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ENCUENTROS CON HUMANOIDES

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No es un libro de Ciencia-ficción, es una recopilación verídica de contactos con otros seres.
Autor ANTONIO RIBERA

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ENCUENTROS CON HUMANOIDES

  1. 1. Encuentros con HumanoidesAntonio RiberaEn realidad, a veces resulta más importanteconsiderar adecuadamente lo que la ciencia nosabe o se ve incapaz de explicar, que aquelloque se ufana de conocer... Con frecuencia, laciencia ha pecado por no querer llamar la aten-ción hacia las cosas que ignoraba, o incluso porhablar demasiado cuando mejor hubiera sidoque guardase silencio.H.E. L . MELLERSH, The Story of Lite..la encontró el ángel de Yahvé junto a lafuente que hay en el desierto, camino de Sur...Génesis, 16, 7El ángel de Yahvé se le apareció en una llamade fuego, en medio de una zarza.., que ardíasin consumirse.Éxodo, 3, 21
  2. 2. Esta obra no es un libro de ciencia-ficción. Ni de ciencia-ficción, ni de ningún tipo de ficción engeneral. Recopila hechos reales, entendiendo por tales cosas que, al parecer, suceden actualmenteen nuestro mundo y son protagonizadas por semejantes nuestros.Así quiero hacerlo constar al principio, pues más de una vez alguna de mis obras ha sido tildadade ciencia- ficción por críticos presurosos que, generalmente, no han leído más que la solapa dellibro. Me estoy refiriendo, naturalmente, a aquellas de mis obras que tratan del fenómeno OVNIen sus distintas manifestaciones; no a ninguna de mis cinco novelas de ficción científica,publicadas hace más de veinte años. La realidad del fenómeno OVNI me parece más fascinanteque cualquier fantasía; por ello dejé de cultivar, aquel género literario.Y lo que digo en esta nota no es un recurso estilístico para dar más gancho a la obra, sino que esla pura verdad. Por otra parte, yo no he inventado nada: casi siempre me he basado en casospublicados en revistas especializadas y en publicaciones que tratan de estos fenómenos. Y así lodigo, para que conste.2La casuística que tengo a mi disposición para redactar este libro de encuentroscon humanoides es enorme, in mensa. Miles de seres humanos se han encontradocon «ellos». Sin embargo, para la gente, una de las cosas más importantes quesiguen sucediendo en este mundo son los mundiales de fútbol y otros eventossimilares. Que centenares, que miles de semejantes nuestros se hayan encontradocon unos seres que no son de este planeta, no parece impresionarles demasiado.¿Por qué? En primer lugar, por razones de falta de credibilidad. «Esto no puede ser!», es lo quemurmuran muchos para sus adentros. Luego, la idea resultademasiado turbadora, demasiado inquietante, y se prefiere relegarla al subconsciente, a esaespecie de desván psicológico donde conviven los terrores ancestrales ante el dragón con el temora lo desconocido, a la noche y a los fantasmas.3Las citas bíblicas que encabezan este volumen no significan una toma de posiciónprevia ante el fenómeno «humanoide». En absoluto hay que verlas como unaposible identificación del mismo, ni tampoco habría que suponer tal identifica-ción si las citas serefiriesen a espíritus, demonios, gnomos, trolls o farfadets (sin olvidar los follets del folklorecatalán), que, con otros personajes fantásticos, acompañaron mi niñez..Simplemente, se proponen evocar la intrusión de lo maravilloso, bajo forma más o menoshumana, en la vida cotidiana del hombre. Es natural que en sociedades antiguas, donde lo mágicotenía carta de naturaleza, tal intrusión tuviese una interpretación «religiosa» En este libro, loshumanoides no son más que...humanoides, y valga la perogrullada. Parodiando a Tono —creo que fue Tono quien lo dijo—,podríamos afirmar que los seres antropomorfos, protagonistas de los encuentros que componen lamateria de este libro, no son «buenos ni malos, sino todo lo contrario».Mi libro no es un pasaporte para Magonia. En realidad no es un pasaporte paraninguna parte. Si a alguna nos lleva, es a la comprobación de que, bajo lahistoria que creen recoger los periódicos y vivir los políticos desdichados!—,subyace otra historia, que quizás, andando el tiempo, será la que aprenderánnuestros biznietos. Es posible —así lo creo— que en el año 2082 se recuerdeel encuentro de Valensole —y se le dé su significado auténtico, que hoyaún desconocemos—, pero se haya olvidado ya totalmente el abrazo de Vergara
  3. 3. y otros abrazos posteriores.Por que —lo sospecho vivamente— la verdadera historia es la que estamos escribiendo quienesnos ocupamos de estos « temas», tan mal mirados por el establishment de hoy y de siempre: losovnis, la parapsicología, los encuentros con humanoides...La verdadera historia del tiempo de Augusto no se encuentra en Tácito, en Tito Livio ni enSuetonio, sino en cuatro pequeños libros escritos por unos llamados Mateo, Marcos, Lucas yJuan..., unos ilustres desconocidos para sus contempo-ráneos y para la orgullosa Roma. Mutatismutandis, esto también puede ser válido aquí y ahora...INTRODUCCIÓNDurante años, los investigadores "serios" del fenómeno ovni no querían ni oír hablar de«aterrizajes» de los presuntos objetos volantes no identificados, y mucho menos de aterrizajesasociados con la presencia de «ocupantes» o «huma-noides». El ovni no era más que eso: un objeto «volante» no identificado. Y punto.Compilaciones tan rigurosas y excelentes como lo fueron en su día The UFO Evidence (1967) delNICAP, eliminaban cuidadosamente de la casuística presentada la menor alusión, ni que fueraindirecta, a posibles «tripulantes» de los ovnis. Y ello a pesar de que, en 1954, el fenómeno«humanoide» ya había hecho su irrup-ción masiva en el campo de la ufología, como más adelante veremos.Pero una lógica elemental nos dice que si el ovni es una supermáquina o una navecilla deexploración (todo apunta hacia la posibilidad de que así sea), entonces, junto a tipos«teledirigidos» de ovni, puede haber tipos «tripulados» por seres vivientes, o por robotsbiológicos, si se quiere. Pongamos un ejemplo, burdo, pero en el fondo válido. Un avión reactorvisto en el cielo, a gran altura, aparece como una agujita plateada. Cuando este mismo reactoraterriza en un aeropuerto, se convierte en un aparato gigantesco, provisto de docenas deventanillas. Pero luego, de él descienden unos seres vivientes, cuya presencia no se sospechabacuando el objeto aún estaba en el cielo. Algo parecido puede estar ocurriendo con los ovnis.Según la clasificación propuesta por el doctor J. Allen Hynek, que durante más de veinte años fueconsultor en la cuestión ovni para la Aviación norteamericana, tenemos en -primer lugar al «discodiurno»,luego la «luz nocturna». Con un criterio muy sensato, Hynek dice que ambos fenómenos puedenser uno solo, dependiendo de las circunstancias en que se realiza la observación. Luego vienenlos tres tipos -de «encuentro cercano" Close Encounter of the First Kind, o CE (EncuentroCercano del Primer Tipo), no «en la primera, segunda o tercera fase», como se escribeequivocadamente por ahí: fase presupone una intencionalidad, ausente en esta clasificación,puramente metodológica.El CE I es un ovni visto a un centenar de metros del testigo, en el aire. Después viene el CE II(Close Encounter of the Second Kind), en que el ovni ejerce una acción física sobre el en torno oen los testigos (huellas en el suelo, paralización, etcétera) y, por último, llegamos al famoso CEIII (Close of the Third Kind), los encuentros cercanos del tercer tipo (no en la tercera fase,repito). En el CE III están ya presentes «ocupantes», junto al objeto posado en el suelo.
  4. 4. Es evidente —al menos para mi— que existe una gran unidad interna y una absoluta coherenciaentre los cinco tipos citados. Cuando el «disco diurno» (que de noche es una «luz nocturna») seacerca al suelo o aterriza, da o puede dar lugar a los tres tipos de Encuentro Cercano reseñados. Yes más que natural que uno de ellos (el tercero) consista en la salida al exterior de los ocupantesdel ovni = nave de observación, para investigar, recoger muestras de flora y/o fauna, e inclusopara efectuar una maniobra de «abducción» (véase mi libroal respecto) de seres humanos o animales. Para algunos investigadores, esto constituiría ya un CEIV, o Encuentro Cercano del «cuarto» tipo.Pese a la presencia esporádica de humanoides en casos de los años cuarenta e incluso antes, talvez hizo falta que ocurriese la oleada francesa de 1954, servida en bandeja a un país densamentepoblado y altamente civilizado de la Europa occidental, para que los ufólogos más recalcitrantesaceptasen, aunque fuese a regañadientes, el fenómeno «aterrizaje», primero, y la presencia endichos casos de «ocupantes» y «humanoides», después. A esta aceptación contribuyeron, ni quedecir tiene, los excelentes estudios realizadosen Francia por Aimé Michel y Jacques Vallée (este último con su análisis por ordenador dedoscientos casos de aterrizaje franceses, en 1954), y en España por nuestro Vicente-JuanBallester Olmos, de Valencia, que efectuó un estudio similar al de Vallée sobre el mismo númerode aterrizajes ibéricos.Después de estos magníficos estudios —que hoy son ya clásicos— no se podía seguir negandopor más tiempo la evidencia representada por este aspecto, importantísimo, del fenómeno ovni.En efecto, tan importante que, en mi opinión, la solución del enigma únicamentenos vendrá a través del estudio en profundidad (estadístico, comparativo, tipológico, etc.) de losmiles de casos de aterrizaje y de los cientos de casos de abducción. En estos casos, el fenómenoovni se nos hace más tangible, se pone a nuestro alcance; desciende del cielo, donde no era másque un punto o una lucecita, para convertirse en una «máquina» y en unos «seres» que puedenestudiarse y compararse a través de las declaraciones de los testigos.El catálogo mundial de aterrizajes, en efecto, está compuesto actualmente porunos 3 500 casos (cifra obtenida sumando los catálogos «Magonia», de Vallée, el«UFOcat», de Saunders, los de Vallée-Ballester Olmos, etc.), aunque esta cifra, en opinión delmismo Vallée, es muy conserva dora y habría que multiplicarla sin duda por un factor de 15..., loque nos daría una cantidad superior a los 50000 casos y, probablemente, aún nos quedaríamoscortos..¿Por qué los aterrizajes pasan tan inadvertidos? Pues porque el «fenómeno aterrizaje» secaracteriza por dos parámetros principales: nocturnidad —sin alevosía— y carácter rural,parámetros descubiertos por Vallée, estudiando los doscientos aterrizajes franceses. Es como silos ocupantes de los ovnis lo desearan todo menos ponerse en contacto con nosotros. Parecencontestar así a la insistente pregunta, que todos nos hemos formulado, de: «Por qué no establecencontacto, con nosotros?» Si su deseo fuese éste, las dos leyesformuladas por Vallée (la «ley horaria» y la «ley de distribución geográfica») se formularían alrevés: los aterrizajes serían «diurnos» y tendrían lugar en el centro de las plazas mayores de lospueblos...Pero no es así. Lo que a «ellos» parece interesarles es «algo» que posee nuestro mundo y queacaso ellos no tienen. No el Homo sapiens, precisamente,del que se mantienen a una prudente distancia (justificada, evidentemente, porel carácter belicoso y agresivo de nuestra «civilizada» especie)Hagamos, por último, algunas precisiones, que considero necesarias. Todos los«encuentros cercanos» antes enumerados, más los dos casos de observación enel cielo que los preceden, en ocasiones se traslapan y pueden ir en ordencreciente.Un «viaje» de un sujeto mesiánico a bordo de un ovni (invitado por sus ocupantes) no puede nidebe confundirse con una «abducción» contra su voluntad y de la que, luego, no recuerda nada eltestigo. Un contacto como el de Gary Wilcox (que no se recoge en este libro) no es mesiánico; eldel signor Siragusa,en cambio, sí lo es (admitiendo su existencia). La mayor parte de los fraudes se producen entreeste tipo de contactos y de contactees, o contactados.
  5. 5. Una conversación sobre abonos nitrogenados con un humanoide pequeño y cabezón,evidentemente no tiene ningún valor mesiánico. El «contacto», en cambio, conextraterrestres» altos, bellos, rubios y apolíneos, en los que éstos previenendramáticamente al terrestre contra los peligros de la bomba atómica, caedentro de la mejor tradición de los contactos mesiánicos, inaugurada brillantemente por el lateGeorge Adamski y proseguida con suerte incierta por el IPRI peruano, Siragusa y otros. Pero deeste tema pienso ocuparme extensamente en un próximo libro.El encuentro con humanoides puede estar acompañado o no de ovni posado en elsuelo, al lado o en las proximidades. El encuentro de un humanoide aisladopresupone la existencia, más o menos cercana, del «vehículo».Un «encuentro cercano del tercer tipo» puede encerrar potencialmente un casode abducción. Esto también puede ser válido para un encuentro del segundotipo. En tal caso, hay que buscar si existe un «tiempo perdido».Hay casos en que el «humanoide» es claramente una teleproyección inmaterial o un «holograma»(caso de Tala vera la Real, por ejemplo).En estos casos, nos enfrentamos a un aspecto particular de lo que yo llamo«tecnología cósmica, o galáctica». Mediante esta técnica, hay intrusiones de humanoides en casashabitadas por seres humanos. (O técnicas de materialización-desmaterialización que se nosescapan.)El hard UFO (ovni «sólido», material), opuesto al soft UFO (ovni «blando», inmaterial), seresuelven así, armónicamente, en una unidad superior, dependiente de un nivel tecnológico capazde realizar esto que, en otros tiempos, se hubiera interpretado como algo «mágico» o«milagroso». La visión simplista de pioneros como el mayor Keyhoe, por ejemplo, searmonizaría con las tendencias modernas, parapsicológicas y ultradimensionales, de un Valléeo un Keel. La «transmogrificación» de este último no sería más que un logrotecnológico y «normal». Podría extenderme mucho más sobre el particular. No deseo terminaresta introducción sin insistir en lo que manifiesto en la nota preliminar: sospecho vivamente quela verdadera historia de nuestra épocano es la que publican a diario los periódicos ni la que creen recoger los historiadores en suslibros. La verdadera historia de nuestra época es casi invisible; es subterránea; transcurre en lasombra y el silencio. Yo y otros como -yo, somos los que la estamos escribiendo. Los políticosvocingleros, con su cháchara vacía, apenas si rascan la superficie de la realidad. Lo cierto es queno se enteran de casi nada. Viven en la Babia permanente de su desmesurado protagonismo, susutopías, sus demagogias y sus estrechos intereses de partido. Nosotros, no. Nosotros seguimos lacorriente profunda de la verdadera historia. Porque no hay alternativa: o se admite la realidad deestos hechos «condenados», o no se admite. En este último caso, se considera que todo sonsimples lucubraciones sin ninguna base real, hijas de espíritus fantásticos y —por qué no?—desquiciados.Pero si se admite que todo esto es real, la consecuencia inmediata de tal admisión es la de queestamos siendo visitados, de manera discreta pero asidua, por seres altamente inteligentes yevolucionados que proceden de otrosmundos, de otras dimensiones, o de ambas cosas a la vez.¿No dejaría tal suceso, de ser cierto —como yo creo-, pequeños e insignificantes los hechosmayores de nuestra historia, desde el descubrimiento de América hasta la declaración de losDerechos del hombre?Porque —repito— no existe término medio: o se admite, o no se admite. Aquí novale el «si, pero...».Y antes de poner punto final a esta introducción, otra pregunta: ¿Por qué «humanoides»? ¿Porqué estos seres han de tener forma más o menos humana?¿Qué se ha hecho de los monstruos de la ciencia-ficción? Pregunta sin respuesta,de momento (aunque yo podría decir que los monstruos de la ciencia-ficciónsólo existen en la ciencia ficción). Como la respuesta no sea la de suponerque la forma humana responde a un patrón cósmico, en el que se encarna la Inteligencia. Nuestropragmatismo, empero, como notarios que somos de lo insólito, nos lleva a comprobar que lascosas son así. No como quizá desearíamos que fue sen. Lo que, por otra parte, da un sello deveracidad a las declara-ciones de los testigos. Si los «ovninautas» fuesen hijos de la imaginaciónhumana, seguramente revestirían formas mucho más fantásticas.
  6. 6. En realidad, su variación tipológica es de una pobreza abrumadora, pesea clasificaciones como la de Jader U. Pereira, con sus veintiocho tipos, que no son más quevariaciones sobre tres temas principales: el pequeño humanoidemacrocéfalo (el más importante numéricamente), el humano —como usted y como yo, amigolector— y el «sobrehumano» o gigante (muy raro estadísticamente).Luego hay algunos —muy pocos— tipos aberrantes y monstruosos: el «monstruo» de Sutton, loshorrendos gigantes de Zanfretta (sin embargo construidos sobre elpatrón humano), y algún que otro ser de pesadilla, que presta cierta amenidady variación a lo que, sin ellos, resultaría una ménagerie bastante monótona, y paremos de contar.Mejor dicho: empecemos a contar. Los encuentros1. HUMANOIDES DE LA «BELLE EPOQUE»El verdadero «abuelo de todos los humanoides» sería sin duda, y con todos los honores, elfamoso Springheel Jack victoriano. Este Superman avant la lettre, que pegaba unos brincosincreíbles (de ahí que el vulgo lo bautizara con elnombre de "Juanito el de muelles en los tacones", que eso es lo que viene a significar SpringheelJack), asustó a la gente, por los oscuros y angostos callejones londinenses, en los años 1837 y1838, en los albores de la época vic-toriana.Su aspecto era impresionante. Alto y huesudo, de fuertes manos que parecían garras, ibaenvuelto en una amplia capa, se tocaba con un casco metálico y llevaba el cuerpo enfundado enun traje de aspecto metálico y brillante. Enmitad del pecho lucía una lámpara, según declaraciones de los asustados testigos. Tenía unasorejas grandes y puntiagudas, como las del "señor Spock" en la serie televisiva Star Trek.En 1877, Jack —o un hermano gemelo suyo— fue vuelto a ver en Inglaterra, concretamente enAldershot. Esta vez pasó volando, en uno de sus saltos increíbles, sobre dos asustados centinelas,que le dispararon sin resultado algunoCon esto llegamos a la Belle epoque propiamente dicha.., y a la famosa «oleada» norteamericanade 1896-1897, con sus centenares de observaciones del o de los airships o «naves aéreas»misteriosas. Muchas de estas observaciones—especialmente cuando la náve aérea estaba posada en tierra— van acompañadas dela observación simultánea de sus «ocupantes» que, salvo raras excepciones (unade ellas es la del granjero Alexander Hamilton y su «ternera arrebatada»),son seres humanos corrientes.El aspecto del airship era muy julio vernesco, y recuerda extrañamente al de la nave Albatros,inventada por Robur, uno de los personajes de Verne. Cuando, haceunos años, estudié la cuestión, lo primero que me pregunté es qué había sido antes, si el huevo ola gallina (si el Albatros de ficción o el airship real). Efectuada la correspondiente investigación,comprobé que ambas eran casi coetáneas, con una ligera ventaja para el Albatros. Esto derrumbóuna teoría que había esbozado, según la cual Verne pudo inspirarse en la «oleada» norteameri-cana para describir «su» nave. Por lo visto fue al revés.¿Se trataba de otra de las fabulosas premoniciones de Verne? ¿ O bien tantoel escritor francés como los desconocidos constructores del airship se inspiraron en los últimosadelantos aeronáuticos de la época?Esto es precisamente lo que apuntan dos, suponemos que jóvenes, investigadoresbelgas, Josiane y Jan dAigure, en una serie de artículos publicados en la
  7. 7. revista Inforespace. Afirman que el airship norteamericano de 1897 no era extraterrestre, sino quesu origen era terrestre y bien terrestre,Según su documentadísimo trabajo —que casi me ha convencido—, la tecnologíade la época tenía muchas realizaciones similares, por sus características,al enigmático airship, y los vuelos en aeróstato eran entonces mucho máscorrientes de lo que hoy suponemos. Es más: fue uno de estos artilugios—un globo aerostático— lo que vio precisamente el campesino John Martin desde Denison, en1878, dando al objeto observado el flamante nombre de saucer (platillo), antecediendo así, en casisetenta años, a Kenneth Arnold.De ser cierta esta tesis, significaría un golpe mortal pata la teoría de VaIlde(compartida por John Keel y otros), según la cual los ovnis se camuflande acuerdo con la tecnología más avanzada de cada época. (No veo que la de la actual secaracterice precisamente por «discos volantes» y naves que dominan la antigravedad, sino porhorrísonos proyectiles cohete y pesadísimos Saturnos,que se levantan trabajosamente del suelo, consumiendo miles de toneladas depropergoles.) Pero hay autores capaces de todo, antes que reconocer que nos hallamos enpresencia de una tecnología superior y de una civilización más avanzada, que no es terrestre, sinhablar de unos seres con mayor capacidad cerebral e inteligencia que nosotros (mejor dicho, queellos).Empieza el siglo XXEl caso más antiguo que conocemos en este siglo, de encuentro con humanoide,se remonta a 1901. Es un caso en que, además del ser, el testigo vio una«máquina». Esto es importante, porque para algunos investigadores muy rigurosos —porejemplo, para nuestro Vicente-Juan Ballester Olmos—, un caso de humanoidesin ovni «no vale»: en tales casos —siempre según el investigador valenciano— puede tratarse deuna «aparición», un fenómeno antropomorfo «keeliano», una proyección psíquica u holográfica,e inclusive una alucinación. (Aunque todo ello sería también válido para la observación conaparato incluido.)Según refieren Jenny Randles y Philip Barnet, en el articulo que consagranal caso (FSR, vol. 24, núm. 5, marzo de 1979), el testigo de este caso aúnvive; se trata de un caballero muy anciano que no desea revelar su identidad.Randles y Barnet lo llaman simplemente Frank. Ocurrió así. Una tarde de veranodel año 1901, con el siglo recién estrenado, cuando Frank tenía diez años, regresaba a su casadespués de jugar al aire libre, con sus amiguitos, aprovechando el tiempo cálido y soleado. Elniño vivía entonces en una casa con terraza, situada en Bournbrook, localidad cercana aBournville, en los actuales West Midlands. La casa se alzaba a un extremo de la terraza y en laparte posterior tenía un jardincito. El chico, para atajar, tomó por un sendero, situado tras eljardín, cuando se dio de manos a boca con una extraña estructura, posada sobre el césped.El objeto parecía una casita y era rectangular, pero estaba rematado por una pequeña torretasituada en el centro del mismo. No se veían ventanas, pero sí una portezuela en el centro de laparte que miraba al testigo. El curioso objeto era de una tonalidad verdeazulada y mostraba unextraño brillo metálico.Parece que el artefacto medía 1,20 m de altura, alrededor de 1,80 m de largo y cosa de un metrode ancho.La puerta llegaba sólo a media altura (o sea, que debía de medir unos 60 cm).Por esta portezuela, ante el asombro de Frank, salieron al -exterior dospequeños seres, de un metro aproximadamente de estatura. La puerta se abrió hacia afuera,exactamente igual que la puerta de un coche. Uno de los humanoidesse quedó junto a la puerta y el otro avanzó cautelosamente hacia Frank, tendiéndole los brazos yhaciéndole ademanes que el niño interpretó claramente como de que no se acercase y que seretirase.El testigo no oyó ninguna palabra: el contacto se realizó únicamente por gestos.Los pequeños seres tenían aspecto humano. Su tez era de una coloración similar
  8. 8. a la nuestra y sus rasgos fisionómicos no tenían nada de particular. Eran barbilampiños y parecíantener entre 30 y 40 años.Ambas figuras vestían igual, con un traje muy ajustado que parecía —o así se lo pareció al niñoun uniforme militar, aunque él no les vio insignias ni distintivos.El color del «uniforme» era un gris verdoso. La característica más curiosa del atavío de los seres,sin embargo, era el casco con que se tocaban y que, al parecer, les cubría también las orejas. Eraoscuro y parecía una gorra, aunque por ambos lados asomaban dos «alambres» o «antenas»verticales, que medirían unos 23 cm de largo por unos 7 mm de grosor. El niño no observó lapresencia de un barboquejo ni cualquier otro medio de sujeción del casco a la cabeza.Frank se dio inmediatamente por aludido y retrocedió varios pasos. El ser quese había adelantado hacia él regresó rápidamente a la «nave» y, reuniéndose con su compañero,ambos penetraron en el interior. A los pocos segundos se produjo un brillante destello y algo queparecía un arco eléctrico rodeó el objeto, formando un círculo completo a su alrededor y brillandointensamente. Entonces, emitiendo un fuerte zumbido, el objeto salió disparado hacia arriba ydesapareció por encima de los tejados, describiendo una parábola. En la parte posterior delartefacto, el muchachito distinguió una luz roja pulsante.Así terminó este curioso encuentro. Algunos vecinos afirmaron haber oído también el fuertezumbido, y un par de ellos dijeron que habían visto el objeto cuando estaba en el aire. El joventestigo no experimentó ningún malestar ni efectos particulares, después de su observación. Escurioso observar aquí que, al parecer, durante el resto de su vida Frank no vio jamás un ovni, niconsidera como tal el objeto que vio posado en el prado, en la trasera de su casa. Para él no eramás que «un curioso vehículo», y sólo muchos años después aceptó la posibilidad de que pudieratratarse de una nave procedente de otro mundo.Por más que se esforzó repetidamente por considerarlo una visión, o una fantasía, él mismoobserva: «¿Cómo podía soñar algo que no me interesaba, ni sobre lo que no había leído nada,pero que muchos años después resultó ser cierto?»El caso de Frank se sitúa de pleno entre las dos gran des oleadas de «naves volantes» de 1897 yde 1909. Los tripulantes vistos, sin embargo, no parecían humanos. Como acertadamenteobservan Randles y Barnet, este caso parece representar una transición entre las observacionesproporcionadas por dichas oleadas (que siempre tratan de aparatos «victorianos» en la puntade la tecnología contemporánea) con los de las actuales «naves de observación», desuperavanzada tecnología electromagnética y antigravitatoria. A esto, Frank comentaingenuamente: «Tal vez los platillos volantes son un modelo más perfeccionado que el vehículoque yo vi.» Tal vez.Un buen susto para mister LithbridgeLa oleada norteamericana de 1897, en realidad se desarrolló de noviembre delaño anterior (1896) hasta mayo de 1897. La oposición o mínima distancia (en este caso de80000000 de km) de Marte con la Tierra se produjo en diciembre de 1896; o sea, en plena oleada.En el año 1909 tenemos una nueva oleada de «naves misteriosas», que afectó principalmente aInglaterra y al País de Gales. El apogeo de dicha oleada fue en mayo del año mencionado. Y ensetiembre del mismo tenemos nueva oposición(perihélica) con el planeta Marte, que lo situó a tan sólo 55000000 de km denosotros. Las oposiciones marcianas, en efecto, varían entre las afélicas,a 100000000 de km, y las perihélicas, a 55000000. En ambos casos, distan-cias ridículas, astronómicamente hablando, y traspuestas por la luz en unos pocos minutos.Como me he cansado de decir, escribir y repetir, esta coincidencia de oposiciones de Marte ydestacados eventos ufológicos «no es casual», ni la puede admitir el cálculo de probabilidadesPero no hay peor sordo que el que no quie-re oír, ni peor ciego que el que no quiere ver. El 18 de mayo de 1909 se registra un curiosísimo«aterrizaje» en los montes Caerphilly, en pleno País de Gales. Hubo un solo testigo, un tal misterLithbridge, o Lethbridge, que vivía en Cardiff. Se hallaba paseando a las once de la noche (unahora un poco rara para pasear) por la carretera que cruza el monte Caerphilly, cuando, en uncampo
  9. 9. próximo, distinguió un gigantesco aparato en forma de cigarro o de torpedo. Ante este fantásticoaparato se hallaban dos «hombres» cubiertos con gruesas vestiduras. Cuando los dos seresdistinguieron al testigo, cambiaron rápida-mente unas palabras en una lengua extraña y, muy excitados, se precipitaron hacia la naveelíptica. El aparato despegó inmediatamente, dejando al pobre mister Lithbridge completamenteestupefacto.Este comportamiento, característico de los encuentros cercanos del tercer tipo, corresponde alDont bother us! (No nos molesten!), señalado por el doctor Hynek. Es completamente opuesto al«contacto mesiánico», en que el «ocupante» u «ocupantes» dan elevados mensajes a lossubyugados contactees. En otro caso, ocurrido muchos años después y que hoy es un clásico (elde Valensole, del 1 dejulio de 1965), los «ocupantes» se comportaron exactamente de la misma manera. Los años 1909y 1965 fueron casualmente años de oposición marciana. Aviso para los navegantes...Una reunión de humanoidesSegún los investigadores Michel Figuet y Jean-Louis Ruchon (véase Bibliografía), éste sería elprimer caso conocido de humanoides en Francia. Hay que saltar a 1921 para encontrar elsiguiente encuentro cercano. Ocurrió a las diez de la noche de un día indeterminado del año 1906,en las afueras de La Celle-sous-Gouzon, pueblo del departamento del Nord. El único testigo(fallecido en 1977) contaba dieciocho años a la sazón. Los dos investigadores citados lopresentan como Jules R Los hechos se desarrollaron de la manera siguiente. Cuando el testigollegaba a la bifurcación de donde partía el camino que conducía a la finca de Manaly, percibió adiez o doce «personajes» sentados en corro en el mismo centro del camino. Pasó a unos diezmetros de ellos y los extraños personajes lo contemplaron en silencio. El breve encuentro no durómás de una docena de segundos. «Eran todos hombres —declaró el testigo—. Ni jóvenes niviejos. Parecían ir todos vestidos del mismo modo, con una especie de uniforme gris.»Jules había recorrido apenas un centenar de metros, cuando de pronto, al ras de las copas de losárboles, vio surgir a un ser volador. El ser iba muy aprisa y le pasó prácticamente por encima dela cabeza. Tenía el cuerpo alargado horizontalmente y la cabeza levantada, mirando haciadelante, como para ver a dónde iba. Llevaba las piernas tendidas y juntas, los brazos no eranvisibles, pero el ser llevaba a la espalda como dos «alas» inmóviles. Se dirigía hacia el lugardonde estaban reunidos los demás. El testigo percibió un ligero silbido, como de fricción con elaire.Las «alas», en realidad, podían ser un dispositivo antigravitatorio. Este personaje recuerda alfamoso Mothman de Virginia occidental, estudiado por John Keel) aunque sin su catadurasiniestra. No es la primera vez que aparecen «hombres» u «hombrecitos» volantes en lacasuística. En este mismo libro recogemos el caso de Cussac, notable por muchos conceptos, y enel que varios pequeños humanoides negros evolucionan por los aires para penetrar ensu «nave», y algunos otros.Varios casos mundialesEl fenómeno ovni es mundial. En todas sus manifestaciones: objetos en el cielo, aterrizajes yabducciones. Jacques Vallée, en su catálogo Magonia, recoge tres preciosos casos, anteriores a laPrimera Guerra Mundial, la «gran guerra» por antonomasia, como los anteriores situados enplena Belle époque. Y el primero de ellos proviene nada menos que de... INueva Zelanda!A las once de la noche de un día de enero de 1910, varios moradores de la población deInvercargili (entre ellos el vicario, el alcalde y un policía) vieron un objeto inmóvil a unos 30 mde altura. Un «hombre" se asomó por una puerta lateral y le oyeron gritar unas palabras en un
  10. 10. idioma desconocido. La abertura se cerró y el objeto aceleró, perdiéndose de vista en unsantiamén.(Marte había estado en oposición perihélica —recordémoslo— en setiembre del año anterior.) Elsiguiente caso procede de Hamburgo, en Alemania.Fecha: un día de junio de 1914, a las cuatro de la madrugada. Herr Gustav Herwagen abrió lapuerta de su casa y, en el campo, vio un objeto fusiforme y brillante, con ventanillas iluminadas.Al lado del mismo estaban cuatro o cinco «enanos» de 1,20 m, vestidos con ropas claras. Seaproximó a ellos, pero así que parecieron darse cuenta de su presencia, subieron a bordo delobjeto. Se cerró una puerta y el aparato despegó sin ruido, para ascender verticalmente.El tercer caso lleva fecha de agosto de 1914: fecha fatídica, pues señala el comienzo de la «granguerra». Ocurrió en Georgian Bay (Canadá). William 1. Kiehl y otras siete personas vieron unaparato esférico sobre la superficie del agua de la bahía. En su cubierta estaban dos pequeñosseres que vestían ropas verde violáceas. Parecían estar muy atareados con una manguera, cuyoextremo hundían en el agua. En el lado opuesto había tres «hombres» (el entrecomillado esnuestro) vestidos con ropas marrón claro y máscaras cuadradas que les bajaban hasta loshombros. Al ver a los testigos, volvieron a entrar en el aparato, a excepción de un enano, quecalzaba unos zapatos de extremo curvo y puntiagudo, que se quedó fuera, mientras el aparato seelevaba a 3 m sobre el agua, para, después, salir disparado hacia arriba, dejando una breve estela.En la literatura mundial hay unos cuantos casos más, parecidísimos al que hemos relatado, y queno vamos a ex poner aquí para no aburrir al lector. Estos casos parecen indicar un «vivo interés»de los humanoides por el agua. Imaginemos —sólo imaginemos— que éstos proceden de unplaneta donde el agua escasea o es muy rara. En tal caso, su superabundancia en nuestro mundodebe de resultarles embriagadora: sin duda cogerán verdaderas borracheras de agua.La asociación ovnis-extensiones líquidas es frecuente: los lagos y los embalsesson zonas abundante mente visitadas por ellos. Aquí hay algo más que mera curiosidad ocoincidencia.De Vallee a Méheust: curiosas comprobacionesAunque e! propio Jacques Vallée recoge catorce casos en su catálogo Magonia, entre los años1915 y 1945 (ambos incluidos), ello no le impide afirmar que dicho período es un período«muerto» para la actividad ovni. En cambio—son sus palabras—, «ha sido uno de los más ricos en relatos de ciencia-ficción de todo tipo», ytambién «ha presenciado el creciente interés de la industria cinematográfica por las historiasfantásticas y de “terror”, que pudieran haber resultado en un número cada vez mayor de fraudes yalucinaciones, e incluso en oleadas ovni, si la teoría “psicológica” de los ovnis resultasecorrecta».(Y esto dicho, precisamente, por el padre de la teoría de! «sistema de control» de las menteshumanas por los ovninautas.) En efecto, ya en 1916, Otto Ripert rodó su filme Homunculus,sobre la creación de un hombre artificial por un científico loco. (¿Pór qué todos los científicos deficción tienen que estar locos?) Pero ya antes, en 1914, y luego en 1920, la cinematografíaalemana produjo dos películas sobre el tema judío del Golem, a cargo de Paul Wegenery Henrik Galeen, respectivamente. El filme Las manos de Orlac, inspirado en una novela deMaurice Renard, alcanzó cierta resonancia. En 1926, Fritz Lang (después pasado a Hollywood)rodó Metrópolis; no hay que olvidar que, en 1920, apareció la palabra «robot» (de un verbo rusoque significa «trabajar»), en una obra teatral de Karel Capek: RUR -(iniciales de «RobotsUniversales de Rossum). En 1928, Fritz Lang realizó para la UFA la inolvidable película “La,mujer en la Luna” (Die Frau im Mond), que contó con el asesoramiento científico del profesorHermann Oberth, el «padre de la astronáutica» y maestro de Von Braun., Pero el primer «viaje ala Luna» cinematográfico fue realizado en 1902 por el gran pionero francés Georges Méliés (Levoyage dans la Lune); Las célebres series de Frankenstein (sobre todo en la sobrecogedoracreación de Boris Karloff) y de John Carter de Marte fueron creadas también durante este período«muerto»para la actividad ufológica.
  11. 11. Lo mismo que la famosa emisión de Orson Welles de 1938, en que éste lanzó a lasondas la adaptación de Howard Koch de La guerra de los mundos (The War ofthe Worlds) de su casi homónimo H. G. Wells, según la realización de la compañía del MercuryTheater, con el realismo que es de todos conocido y que afectó a más de cinco millones deradioyentes, según el estudio posterior realizado por Hadley Cantril.Lo que, por su parte, dice e! investigador francés Bertrand Meheust aún es mas intrigante.Documentos en mano, Méheust demuestra que lo que él llama «toda la panoplia delfenómeno ovni (platillos volantes, humanoides abducciones, encuentros cercanos, aterrizajes,haces compactos y coherentes, efectos electromagneticos, etc) etc.) se encuentran ya en oscurasobras de ciencia o, escritas hoy estos escritorzuelos norteamericanos y franceses desenterradospor Meheust?¿Setrata al de Verne o bien alguien introdujo en su subconsciente toda bien de qué se trataba?¿Premonición o introyección?-¿Tal vez preparación? E! enigma es intrigante, en verdad, y pareceevocarnos esa «resaca del futuro» dé que habla Louis Pauwels.Meheust pudo realizar su trabajo buceando en sus propios archivos, pero principalmente en losdel pionero de la ciencia-ficción en Francia, Pierre Versins, que posee una de las bibliotecas máscompletas del mundo sobre este género literario, mirado «por encima del hombro» por loscríticos «serios». En efecto, la ciencia-ficción es un género extraño. Diríase el «eco» de algo quepasa, que pasó o que pasará, y no precisamente en nuestro mundo. Si bien, siempre ha existidouna literatura «fantástica», desde Luciano de Samosata hasta Swift, pasando por Cyrano deBergerac, explosión» de la ciencia-ficción es súbita.Donde se hace un inciso para hablar de agnóptenosCuidado: que no se confunda el lector. No nos vamos a dedicar de pronto a laentomología. Simplemente ocurre que, iniciado este libro, caigo en la cuentade que estoy empleando la anticuada sigla OVNI (Objeto Volante No Identificado),sustantivada en ovni. Sin embargo, doctores tiene la Iglesia y sabios la ufología, que proponennombres más eruditos. Por ejemplo, «agnópteno». Oigamos cómo define este nombre —acuñadopor Félix Ares de Blas— el ColectivoLAU, al principio de un artículo publicado en el número 46 de Stendek diciembre de 1981) ytitulado, precisamente, «Encuentro con un agnópteno en las proximidades de Jaca»: «Es posibleque a muchos lectores les sorprenda la palabra “agnópteno” Simplemente es la traducción algriego clásico (nada menos!) de las siglas OVNI (de agnostos: desconocido, y ptenos: cosa quevuela).»Pues ya lo sabe el lector. En cuanto a mí, de ahora en adelante me guardaré muymucho de acercarme a Jaca, por el temor a encontrarme con un agnópteno (palabreja que evocairresistiblemente, en mí, el recuerdo del pterodáctilo, el terrible saurio volador del Mesozoico).También me recuerda una deliciosa anécdota que me contó mi buen amigo José MascaróPasarius, menorquín ("Pep"para los íntimos)-, el hombre viviente que más sabe sobre cultura megalítica de las Baleares. Undía, con gran asombro por su parte, dos payeses menorquinesvieron pasar por un campo, cerca de Alayor, a dos sabios alemanes que perseguían a lasmariposas (a los lepidópteros) con sendos cazamariposas de tul. «Sabes quéson éstos? —dijo un payés al otro—. Pues son odontólogos, para que te, enteres» ( ¡Cuánto sabemi amigo! debió de pensar el otro.)¿Qué hacemos, pues, amigo lector? ¿Y si dejásemos «ovni»? Por mí, de acuerdo. Aun a riesgode pecar de anticuados.
  12. 12. 2. EL OVNI «MILAGROSO» (1)¿Qué pasó en Fátima? Examen de los hechos bajo un prisma ufológicoAlgún día pienso escribir un libro sobre las apariciones marianas en general y sobre Fátima enparticular. Hoy me limitaré a exponer sucintamente lo que pasó en Fátima en 1917, visto a travésde un prisma ufológico, ovnilógico o agnoptenológico, como se quiera. Muy oportunamente hallegado a mis manos —¿o debiera decir «providencialmente»?—, en el momento de iniciar estelibro, el de la investigadora portuguesa Fina dArmada: Fátima: o que se passou em 1917 (Fátima:lo que pasó en 1917), publicado en 1980. Sin embargo, para la redacción de este estudio mebasaré principalmente en un artículo mío, aparecido en elnúmero de marzo-abril de 1964 de la Flying Saucer Review inglesa, y cuyo título (que pareceanticipar el del libro de Fina dArmada) era What happened at Fátima? (Qué pasó en Fátima?)La aportación de Fina dArmada es importante porque investigó «de primera mano», ysobre todo, en los Archivos Formiglio, dejados por el canónigo José Formigao (más conocido porsu seudónimo de Vizconde de Montelo), en los que desenterró documentos inéditos que lepermitieron trazar un retrato robot de la «Señora», el «ser» o la «Uraniana» (como ella la llama)que se apareció reiteradamente a los pastorcillos. Pero, como me gusta siempre decir, «vayamos alos hechos».Pocos años después del comienzo del siglo —-en -1917, para ser exactos— cuando la«gran guerra» —en la que participaban tropas portuguesas— aún se hallaba en su apogeo, ocurrióen Fátima, un lugarejo del distrito de Leiria, a unos cien kilómetros al norte de Lisboa, una seriede extraños eventos que entonces fueron interpretados como «milagros», pero que hoy puedenrecibir una interpretación totalmente nueva y altamente significativa.Hace sesenta y cinco años, Portugal era un país muy atrasado, con un altísimo índice deanalfabetismo, y los inexplicables, sucesos que se desarrollaron en una remota zona rural del país,entre campesinos iletrados, era natural que recibiesen una explicación «religiosa», y aún más enaquella época de superstición y de beatería. Las ocurrencias se interpretaron como la aparición dela Virgen María, aunque dos mil años antes hubieran podido interpretarse como el descenso delos dioses a la tierra, y en ambos casos se hubiera tratado de visitas de seres «extraterrestres»,completamente reales de hecho y sin nada de «divino» ni «milagroso». Lo que ocurrió en Fátimasería una corroboración más de la ley que podríamos enunciar como sigue: los mismos hechosson susceptibles de recibir distintas interpretaciones o «explicaciones», de acuerdo no sólo con laépoca en que tuvieron lugar, sino también respecto al trasfondo cultural sobre el cual tuvieronlugar.«Muy bien —es posible que se diga al llegar aquí, el lector “enteradillo"—En principio,estoy de acuerdo con que el “prodigio solar” de Fátima fuese un “platillo volante”, tal como nosdice Pau1 Misraki. Pero este libro, señor Ribera, es un libro sobre humanoides; sí, sobrehumanoides, y ya me dirá usted dónde están los humanoides, en Fátima.»
  13. 13. ¡Pero, hombre de Dios!, podría contestarle yo. Tenga usted paciencia, que ya llegaremos aellos. El «humanoide» no falta, en Fátima. Y es precisamente —o podría ser, seamos prudentes—la "Señora" misma, la «Uraniana» de Fina dArmada. Cuando lleguemos a ella —o a «ello», o a«él»—, creo que el lector de niarras comprenderá que tengo pleno derecho a incluirla en un librosobre humanoides.Pero sigamos.Si reducimos los sucesos, supuestamente milagrosos, de Fátima, a la actual terminologíaufológica, podríamos decir que las «observaciones» tuvieron lugar del 13 de mayo al 13 deoctubre de 1917, todos los días 13 (salvo una excepción). En realidad, fueron cinco CE III(encuentros cercanos del tercer tipo) y un CE II (encuentro cercano del -segundo tipo, con efectosfísicos sobre el entorno y los testigos). Los testigos de los CE III fueron tres pastorcillos: Luciade Jesús, de diez años, y sus primos Jacinta y Francisco Marto, hermanos, de nueve y siete años,respectivamente. La testigo principal (que aún vive en el momento de escribir estas líneas) fueLúcia (y aquí observo que su nombre es Lúcia, femenino de Lúcio, y no Lucía —Luzía, enportugués—, como siempre se ha supuesto equivocadamente). La quinta observación contó convarios cientosde testigos. La sexta y última —la famosa "danza del sol"— contó con una cifra que se estimaentre cincuenta mil y setenta mil personas. Fue el ovni que más testigos ha tenido hasta elpresente!Pero más que «encuentros cercanos del tercer tipo», hoy consideraríamos el encuentro delos pastorcillos con la «Señora más brillante que el Sol», como la calificó Lúcia, como un caso de«contacto mesiánico» pues, como veremos, la entidad comunicó un «mensaje» a los videntes, talcomo ocurrió en otras apariciones marianas anteriores y posteriores. En este caso, los"encuentros" o «contactos» se desarrollaron en Cova da Iría, un amplio valle de formaaproximadamente circular, situado a dos kilómetros y medio de Fátima. Mientras los trespastorcillos recogían sus ovejas al mediodía, en el lugar mencionado, vieron de pronto unbrillante destello en el cielo. Pocos minutos después,una figurilla blanca y rutilante pareció materializarse sobre una azinheira, una de las muchasencinas o carrascas que poblaban el lugar. El ser era muy pequeño: de las descripciones de lospastorcillos se desprende que medía poco más de un metro de estatura. Ahora bien: de acuerdocon la, ley antes enunciada, ¿cómo tenía que aparecer un ser del espacio a tres niños ignorantes eiletrados de un país de hace mas de sesenta años? Como la Santísima Virgen naturalmente.(La a parición nunca les dijo que «Ella» fuese la Virgen, esto ha que tenerlo muy en cuenta.«En las estampas que he visto, Nuestra Señora parece llevar dos mantos. Si yo supieradibujar (y si supiera, no sería capaz de dibujarla cual ella es, porque se que es imposible no me esposible hacerlo con palabras) pondría solamente una sencilla túnica, blanca cuanto posible fuerey un manto que baje desde la cabeza hasta el borde de la túnica como no podría dibujar su luz ydifusa belleza, suprimiría todos los otros adornos menos un hilillo de oro en torno al mano Estehilo resaltaba como si fuera un rayo de sol, que brillaba mas extensamente. La comparación nodice nada de la realidad, pero no sé explicarme méjor.» 1La cabeza parecía cubierta por un manto transparente (¿casco?); sobre el pecho portabaalgo que emitía una luz intensa, comparado ora a un rosario (terco) ora al Sagrado Corazón o elCorazón Inmaculado de María. Ahora bien,son numerosos los casos catalogados de humanoides con un objeto brillante en el pecho o en elcinto. Su enumeración se haría farragosa, pero van desde el caso de Oskar: Linke hasta el deValensole, pasando por otros muchos de similares características. Por si aún no fuera bastante, laaparición descendía «por una especie de camino de luz», sin duda un haz compacto y coherente,también abundante en la casuística mundial. Más adelante estableceremos una comparaciónestremecedora entre el caso de Fátima y un caso ufológico actual.Y en el repertorio de hechos insólitos, asociados a las apariciones de Fátima, tampocofaltan las lluvias de fils de nombre muy apropiado en este caso), llamados también por losanglosajones Angel hair, cabellos de ángel. La caída de estos filamentos evanescentes,compuestos principalmente de silicio, a lo que parece, acompañan muchos eventos ufológicos.Así, al paso de una escuadrilla de ovnis, en 1952, sobre Oloron y Gaillac, en los Pirineosfranceses, se produjo una espectacular lluvia de este material, de vida muy efímera. Y el famoso,«bicho» extraterrestre, al parecer hallado en la localidad
  14. 14. portuguesa de Evora, y que, de la mano de Raul Berenguel, constituyó la sensación del ICongreso Ibérico de Ovnilogía, celebrado en Oporto; venía presuntamente de pasajero en un«hilo de la Virgen». Y, por ultimo: «Cuando la visión empezó a alejarse, se oyó como laexplosión lejana de un cohete, o como otros se expresan en el proceso, un trueno subterráneo,venido de la encina, y se vio levantarse en el espacio una nubecilla blanca.»Y conviene no olvidar tampoco que la Señora contestó a Lúcia, cuando ésta le preguntó«Donde é que é Vossemecé ¿(De dónde es Vuestra Merced?), «Sou do Céu» (Soy del Cielo). Delcielo espiritual, o del cielo = espacio cósmico?Naturalmente, la sencilla Lúcia sólo podia hacer la primera interpretación..., lo mismo que los«padres» (curas) que después analizaron estos curiosos diálogos entre unos niños terrestres y un«ser» luminoso extraterrestre.Entre la «Señora» y los tres niños -principalmente Lúcia— se entabló una especie dediálogo, probablemente telepático. Evidentemente, este diálogo era sumamente religioso enesencia, pero debemos recordar de nuevo cuál era la mentalidad y los antecedentes de los trespastorcillos y de su país en la época. Sencillamente, si el ser se les hubiese dirigido en términos«científicos», no lo hubieran entendido. Recordemos también al explorador europeo que en elsiglo pasado se presentaba a los «salvajes» como el Gran Dios Blanco, para conseguir que loreverenciasen, pero al mismo tiempo para impartirles algunas ideas y verdades muy simples. Porotra parte, nada nos permite descartar cierto vínculo misterioso entre los ovnis y las creenciasreligiosas; no sólo la Biblia, sino otros libros de la Antigüedad, contienen alusiones que, hoy día,se pueden interpretar perfectamente a través de la ufología y los «extraterrestres».El segundo «contacto» tuvo lugar el 13 de junio, y fue muy similar al primero. En está ocasión, la«Señora» dijo que le gustaría que los niños aprendiesen a leer.El tercer «contacto» o «aparición», según la terminología de la Iglesia católica, tuvo lugarexactamente un mes después. Muchos sacerdotes, entre ellos el párroco de Fátima, el reverendoManuel Marques Ferreira, se mostraron escépticos, o abiertamente hostiles, ante las apariciones.El digno señor párroco incluso llegó a pensar que podía ser el demonio en persona quien estabatentando a los niños. Tal era el fanatismo de la época, que las tres pobres criaturas inclusollegaron a ser encarceladas por varios días. Durante el tercer contacto, el Ser anunció por primeravez a Lúcia que en octubre realizaría un gran milagro para que todos creyesen (para que todoscrean).La cuarta aparición debía haber tenido lugar el 13 de agosto, pero los niños se retrasaron,por haber sido llevados a Vila Moya de Ourem, en automóvil, por Arturo dOliveira Santos,alcalde de Vila Nova, francmasón y ateo, que sometió a los pastorcillos a un interrogatorioacompañado de amenazas, antes de secuestrarlos. Esto dará al lector una idea de la atmósfera querodeó al caso. Tras un nuevo «Lavado de cerebro» a cargo del señor Santos, se permitió a losniños ir nuevamente a Coya da Iria el 19, pero esta vez encontraron al Ser luminoso en un lugarinesperado: en los Valinhos (los Vallecitos).El 13 de setiembre, los testigos fueron muy numerosos, e inclusive se vio la «nave» enque el Ser acudía al lugar de la cita. Según el reverendísimo vicario general de Leiria, que fueuno de los testigos, la Virgen vino en «unaeroplano de luz» (sic), «un globo inmenso, que se mueve hacia Occidente, desplazándose lento ymajestuoso a través del espacio». Otros testigos vieron salir del globo a «un Ser blanco» El globopartió hacia el este, a los pocos mi-nutos, desapareciendo en dirección al Sol. Por su parte, los tres pastorcillos volvieron a ver a la«Señora»; quien esta vez les dijo de nuevo que en octubre realizaría un milagro para que loviesen todos. Esta vez el fenómeno estuvoacompañado por un hecho clásico en ufología: la caída de fils de la Vierge, descrita así por L. G.da Fonseca: «Del cielo llovían como flores blancas o copos de nieve que desaparecían antes dellegar al suelo, y cuando querían re-cogerlos con los sombreros o tomarlos con la mano» (op. cit. p. 75). Entre los testigos de estacaída de filamentos, blancos se hallaba el obispo de Leiria, quien así lo atestiguó.
  15. 15. El «milagro del Sol»Pero la «observación» más importante aún había de tener lugar. Tal como había prometido el Sercelestial, ocurrió el 13 de octubre y fue presenciada por millares de testigos, pues por todoPortugal se había esparcido la noticia de que algo «gordo» iba a suceder aquel día.Las características de esta observación aún recuerdan más, si cabe, la fenomenología«platillística» actual. Desde primeras horas de la mañana, todas las carreteras y veredas queconducían a Fátima estaban abarrotadas de «peregri-nos», que iban desde grupos de fanáticoshasta simples curiosos e incluso ateos (había muchos entonces —sin duda por reacción— enpaíses católicos oficialmente como Portugal, España e Italia), muchos de los cuales acudían allícon claros propósitos de mofarse del «milagro» y de los que creían en él. Desdichadamente, eldía amaneció nublado y lluvioso. A las once y media de la mañana, se calculaque se habían congregado en el gran anfiteatro natural de Coya da Iria entre cincuenta mil ysetenta mil personas.Entre ellas se encontraban numerosos informadores de prensa, enviados por periódicos de Lisboay Oporto. A las doce y media, aproximadamente, se inició el llamado prodigio -solar: el Sol brillóentre las nubes (llovía torrencialmente en aquellos momentos) e inició su danza.Pero dejemos que el prodigio nos sea relatado por un testigo calificado: el profesorAlmeida Garrett, distinguido hombre de ciencia, catedrático en la Universidad de Coimbra, quese encontraba entre la multitud: «Llegué a mediodía. La lluvia, que desde la madrugada caía lentay persistente, sacudida por un fuerte vendaval, continuaba y amenazaba inundarlo todo. Medetuve en el camino..., dominando el lugar que decían ser el de las apariciones. Me hallabadistante un centenar de metros.»La lluvia caía copiosa sobre las cabezas y, bajando a regueros, empapaba los vestidos.Eran como las dos de la tarde (poco después de mediodía). Pocos instantes antes, el Solhabía rasgado el denso nubarrón que lo ocultaba y apateció radiante: todas las miradas sedirigieron a él como atraídas por un imán. »También yo lo miré fijamente y lo vi semejante a undisco de contornos definidos, resplandeciente, pero sin deslumbrar.»No me pareció exacta la comparación que allí mismo, en Fátima, oí, de un disco de plataempañado. No; su aspecto era de una claridad nítida y cambiante, que se asemejaba a loscambiantes o irisaciones de una perla. No se parecía en nada a la luna en noche serena, pues notenía ni su color ni los claroscuros. Parecía una rueda bruñida, sacada de una concha nacarada.Esto no es poesía: misojos lo han visto así..: Por otra parte, aquel disco solar no parecía difuso ni de modo algunocubierto; antes se destacaba nítido en su fondo y en su circunferencia.»Este disco, tan rápidamente cambiado y tan esplendoroso, parecía haber tomado elvértigo del movimiento. No era el centelleo de luz viva de una estrella. Giraba sobre sí mismocon una velocidad arrolladora.»De repente, de la muchedumbre brota un clamoreo, cual grito de angustia. El Sol,conservando la velocidad de su rotación, se desprende del firmamento y, sanguinolento, avanzahacia la tierra, amenazando aplastarnos bajo el pesode su ingente mole de fuego»Son momentos de impresión terrorífica... (L. G. da Fonseca, op. cit., pp. 97 y 98.) .La cursiva, naturalmente: es mía, y se propone resaltar el parecido de estas extrañasevoluciones del Sol con las evoluciones de un “platillo volante” Otros testigos hablan también dela caída del astro en «hoja muerta» (movimiento característico de los ovnis), y el barón deAlvaiazere dice que descendió y luego subió «en espiral». Paul Misraki presenta en su obra(véase Bibliografía) un detallado cuadro comparativo del fenómeno solar de Fátima con diversoseventos ufológicos.Cuando el supuesto disco solar, que no cesaba de girar sobre su eje, descendió hacia lamultitud, fueron muchas las personas que sintieron una sensación de hormigueo y calor. Aalgunos se les secaron completamente los vestidos, que tenían empapados. A otros, no. Desde
  16. 16. lugares situados en un radio de varios kilómetros en torno a Fátima, se observó también la "danzadel Sol". Pero los observatorios astronómicos del hemisferio iluminado no observaron aqueldía nada anormal, ni en los cielos ni en el Sol. Esto significa que se trató de «un fenómeno local»;un fenómeno que se desarrolló a muy baja altura (probablemente a unos cientos de metros), y queestaba dirigido únicamente a «lagente reunida en Cova da Iria», con objeto de impresionarla. Quizá fuese uno de los últimosintentos realizado por ellas para establecer contacto con la humanidad a gran escala; una de lasmayores demostraciones cósmicas que han realizado en nuestra planeta. Sea por lo que fuere, noparece haber conseguido el resultado propuesto.1 En una antigua obra sánscrita, el Samarangana Sutradhara, se describe así el método depropulsión de las vimanas, o naves aéreas que aparecen en el Mahabarata: «Cuatro sólidosrecipientes de mercurio deben instalarse en laestructura interior. Una vez calentados por el fuego.., la vimana adquiere lafuerza del trueno gracias al mercurio. E inmediatamente se convierte en una perla en el cielo» (lacursiva es mía). Es preciso señalar que en sánscritose distinguía entre obras místicas (Daiva) y reales (Manusa). El SamaranganaSutradhara tiene la consideración de obra Manusa.Volvemós a encontrar el símil de perla en el cielo en un caso muyreciente, acaecido en Turis (Valencia) el 25 de julio de 1979 y recogido por Vicente-JuanBallester Olmos y Miguel Guasp en su última obra (véase Bibliografía). El testigo, un agricultorde cincuenta y cuatro años llamado Federico Ibáñez, dice que, tras despegar, el objeto por él vistose convirtió en una perla en el cielo. Estas perlas son verdaderas «perlas, para el investigador quepractica el me todo comparativo, como uno de los caminos para llegar a la verdad..
  17. 17. 3. EL OVNI «MILAGROSO»El humanoide de ImjarviDos rudos esquiadores finlandeses tuvieron un encuentro, en un bosque nevado de su país, que dehaber ocurrido en otro Jugar, época y a cuenta de otras personas más crédulas y sencillas (niños,tal vez), hubiera originado una “aparición mariana” más que añadir al catálogo donde figuran LaSalette, Lourdes, Fátima, Garabandal, La ,Codosera e incluso, El Palmar de Troya. Pero elencuentro de los finlandeses con un extraño ser «que descendió del cielo en un rayo de luz» esinteresante, porque nos permite ver lo que pasó en Fátima desde una nueva óptica y compararambos casos.Vamos a relatarlo sucintamente. El extraño incidente saltó. por primera vez a la luzpública en la sección «World round-up» (De todo el mundo) de la revista inglesa Flying SaucerReview, en su número de mayo-junio de 1970. Se trataba de un informe enviado a la FSR por elinvestigador sueco Sven-Olof Fredrikson, miembro de un grupo llamado GICOFF, deGotenburgo.Por aquel entonces, el señor Frédrikson era un estudiante de física en aquella universidad.El informe FredriksonEl incidente tuvo lugar el miércoles 7 de enero de 1970, a las 4.45 de la tarde, hora local, en unbosque de las afueras de Imjarvi, poblado situado 16 km al nornordeste de la ciudad de Heinola,en la Finlandia meridional. A su vez,Heinola se encuentra a 130 km al nordeste de Helsinki. Los dos testigos, el guardabosques AarnoHeinonen, de treinta y seis años, y Esko Viljo, labrador, de treinta y ocho, según queda dicho,habían salido a esquiar. Ambos eran es-quiadores de fondo, habiendo tomado parte en muchas carreras; también practicaban el atletismo,participando en, competiciones locales. Los dos son abstemios y no fuman.Ambos descendían por la ladera de una pequeña colina, cuando se detuvieron en uncalvero para hacer una breve pausa. El Sol iba a la puesta y empezaban a verse algunas estrellas.Hacía mucho frío: 17 grados C bajo cero, y no soplabaun hálito de viento.Llevaban unos cinco minutos de pie en el calvero, cuan do oyeron un zumbido.Distinguieron entonces una luz que se movía por el cielo; La luz se aproximaba a ellos desde elnorte, describiendo una amplia curva, lo que dio porresultado que se acercase entonces desde el sur. Al mismo tiempo descendió, mientras elzumbido, débil al principio, se hacía más fuerte: La luz era muy intensa cuando se detuvo. Ambosvieron entonces que una nube luminosa girabaa su alrededor. Era cómo una niebla, entre gris y rojiza, que pulsaba con una luminosidad,fantasmal. Al mismo tiempo, de la parte superior de la nube salían vaharadas de humo Los doshombres permanecían inmóviles, mirando hacia lo alto y sin pronunciar palabra.La nube descendió hasta unos 15 metros de altura, y fue entonces cuando; en su interior,pudieron ver un objeto redondo, plano por abajo y de aspecto metálico. Les pareció que medíaunos tres metros de diámetro. En su parte inferior se observaban tres hemisferios y, en el centro,un tubo de unos 25 cm de diámetro, que salía unos 20 centímetros.El objeto permaneció suspendido en el aire unos momentos, mientras seguía oyéndose elzumbido. Éste fue aumentando de -intensidad, paulatinamente, mientras el objeto descendía conlentitud. Simultáneamente, la niebla grisrojiza comenzó a esfumarse. El objeto detuvo su descenso cuando se encontraba a tres o cuatrometros del suelo; al mismo tiempo cesó el zumbido. Heinonen manifestó que lo tenía tan cercaque podría haberlo tocado con su bastón de esquiar.De pronto, del tubo inferior brotó un brillante rayo de luz que describió un par de círculosantes de detenerse, creando un círculo, brillantemente iluminado, sobre la nieve. Éste medía cosade un metro de diámetro y estaba
  18. 18. rodeado por un borde negro, de varios cm de ancho. Los dos hombres seguían muy quietos,mientras una niebla rojo grisácea empezó a descender sobre el lugar.Cedamos la palabra a Heinonen: "De pronto sentí como si alguien me hubiese agarradopor la cintura y tirase de mí hacia atrás. Creo que di un paso hacia atrás y en aquel mismo instantevi al ser. Estaba de pie, dentro del –rayo de luz, con una caja negra en las manos. Por unaabertura redonda de la caja surgía una luz amarillenta y pulsante El ser medía unos 90 cm de alto;sus brazos y piernas eran muy delgados. Su rostro era pálido, cerúleo. No reparé en sus ojos, perosí en la nariz, que era muy extraña. Más que una nariz parecía un pico ganchudo. Las orejas eranmuy pequeñas y se estrechaban hacia la parte superipr. Aquel ser llevaba una especie de mono deun material verde claro. Calzaba unas botas de un color verde más oscuro, que le llegaban hastamás arriba de las rodillas. Vi también que llevaba unos guanteletes blancos que le subían hastalos codos, y los dedos con que sostenía la caja negra parecían unas garras curvas.»Veamos cómo Esko Viljo, por su parte, describe a esta extraña criatura: «Yo también lovi. -El ser estaba en el centro de la luz brillante y despedía una luminosidad fosforescente, pero sucara era muy pálida. Tenía los hombrosmuy delgados y caídos, con unos brazos finos como los de un niño. No pensé en sus ropas) sóloobservé que tenían una coloración verdosa. Sobre la cabeza llevaba un casco cónico que brillabacomo si fuese de metal. El ser medíamenos de un metro y era muy delgado.»Mientras los dos esquiadores permanecían de pie, contemplando al humanoide, éste sevolvió ligeramente y, con la abertura de la caja, apuntó hacia Heinonen. La luz pulsante era muybrillante, casi cegadora. Mientras el pequeño ser permanecía en el interior del rayo luminoso, unaespesa niebla, entre gris y rojiza, descendió del ovni, y del círculo luminoso trazado sobre lanieve brotaron enormes chispas. Las chispas eran muy grandes, pues medían casi 10 cm delongitud. Su coloración era roja, verde y lila. Surgieron flotando en amplias curvas; para alcanzara los dos hombres, pero éstos no notaron nada. La niebla se fue espesando cada vez más, hasta elpunto que Heinonen y Viljono podían verse. Por último, incluso el ser del rayo de luz dejó de ser visible. Para entonces,calculan que lo estuvieron viendo durante unos 15 o 20 segundos.«Súbitamente —sigue relatando Esko Viljo—, el círculo sobre la nieve se fue encogiendoy el rayo luminoso ascendió, flotando como una llama temblorosa, hasta desaparecer en elinterior del tubo que el objeto tenía en su parteinferior. Entonces pareció como si algo “apartase” la niebla, y sobre nuestras cabezas vimos elcielo estrellado y vacío.»Ambos continuaron-allí, sin moverse, quizá durante tres minutos más. «No teníamosmiedo —dijo Heinonen— y permanecimos allí, sin hablar y sin hacer nada.» Pero unos dosminutos después de haberse disipado la niebla, AarnoHeinonen notó que su costado derecho estaba insensible, y cuando trató de dar un paso adelantecon sus esquís, cayó al suelo.«Había tenido el lado derecho de mi cuerpo —dijo— vuelto hacia la luz: me dolía lapierna derecha y la tenía completamente insensible desde el pie hacia arriba. No conseguílevantarme por mí mismo, aunque lo intenté varias veces.»Tuvo que dejar sus esquís en el lugar; Viljo le ayudó a levantarse y a recorrer los 2 kmque los separaban del poblado: Invirtieron aproximadamente una hora en recorrer esta distanciaCuando finalmente llegaron a casa de lospadres de Heinonen, éste no se encontraba nada bien. Le dolía la espalda y tenía las extremidadesentumecidas y doloridas. Por si fuese poco, sufría una fuerte jaqueca y no tardó en sentir vómitos.Cuando más tarde fue al lavabo, observó que tenía la orina negra como café. (Este síntoma semantuvo durante cosa de un mes.) También le costaba respirar.A las ocho de aquella misma tarde fue a ver al doctor Pauli Kajanoja, de Heinola. Elmédico le tomó la presión arterial y la encontró mucho más baja de lo normal, lo cual era indiciode shock. Recetó a Heinonen un somnífero. El día 8 de enero volvió a visitar al mismofacultativo, quien esta vez le prescribió un sedante. Los síntomas no remitían, le dolían brazos ypiernas y a veces sentía vértigos. Tenía frío, pero no mostraba temperatura elevada.El 14 de enero fue por tercera vez al médico; éste le
  19. 19. administró un medicamento destinado a regular la circulación. Pero su cuadro clínico continuabay le impedía trabajar. A mediados de mayo escribió a Fredrikson lo siguiente: «Aún sigoenfermo. Tengo jaqueca y dolores en lanuca, así como en el estómago y la espalda. Me siento la mano derecha pesadísima. No puedotrabajar. Mi estado apenas ha experimentado mejoría desde el invierno. Los médicos de Heinolaya no saben qué recetarme. ¿Es tan pobre el Gobierno que no puede ayudarnos? He tratado deobtener algún subsidio de las autoridades, pero no he conseguido nada. Creo que tendrían quepagarme, pues yo no sé por que estoy enfermo. Estuve en el sitio donde vimos el objeto ydespués mi estado ha empeorado.»Heinonen sufría también una amnesia parcial. Tardó algún tiempo en recordar plenamenteel incidente. A principios de junio aún seguía muy débil. Apenas probó bocado desde enero.Antes del 7 de enero se hallaba en -una espléndida forma física, pero después del incidente elmenor trabajo le dejaba exhausto.En cuanto a su compañero Esko Viljo, éste no notó nada anormal inmediatamente despuésdel encuentro, pero una hora después se le puso la cara hinchada y rojiza, y su andar se hizotitubeante. El doctor Kajanoja le recetó dos píldoras somníferas. A la mañana siguiente, a Viljó lecostaba mantener el equilibrio y notaba como una falta de peso, especialmente en las piernas. Lasmanos y el pecho también se le enrojecieron. El 9 de-enero de. 1970, el médico le prescribió unsedante; Durante un par de días tuvo dolor de, cabeza.El 12 de enero visitó un oftalmólogo de Lahtis, porque le dolían los ojos, que teníahinchados y enrojecidos. El facultativo le recetó un colirio. Dos días después, un médico deHeinola le aconsejó que tomase un producto para la circulación. El 17 volvió al mismo médico,quien lo encontró normal. Pero en la sauna, su cuerpo adquirió una rojez desacostumbrada.En una carta que escribió a Fredrikson, a mediados de mayo, comenta: «Algunaspersonas que visitaron el lugar de los hechos, se sintieron mal un par de días después.¿Podría esto ser algún tipo de infección?»El doctor Kajanoja, tras un detenido reconocimiento de ambos, declaró: «Creo que estosdos hombres han experimentado un tremendo shock. La cara de Esko Viljo, estaba muy coloraday presentaba cierta tumefacción. Ambos parecían como ausentes, distraídos. Hablaban muyaprisa y de modo incoherente. No encontré nada anormal, clínicamente, en Heinonen. No sesentía -bien, pero podía ser unareacción de su estómago ante la impresión sufrida. Los síntomas que me describió son iguales alos que presentan las personas sometidas a una dosis de radiactividad. Por desgracia, yo nodisponía de instrumental para medirla.En cuanto a la orina negra, me parece algo inexplicable. Posiblemente debía de contener unaelevada proporción de sangre, pero una situación así no puede prolongarse durante meses,.(Solamente le duró un mes.) En consecuencia, no puedo prescribir ninguna medicacióndeterminada.» Sin embargo, en las muestras de tierra analizadas no había radiactividad.Cuando Bo Ahlqvist, reportero enviado por la revista sueca Fib-Aktuellt, visitó él lugar dela aparición, con un fotógrafo, a comienzos de junio y en compañía de Viljo y Heinonen, ocurrióel siguiente fenómeno: al cabo de unrato de permanecer en el sitio, las manos de Viljo, Heinonen y un intérprete que los acompañaba,enrojecieron. Heinonen se vio obligado a abandonar el, lugar a causa de un repentino dolor decabeza.Hechos corroborativosEn primer lugar señalemos que tanto Viljo como Heinonen gozaban de una excelentereputación en la comunidad, donde se los consideraba personas serias e incapaces de urdir unahistoria tan extraña. Por otra parte, varias personas vieron una luz inexplicable en el cielo, el día 7de enero, coincidiendo con el supuesto encuentro de los dos esquiadores, y no sólo desde Imjárvi,sino también desdePaaso, localidad situada a 10 km al norte de Imjárvi. Pero hay más: un año antes, un muchacho dedieciséis años, llamado Matti Kontulainen, había visto una luz extraña, en un lugar a sólo cienmetros del calvero donde Viljo y Heinonen vieron el ovni.
  20. 20. Diez años despuésEn setiembre de 1980, la FSR publicó lo que pudiéramos llamar un posz-scriptum al caso deImjarvi Su autor era Anders Liljegren, director de la publicación ufológica sueca AFUsUyhetsblad, de Sodertalje En realidad, el artículo de la FSR era la traducción al inglés delpublicado por Liljegren en el número 18 (enero-marzo de 1980) de la publicación citada. A suvez, el artículo sueco se basaba en una serie de artículos aparecidos en la revista finesa Ufoaika,en 1972 y 1973, por una parte, y por otra en la correspondencia sostenida -entre Aarno Heinoneny un investigador colega de Liljegren, llamado, curiosamente, Jorma Heinonen. Según aclaraLiljegren, esta coincidencia de apellidos es puramente casual. Asimismo, Liljegren mantuvoestrecha relación con Sven-OIof Fredrikson, de Góteborg (Gotenburgo) y con el periodista Bo-Ahlqvist, que se mantenía asiduamente en contacto con los testigos.La información recogida a través de estas diversas fuentes por Liljegren es desconcertantey nos ofrece un cuadro muy complejo. En efecto: además de un encuentro con un humanoide y sunave, seguida de efectos fisiológicos, la cosa se complica y tenemos un contacto de tipomesiánico de Heinonen, e incluso una posible abducción del mismo. Aparecen en escena máshumanoides —uno de ellos femenino y que recuerda extrañamente a la «Señora» de Fátima—;por todo ello, este caso adquiere unas dimensiones mayores y se coloca a caballo de un simple CIII, un contacto mesiánico y una abducción. Por desgracia, estas noticias, que se remontan a1973, es lo último que sabemos sobre el caso y sus extrañas secuelas. Después de esa fecha,Heinonen y Viljo parecen esfumarse Liljegrenafirma que ha rebuscado en vano en la literatura ufológica mundial, pero no ha hallado másinformación sobre el caso Imjarvi con posterioridad a 1973.Aarno Heinonen: ¿un predestinado?Por lo que pudo averiguar Liljegren, el encuentro de 1970 quizá tendría que considerarse comoun eslabón más en una continuada cadena de acontecimientos: ¡Heinonen aseguraba que ya en1964 había visto un ovni! En su número 10 (1972) Ufoaika informaba que hasta el 15 de agostode 1972, Aarno Heinonen había efectuado nada menos que veintitrés observaciones de ovnis. Ytambién se había convertido en un contactee. En una carta a Jorma, fechada el 8 de noviembre de1972, Heinonen afirmaba haber visto unos treinta fenómenos luminosos (discoidales en cuatroocasiones) y humanoides en cinco ocasiones distintas, el7 de enero de 1970 inclusive. Y en tres ocasiones se había encontrado con una mujer humanoide,con la que sostuvo una conversación... ¡en finés!Por su interés documental, voy a transcribir el relato que hizo el -propio Heinonen de su supuestoprimer encuentro con-la «mujer»: "El 5 de mayo de 1972 oí tres “señales sonoras” y luego unavoz femenina, desconocida, que me pedía que fuese a encontrarme con ella en un lugar situado alas espaldas de un granero rojo, situado cerca de la encrucijada de Jaala y Voikoski. Yo tenía queir solo, y no debía llevar mi cámara fotográfica ni mi grabadora. La voz era aguda y parecía“cansada”»Me dirigí al lugar indicado, en mi Vespa. Eran las diez y cuarto de la noche. Cuandollegué a la parte posterior del granero vi a una mujer vestida con un traje y pantalones amarillovivo y con largos cabellos rubios, de puntaslevantadas, que le caían sobre los hombros. Su traje era muy ajustado y relucía cuándo ella semovía. Vi que calzaba zapatos pateados con rosetas rojas En su mano izquierda sostenía algo queme pareció una bola plateada, conectada a una varilla que empuñaba con la diestra. De la bolasaltan tres antenas, de unos -30 cm de largo. Las tres estaban apuntadas hacia mí; »Yo notenía miedo y me dirigí hacia ella. La mujer vino a mi encuentro y me tendió la mano, diciendo:“Hyvaa Paivaa (Cómo está usted?, en finés.) Yo le estreché la mano, que me pareció suave y fría.Ella dio entonces dos pasos atrás, y entonces reparé en la presencia de otra persona, un hombre,de pie e inmóvil, a unos 70 m de nosotros. El vestido del hombre también era amarillo, algo másclaro quizá, y se tocaba con una especie de sombrero. En aquella oscuridad no pude verlo condemasiado detalle.
  21. 21. »Pregunté a la mujer que de dónde venían (la llamé “señorita” porque no vi que llevaseningún anillo en sus dedos) Ella me contestó: “Venimos del otro lado de la galaxia, de unagradable país verde.” Luego me dijo que tres especies distintas de “humanoides” habían visitadoImjarvi. Primeramente seres pequeños, luego gente como ella (medía 1,40 m) y, por último, unaespecie más alta, de casi dos metros de estatura. Me contó que la visita efectuada por el pequeñohumanoide, en 1970, había -durado tres minutos, aunque nosotros creímos que sólo había duradounos segundos. La mujer también me dijo que tenía 180 años, aunque sólo aparentaba veinte.»Este «contacto» casa en muchos de sus detalles con otros incidentes similares. La «bolaluminosa» aparece en numerosos casos de encuentro, desde Carlos Villa Paz a Olavarría (ambosen la Argentina, y que examinaremosadelante). La conversación en la lengua del testigo también es un detalle clásico: aparece desde elcaso de Gary Wilcox (inglés) hasta el de Pere Ribalta Puig (catalán) y Fátima (portugués). -Elaspecto de la «mujer», repito, recuerda el de la «Uraniana» de Fátima, con su «trajeresplandeciente», su pequeña estatura y sus facciones juveniles, casi aniñadas. Si en vez de unrudo guardabosques finlandés, el testigo hubiese sido un pastorcillo de un país católico del sur deEuropa, hubiéramos tenido una «aparición mariana» más.Segundo encuentro con la entidadEn este segundo encuentro, que paso a transcribir, Aarno vio el «vehículo» de la «señorita»cósmica. (Aquí, en efecto, se trataba de una «señorita»; no de una «Señora» como en Fátima.)Pero continúa la atmósfera de «aparición mariana» en todo el extraño episodio:«El 18 de junio de 1972, a la misma hora que la primera vez, volví a recibir instruccionespor medio de la voz femenina. Esta vez tenía que ir al cruce de caminos de Antinhaara. De allísale un sendero, de unos cien metros, que lleva lo alto de un otero. Allí fue donde encontré a lamujer, esta vez sola.»Hablamos de las mismas cosas que en la primera ocasión. Cuando yo le pregunté cómohabía llegado hasta allí; me contestó: “Vuelve a tu casa y verás el hermoso vehículo en quehemos venido.” Así lo hice, y a unos ciento cincuenta metros de mi casa ya distinguí la nave.Estaba a baja altura, quizás a no más de cien metros. Se balanceó y dejó de moverse, paraquedarse suspendida sobre mí.Detuve mi scooter y la observé desde abajo. Aquel objeto, de forma discoidal, no emitía luzalguna, pero vi que su color era plateado. Tampoco vi ventanas ni ojos de buey. Calculé que sudiámetro era de cinco a siete metros. Al cabo de un momento se elevó lentamente en el cielo.»En ambas ocasiones hablé con la mujer durante unos cinco minutos. Ella hablaba muyaprisa, con voz que parecía “tensa”; sus palabras, sin embargo, le salían de la boca. Le pude verlos dientes, que tenían una anchura doble a la de los nuestros. Tenía la cara y las manos muyblancas y era extraordinariamente hermosa. Parecía tener la nariz respingona. Ya he dicho quemedía aproximada-mente un metro cuarenta, y llevaba un traje de dos piezas con un cuello muy alto, tipo cuello decisne. Sus zapatos no estaban unidos al pantalón. Tenía unos ojos muy grandes, de un azulmaravilloso.»Durante ambos encuentros, ella sostuvo constantemente la bola plateada en sus manoscomo la uraniana de Fátima). De lado de partida era muy singular parecia irse flotando”hasta qué desaparecía. (También como en Fátima).daba muyenvarada sin doblar las rodillas. Aarno Heinonen contó a los investigadores finlandeses otrosdetalles más bien de corte «keeliano»: un ser de rostro indiscernible que se materializó un día enla cocina de Viljo; algún fenómeno de tipo poltergeist, un encuentró en Heinola con otrohumanoide que medía más de dos metros, y que entregó a Aarno una pluma o bolígrafo rojoetcétera.Dijo, además, que los "extraterrestres" le habían implantado en la espalda (sic) unpequeño aparato por medio del cual le controlaban y le impartían órdenes. También afirmó queaquellos seres —que nos llevaban un adelantotécnológico de 5 000 a 7 000 años— estaban entregados a la tarea de «limpiar» la atmósfera denuestro planeta...y otras cosas igualmente increíbles.
  22. 22. ¿Qué debemos pensar del extraño giro que tomó la vida de Aarno Heinonen de sucompañero Viljo no se nos dice nada— después del encuentro en la nieve, de 1970? Manifiestamuy a las claras el «síndrome del contactado», puesto de manifiesto en otros casos queconocemos. ¿Hay que tomar sus declaraciones al pie de la letra, o bien con ellas nos adentramosen el terreno de la psicopatología? Nada hace presumir que sea así: Heinonen era un hombresano, robusto y sin complicaciones, a sus treinta y ocho años, edad en que ocurrió el encuentrocon el humanoide. Soltero, vivía con sus padres en una casita sin electricidad. Susprincipales aficiones eran la pesca y el deporte. El tema de los ovnis y los extraterrestres no leinteresaba en absoluto; sus conocimientos al respecto eran prácticamente nulos. De ser todo ellouna fabulación, ¿por qué la historia presenta tantos puntos de contacto con otros relatos desupuestos contactados, ocurridos en lugares situados a miles de kilómetros de Finlandia? ¿Y quépodemos decir de los rasgos «marianos» de la «mujer extraterrestre»?Pero hay otro detalle que, curiosamente, ningún comentarista del caso menciona... o noquiere mencionar. Y es el siguiente.La naveEn efecto: ni Fredikson ni Liljegren —ni tampoco Adell— hacen el menor comenta-rio acerca dela «nave» vista por Heinonen y Viljo en el calvero del bosque de Imjarvi, aquel día, 7 de enero de1970. Sin embargo, es una nave famosaen la historia y la le3enda de los ovnis. ¡Es nada menor que el Venusian -scout ship (la nave dereconocimiento venusiana) de George Adamski! Sí, la misma, con sus tres hemisferios en la parteinferior, su forma discoidal acampañada y su cúpula (solamente entrevista por Viljo y Heinonendesde su posición inferior). Pero la parte baja de la, nave es idéntica a la que aparece en -lasfamosas fotografías de Adamski, que datan de 1952 (compárese la nave que aparece en lareconstrucción del incidente, con la de una nave adamskiana).De aceptarse el episodio del bosque de Imjarvi, ello significa un serio respaldo a laautenticidad de las fotos de Adamski. Pero hay más: volvemos a encontrar la nave discoidal, conlas tres bolas inferiores, en un caso de abducción muy sólido: el del sargento Moody, de laaviación norteamericana. Charles L. Moody fue supuestamente abducido la noche del 12 deagosto de 1975, en Alamogordo (Nuevo México). El hercúleo sargento fue llevado por suscaptores al interior de la navecilla, donde le mostraron su «sala de máquinas». En ella vio.., laparte interior, o hemisferios, de las tres semiesferas que antes había visto por fuera de la nave. Enun próximo libró pienso ocuparmecon detalle del caso del sargento Moody, y de paso, establecer unas interesantes comparaciones.En resumen el caso de Imjllrvi y sus extrañas secuelas constituye un verdaderocompendio de eventos ufológicos. En él tenemos desde la «nave tipo Adamski» hasta el pequeñohumanoide, el haz de luz compacta, los efectos fisio-lógicos, psicológicos y parapsicológicos en los testigos, el «contacto mesiánico" una posible —indemostrada— abducción, y para que no falte nada, un paralelo con una de las más famosasapariciones marianas.Pero las piezas de la «aparición mariana» se nos dan por separado, en Imjilrvi. Si lafigurilla que descendió por el rayo de luz, desde el ovni (la «nube» en Fátima; pero es que el ovnide Imjarvi también apareció como una «nube»), hubiese sido la «mujercita» con que Heinonen seentrevistó dos o tres años después, el parecido hubiera sido perfecto. Sin embargo, en Finlandia la«uraniana» prefirió aparecerse al testigo de otra forma, acaso más «normal». Y el diálogo queambos entablaron brevemente no tuvo nada de religioso, -por supuesto.¿Qué o «quién» se oculta tras esa tramoya? Aarno Heinonen está en la línea de los hombressencillos jóvenes y sanos, que «ellos» parecen preferir para sus contactos como depositarios desus «mensajes». ¿Para ir creando «ciudadanos cósmicos», como postula el doctor Leo Sprinkle,el hombre que más supuestos abducidos ha estudiado y, por tanto, el hombre que más sabe sobreesteaspecto importantísimo del problema?. Tal vez.
  23. 23. 4.DE LA MANCHA AL GUAPORÉEl «hombrecillo» de la ManchaEste libro no se propone ser un catálogo exhaustivo de casos de aterrizaje de ovnis y deencuentros con humanoides, De publicar todos cuantos figuran en mis archivos, alcanzaría unaextensión de, varios miles de páginas y resultaríade lectura imposible. Unicamente me propongo efectuar una-aproximación al fenómenohumanoide y entresacar los casos más reveladores e importantes, o los menos conocidos enEspaña, y de paso concienciar al público.A principios de enero de 1968 recibí una carta sin firmar, matasellada en un pueblo deToledo, que a continuación transcribo literalmente:«Muy Sr. mío: Informado de su interés por la recopilación de datos sobre platillos y seresextraterrestres, me dirijo a usted para darle a conocer un hecho, no sueño, que me ocurrió hacemás de cuarenta años. En un lugar de la Mancha (sic), muy próximo al edificio de su iglesiaparroquial, me encontré de sopetón con un ser rarísimo que, a pesar del mucho tiempotranscurrido, no he podido, olvidar. Su altura era aproximadamente de 1,20 m; su vestimenta, detipo uniformado y verdosa; sus brazos y piernas se encontraban rígidos y pegados al cuerpo y enlas manos (también juntas) un soplillo circular de unos 20 cm de diámetro, flexible, pero consonido metálico. Sus piernas, también rígidas y sus pies unidos por un eje, el cual hacía girar unaruedecilla circular, sobre la que andaba, a mi parecer dirigida e impulsada dicha ruedecilla por losefectos del soplillo (que) portaba en sus manos. Llegué a contemplarlo a una distancia de unosdos metros; por breve tiempo, mirándonos mutuamente, pero sin llegar (a)hacer uso de la palabra.»Rogándole sepa perdonar el anonimato, queda suyo afemo.» (Sin, firma.)La curiosa carta estaba matasellada en Quero, localidad de la provincia de Toledo, entreAlcázar de San Juan y Quintanar de la Orden. La población actual de Quero no llega a los 3 000habitantes, y en su término municipal hay manantiales de aguas salinas medicinales. Nuevamentevolvemos a encontrar el agua asociada a un caso de humanoides.Reconozco que la evidencia en favor de la autenticidad de este caso es muy débil.Ballester Olmos, que al principio lo había incluido en su catálogo de doscientos aterrizajesibéricos, terminó por eliminarlo del misma El humanoide de la monorrueda y del «soplillo»resulta desconcertante, pero su mismo carácter absurdo, por paradójico que parezca, le confierecierta verosimilitud. El testigo anónimo sitúa el singular encuentro cuarenta años antes.Atendiendoa que la carta es de principios dé 1968, esto nos retrotraería a 1924. En 1924, en plenos «felicesveinte», un compatriota nuestro se dio de manos a boca con un pequeño «extraterrestre» dedicadoa misteriosas maniobras «en un lugar de la Mancha».Como el clásico, ¿Tan fantástico como él, o “real”? Misterio.Pero sea verdad o no el extraño encuentro, en una cosa deseo insistir. No estamos solos,Ni en el universo, ni en este planeta que nos ha tocado en suerte habitar. Digan lo que digan los«sabios», y por más que el elemento ilustra-do, los «letra heridos» (vierto aquí literalmente el término catalán «lletraferit», intraducible, peroaltamente expresivo), prefieran seguir hablando dé Proust, de Kafka y de Bretch, Quizá si Balzacviviese hoy, su Comedia humana tendría algunos personajes —o personajillos— más. Quizá.Encuentro en el frente de GuadalajaraEstamos en las postrimerías de la guerra civil española. -Falta menos de un año para que éstatoque a su fin. Eran las once y media de la noche. En un lugar impreciso del frente, un tenientedel ejército republicano y su asistentevieron de pronto un intenso resplandor, procedente de un objeto que revoloteaba. Era negruzco ytenía -forma lenticular; o sea; que parecía una gigantesca lenteja de unos 11 m de diámetro por 5
  24. 24. de altura, en su parte más gruesa. Una columna axial empezó a descender por su parte inferior,sosteniendo en una plataforma terminal a dos figuras vagamente humanas qué se movían. Elobjeto se hallaba a unos 60 m de distancia de los dos militares y a unos 2 mdel suelo. Del ovni partía un círculo de luz azul. Este foco se alzó hasta bañar en su resplandor alos dos testigos, quienes sintieron un escalofrío.¿Quién era este observador furtivo de nuestra contienda civil? -Como es de suponer, el tenientepensó que se trataba de un arma secreta de los alemanes (sic), o de su propio ejército. Jamáscruzó por su mente la idea que pudiese tratarse de algo que no fuera de este mundo. Pero no era laprimera vez que nuestras luchas fratricidas —toda guerra es una lucha fratricida, sean quienessean los contendientes— eran discretamente observadas. En guerras anteriores y posteriorestambién hubo espectadores no invitados; Precisamente el fallecido investigador gallego OscarRey Brea, que es quien comunicó el caso de Guadalajara, hallándose en el frente de Rusia con laDivisión Azul española, pudo observar, en setiembre de 1943 y sobre la zona de Puskin, un discovolador, de aspecto metálico y brillante, que inmóvil a gran altura parecía seguir las incidenciasde un combate aéreo entre cazas alemanes y soviéticos.El disco de Guadalajara es casi igual al que vio el comandante Oskar Linke en Alemania,al visto por Mario Zuccala en Italia y precisamente al que figura en el caso del abducido españolJulio F., visto —y visitado— por él en Soria. Los cuatro aparatos mostraban el tubo o cilindroaxial, la cúpula y la gran «ala» discoidal periférica.Vámonos al BrasilEn un número de la excelente revista carioca O Cruzeiro correspondiente al 13 de ñoviembre de1954, el periodista Joáo Martins, especializado en el tema de los pires voadores (platillosvolantes), desenterró -un caso de 1947, del quese enteró gracias a los recortes de prensa que le mandaron tres lettores de la revista que no seconocían entre sÍ.El caso de «encuentro» sucedió en Baurú, localidad del estado de SAo Paulo, región delParaná, al oeste de la colonia Goio-Bang, que queda al nordeste de Pitanga y al sudoeste deCampo do Mouráo. El caso es interesante precisamente por su antigüedad, pues los casos de«contacto» y de «encuentro» aún eran prácticamente desconocidos del gran público. Aún faltabaun mes para que en Europa se produjese el famoso encuentro del pintor Johannis con doshumanoides, cerca de Villa Santina (Carnia). Pero cedamos la palabra al propio protagonista delcaso, el topógrafo José C. Higgins:«Me encontraba —dice éste—, el día 23 de julio de 1947, en el término de Baurú,realizando unos trabajos topográficos, cuando, al atravesar uno de los raros descampados de laregión, un silbido profundo y grave me hizo levantarla mirada hacia el cielo. Vi entonces algo que me erizó los cabellos: una extraña nave aérea, deforma circular, con rebordes absolutamente iguales a los de una cápsula médica, descendía delespacio. Mis hombres, todos ellos sencillos caboclos, huyeron despavoridos ante aquelespectáculo. Y yo, no sé por qué, decidí quedarme y aguardar los acontecimientos.»El extraño aparato recorrió el terreno en un círculo cerrado y aterrizó suavemente a unos50 m del lugar donde me encontraba. Era algo sorprendente. Tenía aproximadamente 30 m dediámetro, menos los rebordes, de un metro más o menos, y unos 5 m de altura total. Estabaatravesado por tubos en diversas direcciones, seis de los cuales dejaban oir el citado sonidoronco, sin que, a pesar de ello, desprendiesen humo. La parte que tocó con el suelo estabaprovista de, patas curvadas que se arquearon un poco más -al posarse en tierra. Todo el aparatoparecía estar hecho de un metal blanco ceniciento, distinto, sin embargo, de la plata. Mientras yolo examinaba de conjunto, sin por elloatreverme a acercarme, distinguí además una pared que dejaba ver una ventana, provista de unvidrio o de algo semejante. Vi entonces a dos personas que me examinaban con aire decuriosidad. Esas personas, como comprobé a la primera mirada, eran de aspecto extraño. Pasadosunos segundos, una de ellas Volvióse hacia el interior del aparato y me pareció que hablaba conalguien.Inmediatemente oí ruido en el interior del mismo y se abrió una puerta por debajo delreborde, dando paso a tres personas enfundadas en una especie de tono transparente envolvía porcompleto, cabeza y todo, y que estaba hinchado como un neumático de automóvil. A la espaldallevaban una mochila metálica, que me pareció formar parte integrante de la vestimenta. A través
  25. 25. de ese mono veía perfectamente a las personas vestidas con camiseta (sic) pantalones y sandalias,no de tela, creo, sino de papel brillante. Noté también que su apariencia extraña se debía a losojos, muy redondos y grandes, sin cejas, pero sí con pestañas. La cabeza era calva. No teníanbarba, la cabeza era grande y redonda y las piernas más largas que las proporciones queconocemos. En cuanto a la altura, tenían unos treinta centímetros más que yo, que mido un metroochenta.Lo mas interesante es que parecían hermanos gemelos, tanto los que llevaban mono como losque no lo usaban y que estaban en la ventana, mirando a través de los vidrios. Uno de ellosllevaba en la mano un tubo del mismo metalque el aparato, y me apuntaba con ese tubito. Noté que hablaban entre ellos. Oía perfectamentelas palabras, mas nada entendía. Hablaban en una lengua que yo nunca había oído, pero que erabonita y sonora. A pesar de su aventajado porte, movíanse con increíble agilidad y ligereza,formado un triángulo a mi alrededor. El que empuñaba el tubo me invitó con gestos a entrar en elaparato. Me aproximé a la puerta y solo pude ver un pequeño cubículo, limitado por otra puertainterior y la punta de un tubo que venía de dentro. Observé también diversas vigas redondas en labase del saliente o reborde. "Comencé a hablar, preguntando adónde me querían llevar, conmuchos gestos. Ellos comprendieron la gesticulación y el que me pareció el jefe dibujó en elsuelo un punto redondo rodeado de siete círculos. Señalando el Sol en el espacio, me indicó elséptimo círculo, señalando luego y al aparato. Quedé mudo de espanto. ¿Salir vivo del mundo?No! Eso no iba conmigo! Ante esta perspectiva, reflexioné. Me resultaba imposible luchar, puesellos eran más fuertes físicamente y en número. Entonces tuve una idea. Había observado queellos evitaban ponerse al Sol. Así es que me dirigí hacia la sombra y sacando del bolsillo micartera, les mostré el retrato de mi esposa, diciéndoles por medio de gestos que quería ir abuscarla.»No me detuvieron. Salí y, dando gracias a Dios, me interné en la espesura, desde donde medediqué a observar los. Saltaban y jugaban como niños, brincando y lanzando a lo lejos piedrasde tamaño descomunal.Pasada más o menos media hora, después de mirar detenidamente los alrededores,entraron en el aparato, que se elevó en el aire con el mismo zumbido. Subiendo,se dirigió hacia el norte, perdiéndose entre las nubes.Jamás sabré si eran hombres o mujeres. Sin embargo, puedo señalar que, a pesarde las características que he apuntado, son bellos y aparentan una salud espléndida. Por otraparte, me resulta difícil traducir con letras su lengua je. Sin embargo, recuerdo dos palabras:“Mamo” y “Or que”, aquélla para designar al Sol y ésta el séptimo círculo del dibujo. ¡Si pudieseestar seguro de que habría vuelto, sabe Dios por dónde andaría yo a estas horas!»Habrá sido un sueño? ¿Fue realidad? A veces dudo de que esto haya acontecido realmente,pues bien pudiera ser que todo ello no haya pasado de ser un sueño extraño,pero bello.»Sin embargo, -si José Higgins se hubiera limitado a contar una historia fantástica o inventada,se habría anticipado con ella a muchas historias similares, procedentes de los más distintoslugares del globo. Este caso, por otra parte, se sitúa a caballo del «contacto" y el simple«encuentro cercano del tercer tipo" y hay en él, también, un principio de abducción. Para serplenamente un contacto, le falta el elemento mesiánico, pero es más que un encuentro cercano,por el esbozo de conversación que surgió entre el terrestre y los «extraterrestres». En efecto, en el-caso de Baurú encontramos una serie de elementos que, luego; se nos harán familiares: el discócon un reborde central saliente, a modo de dos palanganas encaradas (un típico rasgo ummita),las escafandras transparentes, la gran estatura de los seres, etc.Incluso el intento de comunicación, a través -de círculos dibujados en elsuelo, reaparece en 1952, en uno de los más célebres casos de contacto: elde George Adamski con el «venusiano», en el desierto de California. Pero conAdamski se inician ya las historias de contactos mesiánicos y su lugar noestá en este libro, sino en un próximo que pensamos escribir.¿Habría que identificar al séptimo círculo, señalado por los gigantescos ovninautas, con elséptimo -planeta de nuestro sistema solar? En tal caso deberíamos deducir que procedían de...Urano. Sus grandes ojos, su aversión a la luz solar, parecen postular, ciertamente, su procedenciade un mundo mucho más oscuro que el nuestro. Dejémoslo en interrogante. El lector avisado yase habrá dado cuenta de que los casos que vamos exponiendo no son los «clásicos». En efecto, no

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