Successfully reported this slideshow.
We use your LinkedIn profile and activity data to personalize ads and to show you more relevant ads. You can change your ad preferences anytime.

Los robots se unen al pacto social

24 views

Published on

article at Ethic Magazine

Published in: Recruiting & HR
  • Be the first to comment

  • Be the first to like this

Los robots se unen al pacto social

  1. 1. entrevista_ ethic.es20 ethic.es29 siglo XXI_ Las máquinas están penetrando en nuestras vidas. A gran escala y a toda velocidad. Nos encontramos al borde de un huracán tecnológico que modificará la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos. Los economistas ya le han puesto nombre: «la Cuarta Revolución Industrial.» ¿Cómo conviviremos con los robots? ¿Cuál será su impacto sobre el empleo? Reunimos a diversos expertos en un debate organizado por Ethic y Telefónica para reflexionar sobre este desafío. Por Luis Meyer SE UNEN AL PACTO SOCIAL LOS F oxconn es la mayor manufacturera de componentes electróni- cos del mundo. El año pasado, anunció que había sustituido a 60.000 trabajadores en sus plantas de China. Sus puestos, hoy, están ocupados por robots. La compañía de seguros japonesa Fukoku Mutual Life Insurance ha anunciado este mismo año que va a reemplazar a 34 empleados por sistemas de inteligencia artificial, para realizar tareas administrativas. Según explicó la empresa en un comunicado, «la plataforma de software IBM Watson Explorer pue- de escanear y leer documentación de registros hospitalarios como historiales clínicos, las lesiones en el lugar de trabajo y los procesos administrados con el fin de establecer los pagos y detectar posibles fraudes». Todo, por medio de algoritmos que no incluyen factores tan humanos como error, despiste o desconocimiento. La máquina, que puede «analizar e interpretar todos los datos, incluyendo tex- tos no estructurados, imágenes, audios y vídeos», no se cansa, no se enferma, no se da de baja. Trabaja las 24 horas del día al máximo rendimiento sin queja alguna, sin que medien derechos laborales. Nada que merme la productividad. La Cuarta Revolución Industrial ya está sucediendo, y no hemos te- nido tiempo para asumirlo, y menos aún para reaccionar. Una gran parte de la población mundial ni siquiera se ha enterado todavía. Se mantienen modelos productivos y de negocio que ya están obsole- tos, cuya caída va a ser más sonada y dramática de lo que podemos imaginar. Prácticamente no se libra ni un solo sector: automoción, medicina, financiero, alimentación, ocio, cultura, comunicación... Esta misma hoja de papel sobre la que usted lee en estos momentos ya tiene un regusto vintage, casi nostálgico. La rapidez del cambio escapa a la capacidad humana de percibirlo. Los datos son demasiado contundentes y se suceden a velocidad ex- ponencial. Las habilidades más demandadas el año pasado no exis- tían hace una década. Según la red de mujeres profesionales Wome- nalia, el 75% de las profesiones del futuro cercano aún no existen o se están creando. De acuerdo con un reciente estudio de dos econo- mistas del MIT, hoy, por cada robot incluido en el tejido industrial, se destruye una media de seis empleos. La inteligencia artificial y la velocidad de las redes 5G serán las principales causantes de que, se- gún coinciden muchos analistas, desaparezcan millones de empleos en pocos años. Si uno se limita a los fríos datos, no cabe duda de que el futuro del mercado laboral se presenta apocalíptico. Eso es debido a que fal- ta un elemento fundamental: reflexión, debate y, en definitiva, un nuevo y gran pacto social frente a la realidad que se avecina. «No debería consistir en un reparto de trabajo, como proponía Keynes», apunta Andrés Ortega, autor del libro La imparable marcha de los robots, en el que expresa su predicción de 20-30-50. «El 20% va a trabajar mucho y a ganar mucho. Y vivir de los rendimientos de su capital y sus inversiones. Un 30% va a trabajar mucho y ganar poco, aunque serán necesarios. Por ejemplo, los cuidadores sociales, sa- nitarios o jardineros. Y un 50% será sobrante. Este panorama no es sostenible», alerta, y clasifica: «Las categorías que no están en pe- ligro inmediato son los trabajos no repetitivos y complejos, como farmacéutica, investigación, mecánica... Son las cualificaciones que, aunque estén fuera del entorno digital, aún no se verán dramática- mente afectadas. Y las más amenazadas son las tareas repetitivas y complejas, como los conductores, pilotos de líneas aéreas, comer- ciantes o brokers. Finalmente, las que ya están en fase de desaparición son las tareas simples y repetitivas, como en algunas fábricas o partes de la agricultura. Aquí la peor parte se la lle- varán los países emergentes. Pero también las clases medias se van a ver muy afectadas, con gente altamente cualificada desplazada de sus trabajos o salarios. Y esto último es precisa- mente lo que alimenta movimientos populistas como el de Trump o el brexit». Ortega da unas líneas que, en su opinión, de- bería seguir el gran pacto social: «No debemos olvidar que la economía digital también traerá muchas oportunidades. Habrá nuevas habi- lidades que se demandarán en el futuro y hoy ni imaginamos. Por eso la solución va a ser no tanto proteger el empleo como proteger a las personas. La educación va a ser fundamental, porque hoy faltan un millón de personas cuali- ficadas tecnológicamente en Europa». Raquel Roca, experta en transformación digital y autora de Knowmads: los trabajadores del fu- turo tiene una visión más optimista: «Creo que vamos a tener un buen futuro, está en nuestras manos. Los robots no vienen del cielo, los he- mos creado nosotros, es algo que hemos de- cidido. Ha habido más innovación en los últi- mos 10 años que en los últimos dos siglos». Y apunta un problema que debemos atacar desde ya mismo: «La regulación debería estar en un cambio constante, y aún es un proceso dema- siado complejo y lento. Hay que asumir que, in- cluso cuando regulas algo, casi inmediatamen- te hay que volver a hacerlo. Lo vemos con Uber y otras disrupciones tecnológicas, que aún no tienen encaje en muchos países. Pero se van encontrando nuevas vías para que estas nuevas propuestas entronquen con la sociedad. Al fi- nal, es la sociedad la que decide qué adopta y qué no, no lo olvidemos». Según esta especia- lista, hay que afinar más con la terminología. «No debemos hablar de destrucción de trabajo, sino de sustitución. Es peligroso usar el término destruir, porque eso solo genera un exceso de miedo. En medicina, la inteligencia artificial es sin duda positiva, pero cuando nos adentramos en el sector laboral, es cuando nos entran los El 75% de los empleos del futuro cercano aún no existen o se están creando
  2. 2. ethic.es30 siglo XXI_ temores. Estamos a tiempo de decidir cómo queremos que sea el cambio, y aprovecharlo en nuestro favor». Apunta al que, conside- ra, es el verdadero problema cuando hablamos de empleo: «La gran olvidada en esta transformación es la demografía. En 2050, la edad media en Europa será de 52 años. De cada tres personas en edad de jubilación, una estará en edad activa. Es urgente un cambio de mentalidad, no puede ser que en recursos humanos pongan una ba- rrera de corte a los 40 años. A esa edad, te quedan más años de vida laboral por delante que los que llevas. Por eso es importante para las compañías ayudar a sus empleadores a entender ese nuevo entorno, a darles esa experiencia digital». Todo esto, claro, necesita un marco regulatorio que dé herramientas y garantías. Grandes organismos como la OIT o el Fondo Monetario Internacional coinciden en los pronósticos, pero no en la soluciones. En nuestro propio país vemos cómo nuestros políticos no afrontan el debate de cara. «Vivimos en una sociedad occidental en la que ha habido mucha regulación, que hoy se ha quedado estrecha, y surgen nuevos trilemas éticos que no estaban regulados», opina la directora global de Ética y Sostenibilidad de Telefónica, Elena Valderrábano, y añade: «Hay nuevos modelos de funcionamiento, mercados, que se escapan a la regulación. Y pasa lo mismo en el campo laboral. Vivía- mos en un modelo en el que, mal que bien, había una estabilidad: derechos, obligaciones, sindicatos... Que no responden a la realidad actual. Estamos en plena pugna de una realidad con la anterior. Pero lo que no cambia es la esencia humana, y tenemos que buscarnos en esa humanidad dentro de la digitalización. Va ser más necesaria que nunca la educación humanística que complete la formación digital. Yo, por ejemplo, veo la antropología como una ciencia que hoy es más importante que nunca». En la misma línea opina Iñaki Ortega, director de Deusto Business School, que ha publicado numerosos estudios sobre la generación millennial: «Hay que hibridar la tecnología con la creatividad, las ar- tes. Eso es lo que dará el elemento diferencial, no basta con la mera tecnificación. Luego, las industrias están siendo amenazadas por unos «insurgentes», los nuevos emprendedores. Antes, la propia in- dustria alimentaba las barreras de entrada; hoy, la tecnología las ha echado por tierra. Ha demo- cratizado el acceso y, con talento y cierta irreve- rencia, puedes enfrentarte a cualquier sector: la banca, la enseñanza online, las telecomunica- ciones...». Ortega opina que estamos a punto de superar las crisis de valores. Solo faltan un par de generaciones: «Ejemplaridad, transparencia, derechos sociales... Las nuevas generaciones son nativas en estos conceptos, no solo en tecnolo- gía. La juventud siempre ha tenido ese idealismo, pero antes no tenía esas herramientas que da la tecnología. Hoy sí las tienen. No solo para cam- biar las cosas en el ámbito económico, sino tam- bién el social y el político». La educación es, por todo esto, un factor clave del cambio. Así opina el director de la Asocia- ción Española de Economía Digital, José Luis Zimmermann: «Entramos en la economía di- gital, pero también debe ser la economía de la creatividad. Debemos formar en aquellas ta- reas más complejas, no solo técnicas, que son las que tienen más futuro». Coincide en la lacra regulatoria: «Hoy, un trabajador multiplatafor- ma ocasional como el que promueven Uber, Airbnb o Amazon, tiene encaje en Estados Uni- dos, pero no en la legislación española. Aquí, o eres autónomo o dependiente. Y el trabajador debe ser cada vez menos dependiente y más ocasional». Algunos especialistas opinan que, puesto que ya vamos por la cuarta revolución industrial, tene- mos experiencia sobrada en resetearnos. «Creo en el carácter evolutivo de la especie humana», dice Sergio Colado, vicepresidente de Domotys, asociación de empresas domóticas. «Ya hemos pasado por esto muchas veces antes, siempre que hay un cambio importante, hay una destruc- ción y una evolución posterior». Y culmina con una pregunta para la reflexión: «La generación Z viene con la tecnología innata. Ahora solo somos capaces de ver esa pérdida de empleos frente a las máquinas. ¿Por qué no van a ser capaces las generaciones venideras de crear nuevos mode- los de funcionamiento? Y más aún: ¿Por qué no van a ayudarnos, precisamente las máquinas, a soportar ese nuevo modelo?». _ En El Corte Inglés somos conscientes de que en nuestra sociedad hay muchas cosas que mejorar.Nuestraformadedemostrarloessiendo respetuosos con el medio ambiente, colaborando con todo tipo de organizaciones sociales (ONG, asociaciones, instituciones públicas y privadas) y participando en numerosas actividades. En El Corte Inglés promovemos cada año más de 4.000 acciones relacionadas con la cultura, la acción social, la educación, el medio ambiente, el deporte y la ayuda al desarrollo.

×