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LA PROFESIÓN DE ENTRENADOR DE FÚTBOL
La profesión de entrenador es quizá una de las más difíciles, locas y fascinantes que...
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Entrenador 1

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Entrenador 1

  1. 1. LA PROFESIÓN DE ENTRENADOR DE FÚTBOL La profesión de entrenador es quizá una de las más difíciles, locas y fascinantes que puedan existir en este planeta. Quien desee hacerlo deberá comprender de antemano que serán muchos más los momentos de sinsabor e incertidumbre que los felices y triunfantes, lo más importante creo, es saber disfrutar del trayecto, el viaje. Resulta a veces incomprensible porqué luego de algún triunfo importante esta alegría resulta tan efímera, se siente un enorme, inexplicable vacio, tanto que resulta reconstructiva a modo de antídoto la tarea inmediata de pensar en el próximo rival. Los períodos de crecimiento personal y profesional más fructíferos como entrenador siempre se dan en las circunstancias difíciles, en las situaciones límites o en los momentos donde las cosas no salieron como uno pensaba. Cuando creemos saber todas las respuestas allí mismo te cambian las preguntas, siendo esa la dinámica impuesta. El fútbol es tan generoso que aún haciendo muchas cosas mal, a veces premia, sabiendo que en la continuidad, convencimiento y esfuerzo estará el margen posible para imaginar la utopía de ganar siempre, de tener "la receta" cual cocinero infalible consiguiendo siempre los mejores logros repetidos. Un plantel de fútbol es como un organismo vivo de individuos distintos, existirán líderes, sub líderes, aspirantes y seguidores. Los rangos estarán determinados en ciertos casos por la calidad futbolística, otras por la inteligencia, otras por su capacidad de transmisión o por el temor y respeto que puedan imponer. Es útil saber que ningún equipo que carezca de un “líder positivo” puede perdurar en el tiempo o repetir logros, como en cualquier familia siempre habrá facturas pendientes que luego pesan. La acción de esta persona como factor aglutinante es alumbrar la necesidad de alistar la tropa, desactivar minas, borrar las grietas para salir a la batalla, él lo sabe y el entrenador también lo sabe. Cuando ese pilar se encuentra desgastado las noticias siempre son malas. Como entrenador uno debe proponerse querer al futbolista, sabiendo que todos venimos de distintas formaciones, diversas experiencias y modos de entender la vida. Existen algunas pocas cosas importantes en las cuales se debe coincidir para poder lograr una convivencia razonable, si ese contrato no escrito se vulnera haciendo puente con personas externas tarde o temprano se pierde la confianza. El futbolista es noble por naturaleza, la mayoría de las veces es el entorno quien le enseña a ser malo, es un sobreviviente por naturaleza, muchas veces impulsado a justificar los errores tan frecuentes, posibles y naturales de quien debe decidir qué hacer en una fracción de segundo, es la gloria o la horca, amor u odio. Muchas veces la pericia o trayectoria de ciertos futbolistas hace equivocadamente que se consideren con derecho a juzgar el trabajo cuando en realidad lo que deben hacer es trabajar, buenos diagnosticadores habrá siempre, los que faltan son médicos .El inconformismo de cuando se entrena mucho y se pide menos o cuando se hace poco y se pide más como medio de justificación. Lo importante pienso es entrenar lo justo y esencial, entendiendo que esa visión sesgada siempre dependerá del resultado y actuación particular de cada jugador. Luego, existe otra pata de la mesa que es el aspecto dirigencial.Cuando se inicia un proyecto (año futbolístico) se debería pensar: que deseamos hacer (metas), quienes van a hacerlo (colaboradores), con que vamos a hacerlo (recursos), hasta cuanto queremos hacer (duración), a quien y porque ponemos en el cargo (entrenador). Derivada de esa función de “elegir” entrenador, si las cosas salen mal quien eligió también se equivocó, aunque no lo asuma. Consejo: dejarlo trabajar tranquilo, darle todo lo necesario, darle respaldo a sus decisiones. Si sale bien se comparte el mérito, si sale mal habrá tranquilidad porque se hizo todo lo posible. Cuando los papeles se subvierten y existe la "confusión de roles" donde el dirigente se transforma en “entrenador de fin de semana”, solucionador sin riesgo de la contingencia, genera otro problema para el entrenador. Existen personas sutiles que mandan “el mensaje” subliminalmente y otras mucho más precarias y elementales accionando sobre interpósitas personas. Nadie con medio dedo de frente nombra un chofer al que le paga bien para luego abalanzarse sobre el volante en medio de la autopista. Mi pregunta siempre será, quien está capacitado para “evaluar” el trabajo de un preparador físico o un entrenador ? Con que parámetros ? Lo bueno y risueño es que todos podemos opinar de fútbol gratuitamente, aún sin haber pisado una cancha jamás, la señora que barre, el mecánico, la peluquera o el gasista, (aunque todas estas profesiones puedan ser muy nobles). El fútbol es muy pasional tanto en los niveles altos como en lo semi profesional, genera un culto hacia el jugador que lo erige en intocable sin valorar que se trata solo de una persona, ni más ni menos. Se proyecta en ella todo lo que algunos no pudieron ser, la combinación “directivo, hincha y amigo” del futbolista suele ser letal para el que dirige, porque más adelante no podrán ponerse limites a quien es amado o idolatrado. Que alguien me explique como puedo después pedirle autenticidad a esa persona que pasa de ídolo a desecho en un minuto o a un entrenador que transita igual suerte y suele pasar de "viejo zorro a zorrino" en el mismo período de tiempo ??? Nuestra sociedad es "iconoclasta" por definición, fabrica ídolos para luego deglutirlos con total naturalidad. Cierto es que nunca debería permitírsele a nadie estar por encima de un equipo de fútbol, mucho menos de una institución. Alex Ferguson dice: “cuando un jugador cree que está por encima del equipo, lo único que hay que decirle es, adiós” La virtud principal de un entrenador radica en obtener o sacar lo mejor de cada individuo, así mismo y como consecuencia la persona que dirige se ve impulsada a dar lo mejor, se retroalimenta de lo que el grupo le reclama. Cada futbolista es distinto, nuestro fútbol es individualista por excelencia, lleno de grandes solistas, espejo de nuestra sociedad que nos impulsa a una visión egocéntrica del "yo soy, soy yo" lo difícil no es armar un buen equipo, sino saber trabajar en equipo. Por todo esto es tan importante la división de roles, ese individualismo, egoísmo, suele trasladarse al aspecto directriz de los clubes. Tenemos la manía (muy argentina) de meter la cuchara en la olla constantemente, estar donde no tenemos que estar. Si yo pretendo hacer un buen guiso, lo peor que puede pasar es que cada invitado pase por delante de la cocina y ponga arbitrariamente sus ingredientes, para decirlo gráficamente, el producto obtenido será un mejunje intomable. Con todo, me sería casi imposible concebir la vida sin estar en una cancha de fútbol, hoy puedo, después de éxitos y fracasos entender que todo es un ciclo que se renueva, ni más ni menos que parte del aprendizaje. Quien crea que ya sabe todo, en realidad nada sabe. Final: un párrafo del Lic. Carlos Nava Condarco : No existe forma alguna en que el Éxito pueda ser juzgado por terceros, el criterio y el concepto mismo del Éxito es algo tremendamente íntimo, completamente personal. La vara que mide el Éxito de una persona es de su exclusiva propiedad, y así también es la vara más corta que existe, la más impiadosa. Nadie puede escapar a esta medida, pero nadie tiene, tampoco, el derecho a emitir juicio sobre ella. Javier Graziottin

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