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Nicholas Roerich:  a la sombra del Maestro
Ven, ven, seas quien seas: vagabundo, adorador, amante del aprendizaje… No importa. La nuestra no es una caravana de deses...
Y así comenzó el camino que todos hemos de recorrer algún día hacia la más alta meta que el ser humano pueda llegar a alca...
A un siendo un crío, conocía el valor de la pureza de sentimiento; una pureza que el destino pondría a juego en multitud d...
L a pubertad dio paso a la adolescencia en la vida de Riddhi. Testigo de ello fue Karuna, quien acabó convirtiéndose en co...
Y  la noche fue testigo de sus gritos y sus llantos, elevándose como el viento entre las ramas, más allá de un lugar donde...
N o tenía ningún miedo en salir a su encuentro cuando su corazón se lo dictara, pues el peor de los miedos era la sensació...
 
T ras la intensa caminata, llegaron por fin a un promontorio de piedra caliza, horadada por multitud de cuevas en cuyo int...
- ¡Linga! ¿Qué diablos es eso? Acercándose velozmente, una inmensa sombra teñía el horizonte. La tormenta de arena les env...
“ Tú y tu amigo os halláis en el Monasterio de Prarthana. Rodeando a este edificio, existe un pueblecito de casas humildes...
“ Si no escuchas a tu corazón y si sigues dándole tantas vueltas a la cabeza, no vas a poder disfrutar del camino, decidas...
U na hermosa mujer le susurraba suaves cánticos al compás de los acordes del arpa que acariciaba. Cerró los ojos y sintió ...
- ¡Quién va! -gritó, intentando mostrar firmeza.  Salvo los ladridos, sólo respondió el silencio. Al cabo de un rato, se o...
- Me llamo Jivan. Y como ves, no tienes nada que temer de mi persona. - Mi nombre es Riddhi.  - Y ése es Cholo, supongo. R...
A ún de noche, con más intuición que presteza, recogieron sus escasas pertenencias y comenzaron a atravesar la llanura. La...
<ul><li>- ¡Hola! ¿Estáis bien? -les preguntó a gritos. </li></ul><ul><li>- ¡Sí, cansados pero bien! -gritó Jivan. </li></u...
<ul><li>T ras llegar al final de la calle, se hallaron ante el gran edificio central que habían contemplado desde el preci...
- Me llamo Sattva, y estoy aquí para mostrarte la Cámara del amor. “ Cuando aceptamos que el amor lo es todo, permitimos q...
- Mucho mejor, Riddhi; ahora sí estás sintiendo… Sigue así, sin pensar ni analizar: sólo sintiendo tu respiración, sin for...
-Tu deseo de ir a Dharma me parece un acto de valor. Ese viaje que estás realizando, si lo vives con nobleza, ensanchará t...
P arecía que Moha no se estaba dando cuenta de su estado. Sin embargo, en la última ocasión en que Riddhi pudo recuperarse...
- Para ser humano, o eres imbécil o demasiado atrevido -le dijo  la serpiente tras llegar a él-. Lo que sí es seguro es qu...
<ul><li>No seas ingrata -le dijo-. Sabes muy bien que de haber querido, ya sólo serías desgarros en mi pico… Deja de lucha...
- Sí. Estoy aquí -se atrevió finalmente a responder.  A quel truhán le había dejado sin nada y desnudo... Oyó de pronto un...
A l llegar a la cima de la colina, se encontraron con un enorme claro ganado por los hombres a base de machetazos. En su o...
- Creo que te vendría muy bien conocer a alguien que puede brindarte mucha más ayuda que nosotros. Vive en la misma ciudad...
Y   así, en el susurro silencioso de la oscuridad, cada uno sopesó su viaje a Dharma, satisfechos de las vivencias que les...
C iertamente, a Riddhi le parecía que Darshan era un solitario: rodeado a todas horas de sirvientes y consejeros, pero más...
<ul><li>Tendremos que bajar esa loma, pero antes quiero que veas algo. </li></ul><ul><li>Dicho esto, varios porteadores le...
<ul><li>Antes de llegar al exterior de la muralla -donde humildes viviendas se sostenían en pie de pura suerte- se cruzaro...
Al traspasar la muralla (tan ancha, que en su parte superior albergaba un pasillo para que los guerreros se desplazaran po...
<ul><li>Este va a ser tu aposento durante el tiempo que quieras. Ponte cómodo. Mandaré a que te preparen un buen baño y te...
- Mañana temprano iremos a un mercado que está bastante animado. Quiero hablar con mi amigo para que conozca mi deseo de p...
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T raspasaron esa zona y llegaron a un lugar donde predominaban los cultivos que alimentaban a la población, pues como era ...
A  lo lejos había una caseta que por su aspecto rudimentario parecía más un cuarto de apero. Cuando estaban a mitad de la ...
“ Yo era el quinto señor de Angkor. Como tal, era orgulloso, ambicioso, despótico… Vivía en un castillo amurallado como re...
“ Varias veces me vi en la ruina y varias veces volví a amasar una fortuna… No me daba cuenta que repetía una y otra vez e...
“ Doné algunos de mis bienes a quienes sabía que iban a darles un buen uso, vendí el resto de mis pertenencias y comencé a...
- La existencia no tiene lenguaje, Riddhi. Eso es parte de su magia y su misterio… Desde que trates de describirla o inter...
“ Así es, Riddhi, como intento vivir mi vida: dejándome llevar por la existencia en cada instante, desde sus actos más cot...
Aquel primer contacto había sido el inicio de una serie de gratos encuentros. A veces charlaban animadamente; en otras oca...
“ Nacer es comenzar a morir. Lo que hagamos mientras, dictará nuestro destino y quizás, quién sabe, nuestra próxima experi...
R iddhi permaneció toda la noche junto a los restos de la pira. Aguardó en silencio recogido, inmóvil, observando: siendo ...
S onriendo entre muecas de dolor, se levantó lentamente según iban obedeciéndoles sus aletargados músculos. Una vez de pie...
Ilustraciones: Nicholas Roerich http://www.roerich.org/index.html Texto: Anónimo Música: Kokin-Gumi “ Feng Shui”  ZEN GARD...
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Nicholas Roerich

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Nicholas Roerich

  1. 1. Nicholas Roerich: a la sombra del Maestro
  2. 2. Ven, ven, seas quien seas: vagabundo, adorador, amante del aprendizaje… No importa. La nuestra no es una caravana de desesperación. Ven, aunque hayas roto tu voto mil veces. Ven, ven, una vez más, ven . Mevlana Jalaluddin Rumi
  3. 3. Y así comenzó el camino que todos hemos de recorrer algún día hacia la más alta meta que el ser humano pueda llegar a alcanzar; el camino que trazaste aun antes de haber nacido: aprender a amarte . R iddhi vino al mundo en una desapacible noche de primavera Lo primero que pudieron ver sus ojos fue un cuarto destartalado y mugriento, donde la tenue luz apenas alcanzaba vislumbrar las tétricas siluetas de los escasos objetos guarnecidos del duro embate.
  4. 4. A un siendo un crío, conocía el valor de la pureza de sentimiento; una pureza que el destino pondría a juego en multitud de vivencias que forjarían el espíritu de su corazón guerrero.
  5. 5. L a pubertad dio paso a la adolescencia en la vida de Riddhi. Testigo de ello fue Karuna, quien acabó convirtiéndose en confidente íntima de sus sentimientos y deseos. No ocultaban el cariño que se sentían, sabedores de que era un sentir compartido y alimentado por ambos. Más que una pareja, vivían su relación como una amistad profunda y sin barreras.
  6. 6. Y la noche fue testigo de sus gritos y sus llantos, elevándose como el viento entre las ramas, más allá de un lugar donde los vivos pudieran ser testigos y, sin embargo, tan dentro de ellos como sus entrañas. Riddhi conoció a temprana edad el vacío de la muerte, sin saber que era un paso necesario para ver más allá de los límites de sus montañas.
  7. 7. N o tenía ningún miedo en salir a su encuentro cuando su corazón se lo dictara, pues el peor de los miedos era la sensación de fracaso por no haberse arriesgado a vivir, paralizado por los temores que sólo vivían en la mente... En esa noche de relatos supo que viajar constituía su manera de hallar conocimiento, goce y libertad. En esa noche de relatos, despertó al camino.
  8. 9. T ras la intensa caminata, llegaron por fin a un promontorio de piedra caliza, horadada por multitud de cuevas en cuyo interior el aire mantenía el frescor de la madrugada.
  9. 10. - ¡Linga! ¿Qué diablos es eso? Acercándose velozmente, una inmensa sombra teñía el horizonte. La tormenta de arena les envolvió sin que pudieran hacer otra cosa que encomendarse al cielo. A su paso, el aire se volvió ardiente e irrespirable. Aguantaron abrazados, intentando proteger sus cuerpos de los impactos de arena que les golpeaban como picotazos. Cuando ya no pudieron aguantar más la situación, se resignaron a su suerte… y desfallecieron.
  10. 11. “ Tú y tu amigo os halláis en el Monasterio de Prarthana. Rodeando a este edificio, existe un pueblecito de casas humildes y acogedoras que también pertenecen a nuestra orden. Algunas las habitan personas que han hallado en Prarthana su lugar; otras, sirven de alojamiento a los visitantes que desean permanecer un tiempo con nosotros y que buscan soledad y silencio, algo que aquí no es difícil encontrar. - Hola, hijo -dijo el que parecía ostentar mayor grado-. Comprendemos que te resulte desconcertante haber despertado aquí, en un lugar desconocido y con gente extraña.
  11. 12. “ Si no escuchas a tu corazón y si sigues dándole tantas vueltas a la cabeza, no vas a poder disfrutar del camino, decidas lo que decidas. - Quería decirte, Riddhi, que a veces hay que tomar decisiones difíciles; forma parte de la vida. Sé siempre fiel y sincero con los designios de tu corazón: ese es mi consejo.
  12. 13. U na hermosa mujer le susurraba suaves cánticos al compás de los acordes del arpa que acariciaba. Cerró los ojos y sintió su calor; luego, el húmedo contacto de sus labios rozándole la piel muy cerca de su boca. Esa sensación fue haciéndose cada vez más real, hasta despertarlo del sueño. Y despertó tumbado junto al matorral. Y sus ojos se toparon con el hocico del perro que lamía su cara… Y se apartó al instante, más por acto reflejo ante el asco que por miedo.
  13. 14. - ¡Quién va! -gritó, intentando mostrar firmeza. Salvo los ladridos, sólo respondió el silencio. Al cabo de un rato, se oyó una voz. - Sólo soy un caminante que intenta recorrer su camino. Parecía la voz de un anciano; su tono mostraba calma y cautela. Riddhi le respondió. - Pues no es digno de caminantes espiar a quien sólo intenta descansar del camino. - En eso llevas razón. Aunque como viajero, seguro que sabrás de la presencia de truhanes por estas tierras; a veces, hasta de asesinos… Si haces el favor de guardar ese cuchillo, me presentaré como es debido.
  14. 15. - Me llamo Jivan. Y como ves, no tienes nada que temer de mi persona. - Mi nombre es Riddhi. - Y ése es Cholo, supongo. Riddhi sonrió: - Sí. Así es. Cholo mostraba desafiante su desconfianza ante el extraño… tras las piernas de su amo. - Pues ya que parece que no somos mala gente, creo que nos vendría bien relajarnos un poco. Si te parece, te aceptaría hasta un buche de agua; estoy sediento. - Por supuesto -Riddhi le ofreció su calabaza. - Me llamo Jivan. Y como ves, no tienes nada que temer de mi persona. - Mi nombre es Riddhi. - Y ése es Cholo, supongo. Riddhi sonrió: - Sí. Así es. - Pues ya que parece que no somos mala gente, creo que nos vendría bien relajarnos un poco. Si te parece, te aceptaría hasta un buche de agua; estoy sediento. - Por supuesto -Riddhi le ofreció su calabaza. Ambos se sentían como extraños, pero intuían que podrían convertirse en buenos camaradas; quizás hasta amigos.
  15. 16. A ún de noche, con más intuición que presteza, recogieron sus escasas pertenencias y comenzaron a atravesar la llanura. La luna llena estaba escondiéndose tras los bordes montañosos del horizonte. Al amparo de su tenue luz, un joven, un anciano y un cachorro avanzaban entre sombras en medio de la llanura. Una bella estampa si no se estuviera allí, en carne y hueso, sufriendo los rigores del frío.
  16. 17. <ul><li>- ¡Hola! ¿Estáis bien? -les preguntó a gritos. </li></ul><ul><li>- ¡Sí, cansados pero bien! -gritó Jivan. </li></ul><ul><li>El líder del grupo sonrió. </li></ul><ul><li>- Mi nombre es Ananda. </li></ul><ul><li>El mío, Jivan; y él es Riddhi. </li></ul><ul><li>- Encantado. Y ahora amigos, acompañadme para que podáis comer algo y poneros cómodos en vuestros aposentos. Ya habrá tiempo luego de conocernos mejor. </li></ul><ul><li>Y felices ante tal perspectiva, obedientes le siguieron. </li></ul>
  17. 18. <ul><li>T ras llegar al final de la calle, se hallaron ante el gran edificio central que habían contemplado desde el precipicio. </li></ul><ul><li>¿Qué es este edificio, Ananda? </li></ul><ul><li>Ananda sonrió. </li></ul><ul><li>- Nos encontramos frente a Adhara… En él se encuentran los mayores secretos de Klim; y lo son, no porque estén vedados, sino porque exigen que quien desee instruirse en ellos se gane ese derecho. </li></ul>
  18. 19. - Me llamo Sattva, y estoy aquí para mostrarte la Cámara del amor. “ Cuando aceptamos que el amor lo es todo, permitimos que fluya por nuestro ser. Y esa sensación, para quien la vive, es maravillosa. Sentimos una dicha que no depende de nadie ni se pierde por las circunstancias siempre cambiantes de la existencia. No tienes sino que ver a un bebé repleto de alegría por la vida, para ser testigo de lo que significa vivir el amor.
  19. 20. - Mucho mejor, Riddhi; ahora sí estás sintiendo… Sigue así, sin pensar ni analizar: sólo sintiendo tu respiración, sin forzarla, sin reprimirla, sin retenerla… Intenta centrarte en el calor que emana de tu interior; en la serenidad que te brinda el dejar de pensar y sólo sentir… Siente lo que sientes al escuchar el ruido del agua deslizándose, fluyendo…, el sonido de las aves, jubilosas… Siente los aromas que te transmiten los árboles cercanos, las frutas, las flores… Siéntelo… Siente la vida que fluye en ti, ahora mismo… Ahora… Olvídate de creerte un ser independiente, y simplemente siente…
  20. 21. -Tu deseo de ir a Dharma me parece un acto de valor. Ese viaje que estás realizando, si lo vives con nobleza, ensanchará tu visión de la vida: te henchirá el corazón. Ese será el máximo tesoro que obtendrás de toda tu travesía, tanto de tu viaje como de tu vida.
  21. 22. P arecía que Moha no se estaba dando cuenta de su estado. Sin embargo, en la última ocasión en que Riddhi pudo recuperarse, le pareció percibir en su rostro una expresión sonriente que no concordaba con el hilo victimista de sus palabras. En ese instante comprendió la situación: Moha le había echado algo en la comida. Cuando se dio cuenta, sólo tuvo tiempo de preguntarle “¿por qué?”, antes de caer desplomado.
  22. 23. - Para ser humano, o eres imbécil o demasiado atrevido -le dijo la serpiente tras llegar a él-. Lo que sí es seguro es que tu joven carne me brindará una rápida digestión. La silueta de un águila se deslizaba con maestría por las corrientes de aire. Oteaba el horizonte hasta que se percató de la situación, descendiendo hasta ellos con la perfección de una flecha certera. Sus poderosas garras inmovilizaron a la serpiente, impidiéndole zafarse a pesar de sus vanos intentos.
  23. 24. <ul><li>No seas ingrata -le dijo-. Sabes muy bien que de haber querido, ya sólo serías desgarros en mi pico… Deja de luchar inútilmente y escucha. </li></ul><ul><li>La serpiente obedeció. </li></ul><ul><li>El águila se elevó con majestuosa altivez, llevándose entre sus garras a la sumisa serpiente. </li></ul><ul><li>Moha le observaba en medio de sus alucinaciones. Se le acercó para comprobar su temperatura: su cuerpo se hallaba sudoroso y frío. Quizás se le había ido la mano con la datura… Una pena. </li></ul>
  24. 25. - Sí. Estoy aquí -se atrevió finalmente a responder. A quel truhán le había dejado sin nada y desnudo... Oyó de pronto una voz que gritaba su nombre. Dudó por un momento que no fuera una mala pasada de los efectos del veneno; pero no. Volvía a oír su nombre, y más nítidamente aún. La voz le resultaba muy familiar. - ¡Riddhi, soy Bhava, responde!
  25. 26. A l llegar a la cima de la colina, se encontraron con un enorme claro ganado por los hombres a base de machetazos. En su otro extremo, se hallaba Dharma. Tras varios días sintiéndose prisioneros en medio de tanta vegetación, el hallar un lugar donde poder contemplar el cielo abierto, les produjo una gratificante sensación de libertad.
  26. 27. - Creo que te vendría muy bien conocer a alguien que puede brindarte mucha más ayuda que nosotros. Vive en la misma ciudad que yo, en Angkor, a unos días de viaje. Puedes ir a pie, aunque las condiciones del terreno dejan mucho que desear. Pero si quieres, podrías acompañarme… Eso sí, si vas conmigo, tendrás que acostumbrarte a la presencia de los elefantes -dijo, sonriendo ante el gesto de sorpresa de Riddhi.
  27. 28. Y así, en el susurro silencioso de la oscuridad, cada uno sopesó su viaje a Dharma, satisfechos de las vivencias que les habían ocurrido. La vida siempre nos supera… Podemos intentar encerrarla en juicios y creencias, pero ella se reirá juguetona ante nuestros vanos intentos por comprenderla. Riddhi no sabía si existía un dios creador, pero de existir, su corazón sólo podía latir desde la más íntima esencia de la vida: el misterio del Amor.
  28. 29. C iertamente, a Riddhi le parecía que Darshan era un solitario: rodeado a todas horas de sirvientes y consejeros, pero más solo que un ermitaño. Su comitiva la formaban tres enormes elefantes; dos portando mercancías, y el que transportaba a Darshan y Riddhi. Diez personas les acompañaban a pie: varios guerreros y porteadores, un consejero, un guía y un galeno. Todo un gran séquito en medio de la selva.
  29. 30. <ul><li>Tendremos que bajar esa loma, pero antes quiero que veas algo. </li></ul><ul><li>Dicho esto, varios porteadores les ayudaron a bajar de los elefantes. Ya en el suelo, Darshan se dirigió por un camino perpendicular al rumbo que seguirían, hasta llegar a un punto en que la llanura se quebraba. Resaltando del entorno, salpicado de pequeñas elevaciones desgastadas y carentes de vegetación, se alzaba una imponente muralla, acordonada por un foso que rodeaba por completo la edificación humana más grande que Riddhi había visto en su vida. Así le nació decir: </li></ul><ul><li>¡Es impresionante! </li></ul><ul><li>- Sí que lo es… Es Angkor. </li></ul>
  30. 31. <ul><li>Antes de llegar al exterior de la muralla -donde humildes viviendas se sostenían en pie de pura suerte- se cruzaron con algunos de sus moradores. </li></ul><ul><li>Atravesaron el poblado sin forzar la marcha, aunque en la actitud de los guerreros se adivinaba la tensión existente. </li></ul><ul><li>Recuerda que estás llegando a una gran ciudad -dijo Darshan, como si se hubiera percatado de su malestar-. Cuanto mayor es el número de personas que viven hacinadas, mayores son las posibilidades de que acaben deshumanizándose. </li></ul><ul><li>Y llegaron al puente levadizo . </li></ul>
  31. 32. Al traspasar la muralla (tan ancha, que en su parte superior albergaba un pasillo para que los guerreros se desplazaran por ella en caso de asedio), se hallaron ante un gran mercado. Se encontraba muy concurrido, y los comerciantes y artesanos exponían a gritos su mercancía.
  32. 33. <ul><li>Este va a ser tu aposento durante el tiempo que quieras. Ponte cómodo. Mandaré a que te preparen un buen baño y te traigan ropa limpia… </li></ul><ul><li>“ Angkor es mi ciudad y este castillo mi morada. Dejemos a un lado mis tristezas y permite que te muestre la vida que corre por sus calles. </li></ul><ul><li>De acuerdo -asintió Riddhi-. Muéstrame Angkor. </li></ul><ul><li>- Pues adelante entonces. </li></ul>
  33. 34. - Mañana temprano iremos a un mercado que está bastante animado. Quiero hablar con mi amigo para que conozca mi deseo de presentarte. Tú puedes disfrutar mientras del ambiente. Además de los puestos, suelen realizar espectáculos públicos, como titiriteros, bufones y otros artistas.
  34. 35. <ul><li>Si quieres, mañana podrás conocer a mi amigo. </li></ul><ul><li>Bueno, pues por mí encantado. </li></ul><ul><li>Pues así será… Sé que Angkor te resulta un tanto agobiante y que has aguantado aquí por respeto a mi ofrecimiento y por la curiosidad en conocerlo. </li></ul><ul><li>Riddhi se sorprendió de que hubiera acertado tanto en sus impresiones. </li></ul>
  35. 36. T raspasaron esa zona y llegaron a un lugar donde predominaban los cultivos que alimentaban a la población, pues como era sabido, los señores y el clero disponían de sus propios campos de siembra y pastoreo. Aun siendo temprano, ya había un buen número de personas trabajando en las plantaciones. Ante el paso del carruaje, se quitaban los sombreros en señal de reverencia. Riddhi supuso que alguno de estos labriegos debía ser Namasté, dado que tras las plantaciones sólo se hallaba la gran muralla que protegía la ciudad. - Hemos llegado -dijo Darshan, dando respuesta a sus suposiciones.
  36. 37. A lo lejos había una caseta que por su aspecto rudimentario parecía más un cuarto de apero. Cuando estaban a mitad de la vereda que conducía a ella, alguien salió a su encuentro. Riddhi pudo distinguir, según se les acercaba, que quien andaba de forma tan peculiar era un anciano enjuto al que acrecentaba su apariencia macilenta su holgada vestimenta. Un esbozo de sonrisa parecía emerger en la expresión de su rostro, cuyas facciones, de pronunciadas, le daban un aspecto más senil. Cuando llegó a su altura, Darshan y él se dieron un fuerte abrazo sin mediar palabra. A pesar de su aspecto longevo, había algo en él que emanaba energía.
  37. 38. “ Yo era el quinto señor de Angkor. Como tal, era orgulloso, ambicioso, despótico… Vivía en un castillo amurallado como reflejo de mi soledad.
  38. 39. “ Varias veces me vi en la ruina y varias veces volví a amasar una fortuna… No me daba cuenta que repetía una y otra vez el mismo patrón en mi vida. Sentía un vacío que intentaba llenar con más poder que me hiciera olvidar la tensión de tanto pensamiento, de tanto supuesto riesgo, de tanto miedo… Darme cuenta de esa realidad y reconocerla, fue doloroso; durante demasiado tiempo me resistí a aceptarlo. Cuando ya no pude más, decidí averiguar qué podía hacer para acabar con el vacío en que se había convertido mi vida.
  39. 40. “ Doné algunos de mis bienes a quienes sabía que iban a darles un buen uso, vendí el resto de mis pertenencias y comencé a viajar…Tras tantos días y noches de camino, tras tantos lugares, tras tantas aventuras y desventuras, la enseñanza primordial de mi viaje fue bien sencilla: haz lo que creas y cree en lo que hagas .
  40. 41. - La existencia no tiene lenguaje, Riddhi. Eso es parte de su magia y su misterio… Desde que trates de describirla o interpretarla, dejas de vivirla; siempre será un misterio insondable para la mente humana. Una vez que se acepte esto, sólo resta contemplarla, sin más, siendo simplemente testigo de su presencia.
  41. 42. “ Así es, Riddhi, como intento vivir mi vida: dejándome llevar por la existencia en cada instante, desde sus actos más cotidianos hasta los momentos más íntimos… Así es como supe que no hay nada más sagrado que el presente, pues sólo en el presente palpita la vida. Y continuó, caminando calmadamente, recreándose en su jardín. Riddhi permaneció en silencio, observándole mientras cuidaba sus flores hasta el más mínimo detalle… Namasté estaba tan embriagado contemplando sus flores, que apenas percibió la admiración de Riddhi ante su variada belleza.
  42. 43. Aquel primer contacto había sido el inicio de una serie de gratos encuentros. A veces charlaban animadamente; en otras ocasiones, se enfrascaban en cualquier tarea cotidiana; otras, simplemente, compartían su silencio. “ El mensaje que me ha regalado siempre la naturaleza es bien sencillo: aprende a amarte, perdonando y amando …
  43. 44. “ Nacer es comenzar a morir. Lo que hagamos mientras, dictará nuestro destino y quizás, quién sabe, nuestra próxima experiencia de vuelta… Este es el sentido de los ciclos inmutables en el mundo de las formas: nacer y morir en un infinito vacío que contiene un todo eterno”. El cuerpo de Namasté desapareció del mundo de las formas en la gran pira que hizo preparar Darshan en su honor.
  44. 45. R iddhi permaneció toda la noche junto a los restos de la pira. Aguardó en silencio recogido, inmóvil, observando: siendo testigo.
  45. 46. S onriendo entre muecas de dolor, se levantó lentamente según iban obedeciéndoles sus aletargados músculos. Una vez de pie, se dirigió al castillo para despedirse de Darshan y descansar antes de emprender viaje. Al día siguiente abandonó Angkor, sintiendo que su hogar se hallaba más allá de cualquier nombre o frontera; justo en la fuerza invisible que hacía latir su corazón.
  46. 47. Ilustraciones: Nicholas Roerich http://www.roerich.org/index.html Texto: Anónimo Música: Kokin-Gumi “ Feng Shui” ZEN GARDEN http://www.kokingumi.com/

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