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Cultura generacional

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Cultura generacional

  1. 1. L aGeneraciónZyaestá saliendoalmercadoy dicenporahíquehan dejado viejos a sus mayores, los ‘millenials’, esa generaciónY tan criticada por supuesta superficialidad e in- movilismoporpartede miem- bros de las generaciones pre- cedentes,notantoporsusher- manos mayores de laGenera- ción X, sino más bien por los padres de la Generación Ba- byboomers, que ahora mismo detentanelpoderylainfluen- ciadesuopinióndesdelosme- diosdecomunicaciónquecrea- ron sus coetáneos. LaGenera- ción de la postguerra parece másdedicadaacontemplardes- desuatalayadelaexperiencia cómosevansucediendogene- raciones,circunstanciasyacon- tecimientos. Hemos querido averiguar quédiferenciasculturaleshay entreloscohortesdecadagru- podeedad,quécaracterísticas tienenencomún,enquésees- tán hibridando y qué les sepa- ra. Iñaki Ortega, coautor jun- toaNúriaVilanovadelensayo ‘Generación Z’ (‘Todo lo que necesitas saber sobre los jóve- nesquehandejadoviejosalos millennials’, Ed. Plataforma Actual),explicasisonlagene- raciónY y Z tan diferentes de cómo eran las demás genera- cionesenlajuventud.Estedoc- tor en Economía de la Deusto Business School lo detalla to- mandocomoiconoaJustinBie- ber, que se asocia automática- mente con los Z «porque nace conlanuevageneración,defa- milia desestructurada, su ma- dre pone un vídeo en una in- cipiente plataforma, lo ve un productoryloconvierteenfe- nómeno social, mima Youtu- be y las redes, ejerce una irre- verenciaqueesmuyZ,sepone elmundopormontera:‘Meda igualloquepiensendemí,ten- go arte y talento, vosotros me seguís’. Tiende a saltarse las normas». En eso precisamen- te, continúa Ortega, es «en lo quelosZseparecenalosjóve- nesdelamovida,aloshippies, los del Mayo del 68... tenían esa irreverencia, pero la dife- rencia es que era una élite, no eramundial,sinodelosquees- tabanenlacapitaldeturnoen esemomento,laglobalización y las redes sociales ahora tie- nen el efecto capitalizador de llegar a todos los hogares del mundo». Lo malo es que «el paso del tiempo hace que se pierdaesairreverenciayteso- metas al principio de autori- dad al chocar con la realidad». Ynohaymayorchoquecon la realidad que el que se han llevado la generaciónY y la Z, comoponedemanifiestoMa- nuelRodríguez,politólogodel 90, con una excepcional capa- cidad de análisis que le ha lle- vado a montar la revista ‘Cá- maraCívica’: «Ambas genera- cionestenemosencomúnque vivimos un escenario de des- trucciónmasivadepuestosde trabajo, aguantando el discur- so infantil de gurús de charlas TED que por Linkedin nos di- cenquenuestrasocupaciones aún no se han inventado, por lo que debemos ser empren- dedoresyvendernuestramar- ca.Esogeneralegionesdeegó- latras que piensan que son es- peciales y que el mundo les debealgo.Loséporqueyotam- biéncaíenesatrampa.Porsuer- teopordesgracia,cadadía1de mes hay que pagar el alquiler y eso te da una buena dosis de realidad». Desideologizados Locomprendemuybienelpsi- cólogo,sexólogo,antropólogo yprofesorycongresistaAlfon- soAntona, que pertenece a la generación de los ‘boomers’: «Si algo está cambiando en las nuevas generaciones, es que algunasrelativascertidumbres que teníamos en el pasado (si estudias serás un alguien de provechoconlaposibilidadde independenciaeconómica)ya nosontales.Esposiblequelas próximasgeneracionestengan más problemas económicos. Por poner un pero: adolescen- tes y jóvenes actuales se han criadocomounbiendelujoen entornos familiares que ya no sonfamiliasnumerosasymás dependientes. Habrá que ver cómo evolucionan…» Lo dice porque, indefectiblemente, «cadageneración,anteloscam- biossociales,buscasuspropias referencias, es un proceso de identificación que se da siem- pre».Porellohemoshechoun tercergradoavariosrepresen- tantes desde la Generación Z (15-20), Millennials (21-34), Generación X (35-49) y Boo- mers(50-64).DelaSilenciosa (65+), están el escritor del 48 Luis Landero. Alapreguntaenquésedis- tinguesugeneracióndelasde- más, Landero apunta que «las diferenciasentregeneraciones acaso tengan que ver con la ideología política y con la tra- dición humanística como re- ferente cultural indiscutible. Las generaciones posteriores alanuestrasehanidodesideo- logizando,altiempoquesehan desanclado de la tradición clá- sica. Hay dos hechos que mar- can estos fenómenos: la caída del Muro de Berlín y, sobre todo,laaparicióndeInternet». Por su parte,AlfonsoAnto- na (60) señala que, «salvando las distancias, entre mi gene- raciónylas(varias)quemehan sucedido, la diferencia es que enlamíameenculturéenuna dictaduracatólico-fascista,su- fríelúltimoplandedesarrollo franquista, no existía libertad deexpresión,estuveenlacár- cel por militar en una organi- zaciónpolítica…laTVeraúni- ca y en blanco y negro. ¡Ah! y aprendí a escribir con plumi- lla.Noobstante,tambiénexis- tensemejanzasenloquesere- fiere a sueños, valores, etc.» Los dos autores de ‘Yo fui a EGB’, Javier Ikaz (39) y Jorge Díaz (46), que representan a la X, apuntan que su genera- ción «creció sin internet, ni móviles y eso limita bastante el acceso a muchas cosas. Ha- bíamuchamenosinformación y casi todos hacíamos las mis- mas cosas. Incluso a la vez». IñakiOrtega,integrantedeesta generación, considera que los delaXson«muchomásecléc- ticos.Teníamos la apertura de mente,somosmáspermeables, se escucha más música ahora queantesyesmásdemocráti- co el acceso a la cultura. Hay más donde elegir, y mira los precios, compara con la gene- ración ‘baby boomers’ yendo al cine, la X al vídeo club, laY, cuandoempiezanlasprimeras plataformas, y la Z que supo- neladisrupciónabsoluta,todo el cine está en la pantalla por una suscripción irrisoria o por alquiler de peli a un euro. Se consume muy rápido». Manu Rodíguez (27) diría que los millenials se han cria- do en un entorno de incerti- dumbre. «Yo cumplí 18 el año quesederrumbóLehmanBro- thersyempezólacrisis.Esoha marcadomitrayectoriavitaly la de la gente de mi alrededor: expectativas defraudadas, de- presión, hedonismo, indivi- dualismo.Granpartedenues- tra forma de comportarnos se deriva de ello. Pragmatismo derivadodelderrumbedetodo lo que nos habían prometido. No tendremos trabajo si estu- diamos,nicasasitrabajamos». EncuantoalageneraciónZ,el politólogo observa que «lleva todasestascaracterísticasaun siguiente nivel: se han criado viendocómosuspadreslesgra- baban con el móvil y luego lo subían aTwitter así que la hi- perexposición es su norma de vida. Exponen sus cuerpos y susideasbuscandodestacaren un medio que es tan natural para ellos como para nosotros el mando a distancia». Enesesentido,suamigade la Generación Z, la actriz Re- yesCalvillo (24), la diferencia queve«eselusodelasredesy de internet, pero no lo consi- dero negativo. Es cierto que quizás el contacto personal se pierde pero a la vez se ganan muchísimas otras cosas. Creo que vemos el mundo de otra manera y tenemos una nece- sidad de compartir y comuni- car absolutamente todo». Y en eso han influido espe- cialmentelasnuevastecnolo- Cultura generacional «Alosmásjóvenesles handichoquedeben vendersumarcayeso generalegionesde ególatras» ELISABETH G. IBORRA REPORTAJE GENERACIÓN Y MILLENNIALS GENERACIÓN Z GENERACIÓN X UN DIAGNÓSTICO SOCIOCULTURAL LECTURASTERRI TORIOS 2 Sábado 9.06.18 EL CORREO
  2. 2. para: «Los analógicos se están digitalizando y conviven los dosmundos,puedesescuchar un CD, la radio en el coche y seguirSpotify.PerolosZnosa- ben poner un CD ni escuchar la radio, salvo que sea en una web una radio independiente digital o por podcasts. La con- secuencia es que van al nicho yalfoco,yalfuncionarporlo- garitmos hay una tendencia a mantenerse en sus gustos. Se produceelefectoanclajeenlo que te gusta a ti. Supone un empobrecimientoconrespec- toperoteconviertesenunex- perto en eso», relativiza. Para Antona, «la principal ventaja de las innovaciones tecnológicaseslaaccesibilidad a un mayor número de perso- nas. Y el problema, la satura- ción de oferta y las dificulta- des para discriminar el polvo de la paja. La presión del mar- keting es tan brutal que no siempresetieneeltiempoyla distancia para poder elegir de una forma pausada… que creo es la mejor forma discernir lo que se quiere». Creaciónyconsumo Sin embargo, los ‘millennials’ echandemenosmásopciones: «Estaría bien poder acceder a contenidos de diferentes pla- taformas, aunque eso va en contra del mercado audiovi- sual. Si quiero ver (legalmen- te) ‘House of Cards’ y ‘Juego de Tronos’ tengo que pagar una suscripción a Netflix y HBO». Y en la Z, Calvillo «no esqueechemuchísimascosas en falta, pero quizás para que sean más accesibles el consu- mo de ‘megas’ debería no ser tan elevado». Ahorabien,¿perjudicanesas tecnologíaslacalidaddelacul- turadeestasgeneraciones?Para Antona, «la expresión artísti- canoestámermada,alcontra- rio, ha explosionado en mul- titud de facetas que me resul- tan muy atractivas, y la incor- poración de nuevas tecnolo- gíasabrenuevasposibilidades». IncideenestaideaOrtega:«Es otro paradigma, tendemos a juzgarlas en función de nues- traformadepensarynuestras referencias, ¿van a estar más empobrecidospornoteneruna colección de CDs o vinilos o porque no han ido a la ópera? Y quién te dice que no hayan visto películas, o museos sin salirdecasaporqueestándigi- talizados y es baratísimo. Por finllególademocratizaciónde la cultura, el dinero ya no es unabarreraeconómica,nohay barreras culturales ni de clase. Pesa mucho más lo bueno.Ya no hay distinción entre vivir enciudadesopueblos,puedes verlotodocuandoquieras,don- de quieras, y eso va a generar másartistas,porqueencimaes muy fácil aprender». La actriz Z agradece que se esté modificando «bastante la formadecrearcontenidopara que lo consumamos. Piensa que muchos de los creadores están avanzando bastante, lo queocurreesquehayplatafor- mas que entiendo que se les quedan bastante lejos. Al ser unageneraciónacostumbrada alasredesyatenertodoalmo- mento quizás se debería crear uncontenidomásrápidoyac- cesible». Lo peor, para el politólogo Y, es que se etiquete todo lo que tenga que ver con sus há- bitos para ‘venderles motos’: «No hay nada más ofensivo paranuestrageneraciónqueel intentodesesperadodeetique- tarycatalogarnuestraspautas de vida con un nombre ‘cool’ quesuenemoderno.Esridícu- loydesfasado,conelagravan- te de que invisibiliza el hecho dequeprácticamentelamitad de los jóvenes españoles vive en situación de pobreza o ex- clusión social». Quizás ahí hay un proble- ma con los distintos códigos culturales.Elantropólogo‘boo- mer’apostillaque«lacomuni- cación intergeneracional no estátantocondicionadaporel usodedistintoscódigosverba- lessinoporelesfuerzoqueha- gamos por entendernos». Ro- dríguez objeta que entender- seesimposiblecuando«secon- sidera que todo lo que hace- mos diferente se debe a una degradación moral y falta de disciplinaenlugardeconside- rarlafaltadeopcionesylasex- pectativas tan negras que te- nemos». gíasylosnuevossoportesque hemosidoadoptandotodosen mayor o menor medida. Los más jóvenes cuentan que «cuanto más individualizado sea mejor. Móviles, tablets y PC’s nos permiten ver lo que nos apetece en cada momen- to, pausarlo y continuarlo en otra plataforma. Empiezo un capítulo de ‘Black Mirror’ en el PC en el descanso del boca- dillo,losigoviendoenmimó- vilenelmetroyloterminoen la televisión con Google Cast conectado en casa», resume Rodíguez. Reyes Calvillo suele «usar soportesanalógicosperolaver- dad es que al final son más ca- ros que los digitales y acabas tirando mucho de los disposi- tivos digitales». Justo lo que sospechaba Antona: «Proba- blementeloquelasnuevasge- neraciones han hecho no es tantodejardeusarsoportesclá- sicos sino incorporar las nue- vas tecnologías. Se sigue yen- do al teatro, al cine, leer, etc. aunque se haga en artilugios electrónicos móviles». Iñaki Ortegatampocovenadanega- tivo en ello: «Utilizar diferen- tes plataformas o formatos no quiere decir que como seres humanos no nos emocione- mosigualconlacultura,elarte, lamúsica,elcine,esonolohe- mosperdido;ynoesquelosjó- venesvayanaserinfelicespor- que no tengan lo mismo que nosotros.Nosonmásincultos, tienenotraculturayotrasfor- masdeaccederaella,perotam- bién tienen más oportunida- des». Porfortuna,ahorapodemos hacer como los de ‘Yo fui a EGB’, que usan «ambas opcio- nes, digitales por comodidad, analógicos por fetichismo, se- guimosprefiriendounlibrofí- sico, un vinilo o unCD que se pueda tocar. No nos sentimos entredosaguas»,aseveran.En cuantoaesasventajaseincon- venientes, Iñaki Ortega com- Representantes de cinco franjas de edad hablan de sus hábitos de consumo y sus referencias en todas las disciplinas :: E. G. I. Una aproximación para comprender a los más jóve- nes podría partir de las te- máticas que los unen: en la Generación Y, «cuando nos conocemos, algunos temas de los que solemos hablar son las series que seguimos, noticias sorprendentes, tec- nología (‘mira el móvil que me he comprado, este ya viene con rayo supersóni- co’) y ciertos temas socia- les que calan en la agenda (de nuevo, mi entorno tie- ne el sesgo de estar muy lle- no de activistas): feminis- mo, veganismo, modelos de afectividad (poliamor, relaciones abiertas, etc.), la situación en Europa, La- tinoamérica y Estados Uni- dos… También nos reímos con memes, frases de la TV o de internet o comenta- rios en redes sociales». En la Z, «las temáticas que nos hacen sentirnos más cercanos o que gene- ran más interés considero que son bastantes sociales. Estamos viendo constan- temente qué hace la gente, en qué dedica su tiempo, dónde está nuestro último artista favorito. Queremos sentirnos identificados con ellos como si pudiésemos ser parte de su vida y a la vez nuestra vida pudiese asemejarse a la suya. Es un poco cotilla pero es la rea- lidad». Como «referentes importantes que están poco a poco cambiando la socie- dad», Calvillo tiene a «mu- chas ilustradoras jóvenes que están haciendo libros sobre conductas sociales, civismo y feminismo, que creo que ayudan bastante». Mejora continua Rodríguez, muy crítico con los medios que eligen a sus gurús según les conviene, aclara que «si tuviera que citar a un intelectual típi- camente millenial me que- daría con Slavoj Zizek, tan- to por su crítica al mundo al que vivimos (incluidos los que van de alternativos) como por el formato: es co- nocido no tanto por sus li- bros como por sus docu- mentales y vídeos en You- tube, donde toma ejemplos de series y películas. Ha sa- bido mejor que nadie en- tender cómo atraer la aten- ción de nuestra generación y, de paso, tocar temas que nos inquietan: el sistema político, la sexualidad, la afectividad…» En conclusión, Ortega tiene fe en el encuentro, aunque aconseja ir «alegro ma non troppo, tenemos que adaptarnos unos a otros yendo todos rápido pero no tanto como para renunciar a todo lo que se ha hecho». Antona concluye que «no es que sea optimista con respecto a las nuevas gene- raciones, es que estoy con- vencido que a pesar de que generaciones anteriores (so- bre todo carcamales políti- cos y financieros) se empe- ñen en lo contrario, el mundo mejorará cada día (aunque no sea de forma li- neal) y eso será gracias a cada ‘nueva’ generación». Y Luis Landero considera que «las generaciones Z e Y tendrán que solucionar ante todo el problema de cómo articular políticamen- te sus inquietudes, insatis- facciones, ideales y demás. Y tendrán que reinventar- se una tradición que les sir- va de referente. Esas serán inevitablemente sus herra- mientas para enfrentar la realidad. Yo confío en que sabrán encontrar un buen camino». ¿Qué interesa a los más jóvenes? LECTURAS «Porfinllególa democratizacióndela cultura.Nilarentani ellugarderesidencia sonbarreras» BABYBOOMERS POSTGUERRA TERRI TORIOS 3Sábado 9.06.18 EL CORREO

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