Augé marc, el oficio de antropologo, sentido y libertad

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Augé marc, el oficio de antropologo, sentido y libertad

  1. 1. Marc Augé El oficiode antropólogo Sentido y libertad
  2. 2. MarcAugéEL OFICIO DE ANTROPÓLOGO • Serie CLA•DE•MA Antropología
  3. 3. Título del original francés:Le Métier danthrop olo gue, de Mare Augé© Éditions Galilée, 2006 unaLibro, Archivo y Bibliotecas del Ministerio de Cultura, para su préstamoEsta obra h< sido publicada con subvención de la Dirección General delpúblico en Bi bliotecas Públicas, de acuerdo con lo previsto en el artículo 37.2de la Ley de Propiedad 1ntelectual.Traducción: lñaki Ogallar ÍndiceIlustración de cubierta: Roberto SuárezPrimera edición: marzo de 2007, BarcelonaDerechos reservados para todas las ediciones en castellano© Editorial Gedísa, S.A. Preámbulo .... .. . . . . ... . . ......... . . . · . · 9Paseo Bonanova, 9, 1"-la08022 Barcelona (España)Tel. 93 253 09 04 El tiempo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13Fax 93 253 0905 La cultura .................................... .. 31correo electrónico: gedisa@gedisa.com • La escritura ........................... . 51http://www.gedisa.comISBN: 978-84-984-192-4 7 Epílogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . · · · · 61Depósi[O legal: B. 12.678-2007Impreso por Romanya/VallsVerdaguer 1 - 0886 Capellades (Barcelona) 7Impreso en EspañaPrinted in SpainQueda prohibida la reproducción parcial o total por cualquier me­dio de impresión, en forma idéntica, extractada o modificada de estaversión castellana de la obra.
  4. 4. .1 . . ! ¡ : Preámbulo Interrogarse hoy en día acerca del oficio de antro­ . . pólogo significa interrogarse acerca del mundo ac­ tual. ¿Puede aún una mirada etnológica preocupa­ da enjuiciar la localización y la comprensión de las diferencias? ¿Acaso los actuales procesos que per­ siguen una uniformidad a escala planetaria no eli­ minan cualquier justificación, véase cualquier legi­ timidad, a una empresa en la que únicamente la . " colonización europea hubiera dado sentido en últi­ •• ; ma i1fstancia? ., / Unicamente es posible responder a tales pre- guntas y a tales dudas adoptando dos direcciones . .,. 1 La primera pasa por un rcanálisis de lo que consti­.. .1.1·, tuye el mundo actual, tal vez más diverso de lo que los ideólogos de la globalización imaginan. La se-1·1! 91.. .
  5. 5. gunda pasa por�!:! E.��-�!i .���A�}.<?..9Y.���.l:.���tro­ . � . . de la antropología filosófica que, cada una en su .. . P?.}?.gía, cuya finalidad puede ser más útil y mis .. ámbito, tienen como objetivo el estudio del hom­ . . . . . . . . . . ·· · . ____ .,...._ . . . ·.;.·. --· g ambic1o83."dela· que· imigínan los. :OüSí:á Cicos- de los .. . ...� ... . .. .... . . ....... bre en general, del hombre genérico. ·-M· - La tercera cuestión es la de la escritura. Los et­ , , . paraísos perdidos. Me dispongo a emp�enderlá se- . . . .. ... • � . _ ,. • . ....... .. , ...... , , , , , • escriben. Un poco o mucho, depende. Pe­ , .,.. . ,...,.., � _, güñda dirección, porque es la que permite acceder nólogos a la primera. Ésa es al menos mi convicción: la an­ ro en definitiva, escriben. ¿Por qué, cómo, para tropología está especialmente bien equipada para quién? Ésa es toda la cuestión; en fin, casi toda. Ya . afrontar las apariencias y las realidades de la época que escribir consiste en crear una narracwn y, en contemporánea, a condición sin embargo de que el contexto poscolonial, numerosos observadores los antropólogos mantengan una idea clara sobre se han apoyado en esta conclusión para interro­ cuáles son los objetos, los envites y los métodos de garse acerca del estatuto epistemológico y ético de su disciplina. la disciplina. El oficio de antropólogo es un oficio del frente a Cada una de las tres cuestiones que acabo de frente y del presente. No hay antropólogo, en el formular contiene una parte de incertidumbr�_.Si sentido amplio del término, que no lleve consigo la nuestros objetos son históricos, ¿no acaban bo- :�� � �:�i&i� � �tá� � ;tr � }� actualidad de sus interlocutores. Ello no le resta un solo ápice de autenticidad a su objeto, al contrario. ··-a�� ,�parecer al mismo tiempo como constituyen- Esta cuestión del tiempo debe preceder cualquier traducir? El tiempo, la cultura y la escntura pue- . reflexión acerca del oficio de antropólogo. Aunque hay otras, al menos dos, que están estrechamente tes de nuestros objetos y como trabas para nuestra1i unidas al mismo. relación con la realidad. Quisiera levantar o relati­ La segunda cuestión consiste en saber a qué vizar esta dificultad tratando de demostrar que las hombres nos referimos cuando hablamos de etnó­ tres cuestiones -de la autenticidad, de la relatividad logos o de antropólogos. Nuestros interlocutores y de la literalidad- no son más que una sola, que son individuos. Nosotros somos individuos. Pero cad a una de ellas no es sino una mutación de las · nos interesamos por sistemas, culturas -múltiples y variadas, sabido es- y sin embargo nunca perde­ otras dos. Según esta hipótesis, sería posible volver a formular la cuestión global del papel que desem­ � mos de vista la ambición de la antropología física y peña la antropología hoy en día. 10 11 1 .
  6. 6. ,,1 El tiempo La cuestión del tiempo y de la historia se presenta de manera muy específica a los etnólogos, aunque está más ampliamente relacionada con todas las dis­ ciplinas de las ciencias sociales. Estas últimas son históricas, en efecto, en la medida en que la historia alberga y modifica sus objetos. No es el caso de las ciencias de la naturaleza. Nuestro conocimiento acerca del universo ha avanzado considerablemente a lo largo de un siglo, aunque el mismo universo no ha cambiado o, al menos, la naturaleza de sus cam­ bios no tiene que ver con la historia. Jean Paul Sar­ tre lo comentaba en 1946, a través de un artículo . publicado en los Temps Modernes, «Materialismo y revolución», en el que criticaba el materialismo de Engels y de sus discípulos: «[ ] está claro que la . . .-1 13 1
  7. 7. , noción de historia natural es absurdaSJi.h.���ia no .. El punto que nos ocupa aquí es que la relación ;� . ¡- se caracteriza ni por el cambio ni por la acción llana de las ciencias de la naturaleza y las ciencias socia-. : : :; ;¡ 11 ! : y simple del pasado; se define por la recuperación les con el estado de la situación no es la misma. En tencionad.a ...del pas. ado en el .. . ...... - - · res;- ; ;:· --- · ... · · �"t ·- . el caso de las ciencias de la naturaleza, constituye _,__i�.. - ·-· -.. . . .. - . ·······-. .. -. . . ·· -�-� - -.... -- . : . .. _.,.,, ., _ . .� . _- p . Las ciencias, sean cuales sean, se inscriben en una · · · un entorno, a veces favorable y a veces desfavora- ... . . ... ....... . . ! doble historia: su propia historia, la historia de cada una de ellas, de sus progresos -aquella que los histo­ ble; para las ciencias sociales, constituye a la vez un entorno)" U.!!, .Q.!Jjeto. . ) riadores de las ciencias denominan la historia «in- ... La recuperación intencionada del pasado en el -. », !���":_ inconcebible sin la intencionali·------- ht. ..-····� dad que ......._ presente mencionada por Sartre resulta evidente en sostiene-, y la historia contextual -del contexto so­ el caso de la historia interna de las ciencias, y nin- . cial, político y económico en el que los científicos , guna ciencia que aspire a progresar renunc1ana a trabajan de manera concreta-, la· historia «externa». Todo científico se encuentra por tanto ante un· �es- . . .. -l-" .... . .... . . ........ _... . . .. , . . . . . ..... . . ello, pero, en relación con la historia externa, la Si­ tuación es más compleja: los científicos en general _! . tado de las cuestiones», que corresponde a la histo­ (incluso si algunos se encierran dentro de su torre ria de su disciplina, y ante un «estado de la situa­ de marfil) persiguen una inflexión para estar mejor, ción» que condiciona el ejercicio práctico de su o en cualquier caso para conocer mejor. Aunque Yl�� ������� investigación inscribiéndola dentro de un contexto una vez más podemos distinguir en este caso las más amplio. Resulta obvio que el estado de las cues- .��?lle.sy el e?!��? �e l� sitl1��ión no estáf.i.to.ta_lrn�J!te -..... .. -._....... , , ,, . .. . ... . . . . .... ....... . ,. . . ciencias de la naturaleza . ��c�.� �:_EI1 . afro i_l���--s(i.r�f.J��.����,.�LP��::- ·· efecto, estas últimas . . ... . . . desvin ···· __ ..----·· ..... . culados. el ···uno del otro, sobretodo en nuestra . ·- �... ....... ¡;¡�.ffi�--cfefcarnbiol1�st6�i��, ·del cambio de cont�x­ · época, tanto porqúe Tós.credítós, los programas y -.... ..•... .... Tó:-fo"r-maparte-ae-·suob)ew� I:-as-�·;;·a;T�te"f c�t·�a­ ; .. los enfoques de la investigación dependen en gran "· les-y:· fos·c��bi�·;·;n . �Tparádigma están incluso medida de la esfera político-económica, como por­ relacionados muchas veces con los grandes aconte­ que, en el sentido inverso, ciertas aplicaciones de la cimientos que marcan la historia externa (la Segun­ ciencia modifican profundamente a la sociedad. To­ da Guerra Mundial, mayo del68, el desplome de1 i memos como ejemplo dos de los inventos que han comunismo). Dentro del ámbito de las ciencias so­:!li!i 1 1 revolucionado el ámbito de las relaciones humanas: ciales, siempre existe algún motivo para sospechar la píldora anticonceptiva y el ordenador. de la existencia de un enlace, sutil aunque directo, lf¡! 1 •1 ¡ 14 15:l. ,.
  8. 8. entre la historia contextua] y las disciplinas que as­ que los demás, conjugar la historia de su disciplina1 piran a rendir cuentas de ella. Sería incluso posible con simplemente la historia, una historia azarosa y11 . llegar a evocar los desmentidos que la historia apor­ apresurada cuya presencia en el «campo» era en sí: 11:· ta en ocasiones a los esquemas intelectuales que és­ misma una señal; es más, se interesó inicialmente Los esquemasjnterprc:!��i-�?.�e las ciencias so­ e �ión d� _:i, �_p�_ .Y de lah¿.�o!}�· ?. e ha mov1d.o � . � . , ta ha elaborado para comprender a la sociedad. por_��.E2.��t,��!Y�P.*�P-�S9?.�.��J. ��n- , � -� p _ _ _ ciales se reducen entonces a un elemento del con- de gOTpehacia un mundo en el queliabta vanas di- ""___..,._. , _ te��o, como los de la filosofía; absorbidos por la mensiones temporales, incluso cuando trataba de historia externa, no sóJo se convierten en simples desmarcarse del esquema evolucionista según el encabezados de una historia disciplinaria, sino que cual los grupos que estudiaba representaban una se integran en el decorado del conjunto de una forma de pasado, de primitivismo. época cuyos historiadores se esforzaron más ade­ Habiendo llegado después del militar, del misio­ lante en dibujar los contornos. La historia (no co­ nero y del administrador, cuando no se trataba de mo disciplina, sino como cambio) parece entonces uno de ellos, el etnólogo disponía entonces única­ emplazar a las ciencias sociales a cierta forma de re­ mente de tres actitudes posibles frente a la historia lativismo. Aquello que, especialmente en Francia, contextua} y todas han sido testificadas en la déca­ vincula la historia de las ideas sucesivamente con da de 1950. O bien trataba de preservarse de ellas aJ . . una suerte de crónica necrológica y de anuncios de tiempo que preservaba tamlli!!.. .�!!.2J?i.��o2 imagi- nando desde entonces sociedades carentes de histo- ��-.. nacimientos: tras el anuncio de la muerte de Dios, el de la muerte de la dialéctica y los de la muerte del ria o fuera de la historia que habría que observar sujeto, la muerte del hombre y del humanismo, o antes de que desapareciesen; es el tema de la etno­ dedicaba a �5�..tr.P.Y!�.!.�� que, dentro de los incluso el de la muerte de las grandes narraciones . grafía urgente. O bien se hacía antropólogo y se Tenemos a continuación, con toda certeza, la rea­ •• pertura al final de la sección de los nacimientos campos sociales particulares, manejan y compri­ anunciando el regreso de los ilustres desaparecidos. men cualquier transformación posible en el espacio El etnólogo, por su parte, está doblemente con­ y en el tiempo; es el caso de la empresa estructura­ cernido por la cuestión del tiempo y de la historia. lista de Lévi-Strauss. O bien tomaba el cambio CQ:­ No cabe duda de que siempre ha debido, al igual . moqbjet�de est�<!_io...Y en particular las formas di- ,; ... 17 16
  9. 9. ; : 1 versas resultantes del contacto cultural colonial fuese en definitiva la misma empresa colonial la l (sincretismos, mesianismos, profetismos); es lo que que proporcionaba el criterio decisivo y la prueba ¡ han llevado a cabo la escuela de Manchester en In- material de la autenticidad. ! glaterra y Georges Balandier en Francia a finales de Los etnólogos siempre han sabido o han sospe­ los años cincuenta y principios de los años sesenta. chado que los grupos que estudiaban venían de¡1 11"¡11 Este último partidismo adoptado era entonces tan fuera, incluso cuando afirmaban que eran autócto­l. molesto para la etnología en Francia que Balandier nos y que arrastraban una larga historia. También tituló su gran obra de aquella época Sociología ac- han comprobado que el tiempo, del mismo modo ." 11 • , tual delAfrica Negra. que el espacio, era la materia prima de la actividad . ! : :o, El tiempo de los demás es cuestionado a través simbólica. Entendemos por actividad simbólica · J9���.!� �!Q �t!.���� � de todas estas opciones teóricas. Cuando Claude �ualquier sfue z .�n��c:!�.c�il.l.�:!YR eto �.�-e r ! _:_ . 2, �i �� , Lévi-Strauss proponía distinguir entre sociedades l re ��l!!f�1?!v.?!}2U1�.�- � �<;� frías y calientes, se refería a una definición de la le forma. Hablar es evidentemente la actividad sim- historia que, paradójicamente, no estaba tan alejada bólica por excelencia. Hablar o nombrar. No existe de la de Sartre, ya que no estaba relacionada con la grupo humano alguno que no haya ambicionado historia de los acontecimientos sino con la historia expresar el tiempo, por ejemplo mediante calenda­ como conciencia histórica, como voluntad de his­ rios, es decir, nombrando las recurrencias observa­ toria. Sin embargo, a pesar de que sus orientaciones das en el espacio: los días y las noches, las estacio­ estuviesen opuestas, no existe la certeza de que, an­ nes, los años . . . Se establece una correlación entre te los ojos de las diferentes escuelas antropológicas, gran parte de la actividad ritual y el ciclo meteoro­ las sociedades estudiadas por la primera etnología lógico de las estaciones. Los etnólogos han estado no hayan tenido, en efecto, un vínculo con la histo­ desde entonces tentados de hacer del calendario y ria distinto de aquel que han tenido las sociedades de la actividad ritual de aquellos que observaban occidentales. Quisiera detenerme un instante en es­ una metáfora de su relación con el tiempo en gene­ te punto para preguntarme lo que significa en reali­ ral: tiempo cíclico, tiempo de repetición, tiempo 1 dad este víncu]o caliente, templado o frío con la inmóvil que resultaba fácil enfrentar con e) espíritu historia que se aplica a ciertas sociedades para dis­ descubridor y emprendedor de las sociedades occi­ tinguirlas de aquellas que las colonizan, como si dentales. 18 19
  10. 10. Ello implicaba acelerar un poco la faena. Se po­ la literatura antropológica: las representaciones de la dría comentar en un primer momento, de modo brujería y los fenómenos de posesión en África oc­ accesorio, que el tiempo cíclico es también el de los cidental, al menos tal y como aprendí a descubrirla plazos. En las sociedades cuya supervivencia de­ en la década de 1960. Estos dos ejemplos tienen la pende del ciclo de las estaciones, el sentido de los ventaja, creo yo, de mostrar que lo que se cuestiona plazos es primordial. Implica observaciones y deci­ en aquello que denominamos a veces de forma de­ siones; y por ello se entiende, en sentido inverso, masiado dudosa o demasiado general «concepción que las prácticas rituales de emergencia sean consi­ del tiempo», corresponde efectivamente al estado 1 deradas necesarias cuando el ciclo se desajustaba, por del acontecimiento, y aquello que se cuestiona de­ ejemplo en caso de inundaciones o de sequía pro­ trás del estado del acontecimiento es la estructura longada, o cuando la supervivencia de las genera­ . <:: social, el orden sjm�_óJ!.S:9.2Jgr,�}),, . ... ciones estaba amenazada, por ejemplo en el caso Existe una literatura considerable acerca de los " de epidemias. Lo que se cuestiona entonces no es el fenómenos denominados de brujería en África. tiempo en sí mismo, ni mucho menos la historia, También es el caso de la posesión. Pero en este te­ sino el acontecimiento. ma, lo mismo que en otros, hay que desconfiar de Las sociedades tradicionales no niegan la histo­ las palabras. Dichos fenómenos, en este caso, nos. ria, pero intentan conjurar-a am e-n az:.: ..:_..a:-:;on���i­ l : - .a..:.d.l . : . e,; c ..;_ _ ;. � � . remiten a las diabluras de la Edad Media en Euro­ _ :--:- míen�?:. Le siguen el principio de una estabilidad � pa, a la posesión satánica, a las brujas que la Inqui­;1. . cuya fragilidad queda demostrada por la muerte de sición quemaba en ocasiones o a los diferentes los individuos y por el paso de las generaciones. echadores de mal de ojo que aún hoy aparecen en Mientras tanto, no existe la seguridad de que se dis­ algunas de nuestras comarcas rurales. No es exac­ tingan radicalmente de las sociedades modernas y tamente lo que sucede en África, si bien la intro­ ��!El���--�3.�Ei�!���h.2�te.!!L?_g�_4P.�.E_c>r la EE.���-n­ . misión de los misioneros en este continente ha re­ ción y la ge�!ió:__��! i�sgo, t��t� a esca��jE-��i­ r _ movido a veces las imágenes y las ideas. dual como a escala colectiva. Los poderes de agresión y de defensa han sido ·-Algüñas-obser�;;;r��e��etnográficas permiten concedidos como consustanciales a la persona, pe­ precisar este aspecto de las cosas evocando breve­ ro la misma persona se define por su situación so­ mente y de modo particular dos temas clásicos de cial en el sentido estricto: perteneciente a una estir- 20 21
  11. 11. pe agnaticia, a una estirpe uterina, vínculos de afi­ En la práctica, por supuesto, la realización de la in­ liación y alianza, posición en la hermandad, perte­ vestigación se sometía a las relaciones de fuerza que nencia a una clase de edad . . . Los componentes de existían entre las estirpes y entre los individuos, pe­ la persona y los poderes que se le confieren no pue­ ro, por una parte, el diagnóstico en forma de vere­ den leerse y ser entendidos más que en relación con dicto debía, para mantenerse creíble, ser formulado la estructura global del grupo. En términos concre­ en unos términos estructuralmente correctos y, por tos, ello significa que cuando se produce un acon­ otra parte, cualquier nuevo acontecimiento, por tecimiento desgraciado (en el común de los días, la ejemplo la enfermedad o la muerte de uno de los . enfermedad o la muerte de un individuo) se activa acusadores, podía replantearlo e incluso invertirlo. Toda vez, después de haber ratificado pública­ 1:1 todo un aparato de investigación para dilucidar las 1 : mente este diagnóstico, era posible celebrar los fu­ causas en función de esta «antropología» local. En las sociedades matrilineales en las que traba­ nerales del difunto, generalmente varios meses jaba durante los años sesenta y setenta, el poder de después de su muerte. Se recapitulaba con tal oca­ agresión se ejercía y se transmitía, según se decía, a sión, en una suerte de representación teatral, las través de la matrilínea, el poder de la maldición era diversas etapas de la investigación en la que cada el del padre en relación con sus hijos; aquellos o uno desempeñaba su papel en el asunto, incluido aquellas que poseían un poder de agresión (al me­ el acusado después de haber confesado y el mis­ nos un individuo por matrilínea) podían, se decía mo muerto, representado por un compañero de la aún, intercambiar sus crímenes, dificultando espe­ misma edad. No se trataba tanto, en definitiva, de cialmente la investigación posterior. La investiga­ castigar al culpable, aunque la ocasión lo propicia­ ción post mortem comenzaba por la interrogación se, como de hacer recaer el acontecimiento sobre del cadáver, que sus compañeros con la misma edad la estructura. Siendo las agresiones o las maldicio­ que él llevaban sobre la cabeza y que respondía a las nes consideradas como las propiedades intrínsecas. 1 de las relaciones instituidas, como una expresión de . preguntas que le formulaban con un sí o con un no, según si hacía avanzar o retroceder a sus porteado­ la estructura, una vez explicado, el acontecimiento res. En otros grupos, las estructuras sociales eran no es sino la traducción del orden de las cosas: la ·;áaic�feradéñe gad;·;i��!I;�¡;;;;;�.-�-�-· . . . .···� �·· ··· · diferentes, pero siempre existía un enlace sustancial existencia del acontecimiento como contingencia _. . sistemático entre estructura, persona e influencia. .. � � . ,� . . · .. _ . _.,_..... . ....."""........ ......._,.,_�........... ,... ... . .,.. ··� ·........ ..· · -•"C ·"· · ·..·•••• ..... . .. ..-...... ·· · •" . 22 23
  12. 12. i. 1 Los fenómenos de posesión se inscriben dentro nuestro idioma) y un nombre propio al que se del mismo registro. ¿Qué se entiende por «pose­ vinculan rasgos de carácter evocados por la mito­! sión» en África? La aparición en el cuerpo de cier­ logía, y que los emparienta con personajes que tos individuos, hombres o mujeres, de fuerzas de nuestra tradición teatral, como Polichinela o Ar­ • diversa naturaleza (aquí también las traducciones lequín. Durante la posesión, los poseídos fingen, 1 " • son variadas, tendenciosas o aproximadas: se habla interpretan a los personajés que los habitan. Tenía de espíritus, de genios, de dioses). Esta aparición razón Michel Leiris al hablar de «teatro de la po­ puede manifestarse de forma diferente. La metáfo­ sesión)). En definitiva, y también se trata de un ra que da cuenta de ello en los idiomas locales es en rasgo constante, el episodio de la posesión debe general, sucesiva o simultáneamente, ecuestre y ser olvidado inmediatamente cada vez por el ac­ erótica: el poseído es «montado» por el espíritu, el tor, esté solo o en grupo, incluso si sabe perfecta­ genio o el dios que le ha caído encima, considerán­ mente que pertenece al grupo de poseídos y que dolo como su mujer, incluso cuando es del sexo ha sido y será de nuevo poseído por fuerzas cuya masculino. identidad conoce. Esta regla del olvido es tan obli­ Pero estas manifestaciones no son fruto de la gatoria como la que obliga al contrario a no olvi­ casualidad. Los poseídos forman un grupo estruc­ dar los sueños para estar en disposición de com­ turado, sometido a una jerarquía y un calendario prender su significado y de esquivar, llegado el precisos. Son especialistas que, con ocasión de la caso, las malas intenciones de los que se manifies­ primera «posesión» de un individuo, han identifi­ tan a través de ellos. cado a la potencia que lo atormentaba y que se ex­ A primera vista, la posesión parece por tanto presaba a través de él. Las modalidades pueden presentarse como una posesión del individuo por variar de una sociedad a otra, más o menos espon­ parte de un ser superior que le sustituye y en oca­ táneas u ordenadas según los casos, pero ambas siones habla por su boca. De este modo podría ex­ características (existencia oficial del grupo de po­ plicarse especialmente por qué aquellos poseídos seídos, identificación de las potencias posesoras) que han sido desposeídos de sí mismos afirman no son una constante. En cuanto a las mismas poten­ recordar el episodio durante el cual han sido poseí­ cias, llevan un nombre genérico (del que resulta dos: ni los gestos que su cuerpo ha realizado, ni las sumamente difícil encontrar un equivalente en palabras que han salido de su boca. 24 25
  13. 13. 111 .1 . ! 1• � Por poco que se preste atención a algunos co­ definitiva, dentro de la posesión, cada uno desem­ mentarios de los etnólogos que los han analizado peña su propio papel, su personaje. No es el caba­ de manera más sutil, los hechos se resisten sin em­ llo el que se parecía a su jinete, sino al contrario. bargo a esta interpretación. Tomaré dos ejemplos. Los sacerdotes del culto de los zar son buenos ob­ · Michel Leiris, en su libro La posesión y sus as- servadores y psicólogos perspicaces. pectos teatrales entre los etíopes de Gondar, publi­ Nos encontramos con la misma interpretación ll cado en 1958, cita diversas declaraciones de infor­ en el otro extremo de África, en la región de Be­ madores según los cuales, de forma sustancial, nín. Bernard Maupoil, joven administrador de las cuanto mayor sea el número de fuerzas que han colonias y etnólogo, trabajó en Dahomey antes de. . . poseído a un individuo, más rica será la personali­ la Segunda Guerra Mundial con un sacerdote del dad de este último y mayor será, según ellos, su nú­ culto vodun, Gedegbe, que había sido el adivino mero de identidades. Ésta es una afirmación sor­ de Behanzin, último rey de Benín derrocado por;11 prendente para aquel que asemeja la posesión a una los franceses. Privilegiado informador por tanto desposesión. Los zar (así es como los etíopes de:¡ Gondar denominan a estas fuerzas posesoras) están para un etnólogo excepcional que fue miembro de la Resistencia en la primera fase de la guerra y que diseñados, según la metáfora habitual, como jinetes sería fusilado por lós alemanes (su tesis fue presen­ que saltan sobre sus monturas y las cabalgan. Aun­ tada en la Sorbona a título póstumo). Junto a Ge­ que, según inciden también los informadores de degbe, Maupoil analiza, entre otros asuntos, lapo­ Leiris, es el zar el que se parece a su caballo. Un co­ sesión por los vodun (los vodun son los dioses de.1 • mentario aparentemente incidente que debería sin un panteón que, en muchos aspectos, recuerda al embargo ser considerado por separado dado que panteón griego tal y como fue analizado por Jean­ invierte el sentido del cliché. Los especialistas han Pierre Vernant). Al evocar la metáfora habitual del establecido la identidad del zar que se manifestó en jinete y su montura, Gedegbe reacciona y señala primer lugar dentro del cuerpo del poseído tenien­ que el vodun no procede del exterior del que po­ do en cuenta el carácter y la personalidad del mis­ see, sino que se encuentra en su interior, dentro de mo. Solamente se quedaron con uno de los térmi­ sus riñones, y que sale a la superficie en el momen­ nos de la alternativa formulada por Diderot acerca to de la posesión. Somos objeto de nuestra propia de la paradoja del intérprete y sugirieron que, en poseswn . . . . 26 271
  14. 14. ¡¡ 1 1i • 1 i! También encontramos este concepto del regreso restablecimiento del enlace perdido, el regreso del y de la permanencia dentro de la idea de la dinastía mismo dentro del cuerpo del individuo. Ser poseído real. Dentro del reino Fon de Benín, en la antigüe­ 11i�nifica traspasar la otra frontera de la muerte, dad, la realeza era hereditaria siguiendo la línea ag­ 1quélla desde la cual, sea cual sea el nacimiento, se naticia, y este carácter hereditario se escribía sus­ descubre el mundo de los orígenes. La posesión es­ tancialmente dentro de la persona del soberano. Un tablece, dentro de la verticalidad de la filiación, el principio físico-espiritual (nuestro lenguaje dualis­ mantenimiento de una estructura cuyo lenguaje dei .1•i ta tiene dificultades para expresar lo que en las len­ la brujería despliega las dimensiones múltiples den­ guas africanas se establece como único) denomina­ tro de la horizontalidad del espacio social. posesión no co�!i_ X� --�!��- - q �-- - ��-fk�R9Se - �_!:I � do djoto reaparecía con un intervalo de dos o tres Sobre la base de ello,� olvido necesario d�Ja el -- -- -- --- ·------- · .. - · ....... ..................,.... .... , ·-··. .. . sodio de la ..posesió·.n·. -es ,público...A. los ojos de la co- generaciones, de tal modo que un soberano repro­ ducía siempre parcialmente la persona de un abuelo sión, sino una reafirmación de la estructura. El epi- - . .. ... . .. . . �-,., , ... -- -·--·-- � o bisabuelo, con lo que la genealogía real podía pre­ sentarse en su conjunto como la interconexión de munidad, se trata de muertos, de antepasados que tres djoto alrededor de un tronco dinástico. Cuando se manifiestan dentro del cuerpo de los poseídos. los franceses combatían con Behanzin, se enfrenta­ Todos esos cuerpos poseídos muestran diferentes ban sin saberlo a través de su persona a un djoto que fragmentos de tiempo, capas diversas de un pasado colectivo. Se podría decir en este sentido, si el tér­ 1 se remontaba a los orígenes del reino, a once reinos de distancia y a través de otros tres soberanos. mino tuviese menos connotaciones, que son la ma­ . Estas indicaciones, así como las de los informa­ nifestación de un inconsciente colectivo que se dores de Leiris, no tienen un valor simplemente ni aproxima a la vida psíquica y el inconsciente indi­ esencialmente psicológico. Cobran todo su sentido viduales referidos por Sigmund Freud en El males­ al tener en cuenta el hecho de que los dioses, en plu­ tar en la cultura; en ellos, nos dice, nada de lo que ha sido creado desaparece. El fenómeno de la pose­ todos detallando la de �;a·�-ü:ño··cre..ñoso!;os:··�-��- ral, en numerosos sistemas politeístas africanos, son sión se revela capaz de recapitular la historia de -arqüé0Iogl"aidé3J que propone,.. . diante el espec- hombres antiguos, antepasados lo suficientemente lejanos como para que la cadena genealógica nunca , llegue a remontar completamente hasta ellos. Lo � __ _.___, ,_..., _ .......... me ._,...... ,_ .. ...--...- . .......--..,;>.,.., que entra en juego en la posesión es, mediante el táculo de los cuerpos poseídos, la imagen de la co- 29 28
  15. 15. presencia simultánea de pasados diferentes, impo­ sible al único nivel individual. En Togo y en Benín, aún hoy, los iniciados de 1;¡ 1 un vodun particular residen en conventos que tie­ • 1 nen un calendario litúrgico preciso. Las ceremo­ .1 • nias correspondientes reúnen a intervalos regulares�- a parte del pueblo o al pueblo en su totalidad y, en1; cada caso, ponen en escena los diferentes pasados y La culturai1 . . los diferentes protagonistas de la historia colectiva: efectivamente están poseídos junto a individuos cuyos respectivos vodun evocan momentos dife­ rentes de esa historia. El teatro de la posesión igno­ ra por tanto el tiempo-menosdeIoqÜereactua11� · "aios ·ojos ·aer gru T� �-üil·tl�:Ufé�a ·estl-iciüraC · · ¡;ü· t Cuando los etnólogos o aquellos que interrogan , -- -··-··x-·niver h11:éiecrü�r;-e-rdésarrolloés"Hg;�a-���te hablan del tiempo, verdaderamente se refieren al ! / ¡: diferente. Un iniciado de tal o cual determinado enlace s9cial1 a cierto concepto de las relaciones en- vodun puede ser o puede no ser poseído en tal o tre los unos y los otros en el interior de una de- cual ocasión ritual. En cambio, su posesión puede terminada configuración cultural. La cultura, en " ser considerada como buena o como mediocre. In­ el sentido global y antropológico del término, es el cluso cuando se inscribe dentro del ámbito preciso conjunto de estas relaciones en tanto en cuanto es- . de un calendario litúrgico, la posesión individual se tán representadas e instituidas, relaciones que pre- · caracteriza por cierta contingencia. Puede produ­ sentan por tanto al mismo tiempo una dimensión 1 cirse o no, hacer intervenir un vodun u otro; en de­ intelectual, simbólica, y una dimensión concreta, 1 j: finitiva, se trata de un acontecimiento. En calidad histórica y sociológica mediante la cual se desarro­ 1 de tal, debe ser dominada intelectualmente, olvida­ lla su puesta en práctica. Los etnólogos han asumido da en beneficio de la ceremonia que celebra el man­ la existencia de «culturas» en esta doble dimensión tenimiento de la estructura colectiva y que da por intelectual e institucional al interesarse por las rela­ sí sola un sentido a su manifestación individual. ciones de filiación, de alianza o de poder, aunque 30 311:
  16. 16. 1 1 1 !. también por los mitos y los ritos, todos ellos reali­ nasmo, dado que cualquier forma de sociedad tien­ .11 dades antropológicas que imponen a los hombres de a perseverar en su ser), no son incompatibles con:! en sociedad a someterse al tiempo para aceptar la el contacto, el encuentro o el intercambio -en defi­ muerte y a reinventarlo para vivir juntos. nitiva, con la historia de los acontecimientos-. Los .1, 1 Esta constatación me parece autorizar dos pues­ grupos de linajes africanos han pasado por la gue­ tas a punto. La primera se refiere al objeto de la in­ rra, la emigración o el comercio sin que por ello vestigación antropológica, que rebasa el ámbito en sufriesen su negación ritual del acontecimiento y1! su preocupación por el mantenimiento estructural. , . i el que ha nacido. La antropología ya no está obliga­ [f da al estudio de las sociedades en vías de desapari­ Pero regresemos a la_c!i�tii!E��_.:.��-.!��!_�QQ. de ;� t}.1,. �¡ ción; su objetivo intelectual es, en un modo a la vez las cuestione:�:.Y._����<?.��--�-�� a9.§E.>�.!�.�-.�i�,H s _ ., e más preciso y más amplio, el estudio de las relacio­ entre la histo���<!�J�t,SÁ�Jlti�$�Y.J�h�!.<?Effi..P_l;!r,�_. Y. . .... , . )i�p.le: Dicha distinción parte de una hipótesis que �- ,..,__,-·--·-1--r-- nes ..simbolizadas e institlridas-eñtrein<Iíviélüos·�_ . . . t ,....,.._.....,., ..,. ., .,.._ ••. . ,..-.�· · • :;-� ·o.:.:.::. · �..._.,,_,.., · ..,. -..;, .•..,....... nos permitirá tal vez volver. a interrogarnos acerca ·- ·:.•• _, ..,,,, ., .._._,• , o-o;:.o:•ll>-:-.1011. � ......., � >"··- configuradas de manera que puedan tomar forma ,��··-, , . . .. . . __ . . . .. . · _ , r. f. - dentro de contextos más o menos complejos. En es- del papel desempeñado por l.a antropología como es­ quepreSícíe"Cleiiti=odefa eV�I;:;:aón de las cuestiones � i. te sentido, los grupos estudiados por la etnología tudio de las relaciones sociáes·:·=raHiniénc roiiaiio aa r primera proporcionan ejemplos paradigmáticos o, , para expresarse como Emile Durkheim y posterior- científicas se encuentra fuera de toda duda, al igual1 mente Claude Lévi-Strauss, elementales. Segunda que el carácter acumulativo de esta evolución. Las puesta a punto: incluso manteniéndose sensibles a ciencias se distinguen de ese modo de los conoci­ la riqueza de las aportaciones en diversos ámbitos mientos que, adquiridos de una vez por todas, sirven de todas las culturas del mundo, en el punto en el para la gestión práctica de la vida individual y colec­ que nos encontramos la cuestión del estancamiento tiva. ¿No habría que buscar la clave de una diferencia relativo de algunas sociedades frente a los progresos entre las sociedades que privilegian la explotación de alcanzados por otras se mantiene íntegra. Simple­ los conocimientos, es decir, aquello que es sabido, y mente la hemos desplazado al sugerir que sus con­ aquellas que privilegian la prospección científica, es ceptos de tiempo no están cuestionados o, al me­ decir, lo desconocido, entre las relaciones sociales y nos, que se remiten a formas sociales que, aun la manera en que son diseñadas e implementadas? siendo conservadoras (lo cual es sin duda un pleo- ¿O incluso en una diferencia dentro de una misma 32 33
  17. 17. sociedad entre los períodos con los sectores marca­ Algunos autores, en los años cincuenta y sesen- dos por la explotación pasiva de los conocimientos y ta, han hecho progresar considerablemente la refle­ los períodos o sectores abiertos al deseo de saber? xión acerca de la noción de cultura tomándola co­ Estas diferencias solamente enviarían en última ins­ mo un sistema de restricción intelectual, a partir de tancia al estado del conocimiento dentro de un de­ dos constataciones. Primera constatación: el indi- l terminado conjunto social, y por tanto a este mismo viduo solamente percibe su propia identidad den­ conjunto en la medida en que deja más o menos sitio tro y a través de la relación con los demás. Segunda a la iniciativa intelectual individual. constatación: las reglas de construcción de esta ¿A quién nos referimos cuando pretendemos relación existen siempre con anterioridad. Lévi­ · privilegiar el estudio de las relaciones sociales? En Strauss escribió en 1950, dentro de su «Introduc­ ! realidad hablamos de tres hombres, o de tres di- ción a la obra de Marcel Mauss», que era aquel que rl 1 mensiones del ser humano: el hombre individual denominábamos cuerdo de mente el que era un (usted, yo, seis mil millones de mundos interiores alienado propiamente dicho, ya que aceptaba su irreductibles los unos en relación con los otros); el existencia en un mundo que solamente podía defi­ Aquel que pretendiese eludir esa aceptación ser�a hombre�}lll:!r.�I (aquel que comparte con otros un _ ! nirse mediante la relación del yo con el prójimo. determinado número de referencias que componen un conjunto diferente de otros �onjuntos a los que literalmente un inse��.Q, pues se trata de la condi­ la etnología original ha dado frecuentemente un ción necesaria para la salud mental. sariamente ali.enado por el � e..��-- �� o :. g !_.��!. ,l!..� nombre étnico -la distinción de los géneros mascu­ � . .. , . . :� · -· . . Por tanto , el.hombre cuerdo de·-men.te.está .nece- - · . " lino y femenino y sus definiciones en términos so­ .... - tural-); y fin�lmente el hombre $!.�§_:�quel que, �-�(� sentl o a osacoñi"ecínííeñtos de · ....... ...... .vida com, }JJ: . . . ..* su .... ciales proceden obviamente de esta dimensión cul­ -. _ .... ... � .. .... .. .q ......... ... ..... .. , -. .. � :-.. ;w,.- o .: e. . ... .... .• : .. - ... 7e�íi�r; �ocial, no es un sentido metafísico y tras­ - .-) . ... .,. .,. ��: - ;.: fdo al que nos referimos aquí, el . - T�I d - · El oS" lt" a despues de s1glos y milenios, ha inventado nuevas técnicas, aquel que ha caminado sobre la Lun a, cendente, sino la relación social en sí misma, en la�� nombre propio y singular, pero del que cada uno aquel cuya existencia puede ser simbolizada por un medida en que está representada e instituida. Los ( humilde quese siente con derecho a reivindicar, por1, poderes de agresión y de defensa de los que habla­ . de nosotros ba anteriormente, consustanciales en cada persona, pueda ser su destino personal). son uno de los componentes de este sentido social 34 1 35 · - -- - i

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