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La Mujer habitada, de Gioconda Belli

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"La mujer habitada", de Gioconda Belli. Citas para el coloquio del club de lectura. Selección de Imelda Martín Junquera

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La Mujer habitada, de Gioconda Belli

  1. 1.  Recordó cómo se quebraban las columnas después de las explosiones subterráneas, en los documentales que les mostraba el profesor en la Universidad de Bolonia, en Italia. Pero se trataba de seres humanos. Estructuras destruidas de seres humanos. "Me debí haber quedado en Bolonia", pensó, recordando su apartamento al lado del campanario. Era su reacción cada vez que se topaba con el lado oscuro de Paguas. Pero en Europa se habría tenido que contentar con interiores, remodelaciones de viejos edificios que no alteran las fachadas, la historia de mejores pasados. En Paguas, en cambio eran otros los restos. Se trataba de dominar la naturaleza volcánica, sísmica, opulenta; la lujuria de los árboles atravesando indómitos el asfalto.Se trataba de dominar la naturaleza volcánica, sísmica, opulenta; la lujuria de los árboles atravesando indómitos el asfalto. Paguas le alborotaba los poros, las ganas de vivir. Paguas era la sensualidad. Cuerpo abierto, ancho, sinuoso, pechos desordenados de mujer hechos de tierra, desparramados sobre el paisaje. Amenazadores. Hermosos. (6-7)
  2. 2.  No quería seguir escuchando sobre muertes. Apoyó la cara en la ventana, observando fijamente las calles. Lo que se necesitaba en Paguas era vida, se dijo, por eso ella soñaba con construir edificios, dejar huella, darle color, armonía al concreto; sustituir las imitaciones de truncados rascacielos neoyorquinos en la avenida Truman —por la que avanzaba lento el taxi en el tráfico— por diseños acordes con el paisaje. Aunque era casi un sueño imposible, pensó, mirando el letrero de la recién inaugurada tienda por departamentos. Desde la calle se podía ver la escalera eléctrica, la gran novedad, la única en todo el país. La tienda había tenido que apostar bedeles en la puerta para evitar la entrada de los desarropados niñitos vende periódicos que, en los primeros días, fueron la ruina del placer de las elegantes señoras electrónicamente elevadas hacia el consumo.(6-7) 
  3. 3.  Conversando, encontraron preocupaciones comunes sobre la armonía de concreto, árboles y volcanes, la integralidad de los paisajes, el humanismo de las construcciones. Pensó que se entenderían en la profesión. Una hora después, sintió que la miraba de otra forma. (8)  Pero Sara no entendería que ella se sintiera tan contenta, pensó. Ella no entendía el placer de ser uno mismo, tomar decisiones, tener la vida bajo control. Sara había pasado del padre-padre al padre-marido. Adrián se jactaba delante de ella de llevar los pantalones en la casa. Y Sara podía escucharlo sonriendo. Para ella eso también era "natural". Las fiestas donde los exhibían eran "naturales"; necesidades del apareamiento. Igual que las danzas del cortejo del reino animal. (10) 
  4. 4. No lograba ubicar el sitio donde se levantaría el Centro Comercial. Sólo al revisarlos, se percató de que las indicaciones apuntaban claramente el otro lado de la calle. Levantó la vista y miró de nuevo la sucesión de viviendas de cartón y tablas. Barrios como aquel ocupaban la periferia de la ciudad y, en ocasiones, lograban infiltrarse a zonas más céntricas. Al menos cinco mil personas debían vivir allí, se dijo. La barriada lucía tranquila. Tranquilidad de la pobreza. Niños desnudos. Niños de pantaloncitos cortos llenando baldes de agua en un grifo común. Mujeres descalzas tendiendo ropas de telas delgadas y curtidas en los alambres. Allá una mujer molía maíz. En la esquina, un hombre gordo atendía un taller de vulcanización. Según los planos, la esquina del Centro Comercial, hipotéticamente, aplastaría el taller de vulcanización. Lo sustituiría por una sorbetería. Las paredes de la nueva construcción atravesarían los pequeños jardines con matas de plátanos y almendros. ¿Y la gente? ¿Qué pasaría con la gente?, se preguntó. Más de alguna vez había leído de desalojos en el periódico. Jamás pensó que le tocaría participar en uno. (12)
  5. 5.  Yo miraba, ocultada, desde unos matorrales porque a las mujeres no se nos permitía estar en los oficios de los sacerdotes. Debía haberme quedado en la tienda, pero de todas formas, había desafiado lo que es propio para las mujeres, yéndome a combatir con Yarince. Era considerada una "texoxe" bruja, que había encantado a Yarince con el olor de mi sexo. (34)  Yo era fuerte y mis intuiciones, más de una vez, nos salvaron de una emboscada. Era dulce y a menudo los guerreros me consultaban sus sentimientos. Tenía un cuerpo capaz de dar vida en nueve lunas y soportar el dolor del parto. Yo podía combatir, ser tan diestra como cualquiera con el arco y la flecha y además, podía cocinar y bailarles en las noches plácidas. Pero ellos no parecían apreciar estas cosas. Me dejaban de lado cuando había que pensar en el futuro o tomar decisiones de vida o muerte. Y todo por aquella hendidura, esa flor palpitante, color de níspero (40) 
  6. 6.  Sí, pensó Lavinia, cuando uno menos lo imagina resulta que se traspasa el espejo, se entra en otra dimensión, un mundo que existe oculto a la vida cotidiana; sucede esto de ir en automóvil conversando con una mujer desconocida, que ha transgredido la línea de fuego de la rebelión. Para Flor, sin duda, las rebeliones de ella, su rebelión contra destinos casamenteros, padres, convenciones sociales, eran irrelevantes capítulos de cuentos de hadas. Flor escribía historias con"h" mayúscula; ella, en cambio, no haría más historia que la de una juventud de rebelde sin causa. (43- 44)
  7. 7.  La ciudad estaba alborotada de protestas. El Gran General había ordenado el alza de los precios del transporte colectivo y la leche. La población, azuzada por grupos de estudiantes y obreros, se lanzaba en manifestaciones, mítines nocturnos en los barrios. Además de protestar por los nuevos precios, la gente exigía la liberación de un profesor acusado de colaborar con el Movimiento, quien había iniciado una huelga de hambre en la prisión.En la universidad se quemaban buses, se organizaban fogatas por la noche; el Gran General había ordenado la censura de prensa: el clima de las calles era bélico y fogoso. (49-50)
  8. 8.  Penélope nunca le simpatizó. Quizás porque todas las mujeres, alguna vez en su vida, se podían comparar con Penélope. En su caso, no era asunto de temer que Ulises no se tapara los oídos a los cantos de sirenas, como sucedía con la mayor parte de los Ulises modernos. El problema de Felipe no eran las sirenas; eran los cíclopes. Felipe era Ulises luchando contra los cíclopes, los cíclopes de la dictadura.
  9. 9.  Tomó el rumbo de los barrios orientales. Los viejos buses destartalados recogían gente en las paradas; hombres y mujeres con los rostros confundidos en la noche, se aglomeraban con aire de cansancio bajo las casetas de vibrantes colores con anuncios de jabón, café, ron, pasta de dientes. "Pude haber sido cualquiera de ellos", pensó desde el mullido asiento de su carro; "de haber nacido en otra parte, de otros padres, yo podría estar allí, haciendo fila para el bus esta noche.  Lavinia pensó otra vez en los árboles; hasta la voz de Flor, al final, cuando le daba instrucciones sobre los materiales, crujía un poco, como alguien caminando sobre hojas. (52- 53)
  10. 10.  Fueron difíciles esos tiempos. Yo volvía a las cuevas triste. Hasta llegué a pensar que estaba hecha de una sustancia extraña; que no provenía del maíz. O quizás, me decía, mi madre sufriría un hechizo cuando me llevaba en su vientre. Quizás yo era un hombre con cuerpo de mujer. Quizás era mitad hombre, mitad mujer.  Yarince reía escuchándome. Tomaba mis pechos, husmeaba mi sexo y decía "sos mujer, sos mujer, sos una mujer valiente".(66) 
  11. 11.  No deberíamos tener que morir o arriesgarnos a morir por querer que desaparezca la miseria, que no haya dictadores. Lo antinatural es que existan esas cosas, pero como existen, no queda más remedio que luchar contra ellas. Uno tiene que violentar su propia naturaleza, recurrir a la violencia, porque la vida es violentada constantemente, no porque a uno le gusta la idea de sufrir o de morir antes de tiempo. (68) 
  12. 12.  Pasaban por barrios marginales, barrios de casas de cartón y tablas, de calles sin asfaltar, malamente iluminadas. Precaristas asentados en terrenos altos. Allí estarían hasta que se les asignaran otros terrenos "más apropiados", más ocultos, donde no molestaran con el despliegue inoportuno de su pobreza; o hasta que la alcaldía vendiera los terrenos y los echara. (98-99) 
  13. 13.  —¿Están montando una fábrica?  —Sí. Están introduciéndose en varios sectores de la industria, la banca y el negocio de bienes raíces. ¿Has oído del Banco Unido? bueno, pues lo están montando con capital del Gran General y varios de sus generales. Se están metiendo a competir con nosotros en todo lo que pueden. Y es una competencia desleal porque ellos consiguen exención de impuestos "libres", construyen los edificios con maquinaria estatal... nos quieren arruinar. (101-102) 
  14. 14.  En las fiestas y reuniones sociales a las que había asistido, obedientemente, en los últimos meses, encontró más que justificadas razones para la existencia de esa frontera. Era detestable, le encolerizaba, el comportamiento prepotente y paternalista de la sociedad de los adinerados y poderosos, indiferentes a la diaria injusticia que los rodeaba, mientras vivían despreocupadamente sus privilegios. Con frecuencia, ella sentía odiarlos quizás hasta más que sus propios compañeros, precisamente por conocerlos tan íntimamente, por adivinar sus motivaciones cual si estuvieran deletreadas claramente. No se le escapaba nada, y aun en los que pretendían honestidad y preocupación por las circunstancias que los rodeaban, podía leer el dejo de lástima y desprecio por los que no pertenecían a esos círculos del esplendor. (138-39)
  15. 15.  Lavinia sintió en el tumulto de sus venas, la fuerza de todas las rebeliones, la raíz, la tierra violenta de aquel país arisco e indomable, apretándole las entrañas, dominando sobre la visión del muchacho, la visión de sí misma proyectada en aquellos ojos adolescentes, en el amor y el odio, en el bíblico "no matarás". Supo entonces que debía cerrar el último trazo de todos los círculos, romper el vestigio final de las contradicciones, tomar partido de una vez y para siempre. Se desplazó veloz. Se situó frente a frente al hombre fornido, que la apuntaba y apretó sus dedos agarrotados y duros— sobre el gatillo.[---]  Lavinia sintió el golpe en su pecho, el calor inundándole. Vio al general Vela aún de pie frente a ella, sosteniéndose, disparando, salpicado de sangre su uniforme; la mirada, agua regia, veneno.  Aún bajo los disparos de Vela, ella recuperó el equilibrio, y firme, sin pensar en nada, viendo imágenes dispersas de su vida empezar a correr como venados desbocados ante sus ojos, sintiendo los impactos, el calor almacenarse en su cuerpo, apretó el arma contra sí y terminó de descargar todo el magazine. Vio a Vela caer doblado, derrumbado, y sólo entonces permitió que la muerte la alcanzara. 

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