Pushing the limits km

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No recuerdo la noche que cambió mi vida. La noche en que pasé de ser popular a ser un bicho raro y marginado. Y mi familia está decidida a que siga así.

Decían que la terapia me ayudaría. No se esperaban a Noah. Noah es el tipo de chico sobre el que me advertían mis padres. Pero es el único que me escucha. El único dispuesto a ayudarme a averiguar la verdad. Sé que cada beso, cada promesa y cada caricia son algo prohibido.

Pero, ¿y si encontrar tu destino significa romper todas las normas?

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Pushing the limits km

  1. 1. 1
  2. 2. 2
  3. 3. 3StaffModeradora:AnnabelleTraductoras:Annabellevane-1095VeroMel CiprianoAmyJuli_Arg♥...Luisa...♥Marie.AngChristensenkrispipeJoLucia A.luxeroperpi27Majo_Smile ♥PanchysMonikgvNats5MeryDaniOpao*martinezDeeydra Annpau_07SaphiraM. Ann♥MadeleynCorrectoras:MeliiMel CiprianoVane-1095NatsDeeydra AnnJuli_ArgTamis11Max EscritoraSolitariaVeritoVericityMaryJane♥Ladypandoramoni.musicKatieGeeZafiroDara.Nicole18May MystikLectura Final:VericityDiseño:Yessy
  4. 4. 4SinopsisSu relación el uno con el otro es tan equivocada... pero a la veztan correcta.Nadie sabe lo que ocurrió la noche en que Echo Emerson dejóde ser la chica más popular con un novio atleta y se convirtió en unaparia social y en el centro de los rumores que hablaban de las"extrañas" cicatrices que ahora tiene en los brazos. Ni siquiera Echopuede recordar todo lo que pasó esa horrible noche. Lo único quesabe es que quiere que todo regrese a la normalidad. Pero cuandoNoah Hutchins, el sexy casanova y solitario chico en chaqueta decuero negro entra en su vida con su actitud ruda y su granentendimiento, el mundo de Echo cambia en formas que ella jamáshabía imaginado. Ellos no deberían tener nada en común. Y con lossecretos que ambos ocultan, estar juntos debería ser imposible. Sinembargo, la loca atracción que hay entre ellos se rehúsa adesaparecer. Y Echo deberá preguntarse que tanto puedenpresionar los límites y lo que está dispuesta a arriesgar por el únicochico que le puede enseñar a amar de nuevo.
  5. 5. 51EchoTraducido por Mlle. Janusa.Corregido por Escritora Solitariai padre es un loco del control, odio a mi madrastra, mihermano está muerto y mi madre tiene… bueno… asuntos.¿Cómo crees que lo estoy haciendo?Que es cómo habría amado responderle a la pregunta de la Sra.Collins, pero mi padre ponía demasiada importancia en apariencia paraque pudiera contestar honestamente. En su lugar, parpadeé tres veces ydije—: Bien.La Sra. Collins del nuevo instituto clínico de trabajadores socialesEastwick actuó como si no hubiera hablado. Empujó un montón deexpedientes al lado de su ya desordenada mesa y hojeó varios papeles. Minueva terapeuta tarareó cuando encontró mi expediente grueso trespulgadas y se recompensó con un sorbo de café, dejando un vivo labialrojo en la curva de la taza. El hedor del café barato y punta de lápicesrecién hechas colgó en el aire.Mi padre verificó su reloj desde la silla a mi derecha y, en miizquierda, la Bruja Malvada del Oeste se movió impacientemente. Yoestaba perdiendo el primer período de cálculo, mi padre estabaperdiéndose alguna reunión muy importante, y, ¿mi madrastra de Oz?Estoy segura de que estaba perdiendo su cerebro.—¿No te encanta enero? —La Sra. Collins preguntó y abrió miarchivo—. Nuevo año, nuevo mes, nueva pizarra para comenzar sobre ella.—Ni siquiera esperando por una respuesta, continuó—: ¿Te gustan lascortinas? Las hice yo misma.En un sincronizado movimiento, mi padre, mi madrastra y yo volvimosnuestra atención a las cortinas rosas con lunares, colgando en lasventanas, pasando por alto el lote de aparcamiento estudiantil. Lascortinas eran demasiado Pequeña Casa en la Pradera con el colorM
  6. 6. 6combinando de una mala y delirante manera para mi gusto. Ninguno denosotros contestó, y nuestro silencio creó una incomodidad pesada.El BlackBerry de mi padre vibró. Con exagerado esfuerzo, lo tiró fuerade su bolsillo y desplazó hacia abajo la pantalla. Ashley tamborileó losdedos sobre su vientre hinchado y yo leí diversas placas pintadas a mano,colgadas en la pared, para que pudiera concentrarme en cualquier cosaque no fuera ella.El fracaso es tu único enemigo. La única manera de llegar arriba esno mirar abajo. Tenemos éxito porque creemos. ¿Cuánta madera podríatirar una marmota, si una marmota puede tirar madera?1Bueno, así que el último no hizo el muro de refranes, pero me pareciódivertido.La Sra. Collins me recordaba a un perro labrador cubierto con sucabello rubio y actitud demasiado amistosa.—Echo está en ACT y las calificaciones de SAT2 son fabulosas. Puedeestar muy orgulloso de su hija. —Me dio una sincera sonrisa, exponiendotodos sus dientes.Comenzó el temporizador. Mi sesión de terapia estaba oficialmenteiniciada. Cerca de hace dos años, después del incidente, Servicios deProtección Infantil habían “recomendado encarecidamente” terapia ypapá rápidamente aprendió que era mejor decir que sí a cualquier cosa“altamente recomendable”. Solía ir a terapia como la gente normal, enuna oficina separada de la escuela. Gracias a una influencia en lafinanciación del estado de Kentucky y una sobre-entusiasta trabajadorasocial, me había convertido en parte de este programa piloto. El únicotrabajo de la Sra. Collins era tratar con algunos chicos de mi escuela.Suerte la mía.Mi padre se sentó más erguido en su lugar. —Sus notas enmatemáticas eran bajas. Quiero que vuelva a tomar las pruebas.—¿Hay un baño cerca? —Interrumpió Ashley—. El bebé amasentarse en mi vejiga.Más cómo que Ashley amaba ser al centro de la atención. La Sra.Collins le dio una sonrisa forzada y señaló la puerta. —Salga por el pasilloprincipal y tome a la derecha.1 How much wood would a woodchuck chuck if a woodchuck could chuck wood? Es untrabalengua inglés.2 ACT & SAT: son un examen estandarizados para acceder a la escuela secundaria.
  7. 7. 7La forma en que salió de su silla, Ashley actuaba como si llevara unapelota de miles de libras de plomo, en lugar de un bebé. Sacudí la cabezaen disgusto, que sólo sacó de mi padre una Mirada helada.—Sr. Emerson —continuó la Sra. Collins una vez que Ashley dejó elcuarto—, las calificaciones de Echo son buenas sobre la media nacional y,según su expediente, ya aplicó para las universidades de su elección.—Hay algunas escuelas de comercio con plazos más largos que megustaría que ella aplicara. Además, esta familia no acepta “por encimadel promedio”. Mi hija será sobresaliente. —Mi padre habló con el aire deuna deidad. Bien podría haber añadido la frase que así se escriba, que asíse cumpla3. Apoyé mi codo en el reposabrazos y escondí mi cara entre mismanos.—Puedo ver que esto en serio le molesta, Sr. Emerson —dijo la Sra.Collins, en un, incluso, irritante tono—. Pero las calificaciones de Echo eninglés están cerca de ser perfectas…Y esto era donde me desconectaba. Mi padre y mi anteriorconsejero habían tenido esta pelea en mi segundo año, cuando tomé laPSAT4. Luego, otra vez, cuando el año pasado tomé la SAT y ACT porprimera vez. Eventualmente, el consejero aprendió que mi padre siempreganaba y comenzó a darle por su lado.Mis resultados de las pruebas fueron la menor de mispreocupaciones. Encontrar el dinero para arreglar el auto de Aires fue lapreocupación que afectó mi cerebro. Desde la muerte de Aires, mi padrehabía quedado obstinado sobre el tema, insistiendo en que deberíamosvenderlo.—Echo, ¿eres feliz con tus calificaciones? —preguntó la Sra. Collins.Me asomé a ella, a través del rojo, rizado cabello colgando sobre mirostro. El último terapista comprendió la jerarquía de nuestra familia y hablóa mi padre, no a mí. —¿Disculpe?—¿Eres feliz con tus calificaciones de ACT y SAT? ¿Quieres dar denuevo las pruebas? —Dobló sus manos y las situó encima de mi archivo—.¿Quieres aplicar para más escuelas?Encontré los agotados ojos grises de mi padre. Vamos a ver. Retomarlas pruebas significaría que mi padre me acosaría a cada segundo paraestudiar, que a su vez significaría que me levantaría temprano en sábado,pasando la entera mañana friendo mi cerebro y luego preocupándome3 En inglés “so let it be written, so let it be right”. Es una famosa citación del film “Los 10mandamientos”.4 PSAT: examen de preparación al SAT.
  8. 8. 8por semanas acerca de los resultados. ¿En cuánto a la aplicación de otrasescuelas? Preferiría hacer de nuevo las pruebas.—En realidad, no. —Las arrugas de preocupación grabadas parasiempre alrededor de sus ojos y su boca se profundizaron condesaprobación. Cambié mi tono—. Mi papá tiene razón. Podría volver ahacer las pruebas.La Sra. Collins marcó en mi archivo con un bolígrafo. Mi últimoterapeuta había sido muy consciente de mis problemas de autoridad. Noera necesario volver a escribir lo que ya estaba allí.Ashley volvió contoneándose dentro de la habitación y se dejó caeren el asiento junto a mí.—¿Qué me perdí? —Honestamente, había olvidado que ella existía.Oh, sí sólo papá pudiera, también.—Nada —contestó mi padre.La Sra. Collins levantó la pluma de la página. —Pregunta al Sr.Marcos por las próximas fechas para las pruebas antes de ir a clases. Ymientras estoy jugando el papel de consejera, me gustaría hablar de tucalendario para el trimestre de invierno. Has llenado tus períodos libres conmúltiples clases de comercio. Me estaba preguntando, ¿por qué?La verdadera respuesta, porque mi padre me dijo que,probablemente irritaría a múltiples personas en el cuarto, así queimprovisé—: Van a ayudar a prepararme para la universidad. —Guau. Lohabía dicho con todo el entusiasmo de una niña de seis años esperandopor una vacuna contra la gripe. Mala elección de mi parte. Mi padre semovió de nuevo en su asiento y suspiró. Consideré dar una respuestadiferente, pero pensé que esa contestación también saldría plana.La Sra. Collins leyó atentamente mi expediente.—Has mostrado un increíble talento en la artes, especialmente en lapintura. No estoy sugiriendo que renuncies a todos tus cursos de comercio,pero podrías renunciar a uno y tomar una clase de arte en su lugar.—No —ladró mi padre. Se inclinó hacia adelante en su asiento,entrelazando sus dedos—. Echo no tomará ninguna clase de arte, ¿estáclaro? —Mi padre era una extraña combinación de instructor deentrenamientos y el conejo blanco de Alicia; siempre tenía algoimportante que hacer y disfrutaba dando órdenes a todos a su alrededor.Tuve que darle crédito a la Sra. Collins; no se estremeció ni una vezantes de ceder. —Como el cristal.—Bueno, ahora que hemos establecido eso… —Ashley y su panzade embarazada, se sentaron al borde de la silla, preparándose para
  9. 9. 9levantarse—. Accidentalmente tengo un exceso de reservas hoy, y unacita con el obstetra. Podremos conocer el género del bebé.—Sra. Emerson, los cursos de Echo no son la razón para esteencuentro, pero entiendo si necesita irse. —Retiró una carta oficial de suprimer cajón, mientras una Ashley con cara roja se recostaba en su asiento.Había visto el papel con membrete, varias veces, en los últimos dos años.Servicios de Protección Infantil habían disfrutado matando selvas.La Sra. Collins leyó la carta mientras secretamente yo deseabapoderme combustir espontáneamente. Tanto mi padre como yo nosacomodamos en nuestros asientos. Oh, el extraño gozo del grupo deterapia.Mientras esperaba que terminara de leer, me fijé en un pelucheverde rana por su computadora, una foto de ella y algún chico,posiblemente su esposo, y luego, en la esquina de su mesa, una gran cintaazul. Las personas sofisticadas las recibían cuando ganaban unacompetencia. Algo extraño se agitó dentro de mí. Huh, raro.La Sra. Collins agujereó la carta y luego la puso en mí, ya, abrumadoarchivo. —Ahí. Soy oficialmente tu terapeuta.Cuando no dijo nada más, saqué mi mirada de la cinta a ella.Estaba mirándome. —Es una linda cinta, ¿no es así, Echo?Mi padre aclaró su garganta y envió a la Sra. Collins un resplandormortal. Está bien que era una rara reacción, pero de nuevo, estaba irritadosólo por estar allí. Mis ojos se movieron a la cinta de nuevo. ¿Por qué sentíaesto familiar?—Supongo.Sus ojos se dirigieron ausentemente a las placas militares digitadasalrededor de mi cuello. —Lamento mucho la pérdida de tu familia. ¿Quérama de las fuerzas armadas?Genial. Mi padre estaba teniendo una apestosa coronaria. Habíadejado claro setenta y cinco veces que las placas de Aires iban apermanecer en la caja de debajo de mi cama, pero las necesitaba hoy —nueva terapeuta, el segundo aniversario de la muerte de Aires aun estaba,y el primer día de mi último semestre en la preparatoria. Náuseas saltaron yjugaron en mis intestinos. Evitando el ceño decepcionado de mi padre,hice un gran esfuerzo para buscar las puntas abiertas de mi cabello.—Marine —contestó mi padre secamente—. Mire, tenía queencontrarme esta mañana con unos prospectos a clientes, prometí aAshley ir con ella a su cita con el médico y Echo está perdiendo clases.¿Cuándo vamos a terminar con esto?
  10. 10. 10—Cuando yo lo diga. Si va a hacer estas sesiones difíciles, sr.Emerson, estaré más que feliz de llamar al trabajador social de Echo.Luché contra la sonrisa tirando de mis labios. La Sra. Collins jugó unamano bien coreografiada. Mi padre se echó atrás, pero mi madrastra, porotro lado…—No lo entiendo. Echo cumplirá dieciocho pronto. ¿Por qué elEstado sigue teniendo autoridad sobre ella?—Porque es lo que el Estado, su trabajadora social y, yo, pensamosen su mejor interés. —La Sra. Collins cerró mi archivo—. Echo continuará laterapia conmigo hasta el final de esta primavera. En ese momento, elestado de Kentucky la liberará a ella y a usted. —Esperó hasta que Ashleyasintió, aceptando su silencio de la situación antes de continuar—. ¿Cómote va, Echo?Espléndido. Fantástico. Nunca peor. —Bien.—¿En serio? —Golpeó su dedo contra su barbilla—. Porque hubierapensado que el aniversario de la muerte de tu hermano podríadesencadenar emociones dolorosas.La Sra. Collins me miró, la miré fijamente de vuelta. Mi padre y Ashleyobservaron incómodamente el enfrentamiento. La culpa me fastidiaba.Técnicamente no me hizo una pregunta, así que en teoría, no le debía unarespuesta, pero la necesidad de complacer barrió sobre mí como unmaremoto. ¿Pero porqué? Era otro terapeuta en la puerta giratoria. Todoshicieron las mismas preguntas y prometieron ayudar, pero cada uno deellos me dejó en la misma condición en que me encontró: rota.—Ella llora. —La aguda voz de Ashley atravesó el silencio, como siestuviera repartiendo jugosos chismes en el club de campo—. Todo eltiempo, en serio extraña a Aires.Mi padre y yo giramos nuestras cabezas para observar a la rubiatonta. He querido que continuara mientras mi padre, estoy segura, queríaque se callara. Dios me escuchó por primera vez. Ashley continuó—: Todoslo extrañamos. Es muy triste que el bebé nunca lo conocerá.Y una vez más, bienvenido al espectáculo de Ashley, patrocinadopor Ashley y el dinero de mi padre. La Sra. Collins escribió enérgicamente,seguramente grabando las palabras no vigiladas de Ashley en mi archivo,mientras mi padre gemía.—Echo, ¿te gustaría hablar sobre Aires durante la sesión de hoy? —preguntó la Sra. Collins.—No. —Que era, posiblemente, la respuesta más honesta que habíadado en toda la mañana.
  11. 11. 11—Eso es bueno —dijo—. Lo vamos a guardar para una cita mástarde. ¿Qué hay sobre tu madre? ¿Tienes algún contacto con ella?Ashley y mi padre contestaron simultáneamente—: No —Mientras yoespeté—: Más o menos.Me sentí en medio de un emparedado de jamón por la forma enque los dos se inclinaron sobre mí. No estaba segura de lo que me impulsóa decir la verdad.—Traté de hablar con ella durante las vacaciones. —Cuando nocontestó, me senté al lado del teléfono por días, esperando y rezando quea mi madre le importara que hace dos años, mi hermano, su hijo, habíamuerto.Mi padre corrió su mano sobre su rostro.—Sabes que no estás autorizada para tener contacto con tu madre.—La rabia en su voz dio a entender que no podía creer que hubiera dichoa la terapeuta esta golosina tentadora. Imaginé visiones de trabajadoressociales bailando en su cabeza—. Hay una orden de restricción. Dime,Echo, ¿teléfono fijo o celular?—Fijo —me atraganté fuera—. Pero nunca hablamos. Lo juro.Birló su BlackBerry y el número de su abogado apareció en lapantalla. Me aferré a las placas militares, el nombre de Aires y el númeroserial incrustándose en mi palma.—Por favor, papá, no —susurré.Vaciló y mi corazón se presionó contra mi caja torácica. Luego,gracia a Dios, dejó caer el teléfono en su regazo.—Vamos a tener que cambiar el número ahora.Asentí. Apestaba que mamá nunca sería capaz de llamar a mi casa,pero tomé el golpe… por ella. De todas las cosas que mi madrenecesitaba, la prisión no era una de ellas.—¿Has tenido contacto con tu madre desde entonces? —La Sra.Collins perdió su simpatía.—No. —Cerré mis ojos y tome una respiración profunda. Todo dentrode mí dolía. No podría mantener la fachada de “estoy bien” por muchomás. Esta línea de interrogatorio arrancaba las costras de las recientesheridas de mi alma.—Para confirmar que estamos en la misma página, entiendes que elcontacto entre tú y tu madre mientras hay una orden de restricción, inclusosi lo iniciaste, está prohibido.
  12. 12. 12—Sí. —Tome otro trago de aire. El bulto en mi garganta negó laentrada del precioso oxígeno. Extrañaba a Aires y, Dios, mi mamá, y Ashleyestaba teniendo un bebé, y papá estaba en mí todo el tiempo, y…Necesitaba algo, cualquier cosa.En contra de mi mejor juicio, permití a las palabras caer de mi boca.—Quiero arreglar el auto de Aires. —Tal vez, sólo tal vez, restaurandoalgo de él, podría hacer al dolor alejarse.—Oh, no esto de nuevo —murmuró mi padre.—Espere. ¿No qué de nuevo? Echo, ¿de qué estás hablando? —preguntó la Sra. Collins.Me quedé mirando los guantes en mis manos. —Aires encontró unCorvette 1965 en un depósito de chatarra. Pasó todo su tiempo librearreglándolo y estaba casi terminándolo antes de ir a Afganistán. Quierorestaurarlo. Para Aires. —Para mí. No dejó nada atrás cuando se fue,excepto su auto.—Eso suena como una forma saludable de duelo. ¿Qué piensa deesto, Sr. Emerson? —La Sra. Collins puso unos grandes ojos de cachorro, unrasgo que yo aún tenía que dominar.Mi padre desplazó una vez más a través de su BlackBerry, su cuerpopresente pero su mente ya en el trabajo.—Cuesta dinero, y no veo el punto de arreglar un auto averiado,cuando tiene uno que funciona.—Entonces déjame conseguir un trabajo —repliqué—. Y podemosvender mi auto una vez que haya hecho funcionar el de Aires.Todos los ojos estaban en él y ahora los suyos estaban puestos en mí.Sin querer, lo había acorralado en una esquina. Él quería decir no, peroprovocaría un descenso de ira del nuevo terapeuta. Después de todo,teníamos que ser perfectos en la terapia. Dios nos libre de tomar ventajade ello y discutir a fondo algunos temas.—Bien, pero ella tiene que pagar por el coche, y Echo conoce misnormas en materia de empleo. Tiene que encontrar un trabajo flexible, queno interfiera con sus labores escolares, los clubs que hemos acordadosobre sus calificaciones. Ahora, ¿nos vamos de aquí?La Sra. Collins miró de reojo el reloj. —No aún. Echo, tu trabajadorsocial extendió tus terapias hasta la graduación por las evaluaciones de tusmaestros. Desde el comienzo de tu tercer año de secundaria, cada uno detus profesores ha observado un decaimiento distinto de tu participación enclase y en tus interacciones sociales con tus compañeros. —Sus ojos,
  13. 13. 13amables, se clavaron en los míos—. Todos queremos que seas feliz, Echo, yme gustaría que me dieras la oportunidad de ayudarte.Arqueé una ceja. Como si hubiera tenido la oportunidad de elegir laterapia, y en cuanto a mi felicidad —buena jodida suerte.—Seguro.La alegre voz de Ashley me sobresaltó. —Tiene una cita para el bailede San Valentín.Ahora mi padre y yo tomamos nuestro turno para hablarsimultáneamente. —¿La tengo? —¿La tiene?Los ojos de Ashley corrieron entre mí y mi padre. —Sí, ¿recuerdas,Echo? Anoche hablamos del chico nuevo que entró y te dije que nopuedes dejar a tus amigos en la escuela mientras te obsesionabas conalgún chico.Deliberé sobre qué parte me molestó más; el novio imaginario o quehabía afirmado que habíamos tenido una conversación real. Mientrasestaba decidiendo, mi padre se levantó y se puso el abrigo.—Mire, Sra. Collins, Echo está bien. Sólo descubriendo un poco elamor. Por mucho que disfrute estas sesiones, Ashley tiene una cita enveinte minutos y no quiero que Echo pierda alguna clase más.—Echo, ¿estás en serio interesada en hacer dinero para componer elauto de tu hermano? —preguntó la Sra. Collins, cuando se puso de piepara acompañar a mi padre y mi madrastra afuera.Tiré de los guantes que usaba para cubrir mi piel. —Más de lo quepueda posiblemente imaginar.Me sonrió antes de caminar hacia la puerta. —Entonces tengo untrabajo para ti. Espera aquí y discutiremos los detalles.Los tres se pegaron en el lado lejano de la oficina principal,susurrando entre ellos. Mi padre envolvió su brazo en la cintura de Ashley yella se inclinó hacia él, mientras asentía a las palabras susurradas por la Sra.Collins. La punzada familiar de los celos y la ira comieron en elrevestimiento de mi intestino. ¿Cómo podía amarla cuando habíadestruido tanto?
  14. 14. 142NoahTraducido por Vane-1095Corregido por tamis11a pintura fresca y el olor a polvo de yeso me hicieron pensar enmi padre, no la escuela. Sin embargo, ese olor me dio unabofetada en la cara cuando entré en la oficina reciénremodelada. Con libros en mano, me paseé hasta el mostrador. —Sip, Sra.Marcos.—Noah, ¿por qué llegas tarde otra vez, muchacho5? —dijo mientrasponía los papeles juntos.El reloj en la pared marcaba las nueve de la mañana.—Demonios, esto es temprano.La Sra. Marcos rodeó su nueva mesa de cerezo a mi encuentro en elmostrador. Me da una mierda cuando llego tarde, pero todavía megustaba. Con su largo cabello castaño, me recordaba a una versiónhispana de mi madre.—Perdiste tu cita con la Sra. Collins esta mañana. No es una buenamanera de empezar el segundo término —susurró mientras escribía mi notade tardanza. Inclinó la cabeza hacia los tres adultos que se agrupaban enla esquina de la habitación. Supuse que la mujer rubia de mediana edadsusurrando a la pareja de ricos era la nueva consejera de orientación.Me encogí de hombros y dejé que el lado derecho de mi bocatemblara. —Ups.La Sra. Marcos deslizó la nota de tardanza hasta mí y me dio sumirada severa patentada. Era la única persona en esta escuela que nocreía que yo y mi futuro valíamos una completa mierda.La rubia de mediana edad gritó—: Sr. Hutchins, estoy muy contenta5 En españolL
  15. 15. 15de que recordara nuestra cita, incluso si está retrasado. Estoy segura deque no le importará tomar asiento mientras termino un par de cosas. —Mesonrió como si fuéramos viejos amigos y habló tan dulcemente, que por unmomento, casi le devolví la sonrisa. En cambio, asentí con la cabeza y mesenté en una de las sillas recostadas contra la pared de la oficina.La Sra. Marcos se echó a reír.—¿Qué?—No va a aguantar tu actitud. Tal vez pueda convencerte de tomarla escuela en serio.Apoyé la cabeza contra la pared de pintados bloques de cementoy cerré los ojos, necesitando dormir unas horas más. Ya que faltaba unapersona para el cierre, el restaurante no me había dejado ir hasta despuésde la medianoche, y luego Beth e Isaiah me mantuvieron despiertos todala noche.—¿Sra. Marcos? —preguntó una voz angelical—. ¿Puede por favordecirme las próximas fechas para el ACT y el SAT?El teléfono timbró.—Espere un segundo—dijo la Sra. Marcos. Entonces el timbre cesó.Una silla más allá de mí se movió y mi boca se llenó del aroma arollos calientes de canela. Di un vistazo y percibí el color rojo, cabellossedoso y rizado. La conocía. Echo Emerson.Ningún rollo de canela a la vista, pero maldita sea si no huele comotal. Teníamos varias de nuestras clases juntos y el último semestre uno denuestros periodos libres. No sabía mucho de ella más de lo que manteníapara sí misma, que era inteligente, pelirroja y tenía grandes tetas. Llevabagrandes camisas de mangas largas que colgaban de sus hombros ydebajo camietas sin mangas que revelaban justo lo suficiente para que lasfantasías fluyeran.Como siempre, miraba fijamente hacia delante como si yo noexistiera. Diablos, probablemente no existía en su mente. Las personascomo Echo Emerson me irritaban como la mierda.—Tienes un nombre jodido —murmuré. No sé por qué queríaconfundirla, simplemente lo hice.—¿No deberías estar drogándote en el baño?Así que me conocía. —Instalaron cámaras de seguridad. Lohacemos en el estacionamiento ahora.—Oh, lo siento mucho. —Su pie se sacudió frenéticamente adelantey atrás. Bueno, había logrado deslizarme bajo su fachada perfecta.
  16. 16. 16—Echo… echo…echo…Su pie dejó de moverse y sus rizos rojos rebotaron con furia mientrasse volvía para mirarme a la cara.—Qué original. Nunca he oído eso antes. —Levantó su mochila ysalió de la oficina. Su apretado culo se balaceaba de lado a lado mientrasmarchaba por el pasillo. No fue tan divertido como pensé que sería. Dehecho, como que me sentía como un idiota.—¿Noah? —La Sra. Collins me llamó a su oficina.El último consejero tuvo grandes problemas de obsesión compulsiva.Todo en la oficina estaba perfectamente ubicado. Solía mover sus placassólo para meterme con él. No habría entretenimiento con Sra. Collins. Suescritorio era un desastre. Podría enterrar un cuerpo aquí y nadie loencontraría.Tomando asiento frente a ella, esperé a que mi culo fuera mascado.—¿Cómo fueron tus vacaciones de Navidad? —Tenía esa miradaotra vez, como un cachorrito.—Bien. —Eso si consideras que tus padres adoptivos empezaron unapelea a gritos y lanzaron los regalos de navidad a la chimenea una buenanavidad. Siempre había soñado con pasar mi Navidad en un infierno desótano y ver a mis dos mejores amigos emborracharse.—Maravilloso. Así que las cosas funcionan en tu familia adoptiva. —Lo dijo como una declaración, pero quería decirlo como una pregunta.—Si. —En comparación con las últimas tres familias que había tenido,eran la tribu de los Brady6 de mierda. Esta vez, el sistema me había puestocon otro chico. No debió haber suficientes personas para hogares deacogida o finamente creyeron que no era la amenaza que habíanpensado que era. A las personas con mis etiquetas no se les permitía vivircon otros menores—. Mira, ya tengo una trabajadora social y es suficientedolor de culo. Diles a tus jefes que no es necesario perder tiempo conmigo.—No soy una trabajadora social —dijo—. Soy una trabajadora socialclínica.—La misma cosa.—En realidad, no lo es. Fui a la escuela por mucho más tiempo.—Bien por ti.6 The Brady Bunch: La serie gira en torno a la convivencia de un matrimonio recién casadoformado por Mike y Carol. Cada uno de ellos aporta tres hijos; varones en el caso delpadre y niñas en el caso de la madre. Con ellos convive, además, la sirvienta Alice.
  17. 17. 17—Y eso significa que puedo proporcionar un nivel diferente deayuda para ti.—¿El estado te paga? —pregunté.—Sí.—Entonces, no quiero tu ayuda.Sus labios se estremecieron en una sonrisa que casi me hizo tener unpoco de respeto por ella.—¿Qué tal si somos directos? —dijo—. De acuerdo con el archivotienes una historia de violencia.La miré fijamente. Me miró fijamente. Ese archivo estaba lleno deporquería, pero había aprendido años atrás, la palabra de un adolescenteno significa nada contra la palabra de un adulto.—Este archivo, Noah. —Golpeó tres veces con su dedo—. No creoen todo lo que dice. He hablado con tus profesores en la SecundariaHighland. El cuadro que pintaron no representa al joven que veo delantede mí.Aferré el metal espiral de mi cuaderno de cálculo hasta que apuñalóla palma de mi mano. ¿Quién diablos se cree esta señora escavando enmi pasado?Siguió ojeando el archivo. —Has rebotado alrededor de varioshogares adoptivos, en los últimos dos años y medio. Esta es tu cuartocolegio desde la muerte de tus padres. Lo que me parece interesante esque hasta un año y medio atrás, estabas en el cuadro de honor ycompetías en deportes. Esas son cualidades que no suelen marcar un casodisciplinario.—Tal vez necesitas cavar más. —Quería a esta mujer fuera de mivida y la mejor manera de hacerlo era asustándola—. Si lo haces,descubrirás que le di una paliza a mi primer padre adoptivo. —En realidad,le había golpeado la cara cuando lo sorprendí golpeando a su hijobiológico. Es curioso como nadie en la familia se puso de mi lado cuandollegó la policía. Ni siquiera el niño al que defendí.La Sra. Collis hizo una pausa como esperando mi versión de loshechos, pero se equivocaba. Desde la muerte de mis padres, entendí quenadie en el sistema daría una mierda por mí. Una vez que entrabas,estabas condenado.—Tu anterior consejero en Highland habló muy bien de ti. Entraste alequipo de baloncesto en tu primer año, al cuadro de honor, participasteen variadas actividades estudiantiles, muy popular entre tus compañeros.—Me examinó—. Creo que me hubiera gustado ese chico.
  18. 18. 18A mi también —pero la vida apesta.—Un poco tarde para unirme al equipo de baloncesto, a mitad de latemporada y eso. ¿Piensa que el entrenador estará bien con mis tatuajes?—No tengo ningún interés en que re-crees tu antigua vida, perojuntos creo que podemos construir algo nuevo. Un futuro mejor que el quetendrás si continuas por tu camino actual. —Sonaba tan condenadamentesincera. Quería creer, pero había aprendido de la manera difícil a nuncaconfiar en nadie. Manteniendo la cara sin emoción, dejé que el silencio seconstruyera.Rompió primero el contacto visual y sacudió la cabeza. —Te hatocado una mano dura, pero estás lleno de posibilidades. Tuspuntuaciones en las pruebas de aptitud son fenomenales y tus maestrosven tu potencial. Tu promedio de calificaciones necesita un impulso, aligual que tu asistencia. Creo que están relacionados. Ahora, tengo unplan. Verme una vez por semana, asistirás a sesiones de tutoría hasta quetu promedio de calificaciones corresponda a los resultados de las pruebas.Me puse de pie. Ya había perdido mi primer periodo. Esta pequeñadivertida reunión me quitaba del segundo. Pero desde que actualmentehabía sacado mi culo de la cama, tenía la intención de ir a clases enalgún momento de hoy.—No tengo tiempo para esto.Una ligero filo se deslizó en su tono, tan sutil que casi no la sentí.—¿Es necesario ponerme en contacto con tu trabajadora social?Me dirigí a la puerta. —Adelante. ¿Qué va a hacer? ¿Dividir a mifamilia? ¿Ponerme en el sistema de cuidado de crianza? Continúacavando y verás que es demasiado tarde.—¿Cuándo fue la última vez que viste a tus hermanos, Noah?Mi mano se congeló en el pomo de la puerta.—¿Y si pudiera ofrecerte un incremento en las visitas supervisadas?Solté el pomo de la puerta y volví a sentarme.
  19. 19. 193EchoTraducido por Vero.Corregido por Mel Cipriano.i tan solo pudiera usar guantes cada momento del día, mesentiría más segura, pero el estúpido código de vestimenta nome lo permitiría. Debido a eso, mi vestuario consistía encualquier cosa con mangas largas, mientras más largas mejor.Agarré los extremos de mis mangas y los puse sobre mis dedos,haciendo que mi camisa azul de algodón colgara de mi hombro derecho.En mi primer año, me habría asustado si la gente se quedaba mirando mipiel blanca y las ocasionales pecas anaranjadas. Ahora, prefería que lagente mire mi hombro desnudo en lugar de tratar de echar un vistazo a lascicatrices en mis brazos.—¿Dijo quién era? Apuesto a que es Jackson Coleman. He oído queestá fallando en matemáticas y si no consigue levantar sus calificacionesva a perder su beca para la universidad. Dios, espero que si. Es tanardiente. —Mi mejor amiga, Lila McCormick, tomó aire por primera vezdesde que le había dado el resumen de mi sesión de orientación y eltrabajo de tutoría que la Sra. Collins espontáneamente creó. Con bocaimparable y su ropa ajustada, Lila era la propia versión de Glinda la BrujaBuena7 de la secundaria Eastwick. Flotaba en su propia burbuja hermosa,propagando felicidad y alegría.A medida que Lila movía su bandeja hacia la fila del almuerzo, elolor a pizza y papas fritas me hizo agua la boca, pero las náuseasenturbiando mi estómago me impidieron comprar comida. Mi corazónretumbó y abracé mi cuaderno de dibujo más cerca de mi pecho. Nopodía creer que estaba realmente en el comedor. Lila y yo habíamos sidolas mejores amigas desde preescolar y la única cosa que me había pedidopara Navidad era que me olvidara de la biblioteca y reclamara mi antiguo7 Glinda la Bruja Buena: personaje del Mago de Oz.S
  20. 20. 20lugar en la mesa del almuerzo.Podía sonar como una petición fácil, pero no lo era. La última vezque había almorzado en la cafetería había sido a principios de mayo,durante mi segundo año: el día antes de que todo mi mundo se vinieraabajo. En aquel entonces, nadie me miraba o susurraba.—¿Quién es ardiente? —Natalie cortó la fila deslizando la bandejaentre Lila y yo. Un grupo de chicos detrás de nosotras gruñeron ante suaudacia. Como de costumbre, no les hizo caso. Natalie era una de las dospersonas que se negaron a tratarme como un paria social a causa de losrumores volando sobre mí en la escuela.Lila recogió su pelo lacio y dorado en una coleta antes de pagarle alcajero. —Jackson Coleman. Echo va a ser tutora de algún chicoafortunado y supongo que podría ser él. ¿A quién te gustaría añadir anuestra lista de chicos calientes pero estúpidos?Las seguí a la mesa del almuerzo mientras los ojos de Natalievagaban por la cafetería, buscando la combinación correcta.—Nicholas Green. Es el más tonto sobre la tierra, pero podría comerlode postre. Si vas a darle clases particulares, Echo, ¿crees que podríaspresentármelo?—¿Presentar quién a quién? —preguntó Grace. Natalie y Lilatomaron sus asientos y vacilé.La sonrisa de Grace cayó cuando me vio. Ella era la razón principalpor la que no quería volver a la cafetería. Éramos totales mejores amigasantes del incidente y, supongo, incluso después. Me visitaba todos los díasen el hospital y en casa durante el verano, pero cuando nuestro tercer añocomenzó y mi posición social cayó en picada, también lo hizo nuestraamistad... públicamente es así. En privado, afirmaba amarme como a unahermana. Todos los demás en la escuela me trataban como si no existiera.—Natalie a Nicholas Green. —Lila palmeó el asiento entre ella yNatalie. Intentando esconderme, me dejé caer en la silla, encorvada,apoyando mi cuaderno de dibujo contra el borde de la mesa.Las otras chicas cuchicheaban entre sí, mientras me echaban unvistazo. Una soltó una risita. Desde el momento en que había regresado ala escuela, nunca tuve una oportunidad social. Los rumores acerca de porqué estuve ausente el último mes de mi segundo año oscilaban entre unembarazo y rehabilitación, a un intento de suicidio. Mis guantes seconvirtieron en la leña y mi pérdida de memoria, en el partido. Cuandoregresé ese otoño, los rumores estallaron como una tormenta de fuego.Lila continuó con su explicación. —Echo va a darle clasesparticulares a algún chico tonto y ardiente. Estamos tratando de adivinar
  21. 21. 21quién será.—Bueno, no nos lo ocultes a nosotras, Lila. ¿A quién le va a dar clasesEcho? —Los ojos de Grace parpadearon de Lila a las chicas de su equipo,sentadas en la mesa. Cuando habíamos regresado de primer año, Gracese había enterado de que tenía una oportunidad para ser la capitana delas animadoras, una hazaña difícil, ya que siempre se había cernido en laperiferia popular de esa multitud. Yo había asumido que las cosas entrenosotras volverían a la normalidad una vez que fuera elegida. Me habíaequivocado.—Pregúntale a Echo. —Los dientes de Lila crujieron en la manzana,su mirada endurecida estaba fija en Grace. Nuestra mesa se volviómisteriosamente silenciosa mientras la chica más hermosa de la escueladesafiaba abiertamente a la más popular. Una pausa cayó sobre lacafetería mientras el cuerpo estudiantil se preparaba para ver elenfrentamiento en curso. Habría jurado que una planta rodadora voló másallá de la mesa y esa extraña canción silbada del Oeste se reproducía porel altavoz.Le di a Lila un golpe en su pie, suplicándole en mi mente queresponda por mí, en vez de obligar a Grace a reconocerme en frente deotras personas. Pasaron unos segundos, en los que ninguna encogió lamirada.No podía soportarlo.—No lo sé. Me encuentro con él esta tarde. —La Sra. Collins nohabía querido decirme a quién debía darle clases. Había murmurado algoacerca de limar algunos detalles con él antes de conocernos.El movimiento y la charla se reanudó en la cafetería. Los músculos dela cara de Grace se relajaron y dio un suspiro de alivio antes de hacer unbalance de la reacción de sus amigos públicos.—Voy a jugar a adivinar el galán estúpido. —Me dio un guiñoprivado. Por billonésima vez, deseaba que mi vida pudiera volver a lanormalidad.Cuando Grace arrojó un nombre el resto del grupo también decidiójugar. Hice un esbozo de Grace mientras hablaban. Su nuevo corte depelo, corto y rubio, enmarcaba su cara perfectamente. Escuché la lluviade nombres y los nuevos chismes que acompañaban sus conjeturas.—Tal vez Ecos le va a dar clases a Luke Manning —dijo Lila con unempujón, no muy amable, en mi brazo—. Encaja en lo de galán y en lo demenos que brillante.Rodé los ojos e hice mi mejor esfuerzo para corregir la línea oscuraque su codazo había creado en mi dibujo. Lila se aferró a la falsa
  22. 22. 22esperanza de que Luke, el novio de mi vida anterior, todavía albergabasentimientos hacia mí. Fundamentaba su reclamo con historias inventadasde cómo me miraba cuando no estaba prestando atención.—Luke y Deanna rompieron durante las vacaciones de invierno —dijo Grace—. Deanna dice que ella rompió con él. Luke dice que él rompiócon ella. ¿Quién sabe si alguna vez sabremos la verdad?—¿Quién crees tú, Echo? —preguntó Natalie. Tengo que darlecrédito. Quería que participara en la conversación, sin importar si quería serincluida.Me concentré en difuminar la sombra del cabello de Grace creadacontra su oído. Después de conocer a Luke en inglés, en primer año, habíasalido con él durante un año y medio. Esto me hacía la experta en Luke dela mesa. Desde nuestra separación, cada mesa con una chica contenía auna experta en Luke.—Es difícil de decir. Rompí con Luke y él no afirmó nada diferente,pero ha cambiado mucho desde entonces.—Noah Hutchins —dijo Natalie.Dejé de dibujar, confundida acerca de lo que Noah tenía que vercon Luke. —¿Qué?—Adivina el galán, ¿recuerdas? Noah Hutchins es definitivamentecaliente. Me gustaría darle clases. —Lila miró hacia la mesa de losdrogadictos, prácticamente babeando. ¿Cómo podía desmayarse sobreel tipo que se había burlado de mí?La boca de Grace cayó abierta. —¿Y llevarte el éxito social? Deninguna manera.—Dije que iba a ser su tutora, no que lo llevaría al baile. Además, porlo que he oído, bastantes chicas han tomado ese tren y han amado cadasegundo de ello.Grace miró a Noah, sus ojos vagando hacia arriba, y luego haciaabajo. —Tienes razón. Es caliente, y corre el rumor de que únicamente leinteresan las relaciones de una noche. Aunque Bella Monahan trató deforzar una relación. Lo seguía a todas partes como un cachorrito patético.No quería tener nada que ver con ella si no tenía que ver con asientotrasero de su coche.Lila amaba los trapos sucios. —Perdió a su novio, su virginidad, sureputación y su autoestima en menos de un mes. Por eso se transfirió a otraescuela.Tipos como Noah Hutchins me molestaban. Usaba a las chicas,consumía drogas y me había hecho sentir como basura esa mañana. No
  23. 23. 23es que debería sorprenderme. Había tenido un par de clases con él, elsemestre pasado. Entraba en el salón a grandes zancadas como si fuera eldueño de la tierra, y sonreía cuando las chicas se arrojaban sobre él y supresencia. —¡Qué imbécil!Como si me hubiese escuchado, desde el otro lado de la habitación,sus ojos negros se encontraron con los míos. Su cabello castaño yabundante caía sobre ellos, pero me di cuenta de que me estabamirando. La barba en su rostro se movía mientras sonreía. Noah teníamúsculos, miradas y problemas acechándolo. De alguna manera, hacíaque unos pantalones vaqueros y una camiseta lucieran peligrosos. No esque fuera una chica interesada en drogadictos. Sin embargo, eché otrovistazo hacia él mientras bebía mi soda.—Duras palabras, Echo. No estamos hablando de mí, ¿verdad? —Una silla raspó el suelo. Luke la volteó para poder ponerse a horcajadasentre Natalie y Grace. ¡Vamos! Luke y yo apenas nos habíamos dirigidouna palabra el uno al otro desde que rompimos en segundo año. ¿Por quétodo el mundo me empujaba al modo social, hoy?—No —dijo Lila—. Hablamos sobre ti antes. Echo estaba llamando aNoah Hutchins un idiota. —La pateé debajo de la mesa. Me dio unamirada a cambio.—¿Hutchins? —Luke Manning: metro ochenta de estructura, se veíacomo un tren de carga, con cabello negro y ojos azules. Era capitán delequipo de baloncesto, ardiente y engreído. Para mi horror, era del tamañode Noah—. ¿Qué ha hecho el chico drogadicto para merecer tu ira?—Nada. —Regresé a mi cuaderno de dibujo. Mis mejillas ardieroncuando uno de los amigos públicos de Grace murmuró algo acerca de mirareza. ¿Por qué no podían Lila, Natalie y Luke dejarme en paz? El chismesólo empeoró cuando me deslicé fuera de mi caparazón.Lamentablemente, Lila decidió ignorar mis mejillas rojas y mi patadade advertencia. —Se burló de Echo esta mañana, pero no te preocupes,ella lo puso en su lugar.El lápiz en la mano, se inclinaba de mi apretado agarre mientrasluchaba contra el impulso de arrancar el pelo magnífico de Lila de sucabeza. Mis maestros y la Sra. Collins estaban tan equivocados. Interactuarcon mis compañeros apestaba.Los ojos de Luke se estrecharon. —¿Qué te dijo?Pisoteé los dedos de Lila y me la quedé mirando fijamente.—Nada.—Le dijo que tenía un nombre horrible y luego hizo esa cosa estúpida
  24. 24. 24del eco que la gente hacía en la escuela primaria —dijo Lila. Oh, Dios,quería matar a mi mejor amiga.—¿Quieres que hable con él? —Luke me miró con una pizca familiarde posesividad. Ambas, Grace y Natalie sonrieron como gatos deCheshire8. Me negué a mirar a Lila, que rebotaba en el asiento. Ahoranunca oiría el final de sus fantasías acerca de Luke y yo volviendo a estarjuntos.—No. Es un chico estúpido que dijo una cosa estúpida. Es probableque ni siquiera recuerde haberlo dicho.Luke se echó a reír. —Es verdad. Toda esa mesa está jodida. ¿Sabíasque Hutchins es un chico adoptivo?Las chicas de mi mesa jadearon ante el chisme nuevo. Comprobé aNoah de nuevo. Parecía enfrascado en una conversación con una chicade pelo largo y negro.—Sip —continuó Luke—. Escuché a la Sra. Rogers y el Sr. Norrisdiscutiéndolo en el pasillo. —La campana sonó, terminando el centro deatención en Luke sobre la información prohibida de Noah Hutchins.Mientras tiraba los restos de mi almuerzo, Grace se acercófurtivamente a mi lado y me susurró—: Esto fue enorme, Echo. Si Luke estátras de ti otra vez, la vida cambiará. La opinión de todos sobre las chicascon las que habla, o con quienes sale, siempre cambia. Tal vez las cosasfinalmente volverán a la normalidad.Uno de los amigos públicos de Grace la llamó y se apartó de mi ladosin una segunda mirada. Suspiré mientras tiraba de las mangas sobre misdedos. Qué no daría por ser normal.8 Cheshire: personaje de Alicia en el país de las maravillas.
  25. 25. 254NoahTraducido por Vero.Corregido por Mel Cipriano.e había dicho a la Sra. Collins la verdad. No tenía tiempo pararecibir tutoría o consejería. En junio, cumpliría dieciocho años yme graduaría de la casa de acogida. Eso significaba que iba anecesitar un lugar propio, y la renta significaba conseguir un trabajo. Perola Sra. Collins me había tomado por un estafador callejero. Una visitaocasional supervisada a mis hermanos no era suficiente. Los colgabadelante de mí como una maldita aguja a un heroinómano.Mi turno en el Malt & Burger empezaba a las cinco. Eché un vistazo alreloj colgando sobre el escritorio del bibliotecario de referencia. ¿Quéparte de "conocer al tipo al que le darás clases, directamente después dela escuela, en la biblioteca pública" no entendió mi sabelotodo? La Sra.Collins podría haber mencionado quién me daría clases particulares, perodejé de escuchar a los pocos minutos. La mujer hablaba demasiado.Me concentré en las puertas dobles. Cinco minutos más y felizmentepodría llamar a esta sesión un fracaso, un hecho que estaría encantado deecharle en cara a la Sra. Collins.Una puerta se abrió y el aire frío barrió dentro, causando queescalofríos subieran por mis brazos. Ah, demonios. Me recosté en mi silla ycrucé los brazos sobre mi pecho. Echo Emerson se deslizó dentro de labiblioteca.Sus ojos recorrieron la habitación mientras sus manos enguantadasfrotaban sus brazos. Como si el frío pudiera penetrar esa elegante capa decuero marrón. Una ligera y brillante sonrisa descansaba sobre su rostro. Alparecer, la Sra. Collins nos había mantenido a ambos en la oscuridad. En elmomento en que me vio, su sonrisa se desvaneció y sus ojos verdesentraron en erupción, con nubes de tormenta. Únete al maldito club.Por debajo de la mesa, pateé la silla frente a mí. —Llegas tarde.L
  26. 26. 26Dejó la mochila sobre la mesa y deslizó la silla mientras se sentaba.—Tuve que ir a la oficina y averiguar las fechas de las pruebas.Podría haber obtenido la información esta mañana, pero algún idiota sepuso en mi camino.Echo tenía la ventaja, pero sonrío como si tuviera las de ganar.—Te podrías haber quedado. Nunca pedí que te fueras.—¿Y dejarte acosarme un poco más? No, gracias. —Se encogió dehombros quitando su chaqueta, pero mantuvo sus guantes de punto. Olíacomo a frío y cuero. Su camisa de algodón azul caía por debajo de sucamiseta de color beige, dejando al descubierto la parte superior de suescote. Las chicas como ella disfrutaban de probar a los chicos. Por lopoco que sabía de ella, no me importó mirar.Al atraparme mirando, reajustó su camisa y su escote desaparecióde la vista. Bueno, eso fue divertido. Me miró, posiblemente esperando unadisculpa. Iba a tener que esperar mucho tiempo.—¿En qué materia estás fallando? ¿Todas ellas? —Esos ojos verdesbailaban. Al parecer, Echo también disfrutaba repartiendo mierda.Muy bien, lo arruiné con ella esta mañana sin ninguna razón. Semerecía obtener un par de golpes en respuesta. —Ninguna. La Sra. Collinstiene la culpa en esto.Echo abrió su mochila y sacó un cuaderno. Una sombra cruzó surostro cuando se bajó los guantes y de inmediato sacó las mangas largaspor encima de sus manos.—¿Con qué materia quieres empezar? Tenemos cálculo y físicajuntos, así que podríamos empezar por ahí. Tienes que ser un completoidiota si necesitas ayuda con tecnología comercial. —Hizo una pausa—. Y¿no estabas en mi clase de español el último trimestre?Bajé la cabeza para que mi pelo cayera sobre mis ojos. Para unachica que no sabía que existía, seguro que sabía mucho de mí.—Sí. —Y este trimestre, también. Apenas le ganaba a la campanaentrando a clase y tomaba el primer asiento disponible sin dar a nadie unasegunda mirada.—¿Qué tan bien hablas español?9—preguntó.¿Qué tan bien podía hablar español? Malditamente decente. Meaparté de la mesa. —Me tengo que ir.—¿Qué? —Su frente se arrugó con incredulidad.9 En español en el original.
  27. 27. 27—A diferencia de tí, no tengo padres que paguen por todo. Tengoun trabajo, princesa, y si no me voy ahora, voy a llegar tarde. Nos vemos.Agarrando mis libros y chaqueta, dejé la mesa, y de inmediato salíde la biblioteca. El aire frío de enero me golpeó en la cara. El hielo cubríavarios puntos sobre el pavimento.—¡Oye!Miré por encima de mi hombro. Echo estaba muy cerca, detrás demí, con la chaqueta de cuero sobre un brazo y su bolsa colgada sobre suespalda.—Ponte tu maldita chaqueta. Hace frío afuera. —No me detuve porella, pero desaceleré el paso, curioso de saber por qué me seguía.Me alcanzó rápidamente y mantuvo el paso a mi lado. —¿Dóndecrees que vas?—Te lo dije, a trabajar. Pensé que eras inteligente. —Nunca habíaconocido a nadie tan divertido con quien meterse.—Está bien. Entonces, ¿cuándo vamos a tener esta sesión deestudio?Tiré mis libros sobre el pedazo de mierda que llamaba automóvil,causando que el óxido se dispersara en la tierra.—No lo hacemos. Haré un trato. Le dices a La Sra. Collins queestamos cumpliendo con tantos días como quieras después de la escuela,recolecta todas las horas que necesitas de voluntariado para cualquierpequeño club al que pertenezcas, y te respaldaré. No voy a tener queverte y tú no tendrás que mirarme. Puedo continuar con mi jodida vida, ytú puedes ir a casa y jugar a disfrazarte con tus amigas. ¿Trato?Echo se estremeció y retrocedió como si la hubiera abofeteado.Perdió el equilibrio cuando golpeó un trozo de hielo. Mi mano derecha seestiró y agarró su muñeca antes de que su cuerpo pudiera golpear elsuelo.Me quedé sosteniéndola mientras se estabilizaba, usando elmaletero de mi coche. Vergüenza o frío ruborizó sus mejillas blancas. Decualquier manera, me pareció gracioso. Pero antes de que tuviera laoportunidad de burlarme de ella, sus ojos se abrieron y se quedó mirandola muñeca que sostenía.Su manga larga azul se elevó más allá de su codo, y seguí su miradaa la piel expuesta. Trató de tirar de su mano, pero apreté mi agarre ytragué mi disgusto. En todas las casas de espectáculos de horror en las quehabía vivido, nunca vi ni una vez una mutilación así. Elevadas cicatricesblancas y rojo pálido, zigzagueaban por su brazo.
  28. 28. 28—¿Qué demonios es eso?Aparté mis ojos de las cicatrices y miré su rostro en busca derespuestas. Tomó varias bocanadas profundas, antes de tirar una segundavez y exitosamente sacudirse fuera de mi alcance. —Nada.—Eso no es nada. —Y ese algo tuvo que doler como el infiernocuando sucedió.Echo estiró la manga por delante de su muñeca hasta los dedos.Parecía un cadáver. La sangre salió corriendo de sus mejillas, y su cuerpose estremeció con temblores silenciosos. —Déjame en paz.Se dio la vuelta y se tambaleó de regreso hacia la biblioteca.
  29. 29. 295EchoTraducido por Mel CiprianoCorregido por Vane-1095ada —dijo Lila—. Ni una sola palabra, ni un pío, ni un ruido.Natalie, Grace y yo hasta pusimos algunas antenas en los másjóvenes, pero no hay absolutamente ningún chisme dandovueltas sobre ti. Bueno, al menos nada que involucre a Noah Hutchins.Lila se sentó en el asiento del acompañante y yo me senté en el ladodel conductor del Corvette 1965 que le había pertenecido a Aires. Ellahabía venido a mi casa para actuar como barrera de mis viernes familiareso, como me gustaba llamarlos, La Cena de los Condenados.En el garaje, la radio se escuchaba desde mi Dodge Neon de 1998color verde bosque. El Corvette de Aires todavía tenía su radio original.Traducción: un pedazo de mierda, pero el resto del coche era totalmenteuna bestia. De un vistoso rojo sangre con diseños color negro corriendo ensentido horizontal —Aires normalmente me habría perdido a este punto,pero aún así seguiría hablando a pesar de que mis ojos se nublaran—, tresfunciones, frente vertical, rejillas inclinadas en los lados de los guardabarrosdelanteros, molduras oscuras, barras horizontales de rejilla y diferentespaneles.No tenía idea de lo que eso significaba, pero Aires lo había dichotanto que había memorizado la descripción. El coche parecía increíble,pero no funcionaba. Gracias a Noah Hutchins, mis posibilidades de quealguna vez corriera disminuían cada día. Apreté mis manos en el volante yrecordé la promesa de Aires. Días antes de su partida, había rondadosobre el capó abierto mientras me encontraba sentada en la mesa detrabajo.—Todo va a estar bien —Los ojos de Aires se concentraron en laforma en que movía mis pies—. Es sólo un alistamiento de seis meses.—Estoy bien —dije mientras parpadeaba tres veces. No quería queN
  30. 30. 30se fuera. Aires era la única persona en el mundo que entendía la locura denuestra familia, además de que era el único capaz de mantener la pazentre Ashley, nuestro padre y yo. No era el mayor fan de Ashley, pero apesar de sus sentimientos, siempre me animó a darle un descanso.Se rió entre dientes. —La próxima vez por lo menos trata de detenertu signo revelador de una mentira. Uno de estos días, papá se dará cuentade ello.—¿Escribirás? —le pregunté, cambiando de tema. Había habladomucho acerca de nuestro padre antes de irse.—Y enviaré correos electrónicos y hablaremos por Skype. —Limpiósus manos en un trapo grasiento y se enderezó—. Te diré qué. Cuandoregrese a casa y termine el coche, puedes ser la primera en conducirlo.Después de mí, por supuesto.Mi pie se detuvo y me dejé llenar con el primer sentimiento real deesperanza desde que Aires me había hablado de su alistamiento. Airesvolvería a casa, siempre y cuando su automóvil lo esperara. Me habíadado un sueño y me aferré a eso después de su partida. Mis sueños semurieron con él en una carretera desolada en Afganistán.—¿Qué estás pensando? —preguntó Lila ahora.—Noah Hutchins —mentí—. Ha tenido toda la semana para decirle ala escuela entera de mis cicatrices. ¿Qué piensas que está esperando?—Tal vez Noah no tiene a nadie a quien contarle. Es un drogadictochico de acogida que necesita clases particulares.—Sí, tal vez —contesté. O tal vez esperaba el momento perfectopara hacer mi vida un infierno.Lila jugaba con sus anillos en los dedos, una señal de que estabanerviosa. —¿Qué? —pregunté.Tuve que esforzarme para escuchar su respuesta entre dientes.—Le dijimos a Luke.Apreté cada músculo de mi cuello y solté mis manos en el volante,aterrada de rasgar el plástico en fragmentos. —¿Qué hicieron qué?Lila se volvió en su asiento, retorciéndose las manos en el regazo.—Está en nuestra clase de inglés. En lugar de corregir los documentosde los demás, Natalie, Grace y yo discutíamos la situación de Noah y tuscicatrices y... Luke escuchó un par de cosas.El corazón me latía con fuerza en mis oídos. Durante casi dos años,había mantenido este secreto horrible y en una semana dos personashabían forzado la puerta de mi pesadilla personal.
  31. 31. 31Cuando no dije nada, continuó—: Las cicatrices no son tu culpa. Notienes absolutamente nada de qué avergonzarte. Tu madredefinitivamente sí, y posiblemente tu padre, pero ¿tú? Nada. Luke ya sabíaque tu madre era una completa loca y nunca le dijo a nadie. Es un idiota,pero incluso él puede imaginarse que tu mamá te hizo daño.¿Debía estar enojada? ¿Aliviada? Me conformé con entumecida.—No es una psicótica —murmuré, sabiendo que todo de lo quedecía con respecto a mi madre caía en oídos sordos—. Tiene problemas.En un movimiento lento y deliberado, Lila puso su mano sobre la mía,dándole a mis dedos un apretón tranquilizador. Un recordatorio de que meamaba a pesar de todo. —Creemos que deberías decirle a la gente. Yasabes, tomar la ofensiva en lugar de la defensiva. De esta forma si Noah ledice a todo el mundo, ellos ya sabrán la historia real y pensarán que él esun idiota por burlarse de ti.Me quedé mirando la mesa de trabajo de Aires. Mi padre nuncausaba las herramientas. Si algo se rompía, llamaba a alguien paraarreglarlo. A Aires le encantaba juguetear. Se pasaba cada momentoaquí, en este garaje. Dios, lo necesitaba. Lo necesitaba para que me dijeraqué hacer.—Por favor, di algo, Echo. —La angustia en la voz de Lila rompió lamía.—¿De quién fue la idea? —le pregunté, aunque sabía la respuesta—.¿Grace? —Ella quería que le dijera a toda la escuela lo que pasó deinmediato.—Eso no es justo —exhaló Lila—. No es que Grace no haya sido justacontigo tampoco. Juró que toda esta cosa de público contra privadoterminaría después de la votación para la jefa de las animadoras, pero esasí, Echo. Quiere lo que todos queremos, que todo vuelva a la normalidad.Mientras el mundo piense que te cortas o has intentado suicidarte, siemprevas a estar al margen. Tal vez todo este asunto de Noah es una bendicióndisfrazada.Miré a Lila por primera vez desde que me había dado la noticia.—Mi mamá está fuera de límites.—Te apoyaremos. —Lila dejó escapar las palabras—. Luke dijo quehablaría con sus amigos acerca de los episodios de locura de tu madre delos que fue testigo cuando eran novios. Ya sabes, para darle legitimidad ala historia. Y cuando Grace escuchó eso, accedió a contarles a todos loque ella, Natalie y yo vimos en el hospital. Hemos visto a la policía. Hemosoído a tu padre gritarle a tu madre. Grace quiere esto con muchas ganas,todos lo hacemos.
  32. 32. 32—Porque tener una madre loca y no recordar nada de la noche enque trató matarme es mucho mejor que el hecho de que la gente adivineque me corto o intenté suicidarme.Lila habló en voz baja. —La gente se sentirá mal por ti. Ser lavíctima... hace las cosas diferentes. Eso es lo que Grace ha estadotratando de decirte todo el tiempo.La ira rompió mi frágil paciencia. —No quiero su simpatía y no quieroque la peor noche de mi vida esté en discusión en toda la escuela. Sialguna vez soy capaz de contárselo a alguien quiero ser capaz de decir laverdad, no que soy un idiota patética que no recuerda nada. —Megolpeé la parte trasera de mi cabeza contra el asiento y miré al techo delcoche. Respira profundo, Echo. Respira profundo.No recordaba absolutamente nada de esa noche. Mi padre, Ashleyy mi mamá sabían la verdad. Pero estaba prohibido hablar con mi mamá,y papá y Ashley creían en lo que los terapeutas dijeron. Que cuando mimente pudiera manejar la verdad, recordaría.Lo que sea. No eran los que yacían en la cama durante la noche,tratando de averiguar lo que pasó. No eran quienes se despertabangritando. No se preguntaban si se estaban volviendo locos.No se sentían sin esperanza.—Echo... —Lila vaciló, respiró hondo y miró por el parabrisas. Aquellotenía que ser malo. Siempre podía hacer contacto visual—. ¿Alguna vezhas pensado que quizás tú tienes algo que ver con esto?Me estremecí y luché para controlar la ira moviéndose en misentrañas. —¿Cómo dices?—Sé que fue difícil volver después lo que pasó entre tú y tu mamá,pero ¿alguna vez te preguntaste si quizás si hubieras vuelto en septiembre ycontinuado con tu vida normalmente, la gente tarde o temprano habríaseguido adelante? Quiero decir, te has convertido en una especie dereclusa.La ira dio paso a un dolor que empujó mi corazón hasta la garganta.¿Era así como mi mejor amiga me veía? ¿Cómo una cobarde? ¿Unfracaso?—Sí, yo había pensado en eso. —Esperé antes de hablar otra vezpara evitar que mi voz se quebrara—. Pero cuanto más salía, la gente máshablaba. ¿Recuerdas las pruebas de aptitud del año pasado para elequipo de baile? La gente tiende a chismear sobre lo que ven.Su cabeza estaba gacha. —Lo recuerdo.—¿Por qué? —le pregunté—. ¿Por qué traer a colación todo esto
  33. 33. 33ahora?—Porque lo estás intentando, Echo. En realidad viniste a comer. Estáshablando con la gente. Es la primera vez desde nuestro segundo año quete he visto intentar y me aterra que vuelvas a entrar en tu concha. —Sevolvió hacia mí con un resorte extraño en sus movimientos—. No dejes quelo que Noah vio te asuste. Ven a la fiesta de Michael Blair conmigo,mañana por la noche.¿Había perdido la razón? —De ninguna manera.—Vamos —suplicó—. Es tu cumpleaños mañana. Tenemos que salir.—No. —Quería olvidar que ese día existía. Mamá y Aires solían haceruna fiesta para mi cumpleaños. Sin ellos....Juntó las manos y las colocó debajo de la barbilla.—¿Por favor? ¿Por favor, por favor? ¿Por favor, por favor conchocolate caliente? Pruébalo a mi manera y si no funciona te juro quenunca lo traeré de nuevo. ¿Y mencioné que oí a Ashley decirle a tu papáque quería llevarte a cenar? En un restaurante. Uno costoso. De cincoestrellas. Dime un pequeño sí y puedo sacarte de eso.La Cena de los Condenados de los viernes ya era lo suficientementemalo. Una Cena de los Condenados en público, sería inhumano. Volví arespirar hondo. Lila se había quedado conmigo a través de todo: la locurade mi madre, el divorcio de mis padres, la muerte de Aires, y ahora esto.Era posible que no lo supiera todavía, pero Lila se encontraba a punto derecibir su regalo de cumpleaños.—Bien.Gritó y aplaudió con sus manos. En una frase larga y continua,describió sus planes para la noche siguiente. Tal vez Lila y Grace teníanrazón. Tal vez la vida podría volver a la normalidad. Podía ocultar miscicatrices e ir a fiestas y tan sólo pasar desapercibida. Noah no le habíacontado a nadie y tal vez no lo haría.Además, faltaban sólo cuatro meses más hasta la graduación, yluego podría usar guantes todos los días por el resto de mi vida.
  34. 34. 346NoahTraducido por Vane-1095Corregido por tamis11eintiocho días de angustia habían pasado desde que habíavisitado esa sala decorada con tristeza en el edificio deservicios sociales. Los payasos y los elefantes pintados en lapared estaban destinados a invitar a la felicidad, pero cuanto más miraba,más siniestra se convertía. Nervioso como el infierno y sosteniendo dosregalos envueltos, me senté en una fría silla plegable. No necesitaba eserecordatorio de que tan jodida se había convertido mi familia. Mishermanos pequeños solían seguirme a cada paso que daba, adoraban elsuelo que pisaba. Ahora, no estaba seguro si Tyler recordaba nuestroapellido.Esperé como un enjaulado gato-en-la-caja listo para la primavera.La trabajadora social necesitaba traer a mis hermanos antes de que misnervios explotaran. Por alguna razón, Echo y su balanceo de pie vino a micabeza. Debió de ser herida el doble de veces que yo.La voz de mi madre sonó en mi cabeza. Siempre hay que estarpresentable. Es importante poner tu mejor pie adelante.Me había afeitado, algo que normalmente no me molestaba ahacer todos los días. Mamá y papá habían odiado mi peinado y cualquiersigno de rastrojo en mi cara. Con mi madre en mente, no dejaba que micabello creciera más allá de mis oídos, pero, por instinto de conservación,lo dejé un poquito largo, negando a las personas acceso a mis ojos.La puerta de abrió y automáticamente me puse de pie con losregalos aún en mis manos. Jacob voló a través de la puerta y estrelló sucuerpo contra el mío. Su cabeza llegaba a mi estómago ahora. Arrojé losregalos a la mesa, me agaché al nivel de Jacob y envolví mis brazos a sualrededor. Mi corazón cayó. Hombre, había crecido.Mi trabajadora social, una señora negra corpulenta de unosV
  35. 35. 35cincuenta años, se detuvo en el marco de la puerta.—Recuerda, nada de preguntas personales acerca de sus padresadoptivos. Estaré al otro lado del espejo.Fulminé con la mirada a Keesha. Ella miró hacia mí antes de irse. Almenos, el odio era mutuo. Después de que golpeé a mi primer padreadoptivo, el sistema me había marcado como emocionalmente inestabley había perdido el derecho de ver a mis hermanos. Como no había tenidoarrebatos con ninguna de mis otras familias de acogida, se mostró la“mejora”, la que recientemente me había hecho merecedor querecuperar la visita supervisada una vez al mes.Jacob murmuró en mi hombro. —Te he extrañado, Noah.Me aparté y miré a mi hermano de ocho años. Tenía el cabello rubiode papá, sus ojos azules y su nariz. —Yo también te extrañé. ¿Dónde estáTyler?Jacob desvió su mirada al suelo. —Ya viene. Mamá…quiero decir…—balbuceó—. Carrie está hablando con él en el pasillo. Está un poconervioso. —Sus ojos se encontraron con los míos una vez más, lleno depreocupación.Fingí una sonrisa y desordené su pelo. —No te preocupes, hermano.Vendrá cuando esté listo. ¿Quieres abrir tu regalo?Esbozó una sonrisa que me recordó a mamá y asintió con la cabeza.Le entregué el regalo y lo vi abrir la caja que contenía veinte paquetesnuevos de cartas Pokemón. Se sentó en el suelo y perdió interés en mímientras rasgaba cada paquete, de vez en cuando me decía de lo quehacía una tarjeta en particular que le gustaba.Miré al reloj y luego a la puerta. Sólo tenía un tiempo específico conmis hermanos y alguna puta tenía a Tyler. A pesar que había dicho aJacob que estaba bien, no era así. Tyler solo tenía dos años cuandonuestros padres murieron. Necesitaba cada minuto que pudiera tener paraayudarle a recordarlos. Infiernos, ¿a quién trataba de engañar?Necesitaba cada minuto para ayudarle a recordarme.—¿Cómo van las cosas con Carrie y Joe? —Traté de sonarindiferente, pero esta pregunta me puso nervioso. Tenía experienciadirecta con padres adoptivos de mierda y me encantaría matar acualquiera que tratara a mis hermanos como me habían tratado a mí.Jacob organizó las tarjetas en diferentes categorías. —Bien. EnNavidad nos dijeron que podíamos empezar a llamarlos mamá y papá siqueríamos.Hijos de puta. Cerré mi puño y mordí el interior de mi labio,
  36. 36. 36extrayendo sangre.Jacob apartó la mirada de sus cartas por primera vez. —¿A dóndevas, Noah?—A ver a Tyler. —Sólo me quedaban cuarenta y cinco minutos. Siquerían jugar sucio, yo también podía.En el momento en que entré en el vestíbulo, Keesha salió de la salade observación conectada a la mía, cerrando la puerta detrás de ella.—Vuelve allí y visita a tu hermano. Ya te quejas de no verlos losuficiente.La señalé con el dedo. —He ganado al menos dos horas al mes conmis hermanos. Mínimo, sin limitación. Si no traen a Tyler a esa habitación entreinta segundos, llamaré a un abogado y le diré que a propósito estánapartándome de mis hermanos.Keesha me miró por un segundo y luego se echó a reír. —Eres unchico inteligente, Noah. Aprendiendo el sistema y usándolo a tu ventaja.Regresa allí. Tyler está en camino —Me volví, pero Keesha gritó—: Y Noah, sime vuelves a señalar con el dedo, lo desprenderé de tu mano y te lo daré.Jacob me dio la sonrisa de mamá otra vez cuando regresé. Meconcentré en sacar la ira de mi sistema. Jacob era fácil. Jacob recordaba.Tyler, Tyler era enteramente distinto.Carrie, la adulta perfecta con cabello negro perfecto, entró en lahabitación con Tyler envuelto como un mono bebé en su madre. Tendí lasmanos. —Dámelo.Me erguí sobre ella. Fácil de hacer, ya que sólo me llegaba alhombro. En lugar de entregármelo, deslizó el otro brazo alrededor de él.—Está asustado.Corrección. Ella estaba asustada. —Soy su hermano y usted no tienerelación con él. Va a estar bien.Cuando no hizo nada para liberarlo, continué—: Tengo derecho aesta visita.Se lamió los labios. —Tyler, bebé, es hora de ver a Noah y jugar conJacob. Parece que Noah te ha traído un regalo.Al oír esas palabras, Tyler levantó la cabeza y me miró. La cara de mihermano menor casi me hizo caer de rodillas. No fue por su parecidoconmigo o con mamá, sino por lo magullado que estaba el lado derechode su rostro. Mi corazón latió más rápido cuando vi el parche marrón y elpelo rapado con al menos cinco grapas en su cráneo.Mi cabeza se agitó al espejo trasparente, una clara indicación de
  37. 37. 37que si Keesha no traía su culo de trabajadora social aquí, mataría a estamujer.Tomé una respiración relajante. Tyler tenía solo cuatro años y mi ira loasustaría. Extendí mi mano y tomé la de Tyler de ella. Abrió los brazos comosi hubiera robado su cachorrito.—Fue un accidente —susurró.—Oye, hermanito. ¿Quieres abrir tu regalo? —pregunté a Tyler.Asintió con la cabeza. Lo puse junto a Jacob y le entregué su regalo.Keesha entró mientras Carrie se escabullía. Keesha levantó las manos. —Fue un accidente. Debería habértelo dicho antes de que Tyler entrara,pero lo olvidé.Mis ojos se estrecharon, mientras la miraba fijamente. —Lohablaremos después.Regresé a mis hermanos y oré para que Tyler por lo menos mehablara una palabra antes de que terminara la sesión.* * *Una vez más, me senté en la silla plegable, pero no estaba nerviosoen esta ocasión. Estaba jodidamente molesto.Keesha se centró frente a mí. —Carrie y Joe dieron a Tyler unabicicleta para navidad y lo dejaron montar un par de días sin el casco.Cuando se cayó, lo llevaron de inmediato al hospital y me fue notificado.Se sienten terribles.—Deberían —ladré—. ¿Cómo puedes saber que no lo golpearon?Keesha recogió la cinta azul del paquete de Tyler. —Son buenaspersonas. No creo que dañen intencionalmente a tus hermanos.Sí. Auténticos santos. —Si ellos son tan buenos, deberían de dejarsede tantas evasivas y dejarme ver a mis hermanos.—Se llevaron a los chicos después del incidente con su primerafamilia de acogida, Noah. Oyeron que eras emocionalmente inestable. Esosolo demuestra lo mucho que cuidan a los niños. Carrie y Joe no quierenverlos lastimados.Con mi puño cerrado, me mantuve con mi mano debajo de la mesapara evitar golpear la pared, como yo quería. Keesha amaría tener máspara demostrar mi inestabilidad. —Nunca les haría daño.—Sé eso —dijo Keesha con una pizca de derrota—. ¿Por qué creesque sugerí a la Sra. Collins para que te adoptara?Debería haberlo sabido. —Así que es tu culpa.
  38. 38. 38Se inclinó hacia delante, colocando sus brazos sobre la mesa. —Eresun gran chico, Noah. Tienes un gran potencial frente tuyo, si solo pierdes tuactitud.Negué con la cabeza. —Pensé que lo había demostrado ya. Cristo,me has puesto en un hogar con otro adolescente.—Te lo dije. Esto puede ser un proceso lento. Solo ven a las visitas,compórtate y trabaja con la Sra. Collins. En el momento en que te gradúes,estoy segura de que pasarás a las visitas sin supervisión.¿Visitas sin supervisión? Un músculo saltaba en mi mandíbula.Gilipolleces. —Tendré dieciocho años en el momento en que me gradúe.Tendré la custodia en ese momento.La cara de Keesha se contrajo con diversión, pero luego cambió asolemne.—¿Crees que podrías mantener a tus hermanos mientras trabajas enun local de comida rápida? ¿Crees que un juez te escogerá sobre Carrie yJoe?¿Elegirme sobre Carrie y Joe? La comprensión de que el juez podríatomar esa decisión me hizo sentir nauseas en el estómago. Jacob habíadicho que ellos querían que los llamen mamá y papá.—Carrie y Joe se están presentando para adoptarlos, ¿no?En el momento en que miró a otro lado supe la respuesta. No habíamanera en el infierno de que alguien además de mí mantendría a mishermanos.—Tienes razón, Keesha. He aprendido mucho en los últimos dos añosy medio. He aprendido que este estado toma en consideración sangre yque la excusa de mí siendo emocionalmente inestable no se contagia si hesido colocado en un hogar con otro niño adoptivo. Puede que no seacapaz de cuidar a mis hermanos ahora, pero en cuatro meses lo seré.Listo para irme, me aparté de la mesa y me levanté. Los ojos deKeesha crujían de ira. —No arruines la vida de esos chicos por accidente.Me di la vuelta y levanté mi manga, señalando la redonda cicatrizen mis bíceps. —Gerald lo llamó un accidente. La mejor manera paradescribir a Don es un accidente. ¿Qué tipo de accidente se llama Faith yCharles Meeks? Tengo palabras para ellos, pero me prohibiste ese tipo delenguaje. Mis hermanos nunca serán los accidentes en este sistema.Con eso, salí, cerrando la puesta detrás de mí.
  39. 39. 397EchoTraducido por AnnabelleCorregido por Vane-1095ormalmente, ver cómo juegan Beer Pong10 me aburre, perono cuando Lila continúa pateando el trasero de todo elmundo. La chica está que arde. Además, cada vez que elequipo contrario encesta su vaso, le pide a cualquier chico de por ahí quelo beba. Los chicos siempre hacen fila para complacerla.—¿Vas a jugar? —preguntó Luke.Atrapada en mis propios pensamientos, no había notado cuando seacercó. —Nop. Esto es sólo de Lila. —Además, no hacía nada que atrajeraatención hacia mí.—Esta noche debería ser todo sobre ti. Es tu cumpleaños, después detodo. —Hizo una pausa—. Feliz cumpleaños, Echo.—Gracias.—¿Así que vas a quedarte aquí toda la noche viéndola jugar? —Luke hizo señas hacia el juego con sus pulgares enganchados a susbolsillos. Si no lo conociera tan bien, diría que tramaba algo.—Sistema de apoyo. Cuido de Lila y ella cuida de mí. Natalie yGrace están por aquí, en algún lugar. —Visualicé la cocina, esperando porun segundo que aparecieran espontáneamente.—Inteligentes, pero al mismo tiempo molestas. —Luke descansó supalma en la pared al lado de mi cabeza, pero mantuvo su cuerpo a unadistancia prudente de mí. Cuando solía hacer eso, me atrapaba con sucuerpo, haciendo que mariposas revolotearan en mi estómago. Luego seinclinaría más y me besaría. Esos días ya eran parte del pasado —la10Beer pong: Es un juego de beber de origen norteamericano en el que los jugadorestratan de encestar vasos llenos de cerveza desde el extremo de una mesa, con pelotasde ping-pong.N
  40. 40. 40atrapada, las mariposas, el revoloteo y los besos, especialmente los besos.—Iba a pedirte que bailaras conmigo.Hice como si examinaba alrededor. —¿A quién le quieres dar celos,Luke?Retiró su mano y se rió, fuertemente. No esa risa falsa que utilizaba enla cafetería con su chica de la semana. —Encuéntrame cuando Lilatermine de jugar.Lila lanzó sus brazos al aire y gritó al demoler otro equipo, otra más. Aeste punto, estaba segura que solamente la dejaban ganar para quecontinuara jugando. Luke desapareció.Ella tomó uno de los vasos de cerveza que aún se encontraban enla mesa y se apartó, para la desdicha de los chicos que colgaban de ellaa cada momento. Tomó medio vaso y me tendió el resto.—Toma. Nat todavía es la CD11, ¿no?—Sip. —Tomé el vaso de sus manos y lo terminé. Particularmente, nome importaba mucho el sabor, pero sólo cuando se trataba de cerveza enbarril…Disfruté la cálida sensación que la cerveza me provocó al rato. Lasorillas difíciles de mi vida no parecían tan malas para ese entonces. Lasemana número dos del segundo semestre había traído consigo mi primerasesión individual con la Srta. Collins, ningún trabajo, y el miedo de queNoah Hutchins cambiara de opinión y le contara a todo el mundo sobremis cicatrices. Los dos habíamos vuelto a ignorarnos mutuamente. —Estasemana, la Srta. Collins me preguntó si bebía. Ya estoy muy cansada dementirle.Michael Blair, el anfitrión de la fiesta, pasó a nuestro lado con unabandeja llena de cerveza para otra ronda de Beer Pong. Lila se robó dos yme pasó una a mí. —Los adultos quieren que les mintamos. Quieren vivir ensus perfectos munditos y pretender que no hacemos nada más que comermasa para galletas y ver reality shows en la tv.Tomé un sorbo de la cerveza. —Pero en verdad sí comemos masapara galletas y vemos reality shows en la tv.Lila tropezó antes de entrecerrar sus ojos en mi dirección.—Exactamente. Lo hacemos para atraparlos con la guardia baja.Esa sensación cálida y confusa que me ayudaba a olvidar las orillastambién atrasaba el proceso de pensamiento. Tuve que analizar lo quedijo dos veces. —Eso no tiene ningún sentido.11 CD: Conductora designada.
  41. 41. 41Ondeó su mano alrededor como si fuera a explicarme. Su manocontinuó moviéndose, pero su boca se mantuvo cerrada. Finalmente, bajóla mano y tomó otro sorbo. —No tengo ni idea. Bailemos, cumpleañera.Lanzamos nuestros vasos vacíos a la basura y nos movimos entre lagente hacia el origen de la música. Música… bailar… Luke había dichoque tenía que encontrarme con él. Abrí mi boca para decirle a Lilacuando se detuvo de repente. —Quiero hacer pis. —Dobló a la izquierda ycerró la puerta del baño a su espalda.Incliné mi hombro derecho contra la puerta e intenté escuchararcadas. Nop, definitivamente estaba haciendo pis.El dolor se acumuló en mi brazo izquierdo cuando alguien chocócontra mí y siguió caminando. Miré por encima de mi hombro. —¡Fíjate!Una chica con largo cabello negro, vestida de negro de pie acabeza y un arete en su nariz, caminó hacia mí. Se detuvo tan cerca quepodía contar sus pestañas por encima de sus ojos inyectados en sangre.—Quítate de mi camino y no habrá ningún problema.De acuerdo. Era una completa gallina. Nunca en mi vida me hemetido en una pelea. Hacía lo que fuera para que evitar que las personasme gritaran, y en las noches me acostaba preocupada de haber ofendidoa alguien. Así que cuando esta chica con estilo de motociclista se quedóallí de pie con los brazos estirados a los lados, esperando por mi ingeniosarespuesta o que lanzara el primer golpe, consideré vomitar.—Apártate, Beth. —dijo una profunda y ronca vos detrás de mí.Mierda. Conocía esa voz.La mirada de Beth la Motociclista se detuvo justo por encima de mihombro.—Me gritó.—Tú chocaste con ella primero. —Noah Hutchins se encontraba a milado. Sus bíceps tocaban mi hombro.Las esquinas de la boca de Beth se estiraron. —No me habías dichoque te tirabas a Echo Emerson.—Oh, Dios —gemí. Me conocía, y creía que lo “hacía” con él. Lahabitación se inclinó y la cálida y confusa sanación que tanto amaba sedesvaneció. Feliz Cumpleaños a mí.—Es mi tutora.Me incliné contra la pared y deseé que todo dejara de moverse.—Como sea. Te veo afuera cuando termines de estudiar. —Beth la
  42. 42. 42chica Motociclista arqueó sus cejas y se alejó.Fantástico. Otro rumor por el cual preocuparme. Necesitabaapartarme de él. Noah Hutchins no significaba más que malas noticias.Primero se burló de mí. Después vio mis cicatrices. Además destruyó todasmis esperanzas para reparar el auto de Aires. Y luego hizo que las personascrean que lo estamos “haciendo”.Intenté girar la perilla del baño, esperando poder acompañar a Lilaahí dentro, pero no se abrió. Puertas con seguros eran una violacióndirecta al sistema de apoyo. Que se jodan. Me separé de la pared ytropecé hasta la puerta trasera. Aire. Necesitaba muchísimo aire.Inhalé profundamente en el momento en que salí al patio. El aire fríoquemó mis pulmones e inmediatamente heló la piel expuesta en mi cuelloy rostro. Escuché risas y voces en la oscuridad más allá del límite del patio.Probablemente eran los drogadictos fumando su mierda.—¿Acaso tienes algún tipo de problema con las chaquetas?Joder. ¿Por qué no podía deshacerme de él? Me giré y casi choquécontra Noah. La profunda percepción y la cerveza obviamente noestaban relacionadas.—¿Estás empeñado en arruinar mi vida? —Cállate, Echo—. Es decir,¿no tienes nada más por hacer que destruirme? —Suficiente. Puedes pararen cualquier momento—. ¿Viniste a esta fiesta a contarles a todos de miscicatrices? —Y oficialmente me convertí en el claro ejemplo de por qué losadolescentes no deben beber.Lo miré fijamente a los ojos y esperé por su respuesta. No nosmovimos. Santo Dios, Lila y Natalie tenían razón. Él era ardiente. ¿Cómopude dejar pasar un cuerpo tan marcado como éste? Su chaqueta con lacremallera abierta exponía su camisa, tan apretada que podía ver lacurva de sus músculos. Y esos ojos castaño oscuro…Noah enderezó su cabeza y respondió calmadamente. —No.Una brisa helada barrió por el patio, causándome escalofríos. Noahse sacudió su chaqueta de cuero negra y la colocó sobre mis hombros.—¿Cómo vas a darme clases si te da una jodida neumonía?Alcé una ceja. Qué extraña combinación entre gesto romántico ypalabras tan horriblemente crudas. Apreté su chaqueta, resistiéndome alas ganas de cerrar mis ojos cuando una dulce y húmeda esencia merodeó. Mi mente lenta se aceleró. —Esa es la segunda vez que mencioneslas tutorías.Introdujo sus manos en los bolsillos. Y su cabello cayó sobre sus ojos,bloqueando mi nueva vista favorita. —Es bueno saber que tu mente aún
  43. 43. 43funcione incluso cuando estás jodida.—Utilizas mucho es palabra. —Me tambaleé. Tal vez no necesitabaespacio. Lo que necesitaba era una pared. Me tropecé e incliné miespalda contra el frío ladrillo. Una pequeña parte de mi cerebro cantaba“sistema de apoyo” una y otra vez. Sí, iré por ello —en un rato.Noah me siguió y se detuvo a solo unos centímetros frente a mí. Tancerca que el calor de su cuerpo envolvía cada parte del mío.—¿Qué palabra?—Esa que comienza en j. —Guau. Se encontraba mucho más cercade mí de lo que Luke había estado más temprano. Tan cerca que, siquería, podría besarme.Sus ojos buscaron los míos y luego bajaron a inspeccionar el resto demi cuerpo. Debí decirle que se detuviera o hacer algún comentariosarcástico, o al menos sentirme degradada, pero nada de eso ocurrió. Nohasta que sus labios se levantaron.—¿Tengo tu aprobación? —pregunté sarcásticamente.Se rió. —Sí. —Me gustaba su risa profunda. Le hacía cosquillas a miinterior.—Estás drogado. —Porque nadie en su sano juicio me encontraríaatractiva. Especialmente cuando esa persona había visto las abominablescicatrices.—Aún no, pero planeo estarlo. ¿Quieres venir?No necesitaba utilizar todo mi cerebro para esa respuesta. —No. Megustan las células de mi cerebro. Las encuentro muy útiles cuando tengoque… oh, no lo sé… pensar.Su sonrisa maliciosa me hizo sonreír. No la falsa, mi verdadera sonrisa.—Gracioso. —En un movimiento tan rápido como la luz, colocóambas manos en la pared de ladrillos, atrapándome con su cuerpo. Seinclinó sobre mí y mi corazón latió a una velocidad que ni siquiera sabíaque existía. Su cálido aliento acarició mi cuello, derritiéndose en mi pielhelada. Ladeé la cabeza, esperando por el sólido calor de su cuerpocontra el mío. De nuevo pude ver sus ojos, y esos orbes oscuros gritabanhambre—. Escuché un rumor.—¿Qué escuchaste? —luché para decir.—Es tu cumpleaños.Hablar así de aterrorizada rompería el hechizo, así que lamí mis labiossecos y asentí.
  44. 44. 44—Feliz cumpleaños. —Noah llevó sus labios más cerca de los míos;ese aroma dulce y húmedo me abrumaba los sentidos. Casi podíasaborear sus labios cuando, inesperadamente, se apartó, inhalandoprofundo. El aire frío me trajo de vuelta a la tierra de la sobriedad.Llevó una mano por mi rostro antes de dirigirse al límite de los árboles.—Te veo pronto, Echo Emerson.—Espera. —Comencé a quitarme su chaqueta—. Olvidaste esto.—Quédatela —dijo sin mirar atrás—. Iré a buscarla el lunes. Cuandodiscutamos las tutorías.Y Noah Hutchins, chico drogadicto que utiliza chicas y actúa comosalvador al prestar su chaqueta, se desvaneció en las sombras.
  45. 45. 458NoahTraducido por AmyCorregido por Vane-1095o que no entiendo es por qué le diste tu chaqueta. —La cabezay cabello de Beth colgaban sobre el colchón. Fumó un poco delporro y se lo tiró a Isaiah.—Porque tenía frío. —Me recosté muy atrás en el sofá a tal puntoque si me relajaba más el sofá podría abrirse y consumirme. Me reí entredientes. Esa era una mierda buena.Después de mi encuentro con Echo, compré algo de marihuana,Beth y Isaiah se reunieron en el bosque detrás de la casa de Michael Blair ylos obligué a volver con Shirley y Dale. No podía depender de ellos parapermanecer lo suficientemente sobrio para que me llevasen a casa, ytenía la intención de tener sexo más allá de lo creíble.De acuerdo con el expediente de mi trabajador social, Isaiah, otrochico adoptivo, él y yo dormimos en las habitaciones de arriba. Enrealidad, este infierno congelado, más bloques de cemento que sótano,era el lugar donde tres de nosotros vivíamos. Tomábamos turnos paradormir en el viejo colchón grande y un sofá que encontramos en el Fondode Comercio. Dejamos que Beth tuviera la cama de arriba, pero cuandosu tía Shirley y su tío Dale peleaban, que era la mayor parte del tiempo,compartía el colchón con Isaiah mientras yo dormía en el sofá.Además de mis hermanos, Isaiah y Beth eran las únicas personas queconsideraba mi familia. Los conocí cuando Keesha me puso con Shirley yDale el día después de que mi primer año terminó. El Servicio de ProtecciónInfantil había puesto a Isaiah aquí cuando era estudiante de primer año.Era más como una casa de huéspedes que un hogar.Shirley y Dale se convirtieron en padres adoptivos por el dinero. Nosignoraban. Nosotros los ignorábamos. La tía y tío de Beth son buena gente,aunque tenían problemas de ira. Por lo menos guardaban su ira entre ellos.La madre de Beth y su novio de la semana, por el contrario, usaba su ira enL
  46. 46. 46Beth, así que se quedaba aquí. Keesha, quién sabía eso, estaba deacuerdo.Beth se volcó, así podía verme directamente. —En serio, ¿lo estáshaciendo con ella?—No. —Pero después de estar tan malditamente cerca suyo, nopodía dejar de pensar en la posibilidad de su cuerpo caliente bajo el mío.Desearía poder tirar mi culpa en la marihuana, pero no podía. Habíaestado tan sobrio como el día de la prueba de drogas ordenada por lacorte, de pie junto a ella en ese patio. Su pelo rojo sedoso brillaba bajo laluz de la luna, esos ojos verdes me miraban como si fuera algún tipo derespuesta, y, demonios, olía como canela y azúcar recién salida del horno.Me froté la cabeza y suspiré. ¿Qué estaba mal conmigo?Desde ese día en la biblioteca, no podía tener a Echo Emerson fuerade mí cabeza. Incluso cuando visité a mis hermanos, pensaba en ella y mispies temblaban.Se pegó a mí por ciertas razones. Primero, por mucho que odieadmitirlo, necesitaba la tutoría. Si tenía la intención de tener a mishermanos de vuelta, necesitaba graduarme de la secundaria, a tiempo,con un trabajo un infierno mucho mejor que cocinar hamburguesas. Habíaperdido suficientes clases como para retrasarme y alguien que habíaasistido a las clases diariamente me podría ayudar a ponerme al día.—Aquí. No es mucho, pero dale una oportunidad. —Isaiah se sentóen el suelo entre la cama y el sofá. Me pasó el porro.Tomé la última bocanada y dejé el humo hasta que mis fosas nasalesy mis pulmones se quemaron. Y luego había razones que me confundían.—Cuéntame sobre ella.—¿Quién? —Beth se quedó mirando el suelo.—Echo. —¿Qué adicto al crack nombra a su hija Echo? La conocía,pero aún no la conocía. Sólo perseguía chicas que mostraban un fácilinterés en mí.Isaiah cerró sus ojos y apoyó su cabeza en el sofá. Tenía su cabellocerca de su cuero cabelludo. Sus orejas tenían múltiples piercings y lostatuajes corrían a lo largo de sus brazos. —Está fuera de tú liga.Beth rió. —Eso es porque te rechazó en primer año. Isaiah pensó quepodía tener citas y preguntarle en el segundo año. Poco sabía que laSeñorita Perfecta que había estado saliendo con Lucas King durante unaño.Los labios de Isaiah se contrajeron. —Me parece recordar que Lucascambió los compañeros de laboratorio a tus espaldas para poder sentarse
  47. 47. 47a su lado.Los ojos de Beth se estrecharon. —Maldito.—Fíjense en mí, no en sus patéticas vidas. ¿Echo? —Cómo una viejapareja de casados, ambos disfrutaban de las disputas. Isaiah y Beth estánun año debajo de mí, pero la diferencia de edad nunca nos molestó.Beth se sentó en el colchón. —Entonces Echo está en segundo año,es la estrella de la escuela, ¿cierto? Está en el equipo de baile, clasesavanzadas, lista de honor, arte gurú, Señorita Popularidad, y tiene a LukeManning saltando sobre ella entre clases. Un mes antes de acabar laescuela desapareció. —Los ojos de Beth se ampliaron y extendió sus dedoscomo un mago haciendo un truco.Por ahí no era donde pensaba que la historia iba. Isaiah miró mireacción y asintió con la cabeza. —Poof.—Ida —añadió Beth.—Desaparecida —dijo Isaiah.—Perdida.—Evaporada.—Ida —repitió Beth. Sus ojos estaban vidriosos y miró los dedos de suspies.—Beth. —La pinché.Ella pestañeó —¿Qué?—La historia. —Ese era el problema de salir con drogadictos—. Echo.Continúa.—Oh si, entonces desapareció —dijo Beth.—Poof —añadió Isaiah.No de nuevo. —Lo tengo, ¿Qué más?—Volvió a primer año y se convirtió en una persona completamentediferente. Sigue siendo Echo, ¿cierto? Tiene el pelo rojizo rizado y unbalanceado cuerpo.Isaiah se rió —Acabas de llamar su cuerpo balanceado.Beth le lanzó una almohada a Isaiah antes de continuar.—Pero ya no es más la Señorita Popularidad. Luke y ella son historia.Él se movió hacia otra chica. Aunque el rumor es que ella rompió con élantes de desaparecer. Abandonó el equipo de baile, dejó de participaren concursos de arte y rara vez habla con alguien. No es tampoco que yohaya hablado con alguien, pero los rumores vuelan a su alrededor.
  48. 48. 48—El chisme era brutal, hombre —dijo Isaiah. Beth, Isaiah y yoentendíamos el chisme. Los niños adoptados y los de malas viviendastenían un perfil bajo por esa razón.—¿Qué dijeron? —Tuve una sensación de hacia dónde se dirigía estaconversación y no me gustaba.Beth rodeó sus brazos alrededor de sus rodillas. —En el primer día denuestro primer año llegó usando una camiseta de manga larga y la mismacosa el día siguiente y el siguiente y así sucesivamente. Había 32 grados enlas tres primeras semanas de clases. ¿Qué piensas que la gente iba adecir?Isaiah hizo un movimiento circular con sus dedos. —Sus pequeñosamigos la mantuvieron fuera de su vista.—Y comenzó a reunirse con el consejero de la escuela. —Beth sedetuvo—. Estás obligado a sentirte mal por ella.Mis ojos se iban cerrando lentamente, pero la aclaración de Beth mehizo abrirlos de golpe.—¿Qué? —Beth carecía del gen de la simpatía.Se recostó en la cama, sus ojos revoloteaban. —Obviamente, algojodido tiene que haberle pasado. Además, su hermano murió un par demeses antes de su desaparición. Eran súper cercanos. Era sólo tres añosmayor que ella y la llevaba a fiestas y esas cosas cuando estaba en laciudad. Solía odiarla por tener un hermano mayor que la cuidaba. —Ahoralos ojos de Beth se cerraron por completo.Isaiah se puso de pie. —Date vuelta.Beth se dio vuelta contra la pared. Isaiah tomó una manta del sueloy la colocó sobre ella. Nuestra narradora se desmayó.Isaiah se unió a mí en el sofá. —La mayoría de la gente llama a Echouna cortadora. Otros dicen que trató de suicidarse —Negó con lacabeza—. Todo está equivocado, hombre.Estuve tentado de decir que estaba de acuerdo y contarle lo queocurrió en la librería, pero no lo hice. —¿Qué le pasó a su hermano?—¿Aires? Era un buen tipo. Genial con todos. Entró en los Marines12luego de salir de la escuela secundaria y se ofreció al infierno deAfganistán.Aires y Echo13 Emerson. Su madre debe haberlos odiado para12 Marine es el término para referirse a un soldado o militar del cuerpo de infantería demarina.13 De la mitología griega, Aries y Eco.
  49. 49. 49ponerles nombres así. Ahora tengo que encontrar la manera de seragradable con esa chica. Era mi ticket para tener a mis hermanos devuelta.
  50. 50. 509EchoTraducido por Vane-1095Corregido por Escritora Solitariaostuve la chaqueta de cuero negro de Noah en el brazo y medirigí a mi casillero. La tentación de usarla me abrumaba. Meencantaba la forma en que olía, lo caliente que me hizo sentir yla forma en que me recordó a nuestro momento fuera de la casa deMichael Blair.Contrólate, Echo. No eres una idiota. Había escuchado el chismereferente a Noah. Sólo asistía a las fiestas para drogarse y navegar por lamultitud ebrio en busca de una aventura de una noche. Si me hubieradrogado con él, habría sido una. Ni estaba interesada en una aventura deuna noche, pero era agradable tenerlo en cuenta. Después de todo,desde mi segundo año, ni un tipo en la escuela había mostrado una pizcade interés por mí.—¿Cuál es tu problema? Te ves como una niña de cuatro años quiénha perdido su balón. —Lila me acompañaba mientras caminábamos por elpasillo.—Estoy destinada a morir virgen. —Mi propia confesión mesorprendió. ¿Esas palabras salieron de mi boca? Froté el suave material dela chaqueta de Noah. Tal vez debería haber ido con él. No paradrogarme, pero para… Bueno… No morir virgen.Lila se rió tan fuerte que varias personas nos miraron boquiabiertasmientras pasábamos. Bajé la cabeza, dejando que mis rizos ocultaran mirostro y deseando que todos miraran a otro lado. Llegamos a nuestroscasilleros y abrí el mío con la esperanza de buscar dentro y esconderme dela vista de los demás.—Apenas probable. Pero pensé que ya habías llegado lejos. —Lilabuscó en su propio casillero, justo al lado del mío.S
  51. 51. 51—No lo hice. No llegué demasiado lejos con Luke porque pensé queno estaba lista. Nunca imaginé que llegaría en día en que nadie mequerría.Miré mis manos enguantadas, causando un mareo que me golpeóen tierra firme. Cuando sonara la campana, me los tendría que quitar. Noera sobre el sexo. —Ningún hombre va a acercarse lo suficiente paraquererme.Lila cerró su casillero y se mordió el labio. —Tu mamá es una mierda.Aspiré profundamente para evitar caerme en pedazos. —Sí. Lo sé.Sus ojos se estrecharon en la chaqueta que aún sujetaba.—¿Qué es eso?—La chaqueta de Noah Hutchins —dijo Natalie, apareciendo de lanada y arrancándola de mi mano. Su cabello castaño pasaba de lado alado—. ¡Sígueme! ¡Ahora!Los ojos de Lila se abrieron como sorprendidos al tamaño de melonesmientras éramos arrastradas al baño por Natalie. —¿Por qué tienes lachaqueta de Noah Hutchins?Abrí la boca para responder, pero Grace cerró de golpe la puertadel baño. —No tenemos tiempo para una pequeña charla. Él estáviniendo.Natalie utilizó un dedo para empujar cada puerta de cada cubículoy abrirla para confirmar que estábamos solas. El lugar olía a desinfectante yun fregadero goteaba cada dos segundos.—Détente —dijo Grace—. Lo he comprobado.Lila tomó la mano de Grace. —Guau. Necesito respuestas. ¿Quiénestá viniendo? ¿Por qué Echo tiene la chaqueta de Noah y de dondesacaste ese suéter?—Luke. Por Echo. Estabas tan borracha en la fiesta que te hiciste unlio con el sistema de compañeros y ahora Echo tiene la chaqueta deNoah. No puede ser vista con eso. —Grace tiró la mano de Natalie—.Estamos devolviéndole su vida de regreso a Echo.Arranqué la chaqueta de los dedos de Grace. Mis amigas habíanoficialmente perdido sus mentes. —Es una chaqueta, no crack. Está en miclase del primer periodo. Se la devolveré entonces. ¿Y a quién le importaque Luke esté buscándome?Grace me apuntó con una roja uña. —Te resististe. Luke te invitó abailar en la fiesta y en vez de bailar con él tuvimos que llevar a Lila a casa.Ahora está buscándote para averiguar por qué lo dejaste plantado. Esta

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