Una hora con jesús

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Una hora con jesús

  1. 1. UNA HORA CON JESÚS(Dictada a María Valtorta)14 de junio de 1944.Hora santa de Jesús. I.“Si no te lavare no tendrás parte en mi Reino”.Alma que amo, y vosotros todos que amo, oídme. Soy Yo quien os habla,porque quiero pasar con vosotros esta hora.Yo, Jesús, no os alejo de mi altar aunque a él vengáis con el alma maltrechapor plagas y enfermedades, o envuelta en lianas de pasiones que anonadanvuestra libertad espiritual, entregándoos atados en poder de la carne y de surey: Lucifer.Yo continúo siendo Jesús, el Rabí de Galilea, aquel a quien los leprosos,los paralíticos, los ciegos, los endemoniados, los epilépticos llamaban agritos diciendo: “Hijo de David, ten piedad de mí”. Yo continúo siendoJesús, el Rabí que tiende la mano a quien se ahoga y le dice: “¿Por quédudas de Mí?”. Yo sigo siendo Jesús, el Rabí que dice a los muertos:“Álzate y vive. Lo quiero. Sal de tu sueño de muerte, de tu sepulcro, ycamina” y os devuelvo a quien os ama.¿Y quién os ama, oh dilectos míos? ¿Quién os ama con amor verdadero, noegoísta, no inconstante? ¿Quién os ama con un amor no interesado niavaro, sino cuya única meta sea la de daros lo que ha acumulado paravosotros y deciros: “Toma. Todo es tuyo. Todo esto lo he hecho por ti, paraque sea tuyo y lo disfrutes”? ¿Quién? El Dios eterno. Y Yo os devuelvo aÉl. A Él que os ama.No os alejo de mi altar. Porque este altar es mi cátedra, es mi trono, es lamorada del Médico que cura todo mal. Desde aquí os enseño a tener fe.Desde aquí, Rey de Vida, os doy la Vida. Desde aquí me inclino sobrevuestras enfermedades y las sano con mi soplo de amor.Y aún hago más, ¡oh hijos! Desciendo de este altar y os salgo al encuentro.Heme aquí que me asomo al umbral de estas casas mías, en las quedemasiados pocos son los que entran y menos aún los que entran con fesegura. Heme aquí que, figura de paz, me asomo a vuestros caminos por los
  2. 2. que pasáis abatidos, amargados, abrasados por el dolor, por los intereses,por el odio. Heme aquí, que os tiendo las manos, porque os veo vacilarcansados bajo el peso de enormes piedras que os habéis impuesto y que hanusurpado el lugar de aquella cruz que había puesto en vuestras manos paraque fuera vuestro apoyo, como lo es el cayado para el peregrino. Os digo:“Entra. Descansa. Bebe”, porque os veo exhaustos, sedientos.Pero vosotros no me veis. Pasáis junto a Mí, me empujáis, a veces por malavoluntad, otras porque vuestra vista espiritual está ofuscada, a veces memiráis. Pero sabéis que estáis sucios y no osáis acercaros a mi candor deHostia divina. Mas este Candor sabe compadeceros. Conocedme, hombres,que desconfiáis de Mí porque no me conocéis.Oíd. He querido dejar la Libertad y la Pureza que son la atmósfera delCielo y descender a vuestra cárcel, con este aire impuro, para ayudaros,porque os amo. Y aún he hecho más: me he privado de mi libertad de Diosy me he hecho esclavo de una carne. El Espíritu de Dios encerrado en unacarne, la Infinidad aprisionada por un puñado de músculos y de huesos,sujeta a sentir las voces de esta carne que padece el frío y el sol, el hambre,la sed y el cansancio. Podía ignorarlo todo. He querido conocer las torturasdel hombre caído de su trono de inocente para amaros todavía más.Y aún no me he conformado con esto. He querido –porque paracompadecer hay que padecer lo que padece aquel a quien se compadece–he querido sentir el asalto de todos los sentimientos para sentir vuestrasluchas, para entender cuán astuta que es la tiranía que Satanás os pone en lasangre, para entender qué fácil es quedarse hipnotizados por la serpiente sitan sólo por un momento se bajan los ojos sobre su mirada fascinadora,olvidando que se vive en la luz. Porque la serpiente no vive en la luz. Va alos escondrijos sombríos que aparecen sosegados y en cambio sonengañosos. Para vosotros estas sombras tienen nombre: mujer, dinero,poder, egoísmo, sentido, ambición. Os eclipsan la Luz que es Dios. Enmedio de ellas está la Serpiente: Satanás. Parece un collar. Es la cuerdapara vuestra estrangulación. He querido conocer esto porque os amo.No me ha bastado aún. A Mí me hubiera bastado. Pero la Justicia del Padrepodía decir a su Carne: “Tú has triunfado contra la insidia. Sin embargo, elhombre–carne como Tú no sabe triunfar, que sea castigado por ello porqueYo no puedo perdonar a quien está inmundo”. He tomado sobre Mívuestros oprobios. Los pasados, los de este momento y los futuros. Todos.Aún más que Job para encubrir sus llagas, estuve sumergido en unestercolero cuando, hundido por el pecado de todo un mundo, no osaba nitan siquiera alzar los ojos para buscar el Cielo, y gemía sintiendo pesarsobre Mí la cólera del Padre acumulada durante siglos, consciente de las
  3. 3. culpas que preveía. Un diluvio de culpas sobre la Tierra, desde su amanecerhasta su noche. Un diluvio de maldiciones sobre el Culpable. Sobre laHostia del Pecado.¡Oh hombres! Yo era más inocente que el niño que la madre besa cuandovuelve del bautismo. Y de Mí se horrorizó el Altísimo porque era elPecado, porque había tomado sobre Mí todo el pecado del mundo. Hesudado de repugnancia. He sudado sangre por la repugnancia ante estalepra en Mí, Yo que era el Inocente. La sangre me ha roto las venas por elasco ante el fétido charco en el que estaba sumergido. Y para completaresta tortura, a este exprimirse la sangre de mi corazón, se ha unido laamargura de estar maldecido, porque en aquel momento no era el Verbo deDios: era el Hombre. El Hombre. El Culpable.¿Acaso puedo, Yo que lo he padecido, no comprender vuestro abatimientoy no amaros porque estáis abatidos? Por eso os amo. No tengo más querecordar aquel momento para amaros y llamaros: “¡Hermanos!”. Pero elllamaros así no es suficiente para que el Padre pueda llamaros: “Hijos”. YYo quiero que os llame así. ¿Qué hermano sería si no os quisiera conmigoen la Casa paterna?Entonces, pues, os digo: “Venid, que Yo os lave”. Nadie está tansumamente sucio que no le limpie mi baño. Nadie es tan puro que no lonecesite. Venid. Esto no es agua. Hay fuentes milagrosas que sanan lasllagas y las enfermedades de la carne, pero ésta es más que ésas. Estafuente mana de mi pecho.He aquí el Corazón desgarrado del que brota el agua que lava. Mi Sangre esel agua más cristalina que exista en lo creado. En ella se anulanenfermedades e imperfecciones. Y vuelve vuestra alma blanca e íntegra,digna del Reino.Venid. Dejad que Yo os diga: “¡Yo te absuelvo!”. Abridme vuestrocorazón. En él se encuentran las raíces de vuestros males. Dejad que Yoentre. Dejad que Yo desate vuestras vendas. ¿Os repugnan vuestras llagas?Vistas bajo mi luz osaparecen lo que son: hormigueros de gusanos inmundos. No las miréis.Mirad las mías. Dejadme hacer. Tengo la mano ligera. No sentiréis más queuna caricia... y todo quedará curado. No sentiréis más que un beso y unalágrima. Y todo quedará limpio.¡Oh, qué hermosos estaréis entonces alrededor de mi altar! Ángeles entrelos ángeles del sagrario. Y mi Corazón tendrá una alegría inmensa. Porque
  4. 4. soy el Salvador y no desprecio a nadie. Pero también soy el Cordero quepace entre los lirios, y me complazco cuando estoy circundado de candorporque he tomado la vida y la he dado para haceros cándidos.¡Oh cómo veo a mi Padre sonreíros y al Amor fulguraros con sus fulgores,porque ya no estáis manchados de pecado!Venid a la fuente del Salvador. Que mi Sangre descienda sobre el ánimocontrito y una voz, en la que está la mía, diga: “Yo te absuelvo en elnombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.II.“Uno de vosotros me traicionará.¡Uno de vosotros! Sí, en la proporción de uno a doce, uno de vosotros metraiciona.Cada traición es más dolorosa que una lanzada. Mirad la Humanidad devuestro Redentor: desde la cabeza hasta los pies es toda una herida. Laflagelación hace horrorizar a quien la medita y agonizar a quien la padece.Fue un dolor atroz, pero duró una hora. Vosotros, que me traicionáis, meflageláis el Corazón, y lo hacéis desde hace siglos.Yo os he amado, Yo os amo y os compadezco; Yo os perdono, Yo os lavoquitándome la Sangre para daros un baño purificador, y vosotros metraicionáis.Soy el Verbo de Dios, estoy glorioso en el Cielo; pero en este Cielo noestoy sólo como Espíritu, sino también como Carne. La carne tienesentimientos y afectos ¿por qué queréis renovarme continuamente esefuego corrosivo que es la cercanía de un traidor? ¿Está lejos el Cielo? No,hijos que me traicionáis, Yo estoy cerca de vosotros, estoy entre vosotros, yvosotros me quemáis con la llama de vuestro traicionar.Miro, buscando un consuelo, entre las distintas clases de personas y encada una encuentro miradas y miradas de traidores ¿por qué me traicionáis?Yo estoy entre vosotros para haceros el bien ¿por qué queréis hacermedaño? Yo os traigo mis dones ¿por qué me lanzáis víboras mordaces? Yoos llamo “amigos” ¿por qué vosotros me respondéis: “Maldito”? ¿Qué oshe hecho? ¿Qué hombre conocéis que sea más paciente y más bueno queYo?
  5. 5. Mirad. Cuando sois felices nadie os abandona, pero si lloráis, si la riquezaos abandona, si una enfermedad os hace contagiosos, es entonces cuandotodos se alejan de vosotros. Yo permanezco. Más aún os acojoprecisamente entonces, porque es cuando venís. Ya no tenéis a nadie conquien llorar y hablar, y entonces os acordáis de Mí, y Yo no os digo: “Veteque no te conozco”. Podría decirlo porque de hecho mientras que eraisricos, sanos y felices nunca habéis venido a decirme: “Lo soy y te loagradezco”.Pero no, ni siquiera pretendo esto de quien aún no es un gigante de amor.Las “gracias” no las pretendo. Me conformaría con que me dijerais: “Soyfeliz”. Decídmelo. No me consideréis un extraño. Acordaros de que Yotambién estoy aquí y dedicad un pensamiento a este Jesús. Las “gracias” lasdiré Yo por vosotros a Dios: Padre mío y vuestro. En cambio nunca venís.Y podría decir: “No os conozco”. En cambio, heme aquí que os abro losbrazos y digo: “Ven, que lloramos juntos”.Mirad. Estoy en las cárceles, en las celdas pequeñas y viles, sentado a lamisma mesa que el presidiario, y le hablo de una libertad más verdaderaque esa que está más allá de las cuatro paredes, de una libertad que ya noteme el ser herida por culpas que deben ser castigadas. Y sin embargo,aquel encarcelado es uno que me ha traicionado, ofendiendo mi ley deamor. Quizás ha matado, quizás ha robado, pero ahora me llama y hemeaquí con él. El mundo le desprecia, Yo le amo. He llamado “amigo” aquien me mataba y me arrancaba de la vida. Puedo llamar “amigo” a esteinfeliz que vuelve a Mí.Estoy, llama de amor, cerca de los enfermos. Sus fiebres conocen miscaricias, su sudor mi sudario, sus languideceros mi brazo que les sostiene,sus angustias mi palabra. No obstante, muchos están enfermos por habermetraicionado, traicionando mi ley. Han servido a la carne y la carne, fieraenloquecida, se ha extraviado y les pierde, ahora, también en la vida. Y detodas formas, Yo soy el único que no me canso de su mal y velo con ellos,y sonrío ante sus esperanzas y, en cuanto que el Padre lo permite, lastransformo en realidad. Mas si veo que el decreto es de muerte, entoncestomo a este hermano que tiembla ante el misterio de la muerte y que mellama, y le digo: “No temas. Crees que sea tiniebla: es luz. Crees que seadolor: es alegría. Dame tu mano, conozco la muerte, la conocí antes que tú.Sé que es un instante en el que Dios auxilia sobrenaturalmente, para mitigarlos sentidos y evitar que el alma se abata en la lucha final. Fíate. Mírame.Sólo a Mí... ¡Ya está! ¿ves? has atravesado el umbral. Ven conmigo, ahora,al Padre. No temas tampoco en este momento. Yo estoy contigo, y el Padreama a quien amo”.
  6. 6. Estoy en las casas desiertas. Antes había voces alegres. Ha pasado lamuerte o la miseria. El superviviente vaga solo. Los amigos huyeron. Losamados, lejos por trabajo o por la muerte. Hay sol en el cielo, pero para elsuperviviente todo es tiniebla. Hay paz en el aire de la noche, pero para elsuperviviente no hay descanso. Y sin embargo muchas veces se me hatraicionado en esa casa, deificando a las criaturas. Se ha amadoidólatramente a las criaturas traicionando mi ley. Pero Yo entro, y voy aponer un rayo en las tinieblas, a infundir paz donde hay tempestad. Aquelsuperviviente me ha llamado... quizás distraídamente, quizás sin unaauténtica voluntad de tenerme, pero Yo voy sin tardar.¡Oh! sólo pido estar con vosotros. Todo recuerdo de los errores pasados sedesvanece cuando me llamáis: “¡Jesús!”.Pero no flageléis mi Corazón. Ya está abierto y desangrado. No irritéis suherida. Y a quienes me han entendido en mi dolor de traicionado, digo:“Uno de vosotros me traicionará. Dadme vuestro fiel amor como bálsamo”.Y lo digo a todos: a los santos, mis predilectos como Dios; a los pecadores,mis predilectos como Jesús. Porque también los pecadores, por quienes mehice Jesús, pueden curarme esta herida.¿Sois samaritanos? Ya lo sé, pero mi parábola habla de un samaritanobueno que cura las heridas que no fueron curadas por los hijos de la ley quepasaron de largo, absortos por las prisas de servir a Dios. No saben que aDios se le sirve más amando que cumpliendo preceptos.Yo soy el Herido que languidece en vuestros caminos. Los salteadores mehan asaltado y desnudado. Los salteadores: los que indignamente seaprovechan de mi sacrificio de Dios que se hace carne. Me desnudan:negando mis atributos con sus múltiples herejías. Desnudan a la Verdad, lesapetece ese ropaje porque es resplandeciente. Pero no saben queresplandece porque lo lleva puesto quien es Sol, y que en sus manos, que locubren con las babas de sus mentes soberbias, se convierte en un trapocualquiera.La Verdad es verdad, y con esta luz se ilumina todo cuando se ve unido aDios. Separada, se convierte en lenguaje babélico. Porque la Verdad esCiencia y Sabiduría, pero desarraigada de Dios se convierte en caos.Curadme vosotros, aunque seáis samaritanos. Dadme vuestro aceite yvuestro vino: el aceite, el amor; el vino, la contrición de vuestro yo.Medicadme, no os desdeño. Que la pecadora que refresca mis piescansados os hable, y diga si desprecio al pecador.
  7. 7. Pero no me traicionéis nunca más. Id y no pecad más. Todo os lo perdonosi todo en vosotros me ama. Dadme un beso sincero. Mi mejilla arde por elbeso de los traidores. Curadla con el beso de la fidelidad.III.“Amaos los unos a los otros como Yo os he amado”.Desde la cuna hasta la cruz. Desde Belén hasta el monte de los Olivos, oshe amado.El frío y la miseria de mi primera noche en el mundo no me han impedidoamaros con mi espíritu y, anonadadamente hasta no poder deciros, Yo–Verbo: “os amo”, os he dicho aquellas palabras con mi espíritu, inseparabledel espíritu del Padre y con Él operante en una actividad inextinguible.La agonía de mi última noche en la Tierra no me impidió amaros. Alcontrario, ha tocado las más altas cumbres del amor, ha ardido en elincendio más vivo, ha consumado todo lo que no era amor hasta exprimir,junto con la repulsión por el pecado y el dolor por el abandono paterno, lasangre de mis venas.¿Qué amor hay más grande que el de aquel que sabe amar sabiéndoseodiado? Yo os he amado así.El primer gesto de mis manos, una caricia; el último, una bendición. Yentre estos dos gestos, nacido el primero en la oscuridad de una noche deinvierno, el último en el resplandor de una abrasadora mañana de verano,treinta y tres años de gestos de amor, que respondían a otros tantosmovimientos de amor. Amor de milagros, amor de caricias a los niños y alos amigos, amor de maestro, amor de benefactor, amor de amigo, amor,amor, amor...Y amor más que humano en la última Cena. Antes de que fueran atadas ytraspasadas, estas manos mías han lavado los pies de los apóstoles inclusode aquel al que habría querido lavar el corazón, y han partido el pan. Y merompía el Corazón con aquel pan. Ése os daba. porque sabía cercano miregreso al Cielo y no quería dejaros solos. Porque sabía qué fácil os esolvidaros y quería que os vierais, hermanos sentados a una única mesa,alrededor de mi mesa, para deciros el uno al otro: “Somos de Jesús”.¿Qué amor más grande que el de aquel que sabe amar a quien le tortura?Con todo, Yo os he amado así, y he sabido pedir por vosotros mientras quemoría.
  8. 8. Amaos como Yo os he amado. El odio extingue la luz, e incluso el simplerencor ofusca la paz. Dios es paz, es luz, porque Dios es amor, pero si noamáis, y amáis como Yo os he amado, no podréis tener a Dios.Como Yo os he amado. Por eso sin soberbias. De este sagrario, de esta cruz,de este Corazón sólo salen palabras de humildad.Soy Dios y soy vuestro Siervo, y estoy aquí en espera de que me digáis:“Tengo hambre” para darme a vosotros hecho Pan. Soy Dios y me expongoa vuestros ojos sobre el madero, que era un patíbulo infame, desnudo ymaldito. Soy Dios y os ruego que améis mi Corazón. Os lo ruego. Porqueos amo, porque si me amáis os hacéis el bien a vosotros mismos. Yo soyDios, con o sin vuestro amor sigo siendo Dios, pero vosotros no. Sin miamor no sois nada: polvo.Os quiero conmigo. Os quiero aquí. Quiero con vuestro polvo hacer una luzde bienaventuranza. Quiero que no muráis, sino que viváis, porque Yo soyla Vida y quiero que vosotros tengáis la Vida.Amaos sin egoísmo. Sería un amor impuro, destinado a morir porenfermedad. Amaos queriendo para los demás mayor bien del que deseáispara vosotros mismos. Es muy difícil, lo sé, pero ¿veis este Paneucarístico? Ha forjado mártires. Eran criaturas como vosotros: miedosas,débiles, hasta viciosas. Este Pan les ha convertido en héroes.En el primer punto os he indicado mi Sangre para vuestra purificación. Enel tercer punto os indico esta Mesa y este Pan para santificaros. La Sangre,de pecadores os ha hecho justos; el Pan, de justos os hace santos. Un bañolimpia pero no nutre; refresca, repone, pero no se hace carne de la carne. Lacomida, en cambio, se hace sangre y carne, se hace parte de vosotrosmismos. Mi Comida se hace parte de vosotros mismos.¡Oh! ¡pensad! Mirad a un niño pequeño. Hoy come su pan y mañana denuevo y también pasado mañana, y el otro, y el otro. Entonces se hacehombre: alto, robusto, hermoso. ¿Su madre lo hizo así? No, su madre lo haconcebido, llevado en su seno, dado a luz, criado y amado, amado, amado.Pero el pequeño hubiera perecido de inanición, si tras la leche no hubieratenido más que baños, besos y amor. Este pequeño se hace hombre porquetoma comida para adultos. Aquel hombre lo es porque toma su alimentocotidiano.Lo mismo sucede con vuestro yo espiritual. Nutridlo con el Alimentoverdadero que desciende del Cielo y que desde el Cielo os trae todas lasenergías para haceros viriles en la Gracia. La virilidad sana y fuerte
  9. 9. siempre es buena. Mirad cómo es más fácil ver a un enfermizo ser áspero ysin compasión ni paciencia. Mi Alimento os hará sanos y fuertes en lavirilidad del espíritu y sabréis amar a los demás más que a vosotrosmismos, como Yo os he amado.Porque, mirad, hijos, Yo os he amado no como uno se ama a sí mismo sinomás que a Mí mismo. Tanto es así que me he dispuesto a la muerte parasalvaros a vosotros de la muerte. Si amáis así conoceréis a Dios.¿Sabéis qué quiere decir conocer a Dios? Quiere decir conocer el gusto dela verdadera Alegría, de la verdadera Paz, de la verdadera Amistad. ¡Oh!¡la Amistad, la Paz, la Alegría de Dios! Es el premio prometido a losbienaventurados, pero ya se le da a quien, en la Tierra, ama con todo su ser.El amor, para ser verdadero, no lo es de palabras, es de hechos, activo,como su fuente que es Dios. Nunca se cansa de obrar ni siquiera por lasdecepciones que dan los hermanos. Pobre de aquel amor que cae como unpájaro de débiles alas cuando un obstáculo le hiere.El verdadero amor, aún herido, sube. Si no puede volar, trepa con las uñasy con el pico para no yacer en la sombra y en el hielo, para estar en el sol,medicina de todo mal. Y en cuanto está restablecido vuelve a volar. Y vade Dios a los hermanos y de éstos a Dios, mariposa angélica que lleva elpolen de los jardines celestiales para fecundar las flores terrestres, y lleva aDios los perfumes raptados de las flores más humildes, para que los acoja ylos bendiga.Pero ¡ay de ella si se aleja del sol! El Sol es mi Eucaristía, porque en Ellaestá bendiciendo el Padre y amante el Espíritu, mientras que Yo, el Verbo,obro.Venid y tomad. Éste es mi Alimento que ardientemente pido que seaconsumado por vosotros.IV.“Si permanecéis en Mí y mi doctrina permanece en vosotros, se os darácuanto pidáis”.Desciendo en vosotros y me hago vuestro alimento. Pero, como Centro quesoy, hacia Mí os aspiro. Vosotros os nutrís de Mí, pero con mayor razón Yome nutro de vosotros. Ambas hambres son insaciables y continuas. La vid
  10. 10. nutre a sus sarmientos, pero son los sarmientos los que hacen la vid. Elagua nutre los mares pero son los mares los que nutren el agua, volviendo asubir en evaporaciones para descender de nuevo. Por eso tenéis quepermanecer en Mí como Yo en vosotros. Separados, no Yo sino vosotrosmoriríais.Yo soy alimento para el espíritu y alimento para el pensamiento. El espírituse nutre de la Carne de un Dios. Esencia efundida por Dios, sólo puederecibir su alimento de lo que es su matriz. El pensamiento se nutre con miPalabra que es el Pensamiento de un Dios.¡Vuestro pensamiento! la inteligencia es la que os hace semejantes a Dios,porque en la inteligencia está la memoria, el intelecto y la voluntad comoen el espíritu está la semejanza por ser espíritu, libre, inmortal.Vuestro pensamiento, para ser capaz de recordar, entender, querer lo que esel bien, tiene que estar nutrido por mi Doctrina. Ésta os recuerda losbeneficios y las obras de Dios, quién es Dios, qué se le debe a Dios. Ésta oshace comprender el bien y discernirlo del mal, os hace desear el bien. Sinmi Doctrina os hacéis esclavos de otras que tienen el nombre de “doctrina”pero que son errores. Y como naves sin brújula ni timón vais a la deriva.Salís de las rutas. ¿Y entonces cómo podéis decir: “Dios me haabandonado” cuando sois vosotros los que le habéis abandonado a Él?Permaneced en Mí. Si no permanecéis en Mí es signo de que me odiáis. Ymi Padre odia a quien me odia, porque quien me odia, odia al Padre, siendoYo uno con el Padre. Permaneced en Mí. Haced que el Padre no puedadistinguir al sarmiento de la vid, en tal modo el sarmiento es uno con ella.Haced que el Padre no pueda ver donde termino Yo y comenzáis vosotros,tan plena es la semejanza. Quien ama acaba tomando inflexiones, dichos ygestos del amado.Yo quiero que vosotros seáis otros Jesús. Y esto porque quiero queobtengáis cuanto pedís –fundidos conmigo sólo podéis pedir cosas buenas–y no tengáis que conocer denegaciones. Y esto porque Yo quiero quetengáis aún más de cuanto pedís, porque el Padre efunde sus tesoros sobresu Hijo en un continuo flujo de amor, y quien está en el Hijo disfruta deesta efusión infinita que es el amor de Dios que se deleita en su Verbo yque circula en Él. Ahora bien, Yo soy el Cuerpo y vosotros los miembros, ypor esto la Alegría que me inunda y viene del Padre, el Poder, la Paz y todaperfección que circula en Mí se os comunica, mis fieles, a vosotros que soisparte inseparable de Mí aquí y allende.
  11. 11. Venid y pedid. No tengáis miedo de pedir. Lo podéis pedir todo porqueDios lo puede dar todo. Pedid por los presentes y por los ausentes, pedidpor los pasados, los presentes, los futuros, pedid por vuestra jornada, y porvuestra eternidad, y por ésta y aquella de quienes amáis.Pedid, pedid, pedid. Por todos. Por los buenos para que Dios les bendiga,por los malvados para que Dios les convierta. Decid conmigo: “Padre,perdónales”. Pedid: la salud, la paz en la familia, la paz en el mundo, la pazpara la eternidad. Pedid la santidad. Sí, también ésta. Dios es el Santo y esel Padre, pedidle, junto con la vida que os mantiene, la santidad a través dela Fuerza que proviene de Él.No tengáis miedo de pedir. El pan de cada día y la bendición cotidiana. Nosois sólo cuerpo, aún no sois todo espíritu. Pedid por éste y por aquél y seos dará.No temáis ser demasiado osados. Yo por vosotros he pedido mi mismagloria, más aún, incluso os la he dado para que seáis semejantes a Nosotrosque os amamos, y el mundo conozca que sois hijos de Dios.Venid. En mi Corazón está vuestro Padre. Entrad, para que Él os puedareconocer y decir: “Que se haga una gran fiesta en el Cielo porque herecobrado a un hijo que amaba”.“Te he complacido” dice Jesús. “He hablado Yo todo el tiempo. He queridoque hablara mi Voz eucarística. Tenedla como mi regalo. Te bendigo y atodos los que la escucharán”.

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