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selfie a la generación z

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selfie a la generación z

  1. 1. T iren de memoria. Imaginen una ciudad donde el mercado in- mobiliario marcaba precio récord en Dato (a 800.000 pesetas el metro cuadrado, unos 4.800 euros de hoy), el tranvía no cruzaba sus calles y las excavadoras comenza- ban a entrar en los terrenos del vie- jo aeropuerto General Mola para le- vantar el barrio de Salburua. En la televisión se estrenaba ‘Gran Her- mano’, la sensación catódica del mo- mento, y a miles de kilómetros George W. Bush ganaba sus prime- ras elecciones. Corría el año 2000 cuando Anais, David, Kada, Miriam y Naiara nacieron. Ahora, recién al- canzada la mayoría de edad o a pun- to de soplar las velas de los ansia- dos 18, empiezan a escribir el ma- ñana bajo la etiqueta de generación Z, llamados así por venir detrás de las bautizadas X e Y. Herederos de los ‘millennials’, y criados en ple- na recesión, en un mundo convul- sionado por el terrorismo islámico y con cierta sensación apocalíptica por el cambio climático, son bas- tante más realistas que sus herma- nos mayores, y reciclan buena par- te de lo que consumen. Aunque su característica determinante es la digitalización de sus vidas, retrata- das a cada instante a golpe de clic. Cada biografía es diferente pero a todos les gusta ‘instagramearla’. La red social preferida para relatar en forma de fotografías (previo fil- tro) qué se hace, dónde se encuen- tra uno o a quién tiene a su lado es la favorita de esta generación –arran- ca con los nacidos en 1994 y suma 2.000 millones de integrantes en el planeta–, según elObservatorioVas- co de la Juventud. Seis de cada diez chavales de 15 a 19 años la utilizan a diario, y nueve de cada diez teclean desde WhatsApp todos los días. Fa- cebook o Twitter son ya cosa de sus padres. «Subo fotos, igual una al mes, pero no me gusta ir contando mi vida. Instagram funciona para algu- nos como la nicotina», asegura Da- vid Pozo, mayor de edad desde me- diados de enero y toda una excep- ción en el universo Instragram. La conexión permanente a la red es el hilo que cose los testimonios de este grupo de edad en el primer mundo. «Lo relevante no es que sean jóvenes, porque siempre los hay, sino que es una generación que se ha educado y socializado de una manera radicalmente diferente a las anteriores, con internet com- pletamente desarrollado», descri- be el coautor del libro ‘Generación Z’ y director de Deusto Business School, Iñaki Ortega. Y ese escena- rio en el que han crecido marca en buena medida su forma de vida. Por ejemplo, su escaso interés por la pe- queña pantalla. «No veo la televi- sión», resume Anais Laorden, una estudiante de segundo de Bachille- rato que encuentra los contenidos audiovisuales «que quiero» en la plataforma Youtube. La generación que teclea el futuro Nativos digitales, con la inmediatez por bandera y más preparados que nunca. Así es el ‘selfie’ de quienes llegaron al mundo en el año 2000 C David ofrece apoyo escolar a otros chavales de su colegio, Marianistas, mientras avanza la cuenta atrás para presentarse a la nueva Selectividad. :: FOTOGRAFÍAS: BLANCA CASTILLO MARÍA REGO  mrego@elcorreo.com _ Domingo 25.03.18 EL CORREO2 CIUDADANOS
  2. 2. Ese modo de nutrir el ocio que profesan los ‘postmillennials’ se ex- plica por la costumbre de la inme- diatez, una de las cuatro íes –junto a internet, irreverencia e incerti- dumbre– de «la fórmula secreta» que aporta Ortega para entender a estos chavales que, de no cambiar la tendencia, se independizarán cumplidos los treinta. «La tecnolo- gía hace que todo se consiga mucho más rápido que antes, mira lo que puede pasar en un minuto en inter- net, y eso lo quieren aplicar en su día a día», aclara el experto. Ya sea «en las relaciones personales» o cuando esperan que el profesor les corrija el examen en 24 horas. Sin embargo, los hijos del 2000 no se diferencian tanto a la hora de diver- tirse respecto a sus antecesores. Es- cuchar música (82%) y estar en la calle (57%) aparecen como las prin- cipales actividades a las que dedi- can su tiempo libre, aunque leen más –obligaciones escolares apar- te– que quienes superan los veinte años. Lo mejor y lo peor Los estudios absorben la rutina de estos jóvenes que, en la mayoría de los casos, se enfrentarán a la nue- va Selectividad –la prueba se estre- nó en 2017– en menos de un trimes- tre. El futuro que se abrirá enton- ces en función de su elección aca- démica y, más allá, cuando busquen hueco en el mercado laboral, tras añadir estancias en el extranjero y posgrados a sus currículos, les preo- cupa. Mucho. Han crecido entre ta- sas de paro galopantes. «Seguramen- te, la generación Z sea la primera que no aspire a tener el mismo tra- bajo para toda la vida», reflexiona Ortega en su libro, donde advierte de la «incertidumbre» –otra de sus íes– a la que está abocada. «Tiene lo mejor y lo peor. La gente más pre- parada y una velocidad tremenda para un mundo que todavía no es 100% digital, que va más lento». La treintena continúa socialmen- te marcada en el imaginario de es- tos chicos como el momento vital en el que uno encuentra la estabi- lidad a todos los niveles. El argeli- no Dhiyaaeddine Kada Taleb, resi- dente en Vitoria desde hace medio año, se ve entonces «con hijos». Como él, las gemelas Miriam y Naia- ra Hernández «suponen» que esta- rán trabajando. Eso sí, avisan estas jugadoras del Araski: «Nosotras sólo pensamos hasta mañana». La filosofía del aquí –o a un pu- ñado de kilómetros a golpe de clic– y ahora se repite entre quienes vi- nieron al mundo en el año 2000. Nacieron en la capital alavesa u op- taron por residir aquí pero, con op- ciones como el coche compartido o los vuelos ‘low cost’ que a gene- raciones anteriores les llegaron con más edad, no ponen límites geo- gráficos a su futuro. «De primeras me apetece probar suerte fuera aun- que pensando en cuando sea más mayor me gustaría vol- 2.923 nacidos en 2000 residen hoy en Álava. La edad de emancipación en Euskadi es de 30 años y el suel- do medio antes de alcanzar la treintena ronda los 996 euros (867 euros en el caso de las mujeres). David Pozo Próximo destino: Madrid «Ahora puedo votar, me parece un poder de la leche» La carta del banco que le recor- daba que iba a cumplir 18 años fue para David Pozo un golpe de realidad sobre «las responsabili- dades» que conlleva ser mayor de edad. «Ahora puedo votar, me parece un poder de la leche», añade. Con dos meses largos de experiencia en ese nuevo estado se encuentra «a punto» de sacar el carné de conducir y piensa en las maletas que se llevará a Ma- drid para cursar Ingeniería Aero- náutica a partir de otoño. «Aún veo lejos el trabajo. Quiero hacer la carrera, un máster y no descar- to irme una temporada fuera», se plantea este alumno de Maria- nistas, donde ofrece apoyo esco- lar a otros chavales. En ese futuro que esboza este jugador del club Gaztedi de rugby que no vio la televisión «hasta que tenía cinco o seis años», se imagina independizado «cuando vaya terminando de es- tudiar, con las prácticas». «¿Es mejor alquilar o hipotecarse?», pregunta. La situación actual, mientras llega ese mañana, la observa con cierto pesimismo: «El mundo está mal. Somos sú- per individualistas y hay que to- mar conciencia de grupo para avanzar». Si se trata de buscar di- ferencias con las generaciones anteriores, cree que la suya «tie- ne un máster en redes sociales» y, como ocurre en todas, se sien- te «etiquetado» por los demás. Miriam y Naiara Hernández Gemelas y ‘adictas’ al basket «¿Cómo nos vemos con 30? Pensamos sólo hasta mañana» «Usamos WhatsApp e Instagram, pero sólo seguimos a gente que conocemos». Las gemelas Her- nández, militantes por partida doble del Araski, como jugadoras del Junior y entrenadoras de ini- ciación, cumplen el perfil de su generación en lo que a aplicacio- nes más utilizadas se refiere y comparten también con otros jó- venes su preocupación «por el trabajo, porque es lo más cerca- no en el tiempo». «¿Cómo nos vemos con 30 años? Pues traba- jando aunque ahora sólo pensa- mos hasta mañana», comentan a un par de semanas de soplar las velas de los 18. Naiara cursa hoy un grado me- dio de Administración con la in- tención de seguir con uno supe- rior o realizar la prueba de acce- so para Educación Infantil, mientras que Miriam estudia Ba- chillerato con la vista puesta en la carrera de Ciencias de la Acti- vidad Física y del Deporte o las oposiciones para la Policía Local. No fuman, escuchan a Manuel Carrasco o Malú y reguetón mo- vidas «por el ritmo, no por la le- tra». Pagar 500 euros por un piso de alquiler les parece «suficien- te» y las cantidades que cobran los deportistas de élite en algu- nas disciplinas, «una barbari- dad». Las cenas con las amigas concentran sus gastos. «Si tuvié- ramos que marchar al extranjero no nos importaría». 92% de los chavales de 15 a 19 años está estudiando. El 69% se sitúa en una clase social media y el 86% se mues- tra satisfecho con su situación per- sonal. La educación y el trabajo son sus principales preocupaciones. 97% usa a diario las redes sociales, so- bre todo, WhatsApp e Instagram, y el 45% accede todos o casi to- dos los días a Youtube. El 69% ha ido, al menos, una vez al cine en los últimos tres meses. OBSERVATORIO VASCO DE LA JUVENTUD 43% se considera no creyente o ateo. La gran mayoría se muestra a fa- vor del matrimonio homosexual (92%), el aborto (84%) y la euta- nasia (75%). El 49% ha manteni- do relaciones sexuales. 68% no ha fumado nunca pero el 47% legalizaría el cannabis. En el últi- mo mes se ha emborrachado el 35%. El 89% dice mantener una alimentación equilibrada y el 11% se mueve en bicicleta. Iñaki Ortega Profesor En un mundo digital «Lorelevantenoesque seanjóvenes,sinoquese haneducadodeunaforma diferentealosanteriores» Acostumbrados al ‘aquí y ahora’ «Latecnologíahaceque todoseconsigamucho másrápidoyesoquieren aplicarloensudíaadía» LAS FRASES Las hermanas Hernández son unas apasionadas del baloncesto y militan en el Araski, como jugadoras y también como entrenadoras. > _ Domingo 25.03.18 EL CORREO CIUDADANOS 3C

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