Amores Urgentes I

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Un relato erótico para reflexionar sobre la identidad sexual y muchos de sus tabúes.

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Amores Urgentes I

  1. 1. Martes, 27. 07:30 de la tarde de un día de primavera. Sale de su oficina como todos los días,asegurándose antes de cerrar la puerta de que ha apagado la luz y en ningún ordenador hay unpiloto encendido. Recorre con la vista rápidamente el despacho. Todo está en su sitio,ordenado, las mesas impolutas, los expedientes apilados y clasificados por orden de prioridad,en la impresora no hay papeles abandonados. Puede irse.Como todas las tardes a partir de la primavera, atraviesa el Retiro andando para llegar a sucasa en 55 minutos. Se lo ha recomendado el médico: “si no puede ir al gimnasio, al menosande una hora al día a paso ligero”. Toma siempre el mismo camino: entra por MenéndezPelayo a la altura de Sainz de Baranda, se dirige a la izquierda por el Paseo de Fernán Núñez, seinterna entre los árboles, castaños de indias, plátanos, acacias…enseguida pasea entre laespesura y el silencio denso interrumpido por la luz del atardecer que juega entre las hojashasta el Palacio de Cristal. Los últimos turistas curiosean alrededor del estanque y hacen lasreglamentarias fotos del reflejo del Palacio en el agua. Sigue su camino en dirección al ÁngelCaído, los caminos se estrechan, el bosque es más frondoso y siente tras y delante de sí lasmiradas clavadas en su espalda y en su pecho. Miradas anónimas, cargadas de intención quegritan ¡cómeme!, ¡desnúdame!, ¡fóllame!. Con paso vacilante sigue su camino, todos los días lamisma rutina, el mismo ritual de situarse al filo, pero sin atreverse a cruzar la línea, sonriendodiscretamente, bajando la vista al pasar, mirando hacia otro lado. Ve figuras amorfas,asexuadas, sentadas en actitud provocativa o caminando lentamente embozadas engabardinas, con sombreros imposibles y gafas de sol oscuras, pero invariablemente sigue sucamino, como cada día. Apenas distingue, pues la vergüenza le impide mirarlas directamente ala cara, si son hombres o mujeres las figuras que miran. Sólo sabe que siente un placer lascivoy desatado en su interior, que recorre su cuerpo e inunda su sexo. Ha imaginado una y milveces que una de esas figuras se le echa encima, sin preguntar, desgarrando su ropa yempujando su cuerpo suavemente contra el suelo, abriendo su gabardina y dejando a su vistaun cuerpo escultural de….Sacude la cabeza, respira hondo varias veces y sale rápidamente alPaseo de Uruguay. Contempla la escultura del Angel Caído y se dice mentalmente: “otro díaque no caí en tus garras…”. ¿Hasta cuándo seguirá este juego?. Aprieta el paso bajando elPaseo de Uruguay y la Cuesta de Moyano. Curiosea entre los puestos de los libreros de viejo ycompra un libro de cuentos infantiles. Se siente mejor, como si el peso de la culpa sedesvaneciera.Llega a casa y se encuentra con el abrazo fiel e incondicional de su hija:―¡Hola, Mamá! ¿Qué me has traído hoy?
  2. 2. Miércoles 28. 07:30 de la tarde de un día de primavera. Un susurro al otro lado del teléfono:¡no me dejes, no puedo vivir sin ti!Siente angustia, cuelga el aparato y sale corriendo de casa. Baja al garaje y arranca con rabia sumoto. Se pone el casco y sale con un runfido del tubo de escape como una exhalación. En susoídos aún suena“Never mind, Ill find someone like you,I wish nothing but the best for you, too,Dont forget me, I beg,I remember you said,"Sometimes it lasts in love,But sometimes it hurts instead,"Sometimes it lasts in love,But sometimes it hurts instead, yeah”La canción martillea en su cabeza insistentemente; la tortura es fina y sutil. Ha llamado variasveces desde diferentes teléfonos para en silencio obligar a su alma a escuchar la fatídicacanción. ¿Por qué esta venganza anónima, silenciosa y cruel? Recorre la Calle Serrano,apenas tiene que pararse, todos los semáforos están en verde como para indicar que el paso ysu joven y recién estrenada vida están libres de nuevo. Sigue velozmente por la Calle AlfonsoXIII y al llegar a la Puerta de Moyano hace frenar bruscamente su motocicleta. La aparca decualquier manera, guarda el casco y se coloca el sombrero de ala ancha.dejando libre el huecopara acomodar el casco. Sube a zancadas el Paseo de Uruguay en dirección al Ángel Caído yse adentra en la espesura cómplice de sus travesuras al filo del dulce sabor que deja loprohibido y oculto. Sin embargo no se esconde. Lleva una camiseta entallada de Custoestampada en tonos rojo y azul deslavado que le da ese aire ambiguo, por definir, inacabado.Se sienta en un banco con pose indolente. Recibe un whatsapp. Lo abre, dice así:I heard that youre settled down,That you found a girl and youre married now,I heard that your dreams came true,Guess she gave you things I didnt give to you,Old friend, why are you so shy?Aint like you to hold back or hide from the light.Apaga el móvil y lo guarda en el bolsillo. Sigue esperando. A su lado pasa una mujer, despaciocon la mirada ¿ausente?. Viste traje ejecutivo, masculino, azul marino. El toque elegante lo daun pañuelo de seda de vivos colores naranja y violáceo que lleva estudiadamente caído sobrela chaqueta. Pasea sin prisa mirando con disimulo a uno y otro lado, observando las sombrasde las figuras que han decidido encontrarse para un efímero desahogo, intenso y que excitaaún más por el hecho de poder estar siendo observado por los paseantes anónimos.Saca el móvil del bolsillo. Sube el volumen del receptor, escoge una canción de sus i-tunesfavoritos para llamar la atención de la mujer.I hate to turn up out of the blue uninvited,But I couldnt stay away, I couldnt fight it,I had hoped youd see my face…
  3. 3. De pronto se gira, sus miradas se cruzan. En un instante se le echa encima, sin preguntar,desgarrando su ropa y empujando su cuerpo suavemente contra el suelo. El móvil cae a sulado y la canción sigue sonando:Never mind, Ill find someone like you,I wish nothing but the best for you, too,Dont forget me, I beg,I remember you said,"Sometimes it lasts in love,But sometimes it hurts instead,"Sometimes it lasts in love,But sometimes it hurts instead, yeah,Miércoles 28. 07:30 de la tarde de un día de primavera. Un taxi se para en Alcalá 457. Unviajero se sube.―Buenas tardes, ¿a dónde vamos?―Al Retiro―Ya, pero ¿dónde exactamente?―Le diré cuando lleguemos. Póngase en marcha.El tono no deja dudas, es autoritario, de quien está acostumbrado a mandar y ser obedecidosin réplica posible.―¿Por dónde quiere que vaya?―Por el camino más corto y rápido.El taxista odia ese tipo de respuestas, porque le obliga a asumir la responsabilidad yllevarse la bronca del cliente si se mete en un atasco impredecible.―¿Le parece que vayamos por Alcalá hacia Menéndez Pelayo y ya Vd. me dicedónde le viene bien que le deje?Tras un lacónico “sí” el taxista se pone en marcha. Poco antes de llegar al Puente deVentas el tráfico se ralentiza. El taxista mira por el retrovisor y con tono de disculpa ledice al viajero―¡Vaya, lo siento! No recordaba que hoy era tarde de toros. Si quiere cambiamos deruta.―¿Qué alternativa propone?―Estamos a tiempo de coger la Calle 30 y salir en Conde de Casal.El viajero echa un vistazo a la M-30 y ve que el tráfico allí también está prácticamenteparado.
  4. 4. ―Creo que va a ser lo mismo. Continuamos como estaba previsto.Consiguen atravesar el puente. Alrededor de la plaza se concentra una enormemuchedumbre a la espera. De mientras el taxista ha puesto la radio: ¡inolvidable ehistórica la tarde de hoy en las Ventas! Las dos faenas del diestro de Linaresimpecables. ¡Qué templanza, qué maestría y los toros de Torrestrella inmejorables. Elpúblico lleva un cuarto de hora en pie aplaudiendo y una marea de pañuelos blancosinunda la plaza…Atención…¡sí! Otra oreja para José Tomás. Ya va por la terceravuelta al ruedo y ahora es cogido a hombros por su cuadrilla. Se dirigen, sí señor a laPuerta Grande…―Es increíble las pasiones que desatan todavía las corridas de toros, ¿verdad?Todavía le van a cortar el rabo…― ¿A quién?El taxista mira asombrado por el retrovisor y ve una cara totalmente seria. Vé que nose trata de un chiste y contesta―Al toro, claro…Continúan en silencio hasta Narváez.―¿Quiere que tuerza aquí y siga después por Menéndez Pelayo o bajo a la Puerta deAlcalá?―¿Dónde suele ir Vd. cuando va al Retiro?―Hombre, yo suelo pasear con mi pibita por el paseo del lago, ¿sbe Vd.? A ella le gusta ver alos artistas y las que leen las manos y eso. A mí ya me va bien, porque desde allí también seescucha perfectamente las batucadas. Si te acercas demasiado es increíble el ruido. Se diríaque estás en medio de una tribu africana que te va a echar a una olla para cocinarte y luegocomerte a cachos.―¿A Vd. le han comido a cachos alguna vez?Atónito esta vez el taxista se vuelve hacia el cliente y se lo encuentra a un palmo de su oreja.El viajero le susurra lentamente al oído:―Tuerza a la izquierda y luego baje por Sainz de Baranda y aparque junto al Florida Park.De nuevo el tono no deja dudas, es autoritario, a pesar de ser un hilo de voz. El cliente esperaque ejecute la orden rápidamente, sin rechistar.El taxista se remueve en el asiento. Su corazón late a 100 por hora.―Cuando lleguemos, bájese del coche, cierre el coche y entre al parque por la entrada de lasala de fiestas. Después llegará al Paseo de Fernán Núñez y verá que enseguida a manoderecha se adentra un sendero en dirección al Palacio de Cristal. Yo le seguiré a cortadistancia, así que no se despiste. Cuando yo le diga se parará y seguirá mis instrucciones. Lepagaré su carrera y lo que sea al acabar.
  5. 5. ―Oiga, mire, yo en cinco minutos acabo mi turno ¿sabe? Y tengo ganas de tomarme unasbirritas fresquitas en mi barrio con los coleguitas, ¿vale?. Así que déjese de chorradas. Mepararé donde Vd. me dice, me paga y en paz, ¿ok?El viajero le increpa fría y tranquilamente―Vd. verá si quiere que descargue este trasto en su espalda. No se lo recomiendo, lo que llevoen este bolsillo es una Magnum de 4 tiros que si la acciono es probable que no lo reconozcanni por la dentadura. La elección es suya.Un sudor helado recorre la espalda del taxista. Sin embargo, traga saliva y responde con sangrefría:―No me lo creo, seguro que es de plástico o es un palo de madera con el que me estáapuntando. Sáquelo de la gabardina, hágame el favor.―Le gusta el riesgo, entonces…Esto me pone más todavía― responde quitando el seguro delarma.El taxista esta vez no se lo toma a broma y obedece.Aparca, se baja del coche y comienza a caminar siguiendo las instrucciones del viajero.Un grupo de turistas japoneses se ha bajado de un autobús y siguiendo en bloque al guía sedirige a la sala de fiestas. El taxista piensa rápidamente si mezclarse con ellos y entrar a la sala,pero antes de que pueda hacerlo, siente en sus riñones un objeto metálico.―Continúe, no se pare.El viajero se despega nuevamente de él y le sigue a una prudente distancia para no llamar laatención. Se han adentrado ya por el sendero que conduce al Palacio de Cristal, donde unapareja termina de hacer las últimas fotos junto al estanque. No queda nadie más.―Siga por el camino que se abre a la derecha―le susurra nuevamente en la oreja el viajero altaxista y camine lentamente.―¿A dónde vamos? ¿No me va a matar, verdad? ―le suplica el taxista― Tengo un hijode cinco años que me necesita…―Cállese y haga lo que le digo.Continúan uno detrás del otro hasta llegar a una pequeña glorieta, en el medio de lacual se alza un monolito blanco con un capitel corintio decorado con flores de acanto.Unos metros más allá entre los arbustos se oyen los gemidos de una pareja.―¿Ve a aquellas dos bolleras? Acérquese a ellas, quítese los pantalones y hágaseuna paja mirándolas. Cuando haya acabado encontrará un sobre con dinero aquí, alos pies a la columna.―¿Y Vd., qué hará de mientras?
  6. 6. ―Eso es asunto mío.El taxista titubea pero finalmente se dirige hacia las dos mujeres que fundidas en un besointerminable no se percatan de su presencia. Desperdigado por el suelo, una chaqueta ypantalón azul marino de Armani, una blusa de rayón, una camiseta de Custo en deslavadoscolores azul y rojo, unos pantalones de camuflaje y un sombrero de ala ancha que contiene unprecioso pañuelo de seda naranja y violeta.De un móvil suena una canciónNothing compares,No worries or cares,Regrets and mistakes, theyre memories made,Who would have known how bittersweet this would taste?Never mind, Ill find someone like you…I

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