RAMATIS La Vida Más Allá de la Sepultura

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RAMATIS La Vida Más Allá de la Sepultura

  1. 1. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura La Vida Más Allá de la Sepultura Ramatís y Atanagildo Psicografiada por: Dr. Hercilio Maes 1
  2. 2. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura EDITORIAL KIER S. A. Av. Santa Fe 1260 - Buenos Aires Título original de! portugués A VIDA ALEM DA SEPULTURA 1a edición argentina. Editorial Kier, S.A. Buenos Aires 1966 2a edición argentina. Editorial Kier, S A. Buenos Aires 1971 Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723 © 1971, by Editorial Kier, S.A. Buenos Aires Impreso en Argentina - Printed in Argentina Tapa BALDESSARI LIBRO DE EDICIÓN ARGENTINA 2
  3. 3. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura A mi esposa Lola, a mis hijos Zelia, Mauro y Yara, cuyos sentimientos sellaron nuestra comunión espiritual en esta existencia, ayudándome a realizar esta sencilla tarea en el seno del hogar amigo, saturado de paz benefactora. 3
  4. 4. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura EXPLICACIONES Estimado lector: Cumplo con la tarea inicial de aclararos lo concerniente a la confección de este libro, que difiereun poco de las obras anteriormente dictadas por Ramatís, ya sea por el motivo de relacionarseparticularmente con la vida de los espíritus desencarnados, del mundo astral, o por el hecho deintervenir otro espíritu, que también se encuentra perfectamente encuadrado en el plano general de laobra. Ese espíritu se llama Atanagildo, y conforme a la promesa hecha anteriormente por el propioRamatís, no sólo participó en esta obra, relatando minuciosamente los fenómenos ocurridos durantesu desencarnación, en su última existencia física, en Brasil, sino que también se colocó a nuestradisposición, a fin de responder a todas las preguntas útiles que tuvieran relación con su vida en elMás Allá. Mientras tanto, Ramatís es el idealizador y coordinador v también el responsable de este libro.Hace tiempo que le habíamos pedido que nos dictase algún trabajo descriptivo, sobre los fenómenosque generalmente se verifican al producirse la llamada desencarnación de los terrestres, y asimismonos relatase algunos acontecimientos peculiares a la vida de los espíritus en el mundo astral. Aunque ya existan muchas obras de este género, recibidas por sensitivos de excelente capacidadmediúmnica y elevado criterio moral, conviene recordar que cada espíritu significa siempre un mundode pruebas completamente diferente al de otro ser espiritual, por ese motivo, juzgué de interés eimportancia que a través de mi sencilla mediumnidad se pudiese conocer algún aspecto más sobreeste asunto. Al principio pensábamos que Ramatís nos relataría las impresiones y acontecimientos queacompañaron la desencarnación, de su última existencia en la Indochina; mientras tanto, más ade-lante, comprendimos que eso era impropio y de poco provecho para nosotros, por tratarse de unespíritu que no vive habitual-mente en colonia alguna que esté situada en el astral de Brasil, y porquesu proceso desencarnatorio, ocurrido hace casi mil años, en Oriente, no nos ofrecería un asuntoapropiado a nuestras costumbres y reflexiones occidentales. Ramatís actúa al mismo tiempo en varios sectores del ambiente astral, y su desapego a lasideologías o agrupaciones aislacionistas, religiosas o filosóficas, no sólo lo coloca en el seno de losmás variados movimientos ascensionales de los espíritus desencarnados, sino que aun le favorece elcontacto afectivo que realiza, durante sus actividades espirituales, con el planeta Marte. Considerainoportuna la idea de rememorar los detalles de su lejana desencarnación, ocurrida en la Indochina, ala vez que no reviste situaciones dogmáticas o dignas de mención para nuestras indagaciones. Seexcusó de esa tarea, pero nos prometió presentarnos oportunamente a otro espíritu amigo,desencarnado en Brasil, para que nos describiera lo que deseáramos y que fuera también bastantecapacitado para narrarnos algunos acontecimientos importantes registrados en su morada astral. Ramatís, mientras tanto, nos propuso la cooperación máxima en la obra, a la vez que asumiría laresponsabilidad por los comentarios que le fuesen solicitados con referencia al asunto expuesto por laotra entidad. Pasado un tiempo, se nos presentó la oportunidad y recibimos la visita de Atanagildo,espíritu íntimamente ligado al grupo dirigido por Ramatís, del cual fue su discípulo algunas veces,principalmente en Grecia, en donde también vivieron algunos de los hermanos que actualmente hancooperado en la revisión y divulgación de estas obras. En su última encarnación, Atanagildo habitó en Brasil en una región que prefiere guardar en elanonimato, a fin de evitar cualquier indiscreción alrededor de su familia terrena. Conforme el lector podrá observar, el texto de esta obra fue elaborado en la misma forma de lasobras anteriores, es decir que los asuntos se desdoblan por efecto de la secuencia de las propiaspreguntas. La forma arbitraria de formular preguntas rápidas, después de una duda o por el interésde ampliar la respuesta anterior, aunque favorezca al lector, nos perjudica con respecto a la 4
  5. 5. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepulturaorganización clara de los capítulos, pues la mayor partes de las preguntas provoca el retorno a losasuntos ya enfocados, obligando al espíritu manifestante a dar nuevas explicaciones. Ese sistema,que adoptamos para nuestras tareas espirituales y también para la composición de estas obras, fueaprobado por el espíritu de Ramatís, que consideró el sistema de preguntas y respuestas como elmedio más accesible a los lectores y, a su vez, causa menos cansancio en la prosecución de lalectura. Después que Ramatís nos dice cuál es el asunto principal de la obra que nos va a dictar,organizamos un cuestionario de las preguntas que nos parecen de mayor importancia, dentro deltema general; después preparamos las preguntas que deben dar comienzo a los capítulos previstosen la obra, las cuales se completan gradualmente con nuevas preguntas destinadas a aclarar lasdudas, las que son hechas intercaladamente al espíritu comunicante. Mientras tanto, la mayoría delas preguntas accesorias son hechas por el propio médium, que ya está habituado a ese procesofamiliar e interesante, en donde los comunicantes no sólo le responden a las preguntas previamentepreparadas, sino que aun le aclaran las dudas que probablemente podrán tener los lectores de laobra. De ahí que inspiran al médium para que haga las preguntas suplementarias, así quedandisipadas las dudas planteadas. Atanagildo, al iniciar esta obra con la narración de su última desencarnación terrena, nosfavoreció muchísimo, pues la descripción de su muerte nos dio motivos para que le formulásemosinteresantes preguntas a Él y a Ramatís. Creemos que en esta obra el lector conseguirá distinguir confacilidad el estilo de Atanagildo, unas veces en tono de sorpresa, otras rodeado de cierto humorismo,difiriendo en relación a la argumentación filosófica y el poder de síntesis propio de Ramatís. No hay que olvidar tampoco que yo no soy un médium sonambúlico sino perfectamenteconsciente de lo que me pasa por el cerebro durante el trabajo de recepción mediúmnica, debiendovestir con la palabra el pensamiento de los comunicantes, cosa que no siempre consigo realizar conéxito, para lograr una perfecta identificación de las personalidades, y asimismo se me escapanciertas sutilezas inherentes a la psicología espiritual de cada comunicante. En virtud de que ambos espíritus trabajan íntimamente ligados para la confección de esta obra,innumerables veces verifiqué que algunas respuestas eran dadas por Atanagildo, a la vez que mefluían a la mente innumerables consideraciones y comparaciones filosóficas que ampliaban yexplicaban detalladamente las respuestas, en donde se observa perfectamente la intromisión deRamatís, al que identificaba friccionándome a la altura del cerebelo. Luego pude comprobar mejorque el trabajo era ejecutado en conexión de ambos espíritus, pues delante de cualquier vacilación ydemora en la respuesta de Atanagildo, característica por su exposición más descriptiva, comprobabala inmediata interferencia de Ramatís, que explicaba mejor el asunto a través de su forma peculiar,con la cual ya estamos bastante familiarizados. A pesar de eso, las respuestas de Ramatís quedabansiempre como si fueran de Atanagildo, a quien cabía el mérito de todo. Ese fenómeno constituyó paramí un beneficioso aprendizaje, porque pude comprobar la rapidez y la seguridad del raciocinio deRamatís, al comparar sus respuestas con el demorado y a veces dificultoso modo con que Atanagildollegaba a sus conclusiones. Mientras tanto, es el contenido espiritual de la obra el que realmentedebe ser considerado de mayor importancia para el lector. Debe agradecer la preocupación por partede los espíritus comunicantes al transmitirle un mensaje de aclaraciones, esperanza y advertenciacristiana, ayudándonos para que nos preparemos un destino mejor después de nuestradesencarnación. Atanagildo es afecto a la misma índole universalista de su mentor y amigo. Se ligó a Ramatísdesde mucho antes del éxodo de los hebreos en Egipto, habiéndolo acompañado en varias exis-tencias y aprendiendo de Él los conocimientos y la técnica espiritual de servicio en el Más Allá. En suúltima encarnación, en Brasil, era devoto a los trabajos espiritualistas, había participado en algunosmovimientos esotéricos y espiritistas, en donde exponía siempre la trayectoria de su espíritu y ladedicación al socorro del prójimo, pero sin dejarse dominar por exclusivismos o segregacionesasociativas. Se reveló siempre como una criatura jubilosa y en el esfuerzo por servir en losexperimentos y doctrinas ajenos a todos los que trabajaban devotamente para el bien del espírituhumano. 5
  6. 6. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura Desde los primeros contactos que tuvimos con su espíritu, se nos reveló jovial y a veces jocosoen sus apreciaciones sobre los dogmas religiosos ya envejecidos, siendo de notar el sentido cons-tructivo de sus respuestas, las cuales están exceptuadas de dramaticidad y recogimiento espirituales.Además de su propensión liberal, nunca tuvo exigencias de orden personal, ni pretendió trazarfórmulas para nuestros trabajos, evitando entorpecimientos en las indagaciones que le hicimos. Sumodo ecléctico es común a todos los discípulos, admiradores y a la mayoría de los lectores deRamatís, que en número de algunos millares permanecieron mayor espacio de tiempo reencarnadosen Oriente, bajo la visión protectora de la "Fraternidad del Triángulo". No tenemos dudas de que esa modalidad ecléctica puede sufrir censuras por parte de algunosespiritualistas muy severos, que alegarán que la mezcla siempre sacrifica la cualidad iniciática decada doctrina o credo. Sin embargo, no se trata de contrariar las ideas de cada sistema doctrinarioreligioso. El espíritu de esa "mezcla" supera los celos en materia de religión o de espiritualidad,manteniéndose dentro de sus expresiones elevadas de amor, respeto y tolerancia, que en esenciason las bases elevadas de todas las doctrinas y religiones que trabajan por el bien humano.Indudablemente, demostraríamos una profunda falta de comprensión si censuráramos a nuestroshermanos por el hecho de no adherirse incondicionalmente al círculo de aquello que nosotrosgustamos y amamos con exclusividad. Es muy probable que, en virtud de la franqueza, sin graduaciones psicológicas, con queAtanagildo hace sus revelaciones sobre el mundo astral o que a su fantasía religiosa, pueda con-trariar algunas concepciones restringidas del lector. Mientras tanto, es mucho mejor que Él nos relateaquello que pueda ser negado por nosotros, que esperar las informaciones que nos ayuden adescubrir el misterio del Más Allá de la tumba. Nos cabe alabar el esfuerzo de los espíritusbienintencionados que intentan por todos los medios y formas describirnos el panorama astral quehabitan, deseosos que regulemos la brújula humana hacia el norte de la seguridad espiritual. Atanagildo recomienda, en ciertas respuestas, que aceptemos sus comunicaciones como unaconsecuencia de su experiencia personal, antes que darles forma de postulados doctrinarios defini-tivos, considerando que otros espíritus superiores pueden describirnos los mismos hechos bajoperspectivas diferentes y más lógicas, tal vez de mayor comprensión para nuestra actual psicología.Afirma que está desligado de toda preocupación doctrinaria y pide que lo interpreten como un simpleinformante de acontecimientos vislumbrados en el Espacio, sin pretensión de abrir debates sobreaquello que nos puede parecer inverosímil o que podemos considerar fantasías de una fértilimaginación. Cuando Atanagildo se refirió a la expedición que realizó en son de aprendizaje en las regionesdel astral inferior, se hizo difícil admitir las descripciones de ciertos cuadros tenebrosos, porqueparecían contrariar toda lógica y sensatez, en el plano aun verdadero de los desencarnados. Sinembargo, a través de mi desprendimiento espiritual, que sucede durante las noches de sueñofavorable y de poca alimentación, me fui facultando para presenciar ciertos hechos y escenas tanhorribles, que me daba la sensación de tener un cerebro excesivamente mórbido intentando plagiarlos relatos de Dante en su visita al Infierno. A nosotros nos cuesta creer en esas descripciones tan escalofriantes porque aún estamosfuertemente adaptados a las fantasías de los dogmas religiosos, que a través de los siglos pasados, yaun en la actual existencia, ejercieron y ejercen una presión esclavizante sobre nuestro raciocinioinmaduro. Casi todos nosotros hemos vivido en contacto demorado con las instituciones sacerdotalesdel pasado; confiábamos en un cielo administrado por ángeles y un infierno exclusivamente dirigidopor los diablos. Sufrimos desencantos al verificar que en el astral inferior son los hombres los quemantienen el infierno, y lo que es peor aún, lo hicieron más patético en relación al tradicionalescenario impuesto por la religión. El acontecimiento se vuelve más grave aun para nuestrasconcepciones más avanzadas, porque se termina también la vieja idea espiritualista de que despuésde la muerte deberíamos vivir sumergidos en un estado íntimo de completa introspección espiritual,gozando en un cielo o en un infierno adaptado a nuestras mentes de desencarnados. Por esoconviene repetir lo que otros espíritus manifestaron anteriormente con mucha sabiduría: "La muertedel cuerpo es apenas el cambio de lugar por parte del espíritu". 6
  7. 7. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura Conforme ya hemos explicado, Atanagildo es un espíritu que vivió varias veces en Grecia, y noestamos autorizados a dar detalles de su pasado, pero está influenciado por las encarnacionesgriegas, de las cuales sabemos que la más importante fue entre los años 411 y 384 antes de Cristo. En esa época se encontraban en ebullición los principios y tesis manifestados por Sócrates,Platón, Diógenes, y más adelante cultivados por Antístenes, en cuya época también vivía Ramatísbajo la figura de un conocido mentor helénico, que enseñaba entre discípulos ligados por una granafinidad espiritual. He aquí el por qué al lector no le han de extrañar cierto humorismo y dichossatíricos por parte de Atanagildo, en alguna de sus respuestas, lo que podría considerarse comocierta irrespetuosidad hacia algunos credos dogmáticos, cuando eso es aún el producto psicológicode la vieja irreverencia de los griegos de su época, acostumbrados a ironizar a las institucionesdemasiado sensatas y dramáticas. Cuando se refiere al infierno y a los perjuicios ocasionados por laestrechez religiosa oficial, intercalados en sus respuestas hacia ciertas conclusiones de tonohumorístico, no lo hace con finalidad graciosa y espontánea, sino para agudizar en el lector su interésy raciocinio sobre la procedencia y el ridículo que se oculta en ciertas ideas y prácticas absolutas eimpropias, con respecto a nuestra evolución mental en el siglo XX. A nuestro modo de pensar, basta a veces la emisión de un concepto divertido, pero inteligente,para que ocasione el misterioso "estallido" que elimina de nuestro cerebro el polvo dejado por losdogmas, tradiciones y principios anacrónicos que nos asfixian y reducen la libertad de pensar. A consecuencia de haber recibido muchísimas cartas solicitando aclaraciones del modo en queRamatís se comunica y, a su vez, sobre mi desenvolvimiento mediúmnico, expongo algunos nuevosdetalles que me parecen de utilidad para el lector. A fin de lograr mayor éxito e influencia comunicativa con Ramatís, procuro siempre elevarme enintensidad posible hacia una alta frecuencia vibratoria de naturaleza psíquica no común, para poderalcanzar el plano mental o "plano búdico", como lo llaman los de Oriente, en donde la conciencia demi mentor actúa con toda facilidad. Consideraría una falta de sinceridad hacia el lector si le afirmaraque no recuerdo aquello que me transmitió Ramatís, pues quedo consciente en medio del torrenteinspirativo que me fluye del cerebro durante la recepción mediúmnica. El mecanismo de esefenómeno se produce, más o menos, de acuerdo con los conocimientos que al respecto exponePietro Ubaldi en su obra Las Noures, cuando ese renombrado espiritualista confiesa que escribe demodo poco usual luego de relacionarse con una conciencia superior, la llama "Su Voz". La diferenciaparticular, en este caso, es que Ramatís se me presenta con rica vestimenta indochina y se identificapersonalmente a través de su inolvidable mirar, y su fisonomía joven, llena de bondad y júbilo,mientras que Pietro Ubaldi considera su caso como un fenómeno de "ultrafania" y alude a larecepción de las "corrientes de los pensamientos que circundan el ambiente humano e intervienen,activas y dinámicas, para guiar e iluminar" (Las Noures, Pág. 37, Edición Lake). Por otro lado, lo que sucede conmigo difiere un poco de la mediumnidad común, porque, en lugarde sufrir una actuación impuesta por la voluntad imperiosa del comunicante, me veo inducido asintonizarme con la esfera mental del mismo espíritu y participar activamente del intercambio de lasideas en situación. Entonces quedo en la modesta condición de un mensajero que, después de haberoído las instrucciones verbales, debe transmitirlas con la pobreza de su lenguaje y la precariedad desu entendimiento. El fenómeno, a través de mi mediumnidad, consigue el éxito deseado gracias a la facultadpsicométrica que algo he desarrollado y que permite mantener el cerebro en actividad simultánea yconsciente en el cerebro de mi propio periespíritu, de cuya sintonización resultan las evocaciones delos cuadros que entreveo en el astral. De este modo, y con la ayuda de Ramatís, puedo abarcardirectamente algunos fenómenos del Más Allá, y luego, esas identificaciones me ayudan en lapsicografía y en la composición más nítida de estas obras. Atendiendo al consejo de Ramatís y para la mayor eficiencia de mi trabajo, evité siempreesclavizarme a fórmulas, rituales o adaptaciones psicológicas que pudiesen ayudarse para la recep-ción mediúmnica, ni sujetarse a las influencias o condiciones exteriores. Así consigo trabajar conbastante éxito, pues logro armonizarme con la conciencia espiritual de Ramatís, librándome de 7
  8. 8. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepulturasugestiones ajenas. Me sirve tanto el ambiente calmo como el ruidoso; tanto el efecto sedante de lamúsica selectiva para el alma, como el ritmo regional de las melodías populares; recibo los mensajesen medio de las corrientes mediúmnicas simpáticas, así como alejado de ellas, consiguiendo tambiéngrafiar el pensamiento de mi orientador, en medio de las personas preocupadas por asuntoscomunes. Debido a ese esfuerzo hercúleo para aislarme del medio, hago propicias las condicionesespirituales y eludo los recursos extemporáneos, así que puedo recibir a Ramatís entre lasactividades del hogar, junto a mis familiares, mientras ellos prosiguen en sus ocupaciones de rutina.Puedo escribir durante la mañana, por la noche o la madrugada, ajeno por completo a los rigores delinvierno o del verano; en las noches de luna o las tormentosas, en días apropiados para losfenómenos psíquicos y aun en aquellos que los más experimentados aconsejan no dedicarse. Me sometí a su heroica disciplina en el sentido de encontrarme siempre dispuesto para cuando lavoluntad superior me indicase el servicio a realizar; procuré superar siempre las vicisitudes naturalesde la vida humana y me sobrepuse a las complejidades sentimentales del mundo, objetivando sólo elpropósito de vibrar intensamente en espíritu, a fin de poder efectuar mejor el perfecto enlace con laamplia conciencia de Ramatís. El éxito de mediumnidad, evidentemente, no puede ser fruto de un pase mágico o de unaeclosión milagrosa; exige cariñoso tratamiento, mucha disciplina, superación de las influencias delmedio y absoluta renuncia a los intereses personales. Además de la conducta moral y exigida a todomédium bienintencionado, el estudio se revela como uno de los factores más importantes, paraalcanzar el éxito en las realizaciones mediúmnicas, así como un instrumento musical bien afinadorepresenta la mitad del éxito, del ejecutante. Al encontrarnos en un planeta tan heterogéneo como es la Tierra en la cual vivimos ligados atantas vicisitudes, tropelías, ruidos, decepciones, desajustes y conflictos emotivos, no se puede ,servir bien a lo alto con sólo un progreso calculado para los momentos especiales, como nos seríadificilísimo aliar lo "útil" de la espiritualidad con lo "agradable" de los placeres humanos. No debemosolvidar que Jesús no se dejó condicionar por lo favorable del medio para salvar a la humanidadterráquea, sino que se alió en espíritu a las esferas del padrón espiritual superior y ejerció sumandato alejado de cualquier limitación exterior. El médium que se vuelve tolerante, desinteresado yafectuoso, y también respetuoso para todas las convicciones religiosas y filosóficas de sus hermanosterrenos, sin duda se vuelve el intermediario de mayor autoridad del planeta, como lo fue Jesús, quedirigió sus mensajes a todos los hombres, sin distinción de creencias o modos de pensar. Llegando al término de estas explicaciones, que son indispensables como prólogo de esta obra,recuerdo a los lectores que Ramatís y Atanagildo no se entregaron a un relato aventurero y sinfinalidad constructiva a través del presente trabajo, sin intentar demostrar cuánta compensaciónrealiza en su favor aquel que realmente sigue los pasos de Jesús, en lugar de aferrarse a lasimpurezas astrales, viviendo exclusivamente en función de "puerta amplia" de las conquistas fácilespor la ilusión de los placeres materiales. Pido a Jesús que inspire a todos en la lectura del trabajo que hemos efectuado, con el sentido decontribuir con nuestra "copa de agua" para aplacar a aquellos que tienen sed de conocimientos de laVida del Más Allá y aumentar el ánimo y la esperanza de aquellos que se atemorizan delante de lamuerte del cuerpo y dudan de la magnanimidad de nuestro Padre Celestial. ¡Ojalá puedan estosmensajes mediúmnicos beneficiar a los corazones abatidos por la inseguridad del día de mañana! HERCILIO MAES Curitiba, 27 de octubre de 1957. 8
  9. 9. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura PREFACIO DE RAMATÍS Estimados lectores. Paz y Amor. Al presentaros al hermano Atanagildo, quien desea transmitiros sus impresiones recogidas en eltránsito común de la vida física y espiritual, con respecto al plano educativo, que es la Tierra y elpanorama que la circunda, reconocemos que otros espíritus, en forma eficiente, os transmitieron susexperiencias realizadas en el Más Allá. Mientras tanto, os recordamos que cualquier esfuerzo nuevo ybienintencionado en ese sentido siempre contiene lecciones de utilidad común. El torbellino de vida, aún ignorado por la mayoría de los habitantes de vuestro mundo, que palpitaen las esferas ocultas a la visión de los ojos del cuerpo, requiere que se divulguen las experiencias delos espíritus desencarnados, para que sirvan de derrotero y estímulo a los que siguen en laretaguardia. De la misma forma, es conveniente que se registren los dolores, las decepciones y lasdesilusiones de las almas imprudentes, para que esos hechos sirvan de advertencia severa a losincautos y despiertan a los que aún subestiman la pedagogía espiritual, a través de los mundosmateriales. Es conveniente saber que el éxito espiritual reside, por encima de todo, en el buenaprovechamiento de las lecciones vividas en «ambas regiones, o sea en el mundo astral y en lasuperficie física de la Tierra. Es obvio que ese mayor o menor aprovechamiento del espíritu varía deacuerdo con los innumerables factores que imperan en el seno de cada alma en educación.Consecuentemente, en cada experiencia vivida, avalada y descrita por su propio agente espiritual,existen situaciones, enseñanzas y soluciones desconocidas, que bien podrían servir de orientación yactivación para el término del curso de nuestra ascensión espiritual. Considerando que después de la liberación del cuerpo carnal el alma está obligada a ir alencuentro de sí misma y vivir el contenido de su propia conciencia inmortal, dependiendo de su modode vida, inmaculada o corrupta en la Tierra, con sus goces inefables o los padecimientos infernales,creemos que los relatos mediúmnicos hechos por el hermano Atanagildo se volverán beneficiosospara muchos lectores, que así podrán conocer mejor el fenómeno de la muerte carnal y algunos delos hechos ocurridos en el mundo astral, a través de la experiencia personal citada por más de unespíritu amigo. El espíritu verdaderamente sabio no se aparta del entrenamiento de la alta espiritualidad, porquede ese modo consigue liberarse más rápidamente de las cadenas pesadas de la vida física yaproximarse a las condiciones sublimes que ya son características de las humanidades felices deplanos espirituales superiores. No cambia la ventura prevista en el campo de la inspiración superiorpor los encantos decepcionantes de los fenómenos digestivos y sexuales del mundo de las formas, aligual que el buen alumno, estudioso de la espiritualidad, prefiere huir de las distracciones transitoriasque lo rodean, para conseguir la promoción definitiva en las escuelas más excelsas. Mientras tanto, no aludimos a la fuga deliberada del mundo material, como acostumbra hacer elespíritu inmaduro, aislándose egocéntricamente para poder alcanzar cuanto antes las regionescelestiales. Nos referimos a la habitual negligencia de las almas que, al descender a la Tierra, sedejan subyugar placenteramente por las pasiones animales y terminan dominadas por las fuerzas dela vida inferior. Entonces pasan a golpearse en la carne, como esclavos subyugados a la Ley delKarma, sin realización alguna que los impulse más allá del límite trazado por el determinismo de la"causa y el efecto". No realizan esfuerzos para avanzar sin el aguijón punzante del dolor, y no seproveen de cursos apropiados para acrecentar el círculo de la sabiduría espiritual. Revoloteanatontados, cual mariposas indefensas, alrededor de las lámparas mortíferas, y se ven espiritualmenteembrutecidos sobre los tapetes lujosos, en los vehículos carísimo o en los palacios suntuosos; seregocijan dilatando el abdomen por los excesos pantagruélicos de las mesas opíparas o aturdiéndose 9
  10. 10. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepulturacon la ingestión incesante de corrosivos con rótulos dorados. Esas criaturas, cuando frecuentan los templos religiosos, lo hacen apresuradamente a la hora dela ceremonia aristocrática, rodándose con agua bendita o manoseando Biblia de lujosas tapas; ladevoción les sirve de motivo para hacer admirables exposiciones de trajes elegantes, joyas y adornosperecederos. Nos recuerdan a una hermosa bandada de pájaros policromos haciendo algazara en lasescalinatas de las basílicas suntuosas. Cuando fallecen, un cortejo fastuoso conduce sus huesos ycarnes pútridas hacia el riquísimo túmulo de mármol con puertas de bronce. Les sucede lo que a laalegre cigarra de la fábula, cuando acaba la risa abundante y el vocerío ruidoso; la expectativamisteriosa y la indagación dolorosa fluctúan alrededor de sus lujosos mausoleos. Mientras que, a ladistancia, el silencio es perturbado por el gemido triste del tuberculoso, por el lloro de la criatura ham-brienta o por la queja de la vejez desamparada, que al no tener pan suficiente, techo que la cobije omedicamento que la cure, Se transforma en terrible alegato contra las riquezas malgastadas.Normalmente, las criaturas desinteresadas de los bienes eternos del espíritu aseguran que despuésde la muerte sus variados representantes religiosos, les han de conseguir el deseado ingreso en elPaís de la Felicidad, así como sus asesores les regularizarán las cuentas prosaicas del mundoprofano. Desgraciadamente bien distinta se torna la realidad cuando la sepultura recibe sus carnesabatidas por el exceso de placeres materiales y viciadas por el confort epicúreo. El tenebroso cortejode sombras que los espera en el reino invisible de la visión física, acostumbra substituir el caviar delos banquetes, por el vómito insoportable y la prodigalidad del whisky, por el valor de las llagas de lascomparsas del infortunio. Esos espíritus se sitúan, por Ley contenida en el Código Moral Evangelio, en la regióncorrespondiente a sus propios delitos, pues "a cada uno le será dado conforme a sus obras" y dentrodel libre albedrío de sembrar a voluntad, creándose, por lo tanto, determinismo de la cosechaobligatoria. Es por eso que se vuelven oportunas las páginas que el hermano Atanagildo os transmite desdeel Más Allá, pues así como él os ayuda a vislumbrar algunos detalles del panorama edénico, quesirve de modelo esplendoroso para las almas dedicadas al servicio de Jesús, también os haráconocer algunas impresiones dolorosas de aquellos que violentan los dictámenes de la vida digna yque son atraídos hacia las regiones dantescas, donde vive el "espíritu inmundo" y se hace patético el"crujir de dientes". No dudamos que la mordacidad humana ha de querer ventilar a viva voz los esfuerzos exóticosde algunos espíritus que, al igual que el hermano Atanagildo, desean alertar a sus hermanos, aúnprisioneros en la cárcel de la carne. El hombre común no se conforma con su trabajo prosaico deamontonar monedas y cubrir el cuerpo con adornos rosados, sino que evita ser perturbado, para nopensar seriamente en el asunto, temeroso de que la seguridad sobre la muerte pueda debilitarle elespíritu de codicia, vanidad, avaricia y lujo desmedido. Ya tiene presente que esa insistencia, porparte de los desencarnados, en advertirle sobre la responsabilidad de la vida espiritual, irá adespertar el remordimiento ocasionado por sus insanias animales y le revelará el exacto valor de lostesoros que la "polilla roe y la herrumbre consume". Loamos, pues, el esfuerzo comunicativo del hermano Atanagildo, que se resume en unainsistente invitación hacia el reino del Cristo y para la soñada ventura espiritual, demostrando, ade-más, lo tenebrosa que es la cosecha producida por el abuso y por la tonta dilapidación de los bienesque el Creador entrega a sus hijos para que los administren provisionalmente en el mundo de lacarne. RAMATÍS Curitiba, 27 de diciembre de 1957. 10
  11. 11. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura PREÁMBULO Mis hermanos: A través de estas páginas deseo registrar los principales acontecimientos de mi vida, desde elúltimo momento de mi desencarnación hasta el ingreso en el Más Allá, en la región que gené-ricamente conocéis como mundo astral. Sé lo difícil que se me hace daros una idea nítida y sensatade la esfera en donde me sitúo en el presente, después que se rompieron los lazos que me ataban,por medio del periespíritu, al organismo de la carne. Las dificultades son muchas y traban gran partede mis posibilidades para daros al respecto un relato fiel e irrefutable. Si os hablase de la futuraprobabilidad del contacto planetario entre criaturas reencarnadas en planetas diferentes, serían me-nores esas dificultades y también favorecidas por la naturaleza de los entendimientos, porque setrataría de la vida en mundos que vibran en las mismas características físicas. Pero en mi caso y en el de otros espíritus desencarnados, que intentan describiros desde aquí elpanorama de la vida astral, todo se les vuelve dificilísimo para hacerse comprender en el ambienteexterior de la superficie del orbe terráqueo, porque debemos usar ejemplos de "afuera" para poderrevelaros la esencia que interpenetra la forma de "adentro". Por eso debo valerme de la prácticacomún de las comparaciones y simbolismos a fin de compensar la deficiencia que me es muy naturalen la preocupación de describiros mi morada invisible a los ojos humanos, que es muy diferente a lamorada terrena conocida por el hombre físico. A veces me parece que intento describir a un ciego,el funcionamiento y la estructura completa de un piano, en la creencia de que bastaría ponerle lasmanos sobre la tapa barnizada para que conozca toda la estructura del instrumento. Asimismo, aun a aquellos que "sienten" la realidad del mundo invisible o gozan de la videncia queles permite observar a los espíritus en sus trajes astralinos, también se les presentan innumerablesdificultades que deforman la realidad espiritual vivida por nosotros. En virtud de la precariedad de las comparaciones materiales para poder configurar las formasexactas de los espíritus en libertad, en el mundo que denomináis de "cuarta dimensión", la mayoríade los hombres, para conceptuarlo, se ven obligados a guiarse por la fe interior, aceptando unarealidad que el intelecto aún no consigue asimilar satisfactoriamente. En la seguridad de que aun los acontecimientos más comunes de nuestra esfera astral sonbastante difíciles de comprender ahí, en el mundo físico, procuraré transmitiros un breve relato de mivisión y existencia en el Más Allá, apelando a la mayor sencillez posible para objetivar el máximoentendimiento común. No tengo la presunción de proporcionaros la visión de las cosas inéditas o denaturaleza superior con respecto a las comunicaciones que forman parte de la extensa literaturamediúmnica y existen en las bibliotecas espirituales de la Tierra, dictadas por otros espíritus sensatosy sabios. Reconozco que muchas de esas exposiciones o relatos son más minuciosos y presentanenseñanzas muy superiores a las de mis comunicaciones, trazando derroteros seguros para elesclarecimiento educativo del lector, siempre ávido de aclaraciones sobre la naturaleza del espírituinmortal. Estas páginas, mientras tanto, se refieren a una experiencia personal de un desencarnado, yos aseguro que os puede interesar bastante, porque no existen dos experiencias iguales en el mismogénero. Siempre ocurre algo nuevo para ser transmitido cerca de la experiencia personal de cadaalma que se interese en descubrir su propio misterio de "ser" y "evolucionar". Me sirvo de la opor-tunidad fraterna que me ofrece el comprensivo espíritu de Ramatís, al colocar a su sensitivo a midisposición, para que recepcione mis pensamientos y tome nota de estos relatos, que pueden ser unincentivo que lleve a nuevas indagaciones espirituales de utilidad para la vida humana. Me daría pormuy satisfecho si de mis relatos mediúmnicos pudierais extraer motivos para indagaciones justas,que puedan solicitarse a otras entidades de mayor competencia y de mejor sentimiento espiritual. Encontré muy apropiado daros la descripción de mis últimos momentos vividos en la Tierra,desde la agonía hasta el desligamiento final, para que tengáis algunas nociones aproximadas de eseinstante atemorizante y tétrico para muchas criaturas, que depende exclusivamene de nuestro modo 11
  12. 12. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepulturade vida y de la naturaleza de nuestros sentimientos, puesto de manifiesto en las relaciones connuestros hermanos de jornada evolutiva. Todos los que han ingresado serenamente en nuestraesfera espiritual son los que provienen de las existencias laboriosas, afectos al servicio sacrificial yamorosos con el prójimo, y que vivieron respetuosamente las sublimes enseñanzas de Jesús. De este modo, sin que me sea atribuida la función de "guía" o "mentor espiritual", no puedo dejarde advertiros que el éxito principal del alma, en la fase de su desencarnación e ingreso en el MásAllá, depende exactamente de la mayor o menor realización evangélica efectuada en el mundo físico.Cuando aún nos encontramos ligados a la vida física, difícilmente comprendemos los mensajes dealta espiritualidad que reposan en la sencillez del Evangelio, que luego reconocemos como elverdadero Código Moral de la vida del espíritu en cualquier situación humana. A pesar de toda la resistencia intelectual que hacemos a las enseñanzas de Jesús, aquícomprendemos y comprobamos que sólo la integración definitiva en el "amaos los unos a los otros" yla práctica indiscutible del "haced a los otros lo que queréis que os hagan" es lo que nos librarealmente de las terribles consecuencias purgativas que comúnmente ligan a los desencarnadostorturados en el mundo astral. Hay hombres que parten desde la Tierra hacia aquí como si fueran fieras embravecidas por laspropias pasiones, mientras que otros se despiden de vosotros a semejanza de lo que sucede con lospajaritos, que emprenden su vuelo feliz, liberándose de su nido sin ningún atractivo particular. Paraser feliz aquí, no basta la sabiduría, aunque ésta sea el producto de enormes esfuerzos intelectuales;los espasmos y las angustiosas perturbaciones que acometen a los periespíritus de aquellos que aúnse torturan delante de la muerte son el resultado particular de la naturaleza y el desequilibrio de laspasiones que fueron cultivadas por el alma en su trato con el mundo. Las pasiones humanas soncomo los caballos salvajes: necesitan ser amansados y domesticados para que después nos sirvancomo fuerzas disciplinadas y de ayuda benéfica para la marcha del espíritu a través de la vida carnal. Y para conseguir esa importante domesticación de las pasiones salvajes, el ejercicio evangélicoes el recurso más eficiente, pues lo hace a través de la ternura, del amor y de la renuncia pregonadapor el Maestro Jesús. El periespíritu, en la hora de la desencarnación, es como la cabalgadura briosa,de energías contenidas, que tanto se semejan a la monta dócil, disciplinada y de absoluto control porparte de su dueño, como también se iguala al potro desenfrenado que arremete y hasta puedearrastrar peligrosamente a su caballero despavorido. Los consagrados filósofos griegos, cuando preconizaban “mente sana en cuerpo sano” exponíanconceptos de excelente auxilio para el momento de la desencarnación. La serenidad y la armonía, enla hora de la “muerte”, son estados que requieren completo equilibrio en el binomio “razón ysentimiento”, pues aquel que “sabe qué es, de dónde viene y hacia dónde va”, también sabe lo quenecesita, lo que quiere y por qué se vuelve un espíritu venturoso. El cerebro que piensa y dirige exigetambién que el corazón se purifique y obedezca. Ojalá que estas comunicaciones de “este lado”, aunque a muchos les parezcan un puñado defantasías sin sentido, logren atraer el interés de los lectores bien intencionados, que deseen liberarsede las ilusiones inherentes a las formas provisionales de la materia y quieran centrar su visiónespiritual en el curso de la vida del Espacio, lo cual depende en sumo grado de la naturaleza y laexistencia que fuera vivida en la Tierra. ATANAGILDO Curitiba, 1º de Enero de 1958 12
  13. 13. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura EL CAMINO DEL MÁS ALLÁ Pregunta: Valiéndonos de vuestra promesa, hecha la reunión pasada, por la cual deseamosrecibir impresiones sobre vuestra desencarnación y sobre los acontecimientos que se verificarondespués del desligamiento de vuestro cuerpo físico. ¿Os será posible informarnos? Atanagildo: Yo había completado los veintiocho años de edad, estaba en cama acometido poruna complicación de los riñones, mientras el médico de la familia agotaba los recursos para disminuirla cuota de urea que me envenenaba el cuerpo, causándome una terrible opresión que parecíaaplastarme el pecho. Presa de terrible angustia, que aumentaba por momentos, procuré explicar almédico lo que sentía, ansioso de un alivio, aunque fuese por breves instantes. Al mismo tiempo meextrañaba que a medida que bajaba mi temperatura, se pe agudizaban los sentidos; algunas vecestenía la impresión de que era el centro consciente, absoluto, el responsable de toda la agitación quehabía alrededor de mi lecho, porque captaba el más sutil murmullo de los presentes. De modo algunopodía comprender la naturaleza del extraño fenómeno que me dominaba, pues a medida que crecíami facultad de oír y sentir, conjuntamente en mi alma emergía un misterioso murmullo, como si unaexquisita voz sin sonido me gritara en un tono desesperado. Era una terrible asociación psicológica, un algo desconocido que se imponía y me indicaba uncercano peligro, rogándome una urgente coordinación y rápido ajuste mental. De las fibras másíntimas de mí ser partía un violento pedido que me exigía inmediata atención, a fin de que yo apelasea los medios necesarios para eliminar un inmediato peligro invisible. De adentro la voz del médico sehizo oír, con inusitada vehemencia. -¡Rápido! El aceite alcanforado. Entonces, un invisible sopor ya no me dejaba actuar, y de lo íntimo de mi alma comenzaba asurgir el impacto invasor, que comenzaba a actuar sobre mi conciencia en vigilia; después, en unimplacable crescendo, percibía en mí ser manifestarse un angustioso esfuerzo de sobrevivencia,producido por el instinto de conservación. Intenté reunir las últimas fuerzas que se me iban, a fin desolicitar los buenos oficios del médico y avisarle que necesitaba de su inmediata intervención.Mientras, estaba bajo una fuerte emoción e instintivamente atemorizado oí decir: —No se puede hacer nada más. Confórmese, porque el señor Atanagildo ya dejó de existir. Mi cuerpo ya debía de estar paralizado; pero, por el choque vivísimo que recibió la mente,comprendí perfectamente aquel aviso misterioso que antes me llegara de lo profundo del alma y queel desesperado esfuerzo del instinto animal realizara, para que yo dirigiera el psiquismo sustentadorde las células cansadas. La comunicación del médico me heló definitivamente las entrañas, si es queaún existía en ellas algún calor de vida animal. Aunque yo siempre había sido un devoto estudiosodel Espiritismo filosófico y científico del mundo terreno, es inútil intentar describiros el terriblesentimiento de abandono y aflicción que me embargaba el alma en aquel momento. No temía a lamuerte, pero partía de la Tierra exactamente en el momento que más deseaba vivir, porqueprincipiaba a realizar proyectos que venía madurando desde la infancia y, además, estaba próximo aconstituir mi hogar, lo que también formaba parte de mi programa de actividades futuras. Quise abrir los ojos, pero los párpados me pesaban como plomo; realicé hercúleos esfuerzospara efectuar algún movimiento, por débil que fuese, con la esperanza de que los presentes descu-briesen que yo aún no había "muerto", cosa que de modo alguno podía saber, debido a mi conflictointerior. Entonces repercutió violentamente ese esfuerzo por la red "psico-mental" y se avivaron aúnmás los sentidos agudizados del alma, los cuales me trasmitían las noticias del mundo físico a travésdel extraño sistema telefónico que yo ignoraba poseer. Me sentía pegado a la piel o a las carnes cadavez más heladas, como si estuviera apoyado sobre frígidas paredes de cemento en una mañana in-vernal. A pesar de ese extraño frío, que yo suponía recibir exclusivamente en el sistema nervioso,podía oír todas las voces de los "vivos", sus sollozos, clamores y descontroles emotivos junto a micuerpo. A través de ese delicadísimo sentido oculto y predominante en otro plano vibratorio, presentí 13
  14. 14. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepulturacuando mi madre se inclinó sobre mí y le oí exclamar: — ¡Atanagildo, hijo mío! Tú no puedes morir, ¡eres tan joven!... Sentí el dolor inmenso y atroz que le corría por el alma, pero yo me encontraba ligado a lamateria rígida, sin poder transmitirle la más débil señal para aliviarla con la sedativa comunicación deque aún me encontraba vivo. En seguida llegaron vecinos, amigos y tal vez algún curioso, pues lopresentía y les captaba el diálogo, aunque todo me ocurría bajo extrañas condiciones comunes delcuerpo físico. Me sentía a veces suspendido entre las márgenes limítrofes de dos mundosmisteriosamente conocidos, pero terriblemente ausentes. En ocasiones, como si el olfato se meagudizase nuevamente, presentía el vaho del alcohol que se usaba para la jeringa hipodérmica, algoparecido al fuerte olor del aceite alcanforado. Todo eso sucedía en el silencio grave de mi alma,porque identificaba los cuadros exteriores, así como no conseguía comprender con exactitud lo queme estaba sucediendo; permanecía oscilando continuamente, como si estuviera padeciendo unamórbida pesadilla. De vez en cuando, por fuerza de esa agudeza psíquica, el fenómeno se invertía.Entonces me veía centuplicado en todas las reflexiones espirituales, y paradójicamente me reconocíamucho más vivo de lo que era antes de la enfermedad de que fuera víctima. Durante mi existencia terrena, desde la edad de 18 años, había desarrollado bastante mispoderes mentales a través de los ejercicios de índole esotérica. Por eso, en aquella hora neurálgicade la desencarnación, conseguía mantenerme en actitud positiva, sin dejarme esclavizarcompletamente por el fenómeno de la muerte física; podía examinarlo atentamente, porque era un es-píritu dominado por la idea de la inmortalidad. Apostado entre dos mundos tan antagónicos,sintiéndome en el límite de la vida y de la muerte, guardaba un vago recuerdo de todo aquello que mehabía ocurrido anteriormente, y, por lo tanto, ese acontecimiento me parecía algo familiar. Elraciocinio espiritual fluía con rapidez, y la íntima sensación de existir en forma independiente delpasado o del futuro llegaba a vencer las impresiones agudísimas que a veces me acometían enindomable torbellino de energías, que se ponían en conflicto de la intimidad de mi periespíritu. De pronto, otro sentimiento angustioso se me presentó y logró dominarme con inesperado temory violencia; fue algo apocalíptico que, a pesar de mi experiencia mental positiva y control emotivo, mehizo estremecer ante su fuerte evidencia. Me reconocía vivo, con la plenitud de mis facultadespsíquicas. En consecuencia, no estaba muerto ni vivo o libre del cuerpo material. Sin duda alguna,me hallaba sujeto al organismo carnal, pues esas sensaciones tan nítidas sólo podían sertransmitidas a través de mi sistema nervioso. Mientras que el sistema nervioso estuviera cumpliendosu admirable función de relacionarme con el ambiente exterior, yo me consideraba vivo en el mundofísico, aunque sin poder actuar, por haber sido víctima de algún acontecimiento grave. No tuve másilusiones; supuse que había sido víctima de un violento ataque cataléptico, y si no me despertaba atiempo sería enterrado vivo. Ya imaginaba el horror del túmulo helado, los movimientos de las ratas,la filtración de la humedad de la tierra en mi cuerpo y el olor repugnante de los cadáveres endescomposición. Pegado a aquel fardo inerte, que ya no atendía a los llamados aflictivos de midirección mental y que amenazaba no despertarse a tiempo, preveía la tétrica posibilidad de asistirimpasible a mi propio entierro. En seguida, una nueva y extraña impresión comenzó a inundarme el alma; primeramente semanifestaba como un aflojamiento inesperado de aquella rigidez cadavérica; después, un reflujocoordinado hacia adentro de mí mismo, que me dejó más inquieto y que me señalaba como culpablede algo. Sí, no exagero, al considerar el fenómeno que me ocurría, tenía la impresión de estarvolviendo a la inversa, pues la memoria retrocedía paulatinamente a través de mi última existencia yme llenaba de asombro por la claridad con que veía todos los pasos de mi existencia. Losacontecimientos se desenvolvían en la tela mental de mi espíritu, a semejanza de una vivísimaproyección cinematográfica. Se trataba de un increíble fenómeno, donde eran proyectados todos losmovimientos más intensos de mi vida mental; los cuadros se superponían, retrocediendo, paradespués esfumarse, como en las películas, cuando determinadas escenas son substituidas por otrasmás nítidas. Yo decrecía en edad, rejuvenecía, y mis sueños fluían hacia atrás, alcanzando losorígenes y los primeros bullicios de la mente inquieta. Me perdía en aquel ondular de cuadroscontinuos y gozaba de euforia espiritual cuando veía actitudes y hechos dignos, lo que podía 14
  15. 15. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepulturacomprobar cuando actuaba con ánimo heroico e inspirado por sentimientos altruistas. Sólo entoncespude avalar la grandeza del bien; me espantaba que una sublime sonrisa de agradecimiento, en esaevocación interior y personal, o la minúscula dádiva que había hecho en fraternal descuido, pudiesendespertar en mi espíritu esas alegrías tan infantiles. Me olvidaba de la situación funesta en que meencontraba para acompañar con incontenido júbilo los pequeños sucesos proyectados en mi cerebroetérico; identificaba la moneda donada con ternura, la palabra dicha con amor, la preocupaciónsincera para resolver el problema del prójimo o el esfuerzo realizado para suavizar la maledicenciadirigida hacia el hermano descarriado. Aun pude rever, con cierto éxtasis, algunos actos quepracticara con sacrificial renuncia, no porque perdiera en la competición del mundo material, sinoporque sabía humillarme a favor del adversario necesitado de comprensión espiritual. Si en aquel instante me hubiera sido dado retomar el cuerpo físico y llevarlo nuevamente al tráficodel mundo terreno, aquellas emociones y estímulos divinos habrían ejercido tal influencia sobre mialma, que mis actos futuros justificarían mi canonización después de la muerte física. Pero, encontraposición, no faltaron tampoco los actos poco delicados y las estupideces del mozo ardiendo endeseos carnales. Sentí de pronto que las escenas se me tornaban acusadoras, refiriéndose a lasactitudes egocéntricas de la juventud avara de sus bienes materiales, aun cuando me dominaba lavoluptuosidad de poseer lo "mejor" y superar el ambiente, por la figura ridícula de la superioridadhumana. También sufrí por mi descuido espiritual de la juventud liviana: fui estigmatizado por lasescenas evocativas de los ambientes deletéreos, cuando el animal se despoja de su indumentaria, enlas sensaciones lúbricas. No era una acusación dirigida propiamente a mi naturaleza inquisidora,cosa que felizmente nunca ocurrió conmigo, ni aun en la fase de la experiencia sexual, y que com-probaba en aquel momento retrospectivo, en donde el alma realmente interesada en los valoresangélicos debe siempre repudiar el ambiente lodoso de la prostitución de la carne. En el cuadro de mimente super excitada, identificaba los momentos en que la fiera del sexo, como fuerza indomable, meatraía hacia la orilla del charco en donde se debaten las infelices hermanas desheredadas de laventura doméstica. La proyección cinematográfica continuaba fluyendo en mi tela mental, cuando reconocía la fasedel aprendizaje escolar, y después, los holgorios de la infancia, cuyos cuadros, por ser de menorimportancia en la responsabilidad de la conciencia espiritual, tuvieron fugaz duración. Espantadísimo,debido a la disciplina y a los éxitos de mis estudios esotéricos, pude identificar una cuna adornada deencajes, reconociéndome en la figura de un rosado bebé, cuyas manos tiernas e inquietas eranmotivo de júbilo y agasajos por parte de dos seres que se inclinaban sobre mí. ¡Eran mis padres!Pero lo que me dejó intrigado y confuso fue que en el seno de esa figura tan diminuta, de reciénnacido, me sentía con la conciencia algo despierta y dueña de impresiones vividas en un pasadoremoto. Me parecía realizar tremendos esfuerzos para vencer a aquel cuerpecito delicado y romperlas ligaduras de la carne, con la intención de transmitir palabras inteligentes y pensamientos maduros.Detrás de la figura del bebé inquieto, con profundo espanto, reconocía la "otra" realidad de mí mismo. Atento al fenómeno de esa evocación psíquica, tal como si viviese el papel del principal actor enun film cinematográfico, llegaba a extrañar el motivo de aquellas imágenes retroactivas que pasabansin interrupción, para finalizar en aquella cuna adornada, cuando "algo" en mí se obstinaba endecirme que yo me prolongaba más allá, mucho más allá de aquella forma infantil. Percibí de pronto que la voluntad, bastante desarrollada con la práctica ocultista, se me agotabaante el esfuerzo de proseguir hacia atrás, pero estaba seguro que bajo mi desenvolvimiento mentalterminaría desprendiéndome del bebé regordete que trazaba el límite de mi última existencia, paraentonces alcanzar lo que debería "existir" mucho antes de la conciencia configurada por lapersonalidad de Atanagildo. Confiado en mis propias energías mentales, a semejanza del piloto quetiene fe absoluta en su aeronave, no temí los resultados posteriores, pues osadamente, gracias a unesfuerzo heroico, me dejé ir más allá y logré transponer aquella cuna adornada de encajes, quesignificaba la barrera de mi saber pero no el límite de mi existir. Había un mundo desconocido másallá de aquel diminuto cuerpecito focalizado en mi retina espiritual, cuyo mundo intenté penetrar, aun-que parecía estar maniatado por el terrible trance que suponía de orden cataléptico. Bajo la poderosa concentración de mi voluntad, coordiné todas mis fuerzas mentales, 15
  16. 16. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepulturaactivándolas en un haz altamente energético, y decididamente, como si empuñara un poderosoestilete, arremetí el más allá del misterioso velo que debería esconder mi prolongación espiritual. Meentregué incondicionalmente a la extraña aventura de buscarme a mí mismo, consiguiendo desatarlos lazos frágiles que ligaban a mi memoria etérica, la figura de aquel atrayente bebé rosado.Entonces conseguí comprobar el maravilloso poder de la voluntad al servicio del alma decidida; bajoese esfuerzo tenaz, perseverante y casi prodigioso, se rompió la cortina que me separaba delpasado. Sorprendido y confuso, me sentí envuelto en un festivo sonar de campanas poderosas, almismo tiempo que oía el rumor de grandes clamores que provenían de cierta distancia de donde yome encontraba. Mientras los sones del bronce se perdían en el aire, me sentí envuelto por una brisa agreste,impregnada de un perfume de lirio o de flores muy familiares, que suelen crecer a las márgenes delos lagos o de los ríos, al mismo tiempo que vislumbré sobre mí un retazo de cielo azul blanquecino,común en los días de invierno. Al mismo tiempo pude comprender que me encontraba suspendido enel aire, pues fui empujado por un vigoroso balanceo, mientras forcejeaba para romper las cuerdasque me inmovilizaban. La presión de una mano callosa que me tapaba la boca me impedía gritar,mientras un violento dolor me hacía arder el pecho y la garganta. Me afirmé un poco en el suelo, ysúbitamente, por un impulso muy fuerte, fui arrojado a las profundas y pantanosas aguas, en donde elperfume de los lirios se confundía con la fetidez del lodo del río. Cuando me sumergí, aún oía elrepicar de las campanas de bronce y las voces humanas de tonos festivos. Poco a poco eso se fueperdiendo en un eco lejano, mientras mis pulmones se sofocaban con el agua sucia y fría. Ese rápido entreacto de la cesación de mi conciencia, al sumergirme en las aguas heladas, mehizo perder la ilación de las imágenes que se reproducían en mi memoria periespiritual, y como sidespertase de una profunda pesadilla, me sentí nuevamente en la personalidad de Atanagildo, vivomental y astralmente, pero adherido a un cuerpo yerto. Más adelante, cuando tomé posesión de la memoria de mi última existencia, pude identificaraquella escena ocurrida en Francia a mediados del siglo XVIII, cuando fui sorprendido en una embos-cada por rivales que estaban celosos por el afecto que tenía hacia una determinada joven, los cuales,después de herirme en la garganta y el pecho, me arrojaron al río Sena, por detrás de la iglesia deNótre Dame, justamente en la mañana que se realizaban importantes celebraciones religiosas. Poreso, en mi trance psico-métrico de retorno al pasado, ocurrido durante la última desencarnación,sentía revivir la sensación del agua helada en donde fui arrojado, pues la escena se reavivófuertemente en mi periespíritu en cuanto se conjugaron las fuerzas vitales, en efervescencias, paraevitar mi desenlace. Después de aquella reproducción del crimen en el Sena, cuando aún pensaba en el trágicoacontecimiento, recrudecieron dentro de mí las voces y los sollozos más ardientes: la imagen delpasado se esfumó rápidamente y me reconocí ligado de nuevo al cuerpo yerto. No tardé en adivinarque Cidalia, mi novia, había llegado a mi casa y se inclinaba desesperadamente sobre mi cadáver,golpeada por el dolor de tan fatal separación. Entonces se avivó con más fuerza la terrible idea deque había sido víctima del sueño cataléptico. Inmensamente sorprendido, pude notar las reminiscencias cinematográficas que habíanreproducido en mi cerebro toda la existencia transcurrida desde la cuna, y, además, revelado undetalle de la escena ocurrida en Francia y que había durado, a lo sumo, uno o dos minutos. Era eltiempo exacto que debió de haber invertido mi novia para llegar desde su casa hasta la mía, ni bien leavisaron de mi supuesta muerte, pues residía a una cuadra de distancia. Luego pude comprendermejor ese hecho, cuando estuve más poseído de mi conciencia espiritual, desligada de la materia. En tan corto espacio de tiempo pude revivir los principales acontecimientos de mi últimaexistencia, en el Brasil, y aun con- templar el último cuadro de la encarnación anterior. Al poco tiempo se reconfortó mi ánimo y me volví algo indiferente con respecto a la situacióngrave en que me encontraba, pues había comprobado en mí mismo la inmortalidad o la sobrevivenciaindiscutible del espíritu, lo que disipó un tanto el temor de sucumbir, aun frente a la horrorosaprobabilidad de ser enterrado vivo. Gracias al poder de mi voluntad disciplinada, impuse cierta 16
  17. 17. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepulturatranquilidad a mi psiquismo inquieto, controlando las emociones y preparándome para no perder ni undetalle de los acontecimientos, pues allí mismo, en el límite de la "muerte", mi espíritu no perdía suprecioso tiempo e intentaba engrandecer aún más su bagaje inmortal. Obediente a los fuertesimperativos del instinto de conservación reuní nuevamente las fuerzas dispersas e intenté provocarun nuevo influjo de vitalidad a mi organismo inerte, a fin de despertarlo, si era posible, de su trancecataléptico, para volver a la vida humana enriquecido y convencido espiritualmente, gracias a lacomprobación que obtuviera en la inmersión de la memoria periespiritual. Justo en ese instante de afluencia vital, los sentidos se me agudizaron nuevamente, haciéndomepresentir algo más grave, que me profetizaba una indomable violencia. No podía precisar lanaturaleza exacta del presentimiento, pero reconocía la procedencia, la que partía de mi alma,poniéndome sobre aviso: una lejana tempestad se dibujaba en el horizonte de mi mente, y el instintode conservación arrojaba el temor hacia lo íntimo de mi espíritu. Poco a poco, identificaba el retumbardel trueno a la distancia, mientras vivía la sensación de encontrarme ligado al crisol de energías tanpoderosas, que parecían las fuerzas de nutrición del propio Universo. La tempestad que seacentuaba en mí no parecía venir de afuera, pero sí que emanaba lenta e implacablemente desde elinterior de mi propia alma. Acompañé el crescendo implacable y percibí, desconcertado, que era enmí mismo, en el escenario vivo de mi morada interior, en donde la tormenta se desarrollaba y encamino al tremendo "clímax" de violencia. Como si estuviera acurrucado en mí mismo, oí al tremendo trueno retumbar en las entrañas de miespíritu, lográndome sacudir todas las fibras de mi ser, a semejanza de una frágil vara de juncochicoteada por el viento indomable. El choque fue poderoso y quedé sumergido en un extrañotorbellino de luces y chispas eléctricas, para desaparecer al poco rato, tragado por ese vórticeflameante. En seguida perdí la conciencia. El fenómeno era realmente el temido momento de la verdadera muerte o desencarnación, comúna todos los seres cuando se rompe el último lazo entre el espíritu y el cuerpo físico, el que seencuentra situado a la altura del cerebelo y por el cual aún se hacen los cambios de energías entre elperiespíritu sobreviviente y el cuerpo rígido. Después de ese choque violento, quedé liberadodefinitivamente del cuerpo carnal y todo mi periespíritu pareció recogerse en sí mismo, bajo unaextraña modificación, dificultándome el entendimiento y la claridad psíquica y haciéndome perder laconciencia de mí mismo. No sé cuánto tiempo transcurrió hasta mi despertar en el mundo astral, después que misdespojos mortales habían sido entregados a una humilde sepultura. Recordaba que sentía aún latemperatura algo fría y, sin embargo, mi cuerpo gozaba de una indescriptible sensación de alivio ybienestar, habiendo desaparecido todas las angustias mentales, aunque persistía cierta fatiga y unaansiedad expectante. Mi esfuerzo estaba centrado en el problema de reunir todos los pensamientosdispersos, para ajustarlos en el campo de la memoria, a fin de entender lo que podía habermesucedido, porque aún perduraba la sensación física de haber retornado del violento choque producidoen el cráneo por un instrumento de goma dura. Ese sopor era perturbado por una extraña invitacióninterior, con relación al ambiente donde yo me encontraba, llena de exceptativa y de un silenciomisterioso. Me sentía bien con respecto al estado mental, gozando de una sensación sedativa, comosi hubiera sido sometido a un lavaje purificador, cuyos residuos incómodos se hubiesen depositadoen el fondo de mi vaso mental, permaneciendo a tono con un líquido refrescante y balsámico. Teníaque intentar hacer algún esfuerzo de memoria muy pronunciado, a fin de no mezclar la escoriadepositada en el fondo del vaso cerebral con la limpidez agradable y cristalina de la superficie. La sensación era de paz y confort espiritual; no tenía tendencia hacia las evocaciones dramáticaso asuntos dolorosos, ni tampoco me encontraba posesionado por las indagaciones aflictivas, a fin derecomponer la situación que todavía me era confusa, pues las ideas que se me asociaban poco apoco eran de naturaleza optimista. En oposición a lo que anteriormente consideraba como unapesadilla, en la cual había vivido la sensación de la "muerte", aquel segundo estado de mi espíritu separecía a un suave sueño que no deseaba interrumpir. Después de un breve esfuerzo, pude abrir los ojos, y, para sorpresa mía, reparé en un techo alto, 17
  18. 18. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepulturaazulado, con reflejos y polarizaciones plateadas, semejante a una cúpula refulgente, la que seapoyaba sobre delgadas paredes impregnadas de un color azulado, con suaves tonos luminosos;parecía que largas cortinas de seda rodeaban mi lecho blanco y confortable, dándome la impresiónde que reposaba sobre una genuina espuma de mar. Una claridad balsámica transformaba loscolores en matices refrescantes, y a veces parecía que la propia luz de la luna se filtraba pordelgados cristales de atrayente colorido liláceo. Pero no vislumbraba lámparas o instalación algunaque pudiese identificar el origen de aquella luz tan agradable. Otras veces eran fragmentos de pétalosde flores o una especie de confites de color carmesí rosado que se posaban sobre mí y sedesvanecían en mi frente, en las manos y en los hombros, provocándome la sensación de ser unbaño de magnetismo reconfortante que nutría al cuerpo exhausto, pero contento. Estaba totalmente extrañado por el ambiente en donde me había despertado, que eracompletamente diferente al modesto cuarto que constituía mi aposento de enfermo resignado. Hastacreí que había sido transportado con toda rapidez a un hospital lujoso, de instalacionesmodernísimas. Conseguí entonces distinguir algunos rostros desdibujados que me rodeaban en ellecho; uno de ellos guardaba una notable semejanza con el de mi Madre, y logré identificarlo como unhombre de mediana edad. Una señora anciana, sonriente y extremadamente afable, se inclinó sobremí y me llamó con insistencia. Pronunció mi nombre con profundo recogimiento y vehemencia,consiguiendo sacarme una exhaustiva y balbuceante respuesta de asentimiento. Ella sonrió con visible satisfacción y llamó a otra persona de aspecto pálido, de ojos profundos,vestida de blanco inmaculado, que me hizo evocar la figura de los magos de Oriente, y cuyafisonomía era serena pero enérgica. Había cierta dulzura en sus gestos e inconfundible seguridad enel obrar; me miró con tal firmeza, que un flujo de energía extraña y de suave calor se proyectó de sumirar, que alcanzó mi médula, adormeciéndome poco a poco el bulbo y el sistema nervioso, como siuna poderosa sustancia gaseosa, hipnótica, se derramase por mis plexos nerviosos, provocándomeun incontrolable relajamiento de músculos. Luché, moví las piernas, por así decir, intentando resistirme a aquella voluntad poderosa, perouna orden incisiva se fijó en el cerebro: ¡Duerma! Entonces se me aflojaron los músculos y fuiintroduciéndome en un misterioso y dulce bienestar que se transformó en la pérdida gradual de laconciencia, terminando en un reconfortante reposo. En un resto de conciencia final, aún pude oír lavoz cristalina de aquella señora afable, que así se expresaba: —¿No le había dicho, hermano Crisóstomo, que sólo el hermano Navarana podía provocarle elreposo compensador a su nieto y evitarle la excesiva autocrítica, tan perjudicial, y la confusiónpsíquica y natural producida por la desencarnación? Convengamos en que su nieto Atanagildo esportador de una mente muy vigorosa. En el centelleo final de la conciencia en vigilia, logré comprenderlo todo: Crisóstomo era miabuelo materno, a quien sólo había conocido en la infancia. Realmente, no había ningún motivo máspara luchar o temer. Yo era un "muerto", en el exacto sentido de la palabra, o con más propiedad, ¡undesencarnado! 18
  19. 19. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura PRIMERAS IMPRESIONES Pregunta: ¿Cuáles fueron las impresiones que tuvisteis al despertar en el Más Allá, después dehaberos sometido al sueño, por el hermano Navarana? Atanagildo: Al comienzo no pude comprender bien en qué ambiente me encontraba, pues noconseguía vislumbrar nada fuera de aquel cuarto silencioso que estaba envuelto por una agradableluminosidad y un balsámico fluido. Me sentía en un estado de profunda auscultación espiritual, peroreconocía que me encontraba impedido para realizar cualquier esfuerzo directivo. Me hallabasumergido en un dulce sopor, como si fuera la figura silenciosa del peregrino que mira el horizonteoscuro aguardando el advenimiento de la madrugada para comenzar su largo viaje, interrumpido porla noche. Me mantenía en una curiosa expectativa, pero interiormente estaba seguro de que más adelantedescubriría el misterio que me rodeaba. No demoré en notar un extraño fenómeno de luces quesurgieron inesperadamente, como si innumerables cantidades de pétalos luminosos fuesen arrojadospor los faros de un vehículo distante que estuviera envuelto en una densa cerrazón. Mentalmentedespierto, observaba aquella sucesión de luces que iban desde un azul claro hasta los tonos delzafiro, para terminar en matices de agradables violetas, que al tocarme se transformaban en un fríobalsámico. No podía precisar de dónde provenía, y a veces el fenómeno se tornaba hasta audible,pues suponía oír algunas voces distantes, cuya pronunciación era de agradable entonación ysimpatía. Ya no tenía más dudas con respecto a la naturaleza y a la fuerza de aquellas luces que mevisitaban seguido, pues siempre se desvanecían en mí, después de dejarme una suave sensación dealivio, al mismo tiempo que parecía nutrirme espiritualmente. Hubo un momento en que me sentícomo si fuera chocado, algo así, por un chorro de agua fría que cayera sobre mi periespíritu. Enseguida fui envuelto en una sensación de tedio, de pesar y después de angustia, y finalmente sentíala sensación de haber cometido una acción mala o precipitada. En lo íntimo de mi alma permanecíaese clamor aflictivo, provocado por una imprevista emoción de amargura, cuando un nuevo chorro deaquellas luces azules-violetas vino a mi encuentro y disolvió milagrosamente aquella opresión,restableciendo mis fuerzas, devolviéndome el bienestar anterior. Entonces agradecí en profunda oración a Jesús el inesperado alivio traído en alas de aquellosconfites luminosos y coloridos, que penetraban por mi organización periespiritual, dejándome undelicioso alimento energético. Pregunta: ¿Durante esas extraordinarias emociones os encontrabais despierto y consciente deque habíais desencarnado? Atanagildo: Ya había despertado del sueño hipnótico provocado por el hermano Navarana, queactuó en compañía de mi abuelo Crisóstomo y de la hermana Natalina, aquella señora bondadosa yafable que me atendió antes de mi inmersión en el reposo reparador. Todo aquello que recordaba porprimera vez fue en un rápido estado de vigilia astral, en donde me sentía agotado y con el cuerpodolorido, además de sentir un frío molesto, realmente estaba cansado de la travesía que debía dehaber hecho desde la superficie de la Tierra hasta la región donde me encontraba. El reposo eranecesario, porque la enfermedad que me había hecho desencarnar era del tipo de las que exigíangrandes cuotas de energías espirituales, que son muy necesarias para el tránsito hacia el Más Allá. Pregunta: ¿Podemos considerar que los mismos fenómenos y el modo de vuestradesencarnación pueden servir de base para avalar los acontecimientos sucedidos a otrosdesencarnados? Atanagildo: De modo alguno debéis pensar en la igualdad de sensaciones y acontecimientos paratodos aquellos que desencarnan; no hay, probablemente, una desencarnación exactamente igual aotra. La situación en la hora de la "muerte", para cada criatura, depende fundamentalmente de suedad sideral y de los hábitos psíquicos que haya adquirido a través de los milenios vividos encontacto con la materia; influye en cada uno su naturaleza moral y aun el tipo de energía que 19
  20. 20. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepulturapredominan en estado de reserva en su periespíritu, las cuales varían de conformidad con los climaso regiones de la Tierra o de otros planetas en donde el espíritu haya reencarnado. Mientras tanto,existen ciertos hechos y acontecimientos que son comunes a casi todos los casos de desencarnacióny que hacen parte del proceso de desligamiento del cuerpo, como ser la recordación inmediata yregresiva de toda la existencia que se acaba, la agudización de los sentidos en los primerosmomentos de la agonía, la suposición de tratarse de un sueño o pesadilla, y también el choqueinterior, que se verifica con el rompimiento del cordón que une a la vida carnal. Fuera de talesfenómenos y el tiempo de su duración, la desencarnación varía de espíritu a espíritu, difiriendotambién los demás acontecimientos que suceden al despertar en el Más Allá de la sepultura. Pregunta: ¿Cuál es el origen de las luces de colores que se deshacían junto a vuestroperiespíritu? Atanagildo: Durante mi última reencarnación pude mantenerme en un cierto nivel espiritualequilibrado, conforme ya os dije, gracias al desenvolvimiento de la voluntad, que había empleadosatisfactoriamente bajo la inspiración al servicio de Jesús. Aunque no fuese portador de credencialessantificantes, siempre fui compasivo, pacífico y tolerante; me esforcé por vivir alejado de lassensaciones pervertidas, de las conversaciones licenciosas o de las anécdotas indecentes, que soncomunes a la mayoría de los humanos. Los ejercicios esotéricos, las prácticas elevadas y lasreflexiones superiores, a que me sometía frecuentemente, me sublimaban la carga de magnetismosuper excitante en el metabolismo del sexo. Indagué deliberadamente en la lectura filosófica de altaestirpe espiritual, y buscaba vivir de manera sensata, midiendo mis pensamientos y controlando mispalabras. Era comunicativo y alegre, desechaba los prejuicios y era afable con todos; nunca merebelaba delante de los acontecimientos desagradables de la existencia humana, aunque yo tambiénfui provocado en el transcurso del sufrimiento y en lo más íntimo del ser. Tampoco me interesaban lasglorias políticas ni me afligía por la ambición de poseer tesoros que "la polilla roe y la herrumbreconsume". Desde la infancia sentía una inexplicable ansiedad por saber lo que yo era, de dónde venía yhacia dónde iba. Comprendía que ese conocimiento era de capital importancia para mi vida y quetodo lo demás era de insignificante valor. Bajo esa íntima e incesante preocupación, conseguía serfeliz con muy poca cosa, porque eran raras las seducciones del mundo que conseguían despertarmeinterés o alentar el deseo de poseer riquezas. Me agradaba emplear una parte de mis haberes enfavor de los desheredados y socorrer a los pobres de mi suburbio. Cuando me ponía a solucionar losproblemas ajenos, nunca lo hacía por interés alguno; beneficiaba al prójimo sin la más remota idea dequerer ganarme con ello los favores del cielo. De modo alguno vivía con la fanática preocupación de"hacer caridad" a fin de cumplir con un deber espiritual; siempre actuaba con espontaneidad, y losproblemas difíciles y aflictivos del prójimo no eran sino mis propios problemas, los cuales necesitabanurgente solución. Mi activo espíritu se presentaba con cierto fondo de reserva con respecto a mi desencarnaciónhacia el Más Allá, pues aquellos que supieron de mi "muerte" no sólo lo demostraron con ardientesvotos de ventura celestial, sino que los más afectivos y reconocidos me dedicaban sus oraciones enhoras tradicionales, evocándome con ternura y pasividad espiritual. Esas oraciones y ofrecimientos de paz, dedicados a mi espíritu desencarnado, eran los que setransformaban en aquellas luces azules, liláceas y violetas que, en forma de pétalos coloridos yluminosos, se esfumaban en mi cuerpo astral, inundándolo de vibraciones balsámicas y vitalizantes. El ruego en el sentido del bien es siempre una dádiva celeste, y mal podéis valorar cuánto auxiliaal espíritu en sus primeros días de desencarnación. Es una energía reconfortante, que a veces seasemeja a la brisa suave y otras veces se transforma en flujos energéticos, vivos, que reaniman y danactividad al periespíritu. El hecho de haberme desligado rápidamente de los despojos cadavéricos —pues esa liberación depende fundamentalmente del estado moral del desencarnado— lo debo sobretodo a las oraciones que no cesaron de posarse afectuosamente en mi alma. Pregunta: ¿Por qué motivo quedasteis súbitamente en un estado de angustia y arrepentimiento,en el momento que os pareció recibir un chorro de agua fría y que sólo fuisteis reanimado pos- 20
  21. 21. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepulturateriormente por la incidencia de esos pétalos de luces coloridas? Atanagildo: Sólo después de desencarnar es cuando realmente comprendemos el espíritu deadvertencia constante que anunció Jesús en aquella frase inolvidable: que la criatura deberá pagarhasta la "última moneda". En aquellos benditos momentos en los cuales se depositaba sobre mí elreconfortante maná traído por las oraciones en alas de aquellas chispas luminosas, alguieninterceptaba el flujo de esas preces, perturbándome la recepción del precioso alimento del alma. Sóloluego descubrí la razón de aquellos cortes vibratorios, repentinos, aunque de breve duración, quelograban angustiarme; poniéndome en situación de culpable por cosas que no sabía explicar.Indudablemente, arrojaban en contra de mí alguna carga nociva, de tal vibración negativa, que merecorría el cuerpo como un desapacible viento, completamente opuesto al efecto de las lucessedativas. Se trataba de Anastasio, un infeliz delincuente al que yo había conocido en la Tierra, en la últimaencarnación, el que se ligó a mí por los imperativos de la Ley Kármica, como consecuencia de losdescuidos en que incurrí en el pasado. Era la cobranza justa de la "última moneda" que le debía.Aunque yo había realizado los mayores esfuerzos para saldar mi deuda kármica con el planeta yreajustarme en la contabilidad divina y con casi todos mis acreedores de mayor importancia,Anastasio fue la criatura que continuó revoloteando a mi sombra, poniendo a prueba el máximo detolerancia de mi espíritu. Y haciendo uso y abuso de ese último derecho que le confería la LeyKármica, por la cobranza justa de mi deuda, actuaba de modo implacable, a pesar de todo el socorroy la protección que le había dispensado en la última encarnación. Espíritu inmaduro e insatisfecho, demostró hostilidad ante los indiscutibles bienes que leproporcionaba en mi último peregrinaje físico, y como no pudo vengarse totalmente, lo hizo despuésde mi desencarnación., vibrando rencoroso contra mí e intentando manchar mi memoria en la Tierra,con el fin de desvalorizar los favores recibidos. El hecho era natural y también propio de su estado evolutivo, pues mientras el espíritu elevadoperdona las mayores ofensas recibidas, el poco evolucionado no pasa por alto ni siquiera uninsignificante encontrón con su persona. Las almas pequeñitas e infelices vierten toneles de odiocontra aquellos que les ofrecen algunas gotas de agua para saciar su sed. Pregunta: Para que nosotros comprendamos mejor vuestra situación espiritual después de ladesencarnación, ¿podríais explicarnos algo sobre vuestras relaciones en la Tierra con el hermanoAnastasio? Atanagildo: Anastasio era un hombre profundamente inadaptado y ocioso en el medio humano;usaba toda la capciosidad posible contra aquellos que lo socorrían, como sucedió conmigo. Esevidente que, bajo el imperativo kármico, se cruzó en mi camino en la juventud, y me indujo a que loayudara a intimar con cierta joven pobre, hija de un ferroviario, a quien él abandonó después de tresaños de casados, dejándola con dos hijos y en completo desamparo. Compadecido de tal situación,fui en ayuda de los tres infelices y los asistí normalmente, valiéndome de las ganancias conseguidasa través de trabajos honestos. Luego la esposa de Anastasio se unió a otro hombre, laborioso peropobre, en cuyo caso tampoco mi ayuda les faltó; pero Anastasio se irritó ante ese proceder y meculpó de su infelicidad, llegando al punto de emitir conceptos calumniosos hacia mi persona, tal comoel de acusarme de falta de honestidad para con su ex esposa. Felizmente, dado mi conocimiento espiritual, el que en gran parte me ayuda a entender el origenenfermizo de la mayoría de las perfidias humanas, desistí de formular justificaciones ante la opiniónpública o de perturbarme en el ambiente del mundo transitorio. No sólo perdoné la calumnia deAnastasio, la que me causó serios sinsabores y perjuicios morales, sino que preferí hasta olvidarmede la ofensa recibida, tratándolo como antes, sin que notase siquiera cambio alguno en mí mirar. Más adelante, el infeliz se trabó en conflicto con el nuevo compañero de su ex esposa, el cual, apesar de ser delgado, era hombre curtido en trabajos pesados y hábil en la lucha, así que éste lovapuleó a voluntad, al extremo que Anastasio tuvo que ser hospitalizado por largo tiempo, pues habíasufrido serias fracturas en las costillas y en la frente. Traté de ayudarlo; lo saqué de ese hospital paraindigentes y lo llevé a un excelente sanatorio, que contaba con todos los recursos médicos a su 21
  22. 22. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepulturaalcance. En fin, lo ayudé durante más de cuatro meses cual un abnegado hermano. Cuando Anastasio fue dado de alta, tuvo el coraje de andar diciendo que mi ayuda y dedicaciónprovenían de la necesidad que yo tenía de superar mi propio remordimiento por haberlo separado desu esposa. Subestimaba todo esfuerzo hecho a su favor y confundía mi humildad con servilismo.Movido por su espíritu malvado, pasó a explotarme de todas maneras, en el más flagrante acto dechantajismo. En la seguridad de que yo quedaría afectado por su calumnia, al propalar que lo socorría tansolícito sólo para evitar el escándalo, procuró encontrarme nuevamente. Como yo me encontrabadecidido a superar todas mis pasiones y limpiar de mi alma las malezas del pasado, decidí servirmede la venganza de Anastasio como un ejercicio cotidiano de renuncia, resignación e iniciaciónespiritual, en forma de una intensa práctica superior. Es verdad que yo presentía mi desencarnación más o menos próxima, pues estaba dotado deuna gran sensibilidad psíquica, que se afirmaba cada vez más por la cuidadosa alimentaciónvegetariana y por la higiene psíquica y mental. Además, vivía en acentuada relación interior con elmundo invisible y sostenía verdaderos diálogos mentales con mis mentores y demás amigosdesencarnados. Pregunta: De acuerdo con la Ley Kármica, ¿tuvisteis que pagar los males que le habíaisocasionado a Anastasio en otras encarnaciones o fuisteis víctima de sufrimientos injustos por partede él? Atanagildo: La Ley del Karma no es la ley del "ojo por ojo y diente por diente", comogeneralmente entendéis, por la cual un hecho delictuoso tendría que generar otro hecho idéntico enpago del ocasionado. Aparentemente, parece que hubo exageración por parte de Anastasio, encontraposición con mi tolerancia, por tratarse de un alma demasiado malévola y vengativa. Lasolución del problema moral de cada alma es para consigo mismo y no con la Ley, pues ésta no creaacontecimientos iguales a los anteriores, para que a través de ellos se cumpla la punición. No seríajusto que el delito de un hombre, en cierta existencia, obligase a la Ley a crear acontecimientoscriminales en lo futuro, para que el culpable se ajuste por medio de un hecho similar, en la próximaencarnación. El Cristo debe ser el barómetro, a fin de saber con más exactitud cuál es la "presión" de nuestroespíritu a través de todos nuestros actos, a semejanza de la aguja de la brújula, que nos guíe al nortede la bienaventuranza eterna. Existe sólo un camino para la liberación de las cadenas kármicas enlos mundos físicos: la renuncia y el sacrificio absoluto para nuestros verdugos y detractores. Y si "tuadversario te obligase a caminar una milla, anda una más con él, y si te quitara la capa, dale tambiénla túnica", es el concepto que mejor nos indica la solución de esos problemas adversos del pasado. En la abundante siembra de perfidias e ingratitudes recibidas de Anastasio, yo recogía los frutosde la simiente plantada anteriormente, en momentos de imprudencia espiritual. No había exigenciaabsoluta por parte de la Ley, para que pagase a Anastasio moneda por moneda; pero tenía quesoportarlo junto a mí en la última encarnación y sufrir las reacciones naturales de su espíritu perverso,porque en el pasado lo atraje hacia mi órbita de destino espiritual. Cuando mi alma aún se aferrababrutalmente a las ilusiones de la vida material, yo me servía de él para usarlo como fiel segundo, quesabía cumplir a la perfección todas mis órdenes imprudentes y que materializaba fielmente toda mivoluntad egocéntrica. Las malezas y equivocaciones de Anastasio fueron en el pasado excelentesrecursos de los cuales me servía para usos y fines deshonestos que perjudicaban al prójimo. En lugarde orientar a Anastasio para que adquiriese mejores estímulos hacia el Bien, no sólo le exalté lospropios defectos, sino que aun alimenté la naturaleza insidiosa de su espíritu vengativo, sacando deél todo el provecho posible con el fin de solucionar mis problemas de riqueza, fama y poderío.Entonces se volvió mi servidor incondicional y colocó todo su bagaje inferior a mi disposición, asícomo el enfermo muestra al médico las llagas de su cuerpo. Es obvio que un médico no se aprovechade las llagas del doliente para aumentar su renta. En tanto, yo procedí al contrario; mi inteligenciasupo aliar a mis maquinaciones, muy hábilmente, las llagas morales de Anastasio, en vez de curarlo,como me ordenaba el más simple de los deberes fraternos. 22
  23. 23. Ramatís La Vida Más Allá de la Sepultura En consecuencia, la Ley Kármica me ligó a él a través de los siglos, pues si se mantenía falso,capcioso e ingrato para dar soluciones a mis planes maquiavélicos, era muy justo que yo tuviera quesufrir las consecuencias de mi propia imprudencia, cuando la técnica sideral resolvió conducirlo haciamí, refirmándose entonces el viejo concepto evangélico: "lo que el hombre siembre, cosechará". Si yohubiera sublimado a esa alma aún informe, es lógico que lo hubiera tenido en esta última encarnacióncomo un excelente compañero, afinado a mis ideales y también influido por mis nuevos sentimientos.En existencias anteriores fue mi muñeco fiel, que reproducía en el ambiente del mundo material elcontenido equivocado que yo sustentaba y quería; últimamente, a pesar de mi mejoría espiritual y dehaberme alejado grandemente de su campo vibratorio interior, se apostó junto a mí como un terriblebarómetro que yo mismo confeccionara para medir la temperatura emotiva de mi corazón. A causa de la gran disparidad espiritual que se suscitó entre Anastasio y yo —pues realmenteefectué hercúleos esfuerzos para elevarme por encima de mis propias miserias morales del pasado—, sólo podía liberarme de su presencia en la forma de absoluta renuncia, debiendo entregarmeatado de pies y manos a su villanía e increíbles ingratitudes. Para eso tenía que sujetarme a las másacerbas humillaciones e infamias, sufriendo en mí mismo lo que por mis propios medios provoqué aotros seres, en vidas pasadas. Y de conformidad con la ley tradicional de que "el que con hierro hiere,con hierro será herido", Anastasio significaba el instrumento rectificador de mis viejos errores,sometiéndome a terribles "tests" de tolerancia, paciencia, perdón y humillación. La Ley no se sirvió deél para castigarme, lo que sería incompatible con la bondad de Dios; pero lo transformó en el recursoterapéutico para mi alma, efectuándose la cura a través del proceso "similia similibus curantur". He ahí por qué siempre se me presentó como un individuo exigente que desoía mis ruegos ysubestimaba mis auxilios. Se me presentaba en forma provocativa, como alguien a quien yo explo-tara, diferenciándose ostensiblemente del que pide por necesidad; exigía con arrogancia, dándome aentender que no pedía favores, que sólo quería devolución. Era incapaz de reaccionar delante de lascriaturas de su propio nivel moral, pero a mí se me transformaba en un verdadero inquisidor, cuyafuerza debería prevenirle de la terrible acusación subjetiva que su espíritu me formulaba, como sifuera un reproche por el progreso que yo había alcanzado y por haberlo abandonado en medio de ladelincuencia del mundo, después de su adhesión incondicional hacia mí, en el pasado. Felizmente, presentí la fuerza y la justicia de la Ley, que me obligaba al debido reajuste: reconocíen Anastasio al alma creadora de ese pasado y me volví entonces más dócil, tolerante y hastajubiloso delante de sus ingratitudes, en la convicción de que con esa "autopunición" cancelaba enpúblico el saldo que adeudaba por las equivocaciones espirituales cometidas en el pasado. Pregunta: Pero, según las leyes divinas, ¿el sufrimiento y la humillación que sufristeis no eransuficientes para evitarse los impactos de las vibraciones perjudiciales provenientes de Anastasio,después de vuestra desencarnación? ¿Por ventura no habíais expiado en la Tierra la deuda queteníais con él? Creemos que en tal disposición, vuestro sufrimiento moral debería haber cesadoexactamente en la hora de vuestra desencarnación; ¿no es así? Atanagildo: Os repito una vez más: la ecuanimidad de la Ley Kármica es la que marca el pago dela "última moneda", de la que tanto habló Jesús. Esa última moneda, en mi caso, aún figuraba comodébito en las últimas vibraciones antagónicas y opresivas que sufrí al desencarnar. Sólo así la Ley sedio por satisfecha con el reajuste, porque esa Ley y yo mismo la había invocado en contra de mí. Mipasivo, con respecto a las relaciones con Anastasio, sumaba la determinada cantidad dehumillaciones o perfidias y también cierto tiempo de vulnerabilidad magnética receptiva a suspensamientos y actos contra mi espíritu. Cuando yo desencarné, recibí, debido al servicio fraterno yhumilde prestado a él y a otros, cierta ayuda que me auxilió en la condición de desencarnado; peroaún existía un pequeño saldo a favor de Anastasio, que de esa manera me colocaba bajo sudependencia, en materia de venganza. Y como ya manifesté, su reacción fue contundente, pero nosufrí mayores consecuencias por su vibración tóxica, porque en el fondo de su alma empezaba asentir remordimientos por su actitud tan insana para conmigo. Así, os será más fácil comprender quenosotros mismos aumentamos o disminuimos nuestras desdichas, porque si yo hubiese rechazado aAnastasio bajo reacciones antifraternas, aun en este momento en que os dicto esta comunicaciónestaría sufriendo las consecuencias de su rencor hacia mí. Por eso, días después cesó su 23

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