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La verdadera historia de Jack el destripador

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En este relato humorístico, del experto en el tema Dr. Gabriel Pombo, los lectores observarán un nuevo enfoque de ficción sobre la horripilante historia del asesino serial de Londres, y de como él fue finalmente "capturado".

Published in: Entertainment & Humor
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La verdadera historia de Jack el destripador

  1. 1. LAVERDADERAHISTORIADE JACK EL DESTRIPADOR Un cuento “escalofriante” escrito por Gabriel Pombo
  2. 2. Aquel otoño de 1888 había sido espantoso paralos habitantes de Londres. Y no porque la niebla y el frío resultasen másagobiantes que de costumbre, pues al mal clima losciudadanos británicos estaban acostumbrados. Lo que llenaba de terror a la población inglesaconsistía en unos sucesos mucho más macabros. No era para menos: desde aquel mes de agostolos periódicos no paraban de informar que en losbarrios bajos del este de la capital -sobre todo en elmaltrecho distrito de Whitechapel- un maníaco veníaasesinando a mujeres de vida alegre. Los crímenes tuvieron su inicio en la noche del 7de agosto cuando Martha Tabram murióviolentamente, tras recibir treinta y nueve puñaladas. A esa desdichada la acompañaron en fatídicodestino Mary Ann Nichols el 31 de agosto, AnnieChapman el 8 de septiembre, Elizabeth Stride yCatherine Eddowes, ambas durante la madrugadadel 30 de ese mes y -después de una engañosainterrupción- la joven y bella Mary Jane Kelly el 9de noviembre.
  3. 3. Algunas de las víctimas de Jack el Destripador Con cada nuevo homicidio el ejecutor setornaba más feroz y más convencido de que nunca loiban a detener. La espantosa lista de víctimas, lejos de concluirproseguía agrandándose, y la policía británica –lafamosa Scotland Yard- se mostraba impotente paracapturar al sádico delincuente. Por si fuera poco, esa tarde se volvió de golpeinesperadamente sombría: una falla en el sistema defarolas a gas, que por entonces iluminaba a laInglaterra gobernada por la reina Victoria, sumergióa los londinenses en la más tétrica de las penumbras.
  4. 4. La reina Victoria era monarca de los ingleses en 1888 Aquel atardecer, el asesino que la prensabautizaba con el alias de “Jack el Destripador”estaba decidido a atacar de nuevo. Se vistió muy despacio con elegantes ropasoscuras: pantalón, camisa, saco negro, y corbatín deseda gris. Por último, tras echar encima de sushombros una amplia capa, se cubrió la testa con susombrero de copa favorito.
  5. 5. Salió de su residencia con paso firme, casipresuroso, sin olvidar llevar consigo el maletín decuero -similar al que utilizaban los médicos de esaépoca- en cuyo interior escondía un juego decuchillos de recia empuñadura que, con muchoesmero, acaba de afilar. Una vez que avanzaba sobre las adoquinadascalles llamó su atención la cerrada oscuridad queinundaba todo a su alrededor, aunque aún faltababastante para que cayera la noche.¡Maldito apagón!- se dijo contrariado. Esperaba que la ausencia de luz no perjudicarael trabajo en las tabernas. Allí era donde solía ir abeber unas copas, y desde las barras de esos antrosescudriñaba a las prostitutas. “Taberna en Whitechapel”, pintura de Gustave Doré
  6. 6. Cuando las mujeres se marchaban con algúncliente las acechaba sigilosamente, y aguardaba queel ocasional compañero de aquellas se retirase.Instantes después, por sorpresa, sin darles tiempo aoponerle la menor resistencia, se abalanzaba sobreellas y les cercenaba la garganta. Esta noche no sería la excepción- pensó, y unacruel sonrisa se dibujó en su rostro. Sin embargo, esa vez Jack, quien usualmenteapenas bebía alcohol, precisaba un trago de whisky.No lo necesitaba a fin de infundirse coraje antes dematar, pues para él la vida humana nada significaba. Deseaba ingerir una generosa ración de licorantes de ponerse a conversar con un extraño al cualcontarle las ideas que pasaban por su cabeza. Queríajactarse de sus tristes hazañas, y anunciar a otros lasmaldades que, en un futuro cercano, planeabacometer.-Uno será muy asesino, pero es un ser humano al finy al cabo- se dijo. La ocasión le venía de perillas porque no se veíanada a causa del apagón, por lo cual nadie lo iría areconocer ni podría, por ende, denunciarlo. Llegaría a una taberna, pediría al cantinero quele sirviera un trago, y hallaría a algún parroquiano aquién hacer partícipe de sus confidencias y, de paso,pegar un gran susto. Caminó y caminó, hasta advertir unas luces muytenues cuyo reflejo le permitió vislumbrar unaentrada. Una taberna abierta y oscura, sin duda.
  7. 7. Ingresó, y enseguida oyó el parloteo de variaspersonas dialogando. Voces masculinas todas ellas,ninguna voz femenina alcanzó a percibir. Tal cosa era normal porque a esa hora tantemprana las mujeres de vida alegre aún nocomenzaban su labor. Sólo había hombres: marineros, oficinistasaburridos, y obreros que cansados de su jornada enlas fábricas acudían a las cantinas para relajarsebebiendo licor. Tropezó en medio de la penumbra con una sillasobre la cual se sentó, al tiempo que se quitaba susombrero de copa.-¡Boby! - llamó con voz autoritaria. Cuando no conocía al tabernero nunca le fallabarequerir ser atendido por algún empleado que sellamara Boby, dado que el diminutivo de Robert eramuy común en la Inglaterra victoriana. No fue diferente esta vez, y de inmediatoescuchó el rumor de unos pasos aproximarse.-¿Qué se le ofrece mister?-Pues que me sirvan una jarra de cerveza. ¡No!,mejor sírveme un vaso de whisky. Escocés porsupuesto. Esta noche tengo muchas ganas de hablarcon alguien, y beberme un whisky será un buencomienzo– hizo una pausa mientras procurabadistinguir entre las sombras las facciones de suinterlocutor.
  8. 8. -En realidad mister no creo que aquí podamosayudarlo. Si usted busca con quien hablar deberádirigirse a otro sitio- fue la fría respuesta. Jack hirvió en cólera. Era hombre de pocaspulgas al cual le disgustaba que lo contradijesen.-Claro que me servirás cantinerito de cuarta- rugiócon mal humor- me traerás el trago que te ordeno yme escucharás muy atento, te guste o no. –realizó unparéntesis a fin de dar más énfasis a sus amenazas -¿Sabes con quien estás tratando, mocito? Pues nadamenos que con el tipo al cual todos llaman Jack elDestripador. No necesito aclararte porqué meapodan así, ¿no crees? Las rudas palabras del criminal parecieron surtirefecto. El sujeto anónimo pareció tragar saliva, ycambiando de tono le dijo respetuosamente:-Disculpe usted, con esta tremenda oscuridad unono puede saber con quién está tratando. Claro queharemos todo lo posible por servirlo- repuso, y conun rápido gesto de su mano llamó a un compañero. Cuando unos pasos se aproximaron, Jack oyóque el primero le decía al otro:-El señor es Jack el Destripador, nos hace el honorde visitarnos. Ve a la trastienda en busca de unabotella de scotch, de la máxima calidad. Más calmado, al comprobar que sus órdenes eranobedecidas, el delincuente prosiguió:-Bien muchacho, así está mejor… Bueno, como tedecía, no sé por qué razón, pero mientras caminabarumbo a esta cantina me vinieron unas enormes
  9. 9. ganas de hablar con alguien, con un desconocido. Yahora que te has puesto amable creo que te elegiré ati para hacerte algunas confesiones… Jack pudo sentir que la respiración de su anónimooyente se tornaba más pesada… Este pobrecantinerito debe estar muerto de miedo, ja, ja -pensó, y esa idea lo puso de ánimo alegre. Siempre resultaba bueno sentirse distendido enaquellas noches cuando se aprestaba a salir a“trabajar” provisto de sus filosos cuchillos.Consideraba cosa positiva la adrenalina que le corríaal oír los gritos de sus víctimas, y mientrasemprendía la huída por las estrechas callejuelasburlando a los estúpidos policías. No obstante, sabíaque soportar mucho stress era malo para su salud -Lo escucharé con toda la atención que usted semerece- respondió suavemente el otro.-Bien Boby, te contaré por qué maté a la primera. Aesa gorda fea, la cual -al día siguiente leyendo losperiódicos- supe que se llamaba Martha Tabram. Yo estaba en la taberna “Angel Azul”, y meaprontaba para retirarme, cuando esa mujer ibasaliendo del brazo con un guardia de la Torre deLondres. Un muchachito que -se veía a la legua-estaba gozando de su día franco, y al cual no se leocurrió mejor cosa que gastarse la paga con unaapestosa como esa. ¿Sabes? La muy furcia estaba borracha y alpasar me dio un pisotón. Sé que lo hizo sin querer;
  10. 10. pero, ¡por mil diablos!, ¡cómo me dolió! Me apretójusto la uña encarnada. Bueno, claro que no decidí matarla sólo por eso,pero la seguí hasta la calle para insultarla a ella yal mequetrefe que tenía por cliente, y alaproximarme logré verle bien la cara… y ahí fueque me vinieron unas ganas bárbaras de cortarle sugrueso pescuezo. ¿Quieres saber por qué?-No me lo puedo imaginar, dígamelo mister.-Pues porque la cretina era idéntica a mi tíaEtelvina. La muy zorra de mi tía que me hacía lavida imposible cuando yo era chico. La vieja haceaños que está muerta. De niño siempre quisevengarme de ella, pero se murió antes que yollegase a ser adulto. Y ahora, al verle el rostro bajola luz de aquella farola a gas a Martha Tabram,supe que mi tía se había reencarnado en ella. Esa fue la primera vez que lo hice. Treinta ynueve tajos le pegué. Tuve que darle tantos paraliquidarla porque el puñal lo llevaba desafilado.Después de esa vez siempre voy preparado y llevo almenos un par de cuchillos bien afiladitos, ja, ja.-Y a las demás mujeres, ¿también las asesinó porquese parecían a su tía?-No te hagas el chistoso Boby…Las maté porque leagarré el gustito a la sangre, ja, ja. Además, con loidiota que es nuestra policía de seguro que jamásme van a atrapar.-No tengo el gusto de compartir su mala opiniónsobre la policía de Londres.
  11. 11. -¡Y tú que sabes de eso infeliz!-, como ya hemosdicho, al criminal no le agradaba que locontradijeran –aquí en Inglaterra todos los policíasson idiotas ¿me oyes? Y dicho sea de paso: ¿paracuándo el whisky?-Disculpe mister, mi compañero demora porque fuehasta la bodega para traer una botella de whiskyacorde a la altura de un distinguido visitante comousted.-Bueno, pero que no tarde. Me muero de ganas porbeber un buen trago. Como te venía contando, unavez que uno le agarra la mano a esto de cortarcuellos y destripar ya no se puede parar- hizo unainterrupción teatral, para asustar a su interlocutor, yremató: - Y esta misma noche, una vez que salga de estataberna, pienso liquidar a un par de prostitutas más,por lo menos. Se quedó aguardando el efecto que surtían susamenazas. El tipo a esta altura debe haberse hechoencima de los pantalones, ja, ja, supuso, mientrassaboreaba la agradable sensación de causar miedo. Sin embargo, un nuevo comentario de “Boby” lovolvió a sacar de sus casillas.-Como ya le dije, pienso que la policía de aquí no estan tonta como usted cree. Es más, me parece que sucarrera criminal ha terminado, y que ya no podrá
  12. 12. asesinar a ninguna mujer más- le retrucó coninesperada serenidad el otro.-Claro que seguiré despanzurrando prostitutas adiestra y siniestra. ¡No dejaré de matarlas hasta queme harte!- bramó el homicida múltiple. ¿Quién se piensa este desgraciado qué es? sedijo. Donde me siga llevando la contraria abriré mimaletín, tomaré uno de mis cuchillos y le rebanaréel cuello. Lástima que no puedo verlo con estamaldita oscuridad… Pero antes de que pudiera ejecutar movimientoalguno escuchó a su oponente repetir:-Le aseguro que su carrera criminal ha terminado yque ya no volverá a lastimar a nadie más- el timbredel otro sonaba curiosamente muy seguro. Tanta rabia le provocó esa afirmación y el tonocon que la misma fue dicha que, por instinto, Jackadelantó sus manos con ambos puños crispadosamenazando hacia las sombras, hacia dondeprovenía la voz de aquel impertinente fastidioso.-¿Cómo te atreves a decirme que ya no podré volvera matar a quién a mí se me antoje?- rugiótotalmente fuera de sí el Destripador.-Porque usted no se encuentra dentro de unataberna. ¡Estas son las oficinas de la jefatura depolicía de Scotland Yard! – le espetó secamente elagente, al tiempo que cerraba un par esposas entorno a las muñecas del atónito asesino en serie.
  13. 13. Cuerpo de policía británica de los tiempos de Jack el Destripador ----------------------------------

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