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• De La Garza, Enrique y Julio César Neffa (2010) “Modelos económicos, modeloproductivo y estrategias de ganancia: concept...
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“Estructura, fronteras y desigualdades desde la convergencia clase/género”

  1. 1. “Estructura, fronteras y desigualdades desde la convergencia clase/género” OSVALDO BLANCO1ÍndiceÍndice............................................................................................................................................11.- Presentación...........................................................................................................................12.- Mujeres y trabajo: Historización de los primeros debates metodológicos..............................23.- La estructura de clases y algunos vacíos de investigación en Chile. .......................................54.- Clase social y perspectiva de género: subjetivación y (re)producción social...........................85.- El refuerzo y transformación de las diferencias: una cuestión de fronteras..........................116.- Conclusiones: Esbozo de un marco de investigación.............................................................157.- Bibliografía............................................................................................................................161.- Presentación.El presente artículo tiene como principal finalidad exponer un programa de investigaciónque vincula la relación entre los enfoques de clases sociales y de género. Se trata de unobjetivo que dice relación con el análisis de la estructura de clases chilena, incorporando lavariable sexo, pero, al mismo tiempo, sobrepasando esta dimensión estructural ycuantitativa para profundizar aspectos ligados a las diferencias de género y cómo elentrecruce de ambos ejes de desigualdad (clase y género) determinan expectativas yapreciaciones subjetivas respecto de los proyectos de vida personales, familiares ylaborales, así como en las representaciones sobre el sistema social y político.Presentamos aquí una serie de antecedentes y puntos de vista analíticos que justifican lapertinencia de abordar una investigación así proyectada. En términos concretos, estaagenda investigativa propone dos dimensiones centrales: 1) Una necesidad de medición yclasificación de la estructura de clases tomando como criterios teóricos centrales losconceptos de la propiedad de medios productivos, la organización (gestión) de laproducción, la calificación de la fuerza de trabajo y el poder burocrático. Se propone unaestructura de clases que es diferente a las usadas convencionalmente por lasinvestigaciones desarrolladas en Chile. Además, esta medición y clasificación debieseservir para una evaluación de la desigualdad en la distribución de recursos y activos, tantoa nivel de las clases como a nivel de sexo; 2) A su vez, el programa de investigación quenos convoca tiene que ver una visión de los aportes de una teoría de género para lainvestigación sociológica sobre las diferencias categoriales entre lo femenino y lomasculino y su entrecruce con las fronteras de clase. En este segundo plano, pensamosimportante el abordaje micro sociológico de orientación cualitativa respecto de cómo lasdiferenciaciones son construidas y reproducidas cotidianamente.Toda esta tarea está orientada por tres hipótesis íntimamente entrelazadas: 1) laestructura social es un entramado topológico de posiciones diferenciales en cuanto a las1 Sociólogo por la Universidad Arcis. Magíster en Ciencias Sociales mención en Sociología de la Modernizaciónpor la Universidad de Chile. Becario Conicyt (2012-2015), Doctorando en Sociología por la Universidad AlbertoHurtado. Email: oblanco4@gmail.com –1–
  2. 2. oportunidades de vida, privilegios y estatus social, así como a recursos materiales; 2) lasposiciones estructurales que los individuos ocupan en la estructura social se transcribenen fronteras simbólicamente construidas y reproducidas por los individuos en susprácticas cotidianas; 3) el entrecruce de las dimensiones de género y clase social –ya seacombinando o no las dimensiones al mismo tiempo– es una de las formas más importantesde establecimiento práctico de fronteras simbólicas, volviéndose imprescindible para elestudio de la estructura social, así como de las formas en que éste genera y reproduce lasdesigualdades.El artículo está estructurado en 5 acápites. El primero tiene que ver con las consecuenciasmetodológicas que surgen cuando se introduce en las mediciones de clase social lavariable sexo (características biológicas que remiten a algo diferente al género).Presentamos argumentos que favorecen la necesidad de mediciones individuales porsobre las familiares, las cuales han tendido a invisibilizar a las mujeres casadas endesmedro de sus maridos. El segundo apartado da cuenta de las diferencias entre nuestrapropia propuesta de estructura de clases y los modelos ocupacionales surgidos de lasadaptaciones de Goldthorpe y Erikson (modelo CASMIN). Asumiendo los importantesaportes de estas mediciones, intentamos mostrar algunos vacíos que justifican lapertinencia de una medición de clases distinta. El tercero y cuarto acápite profundizan,por un lado, en el importante aporte del enfoque de género, no sólo para la dimensión dela estructura de clases, sino que también en la forma que se sobrepasa lo estrictamenteeconómico-productivo, tocando aspectos reproductivos y subjetivos. Por su parte, elquinto acápite desarrolla la tesis que señala que las diferencias sociales respecto de lasoportunidades, privilegios y recursos surgen de la producción y reproducción cotidiana deprácticas basadas en fronteras y diferencias categoriales. Clases y diferencias sexuales,lejos de ser dos ámbitos de desigualdad independientes entre sí, están continuamenteentrecruzándose, estableciendo las posiciones individuales en el seno de la estructurasocial. Por último, el sexto capítulo presenta un esbozo de un marco de investigación paraChile a partir de lo desarrollado a lo largo del artículo.2.- Mujeres y trabajo: Historización de los primeros debates metodológicos.Hacia la década de los 60, la mayor inserción laboral femenina provocó importantesdebates que las investigaciones sobre estratificación y clases sociales hasta ese entoncesno consideraban. Sin embargo, no se trató de un debate que involucrara el término“género”, al menos tal y como actualmente podemos entenderlo. Más bien la discusión giróen torno a lo que podríamos denominar como las consecuencias metodológicas de laintroducción de la variable “sexo” en los análisis de estratificación y clases sociales. Sedebatía respecto de si el sexo era o no una categoría que presentaba efectosindependientes respecto de la clase social, así como respecto de las implicanciasmetodológicas que el análisis conjunto de ambas variables traía consigo en cuanto a laclasificación de familias e individuos.Hasta ese entonces, la estructura ocupacional operaba a partir de la división entrehombres (ligados al trabajo asalariado) y mujeres (allegadas a prácticas domésticas), locual lógicamente implicaba un predominio masculino dentro de la estructura del empleo,siendo las mujeres periféricas al sistema de clases (Crompton, 1993: 124-125). Secomenzaron a presentar ciertas interrogantes algo paradójicas, tales como, por ejemplo, laposibilidad que en un mismo hogar hombres y mujeres desarrollen actividades laboralespropias de distintas clases sociales, surgiendo el problema de cómo medir y clasificar a lafamilia (Baxter, 1992). –2–
  3. 3. Una figura capital en la génesis de estas polémicas fue Joan Acker, quien realizó unaprofunda crítica a la teoría clásica de la estratificación social, así como a sus principiosmetodológicos (Acker, 2006)2. La familia tradicional moderna como unidad del sistema deestratificación invisibiliza a la mujer y homologa su individualidad al colectivo familiar,incluso en los casos de mujeres que ganan mayores ingresos que sus parejas. Hasta esemomento, la mujer definía su estatus según el hombre con quién está relacionada, por loque ésta no poseería los recursos para la determinación de su propio estatus. La crítica deAcker acusó que la mayoría de las investigaciones asumían que la posición de la familiadentro de la estructura social estaba determinada por la actividad del hombre jefe defamilia. Por ello, existía la convicción que las mujeres siempre estarían en desventajadentro de las jerarquías de prestigio, bienestar y poder.Llegada la década de los 70, la temática de la relación entre trabajo y mujer se abordódesde dos perspectivas diferentes. La primera tiene que ver con la relación entre mujer ytrabajo cuando las mujeres son amas de casa: ¿son las esposas de los obreros miembros dela clase obrera? El segundo aspecto es cuando la mujer efectivamente tiene un trabajoasalariado y se pretende explicar las diferencias de estatus social de las ocupaciones entreambos sexos.Para el caso de las “dueñas de casa”, los investigadores marxistas asumieron variasposturas. Erik O. Wright las resume en tres argumentos básicos: 1) las amas de casa de losobreros están en la clase obrera porque están indirectamente explotadas por el capital alcontribuir a la subsistencia de sus maridos, disminuyendo de paso los costes a los quetiene que hacer frente al capitalista; 2) las amas de casa ocupan posiciones que pertenecena un modo de producción doméstico o de subsistencia y están explotadas por sus maridosdentro de esa relación de clase subsidiaria; 3) el concepto de clase no es aplicable a nadieque esté fuera de la fuerza de trabajo, de manera que las amas de casa lisa y llanamente noestán en ningún tipo de clase social. Vale decir, la relación entre mujer y trabajo sólo seanaliza cuando a la mujer se la deja de ver como simple dueña de casa y se le estudia comoasalariada (Wright, op.cit: 146-147).La consecuencia metodológica del problema de las dueñas de casa es que, al homologar ala mujer según el estatus social del hombre, se adoptó a la familia como unidad demedición. Esta tendencia a adoptar a la familia como unidad de análisis nos lleva alsegundo aspecto del debate. En efecto, en EE.UU. e Inglaterra la discusión se centró en laforma de clasificación de las familias, es decir, entre adoptar una clasificación de “familiasheterogéneas” o bien de “familias homogéneas”. Es decir, la discusión se centraba en optarpor medir y clasificar a las familias en las que el marido y la mujer ocupan posiciones declase diferentes (familias heterogéneas) versus las familias en las que hombre y mujerocupan posiciones de clase similares (familias homogéneas) (Baxter, op.cit).Entre otras cosas, las críticas feministas de los 70 provocaron un cuestionamiento entorno a la unidad de análisis, vale decir, respecto a la conveniencia de obtener datos a nivelindividual o a nivel familiar. En términos generales, podemos señalar que las opciones eneste aspecto se han conducido desde tres perspectivas distintas (ibíd.): 1) un modelo2 En su artículo “Women and social stratification: a case of intellectual sexim” de 1973, Acker postuló seispremisas implícitas o explícitas sobre de la posición social de la mujer en los estudios de estratificación socialhasta ese momento (Acker, 2006: 172): 1) La familia tradicional es la unidad básica del sistema deestratificación social; 2) La posición social familiar se establece a partir del estatus del hombre jefe de hogar;3) Las mujeres viven en familias, por consiguiente, su estatus es el mismo del (o los) hombres con quienesestán relacionadas; 4) Si el estatus de las mujeres se define igual al de su marido ello implica que, al menos entérminos de su posición en la estructura de clase, la familia es una unidad de evaluación equivalente; 5) Lasmujeres establecen su estatus sólo cuando no se encuentran vinculadas a un hombre; 6) Las mujeres sondistintas a los hombres en numerosos aspectos, siendo medidas diferencialmente en base al sexo, pero estaseparación entre hombre y mujer es insignificante para la estructura de los sistemas de estratificación en símisma. –3–
  4. 4. convencional –donde el principal exponente ha sido Goldthorpe– que mide la estructurasde clases respecto de la familia, generalmente sobre el hombre jefe de familia; 2) elenfoque centrado en la determinación de la posición de clase de la familia a partir de lasituación de clase del cónyuge que posea el trabajo más decisivo respecto a laconfiguración de los intereses, conciencia, etc.; 3) una clasificación conjunta que conservaa la familia como unidad de análisis, pero que considera tanto las características delhombre como de la mujer al momento de asignar una situación de clase familiar. Tanto elprimero como el segundo modelo las unidades de análisis son familiares y no declasificación conjunta (individuales), pero, a su vez, el de clasificación conjunta es almismo tiempo familiar con mediciones individuales a ambas partes. En suma, estas trescorrientes enfatizan lo familiar, aunque sólo el tercero lo entrelaza con medicionesindividuales, permitiendo comparaciones más elaboradas y complejas3.De esta manera, el sexo comenzó a ser considerado como una variable relevante dentro dela estratificación, forjándose una serie de asuntos conceptuales que comenzaron aplantearse, en especial en cuanto a las posibilidades de las mediciones empíricas a nivel delos individuos en desmedro del agregado a nivel familiar. La mayoría de los autores seenfocaron en evaluar el poder explicativo respecto a la formación de clase que se pierde alconsiderar a la familia en lugar del individuo como unidad de análisis y viceversa.En términos generales, las críticas feministas progresivamente establecieron unaestrategia metodológica en torno a la ocupación individual que permitieroncomparaciones de las ocupaciones más satisfactorias entre hombres y mujeres. La mujeren tanto individuo de clase se comenzó a vislumbrar en distintas situaciones: 1) casos demujeres jefas de hogar, es decir, unidades familiares sin hombres; 2) familias“homogéneas” u “heterogéneas”, teniendo especial cuidado de seguir una línea de análisisindividual, con objeto de que los dos cónyuges sean analizados. Estos debatesmetodológicos se abordaron desde una nueva perspectiva, respaldando un modelo declasificación conjunta, concentrándose en el desarrollo de un modelo capaz de combinarlos atributos de ambos cónyuges (en el caso de las familias tradicionales) para ladeterminación de su clase o estatus.Por último, en términos de resultados de investigación es posible señalar que lasmediciones comparativas recientes entre hombres y mujeres en América Latina handemostrado aumentos en la participación laboral femenina, aunque difiriendo muchosegún los países y regiones, así como según escolaridad y tramos de ingresos 4. Es decir, la3 La posición más conocida en defensa de la familia como unidad de análisis es la de Goldthorpe, basada en sunoción de “formación demográfica de clase”. En tanto la clase es vista como colectividades ligadas a posicionesmás menos perdurables, la familia es la unidad para la movilidad social a fin de identificar a las clases. Laformación demográfica basada en la familia (hogar) permite el fortalecimiento del grado de “formaciónsociopolítica de clase”, es decir, el grado en que las clases sociales ya identificadas manifiestan similares estilosde vida, pautas de acción, actitudes sociopolíticas, etc. (Crompton, op.cit: 126). Dicho de otro modo, paraGoldthorpe la familia entrega la red de posibilidades de recursos de distinto tipo para que sus miembrosdesarrollen su vida en diferentes aspectos. Ahora bien, ya que en términos generales es el hombre quien sueleproporcionar la renta principal de la familia, Goldthorpe adopta la estrategia de asumir al varón como el jefede hogar. Incluso incluir el empleo de las mujeres en iguales términos que el de los hombres puede oscurecerla pauta de formación demográfica de clase (Ibíd.). Para Goldthorpe, la relación hombre-mujer es una relaciónde “dominio” en la que la posición de clase de la familia está determinada por la de la ocupación “dominante”en términos materiales al margen del género del cual se trate (Crompton, op.cit: 125). Tal y como señalaCompton, “cuando se publicó una investigación nacional sobre la estructura de clases británica a principios dela década de 1980 [por Goldthorpe] (…) recibió las más duras críticas debido a que se centraba completamenteen los hombres y sólo incluía a las mujeres en tanto esposas. Goldthorpe aún defiende que su postura empíricay teórica es correcta, aunque ha modificado recientemente su postura original al adoptar, con Erikson, unaestrategia de “dominio” en la que la posición de clase de la familia viene determinada por la de la ocupación“dominante” en términos materiales al margen del género de la persona que la ocupa” (Ibíd.).4 Se ha observado un retroceso en la tasa de participación laboral femenina en los últimos años: hacia 2011, enChile la tasa había descendido a un 43% de las mujeres se encuentran en el mercado laboral remunerado,siendo una de las tasas más bajas en América Latina, donde el promedio fluctúa en torno al 53%, mientras en –4–
  5. 5. relativa inserción experimentada por las mujeres en el mundo del trabajo ha sidoacompañada por la persistencia de importantes desigualdades e inequidades en el accesoal trabajo productivo (Yañez, 2004) y, específicamente en lo que la OIT denomina como“trabajo decente” (Abramo y Valenzuela, 2006). Además, se ha observado una persistenciaen la diferencia de ingresos entre hombres y mujeres en distintos segmentosocupacionales (Gálvez, 2006). Dicho de otro modo, si bien habría un relativo aumento delas mujeres en el mercado del trabajo, esto se debe a costa de precarizarlas, especialmenteen el sector de servicios y comercio (ibíd.; Wajcman, 2006). En relación con todo esto,Reskin y Padavic (1994) señalan que las diferencias entre hombres y mujeres comprendentres dimensiones de desigualdad: a) la segregación ocupacional por género o segregaciónhorizontal, vale decir, la diferencia de actividades ocupacionales desempeñadas porhombres y mujeres; b) la segregación vertical, entendida como la diferencia de jerarquíasocupacionales entre hombres y mujeres, donde hay una alta cantidad de mujeres demujeres en los peldaños más bajos; c) la brecha salarial entre hombres y mujeres, que seamplía en la medida que el capital humano aumenta, donde la diferencia esprogresivamente mayor a medida que aumentan los años de escolaridad.3.- La estructura de clases y algunos vacíos de investigación en Chile.A nuestro juicio, al menos cinco características fundamentales debe poseer el concepto de“estructura de clases” (Blanco, 2011: 3-11): 1) Su carácter no conscientemente percibidopor los individuos concretos. Vale decir, la validez científica del concepto de estructura declases no depende de la autoimagen o conciencia clasista; 2) El que la estructura de clasesremite a aspectos topológicos y relacionales, características que diferencian dicho enfoquede las perspectivas gradacionales5. Se trata de rescatar, a lo menos, los aportes de Marx yWeber, vale decir, hablamos aquí de relaciones de explotación dadas dentro de un marcode dominación (relaciones de poder); 3) La posición de clase se transmite a lo largo devarias generaciones. Una estructura de clases remite a desigualdades y distancias entreposiciones que son más menos perdurables en el tiempo; 4) En una estructura de clases,las posiciones relacionales –de explotación y dominio– que se transmiten a lo largo de lasgeneraciones están determinadas por dos criterios: i) propiedad de medios de producción;ii) distintos grados de calificación y, en ciertas ocasiones, de poder de organización(Wright); 5) En una estructura de clases existen personas “sobrantes”, vale decir, laestructura de clases capitalista no alcanza a cubrir la totalidad de la población. En otroslos países de la OECD, el 65% de la fuerza laboral es femenina. Sin embargo, datos del INE del año 2007señalaban que el incremento en la participación laboral femenina es significativo: en 1986 alcanzaba cifras deun 28,7%, en 1995 ya se elevaba al 34,4% (INE 2007 cit. por Aguiar, 2007). En el 2007, la tasa de participaciónfemenina en Chile fue de 38,5%, mientras que un 43% fueron inactivas o dedicadas a los quehaceres del hogar.Además, la tasa de participación laboral de las mujeres difiere mucho más que en el caso de los hombres,según el perfil del grupo específico del que se trate: es bastante más baja entre las que tienen menos años deestudio y menores ingresos y aumenta en la medida en que mejoran esos dos factores (Abramo y Valenzuela,2006). De la misma forma que se reconoce la importancia del aporte de los ingresos laborales de las mujeresde más bajos ingresos para la superación de la situación de la pobreza de sus hogares, también se haestablecido que sus tasas de participación laboral son significativamente inferiores a las de los grupos deingresos medios y altos (ibíd.).5 Es fundamental diferenciar a las clases sociales de nociones de tipo gradacionales, entendiendo por estoúltimo un principio meramente distributivo y agregativo: se distribuyen ingresos, niveles educativos,capacidades de consumo, etc., conformándose grupos que no necesariamente establecen relaciones socialesentre sí (ni de explotación, ni de poder). Tal y como señala Erik O. Wright: “[Las nociones gradacionales] sedistinguen por el grado cuantitativo de algún atributo (ingresos, estatus, educación, etc.), y no por su posicióndentro de una determinada relación” (Wright, op.cit.: 37; cursivas mías O.B.). Por ejemplo, los sectores ABC1,C2, C3, D, y E, son grupos que dan cuenta de distintos niveles de consumo, pero no son clases sociales, pues noson definibles en términos de sus relaciones entre clases. Esto significa que si bien las clases definidasrelacionalmente también poseen propiedades gradacionales (los capitalistas son ricos, los obreros pobres,unos consumen más y los otros menos, etc.), no son estas propiedades distributivas las que las definen comoclases. –5–
  6. 6. términos: siempre habrá un “excedente absoluto de población”, un exceso de personas enrelación con los espacios o posiciones dentro de la estructura de clases.La estructura de clases en sí misma es un potente instrumento para la evaluación de ladesigualdad social. Por ejemplo, si se estudian fenómenos tales como los niveleseducativos, la distribución del ingreso, las condiciones laborales o el impacto de lainmigración, sin el telón de fondo de la estructura de clases, se puede caer en unarepresentación de la sociedad donde los efectos de los procesos sociales son semejantesen todos los estratos, cayéndose en conclusiones donde las diferencias obedecen acaracterísticas individuales, familiares o comunitarias (Portes, 2003). A decir del propioPortes, “sin esta herramienta conceptual [que es la estructura de clases] sería imposibleexplicar adecuadamente quién gana y quién pierde con dichos procesos y qué fuerzaimpulsa su marcha” (Ibíd.: 18).Por otro lado, una cuestión apremiante en el debate sobre las clases sociales guardarelación con la reiterada insistencia por la búsqueda de adherencia dogmática aestructuras universales válidas de una vez y para siempre. Las clases sociales no son másque una clasificación construida por los investigadores, por tanto, los análisis de clasedeben entenderse como representaciones que sirven como herramientas heurísticasmodificables a la par de las cambiantes condiciones sociales, políticas y económicas. Eneste sentido, los ejes básicos de la distribución del poder político y económico cambian conel tiempo, dando lugar a distintas configuraciones de clase, por tanto, las clases sonconstrucciones teóricas diseñadas para hacer una interpretación estructural de losfenómenos sociales y predecir las principales tendencias a largo plazo (Portes, op.cit: 21).De las premisas recién expuestas se derivan dos consecuencias. La primera, es que elnúmero, composición y patrones de interacción de las clases sociales cambian con eltiempo (ibíd.). La segunda tiene que ver con que “los ‘mapas’ particulares de la estructurade clases utilizada para explicar diversos fenómenos sociales pueden cambiar sin que elloinvalide necesariamente dichas variaciones” (Ibíd.). De esta forma, se trata de determinarcuál es la noción de clase que puede ofrecer la explicación más acabada y teóricamenteoriginal de los procesos que se estudian, independientes de cual sean. Para analizar ciertosproblemas bastará con un modelo dicotómico, mientras que para otros habrá que requerirmodelos de mayor cantidad de clases. Lejos de la reificación de una supuesta estructura declase universal (ya sea dicotómica o politómica), se debe formular distintos mapas declases, por lo que no necesariamente se trata de producir siempre las mismas estructurasde clase. Los esquemas nominalistas de estructuras de clases se definen entonces por elhecho de que son útiles para explicar procesos sociales importantes y no porquerepresenten “la” estructura de clases de una sociedad determinada. Lejos de obsoleta, unateoría de clases sociales así planteada puede ser reformulada y muy útil para el estudio yexplicación de las desigualdades.En Chile, la perspectiva de clases sociales progresivamente ha captado el interés de loscientíficos sociales. Muchos de los que han aportado al tema en la última década, por nodecir la totalidad, han usado esquemas de clasificación de las ocupaciones provenientes deotros países, específicamente el modelo CASMIN de Erikson y Goldthorpe (surgido en ladécada de los 80), lo cual permite la generalización y comparación de los datos a nivelinternacional (Torche y Wormald, 2004; Torche, 2005; Rivas, 2008a, 2008b; Barozet yEspinoza, 2009; McClure, 2011). Por ejemplo, Barozet y Espinoza (op.cit) usan la sintaxispara SPSS subida a la web por Henry Ganzeboom de una recodificación de la CIUO-88 enbase al modelo de Goldthorpe. Hay otra versión de la CIUO-88 de Torche y Wormald(2004) que es una reinterpetación por parte de los autores de la propuesta de Erikson yGoldthorpe (1993). El 2005 y 2006 Torche toma el modelo CASMIN adaptado a Chile ypropone una estructura de clases para el país. Bajo la supervisión de Julio Carabaña, Rivastrabajó esta misma clasificación usando datos de la encuesta Casen, aprovechando que –6–
  7. 7. esta encuesta incorpora la CIUO-88. Al alero del grupo de investigadores dirigidos porBarozet, Oscar Mac-Clure también usa la Casen para construir el esquema CASMIN.Ahora bien, las principales críticas al trabajo de Golthorpe y su modelo se basan en que supropuesta en lo sustancial no deja de ser una recodificación de la variable CIUO-88 con undébil sustento teórico: es un esquema a la búsqueda de teoría más que una teoríaoperacionalizada en un esquema (Carabaña cit. por Rivas, 2008)6. No obstante, esindudable que en todas las aplicaciones del modelo CASMIN se han obtenido importantesfrutos empíricos. Por ejemplo, Barozet y Espinoza y el grupo de investigación que amboslideran han avanzado en la incorporación de mediciones y clasificaciones respecto dehombres y mujeres, superando con ello el déficit de la aplicación del modelo CASMIN queTorche y Wormald sólo habían hecho sobre varones.Sin embargo, pese a estos importantes avances de las investigaciones basadas en la CIUO-88, ninguna de ellas ha incluido dentro de sus clasificaciones a los propietarios de medios deproducción. Vale decir, ninguna investigación basada en el modelo CASMIN han podidoconfeccionar una estructura de clases que incluya a lo que Marx denominó como“burguesía” y Weber como la “situación de clase lucrativa positivamente privilegiada”.Paralelamente, si bien el modelo CASMIN clasifica a los profesionales y técnicos de altacalificación, no permite distinguir de forma satisfactoria si se trata de ocupaciones en elámbito público (funcionarios e integrantes de los cuerpos legislativo, judicial y ejecutivo) oprivado (gerentes de empresas, directivos, etc.). En suma, en Chile aún no se ha elaboradouna estructura de clases tomando como criterios centrales teóricos de la propiedad demedios productivos, la organización (gestión) de la producción, la calificación de la fuerzade trabajo y el poder burocrático7.Ello abre el camino para la aparición de nuevas propuestas de estructuras de clases que sehagan cargo de estos vacíos. Repetimos: al ocupar solamente la variable CIUO-886 Torche ha sido una autora que, pese a usar la clasificación, ha admitido la existencia de profundas críticas a laclasificación de Goldthorpe y Erikson. Para ella, el modelo CASMIN no sólo no es weberiano, sino que nisiquiera implica fundamentación desde una teoría de clases sociales (Torche, 2006: 19). Ricardo Rivas citaotras críticas al modelo, señalando que se trata de una clasificación ordinal de las calificaciones más que unaestructura de clases. Ligado a esto, otra crítica señala que se trata de una clasificación de estatus ocupacional(relacionado al grado de cualificación) más que de clases sociales propiamente tal. Por último, algunos autoreshan cuestionado el carácter relacional de la propuesta, ya que se trata más bien de una distinción entre elcarácter manual/no manual de las actividades (Rivas, 2008b).7 Cf. Blanco, op.cit. Para la sintaxis de SPSS para la creación de esta variable desde las variables de la Casen2006 “ocupación” y “oficio” (CIUO-88) con la encuesta Casen, véase Blanco (2010a). Usando la encuesta Casen,mi propuesta consiste en un esquema de estructura de clases que ocupa al mismo tiempo las variables CIUO-88 y “Categoría ocupacional”. La utilización de ambas variables es fundamental para poder estructurar unsistema de clases sociales para nuestro país que se fundamente en la discusión teórica de Marx, Weber yWright. De esta forma, la función de las dos variables de la encuesta Casen es teóricamente estratégica en laconformación del espacio de dos ejes que representa a la estructura de clases. Mientras al Oficio lorelacionamos con el eje de la propiedad –y no propiedad – de los medios inmateriales de la calificación en laorganización del trabajo, a las Ocupaciones las relacionamos con el eje propiedad –y no propiedad – de losmedios materiales de producción y distribución del poder. En otras palabras, mientras la variable CIUO-88presenta una clasificación en torno a la calificación y grado de especialización de los trabajos manuales y nomanuales, la Categoría Ocupacional remite a una clasificación de la posición estructural en la distribución delpoder en la sociedad. Creemos que la pertinencia política de deducir una estructura de clases sociales paraChile a partir de estas dos variables de la encuesta Casen permite ofrecer un sistema de clasificación de clasessociales ad hoc al principal instrumento de evaluación de políticas y programas sociales en Chile. De estaforma, se trata no sólo de una medición estructural de las clases y estratos sociocupacionales en Chile, sinoque de un primer paso para posibilitar futuros trabajos de evaluación de la distribución de activos claves de laestructura de oportunidades, así como de políticas y/o programas sociales. El desafío que se nos vienerespecto de este punto es desarrollar un análisis para el periodo de tiempo señalado con las distintas versionesde la Casen, medición que nos permita establecer la existencia o no de diferencias significativas entre las clasesrespecto de la distribución de ingresos, situación de pobreza, educación, tipo de contrato, extensión de lajornada, el consumo de bienes, el endeudamiento, el sistema previsional, el acceso a vivienda y al sistema desalud, entre otras variables. –7–
  8. 8. perdemos de vista una medición de estructura de clases que contemple la distribución delpoder en términos de explotación económica (Marx) y poder burocrático (Weber)entendido esto último como la capacidad de gestión del trabajo de tercero a partir decalificación (credenciales) o bien a partir de controlar bienes de organización (Wright) 8.Más aún, desconocemos la forma en que una estructura de clases así planteada sedistribuye según sexo. Precisamente, serán estos vacíos los que nosotros trataremos deproponer como desafíos de investigación.4.- Clase social y perspectiva de género: subjetivación y (re)producción social.Avancemos un paso más en nuestro argumento, pues en sí misma una estructura de clasessociales no nos interesa sino es entrecruzándola con una perspectiva de género. Respectode esto último, hasta ahora sólo hemos hablado de dos aspectos: los estudios yclasificaciones de clases sociales y la incorporación de la variable sexo.Obviamente, ahí no se reduce el problema del género. En efecto, con la maduración delaporte de la teoría feminista en la filosofía y las ciencias sociales, el debate comienza aabordar problematizaciones que van más allá de las discusiones metodológicas yejercicios comparativos entre hombres y mujeres. A diferencia de la inclusión de la variablesexo, la perspectiva de género sugiere que la femineidad y la masculinidad son procesos deconfiguración de la práctica social, lo cual abre nuevos problemas, muy distintos a los quehemos desarrollado hasta aquí. Nos introducimos entonces en un plano que no esmeramente cuantitativo, sino que remite a prácticas y sentidos en torno al género y a lasdiferencias de clases.Con la perspectiva de género, a lo menos podemos reconocer tres cuestionesfundamentales: a) que las relaciones de poder que se dan entre los géneros en unasociedad patriarcal favorece a los varones como grupo social; b) que dichas relacioneshan sido constituidas social e históricamente y son determinantes en el proceso deconstitución de las personas; c) que las mismas atraviesan la estructura social en distintasdimensiones colectivas e individuales, tales como la clase social, la etnia, edad, conductasexual, religión, etc. En suma, el género no es una categoría estática, debido a que laspropias sociedades patriarcales sufren cambios sociales, políticos, culturales y económicosque transforman las relaciones entre hombres y mujeres, obligando a las investigaciones aadoptar una perspectiva de género dinámica y no simplemente descriptiva y estadística.En su relación con la perspectiva de clases sociales, el género permite ir más allá del focomismo de las desigualdades de clases, intentando mostrar que tales desigualdades sepueden trasponer con las desigualdades dadas por el género en procesos siemprecambiantes y divergentes. La imbricación entre género y clase como criterios dediferenciación abriga la potencialidad de agudizar o disminuir la desventaja relativa dealgunas mujeres frente a los varones, así como frente a otras mujeres. Es decir, el traslapede la clase social y el género permite sospechar que no sólo existen diferenciassignificativas entre los sexos o entre clases, sino también entre personas del mismo sexo yde las mismas clases. Ello permite enfrentar nuevas formas de jerarquización intra-categorial que tienen relación con las representaciones que los individuos hacen de símismos.En relación con ello, el modelo de libre mercado ha provocado transformaciones no sóloen la estructura del empleo (incorporando a la mujer a este ámbito), sino que también enlas concepciones de la “familia tradicional”, la distinción de los roles sexuales, así como en8 Para una mayor profundidad de este marco teórico véase Blanco, op.cit. Un acercamiento a mi propia lecturade Marx y Wright se encuentra en Blanco (2010a) y Blanco (2010b). –8–
  9. 9. los derechos y responsabilidades en relación a la prestación financiera del hogar por partede las mujeres (Mora, 2006: 45). En nuestro país, las transformaciones ocurridas hantraído consigo importantes repercusiones en las expectativas de vida de las mujeres(ibíd.). Dicho en otros términos, el neoliberalismo se vuelve no sólo un sistema económico,sino que también instala valores de autosuficiencia e individualismo que determinan laforma en que muchas mujeres se definen a sí mismas y la forma en que la estructura socialchilena redefine el lugar social de la mujer. La identidad de género está comenzando adelimitarse no sólo por la maternidad y la vida en el hogar, sino que progresivamentecomienza a articularse con imaginarios en torno a la autonomía, la independenciaeconómica respecto del hombre y el crecimiento personal (ibíd.)9.Integrar una perspectiva de género con una perspectiva de clases sociales implica, a lomenos, articular las dimensiones de la producción con la reproducción y los efectos en lasexpectativas de vida, las narraciones ideológico-discursivas y la constitución de lassubjetividades. Es decir, las transformaciones que el capitalismo trae al mayorprotagonismo de la mujer se evidencian en el ámbito productivo y reproductivo de la vidasocial. Asumiendo esta multidimensionalidad, Collins et. al. (1993) señalan que laestratificación de género traspasa todas las esferas institucionales y los niveles del análisissociológico, esto es, los bloques de la producción, la reproducción genérica y la políticasexual. En este sentido, la desigualdad de género da cuenta de procesos ligados a lo menosa tres bloques: 1) la reproducción de la división sexual del trabajo y los mecanismos desegregación y control de las mujeres, de su sexualidad, su capacidad reproductiva y sufuerza de trabajo10; 2) las diferentes formas de producción de significados asociados a lomasculino y lo femenino, así como la proliferación de ideologías con explícitos contenidosacerca de los roles para cada sexo; 3) la forma en que la política y el Estado resultandecisivos en el nivel de la normatividad jurídica discriminatoria contra la mujer y la formaen que se interpela el modo en que la familia y sus miembros se vinculan con el Estado(ibíd.: Ariza y De Olivera, 2000: 3).En otras palabras, las consecuencias del género en el mundo del trabajo van más allá de loestrictamente productivo. Se insertan en diferentes aspectos vitales de las mujeres y susfamilias, cuestión que se puede resumir en a lo menos tres grandes componentes: 1)políticas de Estado, 2) características del mercado y 3) dinámicas familiares, en especial loque se ha denominado la “doble presencia” de las mujeres: tanto en sus relaciones depareja como en la relación con los hijos y el trabajo doméstico (Guzmán, Mauro y Araujo,2000). Distintos estudios a nivel latinoamericano y mundial coinciden en señalar que a lolargo de las trayectorias laborales femeninas se puede diferenciar algunos hitos vitales,tales como el ingreso al trabajo, la maternidad, la movilidad en el mercado, lareincorporación luego de alejamientos temporales y el retiro definitivo. La forma, lascaracterísticas y los desafíos inscritos en estos distintos momentos, así como la respuestade los miembros del entorno inmediato, juegan un importante papel en el ingreso,permanencia y desplazamientos de las mujeres en el mercado de trabajo. El seguimiento9 Aquí hay una línea argumentativa similar a la tesis de Bolstanski y Chiapello sobre el espíritu del capitalismoen tanto proceso donde el sistema de producción y acumulación que se nutre de las ideologías y valoracionesde las personas (Bolstanski y Chiapello, 2002). Conjuntamente con los cambios productivos, el sistemacapitalista se legitima y perdura a partir de cambios en la producción de la subjetividad. Es decir, elcapitalismo no sólo genera profundos cambios en los procesos o modos productivos, sino también involucramodos ideológicos de existencia. En relación con esto, Claudia Mora indica que el sistema neoliberal chilenodelinea una redefinición subjetiva de la mujer o, lo que es lo mismo, existe una redefinición de las condicionesdel mercado laboral y sus actores (específicamente, las mujeres), lo cual ha sido acompañado por unaredefinición de una serie de valores culturales (ibíd.). El término de ciudadanía es puesto en escena bajo elmatiz del individualismo de mercado, generando importantes transformaciones en las relaciones e identidadesde género.10 Véase Todaro (2006) para un análisis sobre los cambios en el trabajo remunerado en la América Latinaglobalizada. Para esta autora, los cambios en las relaciones de género han afectado la organización del trabajoen sus dos componentes: trabajo remunerado y trabajo reproductivo y de cuidado no remunerado. –9–
  10. 10. que se puede realizar a la trayectoria laboral de las mujeres puede llevar a entregarmayores luces respecto de las relaciones entre los procesos de movilidad ocupacional y loshitos vitales de éstas (Ariza y Olivera, 1999).Vemos entonces cómo las relaciones de género y trabajo es un fenómeno que atraviesatransversalmente distintos subsistemas –laboral y reproductivo–, actuando sobre todos ycada uno de ellos (Broide y Todaro, 2005). La organización del género en las relacionessociales de producción y el mercado laboral se articula con el bloque que remite a losámbitos del trabajo productivo y reproductivo a nivel familiar. De esta forma, elantagonismo de género en el bloque de la reproducción incluye las condicionesdemográficas, el control social de las tecnologías reproductivas y la organización de clase ygénero en la crianza de los hijos (Collins et.al, op.cit)11. En suma, los efectos de la divisiónsexual, tal y como señalan Collins et.al, traspasan los bloques, teniendo implicanciastransversales en la economía, política y cultura.La perspectiva de género implica entonces un aporte epistemológico decisivo paraentender la sociedad, pues no sólo se trata de aportar análisis que cubren las diferencias desexo en el seno de las estructuras ocupacionales, así como sus consecuencias metodológicasen los estudios de medición y clasificación ocupacional (tal y como lo vimos en el apartadoanterior). Las desigualdades de género son claves para la reproducción de la fuerza detrabajo, así como la forma en que cultural y políticamente se estructuran las diferenciassociales. De esta forma, el análisis de las múltiples maneras de vinculación de clase ygénero, así como la forma en que ambas se vinculan con otras formas de desigualdad,debiera contribuir a una complejización de los procesos que subyacen a la estructuraciónde la desigualdad social.De esta manera, el enfoque de género permite entender que el capitalismo contemporáneono sólo es un modo de producción, sino que ha llegado a convertirse también en unadiversidad de modos existencias. La consolidación de un modelo de acumulacióncapitalista implica la apropiación por parte del capital de distintos aspectos vitales de lasubjetividad, el cuerpo, el intelecto y las diversas formas comunicativas. En suma: dominiobiopolítico12.En otras palabras, el capitalismo deviene en dominio político sobre la vida al articularse ensu dimensión tanto el régimen de acumulación como los diferentes modos de existencia. Elcapital ya no simplemente gobierna y apropia el valor de nuestras energías vitales, sinoque ha lograron producirlas, reproducirlas y comercializarlas (Fiedler, 2008). Se sirve dela sexualidad y los constructos de género de la fuerza de trabajo y de los consumidorespara insertarlos en los procesos de producción y comercialización. La crecientefeminización del trabajo ha estado fuertemente vinculada a este proceso semiótico-afectivo dentro de la economía post-industrial, pero también en la forma en que elcapitalismo atraviesa todas las esferas vitales, incluidas la reproducción y la constituciónfamiliar.11 En esta dimensión del trabajo doméstico no pagado, en América Latina se han llevado a cabo investigacionesdescriptivas donde el género ha sido utilizado para estudiar temas tales como la violencia doméstica, de lasalud de la mujer, de la sexualidad, de la reproducción, pero así también de la participación económica ypolítica de las mujeres (Guzmán y Bonan, 2007: 2).12 La teoría de la sexualidad de Foucault es un catalizador para el desarrollo de la perspectiva de género. En loque respecta al discurso de la sexualidad, Foucault nos mostrará una proliferación discursiva, donde lasexualidad humana es puesta como objeto de saber y producto del poder (Foucault, 2002). Esto tiene directarelación con que el concepto de poder que Foucault tiene en mente es eminentemente productivo: produceverdad y produce a los sujetos que viven dicha verdad. Tal y como lo expresa el propio Foucault: “Lo que haceque el poder se sostenga, que sea aceptado, es sencillamente que no pesa sólo como potencia que dice no, sinoque cala de hecho, produce cosas, induce placer, forma saber, produce discursos; hay que considerarlo comouna red productiva que pasa a través de todo el cuerpo social en lugar de como una instancia negativa quetiene por función reprimir” (Foucault, 2000: 137). – 10 –
  11. 11. En este sentido, las aproximaciones habitualmente agrupadas bajo la perspectiva degénero tienen como punto de partida común el reconocimiento de la subordinación socialy política de las mujeres en todos los ámbitos de la realidad social (Scott, 1990; Godelier,2005; Laufer et. al, 2006; Guzmán y Bonan, op.cit). Existen diferentes corrientes yperspectivas que analizan disímiles objetos de estudio, por lo que los análisis difierensegún su visión en cuanto a la naturaleza de esta subordinación y estrategias de cambio.Como fuese, los géneros son una construcción sociocultural que ordena a la sociedad en unsistema de relaciones, utilizando como punto de partida las diferencias entre varones ymujeres mediante lo cual se marcan espacios, jerarquías, valoraciones y prestigiosdiferentes entre ambos (Broider y Todaro, op.cit). El género es entonces un marco deperspectivas teóricas para analizar cómo los sistemas de prácticas sociales,representaciones, símbolos, normas y valores en torno a la diferencia y tendencia sexual,organizan y reproducen de forma diferenciada las relaciones sociales en una determinadaestructura social. Como construcción social, el género deviene tanto una realidad objetivacomo subjetiva, un orden que se impone a los individuos y que ellos, a su vez, recreancontinuamente con base en los significados que proporcionan el lenguaje, la historia y lacultura (Scott, op.cit; Ariza y De Olivera, op.cit).5.- El refuerzo y transformación de las diferencias: una cuestión de fronterasHemos llegado aquí a un punto de nuestra argumentación que tiene que ver con la formaen que las diferencias de clases y de género se refuerzan mutuamente a nivel de losindividuos y de los grupos/organizaciones sociales, produciendo y reproduciendo ladesigualdad, pero también así originando la posibilidad de su transformación.Partamos señalando que uno de los elementos característicos de una estructura y,específicamente, una estructura social, es la propiedad de conformar un conjuntodinámico de relaciones entre posiciones desiguales (Nadel, 1966; Feito Alonso, 1995). Elconcepto de estructura social remite a la manera particular en que se refuerzan clivajes dediferenciación y desigualdad entre clases, facciones, grupos sociales e individuos, todosellos determinados por fronteras simbólicas (Lamont, s/f) que operan como categoríasdicotómicas que separan un grupo de otro (Tilly, 1998). Ello da cuenta de formasestructurales que, finalmente, encausan un orden social, político y económico a lo largo deltiempo.Cuando hablamos de estructura social queremos alejarnos de enfoques influidos por lateoría de sistemas de Parsons, los cuales no sólo tienen dificultades para dar cuenta de lavariabilidad histórica de las estructuras sociales particulares, sino que también hanservido de base para que autores como Davis y Moore (1945) justifiquen funcionalmentela desigualdad social. Para ellos, la estratificación no sólo es natural a la sociedad, sino quees una necesidad universal que ofrece ventajas al posicionar en lugares distintos a losindividuos más adecuados. Las posiciones sociales más ventajosas ofrecen privilegiosdiferenciados que sirven para motivar a los sujetos a desplegar sus capacidadesindividuales que les permitirán ocupar tales posiciones. Esto significa que los mayoressueldos y beneficios deben estar destinados a los individuos de mayor mérito. La mayorcompetitividad por alcanzar los mejores puestos de trabajo aseguraría que a ciertasocupaciones de importancia social llegarán los más capacitados.Esta visión es esencialista respecto de las diferentes condiciones de partida de la carrerameritocrática. Con ello, pierde de vista el hecho que las condiciones de partida nunca soniguales, sino que son establecidas a partir de diferenciaciones categoriales construidas yreproducidas por fronteras simbólicas. Estas fronteras y diferenciaciones son moldeadas – 11 –
  12. 12. históricamente, pero asumidas y operadas por individuos y organizaciones en la prácticacotidiana como si fuesen definiciones naturales, por tanto, no transformables.Tales fronteras simbólicas y diferenciaciones categoriales abren y, a la vez, cierran el pasoal interior de la estructura social, es decir, incluyen/excluyen a unos y otros respecto delacceso a recursos valorados. Desde este punto de vista, naturalizar la desigualdad implicaolvidar el análisis de las fronteras de inclusión y exclusión que estructuran un determinadoorden social. En el afán por analizar las diferencias estructurales no debemos olvidar quela tarea es, precisamente, explicar porqué éstas existen y cómo operan.Las fronteras simbólicas establecen diferenciaciones categoriales e imposibilitan lametáfora de las condiciones igualitarias de partida que sirven para justificar los modelosfuncionalistas de la desigualdad social. Justamente, el naturalizar las desigualdades sinprofundizar en los procesos de cierre de fronteras no permite entender los procesos deconformación de la estructura, así como tampoco permite indagar quiénes reciben qué ymediante qué mecanismos de acaparamiento13. En función con esto, Bourdieu señala quelos grupos dominantes ejercen violencia simbólica al definir su propia cultura y prácticassociales como superiores, imponiendo no sólo su visión particular como universal ylegítima, sino que ocultando las relaciones de poder que les aseguran estar en posicionesde dominio (Bourdieu, 1989).A nuestro juicio, el estudio de la desigualdad debe incorporar los procesos constantes dereactualización de las diferenciaciones y fronteras como un punto fundamental del análisis.En este sentido, los aportes teóricos de Lamont y Tilly permiten entender la existencia deuna serie de fronteras simbólicas que operan como diferencias categoriales y que danforma a cierres sociales que diferencian grupos entre sí, consolidando, reproduciendo ytransformando cotidianamente la desigualdad estructural.En suma, consideramos la existencia de estructuras, siempre movibles y variables, dadaspor líneas de separación o fronteras simbólicas (re)producidas cotidianamente por lapráctica de los individuos y que constituyen instituciones en su más amplio sentido. Éstaspermiten dirigir el orden y el desorden, lo normal y lo anormal, lo funcional y lodisfuncional. La estructura social se funda en diversas relaciones de grupos, en unconstante proceso de antagonismo del afuera y el adentro, de lo intra e inter grupal. Es unahipótesis central en este aspecto el hecho que las clases sociales y los límites sexuales y degénero son categorías diferenciales que operan como fronteras simbólicas estableciendodiferencias entre “nosotros” y los “otros”.Es ya conocido que las teorías feministas y de género señalan cómo el etiquetamiento de lofemenino y lo masculino determinan performativamente comportamientos y actitudesheteronormados (Butler, 2001). Estas clasificaciones de hombre y mujer (pero tambiénblanco-negro, trabajador manual-trabajador no manual, ciudadano-extranjero, etc.) sonemulados en diferentes contextos tanto para marginar a otros grupos y bloquear su accesoa los recursos, como para establecer los procesos organizacionales (Tilly, op.cit). Esto llevaa que la producción discursiva de las identidades implique constantes procesos demarcación, de establecimiento de fronteras, de diferenciarse y excluir. La separación, la13 En otras palabras, se trata del ciclo desarrollado, entre otros, por Margaret Archer, donde la sociedad es unaconfiguración de relaciones que emergen mediante procesos que analíticamente pueden diferenciarse en tresfases: 1) las formas socioculturales preexistentes; 2) las acciones de los sujetos agentes que actúan en relacióna los condicionamientos derivados de estas formas; 3) los resultados de tales interacciones que puedenritualizar (morfostasis) o modificar (morfogénesis) las estructuras socioculturales de partida, formando unnuevo piso estructural para las generaciones venideras (Archer, 1982; 2009). Así planteadas las cosas, unaestructura social no debiese entenderse como un objeto a-histórico inamovible, sino que como una estructuraque antecede a los sujetos que luego, mediante relaciones y estrategias desarrolladas en sus entornosinmediatos a partir del reforzamiento/modificación de las fronteras, la transformarán de una determinadaforma y cristalizarán en una nueva base estructural para las siguientes generaciones. – 12 –
  13. 13. diferenciación, la exclusión son las características de la identidad mucho más que launidad idéntica a sí misma, una “mismidad omniabarcativa, inconsútil y sin diferenciacióninterna” (Hall, 2003: 18). En un argumento que recuerda a Derrida, Butler y Laclau, paraStuart Hall la identidad surgida de la identificación con ciertas categorías es el proceso conel “otro”. Es decir, la existencia de un significado o definición positiva de la identidad sólopuede constituirse a partir de la relación con el otro, una relación que es negativa, pues es larelación con lo que no se es, con lo que falta, con el afuera constitutivo. A lo largo de sustrayectorias, las identidades pueden funcionar como puntos de identificación y adhesiónsólo debido a su capacidad de excluir, de omitir, de dejar “afuera”. De esta manera, launidad y homogeneidad interna dada por la pertenencia a ciertas categorías no es unaforma natural sino construida de cierre, y toda identidad nombra como su otro necesario,aunque silenciado y tácito, aquello que le “falta” (ibíd.).Autores como Charles Tilly, Stuart Hall y Pierre Bourdieu, entre otros, señalan que laimportancia del juego de opuestos, generalmente dicotómicos. Para Bourdieu, esta sería laclave para hacer la distinción y los procesos de enclasamiento. La heterogeneidad depreferencias y comportamientos están determinadas en torno oposiciones tales comoimpuro-puro, distinguido-vulgar, alta-baja. Precisamente, en “La dominación Masculina”,Bourdieu vislumbra que la dominación de hombres sobre mujeres se hace en base a laoposición de una serie de pares categoriales –para usar un término prestado de Tilly– losque son eminentemente simbólicos y tienen la capacidad de conformar relaciones socialesa través de su incorporación como habitus que se materializarán en prácticas ineludibles einconsciente efectos clasificatorios (Bourdieu, 1999).Con ello queremos decir que Bourdieu reconoce que es en el orden de lo simbólico eimaginario donde se funda la diferencia sexual que conforma la estructura social14. Esteorden simbólico no es natural, sino plenamente arbitrario (aunque mítico y naturalizado),siendo el origen de la dominación masculina que se inscribe sobre y en torno a lobiológico.En otras palabras, la institución de las categorías de percepción es impuesta desde laviolencia simbólica y naturaliza la subordinación femenina. De esta forma, es posibleseñalar que lo simbólico –el lenguaje– permite a los individuos dar sentido a la realidadvivida desde su posición en la estructura. Sin lo simbólico, la realidad social carece desentido para los sujetos, vale decir, los sujetos movilizan y actualizan relaciones yprácticas de dominación estructuralmente establecidas a partir del sentido que les otorgael plano de lo simbólico. Esto mismo quiere expresar Bourdieu cuando señala que la clasesocial es un concepto en el que se pierde la referencia de la oposiciónsubjetivista/objetivista, toda vez que es un concepto que entrecruza las “posicionessociales” en el espacio social con las disposiciones (hábitus) en tanto tomas de posición oelecciones que los agentes sociales llevan a cabo en los ámbitos más diferentes de lapráctica (Bourdieu, 2000).Estas diferencias estructurales al interior de los campos de fuerza determinados por ladistribución de los capitales social, económico y cultural se encuentran inscritas en ladisposición corporal y subjetiva del habitus (Bourdieu, 1989). Ello implica que las clasessociales conforman prácticas de acercamiento y distanciamiento entre sí por parte de los14 Esto también es expuesto por Maurice Godelier, quien señala que la diferencia sexual en sociedadesprimitivas (su estudio sobre los Baruya en Nueva Guinea) está dada por el orden simbólico político-religioso.Son los mitos religiosos los que fundamentan la serie de ritos y prácticas sociales de estas sociedades tribalesen los que se estructuran y socializan las diferencias sexuales (Godelier, op.cit). Godelier aboga por eldescubrir, para cada sociedad, la configuración particular de las relaciones hombres – mujeres existentes en lasociedad. Para poder hacerlo, es necesario tomar todos los ámbitos de la práctica social y aislar las relacionessustanciales que hacen de una sociedad un todo (Godelier, op.cit). Precisamente, esta realidad sustancial es la“estructura” que tiene como subsuelo naturalizado pero, por lo mismo, abismalmente profundo, al orden de losimbólico. – 13 –
  14. 14. sujetos15. En este sentido, la lucha de clases se extiende a la esfera del gusto y estilo de vidaa partir de procesos de clasificación simbólica que permiten la reproducción de losprivilegios clasistas.De todo lo hasta aquí dicho, podemos señalar que una de las consecuencias teóricas ymetodológicas que derivan de nuestra utilización de los enfoques de la clase social y elgénero es que ambas perspectivas son eminentemente de carácter relacional, agregando aello el hecho de que se trata de un análisis basado en una concepción multidimensional dela desigualdad. Esto requiere la utilización de un concepto relacional que englobe lasdesigualdades económicas, socioculturales y de poder entre hombres y mujeres, por unlado, y entre las propias mujeres y los propios hombres, por otro. Además, la convergenciade las perspectivas de género y clase social nos permite articular dimensionesestructurales y simbólicas, vale decir, la forma en que la desigualdad social atraviesa lasprácticas y significados sociales a nivel macro-micro, objetivo-individual, material-simbólico. Sólo una estrategia de investigación que triangule lo cuantitativo con locualitativo puede ser capaz de conectar la desigualdad social en estos términos. En otraspalabras, podemos señalar que estas diferenciaciones de género se cruzan con otrasfronteras, entre ellas, las fronteras de clase social. En los términos de Tilly, la divisiónsexual es emulada en diferentes contextos sociales, entre ellos el de las relaciones socialesde producción que se dan entre las clases sociales16.En este sentido, son las diferencias categoriales las que establecen la existencia de gruposque reconocen a sus miembros y a sus no-miembros, es decir, se establece un trabajocotidiano de fronteras simbólicas. Con ello, se instituyen procesos de relación social apartir de estas diferencias y reconocimientos que están dados por la conjugación y mutuoreforzamiento de fronteras simbólicas de distinta naturaleza. De ahí que nosotrospodamos decir que los términos de clase y género, más que diferenciaciones provenientesde dominios o esferas particulares de la sociedad (por ejemplo, las clases son provenientesde la esfera económica, el género de la cultura, etc.), son formas de clasificación social quese cruzan y refuerzan unas con otras.Por tanto, el punto no es, al mismo tiempo, tanto la separación de las fronteras de clase ygénero como la interrelación de éstas. Se debe analizar el entrecruce de estos factores ydeterminar cómo constituyen dimensiones no excluyentes que permiten un análisis máscomplejo que el brindado por cada uno de ellos por separado. En este sentido, el refuerzo15 Bourdieu definió el término “distinción” como “una cualidad determinada, casi siempre considerada comoinnata (se habla de “distinción natural”), del porte y de los modales, de hecho no es más que diferencia,desviación, rasgo distintivo, en pocas palabras, propiedad relacional que tan sólo existe en y a través de larelación con otras propiedades” (Bourdieu, 2007: 16). Se deben apreciar las cercanías y diferencias entre losgrupos sociales: “esta idea de diferencia, desviación, fundamenta la noción misma de espacio, conjunto deposiciones distintas y coexistentes, externas unas a otras, definidas en relación unas de otras, por suexterioridad mutua y por relaciones proximidad, de vecindad o de alejamiento y asimismo por relaciones deorden, como por encima, por debajo y entre” (ibíd.).16 Tilly va a definir 4 mecanismos que permiten explicar cuáles son las formas sociales tradicionales de lainstitucionalización de las diferenciaciones categoriales. Los 4 mecanismos son: a) Explotación; 2)Acaparamiento de oportunidades; 3) Emulación; 4) Adaptación. Por explotación, Tilly entiende la disposiciónde recursos para extraer utilidades por medio del esfuerzo de otros, excluyéndolos del valor agregado por eseesfuerzo. En segundo lugar, el acaparamiento de oportunidades es el mecanismo mediante el cual algunossujetos o grupos ganan acceso a un recurso valioso monopolizándolo y haciendo que esto constituya unaorganización que sigue operando en función de este monopolio. La emulación es aquél proceso de copia demodelos organizacionales, estableciéndose una especie de trasplante de relaciones sociales de un ámbito aotro. Por último, la adaptación es la elaboración de rutinas sobre la base de estructuras categorialmentedesiguales. Mientras la explotación y el acaparamiento de oportunidades causan desigualdad y se basan en elproceso de reproducción de las categorías pareadas, la emulación y la adaptación son mecanismos dereforzamiento de la eficiencia de las diferenciaciones categoriales. Es decir, la explotación y el acaparamientode oportunidades son dos mecanismos de instalación de la desigualdad categorial, al tiempo que la emulacióny la adaptación son mecanismos de generalización y reproducción de determinados contextos de desigualdad. – 14 –
  15. 15. mutuo de las fronteras simbólicas del género y la clase social –por nombrar las que nosinteresan aquí– nos permite entender que tales fronteras son lo suficientemente flexibles.De hecho, uno de los puntos más interesantes del enfoque de Tilly es que las diferenciascategoriales cruzan las “organizaciones”17 (proceso que, como señalamos, el autordenomina “emulación”). El caso de la desigualdad categorial hombre-mujer es quizás elejemplo más común de un par categorial que se reproduce al interior de organizacionesconcretas, sirviendo como línea divisoria socialmente reconocida y repitiéndose endiversas situaciones (ibíd.). Es decir, toda organización incorpora en algún momentodistinciones categoriales originadas en organizaciones adyacentes. Con ello, lasdesigualdades por clase y género (así también raza, etnia, religión, etc.) se entrecruzan eintercambian en diferentes contextos sociales. Cuando muchas organizaciones adoptan lasdistinciones categoriales provenientes desde afuera, estas diferenciaciones alcanzan másdifusión y mayor grado de determinación en la vida social, estableciendo relacionessociales asimétricas que excluyen el acceso a recursos controlados por una parte o gruposocial.En síntesis, el género y la clase social son formas de diferenciación cotidianamente(re)producidas que, además, se han vuelto ampliamente accesibles y fácilmente replicablesen todo contexto, actuando a “menor costo” y, por lo mismo, ganando en fortaleza ylegitimidad en la reproducción del orden y cierre social de los contextos sociales. De estaforma, muchos grupos –incluso grupos explotados y dominados– con el tiempo adquierenintereses en esas distinciones y soluciones.6.- Conclusiones: Esbozo de un marco de investigaciónHabiendo recorrido los puntos desarrollados hasta ahora, creemos fundamental lanecesidad del estudio de la estructura de clases involucrando al género. Como ya loseñalamos, el objeto de investigación comprende elementos macro y micro sociales. Valedecir, por una parte, el desafío que proponemos contempla una dimensión descriptiva dela “estructura de clases” para establecer si existen diferencias significativas en el acceso arecursos. Una segunda dimensión comprende el aspecto micro sociológico respecto de laproducción y reproducción cotidiana de las fronteras y distinciones categoriales,profundizando en la forma en que se dan estos procesos por parte de las expectativas yprácticas desarrolladas por los individuos en el seno de las lógicas organizacionales ycómo esta producción de las diferencias categoriales en base a fronteras simbólicaslegitiman ideológicamente la distribución de las desigualdades.La conjugación de ambas dimensiones macro/micro, objetiva/subjetiva, permiten levantarun gran objetivo general de investigación relativo al entrecruce del género y la clase social.Lo que aquí hemos denominado como el entrecruce de la clase social y el género seplantea como un problema de investigación que debe permitir, por una parte, analizar unadesigualdad multidimensional entendida desde el nivel de caracterización de unaestructura de clases chilena que incorpore la variable de sexo, pero, al mismo tiempo,sobrepase esta dimensión estructural y cuantitativa para profundizar aspectos ligados alas diferencias de género que den cuenta de expectativas y apreciaciones subjetivas17 Entendiendo por ello la forma en que los problemas organizacionales se reproducen en el tiempo, donde lanoción de “organización” será entendida como un conjunto de relaciones sociales determinadas pordiferencias categoriales. En palabras de Tilly, “aunque la palabra organización puede evocar empresas,gobiernos, escuelas y estructuras formales y jerárquicas similares, pretendo que el análisis abarque todo tipode conjuntos bien circunscriptos de relaciones sociales en las que los ocupantes de por lo menos una posicióntengan derecho a comprometer recursos colectivos en actividades que atraviesan las fronteras” (ibíd.: 23).Tilly centra su estudio en estas organizaciones, específicamente poniendo atención a los procesos en que lasdiferencias categoriales las reproducen y perpetúan en el tiempo. – 15 –
  16. 16. respecto de los proyectos de vida personales, familiares y laborales, así como en lasrepresentaciones ideológico-discursivas sobre el sistema social y político.Una estructura social tal y como la hemos definido aquí establece grandes agregacionesdiferenciales, pero también individualizaciones específicas. Por ello, en su aspectocuantitativo, se trata de seguir con el planteamiento de medición de la estructura de clasesen Chile que he venido realizando agregándole la variable sexo para comparaciones yclasificaciones a nivel individual. En el plano cualitativo, incluimos la perspectiva degénero debe permitir describir procesos subjetivos, identitarios e ideológicosdesarrollados en las prácticas sociales por parte de los individuos. Estas expectativas yprácticas deberán permitir analizar el entrecruce del género y las clases socialesentendidas estas últimas como un entramado topológico de posiciones diferenciales encuanto a las oportunidades de vida, privilegios y estatus social dados a partir de fronterassimbólicamente construidas y reproducidas cotidianamente. Este trabajo de fronterasimplica el análisis de la forma en que las personas producen tales fronteras simbólicas, asícomo también las reproducen y transforman en sus discursos y prácticas.Estudiar lo que aquí hemos denominado el entrecruce de la estructura de clases y elgénero implica una concepción de estructura social multidimensional, pero así tambiénnunca fija, vale decir, una estructura caracterizada dialécticamente por su capacidad deser transformada por las prácticas sociales movidas por intereses discordantes, así comopor su capacidad para convertirse en la herencia para las generaciones siguientes. Laestructura social producto del entrecruce de la clase y el género sería una distribución deposiciones diferenciales fijas, pero con cierto grado de maleabilidad y dinamismo,estableciéndose fronteras simbólicas producidas y reproducidas en las prácticasinstitucionales/organizacionales mismas, siendo ello el motor de la permanencia ymutabilidad estructural.7.- Bibliografía • Abramo, Laís y María Elena Valenzuela (2006): “Inserción laboral y brechas de equidad de género en América Latina”, Trabajo decente y equidad de género en América Latina, L. Abramo, OIT, Santiago de Chile. • Acker, Joan (2006): “Women and social stratification: a case of intellectual sexim”, Social Class and Stratification. Class Statements and Theoretical Debates, Levine, R (Edit), Boulder, Rowman and Littlefield Publishers, Inc., pp. 171-181. • Aguiar, Santiago (2007): Evidencias sobre la participación laboral femenina. Mercado de trabajo específico y relaciones sociales de producción, Estudios del Trabajo, Serie Estudios, Cuaderno No. 2, Santiago de Chile. • Archer, Margaret (1982): “Morphogenesis versus Structuration: On Combining Structure and Action”, The British Journal of Sociology, Vol. 33, No. 4, pp. 455-483. • ______________________ (2009): Teoría social realista. El enfoque morfogenético, Universidad Alberto Hurtado, Santiago de Chile. • Ariza, Marina y Orlandina De Oliveira (1999): Inequidades de género y clase. Algunas consideraciones analíticas, en Nueva Sociedad, núm. 164, noviembre- diciembre, 1999, pp. 70-81. • _______________________________________________ (2000): “Contribuciones de la perspectiva de género a la sociología de la población en Latinoamérica”, Trabajo preparado para el – 16 –
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