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La difícil tarea de definir la democracia
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A pesar de los interrogantes, los puntos en común los hallamos en la misma definición etimológica.
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Pero el pueblo en singular no puede actuar. Eso condujo a Rousseau a hacer ciertas distinciones
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Construcción y consolidación de la democracia argentina

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Documento de la charla: “Hitos en la construcción de la democracia argentina", a cargo de Andrés Abraham, a realizarse el 29/10/10, organizada en conjunto con la Juventud Radical de San Rafael

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Construcción y consolidación de la democracia argentina

  1. 1. 1 La difícil tarea de definir la democracia Introducción Etimológicamente democracia proviene del griego y significa “gobierno del pueblo”. Señala David Held que “Hoy en día casi todo el mundo dice ser demócrata” pero que ello no se traduce siempre en prácticas democráticas a nivel de gobierno. En el mismo sentido, Linz y Lipset han afirmado que el término democracia puede significar diferentes cosas dependiendo de los individuos, de las ideologías, de los paradigmas teóricos, de la cultura o del contexto histórico. David Collier y Steven Levitsky han rastreado los innumerables adjetivos con los cuales han sido calificadas las democracias. Algunos de ellos: Democracias Parlamentarias Democracia fantasma Democracias frágiles Democracias electorales Pseudo Democracia Democracias inmaduras Democracias bipartidistas Democracia excluyente Democracias inciertas Democracia quebrada Democracia oligárquica Democracias no consolidadas Democracia conflictiva Protodemocracia Democracias de Caudillos Democracia sin reglas Democracia controlada Democracia Delegativa Democracia enferma Democracia de facto de un partido Democracias Populistas Democracia incompleta Democracia restrictiva Democracia elitista Democracia deslucida Cuasi-democracia Democracia despolitizada Democracia tutelada Democracia Imperfecta Democracias débiles Democracias posautoritarias Semidemocracia Democracia neoliberal Democracia impuesta por Estados Unidos Democracia militar Democracias internacionalmente dependientes Como se puede observar, algunas de esas definiciones parecen contradecir el significado etimológico de democracia. Estas formas de denominar la democracia no sólo hacen referencia a modelos teóricos1 sino también históricos. En nuestra historia argentina encontramos modelos que, aunque han sido clasificados como democráticos, parecen no serlo: “democracia fraudulenta”, “democracias débiles” o “democracias tuteladas”. ¿Qué entendemos entonces por Democracia? La respuesta no es fácil. A la tarea de definir la democracia se han dedicado politógos y políticos por siglos. En concreto, su definición dependerá del enunciador (su ideología, su profesión, su contexto histórico, etc.). Las definiciones de democracia se han elaborado, por lo general desde dos ópticas. La primera, es desde lo que “debería ser”, como ideal normativo, tal como lo plantea la cita de Sartori del comienzo. La segunda, es desde la descripción de la experiencia misma, es descriptiva. Held plantea que la misma idea de “gobierno del pueblo” plantea interrogantes complejos: ¿qué quiere decir “gobierno”?, ¿qué quiere decir gobierno “del”?, ¿quién es “el pueblo”?. Para llegar a puntos en común debemos partir de algunos supuestos: a) La democracia es un IDEAL no acabado, siempre perfectible, que encierra ilusiones y desilusiones. Como ideal ha estado siempre ligado a la búsqueda de la libertad, la justicia y el progreso material y espiritual. Su camino en la realidad ha estado marcado por tensiones, rupturas, fracturas. Es siempre una meta a alcanzar. b) La democracia es una EXPERIENCIA HUMANA, y como tal es dinámica y se actualiza con cada experiencia histórica. En la historia de la humanidad ha habido muchas democracias, todas semejantes pero nunca iguales. 1 Cuando hablamos de modelos teóricos hacemos referencia a modelos que han sido llamados democráticos por cientistas políticos o sociales. Modelos históricos son aquellos que hacen referencia a una experiencia democrática real. La historia del concepto de democracia es curiosa; la historia de las democracias es enigmática. David Held, 1992. La democracia es, antes que nada y sobre todo, un ideal (…) Sin una tendencia idealista una democracia no nace, y si nace, se debilita rápidamente. Más que cualquier otro régimen politico, la democracia va contra la corriente, contra las leyes inerciales que gobiernan los grupos humanos. Las monocracias, las autocracias, las dictaduras son fáciles, nos caen encima solas; las democracias son difíciles, tienen que ser promovidas y creídas. Giovanni Sartori, 1991.
  2. 2. 2 A pesar de los interrogantes, los puntos en común los hallamos en la misma definición etimológica. Todas las caracterizaciones apuntan a un pueblo soberano (ciudadanía), que elige un gobierno para llevar a cabo sus deseos y preferencias. Pueblo soberano es uno compuesto por sujetos racionales, con discernimiento y capacidad de decisión. Es libre, y el mejor juez para decidir acerca de la opción correcta para lograr sus metas. Asimismo, el pueblo es portador de derechos subjetivos que han sido reconocidos históricamente. Aquí ingresa el concepto de ciudadanía como reconocimiento legal de esos derechos. Existen tres tipos de ciudadanía: civil, política y socio-económica. La historia de la democracia es la historia del logro de estos derechos. Así en Argentina, los derechos civiles quedaron consagrados en la Constitución de 1853; los derechos politicos se incorporaron con las leyes electorales de 1912; en la reforma de 1949 se incorporaron los derechos sociales (y luego de su derogación en el art. 14 bis) y la reforma de 1994 incorporó los llamados derechos de “tercera y cuarta generación”: derecho a un medio ambiente sano, derechos del consumidor, etc. Este “ciudadano”, ser libre e “igual” en derechos legitima la democracia al otorgar el “poder” a unas personas para que protejan mejor sus derechos. De aquí podemos obtener una definición de democracia: “Democracia es un sistema de derechos y responsabilidades” Adam Przeworski. Vinculando la democracia a la evolución de la ciudadanía en nuestra historia, podemos incorporar ciertos “adjetivos” que califican a la democracia en un período histórico, según los derechos vigentes: en los gobiernos radicales (1916-1930) podemos hablar de una DEMOCRACIA LIBERAL que prioriza derechos civiles y políticos; en los gobiernos peronistas (1946-1955) podemos hablar de una DEMOCRACIA SOCIAL que prioriza la ciudadanía social y en los gobiernos de Frondizi, Guido e Illia (1958-1966) hablamos de DEMOCRACIAS TUTELADAS, pues lo que existió fue una restricción en la ciudadanía civil y en la ciudadanía política y lentos avances en la ciudadanía social, en un marco de custodia impuesto por las Fuerzas Armadas. Gobierno alude al objetivo de arribo al poder presente en todo régimen político democrático. Przeworski apunta a la existencia de elecciones limpias y da una nueva definición: “un régimen democrático es aquel en el que los partidos pierden elecciones”. Por su parte, O´Donnell define a un régimen democrático como aquel en el cual “el acceso a las principales posiciones gubernamentales, (con la excepción del poder judicial, fuerzas armadas y entidades autónomas), se determina por elecciones limpias”. Asimismo el autor enuncia las condiciones mínimas que debe reunir un régimen para considerarse democrático: derecho a elegir y ser elegido; elecciones competitivas donde los votantes tienen varias opciones; partidos que tengan la posibilidad de hacer conocer sus posiciones a los votantes; elecciones libres (sin fraude ni coacción del voto); elecciones igualitarias (que cada voto valga “un voto”); que las elecciones sean decisivas (que las autoridades electas puedan asumir, que se les permita tomar decisiones una vez en el poder y que se les permita terminar el mandato que establecen las leyes); periodicidad e institucionalización de las elecciones; que los derechos políticos estén vigentes para todos los ciudadanos (que no haya grupos arbitrariamente excluidos). El último aspecto a tener en cuenta es el atinente al esquema de representación, presente en el diseño institucional del gobierno. “Representar” implica “actuar en lugar de otro” y esta representación puede ser vinculante (el representante debe hacer lo que el electorado votó en las elecciones) o no vinculante (el representante tiene libertad de acción frente al representado). Por lo general el modelo adoptado es el segundo, y va acompañado de ciertos mecanismos legales para poner límites a esa libertad de acción, que implica la rendición de cuentas o accountability y la existencia de un feedback entre representante y representados.. Estos mecanismos distinguen, a su vez, a la democracia representativa de la democracia “delegativa”, donde el representante concentra aún mayores facultades y la función del electorado se limita a marcar su aval plebiscitario o su rechazo en el momento de las elecciones. Democracia representativa La democracia es la piedra basal de las instituciones representativas modernas, que se sustentan en la idea de “autogobierno del pueblo”. ¿Qué significa que el pueblo se gobierna a sí mismo? En esta frase “el pueblo” aparece siempre en singular. Concebido así de manera abstracta, este pueblo es la única entidad capaz de dictar leyes a las cuales estará sujeto. Como observó Montesquieu, es “una ley fundamental de las democracias que el pueblo debe ser el único que tiene el poder de dictar leyes”.
  3. 3. 3 Pero el pueblo en singular no puede actuar. Eso condujo a Rousseau a hacer ciertas distinciones terminológicas: “En cuanto a los asociados, colectivamente toman el nombre de pueblo, y en particular son llamados Ciudadanos en tanto participantes en la autoridad soberana, y Súbditos en cuanto están sometidos a las leyes del Estado”. El “pueblo” conserva su libertad en plural cuando se gobierna a sí mismo, colectivamente autónomo. El gobierno representativo nació así bajo una ideología que postulaba una armonía básica de intereses en la sociedad. Sin embargo, los teóricos de las instituciones representativas no dejaron de percibir los conflictos y disensos. En el número 10 de El Federalista, Madison observaba que “las fuentes de facción latentes está en la naturaleza del hombre”. Ni siquiera Sieyés sostuvo que el consenso debía incluir todos los temas: “Que el pueblo se una en el interés común no quiere decir que pongan todos sus intereses en común”. En ese marco entraron a jugar un rol claves los “partidos”, como aglutinaciones –en un principio temporales- de intereses, que tenían una acción en común. Pero su instalación en la arena de la política tal como los conocemos tardaría un tiempo más. Muchos pensadores los considerarán por mucho tiempo como divisiones espurias de un cuerpo integral, producto de la ambición de los políticos antes que reflejo de diferencias sociales y conflictos pre-políticos. George Washington sostenía en 1796 que el “espíritu de partido” servía para “distraer los consejos públicos y debilitar la administración pública. Agita la comunidad con celos infundados y falsas alarmas, enciende la animosidad de una parte contra otra, fomenta ocasionalmente revueltas e insurrecciones, abre la puerta a la influencia extranjera y a la corrupción […]”. La naturaleza del sistema representativo exigirá, a pesar de los cuestionamientos un juego de fuerzas basado en la división artificial. Será necesario moderar y mitigar las divisiones partidarias mediante un diseño apropiado de las instituciones representativas. Hume preveía que “si los intereses separados no son dominados y dirigidos hacia lo público, no podemos esperar otra cosa que facciones2 , desorden y tiranía de semejante gobierno”. Quedará a cargo de las constituciones el diseño de un esquema adecuado. La tarea se iniciará en Estados Unidos después de 1776. Entre las virtudes de la constitución norteamericana, según Madison, “ninguna merece ser más acuciantemente desarrollada que la tendencia a quebrar y controlar la violencia de las facciones”. Reconocía el patriota americano que las diferencias de pasiones e intereses son inevitables y que tales diferencias no deberían entrar en el reino de la política. Pero el costo de prohibirlas sería la pérdida de la libertad. Concluía entonces que, al ser imposible eliminar las causas del faccionalismo, sólo podemos buscar alivio al problema mitigando sus efectos. El mecanismo para controlar las facciones sería la discusión legislativa entre los representantes, donde la variada procedencia de los representantes garantizaría la presencia de intereses heterogéneos. El parlamento, según Madison, tendría por función “refinar y ampliar la visión pública, transfiriéndola a un cuerpo elegido de ciudadanos cuya prudencia es lo que mejor puede discernir el verdadero interés de su país y cuyo patriotismo y amor a la justicia tienen menos probabilidades de ser sacrificados a consideraciones pasajeras o parciales. Bajo una regulación así, es muy posible que la voz pública, pronunciada por los representantes del pueblo, sea más consonante con el bien público que la pronunciada por el pueblo mismo, convocado para ese fin”. Instalado el esquema representativo, sólo faltaría incorporar una estructura sistemática que diese curso formal a las facciones para que devinieran en “partidos politicos”. Pero la diversidad de opiniones demorará el proceso. Habrá teóricos a favor de su incorporación, entre ellos hallamos a Peter Burke, que en 1770 planteaba que “un partido es un cuerpo de hombres unidos para promover, mediante sus esfuerzos conjuntos, el interés nacional sobre cierto principio en el que todos concuerdan”. Pero no todos los veían con tan buenos ojos. Lord Brougham planteaba en 1839 que el gobierno de partidos constituye “el estado de cosas más anómalo (…) que sistemáticamente excluye por lo menos a la mitad de los grandes hombres de cada época del servicio a su país y hace que las clases se dediquen mucho más a mantener un conflicto entre ellas que a impulsar el bien general” En el caso de Francia, la Asamblea Constituyente prohibirá hacia 1791 la existencia política de cualquier “club o asociación de ciudadanos” y su tarea de control sobre “los actos de los poderes constituidos y las autoridades legales”. La hostilidad hacia los partidos continuará y se verá reflejada en 1830 en la Constitución de Uruguay, en 1842 en los principados alemanes –que explícitamente prohíbe su existencia-. Recién en 1901 los partidos tendrán carácter legal en Francia. 2 Por facción se entendía un grupo de ciudadanos, sea mayoría o minoría, que están unidos y actúan por algún impulso común, de pasión o de interés, adverso a los derechos o intereses de otros ciudadanos o a los intereses permanentes de la comunidad (símil a lo que hoy entendemos por partido político).
  4. 4. 4 El “gobierno de partidos” será visto como una “obsesión por llegar al poder ganando elecciones”, en el marco de la persecución de intereses particularistas. Frente a ellos muchos pensadores plantearían la necesidad de un poder moderador neutral. Así nacieron algunos mecanismos de control que serían incorporados al sistema representativo: en Brasil, la constitución de 1825 colocó al emperador como mediador entre los partidos y el mismo rol le cupo al presidente en la Constitución del Weimar. Como remedio infalible surgió la revisión constitucional por tribunales independientes como medio para limitar el gobierno de los partidos. Los partidos políticos serán, hacia fines del siglo XIX y principios del XX los vehículos de participación del sistema representativo, haciendo posible un esquema democrático sui generis basado en la exclusión total del pueblo como entidad colectiva en la participación en el gobierno y su reemplazo por los representantes elegidos por éste. Instituciones democráticas y República Toda democracia debe ser acompañada en su funcionamiento de instituciones democráticas, es decir, pautas o reglas de juego que regulen el funcionamiento del sistema y del régimen político. Dichas instituciones son: Constitución Nacional, que enuncie formas de control gubernamental, organización del gobierno y sistema de representación. Sistemas de representación: delimitación de quiénes son los ciudadanos y quiénes y cómo se designan los representantes que defienden sus intereses. Conjunto de derechos y obligaciones del ciudadano: delimitado en la Constitución y los códigos legales. Sistema de frenos y contrapesos institucionales o control del poder: establecimiento de mecanismos de control, división de poderes, juicio político, interpelaciones parlamentarias, etc Pautas mínimas de convivencia social Según sean las características de estas instituciones será el diseño institucional de la democracia. En base a esta diferenciación encontramos: - DEMOCRACIAS PRESIDENCIALISTAS: donde el Jefe de Estado (presidente) es el que cumple la función ejecutiva y no hay distinción entre funciones políticas y administrativas. - DEMOCRACIAS PARLAMENTARIAS: el jefe de Estado (presidente) está desvinculado de la administración pública y participa sólo con el nombramiento del Primer Ministro y parte del gabinete. El Parlamento, y el Primer Ministro salido de éste, queda a cargo de las tareas de administración. El centro de gravedad política es el Parlamento, donde se toman las decisiones más importantes. Es preciso diferenciar la democracia de la república. La república es una forma de gobierno, que nació históricamente separada de la democracia, a partir de la diferenciación de las monarquías y los reinos. Uno de sus principales teóricos y exponentes fue el florentino Nicolás Maquiavelo, en el contexto de las primeras repúblicas italianas del siglo XVI. Las repúblicas ganarían importancia con la Revolución Francesa, como respuesta revolucionaria a la monarquía absoluta, planteando categorías como la elección popular, la descentralización, el gobierno alternativo, la limitación legal del poder, la obligación de rendir cuentas de los actos (responsabilidad) y la publicidad de los actos de gobierno. Básicamente apunta a evitar las tiranías a partir del ejercicio limitado y responsable del poder, durante períodos alternados de gestión, y la rendición de cuentas a los representados. La democracia como régimen político enfatiza la participación y las elecciones como expresión de la voluntad de la mayoría. La consolidación de la democracia en Argentina En nuestro país el sostenimiento de la democracia ha sido una tarea dificultosa en el tiempo. Sufrimos seis irrupciones autoritarias desde la sanción de la Ley Sáenz Peña y, hasta 1983, el mayor período democrático fue de 14 años. Asimismo, entre los períodos democráticos hubieron algunos que no cumplían los caracteres mínimos señalados por O´Donnell para ser caracterizados como “democracias”.
  5. 5. 5 La consolidación implica la vigencia efectiva o institucionalización plena de la democracia, lo que conlleva su efectividad en la práctica: si hay elecciones, que éstas sean limpias y libres, que impliquen la competencia entre partidos, que no haya exclusiones, etc. En nuestro país, aún superando el umbral de los 25 años de democracia ininterrumpidos, las crisis han puesto en duda si nuestra democracia está consolida, a pesar de que no han existido nuevas irrupciones autoritarias. La reconstrucción del difícil camino de nuestra democracia a través del análisis histórico nos permite reconstruir los diversos climas que propiciaron las interrupciones o los tropiezos de nuestra vida democrática. A grandes rasgos, podemos dividir dichos factores en dos: -Factores externos: globalización, orden político mundial, clima ideológico internacional, política internacional norteamericana hacia América Latina, etc. - Factores internos: a) Factores político-institucionales: diseño y funcionamiento del sistema institucional (reglas de juego, actores políticos, legitimación) y su vivencia práctica, que implica la efectivización de la norma (que las instituciones cumplan en la práctica lo que está escrito en las leyes), estabilidad y previsibilidad (lo que genera credibilidad en los agentes económicos); caracteres de la transición de un gobierno democrático a un gobierno autoritario (si es una transición “por colapso” o “pactada”); líderes políticos (calidad, compromiso, formación, participación, etc.) b) Factores ideológicos y culturales: aluden a las actitudes de la población hacia el sistema político y sus integrantes, y a la concepción que tienen acerca del rol que les toca jugar en ese sistema. Pueden existir democracias con o sin “cultura política democrática”, esto es una cultura cívica donde se crea en la democracia como régimen capaz de regir la convivencia y donde las instituciones sean verdaderas “escuelas” para la práctica democrática. En cuanto a la ideología, debemos tener en cuenta que la historia de la democracia ha estado muy vinculada a los paradigmas del liberalismo, y que existen otras ideologías que rechazan de plano la democracia como sistema de gobierno “deseable”. c) Factores económicos: numerosos estudios parecen probar que, a mayor nivel de desarrollo económico, mayores son las probabilidades de que una nación sea democrática. Ello implica que, una vez alcanzada, es más fácil que la democracia sobreviva en los países ricos. Se establece así un juego entre sustentabildad democrática y desarrollo económico. Sin embargo, el análisis de la historia económica argentina nos muestra que, la mayoría de las veces, la problemática económica no ha sido causa de los derrumbes democráticos sino más bien una de las consecuencias de éstos. Democracia y partidos políticos en Argentina Introducción Podemos decir que hasta la reforma constitucional de 1994 los partidos políticos no ocupaban un rol definido legalmente en el diseño institucional de nuestro sistema representativo. Con la reforma se incorporó el artículo 38, donde se plantea que “Los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático. Su creación y el ejercicio de sus actividades son libres dentro del respeto a esta Constitución, la que garantiza su organización y funcionamiento democráticos, la representación de las minorías, la competencia para la postulación de candidatos a cargos públicos electivos, el acceso a la información pública y la difusión de sus ideas. El Estado contribuye al sostenimiento económico de sus actividades y de la capacitación de sus dirigentes. Los partidos políticos deberán dar publicidad del origen y destino de sus fondos y patrimonio”. Esta incorporación vino a dar reconocimiento expreso al derecho de asociación con fines políticos, que no se había incorporado en la constitución de 1853. En concreto, lo que hace este artículo es reconocer que los partidos políticos son personas jurídicas necesarias para el régimen democrático. El artículo refleja que el Estado no se inmiscuye más que en una cosa: procurar garantías de una organización interna en forma democrática, que respete la representación de las minorías en los cuerpos de gobierno. No puede intervenir en cuestiones tales como las ideas políticas, los modos de selección de candidaturas ni las prerrogativas internas que establecen las cartas orgánicas. Asimismo incorpora las cláusulas de “financiamiento” y “capacitación de dirigentes”, cuya regulación está presente en la Ley de Financiamiento de los Partidos Políticos (Ley 26.215). El artículo 5 de dicha ley establece como destinos del financiamiento: a) desenvolvimiento institucional partidaria; b) capacitación y formación de dirigentes; c) campañas electorales generales; el artículo 8 estipula la obligación de informar al Ministerio del Interior
  6. 6. 6 y a la Cámara Nacional Electoral sobre el destino del dinero del fondo de financiamiento. Otra nota particular la encontramos en el artículo 43 de la ley, que atribuye al Estado la potestad de otorgar espacios publicitarios en los medios de radiodifusión. Se entiende que el Estado debe otorgar el dinero correspondiente a cada partido y los espacios de comunicación, según las pautas que establece la legislación, sin condicionamiento alguno. Como contrapartida, los partidos deberán dar a publicidad el origen y destino de sus fondos y patrimonio para, en el caso de recibirlo de empresas privadas, poder controlar que una vez llegado al gobierno, el partido no favorezca a sus contribuyentes en perjuicio de terceros con mejor derecho. Partidos Políticos y democracia Antecedentes La existencia de grupos políticos dentro de cualquier sistema de gobierno es propio de cualquier sociedad organizada. Pero la existencia de partidos políticos (grupos organizados permanentemente, cuyo objetivo es el alcance del poder) tal como los conocemos actualmente es el resultado de proceso histórico de larga data en la historia mundial y, particularmente, de Occidente. El partido político aparece en el Estado popular y representativo tal como se concibe en el siglo XIX y alcanza su máximo desarrollo durante las democracias del siglo XX. El sistema democrático es el que ayuda a la estructuración del partido político, ya que aparece como intermediario entre la dirigencia y el pueblo cuando éste se constituye en electorado y se le confiere la facultad de elegir a sus gobernantes. Podemos definir a los partidos políticos como organizaciones permanentes de individuos, unidos por una misma concepción política, cuya finalidad es la conquista del poder a través del voto del electorado3 . El partido político aparece como consecuencia de la extensión del sufragio a la población, proceso que sucedió a la conquista de los derechos civiles y tuvo como marco mundial la segunda mitad del siglo XIX (en Argentina el proceso se dará ya entrado el siglo XX). El reconocimiento del sufragio como un medio idóneo para elegir representantes del pueblo trajo como consecuencia que los votantes tengan el derecho a “separarse” en grupos organizados, de acuerdo con sus ideas, para representar a los hombres más caracterizados ante esos votantes. Si bien los partidos políticos tienen, desde 1994, consagración constitucional en el Art. 38 de nuestra Carta Magna, ninguna constitución anterior a dicha reforma los incorporó. Como antecedentes constitucionales encontramos la constitución de Weimar (1919) y la de México, que hacen referencia a las asociaciones de ciudadanos con fines políticos. Sin duda que la incorporación de estas organizaciones a nuestro texto constitucional en la reforma de 1994 debe leerse en el marco de las graves consecuencias que acarrearon al país los sucesivos golpes de estado y la necesidad de consolidar la democracia que conseguimos a fines de 1983. A un nivel más general podríamos preguntarnos por qué los hombres se agrupan en partidos políticos y ensayar una respuesta: el hombre tiene en el partido político una agrupación permanente, que le permite proponerse acciones políticas organizadas a largo plazo y ejecutarlas en un plan determinado, a través de la conquista del poder. En caso de no conseguirlo, logrará que la política del partido gobernante no afecte los intereses que defiende. Clasificación de los partidos dentro del Estado Dentro de un estado podemos tener uno o varios partidos políticos. Podemos encontrar los siguientes sistemas: 1.MONOPARTIDISMO – Partido único, es el caso de los estados totalitarios o autoritarios. 2.BIPARTIDISMO – dos grandes partidos influyen en la vida del estado en las distintas esferas y jurisdicciones. Ej. E.E.U.U. 3.PLURIPARTIDISMO – Un número grande de partidos que intervienen en la lucha electoral, aunque sólo uno o dos de ellos tienen influencia en los actos politicos. Ej. Argentina. 3 Sanguinetti, Miguel. Partidos Políticos Argentinos, historia de su régimen legal. En La Ley, 5/06/1980
  7. 7. 7 Por su influencia geográfica podemos hallar: 1.PARTIDOS NACIONALES – Aquellos que actúan en todo el país y son regidos por las leyes electorales nacionales. Nuestro Código Electoral considera partidos nacionales a los que están presentes (inscriptos) en más de cinco provincias. La nueva legislación electoral estipula un porcentaje mínimo de afiliados, aunque todavía no se halla reglamentada. 2.PARTIDOS PROVINCIALES o LOCALES– los que sólo actúan dentro de los límites de una provincia o dentro de un municipio. Estructura interna de un partido político Los partidos políticos son entidades que se han conformado con el tiempo y cuyo protagonismo en el plano político es bastante reciente. En general, cada partido tiene una estructura que es el resultado de su evolución histórica y del instante en que se formó. Con fines didácticos, podemos presentar dos lineamientos generales que cumplen los partidos democráticos para elegir sus autoridades y, en épocas electorales, sus candidatos a cargos públicos. El primer paso que cumple un ciudadano o ciudadana que está de acuerdo con la Declaración de Principios de un partido y con su programa, es afiliarse. La afiliación es sencilla: se presenta una ficha con los datos necesarios y las autoridades del comité, unidad básica o local parroquial, los inscriben en el Registro Electoral y en los registros oficiales de la agrupación política. Una vez afiliado, y acaecido el plazo que estipula la ley, el ciudadano tiene posibilidad de elegir las autoridades partidarias en elecciones internas, e inclusive de ser elegido. Cada partido tiene una estructura particular, pero en general los partidos de origen radical, que tomaron como modelo de organización de los partidos políticos norteamericanos hacia fines del siglo XIX, poseen dos organismos fundamentales: La Convención Nacional es la autoridad máxima del partido, y está formada por los delegados (convencionales) de la Capital Federal y de cada una de las provincias. Generalmente el número de convencionales es igual al número de representantes de la provincia en el Congreso Nacional. Como asamblea, la convención se reúne en forma ordinaria una vez al año y en forma extraordinaria cuando así lo soliciten la tercera parte de sus miembros o el Comité Nacional. La convención es el organismo máximo que conduce el partido y tiene como atribuciones específicas aprobar su Declaración de Principios, su Programa, su Carta Orgánica y elegir a sus candidatos. El Comité Nacional es el órgano ejecutivo partidario y está formado por cuatro delegados de las provincias y duran dos años en el ejercicio de sus funciones. En los partidos nacionales, el Comité Nacional está ubicado en la Capital Federal y tiene una mesa directiva formada por doce miembros. Fuentes: García A. E. y C. R. Educación Cívica. Ed. Sainte Claire, Bs. As., 1987. Poblete, Cecilia. Una mirada teórica. En ¿Por qué nos cuesta tanto la democracia?, el derrotero de un ideal. Ed. F.D UNCuyo, Mendoza, 2007, pp. 9-24. Przeworski, Adam. Qué esperar de la democracia. Ed. Siglo XXI, Barcelona, 2010. Quiroga Lavié, Humberto. Constitución de la Nación Argentina comentada. Ed. Zavalía, Bs. As., 2000. ESTRUCTURA CONVENCIÓN NACIONAL COMITÉ NACIONAL

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