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MONEDA UNICA EUROPEA:DOS DECADAS DE TRAVESIA

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ANALISIS DE LOS PROS Y LOS CONTRAS DE LA ADOPCION DEL EURO POR PAISES DE LA UNION EUROPEA.

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MONEDA UNICA EUROPEA:DOS DECADAS DE TRAVESIA

  1. 1. 1 FINANCIAL TIMES LA MONEDA UNICA EUROPEA: DOS DECADAS DE TRAVESIA. Manfred Nolte Aunque las monedas y billetes en euros entraron en circulación el 1 de enero de 2002 en los doce estados de la Unión Europea (UE) que lo adoptaron de forma inicial, fue el 1 de enero de 1999 cuando el nuevo signo monetario europeo se introdujo en los mercados financieros como unidad de cuenta. Narramos, en consecuencia, un suceso crucial que tuvo lugar ahora hace veinte años. En la actualidad no solo es la moneda oficial de los 19 miembros de la UE que constituyen la Eurozona, sino que cuatro países mas han cerrado acuerdos con Bruselas para adoptarla como moneda propia y otros dos lo han adoptado de forma unilateral. En la UE es utilizado por alrededor de 345 millones de ciudadanos, pero en distintas latitudes del planeta 220 millones de personas adicionales manejan divisas técnicamente fijadas al euro. Los países fundadores determinaron una conversión fija entre sus monedas tradicionales y el nuevo vehículo monetario. En el caso de España, la paridad que conduciría posteriormente a la conversión de toda la oferta monetaria nacional quedó fijada en 1 euro=166,386 pesetas. Veinte años son un periodo suficientemente dilatado como para merecer un breve análisis en retrospectiva de los efectos favorables y, en su caso, adversos que la moneda única ha reportado a sus tenedores y en particular a los ciudadanos españoles. Porque ambos aspectos tienen un protagonismo destacado, aunque como es lógico con significados opuestos. En el mismo periodo de nacimiento del euro los políticos atisbaron los beneficios de la integración, de un comercio más homogéneo que daría paso a un crecimiento más rápido. Pero algunos economistas aventajados, entre ellos el nobel Milton Friedman alertaron que la eurozona no era un área monetaria óptima al estilo de Robert Mundell, que no podían hermanarse economías europeas altamente dispares, y que, aunque con el tiempo se acortaran las distancias, una unión monetaria sin un presupuesto común anticíclico y beligerante nacía herida de muerte.
  2. 2. 2 ¿Cuál ha sido en realidad el recorrido económico del euro en las últimas dos décadas? El camino de la moneda única está marcado por dos etapas netamente diferentes. El primer ciclo se extiende desde su nacimiento hasta el estallido de la crisis en 2008 y da lugar en Europa y también en Estados Unidos y otros países centrales a lo que se ha dado en llamar la ‘década dorada’. Occidente era una gran fiesta registrando crecimientos poderosos del PIB cercanos al óptimo potencial, un paro asumible friccional y una inflación llevadera congruente con la alegría de la etapa expansiva del ciclo. Con el euro reforzando el mercado único, el comercio intraeuropeo paso del 13% del PIB de la UE en 1992 al 20% del día de hoy. La economía española no fue una excepción. A los crecimientos del PIB acumulativos en torno al 3,5% anual le siguió una tasa de paro del 6% en 2017 con una inflación razonable. La deuda pública representaba el 35% del Producto y las cuentas fiscales registraban un modesto pero valioso superávit. A ello había contribuido significativamente la adopción del euro por una razón fundamental: la entrada en el club significaba para la comunidad inversora internacional un aval encubierto bajo la asunción de que todos los socios eran de análogo rango y naturaleza y que los riegos quedaban mutualizados bajo el principio de la solidaridad emanada de la eurozona. Las consecuencias directas de esta hipótesis supusieron en nuestro país una reducción de los tipos de interés aplicables a la deuda pública desde porcentajes del 14% previos a 1999 a niveles en torno al 4,5% durante la década dorada. El ahorro fiscal derivado de esta percepción internacional fue multimillonario y una de las claves para el holgado cumplimiento de los compromisos fiscales de España con Bruselas. En dicha etapa la economía española atrajo una suma considerable de inversión extranjera, confiada en la calidad ‘europea’ del país receptor. El endeudamiento privado renovó y modernizó el país aun cuando el saldo exterior resultase negativo. Lamentablemente la explosión de las hipotecas ‘subprime’ en Estados Unidos y el pinchazo de la propia burbuja inmobiliaria doméstica revirtieron todas las virtudes asumidas y España fue analizada con mayor frialdad al tiempo que los compradores de deuda pública buscaban destinos más solventes para sus inversiones. Fue así, a partir de 2008, y durante la segunda época del Euro, cuando la economía española registra una ‘década perdida’ en términos de PIB, con un paro estremecedor, un déficit escalofriante y una Deuda pública inasumible. Los pormenores de esta segunda etapa representan lesiones imborrables cuyas cicatrices aun son visibles en nuestro tejido social y productivo. Aquel ‘área monetaria optima’ resultó ser un espejismo y un cuento de hadas. Llegada la crisis cada país de la eurozona profirió el ‘sálvese quien pueda’ y la comunidad del euro quedó dividida entre países cumplidores y países manirrotos, entre economías centrales y periféricas, necesitando estos últimos de una drástica financiación condicionada, esto es, de los respectivos rescates, que también debieron ser aplicados a la economía española. Realizado el inventario y acopiados los restos del naufragio, el euro ha catapultado en una primera etapa a las economías que lo adoptaron, aunque las economías periféricas, menos preparadas y con una menor eficiencia y productividad, sufrieron en sus carnes lo que significa haber delegado en Frankfurt la posibilidad de activar políticas monetarias anticíclicas como las
  3. 3. 3 devaluaciones, las sendas de la oferta monetaria o la fijación de los tipos de interés. Todo ello tuvo que ser sustituido por devaluaciones internas que supusieron el enorme coste social de un envío masivo de ciudadanos a las listas del paro. El euro sigue dividiendo a sus propietarios, aunque el apoyo público al proyecto permanece a un alto nivel. Tres de cada cinco residente en la eurozona dicen que la moneda única es buena para su país y las tres cuartas partes creen que es buena para un proyecto más amplio de Unión Europea, Unión bancaria y Unión fiscal.

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