que las cosas estaban bien para ella y mi hermana, Julie. Yo fui de vuelta a West Hollywood al final del verano, ansioso de reasumir mi estilo de vida californiano, y de conocer a alguien que se haría mi mejor amigo y compañero en delitos por los siguientes dos años. Conocí por primera vez a John al final del séptimo grado. Había un colegio Católico de chicos inmediatamente adyacente a Emerson, y nosotros solíamos fastidiar a cada uno a través de la valla. Un día me acerqué por allí y entré en un duelo verbal con algún niño que decía saber kárate. El estaba probablemente aprendiendo sus formas y no tenía ni idea sobre lucha callejera, porque yo golpeé su culo en frente de la escuela entera. En algún sitio en aquel tumulto, hice una conexión con John. El vivía en la cima de Roscomar Road en Bel Air. Incluso aunque estuviera en la ciudad, había montañas y una reserva tras su casa que tenía una gigantesca cascada que drenaba en otra reserva. Esto era el patio perfecto. El padre de John trabajaba para una compañía aeroespacial y era un bebedor empedernido, así que nada era discutido, los sentimientos no eran hablados, tú solo fingías como que todo estaba bien. La madre de John era súper dulce, y el tenía una hermana que estaba muy enferma. 39
  40. 40. Cuando yo comencé octavo grado, John se volvió mi mejor amigo. Todo era hacer skate y fumar marihuana. Algunos días podíamos conseguir marihuana y otros no. Pero nosotros siempre podíamos hacer skate. Hasta ese punto, todo había sido patinar por la calle para transporte, y saltando bajo aceras, básicamente yendo donde yo tenía que ir con un mínimo de estilo en la forma que yo montaba, realmente, era tan práctico como ninguna otra cosa. En los inicios de los años ‘70, el deporte comenzó a elevarse, y la gente montaba en zanjas de drenaje, a lo largo de bancos y en piscinas vaciadas. Era aproximadamente el mismo tiempo en que los skaters Dog Pount en Santa Monica estaban dominando el patinaje sobre ruedas a un nuevo y más alto nivel semiprofesional. John y yo estábamos haciéndolo por diversión y desafío. John parecía como el niño típicamente americano. El tenía un verdadero gusto por la cerveza, y nosotros iríamos y pasaríamos el tiempo en frente del mercado local country y hablaríamos a los adultos sobre comprar cerveza para nosotros. Estar bebido no era mi alteración preferida, pero era un tipo de excitación el estar fuera de control de esa forma, de sentirte que no sabías lo que iba a pasar. Nos enganchamos a pedir a la gente para comprarnos paquetes de seis para realizar atracos para nuestra bebida. Un día estábamos caminando a través de Westwood y vimos a trabajadores en un restaurante cargando cajas de cerveza en un área de almacenaje en tercera planta. Cuando ellos se fueron durante un segundo, escalamos sobre un basurero, agarramos la escalera de incendios, nos tiramos encima, abrimos la ventana, y tomamos una caja de Heineken que nos duró para el siguiente par de días. Pasamos de los atracos de cerveza al robo de whisky de los supermercados de Westwood. Nosotros iríamos al supermercado, tomaríamos una botella de whisky y la deslizaríamos por una pierna del pantalón, pondríamos el calcetín sobre este, y saldríamos medio cojos. Era de un gusto terrible, pero nos esforzaríamos para conseguirlo. Antes de que lo supiéramos, estábamos fuera de nuestras mentes en el aguardiente. Entonces haríamos skate por ahí, romperíamos cosas y nos meteríamos en peleas fingidas. En cierto momento, John decidió cultivar su propio jardín de marihuana, lo cuál yo pensé que era muy inventivo de él. Entonces comprendimos que sería más fácil encontrar los jardines de la gente y robar sus hierbas. Un día después de que nosotros hubiéramos buscado infructuosamente durante semanas, encontramos un pedazo que estaba protegido por perros, yo desvié a los perros, John robó la marihuana, y nosotros rompimos todas estas enormes plantas de vuelta a la casa de su madre. Sabíamos que teníamos que secarlas en el horno primero, pero John estaba preocupado de que su madre llegara a casa, así que sugerí que ya que la mayoría estaba todavía en el trabajo, nosotros deberíamos usar el horno de alguien. Andamos unas pocas casas abajo desde la de John, irrumpimos, pusimos en marcha el horno, y metimos este montón de marihuana en él. Nosotros permanecimos allí 40
  41. 41. durante una hora, y aunque la marihuana nunca se volviera fumable, ahora nosotros sabíamos lo fácil que era irrumpir en las casas de la gente, y comenzamos haciendo eso con alguna regularidad. No estábamos fuera para robar las televisiones de la gente o examinar su joyería, sólo queríamos dinero, material que pareciera divertido tener o drogas. Examinamos armarios botiquín de la gente, porque por ahora yo había visto muchas píldoras y yo sabía qué buscar. Un día encontramos un gran tarro de píldoras que decían “Percodan.” Yo nunca había tomado una, pero sabía que ellas eran consideradas la crème de la crème de los analgésicos. Así que yo me llevé el tarro y fuimos de vuelta a la casa de John. “Cuántos deberíamos tomar?” preguntó el. “Vamos a comenzar con tres y veamos qué ocurre,” Sugerí. Ambos tomamos tres y nos esperamos durante unos pocos minutos, pero nada pasó. Así que tomamos un par más. La siguiente cosa que supe, era que estábamos fuera de nuestras mentes en una intoxicación de opio y nos gustaba. Pero aquello fue una cosa de una sola vez. No tomamos las Percodans otra vez. Nuestros pequeños éxitos con la realización de atracos envalentonaron a John. El vivía a través de la calle de su vieja escuela primaria, y el sabía que los ingresos de todo el día de la cafetería eran guardados en una caja fuerte y almacenados en el congelador cada noche. Resultó que durante su último mes como graduado de sexto, John había robado un juego de las llaves del portero de la escuela. Conspiramos una estrategia. Conseguimos algunas máscaras, llevamos guantes, y esperamos hasta después de medianoche. Las llaves funcionaban. Nos introducimos en la cafetería, fuimos al congelador, y ahí estaba la caja fuerte. La agarramos y salimos corriendo, directamente a través de la calle hacia la casa de John. En su habitación, abrimos esa caja y contenía cuatrocientos cincuenta dólares. Esta forma era con mucho el robo más exitoso que alguna vez hubiéramos tenido. Ahora qué? “Vamos a conseguir una libra de marihuana, vender algo, tener ganancias y tener toda la marihuana que siempre quisimos fumar” sugerí. Yo estaba harto de quedarme sin marihuana al punto donde nosotros teníamos que limpiar tuberías para tratar de encontrar alguna resina THC. Yo sabía que Alan Bashara tendría una libra de marihuana yaciendo por ahí, y lo tenía. Desafortunadamente, era una mierda de marihuana. Yo tenía la idea de venderla fuera de mi armario particular a Emerson, pero eso era demasiado arriesgado, así que terminé por tomar la marihuana de casa y venderla fuera de mi habitación, todo el tiempo empaquetándola y fumando las mejores piezas. Una vez, estaba intentando vender esta marihuana mala a un par de drogadictos que vivían cruzando la calle, pero hasta ellos eran críticos. Cuando vieron mi botella de Percodans, me ofrecieron cinco dólares por píldora. Vendí el tarro entero de una sola vez. El pináculo de mi experimentación de drogas de octavo grado con John fueron 41
  42. 42. nuestros dos viajes ácidos. Yo no conocía a nadie que tomara LSD, parecía como una diferente generación de droga. De todas formas, aquello sonó como una experiencia más aventurera que no trataba sobre estar drogado y piropear a las mujeres pero trataba sobre ir en un viaje psicodélico a un estado alterado. Eso era exactamente como veía mi vida entonces, yendo a estos viajes a lo desconocido, a lugares en la mente y en el reino físico que otra gente simplemente no hacía. Preguntamos por ahí, pero ninguno de nuestros amigos intoxicados sabía conseguir el ácido. Cuando fui a la casa de Bashara para conseguir la marihuana, resultó que él tenía unos pocos residuos con veinte pequeños trozos de pirámides de gelatina, diez luminosas verdes y diez luminosas púrpuras. Yo tomé dos montones de cada color y corrí a casa de John. Inmediatamente planeamos los dos viajes. El primero sería el próximo fin de semana. Guardaríamos el segundo para cuando John y su familia fueran a su casa playera en Ensenada, México. Fuimos con el ácido púrpura primero. Como era tan puro y fuerte, inmediatamente nos pusimos increíblemente alterados. Era como si estuviéramos mirando al mundo a través de un nuevo par de cristales. Todo era vívido y brillante, y nos volvimos motores de energía a vapor, corriendo a través de los bosques y saltando árboles, sintiéndonos totalmente invulnerables a cualquier peligro. Entonces el aspecto espiritual del ácido irrumpió, y comenzamos a hacernos introspectivos. Decidimos observar familias en sus casas, así que irrumpimos en diferentes patios y comenzamos a espiar a los residentes por las ventanas, por lo que nosotros sabíamos, éramos invisibles. Llamábamos a las ventanas y mirábamos a las familias comer la cena y escuchábamos sus conversaciones. El sol comenzó a ponerse, y John recordó que su padre estaba volviendo a casa de un viaje de negocios ese día y el estaba adeudado para una cena en familia. “No creo que eso sea una gran idea. Ellos van a saber que nosotros estamos delirantes fuera de nuestras mentes en ácido” dije. “Sabemos que estamos delirantes intoxicados en ácido, pero no creo que ellos sean capaces de contarlo,” dijo John. Yo estaba todavía dudoso, pero fuimos a su casa, nos sentamos y tuvimos una cena totalmente formal con el puritano padre de John, su dulce madre y su hermana en la silla de ruedas. Yo eché una mirada a la comida, comencé a alucinar y hasta no podía pensar en comer. Entonces empecé a mirar con fascinación como la boca del padre de John se abría y estas grandes palabras venían flotando fuera de ella. En aquél momento los padres de John comenzaron a transformarse en bestias, nosotros dos nos reíamos de un modo incontrolable. De más está decir, que a nosotros dos nos gustó aquello absolutamente. Era tan bonito, excepcional y alucinógeno como nunca nos podíamos haber imaginado. Habíamos tenido alucinaciones suaves por fumar marihuana, cuando podíamos ver 42

×