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Luria el hombre con su mundo destrozado

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Obra de Alexander Luria.

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Luria el hombre con su mundo destrozado

  1. 1. m i,
  2. 2. Graníca editor Aguilar 2.154, Tel. 73-2854 Buenos Aires, Argentina DIRECTOR: Juan Granvíca EDIClONES: Jorge Piatigorsky ARTE: Leandro Hipólito Raguccí ADMINISTRACION: Joáé Ziachevsky VENTAS: Eduardo Buttí RELACIONES PUBLICAS: Juan Ignacio Aceveóo y Rosa Braseó SECRETARÍA: Carmen Figueroa
  3. 3. EL HOMBRE CON SU MUNDO DESTHOZADO
  4. 4. Colección PSIQUIATRBA Y SOCIEDAD dirigida por JOSE ¡TZIGSOHN GIOVANN! BERUNGER A Psiquiatría y poder SAUL FRIEDLÁNDER Una psicosis colectiva: el antisemitismo nazi A. R. LUNA El hombre con su mundo destrozado JEAN-OLWIER MAJASTRE La infroducción del cambio en un hospital psiquiátrico ROGER GENTIS - HORACE TORRUBIA (compa) ' Locura por locura
  5. 5. Á. B. LURM EL HIIMBBE con su MUNDB IJESTRIJZAIJÜ EB granica editor
  6. 6. Título del original inglés: THE MAN WITH A SHATTERED WORLD Basic Books, ¡no Publishers, New York © 19'72 by Basic Books, inc. I‘? edición: agosto de 19'73 ¡r Traduccion: Floreai Mazía © bygranica editor, 1973 Hecho el depósito que marca ¡a ¡ey 11.723 impreso en ta Argentina, Printer! ln Argentina.
  7. 7. '19 21V Z3 25 27 31 33 36 37 48 48 52 56 67 70 74 78 83 86 92. 97 102 107 H2 125 137 139 INDICE Prefacio Acerca del libro y su autor Del autor EL PASADO LA GUERRA DESPUES DE LA HERIDA v EL HOSPITAL DE REHABILITACION NUESTRA PRIMERA ENTREVISTA EXTRACTO DE LA HISTORIA CLINICA N‘? 3712 BREVE RESUMEN DE ANATOMIA DEL CEREBRO Primera digresión PRIMEROS PASOS EN UN MUNDO DESTROZADO SU VISION SU CUERPO ESPACIO LECTURA OTRA VEZ ESTUDIANTE LA ESCRITURA, PUNTO DE VIRAJE "LA HISTORIA DE UNA TERRIBLE LESION CEREBRAL" ¿poa que ESCRIBIO? "MI MUNDO No TIENE RECUERDOS“ "MIS RECUERDOS ME VUELVEN ¡’OR EL LADO EQUIVOCADO" LAS CARACTERISTICAS PECULIARES DE SU "MEMORIA DEL LENGUAJE" ACERCA DE LA REMEMORACION DE PALABRAS Segunda dígresión LIMITADO A IMAGENES INDESCIFRADAS, A IDEAS DESCARNADAS CONSTRUCCIONES GRAMATICALES Tercera digresión "TODOS MIS CONOCIMIENTOS HAN DESAPARECIDO" UNA HISTORIA QUE NO TIENE FINAL "Sl NO FUERA POR LA GUERRA . . . " A modo de epílogo
  8. 8. PREFACEO Es frecuente que rauestras percepciones más vividas- acerca de un pais extranjero provengan de una persona que lo ha visitado y vuelto para ofrecer-nos su relato. Lo mismo ocurre con nuestra- comprensión de las pertitrba- ciones mentales. A lo largo ‘de los años, varios i-ndiv-iduos regresaron para‘ describirnos- sus ezcperienciasde vida en los extraños estados de la esq-ilizofre-nia} Este librito nos trae las impresiones igualmente extrañas y fascinadoras de un hombre con un tipo muy distinto de perticrbación, una destrucción del intelecto producida por cena herida en la cabeza. Su caso. es más trágico que el ale ellos porque el daño sufrido por su cerebro es irreversible. Durante vein- ticinco años, Zasetski, el paciente de A. R. Limia, vivió en un estado de desconcierto psicológico, y siempre seguirá en él. Poco a poco, de a trozos, consiguió enviarnos una notable narración de lo que es ese estado, y al. hacerlo nos ofreció una singular visión-de la organización de los pro- cesos mentales por el cerebro humano. ' Todos aceptan hoy el hecho de que el cerebro es la base fisica del pensamiento humano. Pero está. muy lejos de resultar clara la manera en que la organización anató- mica del cerebro se relaciona con las cwracter-ísticas del fun- cionamiento intelectual. En las páginas que siguen encon- ï Clifford W. Beers, A Mind that Found itself, boubleday, Page & Co_. , 1948: Hannah Green, I Neiva-r Promised Youo Rose- garden, Half, Rínehart S: Wïínston, 1964.
  9. 9. z-rareneos a zm honzbrc que puede parecer estúpido. Se olvi- da de lo que esta lzacienrlo, en el momento de ir a bzzscar un. balde. Le resulta difícil (Jbedecer instrucciones que cual» q-uie-r ¡Lillo entendericz. , Pero citando ter-minanzos con este librito, nosotros, como LHTÍCL, admiramos a Zezsetski como un hombre inteli» gente e increiblemente e-mpiecrincido, que trabaja bajo el peso de onornies dif-iculfades pro-voceadas por la perturbación de la función. cerwebral normal. ¡agria (analiza la pauta ¿le las dificultades para descubrir‘ algo mas acerca del cerebro y de los complejos procesos racn. trz. les. La persistencia del paciente in. rá. lido nos ofrece una percepción que bateria alguna de tests psicológicos podria reemplazar. Resulta en todo sentido oportuno que el profesor Luria se haya ocupado de la tarea de presentarnos la singular narración de Zasetslci. No solo trabajó con este como coex- plorador de su condición, durante más de dos décadas, sino que como neuropsicólogo que estudió muchos casos simil lares, se encuentra en condiciones de presentar una pers- pectiva que el lector predio no pod/ ria obtener si solo se basura en las notas. Durante la Segunda Guerra Mundial realizó una de las más amplias investigaciones jamás em» prendidas, para determinar‘ en que ‘medida las lesiones de distintas partes del cerebro afectan la capacidad de una persona para pensar, hablar y entender el habla de los demas. Su libro Trauma/ sic Aphasia2 describe los descio brimientos basados en tests diagnósticos y terapia de más de setecientas victimas de heridas en la cabeza, causadas por las balas y los cascos de metralla de esa guerra. Para aquellos que gustan, de jilgar a “¿Qué haria si. . . ?”, los problemas de Zasctski abren todo un nuevo libro de desafíos. ¿Qué haria zisted si perdiese gran parte de su memoria, y si la parte restante no incluye el ayer y el dia anterior, sino solo cosas que ocurrieron hace mil- chos años? ¿Qué haria si cuando contemplase una página de nn libro viera nada más que la mitad izquierda de la página, y cuando se dedicara a la primera palabra viera solo su mitad izquierda, y citando tratase de concentrarse en la primera letra de esa palabra percibiera apenas la 2 A. R Luría, Traumatíc Aphasia {Afasia traumática), La Haya, Menton and Co. , 1970. - 10
  10. 10. mitad izquierda? ¿(Qué havia si pezdiese escribir pero no leer sn p-ropia escritura? Estos son zmros ¡Jocos de los pro- olenzas ante los cuales se iio Zasetski. Fenómenos tan poco corrientes son. cosas cotidianas en ne-nropsicología, la ramal de la psicología que estudia con la marti-ana seriedad los problemas referentes a la ana- ne-ra en que el cerebro cn-mple con tareas orientales ¿le sama conlplejirlrtd. En términos históricos, la rteuropsicologia nació de la unió-n entre las disciplinas nlédicas. de la neuro— logia-neurocirugía y la más académica de la psicologia. D-nrante iaarias decadas, a mediados del siglo XX, la neu- ropsicologia recorrió un camino desolado, dioergente del rnrnb-o pri-ncipal que segrlian ambas materias madres. Qui» se piense que si el análisis neuropsicológico del foco de las filtraciones’ psicológicas era lo bastante exacto, el ciru- jano o el clinico podian itsarlo como orientación para el tratamiento médico. Pero los clinicos de las especialidades médica y quirúrgica del campo neurológico encontraron que los diagnósticos neitropsicológicos cada vez más exac- tos poseían escaso valor práctico. Si bien las rtnevas téc» nicas de diagnóstico con razjos X y ondas cerebrales resul- tan toscas desde el punto de vista de la ¡‘tinción cerebral, ofrecen una informcicióca lo bastante precisa para las téc- nicas terapéuticas que existen en esos terrenos. Los psicólogos académicos siguieron una trayectoria distinta. Durante treinta años exploraron con decisión la idea de que r-csulta más útil estudiar la traición psicológica sin observar para nada el cerebro, hasta que los fisiólogos conozcan más acerca de las funciones cerebrales. Los psi- cólogos mostraron tendencia a considerar el cerebro, y el animal en sn conjunto, como una caja negra que recibe ciertos ingresos y produce determinados egresos. Mediante la maazzïpnlacióiz de los ingresos y la medición de los egre- sos, se pueden deducir reglas en cuanto a las formas en que se relacionan entre si, sin necesidad de mirar dentro de la caja. negra. Como los principales modos éticos de mo- dificar la forma en que las personas sanas piensan y sien- ten no incluyen la manipulación del cerebro, gran parte de los conocimientos acerca (le este fueron considerados inúti- les para el psicólogo. En los últimos años se Iza debilitado la defensa de la separación. de los enfoques psicológico y ncurofisiológico 11
  11. 11. en. el estudio de los procesos intelectuales. Las técnicas para. el est-nativo del cerebro fueron perfeccionadas en gran medi-o da y saludrtdas con entusiasmo por investigadores del flo» reciente dominio de la psicologia fisiológica. Este último- vástago de la psicologia y la biologia tiene mucho en común con la neuropsicologia, en el sentido de que investiga los’ mecanismos cerebrales de los fenómenos psicológicos. Pero- lzasta ¡toy no se ocupó a fondo de procesos mentales parti- cularmente humanos tales como el habla, la lectura, las‘ operaciones de cálculo, etc. , que tanto desconciertan al nen- ropsicólogo. Los psicólogos especializados en fisiología se han dedicado principalmente a fimcion es básicas tales- conm la alime-ntación, la conducta sexual, el miedo y otras por el estilo, que tienen características comunes en varias especies. - Los principales progresos de la nenropsicologia se baw sao-on en la observación de la conducta de los seres hnmaw nos u otros animales con lesiones (lte-ridas o destrucción. ) de distintas estructuras cerebrales. Los estildios de los seres humanos se concentraron en la explotación de los “accidentes de la naturaleza” para proveerse de sujetos expe-rimentales: Zasetski es 2m buen ejemplo de ello. _ En los animales, el neuropsicólogo produce lesiones en forma intencional, y tiene mayor dominio sobre la zlbicación y ‘amplitud del tejido cerebral destruido, que cuando trabaja con siljetos humanos. Gran parte de nuestros conocimien- tos sobre el cerebro del hombre proviene de pacientes con. una lesión (en una zona limitada del cerebro, con decena ración, de tejidos causada por codgzdoso estallidos del vaso sanguíneo que irriga esa cana), un tumor (acumulación anormal de celulas, que se ensancha y quebrnnta el fun- cionamiento del tejido celular circundante por presión o infiltración), traumas (por ejemplo nn golpe en la cabeza o una herida por un casco de gra-nada del tipo (lol que padecía Z asetslsti), o la ablación quirúrgica (ion. i? ’aïÏ(l? H/l€íll— to extremo, pero a veces necesario, de un timnor o foco epileptico). En general, las lesiones traumáticas han ofre- cido la información. más digna de con fianza en lo referente a los procesos mentales superiores. Están relatzïozzme-nte biene. definidas y se las encuentra por lo general ven indi- viduos jóvenes, en otros sentidos saludables, de modo que no resulta (lfl’€I? É’ll')‘(lfÏ0 atribuir los cambios de las fracciones 12
  12. 12. psicológicas a la lesión, no a algún otro proceso patoló» gico progresivo. Por lo general los neuropsicólogos siguen una de dos estrategias para cotejar distintas zonas cerebrales con ¿life- rentes mecanismos psicológicos. La primera consiste en eli- minar en varios sujetos una parte del cerebro, que anató- mica-mente podria constituir una unidad funcional, y luego ponerlos a prueba en diversas tareas psicológicas, para de- terminar cuáles son las q-ue ya no pueden ejecutar. Esta estrategica es la más adecuada en la experimentación con a-ninzales, en la que se cuenta con el marciano dominio de la ubicación de las lesiones. La segunda, y la que más común- mente siguen losinuestigadores de los mecanismos cere- brales hilmanos, consiste en identificar a una cantidad de pacientes que han perdido determinada función psicológica (po-r ejemplo la. capacidad para nombrar objetos), dibujar la lesión. del paciente en un diagrama maestro del cerebro (¡Vigura 1) 2/ determinar que’ parte del cerebro es común a todos sus lesiones. La Figura 2, adaptada del libro del profesor Luria, Tratlmatíc Aphasia, ‘muestra qué ocilrrió citando hizo esto con diez pacientes que eahibían sintomas similares a los de Zasetski. Figura 1 Cuatro grandes divisiones de la corteza del cerebro humano. 13
  13. 13. Figura 2 El neuropsicólogo asigna una función a Ia zona de superposición de lesiones dibujada con referencia a varios pacientes que poseen e! mismo déficit funciona}. Es un mapa compuesto de diez lesiones, todas las cuales produjeron síndromes simiiares ai de Zasetski. La _zona de superposición s'e encuentra en la región tempormparietoo occipital. Los conceptos actuales de lo que significa localizar una función, psicológica en una parte especial del cerebro tie- nen una historia interesante. Hace setenta y cinco años - , pocos investigadores dudaban del principio de “localización de fianciones”. Resultaba claro, por ejemplo, que los prin- cipales trayectos" nerviosos de los ojos se dirigían hacia la parte posterior del cerebro, y que si esta parte resultaba lesionada, la victima eazpe/ rimentaba grandes dificultades en reconocer objetos. ¿’Muchos estudios de casos clinicos in- dividuales desciibian a pacientes que perdían zonas limi- tadas del cerebro y que ya no se encontraban en cortdicio- ‘ nes de leer, hablar o solucionar sencillos problemas. de suma - y resta. Estos ‘descubrimientos condujeron a la confección de mapas ce-rebrales, que todavia es posible encontrar en antiguos maizualcs rteurológicos, en los cuales la corteza (la superficie exterior, recorrida por numerosos surcos, del cerebro), está dividida en claros segmentos con rótulos tales como “habla”, “apreciación musical”, "aritméticaï etc. ' A14
  14. 14. Pero a medida que sc acum/ ulaban los datos surgieron numerosas contradicciones entre los descubrimientos de distintos investigadores. Algunas de ellas eran imputables a diferencias en las ubicaciones de las lesiones que se estu- diaba. Rcsultaba claro que si solo se poseían datos de dos o tres de las lesiones representadas en la Figura 2, y no de las diez, sc podia atribuir la función a una superficie de forma y dimensiones muy distintas que aguella cuya base de datos completos indica como la más importante. Otras contradicciones surgieron de la variación en la ma, - nera en que distintos investigadores dcfinian funciones tales como el “habla”, “apreciación. musical” y demás. Pero los descubrimientos mas gdesalentador-es de los primeros neuropsicólogos que trataron de analizar la función cero»- bral por medio de técnicas de lesiones surgieron de inves- tigaciones que sugerian que, en el caso de muchos de los tipos de funciones globales estudiadas, la ubicación de la lesión tenia menos que ver con la naturaleza del déficit psicológico que con la dimensión de la zona cerebral des- truida. Esto recibió la denominación de “principio de equi- potencialidad”. Un ‘conjunto de datos sugería que las dis- tintas zonas de la corteza contribuyen en iguales proporcio- ' nes a las funciones psicológicas superiores, de modo que si se elimina una parte, otra posee la capacidad potencial de mantener la fitnción. No cabe duda de que el recono- cimiento de este principio contribuyó a la indiferencia que los neuroclinicos y psicólogos norteamericanos mostraron Izaciala neuropsicologia ditrante el periodo central de este siglo. Como ocurre con tanta frecuencia en la ciencia, nue- vos avances en la ncuropsicologia nacieron de intentos de solucionar el conflicto entre dos hipótesis contradictorias, en este caso el principio de localización y el de equipoten- cialidad. La solución silrgió con una redefinición del tér» mino “función”. Resulta que el cerebro posee una organi- zizción muy tosea en términos de, filnciones globales tales como la irisión, la audición, el lenguaje, el cálculo, etc. Las investigaciones neuropsicológicas nos han llevado a pensar que cada una de estas capacidades globales abarca varias funciones constituyentes. Una lesión en cualesquiera de las estructuras intermedias. necesarias para leer, puede obs» taculizavr la capacidad de lectura, de una persona, pero el 15
  15. 15. ¡rléficit será distinto según. cuáles sean la estructura y la función imprescindibles para la lectura q-ue qzledan des» truidas. ‘ - O bien observemos la función global “comprensión del habla”. Es frecuente que Zasetski no entienda lo que dicen otros. Su lesión se encuentra en la zona temporossparieto» occipital de la corteza (Área I, Figura 3), y la función que Iza perdido se relaciona con la recepción de varias palabras a la pez. Figura 3 Tres zonas corticales, cuya lesión puede ‘producir una dificultad aparente en la funmón global “comprensión del habla”. Pero la función constituyente perdida es distinta en cada zona. Una persona con una lesión en la corteza temporal (Área II, Figura 3), también. tiene dificultades para la" comprensión -del lenguaje, pero por razones distintas: no puede organizar el flujo de sonidos del habla en unidades significativas. Una frase que “para nosotros suena asi”, podria “so nar par aela si”. Un sujeto con una lesión en el lóbulo frontal (Área III, Figura 3) puede parecer inca- paz de comprender el habla debido a su imposibilidad de repetir lo que ha escuchado. Asi, p-ues, .al hablar acerca de su comprensión de lo que se dijo, pacila, busca palabras, 16
  16. 16. insiste (repite el mismo vocablo una y otra pez), se rinde. « Resulta evidente por que’ los intentos de ubicar un cent-ro cerebral de la función de comprensión global del lenguaje terminó incluyendo más zonas de las que excluia. Pero como lo milestra la Figura3. es posible localizar varias de las importantes filnciones constituyentes que contribuyen a la comprensión del lenguaje. Pero no debe entenderse la localización en términos estrechos. La equipotencialidad significa que cuando una parte del cerebro se encuentra lesionada, otra porción pue- de hacerse cargo de su función. Las lesiones cerebrales impuestas a animales en su infancia mostraron que ello es asi en lo que se refiere a ciertas zonas cerebrales, y hasta cierta edad. Si se eliminan partes delos lóbulos fron- tales en monos, citando tienen pocos dias ‘de edad, y más tarde, como adidtos, se los somete a pruebas no milestran los mismos déficit intelectuales qile aquellos en quienes las mismas zonas resultan lesionadas en la edad madura. En apariencia, si la lesión se prodilce antes que el cerebro se haya desarrollado, pueden. evolucionar otras zonas de tal manera, qile desempeñen la misma función que habria eye cutado el área lesionada. e Los intentos de restablecer mi funcionamiento psico- lógico normal en personas como Zasetski, que sufrieron lesiones en su edad adulta, han resultado, sin embargo, desalentadoramente infricctilosos. La recuperación de una función gtobal como la del lenguaje en un paciente adulto‘ sebasa por lo general, no en el ‘restablecimiento de anti- guas fimciones corestituyentes, sino más bien en el perfec- cionamiento dc otras compensatorias, que explotan otras zonas del cerebro y coa-atribuyen al mismo objetivo. ¡Sas personas que quedan ciegas aprenden a usar los oidos en formas en que muchos de nosotros no podemos hacerlo. Veinte años después de resultar herido, Zasetslci es inca- paz de expresar un pensamiento complejo en el plano vocal, debido a la incapacidad “de retener todas las palabras en el pensamiento a la pez”, pero ha api°cndido a escribir de a poco por pez, escuchar la radio o escudriñar el periódico en busca de las palabras que ‘se le escapan, y poco a poco construi-r frases que trasnziteri perasamientos que nosotros. expzresariamos mediante el uso de nuestras certezas teme poromarieto-occipitales. ' - 17
  17. 17. Este libro es algo más que la historia de zm. caso cli- n-ico: es it-rta litgubre c-zlriosidad de la giterra. Al resumir los millares de páginas de las notas de Zasetski, el profesor Luria ha ofrecido una prese-ntación. legible, destilada, de la teoria y la técnica que orientaro-n, su irwestigación de los ultimos cuarenta años. Sus breves “dvïgresiones” son excelentes y concisas introducciones a los tópicos especializados de la estructura cerebral, y su relación con las funciones mentales superiores. Pero la singular fascinación de este libro consiste en la información de primera mano de las experiencias de Zasetslci, a medida. que este descubre y ataca los obstácu- los que la bala le ha impuesto, y se adapta a ellos. Nos describe su asombro inicial ante la brusquedad y amplitud - de su incapacidad, la repetida impresión de que debe de estar soñando, y su conciencia de la “sonrisa idiota" que oculta su frecuente turbación. Con enorme dificultad, y aun con dolor, registra sets recuerdos con el fin de resta»- blecer el pasado para si mis-mo, para transmitir a sus médi- cos la naturaleza exacta de su problema, y, en repetidas ocasiones, para afirmar su existencia como ser inteligente. Comparte con nosotros los persistentes ciclos de la espe- ranza de que estos esfuerzos contribuirán a la recupera- ción de sus anteriores capacidades, y de. la desesperación porque el mundo al cual perteneció sigue su marcha sin él. DOUGLAS BOWDEN. Doctor en Medicina. Lïniocrsidad de Washington. 197.2. }8
  18. 18. ACERCA DEL Lasso Y su AUTOR Este libro describe el daño inferido a la pida de un hombre por una bala que penetró en su cerebro; Aunque hizo todos los esfuerzos concebibles para recuperar su pasado, y gracias a ello contar con alguna posibilidad de futuro, las imposibilidades estaban abrumadoramente en su. contra. Y sin embargo creo que existe algún sentido en el cual puede decirse que triunfó. El deseo de que no se me atribuya mérito algicno por este libro no es una falsa mo- destia de mi parte. El verdadero autor es su protagonista. Tengo ante mi un. monticulo de cuadernos: algunos de ellos descoloridos, gruesos libros con tapas de hule, que re- corren el pasado reciente. En total son unas tres mil pági- nas. Representan veinticinco años de trabajo que este hom- bre dedicó a la descripción de los efectos de icna terrible A lesión cerebral. Sus únicos materiales eran recuerdos fragmentarios que llegaban a su memoria al azar. Tuvo que imponerles cierto orden y sentido de continuidad, aunque cada una de las palabras que recordaba, cada pensamiento que expre- saba, le exigían los esfuerzos más atormentadores. Cuando sus escritos marchaban bie-n, lograba escribir una página por dia, dos cuando mucho, y ello lo dejaba extenuado. Es- cribir era su ú-nico vinculo con la pida, su ilnica esperanza de no sucumbir a la enfermedad y de recuperar por lo menos una parte de lo perdido. Este diario relata una de- sesperada lucha por la pida con una habilidad que los psi- cólogos no pueden dejar de eracidiar. — 19
  19. 19. A! tratar de “reunir las dispersas paginas de los recuer- dos de este hombre, iucluz’ observaciones que hice durante los reinticinco (27703 en que lo trate’ como paciente del ¡ios- pua! g;la. cHnimm (Hutndo Hegué a-conocerhn supe cuán brillante. mentalidad habia destruido esa Irala, y desee com- parut-ia- algunas de mis inzpresio-nes y pensamientos con otros. El resultado es este librito. Aitnq-ue este hombre se refiere a su narración como una “historia”, no hay en ella rastros de ficción. Cada af-irmación ha sido irerificada por cientos de registros y observaciones. , En ima palabra, este un libro sobre una persona. que luchó con la tenacidad de los condenados para reco- brar el uso de su cerebro lesionado. Aunque en muchos sentidos sigue tan impotente como antes, es preciso afir- mar que la larga triunfó en su limita. A. L. Moscú. 1.972.
  20. 20. DEL AUTOR 19's posible que algun experto con conocimientos sobre el cerebro humano entienda mi enfermedad, descilbra que efecto produce una lesión cerebral sobre el espiritu huma» no, su memoria y su cuerpo, aprecie mi esfuerzo y me ayu- de a evitar algitnos de los problemas que enfrenta en la vida. Sé que ahora se habla mucho acerca del cosmos y del espacio exterior, y que nuestra tierra es apenas una mireuscula partícula de este universo infinito. Pero en recdil dad muy pocas veces piensa la gente al respecto; lo más que pueden imaginar son vuelos a los planetas más cerca— nos que giran alrededor del sol. En, cuanto al vuelo de una bala, o de una granada o de un fragmento de bomba, que abre de par en par el cráneo de un hombre, que desgarra y quema los tejidos de su cerebro, q-zie mutila su nzcrnoricz, su visión, su audición, su conciencia. .. en estos dios la gente no encuentra nada extraordinario en ello. Pero si no es extraordinario, ¿por que’ estoy enfermo? ¿Por que no funciona mi memoria, no recupero mi capacidad visual? ¿Por que me diaelc y zumba continuamente la cabeza? Re- sulta deprimente tener quc volver a empezar "por el comien- zo y encontrar sentido en un mundo que uno ha pcrdiïrlo a causa de una lesión y una enfermedad, hacer que estos tro- zos y fragmentos sc unan en. un: todo colzerenfe. — 21
  21. 21. El titulo que decidi para mis escritos es el de “¡Segui- ré luchando l”. Queria describir có-nzo se produjo este desas- tre, y cómo continuó acosándome desde que quedé herido. No abandone mis espe-ranzrzs, trato de nzejorar mi sit-ua- ción medianteei desarrollo de mi capacidad para recordar y hablar, para pensar y evite-rider. Lucho para recuperar una vida que perdí cuando resulte herido y enfermé. L. Z.
  22. 22. EL PASADO Ai principio todo fue sencillo. Su ‘pasado era simi- lar al de otras personas: la vida tenía sus problemas, pero era simple, y el futuro parecía promisorio. Aun ahora le agrada recordarlo, y las páginas de su diario vuelven una y otra vez a esa vida perdida: En 1941, antes que comenzara la guerra, terminé mi tercer año en un instituto poiitécnico, y abrigaba la espe- ranza de" obtener muy pronto una experiencia práctica en una fábrica especializada. Me imaginaba el tipo de tra- bajo que desarrollaría en esta, que tenía en marcha algun nos de los mejores proyectos. Un trabajo independiente para un futuro mejor: parecía una. manera ideal de termi- nar mi doctorado e investigaciones en el instituto. No sé porqué, ya de niño me fascínaba la ciencia, el conocimiento en general, y devoraba con avidez todas las informaciones que podía recoger. .. en la escaela, en los grupos de estudio o sencillamente en mi vida cotidiana. Ansiaba convertirme en una persona versada de verdad y poder contribuir en muchas formas a! engrandecimíento de mi país, por medio de la ciencia y Ia tecnología. Antes de cumplir los dos años, mi padre murió de pronto, en una mina de carbón en que trabajaba como inge- niero. Después de su muerte mi madre pasópor momentos difíciles, con cuatro hijos pequeños, pues era analfabeta y no conocía la manera de obtener una pensión para sus 28
  23. 23. hijos. Pero trabajaba con intensidad y no temía hacer fren- te a las penurias de esa nueva vida, y de alguna manera se las arregló para alímentarnos y vestirnos, mantener un techo sobre nuestra cabeza e inclusive enviarnos a la escue- la, cuando llegó el momento. También a mí me mandaron, cursé muy bien la escuela elemental y seis años después me gradué con honores en la secundaria. “Muy pronto mpenséw me graduaré en el instituto. ¿Quedan todavía dos años? ¡No es nada! ¿Qué obstáculo puede interponerse ahora en mi camino? ¡Y en cuanto ten- ga mi título, empezare a ayudar a mi madre; ya es hora de que descanse un poco E . . . e” En ocasiones recordaba su infancia: al principio con vaguedad, aunque más tarde sus recuerdos resul- tan sorprendentemente claros: ‘ Resulta que recuerdo mi infancia, y atun mi primero y segundo años de escuela eIementaI- Me acuerdo de la maestra que tuve: María Gavrilovna Lápshína, y los nom- bres de mis mejores amigos, Sanka Mirónov, Volodka Salomatin, Tania Rásina, Adía Protopopova, Marusia » Lúchnikova. ' . Recuerdo inclusive los juegos que desarroliábamos y las canciones que entonábamos, y que en segundo grado escribía versos irónicos sobre los chicos que no me gusten ban. También me enviaron a un mitin de los Jóvenes Pio« ‘neros en Moscú, que, no sé por que, nunca se realizó, pero me acuerdo de cómo era el campamento, y la reunión que realizamos. También recuerdo a Epifán mmi pueblo na- tal-, algunas partes de él, y el pueblo en su conjunto. Además . . . a mis mejores amigos y maestros de la escuela elementai . . . Recuerdo qué quería decir la gente con paia- bras tales como tierra, sol, luna, estrellas yranioerso (como soio un escolar, un niño, puede recordarles o pensarias). Más adelante encontramos en su diario otros re- cuerdos de Ia vida en ese pueblo pacífico en que pasó la infancia y juventud: Epifán fue otrora un antiguo centro comercial. En mitad cie! puebio hay una gran catedral con varios frescos 24
  24. 24. de la Virgen y del Niño Jesús, y una cruz de oro en la parte superior del campanario. Desde la catedral las calles se extendian como rayos, las más cercanas flanqueadas por casas de dos y tres pisos, las más lejanas por viviendas de madera, de planta baja, de comerciantes. En la perife- ria del pueblo había otras tres o cuatro iglesias, y un kiló- metro más adeiante un arroyo que corría de norte a sur. Para llegar había que doblar a la derecha, bajar por una calle empinada o seguir un sendero serpenteante y en de— alive, cerca de la iglesia Uspénskaia . .. Mi familia vivía en una caliecorta lIamadaPárkova. . . en el segundo piso. Tres casas más allá de la nuestra hay un parque pequeño, donde siempre reina la tranquilidad y la paz . . . LA GUERRA Y de pronto todo terminó. Una mañana temprano me dirigía al instituto, pern- sando en mi futuro, cuando de ‘repente escuché, literal- mente estremecido, la terrible noticia: ¡estábamos en gue- rra con Alemania! Se habian interrumpido las posibilida- des de perfeccionamiento en el trabajo"; El instituto tuvo qtie cancelar vacaciones y abreviar ios programas de estu- dios de modo que pudiésemos seguir adelante con el último año de los cursos. Los mios (ahora. considerados “progra- ma de cuarto año”) también fueron incluidos en el progre» ma. Pero los nazis 3ra habían invadido nuestro territorio, y teizrïamos que defender el pais. La movilización de los Iszomsomoíes envió al frente a estudiantes de cuarto año- 1 que por el momento tuvieron que ¿ibanrionai- su trabajo en el instituto, hasta la terminación de Ia guerra. — 25
  25. 25. .. .Y ahora recuerdo haber luchado en algún punto del frente occidental. .. y la herida que recibí en la sien. Pero un mes más tarde regresé al frente. Hacia tiempo que nuestras tropas habían dejado de retroceder y, en térmi- nos estrictos, desarroliaban una ofensiva y avanzaban cada vez más. Corría el año 1943. . . El sector occidental del frente. .. La batalla de Smolensk. En algún punto, cerca del Viazma, un pelotón de lanzallamas que ocupaba posi- ciones en el río Voría había recibido órdenes de establecer enlace con una compañía de rifleros, para un ataque contra los alemanes. Las fuerzas combinadas de los lanzallamas y la infantería debian penetrar en la defensa germana de la orilla opuesta del Voria. Las dos compañías esperaban la orden de atacar, como venían haciéndolo desde hacia cua- renta y ocho horas. Era a comienzos de marzo, con tiempo cálido y soleado . . . Pero húmedo. Teníamos empapadas las botas de fieltro, y todos nosotros estábamos ansiosos por iniciar el ataque. Si llegase la orden, si solo llegase la orden . . . Volví a hacer la recorrida, hablé con cada uno de mis ‘hombres (en ese momento me encontraba al mando del pelotón de lanzallamas) Mire hacia el oeste, hacia‘ la orilla opuesta del Voria, donde se encontraban los alema- nes. Era rocosa y a pico, pero de alguna manera teníamos que tomarla. Y lo lograriamos, pensé, si llegase alguna vez esa orden. Y entonces llegó. Todos se pusieron en movimiento, y por un minuto “quizá dos o tres-m se escucharon los ruidos de nuestros blindados. Y luego todo quedó en silen- cio. De repente, todos apresuraron el paso y avanzaron a través del rio helado. El sol se había puesto, pero todavía resplandecia. Los alemanes esperaban en silencio, dos o tres de ellos corrían con rapidez a ocultarse en las profum didades de la región. No lanzaban ni un disparo, no emi- tían un sonido. Y de pronto hubo un estallido de fuego de ese lado, ametralladoras que tableteaban en todas las di» rece-iones. Las balas me silbaron sobre la cabeza. Y me dejé caer para protegerme. Pero no podía quedarme echado allí, esperando, mientras nuestras aguilas comenzaban a trepar la orilla. Bajo el fuego, me incorpore sobre el hielo, seguí adelante. .. Hacia el oeste. .. Hacia alli. .. y. .. 26
  26. 26. DESPUES DE LA MERIDA En algún lugar, no muy lejos de nuestra posición más avanzada enla línea del frente, en una tienda iluminada, recupere al cabo la conciencia. . . e No sé por qué, no podía recordar ni decir nada. Me ‘pareció tener la cabeza totalmente vacia, chata, sin la som- bra de un pensamiento o recuerdo, nada más que un dolor sordo y un zumbido, una sensación de vértigo. Pero mientras me encontraba en la mesa de operacio- nes, de vez en cuando percibía los vagos contornos de un hombre de rostro ancho, carnoso, cuya mirada airada me observaba a través de las gafas, mientras decía a los médi- cos y ayudantes qué debían hacer conmigo. Personas con níveas chaquetas blancas, con un gorro en la cabeza y máscara de gasa hasta los ojos, se inclina- ban sobre mi. Tengo el vago recuerdo de encontrarme acos- tado sobre la mesa de operaciones, mientras varias perso- nas me tomaban de las manos, los pies y la cabeza, con tanta fuerza, que no podía mover un músculo. Solo recuerdo que los médicos y ayudantes me aferra- ban. . . Recuerdo que gritaba, que jadeaba para recuperar el aliento. . . que una sangre caliente y pegajosa me corría por los oídos y el cuello, que percibía un sabor salado en la boca y labios. Recuerdo que me estallaba el cráneo, y experimenta- ba un dolor agudo, desgarrador, en la cabeza. .. Pero no me quedaban fuerzas, ya no podía gritar, no hacía otra cosa que jadear. Se me detuvo la respiración, En cualquier momento moriría. . . - Al recordar los días inmediatamente posteriores a su operación, escribió: Mi cabeza era entonces un vacío absoiuto. No hacía más que dormir, despertar, pero no podía pensar, concen- trarme o recordar nada. Mi memoria «como mi vida-má casi parecia no existir. ' , Al comienzo ni siquiera pude reconocerme a mí mismo, ni recordar lo que me había ocurrido, y durante mucho tiempo mdías interminables-w ni siquiera supe dónde me 27
  27. 27. habían herido. La herida en la cabeza peirecía haberme coiwertído en un ziiño. Oi a un médico habiar con alguien, pero como no podía verlo, no le preste atención. De repente se me acercó, estiró la mano y me tocó, y me preguntó: “¿Cómo va eso, cama- rada Zasetski? ” No respondí, sino que me pregunté por que me interrogaba. Citando repitió mi nombre varias ve- ces, recordé ai cabo que “Zasetski” era mi apellido. "Solo entonces se me ocurrió decir: “Bien”. Después de la herida me pareció ser una criatura re» cién nacida que no hacía más que mirar, escuchar, obser- var, repetir, pero que no tenía pensamientos propios. Así fue al principio. Después, cuando me era posible escuchar palabras que la gente usa una y otra vez en las conversa- ciones, o pensar, sedesarrollaron Varios grupos de ‘ffrag- mentos de memoria”, y gracias a ellos empecé a encontrar cierto sentido en la vida que me rodeaba y a recordar lo- que significaban las palabras. . Pero al cabo del segundo mes recordé quién era Lenin, entendí palabras como sol, luna, nube, lluvia, y me acordé de mi primero y segundo nombre, y de mi patronímico. En ocasiones recordaba inclusive que en algún lugar tenia una madre y dos hermanas, y también un hermano antes de la guerra, desaparecido desde el primer año de combates (se encontraba con las tropas acantonadas en Lituania). Más tarde, el. hombre de Ia cama vecina se interesó por mi e inciusive prometió escribir a mi casa, si recorda- ba mi dirección. ¿Pero cómo podía recordarla? Resul- taba muy difícil. ¿Era probable que recordase, cuando ni siquiera podía pensar en los nombres de mi madre y hermanas? . . . Debido a mi lesión, había olvidado todo lo que alguna vez aprendi o supe. . . Todo. .. Y tenía que empezar desde el comienzo, y seguir adeiante . . . por lo menos hasta cierto punto. Después de eso, mi desarrollo se detuvo de golpe, y así quedé desde entonces. En general me resulta muy difícil entender las cosas debido al estado de mi memoria. Ocurre que he olvidado absolutamente todo, y tengo que comenzar de nuevo, tratar de identificar, recordar, y entendercosas con el tipo de memoria que posee un niño. Debido a la herida de Ia cabeza, me habia convertido en una personal normal. .. solo que no era un insano. En 28
  28. 28. modo alguno. Era anormai porque tenía una enorme pro- porción de amnesia, y durante mucho tiempo no me quedó huella alguna de recuerdos. Mi cerebro era constantemente un desorden y confia sión totales, parecíaiimitado y débil. Antes de ello fun- cionaba en forma muy distinta . .. Muchas de ias anotaciones citacïas a partir de este punto fueron escritas en presente, lo cual es correcto si se considera que los problemas del hombre persis- tieron, a pesar del transcurso del tiempo. EI profesor Luria ha conservado con escrupuiosídad las repeticio- nes e íncoherencias, síntomas de la situación del paciente. [A7. dci 15.] Me encuentro siempre en una especie de bruma, como en un pesado sueño a medias. Mi memoria es un vacío. No consigo pensar en una sola palabra. Solo me cruzan por Ia mente algunas imágenes, vagas visiones que apare- cen (le súbito, y que desaparecen con la misma velocidad, para dejar paso a nuevas imágenes. Pero no logro entene der o recordar qué significan. Lo único que recuerdo son trozos ‘y fragmentos dis- persos y deshechos. Por eso reacciona en forma tan anexa mal ante todas las palabras e ideas, ante todos ios intentos - de entender el significado de las palabras. No fue él el único que se dio cuenta de clio. Lo que es más, no solo sintió, sino que además quedó con- vencido de que otras personas lo advertían, que todos tenían conciencia de que se había convertido en una persona distinta en todo sentido, incapaz para nada, simpie semblanza de un hombre que, para todos los fines prácticos, estaba muerto. En una palabra, un hombre muerto en la guerra. Ahora ia gente advierte por fin lo que puede hacer una lesión ‘cerebral. Saben cómo era yo antes de la guerra, antes de "ser herido, y se dan cuenta de lo distinto que soy ahora. .. Un inútíï, incapaz de ningún trabajo, de nada en absoluto. 29
  29. 29. Lïna y otra vez "les digo que me he convertido en ima persona zibsolutamente distinta desde mi lesión, desde que me mataron el 2 de marzo de 1943, pero que, debido a no sé qué potencia vital de mi organismo, me mantengo mila- grosamente con vida. Aun así, aunque parezco estar vivo, la carga de esta herida en la cabeza no me da tregua. Me parece siempre ‘estar viviendo en un sueño —en una pesa- diila horrible, repugnante—, que no soy un hombre, sino una sombra, una criatura que de nada sirve. .. Lo habían “matado” el 2 de marzo, y vivía una. existencia sin sentido, una especie de duermevela que le impedía creer que seguia con vida: Resulta dificil creer que esta sea en verdad la vida, pero si es un sueño (¿y lo es? ), casi no puedo esperar que llegue el momento de despertar. Además, mi nuevo tera» peuta me dice que ya hace tres años que estamos en guerra, y que yo enfermo y me convertí en un analfabeto debido ‘i " a una grave lesión del cerebro. De modo que eso significa que no estuve soñando du» rante todo este tiempo. . . por supuesto. Un sueño no puede durar tanto, ni ser tan monótono. Quiere decir que es cier- to que experimente esto todos estos años. ¡Cuán horrible es esta enfermedad! Todavía no puedo dominarme, no en- tiendo cómo era antes, qué me sucedió. .. Pero a veces, cuando considero lo que ahora es mi mente, me pregunto: ¿soy yo en verdad? ¿Lo sueño, o es realidad? Ha durado ya demasiado tiempo como para ser un sueñmestas cosas no ocurren, en especial cuando uno sabe que el tiempo pasa con tanta rapidez. Pero si esto es la-. vida, y no un sueño, ¿por qué sigo enfermo? ¿Por qué no ha dejado de doierme y zumbar Ia cabeza, por qué me siento siempre con tanto vértigo? _ Tengo tantas esperanzas como siempre de hacer aigo con mi vida, de modo que no quiero que la gente crea que soy un caso terminado. Hago todo lo posibie para conse- guirlo, y poco a poco uso las posibilidades que poseo. El tiempo pasa, pero no los tormentos de este hombre, cuya conciencia ha sido tan devastada por la lesión. Para entonces las lineas del frente estaban 30
  30. 30. EL muy lejos de él, habían sido seguidas por toda una cadena de hospitales, primero en Moscú (entonces una ciudad del frente), más tarde en pequeños pueblos de província. En uno de ellos estuvo alojado en un edificio en el que en su vida pasada había concurrido a la escuela. Recordó las grandes habitaciones limpias que antes fueron aulas, y a las muchas personas que lle- gaban a preguntarle cómo se sentía. Después hubo muchos otros viajes, y luego un largo Viaje en tren, en cada estación de] cual subían nuevos pacientes. Al cabo llegó al hospital de rehabilitación en los Urales. HOSPITAL BE REHANLITACION Llegó por fin a un lugar encantador, tranquilo, un refugio en medio de las ‘tormentas de la guerra, un hospital al cual habían enviado a cientos de soldados con lesiones similares. Recordaba bien ese lugar, y lo describía con envidiable claridad. Por todas partes hay magníficos paisajes. A un lado, un enorme lago rodeado de vegetación perenne; después otro lago más grande, y un tercero. Por donde se mire, los árboles son gigantescos, y el cielo parece más azul, aunque el sol es muy brillante, sencillamente deslumbrante de luz. ‘También tenía. vividos recuerdos del último mo- mento del viaje, antes de llegar: Los traqueteos del coche en la estación me irritan, los siento en la cabeza, donde me hirieron. No sé por qué, el coche parece estar dando vueltas en círculo, ensun solo 31
  31. 31. lugar, desde hace zilgún tiempo. . . Pero he zxquí otro lago, y más allá un edificio grande, de tres pisos, cerca de algu- nos otros. .. Todo ellos enclavados aquí mismo, en el bos- que. El motor se detiene. .. Hemos llegado. Cuando llegó al hospital de rehabilitación ya le habían sacado las vendas. En la superficie, la herida parecía haber cicatrizado. ‘Fodavía tengo que leer sílaba por sílaba, como un niño; me acosa la amnesia, y no puedo recordar palabras o significados; aún me abruma la “afasia mental”, y no puedo recuperar la memoria, ninguna de las capacidades ' o conocimientos que alguna vez tuve. Dos ideas cruzan una y otra vez por mi cabeza: me , digo constantemente que mi vida ha terminado, que no sirvo de nada a nadie, y que seguiré así hasta morir, cosa que sin duda no tardará mucho en ocurrir. Por otro lado, algo me insiste en‘ que debo vivir, que el tiempo puede curarlo todo, que quizá lo único que necesito es la medicina adecuada y tiempo suficiente para recuperarme. En una fecha posterior recordó su ambivalencia y escribió: A menudo, cuando consideraba lo que era mi vida, pensaba: ¿quién la necesita? Además, esas eternas dudas empeoraban aun más las cosas. Todavía no quería creer que hubiese sufrido tan cruel herida en la cabeza, e insistía en que se trataba de un sueño. El tiempo corría con tanta velocidad, en forma tan singular. . . Me sentía embrujado, perdido en un mundo de pesa- dilla, en un círculo vicioso del cual no era posible salir, y «zï-ïjamas despertaria. Nada de lo que veía tenía sentido para ini. Cuando pensaba en la herida, en los tremendos efectos «Ki-que tenía, me aterrorizaba: ¿es posible que esto haya ocu- rrido? ¿seguirá asi hasta que haya terminado mi desdi- chada vida? Aunque seguia mostrándose sensible a la natura- leza, todo lo que percibía parecía cambiado e inac- cesible. - 32
  32. 32. Desde que me hirieron tmre dificultades païra enten- der e identificar las cosas que me rodean. Lo que es más, A. cuando veo o imagino cosas en la cabeza (objetos físicos, ‘ fenómenos, plantas, animaies, aves, personas), sigo sin i’: i poder recordar en seguida las palabras que lzïs nombran. Y a la inversa. .. cuamdo escucho un sonido o una pala- bra, no puedo recordar en seguida que significa. ¿Qué quieren decir estas dificultades‘? ¿Por qué se había derrumbado su mundo, de modo que ahora todo parecía modificado y difícil de entender? NUESTRA PRIMERA ENTREVISTA Conocí a este hombre hacia finales de mayo de 1943, casi tres meses después de ser herido. Para seguir el desarrollo de su enfermedad, lo entrevisté con bastante regularidad a lo largo de un período de veintiséis años (todas las semanas, y en ocasiones, con intervalos más prolongados). A medida que avan- zaba nuestra amistad, pude ser testigo de su larga. e implacable lucha para recuperar el uso del cerebro lesionado. .. para vivir, y no solo existir. ' La. primera vez que entró en mi consuïtorio del hospital de rehabilitación, me llamó la atención su aspecto juvenil. Parecía un jovencito que me observe» ba con una sonrisa de desconcierto e inclinaba la cabeza, con torpeza, hacia un costado. (Más tarde me enteré de que había perdido la visión del lado de- recho, y que para ver tenía que volverse de costado. ) Le pregunté cómo le iba, y luego de cierta vacila- ción contestó con timidez: “Bien”. Pero Ia pregunta 33
  33. 33. 34 de cómo habia resultado herido lo sumió en confusión. “Bueno, ¿entiende? . . . Es, es. . . Hace ya mucho tiempo. .. Deben de ser dos, tres. .. ¿Cómo se dice? ¿En qué pueblo había nacido? “En casa. .. . Hay. .. Quiero escribir. .. pero no puedo. ¿Tenía parientes ? ———Está . . . mi madre. .. y también. .. ¿Cómo se dice? Resultaba evidente que al principio no entendía mis preguntas, y cuando las entendía le resultaba di- fícil contestar. Cada intento de hacerlo lo llevaba a una frenética lucha en busca de palabras. mTrate de leer esta página -—-—1e sugerí. ‘ “¿Qué es esto? ... No. No sé. .. No entiendo. ¿Qué es esto? Intento examinar la página más de cerca, la sos- tuvo ante el ojo izquierdo, y luego la movió más hacia un costado y escudriñó cada una de las letras, perplejo. -—¡ No, no puedo! -——fue lo único que consiguió contestar. m-Muy bien, entonces trate de escribir su primer nombre y su ciudad natal. «w-También esto lo obligó a. una lucha desesperada. Tomó el lápiz con torpeza (prL mero por el extremo opuesto), y luego buscó a tientas el papel. Pero, una vez más, no pudo dibujar una sola letra. Estaba fuera de si, sencillamente no podía escribir, y se dio cuenta de que de pronto se había convertido en un analfabeto. ' Le sugerí que tratase de hacer algo sencillo con números, como sumar seis y siete. m-Siete. .. seis. .. ¿Qué es? ... No, no puedo, no sé. m-Bueno, entonces observe este cuadro y digame qué ve. Se llama “Cazadores en un lugar de descanso”. m-Aquí hay. . . Está . . . está sentado. . . Y este de aquí está. .. es. .. Y aqui. .. ¡No sé! Sin duda hay algo aquí, pero . . . ¿como se llama? Le pedí que levantara la mano derecha. ——¿ Derecha? ¿Derecha? ¿Izquierda? . . . sé. ¿Dónde está miimano‘ izquierda? “ No, no . ¿Qué {iuiere
  34. 34. <5: decir derecha‘! . . . ¿,0 izquierdzfi. . . No, no puedo hacerio. ‘ Hizo un desesperado esfuerzo por responder a mis preguntas, y se dio cuenta con agudeza de cada uno de sus fracasos. —-—Bien «—sugerí——, digame qué recuerda del frente. “Para entonces. .. estábamos. .. estábamos en mala situación. Tuvimos que retroceder. . . Lo perde- ríamos todo. De modo que decidí que, que. .. que si así estaban las cosas . . . Me dijeron que . . . ¿Cuántos? Cinco. Pero entonces ya había salido del hospital y, y. . . entonces . . . el ataque . . . Lo recuerdo con clari- dad. . . pues entonces, entonces . . . Entonces me hirie- ron . . . Eso es todo. Le resultaba doloroso tratar de describir lo que todavia seguía fresco en su memoria; no podía encon- trar las palabras para empezar el reïato. Le pregunté si sabia en qué mes estábamos. “¿Ahora? ¿Cómo es la palabra? Es. .. es. .. ¡mayo! ' Y sonrió. Por fin había encontrado Ia palabra correcta. Cuando le pedí que me hiciera la lista de los " meses del año, logró hacerlo con relativa facilidad, y una Vez más se sintió satisfecho. Pero cuando le soli- cité que los nombrase en orden inverso, tuvo intermi- nables dificultades. -—-¿ Qué mes viene antes de setiembre? —le pre- gtlnté. —-—. . . ¿Antes de setiembre? ¿Cómo se dice? . . . ¿Setiembre? ¿0ctubre? ... No, no es así. .. No me sale. .. --—-¿ Cuái es la estación anterior al invierno? —¿ Antes del invierno? ¿Después del invierno? . . . ¿Verano? . . . ¡0 algo! No, no puedo. ——-¿ Antes de la primavera ‘Z --—Ahora es primavera. .. y . . . y antes. .. ya lo olvidé, no puedo recordar. ¿Qué sígníficaban esos desesperados e inútiles intentos de recordar? Su respuesta a la naturaleza era tan aguda como siempre. Gozaba con la serenidad y la calma del am- 35
  35. 35. biente, escuchaba con atención ios cantos de las aves, y percibía la inmovilidad de la superficie del lago en un día tranquilo. Tenía enormes deseos de responder, de hacer todo lo que se le pedia. Los fracasos solo conseguían renovar su sentimiento de pérdida. No encontraba dificultades para enumerar los meses del año. ¿Por qué, entonces, no podia decirme qué mes venia antes de setiembre, o indicar la mano derecha y la izquierda? ¿Por qué no podía sumar dos números sencillos, reconocer ietras, escribir, recordar palabras comunes o describir un cuadro? En una pala- bra, ¿qué tipo de lesión cerebral había perjudicado estas facultades y sin embargo dejado intacta, no solo su comprensión inmediata del mundo, sino su voluntad, su deseo ysensibilidad ante la experiencia, que le permitían evaluar todos y cada uno de sus fracasos? EXTRACTO m: LA HlSTORIA CLINICA N‘? 3712 El subteniente Zasetski, de veintitrés años, sufrió una herida en la cabeza el 2 de marzo de 1943, que penetró en la zona parieto-occipital izquierda del crá- neo. La herida fue seguida por un coma prolongado, “ y a pesar de un rápido tratamiento en un hospital de campaña, fue objeto de complicaciones posteriores de inflamación, que provocaron adherencias del cerebro a las meninges y pronunciadas cambios en los tejidos adyacentes. La formación de tejido cicatricial alteró las configuraciones de los ventrículos laterales al des- piazar hacia arriba el ventrículo lateral izquierdo y producir una atrofia incipiente del encéfalo en esta zona. ’ ‘ De estos datos surgen algunas conclusiones alar- mantes. La bala se había alojado en las regiones pa-
  36. 36. rieto-occipitales posteriores del cerebro y destruido el tejido de esta zona, lesión complicada por la inflama- ción posterior. Aunque se trataba de una herida local, y no amplia, limitada solo a regiones del cerebro adya- centes al punto de lesión, había provocado un daño irreversible en las regiones parieto-occípitales del he- misferio izquierdo, y la formación de tejido cícatricial produjo inevitablemente una atrofia parcial del ence- falo, que con ‘el tiempo debía extenderse aun más. Un terrible destino aguarda a quien sufre de una atrofia progresiva e irreversible de esta partedel cere- bro. En este caso, ¿qué síntomas había producido y amenazaba aun con crear? ¿En qué forma e} tipo es- pecial de lesión sufrida por este hombre explica todo el síndrome que acabamos de describir? BREVE RESUMEN DE ANATOMIA DEL CEREBRO s. Primera digresión Supongamos que se ha extraído un cerebro de su cráneo, y que se encuentra sobre una mesita de’ vidrio, ante nosotros. Vemos una masa gris, cruzada. por pro- ‘ fundos surcos y círcunvaïaciones sobresalientes. Esta masa está dividida en dos hemisferios, izquierdo y derecho, unidos por un grueso ligamento calloso. En la superficie esta sustancia “la corteza de los grandes hemisferiosw es de color gris parejo; aunque tiene menos de cuatro a cinco milímetros de espesor, está compuesta por una enorme cantidad de células nervio- , _ sas que constituyen la base material de todos los com« piojos procesos psicológicos. La corteza de los sectores exteriores de los hemis- ferios es de origen más reciente que el de las partes 37
  37. 37. 38 interiores. Debajo de esta delgada capa de la corteza se encuentra la materia blanca, constituida por multitu- des de fibras en estrecho contacto, que unen ias partes separadas de la corteza, conducen a eila los estímulos que se originan en la periferia y ios reoríentan hacia las reacciones periféricas que se desarrollan en la cor- teza. En un plano aun más profundo se bailan otras secciones de sustancia gris; estas forman los núcleos subcorticales del cerebro, los mecanismos más antiguos y ocultos del cerebro, estaciones en las cuales terminan los estímulos de la periferia y sufren su elaboración i inicial. Ei cerebro parece ser uniforme y monótono, pero es el producto más elevado de la evolución. Recibe, elabora y conserva información, organiza programas de conducta y regula su ejecución. Hasta hace poco casi nada conocíamos acerca de su estructura y organización funcional. Muy pocas veces se encontraban conocimientos precisos en los manuales, henchidos de vagas suposiciones y fantás- ticas conjeturas, que hacían que los mapas de} cerebro resultasen muy poco más dignos de confianza que los mapamundis trazados porios geóIog-‘os medievales. Gracias a los trabajos de eruditos, tales como I. M. Séchenov, I. P. Pávlov, Monakov, Goidstein y otros, ahora conocemos mucho más acerca dei cerebro huma« no. Y aunque nuestras concepciones representan ape- nas la etapa más elemental de una verdadera ciencia, hemos recorrido un largo camino, desde ias vagas su« posiciones y las conjeturas no verificadas que caracte- rizaban los conocimientos de generaciones anteriores. Precisamente debido a esta información, podemos ana- lizar más. de cerca los síntomas producidos por la lesión de este paciente. Resulta evidente que la impresión superficial que se tiene del cerebro, como masa gris uniforme e indi-i ferenciada, se opone de manera díametral a la incon- cebible complejidad y diferenciación que este órgano posee en realidad. La sustancia gris está compuesta por una extraordinaria cantidad decélulas nerviosas, neuronas, las unidades fundamentales de la actividad cerebral. Algunos hombres de ciencia calcuian que . ... . ‘ '
  38. 38. existen catorce mii millones de ellzis; otros suponen que ei total es más elevado aun. Cosa más importante, estas neuronas tienen esquema estricto de organizzv ' ' ción: las zogzggmo “bloques” difieren de manera radica} en sus funcíoneéï. .___ _. _ . _ Dada Iáeoïïeplejídad de ios problemas que se estu- dian, podemos simplificar un tanto si concentramos nuestra atención en los componentes más importantes de} cerebro humano, los tres “bloques” fundamentales de este sorprendente aparato. CHSURA DE ROLANDO LOBULO, - “ canzone FARIETAL CUERPO . PA B ÏETO# OCCIPITAL w . . . . CANCHO Ch“*-“'= ‘«“ ma. Iii1)()C: ‘A. IP() LOBU [.0 TEM POR AL: M Engjmq ronnnaczox RETICULAR CISUHA. DE SUAHCO PfiI-Z(ÏEN'l‘H. -í. CISLfRA DE 50mm PBECENTBAI‘ . ¡{motors QÏJNDO RECXON _, Ï» ROLANDO PBEMOTIKIZ’ ' PREMOTRIZ ‘ RECiON ‘ PREFRONTAL REGION MOTRIZ REGïON MOTRIZ Figura 1 Regiones del cerebro. En la parte superior izquierda se describe laanatomía genera} del cerebro humano. Los-otros dibujos identi- fican tres grandes bloques del cerebro involucrados en la organiza- ción de la conducta. El primer bloque (arriba, a Ia derecha), inclu- ye el pedúnculo cerebral y la antigua corteza. Regula Ia vigilia y las respuestas a los estímulos. El segundo bloque (abajo, a Ia izquierda), desempeña un papel fundamental en el análisis, codifi- cación y acumulación de informaciones. El tercero (abajo, derecha) está relacionado con Ia formación de intenciones y programas. 39
  39. 39. ‘ . La primera de estas formaciones podría denomi- narse bloque “energízador” o “regulador del tono". Está ubicado en la base del cerebro, en las secciones superiores del pedúnculo cerebral, y en la formación reticular que constituye el punto de partida para las actividades vitales del cerebro. Parte deeste bloque, ubicado en las profundida- des de estas masas de sustancia gris, es lo que los antiguos llamaban el “monticulo visual" (tálamo ópti- ' co), aunque en realidad su vinculación con los procesos visuales es remota. Es una central preliminar para la elaboración de impulsos que provienen de las funciones metabólicas del organismo y de las excitaciones de los órganos sensoriales. Cuando estos impulsos son conducidos a su vez a la corteza cerebral, le confieren su estado normal de tonicídad y vigor. Si se interrumpe el afluj o de los impulsos, la corteza pierde su tonicidad, la persona cae en un estado de semisomnolencia, y luego se duer- me. Este mecanismo “alimenta” al cerebro tal como una fuente de energía proporciona la “alimentación” de los dispositivos electrónicos. Como este bloque de “energía” había quedado intacto en el paciente, podía mantenerse alerta y, en general, activo. El segundo gran bloque del cerebro, ubicado en las secciones posteriores de los gra des hemisferios, cumple con una importantísima f ción. Como preci- samente una parte de este cere ro fue la destruida por la lesión del hombre, debemos considerarla con más detalle. ‘ La función de este bloque no consiste en garanti- zar el vigor de la corteza, sino más bien en actuar para recibir, elaborar y conservar las informaciones que la persona obtiene en el mundo exterior. El hom- bre percibe millares de objetos, a la vez familiares y desconocidos. Recoge de su ambiente una intermi- nable cantidad de señales. El reflejo que estos estíe mulos producen en la retina del ojo se transmite por fibras nerviosas muy delicadas a las regiones occipi- tales de la corteza cerebral, el área visual de esta. En este punto, la imagen visual se fragmenta en millones de rasgos componentes, pues las células ner-
  40. 40. viosas de la corteza de las regiones occipitales tienen funciones altamente especializadas. Algunas distin- guen entre las más delicadas graduaciones de color; otras solo responden a líneas suaves, redondas o an- gulares; otras más, al movimiento de un punto peri- férico al centro, y de un centro a la periferia. Esta‘; sección, la “corteza visual primaria” (ubicada en la? parte posterior de ‘la región occipital), es en verdad un notable laboratorio que analiza imágenes del mun- do exterior en millones de partes integrantes. Tam- bién ella habia quedado intacta en este paciente. Al lado de esta zona hay otra sección de la región occípital que los especialistas denominan “corteza vi- sual secundaria”. Toda su masa está compuesta por minúsculas células nerviosas con breves prolongacio- nes parecidas a estrellas (y por lo tanto llamadas “células estrelladas”). Distribuidas en las capas supe- riores de la corteza cerebral, combinan los estímulos que les transmite la “corteza visual primaria” en com- pletos y complicados complejos: “esquemas dinámi- cos”. Convierten los rasgos individuales de los objetos percibidos en estructuras totales y múltiples. Si se aplica una corriente eléctrica a la “corteza visual primaria” (cosa que puede hacerse durante una operación del cerebro, y que es en absoluto indo» lora), aparecen ante los ojos de la persona puntos brillantes, círculos y manchas ígneas. Pero si se aplica Ia corriente a cualquier parte de la “corteza visual secundaria”, la persona. ve dibujos complejos o, en ocasiones, objetos completos: árboles que se balan- . ' l i‘ vcean, una ardilla que salta, un amigo que se acerca 5 y saluda con la mano. Se ha mostrado que el estímulo = de estas zonas (secundarias) de la corteza visual p, tiene la capacidad de provocar recuerdos gráficos del pasado, tales como imágenes (le objetos. Esta parte del cerebro funciona como dispositivo de elaboración y almacenamiento de información, y somos deudores de hombres de ciencia de distintos países (Forster, de rklemania; Pótzl, de Austria; Penfield, de Cana- dá), en lo que se refiere a este ¡mero y fascinador descubrimiento de la actividad cerebral. Dada la complejidad de estas funciones, cs fácil
  41. 41. imaginar las graves consecuencias‘ que produce Lina lesión en estas secciones de la corteza. jïígUna lesión que destruye la “corteza visual primaria’? de un hemis- ferio, o los agrupamientos de fibras nerviosas que llevan hasta ella los estímulos visuales (dichas fibras forman un delicado abanico en la materia cerebral, y llevan laadecuada denominación de “radiación ópti- ' ca”), borra parte del campo visual. La destrucción de la “corteza visual primaria” o delas ‘fibras del hemis- ferio izquierdo provoca la pérdidade la mitad derecha del campo visual, en tanto que un daño de esta misma parte de la corteza en el hemisferio derecho afecta la mitad izquierda del campo irísual. Los médicos usan un término molesto, torpe, para describirlo: “hernia- nopsia”, pérdida de la mitad de campo de visión. Este síntoma es una indicación segura de la parte de la corteza que ha sido destruida. Una lesión de la “corteza visual secundaria” pro- " duce un- síndrome más singular aun. Si un casco de metralla o un fragmento de bomba hiere las seccio- nes anteriores del área occipital (estas forman parte de la “corteza visual secundaria”), la persona sigue viendo los objetos con tanta claridad como antes. Pero ya no funcionan las pequeñas-“células estrella- das”; y estas son las que sintetizan las características individuales de los objetos percibidos, y los convier- ten en unidades completas. Por lo tanto, la visión de ¿la persona sufre un cambio desconcertante": todavía e _ distingue partes individuales de los objetos, pero ya J no puede sintetizarlas en irnágenestpompletas. Y como un erudito que trata de descifrar uïïïïcïitura cu- neiforme asiria, solo puede conjeturar el total a par- tir de estas partes. sepa ' Supongamos que a icha persona se le pide que contemple un dibujo de un par de anteojos. ¿Qué ve? Un círculo, luego otro, luego una barra de unión y por último dos accesorios parecidos a bastones. Supone que debe de ser una bicicleta. Un paciente de esos no puede percibir objetos, aunque consiga distinguir sus características individuales. Sufre de una compleja perturbaciónpara la cual los médicos utilizan un tér- 'z'. »z; zt: t.'. .f. ’.'. ‘.‘i. .
  42. 42. capacidad para reconocer e} significado de los estímu- los visualice). ’ fzrctores aparte delos descritos. En fin de cuentas, no percibimos sencillamente objetos aislados, sino si« tuacíones totales; además observamos las complejas relaciones y correspondencia entre objetos, su ubica- ción en el espacio (el cuaderno está del lado derecho de la mesa, ei tíntero a la izquierda; para entrar en la habitación hay que doblar primero a la izquierda en el corredor, luego a la derecha, etc. ). Como los objetos se encuentran dispuestos en un sistema total de coordenadas espaciales, podemos percibir en el acto dónde están ubicados. La capacidad para captar situaciones, o para aquilatar" relaciones espaciales, implica algo mucho más complejo que la percepción de figuras u objetos. <2 No solo nuestros ojos, sino también nuestra experien- cia motriz desempeña un papel en ello (se puede tomar un cuaderno con la mano derecha, tender la izquierda hacia el tintero, etc. ). Nuestra capacidad para ubicar. objetos en el espacio recibe además la ayuda de un . . órgano especial de 1a porción interior de los oídos: un mecanismo “vestibular” que conserva el sentido del "“’€9.‘Ï'Lñ-"'. ”«'"- equilibrio, tan esencial para percibir el espacio tridí- mensionaln-¿También los movimientos de los ojos tienen ’ estrecha relación con esta función, pues ayudan a me- dir la distancia de un objeto a otro, con una sola mi- rada, y determinar sus relaciones entre sí. El funcio- namíento organizado, combinado, de todos estos siete- mas es necesario para asegurar que impresiones dis- tintas y consecutivas resulten recodificadas en un marco de referencia completo e instantáneo. 1/ y Es claro que otros y más complejos sectores de la corteza cerebral afectan nuestra captación simultá- nea de las relaciones espaciales. Estos sectores son / «-v—u ------ adyacentes a las áreas occipital, parietal y temporal, y constituyen uno de los mecanismos dela parte cognos- ‘ cítiva “terciaria” de la corteza (en este punto se la podría denominar parte “gnóstica”). Su función con- . 2' siste en combinar las secciones visual (occípítal), tác- til-motriz (paríetal), y auditiva-vestibular (temporal) .3 x Pero el conocimiento resulta afectado por otros Cm
  43. 43. del cerebro. Estas secciones son las formaciones más complejas del segundo bloque del cerebro humano. En ei piroceso de evolución, fueron la última porción del cerebro que se desarrolló, y solo en el hombre adqui- rieron algún vigor. Ni siquiera se encuentran desarro- Hadas en su plenitud en el niño, sino que ¡na-duran , “ ; poco a poco y adquieren eficacia en las edades que van de los cuatro a los siete años. Son vulnerables en alto grado, y la menor mutilación quebranta sus funciones. (lomo están compuestas por células “asociativas” alta- mente complejas, muchos especialistas las denominan “zonas de convergencia” de la parte visual, táctil-mo- triz y auditivawestibular del cerebro. _ y Precisamente estos sectores “terciarios” de la «corteza fueron los destruidos por el fragmento de balaé alojado en el cerebro de este paciente. Por lo tanto, debemos considerar qué sintomas pueden producir los daños inferidos a partes de este sector de la corteza (ya sea por fragmentos de granada o de bala, o por hemorragia e inflamación). Es posible que la capacidad visual de la persona se mantenga más o menos intacta. Pero si"la'bala"p'asa“” a través de las fibras de la “radiación óptica” y des- truye partes de ella. surgen puntos ciegos y se desin- tegra toda una porción (a veces ¡ma mitad) del campo visual. La persona continuará percibiendo objetos dis- cretos (ya que los sectores “secundarios” de la corteza visual se han mantenido intactos), tendrá sensaciones táctiles y auditivas, y discernirá sonidos del habla. Ello no obstante, ha resultado afectada una función de suma importancia: no puede combinar inmediata- ; mente sus impresiones en un todo coherente; su mun- ‘ "ï*'= "vdo queda fragmentado. Tiene conciencia de su cuerpo y de sus brazos y piernas, aunque no puede distinguir el brazo derecho del izquierdo. Le es imposible diferenciarlos en forma g instantánea. Para hacerlo tiene que ubicar los brazos en términos de todo un sistema de coordenadas espa- __ ciales, a fin de distinguir la. izquierda de la derecha. Digamos que empieza a hacer la cama: ¿debe disponer ‘ la colcha a lo largo o a lo ancho? Si‘ trata de ponerse una bata, ¿cómo distinguirá la manga derecha de la í]. .. . ,- >
  44. 44. izquierda ‘.7 ¿O cómo entenderá qué hora indican las " agujas-del reloj‘? Los números “‘ ” y “9” son exacta- mente paralelos, solo que uno está a la derecha y el otro a la izquierda del reloj. ¿Pero cómo puede deter- minar esa persona la “derecha” y la “izquierda”? En una palabra, todos los movimientos que efectúa resul- tan complicados en grado sumo. Además, lo que precede no agota Ia gama de pro- blemas a que debe hacer frente en un mundo “frag- mentado”. Las regiones “terciarias" de la corteza parieto-occipito-temporal del hemisferio izquierdo tie- nen complicadas vinculaciones con una de las funciones psicológicas más importantes, a saber: el lenguaje. Hace. más de un siglo el anatomista francés Paul- Broca descubrió que una lesión de los sectores poste- riores de la circunvalación frontal inferior del hemis- ferio izquierdo provoca la desintegración de las “imá- genes motrices de las palabras”, conylo cual afecta 1a capacidad de la persona para hablar-¿i-iVarios años más tarde el psiquiatra alemán C. Wernicke reveló que (en las personas diestras) la lesión de los sectores poste- riores de la región temporal superior del mismo he- misferio perjudica la capacidad para distinguir y entender los sonidos del habla. Una persona trabaja con la mano derecha, que desempeña un papel dominante en su vida. Pero el he- misferio opuesto, el izquierdo, es el que controla esta mano y la facultad para el habla, una de las actividades humanas más complejas. El lenguaje no es solo un medio de comunicación, sino una parte crucial de todo el proceso del conocimiento. Usamos palabras para designar objetos y su ubicación en el espacio (derecha, " izquierda, atrás, delante de, etc). Por medio de cons- . trucciones gramaticales expresamos relaciones e ideas. ‘j No importa cuán personal o abreviado sea el idioma, ' es el eje del conocimiento: por medio de él designa- mos números, efectuamos cálculos matemáticos, anali- zamos nuestras percepciones, distínguímos lo esencial de lo que no lo es, y formamos categorías de impresio- _ nes diferentes. Además de ser un medio de comunicación, el len- guaje es fundamental para la percepción y la memoria,
  45. 45. el pensamiento y la conducta. Organiza nuestra vida interior. ¿Es de extrañar, entonces, que la destrucción de los sectores “terciarios” de la corteza del hemisferio izquierdo produzca consecuencias más graves aun de las que acabamos de describir? Una persona con una lesión semejante encuentra ‘fragmentado su mundo interior; no puede pensar en determinada palabra que . _ necesita para expresar una idea; le resultan increíble- mente dificiles las relaciones gramaticales complejas; se olvida ele-cómo se hace para sumar y no sabe usar mios conocimientos que aprendió en la escuela. Los que “poseía quedan quebradas en fragmentos de informa- 4 "ción discretos y no relacionados entre sí. En la super- ficie, su vida puede parecer la de siempre, pero ha cambiado en forma radical. Debido a una lesión de una pequeña parte de su cerebro, su mundo se ha convertido en una interminable serie de laberintos. l? Se podría pensar que aunque solo quedase des» ‘¡traída una porción de este importante bloque, toda la "yida del hombre resultaría devastada por completo. Quedarïa privado de lo que es singularmente humano, convertido en un inválido inútil, carente de un presen- "“”‘te o de posibilidad alguna’ deun futuro. Pero existe un tercer bloque importante del cerebro que aún no hemos analizado y que este paciente conservaba in- tacto. Este bloque está ubicado en los sectores ante- riores del cerebro, y abarca los lóbulos frontales. No afecta la tonicidad de la corteza; tampoco recibe, elabora o almacena información del mundo físico. Está vinculado al mundo nada más que por mecanis- mos del segundo bloque, y puede funcionar con efi- cacia solo si el primero ha mantenido la corteza lo bastante alimentada y vigorosa. La función del tercer bloque tiene una importancia decisiva; es un pode- roso aparato que permite formar y mantener inten- ciones, planificar acciones y llevarlas a la práctica. Como en otros trabajos hablé en detalle de este bloque, aquí solo debo establecer un aspecto: a saber. el de que una lesión de los sectores anteriores del ce- rebro (incluidos los lóbulos frontales) produce un
  46. 46. síndrome en todo sentido distinto al que acabamos de describir. Esta lesión no perjudica 1a capacidad de ia persona para aprender. percibir o recordar. Su mundo se mantiene intacto, aunque su vida sea paté. tica: le es en absoluto imposible elaborar intenciones perdudables, planificar para el futuro o determinar el rumbo de su conducta. Solo puede responder a se- ñales. que recibe desde afuera, pero es impotente para convertirlas en un grupo de símbolos que orienten su conducta. como carece de posibilidades de evaiuar sus deficiencias, no puede corregirias. Ni siquiera le es posibie concebir qué hará en el instante siguiente, , ,__. -.. ... ..«-. ..-. ..V. ..---u. ---—. .. MM. -.w—. «m--. .a. M. ... ... ... ... ... ,, Y tanto, aunque su pasado permanece intacto, " ha que- dado despojado de posíbiiídades de un futuro, y pier- de precisamente lo que hace que una persona sea un " ser humano. En nuestro paciente, los mecanismos del tercer bloque, la corteza frontal, habían quedado intactos, y con ellos su capacidad para reconocer sus defectos y desear superarlos. Tenia aguda conciencia de 1o que significa ser humano, y en la medida en que se io permitían aus fuerzas, trabajó afiebradamente para superar sus problemas. sufría con intensidad, y aun- que su mundo había sido destruido, en el sentido más profundo seguía siendo un hombre, luchaba para re- conquistar io perdido, para reconstruir su vida y utilizar los poderes que alguna vez poseyó: Resulta deprimente, insoportable, saber cuán desdi- chada y patética era mi situación. Me habia convertido en un analfabeto, en un enfermo, no tenía memoria. De, modo que volví a tratar de revivir alguna esperanza de recuperarme de esta terrible enfermedad. Empecé a fan- tasear y a creer que me recuperaría delos dolores de cabeza y vértígos, que recobraría la visióny el oído, que recordaría todo lo que aïguna vez aprendí. , Es claro que ia gente no se daba cuenta de cuál era mi verdadera situación, no tenia conciencia dei enorme esfuerzo que-había necesitado para llegar hasta ese punto. Aun así, quiero pensar. que me es posible demostrar que no soy un caso perdido, desesperado, y que solo necesito 47
  47. 47. volver a aprender a recordar y hablar, a poder usar el tipo de mentalidad que tuve antes de ser herido (una mentalidad medianamente tolerable). De vez en cuando esta tremenda amnesia me deprime, pero sigo abrígando la esperanza de que podré volver a reorganizar cierto tipo de vida, de modo que no quiero que la gente piense que no hay esperanzas para mi. Trato de realizar parte de estos sueños y de hacer poco a poco lo que todavía me es posible. _ No he perdido las esperanzas de llegar a ser capaz de efectuar algún tipo devtrabajo y de ser de aiguna uti- lidad para mi país. Creo que . . . pammos PASOS EN UN MUNDO DESTROZADO e Recorramos sus recuerdos de los primeros días y semanas, después de ser herido, primera parte de su diario. ¿Qué nos dicen? ¿Cómo se desintegró su mundo hasta tal punto que jamás consiguió reunir los trozos y pedazos que quedaban? ' Se encontró en un hospital, y vio a un grupo de A personas inclinadas sobre. él. Poco después recordó haber visto distintas personas que se le‘ acercaban y le preguntaban cómo se sentía. Y con estos primeros contactos, su vida se volvió de pronto terriblemente dificil. Examinemos algunos apartados de su diario, que describen ios problemas con que tropezó. 48
  48. 48. SU VBSIGN Algo sucedió, distinto cle todo lo que hubiese ex— perimentado hasta entonces. Ai principio, nada podía percibir; su mundo se había derrumbado en fragmen- tos, que no constituían objetos o imágenes compietos. Ya no existía el lado derecho de lo que viese en un momento cuaiquiera. Solo podía percibir un vacio gris y uniforme. Como los objetos habían dejado de parecer entidades completas, tuvo que esforzarse por reunir los fragmentos y adivinar lo que significaban: Desde que me hiríeron no pude ver un solo objeto como una totaiidad . . . Ni una sola cosa. Arm ahora tengo que llenar buena parte de Io que se refiere a los objetos, ios fenómenos o cualquier otra cosa viviente, a partir de la imaginación. Es decir, debo imaginármeles y tratar de recordarles como totales y completos. .. después que con- sigo mirarios, tocarlos u obtener alguna imagen de ellos. Ni siquiera puedo ver un pequeño tintero como un objeto completo. Es cierto que hay algunas cosas en las cuales puedo pensar como las recuerdo de antes, pero olvidé qué aspecto tienen la mayoría de los objetos, los fenómenos o las cosas Vivas, y los veo oímagino en forma muy dife- rente a lo que Io hacía antes de ser herido. Ni siquiera ahora veo objetos, cosas o personas ente- ras, como antes; solo parte de ellos. Cuando miro una. cu- chara, en 1a punta izquierdzgme asombro. No entiendo ‘ por qué solo veo la puntafy no-la cuchara entera. La pri- mera vez que sucedió esto, me pareció una porción singu- lar del espacio, y a veces llegaba a asustarme cuando la cuchara se perdía en el plato de sopa. En este punto de su diario hizo un dibujo que mostraba cómo había cambiado su visión. .. Cómo era antes y después de su lesión. (Véase Figura 2.) Lo que es más, los objetos que veía ya no pare- cían estabies. Parpadeaban de a ratos" y se desplaza- ban, y hacían que todo pareciese como en estado de flujo permanente. A través y más allá de los. objetos que veo hay una 49
  49. 49. cantidad interminable --m‘ir_iadas— de minúsculos y mó- viles enjambres de puntitos luminosos que me dificultan . ._ la visión de los objetos mismos. Debido a estos enjambres, v, no puedo ver con claridad la primera letra de una palabra. No me llega con claridad, sino que’ parece haber sido arrancada, corroida en los bordes, y lo que queda son puntos dispersos, bordes rasgados o hilos que parpadean como un enjambre. Ahora lo veo con mis propios ojos. . . cuando miro por la ventana tengo un muy pequeño campo de visión, pero en él y alrededor de él veo ese enjambre que revolotea de un lado al otro. En ocasiones este problema se complicó debido a alucinaciones, pues el tejido cicatricial que se había desarrollado en la zona lesionada de su cerebro esti- mulaba lascélulas nerviosas que conservan los re- cuerdos visuales. Ello creó una nueva causa de sufrb mientos, la angustia de un hombre que encuentra que no solo su mundo se ha desintegrado, sino que además su visión ha quedado perjudicada. Recuerdo que hubo dos días y sus correspondientes noches en que no me atrevía a cerrar los ojos. Me parecía tener alucinaciones. En cuanto cerraba los ojos, veía algo horrible, algo fantástico . Un rostro humano, pero con orejas enormes, en apariencia, y ojos igualmente singula- res. O bien veía rostros, objetos y habitaciones de dis- tintos tipos. De modo que abria los ojos 1o antes posible. Le resultaba dificil vivir en un mundo en que la mitad de las cosas parecian haber desaparecido, de modo que tuvo que reorientarse por completo. En una ocasión, al salir de mi habitación y caminar por el corredor, en cuanto di unos pasos tropecé de repen- te con el hombro y el lado derecho de la frente contra la pared, y me produjo un gran chichón en la frente. Me puse furioso. Sencillamente, no podía entender por qué había tropezado contra la pared. Habría debido ver- la. Entonces miré por casualidad hacia abajo ——hacía el piso y mis pies-——, y me estremecí. No podía ver el costado 50
  50. 50. derecho de mi cuerpo. Mis manos y pies habían desapa- recido. ¿Qué podía haberles sucedido? (Aun meses y años después estos defectos no habian mejorado; su visión seguía tan fragmentada como antes. ) ¡narran-u m, “ ¡ w- - g‘ , - .33" Figura 2 (Arriba): Visión antes de la lesión. (Abajo): Visión después de la lesión. . 51
  51. 51. Hato de entender que le había ocurrirlr), y em- pezó a describir catia uno de sus tlefectos, a expe- rimentar con su tan deformadzi visión: Desde que me hirieron no pude ver ¡lada con el lado derecho de ninguno de los dos ojos. Pero como mis ojos parecen tan normales como los de otras personas, nadie puede adivinar, con solo mirarme, si veo o no. Pero ello significa que si enfocó la mirada en un punto con cual- quiera de los dos ojos, todo Io que se encuentra a la dere- cha de una línea vertical de ese punto queda borrado. Puedo ver lo que está a la izquierda, pero muchas cosas no resultan visibles, es decir, que en mi visión hay varios espacios enblanco. Cuando empiezo a leer una palabra, inclusive Lina como vértigo [en ruso: golovokruzhéníe], y miro la letra “k”, el punto superior derecho, solo veo las letras de la izquierda (“v-o”). Nada puedo ver a la derecha de la letra “k”, o en torno de’ ella. A la izquierda veo las letras “v” y “o”, pero nada que esté más hacia ese lado. Si alguien trazara las letras más a la izquierda con un lápiz, veria dónde comienzan los movimientos del lápiz, pero no las letras. Esto significa que no solo no puedo verrrfllíïlïïii. _con la porción derecha de los dos ojos, sino que tampoco”vé'o""alig‘iuiías"pa"i‘t’és"‘"d‘eml"ós objetos que me rodean, del’"’l'a”do‘fi: gjquie'ijdoï"""’"'t""" *** "vr-r" **** WW------« SU CUERPO A pesar de lo gravemente afectada que se encome- traba, la visión fragmentada era apenas una pequeña parte de los problemas que tenía ante sí. Si solo hu- biese resultado perjudicada su visión, las cosas no habrían sido tan graves, pero también había cambia- 52
  52. 52. do su sensación de su propio cuerpo, y con él sus reac- ciones: A menudo caigo en una especie de estupor y no en- tiendo io que ocurre a mi alrededor. No tengo sensación. de objetos. En un momento estoy ahí, pensando en algo, y al instante siguiente caigo en un estado de olvido. Pero de pronto vuelvo en mi, miro a mi derecha y me horro- riza descubrir que 1a mitad de mi cuerpo ha desaparecido. Me siento aterrado; trato de descubrir qué ha sucedido con mi brazo y pierna derechos, con todo el costado dore» cho de mi cuerpo. Mueve los dedos de la mano izquierda, los siento, pero no puedo ver los de la derecha, y en cier- to modo ni siquiera tengo conciencia de que existan. Me siento inquieto. Sé que hay algo que debería recordar. .. que de repente “pierdo” el lado derecho de mi cuerpo por- que siempre olvido que no sé ver a mi derecha. Pero no me acostumbro a la idea, de modo que es frecuente que me asuste cuando desaparece una parte de mi cuerpo. No solo “perdia” el costado derecho de su cuer» po (una lesión de la zona parietai del hemisferio iz- quierdo produce inevitablemente este síntoma) ; a ve» ces le parecía que algunas partes de su cuerpo habían cambiado, que tenía la cabeza exageradamente gran- de, el torso muy pequeño y las piernas desplazadas. Le parecia que además de ia desintegración de los objetos que percibía, algunas porciones de su cuerpo habían sufrido cierta forma de fragmentación: A veces, cuando estoy sentado, siento de repente que la cabeza tiene el tamaño de una mesa —-—-así de grande“, en tanto que mis manos, "pies yfizorso se vuelven muy pequeños. Cuando recuerdo esto, se me ocurre que es cómi- co, pero al mismo tiempo fantástico. Estas son las ciases de cosas que denomina ‘fpeculíaridades corporales”. Cuan- do cierro los ojos, ni siquiera estoy seguro de dónde se encuentra mí pierna derecha; por no sé qué razón, solía pensar (e inclusive ríercibir), que se encontraba en algún punto, por encima “dei hombro, y aun sobre mi cabeza. Y nunca. pude reconocerkïiáñïcender esa pierna. (la parte que va dei pie hasta la rodilla). a -
  53. 53. Otra cosa molesta que ocurre (es un problema menor, y tengo cierto dominio sobre él), es la de que a veces, cuando me encuentro sentado en una silla, de pronto me vuelvo muy alto, pero el torso se me acorta al máximo y la cabeza se vuelve muy, muy pequeña. . . no mayor que ia de una gallina. Ni siquiera" aunque 1o intentasen podrían imaginar cómo es eso . .. Solo se puede entender cuando “le ocurre” a uno. A menudo no podía ubicar sectores de su propio cuerpo. Se habían derrumbado en trozos y fragmen- su mano, el pie y la nuca, sino que debía buscarlos durante mucho tiempo y con esfuerzo. En su vida anterior, cuando ias partes de su cuerpo se encon- traban intactas, le habría resultado impensable tener que “buscarlas”. Es frecuente que inclusive olvide dónde están mi an- tebrazo o nalgas, y tengo que pensar a qué se refieren estas dos palabras. Sé lo que significa la palabra hombro, y que el término antebrazo tiene estrecha relación con ella [en ruso: piiechó y predpliéche]. Pero siempre olvi- do dónde está ubicado mi antebrazo. ¿Lo tengo cerca del cuello o de las manos? Lo mismo ocurre con la palabra nalgas. También olvido dónde están, y me siento confun- dido. ¿Se encuentran en los músculos de mi pierna, sobre las rodillas? '¿ En mis músculos pelvíanos? Otro tanto su- cede con muchas otras partes de mi cuerpo. Lo que es más, sigo sin recordar las palabras que las nombran. Digamos que un médico me pide que le muestre dón- de tengo la espalda. Es extraño, pero no puedo hacerlo. Ahora ya sé que la palabra espalda se refiere a mi cuerpo, pero debido a mi herida de la cabeza no puede recordar, he olvidado donde está esa parte. También olvidé muchas otras palabras que describen porciones de mi cuerpo. Lo mismo ocurre cuando el médico-me pide que me señale los ojos. Necesito ¿mucho tiempo para recordar qué quiere decir la palabra “oj o”. Al final lo hago, pero enton- ces tengo el mismo problema con e} vocablo nariz. Des- pués que el médico ha repasado varias veces esto conmi- go, me pide que los señale con rapidez, uno después del 54 tos, y no podía percibir en el momento dónde estaban »
  54. 54. otro. Pero esto solo consigue confundírme, y ya no re- cuerdo las palabras iearzlz, oído y ojo, aunque me ha edu- cado para izsarlas una y otra vez. Ni siquiera las palabras ww"-. . _. ... ... ... ... ... . mc-. ... -_-. ... n.: «.. -» Cuando el médico” nie d1ce: ""‘i'Má"ñ"ó"s" “me c1nturai”, me quedo alli, preguntándome qué significa eso. 0 si me dice: “Manos a los costados. .. los costados. .. manos a los costados . . . ” ¿Qué significa eso? ‘i? ’ A veces esta confusión producía consecuencias muy particulares: no solo perdía el sentido de su prow pio cuerpo, sino que además olvidaba cómo funciona- ba. El que sigue, uno de los primeros recuerdos, data de las semanas inmediatamente posteriores al momento en que fue herido, cuando se encontraba en un hospital, cerca de Moscú. Es un síntoma bastante atípíco. Durante la noche desperté de pronto y sentí una es- pecie de presión en el estómago. Algo se agítaba en él, pero no se trataba de que tuviese necesidad de orinar . . . sino algo distinto. ¿Pero qué? No podía entenderlo. Entre tanto, la presión en el estómago crecía por momentos. De pronto me di cuenta de que debía ir al baño, pero no sabía cómo hacerlo. Sabía qué órgano eliminaba la orina, pero esta presión se ejercía sobre un orificio distinto, solo que había olvidado para qué era. Y esta no fue la única experiencia singular que tuvo. Muy pronto descubrió que debía Volver a apren- der lo que otrora había sido tan común: llamar a al- guien con la mano o saludarlo con ella. Me encontraba en cama y necesitaba a la enfermera. ¿Cómo haría para que viniese? De pronto recordé que se puede llamar a alguien, y por lo tanto traté de llamar- la. . . es decir, mover la mano izquierda con ligereza, hacia atrás y hacia adelante. Pero ella siguió de largo y no prestó atención a mis ademanes. Entonces me di cuenta de que me había olvidado por completo cómo se hacía para llamar a alguien. En apariencia, había olvidado cómo mover las manos de modo que se pudiese entender lo que quería decir. — 55 (¿A ¿ : w.. que llegué a conocer acuden con rapidez a mi mente.
  55. 55. ESPACIO Se adaptó con sencillez a estas “singularidades corporales”, y solo lo molestaron más tarde, cuando comenzó a sufrir ataques. Pero otras perturbaciones (“peculiaridades espaciales”), como las llamaba, per- sistieron, Por ejemplo, cuando un médico deseaba es- trecharle la mano, no sabia cuál de ellas extender. Si trataba de sentarse en una silla, a menudo resultaba ¿que se había sentado "más a la izquierda de lo que esperaba. No tenía mejor suerte con los cubiertos: le ' era imposible tomar carne con el tenedor o sostener ‘_ la cuchara como correspondía, sino que la inclinaba hacia un costado y derramaba la sopa. Estos proble» mas comenzaron muy temprano, cuando aún estaba en el hospital, y continuaron durante varios años. Cuando el médico supo cuál era mi primer nombre, siempre me llamaba con él, y trataba de darme la mano cuando se acercaba. Pero yo no podía estrechársela. Él lo intentaba por segunda vez, pero sucedía que olvidaba que tenía una mano derecha, puesto que no la veía. De pronto la recordaba y trataba de volver a darle la mano, pero solo lograba tocarle los dedos. Me saltaba la mano y hacia un nuevo intento. Pero yo seguía sin conseguirlcy de modo que me tomaba la mano y me mostraba cómo debía hacerlo. Desde que fui herido tuve problemas, en ocasiones, al sentarme en una silla o sillón. Primero miraba para ver dónde estaba la silla, pero cuando intentaba sentarme la tomaba de repente, pues temía aterrizar en el suelo. A veces esto ocurre, porque la silla resulta estar mucho más al costado de lo que me parecía. Estas “singularidades espaciales” resultaban‘ particularmente molestas cuando se encontraba sen- tado anteuna mesa. Trataba de escribir yvno podía. dominar el lápiz, pues no sabía cómo sostenerlo, Ha- , bia encontrado problemas similares en los talleres del hospital, cuando cóncurría a las ocupaciones terapéu- ticas, en la esperanza de que se le diese alguna tarea‘ = * . para convencerse de que podía ser útil, capaz de des-
  56. 56. empeñar algún trabajo. ‘lambién allí tropez-abzi con. las mismas dificultades: Mi instructor me dio una aguja, un ovillo de hilo, a1- gún material con un dibujo, y me pidió que tratase de pespuntear el dibujo. Luego fue a ocuparse de otros pa- cientes, personas a las que habían amputado los brazos o las piernas después de resultar heridas, o que tenían la mitad del cuerpo paralizado. Entre tanto, yo me que- daba sentado ahí, con la aguja, el hilo y la tela en las manos, preguntando por qué me los habian dado. Perma- necía sentado durante largo rato y nada hacía. De pronto el instructor se acercaba y me preguntaba: “¿ Por que está sentado ahí? ¡Adelante enhebre la aguja! ” Yo tomaba el hilo en una mano, la aguja en la otra, pero no entendía qué debía hacer con ellos. ¿Cómo enhebraría la aguja? La movía de un lado al otro, pero no tenia la menor idea de qué hacer con esas cosas. » La primera vez que vi esos objetos, aunque sin to» marlos todavía, me parecieron muy familiares . . . No ha- bía motivos para pensar en ellos. Pero en‘ cuanto los tuve en las manos no pude entender para qué servían. Cai en una especie de letargo, y no me fue posible vincular esos dos objetos en mis pensamientos. .. Era como si hubiese ' olvidado para qué existían. Volvía la aguja y el hilo entre- las manos, y no podía entender cómo hacer para vincuw larlos. .. cómo poner el hilo en la aguja. Y entonces ocurrió otra cosa enojosa. Ya había apren» dido para qué eran una aguja, el ‘hilo, el dedal y la tela, y tenía una vaga noción de la forma en que era preciso usarlos. Pero por más que me esforzaba no podía pensar en los nombres de estos u ‘otros objetos que la gente me . .. señalaba. Permanecía sentado, pespunteando la tela con la aguja, absolutamente incapaz de recordar cómo se lla» maban las cosas que estaba usando. La primera vez que entré en el taller y vi a la gente- trabajando, advertí varias cosas ——un banco de trabajo, una tabla, una garlopa—, y pensé que reconocía esos obje» ‘tos y sabía cómo se llamaban. Pero cuando me dieron una. garlopa y un trozo de madera, los manosée durante un rato antes de que alguno de los otros pacientes me mostra ra cómo usar esas y otras herramientas. Empecé a lijar‘ 5T
  57. 57. un poco de madera, pero nunca aprendi a hacerlo bien, jamás terminé de lijarla. Cada vez que lo intentaba, la superficie se ladeaba y se torcía, o tenía huecos y bultos. Y lo que es más, me causaba con suma rapidez. Mientras lijaba la madera u observaba algunas de las otras herra- mientas de la carpintería. (un trozo de madera o un banco de trabajo), ocurría lo mismo: no podía recordar para qué se usaba nada de eso. v Cuando fui a un taller para aprender a hacer zapa- tos, el instructor me lo explicó todo con gran detalle, pues estaba convencido de que ‘yo era muy obtuso y tenía una gran confusión, y no sabía nada de lo concerniente a la confección de zapatos. Me mostró cómo sostener un marti- llo, clavar clavos y sacarlos, pero solo aprendí a clavar clavos de madera en una tabla y volver a "extraerlos. Y . aun eso resultaba difícil, pues no veía dónde debía clavar supuestamente los clavos, no les daba en la cabeza y me golpeaba los dedos hasta hacérmelos sangrar, y lo hacía con suma lentitud. De modo que lo único que me dejaron hacer fue clavar clavos en una tabla. Estos problemas persistieron, inclusive cuando volvió a su hogar y quiso ayudar a su madre con algunas tareas sencillas en la casa. Si ella le pedía que cortara leña, arreglara la cerca "o fuese a buscar leche a 1a despensa, descubría que no sabía cómo hacerlo. En cada ocasión se encontraba ante un calle- jón sinsalída, y ello engendraba más causas de an- gustia. - Tomaba un trozo de leña, io colocaba en su lugar, recogía el hacha, la blandía y erraba, de modo que el hacha golpeaba contra el piso. Desde que quedé. herido tenía ten- dencia a golpear el piso cuando manejaba un hacha, o bien la clavo en la madera, que rebota, rueda y me golpea. en la mano o el pie, dejándome lleno de moretones; muy pocas veces consigo dar en el centro del leño, y por lo general lo golpeo un tanto a la derecha o a la izquierda, como si algún misterioso poder desviara mi golpe hacia un costado. Por eso tengo tantas dificultades para cor- tar leña.
  58. 58. l. N‘g>. :y. "lf"* ‘a _/ lx’ Una vez mi hermana me pidió que asegurase la puer» ta del granero que colgaba de un clavo. Quise hacerlo, pero me pasé un largo rato rondando en torno del grane- ro, tratando de averiguar que necesitaba hacer, dónde en- contraría las herramientas para arreglar la puerta. No pude recordarlo, aunque estaban allí mismo, en el gra- nero. Desde queme hirieron, tuve miedo de extender la mano y tocar cosas. .. Cualquier cosa que me rodeara. Esa fue la sensación que experimente cuando me encon- traba en el granero, pero también se apodera de mi cuaná do estoy en mi habitación. No sé ni entiendo donde están las cosas. No se por qué, en realidad no puedo examinar las cosas y descubrir para qué sirven. Cuando mis herma- nas se dieron cuenta de que no podía encontrar lo que necesitaba en el granero, me llevaron los clavos y el mar- tillo. Los tomé, y me quedé allí, preguntándome cómo haría para arreglar la puerta. Después de pensarlo un rato, tomé el martillo. Pero no lo sostenía correctamente: lo blandí de modo que el clavo se dobló al introducirlo, v y me lastimé el dedo. El clavo ya estaba torcido-y doblado. Trate de decidir cómo arreglarlo, pero no encontré forma de enderezarlo. En ese punto mi madre se encolerizó con- migo, tomó el martillo y arregló ella misma la puerta. Cuando traté de traer un poco de agua, llené el balde y regresé, pero de pronto caí de espaldas en un suelo per- fectamente liso. Tuve suerte de no golpearme la cabeza. . . Aterricé de espaldas, y solo abollé el balde. A menudo embisto con el borde derecho de los baldes contra una cerca o pared, o lo vuelco, si el suelo es des- parejo. Cuando regreso con los baldes de agua, me siento muy bien, pero pronto me fatigo y me pongo nervioso. Me tíemblan las manos y los pies, y me vuelvo irritable y mo- lesto, aunque nunca tengo que acarrear el agua más de cien metros, pues vivo cerca de un pozo. El problema de hacer frente a un mundo que pa- recía haberse desíntegrado, y a un cuerpo que se ne- gaba a funcionar como correspondía, no solo lo aco- saba cuando trataba de trabajar, sino que afectaba todos los hechos de su vida cotidiana, inclusive algo tan sencillo como hacer ejercicios o jugar un juego. Frente a obstáculos que se presentaban a cada instan- 59

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