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3 Domingo de Pascua - C

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3 Domingo de Pascua - C

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3 Domingo de Pascua - C

  1. 1. ¿Me amas? 3r Domingo de Pascua – Ciclo C En este tercer domingo de Pascua se nos relata una aparición de Jesús a sus discípulos. En ella hay tres momentos que podemos ir desgranando para entender qué significan para nosotros, hoy, dos mil años después. Los discípulos han regresado a Galilea. Quieren rehacer su vida y vuelven a sus ocupaciones de antes. Jesús ha muerto y, aunque le han visto resucitado, no saben muy bien qué hacer. Así que regresan a sus barcas, a su pesca, a su tarea ordinaria. Todavía están muy desorientados. Y de nuevo, como les sucedió años antes, Jesús aparece a orillas del lago y los llama. Esta vez les pregunta si tienen algo qué comer. La respuesta es no. Han faenado duro, sin fruto. A veces las personas pensamos que hemos de separar nuestra vida laboral de nuestra fe, nuestro espíritu de nuestro cuerpo y nuestra devoción de la economía. Creemos que nuestro esfuerzo basta para conseguir el éxito. Pero las cosas no siempre funcionan así. Hasta para pescar, hasta para ir a nuestro trabajo cotidiano, contar con Jesús marca una diferencia. Él les indica que echen las redes del otro lado. Le obedecen, como la otra vez… y la pesca es tan abundante que las barcas casi zozobran por el peso de los peces. Es entonces cuando reconocen a Jesús. Y Pedro, el que dudó, el que lo negó, se arroja al agua para ir a su lado. Es un gesto de coraje, pero también de amor. ¿Quién se lanza al encuentro de un amigo? El que ama, y ama mucho. Jesús no ha estado ocioso: les prepara un ágape en la playa. Jesús, como vemos, sigue siendo un amante de la amistad, del encuentro, del compartir algo tan sencillo y tan importante como una comida. Las cosas que nos gustan a los seres humanos también le gustan a Dios. Después del ágape Jesús llama a Pedro aparte. Pedro, que alardeó de dar su vida por el maestro; Pedro, que lo negó tres veces; Pedro, que fue nombrado jefe, roca del grupo, y que se tambaleó y falló durante la Pasión, ahora debe pasar su triple examen. Tres veces negó a Jesús, por tres veces ahora Jesús le pregunta. Decimos que Pedro fue el primer papa de la Iglesia. El primer líder después de Jesús, el pastor, el padre, el guía… ¿Qué le pidió Jesús? No lo examinó de sagradas escrituras, ni de leyes, ni siquiera de sus virtudes. Tampoco requirió un perfil psicológico perfecto, ni una gran madurez emocional. Pedro, como cualquiera de nosotros, estaba muy lejos de la perfección. Jesús sólo le preguntó una cosa: ¿Me amas? Esa es la única prueba, el único examen, lo único que le importa a Dios. ¿Me amas? Porque quien ama, aunque sea cobarde, se lanza; quien ama supera sus limitaciones; quien ama sabe comunicar, aunque no sea un orador; quien ama se atreve, quien ama es fiel. Quien ama de verdad, da la vida por sus amigos. Da la vida por su maestro. Sólo quien ama es capaz de entregar lo más valioso, lo único que de verdad posee: la vida. Pedro y todos los discípulos de Jesús dieron la vida. Salvo Juan, todos murieron violentamente. Pero vivieron con pasión y alegría esta nueva llamada de Jesús a seguirle y a expandir su mensaje de gozo. Sus vidas ardieron como llamaradas, dando luz a muchos. Dieron fruto abundante, como la buena
  2. 2. semilla. Y murieron sin temor, sabiendo que los esperaba el Padre de Jesús y Padre de todos ellos, la misma fuente de la vida, el amor sin fin. Todos nosotros somos llamados en nuestra Galilea de hoy: en el trabajo, en casa, en el barrio, en la familia o entre amigos. Jesús nos llama a vivir y actua de otra manera: echad las redes al otro lado. Cambiad. A todos nosotros Jesús nos ofrece su amistad y nos prepara un banquete: cada domingo nos invita a su ágape, a la misa. Y nos da su alimento para que tengamos fuerzas. Después, a todos nosotros nos invita a seguirle. Quizás un día descubramos que también nos está preguntando, en lo hondo de nuestro corazón: ¿Me amas? Si somos capaces de responder, como Pedro, si afirmamos que sí, que le amamos, entonces él nos pedirá algo más. ¿Sabremos seguirle?

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