Epígrafes historia de España.

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Epígrafes historia de España.

  1. 1. HISTORIA DE ESPAÑA Epígrafes
  2. 2. 1. LA PREHISTORIA Y LA EDAD ANTIGUA 1.1. EL PROCESO DE HOMINIZACIÓN EN LA PENÍNSULA IBÉRICA: NUEVOS HALLAZGOS La hominización es el conjunto de cambios biológicos que permitieron el paso de los primeros homínidos al ser humano actual. Este proceso comenzó en África hace 4 millones de años. En la Península comenzó hace unos 1,2 millones de años, durante el Paleolítico, tal como demuestran restos encontrados en Atapuerca en la Sima del Elefante. El Paleolítico peninsular se divide en tres etapas; el Paleolítico inferior (desde hace 1.000.000 años hasta el 100.000), el Paleolítico medio (desde hace 100.000 años hasta hace 35.000), y el paleolítico superior (desde hace 35.000 años hasta el 6.000 aC). Durante el Paleolítico Inferior habitaron la Península diversos tipos de homínidos. El primero homínido conocido es el Homo Antecessor, con 800000 años de antigüedad. Con posterioridad aparecieron en suelo peninsular el Homo Erectus y el Homo Hildelbergensis –con restos de hace más de 250.000 años-, todos ellos cazadores y recolectores con una rudimentaria industria lítica. Durante el Paleolítico Medio la Península estuvo habitada por el Homo Neardenthalensis, que seguía siendo depredador, pero sus técnicas de caza presentaban ciertos avances, y su principal característica fue la búsqueda de refugios (cuevas), provocada por el cambio climático. Las causas de su desaparición siguen siendo un misterio. Por último, durante el Paleolítico Superior, apareció el Homo Sapiens, antecedente inmediato del ser humano actual. Durante esta etapa observamos un aumento de la población que nos lleva a pensar en mejoras en las técnicas de caza que incrementaron la producción. Además dejaron grandes obras artísticas, pinturas rupestres en paredes y cuevas, como las de Tito Bustillo en Asturias o las de Altamira en Cantabria. 1.2. PUEBLOS PRERROMANOS. COLONIZACIONES HISTÓRICAS: FENICIOS, GRIEGOS Y CARTAGINESES Los primeros colonizadores de la Península Ibérica fueron los fenicios (siglos X-VI a.C.). Eran un pueblo hebreo del actual Líbano dedicado al comercio mediterráneo. Atraídos por la riqueza mineral de la Península (metales) crearon enclaves comerciales en la costa andaluza como Gadir, Malaca o Sexi, desde donde comerciaban con los pueblos del interior. Sus aportaciones culturales fueron determinantes para el desarrollo de la cultura tartesia. Introdujeron el urbanismo oriental, el torno de alfarero y el alfabeto y difundieron el uso del hierro. Desaparecieron en 575 a.C. tras ser conquistada su capital, Tiro, por el imperio Neobabilónico de Nabucodonosor. Los griegos (600 – S.II a.C.) crearon colonias comerciales en las costas catalanas y levantinas, fundando enclaves como Ampurias y Rodhe. Competían en el comercio mediterráneo con cartagineses y etruscos. En la Península intercambiaban metales y materias primas por productos artesanales. Su influencia es fundamental para el desarrollo de la cultura ibera, apreciándose en su lengua, su industria y en el cultivo de la vid y el olivo. Los cartagineses (S.VI – 202 a.C.), descendientes de los fenicios y asentados en el actual Túnez, se dedicaron también al comercio de metales. Su competencia política y económica con Roma en el Mediterráneo condujo al enfrentamiento bélico entre las dos potencias. Tras ser derrotados en la I Guerra Púnica –en la que perdieron sus colonias mediterráneas-, decidieron conquistar el interior peninsular, fundando Cartago Nova. La II Guerra Púnica marca el final de la conquista cartaginesa y el principio de la conquista romana. Los pueblos pre-romanos aparecidos en la Península Ibérica fueron los tartesios, los íberos, los celtas y los celtíberos.
  3. 3. Tartessos se extendía por el oeste de Andalucía y el sur de Portugal, su principal fuente de riqueza fue el comercio de metales (oro, plata, estaño). La desaparición del comercio fenicio y la competencia de Marsalia en el comercio del estaño provocaron su decadencia. Se conoce como iberos al conjunto de pueblos (turdetanos, layetanos, oretanos…) asentados en el litoral Mediterráneo y los valles del Ebro y Guadalquivir. Su máximo esplendor cultural se dio entre los siglos V y III aC. Poseían una lengua común y una importante tradición cultural y artística (cerámica, Damas de Elche y Baza). Estaban gobernados por una aristocracia militar. Los celtas (vacceos, galaicos, lusitanos) y celtiberos eran pueblos indoeuropeos asentados en el norte y la Meseta. Se agrupaban en confederaciones tribales dirigidas por una aristocracia guerrera y residían en aldeas fortificadas (castros). Su economía agraria era pobre aunque conocían la metalurgia del hierro. 1.3 CONQUISTA Y ROMANIZACIÓN: LA PERVIVENCIA DEL LEGADO CULTURAL ROMANO EN LA CULTURA HISPANICA La conquista romana se inició durante la “II Guerra Púnica” (218-202 aC), en la que, tras eliminar a los cartagineses, se sometió a los pueblos iberos, conquistando el levante peninsular y el Valle del Guadalquivir. Con la división de los territorios ocupados en dos provincias, Hispania Citerior (Norte) e Hispania Ulterior (Sur), comenzó la explotación sistemática de sus recursos. A continuación comenzó la conquista del interior peninsular, que se divide en dos fases: entre 197 a.C y 154 a.C Roma extiendó sus dominios hacia el interior como resultado de hacer frente a las sublevaciones indígenas (celtíberos, lusitanos), alternando pactismo y represión. Desde 154 a.C y hasta 31 a.C se optó por una decidida intervención militar que llevaría a dominar casi la totalidad de la Península ante la tenaz resistencia indígena, de la que es ejemplo la actuación del caudillo lusitano Viriato (asesinado en 139 a.C) o la resistencia de la ciudad de Numancia (conquistada en 133 a.C después de 10 años de asedio). Por último, durante las Guerras Cántabras (31-19 a.C), los romanos, dirigidos por Augusto (primer emperador), conquistan el norte peninsular. La conquista dio paso a la romanización, que supone la aculturación de los pueblos sometidos y la asimilación del modo de vida y tradiciones romanas. Este proceso se difundió gracias a la creación de una importante red urbana que sirvió de foco difusor de la nueva cultura, cuyos agentes fueron soldados, colonos y comerciantes romanos. Se impuso el latín como lengua oficial (del que derivan las lenguas romances), el derecho romano (defendiendo derechos individuales), una religión tolerante, que permitía la existencia de otras creencias, como el cristianismo, siempre que se respetaran los cultos oficiales –el culto imperial principalmente- y se efectuaron importantes construcciones civiles y monumentales que articularon el territorio, sirvieron de infraestructuras para la prestación de servicios, y fortalecieron el poder de Roma (calzadas, acueductos, alcantarillado, murallas, puentes, foros, teatros, anfiteatros, templos, arcos de triunfo….). Roma supuso de este modo un punto y aparte en la historia peninsular. 1.4. LAS INVASIONES BÁRBARAS. EL REINO VISIGODO: INSTITUCIONES Y CULTURA
  4. 4. 2. LA PENÍNSULA IBÉRICA EN LA EDAD MEDIA: AL-ÁNDALUS 2.1. EVOLUCIÓN POLÍTICA: CONQUISTA, EMIRATO Y CALIFATO DE CÓRDOBA La conquista de la Península Ibérica por parte de los musulmanes comenzó en el año 711. Tariq cruzó el Estrecho de Gibraltar y derrotó a los ejércitos de Rodrigo en la Batalla de Guadalete. En 715 la práctica totalidad de la Península estaba ocupada. La rapidez de la conquista se explica por la crisis interna del reino visigodo y por los pactos alcanzados con algunos nobles (Teodomiro). De esa manera, la Península pasó a convertirse en una provincia (valiato o emirato dependiente) del Imperio Islámico bajo el nombre de Al-Ándalus y con capital en Córdoba. En el año 756, Abderramán I, el último Omeya, consiguió escapar de la matanza a la que fueron sometidos sus familiares en Damasco, llegar hasta Al-Ándalus y proclamarse emir, independizándose políticamente del imperio musulmán, aunque reconociendo la autoridad religiosa del califa de Bagdad. Este periodo se conoce como el Emirato Independiente (756- 929). Los sucesores de Abderramán tuvieron que hacer frente a múltiples rebeliones internas, y aunque Abderramán II (822-855) consiguió reforzar el Estado, la segunda mitad del siglo IX estuvo marcada por la inestabilidad interior y el avance de los reinos cristianos. Sólo Abderramán III fue capaz de pacificar sus dominios y contener las amenazas exteriores (cristianos en el norte y fatimíes en el Magreb), proclamándose Califa en 929. Esta época (la del Califato de Córdoba), fue la época de mayor esplendor en muchos aspectos: se produjo un gran auge económico y comercial y se impusieron tributos a los reinos cristianos; se alcanzó el periodo de mayor esplendor cultural de Al-Ándalus, siendo Córdoba el más importante foco cultural de Occidente, especialmente durante el reinado de Al Hakam II (961-976); se vivió un cierto periodo de paz y estabilidad política; y además, en el ámbito militar, Almanzor (primer ministro –hachib- y dictador entre 977-1002) hostigó a los reinos cristianos sometiéndolos a un incesante periodo de expediciones de castigo (aceifas). 2.2 LA CRISIS DEL SIGLO XI. REINOS DE TAIFAS E IMPERIOS NORTEAFRICANOS. Tras la muerte de Almanzor (1002), que gobernaba mediante una dictadura militar, se abrió un periodo de crisis en Al-Ándalus. El fallido intento de hacer hereditaria su dictadura desembocó en una serie de guerras civiles (fitna) que condujeron a la desaparición del Califato (1031) Al-Ándalus quedó dividido en múltiples reinos, conocidos como Reinos de Taifas. Los más grandes, como Badajoz, Sevilla o Zaragoza, se consolidaron, y gozaron durante algún tiempo cierta prosperidad económica. Pero con la aparición de Taifas se había perdido la unidad diplomática y militar de Al-Ándalus, y esto fue aprovechado por los reinos cristianos tanto para imponerles tributos (parias) como para avanzar hacia el sur. El rey castellano-leonés Alfonso VI llegó a conquistar Toledo en 1085. Ante la amenaza cristiana y su propia debilidad política, los Taifas pidieron ayuda a los almorávides, un imperio del norte de África formado por monjes soldado y caracterizado por su rigorismo religioso. En 1086 los ejércitos almorávides derrotaron a Alfonso VI en Sagrajas, pero regresaron a África. No obstante, a partir de 1090 los almorávides comenzarán una conquista sistemática de Al-Ándalus, sometiendo a los reinos Taifas y conteniendo a los cristianos (reconquista de Valencia 1102 y victorias sobre Alfonso VI en Consuegra -1097- y Uclés -1108-). Al-Ándalus volvía a quedar unificada, en lo político y en lo religioso, viéndose los mozárabes forzados a la conversión o el exilio. El poder almorávide se vino abajo con la aparición de un nuevo imperio norteafricano, los almohades, que conquistaron Marrakech, la capital almorávide, en 1147. Tras esto, su poder en la Península se diluyó y aparecieron nuevos reinos de Taifas que solicitaron su ayuda para combatir tanto a los últimos reductos de poder almorávide como a los cristianos. La llegada de los almohades a la península supuso la nueva unificación de Al-Ándalus, esta vez bajo su yugo. En la cima de su poder, consiguieron derrotar a los castellanos en Alarcos (1195). Pero esta
  5. 5. derrota concienció a los cristianos de la necesidad de unirse para combatir a los almohades. La victoria cristiana en Navas de Tolosa (1212), abrió el camino hacia el valle del Guadalquivir y propició una rápida expansión cristiana durante la primera mitad del S.XIII. Tras ella el territorio musulmán quedó reducido al reino nazarí de Granada, que perviviría hasta 1492. 2.3 LA ORGANIZACIÓN ECONÓMICA Y SOCIAL En la cúspide del edificio político se situaba el emir o el califa (líder político, militar y religioso). Por debajo de su figura se encontraba el hachib (primer ministro) y los distintos visires (con la función de ministros). Los cadíes se encargan de impartir justicia, siendo los walíes los gobernadores de las distintas provincias. En cuanto a la organización social, se advierten varias clases: la nobiliaria de origen árabe (situados en los puestos de mayor poder y terratenientes) y los bereberes y muladíes (cristianos convertidos al Islam, como comerciantes, artesanos y agricultores). Con leyes especiales encontramos a judíos y mozárabes (tolerados sus cultos pero con una carga mayor de impuestos), así como a los esclavos. Dentro de estos últimos destacan los eslavos de origen del norte de Europa, muchos de ellos eunucos, que llegaron a acumular gran poder durante el X y XI. Económicamente Al-Andalus se basó en una productiva agricultura (olivo, vid, cereales...) a la añadieron muchas técnicas de regadío (acequias, norias, canats...) y nuevos productos (arroz, cítricos, algodón). Junto a ella floreció la artesanía (damasquinados, cordobanes, papel, seda...) y un activo comercio por toda la cuenca mediterránea (desde el puerto de Almería) apoyado en una moneda fuerte: dirham (plata) y dinar (oro). 2.4 EL LEGADO CULTURAL Al-Ándalus - y la ciudad de Córdoba en particular- llegó a ser el principal foco cultural de Occidente. Esto fue posible gracias a la prosperidad económica, a la riqueza del sincretismo islámico - que fundió en su seno tradiciones culturales diversas: clásicas, bizantinas, árabes, persas, orientales-, a la relativa tolerancia y, sobre todo, al apoyo de los gobernantes, que fomentaron las ciencias y las artes como símbolos de prestigio y poder. El mayor esplendor cultural se dio durante el Califato, especialmente durante el reinado de Al-Hakam II (961-976). Éste atrajo hasta su corte a numerosos sabios y poetas, reunió una fabulosa biblioteca y promocionó importantes proyectos arquitectónicos. Esta política de prestigio continuó durante los Reinos Taifas, siendo la corte de Al-Muqtadir en Zaragoza el ejemplo más destacado. Al-Ándalus mantuvo contactos con los más importantes centros culturales del Islam (Damasco, Qairuán, Bagdad…) y sirvió de puente entre el mundo islámico y el cristiano. En cuanto a la producción cultural cabe destacar, en el ámbito de las letras, la obra de poetas como Ibn Hazam o Ibn Zaydún, la adaptación de la filosofía clásica de Platón y Aristóteles llevada a cabo por Avenpacé o Averroes, o los escritos místicos de Ibn Arabí, así como las aportaciones de miembros de la comunidad hebrea andalusí como Avicebrón o Maimónides. En cuanto a las ciencias tuvieron especial desarrollo las matemáticas –álgebra, trigonometría, introducción de la numeración india- cultivadas por figuras como al Machrikí; la astronomía, en la que Azarquiel elaboró las Tablas Toledanas e inventó la azafea (antecedente del astrolabio); la medicina –cirugía, oftalmología, farmacopea- en la que Abulcasis es considerado uno de los padres de la cirugía moderna; o la geografía –cartografía-, en la que destacó Al- Idrisi. Todo este legado fue recogido por el mundo cristiano tras la reconquista. La puesta en marcha de La Escuela de Traductores de Toledo (SXIII) ejemplifica este proceso.
  6. 6. 2.5. LA MEZQUITA Y EL PALACIO EN EL ARTE HISPANO-MUSULMÁN La manifestación artística más importante del arte hispanomusulmán es la arquitectura. La arquitectura islámica es, en parte, el producto de la síntesis de múltiples tradiciones (clásicas, bizantinas, orientales), pero puestas al servicio de unos intereses específicos que le confieren una personalidad propia. Son rasgos propios de la arquitectura islámica la importancia del componente religioso, el aniconismo y el gusto por una decoración exuberante (vegetal –ataurique-, geométrica -lacería-, epigráfica, mocárabes) cargada de efectos sensoriales (color, efectos de claroscuro, presencia de agua…) Para la construcción se emplean diversidad de materiales y aunque no es infrecuente el uso de materiales caros y lujosos (piedra en sillares, mármoles, mosaicos), es común el empleo de materiales pobres pero tratados con un alto grado de refinamiento (artesonados de madera, loza vidriada, yeserías, ladrillo). Es característico de la arquitectura hispanomusulmana el amplio repertorio de arcos empleados (túmidos, mixtilíneos, de lambrequines, polilobulados y especialmente el arco de herradura de procedencia visigoda), y las bóvedas de crucería califales. Las tipologías más destacadas son la mezquita, lugar de culto musulmán, y los palacios, lugar de residencia de los soberanos. Las mezquitas hispanomusulmanas son mezquitas hipóstilas, compuestas por una gran sala de oración sostenida por columnas o pilares. Al fondo de esta sala se encuentra el muro de quibla, orientado hacia La Meca y, en él, un nicho vacío denominado mihrab. El espacio frente al mihrab recibe el nombre de maqsura y está reservado a altos dignatarios y personajes importantes. Es en este lugar donde se concentra el mayor énfasis decorativo. Otro elemento fundamental de las mezquitas es el patio, que se convierte en un importante lugar de reunión social. En él se ubican fuentes para las abluciones. El mejor ejemplo de mezquita hispanomusulmana que conservamos es la Mezquita de Córdoba, comenzada por Abderramán I (784) y ampliada sucesivamente por Abderramán II, Abderramán III, Al-Hakem II y Almanzor. Así mismo también es destacable la Mezquita del Cristo de Luz en Toledo erigida en torno al año 1000. De la mezquita almohade de Sevilla (SXII), hoy sólo conservamos el patio y el alminar (Giralda) Los palacios hispanomusulmanes están caracterizados por el contraste entre su aspecto sobrio y defensivo al exterior y el extremado y sensual refinamiento de sus interiores, donde no faltan fuentes, acequias y una abundante vegetación. El elemento compositivo principal de los palacios islámicos suele ser el patio, en torno al cual se abren las diferentes estancias. Sin duda es el palacio nazarí de la Alhambra (SXIII-XIV) el mejor ejemplo conservado. De época califal hoy contamos con las ruinas de la Ciudad Palatina de Medina Azahara, mandada construir por Abderramán III y concluida durante el reinado de Al Hakam II (SX). De época Taifa es la Aljafería de Zaragoza (SXI).
  7. 7. 3. LA PENÍNSULA EN LA EDAD MEDIA: LOS REINOS CRISTIANOS 3.1 LOS PRIMEROS NUCLEOS DE RESISTENCIA 3.2 PRINCIPALES ETAPAS DE LA RECONQUISTA Se denomina reconquista al proceso de expansión de los reinos cristianos peninsulares comprendido entre los años 718 y 1492. Durante este largo período, reinos cristianos y musulmanes coexistieron y lucharon en el territorio peninsular. Las causas de la expansión territorial son la presión demográfica, la difusión de las instituciones feudales, la búsqueda del botín y el espíritu de cruzada. En este proceso pueden distinguirse varis fases o etapas: Primera etapa: (S.VII-X): desde las primeras escaramuzas de importancia, como la batalla de Covadonga, se abre un largo período en el que los núcleos cristianos del norte consolidan su territorio y avanzan tímidamente sobre territorios despoblados (valle del Duero, interior de Cataluña). Este avance se vio frenado en el siglo X por la creación del Califato y la necesidad de repoblar y consolidar las tierras conquistadas. Segunda etapa: (S. XI y primera mitad del XII): Aprovechando la debilidad musulmana tras el fin del califato, León y Castilla rebasan la cordillera central y ocupan la cuenca del Tajo (Alfonso VI conquista Toledo en 1085). Tras el freno impuesto a la reconquista por la invasión almorávide, el avance hacia el sur se reactivó en los reinos orientales con la ocupación del Valle del Ebro por aragoneses y catalanes (Alfonso I de Aragón conquista Zaragoza en 1118 y Ramón Berenguer IV Tortosa y Lérida en 1148) Tercera etapa:(finales S.XII principios del XIII): tras la interrupción del avance con la llegada de los almohades, el reino de León se expandió por Extremadura, y Castila consiguió dominar la submeseta sur, el valle del Guadiana y Sierra Morena. La confederación catalanoaragonesa – Corona de Aragón, formada en 1157- se extendió por Teruel. Castilla y la Corona de Aragón delimitaron sus áreas de expansión en los tratados de Tudillén (1151) y de Cazorla (1179). Cuarta etapa: (S. XIII): Tras la derrota almohade en Las Navas de Tolosa (1212), infligida por la coalición liderada por Alfonso VIII de Castilla, se produjo una rápida expansión de los reinos cristianos hacia el sur. Fernando III (rey de Castilla -1217- y de León -1230-) ocupó el Valle del Guadalquivir (Córdoba -1236-, Sevilla -1248-) y Murcia (1243), y Jaime I de Aragón Valencia (1236) y Baleares (1229-1235). Castilla-León y la Corona de Aragón, volvieron a dividir sus áreas de expansión por el Tratado de Almizrra (1244). Tras este avance, el territorio musulmán quedó reducido al reino nazarí de Granada. 3.3 LAS FORMAS DE OCUPACIÓN DEL TERRITORIO Y SU INFLUENCA EN LA ESTRUCTURA DE LA PROPIEDAD. MODELOS DE REPOBLACIÓN Y ORGANIZACIÓN SOCIAL La organización social durante la plena Edad Media está determinada por el sistema feudal. El feudalismo es un sistema sociopolítico basado en las relaciones de fidelidad personal entre dos personas libres: el señor y el vasallo. El primero ofrece al segundo protección y manutención (feudo), a cambio de lealtad y ayuda militar. El conjunto de las relaciones feudovasalláticas da lugar a la pirámide feudal, en cuya cúspide se encuentran el Papa, el Emperador, los reyes y los altos cargos eclesiásticos. Los usos feudales fueron introducidos en la Península durante el SXI, principalmente en los Condados Catalanes y el Reino de Navarra de Sancho III. La sociedad feudal es una sociedad trinitaria dividida en bellatores –guerreros: reyes y aristócratas-, oratores –clérigos- y laboratores –campesinos en régimen de servidumbre. La repoblación es un proceso de ocupación y organización de los territorios conquistados, que condiciona la estructura de la propiedad de las tierras. Existieron varios modelos:
  8. 8. La presura o aprisio era una apropiación por parte de hombres libre de tierras desocupadas. Debían de ser confirmadas por un rey o conde. Se dio fundamentalmente entre los siglos VIII y X en la Cordillera Cantábrica, el norte de Castilla y Cataluña. La repoblación concejil se basaba en la ocupación o consolidación de núcleos urbanos preexistentes. Se daban privilegios a las ciudades que actuaban como señores territoriales colectivos, con un campo circundante al núcleo de población llamado alfoz. Se desarrolló durante el SXI por la Meseta norte y los valles del Ebro y del Tajo. Los documentos oficiales eran los fueros locales que daban privilegios a determinadas ciudades para incentivar la repoblación, de manera política, económica y fiscal; la carta puebla era un documento en el que el rey regulaba el establecimiento y la organización de los habitantes de un lugar. También se les concedían privilegios y libertades para incentivar la repoblación. Las Órdenes Militares compraban grandes latifundios con actividades ganaderas, organizando el territorio en encomiendas dirigidas por un comendador. Se dieron durante la primera mitad del siglo XIII por la submeseta sur, bajo Aragón y Extremadura. Los repartimientos era un reparto del territorio entre los conquistadores según su estamento. Durante el siglo XIII en el valle del Guadalquivir y el litoral levantino. 3.4 DIVERSIDAD CULTURAL: CRISTIANOS, MUSULMANES Y JUDIOS La convivencia, no exenta de conflictos, de cristianos, judíos y musulmanes en la Península por un espacio de tiempo tan prolongado explica el característico mestizaje cultural del Medievo hispánico. En los reinos cristianos, y durante los primeros siglos de la Edad Media la cultura estuvo recluida en los monasterios. Allí se copiaban, traducían e ilustraban los libros que componían el acerbo cultural de la época, quedando la cultura y el saber monopolizados y controlados por la Iglesia en el contexto de un analfabetismo generalizado. Durante el siglo X, la superioridad cultural del califato y la participación de mozárabes en las primeras repoblaciones al norte del Duero dieron un carácter peculiar al arte y la cultura cristiana. Los Beatos miniados quizá sean el producto cultural más peculiar de este periodo. Por otra parte el establecimiento de la peregrinación jacobea (Camino de Santiago) supuso, especialmente desde el siglo XI, una importante vía de penetración de las corrientes políticas, artísticas, culturales y religiosas europeas (feudalismo, arte románico y gótico, Reforma Cluniaciense, Reforma Cisterciense, órdenes mendicantes), además de un revulsivo económico para las ciudades del Camino. También en esta época aparecen las primeras obras literarias en lenguas vernáculas derivadas del latín (Galaico-portugués, Castellano, Catalán). Durante el siglo XIII y en estrecha relación con el renacer urbano que se produce en estos momentos, las escuelas y las universidades (Salamaca, 1218; Lérida, 1300) tomarán el relevo de los monasterios. Con ello las nuevas clases urbanas acceden a la cultura e imponen su nueva visión del mundo. Este proceso contó con el apoyo de los reyes que, en pleno proceso de reforzamiento de su poder, sacaron partido de la ruptura del monopolio cultural eclesiástico. Así mismo el trabajo de instituciones como la Escuela de Traductores de Toledo, pondrá a disposición de estas universidades, españolas pero también europeas, una parte significativa del legado cultural hispanomusulmán, traduciendo obras de autores clásicos, bizantinos, musulmanes y hebreos de muy diversas materias (matemáticas, astronomía, medicina, filosofía, etc…).
  9. 9. 3.5 MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS Durante la Edad Media se dieron en la Península diversos estilos artísticos: el prerrománico, el románico, el gótico y el mudéjar. En un sentido amplio denominamos prerrománico al conjunto de manifestaciones artísticas medievales anteriores al románico. Dentro del prerrománico español podemos distinguir diferentes estilos y momentos. El primero de ellos es el arte visigodo. Las manifestaciones artísticas más importantes corresponden al siglo VII. Son pequeñas iglesias levantadas en piedra en las que destaca el uso del arco de herradura (San Juan de Baños, San Pedro de la Nave). Además de esto los visigodos destacaron por sus obras de orfebrería (Tesoro de Guarrazar) El segundo de ellos es el Arte Asturiano, cuyo momento de esplendor se sitúa a mediados del S.IX. En estos pequeños edificios, el empleo de bóvedas de cañón y contrafuertes adelanta soluciones plenamente desarrolladas durante el románico (Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo). Finalmente el arte mozárabe o de repoblación es propio del S.X. En la arquitectura lo más distintivo es el empleo de elementos de procedencia islámica (arcos califales con alfiz, modillones de rollos). La otra gran manifestación artística mozárabe son los códices miniados, una producción propiamente hispánica son las ilustraciones de los Comentarios al Apocalipsis del Beato de Liébana (Beatos) El arte románico llega a España en el siglo XI y se extiende hasta el SXIII. Con él Europa recupera la unidad artística que había perdido con la desaparición de Roma. En arquitectura son características las iglesias de plantas de cruz latina y el empleo de arcos de medio punto y bóvedas de cañón. La Catedral de Santiago de Compostela-que sigue los modelos franceses de iglesias de peregrinación- es el ejemplo más destacado. Las artes plásticas (escultura y pintura) casi siempre aparecen ligadas a la arquitectura, ocupando lugares destacados de los templos (portadas, ábsides, claustros, capiteles). Lejos de buscar la belleza formal, su principal finalidad es inocular en el fiel el miedo al castigo divino, siendo el Juicio Final el tema más representado (frescos de San Clemente de Tahull, Pórtico de la Gloria) El arte gótico llega a España durante el siglo XIII, pervive hasta entrado el siglo XVI y está indisolublemente ligado al desarrollo de las ciudades. En arquitectura el edificio por excelencia es la catedral, que gracias a un nuevo sistema constructivo basado en el empleo de arcos apuntados y bóvedas de crucería, alcanza dimensiones portentosas (Burgos, León, Toledo, Sevilla). Las artes plásticas se caracterizan por su progresiva independencia de la arquitectura y por la consecución de un mayor naturalismo. El arte mudéjar se dio paralelamente al arte románico y al gótico y, como el mozárabe, es exclusivo de la Península Ibérica. Se considera que es el resultado de la permanencia de musulmanes en territorios reconquistados por los cristianos. Supone una síntesis de elementos románicos o góticos y los modos constructivos, técnicas y decoración hispanomusulmanes. Existen cuatro focos con características diferenciadas, León, Teruel, Toledo y Sevilla.
  10. 10. 4. LA BAJA EDAD MEDIA. CRISIS DE LOS SIGLOS XIV Y XV 4.1 ORGANIZACIÓN POLÍTICA E INSTITUCIONES EN EL REINO DE CASTILLA Y EN LA CORONA DE ARAGÓN 4.2 CRISIS DEMOGRÁFICA, ECONÓMICA Y POLÍTICA La Baja Edad Media (siglos XIV y XV) se caracterizó por ser un periodo de crisis e inestabilidad en casi todos los ámbitos (económico, demográfico, político y social). La crisis económica estuvo motivada en un primer momento por una crisis agrícola, en la que a la presión demográfica se sumaron las malas cosechas propiciadas por un cambio climático y por la disminución de tierras fértiles. La escasez no sólo se tradujo en una crisis de subsistencia, sino que al hacer descender la demanda, supuso la ruina del comercio y la artesanía. A estas circunstancias se sumó una crisis demográfica. La epidemia de peste negra que asoló Europa en oleadas sucesivas (1348, ,1363 y 1371) se cebó con una población mal alimentada y carente de hábitos higiénicos. Se estima que la población disminuyó no menos del 30%. Al mismo tiempo, este periodo estuvo marcado por constantes conflictos armados (crisis política), ya entre el rey y la nobleza, ya entre los diferentes reinos peninsulares. Durante el siglo XIV a la Guerra Castellano-Aragonesa (1356-1361), incardinada en el conflicto internacional de la Guerra de los Cien Años, sucedió la rebelión nobiliaria encabezada por Enrique de Trastamara contra Pedro I de Castilla que, convertida en una guerra civil (Guerra Civil Castellana, 1366-1369) supuso el acceso de la dinastía Trastamara al trono de Castilla (Enrique II). Finalmente, el sucesor de Enrique II, Juan I, protagonizaría una nueva guerra, esta vez contra Portugal, de la que saldría derrotado (Aljubarrota, 1383). Durante el siglo XV los monarcas castellanos vivieron en continuas disputas con los magnates nobiliarios. En Aragón Fernando de Antequera (Trastamara) es proclamado rey por los Acuerdos de Caspe (1412), pero tras un periodo de relativa prosperidad motivada por la expansión mediterránea, surgirán nuevos conflictos. Durante su reinado, Juan II hubo de que enfrentarse a su propio hijo (Carlos de Viana) que fue apoyado por el principado catalán (1458- 1473). Finalmente este periodo también estuvo marcado por crisis sociales, motivadas por la carestía, las pésimas condiciones de vida y los intentos de la nobleza y el clero de reforzar sus privilegios señoriales. Las Guerras Irmandiñas en Galicia -1431-1467- y levantamiento de los payeses de remensa en la Corona de Aragón -1460-1486, son ejemplos de revueltas antiseñoriales. También existieron conflictos urbanos entre la baja y la alta burguesía (conflicto entre la Biga y la Busca en Barcelona desde 1450), y persecuciones y asesinatos de las minorías religiosas – judios y mozárabes- a los que se les acusaba de la mala situación (especialmente cruel fue el progromo de 1391 en Castilla). 4.3. LA EXPANSIÓN DE LA CORONA DE ARAGÓN EN EL MEDITERRÁNEO
  11. 11. 4.4. LAS RUTAS ATLÁNTICAS: CASTELLANOS Y PORTUGUESES. LAS ISLAS CANARIAS Durante el siglo XV la ruta para llegar a las Indias estaba controlada por los turcos de Mediterráneo oriental, por lo que Castilla y Portugal (las principales potencias marítimas de la época) organizaron expediciones para llegar a las Indias por el Atlántico Portugal tras finalizar su periodo de reconquista comienza los descubrimientos por la costa atlántica. La primera conquista fue la de Ceuta (1405) a la que se sumaron Madeira, Azores y la costa africana hasta el cabo Bojador. A mediados del siglo XV llegaron al golfo de Guinea, en cuya costa se concentró el comercio de oro y esclavos. Ya a finales de siglo Batolomé Dias llegó al cabo de Buena Esperanza (1488), con ello quedaba el camino abierto para que Vasco de Gama llegara al océano Índico y las Indias (1499), una vez descubierta América. La corona castellana comenzó su expansión atlántica con la ocupación de las Islas Canarias. En una primera fase fueron ocupadas las islas de Lanzarote, Fuerteventura y Hierro. La conquista la llevaron a cabo mercenarios al mando de Bethencourt (1402-1418). Finalmente nobles castellanos conquistaron la isla de La Gomera. A mediados de siglo surgieron disputas entre castellanos y portugueses que quedaron resueltos en el tratado de Alcaçovas-Toledo (1479), por el que se reconocía la soberanía castellana sobre las islas canarias. A finales del siglo XV se conquistaron Gran canaria y Tenerife.
  12. 12. 5. LOS REYES CATÓLICOS: LA CONSTRUCCIÓN DEL ESTADO MODERNO 5.1 UNIÓN DINÁSTICA: INTEGRACIÓN DE LAS CORONAS DE CASTILLA Y ARAGÓN El reinado de Enrique IV (1454-1474) fue un periodo de gran inestabilidad. Enrique IV se vio forzado por la nobleza a desheredar a su hija Juana la Beltraneja, mientras que su hermano menor, Alfonso, siguiente en la sucesión y pretendiente del bando nobiliario, murió en 1468. Como consecuencia, la candidatura de Isabel comenzó a tomar peso. Por el Pacto de Guisando (1468) Enrique IV reconoce a Isabel como heredera legítima con la con la condición de que sea Enrique quien decida su matrimonio. Pero en 1469, Isabel se casa con Fernando de Aragón (hijo de Juan II, heredero de Aragón y rey de Sicilia). Enrique, contrariado, vuelve a nombrar heredera a su hija Juana en las Capitulaciones de Cervera y se produce un periodo de anarquía. Tras la muerte de Enrique IV (1474) se desata la Guerra de Sucesión Castellana (1474-1479) que enfrenta a Isabelistas (Fernando e Isabel, parte de la nobleza, alto clero, Aragón y la mayoría de las ciudades) y Juanistas –partidarios de Juana La Beltraneja, casada con Alfonso V de Portugal- (pequeña parte de la nobleza, arzobispado de Toledo, Portugal y Francia). Tras la victoria de los partidarios de Isabel, los monarcas castellanos firman un acurdo de paz con Portugal (Tratado de Alcaçovas-Toledo,1479) en virtud del cual Portugal reconoce a Isabel como reina legítima de Castilla y, Castilla, la soberanía portuguesa de todas las tierras atlánticas a excepción de Canarias. Con la muerte de Juan II en 1479, Fernando se convierte en rey de la Corona de Aragón. Los términos de la unión de ambos reinos ya habían quedado definidos en 1475 mediante la Concordia de Segovia. Ambos reinos mantendrán sus leyes e instituciones pero la política exterior se reserva a los RRCC. Como consecuencia Castilla será la corona hegemónica. 5.2 LA CONQUISTA DEL REINO NAZARÍ Y LA INCORPORACIÓN DEL REINO DE NAVARRA Durante el reinado de los Reyes Católicos se produjo la integración de todos los reinos peninsulares a excepción de Portugal. El reino musulmán de Granada era una fuente continua de conflictos a pesar de que sus emires se declarasen vasallos de Castilla y tributasen por ello. Conseguida la unión de los dos grandes reinos peninsulares y finalizada la contienda de sucesión en Castilla, los Reyes Católicos orientaron sus esfuerzos en la conquista de Granada, con la intención de completar la reconquista. En la conquista del reino nazarí participaron la nobleza y la Santa Hermandad la cual aportó hombres y dinero. La guerra comenzó en 1482 aprovechando el incidente de la toma de Zahara por parte de Granada. A la victoria castellana contribuyeron las luchas internas en Granada de Muley Hacen con su hermano Mamad el Zagal y su hijo Boabdil. La última campaña fue el asedio de la ciudad de Granada que duró casi un año. Finalmente, el emir Boabdil negoció en secreto la rendición y unas generosas capitulaciones (tratado de Santa Fe) que sólo se respetaron al principio. Los musulmanes que optaron por no emigrar fueron obligados a convertirse al cristianismo (moriscos). El 2 de enero de 1492, los Reyes Católicos toman la Alambra y se culmina la Reconquista. La incorporación de Navarra se produjo tras la muerte de Isabel. El pretexto fue una supuesta conspiración de Francia y Navarra contra Castilla. Fernando ocupó Pamplona en 1512. En 1515, en las Cortes de Burgos, Fernando anexionó Navarra al Reino de Castilla pero conservando sus fueros e instituciones propias.
  13. 13. 5.3 LA INTEGRACIÓN DE CANARIAS Y LA APROXIMACIÓN A PORTUGAL Tras la guerra de sucesión de castellana y el tratado de Alcaçovas, el derecho de conquista de Canarias quedó asignado a los Reyes Católicos. La conquista de Canarias pasó por diversas fases: Entre 1402 y 1412 la conquista había sido realizada por iniciativa de Bethencourt, que se hizo con Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro; A ésta siguió, a mediados del siglo XV la denominada conquista señorial, protagonizada por hidalgos andaluces. Finalmente durante el reinado de los Reyes Católicos se completó la conquista del archipiélago haciéndose efectivo el dominio sobre Gran Canaria, La Palma y Tenerife (1477-1496). Fue llevada a cabo a través de una doble financiación (pública y privada) donde los reyes se reservaban las islas mayores. La conquista se tradujo en una gran disminución de la población indígena, la rápida explotación comercial por parte de los conquistadores y el uso de Canarias como punto estratégico para la carrera de Indias hacia América. Por otro lado, los Reyes Católicos realizaron una política de acercamiento a Portugal en el contexto de una política exterior basada en la búsqueda de alianzas matrimoniales que dejaran aislada a Francia. Primero se casó a la Infanta Isabel con el Infante portugués Alfonso (tal y como establecía el Tratado de Alcaçovas), que murió a los 16 años. Tras esto se la vuelve a casar con Manuel el Afortunado y tras la muerte de la Infanta Isabel, Manuel desposará a María de Aragón. Pese a todo, este acercamiento no evitó que surgieran desavenencias entre la monarquía hispánica y Portugal tras el descubrimiento de América, que modificaba el escenario colonial y venía a replantear el reparto de los derechos de conquista. El Papa Alejandro VI medió favoreciendo a España y estableciendo una línea de partición a 100 leguas al oeste de Cabo de Verde (Bula Intercaetera): los territorios desde esta línea hacia el este serían para Portugal y para España todos los territorio descubiertos al oeste de la misma. La no conformidad de Portugal determinó la necesidad de un acuerdo entre las partes implicadas que se resolvió mediante el Tratado de Todesillas (1494), que establecía una nueva línea de partición, esta vez a 370 leguas de Cabo Verde. 5.4 LA ORGANIZACIÓN DEL ESTADO: INSTITUCIONES DE GOBIERNO 5.5 LA PROYECCIÓN EXTERIOR. POLÍTICA ITALIANA Y NORTEAFRICANA Fernando el Católico dio continuidad a la política de expansión mediterránea aragonesa, lo que le llevó a chocar con Francia por el control de Italia (Nápoles). Francia tenía interés en reforzar su presencia en Italia. Con el objetivo de asegurar la neutralidad aragonesa, cede en 1493 el Rosellón y la Cerdaña. En 1494, Francia invade Nápoles y el papa Alejandro VI pide apoyo a los Reyes Católicos. De esta forma en el 1500 Nápoles queda repartido entre Francia y Aragón, hasta que en el 1503, Gonzalo Fernández de Córdoba- El Gran Capitán- derrota a los franceses (batallas de Ceriñola y Garellano), dando la victoria a los aragoneses. El resultado de este proceso es la adquisición del Rosellón, Nápoles y la Cerdaña por parte de la Corona de Aragón y, por otra parte la conquista de Milán por Francia. La política africana, debe entenderse como una continuación de la conquista del reino nazarí y con un doble objetivo: religioso (lucha contra el Islam) y estratégico (control de las rutas comerciales del Mediterráneo occidental y freno al poderío turco y la piratería berberisca. Esta política, llevada a cabo tras la muerte de la reina Isabel (1504), tendrá como resultado la ocupación de Orán, Bugía, Túnez, Trípoli y Melilla, y el establecimiento de protectorados por todo el norte de África.
  14. 14. 6. EXPANSIÓN ULTRAMARINA Y CREACIÓN DEL IMPERIO COLONIAL 6.1 EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA La aparición de los turcos en el Mediterráneo oriental hacía necesario en hallazgo de nuevas rutas hacia las Indias por el Atlántico. Esta expansión atlántica fue emprendida por castellanos y portugueses durante el siglo XV. En este contexto Cristóbal Colón, partiendo de la hipótesis de la esfericidad terrestre, presentó su idea de crear una ruta hacia oriente navegando hacia occidente a los Reyes Católicos. Finalmente éstos firmaron con el navegante las Capitulaciones de Santa Fe (1492) en las que se comprometían a financiar la expedición y se establecían los derechos y privilegios que obtendría Colón en caso de tener éxito (beneficios económicos, cargos, etc.). Colón realizó 4 viajes, ignorando que en realidad había llegado a un nuevo continente en vez de a las Indias. En el primer viaje (1492) la expedición, compuesta por dos carabelas y una nao: La Pinta, La Niña y la Santa María) partió de Palos, hizo escala en Canarias y llegó hasta Guanahaní (Bahamas), exploró las costas de Cuba y descubrió la isla La Española (Santo Domingo/ Haití), donde emplazaron un primer asentamiento, el Fuerte de Navidad. En el segundo viaje (1493) fueron descubiertas las Antillas menores y Jamaica. En el tercer viaje (1498) se explotaron las costas de Venezuela. Y por último, en el cuarto viaje, se descubrió la costa centroamericana, (actuales Panamá, Costa Rica, Nicaragua y Honduras). Portugal, consciente de que el éxito de Colón replanteaba el reparto colonial establecido en el Tratado de Alcaçovas, reclamó sus derechos. El papa Alejandro VI medió en el conflicto proponiendo una línea de partición que otorgaba a Castilla los derechos de conquista y evangelización sobre la totalidad de las nuevas tierras descubiertas. Finalmente, ante el desacuerdo de Portugal, el conflicto fue resuelto mediante el Tratado de Tordesillas (1494), que aunque mantenía la idea básica de la línea de partición, la situaba mucho más al oeste (370 leguas al oeste de Cabo Verde), lo que en la práctica garantizaba a Portugal los derechos sobre Brasil. 6.2 CONQUISTA Y COLONIZACIÓN DE AMÉRICA El proceso de conquista y colonización comienza en 1493, con los primeros asentamientos españoles en las Antillas. Este proceso se extenderá durante el siglo XVI sobre las tierras del continente americano. El proceso de conquista puede dividirse en dos fases: fase antillana y fase continental. Durante la primera fase (1493- 1520) tienen lugar las primeras expediciones marítimas y el descubrimiento y colonización de las Antillas mayores y menores y las costas de Venezuela y Centroamérica. Desde uno de los pequeños asentamientos en Venezuela, Vasco Núñez de Balboa descubrirá el Pacífico. La expedición de Magallanes y Elcano (1519-1522) consiguió circunnavegar la Tierra. Durante la segunda fase Hernán Cortés conquistó México derrotando al imperio azteca entre 1519 y 1521. Francisco Pizarro hizo lo propio en Perú contra el imperio Inca entre 1527 y 1533. El sistema de conquista fue llevado a cabo mediante iniciativas privadas. Los conquistadores financiaban la expedición y conseguían los medios, y pactaban con la Corona unas capitulaciones por las que conquistaban el territorio en nombre del rey. Como contrapartida obtenían riquezas y honores (aunque no títulos). La colonización consiste en la organización de los territorios y poblaciones conquistadas y la explotación económica de sus recursos. Los indios quedaron bajo el dominio de los conquistadores trabajando para ellos. Los abusos cometidos contra la población indígena, reducida en la práctica a la esclavitud, motivó la promulgación de leyes que regulasen sus derechos como súbditos. En 1512 se promulgaron las Leyes de Burgos que reconocían los
  15. 15. derechos (libertad, evangelización) y obligaciones (trabajo y tributos) de los indios como súbditos de la Corona, estableciéndose el sistema de encomienda. Los indios vivirían en sus asentamientos, gobernados por sus caciques (jefes) y pagarían su contribución en especie a un encomendero, español residente en la ciudad, que se encargaría de proteger y garantizar la evangelización de la comunidad indígena. La persistencia de los abusos supuso el intento de suprimir el sistema de encomienda mediante las Leyes Nuevas (1542), lo que no fue del todo posible. A finales del SXVI se generalizaron los repartimientos: trabajo forzoso de un porcentaje de la población indígena, por un tiempo determinado y a cambio de un salario preestablecido. Este trabajo podía ser en las haciendas (agrícola), en obrajes (textil), en obras públicas y mantenimiento urbano, o en las minas (mita). Las malas condiciones de vida, la dureza de los trabajos y las enfermedades traídas por los conquistadores supusieron una verdadera catástrofe demográfica, reduciéndose la población indígena en un 60%. 6.3 GOBIERNO Y ADMINISTRACIÓN Los territorios de América no eran colonias sino reinos y sus habitantes eran súbditos de la Corona de Castilla. La administración central constaba de dos organismos ubicados en España: uno era la Casa de Contratación de Sevilla que controlaba el monopolio de comercio y navegación. La Corona reguló la navegación con dos flotas de Indias anuales y con la piratería se sumó una armada protectora. Se enviaban a América productos manufacturados y venían a la Península materias primas y metales preciosos. El otro era el Consejo de Indias (creado en 1524) que tenía su sede en la Corte, con funciones similares a los otros consejos territoriales. La administración territorial americana se organizaba en virreinatos. El virrey era el representante del rey con amplísimos poderes, pero se sometía a revisiones periódicas. Durante el siglo XVI se establecieron dos virreinatos: Nueva España (1535) y Perú (1544). Las Gobernaciones constituían las demarcaciones menores en que se dividían los virreinatos. Si el gobernador ostentaba además funciones militares se denominaba Capitanía General. Los municipios se gobernaban mediante concejos llamados Cabildos. En otros lugares también recibían el nombre de Corregidores (Perú) o Alcaldes mayores (México) Finalmente, la administración de justicia correspondía a las Audiencias. 6.4 EL IMPACTO DE AMÉRICA EN ESPAÑA El impacto de América en España fue amplísimo y tuvo repercusiones en diversos ámbitos. Económicamente América convirtió al comercio en el motor de la economía española. De América se importaba oro y sobre todo plata (minas de Potosí y Zacatecas), que supusieron la base para financiar la política imperial en Europa, pero que también motivará la revolución de precios de salarios que, en última instancia, supuso una pérdida de competitividad de España. También se importaban productos agrícolas de lujo (cacao, tabaco….), mientras que muchas otras especies vegetales se trajeron de América y se integraron a la dieta europea (patatas, maíz, tomates, etc…). A América se exportó vino, aceite y tejidos hasta 1550. Desde mediados del siglo XVI la demanda será cubierta por productos europeos, más baratos y de mejor calidad que los españoles, haciendo de intermediaros comerciantes españoles (monopolio) Desde el punto de vista demográfico, América fue el destino de aproximadamente 450.000 españoles (varones jóvenes) que emigraron y sentaron la base de un grupo social de fundamental importancia en la historia americana, los criollos.
  16. 16. Pero América también supuso un estímulo intelectual de primer orden. Por una parte se llevaron a cabo estudios científicos y naturalistas (José de Acosta: Historia Natural de las Indias), por otra las circunstancias de la conquista y colonización motivó el desarrollo teórico de cuestiones político-religiosas tales como el Derecho de Conquista (Justos títulos) y la legitimidad del rey sobre el continente americano (Francisco de Vitoria sienta las bases del Derecho de Gentes, actual Derecho Internacional), o el estatuto, naturaleza y condiciones de vida de los indios (defensa indígena de Antonio Montesinos y Bartolomé de las Casas).
  17. 17. 7. LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI 7.1 EL IMPERIO DE CARLOS V. CONFLICTOS INTERNOS: COMUNIDADES Y GERMANÍAS Carlos de Habsburgo, hijo de Felipe de Habsburgo (el Hermoso) y Juana de Castilla (la Loca) heredó un vasto conjunto de territorios. De su padre recibió los territorios borgoñones (países Bajos, Luxemburgo, Artois, Franco condado, Borgoña y Charlois), de su abuelo Fernando el Católico las posesiones castellanas (Castilla, Navarra y los territorios americanos) y aragonesas (Corona de Aragón y territorios mediterráneos) y de su abuelo paterno, Maximiliano de Habsburgo, los territorios austriacos de los Habsburgo y los derechos al título imperial (hegemonía sobre Alemania e Italia). En 1516 Carlos de Habsburgo ascendió al trono de Castilla y Aragón (Como Carlos I) tras la muerte de su abuelo Fernando, sustituyendo así la dinastía Habsburgo a la Trastamara. En 1519 a la muerte de Maximiliano I fue elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (como Carlos V), para cuya coronación hubo de abandonar Castilla, dejando como regente a Adriano de Utrech. Durante su ausencia se produjeron dos importantes conflictos internos, las Comunidades en Castilla y las Germanías en Aragón. La rebelión de las Comunidades en Catilla estuvo motivada por la ausencia del rey, los privilegios a los flamencos, y la subordinación de los asuntos castellanos (políticos y económicos) a los imperiales. En 1520 se creó la Junta Santa, que reivindicaba la vuelta del rey, la reserva de cargos a los castellanos, la limitación de la exportación de lana, la prohibición de la salida de oro y plata y un mayor protagonismo político de las ciudades en Cortes. La negativa real condujo al enfrentamiento armado, siendo derrotados los comuneros en Villalar (1521) y ajusticiados sus líderes (Padilla y Maldonado). En Aragón, el conflicto de las germanías estuvo motivado por la crisis económica, el descontento de los burgueses y comerciantes contra los nobles y el vacio del poder. Las Germanías estaban constituidas por milicias urbanas coordinada en la Junta de los 13, encabezadas por los gremios. En 1523, la rebelión fue sofocada. El fracaso de estas revueltas supuso el reforzamiento de la alianza entre la nobleza y la Corona y la pérdida de peso político de las ciudades y la burguesía. La política exterior de Carlos V se vio determinada por su idea imperial: la consecución de la hegemonía en Europa (contra Francia, Francisco I) y la defensa del catolicismo contra la Reforma protestante (Lutero). 7.2 LA MONARQUÍA HISPÁNICA DE FELIPE II. LA UNIDAD IBÉRICA Felipe II heredó de su padre Carlos V todas las posesiones españolas, pero no así los territorios austriacos y el trono imperial que fue a aparar a su tío Fernando de Habsburgo. La política exterior de Felipe II estuvo determinada por la defensa de la Contrarreforma (ortodoxia católica) y el mantenimiento de la hegemonía española en Europa. Continuando la política de su padre se enfrento a Francia a quien derrotó en las batallas de San Quintín y Gravelinas (1557). En Europa tuvo que hacer frente a la Rebelión de los Países Bajos (1564-1609), molestos por la falta de autonomía y la política de intolerancia religiosa española. El resultado, tras las diversas actuaciones del Duque de Alba, Juan de Austria y Alejandro Farnesio será la división de los Países Bajos (calvinistas al norte y católicos al sur) y la definitiva independencia de Holanda en 1648. El enfrentamiento de Felipe II con Inglaterra estuvo motivado no sólo por diferencias religiosas (Inglaterra era un país anglicano) sino sobre todo por la piratería inglesa contra barcos españoles, y por la ayuda inglesa a los calvinistas holandeses. El intento de conquistar Inglaterra (Armada Invencible) fue un estrepitoso fracaso (1589).
  18. 18. Por otra parte, Felipe II se enfrentó a los turcos en el Mediterráneo, derrotándolos (en coalición con Venecia y el papado) en la Batalla de Lepanto (1571) En la política interior Felipe II también defendió a ultranza la ortodoxia católica. Reprimió, durante los primeros años de su reinado, los conatos de protestantismo surgidos en la Península y prohibió a los estudiantes españoles estudiar en el extranjero. Además, tomó medidas contra los usos y costumbres de los moriscos de Granada, que se levantaron en armas contra el rey (II Guerra de la Alpujarra 1567-1571), siendo aplastados y dispersados por Castilla. Pero su mayor problema lo constituyó el caso Antonio Pérez, que derivó en el enfrentamiento del monarca con las instituciones de la Corona de Aragón (1579-1590). Desde entonces el cargo de Justicia de Aragón sería establecido por el rey, que impondría, además a un virrey no aragonés. Finalmente, durante el reinado de Felipe II también fueron ampliados los territorios españoles. Se conquistaron las Islas Filipinas (1571) y, en 1580, tras la muerte del rey de Portugal sin descendencia Felipe II hizo valer sus derechos (hijo de María de Portugal), por lo que accedió al trono de aquel reino (1580). Todos los reinos de la Península quedaron unidos bajo un mismo monarca. 7.3 EL MODELO POLÍTICO DE LOS AUSTRIAS. LA UNIÓN DE REINOS 7.4 ECONOMÍA Y SOCIEDAD EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI El siglo XVI es un siglo de crecimiento económico, sustentado en el aumento demográfico y el auge comercial, siendo mayor el dinamismo castellano que el aragonés. En cuanto a las actividades económicas hubo un crecimiento de la producción agraria aunque no un aumento de la productividad. En la artesanía el sector más dinámico fue el textil, que pese a todo arrastró problemas de suministro (exportación de lana a Países Bajos e Inglaterra), resultaba poco competitivo y estuvo controlado por los gremios (ausencia de innovación). El comercio fue la actividad más importante, sostenido por la explotación de las tierras americanas. De allí se obtenían materias primas y, sobre todo, metales (oro y plata) y se exportaban manufacturas. La gran afluencia de metales preciosos permitió el sostenimiento de una política belicosa en Europa, pero también produjo la llamada revolución de los precios que resultó perjudicial. Respecto a la evolución económica, el reinado de Calos v estuvo marcado por el crecimiento, aunque éste fue desigual, produciéndose un desfase entre los precios y los salarios que benefició a los propietarios y perjudicó a clases bajas, mientras que el sostenimiento de las rentas obligó al Emperador a emitir gran cantidad de deuda pública. En el reinado de Felipe II comenzaron a manifestarse los primeros síntomas de crisis: endeudamiento crónico de la Hacienda, que se declaró varias veces en bancarrota (1557, 1575 y 1596); estancamiento de la agricultura y la artesanía; y la mala política monetaria (crisis del vellón). La sociedad del siglo XVI seguía siendo una sociedad estamental. Entre las clases privilegiadas se encontraban la nobleza y el clero. Entre la nobleza puede distinguirse la alta nobleza (grandes propietarios terratenientes), la “nobleza de toga” (altos funcionarios y oligarcas ennoblecidos) y la baja nobleza (hidalgos, generalmente empobrecidos).Del mismo modo entre el clero podemos distinguir el alto clero (compuesto por los “segundones” nobiliarios) y el bajo clero. Las clases no privilegiadas estaban compuestas por el pueblo llano (85% de la población) y encontramos situaciones diversas: labradores y burguesía urbana, una pequeña minoría con recursos, siendo propietarios de propiedades extensas, comerciantes ricos o maestros gremiales (la actividad artesanal y comercial estaba principalmente en manos de extranjeros), que imitan las formas de vida de la aristocracia; pequeños propietarios, jornaleros y pequeña burguesía urbana, que llevaban una existencia precaria; y marginados, pícaros y mendigos vinculados al mundo urbano.
  19. 19. 7.5 CULTURA Y MENTALIDADES. LA INQUISICIÓN El siglo XVI es el siglo de la expansión del renacimiento por Europa. El Renacimiento es un movimiento cultural de origen italiano vinculado al humanismo y que se caracteriza por una visión del mundo antropocéntrica y por la revivificación de la Antigüedad y la cultura clásica. No obstante, el estallido de la Reforma protestante y la respuesta católica (Contrarreforma) supuso el abandono del espíritu crítico y antidogmático propio del humanismo. Durante el reinado de Carlos V, la presencia española en Italia y los Países Bajos favoreció la penetración del humanismo erasmista, no siempre bien considerado (Miguel Servet, Luis Vives), y de las corrientes artísticas literarias italianas (Garcilaso). Durante el reinado de Felipe II la defensa de la ortodoxia contrarreformista motivó un cierto aislamiento cultural, prohibiendo a los españoles estudiar en el extranjero (exceptuando Coimbra, Bolonia y Roma), y promulgando un índice de libros prohibidos (por heréticos). No obstante el reinado de Felipe II puede considerarse como la antesala del esplendor cultural del Siglo de Oro, pudiendo señalarse números logros culturales en diversos ámbitos: el nacimiento del “derecho de gentes” al calor de los problemas teóricos derivados de la colonización americana (Bartolomé de las Casas, Francisco de Vitoria); el desarrollo de un pensamiento económico (arbitristas) que trataba de buscar las causas de los problemas económicos españoles y sus posibles soluciones, aunque muchas de ellas resultan pintorescas (Sancho de Moncada, Luis de Molina, Azpilicueta, Tomás de Mercado); así mismo, la asimilación de los modelos italianos y el apoyo de la Iglesia y la Corona a las Bellas Artes favoreció la aparición de figuras como Herrera (arquitectura) o El Greco (pintura); mientras que en literatura destaca la corriente mística de San Juan de la Cruz, Fray Luis de León y Santa Teresa de Jesús. La mentalidad del siglo XVI está determinada por el modelo patriarcal, tanto en la política como en la familia, y por el prestigio de los valores aristocráticos y religiosos (el valor y la honra, la limpieza de sangre, la obsesión por la consecución de títulos nobiliarios y el desprecio por el trabajo manual) Finalmente, durante el siglo XVI la institución que más peso tuvo en la vida social fue la Iglesia, omnipresente en la vida cotidiana de todas las personas. Poseía un gran poder económico (posesión de una sexta parte de las tierras), político (estrechamente vinculada a la Corona y la nobleza) y social (control ideológico a través de la educación). La intolerancia religiosa sirvió como instrumento de control político, social y cultural, que se magnificó a raíz del Concilio de Trento (Contrarreforma). La institución encargada de aplicarla fue la Inquisición (Santo Oficio). Ésta, era la única institución con jurisdicción sobre todos los reinos que componían la Monarquía Hispánica y disponía de plenos poderes para juzgar y condenar a cualquier persona (aunque no para ejecutar las penas).
  20. 20. 8. LA ESPAÑA DEL SIGLO XVII 8.1 LOS AUSTRIAS DEL SIGLO XVII. GOBIERNOS DE VALIDOS Y CONFLICTOS INTERNOS Los Austrias del Siglo XVII delegan sus gobiernos en validos, que eran personas de plena confianza del rey. Los validos descargaban a los monarcas de sus funciones dirigiendo la política del reino y no ocupaban ningún cargo político concreto, pero eran los responsables directos de sus malas acciones. Felipe III tuvo como valido al Duque de Lerma. Llevó a cabo una política pacifista en Europa (Paz con Inglaterra, 1604, y los Países Bajos 1609) como consecuencia de la crisis económica. El Duque de Lerma usó su poder para enriquecerse, y el rey le sustituyó por su hijo, el Duque de Uceda. En cuanto a la política interior, lo más destacado fue la expulsión de los moriscos en 1609, por la desconfianza social ante los falsos conversos y por su posible alianza ante un hipotético ataque de turcos o berberiscos. Dado el gran número de ellos, fueron expulsados de forma escalonada, produciendose una disminución demográfica y la caída de la producción agrícola. Felipe IV tuvo como valido al Conde Duque de Olivares, que apostaba por una política de prestigio internacional e intentó una centralización para crear un único reino (España). Creó la Unión de Armas para que las Cortes aportaran tropas para luchar en la Guerra de los Treinta Años. El fracaso de su política condujo a la crisis de 1640, a la derrota de España y la pérdida de la hegemonía en Europa. Carlos II tuvo varios validos, como Nithard, Valenzuela y Juan José de Austria. Por parte del rey y de la regenta había un gobierno débil. Todos los validos intentaron llevar a cabo reformas en la política pero todas ellas fracasaron. Esto conllevó al bandolerismo en las ciudades por la mala situación social y la crisis, y al levantamiento de los campesinos en Cataluña. 8.2. LA CRISIS DE 1640 El año 1640 en España fue un año de profunda crisis política y económica, heredada parcialmente del reinado de Felipe III, pero desencadenada por el fallido proyecto político de Olivares (aumento de la presión fiscal, Unión de Armas y política exterior reputacionista). Las reticencias a las medidas de olivares quedaron patentes en las cortes catalanas, aragonesas y valencianas (1626), y se manifestaron en las revueltas de Vizcaya y la inestabilidad en Nápoles y Países Bajos (1631). El descontento político se unía a la crisis económica y la intervención francesa en la Guerra de los Treinta Años contra España (1635), empeoró la situación. La crisis catalana empezó a gestarse con el rechazo a la unión de armas (1626), y a hecrse evidente desde 1635, en que Cataluña se había convertido en el frente de guerra entre España y Francia. El descontento popular propició en 1640 el denominado “Corpus de sangre”, durante el que campesinos armados tomaron Barcelona y asesinando al virrey, asumiendo la Generalitat el gobierno. Tras un breve periodo de independencia y tras derrotar a los tercios españoles en Motjuic (1641), Cataluña se integró a Francia. Sólo pudo ser reintegrada a España tras la promesa de Felipe IV de respetar sus leyes e instituciones (1552) y la firma de la paz con Francia (Paz de los Pirineos 1659) La crisis portuguesa se produjo por la impopularidad del gobierno español, por el rechazo a la unión de armas, por el aumento de la presión fiscal y por las dificultades al comercio colonial por la guerra. En 1640 aprovechando la revuelta catalana, un grupo de nobles expulsan a la virreina y las cortes reconocen a Juan IV de Borgoña como rey de Portugal. Los intentos de la monarquía hispánica por recuperar Portugal fracasaron, aunque España no reconoció la independencia de Portugal hasta 1688. Las consecuencias de la crisis fueron la perpetuación de la inestabilidad política y social (Andalucía, Sicilia, Nápoles, Cerdeña), la dimisión de Olivares (1643) y la imposibilidad de
  21. 21. establecer un estado centralizado, respetándose los fueros en instituciones de los diferentes reinos. 8.3 EL OCASO DEL IMPERIO ESPAÑOL A lo largo del siglo XVII, España perdió su hegemonía política en Europa y se convirtió en una potencia de segundo orden. Felipe III, durante su reinado, siguió una política pacifista (Pax Hispánica), dirigida por el Duque de Lerma y determinada por la crisis económica. Firmó la paz con Inglaterra (Tratado de Londres, 1604), por la que España renunciaba a apoyar un rey católico e Inglaterra se comprometía a no intervenir en asuntos continentales, y la Tregua de los Doce Años (1609), un armisticio con las Provincias Unidas que reconocía una gran autonomía política y que supuso la neutralidad de España durante el inicio de la Guerra de los Treinta Años. Felipe IV llevó a cabo una política reputacionista, dirigida por el Conde-Duque de Olivares, para recuperar el prestigio internacional, mantener la hegemonía europea y centralizar el Estado (Unión de Armas). Esta política suponía la entrada de España 1621 en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), una guerra de carácter religioso con la participación de casi todas las potencias europeas, del lado austriaco (católico). En 1635, Francia se alió con los protestantes para romper el cerco español, y en 1648 se firmó la Paz de Westfalia, que supuso la independencia definitiva de las Povincias Unidas y el fin de la guerra. La guerra continuó entre España y Francia, y no finalizó hasta la Paz de Pirineos (1559): España cedía Artois, ciudades de Flandes y Luxemburgo, el Rosellón y Cerdeña, y se acordó el matrimonio de Luis XVI de Francia y Mª Teresa de Austria. Las consecuencias fueron el fin de la soberanía española en Europa y el asentamiento de las bases para el cambio dinástico en España. El reinado de Carlos II estuvo marcado por la debilidad internacional de España y el ascenso de Francia como nueva potencia hegemónica en Europa. Los nuevos conflictos significaron la pérdida de más territorios españoles (Franco Condado -1678-, Luxemburgo y varias ciudades flamencas-1684-). Cuando Carlos II murió España sólo conservaba Flandes, el Milanesado, Nápoles, Sicilia y Cerdeña. 8.4 EVOLUCIÓN ECONÓMICA Y SOCIAL 8.5 ESPLENDOR CULTURAL. EL SIGLO DE ORO El contexto de crisis política y económica contrasta con el esplendor cultural del siglo XVII español (Siglo de Oro). La cultura del siglo XVII está definida por la conciencia de crisis, que se manifiesta en la recurrencia de temas como la vanitas o el pesimismo, por la omnipresencia del espíritu contrarreforma y la rígida ortodoxia católica, que inunda toda la producción cultural española, por el atraso científico y tecnológico, que deja a España al margen de la revolución científica que se estaba produciendo en Europa, y por el triunfo de la sensibilidad barroca, que se manifiesta en el gusto por lo desmedido, lo retórico, lo artificioso y lo impactante, que, al mismo tiempo, es una manifestación de lo engañoso y banal del mundo terreno. La producción cultural española está plenamente enmarcada en la cultura barroca, de la que España es un ejemplo modélico. Gran protagonismo adquiere la literatura, tanto en prosa (Cervantes, Baltasar Gracián), como en poesía (conceptismo de Quevedo, culteranismo de Góngora), y no menos el teatro (Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Juan Ruiz
  22. 22. de Alarcón). El pensamiento español del siglo XVII está enmarcado en el Neoescolasticismo de la Escuela de Salamanca, que se preocupó especialmente por la Teología y la Teoría política, siendo importantes las aportaciones de Francisco de Vitoria, Saavedra Fajardo o Juan de Mariana. En el campo del arte, el protagonismo sin discusión lo obtiene la pintura, con figuras tan importantes como Velázquez, Ribera, Zurbarán y Murillo. Menos realce, quizá por su estrecha vinculación con la economía tiene la arquitectura, aunque existen notables arquitectos como Juan Gómez de Mora. En escultura, la producción más característica es la imaginería religiosa (madera policromada), definida por su dramático realismo.
  23. 23. 9. LA ESPAÑA DEL SIGLO XVIII 9.1 LA GUERRA DE SUCESIÓN Y EL SISTEMA DE UTRECHT La guerra de sucesión se origina por la disputa al trono de España entre Felipe de Anjou y Carlos de Austria. En 1700 Carlos II muere sin descendencia, y en su testamento nombra como heredero a Felipe de Anjou. Con ello España y Francia quedarían vinculadas. Sin embargo había otro candidato al trono, Carlos de Austria, el cual reclamó su derecho al trono. Todo esto generó un conflicto internacional. Se crearon dos bandos, uno compuesto por la Gran Alianza (Austria, Inglaterra, Holanda, Portugal y Saboya) que apoyan al archiduque Carlos, y otro formado por Castilla y Francia que apoyan a Felipe de Anjou. En España, la llegada de Felipe de Anjou, genera una sublevación en la Corona de Aragón, fruto de la animadversión hacia los franceses, el miedo al absolutismo y la propaganda populista de Austria. Esto desencadena una guerra civil entre Castilla y Aragón. Mientras esto ocurre, en 1711 Carlos de Austria se convierte en emperador sin renunciar al trono de España. Este cambio en el equilibrio europeo (Austria sería ahora la potencia hegemónica, repitiéndose el Imperio Habsburgo de siglos anteriores) motivó a los aliados de Austria a abandonar la contienda y negociar la paz con Francia y España (Tradado de Utrecht, 1713-1714). Según las condiciones acordadas en el tratado España perdía todas sus posesiones europeas; Inglaterra conseguía Gibraltar, Menorca y los privilegios económicos del Navío de Permiso y al Asiento de Negros; Austria recibía los Países Bajos, Nápoles, Cerdeña y Milanesado, y Saboya, se quedaba con Sicilia, que posteriormente intercambiaría por Cerdeña. 9.2 CAMBIO DINÁSTICO: LOS PRIMEROS BORBONES En 1700 fallece Carlos II sin descendencia pero habiendo nombrado como sucesor a Felipe de Anjou. Éste se proclama rey tras su victoria en la Guerra de Sucesión Española. Así una nueva dinastía comienza a reinar en España. Con los Borbones se planteó un nuevo modelo político en el que destaca la adopción del sistema político francés absolutista y centralizado, la uniformidad legislativa y el poder del rey sobre la nobleza y el clero. El primer Borbón que reina en España es Felipe V (1700-1746). En la política interior se lleva a cabo una gran transformación institucional apoyada en eficaces magistrados; también se crean las Secretarías de Estado y Despacho junto a la creación de las intendencias y capitanías generales. Además de la firma de los Decretos de Nueva Planta. En la política económica se pusieron en marcha las primeras manufacturas reales. En la política exterior se llevó a cabo una política beligerante y un alineamiento con Francia a través de los Pactos de Familia en 1733 y 1743. Isabel de Farnesio quería obtener territorios para sus hijos, así se consigue Sicilia, Nápoles y Parma. Fernando VI (1746-1759), sucede a su padre en el trono. El monarca se apoyará en el Marqués de la Ensenada (pro-francés) y José de Carvajal (pro-inglés) Respecto a la política económica, el objetivo fue la realización del Catastro de Ensenada, por el cual se quería sustituir los impuestos existentes por una única contribución proporcional a la riqueza pero, debido a la oposición, el proyecto no se llevó a cabo. También se realizaron obras públicas. La política exterior se caracterizó por la estricta neutralidad y la equidistancia respecto a Francia e Inglaterra. Además, se firmó el Concordato con la Santa Sede (1753) Respecto a la cultura se fundan las Reales Academias, como la de la Lengua o la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. 9.3 REFORMAS EN LA ORGANIZACIÓN DEL ESTADO, LAMONARQUÍA CENTRALISTA 9.4 LA PRÁCTICA DEL DESPOTISMO ILUSTRADO: CARLOS III
  24. 24. 9.5 EVOLUCIÓN DE LA POLÍTICA EXTERIOR EN EUROPA El objetivo de la política exterior de los Borbones fue revisar el Tratado de Utrecht y recuperar el sur de Italia, Menorca y Gibraltar. Felipe V (1701-1746) intento recuperar por la fuerza los territorios italianos perdidos pero no lo consiguió. Firmo los Pactos de Familia con Francia (1733 y 1743) y por el Tratado de Viena (1738) obtuvo Nápoles y Sicilia para el futuro Carlos III, que no podría reinar a la vez en Italia y España. Recuperados los territorios italianos, busco sin éxito la reintegración de Gibraltar y Menorca, Fernando VI (1746-1759) llevó a cabo una política de neutralidad armada frente a las dos grandes potencias, Francia e Inglaterra, y una posición conciliadora con la Santa Sede, firmando un Concordato en 1753. Carlos III (1759-1788) puso fin a la neutralidad y volvió a la política de alianzas con Francia por el Tercer Pacto de Familia (1761). Intervino en la Guerra de Independencia de Norteamérica del lado de los independentistas (de los 7 años). Por el Tratado de Versalles de 1783 recuperó Menorca. Carlos IV (1788-1808) luchó contra la Francia revolucionaria saliendo derrotado en 1795 (Paz de Basilea). Más tarde volvió al aliarse con la Francia napoleónica, firmando el Tratado de San Ildefonso contra Inglaterra (1796) y el Tratado de Fontainebleau (1807) que autorizaba el tránsito por España de las tropas francesas en dirección a Portugal y que Napoleón aprovechó para ocupar España. 9.6 LA POLÍTICA BORBÓNICA EN AMÉRICA A principios de siglo XVIII, después de haber perdido sus posesiones europeas, España concentró todos sus esfuerzos en el control de los territorios americanos para aumentar el comercio y regenerar la economía. El principal obstáculo era Inglaterra por dos motivos: su expansión en América y el Navío de Permiso, que encubría el contrabando comercial. Para hacer frente a este problema, tomaron tres medidas: Creación de una marina comercial y de Guerra, firma con Francia de los Pactos de Familia y establecimiento de la libertad comercial (Decretos de libre comercio, 1765: permitían el comercio americano desde cualquier puerto español, el comercio americano seguía vetado a los extranjeros). Como consecuencia, América atravesó un periodo de prosperidad: Espectacular crecimiento de la población (de once a dieciséis millones), incremento del tráfico mercantil con España, importación de manufacturas y exportación de materias primas y desarrollo intelectual (Universidades). Sin embargo con el tiempo la situación se complicó. El comercio se hundió ante la incapacidad de abastecer a este continente y aumentó la insatisfacción de los criollos con la Metrópolis ante el mantenimiento del monopolio comercial y el incremento del control del gobierno colonial. 9.7 LA ILUSTRACIÓN EN ESPAÑA La Ilustración fue un movimiento cultural europeo surgido en el siglo XVIII y caracterizado por encumbrar a la Razón como única guía para replantear las relaciones del ser humano con la Naturaleza, con Dios y con el resto de los hombres en la sociedad. De esta manera, el desarrollo del espíritu crítico, del saber científico y de una actitud pragmática conduciría al ser humano por una senda de progreso y perfeccionamiento indefinido. La penetración de las ideas ilustradas en España estuvo condicionada por la ausencia de una burguesía fuerte y el peso de la Iglesia Católica y la Inquisición.
  25. 25. La base social de la Ilustración española la componían pequeños sectores de la aristocracia, funcionarios (pequeña y baja nobleza), eclesiásticos y profesionales liberales (universitarios, abogados, médicos) y militares. No componían un grupo homogéneo, aunque compartían preocupaciones e intereses como el desarrollo de las ciencias útiles, el desarrollo del espíritu crítico frente a creencias y supersticiones y, sobre todo, solucionar la decadencia española. En su intentó chocarán contra los intereses económicos y los principios ideológicos de la aristocracia y la Iglesia, herederos de la cultura tradicional del siglo XVII. La difusión de las ideas ilustradas se produjo a través de las instituciones educativas, las Sociedades Económicas de Amigos del País, los primeros periódicos y las revistas científicas. (Evolución) Aunque los ilustrados españoles no fueron revolucionarios, a medida que avanza el siglo puede apreciarse una radicalización de posturas y una mayor audacia de pensamiento: del plano cultural y científico de los primeros años se pasó al social y económico y, finalmente, al político (supresión de privilegios estamentales) Durante la primera mitad de siglo XVIII aparecen los primeros ilustrados españoles como el padre Feijoo en Oviedo, preocupado en la divulgación de la ciencia newtoniana, el empirismo y el espíritu crítico contra las supersticiones, o el valenciano Mayans, más influido por la cultura italiana y que cultivó campos como la historia, la literatura, el derecho o las lenguas clásicas. El apoyo regio (Felipe V) se materializó en la creación de las Academias de la Lengua, la Medicina y la Historia, y durante el reinado de Fernando VI la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y el Real Jardín Botánico. Durante la segunda mitad del siglo XVIII, (reinados de Fernando VI y sobre todo Carlos III) se produce una verdadera eclosión del pensamiento Ilustrado, que es el motor del reformismo borbónico. Para paliar la decadencia española centraron su actuación en dos ámbitos fundamentales, la educación y la economía. En el ámbito de la educación se potenciaron los estudios científicos y técnicos (que pudieran incidir en un aumento de la producción industrial y agrícola), se crearon nuevas instituciones de enseñanza secundaria (Reales Estudios de San Isidro) y superior (Colegio de Cirugía, Escuela de Mineralogía, Escuela de Ingenieros de Caminos), y se reformaron las Universidades y los Colegios Mayores. En el ámbito económico se abrieron paso las teorías fisiocráticas (agricultura como base de la riqueza del país) y más adelante el liberalismo económico, que encontraban en la gran cantidad de tierras amortizadas, aquellas en poder de las manos muertas (nobleza y clero) el principal lastre económico del país, proponiendo frente a ello medidas desamortizadoras. Así mismo y con la finalidad de la dinamización económica regional se crearon las Sociedades Económicas de Amigos del País. En este periodo destacan las figuras de Campomanes, Jovellanos, Campmany o Cabarrús, cuyos escritos manifiestan la adopción de las teorías económicas más renovadoras del momento (fisiocracia y liberalismo). El trabajo de Celestino Mutis y Cavanilles en el ámbito de la biología, y el de Ulloa y Jorge Juan en astronomía y cartografía. En el ámbito literario son paradigmáticas las obras de carácter crítico y didáctico de Jovellanos, Moratín y Cadalso, y la producción de sensibilidad prerromántica de Meléndez Valdés.

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