Umbral explicadsa y aplicada

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Umbral explicadsa y aplicada

  1. 1. La escuela y su dimensión evangelizadora (DÍAZ-GERILLA-MIRANDA-NANNI) “No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Hch 4,20) La escuela católica1 Particularmente, en el documento “La escuela católica” - de 1977, retomado en 1998 – aparece descrita la imagen ideal de la escuela católica, indicándose los elementos cualificativos de su estructura y misión: 1. Ser escuela, esto es, lugar de cultura y educación; 2. La referencia explícita –buscada y actuada – a Cristo Maestro, así como el presupuesto por la Iglesia dentro del amplio pluralismo que caracteriza el mundo de hoy; 3. La inserción sustancial en las antiguas y siempre nuevas palabras de la tradición cristiana – fe, esperanza, caridad, compromiso por la paz y la justicia, ética y responsabilidad personal y social... para una fecunda síntesis de vida, cultura, fe y promoción en la perspectiva del Reino; 4. La vocación popular, enraizada en el amor por los más pequeños y pobres; 5. La apertura católica a cada persona, cultura y todo tipo de organización social interesada por el hombre y el desarrollo humano integral. 2. Educación y evangelización, síntesis de tensiones a superar2 Educar es acercarse a la persona en toda su amplitud físico-espiritual, superando dicotomías y tensiones: es atender a las dimensiones del saber, como aprender a aprender, del ser, como realización de todas las dimensiones humanas, y del creer, como expresión honda de la totalidad del mismo ser. La Iglesia, ha tomado conciencia de que los centros educativos son un lugar privilegiado de socialización y, por tanto, de evangelización en nuestra cultura y sociedad. Don Bosco excluye de hecho, en su actividad pastoral – pedagógica, la más insignificante disociación entre educación y evangelización. Se ha querido sintetizar su praxis, con una especie de slogan: “Evangelizar educando y educar, evangelizando”3 . Y aunque educar y evangelizar son actividades diferentes en su categoría van estrechamente unidas en el plano de la práctica4 . Por otra parte, el concepto de Evangelización en la escuela está hoy sustituyendo, con nuevo énfasis, al de pastoral. El cambio de lenguaje refleja la historicidad misma de una Iglesia que toma conciencia de sí misma y de su papel inculturado en las coordenadas sociales 1 C. NANNI. ¿Está la escuela para “Hacer Pastoral”?, en “Misión Joven” 304(2002) 16 2 J. BARRERO DÍAZ. La Escuela y su dimensión evangelizadora. Páginas 694-695 3 ACG 290, 29-42. 4 CG 21, 14.
  2. 2. de cada momento histórico, una Iglesia que reconoce la conveniencia de un esfuerzo para que converjan de nuevo fe y cultura, en un mundo en el que estos binomios están divorciados. Tal fue la voz apremiante de Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi, que después Juan Pablo II recogió al generalizar el polisémico contenido que, según el mensaje papal, implica la nueva evangelización. Para un centro educativo, evangelizar es expresar el mensaje evangélico en términos de la cultura actual y de la de nuestros jóvenes y, al mismo tiempo, promover la coherencia entre los ideales del Centro y su estilo y organización. Por eso es una respuesta de todas las personas y estructuras del centro a la necesidad de vivir con sentido, esperanza y coherencia, teniendo como modelo al Jesús del Evangelio y su Buena Noticia, y de acuerdo con un proyecto que lleva al compromiso con determinados principios. ¿Qué añade entonces la Dimensión Evangelizadora con respecto al clásico Colegio cristiano? Añade una motivación nueva proveniente de: a) un mayor peligro de disgregación y yuxtaposición de funciones, y de dejar la dimensión evangelizadora reducida a la acción pastoral de un departamento; b) La verificación de que, a pesar de las definiciones de identidad, pueden darse incoherencias entre las estructuras, normas y estilo directivo de los Centros y los valores evangélicos; c) El deseo de tomar en serio el cambiante contexto familiar y social, conscientes de que vivimos en una sociedad fracturada. Luis González-Carvajal cita cuatro factores que hacen de la escuela católica un medio indispensable para transmisión de la fe: a) es un agente de socialización religiosa; b) dispone de un plan sistemático para educar la fe; c) es un espacio privilegiado para el diálogo fe-cultura; y, d) ofrece un testimonio colectivo de praxis evangélica.5 Socialización religiosa es transmitir generacionalmente la fe, nos dice el autor. Si los tres grandes agentes de socialización son la familia, los medios de comunicación y la escuela, aun siendo verdad que ésta ya no ocupa el papel fundamental que antes tenía en la formación integral de la persona, a la vista del momento por el que atraviesan los dos primeros, nos daremos cuenta de la responsabilidad eclesial en consolidar la escuela como agente de socialización religiosa. No se trata de reimplantar cruzadas, sino de tomarse en serio, con apasionamiento y creatividad, el compromiso que emerge de la fe. Fundamento o raíces de los específico: los valores evangélicos6 Toda educación se fundamenta en valores, y toda educación cristiana en valores evangélicos. Tales valores se hacen presentes en las diversas actividades programadas por la escuela (asignaturas, relación educativa, ambiente, etc.), así como en las no programadas 5 GONZÁLEZ-CARVAJAL, L. Evangelizar en un mundo postcristiano, Sal Térrea, Santander 1993. Citado por Joaquín Barrera Díaz, SJ, Página 696. 6 E. GERILLA, Escuela y educación cristiana: Raíces de lo específico, en “Misión Joven” 304(2002)12 2
  3. 3. (currículo oculto). Ello, sin embargo, no es nada fácil, pues si educar en los valores más humanos y humanizantes se hace difícil, educar en los valores evangélicos se hace más difícil aún, por la adhesión a la fe que muchos de ellos comportan. La dificultad, sin embargo, en nada mengua la necesidad, sólo manifiesta la exigencia y hasta la urgencia, de una mayor sabiduría, cuidado, dedicación y profesionalidad, ya que la carencia de los valores evangélicos conllevaría la pérdida de las raíces, de los específico, de la razón de ser de la escuela cristina en una sociedad plural. Pero los frutos de la educación cristiana no se obtienen sólo por querer (buena voluntad), sino que también es necesario saber-hacer (profesionalidad), pues educar en los valores evangélicos no es sólo tarea vocacional, sino también de conocimiento científico. Hacer sin saber-hacer produce ineficacia, pues el cuidado y cultivo de los valores no se realiza de modo automático, sino mediante la adhesión interior del educando, convenciendo a éste de la bondad del valor, y no venciendo de modo impositivo. La Sagrada Congregación para la Educación Católica sostiene la necesidad de conjugar todos los elementos del centro educativo en orden a su identidad, destacando el papel decisivo de los educadores, pues estos son los primeros responsables en la creación de un ambiente y estilo cristiano con la palabra y la vida. “Si no es así, poco o nada quedaría de la escuela católica”7 . Si son laicos, aportan su testimonio de fe y competencia científica; si son religiosos ofrecen su carisma, “su vida al servicio de los alumnos, sin intereses personales, convencidos de que en ellos sirven al Señor”8 . De este modo, la escuela está orientada a formar personalidades cristiana en las que se “funden armónicamente la fe, la cultura y la vida”9 . Entre implicación, encarnación, crítica y profecía10 La urgente invitación el Papa a “remar mar adentro”, en los albores del nuevo milenio, intentando ser personas de esperanza para el mundo contemporáneo (cfr. NMI, 1), nos empuja a pensar otros modos de relación Iglesia-mundo, fe y cultura, educación y fe: en la perspectiva de un modelo de “mutua implicación” y reciprocidad basado en el paradigma de la encarnación, por una parte, y situado por otra, en el horizonte trascendente de la “Verdad de Dios”, del Reino y su Justicia (cfr. Mt. 6,33), de la plenitud de humanidad que nos manifiesta el Cristo Resucitado (cfr. Ef. 4,13). Asumidas la especificidad y diferencia tanto de la cultura como de la fe – situadas dentro de la lógica de la autonomía y su expresión escolar-civil – el modelo de la “mutua implicación” recibe su fundamentación teológica del “paradigma de la encarnación”. Dios no sólo se hace hombre y asume lo humano, sino que nos muestra – en la humanidad y vida de Jesús – cómo es en lo humano y a partir de lo humano donde resulta posible alcanzar y vivir “en” Dios. Llegar a Dios, en efecto, no supone la salida de lo humano, sino que consiste en procurar más profundamente la plenitud y realización de la propia y común humanidad (el ámbito de la trascendencia es visto no sólo como “superioridad”, sino también como “profundidad”). 7 Instrucción Dimensión Religiosa de la Educación en la Escuela Católica, Roma, 7 de abril 1988. No. 26. 8 IBÍD., 35 9 IBÍD., 33-34 10 E. GERILLA, 17-18 3
  4. 4. El encuentro con Dios acontece “en la carne” humana, en la historia humana, en el tiempo y espacio humanos, -reconciliados con lo eterno-, en la lógica de la libertad humana y los modos existenciales humanos – ser libre, con otros, abierto a la trascendencia -, realizándose definitivamente en la plena humanización – cuya base se encuentra en el “don” de Dios -. En este sentido, sigue siendo verdad la afirmación de San Ireneo de que la gloria de Dios consiste en que el hombre viva, así como cuanto afirma la GS en el número 22: “En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”11 . Para cuidar de este proceso de humanización y personalización del mundo, de la humanidad, de la cultura, en el horizonte de la humanidad del Cristo resucitado, entonces, la pastoral asume intrínsecamente la caracterización educativa; no sólo “accidentalmente”, como si solamente se tratase de “aplicar” o superponer la visión cristiana del mundo y de la vida para arropar a las generaciones en crecimiento, como niños, adolescentes, jóvenes, etc. La pastoral es educativa en el sentido fuerte del término: por sostener, ayudar y estimular el crecimiento en plenitud evangélica de la humanidad par todos y conforme la medida – y el don de Dios – de cada uno. 3. La educación, un ministerio de la Iglesia necesario en nuestra sociedad12 . 3.1 Ministerio necesario. Juventud y Familia, secularización creciente La realidad de indiferencia ante un planteamiento creyente de la existencia es cada vez mayor. En las aulas, el lenguaje, los signos y las referencias religiosas son mundos del todo desconocidos, perdidos, en el mejor de los casos, en la memoria trasnochada de los cuentos de la abuela. Ante esta poco halagüeña situación, y hace unos años que el P. General de la Compañía de Jesús advertía que “abandonar el ministerio de la educación equivaldría a abandonar la evangelización del mundo... un ministerio del que tiene necesidad la Iglesia de hoy”. De la actual fragmentación de la familia se sigue que sean muchos los jóvenes que están buscando un “hogar” y que llegan a los centros educativos con una gran receptividad, en un momento en el que su identidad necesita ser confirmada y reconocida, aunque no siempre se sea consciente de ellos. Rosa Aparicio, en un escrito sobre la socialización religiosa en la familia, publicado por el Instituto “Fe y Secularidad”, nos señala que en los colegios hoy tenemos a los hijos de lo que ella llama madres secularizadas, incapaces ya de transmitir una memoria religiosa que pueda servir de base al afán pastoral de los Colegios. Javier Elzo, en un interesante artículo sobre la postura de rechazo o de displicente ignorancia de los jóvenes ante la Iglesia, confirma este mismo pensamiento: “Sospecho que estamos entrando en la primera generación de jóvenes que no han sido educados religiosamente en sus propias casas, especialmente en aquellas familias cuyas madres tienen una educación superior, trabajan en oficios no manuales fuera de casa y tienen labores de cierta relevancia”13 11 IBÍD., 19. 12 J. BARRERO DÍAZ, IBÍD., 697-699 13 ELZO, Javier. “Los jóvenes españoles y la Iglesia: una relación asimétrica” . Sal Térrea, abril 1999. Citado por Joaquín Barrera Díaz, SJ. Página 697 4
  5. 5. 3.2 Ministerio de dos velocidades: A) Evangelización fundamental o de umbral; y, B) evangelización explícita. Eterna tensión entre una evangelización que llegue a todos y una pastoral de grupos. Discurramos del modo que sea, no estamos libres ni dispensados de “hacer discípulos a todas las gentes” (Mt 28,19). A) La Evangelización fundamental precisa partir de una base antropológica: cuáles son los valores humanos desde los que es posible favorecer la dimensión evangelizadora y la acción pastoral. La Escuela con “misión” está urgida a actualizar todo lo que significa la dimensión de formación humana: equilibrio personal, libertad responsable, convivencia y participación, solidaridad y servicio, sensibilidad social, sentido ético. Denominamos “pastoral de umbral” o educación antropológica a este aspecto o eje transversal basado en un primer y general nivel de educación en valores humanos iluminados desde el Evangelio, una previa evangelización, sin la cual la evangelización explícita y la educación en la fe quedan desintegradas y sin cimientos. B) Pero también al Centro Educativo con misión le compete proclamar una formación religiosa explicita y cultivar el deseo de adhesión a Jesús, a través de la vida sacramental y oracional, en unidad con la comunidad eclesial: “No hay evangelización verdadera mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios”14 . 3.3 Ministerio para el diálogo fe-cultura La cultura actual se distancia cada vez más del Evangelio. La ruptura entre ambos “es, sin duda alguna, el drama de nuestro tiempo”15 . Hace falta, conforme a lo que denominamos “evangelización de la cultura”, inculturar la fe, insertarla en la cultura, saludar todo lo que ella encierra de positivo y humanizador y denunciar los contravalores que deshumanizan. Para que se pueda dar el diálogo entre la fe y la cultura se precisa que ambas se encuentren en algún lugar. En este sentido, los Centros Evangelizadores están llamados a ser un lugar privilegiado para ese encuentro, un laboratorio donde se ensaye la síntesis de la fe cristiana con la cultura de hoy. Y esto como finalidad educativa irrenunciable, puesto que el compromiso por la justicia sólo resulta eficaz cuando comporta la transformación de la cultura. En esta dimensión, a la Escuela Evangelizadora, identificada con un talante liberador de toda persona y de toda la persona, se le pide:  Sea plataforma de cercanía y diálogo entre la fe cristiana y los puntos nucleares de las culturas contemporáneas, convencidos de que nuestra identidad creyente y sus valores educativos son una palabra válida y necesaria;  Sea pregunta creativa sobre cómo educar en el contexto de una nueva cultura, con todos sus aspectos positivos y perplejidades, y cómo educar en valores en un mundo que parece haber perdido coordenadas fijas...; 14 PABLO VI, Evangelii Nuntiandi, 22 a. 15 Ibíd., 20 5
  6. 6.  Sea consecuente con lo que significa para la vida y programación de cada Centro, una opción en la que, por una parte, se aprecian las características y problemas más acuciantes del lugar en que se vive y, por otra, se acogen los rasgos distintivos de otras civilizaciones cada vez más presentes entre nosotros. 4. El colegio evangelizador16 4.1 Carta de presentación: A) Identidad; y B) Proyecto Educativo A) Frente a las culturas globalizantes, nuestra sensibilidad requiere la consolidación de las identidades. González-Carvajal nos invita a recuperar “aquel atrevimiento de los primeros testigos del Resucitado... que les permitía decir sin arrogancia, pero con naturalidad: “No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Hch 4,20)”17 Es necesario que se vea el “alma” de las obras educativas. La identidad de un Colegio no la da el conjunto de sus actividades, ni siquiera la calidad técnica ni de funcionamiento, sino los porqué, las razones, los motivos, la finalidad y el sentido – lo que llamaríamos la místicas que anima su totalidad-, creando un determinado modo de ser y de estar, de generar, de impartir y divulgar ciencia y cultura. Centro educativo evangelizador es, pues, el que se refiere últimamente a Jesús y su Buena Noticia como modo de ver e interpretar la realidad. Toda Identidad, a la hora de la práctica, se sustente en una opción educativa y en un modelo. Por eso la Escuela Católica, como finalidad educativa irrenunciable, requiere ofrecer un proyecto de centro coherente, en el que se fundan armónicamente fe, cultura y justicia, en el que se evite la divergencia entre la pastoral y lo educativo y en el que se sepa evolucionar desde un proyecto del Departamento de Pastoral a un proyecto de Centro Evangelizador. 4.2 Los agentes de la Misión evangelizadora Cada educador, desde su carisma peculiar, es sujeto activo de la evangelización. Nadie tiene la exclusiva. Hoy este horizonte, por un afortunado avance eclesiológico, se abre con una perspectiva mucho más honda de Iglesia comunión. En el marco de este implícito menciono tres instancias evangelizadoras de especial relevancia:  Equipo Directivo. El desarrollo el proceso educativo integral depende más del liderazgo del Equipo Directivo que de los encargados de la Pastoral, cuya función es definida especialmente desde el papel de mediadores. Al Equipo Directivo corresponde dar sentido a toda l acción educativa y ser correa de transmisión hacia los otros estamentos, venciendo la tentación de vivirse desbordados por la vorágine de una compleja gestión que se impone sobre la fundante misión apostólica.  Profesorado. Con sincero respeto a la libertad y el compromiso de cada profesor, un Centro Evangelizador aspira a crear un clima dentro del Claustro en el que sea posible buscar y comentar su propia visión educativa, su inquietud vocacional, y en el que se 16 BARRERO DÍAZ, IBÍD., 700-705 17 GONZÁLEZ-CARVAJAL, L., op. cit., pp. 133-135 en BARRERO DÍAZ. 700. 6
  7. 7. potencien en todos los educadores generosas dosis de disponibilidad, más allá de los límites profesionales. El profesor vocacionado entiende como misión su función docente y se esfuerza por concretarla en cada campo o asignatura, concibiendo su rol de manera nueva: es el que ayuda a buscar conocimientos sin imponerlos, el que guía las mentes sin moldearlas, el que facilita una relación progresiva del alumno con la verdad. Y el que no olvida su pertenencia a una comunidad educativa en la que se comparten valores y objetivos básicos, preocupaciones comunes, y en la que se vive la educación como una aventura colectiva sostenida sobre los pilares de la colaboración.  Coordinador y Comisión de Evangelización/Pastoral. Reforzar las estructuras pastorales no contradice la teoría del Colegio, suya tarea evangelizadora incumbe a todos, pero ante la que no todos pueden ni deben desempeñar las mismas funciones. Por sentido de eficacia se impone una organización. “Coordinador de Pastoral” o “Delegado de Evangelización del Centro”, “Comisión de Evangelización” o “Pastoral”...: con el nombre que sea, lo importante estriba en asumir su función con sentido de delegación, no de responsabilidad última; un papel de mediador que, por una parte, hace de puente e integra la dimensión evangelizadora con las otras dimensiones educativas y, por otra, ofrece medios para lograr esas integración. Le(s) corresponde programar y evaluar la transversalidad del Centro y recoger los atisbos proféticos y críticos que puedan surgir desde cualquier estamento de la comunidad educativa, que nos llame la atención sobre el peligro de parálisis o desvío que toda gran institución comporta. 4.3 Por sus frutos los conoceréis. Algunos objetivos para la praxis diaria  El Centro que evangeliza educando está llamado a formar parte profesionalmente competente, en medio de una cultura de la mediocridad. Esto no va en contra de la idea de un cosmos más cristiano y solidario. La problemática de la sociedad no se arregla sólo con buena voluntad ni con nobles ensueños, sino que precisa de gente bien equipada y forjada en la disciplina del estudio.  El Centro que evangeliza educando actualiza todo lo que significa la dimensión de formación humana: equilibrio personal, libertad responsable, convivencia y participación, servicio, sensibilidad social, sentido ético de la vida...  El Centro que evangeliza educando valora con estima todo el mundo paraescolar, deportivo y de actividades de ocio y tiempo libre, dada su innegable incidencia en la vida de la juventud. La educación va más allá del aula.  El Centro que evangeliza educando conduce a toda la comunidad educativa a hacer el camino e la interiorización y personalización de la fe, proponiendo experiencias vitales que desemboquen en acciones trasformadoras de la realidad.  El Centro que evangeliza educando opta decididamente por la participación de los laicos en las tareas evangelizadoras.  El Centro que evangeliza educando entiende la obra educativa como un proyecto que admite y potencia la presencia y participación de los padres y madres.  El Centro que evangeliza educando asume ejemplarmente las exigencias seculares y busca ser un Colegio coherente en todos los aspectos: legales, técnicos, económicos, profesionales, pedagógicos... 7
  8. 8.  El Centro que evangeliza educando revisa continuamente, por medio de la auto y hetero-evaluación, su calidad de centro evangelizador como modo de conocer a dónde se quiere ir, de corregir errores, de establecer prioridades...  El Centro que evangeliza educando, en definitiva, quiere ser reconocido por: - un proyecto educativo que incluya en todas las dimensiones valores y contravalores previos a la evangelización explícita y que, a su vez, posibilite los medios precisos para una libe y adulta expresión de la fe; - un talante de trabajo en equipo en clima de diálogo y desde una responsabilidad compartida; - una incesante preocupación por la formación permanente del profesorado y, en especial, por la formación de los agentes de pastoral en una actualizada teología y metodología pedagógica y catequética. 5. Algunas claves a cuidar en un centro evangelizador Enumero una sencilla sugerencias. La lista está abierta a las vicisitudes de cada situación social y eclesial. Con todo, me atrevo a decir que ninguna de setas claves debería hoy ser desentendida. Está en juego la credibilidad del ministerio eclesial de la educación al servicio de la fe y de la justicia y su contribución real a la inclusión de toda persona y de todo pueblo en la fraterna globalización de un Reino desolado por el “todavía no”, pero que no desconfía ni pierde de vista el horizonte del “ya sí”:  Apostar siempre por el fondo utópico de la educación, tal como afirman las palabras de E. Mounier: “Educar es despertar a un ser humano, ayudarle a ser él mismo, a construir su personalidad y a encauzar su vocación en el mundo”, con una perspectiva crítica que le capacite para el análisis de la realidad, acercándose a lo concreto desde una visión global del mundo.  Crear condiciones de posibilidad para educar en la trascendencia y en la experiencia personal interior, mística, que lleva a intuir que todo está habitado amorosamente por Dios. Desde ahí, el alumno comprenderá muchas posturas contraculturales como la gratuidad, la misericordia, la libertad que hace justicia al débil, la responsabilidad definida como apertura generosa al otro...  Pelear y fraguar una Escuela Evangelizadora motivada por una vivencia de Dios que genera en ella la necesidad de decirse (Hch. 4, 20: “No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído”) y en la que brote, más espontánea y libre, la transmisión de nuestra razón de ser, que no es otra que el Señor (Flp. 1, 21: “para mí la vida es Cristo”).  Promover una formación social que, además de cimentar los contenidos doctrinales de la Iglesia, lleve a los jóvenes a la comprensión personal de la unidad fe-justicia y a opciones de solidaridad, voluntariado y servicio en un tiempo histórico dominado por la competitividad, el individualismo y la indiferencia ante el otro.  Mantener viva la preocupación por los alumnos más necesitados, más desestructurados por situaciones familiares, más limitados por carencias físicas o psíquicas, más en desventaja por motivos, étnicos, culturales, económicos... y que son merecedores de una especial solicitud, siguiendo la terminología de P. Ricoeur para expresar la incondicional apertura al prójimo. En consecuencia, luchar por desterrar la imagen generalizada de 8
  9. 9. una escuela evangelizadora que no está abierta a los débiles, los inadaptados, los excluidos y que no es receptiva al diálogo con las culturas emergentes. En este sentido, hacer de la atención a la diversidad un distintivo que identifique la acción educativa de la Escuela evangelizadora, de manera que el debido interés por la calidad y excelencia educativa no la convierta en una escuela de élites, en la que se que se lucen los éxitos de los triunfadores y se ocultan a las víctimas de un proceso educativo pensado sólo para los mejores.  Fomentar nuevas formas de relación entre las distintas instituciones religiosas, incluida la Iglesia local y diocesana, para encarar los crecientes desafíos de la educación en la fe y la evangelización, frente a particularismos de carismas cerrados y excluyentes.  Finalmente, y con sentido práctico, cuestionarse y responder adecuadamente acerca de la repercusión que supone la dinamización de la Escuela en función de su dimensión evangelizadora: en la jerarquización de las prioridades, en el organigrama, en la planificación de actividades, en la preparación del calendario, en la política de formación del personal docente y no docente, en el régimen económico, en la implicación con las familias... ¿Qué pastoral en la escuela?18 Rasgos generales a. En primer lugar, sin embargo, tiene que ser “pastoral en la escuela” contemplada en todas sus facetas, presencias y procesos, en todas las dinámicas relacionales y de aprendizaje. La escuela – en el conjunto, en lo específico y en sus componentes comunitarios – constituye un “lugar pastoral”. Por tanto, deberá ser pastoral para – y de – los estudiantes, también para – y de – los enseñantes, para el – y del – personal directivo y no docente, para – y de – los padres y familias. Además y dado el carácter de inserción en la zona, así como la creciente relevancia de la escuela dentro de ella, también la pastoral escolar habrá de desarrollarse como “pastoral de conjunto” como una modalidad específica de la “pastoral de ambiente” – diversa, por ejemplo, de la parroquia o de la llevada a cabo por las distintas asociaciones -. b. Desde otra perspectiva y debido a la naturaleza transversal de la educación escolar – entrelazada fuertemente con el conjunto de los mundos vitales personales y comunitarios (vida familiar, tiempo libre, deporte, trabajo, comunicación social, etc.), dentro de un complejo entrecruzamiento de educación formal, informal o no-formal- la pastoral escolar se ve obligada a conectase con la pastoral juvenil, la familiar, con la pastoral del deporte y del tiempo libre, la pastoral del trabajo y de la comunicación social... “Una pastoral, pues, acorde con la índole transversal de la educación!. A la hora de buscar conexiones y relaciones, no debemos perder de vista la peculiaridad de la educación en la escuela, esencialmente enfocada desde los procesos de aprendizaje y formación cultural; por lo que la pastoral ha de ser pastoral del hacer o “tener escuela”. De ahí que repensar las materias, saberes y competencias a la luz de la “paideia de Cristo” (Ef. 6,4) y apoyar sus interiorización, impulsando las capacidades interiores de una vida personal humanamente digna, serpa uno de los modos concretos 18 NANNI, IBÍD., 19 9
  10. 10. de hacer pastoral “desde dentro”: un proceso del que son protagonistas los propios estudiantes que han de responsabilizarse de su plena formación, cultura, visiones del mundo y de la vida, de su cuadro de valores, de la formación cívica y profesional... no aislada sino cooperativamente, en conjunción con los demás y dentro de la comunidad educativa19 . c. En las escuelas salesianas, por ejemplo, la “tradición preventiva”, empujará la pastoral a: 1. Impulsar principalmente los recursos de la experiencia y las potencialidades de lo sujetos en formación, así como de todos los miembros de la comunidad educativa; 2. Actuar “con anticipación” o preventivamente, preparando y proyectando operativamente intervenciones positivas, adecuadas, pertinentes, eficaces y significativas; 3. Situarse en el horizonte de una razón, religión y “amor educativo” a la altura del XXI, conforme a estilos de presencia y cercanía cual “padres, maestros y amigos”; 4. Convocar a todos los miembros de la comunidad educativa, incluidas las familias y las fuerzas civiles y eclesiásticas de la zona, para promover personas capaces de ser “buenos cristianos y honrados ciudadanos”20 . d. Fácilmente podemos comprender que, en línea con la práctica habitual de los centros, es necesario disponer de algunos elementos que nos permitan realizar una evaluación inicial de nuestros destinatarios para situar nuestra oferta y los esquemas que deben servir de referencia para el proceso de animación pastoral. Por ello habrá que diseñar algunos instrumentos de análisis que permitan identificar las necesidades, las posibilidades y las expectativas de los destinatarios de nuestra acción pastoral. Se trata de evaluar la situación con que llegan los alumnos al centro. Unos resultados, debidamente sistematizados y analizados permiten elaborar el Plan de Animación Pastoral de la escuela con mayor conocimiento de causa y un sentido más realista de sus objetivos y metodologías de trabajo21 . e. Se trata de otro de los elementos pedagógicos de la escuela actual que nos exige ser capaces de comunicar a nuestros destinatarios un conjunto de contenidos (conceptos, procedimientos, actitudes) cercanos a sus intereses, a sus conocimientos previos, o a la satisfacción de sus necesidades y expectativas y, en este sentido, muchas de nuestras rutinas de animación pastoral tienen no pocos aspectos que conviene reenfocar, preguntándonos muchas cosas sobre la significatividad real de nuestras ofertas pastorales para nuestros destinatarios. Podemos fijarnos en nuestros lenguajes y terminologías; nuestros signos religiosos, litúrgicos, comunitarios; el nivel de coherencia de nuestra oferta pastoral con los demás esquemas educativos del Centro; nuestros sistemas de comunicación en todas sus variedades; los significados que, desde su vida concreta, conceden los niños, los adolescentes a los jóvenes a nuestros mensajes pastorales; las distintas lecturas que realizan a partir de sus esquemas de oración, de celebración, o de nuestras propuestas ético-morales y de compromiso con la 19 IBÍD., 20. 20 IBÍD., 21. 21 A. MIRANDA. ¿Pastoral en la escuela? ¡Escuela en Pastoral! En “Misión Joven” 304(2002)30. 10
  11. 11. sociedad, sobre todo, con los jóvenes. Es fácil que, a partir de un análisis de este tipo lleguemos a comprender los esquemas de significatividad interiorizados por nuestros destinatarios que pasan por elementos a los que, con frecuencia, les damos poca importancia: la música, el reflejo corporal, la sensorialidad integral, la dimensión estética, la preocupación ecológica, el sentido del perdón y reconciliación consigo mismos, etc.22 . f. Como en las demás áreas del currículo formativo de los alumnos, hablamos de educadores cuya función mediadora opta por: 1. La propuesta, más que por la norma. 2. El acompañamiento, más que por el dirigismo. 3. El proceso, más que por las acciones. 4. Los objetivos más que por los contenidos. 5. El trabajo en equipo más que por la acción individualista, por genial que sea. 6. El reconocimiento del destinatario como protagonista principal de su propio proceso formativo. 7. Comprender y asumir las consecuencias de contar con la diversidad de ritmos en cada destinatario. 8. Dejar espacios a la acción del Espíritu que actúa cuándo, cómo y dónde quiere. 9. Reconocerse como instrumento cualificado, pero instrumento, al servicio del que “viene detrás”. Se trata, en definitiva de sentirse mediador entre la cultura y la experiencia religiosa o eclesial y los destinatarios lo que supone, y más en el ámbito escolar, metodologías y relaciones similares a las indicadas para el desarrollo del currículo escolar, donde el educador permanece siempre más atento a los procesos y al desarrollo evolutivo de la personalidad integral de los alumnos que a los simples contenidos por importantes que sean. g. Y todo esto en un Proyecto de Animación Pastoral de la Escuela. El diseño, desarrollo, evaluación y propuesta de mejora de nuestra acción pastoral en la escuela, pasa por un Plan de Animación Pastoral que trate, en serio, de llegar a hacer de la escuela una “escuela en pastoral”. Y Ahora hablaremos de análisis de situación y de objetivos, contenidos, metodologías, recursos..., es decir, cómo se hacen las cosas en la escuela. ¡Porque no queremos salirnos de la escuela ni colgarle “añadidos a la escuela”!23 . /hfmg. CERCA 2002. ESCUELA Y SU DIMENSIÓN EVANGELIZADORA 2. 22 IBÍD., 30 23 IBÍD., 31 11

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