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Reflexiones en torno de la carta de juan pablo II

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Texto de las Conferencias brindadas por el Prof. Hugo País en Reconquista, Posadas y Santa Fe.-

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Reflexiones en torno de la carta de juan pablo II

  1. 1. Universidad Católica de Santa Fe Facultad de Humanidades Instituto de Investigaciones Educativas y Extensión “Reflexiones en torno de la Carta de Juan Pablo II a las universidades y los universitarios del mundo” Hugo H Pais Santa Fe: 2011
  2. 2. “Desde el corazón de la Iglesia nuestra mirada puesta en Cristo” Hugo Héctor Pais1 "Id, pues, y haced discípulos míos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a practicar todo cuanto os he mandado" (Mt 28, 19-20). Desafiados a pensar hacia el interior de nuestra Universidad Católica, no puedo obviar recordar que lo que hoy nos convoca, la Carta Apostólica de Juan Pablo II a las Universidades y los Universitarios Católicos del mundo “Ex Corde Ecclesiae” dada en Roma el 15 de agosto de 1990, encuentra en la historia institucional, actores y reflexiones, que luego se consolidan en un documento, que sirvió de base para lo que el entonces Rector de la Universidad Católica de Santa Fe el Arquitecto José María Paseggi, fuera con los representantes de las instituciones del nivel de Latinoamérica, a la Santa Sede, para aportar al Santo Padre el fruto del trabajo de los laicos comprometidos en la educación superior en esta región del mundo2 . Los universitarios, de cara a los nuevos “paradigmas” y teorías que se nos presentan, sabemos que “en los tiempos que corren, hasta el proceso educativo ha quedado reducido a la búsqueda de saberes útiles, el eficientismo y pragmatismo que nos circunda ha derrotado la búsqueda de la verdad por la verdad misma”3 , y en tanto ello digamos que “aunque seamos conscientes del peso de esta dificultad no podemos ceder al desaliento y a la resignación. Educar no ha sido nunca fácil, pero no podemos rendirnos: faltaríamos al mandato que el Señor nos confió llamándonos a apacentar con amor a su rebaño (…) Educar es formar a las nuevas generaciones 1 Hugo H. País, Docente y Director del Instituto de Investigaciones Educativas y Extensión de la Facultad de Humanidades, de la Universidad Católica de Santa Fe. Participó de la consulta que se realizó a un equipo en la UCSF, sobre el Documento de anteproyecto en 1988/1989 2 Passeggi, José M. (1990): Conferencia: “Elaboración del Ex Corde Ecclesiae en el II Congreso Internacional de Universidades Católicas – Vaticano abril de 1989 – en Nuevas Propuestas – Santiago del Estero- 3 Passanitti, D. (1999): « El trabajo y la técnica: acción co – creadora” En Cultura y Ética Social – Volumen III – CIES – Bs. As.
  3. 3. para que sepan entrar en relación con el mundo, fuertes de una memoria significativa, de un patrimonio interior compartido, de la verdadera sabiduría que, mientras reconoce el fin trascendentes de la vida, orienta el pensamiento, los afectos y el juicio”4 . Es bueno ubicarnos en el presente con realismo, pero también lo es hacer historia, para recupera el sentido y la importancia de la Carta Apostólica, que nos ocupa, en la vida de las instituciones universitarias católicas. Precisamente la preocupación por reflexionar, sobre las instituciones de este nivel en el ámbito de la Iglesia ha existido siempre, en tanto que recordamos que en 1967, líderes de universidades católicas se reunieron en Wisconsin, por la Universidad de Notre Dame, para discutir cómo debería adecuarse la Universidad a las demandas de aggiornamiento planteadas por el Concilio Vaticano II en 1965, documento que había sido trabajado durante el pontificado de Paulo VI. “El hombre de hoy escucha más a gusto a los testigos que a los maestros, y si escucha a los maestros, lo hace porque son testigos”5 De hecho, doce años más tarde, el 29 de abril de 1979, el entonces Papa Juan Pablo II, dictó una Constitución Apostólica “Sapientia christiana”, iluminada en el espíritu y mandato del Concilio Vaticano II, como un primer paso hacia el nuevo estilo evangelizador de las Universidades Católicas en el mundo. 25 años posteriores motivado por los cambios que se daban en el mundo y al interior de las propias Universidades Católicas, atendiendo las recomendaciones del Concilio Vaticano II, el propio Papa Juan Pablo II publicó la Constitución Apostólica que hoy nos ocupa para reflexionar acerca de la naturaleza de las Universidades Católicas, y donde reconoce el carácter de libre y autónoma, bajo la tutela de los Obispos, y subraya su contribución al diálogo de la Iglesia con la cultura, a la vez que expone sus esperanzas en fortalecer la identidad del modelo, conforme a las pautas de catolicidad, por encima de cualquier otro modelo y para contribuir a hallar una síntesis dinámica y compleja entre la excelencia académica y una formación integral en el marco de la fe cristiana. En esta nueva Constitución Apostólica, se procura fortalecer una visión, misión y una mística, acorde a la certeza de un origen y a la identidad específica, esperando que las Universidades Católicas se erijan en faros que iluminen con sabiduría y prudencia el camino de la humanidad. Este encuentro con el mundo desde las Universidades, hace que como punto de partida, reconozcamos que el hecho de ser Católicas, no es algo que adjetiva a estas instituciones, sino que por sobre todo la sustantiva y la hace espacio de Iglesia “desde el corazón de la Iglesia” y la desafía en la búsqueda de la verdad en todas las cosas y por todos los medios éticamente válidos, y así enseñarlo, promoverlo y difundirlo, reconociendo que la fuente de la verdad y el origen de todo conocimiento es Dios mismo y que entre razón y fe no existe divorcio alguno. “La sed de verdad está tan radicada en el corazón del hombre que tener que prescindir de ella comprometería la existencia. Es suficiente, en definitiva, observar la vida cotidiana para constatar cómo cada uno de nosotros lleva en sí mismo la urgencia de algunas preguntas esenciales y a la vez abriga en su interior al menos un atisbo de las correspondientes respuestas”6 . La Universidad, esta llamada a consolidarse como un auténtico centro de aprendizaje, donde se respete plenamente la verdad del orden creado y desde su identidad de católica, debe incluir necesariamente su relación con la Iglesia particular y con su obispo. De allí que los universitarios católicos comprendamos que no existe contradicción entre investigación libre y vigorosa de la verdad y “el reconocimiento y adhesión ala autoridad magisterial de la Iglesia en 4 Benedicto XVI (2011): Discurso a la Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana – 24 al 28 de mayo 2011 – Orientaciones generales pastorales en el decenio 2010 - 2020 5 Paulo VI (1974): Discurso al Consejo de los Laicos, 2-10-1974 6 Juan Pablo II (1998): Fides et ratio – 14 de septiembre de 1998.
  4. 4. materia de fe y de moral”7 Es necesario procurar la síntesis entre la Fe y la Ciencia, desde una lectura comprometida de la realidad en una auténtica síntesis de Fe y Cultura, que pone de manifiesto la síntesis de Fe y Vida, de cada uno de los integrantes de la Comunidad Universitaria Católica, con especial énfasis en sus dirigentes y docentes, investigadores y académicos. Culturalmente, en la tradición de nuestros pueblos, se ha considerado la Universidad como el cenit de las esperanzas personales y la plataforma para ulteriores promociones y realizaciones culturales, pero es preciso hoy día reconocer que el valor de la preparación que se brinda en estos ámbitos, ha de estar en relación con el servicio que prestan a la promoción de la persona integralmente. De allí que sería erróneo concebir la universidad como un hito al que deben acceder la mayor parte de los jóvenes, cuando en realidad, el desafío está en orden a valorar la preparación que se les ofrece, si ella se orienta a la mejora y a la promoción de las personas, a la vez que brinda satisfacción profesional a lo largo de la vida y realización en la comunidad humana, con plenitud. Hoy más que nunca, debemos sostener que estas Casas de altos estudios, se definen por la adecuación del mensaje cultural que transmiten a las exigencias del evangelio y a las interpretaciones trascendentales de la vida, la historia y las comunidades humanas. De allí que la ellas tengan valor por su misma naturaleza y dónde el docente cristiano en los ambientes universitarios, adquiere valor de signo8 , garantía de influencia, de animación, de compromiso. En tanto que, presencia y tarea, dedicación y competencia de criterios, riqueza moral e intelectual, se constituyen en competencia en ocasión de influencia y en poder de irradiación. La Universidad, complicada y arrastrada por el huracán de la nueva economía, corre el riesgo de su vocación originaria (…) Es precisamente en la concepción de la verdad y de la razón donde con mayor fuerza se deja sentir la crisis en dicha institución. (…) La <diakonía de la verdad> significa ante todo servir a la verdad, no servirse interesadamente de ella. Significa el compromiso de no contentarse con verdades parciales, fragmentarias y dispersas, establecer permanentemente el paso del fenómeno al fundamento (Fides et Ratio, 83), de las cosas a las causas, sin darse tregua en ésta búsqueda de la verdad.”9 Las universidades católicas tienen, en nuestra realidad Argentina y latinoamericana, un noble servicio a la sociedad y un compromiso especial por la educación, con garantía de un gran nivel académico, particularmente a las jóvenes generaciones, desde las enseñanza de las verdades de la fe, promoviendo el respeto a la persona humana y desarrollando el carácter moral del estudiantado para que puedan trabajar por la evangelización de la cultura, desde las diversas profesiones y por el bien común de la sociedad., asumiendo que este desafio no es privativo de las disciplinas teológicas, sino que por el contrario compromete a toda la comunidad académica en el ejercicio coherente de la síntesis ya mencionada. Es profundamente real, que la Iglesia reafirma permanentemente su vocación por una educación integral, desde la transmisión de conocimientos, el desarrollo de competencias profesionales y la promoción humana de los estudiantes, desde el Evangelio de Jesús, que permite una mirada permanente y veraz respuesta a la realidad. “La sociedad espera de la Universidad, de cualquier universidad, no únicamente profesionales capacitados sino también profesionales éticos, pero en razón de la “diakonía de la Verdad”, la Universidad católica no puede quedarse en una mera reflexión ética, sino que debe ir más allá para manifestar al fundamento verdadero de la ética y la moral que es Dios mismo, cuya Revelación es la única que puede iluminar la totalidad de la realidad humana en su origen, destino y significación”. 7 Juan Pablo II (1990): Carta Apostólica Excorde Eclessia, 27 8 La palabra “signo”, proviene del latín : “signum” (insignia, marca, seña, aquello que los hombres siguen 9 Poupard, Paúl (2001): La Dimensión Cultural Cristiana en la Universidad Católica. PCC. La Cultura en el Horizonte de la Transmisión del Evangelio, Puebla, 2001, p. 189-191
  5. 5. Las Universidades Católicas han de ordenar la cultura y la ciencia que imparten, tanto como la investigación, al anuncio de la salvación, de tal modo que “el conocimiento adquirido y desarrollado, sobre el mundo, la vida y el hombre sea iluminado por la fe”10 De allí que ha de transmitir acreditadamente y con seguridad desde cada una de las Cátedras, en las distintas Carreras, una visión coherente y completa de la vida, en correspondencia con la mirada cristiana. Estas Casas de Altos Estudios, están desafiadas a devolver a la cultura la convicción, que los seres humanos pueden comprender la verdad de las cosas y conocer sus responsabilidades ante Dios, consigo mismo, y con sus prójimos. De hecho que las Universidades Católicas, deben estimular la libre discusión de ideas, pero entendiendo ésta como la genuina búsqueda de la verdad a través de la razón y el diálogo, sin avergonzarse, mediatizar, ni esconder la verdad, con absoluto respeto al ser humano, a su dignidad y mostrando a Cristo en todas las cosas, por lo que no se puede ser una auténtica Universidad Católica, sin abrazar con entusiasmo y sin reservas “Ex Corde Ecclesiae”, que la orienta y lleva rumbo a su misión, consciente con su origen e identidad. Esta Constitución Apostólica, que se nos ofrece a la reflexión y se nos propone encauzar una vez más a la acción, debemos recordar que nace fruto de la prudente reflexión del Santo Padre y del ejercicio del diálogo con las culturas universitarias de todo el mundo. De allí el modo adoptado, para la producción de la misma, con el diálogo y la participación de los representantes de los diversos continentes y la importancia a escuchar la reflexión de los universitarios del mundo. Juan Pablo II, con esta convocatoria a la producción de la Nueva Carta Apostólica, estaba honrando con hechos, testimoniando con su vida y magisterio, aquella expresión, de SS Pablo VI en su carta Encíclica: Ecclesiam Suam11 , donde afirmo que “la Iglesia debe ir hacia el diálogo con el mundo que le toca vivir. La Iglesia se hace palabra…se hace mensaje….se hace coloquio”. Es un modo de poner en hechos el que el cristianismo es la religión del diálogo y que el mismo pertenece al ser y la misión de la Iglesia De allí un gran desafío para nuestro tiempo como docentes y universitarios católicos en tanto “sabemos bien que para la gente de hoy el lenguaje de la fe a menudo resulta lejano; sólo puede resultar cercano si en nosotros se transforma en lenguaje de nuestro tiempo”12 , como un modo concreto de inculturación en los nuevos escenarios que nos ofrece la tecnología, la globalización y la postmodernidad. “La formación integral del hombre como finalidad de la educación, incluye el desarrollo de todas las facultades humanas del educando, su preparación para la vida profesional, la formación de su sentido ético y social, su apertura a la trascendencia y su educación religiosa”13 . La Universidad enfrenta hoy día, grandes y rápidas transformaciones, donde “la cultura humanista se ve afectada por un deterioro progresivo, (…) existe una tendencia a reducir el horizonte humano a lo que se puede medir, a eliminar del saber sistemático y crítico la cuestión fundamental del sentido”14 , por lo que es necesario tomar conciencia que En la medida en que las ciencias empíricas monopolizan los territorios de la razón, parece que no hay más espacio para las razones de creer, de modo que la dimensión religiosa es relegada a la esfera de lo opinable y de lo privado. En este contexto, las motivaciones y las características de la institución universitaria se cuestionan”15 10 C. V. II: Gravissimun Educationis, 8 11 Pablo VI (1964): Encíclica: “Ecclesiam Suam”6 de agosto de 1964 Roma (Nº 67) 12 Discurso de SS. Benedicto XVI del 13/5/2005 a los Prebisteros y Diáconos, en la Basílica de San Juan de Letrán 13 Sagrada Congregación de la Educación(1982): El laico católico testigo de la Fe en la Escuela – Vaticano- 14 SS. Benedicto XVI (2011)– Discurso en la Audiencia a Dirigentes, Profesores y Estudiantes de la Universidad Católica del Sagrado Corazón (Italia) – 23/05/11. 15 Ibidem 3
  6. 6. En este contexto, donde resolvemos la educación de las jóvenes generaciones, y se nos requiere ser cristianos de presencia y mediación, observamos que se da: • La primacía de la utilidad sobre la verdad • “El ateismo práctico, la prescindencia de Dios en la vida concreta y aún en el pensamiento, dando lugar al indiferentismo religioso, un agnosticismo intelectual y a una autonomía total ante el creador”16 • La perdida de sentido “ por la sencilla razón que este mundo no está ya referido a nada, ….y esto es lo definitivo aunque sea pobre y miserable”17 • La desintegración de la familia, la destrucción del espíritu de familia y la deformación del concepto natural de ella por una construcción social, que rompe la belleza y el sentido de la misma • Hay una fuerte tendencia crítico social, cargada de utopismo y de nihilismo Por esto quizás aún resulte importante recordar que a la luz de la verdad fundada en Dios, las universidades católicas están llamadas a interpretar la realidad de un mundo que se aleja de Dios y afanosamente busca respuestas donde no las hay y empuja a un desmoronamiento moral, por lo que la institución, requiere de hombres y mujeres formados con rigurosidad y excelencia académica, poseedores de una aguda conciencia crítica fundamentada en los valores y la fuerza del Evangelio. La “excelencia académica” centrada sólo en la investigación de las ciencias “duras” y en la capacitación técnica, consideramos que conforma el caldo de cultivo ideal para producir los “bárbaros civilizados” que denunciaba el fundador de la Universidad de Eichstat, pero no permite formar personas equilibradas. “La universidad católica está inmersa como cualquier otra universidad en la sociedad humana, para dar siempre un mejor servicio a la Iglesia, es llamada (libremente de acuerdo con sus capacidades) para ser un instrumento con impacto en el avance cultural para el individuo así cómo para la sociedad. Las actividades de investigación deben ser el estudio de problemas complicados de nuestros tiempos, como por ejemplo, la dignidad de la vida humana, el fomento del derecho para todos, la calidad de vida de la persona y de la familia, el cuidado de la naturaleza, la búsqueda de la paz y la estabilidad política, la repartición justa de los bienes del mundo y nuevos caminos económicos y de orden político, para que así, sirva al bien en general de las naciones individualmente y a la sociedad en general. La investigación universitaria tendrá así como objetivos, las raíces y las consecuencias de los problemas de nuestros tiempos, bajo la atención sobre todo, de la ética y las dimensiones religiosas como razón para la investigación”. De hecho que la Universidad Católica debe buscar la excelencia académica como medio para alcanzar su finalidad de formar a las personas en la Verdad, pero debe evitar caer en la tentación de convertir la excelencia en el fin de su quehacer. Por ello debe afrontar estos retos mediante una síntesis racional que le permita responder equilibradamente tanto a las nuevas situaciones técnicas y económicas, como a la fidelidad a su misión originaria. Este reto es una gran oportunidad para renovar su patrimonio espiritual; en este sentido, la Universidad también debe ser “semejante a un padre de familia, que va sacando de su cofre cosas nuevas y cosas antiguas.” (Mt. 13,52) 18 16 De documentos previos, a la Conferencia de Aparecida del CELAM 17 Caturelli, A. (1959) : “El hombre y la historia”, Guadalupe - Argentina 18 Calderón, J. L (2006): Oportunidades y amenazas del cambio de época en la educación – UPAEP - Puebla
  7. 7. Si la Universidad incorpora seriamente la Doctrina Social en la Curricula, esta oportunidad – que es moralmente obligatoria - es especialmente viable en el ámbito de la educación superior, como lo indicaba Juan Pablo II: “Será oportuno promover el estudio de esta doctrina, en todos los ámbitos de las Iglesias particulares de América y, sobre todo, en el universitario, para que sea conocida con mayor profundidad y aplicada a la sociedad americana.”19 Es valiente abordar el diálogo con la cultura de nuestro tiempo, sin renunciar al mensaje de la Verdad, y en ese diálogo observar la necesaria claridad en lo que exponemos, siendo afables, no violentos ni hirientes, confiados en el valor de la propia palabra como en la disponibilidad de quien la acoge y prudentes frente a las diversas ocasiones y personalidades que oyen, evitando ser molestos, expresando la Verdad, con sentido común, humildad y amor. El mundo contemporáneo tiene urgente necesidad del servicio de instituciones educativas que apoyen y enseñen con la verdad, la Verdad, “valor fundamental sin el cual desaparecen la libertad, la justicia y la dignidad del hombre” 20 de allí nuestro compromiso como educadores católicos en una Universidad Católica, en educar en la verdad, para que se comprenda que la misma no se construye, sino que es, está y se nos ofrece, en tanto comprendemos “que la libertad, cosiste sobre todo en ser capaces de responder a las exigencias de la Verdad”21 y en la toma de conciencia que no cualquier metodología que empleemos será buena sino se ordena en definitiva moralmente a los fines. Nuestra especial atención a los jóvenes debe orientarse por una “Formación integral que significa sobre todo el crecimiento como persona en todos los órdenes, recuperar la dimensión sapiencial del estudio. Los antiguos se verían sorprendidos al comprobar que la universidad no siempre hace mejor al que enseña o al que aprende. Y no les falta razón ¿De qué nos serviría formar excelentes técnicos, médicos, abogados, empresarios, si carecen de una visión armónica del saber y del mundo, si no están preparados para hacer frente a los problemas éticos y morales que el ejercicio de su profesión les va a plantear inexorablemente?”22 y en este tiempo del nuevo milenio, donde postmodernidad y globalización, neopaganismo y new age, junto a las nuevas tecnologías, se nos pide una nueva evangelización de la cultura, y en especial de nuestros alumnos que son la dirigencia futura de la sociedad. Vale la pena tener presente y reflexionar que “El Papa Juan Pablo II, ha beatificado y canonizado a un gran número de personas, tanto de tiempos recientes como lejanos. En estas figuras ha querido demostrarnos cómo se consigue ser cristianos; cómo se logra llevar una vida del modo justo: a vivir a la manera de Dios.” Y en relación a los mártires, hace unos pocos días el Santo Padre dijo que para ellos “Jesucristo no ha sido un símbolo de un vago valor abstracto, sino una Persona viva y concreta, una persona absolutamente singular.”23 , y ello nos debe interpelar, si nosotros universitarios católicos de este tiempo nuevo, asumimos los signos de estos momentos y encauzamos nuestra labor con la profundidad evangélica que como cristianos, debemos y podemos. No se puede olvidar, el pensamiento de SS. Juan Pablo II, cuando indica que la Universidad Católica, “se crea incesantemente gracias al trabajo realizado por todos los que están comprometidos en ella y muy especialmente los docentes”24 , de quienes esperan los estudiantes el solícito cuidado en la formación permanente, profesional y religiosa por parte de sus miembros laicos. Compromiso, presencia, misión y testimonio, son notas fundamentales de este tiempo nuevo 19 Juan Pablo II (1999): Ecclesia in América, N° 15 20 Juan Pablo II (1990) : Carta Apostólica Excorde Eclessia, 4 21 Juan Pablo II (1993) : Veritatis splendor,84 22 Poupard, Paúl (2001) La Dimensión Cultural Cristiana en la Universidad Católica. PCC. La Cultura en el Horizonte de la Transmisión del Evangelio, Puebla, 2001, p.193 23 Benedicto XVI (2006) , misiva enviada a los participantes del Foro Internacional de Acción Católica, en Lugazi, Uganda. 7 de agosto de 2006 24 Juan Pablo II (1981) Enc. Laborem exercens, AAS 73 n. 14, p. 614
  8. 8. para un docente desafiado a vivir conforme al Evangelio y transmitir con su vida esa capacidad de diálogo con lo diverso y de prueba de un constante diálogo para el crecimiento mutuo de la persona humana, tanto de sus alumnos, como de todos los integrantes de la Comunidad Universitaria. Queremos reafirmar que “El mundo de la educación es un campo privilegiado para promover la inculturación del Evangelio. Sin embargo, los centros educativos católicos y aquéllos que, aun no siendo confesionales, tienen una clara inspiración católica, sólo podrán desarrollar una acción de verdadera evangelización si en todos sus niveles, incluido el universitario, se mantiene con nitidez su orientación católica. Los contenidos del proyecto educativo deben hacer referencia constante a Jesucristo y a su mensaje, tal como lo presenta la Iglesia en su enseñanza dogmática y moral. Sólo así se podrán formar dirigentes auténticamente cristianos en los diversos campos de la actividad humana y de la sociedad, especialmente en la política, la economía, la ciencia, el arte y la reflexión filosófica. En este sentido, « es esencial que la Universidad Católica sea, a la vez, verdadera y realmente ambas cosas: Universidad y Católica. [...] La índole católica es un elemento constitutivo de la Universidad en cuanto institución y no una mera decisión de los individuos que dirigen la Universidad en un tiempo concreto ». 25 , de allí nuestra especial preocupación por hacer este aporte a la serena reflexión, en torno 25 Juan Pablo II (1999): Ecclesia in America “Evangelizar los Centros Educativos”. 71

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