Y3 los diez mandamientos

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Y3 los diez mandamientos

  1. 1. Comisión Episcopal para la Comunicación SocialPERIODISMO DE LA FEEugenio Lira RugarcíaCAPÍTULO VIII
  2. 2. CAPÍTULO VIIILOS DIEZ MANDAMIENTOS8.1.- Primer Mandamiento: amarás a Dios sobre todas las cosas“No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo quehay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra… No te postrarás ante ellas ni les darásculto” (Ex 20, 2-5). “Está escrito: «Al Señor tu Dios adorarás, sólo a él darás culto»” (Mt 4, 10).En el Primer Mandamiento, Dios nos invita a realizar la verdad de nuestro ser,reconociendo el derecho y el deber moral que toda persona humana tiene, por su propianaturaleza, de buscar la verdad, especialmente en lo que se refiere a Dios y a la Iglesia, y, una vezconocida, de abrazarla y guardarla fielmente. Por eso nos manda creer en Él y en lo que nos harevelado (fe); a aguardar confiadamente la bendición divina y la vida eterna que nos ofrece enCristo (esperanza); y a responder a su amor con un amor sincero (caridad)1.Esto se manifiesta mediante la virtud de la religión, que consiste en ofrecer a Dios el cultode adoración que le corresponde, reconociéndolo –con respeto y sumisión absolutos–, comoCreador y Salvador. Así el hombre cuida, alimenta y desarrolla su fe, que abarca tanto sudimensión individual como social, por lo que ha de reconocerse y promoverse el derecho de todapersona a profesar libremente la religión, tanto en público como en privado2.Entre los actos de culto se encuentra la celebración de los sacramentos; la oración,mediante la cual elevamos nuestro espíritu hacia Dios, alabándolo, dándole gracias, intercediendopor otros y suplicando su misericordia; los sacrificios, y el cumplimiento de las promesas y los votoshechos a Dios3.Para evitar el daño a la fe, es preciso rechazar la duda voluntaria respecto a lo que Dios harevelado; la incredulidad, que menosprecia la verdad revelada; la herejía, que niega pertinazmente,después de recibido el bautismo, una verdad que ha de creerse; la apostasía, que rechazatotalmente la fe cristiana; el cisma, que rechaza la sujeción al Papa o la comunión con losmiembros de la Iglesia a él sometidos4; la desesperación, que desconfía de la misericordia divina;la presunción, que lleva a pensar que uno puede salvarse a sí mismo sin la ayuda de Dios, oabusar de la misericordia divina, esperando obtener su perdón sin conversión5; la indiferencia, quedesprecia la acción de Dios; la ingratitud, que no reconoce la bondad divina; la tibieza, que esnegligencia en responder al amor divino; la pereza espiritual, que rechaza el gozo que viene deDios; el odio a Dios, que tiene su origen en el orgullo6.Así mismo, para prevenirnos del error, Dios prohíbe la superstición, que consiste en atribuirun poder divino a lo que no lo tiene, y que conduce a la idolatría, que diviniza lo que no es Dios(como el poder, el placer, la raza, el Estado, el dinero, etc.); al politeísmo, que es la creencia enmuchos dioses; a la irreligión, que consiste en tentar a Dios con palabras o hechos; al sacrilegio,que profana a las personas y las cosas sagradas; a la simonía, que intenta comprar o venderrealidades espirituales; a la adivinación (consulta de horóscopos, astrología, quiromancia,interpretación de presagios, fenómenos de visión, recurso a “mediums”); a la magia, hechicería(amuletos), y espiritismo, mediante los que se pretende domesticar potencias ocultas para conocerel futuro y poner esas fuerzas al servicio de la persona, lo que constituye una desconfianza en elpoder de Dios y en su bondad. Así mismo, el primer Mandamiento prohíbe el ateísmo, que rechaza1Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2104, 2086.2Ibíd., nn. 2095 y 2105.3Ibíd., nn. 2099-2102.4Ibíd., nn. 2088 y 2089.5Ibíd., nn. 2091 y 2092.6Ibíd., n 2094.
  3. 3. la existencia de Dios; y el agnosticismo, que afirma que nada se puede saber sobre Dios, y queabarca el indiferentismo y el ateísmo práctico7.Al pueblo de Israel, Dios le mandó: “No te harás escultura ni imagen alguna…” (Ex 20, 4-5).Sin embargo, Él mismo ordenó o permitió la institución de imágenes, como el arca de la Alianza,los querubines (cfr. Ex 25, 10-12; 1 R 6, 23-28; 7, 23-26), y la serpiente de bronce (cfr. Nm 21, 4-9;Sb 16, 5-14), ya que lo que ha prohibido es el culto idolátrico, que consiste en confundir a Dios consu representación. Con esta conciencia, y fundándose en el misterio del Verbo encarnado, el VIIConcilio Ecuménico (Nicea, 787), justificó el culto de las imágenes de Cristo, de la Madre de Dios,de los ángeles y de los santos, “Porque cuanto con más frecuencia son contemplados por mediode su representación en la imagen, tanto más se mueven los que éstas miran al recuerdo y deseode los originales”8. “El honor de la imagen se dirige al original, y el que venera una imagen, veneraa la persona en ella representada… así, los fieles realizan un genuino acto de culto, que no tienenada que ver con la idolatría” 9.8.2.- Segundo Mandamiento: no tomarás el nombre de Dios en vano“No tomarás en falso el nombre del Señor tu Dios” (Ex 20, 7; Dt 5, 11). “Se dijo a los antepasados:«No perjurarás»... Pues yo os digo que no juréis en modo alguno” (Mt 5, 33-34).El Segundo Mandamiento prescribe respetar el nombre del Señor, ya que su nombre essanto. Por eso, el juramento, es decir, la invocación del Nombre de Dios como testigo de algo, sólopuede hacerse con verdad, con sensatez y con justicia; y las promesas hechas en su nombredeben cumplirse10.Es un pecado, contra este Mandamiento, la blasfemia, que consiste en proferir contra Dios–interior o exteriormente–, palabras de odio, de reproche, y de desafío, así como injuriarlo y faltarleal respeto, tanto a Él como a lo que es particularmente suyo: la Iglesia, los santos y las cosassagradas. Es también blasfemo recurrir al nombre de Dios para justificar prácticas criminales.Así mismo, son pecados: el uso mágico del Nombre divino; el juramento en falso, que estomar a Dios por testigo de una mentira; y el perjurio, que consiste en hacer bajo juramento unapromesa sin la intención de cumplirla, o en no mantener lo que se ha prometido bajo juramento11.8.3.- Tercer Mandamiento: santificarás las fiestas“Recuerda el día del sábado para santificarlo” (Ex 20, 8). “El sábado ha sido instituido para elhombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es Señor delsábado” (Mc 2, 27-28).El Tercer Mandamiento proclama la santidad del sábado, como signo de la alianzainquebrantable que Dios ha hecho con su pueblo. Este día está dedicado a la alabanza de Dios,quien descansó tras haber creado todas las cosas, y que liberó a Israel de la esclavitud en Egipto(cfr. Dt 5, 15). Es un día para “descansar” y hacer que los demás, sobre todo los pobres, “recobrenaliento” (Ex 23, 12), superando la tentación de someterlo todo al trabajo y al dinero (cfr. Ne 13, 15-22)12.Jesús interpretó auténticamente esta ley: “El sábado ha sido instituido para el hombre y noel hombre para el sábado” (Mc 2, 27); y proclamó: “El Hijo del hombre es Señor del sábado” (Mc 2,7Ibíd., nn. 2118, 2111-2117. 2123-2132.8DS, n. 601.9Ídem.10Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2142 y 2155.11Ibíd., nn. 2148-2155.12Ibíd., nn. 2168, 2172.
  4. 4. 28). Por eso, como el “Señor del sábado” resucitó “el primer día de la semana” (Mt 28, 1),inaugurando así la nueva creación, los cristianos, comprendiendo que en la Pascua de Cristo serealiza plenamente lo que anunciaba el sábado judío, desde el principio lo sustituyeron por eldomingo, que tiene por centro la celebración de la Eucaristía (cfr. Hch 2, 42-46; 1 Co 11, 17),“fiesta primordial de precepto”13.El domingo y las demás fiestas de precepto –Navidad, Epifanía, Ascensión, SantísimoCuerpo y Sangre de Cristo, Santa María Madre de Dios, Inmaculada Concepción, Asunción, sanJosé, santos Apóstoles Pedro y Pablo, y todos los Santos–, los fieles tienen obligación de participaren la Misa, yendo el día mismo de la fiesta o el día anterior por la tarde, a no ser que esténexcusados por una razón seria (una enfermedad, el cuidado de niños pequeños, etc.) odispensados por su Obispo o por su propio Párroco. Los que sin causa justa deliberadamentefaltan a esta obligación cometen un pecado grave14.La institución del día del Señor contribuye a que todos se unan a Dios, descansen, ycultiven su vida religiosa, familiar, cultural y social. Por eso está consagrado a obras buenas y aservicios humildes para con la propia familia, los enfermos, los ancianos y los pobres. Los poderespúblicos deben asegurar a los ciudadanos un tiempo destinado al descanso y al culto divino. Lospatronos tienen una obligación análoga con respecto a sus empleados. En el respeto de la libertadreligiosa y del bien común, los cristianos deben esforzarse por obtener el reconocimiento de losdomingos y días de fiesta de la Iglesia como días festivos legales.8.4.- Cuarto Mandamiento: honrarás a tu padre y a tu madre“Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tuDios, te va a dar” (Ex 20, 12). Jesús, que vivió sujeto a sus padres (cfr. Lc 2, 51), recordó la fuerzade este mandamiento divino (cfr. Mc 7, 8 -13).Dios quiso que, después de Él, honrásemos a nuestros padres. Así mismo, estamosobligados a honrar y respetar a los abuelos y antepasados, y a todos los que Dios, para nuestrobien, ha investido de su autoridad: a los maestros, a los patronos, a los jefes, a la patria, y a losque la gobiernan. El Cuarto Mandamiento implica a su vez los deberes de los padres, tutores,maestros, jefes, magistrados, gobernantes, y de todos los que ejercen una autoridad sobre otros osobre una comunidad15.La familia “célula original de la vida social” tiene tal importancia para la vida y el bienestarde la sociedad, que la autoridad civil ha de considerar como deber grave el reconocimiento de laauténtica naturaleza del matrimonio y de la familia, protegerla, fomentarla, asegurar la moralidadpública, y favorecer la prosperidad doméstica16. Cuando las familias no son capaces de realizarsus funciones, los otros cuerpos sociales tienen el deber de ayudarlas.En la familia, los hijos deben a sus padres respeto, gratitud, obediencia en las cosaslegítimas y justas que les manden, y ayuda. Los padres, a su vez, deben mirar a sus hijos comohijos de Dios, respetarlos como personas humanas, educarlos en la fe, en la oración y en todas lasvirtudes, atender, en la medida de lo posible, sus necesidades materiales y espirituales, y respetary favorecer su vocación17.En la sociedad, los ciudadanos deben cooperar con las autoridades civiles en laconstrucción de una sociedad verdadera, justa, solidaria y libre. Por su parte, la autoridad públicaestá obligada a respetar los derechos fundamentales de la persona humana y el ejercicio de sulibertad. Por eso, cuando las prescripciones de las autoridades civiles son contrarias a las13Código de Derecho Canónico c. 1246, §1.14Ibíd., cc. 1248, § 1, 1245; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2181.15Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2197. 2199.16CONCILIO VATICANO II, Const. “Gaudium et spes, n. 52, 2.17Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2214-2231.
  5. 5. exigencias del orden moral, el ciudadano está obligado en conciencia a no seguirlas. Nadie puedeordenar o establecer lo que es contrario a la dignidad de las personas y a la ley natural18.La resistencia a la opresión de quienes gobiernan no podrá recurrir legítimamente a lasarmas sino cuando se reúnan las condiciones siguientes: 1) en caso de violaciones ciertas, gravesy prolongadas de los derechos fundamentales; 2) después de haber agotado todos los otrosrecursos; 3) sin provocar desórdenes peores; 4) que haya esperanza fundada de éxito; 5) si esimposible prever razonablemente soluciones mejores19.Las naciones más prósperas tienen el deber de acoger, en cuanto sea posible, alextranjero que busca la seguridad y los medios de vida que no puede encontrar en su país deorigen; así mismo, atendiendo al bien común de aquellos que tienen a su cargo, pueden subordinarel ejercicio del derecho de inmigración a diversas condiciones jurídicas, conscientes siempre deque la condición de irregularidad legal no permite menoscabar la dignidad del inmigrante20. Por suparte, el inmigrante está obligado a respetar con gratitud el patrimonio material y espiritual del paísque lo acoge, obedecer sus leyes y contribuir a su bien21.8.5.- Quinto Mandamiento: no matarás“No matarás” (Ex 20, 13). “Habéis oído que se dijo a los antepasados: «No matarás»; y aquel quemate será reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano,será reo ante el tribunal” (Mt 5, 21-22).La vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios.Por eso, cada cual es responsable de su vida y de su salud, recibiéndolas y conservándolas congratitud, para honor de Dios y salvación de su alma. Somos administradores y no propietarios de lavida que Dios nos ha confiado22. Así mismo, nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse elderecho de matar de modo directo a un ser humano inocente, ni de cooperar a un homicidio23. Elhomicidio involuntario no es moralmente imputable; pero no se está libre de falta grave cuando, sinrazones proporcionadas, se ha obrado de manera que se ha seguido la muerte, incluso sinintención de causarla24.Quien defiende su vida, la de otro del que es responsable, y el bien común de la familia ode la sociedad, no es culpable cuando, si no quedando otro recurso, llega a causar la muerte delinjusto agresor. Por eso, la legítima autoridad tiene derecho de rechazar por medio de las armas alos agresores, y el derecho y el deber de aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito, sinexcluir, en casos de extrema gravedad, la pena de muerte. Las penas o castigos sirven paracompensar el desorden introducido por la falta, preservar el orden público y la seguridad de laspersonas, y contribuir a la enmienda del culpable. Si los medios incruentos bastan, la autoridad selimitará a emplear sólo esos medios25.El Quinto Mandamiento prohíbe el homicidio directo y voluntario, así como hacer algo conintención de provocar indirectamente la muerte de una persona. Por eso prohíbe exponer a alguiensin razón grave a un riesgo mortal, negar la asistencia a una persona en peligro, las prácticasusurarias y mercantiles que provocan el hambre y la muerte, y las injusticias y las desigualdadesexcesivas de orden económico o social. Al precepto “No matarás” (Mt 5, 21), Jesús añadió laprohibición a la ira, el odio y la venganza.El aborto directo, buscado como fin o como medio, es un delito tan grave, que quien loprocura o coopera con él, si éste se produce, incurre automáticamente en excomunión26. Las18Ibíd., nn. 2235-2242.19Ibíd., n. 2243.20Cfr. COMISIÓN EPISCOPAL PARA LA PASTORAL DE LA MOVILIDAD HUMANA, Mensaje “De la desconfianza alrespeto, y del rechazo a la acogida”, CEM, 2002.21Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2241.22Ibíd., n. 2258. 2288.23Cfr. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instr. "Donum vitae", n. 5.24Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2269.25Ibíd., nn. 2263-2267.26Ibíd., nn. 2270-2275; Código de Derecho Canónico, c. 1398.
  6. 6. presiones de la pareja, y de familiares y amigos pueden causar que la mujer se vea obligada aceder al aborto; en este caso, la responsabilidad moral afecta particularmente a quienes directa oindirectamente la han forzado a abortar27. Consciente de los muchos condicionamientos quepueden haber influido en la decisión de una mujer que ha recurrido al aborto, la Iglesia, sin negarque lo sucedido fue y sigue siendo profundamente injusto, la invita a no dejarse vencer por eldesánimo, y a recordar que Dios misericordioso la espera para ofrecerle su perdón y su paz en elsacramento de la Reconciliación, llamándola a un compromiso a favor de la vida28.Por ser persona desde su concepción, el embrión debe ser defendido en su integridad, yatendido y cuidado médicamente como cualquier otro ser humano. El diagnóstico prenatal esmoralmente lícito si respeta la vida e integridad del embrión, y si se orienta hacia su protección ohacia su curación; pero es inmoral cuando contempla la posibilidad de provocar un aborto.Son lícitas las intervenciones sobre el embrión humano, siempre que respeten su vida, suintegridad y su identidad, que no lo expongan a riesgos desproporcionados, y que tengan como finsu curación, la mejora de sus condiciones de salud o su supervivencia29. Es inmoral producirembriones humanos como “material biológico” disponible, así como intervenir en su patrimoniocromosómico y genético para producir seres humanos seleccionados30.La eutanasia directa, que consiste en poner término, con una acción o una omisión de lonecesario, a la vida de las personas discapacitadas, gravemente enfermas o próximas a la muerte,es un pecado grave contra el quinto mandamiento. Los cuidados ordinarios que se deben dar a unenfermo no pueden ser legítimamente interrumpidos; sin embargo, son legítimos el uso deanalgésicos no destinados a causar la muerte, y la renuncia a tratamientos médicos costosos,extraordinarios, desproporcionados, peligrosos, y que no brindan esperanza razonable deresultado positivo31.El trasplante de órganos es moralmente aceptable con el consentimiento del donante y sinriesgos excesivos para él. En cuanto al noble acto de la donación de órganos después de lamuerte, hay que contar con la plena certeza del fallecimiento del donante, para lo cual actualmentese prefiere el criterio "neurológico", es decir, la comprobación de la cesación total e irreversible detoda actividad cerebral. Sólo cuando exista esa certeza será moralmente legítimo iniciar losprocedimientos técnicos necesarios para la extracción de los órganos destinados al trasplante, conel previo consentimiento informado del donante o de sus representantes legítimos32.El suicidio y la cooperación voluntaria al mismo es gravemente contrario al justo amor de símismo, al amor del prójimo (porque rompe injustamente los lazos de solidaridad), y al amor deDios. Sin embargo, trastornos psíquicos graves, la angustia, o el temor grave de la prueba, delsufrimiento o de la tortura, pueden disminuir la responsabilidad del suicida, de cuya salvacióneterna no se debe desesperar, ya Dios puede haberle facilitado la ocasión de un arrepentimientosalvador. Por eso la Iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida33.Son contrarios al respeto a la integridad corporal de la persona humana el escándalo (queinduce deliberadamente a otro a pecar), el secuestro, la toma de rehenes, el terrorismo, la tortura,la violencia, la esterilización directa, y las amputaciones y mutilaciones que no tienen finesterapéuticos34.La vida y la salud física son bienes confiados por Dios, que debemos cuidar racionalmenteteniendo en cuenta las necesidades de los demás y el bien común. El cuidado de la salud de losciudadanos requiere la ayuda de la sociedad para lograr las condiciones de existencia quepermiten crecer y llegar a la madurez: alimento, vestido, vivienda, servicios sanitarios, enseñanza27Cfr. JUAN PABLO II, Enc. “Evangelium vitae”, n. 59.28Ibíd., n. 99.29Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2275.30Cfr. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instr. "Donum vitae", nn. 1, 3-5.31Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2276-2279.32Ibíd., n. 2296; cfr. JUAN PABLO II, Discurso con ocasión del XVIII Congreso Internacional de la Sociedad de Trasplantes,29 de agosto de 2000, n. 5.33Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2280-2283.34Ibíd., n. 2297.
  7. 7. básica, empleo y asistencia social. Las investigaciones científicas y tecnológicas han de estarordenadas al bien y servicio integral de la persona humana, por lo que siempre han de regirse porcriterios éticos, con la conciencia de que no todo lo que es técnicamente posible es éticamenteadmisible35.La virtud de la templanza ayuda a evitar toda clase de excesos, como: el culto del cuerpo,idolatrar la perfección física y el éxito deportivo; el abuso de la comida, del alcohol, del tabaco y delas medicinas. La adicción a la droga es una falta grave, al igual que la producción clandestina y eltráfico de estas sustancias. Quienes en estado de embriaguez, o por afición inmoderada a lavelocidad, ponen en peligro su propia seguridad y la de los demás en las carreteras, en el mar o enel aire, se hacen gravemente culpables36.A causa de los males que ocasiona toda guerra se ha de hacer lo posible para evitarla, aligual que la carrera de armamentos. Y cuando lamentablemente se presentan conflictos armados,la Iglesia y la razón humana afirman la validez permanente de la ley moral, por lo que, las prácticasdeliberadamente contrarias al derecho de gentes y a sus principios universales son crímenes37.Los cuerpos de los difuntos deben ser tratados con respeto y caridad en la fe y laesperanza de la resurrección. Enterrar a los muertos es una obra de misericordia corporal. Laautopsia de los cadáveres es moralmente admisible cuando hay razones de orden legal o deinvestigación científica38.8.6.- Sexto Mandamiento: no cometerás actos impuros“No cometerás adulterio” (Ex 20, 14; Dt 5, 17). “Habéis oído que se dijo: «No cometerás adulterio».Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en sucorazón” (Mt 5, 27-28).Dios, que ha creado al hombre y a la mujer como un complejo unitario alma-cuerpo, conigual dignidad, inscribiendo en ambos la vocación al amor, invita a cada uno a asumirresponsablemente la propia y específica identidad sexual –la cual abraza todos los aspectos de lapersona humana–, que los hace capaces de establecer vínculos de comunión para alcanzar unacomplementariedad física, moral y espiritual, orientada a los bienes del matrimonio y al desarrollode la vida familiar39.Todo bautizado está llamado, según su estado de vida particular, a lograr la integraciónarmónica de la propia sexualidad, a la que se denomina “castidad”: unos viviendo en la virginidad oen el celibato consagrado; otros, si están casados, viviendo la castidad conyugal; y los no casados,practicando la castidad en la continencia. Para logarlo, se requiere el aprendizaje del dominio de sí;de lo contrario, nos hacemos esclavos de nuestras pasiones (cfr. Si 1, 22). El acto sexual debetener lugar exclusivamente en el matrimonio, realizado de forma humana y respetuosa delcónyuge; fuera de éste constituye siempre un pecado grave, llamado lujuria, que excluye de lacomunión sacramental40.La lujuria, que es un deseo o goce desordenado del placer sexual, separado de lasfinalidades de unión y procreación propias del matrimonio, impide la integración armónica de lasexualidad. Por eso constituye un pecado grave41. Entre las diversas formas de lujuria está lamasturbación, que es la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placerfuera de las relaciones conyugales normales. La inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos, elestado de angustia u otros factores psíquicos o sociales, pueden reducir, e incluso anular laculpabilidad42.35Ibíd., n. 2288, 2292-2295.36Ibíd., nn. 2289-2291.37Ibíd., nn. 2302-2317.38Ibíd., nn. 2299 y 2301.39Ibíd., nn. 2331-2335.40Ibíd., nn. 2337-235041Ibíd., n. 2351.42Ibíd., n. 2352.
  8. 8. También son expresiones de la lujuria: la fornicación, que es la unión sexual entre unhombre y una mujer antes o fuera del matrimonio; la pornografía, que es exhibir actos sexuales,reales o simulados; la prostitución, que reduce a la persona a objeto; y la violación, que consiste enforzar o agredir con violencia la intimidad sexual de una persona, lesionando gravemente susderechos. Estos pecados, si se cometen con menores, son un atentado aún más grave43. En elcaso de las personas que se prostituyen, aunque esto es siempre gravemente pecaminoso, lamiseria, el chantaje, y la presión social pueden atenuar la imputabilidad de la falta.El adulterio, que es establecer una relación sexual en la cual al menos uno está casado,aunque sea ocasional, es una injusticia contra el derecho del otro cónyuge y contra la institucióndel matrimonio; la poligamia, que consiste en tener más de una pareja sexual, contradice lacomunión conyugal; el incesto, que es la relación sexual entre parientes dentro de los grados enque está prohibido el matrimonio (padres-hijos, abuelos-nietos, hermanos), es un daño a laintegridad familiar. La unión libre, en la que el hombre y la mujer se niegan a dar forma jurídica ypública a una relación que implica la intimidad sexual, así como la unión a prueba, aunque setenga la intención de casarse, no garantizan la fidelidad, que exige un don total y definitivo de laspersonas entre sí, y expresan falta de confianza mutua. Por eso son un pecado grave44.Los actos homosexuales, es decir, las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo,al no proceder de una verdadera complementariedad afectiva y sexual, y no poder abrirse al donde la vida, son por sí mismos desordenados (cfr. Gn 19, 1-29; Rm 1, 24-27; 1 Co 6, 10). Quienespresentan tendencias homosexuales están llamados a una auténtica libertad, viviendo la castidad,y deben ser tratados con respeto y delicadeza. Ha de evitarse, respecto a ellos, todo signo dediscriminación injusta45.Los actos propios y exclusivos de los esposos, si se realizan de modo verdaderamentehumano, significan y fomentan la recíproca donación, con la que se enriquecen mutuamente46. Portanto, los esposos no hacen nada malo procurando este placer y gozando de él47, ya que por estaunión se realiza el doble fin del matrimonio: el bien de los conyugues y la transmisión de la vida.Por razones justificadas, los esposos pueden espaciar los nacimientos de sus hijos. Eneste caso, la continencia periódica, los métodos de regulación de nacimientos fundados en la autoobservación y el recurso a los períodos infecundos son conformes a los criterios objetivos de lamoralidad, ya que respetan el cuerpo de ambos, fomentan el afecto entre ellos y favorecen laeducación de una libertad auténtica. En cambio, es contrario a la dignidad humana toda acción quese proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación, como la esterilización directao la contracepción48.El Estado es responsable del bienestar de los ciudadanos. Por eso es legítimo queintervenga para orientar la demografía de la población a través de una información objetiva yrespetuosa, pero no mediante una decisión autoritaria y coaccionante, ni favoreciendo medios deregulación demográfica contrarios a la moral49.Las investigaciones que intentan reducir la esterilidad humana deben alentarse, acondición de que se pongan al servicio de la persona humana, de sus derechos, y de su bienverdadero e integral50. Por eso, las técnicas como la inseminación y la fecundación artificiales nopueden ser aceptadas, ya que lesionan el derecho del niño, quien, al ser una persona humana, nopuede ser considerado como un objeto de propiedad. Cuando el don del hijo no les es concedido,los esposos, después de haber agotado todos los legítimos recursos de la medicina, puedenmostrar su generosidad mediante la tutela o la adopción, o bien realizando servicios en beneficiodel prójimo. Así ejercen una preciosa fecundidad espiritual51.Jesús proclamó la intención original del Creador sobre la indisolubilidad del matrimonio (cfr.Mt 5, 31-32), y derogó la tolerancia introducida en la ley antigua (cfr. Mt 19, 7-9). Por eso, elmatrimonio celebrado válidamente y consumado de forma humana no puede ser disuelto por43Ibíd., nn. 2353-2356.44Ibíd., nn. 2380, 2381. 2387-2391; cfr. JUAN PABLO II, Exh. Ap. “Familiaris consortio”, n. 80.45Ibíd., n. 2357-2359.46Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. “Gaudium et spes”, n. 49, 2.47Cfr. Pío XII, discurso 29 octubre 1951.48Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2366-2371; PAULO VI, Enc. “Humanae vitae”, n. 14.49Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2372.50Cfr. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instr. "Donum vitae", n. 2.51Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2373-2378.
  9. 9. ningún poder humano ni por ninguna causa fuera de la muerte52. De ahí que el divorcio sea unaofensa grave a la ley natural, que causa daños graves para el cónyuge que se ve abandonado;para los hijos, traumatizados por la separación de los padres, y a menudo viviendo en tensión porcausa de ellos. Este daño se extiende, incluso, al resto de la sociedad53.El cónyuge que se ve injustamente abandonado y es víctima inocente del divorcio dictadoen conformidad con la ley civil, si permanece fiel al vínculo matrimonial, no contradice el preceptomoral54. Así mismo, si el divorcio civil representa la única manera posible de asegurar ciertosderechos legítimos, como el cuidado de los hijos o la defensa del patrimonio, puede ser toleradosin constituir una falta moral, si quien lo tolera comprende que no por eso es libre para contraeruna nueva unión.La Iglesia admite la separación física de los esposos cuando la cohabitación entre ellos seha hecho, por diversas razones, prácticamente imposible, aunque procura su reconciliación. Peroéstos, mientras viva el otro cónyuge, no son libres para contraer una nueva unión, a menos que elmatrimonio entre ellos sea nulo y, como tal, declarado por la autoridad eclesiástica55. Quiencontrae una nueva unión sin que el matrimonio eclesiástico haya sido declarado disuelto o nulo,aunque lo haga mediante la ley civil, incurre en adulterio público y permanente, por lo que nopuede recibir los sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía56.8.7.- Séptimo Mandamiento: no robarás“No robarás” (Ex 20, 15; Dt 5, 19; Mt 19, 18).Dios confió la tierra y sus recursos a la administración común de la humanidad para quetuviera cuidado de ellos, los dominara mediante su trabajo y se beneficiara de sus frutos (cfr. Gn 1,26-29). A fin de lograrlo, la propiedad privada, adquirida por el trabajo, o recibida de otro porherencia o por regalo, es legítima para garantizar la libertad y la dignidad de las personas, paraayudar a cada uno a atender sus necesidades fundamentales y las necesidades de los que están asu cargo, teniendo en cuenta el destino universal de los bienes, en el sentido de que han deaprovechar también a los demás57. La autoridad política tiene el derecho y el deber de regular enfunción del bien común el ejercicio legítimo del derecho de propiedad58.La doctrina social de la Iglesia, partiendo del Evangelio, ofrece principios de reflexiónacerca de la dignidad de la persona humana y sus dimensiones sociales, formula criterios de juicioy brinda normas y orientaciones para la acción59, recordando que el ser humano es el autor, elcentro y el fin de toda la vida económica y social, por lo que los bienes creados por Dios paratodos, deben llegar de hecho a todos, según la justicia y con la ayuda de la caridad60. Para esto, espreciso promover una regulación razonable del mercado y de las iniciativas económicas con vistasal bien común, ya que las actividades económicas y la producción están destinadas a satisfacer lasnecesidades integrales de los seres humanos61.Todo esto exige la práctica de la virtud de la templanza, para moderar el apego a losbienes de este mundo; de la justicia, para preservar los derechos del prójimo y darle lo que le esdebido; y de la solidaridad, para ser generosos con los más necesitados. En las relacioneshumanas debe observarse la justicia conmutativa, que regula los intercambios entre las personas,quienes deben respetar y cumplir los derechos y las obligaciones libremente contraídos (promesasy contratos); la justicia legal, que se refiere a lo que el ciudadano debe equitativamente a la52Cfr. Código de Derecho Canónico, c. 1141.53Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2382-2385.54Ibíd., n. 2386.55Cfr. Código de Derecho Canónico, cc. 1151-1155.56Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2384.57Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. “Gaudium et spes”, n. 69, 1.58Ibíd, n. 71.59Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, n. 509.60Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2421. 2459.61Ibíd., nn. 2422- 2426.
  10. 10. comunidad; y la justicia distributiva, que regula lo que la comunidad debe a los ciudadanos enproporción a sus contribuciones y a sus necesidades.El trabajo humano, que procede de personas creadas a imagen de Dios llamadas aprolongar, unidas y para mutuo beneficio, la obra de la creación (cfr. Gn 1, 28), constituye underecho y un deber (cfr. 2 Ts 3, 10), que puede ser un medio de santificación al animar lasrealidades terrenas en el espíritu de Cristo, quien enseña que el trabajo es para el hombre y no elhombre para el trabajo. Por eso, se debe lograr una adecuada relación que respete los derechos ylos deberes de los empresarios, de los trabajadores, de los representantes de los trabajadores(sindicatos), y de los poderes públicos.Corresponde al Estado garantizar la libertad individual, la propiedad, un sistema monetarioestable, servicios públicos eficientes, y vigilar y encauzar el ejercicio de los derechos humanos enel sector económico. Esto último también compete a cada persona y a los diversos grupos. A losempresarios les corresponde la responsabilidad económica y ecológica de sus operaciones,considerando el bien de las personas, y no solamente el aumento de las ganancias, las cuales sonnecesarias ya que permiten realizar las inversiones que aseguran el porvenir de las empresas ygarantizan los puestos de trabajo. El acceso al trabajo y a la profesión debe estar abierto a todos,así como su justa remuneración, según las necesidades y las contribuciones de cada uno62. Lostrabajadores deben cumplir su trabajo con competencia y dedicación.La huelga es moralmente legítima cuando constituye un recurso necesario para obtener unbeneficio proporcionado. Resulta moralmente inaceptable cuando va acompañada de violencias ocuando su objetivo no está directamente vinculado con las condiciones del trabajo o es contrario albien común63.En el plano internacional es necesaria la solidaridad entre las naciones, particularmente delas ricas hacia las que no pueden asegurar por sí mismas su desarrollo, a fin de eliminar o reducirla miseria, la desigualdad de los recursos y de los medios económicos, las injusticias económicas ysociales, la explotación de las personas, la acumulación de deudas y los mecanismos perversosque obstaculizan el desarrollo de los países.La caridad hacia los pobres es un acto de justicia, según el destino universal de los bienescreados. Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales socorremos alprójimo en sus necesidades (cfr. Is 58, 6-7; Hb 13, 3). Instruir, aconsejar, consolar, confortar,perdonar y sufrir con paciencia son obras espirituales de misericordia. Dar de comer al hambriento,dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, y enterrar alos muertos son obras de misericordia corporales (cfr. Mt 25,31-46). La limosna hecha a los pobreses un testimonio de caridad fraterna y una práctica de justicia (cfr. Mt 6, 2-4).La justicia exige también el respeto a la integridad de la creación, de la que el ser humanopuede legítimamente servirse, tanto de los seres inanimados, como de las plantas y de losanimales. Éstos últimos pueden ser usados para el alimento, la confección de vestidos,domesticarlos, y para experimentos médicos y científicos, siempre y cuando sea dentro de loslímites razonables, y para cuidar o salvar vidas humanas. Es injusto hacer sufrir inútilmente a losanimales y sacrificarlos sin necesidad; también lo es desviar hacia ellos el afecto debidoúnicamente a los seres humanos64.El Séptimo Mandamiento prohíbe tomar o retener el bien del prójimo injustamente, asícomo perjudicar sus bienes. Prescribe la justicia y la caridad en la gestión de los bienes terrenos yde los frutos del trabajo. Con miras al bien común exige el respeto del destino universal de losbienes y del derecho de propiedad privada. La vida cristiana se esfuerza por ordenar a Dios y a lacaridad fraterna los bienes de este mundo65.El robo, que es la usurpación del bien ajeno contra la voluntad de su dueño, es siempre unpecado que exige reparación66. No hay robo cuando el único medio de remediar una necesidadinmediata y esencial (alimento, vivienda, vestido) es disponer y usar de los bienes ajenos67. Sonpecado: la retención deliberada de bienes prestados u objetos perdidos; el fraude; pagar salarios62Ibíd., nn. 2432-2434.63Ibíd., n. 2435.64Ibíd., nn. 2414-2418.65Ibíd., n. 2401.66Ibíd., n. 2409.67Ibíd., n. 2408.
  11. 11. injustos (cfr. Dt 24,14-15; St 5,4); la especulación, que pretende hacer variar artificialmente lavaloración de los bienes con el fin de obtener un beneficio en detrimento ajeno (cfr. Am 8, 4-6); lacorrupción, que vicia el juicio de los que deben tomar decisiones conforme a derecho; y no pagar alos organismos de seguridad social las cotizaciones establecidas por las autoridades legítimas68También se consideran pecado: la apropiación y uso privados de los bienes sociales deuna empresa; los trabajos mal hechos, el fraude fiscal, la falsificación de cheques y facturas, losgastos excesivos, el despilfarro, la usura, el daño voluntario a la propiedad privada o pública, yesclavizar seres humanos, menospreciar su dignidad, explotarlos, comprarlos, venderlos ycambiarlos como mercancía, así como reducirlos por la violencia a la condición de objeto deconsumo o a una fuente de beneficio.Todo sistema que reduce a la persona a medio de lucro, y que afirma que las relacionessociales deben estar determinadas por los factores económicos, resulta contrario a la naturaleza ydignidad de la persona humana; también lo es el sistema que sacrifica los derechos fundamentalesde la persona y de los grupos en aras de la organización colectiva de la producción; así como lateoría que hace del lucro la norma exclusiva y el fin último de la actividad económica.8.8.- Octavo Mandamiento: no darás falso testimonio ni mentirás“No darás testimonio falso contra tu prójimo” (Ex 20, 16). “Se dijo a los antepasados: «Noperjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos»” (Mt 5, 33).Dios, el “Veraz” (Rm 3, 4), es fuente de toda verdad (cfr. Pr 8, 7). En Jesucristo la verdadde Dios se manifestó en plenitud (cfr. Jn 1, 14; 14, 6). Seguir a Jesús es vivir del “Espíritu deverdad” (Jn 14, 17), que nos permite actuar conforme a nuestra naturaleza, la cual nos impulsa abuscar la verdad, adherirnos a ella, y a ordenar toda la vida según sus exigencias69. Sólo asísomos fieles a Dios, a nosotros mismos, y a al prójimo, ya que “los hombres no podrían vivir juntossi no tuvieran confianza recíproca, es decir, si no se manifestasen la verdad”70.La virtud de la veracidad, como rectitud de la acción y de la palabra, da justamente alprójimo lo que le es debido; observa un justo medio entre lo que debe ser expresado y el secretoque debe ser guardado; implica la honradez y la discreción71. Así mismo, exige dar testimonio delEvangelio, en palabras y obras, sin ambigüedad, para así dar a conocer la verdad (cfr. Mt 18, 16).El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe72. Los discípulos de Cristo, al haberse“revestido del Hombre Nuevo, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef 4, 24),deben “rechazar toda malicia y todo engaño, hipocresías, envidias y toda clase de maledicencias”(1 Pe 2, 1).Por eso, el Octavo Mandamiento prohíbe falsear la verdad en las relaciones con elprójimo73: la mentira, que consiste en decir o hacer algo contra la verdad para inducir a error al quetiene el derecho de conocerla74; el falso testimonio, que es afirmar ante un tribunal algo contrario ala verdad; el perjurio, cuando la afirmación falsa se pronuncia bajo juramento. El falso testimonio yel perjurio contribuyen a condenar a un inocente, a disculpar a un culpable, o a aumentar lasanción en que ha incurrido el acusado, con lo que comprometen gravemente el ejercicio de lajusticia y la equidad de la sentencia pronunciada por los jueces75.También son contrarias a la veracidad toda actitud y toda palabra susceptibles de causarun daño injusto a la reputación de las personas, como: el juicio temerario, que, incluso tácitamente,admite como verdadero un defecto moral en el prójimo sin tener para ello fundamento suficiente; lamaledicencia, que es manifestar, sin razón válida, los defectos y las faltas de otros a personas que68Ibíd., n. 2436.69CONCILIO VATICANO II, Decl. “Dignitatis humanae”, n. 2.70SANTO TOMÁS DE AQUINO, “Suma Teológica”, II-II, 109, 3 ad 1.71Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2469.72Ibíd., n. 2473.73Ibíd., n. 2464.74Ibíd., n. 2484.75Ibíd., n. 2476.
  12. 12. los ignoran; la calumnia, que, mediante palabras contrarias a la verdad, daña la reputación de otrosy da ocasión a juicios falsos respecto a ellos.Así mismo, el halago, la adulación o la complacencia, cuando alientan y confirman a otroen la malicia de sus actos y en la perversidad de su conducta son un pecado. La adulación es unafalta grave si se hace cómplice de vicios o pecados graves. Es un pecado venial cuando el que lahace sólo busca hacerse grato, evitar un mal, remediar una necesidad u obtener ventajaslegítimas. La vanagloria o jactancia constituye una falta contra la verdad. Lo mismo sucede con laironía, que trata de ridiculizar a una persona caricaturizándola de manera malévola76.La gravedad de la mentira se mide según la naturaleza de la verdad que deforma, lascircunstancias, las intenciones del que la comete, y los daños padecidos por los que resultanperjudicados. La mentira en sí sólo constituye un pecado venial; sin embargo, llega a ser mortalcuando lesiona gravemente las virtudes de la justicia y la caridad77.Toda falta cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber de reparación moral y aveces material, aunque su autor haya sido perdonado. La reparación debe apreciarse según eldaño causado. Cuando es imposible reparar un daño públicamente, es preciso hacerlo en secreto.Este deber de reparación se refiere también a las faltas cometidas contra la reputación delprójimo.78.El respeto a la verdad debe estar acompañado de la discreción, la caridad, el bien y laseguridad del prójimo, el respeto de la vida privada y el bien común; razones suficientes para callarlo que no debe ser conocido, o para usar un lenguaje discreto. Nadie está obligado a revelar unaverdad a quien no tiene derecho a conocerla. Todo esto debe ser observado en la comunicación yen la información, y en la reserva de los secretos profesionales –que obligan, por ejemplo, apolíticos, militares, médicos, y juristas–, que han de ser siempre guardados, salvo en casosexcepcionales y por motivos graves y proporcionados. También se requiere el respeto a lasconfidencias hechas bajo la exigencia de secreto79. En cuanto al secreto del sacramento de laReconciliación, el sigilo sacramental es inviolable; por lo cual está terminantemente prohibido alconfesor descubrir al penitente, de palabra o de cualquier otro modo, y por ningún motivo80.La sociedad tiene derecho a una información fundada en la verdad, la libertad, la justicia yla solidaridad. Por eso, la información que brindan los Medios de Comunicación Social es unservicio al bien común81. Esto exige que, en cuanto a su contenido, la comunicación sea siempreverdadera e íntegra, salvadas la justicia y la caridad; además, en cuanto al modo, ha de serhonesta y conveniente, es decir, debe respetar las leyes morales, los derechos legítimos y ladignidad de las personas, tanto en la búsqueda de la noticia como en su divulgación82. En razóndel bien común, corresponde a la autoridad civil defender y asegurar esto83.La verdad puede encontrar formas de expresión complementarias, como el arte, que brotade un talento concedido por el Creador al ser humano y del esfuerzo de éste, y que entraña ciertasemejanza con la actividad de Dios en la creación. Por eso, el arte está ordenado al bien y serviciode la persona humana, especialmente el arte sacro, que lleva a la adoración y al amor de Dios84.8.9.- Noveno Mandamiento: no consentirás pensamientos ni deseos impuros“No codiciarás la casa de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo” (Ex 20, 17). “El que mira auna mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón” (Mt 5, 28).76Ibíd., nn. 2480, 2481.77Ibíd., n. 2484.78Ibíd., n. 2487.79Ibíd., nn. 2488-2489.80Cfr. Código de Derecho Canónico, c. 983, § 1.81Cfr. CONCILIO VATICANO II, Decr. “Intermirifica”, n. 11.82Ídem.83Ibíd., n. 12.84Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2500-2502.
  13. 13. El “corazón” representa la sede de la personalidad moral, en la que nacen lospensamientos y decisiones que luego pueden ser llevados a la acción mediante palabras u obras.Por eso, la sexta bienaventuranza proclama: "Bienaventurados los limpios de corazón porque ellosverán a Dios" (Mt 5,8). Los "corazones limpios" son los que han ajustado su inteligencia y suvoluntad a las exigencias de la santidad de Dios, principalmente en tres aspectos: la caridad (cfr. 1Tm 4, 3-9), la castidad o rectitud sexual (cfr. Col 3, 5), el amor de la verdad y la ortodoxia de la fe(cfr. Tt 1, 15). Así actúan conforme a su propia naturaleza, y alcanzan la realización plena y eterna.Esto se logra dirigiendo adecuadamente los sentidos y la imaginación, y rechazando lospensamientos impuros. Por eso, dado que “la vista despierta la pasión de los insensatos” (Sb 15,5), el Noveno Mandamiento prohíbe consentir pensamientos y deseos relativos a accionesprohibidas por el sexto mandamiento. Por que, “de dentro del corazón salen las intenciones malas,asesinatos, adulterios, fornicaciones” (Mt 15, 19).El pudor es la virtud que preserva la intimidad, ordena las miradas, los gestos, las actitudesy la vestimenta en conformidad con la dignidad de las personas y con la relación que existe entreellas85. El pudor permite actuar con prudencia en la relación amorosa; ayuda a ser fiel en elcumplimiento del compromiso contraído en el matrimonio; y favorece la purificación del climasocial, en los medios de comunicación, en los espectáculos, y a través de una adecuadaeducación, sobre todo a los jóvenes86.8.10.- Décimo Mandamiento: no codiciarás los bienes ajenos“No codiciarás... nada que sea de tu prójimo” (Ex 20, 17). “Donde esté tu tesoro, allí estará tambiéntu corazón” (Mt 6, 21).El apetito sensible nos impulsa a desear las cosas agradables que no poseemos, como,por ejemplo, querer comer cuando tenemos hambre. Estos deseos son buenos en sí mismos; perocuando no guardan la medida de la razón y nos empujan a codiciar injustamente lo que no esnuestro, se convierten en raíz del robo, de la rapiña y del fraude87. Por eso, el DécimoMandamiento prohíbe la codicia del bien ajeno. No quebrantamos este precepto cuando deseamosobtener por medios justos, cosas que pertenecen al prójimo88.Lo que prohíbe el Décimo Mandamiento es: la avaricia, que busca acumular riquezas sólopara atesorarlas sin compartirlas; el deseo de una apropiación inmoderada de los bienes terrenos,que nace de la pasión desordenada de las riquezas y su poder; y la envidia, que es la tristezaexperimentada ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo, aunque sea en formaindebida. También prohíbe cometer una injusticia para dañar al prójimo en sus bienes, y la actitudque lleva a desear que los semejantes estén en la miseria, en un problema, o que sufran algúnmal, para poder lucrarse de ellos89. Desear al prójimo un mal grave es pecado mortal90.El deseo de la felicidad verdadera aparta del apego desordenado a los bienes de estemundo91, como afirma Jesús cuando exclama: “Bienaventurados los pobres en el espíritu” (Mt 5, 3).“La promesa de ver a Dios supera toda felicidad... El que ve a Dios obtiene todos los bienes que sepueden concebir”92. “El será el fin de nuestros deseos, a quien contemplaremos sin fin, amaremos85Ibíd., n. 2521.86Ibíd., n. 2525.87Ibíd., nn. 2534-2535.88Ibíd., n. 2537.89Ibíd., n. 2536.90Ibíd., nn. 2538-2539.91Ibíd., n. 2548.92SAN GREGORIO DE NISA, Oraciones de beatitudinibus, n. 6.
  14. 14. sin saciedad, alabaremos sin cansancio. Y este don, este amor, esta ocupación serán ciertamente,como la vida eterna, comunes a todos”93.8.11.- Los Mandamientos de la IglesiaLa Iglesia es la comunidad donde el cristiano recibe y acepta la Palabra de Dios, la “Ley de Cristo”(Ga 6, 2), y la gracia de sus sacramentos, con la guía del Magisterio, el cual, a través de losllamados “Mandamientos de la Iglesia” ofrece orientaciones cuya finalidad es garantizar que losfieles, por su propio bien espiritual, cumplan con lo mínimo indispensable en relación al culto, a lavida sacramental, al esfuerzo moral y al crecimiento en el amor a Dios y al prójimo. Los preceptosde la Iglesia son cinco: 1) Participar en la Misa todos los domingos y fiestas de guardar, y norealizar trabajos y actividades que puedan impedir la santificación de estos días; 2) Confesar lospropios pecados, mediante el sacramento de la Reconciliación al menos una vez al año; 3) Recibirel sacramento de la Eucaristía al menos en Pascua; 4) Abstenerse de comer carne y observar elayuno en los días establecidos por la Iglesia; 5) Ayudar a la Iglesia en sus necesidades materiales,cada uno según sus posibilidades94.93SAN AGUSTÍN, “De civitate Dei”, n. 22,30.94Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, nn. 429-431.

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