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¿Cómo salir de laberintos?

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1
Eric Calcagno
Alfredo Eric Calcagno
¿CÓMO SALIR DE LABERINTOS?
Temas de sociedad, economía y poder
en la Argentina actual
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Entrada a los laberintos
“Será necesario coraje, porque a la salida de todo laberinto, el
hombre sólo encontrará otros l...
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personal, social o ambas. De allí que el laberinto tenga una diversidad de
funciones, ya que puede ser cárcel (como en C...
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Un laberinto, según la definición de la Real Academia Española, es un “lugar formado artificiosamente por calles y encrucijadas, para confundir a los que se adentran en él, de modo que no puedan acertar una salida”. En otras palabras, se trata de confundir para que nadie entre y, si entró, que no pueda salir.

El laberinto es una figura muy antigua, cuyos rastros se pierden en los principios mismos de la historia, allí donde los mitos y leyendas aún son inseparables del devenir de las primeras civilizaciones. Diferentes explicaciones fueron dadas sobre la naturaleza y el uso de los laberintos, entendidos como una construcción a veces en superficie, a veces subterránea –o ambas cosas. El laberinto se compone así de intrincados pasillos y habitaciones, nunca mejor descriptos que en “La casa de Asterión” en El Aleph de Borges: lo componen infinitas puertas sin cerradura, galerías, aljibes, azoteas, cisternas, sótanos, patios… Algo de eso muestran los grabados antiguos y los dibujos de Escher.

Un laberinto, según la definición de la Real Academia Española, es un “lugar formado artificiosamente por calles y encrucijadas, para confundir a los que se adentran en él, de modo que no puedan acertar una salida”. En otras palabras, se trata de confundir para que nadie entre y, si entró, que no pueda salir.

El laberinto es una figura muy antigua, cuyos rastros se pierden en los principios mismos de la historia, allí donde los mitos y leyendas aún son inseparables del devenir de las primeras civilizaciones. Diferentes explicaciones fueron dadas sobre la naturaleza y el uso de los laberintos, entendidos como una construcción a veces en superficie, a veces subterránea –o ambas cosas. El laberinto se compone así de intrincados pasillos y habitaciones, nunca mejor descriptos que en “La casa de Asterión” en El Aleph de Borges: lo componen infinitas puertas sin cerradura, galerías, aljibes, azoteas, cisternas, sótanos, patios… Algo de eso muestran los grabados antiguos y los dibujos de Escher.

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  1. 1. 1 Eric Calcagno Alfredo Eric Calcagno ¿CÓMO SALIR DE LABERINTOS? Temas de sociedad, economía y poder en la Argentina actual
  2. 2. 2 Entrada a los laberintos “Será necesario coraje, porque a la salida de todo laberinto, el hombre sólo encontrará otros laberintos. Laberintos de laberintos. Algunos creerán encontrar allí a Dios; otros, la verdad; otros, un escepticismo irónico o una desesperación hasta el pánico. Otros, por fin, más simplemente, un enigmático y frágil camino hacia la sabiduría”. Jacques Attali, Chemins de sagesse, Traité du labyrinthe, Paris, Fayard, p. 148. Un laberinto, según la definición de la Real Academia Española, es un “lugar formado artificiosamente por calles y encrucijadas, para confundir a los que se adentran en él, de modo que no puedan acertar una salida”. En otras palabras, se trata de confundir para que nadie entre y, si entró, que no pueda salir. El laberinto es una figura muy antigua, cuyos rastros se pierden en los principios mismos de la historia, allí donde los mitos y leyendas aún son inseparables del devenir de las primeras civilizaciones. Diferentes explicaciones fueron dadas sobre la naturaleza y el uso de los laberintos, entendidos como una construcción a veces en superficie, a veces subterránea –o ambas cosas. El laberinto se compone así de intrincados pasillos y habitaciones, nunca mejor descriptos que en “La casa de Asterión” en El Aleph de Borges: lo componen infinitas puertas sin cerradura, galerías, aljibes, azoteas, cisternas, sótanos, patios… Algo de eso muestran los grabados antiguos y los dibujos de Escher. De allí que numerosas versiones sobre laberintos asuman que se trata de una búsqueda, que puede ser individual, como el Roman de la Rose de la época medieval europea, o colectiva, si se piensa el laberinto como peregrinaje. Al final, cuando se entra en el laberinto y cuando se sale, está la revelación. Una verdad:
  3. 3. 3 personal, social o ambas. De allí que el laberinto tenga una diversidad de funciones, ya que puede ser cárcel (como en Creta), biblioteca (como en Umberto Eco) o jardín (como en el medioevo). Siempre esconde algo: un monstruo, los conocimientos, el amor. Siempre hay riesgos. El ejemplo mitológico es ilustrativo: el equivalente al establishment le entregaba al Minotauro (monstruo mitad hombre y mitad toro) todos los años siete hombres y siete mujeres jóvenes para que los devorara en el laberinto; de ese modo se detenía el sitio de Atenas1 . Por el contrario. Teseo penetra en el laberinto, mata al Minotauro y puede salir gracias al hilo que le dio Ariadna y que lo guió en la salida. En base a este mito se originaron infinitas búsquedas tanto como un sinnúmero de trucos y artimañas para explicar cómo salir del laberinto. Una de ellas explica que hay que caminar siempre pegado al lado derecho; otra consiste en marcar cada pasillo recorrido al principio y al final; una más, recomienda trabajar sobre las encrucijadas; y se atribuye al matemático francés André Sainte-Laguë la recomendación de clausurar cada callejón sin salida hasta que sólo quede el camino hacia afuera. Para la mayoría de nosotros, quedan los laberintos que a veces vienen impresos. Si todos, o casi todos, o al menos algunos, muchos, jugaron alguna vez a solucionar este tipo de laberinto, lápiz en mano y sin trampa, saben que deberán empezar por la puerta, y librarse al entendimiento, la inspiración o el azar para resolver el enigma. Para los cultores de la inmediatez, la resolución pasa por la trampa, que consiste en comenzar desde el final, y hacer la línea (otra vez el hilo de Ariadna) en sentido inverso. A modo de conclusión de este panorama de definiciones, señalemos que es también Borges quien señala la posibilidad de otro tipo de laberintos, como en su 1 Luc Ferry, La sagesse des mythes, Apprendre à vivre, 2, Paris, Plon, 2008, pp. 302 y 303.
  4. 4. 4 cuento sobre “los dos reyes y los dos laberintos”. Relata que un rey de los árabes pudo salir de un laberinto en el que lo había introducido un rey de Babilonia; después vino una guerra e hizo prisionero a su antiguo secuestrador: “cabalgaron tres días”, escribe, y le dijo “en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te veden el paso. Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed”2 . Sabemos que utilizar la figura del laberinto para escribir sobre política, economía y sociedad no es un recurso original, puesto que tan antiguos como los mitos sobre los laberintos son las comparaciones que se hacen de situaciones intrincadas en el campo de las relaciones de poder. Ya es un lugar común de cierto periodismo el hablar de algún actor o sector social “en su laberinto”, en base al título del libro de Gabriel García Márquez sobre los últimos días de Bolívar. Sin embargo, preferimos arriesgarnos a utilizar –una vez más- la figura del laberinto ya que expresa desde lo simbólico la dificultad que implica un problema que resolver; y hacia lo real, queda claro que hay que pensar y actuar en un terreno intrincado que nos antecede y donde abundan los peligros. El laberinto como concepto también tiene la riqueza de un esquema que puede evocar tanto lo material, como las paredes, y lo imaginario, como las ideas. Hay laberintos reales y virtuales, como hay falsos minotauros, como laberintos sin muros. Esta figura representa la posibilidad de evocar a través de un diseño conocido por todos tanto la construcción de poder político, como las lógicas económicas y la dinámica social. Valga pues, a la puerta de estos laberintos, políticos, económicos y 2 Jorge Luis Borges, Obras Completas, El Aleph, “Los dos reyes y los dos laberintos”, Buenos Aires, Emecé Editores, 1994, vol. 1, p. 607.
  5. 5. 5 sociales que nos proponemos explorar la mención al diálogo entre Adso de Melk y Guillermo de Baskerville: “¡Qué hermoso es el mundo y qué feos son los laberintos!- dije aliviado. ¡Qué hermoso sería el mundo si existiese una regla para orientarse en los laberintos! –respondió mi maestro”.3 3 Umberto Eco, El nombre de la Rosa, p. 217.
  6. 6. 6 INDICE Entrada a los laberintos ………………………………………………… 2 Capítulo 1. Laberintos políticos y racionalidad …………………….. 6 I. Para resolver laberintos, la racionalidad de Weber ………….. 7 II. Dos casos de racionalidad tradicional: el derrame y las metas de inflación …………………………………………………. 15 Capítulo 2. Develando al Minotauro ………………………………….. 19 I. Algunas relaciones entre el Minotauro y el establishment …. 19 II. La lógica de la supresión ……………………………………… 22 III. La lógica de la apropiación …………………………………… 31 IV. La lógica del endeudamiento sin límites ……………………. 41 Capítulo 3. Al salir de los laberintos, los fondos buitre ……………… 51 I. El nuevo establishment financiero internacional ……………. 52 II. El planteo jurídico o el orden público ……………………….. 54 III. El planteo político, contra el terrorismo financiero ………… 57 Capítulo 4. La firme trama (algunas cosas para hacer fuera del laberinto y lejos de los buitres) …………………….. 61 I. La previsión social ……………………………………………… 63 II. Recursos naturales: la política petrolera ……………………. 69 Capítulo 5. Del crecimiento al desarrollo: el Estado de Bienestar para institucionalizar la justicia social ………. 74 I. La nueva configuración de la sociedad ……………………... 74
  7. 7. 7 II. Qué significa el Estado de Bienestar ……………………… 77 III. Algunas conclusiones ……………………………………… 79

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