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Carta Pastoral
Una Constitución para Nuestro Pueblo
I. Introducción
1- Los Obispos del Paraguay nos dirigimos a todos los ...
II. ELEMENTOS FUNDAMENTALES DE LA CONVIVENCIA
4- En su reciente Encíclica "Centesimus Annus (C.A.)", el Papa
Juan Pablo II...
aplicara este principio, se ganaría un sano equilibrio y una convivencia más justa.
7- Aunque reconocemos nuestra limitada...
digamos, en orden a la integración internacional, que esta es condición
necesaria para el progreso y responde a los ideale...
familia unida constituyen puntos de vital importancia. Por eso mismo
juzgamos que la nueva Constitución debe apoyar resuel...
a la Constitución el conjunto de elementos propuestos que concitan,
así lo creemos, el apoyo de la ciudadanía.
III. LA IGL...
religiosa de derecho público y el espacio de libertad que le es debido
para el cumplimiento de su misión. Entiende indispe...
evidentemente, una profunda conversión de personas y una verdadera
reforma de estructuras. Es cierto que necesitamos leyes...
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Una Constitución para nuestro pueblo. 18 de diciembre de 1991

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Una Constitución para nuestro pueblo. 18 de diciembre de 1991

  1. 1. Carta Pastoral Una Constitución para Nuestro Pueblo I. Introducción 1- Los Obispos del Paraguay nos dirigimos a todos los fieles y a los hombres y mujeres de buena voluntad, en este momento de preocupado interés por la reforma de la Constitución Nacional. Queremos prestar un servicio ofreciendo nuestro aporte para la mejor consecución de un objetivo que es común a todos: una nueva Carta Magna que sea cauce jurídico adecuado para la convivencia fraterna y justa que anhelamos. Entendemos que será indispensable, para lograrlo, tener muy presente el conjunto de necesidades reales y de legítimas aspiraciones de nuestro pueblo. Por eso, hoy, dirigimos esta Carta Pastoral a todos los habitantes del país y, oportunamente, dirigiremos un mensaje a los convencionales constituyentes. 2- Comenzamos señalando la gravísima responsabilidad del momento. Elaborar el ordenamiento jurídico fundamental de la vida nacional que ignora las necesidades y aspiraciones de la comunidad, o que toma en consideración aspectos parciales o interesados de la realidad, es despojar de solidez el mismo cimiento del edificio que se pretende construir. Se impone una serena mirada a la realidad del país, una compresiva y respetuosa consideración de sus dificultades y problemas, una atención especial a los grupos (pensamos en los indígenas, los campesinos y los obreros, en los minusválidos y en los impedidos) y personas más débiles. Todo ello es condición indispensable para que podamos hablar de una Constitución para nuestro pueblo. 3- Juzgamos que la nueva Ley Fundamental no puede omitir, como criterio inspirador, el respeto y la promoción de la dignidad de la persona humana que habita esta tierra. No puede, tampoco, dejar de lado la realidad de la sociedad paraguaya. Queremos recordar que ese hombre y esa sociedad tienen un conjunto de valores, tradiciones, modos de comportamiento y de relacionamiento que llamamos «cultura». El gran objetivo de la nueva Constitución debe ser el bien común. Por ello debe tener un fuerte contenido social en consonancia con la inspiración humanista y cristiana del pueblo. El Concilio Vaticano II decía que "el bien común abarca todas las condiciones de la vida social que permiten al hombre, a la familia y a la sociedad conseguir más perfecta y rápidamente su propia perfección" (Gaudiun et Spes, 74).
  2. 2. II. ELEMENTOS FUNDAMENTALES DE LA CONVIVENCIA 4- En su reciente Encíclica "Centesimus Annus (C.A.)", el Papa Juan Pablo II dice que luego de la caída del totalitarismo comunista y de otros muchos regímenes totalitarios de izquierda y de derecha, asistimos al predominio del ideal democrático junto con una viva preocupación por los derechos humanos. Y añade: "…precisamente por esto, es necesario que los pueblos que están reformado sus ordenamientos den a la democracia un auténtico y sólido fundamento". (C.A., 47). Con razón se dice que el bienestar de los pueblos depende en gran parte de la sabiduría y prudencia con que se ha elaborado su Carta Magna. Queremos aportar a esa labor, con la experiencia de nuestra condición de Pastores, elementos que juzgamos fundamentales para el debido ordenamiento de la convivencia nacional. Al hacerlo pensamos facilitar un ordenamiento fundamentado no en ideologías individualistas, sino más bien en aquellos principios humanistas, comunitarios y cristianos. 5- Es indiscutible el anhelo generalizado de nuestro pueblo de superar el subdesarrollo en que se encuentra. Las condiciones de orden político, educativo, económico, sanitario, hablan de un nivel deprimido y deteriorado. Por ello, tiene capital importancia que el ordenamiento jurídico asuma el reto de la promoción social y la búsqueda de soluciones siempre con una dimensión comunitaria. La Iglesia apoya siempre las demandas de justicia social. Y consideramos que sería doloroso no ver legitimada en el nuevo texto constitucional esta demanda, que no debe dejar de puntualizar la salud, la educación, la vivienda, las fuentes de trabajo y la debida retribución del mismo, la extensión de los servicios públicos a la población de todo el país, entre otros urgentes requerimientos. 6- Esta reflexión nos lleva a otra ya consignada por la Iglesia en ocasión de la anterior reforma constitucional. Se trata de la necesidad de una cierta descentralización, a partir del reconocimiento de la autonomía regional y municipal, en una medida que supere lo simplemente administrativo. Un centralismo excesivo, derivado de la rígida organización unitaria del país, ha generado situaciones injustas y suscita un evidente malestar. Muchos se preguntan qué justificación tiene esta centralización absorbente en todos los órdenes. A este propósito estimamos que es necesario poner en vigencia el principio de la subsidiaridad. El Papa Juan Pablo II tiene un párrafo que transcribimos por considerarlo de gran valor: "Una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándola de sus competencias, sino más bien debe sostenerla en caso de necesidad y ayudarla a coordinar su acción con la de los demás componentes sociales, con miras al bien común" (C.A. 48). Si el Estado reconociera y
  3. 3. aplicara este principio, se ganaría un sano equilibrio y una convivencia más justa. 7- Aunque reconocemos nuestra limitada competencia en el orden jurídico y político, somos conscientes de la importancia de ciertos valores que deben ser tenidos en cuenta e incorporados al nuevo ordenamiento constitucional. Así, creemos que los Poderes del Estado deben ser autónomos e independientes. El país todo ha sufrido gravemente por las extensas atribuciones concentradas en el Poder Ejecutivo. Tanto el Poder Judicial como el Poder Legislativo perdieron autoridad e independencia. La perversión y abuso de poder de parte del Ejecutivo fue una dolorosa experiencia. Por todo ello, juzgamos indispensable el control social e institucional de las funciones del Poder Ejecutivo. Particularmente sensible es el pueblo ante el Poder Judicial en una democracia. El peligro de la impunidad afecta a toda la vida de la comunidad. La garantía que significa un Poder Judicial respetado y responsable hará posible una convivencia tranquila y pacífica. Queremos anotar el principio de la responsabilidad política y la instauración de una instancia suprema capaz de declarar la inconstitucionalidad de los actos del Ejecutivo, el principio de la responsabilidad del Estado por los actos de sus funcionarios, como elementos que deben ser tenidos en cuenta. 8- En momento tan importante de la vida nacional, no podemos dejar de hablar del saneamiento moral de las personas y de las instituciones. Ya nadie discute la gravedad que tiene la corrupción pública y privada. El nuevo ordenamiento jurídico no puede ignorar este alarmante deterioro y debe asumir el compromiso de devolver a los principios éticos y morales la preeminencia que nunca debieron perder. La Iglesia no se cansa de repetir que todos somos responsables. Pero si a todos alcanza la culpa, es evidente que tienen mayor responsabilidad quienes ejercen funciones de servicio a la comunidad. La Constitución debe recoger esta prioridad. 9- La recuperada dignidad ciudadana y el renovado horizonte moral de la sociedad paraguaya facilitarán la promoción de otra urgencia: la integración efectiva del país, tanto en el orden interno como en el campo internacional. El Paraguay necesita afirmar su identidad y hacer efectiva una auténtica integración a partir de la condición pluricultural y multiétnica del país. Una vez más señalamos que las comunidades indígenas merecen respeto y consideración. Y en este punto no podemos olvidar la situación de numerosos migrados compatriotas. Es ésta una realidad que sugiere, a nuestro entender, que se hable de una política capaz de evitar el éxodo, por un lado, y de promover el retorno a la patria, por el otro. Finalmente
  4. 4. digamos, en orden a la integración internacional, que esta es condición necesaria para el progreso y responde a los ideales comunitarios caros a la Iglesia. Para que este principio no quede en simple expresión de ideales, será necesario indicar los cauces de aplicación del mismo. 10- Juzgamos que la nueva Constitución debe consignar principios fundamentales ante cuestiones que están en el interés y preocupación de todos: el problema de la tierra, de la Reforma Agraria y de la propiedad privada. No se puede considerar la tierra sólo como medio de producción, sino es necesario entenderla como espacio habitable, lugar de trabajo y convivencia. Urge una reforma agraria integral. Entre los diversos elementos que deben tenerse en cuenta para dicha reforma, conviene que, con audiencia, se emprendan diversos modelos de colonización para encontrar soluciones a problemas acuciantes. No se puede afirmar simplemente el principio de la propiedad privada sin mencionar la función social que la misma tiene. Es necesario que se planteen con audacia nuevas formas comunitarias de propiedad, como las que fueron incorporadas a nuestra legislación a propósito de las comunidades indígenas, aunque las barreras ideológicas y la burocracia administrativa hayan impedido en gran medida la efectivización de esta norma legal. Las soluciones a los problemas no llegarán, ciertamente, como resultado de posturas egoístas y mezquinas, insensibles a los reales problemas humanos y solo orientadas a la producción de bienes materiales en provecho propio. Bien sabemos que la Constitución no debe llegar más allá de principios rectores. Pero sabemos que estos puntos afectan tan hondamente la vida del pueblo que no pueden ser ignorados en el nuevo ordenamiento jurídico. 11- Un elemento que actualmente tiene creciente importancia es el ecológico. También en nuestro país el extendido deterioro ambiental causa viva preocupación y hace pensar en el futuro de esta tierra. La avidez y el egoísmo, individual y colectivo, son contrarios al orden de la creación. Y en dicho desorden está la causa de la crisis ecológica que tan seriamente afecta a nuestro pueblo. El respeto a la vida y a la dignidad de la persona humana es la norma fundamental inspiradora de un sano progreso. No puede ser ignorado el sentido de la integridad de la creación. Si la tierra es herencia común cuyos frutos deben beneficiar a todos los hombres, es necesario preservar el orden de la creación. Creemos necesario que la nueva Ley Fundamental señale claramente la responsabilidad de respetar el derecho a un ambiente seguro y la obligación de evitar la destrucción de la naturaleza. 12- Es conocida suficientemente la opción de la Iglesia por la familia. Para la Patria y para la misma Iglesia, el matrimonio estable y la
  5. 5. familia unida constituyen puntos de vital importancia. Por eso mismo juzgamos que la nueva Constitución debe apoyar resueltamente esta sociedad básica y fundamental. Seguimos en deuda con la familia paraguaya, que en medio de tantos y graves problemas ha hecho y hace esfuerzos sobrehumanos para dar al país hijos trabajadores sanos de espíritu y con la educación que está a su alcance. Seguimos en deuda con la primera y más importante escuela y taller que tiene la patria. Ojalá que la nueva Constitución salde esa deuda y afirme los derechos de la familia. "El Estado debe proteger la familia, con medidas de carácter político, económico, social y jurídico, que contribuyan a consolidar la unidad y la estabilidad de la familia para que pueda cumplir su función específica" (Carta de los Derechos de la Familia, Pream. I). 13- Hay un general anhelo a fin de superar la injusta discriminación que todavía sufre la mujer. Este es el momento de reiterar el pensamiento de la Iglesia, que valora la dignidad que tiene y destaca la función, insustituible, en la familia y en la sociedad. Por ello juzgamos que se impone la igualdad de derechos y oportunidades con el hombre, de acuerdo a su dignidad y peculiaridad, pues mantener limitaciones privilegiadas y exclusiones injustas no admiten justificación racional. Valoramos y apreciamos el anhelo de la mujer por su promoción e incorporación en todos los ámbitos de la construcción de la sociedad. 14- Un pueblo joven y de jóvenes, como el nuestro, tiene particular preocupación por el problema de la educación. Hay algo que concita unánime adhesión: urge la reforma educativa. Pero, sobre este asunto, queremos expresar nuestra constatación primera: se habla poco de la libertad de enseñanza y, por el contrario, no pocos mantienen el injusto monopolio de la educación por parte del Estado. Esto es olvidar el derecho de los padres en la educación de sus hijos y es también desconocer las grandes limitaciones de la educación estatal. Este es el momento de incorporar a la Constitución Nacional este derecho a la libertad integral de enseñanza, como en otros países ya se hizo. Pero también debe favorecer el nuevo texto todos los medios necesarios para una verdadera reforma en función de la promoción del hombre y de la superación del subdesarrollo, fomentando una educación personalizante, crítica y con dimensión espiritual. Nos permitimos recordar que los Obispos del Paraguay hemos publicado, no hace mucho, una Carta Pastoral dedicada a este grave problema. Nos remitimos a cuanto en dicho documento hemos escrito sobre la educación paraguaya. 15- Hemos querido consignar cuanto antecede como elementos fundamentales de la convivencia. Desde luego, hay otros aspectos importantes y otras aspiraciones del pueblo. Pero si no todo está mencionado, al menos quede claro el vivo interés por ver incorporado
  6. 6. a la Constitución el conjunto de elementos propuestos que concitan, así lo creemos, el apoyo de la ciudadanía. III. LA IGLESIA EN LA NUEVA CONSTITUCIÓN 16- Desde que en 1537 se levantara por primera vez la cruz y se predicara el Evangelio en este suelo guaraní, la Iglesia acompañó la vida del hombre paraguayo. Más aún, fue la Iglesia la que mayor influencia tuvo en la conformación de la comunidad nacional. Su labor no fue sólo espiritual, sino también educativa y civilizadora. Siempre la Iglesia buscó identificarse con el pueblo, aunque no siempre lo ha conseguido y debemos lamentar errores y defectos en su accionar. Los misioneros abrieron caminos, fundaron pueblos, levantaron templos y escuelas, labraron la tierra y compartieron el trabajo duro y sacrificado del campo. Cuando el sol de la independencia brilló en esta tierra, ahí estaba la Iglesia participando eficazmente en la gestación del nuevo país bendiciéndolo. A lo largo de la vida independiente, los gozos y las penas del pueblo paraguayo han sido y son los de la Iglesia. Y hoy podemos decir que la Iglesia ha prestado servicios muy valiosos al país y sigue prestándolos. De su acción continuada en esta tierra, muchos beneficios ha obtenido y obtiene la patria. 17- Pero no se trata de una visión triunfalista de la historia o de algo que recordamos con vanidad ligera. A la hora de tratar el estatuto de la Iglesia en el nuevo ordenamiento jurídico de la nación, no puede ser olvidado el hecho católico en la historia del Paraguay. Las raíces cristianas del hombre paraguayo, la inspiración y el criterio cristianos de nuestra sociedad o comunidad nacional son datos que no pueden ser ignorados ni marginados. Pero lo afirmamos no para justificar demandas ni reclamar honores. Juzgamos que esta presencia, larga y solidaria, de la Iglesia en la vida nacional, confirma su naturaleza de comunidad testimonial y servicial. Esta condición y esta misión son los elementos básicos para abordar el tema. 18- El Concilio Vaticano II ubicó con claridad el relacionamiento Iglesia-Estado a partir de la autonomía y respeto mutuo de ambas sociedades. De ahí que parezca muy puesto en razón marcar que las relaciones que mencionamos deben colocarse bajo el signo de la buena voluntad y colaboración recíproca. La "Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual (G.S.)", en el número 76, desarrolla este tema ampliamente. Será bueno tener en cuenta la enseñanza y la experiencia de la Iglesia en la materia. Tanto el Estado como la Iglesia cumplirán mejor su papel si mantienen su independencia y buscan entre sí una sana colaboración. Así lo atestigua la historia. 19- A la luz de estos hechos y principios afirmamos que la Iglesia espera de la nueva Constitución su reconocimiento como sociedad
  7. 7. religiosa de derecho público y el espacio de libertad que le es debido para el cumplimiento de su misión. Entiende indispensable que se respete su capacidad de organizar su propia vida sin la injerencia del poder civil. Este respeto comprende su autonomía interna; su libertad de acción y de organización en orden a la promoción humana y a la labor asistencial, igualmente en su labor pastoral, que abarca desde el culto, la libertad de enseñanza y el testimonio de la fe, hasta el derecho de enjuiciar y de proclamar públicamente las exigencias de la moral y de la religión con respecto a los asuntos temporales. 20- Muchos se preguntan si se justifica o no la unión de la Iglesia con el Estado y, en consecuencia, qué pensar de la religión oficial. Quede claro que para la Iglesia estas cuestiones, aunque respetables, carecen de importancia fundamental. A la Iglesia le interesa más el bien común, la justicia, la verdad, la concordia, la reconciliación y el espíritu fraterno. Pone su confianza en la fuerza del Evangelio, en el valor de la verdad, en el servicio de la caridad y en el testimonio de sus miembros. Si en otros tiempos este pueblo se identificaba totalmente con la religión católica, pudo ser lógico que se hablara de una religión oficial. Hoy el pluralismo caracteriza mejor la sociedad civil y no parece justificada una Iglesia unida al Estado y que, por eso, ofrece imagen de algo impuesto por la fuerza a la gente. La Iglesia no quiere confundir al pueblo ni confundirse con el Estado. Quiere guardar su identidad y procura ofrecer una imagen que sea testimonio de la misión que Cristo le encomendó y que desea cumplir de la mejor manera posible. No juzga que sea necesaria una separación violenta ni traumatizante. Si la Ley Fundamental de la República consigna la aconfesionalidad del Estado por juzgarla más adecuada a la realidad actual, la Iglesia no ve en ello un problema capital. En cuanto a los asuntos de interés común entre la Iglesia y el Estado, bien pueden ser tratados en base a convenios o acuerdos bilaterales. Así se cumple el principio de mutuo respeto y colaboración que anhelamos vivamente. 21- La Iglesia, en consecuencia, no pretende sino un trato justo y adecuado a su condición. Y afirma, con el Concilio Vaticano II, que "…la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa…que se funda en la misma dignidad de la persona humana…" (Declaración sobre la Libertad Religiosa Nº 2). Todos los hombres deben ser respetados en tal materia. La libertad de conciencia y de culto deben ser mencionadas en el ordenamiento jurídico. Así lo pide la fundamental preocupación por ver debidamente tutelados los derechos que la dignidad de la persona humana exige. IV- APLICACIÓN DE LA NUEVA CONSTITUCIÓN 22- Antes de cerrar estas reflexiones juzgamos necesario añadir algunas consideraciones sobre la puesta en vigencia de la nueva Constitución. Un nuevo ordenamiento jurídico fundamental supone,
  8. 8. evidentemente, una profunda conversión de personas y una verdadera reforma de estructuras. Es cierto que necesitamos leyes mejor elaboradas. Pera también es cierto que somos los hombres y mujeres quienes las pondremos en vigencia y las aplicaremos o no. Es indispensable la renovación personal y comunitaria que haga posible la promoción del bien común. De ahí también el llamado a una efectiva reforma de estructuras, hecha con imaginación, audacia y buen sentido. Y, por encima de todo, supone un criterio inspirador y orientador que respete el protagonismo del pueblo y ofrezca continuada participación y responsabilidad del mismo en la construcción de un Paraguay mejor. 23- Vendrá el urgente y gran empeño por elaborar una legislación que ponga en acción los principio constitucionales, lo mismo que las reglamentaciones que faciliten la efectiva vigencia de la nueva Ley Fundamental. El funcionamiento sanamente equilibrado de los Poderes del Estado, en un clima moral de honestidad y espíritu de servicio, permitirá la convivencia civilizada y fraterna. V- CONCLUSIÓN 24- Reiteramos el anhelo y augurio de la Iglesia de una Constitución que sea respuesta a las necesidades y esperanzas del pueblo. Exhortamos a la consciente, madura y libre participación de todos los hombres y las mujeres. Felicitamos y alentamos los estudios, las reuniones e iniciativas que preparan la próxima Convención Constituyente. Recomendamos sensatez en la elección de los convencionales el próximo 1 de diciembre. Como creyentes, rezamos y seguiremos rezando por la asistencia divina a cuantos tendrán la pesada responsabilidad de dar a la patria una nueva Constitución. Evocamos el ejemplo de San Roque González de Santacruz y pedimos a la Santísima Virgen su protección. Con efecto, bendecimos a todos. Asunción, 18 de Diciembre de 1991 Por mandato de la 127ª Asamblea Plenaria + Celso Yegros Estigarribia Obispo de Carapeguá y Secretario General de la CEP

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