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A los colombianos

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A los colombianos

  1. 1. HACIA UNA POLITICA DE PAZLlamamiento a la cordura, al entendimiento y al dialogo entre hermanos debe ser laconsigna. La guerra hay que dejársela a aquellos para los que la equidad y la justiciasocial adquieren la forma y toman el valor de una perplejidad constante y paralizante. Aaquellos para los que entienden la política no como una actividad en la que prima sobrecualquier otro concepto el bienestar de las comunidades en las cuales les ha tocadovivir, sino su propio interés personal y al de sus áulicos, que los han aupado al poder aexpensas de la rapacería económica y el crimen ejercidos sobre sus propiosconciudadanos. Por ello vale la pena hacer un análisis sucinto de la realidad LatinoAmericana y, especialmente, la atinente a Colombia y Venezuela. Me propongo haceruna pequeña exposición de motivos que sirva de reflexión , en relación con nuestraposición, en el va y ven de la política internacional, en el entendimiento de que con ellaorientemos nuestros esfuerzos en el mantenimiento de la paz y en la unidad de nuestrospueblos como única garantía de conseguir para nuestros hijos y nietos y para todas lasgeneraciones venideras un mundo digno de ser vivido:Vale la pena recordar que la política de EE.UU. en relación con América Latina sesustenta en una ofensiva político-militar orientada a apuntalar los regímenes clientes-adeptos y a socavar y desestabilizar los gobiernos independientes en la región. Lo másllamativo de esta táctica reside en el esfuerzo económico- militar del gobierno NorteAmericano para derrotar los movimientos socio-político popular, independientementede si son ideológicos o militares, opuestos a la dominación imperial. Los países de laregión donde con mayor intensidad se lleva a efecto esta ofensiva son Colombia yVenezuela. En los dos países la apuesta Norte Americana es muy alta por cuanto losintereses político, económico, ideológico y las consideraciones geo-estratégicas loexigen, así pensaba Bush y el pentágono, y así piensa Obama.Colombia y Venezuela poseen costas que los comunican con los países del Caribe ytienen acceso a los países Andinos; el que emerja en Colombia un régimenrevolucionario o que se estabilice el régimen nacionalista en Venezuela podría inspirarmovimientos similares en la zona transformando la región y minando seriamente elcontrol que ejerce Washington a través de sus regímenes clientes. De producirsecambios significativos estos afectarían el control Norte Americano sobre la produccióny abastecimiento de petróleo, no solo en Colombia y Venezuela, sino que, tal actitud,provocaría como efecto dómino reacciones similares en México y en el Ecuador, en ésteúltimo país ya se están sucediendo, así como los procesos de retroceso de privatizaciónmasiva de las empresas nacionales que tan ávidamente persiguen los especuladoresfinancieros internacionales ,las grandes compañías multinacionales y los amigos de losgobernantes de turno..Estados Unidos necesita mantener un abastecimiento creciente de combustibles-Petróleo y derivados- para mantenerse inflexible en el actual momento de guerra nodeclarada con Irán y otros países del Golfo incluyendo a Irak, al que aun, a pesar delgenocidio, no ha podido someter, sin perder de vista la creciente vulnerabilidad deArabia Saudí y otros países Árabes productores de Petróleo estremecidos por losmovimientos que sacuden oriente medio...Geo-estratégicamente las transformaciones políticas en Colombia y Venezuela podríanllevar a un pacto de integración regional que incluiría no solamente a la mayoría de los
  2. 2. países de América del Sur , Centro América y la inclusión de Cuba, destruyendo elembargo que desde hace 40 años mantiene Washington sobre la isla y creando unaalternativa viable al acuerdo de libre comercio (ALCA/FTAA en ingles) impulsado porEstados unidos, primando un pacto regional que jamás ha sido visto con buenos ojos porEE.UU. como lo demuestra el reiterado fracaso de los diferentes intentos de los paísesde la región en éste sentido.La Estrategia de EE.UU. hacia Colombia y Venezuela corre por diferentes derroteros:En Colombia, Washington ha optado por la "guerra total", el enfrentamiento entrehermanos sin posibilidad de solución a través del libre entendimiento y disenso. EnVenezuela, se ha adoptado la doble estrategia de una sublevación civil dedesestabilización político-económica que subvierta el orden y termine en un golpe deestado.Es bien conocida por todos la estrategia en Colombia. La lucha contra-insurgente enColombia se lleva a efecto bajo el paraguas del Narcotráfico para justificar la aceleradaescalada militar y para-militar. La campaña se lleva a efecto en las zonas en las que lasFarc mantienen su presencia y son más fuertes, así mismo sobre civiles, campesinos,organizaciones ciudadanas, sindicatos y en fin contra todos aquellos que rechazan elpensamiento único .De otra parte, ignoraban, a un tiempo, las áreas controladas por lasfuerzas para-militares aliadas de las Fuerzas Militares de Colombia y a los intereses dealgunos desaprensivos que, aprovechando la revuelta, hacen suculentas gananciasapropiándose de tierras y otros bienes sin importarles el derramamiento de sangreinocente en la consecución de sus propósitos.En Venezuela, en contraste con la política de tierra arrasada en Colombia, se haimplementado un enfoque cívico-militar que permita el derrocamiento del Presidente.La primera parte es la desestabilización de la economía presionando a grupos allegadosde negocios profesionales y a dirigentes políticos y sindicales de derechas mediante lautilización de los medios masivos de comunicación y el cierre de empresas estratégicas.La segunda fase se orienta hacia la captación de militares en retiro o activos queprovoquen fisuras significativas dentro de las fuerzas de seguridad del Estado quedesemboquen en un Golpe Militar.A grandes rasgos, es lo que está ocurriendo, y somos los ciudadanos quienesreflexivamente debemos pensar, dejando egoísmos y pasiones a un lado, sobre el futurode las nuevas generaciones de Latino Americanos. Es por lo menos prudente llenarnosde razones, examinar detenidamente los acontecimientos mundiales, leer lo que se opinasobre nosotros en otras latitudes, estar pendientes de lo que los politólogosinternacionales opinan sobre el devenir del mundo y luego tomar posiciones que nospermitan estar a la vanguardia del desarrollo justo y equitativo de las sociedades en lasque no ha tocado vivir o rechazando, sin paliativos, la negación al libre ejercicio de laslibertades, a la garantía de nuestros derechos y al cumplimiento de nuestros deberes.Debemos evitar que otros piensen por nosotros para ejercer sin limitaciones losderechos que nos otorga la Democracia.Sé que no está todo dicho. Sé que el tema es muy extenso, pero si es necesario vale lapena abrir un debate para despejar incógnitas y dar luz a las zonas oscuras. Por hoy soloquería abrir una ventana a la esperanza, alejar la guerra de nuestro diccionario einvitarlos a todos a una reflexión más profunda de nuestra situación política, económica
  3. 3. y social haciendo énfasis en el análisis reflexivo de lo que entendemos por justiciasocial. Allí donde no hay justicia social no suele existir la democracia. La democracia senutre y se fortalece con la diversidad ideológica, pero no puede ni debe dar lugar a lacreación de guetos aislados y sometidos. Por ello es importante el establecimiento dereglas comunes que permitan que funcione el sistema sin alteraciones del ritmo, esdecir, cumpliendo estrictamente todos y cada uno de sus principios sin que ninguno desus miembros se vea perjudicado por otro. Es éste principio de la equidad y de lavulneración de las libertades el que da origen a movimientos sociales no deseados. Valela pena citar como ejemplo la deriva reaccionaria de los Neo-con que tiene que ver conla deriva de los movimientos cristianos hacia el quehacer político activo: El PapaWojtyla fue, entre otras cosas, un activo hombre de estado involucrándose de lleno en lalucha contra el comunismo y las ideologías de izquierda y de devolverle los favores quela CIA le prestó desarticulando los movimientos de la teología de la liberación enAmérica Latina y en el resto del Mundo: Para ello el Vaticano se involucro en Polonia yen Croacia y no condeno la intervención de Bush con ocasión de la guerra del Golfo.Los Demócratas tenemos que hacer un esfuerzo de comprensión sobre lo que sucede.No se trata de transigir con la vulneración de los derechos humanos en nombre deideologías, tradiciones o creencias que reclaman respetabilidad. Se trata más bien deregresar a los valores según los cuales es el dialogo y el raciocinio lo que nos permiteacercar posturas por alejadas que se encuentren las unas de las otras. Por eso es injusta ypeligrosa la identificación de la violencia con el disenso ideológico. Los colombianosnos encontramos ante una situación grave, pero seguramente no se trata tan solo, yquizás no se trata tanto, de la amenaza terrorista en sí como de la anormalidad de la vidade los colombianos durante los últimos sesenta años. Mientras no abordemos conseriedad y decisión las causas que producen la violencia será imposible acabar con ella.El gasto de miles de millones de pesos en mantener una guerra es absurdo. Si esosrecursos se dedicaran a crear infraestructuras y mejoras que contribuyan a elevar elestándar de vida de los ciudadanos la violencia política iría desapareciendo porsustracción de materia. Pero no se hace. La compra de armamento deja inmensosbeneficios para quien las vende y suculentas comisiones para quien las compra. Por elloes más fácil que los gobiernos se apliquen, como se viene haciendo, a identificar a losciudadanos en dos categorías: Los buenos y los malos, haciéndonos participes de ladefinición Norteamericana de los países buenos y los países malos: Los aliados o losque pertenecen al eje del mal. Los problemas políticos, aun los más aleves, participes deactitudes criminales, exigen por parte de los gobiernos y de quienes pretendansolucionarlos, para su tratamiento y solución, voluntad política cierta, respaldo de laciudadanía y de todas las fuerzas vivas de la nación e inflexible cumplimiento de losacuerdos a que haya lugar, toda vez que, como se ha demostrado a lo largo de estossesenta años de violencia política, su incumplimiento por una de las partes produce elefecto adverso al buscado. Son las partes en conflicto las que están obligadas a cumplir,sin paliativos, con los acuerdos a que haya lugar en el entendimiento de que si no serespetan los acuerdos y se buscan soluciones que mejoren el estándar de vida de losciudadanos la violencia política y la criminalidad no desaparecerán. .Carlos Herrera Rozo.

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