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Comisión Episcopal para la Comunicación SocialPERIODISMO DE LA FEEugenio Lira RugarcíaCAPÍTULO V
CAPÍTULO VLA CELEBRACIÓN CRISTIANA5.1.- La liturgia: recuerdo y actualización de la obra redentora de CristoDios, creador ...
5.3.- Los siete sacramentosPara comunicarnos la vida divina9, Jesús instituyó siete sacramentos que ha confiado a la Igles...
una sola celebración, llamada iniciación cristiana, los tres sacramentos: Bautismo, Confirmación yEucaristía19.En cuanto a...
Padre, y a toda la Iglesia –con la Virgen María, los santos, y los difuntos; con el Papa, el propioObispo, todo el clero y...
impedimento, puede comulgar. En el caso de los niños se requiere que comprendan en sucapacidad el misterio y estén prepara...
1. Acción de gracias, que se expresa en el Prefacio; 2. Aclamación (“Santo, Santo, Santo…”); 3.Epíclesis, con la cual, imp...
Se deben confesar todos los pecados graves aún no confesados que se recuerdan. Todofiel, que haya llegado al uso de razón,...
y guiando a la comunidad a ellos confiada73. “Sólo Cristo es el verdadero sacerdote; los demás sonministros suyos”74, afir...
Pastor80. Al Seminario Menor ingresan los jóvenes que aún no han terminado sus estudios depreparatoria; al Seminario Mayor...
la adopción en línea recta (adoptantes-adoptado, etc.) y 2º grado colateral (adoptado e hijo deladoptante)91.Los impedimen...
sacramento de la Reconciliación y acceder a la Comunión eucarística, procurando ser prudentespara evitar el escándalo101.5...
oración por los difuntos puede no solamente ayudarles sino también hacer eficaz su intercesión ennuestro favor106. La Igle...
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Y1 la celebración cristiana

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Y1 la celebración cristiana

  1. 1. Comisión Episcopal para la Comunicación SocialPERIODISMO DE LA FEEugenio Lira RugarcíaCAPÍTULO V
  2. 2. CAPÍTULO VLA CELEBRACIÓN CRISTIANA5.1.- La liturgia: recuerdo y actualización de la obra redentora de CristoDios, creador de todas las cosas, envió al Mundo a su Hijo, verdadero Dios y verdadero hombre,para que, naciendo de la Santísima Virgen María, con su vida, pasión, muerte y resurrección, ycomunicándonos al Espíritu Santo, nos liberara del pecado y de la muerte –que por el pecadooriginal tenían sometida a la humanidad–, nos reuniera en su Iglesia, y nos hiciera hijos suyos,participes de su vida plena y eternamente feliz, que consiste en amar a Dios y al prójimo, comoJesús mismo nos ha enseñado.Todo esto es lo que la Iglesia recuerda y proclama como verdadero hecho histórico, ycelebra y actualiza en la Liturgia1(del griego “obra o quehacer público”), que es un servicio departe de y en favor del pueblo (cfr. Jn 17,4), por el que Cristo continúa en su Iglesia la obra denuestra redención2. En ella, mediante signos sensibles, toda la Iglesia participa de la alabanza yadoración de Jesús a Dios Padre, fortaleciéndose en la unidad y llenándose del podertransformador del Espíritu Santo para ser signo e instrumento de salvación para toda lahumanidad, participando también de lo que será la Liturgia celestial3.En la liturgia, gracias a que por el Bautismo nos hemos unido a Cristo, con la fuerza de suEspíritu podemos ofrecer a Dios al propio Jesús, presente y actuante en su Iglesia y en todacelebración litúrgica4, y ofrecernos también a nosotros mismos. Esto se llama sacerdocio comúnde los fieles, en el que "no todos los miembros tienen la misma función" (Rm 12,4); de entre ellos,Dios llama a algunos para que, a través del sacramento del Orden representen a Cristo comoCabeza del Cuerpo, anunciando su Palabra, guiando a la comunidad, y presidiendo la liturgia.5.2.- Los signos de la LiturgiaComo ser social, la persona necesita signos y símbolos para comunicarse. Lo mismo sucede en surelación con Dios, como lo manifestó Jesús (cfr. Jn 9,6). Por eso, la celebración litúrgicacomprende signos y símbolos, por los cuales se nos comunica el poder salvífico de Cristo5. LaLiturgia de la Palabra es una parte integrante de la celebración; también tienen su lugar el canto, lamúsica, y la participación de la asamblea. Las imágenes sagradas, que recuerdan a quienesrepresentan, ayudan a despertar y alimentar nuestra fe en Cristo. Los templos, entre los quedestacan las Catedrales, simbolizan el Cuerpo de Cristo, la Iglesia, y la Casa del Padre, hacia lacual caminamos como peregrinos; son lugares donde la comunidad se reúne para la acciónlitúrgica pública, especialmente la Eucaristía, así como para la oración personal6.En las Iglesias destaca el altar, en el que se hace presente el sacrificio de la cruz bajo lossignos sacramentales del pan y del vino, que en la Eucaristía se convierten en el Cuerpo y laSangre del Señor; el tabernáculo, donde se reserva a Jesús presente en el Santísimo Sacramento;la sede del obispo (cátedra) o del sacerdote, que significa su oficio de presidente de la asamblea ydirector de la oración7; el ambón, para el anuncio de la Palabra de Dios8; la pila Bautismal (si esCatedral o Parroquia); y un lugar para la Confesión. El Santo Crisma, don del Espíritu Santo, secoloca en un lugar digno, así como el óleo de los catecúmenos y el de los enfermos.1Santo Tomás de Aquino afirma: “Por eso el sacramento es un signo que rememora lo que sucedió, es decir, la pasión deCristo; es un signo que demuestra lo que sucedió entre nosotros en virtud de la pasión de Cristo, es decir, la gracia; y es unsigno que anticipa, es decir, que preanuncia la gloria venidera”. Suma Teológica, III, 60,3.2Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1068-1069.3Cfr. Ibíd., nn. 1111, 1112, 1187.4Cfr. Mt 18,20; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1088.5Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1190.6Ibíd., nn. 1198, 1199.7Cfr. Instrucción General del Misal Romano, n. 271.8Ibíd., n. 272.
  3. 3. 5.3.- Los siete sacramentosPara comunicarnos la vida divina9, Jesús instituyó siete sacramentos que ha confiado a la Iglesia:Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Orden sacerdotal yMatrimonio10. Los sacramentos actúan por el poder de Dios, y no en virtud de la justicia del hombreque los da o que los recibe; pero dan fruto en quienes los reciben con las disposicionesrequeridas11. Los ritos visibles bajo los cuales son celebrados significan y realizan las graciaspropias de cada sacramento, fortalecen y expresan la fe, nos hacen partícipes de la vida divina yhacen crecer en el amor y el testimonio a la Iglesia12. En los sacramentos hay “una ciertasemejanza entre las etapas de la vida natural y las etapas de la vida espiritual”13. La iniciacióncristiana comienza con tres sacramentos: el Bautismo, comienzo de la vida nueva; la Confirmación,que la afianza; y la Eucaristía, que la alimenta.5.3.1.- El sacramento del BautismoJesús resucitado mandó a su Iglesia: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes,bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28,19-20). El Bautismo,(del griego “baptizein”, sumergir), cuyo rito esencial consiste en sumergir en el agua al candidato oderramar agua sobre su cabeza, pronunciando la invocación de la Santísima Trinidad, esnecesario para la salvación; perdona el pecado original y todos los pecados personales, nos hacehijos adoptivo del Padre, (cfr. Ga 4,5-7), miembros del Cuerpo de Cristo (cfr. 1 Co 6,15; 12,27), quees la Iglesia, templos del Espíritu Santo (cfr. 1 Co 6,19), y partícipes de la naturaleza divina ( cfr. 2Pe 1,4; Rm 8,17).Además, el bautismo nos comunica la gracia santificante que nos hace capaces de creeren Dios, de esperar en Él, de amarlo y de vivir como nos enseña, mediante las virtudes teologales,los dones del Espíritu Santo, y las virtudes morales. No obstante, en el bautizado permanecenciertas consecuencias temporales del pecado, como los sufrimientos, la enfermedad, la muerte, lasdebilidades de carácter y otras, así como una inclinación al pecado llamada concupiscencia, la cualno puede dañar a los que no la consienten; antes bien el que legítimamente luchare contra ella,será coronado14.El Bautismo, prefigurado en el Arca de Noé y en el paso del Mar Rojo, fue inauguradopor Jesús en el en el Jordán (cf. Mt 3,13), quien lo abrió a todos con su Pascua; constituye elfundamento nuestra unión con Dios, y de la comunión entre todos los cristianos. Nos introduce enla verdadera libertad15, e imprime en el alma un signo espiritual indeleble, el “carácter”, que, alhacer al bautizado hijo de Dios, lo consagra al culto de la religión cristiana y le hace partícipe de lamisión de Jesús16. Por razón de este carácter, el Bautismo no puede ser reiterado17.La práctica de bautizar a los niños pequeños es una tradición inmemorial de la Iglesia,atestiguada explícitamente desde el siglo II. Sin embargo, es muy posible que desde el comienzode la predicación apostólica, cuando "casas" enteras recibieron el Bautismo, como consta en Hch16,15.33; 18,8, y 1 Co 1,16, se haya bautizado también a los niños18. Esto, porque el Bautismo esun don que Dios concede a través de su Iglesia, el cual no supone méritos humanos. En el caso delos adultos que no hayan sido bautizados y que deseen recibir este sacramento, deben seguir unproceso de evangelización, llamado catecumenado, para prepararse adecuadamente a recibir, en9Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1131.10Ibíd., n. 1113.11SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica, III, 68, 8.12Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1127 y 1134.13Cfr. SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica, III, 65,1.14Cfr. 2 Tm 2,5; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1264.15Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1252-1283.16Cfr. Concilio de Florencia, DS. n. 1314; Código de Derecho Canónico, cc. 204, § 1; 849.17Cfr. DS. nn. 1609 y 1624.18Cfr. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Instr. "Pastoralis actio": AAS 72 (1980) 1137-56.
  4. 4. una sola celebración, llamada iniciación cristiana, los tres sacramentos: Bautismo, Confirmación yEucaristía19.En cuanto a los niños muertos sin bautismo, la Iglesia nos invita a tener confianza en lamisericordia divina y a orar por su salvación. Los que padecen la muerte a causa de la fe, loscatecúmenos y todos los que, sin conocer la Iglesia, buscan sinceramente a Dios y se esfuerzanpor cumplir su voluntad, pueden salvarse aunque no hayan recibido el Bautismo20.Son ministros ordinarios del Bautismo el Obispo, el presbítero, y el diácono21. Sinembargo, en caso de necesidad, cualquier persona, incluso no bautizada, puede bautizar, con talque tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia, y que derrame agua sobre la cabeza delcandidato diciendo: "Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo"22.Para que la gracia bautismal pueda desarrollarse es importante la ayuda de los padres yde la madrina o del padrino, que debe ser un(a) creyente sólido(a), en plena comunión con laIglesia, de al menos 16 años de edad, que haya recibido la Confirmación y la Comunión, y su vidasea coherente con la fe23. Además de los padres y padrinos, todos los que formamos la Iglesiatenemos la responsabilidad de desarrollar la gracia del Bautismo, y de ayudar a los demás ahacerlo.5.3.2.- El sacramento de la ConfirmaciónLa Confirmación, que perpetúa en la Iglesia el don de Pentecostés (cfr. Hch 8,14-17)24, perfeccionala gracia bautismal, fortaleciendo en el bautizado los dones del Espíritu Santo: sabiduría,inteligencia, consejo, fortaleza, conocimiento, piedad y santo temor; acrecienta en él la filiacióndivina, la unión con Cristo y su Iglesia; y le asocia todavía más a su misión para que de testimoniode la fe cristiana con sus palabras y obras. Como el Bautismo, la Confirmación imprime en el almaun signo espiritual llamado “carácter”, que permanece para siempre, por lo que este sacramentosólo se puede recibir una vez en la vida.La Confirmación, que es conferida de ordinario por el Obispo25, la debe recibir todobautizado aún no confirmado que haya alcanzado el uso de razón, que profese la fe, esté engracia, tenga la intención de recibir el sacramento, y esté preparado para asumir su papel dediscípulo y testigo de Cristo26. En peligro de muerte, se debe confirmar a los niños incluso si nohan alcanzado todavía la edad del uso de razón27. El rito es la unción con el Santo Crisma en lafrente del bautizado, con la imposición de la mano del ministro, y las palabras: "Recibe por estaseñal el don del Espíritu Santo". El beso de paz con el que concluye el rito manifiesta la comunióneclesial con el Obispo y con todos los fieles.Para la Confirmación, como para el Bautismo, conviene que los candidatos busquen laayuda espiritual de un padrino o de una madrina, que de preferencia debe ser el mismo que para elBautismo, a fin de subrayar la unidad entre los dos sacramentos28.5.3.3.- El sacramento de la EucaristíaA.- Doctrina y normas litúrgicas y jurídicasNuestro Salvador, en la Última Cena, instituyó el sacrificio eucarístico de su Cuerpo y su Sangre(cfr. Mt 26,28) para cumplir, hasta su vuelta, su promesa: “Yo estoy con vosotros todos los díashasta el fin del mundo” (cfr. Mt 28, 20). Así, entregándosenos como alimento bajo las aparienciasde pan y vino, nos comunica todo el poder salvífico de su pasión, de su muerte y de suresurrección, por el que, liberándonos del pecado, nos une así mismo, al Espíritu Santo, a Dios19Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1233; Código de Derecho Canónico, cc. 851, § 1, 865, 866.20Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. “Lumen gentium”, n. 16; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1281.21Cfr. Código de Derecho Canónico, can. 861, § 1.22Ibíd., c. 861, § 2.23Ibíd., cc. 872-874.24PAULO VI, Const. Apost. "Divinae consortium naturae".25Aunque el obispo puede, en caso de necesidad, conceder a presbíteros la facultad de administrar el sacramento de laConfirmación (cfr. Código de Derecho Canónico, c. 884, § 2).26Cfr. Código de Derecho Canónico, c. 889, §; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1316-1320.27Cfr. Código de Derecho Canónico, cc. 891 y 893, §3. Si un cristiano está en peligro de muerte, cualquier presbítero puededarle la Confirmación (cfr. Código de Derecho Canónico, 883 §3).28Cfr. Código de Derecho Canónico, c. 893, § 1.2.
  5. 5. Padre, y a toda la Iglesia –con la Virgen María, los santos, y los difuntos; con el Papa, el propioObispo, todo el clero y el pueblo de Dios entero–, dándonos así un gusto anticipado de lo que serála dicha del Cielo, y nos fortalece para ser constructores de unidad en nuestra familia, y ennuestros ambientes, con la esperanza de alcanzar la vida eterna y de resucitar. Por eso, sanIgnacio de Antioquía llama a la Eucaristía “antídoto contra la muerte”29, según la promesa deJesús: "El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna" (Jn 6, 51.54.)30.La Eucaristía, del griego "eucharistein", acción de gracias (cfr. Lc 22,19; 1 Co 11,24), esalabanza al Padre; es memorial (actualización) del sacrificio de Cristo y presencia suya; es santosacrificio ofrecido en reparación de los pecados de los vivos y los difuntos, y para obtener de Diosbeneficios espirituales o temporales31. Se le llama también Banquete del Señor (cfr. 1 Co 11,20),Fracción del pan (cfr. Hch 2,42.46; 20,7.11), y Santa Misa, porque la liturgia termina con el envíode los fieles (missio) a que cumplan la voluntad de Dios en su vida cotidiana32. Por eso, laEucaristía entraña particularmente el compromiso en favor de los pobres33.Desde el siglo II, según el testimonio de san Justino34, tenemos las grandes líneas deldesarrollo de la celebración eucarística, que han permanecido invariables hasta nuestros días através de la diversidad de tradiciones litúrgicas: la proclamación de la Palabra de Dios, la acción degracias a Dios Padre por todos sus beneficios, sobre todo por el don de su Hijo; la consagracióndel pan y del vino, y la comunión35. El Misterio de la Eucaristía es tan grande, que nadie puedepermitirse tratarlo a su arbitrio. De ahí el sentido profundo de las normas litúrgicas, que soncompetencia exclusiva de la Sede Apostólica y, en la medida que determine la ley, del Obispo.Todos los fieles tienen el derecho de celebrar una liturgia eucarística verdadera. Por eso debenobservarse las normas litúrgicas, que son garantía de ello.Sólo los obispos y presbíteros válidamente ordenados pueden presidir la Eucaristía yconsagrar el pan y el vino para que se conviertan en el Cuerpo y la Sangre del Señor36. Los signosesenciales del sacramento eucarístico son: pan de trigo y vino de vid37, sobre los cuales esinvocada la bendición del Espíritu Santo y el Obispo o el presbítero pronuncia las palabras de laconsagración dichas por Jesús en la última cena38.Algunos de entre los fieles laicos ejercen servicios; además de los ministerios instituidos delector y de acólito, están los monaguillos, que pueden ser niñas o mujeres. Sólo donde lanecesidad lo requiera, los ministros extraordinarios pueden ayudar al sacerdote celebrante adistribuir la Comunión39.A los sacerdotes se recomienda la celebración diaria de la Misa, aunque no pueda tenersecon asistencia de fieles. La Iglesia manda a los fieles participar en la Eucaristía los domingos ydías de fiesta, y recibir al menos una vez al año la Comunión, si es posible en tiempo pascual40.Los fieles pueden comulgar de rodillas o de pie, y tienen siempre derecho a elegir si desean recibirla Comunión en la boca41; recibirla en la mano sólo se permite en los lugares donde la Conferenciade Obispos lo haya autorizado. No está permitido que los fieles tomen la hostia consagrada ni elcáliz sagrado por sí mismos, ni mucho menos que se lo pasen entre sí de mano en mano42.El fiel laico que ya ha recibido la Eucaristía, puede recibirla otra vez el mismo díasolamente dentro de la celebración eucarística en la que participe43. Todo bautizado, que no tenga29Eph 20,2.30Cfr. JUAN PABLO II, Enc. “Ecclesia de Eucharistia”.31Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1358-1414.32Ibíd., nn. 1329-1332.33Cfr. Mt 25,40; SAN JUAN CRISÓSTOMO, hom. in 1 Co 27,4; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1397.34Apol. 1, 65; 67.35Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1345-1408.36Ibíd., n. 1411.37El pan que se emplea en la Eucaristía debe ser ázimo, de sólo trigo y hecho recientemente. El vino debe ser natural, delfruto de la vid, puro y sin corromper (cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOSSACRAMENTOS, Instrucción “Redemptionis sacramentum”, nn. 48-50).38Cfr. Concilio de Trento, DS. nn. 1640, 1651.39Cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Instrucción“Redemptionis sacramentum”, n. 173.40Cfr. Código de Derecho Canónico, c. 920.41Cfr. CONGREGACIÓN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, Instrucción“Redemptionis sacramentum”, nn. 90, 92, 178.42Ibíd., nn. 179, 94, 181.43Ibíd., n. 182.
  6. 6. impedimento, puede comulgar. En el caso de los niños se requiere que comprendan en sucapacidad el misterio y estén preparados. En peligro de muerte, basta que distingan el Paneucarístico del alimento común44. Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir elsacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar (cfr. 1 Co 11,27-29). Paraprepararse convenientemente a recibir la Comunión, los fieles deben observar el ayuno, al menosde una hora, el cual no obliga a los ancianos o enfermos, así como a quienes los cuidan45.Puesto que Cristo mismo está presente en la Eucaristía, que luego de la celebración de laMisa es guardada en el copón y reservada en el Sagrario –sobre todo para poder llevarla a losenfermos–, es preciso tributarle la debida honra, mediante la Adoración Eucarística, la visita alSantísimo, las Procesiones, los Congresos Eucarísticos, y el rezo del Rosario. El ministro de laexposición del Santísimo Sacramento es el sacerdote y el diácono. En circunstancias especiales,puede exponerlo sin dar la bendición el acólito o el ministro extraordinario de la comunión46.Las Iglesias orientales que no están en plena comunión con la Iglesia católica tienenverdaderos sacramentos, ya que en virtud de la sucesión apostólica han conservado el sacerdocioy la Eucaristía47. Las comunidades eclesiales nacidas de la Reforma, sobre todo por defecto delsacramento del Orden, no han conservado la sustancia genuina e íntegra del Misterio eucarístico48.Si, a juicio del Ordinario49, se presenta una necesidad grave, los ministros católicos puedenadministrar los sacramentos a cristianos que no están en plena comunión con la Iglesia Católica,pero que piden estos sacramentos con deseo y rectitud; en tal caso se precisa que profesen la fecatólica respecto a estos sacramentos y estén bien dispuestos50.B.- Estructura de la Santa MisaLa Misa consta de dos grandes partes: la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística51, que sonpreparadas por los ritos iniciales y terminadas con los ritos conclusivos.1º. Ritos inicialesPara prepararnos a la celebración Eucarística y constituirnos como comunidad, se llevan a cabo losritos iniciales52, que comienzan con la procesión y el canto de entrada, el saludo del sacerdote, elacto penitencial (con el que pedimos perdón a Dios por los pecados cometidos), el “Señor tenpiedad” (a no ser que haya formado parte del acto penitencial), y, los Domingos y celebracionesespeciales, el “Gloria”. Luego, con la oración colecta, el sacerdote recoge las intenciones de lacomunidad.2º. Liturgia de la PalabraEn la Liturgia de la Palabra proclamamos la Sagrada Escritura, de la que se toman la primeralectura, el salmo, la segunda lectura y el Evangelio, que después se explican en la homilía, la cuales competencia exclusiva del sacerdote o a veces, según las circunstancias, también del diácono.Luego manifestamos nuestra adhesión a la Palabra de Dios recitando el Credo, y rogamos alSeñor por las necesidades de la Iglesia y del mundo mediante la oración universal53.3º. Liturgia de la EucaristíaCon la presentación de los dones y la oración sobre las ofrendas empieza la Liturgia Eucarística,cuyo punto central y culminante es la Oración Eucarística, que consta de los siguientes elementos:44Cfr. Código de Derecho Canónico, cc. 912 y 913.45Ibíd., c. 919, § 1.46Ibíd., c. 943.47Cfr. Catecismo de la Iglesia católica, n. 1399.48Ibíd., n. 1400.49Según el Código de Derecho Canónico, c. 134, § 1, por “Ordinario” se entiende: el Papa, los Obispos diocesanos, losVicarios generales y episcopales; y también, respecto a sus miembros, los Superiores mayores de institutos religiososclericales de derecho pontificio y de sociedades clericales de vida apostólica de derecho pontificio, que tienen, al menos,potestad ejecutiva ordinaria.50Cfr. Código de Derecho Canónico, c. 844, § 4; Catecismo de la Iglesia católica, n. 1401.51Cfr. Instrucción General del Misal Romano, Cap. II Estructura de la Misa, sus elementos y partes, I,7.52Ibíd., III, A.24.53Ibíd., III, B. 33-47.
  7. 7. 1. Acción de gracias, que se expresa en el Prefacio; 2. Aclamación (“Santo, Santo, Santo…”); 3.Epíclesis, con la cual, imponiendo las manos sobre el pan y el vino, el sacerdote invoca la fuerzadel Espíritu Santo para que se transformen en Cuerpo y Sangre de Cristo; 4. Narración de laInstitución, en la que el propio Cristo, a través del sacerdote, actualiza su sacrificio y consagra elpan y el vino; 5. Anámnesis, con la cual la Iglesia, haciendo lo que Jesús mandó, realiza elmemorial del mismo Cristo, recordando su Pasión y Muerte, su Resurrección y Ascensión al Cielo;6. Oblación, por la que ofrecemos al Padre a Jesús y nos ofrecemos con Él; 7. Intercesiones:unidos a la Iglesia celeste, pedimos por vivos y difuntos, y por la salvación de todos; 8. Doxologíafinal: en ella, glorificamos a la Santísima Trinidad, diciendo “Por Cristo, con Él y en Él...”. Luego,rezamos el Padrenuestro, nos damos la paz, invitamos a Jesús a nuestra alma recitando “Corderode Dios…”, y le recibimos en la Santa Comunión54.4º. Rito de conclusiónDespués de la comunión, el sacerdote hace la oración, imparte la bendición y despide al pueblo,que debe salir de la Misa fortalecido para cumplir la misión que Dios nos ha confiado.5.3.4.- El sacramento de la Reconciliación“No es voluntad de vuestro Padre celestial que se pierda uno sólo” (Mt 18, 14), exclamó Jesús,quien ha venido a salvarnos del pecado que nos degrada, nos aleja de Dios y de los hermanos, ynos arrebata la vida. En Cristo, el Padre, que a pesar de nuestras faltas nos sigue amando, nosbusca y nos ofrece el perdón que nos reconcilia con Él y con la Iglesia55. “Todo lo que el Hijo deDios obró y enseñó para la reconciliación del mundo –escribe san León Magno–, no lo conocemossolamente por la historia de sus acciones pasadas, sino que lo sentimos también en la eficacia delo que Él realiza en el presente”56. Esto, gracias a que la tarde de Pascua, Jesús dijo a susapóstoles: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; aquienes se los retengáis, les quedan retenidos” (Jn 20, 22-23)57. Por eso, san Pablo afirma: “Diosnos ha confiado el ministerio de la reconciliación” (2 Cor 5, 18).Puesto que la vida nueva de la gracia, recibida en el Bautismo, no suprimió la debilidad dela naturaleza humana, Cristo instituyó este sacramento –llamado sacramento de la Reconciliación,de la Penitencia, de la Conversión, del Perdón, o de la Confesión–, para la conversión de losbautizados que se han alejado de Dios por causa del pecado58. En este sacramento, el Padre, conla fuerza del Espíritu Santo, a través de sus sacerdotes –que son presencia y prolongación deJesús, Buen Pastor–, corre hacia el pecador arrepentido para colmarlo de su amor, y la Iglesia sealegra por la vuelta de aquel hermano “que estaba muerto y ha vuelto a la vida” (Lc 15, 32). “Ir alpadre –afirma san Agustín– quiere decir entrar en la Iglesia... en donde... puede hacerse unaconfesión legítima y provechosa de los pecados"59. “Así debemos hacer nosotros”60, exhorta sanJuan Crisóstomo.Los elementos esenciales del sacramento de la Reconciliación son dos: los actos que llevaa cabo el penitente, y la absolución del sacerdote, a través de quien Cristo nos concede el perdóny establece el modo de la satisfacción61. Los actos propios del penitente son: examen deconciencia, arrepentimiento, propósito de no volver a pecar, acusar los pecados ante el sacerdote,y cumplir la penitencia que el confesor le haya impuesto62.54Ibid., III, C. 48-5655Cfr. CONCILIO VATICANO II, Decr. “Presbyterorum Ordinis”, n. 5; Código de Derecho Canónico, c. 960.56SAN LEÓN MAGNO, “Tractatus 63” (“De passione Domini” 12). 6: CCL 138/A, 386.57Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1485.58Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, n. 297.59SAN AGUSTÍN, ut sup.60SAN JUAN CRISÓSTOMO, hom 10, in epist. ad Rom.61Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, n. 302.62Ibíd., n. 303.
  8. 8. Se deben confesar todos los pecados graves aún no confesados que se recuerdan. Todofiel, que haya llegado al uso de razón, está obligado a confesar sus pecados graves al menos unavez al año, y antes de recibir la sagrada Comunión, si tiene conciencia de estar en pecado grave63.La Iglesia recomienda la confesión de los pecados veniales aunque no sea estrictamentenecesaria, ya que ayuda a formar una recta conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, y aprogresar en la vida espiritual64.La absolución de algunos pecados particularmente graves (como son los castigados con laexcomunión) está reservada a la Sede Apostólica (el Papa y sus colaboradores que han recibidode él esta encomienda) o al Obispo del lugar o a los presbíteros autorizados por ellos, aunque todosacerdote puede absolver de cualquier pecado y excomunión al que se encuentra en peligro demuerte65. En caso de grave necesidad (como un inminente peligro de muerte), el sacerdote puededar la absolución colectiva; pero los fieles que la hayan recibido deben hacer el propósito deconfesar individualmente, cuando sea posible, los pecados graves perdonados de esta forma66.5.3.5.- El sacramento de la Unción de los enfermosJesús, que sabe que la enfermedad y el sufrimiento son los problemas más graves que aquejan lavida humana, nos manda: "¡Sanad a los enfermos!" (Mt 10,8). Por eso, habiendo recibido del Señoresta tarea, la Iglesia intenta llevarla a cabo proporcionando cuidados a los enfermos en sus casi114 mil centros de salud en el mundo, visitándolos en los hospitales o en sus hogares,atendiéndolos mediante la Pastoral Sanitaria, orando por ellos, y administrándoles, por medio delos sacerdotes, la Sagrada Unción de los enfermos67, sacramento instituido por Jesús68, yatestiguado por Santiago (cfr. St 5,14-15).Sólo los sacerdotes (obispos y presbíteros) son ministros de este sacramento69, que seaplica al cristiano gravemente enfermo, o que va a ser sometido a una cirugía, o se halla en peligrode muerte por enfermedad o vejez70. Cada vez que un cristiano cae gravemente enfermo puederecibir la Santa Unción, y también cuando, después de haberla recibido, la enfermedad se agrava.Luego de imponer en silencio las manos al enfermo y orar por él, el sacerdote le unge en lafrente y en las manos con aceite de oliva bendecido, pronunciando las palabras: "Por esta santaUnción, y por su bondadosa misericordia te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, paraque, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad"71.La gracia de este sacramento une al enfermo a la Pasión de Cristo, para su bien y el detoda la Iglesia; le da consuelo y ánimo para soportar cristianamente los sufrimientos; perdona suspecados si no ha podido obtenerlo por el sacramento de la penitencia; le restablece la saludcorporal, si conviene a la salud espiritual; y le prepara para el paso a la vida eterna. Cuando la vidacristiana toca a su fin, la Penitencia, la Santa Unción y la Eucaristía, son “sacramentos quepreparan para entrar en la Patria Eterna"72.5.3.6.- El sacramento del OrdenEn la Última Cena, Jesús hizo a sus Apóstoles partícipes de su sacerdocio único y eterno (cfr. Lc22,19), que ellos a su vez comunicaron a otros hombres (cfr. 2 Tm 1,6). Así, por el Sacramento delOrden, los obispos –sucesores de los Apóstoles–, y los presbíteros –que son sus colaboradores–,se unen de tal manera a Cristo –Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia–, que se convierten enpresencia y prolongación de su vida y de su acción, proclamando su Palabra, celebrando la liturgia63Ibíd., n. 305.64Ibíd., n. 306.65Ibíd., n. 308.66Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1480-1484.67CONCILIO VATICANO II, Const. “Lumen Gentium”, n. 11.68Como se insinúa en Mc 6,13.69Cfr. Concilio de Trento: DS. n. 1697, 1719; Código de Derecho Canónico, c. 1003.70Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. “Sacrosanctum Concilium”, n. 73; Código de Derecho Canónico, c. 1004, § 1;Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1511-1525.71Cfr. Código de Derecho Canónico, c. 847, § 1.72Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1525.
  9. 9. y guiando a la comunidad a ellos confiada73. “Sólo Cristo es el verdadero sacerdote; los demás sonministros suyos”74, afirma santo Tomás de Aquino. El diácono, aún cuando no recibe el sacerdocioministerial, por el Sacramento del Orden participa del servicio de Cristo, ayudando a los Obispos ya los presbíteros.Tres son, entonces, los grados del sacramento del Orden, que sólo puede recibir el varón:el episcopado, el presbiterado y el diaconado. La Ordenación episcopal, plenitud del sacramentodel Orden, hace al Obispo sucesor de los Apóstoles y miembro del Colegio episcopal,compartiendo con el Papa y los demás obispos la solicitud por todas las Iglesias, y le confiere losoficios de enseñar, santificar y gobernar. El Obispo, a quien se confía una Iglesia particular(diócesis), es el principio visible y el fundamento de la unidad de esa Iglesia, en la cualdesempeña, como vicario de Cristo, el oficio pastoral, ayudado por sus presbíteros y diáconos75. ElObispo puede celebrar los siete sacramentos, requiriendo, para la ordenación de otro obispo, elmandato pontificio76.La Ordenación presbiteral hace capaz al que la recibe de actuar en nombre de Cristo.Aunque ordenado para una misión universal, el presbítero la ejerce en una Iglesia particular(diócesis), en fraternidad con los demás presbíteros que forman el “presbiterio”, y en comunión conel Obispo y en dependencia de él77. Los presbíteros (llamados comúnmente sacerdotes o padres)pueden proclamar la Palabra de Dios, bautizar, confesar, presidir la Eucaristía, asistir al matrimoniode los fieles, ungir a los enfermos, celebrar las exequias, bendecir, exponer solemnemente elSantísimo Sacramento y dar la bendición con Él, y, con delegación del Obispo, Confirmar.La Ordenación diaconal capacita al que la recibe para servir a la Iglesia como ministrosagrado bajo la autoridad del Obispo, proclamando la Palabra de Dios, ejerciendo la caridad, ycelebrando el culto divino78: bautizando, asistiendo al matrimonio de los fieles, distribuyendo laComunión, exponiendo solemnemente el Santísimo Sacramento y dando la bendición con Él,celebrando las exequias, y bendiciendo a las personas o las cosas.En cada uno de sus tres grados, el sacramento del Orden se confiere mediante laimposición de las manos sobre la cabeza del ordenando por parte del Obispo, quien pronuncia laoración consagratoria. Únicamente los obispos, sucesores de los Apóstoles, pueden conferir lostres grados del sacramento del Orden, mismo que sólo el varón bautizado puede recibirválidamente, si es considerado apto por la autoridad de la Iglesia. Para el episcopado se exigesiempre el celibato. Para el presbiterado, en la Iglesia latina, son ordinariamente elegidos hombrescélibes que tienen la voluntad de guardar el celibato (cfr. Mt 19, 12). Al diaconado permanentepueden acceder también hombres casados79.Para ayudar al varón que ha sido llamado por Dios al sacerdocio a dar una respuestaadecuada, la Iglesia ha creado, desde el siglo XVI, una institución educativa llamada “Seminario”,lugar y tiempo que revive la experiencia formativa de Jesús a sus discípulos (Mc 3,10). Ahí, através de una formación integral –humana, espiritual, intelectual y pastoral–, se busca hacer quelos futuros sacerdotes sean presencia y prolongación de la vida y de la acción de Jesús, Buen73Cfr. Lc 22, 19; 2 Tm 1,6; Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, n. 335.74SANTO TOMÁS DE AQUINO, Hebr. VII, 4.75Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1557-1560.76Cfr. Código de Derecho Canónico, c. 1013.77Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1562-1568.78Ibíd., nn. 1569-1596.79Ibíd., n. 1580.
  10. 10. Pastor80. Al Seminario Menor ingresan los jóvenes que aún no han terminado sus estudios depreparatoria; al Seminario Mayor lo hacen quienes ya la han concluido. El proceso de formación enel Seminario Mayor comienza con un curso Introductorio y continúa con 3 años de estudios deFilosofía, un año de servicio, y 4 años de Teología.5.3.7.- El sacramento del MatrimonioDios, que es amor, creó al hombre y a la mujer a imagen suya, con la capacidad y laresponsabilidad de amar, que les lleva a una unidad fecunda mediante la Alianza Matrimonial (cfr.Mt 19, 6; Gn 1, 28), ordenada, por su propia naturaleza, al bien de los cónyuges y a la procreacióny educación de los hijos. A esta unión exclusiva e indisoluble entre un hombre y una mujer (cfr. Mc10, 9), que había sido dañada por el pecado, Jesús la restableció a su estado original y la elevó ala dignidad de Sacramento, otorgando a los cónyuges la gracia necesaria para alcanzar la santidaden la vida conyugal, y para recibir y educar responsablemente a sus hijos81.Por su propia naturaleza, el Matrimonio, para su validez, sólo puede celebrarse entre unhombre y una mujer que sean hábiles para contraerlo, y que, consientes de que esta Alianzaconstituye un consorcio permanente y exclusivo, ordenado a la procreación de la prole medianteuna cierta cooperación sexual, expresen libremente su consentimiento de entregarse mutua ydefinitivamente, con el fin de vivir un amor fiel y fecundo. Este consentimiento consciente y libre hade efectuarse en una celebración litúrgica pública, en presencia del sacerdote (o de un testigocualificado de la Iglesia) y de otros testigos82. El matrimonio sacramental que se ha celebradoválidamente y se ha consumado de manera humana, es indisoluble, y es signo del amor de Cristohacia la Iglesia (cfr. Ef 5, 25).Existen impedimentos de derecho divino (o natural) y de derecho eclesiástico queinhabilitan a una persona para contraer matrimonio válidamente. Los impedimentos de derechodivino (o natural), que nunca admiten dispensa son: la impotencia antecedente y perpetua pararealizar el acto conyugal83; estar ligado por el vínculo de un matrimonio anterior, que no haya sidodeclarado por la autoridad eclesiástica disuelto o nulo84; y la consanguinidad en todos los gradosen línea recta (padres-hijos, abuelos-nietos, etc.) y 2º grado colateral (hermanos)85.Los impedimentos de derecho eclesiástico pueden dispensarse. Aquellos cuya dispensaestá reservada al Obispo diocesano son: la edad mínima requerida (16 años cumplidos para elvarón y 14 para la mujer)86; la disparidad de culto (entre católico y no bautizado)87; que el varónhaya raptado a la mujer para casarse, siempre y cuando ella, separada del raptor, libre y en lugarseguro, elija casarse con él88; la consanguinidad en 3º y 4º grado colateral (primos hermanos); larelación de afinidad en línea recta (padrastros-hijastros, suegro-nuera, suegra-yerno)89; la públicahonestidad (la relación que surge del matrimonio inválido o del concubinato notorio o público entrelos consanguíneos en primer grado del hombre o de la mujer)90; el parentesco legal que surge de80Cfr. JUAN PABLO II, Exh. Ap. “Pastores dabo vobis”, n. 60.81Cfr. Mt 19,6; Mc 10,9; Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, n. 346.82Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, n. 343.83Cfr. Código de Derecho Canónico, c. 1084, §1.84Ibíd., c. 1085, §1.85Ibíd., c. 1091.86Ibíd., c. 1083.87Ibíd., c. 1086.88Ibíd., c. 1089.89Ibíd., c. 1092.90Ibíd., c. 1093.
  11. 11. la adopción en línea recta (adoptantes-adoptado, etc.) y 2º grado colateral (adoptado e hijo deladoptante)91.Los impedimentos de derecho eclesiástico, cuya dispensa se reserva a la Sede Apostólicason: el Orden Sagrado (cuando el que desea casarse es sacerdote o diácono, en este caso se ledispensa del celibato y del ejercicio del ministerio, por lo que no puede volver a realizar ningunapotestad propia del sacramento del Orden)92; el voto público perpetuo de castidad (cuando el quedesea casarse había hecho este voto en un instituto religioso, en ese caso deja la vidaconsagrada)93; el crimen (que uno de los dos haya causado la muerte al propio cónyuge o al delotro para poder contraer matrimonio)94.Para ser lícitos, los matrimonios mixtos (entre católico y bautizado no católico) necesitan lalicencia de la autoridad eclesiástica. Los matrimonios con disparidad de culto (entre católico y nobautizado), para ser válidos necesitan una dispensa. En todo caso, es esencial que los cónyugesno excluyan la aceptación de los fines y las propiedades esenciales del Matrimonio, y que elcónyuge católico confirme el compromiso, conocido también por el otro cónyuge, de conservar la fey asegurar el Bautismo y la educación católica de los hijos95.La Iglesia admite la separación física de los esposos cuando la cohabitación entre ellos seha hecho prácticamente imposible, aunque procura su reconciliación. Pero éstos, mientras viva elotro cónyuge, no son libres para contraer una nueva unión, a menos que el matrimonio entre ellossea declarado por la autoridad eclesiástica nulo o disuelto96.La nulidad se declara cuando, luego de un proceso, el tribunal eclesiástico determina quenunca surgió vínculo matrimonial, sea por que alguno de los contrayentes era inhábil para casarseválidamente, o por vicio típico del consentimiento, o por defecto de forma jurídica sustancial97. Ladisolución del matrimonio se da cuando muere uno de los cónyuges, o cuando el Papa concedeuna dispensa del vínculo surgido de un matrimonio celebrado litúrgicamente, pero que no se haconsumado98, o de uniones no sacramentales99.Fiel al Señor, la Iglesia no puede reconocer como matrimonio la unión de divorciadosvueltos a casar civilmente (cfr. Mc 10, 11-12). Sin embargo, muestra hacia ellos una atentasolicitud, invitándoles a una vida de fe, a la oración, a las obras de caridad y a la educacióncristiana de los hijos; pero no pueden recibir la absolución sacramental ni la comunión eucarística,ni ejercer ciertas responsabilidades eclesiales, mientras dure tal situación100, a menos que pormotivos serios que les impidan separarse –como, por ejemplo, la educación de los hijos–,arrepentidos de haber violado Alianza Matrimonial, dispuestos a una forma de vida que nocontradiga la indisolubilidad del matrimonio, asuman el compromiso de vivir en plena continencia,absteniéndose de los actos propios de los esposos. En este caso pueden recibir la absolución en el91Ibíd., c. 1094.92Ibíd., cc. 1078, § 2, nº 1; 1087.93Ibíd., cc. 1078, § 2, nº 1; 1088.94Ibíd., cc 1079, § 2 nº 2; 1090.95Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, n. 345.96Ibíd., n. 348.97Cfr. Código de Derecho Canónico, cc. 1671-1691.98Cfr. Código de Derecho Canónico, c. 1142.99Ibíd., cc. 1143-1147.100Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, n. 349.
  12. 12. sacramento de la Reconciliación y acceder a la Comunión eucarística, procurando ser prudentespara evitar el escándalo101.5.4.- Otras celebraciones litúrgicas5.4.1.- Los SacramentalesLos sacramentales son signos sagrados instituidos por la Iglesia, por medio de los cuales sesantifican algunas circunstancias de la vida. Comprenden siempre una oración acompañada de laseñal de la cruz o de otros signos. Entre los sacramentales, ocupan un lugar importante lasbendiciones, que son una alabanza a Dios y una oración para obtener sus dones, la consagraciónde personas y la dedicación de cosas al culto de Dios102.5.4.2.- El exorcismoUn exorcismo tiene lugar, cuando la Iglesia pide con su autoridad, en nombre de Jesús, que unapersona o un objeto sea protegido contra el influjo del Maligno y sustraído a su dominio. Sepractica de modo ordinario en el rito del Bautismo. El exorcismo solemne, llamado gran exorcismo,puede ser efectuado solamente por un presbítero autorizado por el Obispo103.5.4.3.- Las formas de piedad popularEl sentido religioso del pueblo cristiano ha encontrado en todo tiempo su expresión en formasvariadas de piedad, que acompañan la vida sacramental de la Iglesia, como son la veneración delas reliquias, las visitas a santuarios, las peregrinaciones, las procesiones, el “Vía crucis”, elRosario, etc. La Iglesia, a la luz de la fe, ilumina y favorece las formas auténticas de piedadpopular104.5.4.4.- Las exequias cristianasEl cristiano que muere unido a Jesucristo, alcanza el cumplimiento de la vida nueva, plena yeterna, iniciada con el Bautismo, reforzada con la Confirmación y alimentada en la Eucaristía: “vavivir con el Señor” (2 Co 5, 8). Las exequias son celebraciones que expresan esta verdad, asícomo la esperanza de la resurrección, y la certeza de que los lazos de amor que nos unieron aldifunto en la tierra no se destruyen con la muerte, por lo que podemos rogar a Dios por lapurificación de su alma, de modo que pronto lo admita en el Cielo (cfr. 2 M 12, 45-46)105. Nuestra101Cfr. JUAN PABLO II, Exh. Ap. “Familiaris consortio”, n. 84; CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta alos Obispos de la Iglesia Católica sobre la recepción de la Comunión eucarística por parte de los fieles divorciados vueltos acasar, n. 4.102Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, n. 351.103Ibíd., n. 352.104Ibíd., n. 353.105Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. Dogm. “Lumen gentium”, n. 50; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 354 y 355.
  13. 13. oración por los difuntos puede no solamente ayudarles sino también hacer eficaz su intercesión ennuestro favor106. La Iglesia permite la incineración de los cadáveres cuando con ella no secuestiona la fe en la resurrección del cuerpo107. Así mismo, exhorta a los fieles a no conservar ensu casa las cenizas de los familiares difuntos, sino a darles la sepultura acostumbrada, hasta queDios haga resurgir de la tierra a aquellos que reposan allí y restituya a sus muertos (cfr. Ap20,13)108.106Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 958.107Cfr. Código de Derecho Canónico, c. 1176, § 3.108Ídem., c. 248.

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