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Uso del dibujo en una intervención breve de trauma1
William Steele
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experiencia puede modificarse o reordenarse de u...
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lenguaje y se integre a la conciencia, es necesario rescatarlo y exteriorizarlo en su
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papel sino también las paredes, o el mismo interventor. ¡Esto lo descubren un
poco tarde los profesionales novicios!
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analizar o evaluar, sino gatillar los recuerdos sensoriales del trauma.
Cuando el niño exterioriza y “concreta” las expe...
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dibujar. Es la actividad psicomotora de dibujar la que gatillará los recuerdos
sensoriales de la experiencia traumática)...
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cómo se siente ahora: poderoso aún bajo el impacto del miedo a personajes
terroríficos como Freddie Krueger y Candyman.
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Cuando le pidieron a Johnny que dibujara (fig. 11.4) a su hermana muerta,
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De acuerdo a este dibujo, se le preguntó a Johnny: “Al saber lo de tu hermana por
primera vez, ¿en que parte del cuerpo...
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Este proceso conecta enérgicamente al niño con su propia curación. Así
como los recuerdos sensoriales de la experiencia...
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Conclusión
Hay muchas razones claras para que el dibujo constituya una importante
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Uso del dibujo_en_una_intervencion_breve_de_trauma

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Uso del dibujo_en_una_intervencion_breve_de_trauma

  1. 1. 1 Uso del dibujo en una intervención breve de trauma1 William Steele Este capítulo presenta un modelo de intervención estructurada de un trauma, basada en la reexposición a recuerdos traumáticos a través del dibujo, desarrollando un relato del trauma y la reelaboración cognitiva. La intervención discutida se basa en un programa en terreno, probado y estudiado como parte de un proyecto subvencionado de dos años (Steele y Raider, 2001), desarrollado por el Instituto Nacional para Trauma y Pérdida en la Infancia (TLC). La investigación demostró una significativa reducción de reacciones específicas de un trauma a través de las tres categorías del DSM IV: reexperimentación, evitación y arousal (Steele y Raider, 2001). Se observó una reducción tanto en los casos más severos (traumas tipo II), como también en los menos severos, (Tipo I) (Terr, 1991). Estos resultados fueron corroborados no sólo por los niños participantes, sino también por los padres, a través de evaluaciones realizadas pre, post y después de tres meses. La prueba en terreno se llevó a cabo en la escuela y en los settings de la agencia, con la intención de desarrollar un programa que pudiera ser implementado por consejeros escolares y profesionales de la salud mental. Actividades estructuradas de dibujos y reelaboración cognitiva fueron los primeros medios empleados para la reexperimentación e iniciación del relato del trauma. Sin embargo, antes de iniciar una discusión de intervención de trauma, es necesario comprender qué es un trauma, como se produce y cómo se manifiesta en los niños. Reacciones traumáticas en los niños En 1994, la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos reconoció que los niños podían, de hecho, experimentar trastornos de estrés post traumático (TEPT), estableciendo los siguientes criterios: 1. La persona experimentó, fue testigo o fue confrontada a un acontecimiento o acontecimientos que involucraban la muerte real, o amenaza de ella, o herida grave, o amenaza a la integridad propia o ajena. Un evento no necesita terminar en muerte para provocar TEPT. Es más, no es necesario que la herida ocurra realmente; ya que la amenaza a la seguridad personal puede ser suficiente para producir un trauma. 1 Traducción libre de Capella, C., Escala. C. y Núñez, L., docentes Curso de Actualización de Post título Intervención Psicoterapéutica con niños y niñas que han sido víctimas de agresiones sexuales: Profundización en el uso de técnicas (curso impartido en el mes de Enero del año 2008 en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile). Texto original: STEELE, W. (2003). Using drawing in short term trauma resolution. En: MALCHIODI, C. (ED). Handbook of art therapy. New York: The Guilford press.
  2. 2. 2 2. La respuesta de la persona contiene un miedo intenso, impotencia, horror. El miedo intenso y la indefensión (impotencia) son las reacciones claves del trauma. Algunos hijos de divorciados, dada la indefensión de su situación en el momento del divorcio, pueden sufrir un severo TEPT. Pynos y Nader(1990); Black, Hendriks y Kaplan (1992); Dykman y Buka (1997) y otros han confirmado que el abuso sexual, asesinato, violencia intrafamiliar, hechos de violencia en general y otras formas de agresión, exponen a los niños a todas las reacciones que algunas vez se atribuyeron sólo a adultos sobrevivientes de guerra. La Asociación de Psiquiatría de E. Unidos no incluía a niños en los estudios en terreno para elaborar las categorías de TEPT, lo que por, consiguiente, las limitaba. Además de los criterios antes señalados, los profesionales deberían considerar las reacciones observadas por Pynos y Nader (1988), Johnson (1993) y Peterson y Straub (1992) y la clasificación ICD-9 de la Organización Mundial de la Salud (1992). El TEPT puede producirse en cualquier víctima infantil. Eth y Pynos (1985), fueron dos de los primeros investigadores en corroborar que los testigos de hechos violentos eran vulnerables a reacciones traumáticas. A una mayor cercanía al sitio del evento corresponde una mayor intensidad en las reacciones experimentadas. Sin embargo, existe otro nivel de exposición para los que no son víctimas sobrevivientes, ni testigos, pero sí están relacionados con la víctima: se puede generar vulnerabilidad al trauma si se es miembro de la familia, amigo, compañero o alguien que asiste a la misma escuela, o vive en su misma comunidad. Schuartz y Kowalski (1991) sugieren que el estado emocional, en el momento del incidente, puede llevar a que una persona genere recuerdos recurrentes asociados al hecho ocurrido. Saigh y Bremmer (1999) y otros afirman que la “conexión percibida” (con la víctima), junto a una vulnerabilidad personal pueden dejar a alguien expuesto a reacciones de TEPT. Durante una capacitación para profesores de pre-escolares, realizada seis meses después del bombardeo del Edificio Federal de Oklahoma, uno de los profesores relató una situación en que los niños se dividieron, por sí solos, en dos grupos. Uno tomó las colchonetas de su siesta y las llevó a un lado de la sala. Se cubrieron con ellas como si estuvieran enterrados. El otro grupo tomó dos redes de fútbol de sala y las llevó al otro extremo; estos niños, formando parejas iban, una a una, al rincón de los niños escondidos bajo las colchonetas, sacaban a un compañero y lo ponían sobre la red, luego lo llevaban al otro lado de la sala. Cuando todo el grupo estuvo “a salvo”, cambiaron los roles y los que actuaron como “rescate” se enterraron, a su vez, bajo las colchonetas y fueron “rescatados” por los del otro grupo. Estos niños, por propia iniciativa, estaban ensayando su habilidad para rescatar a otros. Ellos se habían expuesto al terror del trauma como testigos del bombardeo de Oklahoma a través de la televisión y se percibieron a sí mismos como cercanos a las víctimas, porque tenían una edad semejante y estaban en un entorno similar. Se plantea una interrogante: “¿Qué tipo de intervención será la de mayor provecho para niños expuestos a acontecimientos traumatizantes?”
  3. 3. 3 Intervención de trauma en niños Los principales componentes de una intervención con niños que han sufrido un trauma, son los siguientes: reexperimentación de recuerdos y experiencias traumáticas, elaboración de un relato del trauma o narración de la historia y reelaboración cognitiva. Exteriorizar la historia a través de una representación visual de los elementos de esa experiencia y la reelaboración cognitiva de la experiencia en otra que sea más manejable, son los objetivos de una exitosa intervención de trauma. El dibujo es un elemento crucial tanto en la reexperimentación como en el relato de la historia, por ello se discutirá sobre dicha actividad más adelante en este capítulo. El lugar físico donde se realiza la intervención es también un elemento que produce seguridad y debe mantenerse durante todo el proceso, para que el niño participe activamente en la intervención del trauma. Reexperimentación Volver a exponer a las víctimas de trauma a sus experiencias es el elemento central en la intervención de un trauma. Existe la certeza que la reexperimentación es un procedimiento necesario para ayudar a las víctimas a traer a su conciencia las experiencias traumáticas, con el objeto que puedan ser reordenadas de una manera que resulte manejable. Rachman (1966), Marks (1972), Saigh (1987) y otros, han usado la reexperimentación como un procedimiento central para ayudar a las víctimas de traumas a integrar su experiencia en la conciencia. Bessel van der Kolk (van der Kolk, Mc Farlane y Weisaeth, 1996, p. 420) plantea: “Los recuerdos traumáticos necesitan convertirse en recuerdos de la vida cotidiana, es decir, necesitan modificarse y transformarse al ser colocados en su propio contexto y reestructurados en un relato que tenga sentido. El propósito de una reexperimentación completa, es hacer que los fragmentos del evento traumático pierdan su poder para actuar como estímulos condicionados que reactivan aquellos afectos y conductas que son relevantes para el trauma, pero irrelevantes para la experiencia actual.” Likewise, Foa y Kozak (1985) indican que se requieren dos condiciones para el tratamiento de TEPT y la reducción del miedo: 1. Los recuerdos traumáticos deben ser reactivados para que puedan modificarse. La habilidad para disminuir el miedo o la ansiedad va a depender de un controlado revivir del miedo, en un entorno seguro capaz de hacer disminuir la respuesta. 2. Se debe entregar a la víctima una información correctiva, de modo que ella pueda formar un nuevo relato o darle un nuevo significado que coloque el recuerdo traumático en el lugar y en el momento que ocurrió, esto como una experiencia opuesta a la generalización de la experiencia en la vida diaria. Las técnicas de reexperimentación están diseñadas para ayudar a la víctima de trauma a comprender que las respuestas condicionadas ya no son peligrosas y que no es necesaria la evitación. La habilidad para aprender a tolerar el miedo intenso y las reacciones emocionales ante el evento traumático, constituye un
  4. 4. 4 elemento decisivo para la recuperación (Rothchild, 2001) Es así como la experiencia puede modificarse o reordenarse de un modo que sea aceptable y manejable para la víctima a través de una reestructuración cognitiva en un relato integrador, con significado. Cuando los recuerdos traumáticos no están integrados a la conciencia, continúan gatillando el estado traumático o respuestas condicionadas de evitación y arousal. Terapia Cognitiva y Reelaboración La terapia cognitiva (Beck, 1972, 1976; Marks, 1972) facilita la integración de los recuerdos traumáticos con los recuerdos conscientes y experiencias de la vida actual. La reelaboración cognitiva tiene como tarea ocuparse de la modificación de los pensamientos traumáticos. Cuando un trauma se expresa bajo la forma de un relato que incluye los detalles de la experiencia, se pueden ordenar de manera que sean manejables. Una vez que lo son, la víctima se transforma en sobreviviente de la experiencia, controlándola y no reaccionando ante ella. Un ejemplo, en lugar de: “esta experiencia arruinó mi vida y no tengo opciones posibles”, la reelaboración cognitiva cambia la expresión de la víctima a “sobreviví a esta experiencia y sobreviviré a otras, porque tengo oportunidades”. La reelaboración cognitiva ayuda, además, a eliminar las emociones y conductas que son resultado de pensamientos disfuncionales despertados por el trauma. La reelaboración cognitiva debe enfrentar tanto temas específicos del trauma como la traumatización secundaria que puede presentarse si las reacciones de los niños son ignoradas, minimizadas o inapropiadamente respondidas por los padres y profesionales. El interventor debe estar preparado para reelaborar la reacción del niño ante los principales temas del trauma: sentimientos de miedo, terror, preocupación, dolor, ira, venganza, responsabilidad y victimización. El dibujo Se usa el dibujo como una forma de reexperimentación para ayudar a los niños a construir el relato del trauma mientras se les ayuda a revivir recuerdos traumáticos. La psicología cognitiva conductual ha demostrado que “los recuerdos determinan la interpretación del presente, aun cuando no sean conscientes” (Mihaescu y Baettig, 1996, p. 243). Los niños sufren el trauma en un nivel sensorio motor, luego cambia a “una representación perceptual (icónica), en un nivel simbólico (Mihaescu y Baettig, 1996, p. 246). “Más tarde, en su vida adulta, estos recuerdos se ordenan lingüísticamente. Cuando se sufre un una experiencia aterradora como un trauma y no se ubica en un recuerdo contextual, se establece un nuevo recuerdo o disociación” (van der Kolok, 1987, p.289). Cuando un recuerdo no puede conectarse lingüísticamente con un marco contextual, permanece en un nivel simbólico para el que no existen palabras cómo describirlo. Para recuperar este recuerdo, de modo que pueda ser codificado, se le asigne un
  5. 5. 5 lenguaje y se integre a la conciencia, es necesario rescatarlo y exteriorizarlo en su forma simbólico-perceptual (icónica). Dibujar es una manera de establecer conexión entre los recuerdos disociados y su recuperación en la conciencia, después de lo cual la experiencia puede ser traducida a una forma narrativa y luego reintegrada a la experiencia vital del pasado, presente y futuro del niño. Malchiodi (1990, 1998, 2001) plantea que el dibujo proporciona a los niños el impulso necesario para contar sus historias y un medio para traducir sus experiencias traumáticas en relatos. Riley (1997) sostiene que el acto de dibujar es una forma de interiorización, una proyección visible de sí mismo, de sus pensamientos y sentimientos. Pynoos y Eth (1986) confían plenamente en el dibujo como la intervención fundamental con niños traumatizados por la violencia. Ellos sostienen que el dibujo “invariablemente, conecta la preocupación inconsciente del niño con el recuerdo traumático” (p.316). El dibujo permite la exteriorización de la experiencia y a través de acciones motoras (dibujar) y verbales (hacer un relato) ayuda al niño a moverse desde una “presencia” pasiva e impotente (interna) dentro del trauma, a un activo (externo) control de la experiencia. Una vez que el niño traumatizado puede realizar el relato del trauma y exteriorizarlo de un modo simbólico, será capaz de encontrar no sólo un alivio al terror que aquello provocó, sino también obtener “poder” sobre ello de modo que en adelante las energías no sean consumidas evitando o reaccionando ante todos los desencadenantes y síntomas creados por el trauma. El dibujo tiene, por otra parte, una ventaja adicional. Tanto en niños como en adultos, los recuerdos traumáticos están codificados en imágenes, puesto que el trauma es una experiencia sensorial más que cognitiva. Para que los terapeutas puedan comprender a fondo el impacto de un hecho traumático en un niño e identificar las graves consecuencias del trauma para ese niño, es necesario que se conviertan en testigos de su experiencia. Debemos ser capaces de ver lo que los niños ven ahora, en relación a sí mismos y al mundo exterior, como un resultado de su reexperimentación. El dibujo nos proporciona la oportunidad de mirar la experiencia y verla tal como el niño la ve, además entrega al niño el estímulo necesario para contar su historia y, en definitiva, nos hace testigos de su miedo, terror, preocupación, pena, rabia, venganza, responsabilidad y, principalmente, victimización. Al tratar un trauma, es esencial proteger a los niños traumatizados de la pérdida del control. Volver a “visitar” el trauma a través del dibujo debe experimentarse de manera controlada, de modo que los niños sientan que, de hecho, pueden retomar el control de lo que hasta ahora ha sido una gran variedad de reacciones incontrolables interiorizadas. No sólo las actividades de dibujo tienen que ser estructuradas, sino que también los materiales usados deben estar “controlados”. Por ejemplo, una hoja de papel de 22 x 35 cms., es más controlable que una de 90 x 120 cms. A mayor formato, más posibilidades de perder el control. Un lápiz de color, punta fina, por ejemplo, es más controlable que un tarro para pintar con los dedos, lo que podría llevar a los niños a pintar no sólo el
  6. 6. 6 papel sino también las paredes, o el mismo interventor. ¡Esto lo descubren un poco tarde los profesionales novicios! Componentes claves de la intervención • La intervención de un trauma debería enfrentar temas de miedo, terror, preocupación, dolor (emocional y físico), rabia, venganza, responsabilidad y víctima, versus pensamiento de sobreviviente. Al focalizar estos temas como opuestos a los reales síntomas del trauma, tales como los recuerdos desagradables, la intervención desactiva los síntomas y grado de severidad de la respuesta disfuncional, gatillados por los recuerdos sensoriales y cognitivos de la experiencia traumática. • La reexperimentación, el relato del trauma y la reelaboración cognitiva son los fundamentos teóricos de la intervención con niños y adolescentes; la reexperimentación se realiza a través del dibujo. Las preguntas específicas sobre el trauma facilitan y promueven el relato (contar la historia). La reelaboración cognitiva tiene que ver con la manera cómo los niños se conectan con las principales tesis del trauma. • Las preguntas específicas del trauma deben estar relacionadas con la experiencia vivida, no necesariamente con el incidente mismo. Dichas preguntas son: ¿Qué recuerdas al mirar, escuchar o tocar? ¿A veces piensas en lo que sucedió aunque no lo desees? Algunos sonidos, visiones, olores, etc., de repente ¿te hacen recordar lo que sucedió? ¿Qué te gustaría que le pasara a la persona (o cosa) que hizo que aquello sucediera? ¿Has pensado, alguna vez, si tu podrías estar en su lugar? A lo largo del proceso de intervención, las preguntas deben ser pertinentes al tema que se está enfrentando. La importancia que éste tiene para el niño lo mantiene focalizado en el tema específico, estimula el relato (historia) que corresponde a cada uno de los temas y le ayuda a poner atención a los detalles. Los pormenores de la experiencia sensorial del trauma son primordiales para lograr restablecer el control, para que el terapeuta tenga oportunidad de corregir alguna información equivocada (fantasías) del niño y entregue nueva información. De este modo, el procesamiento de los detalles no sólo ayuda a recuperar el control, sino también facilita la reelaboración cognitiva. • La reexperimentación del acontecimiento debe estar estructurada de manera que la reexposición a los detalles y recuerdos no se convierta en una oleada insoportable para la conciencia. El terapeuta organiza en forma lenta y progresiva el recuerdo de los detalles, lo hace a través de una presentación estructurada de las preguntas específicas del trauma y de la realización de dibujos de tareas que enfrentan un tema por vez (ver “caso ejemplo”). Las preguntas específicas del trauma están destinadas a facilitar la reexperimentación y, también, “un lento y seguro” relato de la historia. • Las actividades de dibujo deberían relacionarse con los principales temas del trauma. Por ejemplo, se pide a los niños dibujar “lo que sucedió” y “cómo se veía la víctima en ese momento”. El propósito del dibujo no es
  7. 7. 7 analizar o evaluar, sino gatillar los recuerdos sensoriales del trauma. Cuando el niño exterioriza y “concreta” las experiencias de modo que nos convierte en testigos de ellas, se hace posible para el niño recobrar el poder sobre los recuerdos y reordenarlos de manera que sean manejables. Los dibujos se inician en un orden secuencial y en relación con temas y actividades específicas. La instrucción no es: “dibuja lo que desees”, sino muy específica: “Haz un dibujo de cómo ves tu dolor”. Estudio de caso Johnny tenía diez años cuando su hermana mayor, Sally, fue brutalmente asesinada por un asesino en serie. Su cuerpo se descubrió alrededor de seis meses después de su muerte. Su novio fue testigo del crimen, ya que se encontraba fuertemente amarrado e imposibilitado de ayudarla. Alrededor de un año después del asesinato, Johnny tenía frecuentes peleas en el colegio y vivía obsesionado por personajes terroríficos como Freddie Krueger, además sus notas habían bajado. Su madre informó que antes del asesinato Johnny era el “mejor” hermano menor de sus cuatro hijos. Aunque no fue testigo presencial del asesinato, hasta ahora permanecía comprensiblemente afectado, tanto por la cercana relación con la víctima como por la extensa cobertura dada por los medios a tan bullado caso. Trajeron a Johnny a consulta más o menos un año después del asesinato. Había sido atendido por un profesional de la Asistencia Social y asistido a varias sesiones con un psiquiatra. Estos profesionales no analizaron directamente el trauma, tampoco lo hicieron dibujar. El terapeuta pidió a Johnny, en primer lugar, que contara lo que había sucedido. Al realizar su relato, a veces, le costaba muchísimo encontrar las palabras que necesitaba para hacerlo. Tampoco podía describir las imágenes que estaba “viendo” en su mente al contar la historia. Por primera vez, en cinco meses pudo llorar. Las reacciones físicas y emocionales de Johnny eran aún muy intensas, como si el evento acabara de suceder. Su manera de reaccionar, había hecho que varios adultos bienintencionados le dijeran que era mejor no hablar o pensar sobre sus sentimientos. Aunque la reacción adulta es comprensible, cabe señalar que con ella los adultos “se protegen” del impacto que, sobre ellos mismos, podría tener la expresión de terror o sentimiento de impotencia de Johnny. Para convertirnos en “testigos” de la experiencia de un niño, debemos ser capaces de ver cómo el niño define visualmente su experiencia y, a la vez, ver cómo él se ve ahora a sí mismo y al mundo circundante. Se pidió a Johnny que realizara un dibujo de su experiencia y contara la historia. Su dibujo (fig. 11.1) resultó ser bastante primitivo, además se demoró cerca de 20 minutos en describir los acontecimientos de la última tarde que pasó con su hermana. Él fue el último de la familia que la vio viva. (No es importante lo que dibuja la víctima del trauma, o cómo dibuja, lo importante es el acto de
  8. 8. 8 dibujar. Es la actividad psicomotora de dibujar la que gatillará los recuerdos sensoriales de la experiencia traumática). Johnny dibujó el living donde él, su hermana y el novio de ésta estaban viendo televisión, comiendo pizza y pasándolo bien la noche que ella salió y no volvió más. Es el punto inicial de la historia, un lugar seguro para Johnny de donde partir. En un trabajo posterior (fig. 11.2) Johnny se dibujó a sí mismo, antes que su hermana fuera asesinada. Cuando se le preguntó acerca de de la expresión de su boca, él respondió: “Se supone que estoy sonriendo, necesito convertir esto en una sonrisa”. Tomó un lápiz de color e intentó volver las comisuras de los labios hacia arriba, pero no lo logró. Muchos profesionales empezarían a analizar esta conducta e intentarían averiguar su significado. Sin embargo, el análisis y la interpretación detienen el proceso que el niño vive ahora y lo llevan a un nivel cognitivo. El trauma no es una experiencia cognitiva sino sensorial. Es importante intervenir en un nivel sensorial. Es más, sólo el niño puede decirnos qué significa el dibujo en el proceso. Como el dibujo (fig. 11.2) era sobre sí mismo antes que su hermana fuera asesinada, se pidió a Johnny que se dibujara después de la muerte de su hermana (fig. 11.3). En la intervención de un trauma siempre estamos lidiando con “entonces” y “ahora”. “¿Qué fue lo que más te asustó entonces?, ¿Qué es lo que más te asusta ahora?”, son ejemplos de este moverse entre “entonces” y “ahora”. Una vez más, evitamos interpretar el dibujo. Es Johnny quien describe FIGURA 11.1. Dibujo del living de su casa, donde Johnny vio a su hermana por última vez.
  9. 9. 9 cómo se siente ahora: poderoso aún bajo el impacto del miedo a personajes terroríficos como Freddie Krueger y Candyman. La rabia producida por el trauma o las peleas con sus compañeros son una respuesta para recuperar la sensación de poder que el trauma arrebató. Es una manera de no experimentar la insoportable sensación de vulnerabilidad e impotencia que el trauma suele acarrear. FIGURA 11.2. Imagen de sí mismo antes que su hermana fuera asesinada FIGURA 11.3. Imagen de sí mismo después que su hermana fue asesinada
  10. 10. 10 Cuando le pidieron a Johnny que dibujara (fig. 11.4) a su hermana muerta, no pudo hacerlo con exactitud. En vez de ello, la dibujó en la situación de ser asesinada. Las dos líneas que vemos atravesando el cuerpo son los brazos del asesino en serie. En este punto se detuvo y dijo que no quería dibujar al asesino. Más tarde, cuando le preguntaron: “¿Qué es lo que más te duele ahora?”, dijo que al ver al asesino por corto tiempo durante el juicio siente el temor que éste pueda escapar de la cárcel y matar al resto de la familia. ¿Podría caber alguna duda acerca de por qué Johnny necesita verse y sentirse como alguien poderoso? Como Johnny no había dibujado a su hermana muerta, se le pidió nuevamente que lo hiciera. Su dibujo (fig. 11.5) es el recuerdo que mantiene de su hermana. El dolor es un tema crucial a enfrentar en la intervención de un trauma. FIGURA 11.4. Dibujo de la hermana al ser asesinada
  11. 11. 11 De acuerdo a este dibujo, se le preguntó a Johnny: “Al saber lo de tu hermana por primera vez, ¿en que parte del cuerpo sentiste el mayor dolor?”. Su respuesta fue que “sintió un fuerte dolor de cabeza”. Johnny no tuvo dolores de cabeza posteriormente, pero cuando piensa en su hermana “aún le duele por todas partes”. Cuando los miembros del equipo vieron la entrevista grabada de la sesión de Johnny, observaron que su voz ya no parecía ahogada. Estaba animado, capaz de reír, entregando muchos detalles sin llanto ni reacciones vehementes. Hay un cambio importante entre los cinco primeros minutos de la entrevista y esta parte del proceso, 45 minutos más tarde. El terror, el miedo, la resistencia sensorial ya no eran evidentes. El interventor, entonces, le pide a Johnny que describa a qué se parecía su dolor. En verdad, no logró describirlo … veinte minutos más tarde, el profesional empieza a cerrar la entrevista, Johnny dice: “Espere, ¿sabe de cuál dolor estábamos hablando?”. En ese momento, toma un lápiz de color y, tranquilamente, realiza otro dibujo (fig. 11.6). Cuando termina dice: “Así es como se ve ese dolor”. FIGURA 11.5. Dibujo de la hermana de Johnny según su recuerdo
  12. 12. 12 Este proceso conecta enérgicamente al niño con su propia curación. Así como los recuerdos sensoriales de la experiencia de Johnny están retratados en el dibujo y empieza a desarrollar el relato del trauma, también experimenta una liberación de las sensaciones cargadas de horror de su experiencia, al mismo tiempo que logra un control sobre ella. La madre informó, algunas semanas después, que Johnny era “casi el mismo de antes”. Es necesario recalcar que nunca hablé con él acerca de sus peleas con compañeros u otros síntomas conductuales, sólo hablamos de sus sentimientos de miedo, terror, preocupación, dolor, rabia, vergüenza y culpa. Cuando se conversó sobre este proceso en el Instituto, fue difícil para clínicos experimentados dejar de analizar e intentar una comprensión por “insight”. Ellos quieren reflejar, explorar e interpretar los sentimientos que sacaron a Johnny de su historia, muchos profesionales postulan que, en una primera sesión, no se puede pedir al niño que haga un dibujo de la persona que murió, fue asesinada o fue terriblemente herida. Este enfoque puede ser más seguro para el profesional, pero los niños que están viviendo un trauma, necesitan desesperadamente tener otros testigos de su experiencia. La reexperimentación a través del dibujo y de preguntas específicas del trauma hace posible esta oportunidad de “tener otros testigos”. (Steele y Raider, 2001). FIGURA 11.6. Así es como se ve ese dolor
  13. 13. 13 Conclusión Hay muchas razones claras para que el dibujo constituya una importante modalidad en la intervención de un trauma. • Dibujar es una actividad psicomotora. Como el trauma es una experiencia sensorial y no únicamente cognitiva, la intervención debe incluir elementos que aprovechen los recuerdos sensoriales del trauma. • El dibujo proporciona un vehículo seguro para comunicar aquello que para los niños, incluso para los adultos, resulta muy difícil de expresar en palabras. • El dibujo compromete a los niños en una activa participación de su propia curación. Esto les permite pasar de reacciones pasivas, internas e incontrolables de su trauma a una exteriorización activa y controlada de las experiencias traumáticas. • El dibujo proporciona una representación simbólica de la experiencia traumática, en un lenguaje y formato que es externo, concreto y, además, manejable. • El formato mismo del dibujo es efectivo: el papel actúa como un contenedor del trauma. El trauma contenido puede ahora ser manejado en un nivel sensorial, táctil, por el niño, el cual puede manejarlo como quiera y, por lo tanto, lograr un sentido de empoderamiento sobre el trauma. • El dibujo proporciona un foco visual de los detalles que anima a los niños, a través de preguntas específicas sobre el trauma, a contar su historia y a hacerlo en un “lenguaje” que puede ser registrado de una manera que también es manejable. • El dibujo ayuda a la disminución de la reactividad (ansiedad) ante estos recuerdos, a través de reexperimentación visual repetida en un medio que es percibido y sentido cómo “seguro” para el niño. No es posible describir en extenso este modelo de intervención de trauma en sólo un capítulo. La información que aquí se entrega es un marco de trabajo y ofrece líneas de orientación para tratar a niños traumatizados. Esto subraya la importancia de tener un proceso estructurado para crear un entorno seguro. En este lugar seguro los niños pueden reexperimentar los detalles de sus traumas y contar sus historias para encontrar alivio a los terrores de sus experiencias y recuperar un sentido de dominio y poder sobre sí mismos y su entorno.

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