Comisión Episcopal para la Comunicación SocialPERIODISMO DE LA FEEugenio Lira RugarcíaCAPÍTULO IV
CAPÍTULO IVLO QUE LA IGLESIA CREE4.1.- El Dios único, Creador de todas las cosas, se ha revelado a la humanidadDios es úni...
hebreo “Mesias”, “Ungido”), ya que Dios lo ungió con el Espíritu Santo para salvarnos. Jesucristoes verdadero Dios y se hi...
Getsemaní fue a orar para pedir fuerza a Dios, de modo que, por amor, puediera ser “obedientehasta la muerte” (Flp 2,8).Es...
Los dones que Dios nos concede, por Cristo, mediante el Espíritu Santo, son disposicionespermanentes que ayudan al cristia...
La vida consagrada, a la que pueden acceder tanto sacerdotes como laicos, desea imitar aCristo, casto, pobre y obediente46...
deben pasar por una purificación espiritual (Purgatorio) después de su muerte, a fin de alcanzar lasantidad necesaria para...
Upcoming SlideShare
Loading in …5
×

Q lo que la iglesia cree

216 views

Published on

0 Comments
0 Likes
Statistics
Notes
  • Be the first to comment

  • Be the first to like this

No Downloads
Views
Total views
216
On SlideShare
0
From Embeds
0
Number of Embeds
5
Actions
Shares
0
Downloads
4
Comments
0
Likes
0
Embeds 0
No embeds

No notes for slide

Q lo que la iglesia cree

  1. 1. Comisión Episcopal para la Comunicación SocialPERIODISMO DE LA FEEugenio Lira RugarcíaCAPÍTULO IV
  2. 2. CAPÍTULO IVLO QUE LA IGLESIA CREE4.1.- El Dios único, Creador de todas las cosas, se ha revelado a la humanidadDios es único, pero no solitario: es Padre, Hijo y Espíritu Santo (cfr. Mt 28, 19)1. Él, que esmisericordioso, eterno, verdad, amor, omnipotente y perfecto, ha creado libremente todas lascosas, haciéndolas esencialmente buenas2; las conserva en su existencia y las lleva a plenitud3.Entre sus criaturas destacan el hombre y la mujer, a quienes creó a imagen y semejanza suya (cfr.Gn 1,26), para que participaran de su vida plena y eternamente feliz4.Esto lo sabemos porque Dios lo ha revelado a los primeros seres humanos, y luego, através de una serie de etapas –las alianzas con Noé, Abraham, Moisés, y los profetas–, quealcanzaron su culmen definitivo en Jesús, quien se encarnó, padeció, murió y resucitó por amor,para comunicarnos al Espíritu Santo, y así rescatarnos del pecado, convocarnos en su Iglesia, yhacernos hijos de Dios. Esta Revelación, contenida en la Biblia y en la Tradición5, ha sido confiadapor Cristo a su Iglesia, encomendando al Magisterio, que es la enseñanza del Papa y de losObispos en comunión con él, su recta interpretación.Dios se nos revela para invitarnos a la comunión con Él. A nosotros toca estrechar la manoque nos tiende a través de la fe, que consiste en fiarse plenamente de Dios y acoger su Verdad,garantizada por Él, que es la Verdad misma6. Para que podamos hacerlo, la Iglesia, que es laprimera que creé, como una madre nos enseña a creer7, de modo que, cooperando con nuestrainteligencia y nuestra voluntad al don divino, podamos confiar en Dios y unirnos a Él, profesando,proclamando, y celebrando su amor; comprometiéndonos a reconocer la unidad y dignidad detodos los seres humanos, respetando, promoviendo y defendiendo su vida y sus derechosfundamentales; y cuidando y usando responsablemente el medio ambiente8.4.2.- El estado original y la caídaDios creó todo bueno, encomendando a la humanidad, creada a imagen y semajanza suya9, viviren plenitud y perfeccionar la tierra10. Así, en el estado original, el hombre y la mujer vivían enamistad con Dios, en armonía consigo mismos y con la creación, sin sufrimiento ni muerte11. Sinembargo, esta felicidad fue rota cuando, tentados por el diablo, desconfiaron de Dios (cfr. Gn 3,1-11), cometiendo así el pecado original, por el que se alejaron del Creador, quedaron divididosconsigo mismos, debilitados e inclinados al mal (concupiscencia); las relaciones entre las personasse volvieron tensas, la armonía de la creación se rompió, y el sufrimiento y la muerte entraron en lahistoria. Por la unidad del género humano, la herida de este pecado se trasnmite a toda la gente12.Pero Dios no nos abandonó, sino que envió como salvador a Cristo, quien nos ha dado bienesmayores de los que nos quitó el pecado: llegar a ser hijos de Dios13.4.3.- Jesús, Dios que salva, nacido de la Virgen MaríaDespués de preparar a la humanidad a través del pueblo de Israel, como lo narra el AntiguoTestamento, Dios envió a su Hijo, Jesús, cuyo nombre significa “Dios salva”. Él es el “Cristo” (del1Cfr. Mt 28,19; 2 Co 13; Catecismo de la Iglesia Católica. nn. 253, 254, 266.2Cfr. Gn 1,4.10.12.18.21.31.3Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica. nn. 299, 320, 323.4Ibíd., nn. 221, 231.5“Manteneros firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta” (2 Tes 2, 15).6Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, n. 25.7Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica., nn. 167, 168, 186, 187, 188.8Ibíd., nn. 222-227.9Cfr. Gn 1,27.10Cfr. Gn 1,28; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 373.11Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 374-379.12Ibíd., nn. 397-418.13Cfr. Rm 5,20; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 410-412 y 421.
  3. 3. hebreo “Mesias”, “Ungido”), ya que Dios lo ungió con el Espíritu Santo para salvarnos. Jesucristoes verdadero Dios y se hizo verdadero hombre al encarnarse de María, la Virgen (cfr Gal 4,4-5)14.María es la “llena de gracia” (Lc 1,28), ya que, en atención a los méritos de Jesucristo, fueconcebida y preservada de todo pecado15. Dando su consentimiento, llegó a ser Madre de Jesús ypor lo tanto, Madre de Dios16. Fué siempre Virgen. Los llamados “hermanos y hermanas de Jesús”,que se mencionan en Mc 3,31-55;6,3, eran parientes próximos, según expresión del AntiguoTestamento (cfr. Gn 13,8 ; 14,16 ; 29,15). Por ejemplo: Santiago y José, llamados “Hermanos deJesús” (Mt 13,55), son hijos de una “María” distinta de la Virgen, como consta en Mt 27,56; 28,117.Jesús es el Hijo único de María, pero su maternidad espiritual, por voluntad del propio Cristo, seextiende a toda la humanidad (cfr. Jn 19,26-27). Ella, al término de su vida terrena, fue llevada porDios a los Cielos en cuerpo y alma (Asunción), tal y como lo atestigua la Tradición de la Iglesia.Jesús, cuyo camino inmediato fue preparado por Juan el Bautista18, vino al mundo parasalvarnos, es decir: para mostrarnos el amor de Dios y llevarnos a la comunión con Él,liberándonos del pecado, convocándonos en su Iglesia, haciéndonos participes de la naturalezadivina, y siendo nuestro modelo de vida19. Así, nacido en Belén en la humildad de un establo (cfr.Lc 2, 6-7), se manifestó como salvador de todo el mundo, representado en los Magos de Orienteque vinieron a adorarle20.Durante la mayor parte de su vida, Jesús compartió la condición de la inmensa mayoría:vida familiar, religiosa y social. Así nos da ejemplo de santidad en la vida cotidiana21. Más tarde,inauguró públicamente su misión recibiendo de Juan el bautismo en el Jordán (cfr. Mt 3,13-17).Luego fue al desierto, donde Satanás lo tentó para que hiciera a un lado a Dios; pero Élpermaneció fiel (cf. Mc 1,12-13).Después del arresto de Juan, Jesús marchó a Galilea y proclamaba: “El tiempo se hacumplido y el reino de Dios esta cerca; convertios y creed en la Buena Nueva” (Mc 1,15). Con esto,anunciaba que en Él Dios se hace presente en el mundo para liberar a la humanidad del pecado yhacerla partícipe de la vida divina, convocándola en la unidad de su Iglesia. Su invitación a entrarlibremente en este Reino la hacía por medio de enseñanzas llamadas parábolas (cfr. Mt 22,1-14), yde milagros, que confirmaban que Él es el Mesías anunciando.Jesús eligió a doce varones para que estuvieran con Él y hacerles partícipes de su misión(cfr. Mc 3,13-19). Entre ellos, Simón Pedro ocupa el primer lugar (cfr. Lc 24,34); a él, Jesús leconfía “atar y desatar” (cfr. Mt 16,19), es decir, la autoridad para absolver los pecados, pronunciarsentencias doctrinales y tomar decisiones disciplinales en la Iglesia22.Cuando ya se acercaba la hora de amar “hasta el extremo”, para alentar a los suyos, Jesúsmostró su gloria divina a Pedro, Santiago y Juan a través de la transfiguración, donde se hizopresente la Trinidad, y aparecieron Moises y Elías, que al conversar con Cristo, manifiestan que enÉl se cumple la ley y los profetas (cfr. Lc 24, 27).Para algunos, Jesús actuaba contra las instituciones de Israel: la Ley, el Templo y la fe enel Dios único. Por eso lo juzgaron blasfemo (cfr. Jn 8,5)23. Sin embargo, Él no abolió la Ley, laperfeccionó (cfr. Mt 5,17-19); veneró el Templo (cfr. Jn 2,13-14); y al identificarse con Dios, nonegó su unicidad (cfr. Jn 8,5). Por eso, en realidad, fueron los pecados de la humanidad losautores de la pasión de Cristo. No obstante, Dios permitió los actos nacidos de la ceguera humanapara realizar su designio de salvación.La víspera de su pasión, en la última cena, Jesús inventó una forma de quedarse connosotros para comunicarnos toda la fuerza de su obra de salvación, instituyendo la Eucaristía” (Mt26,28), y haciendo a sus Apóstoles partícipes de su sacerdocio único y eterno24. Luego, en14Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 422, 479, 480.15Ibíd., nn. 491, 492, 508.16Cfr. Lc 1,37-38; Jn 2,1; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 494, 495, 509.17Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 500 y 510.18Cfr. Mt 3,3; Hch 13,24; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 523.19Cfr. 1 Jn 4, 9; Jn 3,16; 2 Pe 1,4; Mt 11,29; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 458-460.20Cfr. Mt 2,1.21Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 531, 532, 564.22Ibíd., nn. 551-553.23Ibíd., nn. 575, 576, 577-594.24Cfr. Lc 22,19 ; Jn 17,19; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 610, 611.
  4. 4. Getsemaní fue a orar para pedir fuerza a Dios, de modo que, por amor, puediera ser “obedientehasta la muerte” (Flp 2,8).Es precisamente el “amor hasta el extremo” (Jn 13,1) lo que confiere al sacrificio de Cristosu valor de redención, por el que devuelve a la humanidad a la comunión con Dios. Él, que nos hadado ejemplo de amor (cfr. 1 Pe 2,21), llama a sus discípulos a “tomar su cruz y a seguirlo” (Mt16,24), es decir: a amar hasta el extremo, aún en las circunstancias más difíciles.Jesús, traicionado, abandonado, humillado, golpeado, juzgado injustamente, azotado,coronado de espinas y crucificado, al morir puso fin a su existencia humana terrena. Pero, como suPersona Divina continuó asumiendo su alma y su cuerpo, separados entre si por causa de lamuerte, su cuerpo muerto “no conoció la corrupción” (Hch 13,37), y su alma descendió a la moradade los muertos, para abrir las puertas del Cielo a los justos que lo habian precedido25.“Y al tercer dia ¡resucito!” María Magdalena y las santas mujeres, que iban a embalsamarsu cuerpo, fueron las primeras en encontrar al Resucitado y anunciarlo26. En seguida, Jesús seapareció a los Apóstoles27. Resucitado en su mismo cuerpo, ahora glorioso28, Cristo es principio yfuente de nuestra propia resurrección, ya desde ahora por la justificación de nuestra alma, y mástarde por la vivificación de nuestro cuerpo (cfr. Rm 6,4; 8,11).Después de estar con los suyos cuarenta días, Jesús se elevó al cielo (cfr. Mc 16,19),donde nos precede en el Reino glorioso del Padre, intercediendo por nosotros para que vivamosen la esperanza de estar un día con Él eternamente29El día del Juicio, Jesús volverá en gloriapara resucitarnos y llevar a cabo el triunfo definitivo del bien sobre el mal, emitiendo sentenciasobre lo que cada uno haya elegido con sus obras (cfr. Jn 3,18; 12,48; Mt 25, 40)30.4.4.- El Espíritu SantoEl Espiritu Santo, que es Dios, es una de las personas de la Santísima Trinidad, a la que Jesúsllama “Espíritu de Verdad” (cfr. Jn 14,16; 16,13). Es nombrado también “Paráclito” (consolador),“Abogado” (Aquel que es llamado junto a uno). Estuvo presente en la creación (cfr. Gn 1,2;2,7);iluminó a los profetas; inspiró las Escrituras y la Tradición; y por su obra, María concibió al Hijo deDios, a quien ungió y acompañó en su misión salvadora31.Jesús, con su Pasión, muerte y resurrección comunica a la Iglesia el Espíritu Santo (cfr. Jn20,21), mediante el cual nos hace partícipes de su obra de redención, por la que, liberándonos delpecado, nos convoca en su Iglesia y nos hace hijos de Dios, partrícipes de su vida plena y eterna.La fuerza de este Espíritu, que nos ha sido dado, se manifestó el día de Pentecostés (cfr.Hch 2,1-4). Desde entonces, asiste al Papa y a los Obispos (Magisterio de la Iglesia); estápresente en la Liturgia Sacramental, donde nos pone en comunicación con Cristo y nos hacepartícipes de su comunión con el Padre; intercede por nosotros en la oración; edifica y da unidad ala Iglesia, y la enriquece con carismas, ministerios, y la vida apostólica y misionera; y con eltestimonio de los santos nos manifiesta su Santidad32.Esta gracia del Espíritu Santo, que se nos comunica en el Bautismo, los apóstoles latransmitieron a sus sucesores los Obispos, quienes, con el sacramento del Orden, hacenpartícipes de este don a los sacerdotes y a los diáconos, y mediante el sacramento de laConfirmación, se hace posible que sean fortalecidos por Él todos los que renacieron en elBautismo, perpetuándose así en la Iglesia la gracia de Pentecostés33.El Amor, que es el primer don, contiene todos los demás dones, y “Dios lo ha derramadoen nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha dado” (Rm 5,5). Él nos comunica laredención realizada por Cristo, y nos hace partícipes de la vida misma de la Santisima Trinidad,que es amar “como El nos ha amado” (cfr. 1 Jn 4,11-12).25Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 630 y 637.26Cfr. Mt 28,9-10; Jn 20. 11-18; Lc 24,9-10.27Cfr. Lc 22,31-32; 24,34; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 641.28Cfr. Lc 24,39; 24,40 ; Jn 20, 20.40.29Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 659-667.30Ibíd., nn. 678-682.31Cfr. Lc 4, 18-19; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 717-727.32Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 684-688.33Cfr. JUAN PABLO II, Enc. “Dominum et Vivificantem”, n. 25.
  5. 5. Los dones que Dios nos concede, por Cristo, mediante el Espíritu Santo, son disposicionespermanentes que ayudan al cristiano a seguir las inspiraciones divinas. Son siete: sabiduría,entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Los frutos del Espíritu Santo,que son perfecciones plasmadas en nosotros como primicias de la gloria eterna, son doce: caridad,gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia,continencia y castidad (cfr. Ga 5, 22-23)34.4.5.- La Iglesia y sus miembrosEl Espíritu Santo es el alma del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia (del griego “ekklésia”,convocación), familia de Dios a la que se entra por la fe y el Bautismo. Ella es “Esposa” de Jesús,“Madre” de los hijos de Dios, “Templo” del Espíritu Santo, sacramento de salvación, e instrumentode la comunión con Dios y entre toda la humanidad35.La Iglesia es una, porque tiene un solo Señor, una sola fe, un solo Bautismo, una solaesperanza36. Por voluntad de Cristo, posee el poder de perdonar los pecados por medio de losObispos y de los presbíteros37. Todos los fieles cristianos estamos unidos, tanto los que peregrinanen la tierra, como los que se purifican en el purgatorio y los que gozan del Cielo, por lo quepodemos interceder unos por otros38.La Iglesia es santa: ya que su autor, Dios, es Santo; Cristo se entregó para santificarla, yen ella habita el Espíritu que la santifica, aunque comprenda pecadores. En los santos brilla susantidad, especialmente en María39.La Iglesia es católica, porque posee la totalidad de la Revelación, de la fe y de los mediosde salvación; abarca todos los tiempos y es enviada a toda la humanidad. Por eso es misionera.La Iglesia es apostólica ya que Cristo la edificó sobre los apóstoles, con Pedro a laCabeza, cuyo ministerio (servicio) se hace presente en sus sucesores: el Papa y los obispos40. LaIglesia es necesaria para la salvación. Sin embargo, los que sin culpa no conocen el Evangelio deCristo y su Iglesia, pero buscan sinceramente a Dios y, a través de lo que les dice su conciencia,tratan de hacer su voluntad, pueden alcanzar la salvación eterna41.Por disposición de Jesús, el Papa, Obispo de Roma y Sucesor de San Pedro, tienepotestad plena, suprema, inmediata y universal para guiar a la Iglesia42. Los Obispos, sucesores delos Apóstoles, en comunión con él, sirven a las iglesias particulares (diócesis), ayudados por lospresbíteros y diáconos, anunciando Palabra de Dios, celebrando la liturgia y guiando a lacomunidad que les ha sido confiada43. A estos ministros sagrados, que constituyen la jerarquía, seles llama clérigos. Todos los demás son laicos44.Los laicos son aquellos miembros de la Iglesia que están llamados por Dios a buscar lasantidad, que es la perfección del amor, guiados por el Papa, los Obispos y los demás miembrosde la jerarquía, construyendo el Reino de Dios en las realidades temporales (vida personal,matrimonio, familia, sociedad, educación, trabajo, política, economía, cultura, arte, deporte, mediosde comunicación, etc.), procurando que todo esté orientado al servicio de la persona humana y delbien común. Así mismo, tienen el derecho y la obligación, individualmente o agrupados enasociaciones, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido portodos los hombres y mujeres en toda la tierra45.34Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, Compendio, nn. 389-390.35Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 777-804.36Cfr. Ef 4, 3-5; Clemente de Alejandría, paed. 1, 6, 42; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 866.37Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 984-987.38Ibíd, n. 962.39Ibíd, n. 867.40Ibíd., nn. 869-870.41Cfr. CONCILIO VATICANO II, Const. “Lumen gentium”, n. 16.42Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 936.43Ibíd., nn. 938-939.44Cfr. Código de Derecho Canónico, c. 207, § 1.45Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 940-943.
  6. 6. La vida consagrada, a la que pueden acceder tanto sacerdotes como laicos, desea imitar aCristo, casto, pobre y obediente46. Algunas personas viven esta consagración ante la Iglesia demodo personal, dependiendo directamente del Obispo del lugar; otros lo hacen formando parte dealgún Instituto de Vida Consagrada o Sociedad de Vida Apostólica, cuyo distintivo es la vidacomunitaria y la vivencia de un carisma determinado (contemplación, educación, atención aenfermos, pobres, etc.)La única Iglesia de Cristo se hace presente en las iglesias particulares (diócesis), cada delas cuales es una porción del Pueblo de Dios que se confía a la guía de un Obispo, quien esprincipio y fundamento visible de la unidad en esa Iglesia particular. Además, los obisposconstituyen un Colegio que tiene por Cabeza al Papa, Obispo de Roma, quien, como sucesor dePedro, es principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad de la Iglesia universal47.Para promover una acción pastoral común en varias diócesis vecinas, y para que sefomenten las recíprocas relaciones entre los obispos diocesanos, las Iglesias particulares seagrupan en provincias eclesiásticas. Preside la provincia eclesiástica el Metropolitano, que es a suvez Arzobispo de la diócesis que le fue encomendada48.Las diócesis se dividen en territorios llamados parroquias. La Parroquia es una comunidadde fieles, cuya atención pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se encomienda a unPárroco49. Para una mejor atención pastoral y la colaboración, las parroquias se reúnen endecanatos, los cuales integran zonas pastorales.Los Obispos de una nación o territorio, para promover el mayor bien que la Iglesiaproporciona al género humano, integran una institución de carácter permanente llamadaConferencia Episcopal, asamblea en la que ejercen unidos algunas funciones pastorales respectode los fieles de su territorio50.4.6.- La resurreccion de la carne y la vida eternaDios ha creado a la persona humana en la unidad cuerpo-alma, y Cristo, hecho carne, nos haredimido y nos ha comunicado su Espíritu Santo; por eso creemos en la resurrección de la carne,que entonces será perfecta51. Por la muerte, el alma se separa temporalmente del cuerpo, pero enla resurrección, Dios los reunirá, devolviéndonos la vida incorruptible, y este cuerpo, el mismo quetenemos ahora, será transformado en cuerpo de gloria (cfr. Flp 3,21; 1 Co 15,35-53)52.Al morir, cada persona recibe en su alma inmortal lo que con sus obras eligió. A esto se lellama juicio particular53. Los que eligieron y vivieron la perfección del amor, se unirán a Dios, conMaría y todos los santos en el Cielo, y serán felices por siempre54. Los que murieron en gracia yamistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su salvación eterna,46Ibíd., n. 944.47Cfr. CONGREGACION PARA LA DOCTRINA DE LA FE, “Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre algunosaspectos de la Iglesia considerada como comunión”, nn. 7, 8, 13.48Código de Derecho Canónico, cc. 431, § 1 y 435.49Ibíd., c. 515, §1.50Ibíd., c. 447.51Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1015.52Concilio de Letrán IV: DS., n. 801.53Cfr. Lc 16, 22, parábola del pobre Lázaro; y 2 Co 5,8; Flp 1, 23; Hb 9, 27; 12, 23; Catecismo de la Iglesia Católica, n.1051.54Cfr. Ap 22,5; Mt 25,21.23; Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1053.
  7. 7. deben pasar por una purificación espiritual (Purgatorio) después de su muerte, a fin de alcanzar lasantidad necesaria para entrar en el gozo de Dios (cfr. 1 Co 3,15; 1 Pe 1,7)55. Los que rechazarona Dios, al morir experimentarán para siempre la terrible soledad del infierno (cfr. Mt 5,22.29;13,42.50; 25,41)56.Al final de los tiempos, el Reino de Dios llegará a su plenitud; Jesús volverá, todosresucitaremos y compareceremos en el día del juicio final ante su Tribunal. Entonces los justosreinarán con Cristo para siempre en cuerpo y alma, el universo material será transformado, y Diosserá “todo en todos”, en la vida eterna (cfr. Mt 25,31.32.46; 1 Co 15, 22)57.55Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1054.56Ibíd., n. 1057.57Ibíd., n. 1060.

×