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(327)long porque ha ganado donald trump

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EL MUNDO HA ASISTIDO SORPRENDIDO A LA VICTORIA DEL TEORICO PERDEDOR
¿PORQUÉ HA GANADO DONALD TRUMP?

Published in: Economy & Finance
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(327)long porque ha ganado donald trump

  1. 1. 1 PORQUÉ HA GANADO DONALD J. TRUMP. Manfred Nolte América es un continente de oportunidades inesperadas y sorpresas inexplicables aplicando los estándares de normalidad usuales en otras latitudes. Oportunidades para quien sobre el papel demuestra no merecerlas pero a quien la ciudadanía, desde la intimidad del voto, decide otorgársela, muy a pesar de los pronósticos. La convivencia y la puja social en un plebiscito se revela como una silenciosa jugada de póquer donde es difícil adivinar las cartas del votante y cuales son sus señas y sus intenciones: y es que una cosa es lo que se dice, otra lo que se piensa y una tercera lo que se vota. No pensaba que Donald Trump pudiese alzarse con la victoria presidencial. Confieso mi sorpresa. Para traducirla me sumo a las palabras pronunciadas ayer por el nobel Paul Krugman, anticipando “que los ciudadanos americanos no votarían finalmente a un candidato con una falta manifiesta de cualificación para la alta política, de temperamento desequilibrado, disparatado y amedrentador”. Soy, en suma, uno más entre los millones de personas que estaba del lado de Hillary Clinton porque las bufonadas que he visto y oído decir y hacer a Donald J. Trump durante la campaña me han puesto los pelos de punta, y porque he pensado que ello era pernicioso no solo para los ciudadanos americanos sino para el resto de los moradores del paneta. Cuando meses atrás el magnate neoyorquino anunció sus intenciones de dedicarse a la política, los analistas políticos esbozaron una sonrisa y no daban crédito a lo que escuchaban. Al fin y al cabo el historial del millonario compareciente en la escena pública no era precisamente modélico y su vasta fortuna había sorteado diversos avatares hasta bordear el abismo de la quiebra. Es de entonces, de donde acuña el cliché de tiburón fiscal ya que no solo obtuvo sustanciosos créditos fiscales sino que se ha jactado por activa y por pasiva de no pagar los impuestos debidos. Tras su éxito meteórico en el ‘Supermartes’,
  2. 2. 2 obtuvo a continuación la nominación republicana para las presidenciales. En la madrugada de ayer se ha convertido en el 45º Presidente de los Estados Unidos de América. Frente al continuismo de Hilary Clinton, Trump ha enarbolado desde el primer instante la bandera de un populismo indisimulado. Rancio y reaccionario populismo de derecha excluyente radical, pero populismo puro, duro e irredento. Como populista, el mago de las torres, casinos y campos de golf prodigiosos pretendió desde el minuto uno de su campaña defender los intereses y aspiraciones del pueblo. Pero no de cualquier manera y con cualquier discurso sino con la descalificación visceral de los profesionales de la política en ejercicio y con el vapuleo inmisericorde de todas las instituciones públicas existentes. Trump ha hecho gala de un mesianismo confesado con el deseo de provocar la movilización del voto de los descontentos con el ‘establishment’, con sus políticas económicas y con los resultados y efectos de dichas políticas. Alentar el clamor de los descontentos como opción antagonista contra la ideología del bloque político dominante y ofrecerse para representarlos : esa ha sido la clave del éxito del populismo trumpiano. Y ¿en que se basa o donde radica el referido descontento? En la percepción de amplios segmentos de la clase media estadounidense – sobre todo de raza blanca- de no haber sido beneficiarios de los tan pregonados éxitos de la globalización. Paralelamente, de ser los perdedores de la gran crisis de Wall Street de 2008, sin que la recuperación a base de ayudas y subvenciones multimillonarias les haya reportado a ellos el bálsamo que presume haber compuesto haciendas y trabajos de los demás. Agreguemos a ello el desánimo de los moradores de regiones en declive –zonas extractivas y otras- que en su día gozaron de elevados niveles de vida y hoy sufren el olvido oficiala; la inquina respecto del trabajador ilegal, del inmigrante furtivo que trapichea con la economía sumergida y constituye una amenaza desleal para el salario propio; la competencia de los productos chinos y otros de países emergentes que hacen inviable la producción y venta de productos autóctonos en el interior. Ha sido un libre mercado llevado al extremo el que causado deslocalizaciones y pérdidas de empresas llevando a Estados Unidos al declive –sostiene el líder republicano- y por ello hay que detener los grandes tratados de libre comercio, imponer aranceles a los productos chinos, repatriar a emigrantes ilegales y acometer reformas fiscales de signo difuso y contradictorio. Trump, en verdad, ha sabido captar el hartazgo de la sociedad respecto de un ‘establishment’ que ha acabado identificándose en exceso con Hilary Clinton. Son muchos los factores que han soliviantado a las clases medias. Por ello han visto en el castigo del continuismo y en el voto de ruptura del sistema una probeta de ensayo hacia soluciones nuevas y mejores. ¡Atrás el gran liberalismo americano!, han pensado quienes han votado a Donald Trump porque ellos personalmente tenían poco que perder y tal vez mucho que ganar. No en vano les ha prometido este, 25 millones de nuevos empleos y la renovación vigorosa de las infraestructuras, carreteras, aeropuertos, hospitales y escuelas del país. "Juntos renovaremos el sueño americano. He dedicado mi vida a los negocios, viendo el potencial de la gente por el mundo. Ahora eso es lo que quiero para nuestro país, potenciar su tremendo potencial", ha proclamado el Presidente a
  3. 3. 3 quien las cifras parecen no importarle en exceso. Así se ha convertido Trump en el exorcista de la globalización y en el Mesías providencial. Es prematuro juzgar las reacciones de los mercados y en particular las reacciones de partidos, naciones o bloques políticos del planeta. El triunfo del populismo en Estados Unidos dará alas, sin duda, a otros de otras latitudes. Las elecciones francesas están a la vuelta de la esquina. Pero ahora mismo, hay que esperar, sobre todo, a comprobar algo que va con el ADN de todos los populismos: que la mayoría de sus promesas electorales carecen de sentido práctico, y que por lo tanto no pueden llevarse a la práctica. No acierto a imaginar, por ejemplo, que el Congreso republicano autorice la financiación y construcción de una ignominiosa muralla a lo largo la frontera mexicana. En realidad no es previsible que la bancada republicana asuma los postulados disparatados del nuevo Presidente ni abjure de su propio ideario liberal. Es peligroso, desorientador y engañoso equiparar las gobernanzas europeas con la de las cámaras americanas. Y no es concebible tampoco que un proteccionismo descarnado suma al planeta en una guerra de divisas y aranceles que solo procuraría menor comercio internacional, menor crecimiento económico y finalmente paro y recesión. Ahora, Donald Trump solo tiene que hacer una cosa: olvidar lo que ha dicho y hacer lo que el sabe que es pertinente.

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