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Edita el gato descalzo e book 11. somos libres. antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana. germán atoche intili

  1. 1. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. about.me/elgatodescalzoAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  2. 2. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Edita El gato descalzo Descarga nuestros libros en Pdf,ePub y Mobi o léelos en línea. elgatodescalzo.wordpress.com Cultura libre:Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  3. 3. Edita El gato descalzo 11. Somos libres.Créditos Somos libres. Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana Director: Germán Atoche Intili cosasquemepasan@gmail.com elgatodescalzo.wordpress.com Primera edición en formato Pdf, ePub y Mobi: Lima, 20 de julio 2012. Diseño y foto de portada: Germán Atoche Intili.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  4. 4. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Escritores compilados:Adriana Alarco de Zadra. Carlos Calderón Fajardo. Leopoldo de Trazegnies Granda.Gonzalo del Rosario. Yeniva Fernández. Raquel Jodorowsky.Sarko Medina. Rubén Mesías Cornejo. Pedro Félix Novoa Castillo.Juan Rivera Saavedra. Carlos Enrique Saldivar. Daniel Salvo.Tanya Tynjälä. Gustavo Valcárcel Carnero César Vallejo.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  5. 5. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Artistas seleccionados (interiores)1: Jesús Aguirre. 2: Carlos Atoche Intili. 3: Andrea Barreda, Espantapájaros.4: Nelson Castañeda. 5: Gino Ceccarelli, Serenata de Chullachaquis. 6: Liliana Chaparro, Lima technicolor.7: Colectivo NadieS, Guamán Poma escucha las quejasde los indios quipucamayocs de diferentes etnias. 8: Iván Fernández Dávila, Cuídamela. 9: María Laso Geldres.10: Miguel Llontop, Puebla barro la historia, puebla huaca la gente. 11: Melissa Lozada, Caballito. 12: Antonio Migliori.13: Piero Quijano. 14: Judith Vergara.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  6. 6. Edita El gato descalzo 11. Somos libres.Imágenes adicionales. Fotos: Carlos Calderón Fajardo. http://www.casadelaliteratura.gob.pe/?p=1376 Raquel Jodorowsky.http://www.donnemondo.it/poetesse/poetesse%20del%20mese/Jodorowsky.htm Juan Rivera Saavedra. http://winstonelalfarero.typepad.com/blog/2010/10/juan-rivera-saavedra-nuestro-lope-de-vega.html Título bajo licencia:Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  7. 7. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Sus donativos permiten que publiquemos nuevos libros gratuitos:Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  8. 8. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Somos libres. Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana Germán Atoche Intili (compilador). “Somos libres, seámoslo siempre…”. Himno nacional del Perú, José de la Torre Ugarte.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  9. 9. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Presentación Edita El gato descalzo llega a su tercer mes, durante el mes patrio del Perú, con sutítulo número 11: Somos libres. Antología de literatura fantástica y de ciencia ficciónperuana. Debemos señalar que es la primera recopilación nacional de estos géneros queaparece en tres formatos a la vez: Pdf, ePub y Mobi. Ésta es una doble selección compuesta por textos de Adriana Alarco de Zadra,Carlos Calderón Fajardo, Leopoldo de Trazegnies Granda, Gonzalo del Rosario, YenivaFernández, Raquel Jodorowsky, Sarko Medina, Rubén Mesías Cornejo, Pedro Félix NovoaCastillo, Juan Rivera Saavedra, Carlos Enrique Saldivar, Daniel Salvo, Tanya Tynjälä,Gustavo Valcárcel Carnero y César Vallejo. Así como por el arte gráfico (dibujos, fotos, pinturas) de Jesús Aguirre, CarlosAtoche Intili, Andrea Barreda, Nelson Castañeda, Gino Ceccarelli, Liliana Chaparro,colectivo NadieS (Sandra Suazo y Aliza Yáñez), Iván Fernández-Dávila, María LasoGeldres, Miguel Llontop, Melissa Lozada, Antonio Migliori, Piero Quijano y JudithVergara. El libro fue comentado en preestreno el día 18 de julio, dos días antes que naciera,en Instituto Raúl Porras Barrenechea. En el evento, el primero organizado por la editorial, contamos con la participaciónde Yeniva Fernández, quien comentó su experiencia como escritora de lo fantástico. Lapoeta y psicoterapeuta Ana María Intili prestó su voz en homenaje a la desaparecida RaquelJodorowsky. Casualmente ambas participaron, en abril de 2011, en el auditorio del PorrasBarrenechea en un recital por los 6 años de nuestro blog, Cosas que (me) pasan. El cantautor Manuel Sotelo amenizó el intermedio musical con una cancióndedicada a Infierno Gómez contra el Vampiro matemático y otra ofrecida al amor. Elautor Pedro Félix Novoa leyó parte del cuento que aparece en esta antología. Cabe resaltarque hasta el momento de la presentación no teníamos el gusto de conocerlo personalmentesolo vía internet. Carlos Enrique Saldivar pudo comentar algo de su experiencia como escritor yestudioso apasionado de estos géneros. A su vez Juan Rivera Saavedra compartió con elpúblico la historia de un robot en contra de la política y la carrera armamentista. La actriz yoradora Delfina Paredes, quien difunde la obra de César Vallejo desde hace 40 años en todoel mundo, leyó el inicio del cuento “Las Caynas” del vate. Debo señalar que ella no tuvooportunidad de repasar el texto días antes sin embargo cautivó al auditorio. Por último tuvimos un vino de honor para cerrar el primer evento de Edita El gatodescalzo. Hemos subido algunas fotos a nuestro Facebook y blog, por cortesía de Elinfómano. Pronto compartiremos más imágenes y videos de esa noche.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  10. 10. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Debemos agradecer a todos los autores/artistas gráficos que participan en Somoslibres, a aquellos que pudieron acompañarnos en el Instituto Raúl Porras Barrenechea.También al director del mismo, el doctor Jorge Puccinelli y al personal a su cargo, NievesMaría Luna Córdova, Rocío Hilario, Miriam Flores y a Manuel Vargas Aspillaga, porrecibirnos y por todas las facilidades brindadas. A manera de explicación ¿Somos libres? Tomemos un momento para pensar en esta cuestión. Quizá la respuesta varíe si se lopreguntamos a un filósofo, a un abogado o a un escritor. Sin embargo es claro que no podemos negar la relación que existe entre las letras yla libertad, en especial en lo fantástico y en la ciencia ficción, que rompen con los esquemasde la realidad. En Edita El gato descalzo es nuestra intención, tanto con nuestras colecciones Lofantástico y CF, como con este e-book, servir como un espacio de unión y reflexión paraescritores, lectores e investigadores. Además de reflejar lo que se realiza de valor a nivelhistórico y en la actualidad. Por lo cual consideramos que, para sumarnos a los esfuerzos de aquellos que hanimpulsado la difusión de estos géneros con dedicación y pericia, Somos libres. Antología deliteratura fantástica y de ciencia ficción peruana será una compilación de aparición anual yprepararemos una serie de actividades relacionadas. En especial al tomar en cuenta que pese a la riqueza de exponentes no han existidomuchas antologías similares, algo incomprensible si consideramos que las nuevastecnologías facilitarían la aparición de éstas y que estas temáticas no son nuevas en nuestropaís. Así, como menciona Álvaro Mejía S. (2011), entre 1843 y 1844, antes que JulioVerne y H. G. Wells, el peruano Julián Manuel de Portillo escribió la novela deanticipación Lima de aquí a 100 años.Referencia Mejía S., Álvaro (2011). “Lima de aquí a 100 años, antes de Julio Verne” en PerúReporta. Consultado el día viernes 20 de julio de 2012 enhttp://www.perureporta.pe/espectaculo/sociedad/3101-lima-de-aqui-a-100-anos.htmlAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  11. 11. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. ¿Qué encontrarán en Somos libres? Antes que se sumerjan en la lectura repasemos brevemente estos textos: Ofrecemos uno de los cuentos que componen la serie el forastero de Adriana Alarcode Zadra, Carlos Calderón Fajardo nos habla sobre la muerte y el poder de una fotografíaen los recuerdos y Leopoldo de Trazegnies Granda presenta a un peculiar hombre invisible. Gonzalo del Rosario nos recuerda que no todo lo que brilla es oro. YenivaFernández participa con la revisión a uno de sus escritos, donde profundiza en la idea deldoble. También homenajeamos a la escritora chilena-peruana Raquel Jodorowsky, quienfalleció en octubre del año pasado, y compartimos uno de los microtextos de Cuentos paracerebros detenidos. Con licencia de los superiores, libro aparecido en Buenos Aires en1974. Sarko Medina escribió un enternecedor microtexto en honor a Ray Bradbury(Waukegan, 1920-Los Ángeles, 2012), autor de Crónicas marcianas (1950), Fahrenheit451 (1953), entre otros clásicos. Rubén Mesías Cornejo nos advierte en su microcuentosobre el sometimiento a las cámaras y el vouyerismo. Pedro Félix Novoa Castillo realiza unguiño a los personajes de El Quijote y nos presenta un extraño aparato que permite ingresaren el mundo de las letras. El prolífico Juan Rivera Saavedra comparte con nosotros un texto en primicia queforma parte de su libro en preparación. Carlos Enrique Saldivar nos enseña la relación entrepoderes y venganza. Daniel Salvo nos presenta un cuento ambientado, 109 años en elfuturo, en el tricentenario de la Independencia. Tanya Tynjälä narra sobre el peligro del invierno nuclear. Gustavo ValcárcelCarnero nos ofrece la crónica de su encuentro con el cosmonauta Yuri Gagarín, el primerhombre en viajar al espacio. La presente es una versión aumentada de la que escribió enmarzo de 2006. Finalmente rendimos tributo a los 120 años del natalicio de César Vallejo, con lapublicación de “Las caynas”, cuento de ciencia ficción, aparecido originalmente en Escalasmelografiadas (1923), próximo a los 90 años.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  12. 12. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. El Forastero Prodigioso Adriana Alarco de Zadra Cuando desapareció la abuela, pensé que se había ido como sus pinturas que se desvanecíande un día para otro. Pero no, luego supe que había fallecido y enterraron su cuerpo en el cementerio del puebloen medio de los algarrobos, aunque siempre pensé que su espíritu vagaba por la vieja casonaaconsejándonos al oído, sonriéndonos con bondad y haciéndonos descubrir secretos escondidos. Después de la noticia, llegamos una tarde a la casona donde habíamos pasado tantosdomingos felices en medio de la algarabía de los primos y de los regaños de la vieja negra Ignacia,manchada de hollín y de grasa en la oscura cocina cerca al gallinero. Todo era tristeza por laausencia y ni el gallo cacareaba. Los tíos estaban taciturnos, las tías vestían de negro y no reinabaesa alegría ni ese pacto cómplice entre los primos que transformaba los domingos en casa de laabuela, en días de conspiración, confabulación e intriga. Encontré los tubos de óleos y sus brochas de pelos de marta gastadas por el uso dentro deuna caja de madera. También traía una tabla para mezclar los colores. Fue esa misma tarde quellegamos a repartir algunos objetos de recuerdo que pertenecieron a la abuela. Descubrí la caja depinturas detrás de la enorme tina de metal esmaltado con patas de león donde me escondía dechiquilla. La misma que quedaba en el cuarto de baño de losetas blanquiazules y que nos parecíauna piscina cuando nos bañábamos adentro. Allí estaba, envuelta en una tela, debajo de la tina. Yo recordaba que aquella caja fue el regalo de un forastero que compartió la mesadominical en la casa solariega de la abuela. Evoco esa mañana calurosa mientras aleteaba en loszaguanes el penetrante olor a jazmín que florecía en una esquina de la huerta. Ponían en su casa, los domingos, el plato del forastero en una esquina de la mesa, puespasaba por allí gente desconocida que tocaba a la puerta y nunca dejaron irse a nadie sin darle unplato de frijoles con arroz y algún chorizo hecho en casa. Esa mañana fue especial pues a cierta hora empezó un eclipse que oscureció los alrededorescomo si fuera otra vez a anochecer, y la pálida luz que reflejaban las puertas con vidrios de coloresera fantasmal. Llegó el forastero cubierto con una capucha y la abuela lo hizo sentar en la mesa dominical.Los nietos estábamos callados pues el eclipse nos tenía a todos en expectativa, que si saldrá otra vezel sol, que si tendremos siempre niebla, que si la oscuridad aplastará con su silencio nuestras vidas... El encapuchado comió sus frijoles sin descubrirse y no le veíamos la cara. Estábamosinsólitamente inmóviles contemplando las velas prendidas en los candelabros. Sólo el menor loobservaba inquieto, de reojo, tratando de verle la cara pero sólo vio su mano de dedosincreíblemente largos. El tenedor le temblaba por un miedo escondido y los ojos se llenaban delágrimas y de mocos la nariz que se refregaba con el revés de la mano. Yo, en cambio, me sorprendí que la abuela no le pidiera que se quitara la capucha, ya queveía que en general, nadie se sentaba a la mesa con la cabeza cubierta ni de sombreros, ni de chalesni de mantas. Ella, en cambio, le habló con consideración y simpatía contándole de sus muchosnietos, de sus hijos en el campo que cosechaban uva y algodón; del vino que era de la producciónAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  13. 13. Edita El gato descalzo 11. Somos libres.familiar así como también el pisco de antigua receta de aguardientes. No le molestó la capucha ni laintransigencia de dejársela puesta al momento de comer. Al retirarse de la mesa, había terminado el eclipse y todo volvió a la normalidad. De debajode su manto telar sacó el forastero una caja de madera y la entregó a la abuela, en agradecimiento.Contenía tubos de pintura al óleo y brochas. Vi pintar a la abuela muchas veces en la tela que teníaen la sala, pero nunca logré ver los cuadros terminados. “Para que no te falte nada,” le dijo el encapuchado antes de enrumbar hacia el desierto. Noera, pues, una mala persona. Era amable y agradecido, aunque misterioso. Por más que preguntamosy comentamos luego sobre el extraño color y la forma de sus manos, la abuela nos apostrofó y noshizo guardar esos recuerdos en los sótanos de la memoria. Aquella misma caja, regalo del forastero que había compartido la mesa dominical, fue laque encontré bajo la tina de patas de león en el cuarto de baño de la abuela, meses después de sufallecimiento. Me entregaron los tíos la caja, de recuerdo, así como una tela en blanco.Además de los tubos y las brochas, encontré una fila de pequeños frascos con líquidos unos y otroscon polvillos. Decidí probar las pinturas de la abuela. Cuando terminé mi primer cuadro estabaorgullosa. Era un vaso con rosas, lirios y azucenas. Al día siguiente, el cuadro estaba en blanco y el vaso con flores se hallaba en la mesaadyacente. No eran flores vivas, eran de un material plástico brillante. Me sorprendí muchísimo. Lasmágicas pinturas hacían desprenderse a las imágenes del cuadro en todas sus dimensiones y tenía ami lado un vaso con las flores que había plasmado en la tela el día anterior. Arreglé las hojas, pasélos dedos por los tallos, los pétalos y hasta las espinas eran suaves. Quedé tan asombrada que esa tarde me apresuré a llenar la tela con otro dibujo y diseñé unamariposa que cubrí de colores de los más variados. Era tan bella que hasta parecía verdadera y quefuera a salir volando de su encierro.Pero al día siguiente encontré la mariposa cerca al cuadro, con los mismos colores. La llevé afuera yestaba hecha de una tela plastificada tan diáfana y delicada que volaba con la brisa. Pero no estabaviva. No podía pintar la vida y los objetos saltaban fuera del cuadro pero no respiraban. Eran cosasy no seres. De lo más intrigada con este misterio, seguí pintando en la tela con las pinturas de la abuelay continuaron apareciendo en la casa, una cantidad de cosas que se desprendían y revoloteabanigual a la mariposa, y eran objetos como botes, casitas en miniatura, arbolillos, montañas, casi todosde materiales plásticos de colores, diáfanos y brillantes. Entonces, recordé que la abuela nos hacía jugar con los muñecos más extraños que podíanimaginarse y que nunca habíamos visto en ningún otro lugar. Probablemente todos eran producto desu fantasía y de las pinturas mágicas del forastero. Muñecos que saltaban del cuadro en la noche yaparecían como objetos al día siguiente. Seguramente, no eran de este mundo. Así tuve la certeza de que también aquel forastero deldía del eclipse era un extraterrestre, como otros comensales que compartieron la mesa dominical y,probablemente, la abuela lo sabía.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  14. 14. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Como seguí pintando, se fueron acabando los tubos de pintura y la casa se fue llenando deobjetos brillantes y llenos de color. Con las últimas pinceladas de las brochas, quise hacer un cuadromemorable, y pinté a la abuela con el canario celeste en la mano, como estaba en la foto que teníade ella de pie en la escalera de la entrada. Quise usar los polvos y mezclé las pinturas con loslíquidos que quedaban en los frascos. Al terminar esparcí sobre el cuadro la arena granulada de losfrascos y le dio un tono de pintura antigua y sobria. Cuál no sería mi sorpresa cuando al día siguiente al despertar, me encuentro con la abuelaque deambula por la casa con el canario celeste piando en su mano, igual como la había dibujado enel cuadro. Era más pequeña de lo que yo la recordaba, o quizás así había bajado del cuadro y, alverme, me sonrió. “Gracias, me dijo, por haber liberado mi espíritu. Has hecho bien en usar los polvosmágicos. Ahora sé adonde debo dirigirme”. Y con paso leve, salió de la casa y se dirigió hacia eldesierto hasta que la arena se levantó con el viento y no pude distinguir su silueta a lo lejos. Sedesvanecía en medio de las dunas. Nunca supe si fue un sueño o si había ocurrido realmente que la abuela del cuadro saliócaminando de la casa, pero envolví lo que quedaba de la caja de pinturas, con los polvos y loslíquidos y los enterré debajo del jazmín en flor que tengo yo también trepando por los muros, cuyoolor penetrante sigue aleteando por los corredores de maderos rechinantes. Y nunca supe más nadade aquel visitante encapuchado que llegó una tarde de eclipse, aunque, en recuerdo de la abuela,también en mi casa la mesa está puesta los domingos y el plato del forastero espera. Quizás así algún día regrese a deshilvanar misterios ancestrales.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  15. 15. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Interior 1: Jesús AguirreAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  16. 16. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. La muerta Carlos Calderón Fajardo. Estaba en el periódico, asesinada en la isla de Taquile, en medio del lago Titicaca. Porunos instantes quiso Federico que no tuviese nombre. Intentó recordarla bajo la luz de un fluorescente, turbia, alimentando Magda a un loro,dormida, escuchando tangos pendencieros, vestida con una chompa negra de cuello JorgeChávez; el estremecimiento y erizamiento de la pelusilla detrás de sus orejas al sentir elaliento masculino; la mano que se sujeta a la otra mano en el momento de un leve mordiscoentre los otros mil recuerdos que evitaba recordar Federico al verla muerta en un periódico. Leyó las líneas donde se informaba de las circunstancias del atroz hallazgo y casi sedesmaya al enterarse cómo había sido encontrado el cuerpo. Decía la noticia que realizadas las averiguaciones de rigor se había comprobado conestupor que se trataba nada menos que de Magda S y X, una pintora famosa, muy queridapor la comunidad, a la que no se le conocía enemigos. La artista acababa de volver a laciudad luego de exhibir con gran éxito sus cuadros en Buenos Aires. El dato desconcertómuchísimo a Federico, ya que eso había ocurrido muchísimo tiempo atrás, es decir lo de laexposición en Argentina era un hecho con vida propia en la memoria. El autorretratopintado por Magda colgaba en una pared de la sala de la casa de Federico y había formadoparte de aquella muestra memorable. No quiso ver la fecha del periódico que apretó en susmanos y resignado se dejó llevar por lo que de manera implacable estaba sucediendo. Sepercató de que nada evitaría el horrible desenlace. Miró el autorretrato de Magda: ella había pintado un lunar en su rostro que no existía,artificios. La muerta, que fue hallada de casualidad por un turista griego, mostraba aquellunar provocador en la mejilla derecha que nunca había existido en la realidad. Federicobuscó en la gaveta donde guardaba documentos importantes y halló una antigua fotografíatomada con una polaroid, de la época en que Magda pintó ese cuadro: Magda bañándose enuna playa a orillas del lago Titicaca con la cabeza protegida por un gorro. Federicoescrudiño lo que existía aparentemente invisible en ambas imágenes, la foto y el cuadro, ylas comparó con la imagen de la muerta en el periódico. Como si ese lunar artificial hubiese sido un elemento invocador ella se hizo presente,flotó tenue y después se hundió rápidamente bajo la superficie. La fotografía en el periódico mostraba la cara deformada de Magda por el agua, lucíahinchada como un globo, con los ojos como dos burbujas. Una mujer muerta, deaproximadamente 60 años, así era como se le veía, igual a una planta que hubiese estadogerminando sumergida bajo el lago. Lo extraño era la casaca, moderna, de licra. El cuerpode Magda tenía que haber sido encontrado flotando, como un fardo, asomando en la lentejade agua, sobre el manto verde que maligno se va comiendo poco a poco la superficie dellago y no en el lugar donde fue hallado.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  17. 17. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Federico se sorprendió al enterarse por ese periódico que a la muerta la encontrarondebajo de unas totoras, en territorio perteneciente a la comunidad de Taquile, en la partealta de la isla. Se sintió arrojado al vacío. Recordó la visita a Taquile con Magda, ellasubiendo la colina en medio de la isla por el camino empedrado. Las viviendas de lacomunidad se asientan en la parte alta de la isla. Todo pasó en pocos minutos. Las cosassucedieron más o menos de la siguiente manera: en esa oportunidad Federico observaba porel lente de su cámara embebido por la multiplicidad de colores en la superficie del lagocuando vio algo que flotaba. Apretó en un acto reflejo el disparador. Era su hobby, poseíauna muy buena cámara. Él fotografiaba lo que luego ella pintaba. Habían viajado conMagda a Taquile a capturar el lago desde lo alto. Tomaron decenas de vistas del magníficopaisaje, pero, como en otras ocasiones, el rollo luego quedó durmiendo en un cajón,esperando. Hasta que Federico supo de la muerte de Magda. ¿Cuántas veces había sido asesinada? Ese mismo día, luego de enterarse de la infausta noticia hizo revelar el rollo de lasfotos en Taquile. En un sobre le entregaron esas placas: del lago, fotos de la isla, de loscomuneros con sus atuendos tan particulares, con sus gorras rojas con borla. Una mujeraparecía subrepticia en cada una de las pequeñas cartulinas brillosas. Federico se crispó alver la más extraña de todas las instantáneas de la serie. ¿De dónde salió? ¿Quién la tomó?¿Por qué estaba ahí? La foto de un entierro en el cementerio de Laykakota, inconfundibleslas tumbas blancas. Se veía en esa foto a una mujer vestida de luto, caminando tras unataúd. Se trataba de un entierro, de eso no había duda. Federico reconoció a algunos de losparientes que habían participado en el cortejo. La mujer vestida completamente de negro,era la misma, la muerta que se veía en la fotografía en el periódico. Magda muerta, yportaba algo en la mano que parecía ser un ave, un extraño pájaro, quizás un pato salvaje. Federico, como ocurría siempre, cogió la cámara que había guardado varios días antesen un cajón de su escritorio. Se puso una casaca impermeable y salió de su casa. Caminó nervioso entre la penumbra, por las calles mojadas por la lluvia de la noche. Por fin llegó al puerto de donde partían las embarcaciones para navegar por el lago. Loúnico que Federico tenía que hacer era ir a Taquile a un nuevo reencuentro, a una reuniónimpostergable, más indispensable que nunca. Tomó el último barco que salía para la isla.Verano, 2012.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  18. 18. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Interior 2: Carlos Atoche IntiliAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  19. 19. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. La venganza de Matilde Ubaldo Leopoldo de Trazegnies Granda Era hombre a pesar de llamarse Matilde Ubaldo. Los timoratos lo llamaban Ubaldoa secas al tiempo que escudriñaban temerosos su burdo rostro, sólo los que le teníanconfianza se atrevían a usar su nombre de pila. Paradójicamente, este ser greñudo y malencarado de nombre Matilde poseía la virtud deser invisible. Se volvía invisible a voluntad. La única forma en que perdía el don deinvisibilidad era entrando en contacto con cualquier clase de líquido, el agua materializabainstantáneamente su organismo. A él no le sorprendía su extraña condición, había crecidoacostumbrado a características similares de sus familiares. Su madre levitaba con facilidady su padre era capaz de tragarse sables enteros hasta la empuñadura. Había llegado con sus padres de un lugar lejano, él mismo desconocía su origen, aveces le asaltaba la idea de ser extraterrestre. Leía con avidez las historietas de Supermánporque se identificaba con el héroe del comic a pesar de reconocer su torpeza innata para lavida diaria. Al vestirse ni siquiera atinaba poniéndose la camisa con la segunda manga ymetía la mano por un bolsillo, se caía al calarse los pantalones, se tropezaba en las escalerasmecánicas de los centros comerciales, perdía el equilibrio en los autobuses. Todo esto lehacía sentirse más cerca de la versión Clark Kent que de la del activo superhombre de lacapa roja. Se reconocía como un incapaz pero fuerza no le faltaba, un día estuvo a punto deestrangular al compañero más robusto de la clase apretándole la garganta únicamente con elíndice y el pulgar de una mano por haberlo llamado cabezón. Intentó jugar al fútbolpretendiendo algún día figurar en el equipo profesional de aquella pequeña ciudad dondevivía pero se lo negaron por patoso, lo expulsaban de cuanto grupo musical se apuntaba pordesafinar con su hermosa guitarra eléctrica, lo esquivaban en el recreo de media mañanapara no tener que compartir con él los bocadillos traídos de casa. Era indudable que larelación con sus compañeros estaba impregnada de desconfianza por parte de ellos hacia suextraña persona. Su madre y él se hubieran podido dedicar a exhibir sus habilidades de levitación einvisibilidad y habrían ganado mucho dinero (no menciono al padre porque había fallecidosiendo él muy pequeño atragantándose con una cimitarra persa, curvada, similar a la queportaba Simbad el marino) pero les repugnaba el espectáculo de exponer en público susintimidades y prefirieron mantenerse en el anonimato y en la pobreza. Al terminar sus estudios, aprovechando su invisibilidad y sin otro porvenir más factiblea corto plazo, Matilde Ubaldo se hizo ladrón. Desvalijó sistemáticamente los bancos de laciudad. Los empleados de las oficinas presenciaban atónitos cómo se movían las teclas delos ordenadores bajo dedos invisibles, se abrían las cajas de seguridad y desaparecían losbilletes en una bolsa que volaba sola por los aires. Cierta vez que huía de un atraco, empapado bajo la lluvia, su figura corporal sematerializó de repente portando el botín en andas, algunos viandantes lo vieron pero nadielo pudo reconocer debido a la oscuridad de la noche. Únicamente declaraban haber visto aAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  20. 20. Edita El gato descalzo 11. Somos libres.un hombre desnudo llevando una bolsa. Desde entonces los guardas de seguridad,sospechando el poderoso efecto del agua en el organismo del ladrón invisible, manteníansiempre a mano baldes de agua y por las mañanas los primeros clientes observaban loscharcos en el suelo de las oficinas bancarias, restos de los combates nocturnos de losguardas contra espectros imaginarios. Pero jamás llegaron a atraparlo. Matilde llegó a ser riquísimo mediante su frenética actividad delictiva, multimillonario,sin verse en ningún momento aquejado de remordimientos de conciencia. Muy al contrario,consideraba que los robos perpetrados a los bancos tenían cien años de perdón porque“quien roba a un ladrón…” ya se sabe. Los bancos utilizaban el dinero de sus clientes paralucrarse y encima les cobraban porcentajes de usura lo que constituía un robo legalizado enopinión de Matilde. Empezó a emplear su inmensa fortuna, fruto de varios años de atracos, en generososmecenazgos, actitud que lo acercaba a sus héroes justicieros como Supermán y RobinHood. Entre otras cosas compró el colegio donde estudió y el equipo de fútbol profesionalde su ciudad donde nunca llegó a jugar. Contrató profesores de reconocido prestigiointernacional dándoles a los egresados de su centro escolar una formación de altísimacalidad reconocida en las mejores universidades. Para su equipo de fútbol trajo al mejorentrenador del momento, un tal Simpson, australiano, y fichó a los mejores jugadores delmundo con lo que consiguió que su equipo, el humilde Sport Boys provinciano, ganara laliga nacional de ese año y las cinco siguientes, que disputara la Copa de Europaobteniéndola tres años consecutivos y que venciera al equipo nacional de Brasil todas lasveces que se enfrentaron, catorce. Para colmo de sarcasmo dotó a la ciudad de una redpública de seguridad contra la delincuencia compuesta por miles de video-cámaras quecaptaban todos los movimientos de sus habitantes que no gozaban como él del don de lainvisibilidad. Durante varios años la ciudad fue una fiesta permanente. Matilde para los íntimos yUbaldo para el resto había llegado a ser un héroe. En pleno apogeo popular creó unaempresa de investigación de alta tecnología, la Grow Fitness & Co. que se constituyócomo una de las principales sociedades anónimas del país, paradigma entre las empresas desu género. El precio de las acciones de su compañía llegó a niveles nunca alcanzados en laBolsa nacional. Matilde Ubaldo no gozaba con sus éxitos, se mantenía espectante ante la reacción servilde la gente hacia su persona. La junta directiva del colegio se arrastraba deshaciéndose enelogios, sus excompañeros escribían cartas laudatorias a los periódicos, su orgulloso y yaanciano profesor de deportes le pedía dinero, las monjitas rezaban por él, los agentes decambio y bolsa le suplicaban consejos. Pero un buen día Matilde para sus íntimos y Ubaldo para los demás desapareció.Abandonó la casa que se construyó en un lujoso barrio de la ciudad y nadie pudo daracuerdo de su persona porque vivía solo. Los vecinos al ser interrogados levantaban loshombros con la misma perplejidad que si les dijeran que a Matilde Ubaldo se lo habíacomido un caballo. Mayor fue la decepción de los profesores del colegio que constatabanque ese mes no habían ingresado sus nóminas en sus cuentas y daban las clasesAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  21. 21. Edita El gato descalzo 11. Somos libres.desmotivados y con cierta furia por haber sido engañados, los alumnos se resentían ydejaban de asistir a clases. Los futbolistas sin cobrar salían a jugar los partidos con desganay perdían los partidos bajo tribunas vacías. Las monjitas sin sus cuantiosas limosnaselaboraban los dulces entre suspiros y lágrimas y les salían agrios. Los miembros de losgrupos musicales carentes de subvenciones se indisponían entre ellos y terminaban aguitarrazos. Las acciones de la compañía Grow Fitness & Co. tuvieron una caídaestrepitosa que arrastró a la mayoría de inversores financieros y la Bolsa tuvo quesuspender sus actividades. Conforme pasaban los días la vida de toda la ciudad sedeterioraba aceleradamente. Mientras tanto, Matilde Ubaldo, recluído en un lugar desconocido observaba en Internetlo que iba ocurriendo en la ciudad a través de todas las video-cámaras estratégicamentecolocadas por él en calles, comercios e instituciones. Y se reía, se reía disfrutando de suvenganza.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  22. 22. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Interior 3: Andrea BarredaAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  23. 23. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. ORO Gonzalo del Rosario. Cansado de los abusos de sus jefes y de recorrer la ciudad para ganar menos de loque vendió, consiguiendo jaquecas y gritos de los supervisores, moliéndose el cuerpo entareas esclavizantes donde si le llegaban a pagar, era una miseria a comparación de todo loque hacía, no sólo convirtiendo sus zapatos y ropa interior en unos cráteres irritantes, sinoacentuando sus psicopatologías, Diego regresaba cada noche a casa odiando más al mundoreal en el que había caído luego de terminar la universidad. Lleno de ira se metió al baño, se sentó y expulsó todos sus demonios. Maldijo eserepentino estreñimiento mentando a la madre de su creador, y a su suegra, y arañó lasmayólicas resbalando sus dedos, solo para concentrarse y expulsar aquella dolorosa tripaque hacía un par de días le estaba malogrando la jornada entera. Muy tranquilo ya y odiando más a sus familiares que no se preocuparon en llenar deagua los barriles, para cuando ya no saliera nada de los caños, logró conciliar el sueño sinsentir la amargura de poseer un trozo de mierda ansioso por nacer. Diego fue despertado a las seis en punto, como siempre por su reloj biológico, esedía, nuevamente debía levantarse, sin más ganas, a recorrer la ciudad buscando vender algoque ni él mismo entendía para qué servía. Al levantar la tapa para orinar, algo sorprendió su vista: era el mojón más bello quepodía haber concebido intestino alguno, sus trozos de mierda relucían al contacto de losrayos solares del amanecer, Diego no dudó en meter la mano y palpar aquel excrementoendurecido por la gélida noche invernal, quizás, pero si de algo estaba seguro era –mierda,esto es una mierda. . . ¡pero de ORO!- oro puro. Recién se había percatado que su wáter estaba lleno de tanto oro como para novolver a trabajar en años, o por lo menos en un buen tiempo, total, podría cagar más e igualsaldría oro ¿o no? Y de la emoción le vinieron de nuevo las ganas, no sin antes extraer todosu oro del escusado, besarlo, lamerlo y acariciarlo con sus mejillas, sentarse y dejar que sussueños sigan el ritmo de sus heces. Tan feliz como los niños ricos la mañana de navidad, telefoneó a su chamba, mandóa comer de su nuevo tesoro al jefe, y en pijama corrió a comprar todo lo que siempre habíasoñado . . . tenía toda la mierda del mundo para pagar sus más oscuros placeres. Aquella noche llegó a la casa de su flaca con todos aquellos regalos que le habíaprometido, no sólo a ella, a su familia también, y que nunca entregó por falta de fichas:zapatos, botas, carteras, jeans nuevos, de esos al cuete que había malogrado por no apuntarbien a la hora de venirse, polos, casacas, vestidos, poleras, faldas, ropa y más ropa quesiempre le pedía su flaca en cada aniversario, cuando a Diego solo le alcanzaba pararegalarle una porción de chicharrón de pollo en La Cabaña antropófaga; por supuesto queAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  24. 24. Edita El gato descalzo 11. Somos libres.no los compró él, sino ella misma, porque esa tarde habían tomado el primer vuelo queencontraron rumbo a Lima. Cuando regresaron, su Audi ya los esperaba en el estacionamiento de su depa, todoamueblado con una cama gigante para moverse bien pegados, un televisor de esos queparecen cuadros intercambiables, con un sistema de sonido de otra dimensión y tantoscanales como para volver loco a cualquier adicto al zapping. Pronto empezó a asistir a cada una de las discotecas de la ciudad y como siempreponía el trago para todos, las invitaciones a eventos sociales le llovían. Las flacas notardaron en asediarlo, y él podía hacer con ellas lo que quisiera; lo cual a su flaca poco leimportaba siempre que siguiera regalándole toda la ropa y tecnología de los catálogos. Así se había vuelto la persona más conocida y querida de su ciudad, y todo gracias ala mierda que almacenaba en una caja fuerte en forma de wáter, recontra escondida, y quesu contenido las casas de cambio adoraban. Sin embargo, en una de sus rebotadas, entró en una duda muy grande ¿En qué sediferenciaba de los demás ladrones que habían llegado “tan alto” como él? Entonces paralimpiar su imagen de amante de los viajes nocturnos alrededor del mundo con chibolas ydrogas fuertes, lavó su mierda con una Fundación que otorgó educación de primer nivel ygratuita para niños y adolescentes en estado de abandono y pobreza. En el fondo sabía que tarde o temprano lo irían a joder y por más mierda que lesofreciera, no cesarían en sus intentos de arruinarle la vida. Con dicha Fundación pretendíaformar a los futuros dueños de la patria que él, ya convertido en el Señor Diego, y con Smayúscula, iba comprando de a pocos, gracias a su dorado esfínter. Estaba formando a los actuales jueces, abogados, congresistas, alcaldes, gerentes,presidentes, profesores, periodistas, médicos, dueños y más dueños de más y más empresaspromovidas por la mierda y más y más mierda rica del rico Señor Diego, dueño del Perú ybalnearios, y mucho, mucho más. Aquellas felices décadas de bonanza pasaron demasiado rápido. Luego de dominarsu país, y parte del mundo, a su antojo, como ya estaba muy viejo eligió a su sucesor deentre su círculo mayor de pendejos, al cual le dejaría la clave de su bóveda de mojonesdorados que salían de su ano, el verdadero dueño de su imperio. Si bien se esperaba con ansias que el Señor Diego muriera lo más pronto, cuandosucedió, y a los pocos días se empezó a percibir un olor a desagüe atorado que emanaba delos principales bancos del mundo, por más investigaciones realizadas nadie dio con la causade la cantidad de heces acompañando el dinero y las joyas de los principales magnates delplaneta. ¿Una broma del más pésimo gusto? Su mierda dorada había tomado su verdaderocolor y olor.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  25. 25. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Interior 4: Nelson CastañedaAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  26. 26. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Esa obscuridad que regresa Yeniva Fernández Mi padre construyó una casa enorme con la idea de que sus hijos, cuando fueranadultos, habitaran cada una de sus alas con sus respectivas familias. Yo, como última hija,ocuparía la estancia principal a su lado, con mi esposo e hijos. Sin embargo, eso jamásocurrió. Mis hermanos, por razones de trabajo o estudio emigraron a España y Francia, yedificaron sus propias familias en cómodas residencias europeas. Yo, a los treinta y nueveaños, soltera y sin novio a la vista, abandoné la casa familiar hace meses para mudarme aun departamento en un barrio céntrico de la ciudad. Desde ese día, no obstante, hanocurrido cosas que no sé explicar y que han llevado mi vida, antes plena de orden ycertezas, a un estado de postración y neblina. La idea de mudarme vagó en mi cabeza durante años. La distancia para llegar hastami trabajo, lo difícil que era conseguir un taxi para regresar después de alguna reunión y losconstantes asaltos que se sucedían en la carretera solitaria por la que había que transitarpara entrar o salir de San Bartolomé, me hacían soñar con liberarme de esos pesares en unlugar cálido y pequeño. No obstante, el imaginar a mis padres solos, como niños perdidosen un barco que navega al garete, me detenía. Los domingos marcaba los avisos de lasección inmobiliaria de los diarios con la intención de hacer visitas durante la semana. Sinembargo, los días pasaban sin que lo hiciera. En otras ocasiones, una reja oxidada o unligero goteo en el lavadero de la cocina me disuadían de la compra, pero la oportunidad, alfin, se presentó en palabras de una colega de la universidad, cuya hermana radicaría demodo definitivo en Europa y vendía su departamento casi nuevo a un precio estupendo. Laubicación era perfecta. En cuanto mi amiga abrió la puerta para mostrármelo, supe que erael lugar que había buscado por mucho tiempo: ventilado, acogedor y funcional. Postergué la mudanza todo lo que pude. Con el pretexto de pintar el departamento,cambié los colores varias veces e hice plantar y replantar nuevas flores en la terraza de laventana. Fue mi madre quien me instó a poner fecha definitiva al traslado. Ella no queríaverme lejos, pero, como toda madre, comprendía que, pese al dolor de mi ausencia, yodebía aprender, aunque tarde, a asumir las responsabilidades que implica la independencia.Con todo, no hice mis maletas sino hasta la noche anterior a mi partida. Me costabaabandonar la casa, el hogar de mi infancia y el mundo donde yo había sido feliz. No quisellevarme nada de mi habitación. Convencida de que mi recámara vacía ahondaría la tristezade mis padres y que para mí también sería un cambio muy brusco despertar en una alcobadistinta de la mía, mandé hacer replicas exactas de mi velador, cama, tocador y ropero, ylos coloqué en igual disposición en mi nuevo dormitorio. Mi equipaje solo estuvocompuesto por ropa, la computadora portátil y dos cajas de libros. El grueso de mibiblioteca, unos mil ejemplares, los llevaría poco a poco en las visitas semanales que haríaa mi familia. La primera semana, en mi departamento, no logré conciliar el sueño. Estabacontenta, es cierto, pero al bucear en esa alegría encontraba cierto fondo de desolación yremordimiento. Yo no estaba acostumbrada al silencio. En casa de mis padres, era mimadre quien abría la puerta y me acompañaba cruzando el jardín hasta la sala, dondeAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  27. 27. Edita El gato descalzo 11. Somos libres.sonaban los viejos boleros que ella escuchaba todas las tardes. Una vez allí, noscontábamos una a la otra las incidencias del día. Luego subía a mi habitación a preparar misclases y después bajaba a ver televisión a su lado. Mi padre permanecía en la biblioteca ysolo se reunía con nosotras a la hora de la cena. Sin embargo, los jueves, el programavariaba, pues era día de lectura, tal como lo había bautizado mi padre desde que yo eraniña, y consistía en encerrarnos en la biblioteca para, además de leer, conversar de libros yliteratura. Mi madre respetaba esos días y nos servía la comida allí mismo. Con el tiempo,nuestras conversaciones sobre Verne y Salgari derivaron en otras sobre Dinesen y Sartre, ymi padre se convirtió en mi primer alumno. Sin embargo, él estaba más interesado en lapoesía. En su juventud, había escrito un libro de versos que atesoraba con la ilusión depublicar algún día. Un libro que yo, debo confesar, ojeaba sin mucho ánimo y al que sólo lehacía breves comentarios sobre aspectos formales. Él, quien de seguro esperaba más de suhija catedrática, había terminado entonces por archivar su manuscrito en la última gaveta desu escritorio y dedicarse por completo a la lectura. Ya sola en mi departamento, pensaba enel libro de mi padre y en lo cotidiano de las conversaciones con mi madre, y esos recuerdosno me permitían dormir. El domingo llegó con una lentitud exasperante. Me había impuesto no telefonear amis padres ni visitarlos durante la semana, convencida de que ello redundaría en la plenaasunción de mi nueva vida independiente. Ese primer domingo que los visitaría se convirtiópara mí en una cita romántica, en un vestir y desvestirme conjugando zapatos, trajes ycarteras de modo que mi aspecto dejara bien en claro que era una mujer exitosa, feliz ysatisfecha con la nueva etapa que había comenzado. No obstante, apenas crucé el umbral dela casa, se apoderó de mí una angustia inexplicable. Abracé a mi madre tan fuerte que pudeescuchar todavía los latidos de su corazón junto al mío. Tardamos unos segundos ensepararnos. Ella reveló su pesar con una lágrima imprevista que rodó por su mejilla. Pese aese incidente, la tarde transcurrió plácida entre conversaciones y risas. Mi madre me puso alcorriente de sus días: la telenovela brasileña, sus amigas de la parroquia y la salud de mistías. Mi padre descorchó su mejor vino y se animó a recitar algunos versos de Neruda paranosotras. Al despedirme, sentí otra vez la angustia florecer en mi pecho y pude notar enellos, detrás de su aparente calma, la misma sensación que yo intentaba ocultar tras elmaquillaje. Fue mi madre quien, al acompañarme hasta la puerta, me dijo, en el tono másmedido que encontró, que había visto a mi padre algo triste el día jueves. Sin poderdisimular mi pena, le conté que tenía planeado reunirme con él algunas veces en los “díasde lectura”. Entonces hubo un corto silencio que ella rompió: te voy a telefonear por lasnoches, hija. Yo la abracé y, con un hilo de voz, le dije: gracias. Al llegar a mi departamento, estaba extenuada. Era como si hubiera participado enla maratón de la ciudad. Apenas pude cambiarme de ropa y, casi en estado dedesfallecimiento, me eché en la cama. Desperté al día siguiente a un cuarto para las nueve ysin el recuerdo de sueño alguno. Esa mañana dicté una clase para el olvido, hasta recurrí alviejo truco de la composición de un ejercicio para llenar el tiempo sobrante. Almorcé conunos colegas en el campus, luego fui a la biblioteca a recoger algunos datos que necesitaba.Mientras leía, me asaltó de nuevo el cansancio y terminé dormida sobre un volumen de loscuentos completos de Borges. Me despertó el bibliotecario. Eran cerca de las seis de latarde. Avergonzada, pedí el libro en préstamo a domicilio. Ese era un libro que yo tenía encasa de mis padres y me incomodó no haberlo recogido durante mi visita. En miAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  28. 28. Edita El gato descalzo 11. Somos libres.departamento, tampoco pude continuar la lectura, pues el sueño atrasado seguíacobrándome réditos. Esa semana, hablé a diario con mi madre y el agotamiento fuedeclinando poco a poco. No obstante, al regresar a mi departamento, y después de revisarlos apuntes para mis clases, solía encontrarme siempre inquieta y desolada, por lo quedemoraba el retorno todo lo posible. Me detenía en el centro de la ciudad a sentarme en unparque o emprendía largas caminatas apreciando vidrieras sin la necesidad de comprar algo,sólo con la idea de dejar correr las horas hasta la llamada de mi madre. Mi vida se redujoentonces a la espera del día en que volvería a ver a mis padres, que eran en realidad losúnicos momentos en que me sentía feliz y en calma. Tres semanas viviendo así me hicieronreflexionar, y decidí cortar el cordón umbilical de raíz. El domingo siguiente no fui avisitarlos. Aquel día después de avisarles que no iría a verlos, se apoderó de mí unasomnolencia increíble. No alcancé siquiera a levantarme del sillón. Dormí veinte horasseguidas y al abrir los ojos todavía estaba exhausta Por la mañana me concentré al máximoen el trabajo. Pero al medio día, no resistí más y marqué el número telefónico de mispadres. Contestó mi madre, estaba feliz de escucharme y me contó que el día anterior habíapensado mucho en mí, y que tal vez por eso le pareció escuchar ruidos en mi habitación.Pero que cuando subió a mi alcoba todo estaba en calma. Ya por la noche, decía, encontróla luz encendida, aunque no recordaba si fue ella quien olvidó apagarla. Hablamos largorato y yo esperé hasta el final de la conversación para espetarle con absoluta franqueza, quetenía planeado espaciar mis visitas y esperaba que ella, también sus llamadas telefónicas.“Es para habituarme mejor a mi nuevo hogar”, concluí. Mi madre calló un instante, y luegorespondió que le parecía una decisión acertada y que sería bueno también para mi padre ypara ella. “Los hijos crecen y uno debe dejarlos partir”, agregó. Yo que la conozco bien, seque debe haber llorado cuando colgó el auricular. Resuelta a acostumbrarme a mi nueva vida y a encontrar en ella satisfacciones,organicé para esa misma semana una reunión en mi departamento. Las compras y lospreparativos ocuparon todo mi tiempo hasta la llegada del sábado. La alegría de misinvitados me hizo olvidar a los dos ancianos de los que no tenía noticias hacía varios días.La reunión derivó en una fiesta y un colega me presentó a un amigo suyo, Arrnando Solís,un arquitecto que me resultó algo pedante, por lo que intercambie con él sólo algunasfrases. Preocupada por atender a mis invitados, bailé poco y conservé la misma copa devino durante toda la noche. En un momento, sin embargo, la conversación que sostenía conuna amiga sobre la música de The Doors viró al extremo opuesto en mi mente, cuando ellamencionó que sus padres habían sido hippies y por lo tanto ellos también adoraban a JimMorrison. Luego de eso, no recuerdo bien, creo que logré mantener la atención unosminutos más; de lo que sí estoy segura es que en ese instante tuve muy clara la imagen demi madre sentada sola en sala, sin poder dormir, escuchando bajito boleros antiguos ymirando a cada tanto la puerta, como si esperara que yo apareciera de un momento a otro.Me despertaron mis amigos para despedirse, algunos hicieron bromas sobre el efecto delvino o el poder relajante de la conversación de mi amiga. Era de madrugada y apenas cerréla puerta al último de mis invitados fui derecho a acostarme. Empecé esa semana con más ánimo. Después de un domingo entero de siesta, estabalúcida y descansada. Pero a medida que avanzaban las horas otra vez me iba ganando elAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  29. 29. Edita El gato descalzo 11. Somos libres.agotamiento, y ese día no fue el único. Con las justas regresaba todas las tardes a midepartamento y enseguida caía rendida en un sillón o en la cama, y no volvía a despertar sino hasta la mañana siguiente. Ya ni tiempo me daba para preparar mis clases. Pero el lunessiguiente, hice un esfuerzo enorme por contener el sueño, y me di un momento para llamara mis padres. Respondió mi madre, y para mi desconcierto no manifestó ninguna sorpresaal escucharme. Hablaba como si yo estuviera al tanto de todo cuanto le había ocurridodesde mi última llamada. No es que hubiera sucedido nada especial, salvo el desenlaceprevisible de la telenovela, las cosas en casa continuaban como siempre. Me inquietó, sí,que ella diera por sentado que yo conocía todos los detalles del capítulo final de “Nido deserpientes”. Pero resolví que de seguro creía que yo seguía la novela en mi departamento.Mi desconcierto se hizo mayor, cuando al despedirse, ella dijo: “Chau hija, ahora escuchotu voz más clara que otros días, debe ser la señal. Un beso” ¿A qué otros días se refiere?Reflexioné unos instantes, debe estar confundida, pensé. Igual quise volver a llamarla ypreguntarle; pero el sueño me venció antes de poder hacerlo. Al día siguiente avisé que no iría a la universidad, tenía cita con el médico. Esecansancio resultaba extraño. Además, aprovecharía el resto de la mañana para ir a ver a mispadres. El doctor no encontró nada anormal en mi salud. Aunque recomendó algunosanálisis que me hice enseguida. Cerca del medio día ya estaba en San Bartolomé. Tan sólocon trasponer el umbral de la puerta me sentí renovada. Mi madre preparó mi plato favoritoe hicimos una larga sobremesa con mi padre. Luego recorrimos los tres toda la casa,contando anécdotas de mi infancia y la de mis hermanos. Yo estaba feliz, Ulises de regresoen Itaca; pero se hacía tarde y debía emprender de nuevo el viaje. Antes de partir, quedécon mi padre en que el próximo jueves nos reuniríamos para un día de lectura. Antes dedespedirme en la puerta con un gran beso, mi madre me dijo: “Ve temprano hija, no tantarde como la otra vez, que me quedé tan preocupada”. “¿Cuándo?”, le pregunté. “Esesábado pues, que te apareciste como a las doce de la noche”. Enmudecí, ella no estababromeando. En el taxi, la angustia me oprimía el pecho. ¿Era que mi madre me extrañabatanto que empezaba a confundir sus sueños con la realidad, o acaso era ése el primersíntoma de una senilidad precoz? Esa noche no pude dormir y usé ese tiempo para poner en orden mis apuntes ypreparar mis clases. Había estado abusando de las lecturas y discusiones en clase para salirdel paso, y temía que mis alumnos empezaran a impacientarse. Respecto a lo de mi madredecidí no comentar con nadie mis temores y llevarla a la clínica, cuanto antes mejor. Pasédos días enteros lúcida y sin el más mínimo asomo de agotamiento. Sólo pensaba en mimadre. El viernes pude por fin llevarla al doctor, con el pretexto de su chequeo anual. Leexpliqué al médico mis temores y él convino conmigo que no era bueno hablarle de mismiedos ni a ella ni a mi padre hasta que no tuviéramos los resultados de los exámenes.Almorzamos juntas en el centro, y yo evite tocar el tema de mi supuesta visita. Sinembargo, ella volvió a recomendarme que no se me ocurriera otra vez ir a verla tan tarde,“Y menos tan arreglada, con ese vestido rojo como esa noche hija. Ahora hasta los taxistasasaltan, una no puede confiar en nadie”. Me quede callada: el único vestido rojo que yotenía era el que había estrenado el sábado de la reunión con mis amigos. Dejé a mi madre en casa y aproveché para recoger algunos libros entre los que seencontraba el volumen de cuentos completos de Borges, que tanto necesitaba. En elAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  30. 30. Edita El gato descalzo 11. Somos libres.trayecto de regreso pensé en lo ocurrido. Mi madre había soñado conmigo, y eso era lo quela tenía tan confundida. El amor de una madre es capaz de cruzar en sueños la ciudad y vera su hija vestida con la ropa que lleva puesta esa noche, pero adornada de circunstanciasmás convenientes para ella. Como era en este caso la visita que tanto deseaba. Aquelsábado, pensaba, mientras yo me divertía, ella me extrañaba; sentada sola, sin poder dormir.En tanto mi padre en la biblioteca, de seguro repasaba en silencio sus poemas juvenilesrecordando el desdén de su hija. ¿Qué había hecho yo en concreto por ellos? Nada, fue mirespuesta. Sólo acompañarlos hasta su vejez y luego abandonarlos. La comprobación de miegoísmo fue un peso terrible. Pero trataría de remediar en algo la situación. Empezaría porreanudar mis visitas de los domingos, salir con mi madre algún sábado, también iría por lomenos dos jueves del mes a conversar de literatura con mi padre y, por supuesto, revisaríajunto con él su manuscrito. Mi meta era culminar con su publicación. Trazarme objetivos siempre ha sido para mí una fuente de vitalidad. Así queamanecí al otro día renovada y llena de bríos. Dicté una clase de la que volví a sentirmeorgullosa y al salir de la universidad pasé por la clínica a recoger los resultados de misexámenes y los de mi madre, que eran los que había encargado con más urgencia. Todoestaba en orden en ambos casos. Mi madre se encontraba en perfecta salud física y mental,y respecto a mí, el médico sólo encontró algo de cansancio. Según él, yo debía estaratravesando un periodo emocionalmente difícil, lo que condicionaba esa sensación dedesfallecimiento que no tenía ningún origen físico. Salí del consultorio animada y feliz, esoconfirmaba mi teoría sobre el sueño de mi madre, y, por otro lado, despejaba mispreocupaciones sobre mi propio estado de salud. Si la causa de ese estado era emotiva,entonces ya empezaba a curarme. Y para celebrar, decidí sorprender a mis padres yendo averlos sin previo aviso. Además, así aprovecharía para contarle a mi padre la decisión decomenzar a trabajar con él su poemario con miras a su publicación. Era temprano, y decidípasar antes por mi departamento para dejar mi maletín con los trabajos de mis alumnos.Pero al llegar, mientras me cambiaba los zapatos, volvió de golpe el cansancio. Después de aquel día el agotamiento me tomó cada vez de modo más imprevisto.Ya no eran suficientes los domingos enteros de siesta, ni las largas jornadas de sueño delunes a sábado, apenas ponía el pie en mi departamento. La somnolencia hacía su apariciónen el trayecto a la universidad, en medio de cualquier conversación, o simplementemientras caminaba por la calle. No era extraño que los taxistas me despertaran exigiendo elpago de su tarifa, que mis interlocutores me sacudieran para reanimarme o que abriera losojos en la banca de cualquier parque sin reloj ni cartera. Estos raptos de sueño, sinembargo, no solían durar más de cinco minutos, y algunas veces lograba vencer suembestida con oportunos chorros de agua fría, pero lo que más me temía ocurrió de modoinevitable un viernes, durante mi segunda hora de clase. Yo estaba sentada leyendo a misalumnos un pasaje de The watcher de Le Fanu: “He resumed his walk, and before he hadproceeded a dozen paces, the mysterious footfalls were again audible from behind”recuerdo que dije, antes que en un parpadeo todos estuvieran a mi alrededor. Usaron alcohol para despertarme. Mi “desmayo” hizo que me dispensaran el dictadode las horas que restaban. Me despedí asegurando a todos que iría a la clínica. La verdadera que lo único que deseaba era llegar a mi cama y continuar durmiendo. A diferencia deotras ocasiones el agotamiento no había desaparecido luego del sueño, si no que perdurabaAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  31. 31. Edita El gato descalzo 11. Somos libres.como una sensación vaga, pero constante. Lo normal fue hasta entonces que, luego dedescansar, despertara ya lúcida y bien dispuesta, por lo menos durante un rato, hasta queotra vez me invadiera el desfallecimiento. Eso me preocupó, aunque no pude reflexionarmás, porque estaba tan débil que a duras penas conseguí mantener los ojos abiertos hastallegar a mi departamento. Me despertó el vibrador de mi celular sobre el que yacíarecostada. Era mi hermano que llamaba desde Francia. - ¡No me habías contado nada de lo de tu departamento! - Pesaba hacerlo. Pero ya ves, te enteraste antes que te avisara. - Los viejos me llamaron cuando te mudaste, estaban tristes. - Sí, lo sé. Pero tú comprenderás, San Bartolomé queda muy lejos de todo. Además,¿ya era hora de que tuviera mi propio espacio, no crees? - No te estoy culpando de nada. Al principio estuve muy preocupado, es cierto, peroya sé que siempre estas pendiente de nuestros papás, que los llamas, que los visitas - ¿Quién te dijo eso? - Pues lo viejos. Mamá dice que la llamas todos los días y que te apareces por lacasa por lo menos tres veces a la semana. - Bueno…yo - Sí, papá también está feliz con eso de que quieras publicar su libro. - ¿Qué? ¿Cuándo te dijo eso? - Pues el día que no quisiste hablar conmigo. - ¿Qué? - Sí, yo llamé. Y cuando mamá quiso pasarte el fono, te escuche clarito decir:“Ahora no”. Oye, no pensé que estuvieras molesta conmigo. - ¿Cuándo fue eso? - No sé, hace unos días. ¿Por qué no quisiste hablar conmigo? - No, yo… no sé de qué me hablas - Bueno, tampoco te hagas la amnésica. Mira, lo único que quería decirte era quepara lo de papá cuentes conmigo. Busca la mejor editorial y si hay que pagar un correctorde estilo o algo, yo asumo el costo.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  32. 32. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. - ¡Papá no puede haberte dicho nada de lo de la publicación! - ¿Por qué? ¿Era un secreto? - ¡Papá no puede haberte dicho nada! ¡Es imposible! - Oye, no sé qué te pasa. Estas muy alterada, mejor hablamos otro día. Au revoir La llamada de mi hermano me dejó consternada. Aún no le había contado a mipadre, ni a nadie, sobre mis planes de publicar su poemario. No lo hice porque queríadecírselo en persona. Pero el agotamiento perenne me impedía hacer el viaje hasta SanBartolomé. En verdad apenas podía reunir todas mis fuerzas para ir a trabajar. Habíaperdido peso porque prefería dormir un rato en la sala de profesores antes que ir a almorzary al llegar a mi departamento volvía a las siestas interminables. De hecho, ni siquierarecordaba cuándo fue la última vez que telefoneé a mis padres. Por otro lado, mepreocupaba que mi madre le hubiera dicho a mi hermano que yo iba a verlos todas lassemanas, pero sobre todo que él me escuchara decir que no quería hablarle. ¿Era una bromade mi hermano? ¿O es que mi madre, en su afán de mentirle, había imitado mi voz? ¿Y siera así, qué pretendía ella con eso? No, mi madre era incapaz de hacer algo parecido. Mihermano debía haberse confundido; pero acertaba en lo de la publicación. Estabadesconcertada. Decidida a obtener respuestas llegué esa misma noche a casa de mis padres. Losencontré a punto de cenar. Mi plato estaba puesto y ambos me recibieron con el moderadoentusiasmo con el que se saluda a quien se ve a diario. Contuve mi sorpresa y esperé queellos hablaran. Y hablaron, hablaron del libro, de lo emocionados que estaban con la idea,de que mi madre ya había participado del evento a todas sus amigas de la parroquia y de laoposición de mi padre a tal invitación. Todo normal, todo como si la noticia ya fuera deexpectativa común. Yo permanecía en un estado de asombro y confusión, y casi no dijepalabra durante la cena. Quería conversar aparte con mi padre, detener esa mala broma.Pero al terminar de comer mi madre me pidió que la acompañara a mi cuarto. Mira hijita,dijo, te cambié el edredón por este más grueso. ¿Hoy también te quedas a dormir? Harta deesa situación, iba a contestarle que desde que me mudé jamás había vuelto a dormir en casa.Pero al bajar la vista, vi sobre el velador el volumen con los cuentos completos de Borges,y sólo acerté a contestar que no. Ella siguió hablando, aunque ya no la escuchaba. Con ellibro entre las manos, pensaba, trataba de recordar. Tenía la seguridad de haberme llevadoese ejemplar a mi departamento, ¿cómo podía aparecer otra vez en casa de mis padres? Mimente daba vueltas sin encontrar respuestas. Bajé a buscar a mi padre, necesitaba que meabrazara, que con palabras sencillas despejara mis dudas, como cuando era niña. Loencontré en la biblioteca. Te estaba esperando, dijo, y extendió unos papeles llenos deanotaciones. He cambiado algunas frases como me sugeriste. Yo pasaba las hojas sin creerlo que veía. Esos enormes círculos negros seguidos de glosas, grandes y pequeñas, llamadasa pie de página y hasta un añadido de bibliografía a revisar, eran de modo inconfundible demi puño y letra. Estaba volviéndome loca, no es posible, me repetía ya en mi departamento. Y sinembargo, aquellos trazos delgados y firmes, con los puntos de la “i” demasiado altos, noAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  33. 33. Edita El gato descalzo 11. Somos libres.dejaban lugar a la falsificación. Cavilaba, intentaba buscar explicaciones, mas no lasencontraba. Tampoco podía compartir mi desconcierto con mis padres, no queríaalarmarlos y hacer que dudaran de mi cordura. Entonces se me ocurrió comunicarme conmi hermano en Francia, con él podría abrirme un poco, explicarle mi confusión, hacerlealgunas preguntas. Iba a llamarlo, pero sonó el teléfono. Creí que eran mis padres, inquietospor mi abrupta despedida, y ya alargaba la mano para tomar el auricular, cuando otra vezcayó sobre mí un sueño oscuro, sin orillas ni resquicios. Desperté tres días después. Preocupada, en lo único que pude pensar fue en ir a launiversidad. Con el apuro sólo atiné a ducharme y ponerme lo primero que encontré. En eltaxi, mientras me peinaba, noté la pésima combinación de vestido verde y zapatos celestes.Lo mejor sería no toparme con nadie e ir de frente a Secretaría Académica. Pero al ingresaral campus me saludó un colega, que tras comentar conmigo su fastidio por los errores en laimpresión de su sílabo, se despidió diciendo que le daba gusto verme tan bien, y no como eldía anterior que parecía abstraída. Me quedé pasmada, no obstante, cuando reaccioné, él yase hallaba muy lejos. Sin tiempo para alcanzarlo, enrumbé hacia la facultad. Al llegar, lasecretaria me comunicó que el Decano me esperaba para conversar. Era algo queimaginaba, así que ni bien entré a su oficina comencé a esbozar la excusa que teníapreparada. Sin embargo, él me detuvo y con un tono de voz sumamente cortés, mencionóque todos necesitamos un tiempo para nosotros mismos, para chequear la salud, osolucionar problemas, y que sería muy conveniente para mí darme ese tiempo. “¿Quizá dossemanas o un mes?”. No quiero vacaciones, respondí. Entonces comentó que mis alumnosestaban inquietos, sobre todo luego de que estos últimos días entrara y saliera del aula sindecirles palabra. Otra vez estaba atónita. Él hablaba con total seguridad. Lo único que seme ocurrió para no empeorar la situación fue seguirle la corriente. Le dije que el médicopor error me recetó unos medicamentos que me afectaron mucho, aunque ya meencontraba muy bien. El Decano comenzó una perorata sobre las medicinas, pero mientraslo escuchaba, sentí una vez más la lasitud de mi cuerpo y el peso sobre mis párpados; y pormiedo a quedarme dormida en su presencia le propuse hablar otro día y me despedí en elacto.Dormí en el taxi y luego en mi habitación. El teléfono sonó varias veces; mas no alcancé acontestar. Cuando volví en sí revisé los mensajes en mi celular. Eran de una amigapreguntando por mi salud, y otro de un número desconocido: “Me gustó salir contigo”.Numero equivocado, pensé, dejé el celular sobre el velador y continué la siesta. A partir deese momento no sé cuánto tiempo ha pasado. Sólo recuerdo que dormí, desperté y volví adormir. Tirada, sin poder levantarme, he prendido la contestadora del teléfono fijo, ya quemi celular ha desaparecido. Tres mensajes: el primero, de mi amiga, felicitándome por laexcelente presentación del libro de mi padre y afirmando que las fotos saldrían en “ElCorresponsal” al día siguiente; el segundo, de una voz masculina, para confirmar que pasapor mí a las siete, y el tercero, de mi madre, para decirme que, aunque mi padre estuvoserio durante la cena, cuando Armando y yo nos fuimos, se puso a cantar, y que ambosestán muy contentos de que hayamos elegido vivir con ellos. Yo sé que no he salido a lacalle desde que hablé con el Decano, lo sé porque no he mudado de ropa, por mi pelo y elestado general de mi cuerpo. Además, apenas tengo fuerzas para abrir los ojos cuandodespierto y mis despertares son cada vez más breves. Ahora debe ser de madrugada, hayuna tenue luz filtrándose por las cortinas de mi habitación. Veo las siluetas de mi cómoda,Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  34. 34. Edita El gato descalzo 11. Somos libres.velador, tocador y ropero, y pienso que he despertado en la antigua casona de SanBartolomé, que nunca me mudé, que todo no ha sido más que una larga y terrible pesadilla.Pero el sueño regresa. Y esta vez de un modo más definitivo.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  35. 35. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Interior 5: Gino CeccarelliAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  36. 36. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Corazón de Jesús Raquel Jodorowsky Frankenstein se había enamorado en su juventud de una puerta. Cada noche se daba un baño de azufre e iba a pararse junto a ella. Ella no abría la boca. Frankenstein traspiraba cabellos tristes por todos los poros. Hasta que un día la puerta se movió. El levantó sus pies llenos de aerolitos y sedirigió hacia ella para atravesarla bajo control remoto. Más he aquí que su rival salía de la escena. Una ventana negra tapizada de ojos, se alejaba volando dentro de la tierra. Frankenstein decidió vengarse. Se transformó en hombre como pudo, llegó al mundo y desde entonces se dedicaa aparecer en todas las puertas, hace el amor con ellas y después las abandonacon indiferencia de metal.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  37. 37. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Interior 6: Liliana ChaparroAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  38. 38. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Cielo marciano Sarko Medina Dedicado al gran Ray. El cielo estaba límpido y rojo, allí se veía la Tierra, brillando. El dependiente de latienda se enteró por los medios locales que Ray Bradbury murió allí en ese planeta azul.Sintió lo mismo que muchos marcianos sintieron: tristeza. Él único que realmente losentendió se acababa de ir.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  39. 39. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Interior 7: Colectivo NadieS (Sandra Suazo y Aliza Yáñez)Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  40. 40. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Exhibición Rubén Mesías Cornejo Vivía solo, pero era consciente que miles de ojos escudriñaban su cuarto a la espera,de lo que se le ocurriera hacer algo para impresionarlos. Y aunque se esforzaba todo lo quepodía no siempre conseguía hacerlo. Aquel día, hizo de todo para complacerlos: cantó, bailó, actuó, contó chistes,improvisó monólogos y hasta se animó a gesticular, pero sus contactos no quedaronsatisfechos; y las sucesivas desconexiones de los monitores que enlazaban su cuarto con loshabitáculos de aquella gente hicieron patente la desaprobación. Desesperado, se acercó a las pantallas, y las palpó como demandando otraoportunidad, éstas parecieron comprender y volvieron a encenderse como si lo retaran ahacer lo que jamás se le había ocurrido antes. Entonces, se dirigió al centro de su habitación, se despojó rápidamente de su ropa yse acostó sobre su lecho como si fuera a hacer una siesta, pero en vez de eso extendió losbrazos y palpó el aire como si acariciase un cuerpo invisible para todos, pero no para él. Poco a poco, la figura de una mujer desnuda se fue haciendo visible tanto paratodos, y también para él: era una fémina de cuerpo voluptuoso y formas rotundas, en sumala idea de mujer perfecta que sus prójimos tenían en mente. Y empezó a acoplarse apasionadamente con la hembra que había invocado ante laruidosa complacencia de aquellos que estaban siguiendo la escena a distancia.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  41. 41. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Interior 8: Iván Fernández-DávilaAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  42. 42. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. El segundo asno de Sancho Pedro Felix Novoa Castillo “Los espíritus vulgares no tienen destino”. Platón. Miró la pantalla y no quiso admitirlo. Siempre que tenía un discurso importante,solía desatar una infaltable burrada del hocico. ¿Acaso la condena de aquella absurda tardeen el café, se estaba cumpliendo? Desde luego que no. ¿Aceptar que un estúpido artefactopueda determinar tu trascendencia? ¡Qué locura! Sería como tener a nuestro destino dentrode un cilindro girando hacia ningún lugar. El congresista X despegó la mirada de la computadora y no quedó gran cosa de él.Tenía una noche sin dormir debajo de los ojos y el rostro percudido de cinco cajetillasconsumidas sin parar. Cogió el intercomunicador: cerebrito tienes que venir. Del aparato:un susurro distorsionado. Sacó de memoria un cigarrillo. Lo encendió. Al cabo de unos minutos; un tipo de unos veinte, ingresaba con andar pausado. X nibien lo vio, le señaló la computadora como culpándola de sus desgracias. –Cerebrito, lee esta página web –dijo masticando el humo del cigarrillo– no sé quéhacer, cof–cof–cof. El joven leyó tan rápido que dio la impresión de no haberlo hecho. Ya lo sabía, dijocon la suficiencia que ya tenía acostumbrado al congresista. –Lo sabes todo, amigo; ojalá puedas ayudarme. La tos siguió ametrallando sugarganta. –¿Ha leído el Quijote? –preguntó compasivamente. –¡Por supuesto! –respondió X, ofendido por la duda– Pero hace tiempo –aclaró. –La web es exacta –sentenció el joven, haciendo un gesto de misericordia al vercuatro ceniceros bombardeados de colillas–. No se sienta mal, no es el primero. Casi todo elmundo atribuye ese refrán al Quijote. También dudé; por eso perseguí al refrán con misabueso electrónico por un centenar de libros digitalizados sobre el Quijote, y nada. Peroseguiré olisqueando más obras… –Eso ya no importa –interrumpió X, con su natural aversión a la erudición–. Ahorame interesa saber quién es ese sujeto; por qué diablos firma con esa estúpida herradura; ysobre todo, pedirle que vuelva a escribir su web sin poner mi nombre, sino a loscongresistas en general. Ofrécele lo que sea; creo que pidió una reunión conmigo parahacerlo. Dile que acepto.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  43. 43. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. –No es de la oposición, señor. Es un loco que cree ser un personaje inexistente delQuijote. –¿Inexistente? –Sí, dice ser un caballo llamado Rocinante. De ahí, el relinchante nombre de su weby la herradura a manera de rúbrica. –Realmente está loco ese pobre idiota; porque todos sabemos que don Quijote notuvo ningún caballo; sólo el rucio de Sancho. –Así es. Pero en su delirio piensa que por culpa de su existencia real; su posibilidadliteraria ha dejado de existir. Y que por esto, nadie recuerda a ese tal Rocinante.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  44. 44. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. –¡Qué tontería! –Además dice que su vida real comparada con su posibilidad ficticia es demasiadointrascendente. –Bueno, ¿Y qué más sabes de él? –No mucho. Su verdadero nombre es Iván Paredes; y hace un tiempo estudióinformática en la Católica. –¿Terminó? –No, porque lo expulsaron acusándolo de robar material informático para construirun artefacto. –¿Un artefacto? –Sí, uno rarísimo que emplea datos de la realidad y la ficción literaria. Estáconvencido de que la vida está regida por la búsqueda de la trascendencia; y que tenemosdos posibilidades para encontrarla: una real y otra ficticia. Afirma que su aparato asegura lagloria a través de un bucle que repetirá la historia indefinidamente hasta obtenerla... Elsistema inicia identificando tu existencia y tu posibilidad; compara ambas y recomienda lamás trascendente. Por ejemplo, dice que su existencia real es insignificante comparada consu posibilidad ficticia. Ya que como Iván Paredes, estudiante trunco de sistemas, es un donnadie; pero como Rocinante en cambio, podría llegar a ser un gran personaje de la literaturauniversal. ¡Qué locura!, hace unos años destruí un aparato similar; pensó X. Pero no estabaconvencido. Era un recuerdo confuso y medio vacío. –Cof–cof–cof. ¡Basta! podría quedar arrancándome los cabellos y seguir oyendomás disparates, pero tengo que irme; cof–cof–cof, ¿tendrás algo para esta torturantecarraspera? –Tengo un consejo: deje de fumar.X salió de la sala. Lo esperaba otro discurso trascendente. Esta vez nada de refranes delQuijote, prometió. Iván inició el ritual del encendido. Colocó los chips de memoria robados hace añosy conectó la electricidad. Su artefacto comenzó a vibrar como un corazón reviviendo; sedetuvo. En la pequeña pantalla un anuncio: TRASCENDENCIA 1.0 y como subtítulo encaracteres pequeños cargando electricidad y memoria. Al minuto, un botón púrpura se activó. En la pantalla: Proceso completado. Ivánrápidamente desconectó el aparato y lo guardó en uno de sus bolsillos.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  45. 45. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. –Mucho gusto, señor Paredes –dijo X estirando una mano tembleque y esforzandouna mueca de amabilidad en el rostro. –Rocinante, para usted –corrigió sin aceptar la mano ofrecida –y dentro de unosminutos para el resto del mundo. Ambos, mecánicamente tomaron asiento. En la mesa, dos tazas de café se enfriabany perdían consistencia. –Bueno –dijo X con voz desprovista de cortesía –acabemos con esto, soy unapersona de asuntos trascendentales. Iván sacó su artefacto, para hacer una demostración previa. Digitó: Miguel deCervantes Saavedra. De inmediato, en la pantalla: la posibilidad literaria de esta personaes la de un personaje de novela rosa que se escribirá en el 2006. Recomendación delsistema: no alterar, ya que la existencia real es mucho más trascendente que laposibilidad ficticia. Más abajo: Presione ENTER para confirmar el cambio o EXIT paracancelarlo. Iván presionó EXIT. Los dos leyeron: la identidad no fue alterada. –Ahora observe. Iván digitó su nombre completo. En la pantalla: la posibilidad literaria de estapersona es la del caballo Rocinante, un personaje de la saga del Quijote. Recomendacióndel sistema: alterar, ya que la posibilidad ficticia es mucho más trascendente que laexistencia real. Abajo: las teclas ENTER y EXIT aguardaban. Iván tenía que decir algoantes. –El refrán que le trajo tantas burlas; podría decirlo el propio Quijote, si aceptaadoptar su posibilidad literaria. Si entra en la ficción, se convertirá en un personaje delQuijote; y podrá dar vida a un pasaje ahora inexistente, donde de alguna manera contribuyepara que se mencione el dichoso adagio. Si me permite, voy a grabar estas últimas palabras–apretó un botón del artefacto. Puso la reproducción automática para dentro de tresminutos–: Estimado congresista, digite su nombre y conozca su posibilidad literaria. Sigalas instrucciones y acepte la recomendación del sistema. De no hacerlo, estará condenadoa la intrascendencia. Iván detuvo la grabación. Es hora de partir a la gloria, sentenció. Aquí dejo elartefacto, por si se anima a dejar su actual insignificancia histórica. Presionó ENTER y una grieta temporal se abrió por encima de Iván engulléndolo.El artefacto cayó sobre la mesa, donde ahora sólo quedaba una taza de café. X olvidó a IvánParedes. Al tiempo que el mundo, de golpe, tuvo cuatrocientos años de recuerdo deRocinante. En la pantalla del artefacto: la identidad fue alterada satisfactoriamente.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  46. 46. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Se inició la reproducción automática. X la escuchó sorprendido. ¡Qué absurdo! Eracomo estar dentro de un cilindro girando hacia ningún lugar. A pesar de lo delirante de lapropuesta oída, se animó a utilizar el artefacto. ¿Qué personaje seré, un soldado, un cura oun simple pastor? Digitó su nombre completo. En la pantalla apareció: La posibilidadficticia de esta persona es la del segundo asno de Sancho Panza perteneciente a la saga delQuijote. Recomendación del sistema: alterar, ya que la posibilidad ficticia es mucho mástrascendente que la existencia real. El artefacto, como una tostada, acabó sumergido en la taza de café. El congresista selevantó. Dentro de unas horas, tenía otro discurso trascendental. Iniciaré mi parlamento conun refrán, amenazó.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  47. 47. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Interior 9: María Laso GeldresAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  48. 48. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. El cuerpo Juan Rivera Saavedra El reloj del parque marcó las 6 de la mañana y el esqueleto se sentó al borde de lacama. Cogió sus nervios como si fuese su ropa interior y se los puso. Luego los músculos,enseguida su grasa –porque hacía mucho frío– y, por último la piel. Se levantó, hizo un poco de ejercicios, abrió la puerta y salió. Caminó cerca de dos cuadras por unas calles medio solitarias, cuando vio aparecer aun transeúnte. Éste, al verlo en cueros o desnudo, le increpó la conducta energéticamente. – ¡Cómo es posible que salga así a la calle, sinvergüenza! ¡Por muy vanguardistaque se crea! ¡Vístase! ¡Se lo ordeno!... Pero como estaba seguro el esqueleto que lo había hecho, se quitó la piel, luego losmúsculos y los nervios. Aquel hombre que no se esperó semejante espectáculo, abrió la boca, dio un pasoadelante y, cayó de bruces al suelo. Sin entender qué pasaba, el esqueleto se alzó de hombros y se prestó a socorrerlojusto en el momento en que –por una vieja bocacalle– apareció un perrito, con un lunarnegro en la frente. Feliz de su hallazgo, el canino dio un paso, se detuvo, y se puso a oler al esqueleto. Como no le gustó –por el gesto que hizo–, se disponía a emprender la retirada,cuando sus pequeños ojos se posaron en el ángulo donde yacían desparramados los nervios,la grasa y músculos. Repitió la misma operación –esta vez– con la lengua y satisfecho, losrecogió con el hocico y, emprendió la carrera. Al darse cuenta el esqueleto de lo que acababa de acontecer, se puso de pie, corrióen su persecución, dejando tirado en medio de la vereda al hombre, quien no tardó envolver en sí. Temeroso de volverse loco, abrió un ojo primero, y luego, el otro. De pronto,observó algo cerca a él. Parecido a un trapo arrugado. Descubrió que se trataba de la pieldel extraño personaje. Se estremeció de horror. Trató de hacer memoria, hizo un esfuerzo ytomó una decisión: recoger las pruebas y dar parte a la policía. En la comisaría, contó lo sucedido sin perder un solo detalle.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  49. 49. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. El comisario lo barrió de arriba abajo, con credulidad más baja que cero. Lepreguntó: “En qué trabaja usted”. El tipo repuso: “Soy poeta, señor”. Pero como las letrasno era el fuerte del comisario lo encerró, acusándolo de “subversivo y criminal”.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  50. 50. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. Interior 10: Miguel LlontopAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  51. 51. Edita El gato descalzo 11. Somos libres. En el lugar y a la hora indicados Carlos Enrique Saldivar Fue solo un puño, pero parecían al menos diez convertidos en una sola manogigante. Me dio en pleno rostro y me quebró la nariz. El dolor fue intolerable y caí bocaarriba, sobre un suelo que parecía estar hecho de espinas. Me hallaba sangrante y con laslágrimas y los mocos saliendo de mi interior como gusanos de un cadáver seco. Alvin no secontentó con haberme dejado fuera de combate, la emprendió a patadas conmigo de unmodo tan cruel que pensé que me moriría en ese momento. Me dio en las piernas y en elvientre. La gente que nos rodeaba emitía aullidos y silbidos. Cuando Alvin levantó losbrazos en señal de victoria, aplaudieron. Daniela me observaba desde el umbral de la puerta trasera del bar. A pesar de laenorme cantidad de gente, conseguí ver su hermoso rostro trigueño. Sus ondeados cabellosse movían con ligereza. Había viento. Hacía frío. Recordé la única vez que hice el amor conella. Parecía que adentro de mí había un océano que se desbordó cuando eyaculé en suinterior. La quería. Como nunca había querido a nadie. Se acercó a paso tímido, avanzó con dificultad entre la gente e ingresó en el patio delucha. Le brindó una mirada de rabia a mi contrincante. Alvin la rodeó con sus brazos y ledijo: —He ganado, nena. Lo he hecho mearse en los pantalones. Vámonos. Pero ella volteó la mirada hacía mí, vertió algunas lágrimas e intentó acercarse más.Alvin la levantó sin esfuerzo sobre su hombro derecho. Daniela parecía una muñeca rota, sedejó cargar y empezó a llorar de impotencia. Él se la estaba llevando cuando comencé aponerme de pie. Mis extremidades parecían de plástico. Sabía que tenía al menos dos huesos rotos,aunque no podía deducir cuáles eran. —¡Oye, marica! —le grité a mi rival—. ¡Ven acá si eres hombre! Alvin se detuvo y bajó a Daniela, quien aún se mostraba en trance por lo ocurrido. —¿Qué dijiste, conchatumadre? ¡Ahora vas a ver! Quizá nadie pueda comprender la densidad de esta historia, por ello he de aclararque alguna vez Alvin y yo fuimos amigos. Ambos jugamos juntos en el equipo de fútboldel colegio. Daniela venía a vernos entrenar —era una acérrima aficionada al deporte rey—y mi entonces camarada se enganchó de inmediato con ella. Creo que fue por sus largas yhermosas piernas. Primero él fue su novio, mas cuando ella se dio cuenta de lo agresivo queera terminó la relación. Luego vino hacia mí, buscando consuelo. Nunca he sido bueno conlas chicas. Nunca he sabido tratarlas, por eso cabe decir que fue ella quien me trató a mí.Salimos en secreto para que ni Alvin ni sus amigos se enteraran. Mi ex–amigo se hubieraAntología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana
  52. 52. Edita El gato descalzo 11. Somos libres.sentido herido en su amor propio. Todo había resultado perfecto con ella. Ambos éramosparecidos; frágiles, cariñosos, soñadores. Dani solía acariciarme el rostro, musitandopalabras dulces como si yo fuera un príncipe, o en el sentido más cursi de la frase: su almagemela. Todo fue bien hasta que el hermano menor de Alvin me vio saliendo de la casa deella... El presente se muestra como un escenario lleno de sangre y sufrimiento. Recibí unapatada en la pierna izquierda y caí de lado, intenté pegarle en el estómago, pero él bloqueómi golpe y me sepultó el puño en mitad de la cara. Yo aún no caía. Si la situación hubiera sido otra me hubiese dejado abatir. Solo era una tonta pelea,nada más. ¿Qué importaba que los estúpidos del quinto de secundaria me llamaranperdedor? Yo no era nadie, solo un muchachito que empezaba a conocer los aspectos másoscuros de la vida. No sería tan grave si me rendía, todo pasaría. Quedaría sepultado en lamemoria colectiva como un hecho sin importancia. Debí haberme olvidado de todo. Debíhaberme lanzado al suelo. Pero sabía que si él se la llevaba la violaría. Podía hacerlo. Todos le temían. Teníalos medios para cometer dicho crimen. La locura. El poder. El padre de Alvin era coronelde la policía. Su madre era la directora de la escuela. Mis padres eran un ferretero y unacosturera. Alvin era alto, atlético y fuerte. Yo era bajo, esmirriado y débil. Sólo contaba conel amor de Daniela. Lo único bueno que tenía en el mundo era ella. Por lo tanto, debíaproteger mi bien más preciado. Incluso si con ello perdía los dientes o un ojo. Tenía queirme de ese lugar con mi chica. Debía hacer algo, aunque no sabía qué. Ninguna ayuda. Niun solo amigo. Todos estaban del lado de aquel desgraciado. Nadie sacaría cara por mí. Yoera un nerd. Un fenómeno, así me llamaban. Me decían «fenómeno» desde el año anterior, cuando predije cierto suceso. En aquel entonces Alvin se acercó a mí y me incluyó en su grupo. Estoy seguro deque yo le resultaba interesante. Un puñete en el estómago. Una patada en la costilla izquierda. Otro puño en la mandíbula. Caí. Alvin fue ovacionado por las treinta o cuarenta personas que nos rodeaban.Antología de literatura fantástica y de ciencia ficción peruana

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