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Yo dona 31 enero pag 8

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Yo dona 31 enero pag 8

  1. 1. carta de la directora FOTOS:JAVIERTOMÁSBIOSCA/D.R. ... y esta semana os recomiendo Un salario extra El adjetivo ‘emocional’ está viviendo su momento de gloria. Hasta en el léxico laboral, siempre tan desapasionado y aburrido, se ha convertido en palabra clave que añade ese componente de afectividad que nos lleva a aceptar con buen talante la cruda realidad. Por ejemplo, a sustantivos de significado tan nítido como salario, lo emocional aporta un atractivo extra, un complemento determinante para aceptar y mantenerse en el puesto de trabajo, o para retener el talento y aumentar la productividad, según del lado que se mire. El salario emocional ya empieza a pesar mucho y puede traducirse en apreciaciones subjetivas, tan amplias y dispares como disfrutar de un clima laboral amable, menú bio en el comedor, 20 minutos de siesta tras el almuerzo, el día libre por tu cumpleaños o el reconocimiento público de tu jefe por una labor bien hecha. Todas estas producen satisfacción, pero además debería haber medidas concretas que facilitaran la armonía entre la vida personal y profesional. Vamos, suplir con tiempo libre lo que no se paga con dinero: teletrabajo, más días de vacaciones, horarios abiertos, flexibilidad para coger las vacaciones…, beneficios que parecían hasta ahora propios de empresas ligadas a las nuevas tecnologías y la creatividad, pioneras en planes de recursos humanos más sensibles con sus empleados, pero en las tradicionales tampoco hay marcha atrás, el salario emocional entra en la negociación. Ahora, si además del importe de la nómina, al llegar a casa sientes que no has recibido otra cosa, te falta una parte esencial de tu paga: intangible, ni contante ni sonante, pero de mucho valor. Nunca suple la insatisfacción de los que se sienten injustamente retribuidos, pero en la mayoría de los casos, según los expertos, actúa como un factor motivador para tirar del carro con fuerza. Porque sacia, dicen, el «hambre espiritual». Los llamados ‘millennials’, que ahora están en la treintena, saben negociar ese salario emocional mejor que los de las generaciones anteriores, entre otras cosas, porque muchos son mileuristas y necesitan incrementar su listado de haberes de otra forma. Pero no solo. También porque no quieren vivir para trabajar. El que lo hace ya no es admirado sino compadecido. Lo que muchos han visto en casa, padres llegando agotados a las tantas, no les gusta. Suelen decirse muchas cosas negativas de estos «eternos adolescentes», tachados de egocéntricos y mimados, pero Iñaki Ortega rompe una lanza en su favor cuando les atribuye el poder de cambiar las cosas. «Conceden gran importancia a valores inmateriales como la calidad de vida y las relaciones sociales, y han perdido metas más tangibles como tener una casa en propiedad o un gran coche», dice en su libro ‘Millennials. Inventa tu empleo’ (Ed. Unir). Nuevos trabajos y nuevas maneras de trabajar, más emprendedores y menos sufridores. Siempre hay mucho que aprender de los que vienen detrás. La moda de este número respira aires vaqueros. Me encanta esta chaqueta de la nueva colección de Max Mara. ¡Que empiece el buen tiempo! Las gafas de ver también siguen las últimas tendencias de pasarela. Para estrenar con mucha vista la temporada, estas de Dolce & Gabbana. Mirar con otros ojos Todo al ‘jean’ Sígueme en twitter @MartaMichel Marta Michel

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