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KARL MARX CRÍTICA AL CAPITALISMO
“¿En qué consiste, entonces, la alienación del trabajo? Primeramente en que el trabajo ...
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la máxima amplitud. La Historia es entendida como un proceso de la realización del Espíritu que, por
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cualidades y defectos de esta dotada raza. Nervioso, según dicen algunos, hasta llegar al límite de la
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“El tercer modo de alienación del trabajo se refiere al ser esencial del hombre, tanto de la naturaleza como de
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Los estudios económicos de Marx se proponen sobre todo captar científicamente las leyes de la forma de
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Karl Marx Crítica al capitalismo

  1. 1. 1 KARL MARX CRÍTICA AL CAPITALISMO “¿En qué consiste, entonces, la alienación del trabajo? Primeramente en que el trabajo es externo al trabajador, es decir, no pertenece a su ser; en que en su trabajo, el trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera de trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo. Su carácter extraño se evidencia claramente en el hecho de que tan pronto como no existe una coacción física o de cualquier otro tipo se huye del trabajo como de la peste. El trabajo externo, el trabajo en que el hombre se enajena, es un trabajo de auto sacrificio, de ascetismo. En último término, para el trabajador se muestra la exterioridad del trabajo en que éste no es suyo, sino de otro, en que no le pertenece; en que cuando está en él no se pertenece a sí mismo, sino a otro. Así como en la religión la actividad propia de la fantasía humana, de la mente y del corazón humanos, actúa sobre el individuo independientemente de él, es decir, como una actividad extraña, divina o diabólica, así también la actividad del trabajador no es su propia actividad, pertenece a otro, es la pérdida de sí mismo.” K. Marx, Manuscritos: Economía y filosofía. Alianza, Madrid, 1986, p. 108. RESUMEN DEL TEXTO 1º) ¿Cuál es el tema del texto? ___________________________________________________________ Señala las ideas más importantes: 1ª) ____________________________________________________________________________________ 2ª) ____________________________________________________________________________________ 3ª)___________________________________________________________________________________ 4ª) ____________________________________________________________________________________ EXPLICACIÓN DE LAS IDEAS 1º)Marx distingue cuatro tipos de alienación. El segundo modo de alienación es la alienación por el acto mismo del trabajo, el trabajador se siente en sí fuera del trabajo y en el trabajo fuera de sí.______________. 2ª) Por el segundo modo de alienación, el trabajador se niega a sí mismo. Es la alienación del acto mismo del trabajo_________________________________________________________________________________. 3ª) El trabajo sólo es un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo______________________. 4ª)De igual modo, el trabajo no le pertenece sino que pertenece a otro. Se advierten los paralelismos con la religión. En la fantasía religiosa, el hombre deposita su fe y confianza en un ser superior que no forma parte de él mismo sino que es una instancia externa. La actividad del trabajador no es su propia actividad, pertenece a otro: _________________________. EXPLICACIÓN DE DOS NOCIONES PRESENTES EN EL TEXTO TRABAJO Y ENAJENACIÓN ENAJENACIÓN El término y el concepto de enajenación aparecen en la literatura alemana con la importación de las teorías del pacto social, Hobbes (justificación de la monarquía absoluta en El Leviatán), Locke (monarquía parlamentaria, democracia, republicanismo), Rousseau (“voluntad general”, republicanismo). Estudiamos con Locke que, al realizar el contrato social, el hombre renuncia a su poder ejecutivo y legislativo que gozaba en el estado de naturaleza para la preservación de su libertad, hacienda, propiedades, en favor del poder de la mayoría.La sociedad, el pacto de gobierno, se torna así en un poder coactivo, basado en la confianza fiduciary power entre gobernantes y gobernados. Según Locke este es el origen del derecho de los gobiernos y de las sociedades mismas. Esta confianza es un “brindis al sol” cuando el Príncipe, el Presidente, la Cámara de Representantes, pierden la confianza que el pueblo ha depositado en ellos. Es por esto que la real política se impone. Maquiavelo escribía en El Príncipe: “El Príncipe que hace lo que debe en lugar de lo que es busca su ruina”. De algún modo, el fin justifica los medios. El hombre no puede vivir fuera de la sociedad organizada políticamente pero que su vida es vida enajenada. En Hegel, esta categoría de la teoría política y social, la enajenación, si se quiere, la negación del estado de naturaleza, se convierte en una categoría metafísica de
  2. 2. 2 la máxima amplitud. La Historia es entendida como un proceso de la realización del Espíritu que, por necesidad interior, se ve forzado a salir fuera de sí, a cobrar forma material en la naturaleza. La objetivación permite el despliegue en el espacio y el tiempo de lo que originariamente es pura idea pero, al mismo tiempo, esa objetivación implica una contaminación del Espíritu por su contrario, la materia, en una forma de enajenación. Esto es la dialéctica. DIALÉCTICA Hegel (1770-1831) concibe la dialéctica con la ley que subyace a la esencia del pensamiento y a la realidad misma. Toda tesis encierra su antítesis y ambas son superadas en la síntesis. Ya hemos estudiado con Kant, que el Mundo como noúmeno, objeto de estudio de la Cosmología Racional, da lugar a antinomias, esto es, un conflicto entre dos juicios dogmáticos ninguno de los cuales se puede defender con más razón que el otro. De este modo, que el mundo es eterno o creado; que la sustancia es simple o compuesta; la antinomia producida por la libertad y el determinismo; o, finalmente, el teísmo o el ateísmo. La Dialéctica muestra las contradicciones, finitud e infinitud son momentos de transición o devenir de un todo, cuya última fase ha dejado atrás las dos anteriores significaciones sin renunciar a su propia significación: “Llamamos dialéctica a aquel movimiento racional superior en el que tales manifestaciones separadas simplemente por sí mismas, en virtud de lo que ellas son, se transforman las unas en las otras. Pues la mediación no es otra cosa que la igualdad de sí mismo moviéndose, o la reflexión en sí mismo. Las posiciones y los fenómenos en la historia no son tampoco para Hegel manifestaciones fortuitas, sino fases necesarias del despliegue de un organismo más rico. La historia pensada, es decir, la historia correctamente interpretada, constituye la re-memoración del espíritu. IDEALISMO En el movimiento dialéctico se fundamenta el idealismo. Platón se vale de sustantivos para explicar las ideas: la idea es figura (eidos), la forma (morfé), el género (genos), esencia (ousía), unidad (monas); también se vale de expresiones pronominales y relacionales como “qué”, “lo que es”, “lo mismo” (lo bello mismo, el caballo mismo), “lo en sí”; también se vale de términos ontológicos: “el existente”, “el ente”; de la sustitución del plural por el singular: el caballo por los caballos, lo bello en contraposición a las cosas bellas, en ser en contraposición a las cosas que son. Bien, En Hegel, la idea es el Espíritu. El Espíritu se conoce a sí mismo como sujeto y como sustancia, esto es, como esencia y como individuo. En esta asimilación encuentra Hegel la identidad entre el pensar y el ser ya que la sustancia es el espíritu que se despliega a sí mismo en tanto que todo autoconsciente. Por lo tanto, Hegel concibe un zeitgeist espíritu de los tiempos que se despliega en el escenario de la historia. Primero son las formas de la experiencia que constituyen la conciencia y, después, son los individuos. El espíritu del 14 de julio de 1789, animó a la Toma de la Bastilla. Hay una teleología intrínseca en el despliegue del Espíritu, el mito del progreso anuncia la felicidad, el progreso como el fin o meta. Pero este despliegue es primero conciencia, forma que se manifiesta en los sujetos concretos que son impelidos a actuar de acuerdo con esta manifestación espiritual. “Únicamente lo espiritual es lo real, es en sí y para sí, esto es, dentro de sí y consigomismo. Con esta descripción orgánica de lo real, Hegel quiere superar el dualismo kantiano entre fenómeno y noúmeno, entre creer y saber. En el movimiento del Espíritu ninguna fase del desarrollo ni ninguna oposición entre contrarios es innecesaria ya que al final deben ser superadas en el todo y sólo conjuntamente pueden expresar la verdad: “La verdad es el todo. El todo, sin embargo, no es más que la esencia que se perfecciona en el desarrollo”. Como introducción a su Sistema de la ciencia, Hegel publicó en 1807, la Fenomenología del Espíritu, cuando todavía no se habían apagado el fuego de los cañones de la batalla de Jena en la que las tropas de Napoleón comandadas por Jean Lannes vencieron a las tropas prusianas comandadas por Friedrich Hohenloe, fue concebida como la primera parte de su sistema. La Fenomenología expone “la ciencia de la experiencia de la conciencia”: “En ella he expuesto la conciencia en movimiento desde la primera e inmediata oposición entre sí misma y el objeto hasta el saber absoluto”. ESPÍRITU ABSOLUTO En 1817 Hegel publica Enciclopedia de las ciencias filosóficas, su construcción si articula en tríadas. Sus partes son Lógica, Filosofía de la naturaleza y Filosofía del espíritu. Ésta última considera las tres fases de la relación del espíritu consigo mismo: como espíritu subjetivo se diferencia de manera triple: en tanto surgiendo de la naturaleza en se determinación inmediata (antropología); en tanto conciencia en oposición a una naturaleza hallada (fenomenología); en tanto que relacionándose con sus propias determinaciones (psicología). Como espíritu objetivo sale de su esfera subjetiva para dar forma, según su voluntad al mundo exterior, entonces se manifiesta en el derecho, en la moralidad y en la eticidad. Como espíritu absoluto, se
  3. 3. 3 constituye en la identidad del autoconocimiento en el arte, en la religión y en la filosofía, y al mismo tiempo, trasciende la independencia de sus figuras fenoménicas finitas. Pero este movimiento dialéctico incesante de las formas del espíritu es imparable. No siquiera en el Berlín de 1820, el Arte, la Religión y la Filosofía permiten al Espíritu su autorrealización. RESPUESTA DE FEUERBACH Ludwig Feuerbach (1804-72), es el más importante de los hegelianos de izquierda, da un giro de 180 grados al concepto de enajenación de Hegel. En La esencia del cristianismo 1841 pretende retrotraer la religión a su fundamento antropológico. Feuerbach considera que en el fondo de la religión hay una hipóstasis de la autoconciencia del hombre como esencia universal, de modo que se proyectan sus cualidades esenciales como ideales infinitos a partir de los cuales se constituyen los dioses. “La conciencia de Dios es la autoconciencia del hombre, el conocimiento de Dios es el autoconocimiento del hombre”. Esta esencia que se proyecta se torna más divina (más ideal), cuanto el hombre más transfiere sobre ella sus cualidades positivas: “Para que Dios se enriquezca el hombre tiene que empobrecerse”. La Filosofía especulativa, es decir, el idealismo alemán, Hegel, ha despojado a la imagen divina de todos sus adornos, reduciéndola a su pura esencia de idea. Con ello, no han hecho sino acentuar la enajenación humana. El hombre real es una incorporación efímera e imperfecta de la Idea que lo transciende y a cuyo culto se debe. Lo que la nueva Filosofía exige es una vuelta a lo individual-concreto. A lo cual no puede llegar el hombre más que renunciando al pensamiento puro. Se requiere una concepción del hombre como un todo, con “cabeza” y con “corazón”. El amor y el sentimiento forman parte de la comprensión de la realidad y son los que elevan lo individual a un “valor absoluto”. Feuerbach presta mucha atención a la sensibilidad, la realidad se transmite a través de los sentidos. “Verdad, realidad y sensibilidad son idénticas”. El objeto se da a conocer en la percepción sensorial y Feuerbach insiste en que “El ser de una cosa o del hombre se determina por su objeto, al igual que la luz es lo constitutivo del ojo”. RESPUESTA DE MARX Marx difiere tanto de Hegel como de Feuerbach. Frente a Hegel, Marx ha de negar la identificación de enajenación y objetivación. El hombre “Como ser natural, corpóreo, sensible, objetivo, es como el animal y la planta un ser paciente, condicionado, limitado, cuyos impulsos apuntan hacia objetos que están fuera de él indispensables y esenciales para el ejercicio y afirmación de sus fuerzas esenciales”. Al atribuir al hombre una esencia exclusivamente espiritual, Hegel salta por encima de la realidad sensible y afirma que la conciencia sólo se tiene por objeto a sí misma, “esto implica que el hombre autoconsciente, que ha reconocido y superado como autoenajenación el mundo espiritual, lo confirma, sin embargo, nuevamente en esta forma enajenada y la presenta como su verdadera existencia, la restaura, pretende estar junto a sí en su ser otro en cuanto tal… Aquí está la raíz del falso positivismo de Hegel o de su solo aparente criticismo”. Esta es la necesaria conclusión de Hegel. La crítica a la imperfección se resuelve al afirmar la imperfección como necesaria. Sin embargo, Marx concibe al hombre como producto de su trabajo. El hombre se va creando a sí mismo a lo largo de la Historia. La esencia humana es el resultado de un conflicto que se manifiesta en términos económicos entre los medios de producción. La esencia está subordinada a la existencia. Marx le da la vuelta al guante hegeliano. El Espíritu echa a andar. MANUSCRITOS ECONÓMICO FILOSÓFICOS ORIGEN El escenario de los Manuscritos Económico-filosóficos es París. Allí no sólo existe la industria moderna sino también sus miserias. París es el principal punto de reunión de los activistas proletarios. La ciencia moderna es la Economía Política, la ciencia de la producción y la distribución de la riqueza y de la miseria, Marx descubre esta ciencia en París y de esta fuente surgen los Manuscritos. El hecho de que Marx no intentase nunca su publicación es una prueba de su importancia. A los veintiséis años constituyen un programa de su trabajo posterior. Los Manuscritos permanecieron olvidados durante más de ochenta años y también menospreciados pero en ellos encontramos al Marx auténtico. Hay una unidad de pensamiento y acción y la superación de la alienación del hombre por medio de la revolución social y la transición al comunismo, todo esto resulta de la fusión ideológica del hegelianismo de izquierdas y el movimiento socialista que Marx contactó por primera vez en París. Marx se dedicó al estudio de los economistas clásicos ingleses, Adam Smith y David Ricardo y entabló gran amistad con socialistas alemanes exiliados y con los socialistas franceses Proudhon y Louis Blanc, además de mantener una relación amistosa con el ruso Bakunin. Este es el retrato que Bakunin dejó de Marx: “El señor Marx es de origen judío. Combina en su persona todas las
  4. 4. 4 cualidades y defectos de esta dotada raza. Nervioso, según dicen algunos, hasta llegar al límite de la cobardía, es inmensamente malicioso, vanidoso, pendenciero, tan intolerante y autocrático como Jehová, el Dios de sus padres y, como Él, insanamente vengativo. No hay mentira ni calumnia que no sea capaz de emplear contra cualquiera que le haya inspirado celos y odio; no se detendrá ni ante la intriga más baja si, en su opinión, ha de servir para consolidar su posición, su influencia y su poder. Tales son sus vicios, pero también tiene muchas virtudes. Es muy hábil y posee vastos conocimientos. Alrededor de 1840 era el alma de un notabilísimo círculo de hegelianos radicales, alemanes cuyo sólido cinismo dejaba atrás hasta a los más rabiosos nihilistas rusos. Muy pocos hombres han leído tanto como y, puede añadirse, tan inteligentemente como él… Como el señor Louis Blanc, es una fanático autoritario –y por triple partida: como judío, como alemán y como hegeliano-, pero allí donde el primero, en lugar de argumentos, se vale de una retórica declamatoria, el último conviene a un erudito y reflexivo alemán, ha embellecido este principio con todos los ardides y fantasías de la dialéctica hegeliana y con toda la riqueza de su variadísimo saber”. Los Manuscritos Económico-Filosóficos aparecieron en 1932, se trata de elaboraciones fragmentarias, tomadas del legado póstumo, en las que Marx une la crítica a la economía política con exposiciones antropológicas o filosóficas sobre la naturaleza y esencia del hombre y del trabajo humano. La lectura de los Manuscritos suscita bastantes problemas debido a la forma en que los mismos fueron escritos: folios divididos por líneas verticales en tres columnas iguales en cada una de las cuales se desarrolla un tema distinto. TEMAS DE LOS MANUSCRITOS ECONÓMICO-FILOSÓFICOS En el Primer Manuscrito, el autor analiza los conceptos acuñados ya en la economía política de salario, beneficio, capital y renta del suelo. A tenor de lo expuesto por Marx, la economía considera al trabajador solamente como un trabajador y no como un hombre; en consecuencia, determina la cantidad del salario según las necesidades que requiere la existencia del trabajador y no según lo que se requiere para la existencia del hombre. Las oscilaciones a las que está expuesto el salario así determinado, de acuerdo con la ley expuesta por la economía política, lo rebajan por debajo del mínimo necesario para la existencia del hombre. De ahí saca Marx la consecuencia de que “de la esencia del trabajo actual” emana el empobrecimiento y, en definitiva, la miseria del trabajador; tal como afirma Adam Smith, el fin de la economía no es la felicidad, sino la “infelicidad de la sociedad”. El dominio sobre el trabajo que conduce a la miseria corresponde al capital. Según Marx, su “valorización” por parte del capitalista está determinada exclusivamente por el motivo del beneficio. Ahora bien, con el beneficio de ninguna manera aumenta el bienestar general de la sociedad y, por tanto, la valorización del capital, que tiende al aumento del beneficio, de ninguna manera debe equipararse con el interés de la sociedad en su conjunto. Esto se manifiesta también en la destrucción del pequeño capital y en la proletarización de sus propietarios en la competencia con el capital mayor, es decir, con la acumulación del capital. Tampoco la posesión del suelo puede sustraerse al dominio del capital, tal como muestra Marx en el análisis de la renta del suelo. Por eso, la “plácida” forma de dominio del propietario del suelo ha de desenmascararse como una apariencia. El primer Manuscrito aborda el tema de la alienación. LA ALIENACIÓN DEL HOMBRE EN LA SOCIEDAD CAPITALISTA CUATRO MODOS Marx enfoca el “hecho actual” del trabajo y pone de manifiesto bajo diversos aspectos la alienación como su rasgo fundamental. Marx distingue cuatro modos o aspectos de alienación del hombre y del trabajo: 1º) El primer modo tiene que ver con el producto del trabajo en cuanto trabajo alienado. El producto del trabajo es el trabajo objetivado en un objeto que se ha hecho material. Pero este producto no le pertenece. El producto del trabajo, transformado en capital, se convierte en un instrumento de transformación de su fuerza de trabajo. El trabajo que produce cosas tan maravillosas, para los mismos trabajadores sólo produce privación. “Produce palacios pero para el obrero tugurios. Produce belleza pero para el obrero deformidad”. SEGUNDO El segundo modo de alienación es con relación al acto mismo de producción. “En su trabajo el obrero no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física e intelectual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso, el obrero no se siente libre sino cuando está fuera del trabajo y en el trabajo se siente fuera de sí. Su trabajo no es voluntario sino obligado, forzado. No es la satisfacción de una necesidad sino sólo un medio para satisfacer las necesidades de fuera del trabajo”. Finalmente, el carácter externo del trabajo respecto al trabajador “aparece en el hecho de que no es suyo, sino de otra persona; que le pertenece; que él no se pertenece a sí mismo, sino a otro”.
  5. 5. 5 TERCERO “El tercer modo de alienación del trabajo se refiere al ser esencial del hombre, tanto de la naturaleza como de la especie humana. El trabajo alienado trastoca esta doble relación al destruir la unidad del hombre. Primero separa la vida de la especie y la individual y después hace de la vida individual en su abstracción el propósito de vida de la especie. CUARTO Finalmente, el cuarto y último modo de alienación del trabajo pone de manifiesto la relación de los hombres entre sí. El trabajo alienado no sólo separa al hombre del producto de su trabajo, de su mismo trabajo, de su propio ser esencial respecto de la naturaleza y de la especie humana sino también de los otros hombres. En el mundo burgués el “otro” aparece por encima del hombre, como un poder extraño y hostil. La relación humana del hombre con el hombre se ha roto y como resultado surgen dos clases que se enfrentan entre sí: el trabajador y el no trabajador. Ambos están alienados de modo inverso: lo que en el obrero aparece como actividad de alienación, aparece en el no obrero como estado de alienación. EL TERCER MANUSCRITO En el Tercer Manuscrito, concluye que el régimen de la propiedad privada es la causa de todos los males que aquejan al hombre real. En régimen de propiedad, el hombre no se posee a sí mismo: su vida es propiedad de otro. La propiedad es el alma de la alienación socioeconómica y la raíz de la que brotan todas las restantes alienaciones. “La supresión de la propiedad positiva de la propiedad privada en tanto que apropiación de la vida humana es, pues, la supresión positiva de toda alienación, es decir, el retorno del hombre a sí mismo, el cual, abandonado de la religión, el Estado, etc. vuelve a encontrar su existencia humana, es decir, social”. Marx ha encontrado en la supresión de la propiedad privada el mecanismo de supresión de toda alienación ¿cómo y quién ha de llevar a cabo esta supresión? Aquí encuentra su lugar el proletariado. Como ya había apuntado en las Contribuciones a la crítica del derecho de Hegel, las revoluciones necesitan de un elemento pasivo, de una “base material” que sea capaz de convertirse en un “sujeto activo” de la nueva historia. Esta función está reservada al obrero alienado. ¿Dónde reside la posibilidad positiva de la emancipación humana? En el proletariado. Los dos factores que constituyen el marxismo se han encontrado. “La cabeza de la emancipación es la filosofía y su corazón el proletariado (…) Así como la filosofía encuentra en el proletariado sus armas materiales, el proletariado encuentra en la filosofía sus armas intelectuales”. La concepción marxista de la alienación y de su supresión tiene la coherencia de un círculo. La alienación se suprime en la sociedad comunista que constituye la meta de todo proceso. En ella, el individuo coincide con el conjunto de relaciones sociales y alcanza su ser genérico. El hombre se ha reconciliado con la naturaleza y con los otros hombres ya que la realidad social con la que se identifica es la naturaleza transformada en trabajo de todos y convertida en medio de satisfacción de las necesidades de todos. Y, en consecuencia, ya no hay lugar para la esfera privada que se oponga a su ser genérico-social; ya no hay un lugar de oposición entre el ciudadano y el Estado y el miembro de la sociedad civil, ni entre el pensamiento y la realidad, ni entre la existencia religiosa y la social. El círculo se ha cerrado y el final coincide con el principio. La edición de los tratados expuestos abrió por lo menos la posibilidad de cuestionar la anterior separación entre un filosófico Marx temprano y un económico Marx posterior. Estos trabajos fueron fundamentales para el marxismo occidental, llamado no dogmático, así para H. Marcuse y Lukács. En ello se concede especial importancia al concepto de alienación. LA AMISTAD CON ENGELS De 1844 data la amistad con Engels, quién llegó a París en 1844, procedente de Inglaterra. Friedrich Engels (1820-1895) es hijo de un próspero industrial, se encargó, desde muy joven, del negocio de su padre. En 1841, año en que cumplió el servicio militar en Berlín, se asoció al círculo de Bruno Bauer y adoptó la ideología hegeliana. La lectura de las obras de Feuerbach le llevó a apartarse del idealismo para seguir el camino del materialismo. En 1842, se trasladó a Manchester por razones empresariales. Allí comenzó a interesarse por los socialistas ingleses. En Manchester escribió La situación de la clase obrera en Inglaterra, publicado en Alemania en 1845. Escribía artículos y colaboraba en la redacción de los Deutsch-französische Jarbücher, publicando en dicha revista su Estudio crítico sobre la economía política. LA SAGRADA FAMILIA Resultado inmediato del encuentro con Marx es La Sagrada Familia en 1845, obra dirigida contra el idealismo de Bruno Bauer y asociados. Oponiéndose a la importancia del idealismo concedida al pensamiento y a la
  6. 6. 6 conciencia, Marx y Engels sostienen que las formas de Estado, ley, religión y moral, están determinadas por las etapas de la lucha de clases. LA IDEOLOGÍA ALEMANA A principios de 1845, Marx expulsado de Francia, se trasladó a Bruselas, donde escribió once tesis contra Feuerbach que finalizan en la famosa sentencia: los filósofos se han dedicado hasta hoy a intentar llegar a una comprensión del mundo pero lo que el mundo exige es su transformación. Cuando Engels encontró a Marx en Bruselas, escribieron en colaboración La ideología alemana, obra que se publicó por primera vez en 1932. La obra es un estudio crítico sobre la filosofía alemana contemporánea representada por Feuerbach, Bauer, Stirner y los socialistas alemanes. El punto clave es la concepción materialista de la historia. La realidad fundamental de la historia es el hombre social y su actividad en la naturaleza. Esta actividad que realiza el hombre es su propia vida, es la vida quien determina la conciencia y no, como suponen los idealistas, la conciencia quien determina vida del hombre. Dicho de otra forma, la historia está fundamentalmente constituida por el proceso de producción material o económica. Asimismo, está determinada por las diversas y sucesivas formas de producción, la formación de clases sociales, la lucha entre dichas clases e, indirectamente, por las formas de vida política, las diversas legislaciones y éticas. De hecho el proceso histórico avanza dialécticamente hacia la revolución del proletariado que originará el comunismo efectivo y de ningún modo el autoconocimiento del espíritu absoluto o de otras ilusiones filosóficas. MISERIA DE LA FILOSOFÍA En 1847, publica Marx Miseria de la Filosofía réplica a Filosofía de la miseria de Proudhon. Marx ataca en esta obra la noción de las categorías establecidas, verdades eternas y leyes naturales, característica, según él, de la ideología burguesa. Para Proudhon, la propiedad privada es un imperativo categórico establecido por la economía. Marx ataca este concepto. No existen tales valores ni tales categorías; no exista una filosofía a priori que sea aplicable a la historia y a la sociedad, es decir, que sirva para comprenderlas. De hecho sólo puede existir un conocimiento crítico fundamentado por el análisis de las situaciones históricas concretas. La dialéctica no es, según Marx, una ley del pensamiento que se expresa en la realidad, sino que es inmanente en el proceso actual de la realidad y que se refleja en el pensamiento. EL MANIFIESTO COMUNISTA. COMUNISMO Y EMANCIPACIÓN En 1843, escribe:“En Francia todas las clases están coloreadas de idealismo político, y cada una de ellas se siente representante de las necesidades sociales generales… Al paso que en Alemania, donde la vida práctica es ininteligible y la inteligencia no es práctica, los hombres se sienten llevados a protestar sólo por la necesidad material, por las mismas cadenas… pero la energía revolucionaria y la confianza en sí misma no son suficientes para habilitar a una clase a erigirse en liberadora de la sociedad, sino que debe identificar a otra clase con el principio de la opresión… tal como en Francia fueron identificadas con él la nobleza y el clero. Esta tensión dramática está ausente en la sociedad alemana… hay sólo una clase cuyos males no son específicos, sino que son los del conjunto de la sociedad: el proletariado”. Por lo tanto, el proletariado como clase emergente está ya presente en Marx desde 1843. Esta clase será la llamada a encabezar la transformación social.Para Marx, fiel a la idea de unidad de pensamiento y acción, no se dio por satisfecho sometiendo a crítica a Bauer a Feuerbach, y los socialistas franceses como Proudhon, Se asoció a la Liga Comunista que en 1847, le encomendó redactar en colaboración con Engels los principios y objetivos del partido comunista. Este es el origen de El Manifiesto Comunista que se publicó en Londres en 1848 en una edición anónima en colaboración con F. Engels, tiene que entenderse como un escrito político programático que ha de corresponder a la exigencia de una “generación masiva de conciencia comunista”, tema planteado en La Ideología alemana. En el trasfondo, la esperanza de que la revolución burguesa de 1848 había de llevar el derribo proletario de las relaciones existentes en 1848. Está dividido en cuatro secciones. En la sección primera se formula la lucha de clases como principio de la historia anterior “la historia de toda la sociedad anterior es la historia de las luchas de clase. En todos los períodos de que guarda registro la memoria, la humanidad ha estado dividida en explotadores y explotados, amos y esclavos, patricios y plebeyos y, en nuestros días, proletarios y capitalistas. La estructura del Estado moderno refleja la dominación de la burguesía, y es, en efecto, un comité para administrar los asuntos de la clase burguesa como una totalidad” y, sobre esta base, describe el ascenso de la burguesía moderna como victoria de una clase revolucionaria sobre los antiguos poderes del feudalismo. La burguesía ha puesto la “pura relación
  7. 7. 7 monetaria” como mecanismo de relación entre los hombres. La burguesía “se crea un mundo a su propia imagen”. La condición de la burguesía es el trabajo asalariado y la consecuencia es el proletariado. El proletariado es un producto de las relaciones de producción capitalista. En la sección segunda, trata la relación entre comunismo y proletariado. Para Marx y Engels, las exigencias comunistas de supresión de la propiedad, de la familia y de la patria se limitan a expresar las condiciones de la existencia del proletariado. En la sección tercera, los autores abordan las diversas ideologías socialistas existentes. Contra el socialismo burgués de Proudhon que tiende a negar la oposición de clases y a reivindicar la forma de vida burguesa para la sociedad entera. También se dirige contra el socialismo crítico-utópico de Blanquí que reconocen la oposición de clases pero no son capaces de captar el germen de la revolución y la praxis. El comunismo del Manifiesto, se concentra en la visión de oposición enemiga entre proletariado y burguesía, pues en esa oposición está dado ya el fundamento para su superación revolucionaria. La obra termina con la famosa exhortación: ¡Proletarios del mundo uníos! Con el Manifiesto encontró concreción la intención práctica de Marx. Es cierto que no tuvo consecuencias políticas inmediatas. Más tarde se convirtió en los programas del partido socialista y comunista. CONTRIBUCIÓN A LA ECONOMÍA POLÍTICA Se publica en Berlín en 1859. En la producción social que realizan los hombres entran definidas relaciones que son, a la vez, indispensables e independientes de su voluntad; estas relaciones de producción corresponden a un estadio definido del desarrollo de sus poderes materiales de producción. La suma total de tales relaciones constituye la estructura económica de la sociedad, el fundamento real sobre el cual se alzan las superestructuras legales y políticas, y al cual corresponden formas definidas de conciencia social. El modo de producción en la vida material determina el carácter general de los procesos de la vida social, política y espiritual. No es la conciencia de los hombres la que determina su propia existencia sino que, por el contrario, la existencia social de los hombres es lo que determina la conciencia de éstos. En cierto estadio de su desarrollo, las fuerzas materiales de la producción entran en conflicto, en la sociedad, con las relaciones existentes de producción o, en otras palabras, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales han operado anteriormente. Estas relaciones se convierten en “las cadenas de los hombres”. Sobreviene luego el período de revolución social. Con el cambio de los cimientos económicos, toda la enorme superestructura queda transformada. Pero al considerar semejantes transformaciones, debemos distinguir entre la transformación material de las condiciones económicas de producción “que puede determinarse con la precisión de las ciencias naturales”, y las formas legales, políticas, religiosas, estéticas o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas, en las cuales los hombres toman conciencia del conflicto y lo suprimen. Ningún orden social desaparece antes de que las fuerzas productivas que tienen cabida en él se hayan desarrollado y las nuevas relaciones más altas de la producción no aparecen nunca antes de que las condiciones de su existencia hayan madurado en el seno de la vieja sociedad… y el mismo problema sólo surge cuando las condiciones materiales requeridas para su solución ya existen o, por lo menos, están en proceso de formación. La sociedad burguesa es la última forma que toman estos antagonismos. Después de su desaparición el conflicto desaparecerá. El período prehistórico quedará completado y entonces comenzará al fin la historia del individuo humano libre. PRIMERA INTERNACIONAL La expresión de esta nueva perspectiva fue la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores, generalmente conocida por “Primera Internacional” organizada en Londres en 1864. Marx defendía la centralización de la autoridad en manos del comité como cabeza de la revolución proletaria. Los anarquistas encabezados por Bakunin se negaban a la dictadura del comité central. Marx también se opuso a las ideas de los grupos socialistas franceses y alemanes. Después del Congreso de la Haya en 1872, Marx consiguió que el Consejo General de la Primera Internacional se trasladase a Nueva York. OBJETO DE TRABAJO Y ACTIVIDAD PRODUCTIVA El capital. Crítica de la economía política la primera edición Hamburgo-Nueva York del volumen 1 del año 1867, y la publicación en Hamburgo 1885-1894 de los volúmenes 2 y 3 por F. Engels es su obra principal. Marx persigue la intención de exponer las leyes económicas de la evolución de la sociedad moderna, es decir, de una sociedad que produce y es producida de forma capitalista. Frente al presupuesto de la anterior economía política (A. Smith y D. Ricardo, entre otros) de que la forma de producción capitalista y la forma de sociedad que le corresponde están determinadas por leyes eternas de la naturaleza, Marx establece la tesis
  8. 8. 8 en virtud de la cual la sociedad se halla en constante proceso de transformación. La obra tiene en cuenta esto y la necesidad de una revolución del proletariado que El manifiesto del partido comunista se reduce a propagar. El punto de vista de Marx ha de ser el del proletariado, entendido como clase revolucionaria. En este sentido, la obra se concibe como una “crítica” de la economía política. TRES TESIS Tres son las tesis: a) que la economía política procura explicar quién obtiene qué mercancías, servicios o estados legales y por qué; b) que, por lo tanto, no es una ciencia que trate de objetos inanimados – mercancías-, sino de personas y de sus actividades y ha de ser interpretada en términos de los motivos y no sólo por las leyes de la oferta y la demanda; c) que el factor decisivo del comportamiento social en los tiempos modernos es la industrialización. VOLUMEN PRIMERO VALOR DE USO Y VALOR DE CAMBIO. LA PLUSVALÍA El volumen primero, el único publicado por Marx, trata del proceso de producción del capital, concebido como “unidad del proceso de trabajo y del proceso de la creación de valor”. Base de esta unidad es la diferencia entre la fuerza de trabajo que, como valor de cambio, se ha convertido en mercancía y la fuerza de trabajo como valor de uso. El trabajo es entendido esencialmente como una actividad del hombre creadora de valor. El capital se apropia de la fuerza de trabajo como mercancía y la utiliza para crear un valor, superior al valor de cambio de la fuerza de trabajo; es decir, la producción capitalista es esencialmente una creación (y apropiación) de plusvalía. Con ello, la autovaloración del capital por medio de la apropiación del trabajo es a la vez una acumulación, con la que, por una parte, se logra su centralización y, por otra, se produce una expropiación y un empobrecimiento progresivo del trabajo asalariado. VOLUMEN SEGUNDO. METAMORFOSIS DE LA MERCANCÍA En el volumen segundo, Marx trata del proceso de circulación del capital. El capital global social en su proceso de valoración está en el mercado lo mismo como mercancía que como dinero y está allí bajo la determinación de pasar constantemente de una forma a la otra. Este proceso de circulación en su totalidad es entendido como metamorfosis de la mercancía. Según Marx, tanto el proceso de producción como el de circulación son todavía abstracciones del proceso fundamental del capital que se produce constantemente por sí mismo. VOLUMEN TERCEREO. LA CAÍDA DE LA TASA DE BENEFICIO Ese proceso es tratado en el volumen tercero como el proceso global de la producción capitalista. Dicho proceso está determinado por la caída tendencial de la tasa del beneficio, que proviene del hecho de que el capital, puesto en el proceso de su autovaloración cambia constantemente la relación entre el capital constante y variable, de tal manera que el primero, en comparación con el segundo, se encuentra en proceso de aumento progresivo. Eso tiene como consecuencia que los porcentajes de plusvalía se traducen a una tasa de beneficio que decrece constantemente. La caída de las tasas de beneficio obliga al correspondiente aumento de la acumulación y con ello de la productividad, a fin de mantener por lo menos el beneficio. La progresiva caída de la tasa de beneficio manifiesta, según Marx, que, para el modo de producción capitalista, resulta esencial el aumento incesante de la productividad. Este aumento no es capaz de superar los límites de la caída tendencial de los beneficios, sino que tiene que acarrear crisis periódicas de autovaloración del capital mediante la superproducción y la consecuente aniquilación de medios de producción y valores producidos. Según Marx, tales crisis han de entenderse como desvalorización del capital en su propia dinámica. El resultado es la creciente expropiación de los productores, es decir de los asalariados. El aumento progresivo de la productividad como medio de producción y la valorización del capital como fin de la misma se hallan así, dentro del modo de producción capitalista, en una necesaria contradicción recíproca, que sólo puede suprimirse rebasando los límites de las anteriores relaciones de producción. A juicio de Marx, aquí descansa el necesario destino histórico del proletariado como clase revolucionaria. El concepto de la praxis social revolucionaria, alcanza por primera vez una determinación científica. CONTEXTUALIZACIÓN Marx (Tréveris, 1818-Londes, 1883) filósofo, periodista, político, crítico de la economía política, compartía con los hegelianos de izquierdas el punto de partida de una crítica a la ciencia especulativa de la razón en Hegel, critica que estaba acuñada por Feuerbach. Pero ya en sus obras tempranas Marx condujo el ataque a la filosofía hacia los cauces de una crítica a las relaciones humanas de producción entendidas económicamente.
  9. 9. 9 Los estudios económicos de Marx se proponen sobre todo captar científicamente las leyes de la forma de producción capitalista, así como la necesidad inmanente de una revolución en su seno. Marx hijo de un consejero de justicia, estudio derecho y filosofía en Bonn y Berlín, donde entró en contacto con los jóvenes hegelianos en torno a Bruno Bauer. Después de doctorarse en 1841, Marx fue primero colaborador y luego redactor jefe del Rheinische Zeitung, periódico de tendencia burguesa liberal, antes de emigrar a París en 1843 y a Bruselas en 1845. En París, donde editó los Deutsch-Französische Jahrbücher (Anuarios franco- alemanes) junto con Ruge, cultivó un estrecho contacto con organizaciones socialistas y comunistas del movimiento obrero. En 1849 fue expulsado como apátrida y se dirigió a Londres, donde su actividad política culminó con la destacada colaboración en la “Internacional”. Lo que actualmente denominamos “marxismo” nació de la conjunción de dos factores: el proyecto intelectual de Karl Marx y una concreta situación socioeconómica caracterizada por el comienzo de la industrialización y el ascenso del movimiento obrero. Sin el respaldo del movimiento obrero, el marxismo sólo hubiera sido una revolución teórica más de las muchas que dio lugar el siglo XIX. Su inserción en las coordenadas sociopolíticas del momento hizo de él lo que de hecho es: una filosofía que ha dado lugar a una revolución a escala mundial. La Revolución Francesa de 1789 acabó con el Antiguo Régimen, había sido francesa en su origen y europea por sus consecuencias. En tal movimiento, las ideas juegan un papel secundario. El marxismo, en cambio, tiene su cuna en la filosofía y no ha dejado de ser una filosofía. El marxismo viene después de Hegel y de Feuerbach. El primero descubrió el método dialéctico y lo aplicó al despliegue de la historia. El segundo hizo descender la filosofía hegeliana del cielo a la tierra de los hombres. En economía, el marxismo viene después de Adam Smith y David Ricardo, los cuales ya habían visto la relación entre el valor de las mercancías y el trabajo empleado para producirlas. Pero no hay que ver a Marx como un continuador de Hegel y de los economistas ingleses. En lo que concierne a Hegel, Marx no se contentó en darle la vuelta a la dialéctica hegeliana poniéndola patas abajo. Marx se salió de la caja teórica del sistema hegeliano introduciendo la dialéctica en el mundo real de los hombres, de su trabajo y de sus luchas, haciéndola andar. El marxismo es por ello (aludiendo a Kant) la auténtica “revolución copernicana” de la filosofía, pero también una dialéctica siempre abierta e inacabada. No es posible una filosofía acabada en un mundo que no lo es. Lo mismo cabe decir de los economistas ingleses, lo que Marx hace es una economía política en términos de historia de salvación. El marxismo no es una nueva interpretación del mundo sino la exigencia y el instrumento de su transformación. La solución de los problemas de la teoría se encuentra en la praxis. Marx consigue conjugar dos líneas de fuerzas decisivas: la idea de la ciencia y la exigencia mesiánica de salvación que hasta entonces había sido patrimonio de la religión. De la unión de estos dos factores pasa al primer plano lo que constituye el elemento más específico y original del marxismo: el momento de la realización, es decir, la idea de un programa absoluto que se tiene que aplicar en el mundo y que se traducirá en una nueva ordenación de las cosas. Esta aplicación será, por un lado, la realización de la esperada transformación del mundo, el nacimiento del hombre nuevo, de la humanidad redimida. “La pretensión del marxismo de ser distinto de todas las otras filosofías o concepciones del mundo se respeta y se comprende. Pero su talón de Aquiles está en el punto en que el marxismo –que mezcla ciencia y esperanza- tiende a la traducción en realidad, a la tan anhelada realización, ya que su escatología terrenal le obliga a solidificarse en una teología mundana, o sea, en la maquinaria ideológica del Estado totalitario”. No es que el pensamiento de Marx haya de interpretarse como una especie de criptoreligión o de religión secular. Tal concepción cae fuera de la intención real de Marx. Al revés de Feuerbach, Marx no pretendió jamás sustituir la religión de Dios por la religión del hombre. Se propuso simplemente, liberar al hombre de sus condicionamientos socioeconómicos de una determinada sociedad. Pero es un hecho que Marx recurre, al menos parcialmente, a las mismas facultades que la religión. Su visión del hombre y de la historia tiende a movilizar los mismos recursos –la fe y la esperanza en versión secular- que están al servicio de las convicciones religiosas. A. Fontaine escribe en Le Monde el 12 de marzo de 1983: “En verdad, hubiera sido casi imposible elaborar la visión de la vocación mesiánica del proletariado sobre una base puramente científica e inspirar a millones de personas mediante un mero relato de los hechos”.

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