Discernimiento

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Discernimiento

  1. 1. EL DISCERNIMIENTO En los Ejercicios y fuera de ellos. Luis G. del Valle, sj I. DISCERNIMIENTO.........................................................................................................................................................1 A. LA EXPERIENCIA INICIAL DE IGNACIO ....................................................................¡Error! Marcador no definido. B. QUÉ ES EL DISCERNIMIENTO.........................................................................................................................................3 C. EL DISCERNIMIENTO EN LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES DE SAN IGNACIO..........................................................4 1. Naturaleza y finalidad de los Ejercicios................................................................................................................4 2. Prepararse para la decisión:...................................................................................................................................5 3. Tomar la decisión.......................................................................................................................................................5 a) ¿Preparados?.............................................................................................................................................................5 b) Tres tiempos de hacer elección [175 ss] ...................................................................................................................6 D. EL DISCERNIMIENTO FUERA DE LOS EJERCICIOS.......................................................................................................7 1. Discernimiento puntual para una elección concreta.........................................................................................7 2. Discernimiento en la vida diaria ............................................................................................................................7 3. Las reglas del discernimiento..................................................................................................................................8 4. Poner en común el discernimiento..........................................................................................................................9 I. DISCERNIMIENTO El discernimiento de espíritus, tal como lo voy a exponer, está enraizado en la espiritualidad de San Ignacio de Loyola, en sus ejercicios espirituales brotados de su experiencia religiosa. No es una religiosidad rara o exclusiva de Ignacio y sus seguidores que somos los jesuitas. Las espiri- tualidades que se viven en la Iglesia primero son cristianas y luego vienen las diferenciaciones, en realidad de menor monta en el conjunto de la vida. La consecuencia es que esta explicación del discernimiento de espíritus puede ser bien aprovechada por muchos sean o no jesuitas. A. La experiencia inicial de Ignacio Para llegar a describir de qué se trata o qué es el discernimiento me refiero primero a unos pá- rrafos de la autobiografía de San Ignacio de Loyola. Esta autobiografía no es, como parece indicarlo su nombre, un escrito del mismo Ignacio. Los compañeros de Ignacio le habían pedido insistentemente que expusiera todo lo de su vida inter- ior. Y un día le dijo a su Secretario (El P. Polanco) que se había sentido con gran inclinación a hacerlo platicándole su vida a él. Así tuvieron varias sesiones en las que Ignacio hablaba y Po- lanco anotaba. Dictó sus notas luego en español y parte en italiano cuando ya no contó con un amanuense de habla castellana. Esas notas son la llamada Autobiografía. Leemos en dicha autobiografía lo que sigue: 5. Y cortada la carne y el hueso que allí sobraba, se atendió a usar de remedios para que la pierna no quedase tan corta, dándole muchas unturas, y estendiéndola con instrumentos conti- nuamente, que muchos días le martirizaban. Mas nuestro Señor le fue dando salud; y se fue hallando tan bueno, que en todo lo demás estaba sano, sino que no podía tenerse bien sobre la pierna, y así le era forzado estar en el lecho. Y porque era muy dado a leer libros mundanos y falsos, que suelen llamar de Caballerías, sintiéndose bueno, pidió que le diesen algunos dellos para pasar el tiempo; mas en aquella casa no se halló ninguno de los que él solía leer, y así le dieron un Vita Christi y un libro de la vida de los Santos en romance.
  2. 2. 2 Discernimiento (primer borrador. 14 oct 95) 6. Por los cuales leyendo muchas veces, algún tanto se aficionaba alo que allí hallaba es- crito. Mas dejándolos de leer, algunas veces se paraba a pensar en las cosas que había leído; otras veces en las cosas del mundo que antes solía pensar. Y de muchas cosas vanas que se le ofrecían una tenía tanto poseído su corazón, que se estaba luego embebido en pensar en ella dos y tres y 4 horas sin sentirlo, imaginando lo que había de hacer en servicio de una señora, los me- dios que tomaría para poder ir a la tierra donde ella estaba, los motes, las palabras que le diría, los hechos de armas que haría en su servicio. Y estaba con esto tan envanecido, que no miraba quán imposible era poderlo alcanzar; porque la señora no era de vulgar nobleza: no condesa, ni duquesa, mas era su estado más alto que ninguno destas. 7. Todavía nuestro Señor le socorría, haciendo que sucediesen a estos pensamientos otros, que nacían de las cosas que leía. Porque, leyendo la vida de nuestro Señor y de los santos, se pa- raba a pensar, razonando consigo: ¿qué sería, si yo hiciese esto que hizo San Francisco, y esto que hizo Santo Domingo? y así discurría por muchas cosas que hallaba buenas, proponiéndose siempre a sí mismo cosas dificultosas y graves, las cuales cuando proponía, le parecía hallar en sí facilidad de ponerlas en obra. Mas todo su discurso era decir consigo: Santo Domingo hizo esto; pues yo lo tengo de hacer. San Francisco hizo esto; pues yo lo tengo de hacer. Duraban también estos pensamientos buen vado, y después de interpuestas otras cosas, sucedían los del mundo arriba dichos, y en ellos también se paraba grande espacio; y esta sucesión de pensamien- tos tan diversos le duró harto tiempo, deteniéndose siempre en el pensamiento que tornaba; o fuese de aquellas hazañas mundanas que deseaba hacer, o destas otras de Dios que se le ofrecían a la fantasía, hasta tanto que de cansado lo dejaba, y atendía a otras cosas. 8. Había todavía esta diferencia: que cuando pensaba en aquello del mundo, se deleitaba mucho; mas cuando después de cansado lo dejaba, hallábase seco y descontento; y cuando en ir a Jerusalem descalzo, y en no comer sino yerbas, y en hacer todos los demás rigores que veía haber hecho los santos; no solamente se consolaba cuando estaba en los tales pensamientos, mas aun después de dejando, quedaba contento y alegre. Mas no miraba en ello, ni se paraba a pon- derar esta diferencia, hasta en tanto que una vez se le abrieron un poco los ojos, y empezó a ma- ravillarse desta diversidad y a hacer reflexión sobre ella. Cogiendo por experiencia que de unos pensamientos quedaba triste, y de otros alegre, y poco a poco viniendo a conocer la diversidad de los espíritus que se agitaban, el uno del demonio, y el otro de Dios. Este fue el primero discur- so que hizo en las cosas de Dios; y después cuando hizo los ejercicios, de aquí comenzó a tomar lumbre para lo de la diversidad de espíritus. 9. Y cobrada no poco lumbre de aquesta leción, comenzó a pensar más de veras en su vida pasada, y en quánta necesidad tenía de hacer penitencia della. Y aquí se le ofrecían los deseos de imitar los santos, no mirando más circunstancias que prometerse así con la gracia de Dios de hacerlo como ellos lo habían hecho. Mas todo lo que deseaba de hacer, luego como sanase, era la ida de Hierusalem, como arriba es dicho, con tantas disciplinas y tantas abstinencias, cuantas un ánimo generoso, encendido de Dios, suele desear hacer.
  3. 3. Discernimiento (Primer borrador. 14 oct 95) 3 B. Qué es el discernimiento Ésa fue la experiencia de Ignacio de la que aprendió a discernir, esto es a reconocer en el pro- pio interior los movimientos (sentimientos, impulsos...) que nos agitan y a separarlos, a cribar- los, a de tal manera separar unos de otros que podamos ir descubriendo cuáles son según la voluntad de Dios my cuáles no para proceder luego en consecuencia. Nuestra vida corre en un flujo de diversidad de experiencias que son un complejo de ideas y sentimientos. Van, vienen, se encabalgan, desaparecen. Unas se quedan más tiempo, otras son más o menos fugaces. Vamos teniendo estados de ánimo, a veces simples, a veces com- plejos, con sentimientos y discursos convergentes, divergentes, opuestos, desconexos entre sí. Estados de ánimo estáticos o paralizantes o dinámicos en un solo sentido y dirección o en dos o más. Este flujo interior de sentimientos, pensamientos, estados de ánimo, examinado, puede indicar qué es lo que nos mueve en nuestro vivir y actuar. El discernimiento es examinar el flujo interno de que estamos hablando, reconocer cuál o cuáles son los amores o intereses que nos mue- ven y distinguir en ellos cuáles son de Dios, cuáles contrarios o simplemente al margen de su proyecto. Discernir es separar; aquí separar en la conciencia refleja los impulsos que vie- nen de Dios, de los que le son contrarios que bien llamaremos como impulsos del mal espíritu, y los que ni van al proyecto de Dios en nosotros ni en contra. ¿Por qué si se trata de nuestros movimientos internos, del flujo de nuestra vida, encontramos allí impulsos de Dios, impulsos contrarios a su proyecto, impulsos ni en favor ni en contra? Por la fe creemos, o sea sabemos en fuerza de nuestra entrega de respuesta a él, que Dios está en lo más hondo de nuestro ser. “Intimior intimo meo” expresó San Agustín: “Más adentro de mí que yo mismo”. Nos ha comunicado su vida, que es amar. Nuestra vida es participar de la misma vida de Dios, de su amor gratuito y libre. Si el amor que nos mueve es gratuito y libre nos movemos por la vida divina en nosotros: está en el fondo de nosotros, sin anularnos ni to- mar nuestro lugar el mismo Dios. Y por eso somos movidos libre y gratuitamente por el Espíritu de Dios. Pero nos sabemos también con dinámicas que tienden a desviar y a frustrar la vida de amor en nosotros. En el interior humano están los instintos de conservación del individuo y de la especie, como en toda la creación. Es muy antigua la definición aristotélica de hombre como “animal ra- cional”. Desde la revelación de Dios como amor, podemos cambiarla en “animal amante”. Que sea racional, es una condición de posibilidad para que ame. Este animal amante que somos tiene todas las capacidades activas, las dinámicas para amar, y simultáneamente para fallar en el amor, no amando, despreciando, odiando. Toda la fuerza de des-centrarse de sí para cen- trarse en lo amado, y toda la fuerza para utilizar ese descentramiento para centrarse en sí mis- mo. Toda la fuerza, potencia y dinámica del amor y del egoísmo. La vocación a amar controlan- do desde el amor los instintos de conservación y la tendencia a desviar ese amor utilizando los instintos de conservación como en sí absolutos y no normados por el amor. Y si lo que nos mueve en determinados momentos o situaciones no es la dinámica del amor de Dios, sino la del egoísmo, sea individual, sea grupal, entonces vemos que nos está moviendo el espíritu del mal, pero no como algo extrínseco a nosotros, al que le podamos echar la culpa lim- piando así nuestra conciencia moral, sino como también dentro de nosotros. Espíritu del mal en cuando que es nuestro espíritu que llamado por Dios a salir de sí amando, se encierra en sí egoistando, fallando en el amor. Viendo nuestro flujo interno de vida caemos en la cuenta de que podemos estar movidos en nuestra libertad por el espíritu de Dios o estar movidos contra el espíritu de Dios. Y ¿al margen de esos espíritus?
  4. 4. 4 Discernimiento (primer borrador. 14 oct 95) Parece que la pregunta es meramente teórica. La categoría de vivir en un impulso ni pro ni co- ntra el designio de Dios, sino al margen de él, es posible como categoría. Pero ya no como his- toria centrada en el designio de Dios sobre nuestro propio ser que por su bondad consiste en que amemos como él ama. Nota: Con lo dicho yo creo que hay que modificar el supuesto de Ignacio de que lo que nos mueve puede ser el espíritu de Dios, el espíritu del mal o nuestro espíritu propio. Siem- pre es nuestro espíritu propio bajo el espíritu de Dios o el de el mal. Siempre es nuestro espíritu que acierta o falla en el amor; acierta o falla por propia voluntad. La posibilidad de estar en un movimiento que no sea ni por ni contra Dios, sino sólo al margen de su designio, es sólo temporal y preparatoria. Es más bien no estar claros so- bre ello. C. El discernimiento en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio 1. Naturaleza y finalidad de los Ejercicios Partamos de la naturaleza y fin de los ejercicios. Leamos la primera anotación [1]: ...todo modo de preparar y disponer el ánima, para quitar de sí todas la afecciones desordena- das, y después de quitadas para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del ánima, se llaman exercicios spirtuales. Se trata pues, en los ejercicios (así nombraré de aquí en adelante a los ejercicios espirituales de San Ignacio), de decidir sobre la vida toda según la voluntad de Dios. Tomados así son para hacerse una vez en la vida y precisamente en orden al proyecto global de la vida, o dicho de otro modo para tomar un estado de vida. Tomar estado de vida impulsado por el amor de Dios. Es- tado de vida en un sentido amplio y profundo. Amplio porque no se trata necesariamente de una elección entre estados de vida estatuidos y normados. Profundo porque se trata de un com- promiso y responsabilidad para toda la vida y desde el propio yo mucho más hondo que el orden jurídico de los derechos y deberes aparejados en la sociedad o en la iglesia a los estados de vida dibujados en las leyes o en las normas y costumbres sociales. Hay una tradicional discusión a propósito de los Ejercicios. La menciono aquí, pero no para abordarla en detalle. Versa sobre si los Ejercicios son para conseguir la unión con Dios como estadio místico, o si son sólo para tomar decisiones según la voluntad de Dios. En el fondo me parece a mí que esas dos corrientes se mueven en un falso dilema. Se une uno a Dios viviendo de su amor, haciendo propio el amor de Dios y en consecuencia tomando todas las decisiones, grandes y pequeñas bajo su impulso. El acento de los primeros está, en mi opinión, en que les parece que los ejercicios preparan al ejercitante para un tipo de oración mística-unitiva. Son diversos enfoques sobre cómo interpretar la frase de Nadal de que por los ejercicios se llega a ser contemplativus in actione. Con oración unitiva o sin ella los ejercicios son para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de la vida. Enfocados así los ejercicios vemos que son un camino, un modo de prepararse y tomar una decisión radical para toda la vida según la voluntad de Dios. Hecha esta decisión se busca des- pués la confirmación de ella por parte de Dios y el modo de ponerse en sus manos para perse- verar por toda la vida. En todo este camino de preparar, tomar y confirmar según Dios una deci- sión el discernimiento es clave, como veremos. Con las necesarias modificaciones este camino también podrá ser para tomar otras decisiones. El discernimiento será también clave en estos otros procesos.
  5. 5. Discernimiento (Primer borrador. 14 oct 95) 5 2. Prepararse para la decisión: Son los ejercicios una serie de meditaciones, contemplaciones, aplicaciones de sentidos y otros modos de orar de los que se va buscando obtener determinados frutos que lleven a que el ejercitante se ponga en manos de Dios habiendo superado dos series de escollos que pueden impedir la disponibilidad a obedecer a Dios con la obediencia de la fe. La obediencia de la fe no es externa al sujeto. Se da en el interior de uno. No es hacer lo que Dios quiere porque lo haya mandado aunque en el fondo no se quisiera hacer. Es llegar a querer lo que Dios quiere con la persuasión de que no hay verdadera libertad sino cuando hacemos nuestra la libertad de Dios. No voy a entrar en el detalle de cómo se hacen las meditaciones, contemplaciones, aplicaciones de senti- dos u otros modos de orar. Eso se va exponiendo poco a poco en el transcurso de los ejercicios, y se van experimentando para ver cuáles y cómo ayudan más para el fruto que anda uno buscando en ese momen- to. La preparación se hace por medio de tres actividades principales. Una es la profundización en la relación con Dios y con todo lo demás. Situarnos desde nuestra historia ante Dios como el único absoluto que nos ha amado y nos ama absolutamente. Es lo que Ignacio llama Principio y Fundamento. Otra es confrontar nuestra historia y la historia del mundo con nuestro Dios y ver cómo frustramos y fallamos en su amor. Nuestra historia como pecadores. Mi historia de peca- dor en la historia del mundo pecador. A esto le llamamos primera semana. Después nos abri- mos a contemplar a Jesús: su llamamiento, su vida, sus criterios, sus sentimientos, su proyec- to. Es la segunda semana. En el curso de ella se entrará a la deliberación para tomar la deci- sión que se busca. A lo largo de estas tres actividades va uno siendo agitado por variedad de emociones y de mociones, de sentimientos más o menos permanentes y de inclinaciones a hacer o no hacer. Pide Ignacio que se haga continuamente un examen de todas esas emocio- nes y mociones para discernir cuáles son de Dios y cuáles en contra. Y da algunas ayudas en las reglas para discernir. Unas más propias para la primera semana, otras más para la segun- da.. En la primera semana el tipo de impedimento que principalmente se busca vencer es el de las aficiones desordenadas, esto es, los apegos y repulsiones fincadas en los egoísmos individua- les y grupales que tengamos. Apegos y repulsiones no desde el Dios amor absoluto que nos ha amado absolutamente, sino por otros amores (o más bien intereses) que absolutizan lo que es relativo; absolutizan las creaturas y lo creado, cuando el único absoluto es Dios. En la segunda semana junto con los impedimentos de las aficiones desordenadas se atiende principalmente a los prejuicios. Son las persuasiones que se mantienen teórica o prácticamente antes o inde- pendientemente de los criterios de Dios manifestados en su proyecto, que es su Reino. 3. Tomar la decisión a) ¿Preparados? Antes de entrar en la toma de decisiones el ejercitante debe tomarse el pulso, hacerse un exa- men para preguntarse con toda sinceridad si de veras ha llegado a la actitud necesaria para cualquier decisión que se quiera tomar según la voluntad de Dios. La actitud que está expresa- da en las palabras finales del principio y fundamento: De donde se sigue, que el hombre tanto ha de usar dellas (de las creatauras), quanto le ayuden para su fin, y tanto debe quitarse dellas, quanto para ello le impiden. Por lo qual es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro albedrío, y no le está prohibi- do; en tal manera que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eli- giendo lo que más nos conduce para el fin que somos criados.
  6. 6. 6 Discernimiento (primer borrador. 14 oct 95) Este examen ha de recoger los que se han ido haciendo a través de los ejercicios, o sea el dis- cernimiento de espíritus continuado que se ha ido practicando. Y se pregunta uno si de veras se está dispuesto a poner el medio que sea, a no irlos dejando y dejando, a no ponerle condiciones a Dios, a dejar de hecho ya todo aquello a que se ha sentido apegado con afición desordenada, a sólo guiarse por los criterios de Jesús pobre y humillado. Y si aún no se tiene la actitud reque- rida, volver y volver a los ejercicios de primera o de segunda semana que ayuden a llegar al tan- to cuanto, a la indiferencia y a la plena generosidad del más (lo que más nos conduce...) Esta es la actitud que Ignacio quiso para la Compañía y por la que la calificó de “mínima”. De nuestra parte no querer nada sino sólo vivir de su amor, y creo que aquí resuena la minoridad de ustedes, mis hermanos franciscanos. Pero ustedes dirán. Tomad, Señor, y recibid Toda mi voluntad mi memoria, mi entendimiento y toda mi libertad. Dadme vuestro amor y gracia, que esto me basta b) Tres tiempos de hacer elección [175 ss] Preparado el ejercitante para entrar a la elección, se pone delante aquello sobre lo que quiere elegir. En todo el proceso anterior ha ido experimentando mociones que ha podido ir discernien- do y que le han ayudado a matizar las diversas alternativas ante las que está y probablemente ya tiene alguna o bastante claridad sobre hacia dónde lo mueve la voluntad de Dios. Pero ha de proponérselo en este momento de manera expresa. Puede suceder que se sabe ya impulsado por Dios a escoger una de las alternativas con tal claridad y fuerza que ni duda ni puede dudar sobre lo que Dios quiere de él, o lo que es lo mis- mo lo que él quiere movido por la soberana libertad de Dios. Se sabe partícipe de la libertad divi- na. Se sabe en una consolación sin causa precedente según la segunda regla de la segunda semana [330]. Pero debe cuidarse de no confundirla con una consolación con causa, según el aviso de la tercera regla. Y por eso es conveniente que pase a los otros tiempos. El segundo es por discernimiento de espíritus. Ofrece uno a Dios la vida según una de las alter- nativas y se piensa en los modos de ponerla por obra y en las consecuencias de ella. Y luego la otra u otra de las alternativas, y así hasta recorrerlas todas. Y un examen atento de los senti- mientos, emociones, mociones, estados de ánimo tomando nota también de los discursos que acompañan todos estos movimientos y examinar todo con ayuda de las reglas de discernimien- to hasta “tomar asaz claridad y cognoscimiento” [176]. El tercero es en tranquilidad respecto de las agitaciones. Un razonar tranquilo viendo pros y contras de cada alternativa para luego ver qué es lo que más conviene como más congruente con la voluntad de Dios. No suele estar en uno la elección de los tiempos. No siempre se da el primero. Puede suceder que queriendo uno ponerse en el segundo no se experimenten agitaciones. Se está en el terce- ro. Pero es bien posible que de pronto entren las agitaciones y se pasa al segundo. Y así poco a poco se llega a la decisión. Y sigue luego la confirmación de ella. Se le ofrece al Señor la decisión y se le pide que la con- firme. Entretanto siguen los ejercicios con la contemplación de la pasión del Señor. Y ésta es la tercera semana. Saber y sentir con el Señor que a su voluntad se opone el mundo hasta el ex- tremo de crucificar al Hijo de Dios e hijo de los hombres. Y luego en la cuarta semana sentir con Cristo resucitado la aprobación del Padre.
  7. 7. Discernimiento (Primer borrador. 14 oct 95) 7 D. El discernimiento fuera de los ejercicios Por supuesto que también fuera del tiempo de los ejercicios queremos vivir según la voluntad de Dios.. Un estado de vida tomado por la voluntad de Dios, pues así es como entendemos nues- tra vocación: como un llamado de Dios que hemos seguido amorosamente. No por medio de los ejercicios como los he expuesto, pero sin duda que han reconocido muchos elementos de ellos en su propia historia y vocación. 1. Discernimiento puntual para una elección concreta A través de la vida se nos presentan momentos en que hay que tomar una decisión importante. Se puede hacer según el esquema de los ejercicios que he ido exponiendo, sin encerrarse a hacerlos. Se recorre un camino semejante. Se pregunta uno si de veras sólo quiere uno en esto lo que Dios quiere o quiera, y si no se está trabajado por apegos o por repulsiones que no tienen que ver con la voluntad de Dios. Si es realmente Él el absoluto para toda la vida y para esta cir- cunstancia de elección. Y algunas meditaciones en la línea de la primera y de la segunda se- mana, o sea sobre mi pecado y el pecado del mundo en mi, sobre el seguimiento de Jesús y sus criterios, sobre alguna escena evangélica que nos pueda ayudar a revestirnos (en sentido paulino) de los sentimientos de Jesucristo. Y se examinan las agitaciones emocionales y dis- cursivas que hayamos experimentado aplicando las reglas del discernimiento. Y luego se plan- tea claramente la o las alternativas para hacer el discernimiento de espíritus que nos mueven sobre ellas y para razonar tranquilamente sobre motivos y consecuencias que indiquen los pros y los contras de ellas. Y así llegar a la decisión que luego ofreceremos a Dios para que la con- firme. En esta confirmación seremos agitados de nuevo por movimientos en los que discerni- remos si Dios nos está confirmando la elección o no. 2. Discernimiento en la vida diaria La vida toda corre en continuas decisiones. Son las pequeñas grandes decisiones que marcan y dan tinte a nuestro existir cotidiano. Y no es posible armar todo el camino descrito para cada una de ellas. Lo cual no quiere decir que no deban ni puedan ser tomadas en obediencia a Dios. El discernimiento en la vida diaria nos ayudará a impetrar de él la gracia de consonar y resonar con su voluntad en las pequeñas decisiones continuas de nuestra vida. La gracia de que se nos vaya formando una especie de instinto por el que nuestras continuas decisiones sean como na- turalmente tomadas según la voluntad de Dios. El presupuesto es que las grandes decisiones que han marcado el rumbo de la vida se han to- mado impulsados por Dios. O que si se tomaron en contra o sin atender a ello, se han rectifica- do o reconsiderado para ponerse bajo su impulso en la situación creada así. Porque Dios no nos deja de amar ni nos abandona porque hayamos fallado contra él o no nos hayamos preocu- pado por vivir bajo su impulso. Siempre nos llama, siempre nos impulsa y por eso siempre nos podemos poner bajo su voluntad a pesar de nuestra historia de pecado y desamor. Nuestra vida es una sucesión de acontecimientos. Y a propósito de ellos o junto con ellos tene- mos una vida interior de sentimientos, discursos y mociones. En esto hacemos el discernimien- to en la vida diaria. El modo de hacerlo es propio de cada uno según su temperamento (modo de ser, de actuar, de pensar, de razonar, de imaginar, de sentir...). Hay quienes diariamente dedican un tiempo a po- nerse delante los acontecimientos del día presente o del anterior. Y luego ven qué sentimientos tuvieron ante cada uno de ellos, o sentimientos generales que no saben ligar a algún aconteci- miento. Y luego tratan de responderse a qué se debieron. Y junto con los sentimientos cuáles son los discursos acompañantes o consiguientes a los sentimientos. A veces también discur- sos que los preparan o anuncian. También los sentimientos generales del conjunto del día o de
  8. 8. 8 Discernimiento (primer borrador. 14 oct 95) un lapso en el que eran parecidos o relacionados y luego cambian. Y las mociones a hacer o dejar de hacer. Otros no lo hacen diariamente. Quizá cada día un breve apunte porque no se olvide. Pero reco- gen su crónica y se ponen expresamente a examinar sus sentimientos, mociones y discursos concomitantes o resultantes cada varios días. Ayuda mucho que los discernimientos que va uno haciendo los confiera de vez en cuando, con la frecuencia que a cada uno más le ayude, con otra persona, a quien ha escogido para ello. Y así vemos que el discernimiento de la vida diaria alimenta e impulsa a hacer oración, pues el examen de la vida interna de uno y el discernimiento sobre ella se hace en actitud orante: Le pide uno a Dios, al Padre, al Hijo y al Espíritu por la intercesión de la Virgen María o de San Francisco o de... que le dé gracia para ver y fuerza para vivir según su voluntad corrigiendo lo que haya que corregir e impulsando lo que va bien. Y también ayuda para el trato con quien ha escogido uno para que le ayude en su vida en el Espíritu. 3. Las reglas del discernimiento Varias veces he hecho mención de las reglas de discernimiento. Pero he dejado para este mo- mento la exposición de ellas porque estamos ahora en la preparación más inmediata del ejerci- cio que les proponemos. Darse cuenta de cuál es la tónica general si va uno de subida o de bajada, si va uno acercándo- se o alejándose de Dios. Yendo de bajada el espíritu del mal (nuestras tendencias a fallarle a Dios) nos anima a seguir por ese camino, en cambio el buen espíritu (el impulso de Dios) pro- voca remordimiento de conciencia. [314-315] Consolación es el aumento de fe, esperanza y caridad experimentada en el gozo profundo con la persuasión de estar lleno del amor de Dios en todos los amores. Y con manifestaciones sen- sibles de entusiasmo y hasta arrebato y don de lágrimas. Desolación es todo lo contrario: moción al amor propio, al egoísmo, a ponerse uno primero que todo, a perder la fe y la confianza en Dios. Pereza y tibieza para la vida en el Espíritu. En el fon- do tristeza y descontento de sí mismo. En tiempo de desolación no hacer ningún cambio en las decisiones que ya se tenían. Proseguir como antes de la desolación ya que de nuestras tendencias egoístas no pueden salir buenos consejos. Luchar contra la desolación con más oración, con un cumplimiento mejor de las decisiones an- teriores, más examen de conciencia para encontrar y luchar contra nuestros desórdenes inte- riores o los que nos vienen de fuera pero son acogidos por nosotros. Desorden es lo que no es- tá ordenado según la voluntad de Dios. En la desolación volver a la realidad fundamental de que Dios nos ama independientemente de nuestros pecados o desórdenes. Nos amó por su pura gratuidad y no nos deja de amar por nuestros pecados o infidelidades. Quizá no se siente esto claramente en estos tiempos difíciles, pero es real y verdadero. Correspondemos a ese amor aguantando con fortaleza las tristezas y los desánimos en el servicio de Dios y luchando contra ellos. Y no porque pensemos que así es como nos va a amar Dios, sino porque nos sabemos inundados de la gratuidad de su amor. Y así piense que pronto pasará tal estado para volver a sentir ese amor que nunca lo ha abando- nado, si pone sus instintos e inclinaciones hacia sí mismo a que sean normadas y dirigidas por el amor simple y gratuito. Y con esto profundizar en la humildad, que es la verdad honda que Dios siempre nos ama y que el no sentirlo es porque permitimos que se enseñoreen de noso- tros las tendencias a desviar el amor gratuito al amor interesado. Esto nos dará una profunda paz interior que si Dios quiere podrá también ser sentida como alegría sensible.
  9. 9. Discernimiento (Primer borrador. 14 oct 95) 9 Y quien tiene la alegría sensible, que no se engría con ella. Agradezca esa ayuda para vivir se- gún la voluntad de Dios, pero no ponga en ella su fortaleza. Y prevea que pronto puede tener otras experiencias sensibles contrarias que no serán señal de que Dios lo habrá dejado de amar. Porque cuando nos encerramos en nosotros mismos perdemos claridad y serenidad para juz- garnos a nosotros mismos, ayuda platicar de todas estas cosas con quien hayamos escogido para esto. La amistad humana nos ayudará a vivir según Dios. Nuestra vida nos habrá ido enseñando cuáles son nuestros puntos débiles. Cuidarnos de ellos porque es donde con más frecuencia y, sobre todo, fuerza se manifestarán nuestras tendencias desordenadas. Y siguen las reglas más propias de la segunda semana. El acento de la primera semana está más en los sentimientos, apegos y rechazos. El de la segunda más en los autoengaños, prejuicios, enmascaramien- tos. De Dios viene el gozo y la alegría del espíritu. De las tendencias desordenadas la tristeza y la turbación en base a razones aparentes, sutilezas y continuos engaños. Gozo y alegría verdaderos; tristeza o descontento con uno mismo radicada en el fondo del corazón, en el fondo del propio yo. Pues ya vimos que se puede sentir una alegría o gozo en lo desordenado nuestro, pero no es de fondo. Una consolación que aparece sin causa ninguna es de Dios. Consolación en su sentido propio de aumento de fe esperanza y amor con repercusión afectiva. Sólo Dios está más adentro de uno que uno mismo. Pero tener mucho cuidado porque con causa se puede sentir consolación tanto si viene el movimiento de Dios o de nuestro egoísmo. Sentir consolación en cuanto se siente alegría, ánimo, bienestar, o porque se experimenta el amor comunicado y participado de Dios (y entonces es de Dios) o porque se experimenta otro amor que se disfraza del verdadero amor con razones aparentes que de entrada convencen porque quiere uno ya estar convencido (y entonces viene eso de nuestras desviaciones que no quieren dejar entrar a Dios). La conso- lación verdadera es profunda, honda aunque en la superficie haya grandes tristezas, sinsabores que no pueden quitar el saberse amado por Dios. La pseudoconsolación nunca cala tan hondo. Puede llegar a niveles nada superficiales, pero nunca hasta el núcleo de la persona. Hago el mal que no quiero o no hago el bien que quiero. Lo hice, y en ciertos niveles con autocomplacencia y gozo, pero está también la íntima desazón. No basta con examinar los pensamientos aislados. Hay que ver la sucesión de ellos y cómo y hacia dónde caminan. Puede un pensamiento ser muy santo y muy bueno, y llevar a otro y a otro que poco a poco se van desviando hacia el mal o a lo menos bueno, o que van quitando la paz y tranquilidad profundas. Y si se da uno cuenta de eso grabarlo muy bien en la memoria pa- ra el futuro. Ir de subida o de bajada en este camino en el espíritu no se refiere sólo a ir de pecado en peca- do o a ir saliendo de ellos. También al irnos dejando llevar más por Dios o por el desorden de nuestras tendencias. A quien va de subida toca Dios con suavidad y nuestro desorden con es- trépito. Y al revés al que va de bajada. Y hay que examinar esto con mucha finura, porque ni el ascenso ni el descenso son continuos. Aunque el movimiento general sea de subida, hay sus bajadas y al revés. 4. Poner en común el discernimiento El consejo de conferir con cierta regularidad el discernimiento con otra persona puede hacerse con varios. Se puede conferir en un grupo en el que sucesivamente cada uno expone el discer- nimiento que ha hecho ante un grupo de amigos que quieren ayudarse unos a otros. Grupo de
  10. 10. 10 Discernimiento (primer borrador. 14 oct 95) amigos porque la confianza es fundamental. Confianza para decir lo más íntimo de uno y con- fianza en que no se dirá nada de lo platicado fuera del grupo y que no será usado en contra de uno por ningún motivo. En el grupo de amigos expone uno lo que le ha pasado desde la última vez que lo había platica- do, o desde un mes atrás, o desde el tiempo que le parezca a uno de provecho para él y para los demás si es la primera vez que se reúnen. Y junto con lo que se ha vivido, los sentimientos, mociones y discursos. Y cómo ve uno ese tiempo: si ha sido de subida o de bajada en el ir hacia Dios y movido por Él. Los demás escuchan con cariño, procurando entender bien lo que el otro dice desde él mismo. Qué movimientos califica como consolación y cuáles como desolación. En dónde ha visto la mano de Dios, o engaños. Las sucesiones de discursos y quizá de planes grandes o pequeños. Terminada esa exposición los demás le preguntan si algo no han comprendido bien o si necesi- tan más contexto. Tras un momento de reflexión orante cada uno le dirá lo que le parezca respecto a su discerni- miento. Podrán hacerle ver huecos, o si en su opinión tal discernimiento estuvo o no bien hecho y por qué. A qué otras cosas debería haber atendido. Etc. No se trata de entrar en discusiones ni en diálogos al botepronto. Se escucha al hermano que desde su amor da algunos consejos. El que expuso escucha sin actitud defensiva porque la del hermano que le habló no es ofensiva. Si nota que en algo no lo comprendieron lo dirá, no como justificación, sino en aras de la verdad. Guardará en su corazón lo que se le dice para seguir con su discernimiento en la vida diaria. En cada reunión, dependiendo del tiempo de que se disponga, expondrán dos o tres con el con- siguiente revire a cada uno. En la siguiente expondrán otros y así sucesivamente. Terminada una ronda se empieza otra. Ya habrá pasado el tiempo suficiente para que ni se distancien de- masiado las exposiciones ni no alcancen a cubrir un tiempo suficiente para discernir procesos.

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