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Admoniciones san francisco de asís

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Admoniciones san francisco de asís

  1. 1. AdmonicionesSan Francisco de Asís
  2. 2. Cap. V: Que nadie se ensoberbezca, sino que se gloríe en la cruz del Señorpuesto el Señor Dios, porqueConsidera, oh hombre, en cuán grande excelencia te hate creó y formó a imagen de su amado Hijo según el cuerpo, y a su semejanza (cf.Gén 1,26) según el espíritu. Y todas las criaturas que hay bajo el cielo, de porsí, sirven, conocen y obedecen a su Creador mejor que tú. Y aun los demonios no locrucificaron, sino que tú, con ellos, lo crucificaste y todavía lo crucificas deleitándoteen vicios y pecados. ¿De qué, por consiguiente, puedes gloriarte? Pues, aunquefueras tan sutil y sabio que tuvieras toda la ciencia (cf. 1 Cor 13,2) y supierasinterpretar todo género de lenguas (cf. 1 Cor 12,28) e investigar sutilmente las cosascelestiales, de ninguna de estas cosas puedes gloriarte; porque un solo demoniosupo de las cosas celestiales y ahora sabe de las terrenas más que todos loshombres, aunque hubiera alguno que hubiese recibido del Señor un conocimientoespecial de la suma sabiduría. De igual manera, aunque fueras más hermoso y másrico que todos, y aunque también hicieras maravillas, de modo que ahuyentaras a losdemonios, todas estas cosas te son contrarias, y nada te pertenece, y no puedes enabsoluto gloriarte en ellas; por el contrario, en esto podemos gloriarnos: en nuestrasenfermedades (cf. 2 Cor 12,5) y en llevar a cuestas a diario la santa cruz de nuestroSeñor Jesucristo (cf. Lc 14,27).
  3. 3. Cap. XII: De cómo conocer el espíritu del SeñorAsí se puede conocer si el siervo de Dios tieneel espíritu del Señor: si, cuando el Señor obrapor medio de él algún bien, no por eso sucarne se exalta, porque siempre es contraria atodo lo bueno, sino que, más bien, se tienepor más vil ante sus propios ojos y se estimamenor que todos los otros hombres.
  4. 4. Cap. XV: De la pazBienaventurados los pacíficos, porque seránllamados hijos de Dios (Mt 5,9). Sonverdaderamente pacíficos aquellos que, contodo lo que padecen en este siglo, por el amorde nuestro Señor Jesucristo, conservan la pazen el alma y en el cuerpo.
  5. 5. Cap. XIX: Del humilde siervo de DiosBienaventurado el siervo que no se tiene pormejor cuando es engrandecido y exaltado por loshombres, que cuando es tenido por vil, simple ydespreciado, porque cuanto es el hombre delantede Dios, tanto es y no más. ¡Ay de aquel religiosoque ha sido puesto en lo alto por los otros, y porsu voluntad no quiere descender! Ybienaventurado aquel siervo (Mt 24,46) que no espuesto en lo alto por su voluntad, y siempredesea estar bajo los pies de los otros.
  6. 6. Cap. XXII: De la correcciónBienaventurado el siervo que soporta tanpacientemente la advertencia, acusación yreprensión que procede de otro, como siprocediera de sí mismo. Bienaventurado el siervoque, reprendido, benignamente asiente, convergüenza se somete, humildemente confiesa ygozosamente satisface. Bienaventurado el siervoque no es ligero para excusarse, sino quehumildemente soporta la vergüenza y lareprensión de un pecado, cuando no incurrió enculpa.
  7. 7. Cap. XXV: Del verdadero amorBienaventurado el siervo que ama y respetatanto a su hermano cuando está lejos deél, como cuando está con él, y no dice nadadetrás de él, que no pueda decir con caridaddelante de él.
  8. 8. Cap. XXVI: Que los siervos de Dios honren a los clérigos.Bienaventurado el siervo que tiene fe en losclérigos que viven rectamente según la forma dela Iglesia Romana. Y ¡ay de aquellos que losdesprecian!; pues, aunque seanpecadores, nadie, sin embargo, debejuzgarlos, porque solo el Señor en persona sereserva el juzgarlos. Pues cuanto mayor es elministerio que ellos tienen del santísimo cuerpo ysangre de nuestro Señor Jesucristo, que ellosreciben y ellos solos administran a losdemás, tanto más pecado tienen los que pecancontra ellos, que los que pecan contra todos losdemás hombres de este mundo.
  9. 9. Cap. XXVII: De la virtud que ahuyenta al vicioDonde hay caridad y sabiduría, allí no hay temor ni ignorancia.Donde hay paciencia y humildad, allí no hay ira ni perturbación.Donde hay pobreza con alegría, allí no hay codicia ni avaricia.Donde hay quietud y meditación, allí no hay preocupación nivagancia.Donde está el temor de Dios para custodiar su atrio (cf. Lc11,21), allí el enemigo no puede tener un lugar para entrar.Donde hay misericordia y discreción, allí no hay superfluidad niendurecimiento.
  10. 10. Cap. XXVIII: Hay que esconder el bien para que no se pierdaBienaventurado el siervo que atesora en el cielo(cf. Mt 6,20) los bienes que el Señor lemuestra, y no ansía manifestarlos a loshombres con la mira puesta en larecompensa, porque el Altísimo en personamanifestará sus obras a todos aquellos aquienes le plazca. Bienaventurado el siervo queguarda en su corazón los secretos del Señor (cf.Lc 2,19.51).

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